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									Relatos Eróticos - Mensajes Recientes				            </title>
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            <description>Relatos eróticos enviados por los usuarios. Portal con la comunidad de autores y lectores más morbosos de la red que interactúan con las escenas relatadas más morbosas. Relatos en familia, gays, bisexuales, dominación, sumisión y todo lo que te puedas imaginar.</description>
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            <lastBuildDate>Sat, 12 Sep 2026 06:30:28 +0000</lastBuildDate>
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                        <title>SU ESPOSO</title>
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                        <pubDate>Fri, 11 Sep 2026 23:55:53 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[SU ESPOSO
 
A veces sentía vivir a la sombra. No sé si me explico. Como si estuviéramos siempre un escalón abajo, aunque hiciéramos todo lo posible por llegar. Federico, mi marido, trabaja...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<div class="x_elementToProof" data-olk-copy-source="MessageBody">SU ESPOSO</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">A veces sentía vivir a la sombra. No sé si me explico. Como si estuviéramos siempre un escalón abajo, aunque hiciéramos todo lo posible por llegar. Federico, mi marido, trabajaba en una línea de colectivos desde los veintidós años. Laburaba como un burro, pobre, y volvía hecho polvo. Yo soy maestra jardinera en un jardín público del barrio, uno de esos donde falta de todo y te pagan tarde. Entre los dos tiramos, como cualquiera. No nos sobra, pero tampoco nos falta. Al menos eso decimos.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Pero siempre bastó con mirar por la ventana para que se me apriete el pecho.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Nuestros vecinos… son otra historia. No porque nos hagan algo. Al contrario: siempre saludan, sonríen, invitan. Son simpáticos, de revista. Ella es hermosa, rubia de salón, con una figura de gimnasio y ropa que le calza como a una modelo. Él… bueno, él parece salido de una propaganda de slips: alto, bronceado, con esa seguridad que solo tienen los tipos que saben que pueden tener a quien quieran. Y encima andan en un auto negro enorme, que brilla hasta en días nublados.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">A veces me preguntaba si nos veían. Si cuando pasamos con las bolsas del súper, o cuando estaba colgando la ropa con un jogging viejo, pensaban algo. Federico decía que no, que eran puro cartón pintado. Pero yo sé que siempre le molestó. Y lo entiendo. Porque a mí también me pasaba algo que nunca supe bien cómo nombrar.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">No sé si era bronca, envidia… o ganas, ó solo una mezcla de todo. Porque cuando los miraba, no era solo resentimiento lo que sentía, era otra cosa.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Era deseo.</div>
<div class="x_elementToProof">Y eso, a esa altura, me daba un poco de miedo.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Recuerdo una vez, una de tantas, que discutimos por lo mismo. Fue hace meses, pero me quedaron grabadas cada una de las palabras. Como si esas escenas se pegaran en la memoria y volvieran solas cuando menos lo esperas. Federico había llegado tarde, de mal humor, y apenas me saludó. Yo estaba en la cocina, con una remera vieja y sin corpiño, como para provocarlo sin que se notara. Me miró, claro. Pero no dijo nada.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Hasta que salió el tema. Otra vez.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">—¿Y? ¿te saludó hoy tu “novio”? —me preguntó, mientras se servía un vaso de agua.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Su tono era burlón. Pero esa forma de escupir la palabra “novio” me caló hondo.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">—¿Quién? —dije yo, ya sabiendo a quién se refería.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">—El rubio del lado, el modelo. El que te sonríe como si fueras la única mina del planeta.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Rodé los ojos, fastidiada.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">—Ni me miró. Como siempre. Si querés, pasamos a saludarlo juntos, así te fijás vos también cómo le queda esa remerita ajustada a la doncella.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">No era la respuesta más madura, pero me salió así. Como una daga. Él apoyó el vaso con fuerza sobre la mesada.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">—¿Te calienta ese pelotudo?</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Me lo preguntó sin rodeos. Sin siquiera fingir que bromeaba.</div>
<div class="x_elementToProof">Me encogí de hombros. No supe qué decir.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Porque sí.</div>
<div class="x_elementToProof">Claro que sí. Me calentaba, como ella a él.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Lo habíamos hablado, más de una vez, entre las sábanas, en esos momentos donde el pudor se afloja y el cuerpo manda. Fantaseamos. Jugamos a imaginarlos. A veces nos dijimos cosas sucias usando sus nombres, solo para ver qué nos hacía eso. Para ver si podíamos excitarnos más.</div>
<div class="x_elementToProof">Y a veces funcionaba.</div>
<div class="x_elementToProof">Pero otras… se nos iba de las manos.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Como esa vez.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Él me dijo que no me aguantaba más. Que me veía caliente todo el día. Que seguro me tocaba pensando en el vecino. Y me lo decía con rabia, pero también con los ojos bajos, como si se imaginara la escena y le doliera… o le diera morbo, o tal vez, solo porque sus palabras escondían lo que él hacia en sus pensamientos con la vecina</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Entonces, yo le contesté que él tampoco era un santo. Que cada vez que ella pasaba a buscar algo al buzón con esa calza apretada, él se hacía el distraído, pero que yo lo conocía mejor que nadie y sabia las erecciones que le provocaba ese culo.</div>
<div class="x_elementToProof">Nos callamos.</div>
<div class="x_elementToProof">Nos miramos.</div>
<div class="x_elementToProof">Y después, él se fue a bañar y yo me quedé en la cocina, con la remera sin corpiño y el corazón hecho un nudo.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Yo fantaseaba demasiado. Lo sabía. Me gustaba jugar con su nombre cuando estaba sola, repitiéndolo bajito, en la ducha o mientras me cambiaba, como si eso hiciera más reales las escenas que me armaba en la cabeza. A veces me excitaba tanto con solo pensar en él —en su cuerpo, en cómo me miraba o no me miraba— que tenía que encerrarme en el baño y tocarme en silencio, rápido, como con culpa.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Lo peor era que a veces, en medio del sexo con Federico, él me preguntaba si pensaba en el rubio. Lo decía en tono sucio, como parte del juego… pero yo no me animaba a decir la verdad. Porque sí, a veces pensaba en él. Y no era solo una fantasía. Era deseo, crudo, animal.</div>
<div class="x_elementToProof">Incluso alguna vez, en mis pensamientos más oscuros, había imaginado un cambio de parejas. Un desliz. Algo prohibido. Algo sucio y desbordado. Pero de eso no se hablaba. Ni en broma.</div>
<div class="x_elementToProof">Sabía que no tenía chances con los vecinos. Ni él tampoco. No éramos nadie para ellos.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Hasta que un día, Federico volvió a casa con una sonrisa torcida y un sobre en la mano.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">—¿Y eso? —le pregunté mientras me secaba las manos en la cocina.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">—La empresa me cambió de línea —dijo, sin rodeos—. Ahora voy a hacer turismo.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Lo miré sin entender.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">—¿Turismo?</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">—Sí. Recorridos largos. Salidas a otras provincias. Excursiones de varios días. Más guita, menos rutina.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Me quedé callada. No sabía si sonreír o preocuparme.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">—¿Y eso qué significa? —dije, sin mirarlo del todo.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">—Significa que vamos a estar mejor. Pero también que… voy a estar menos.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Lo dijo como si no fuera grave. Como si fuera un pequeño ajuste. Pero yo sentí que el piso se corría un poco debajo de mis pies.</div>
<div class="x_elementToProof">Más dinero. Más tiempo sola.</div>
<div class="x_elementToProof">Más espacio para pensar.</div>
<div class="x_elementToProof">Para mirar.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Esa noche no discutimos. Al contrario. Cenamos tranquilos, con una copa de vino improvisada, y hasta hicimos el amor. De esas veces que duran poco pero te dejan temblando. Él me susurró cosas sucias al oído. Me dijo que si me portaba bien, me iba a regalar algo con el dinero del primer viaje mientras me hacía la tanga a un lado antes de penetrarme, y yo, como siempre, fingí no pensar en el vecino mientras me lo hacía con fuerzas</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Pero en el fondo…</div>
<div class="x_elementToProof">Yo ya sabía que algo estaba por cambiar.</div>
<div class="x_elementToProof">Que esa nueva vida, con Federico ausente y yo sola entre las paredes de siempre, me iba a mostrar cosas que prefería no ver.</div>
<div class="x_elementToProof">O que, en el fondo, quería ver hacía rato.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Fue apenas Federico empezó con sus viajes. No había pasado ni una semana, y yo ya notaba algo raro. Algo en el aire. En las miradas. Como si los vecinos hubieran cambiado el foco, como si de pronto yo ya no fuera invisible para ellos.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Ellos siempre habían sido los lindos del barrio. Así les decía yo en mi cabeza, con un poco de bronca y otro tanto de envidia. A veces también los llamaba los perfectos, o los de la película.</div>
<div class="x_elementToProof">Ella, Julieta, trabajaba desde casa. Algo con redes sociales o diseño, no sé. Siempre estaba impecable, con ropa que sabía sexi y elegante al mismo tiempo, el pelo brillante, uñas hechas. Nunca un grito. Nunca una ojera.</div>
<div class="x_elementToProof">Él, Tomás, tenía un pequeño gimnasio en el centro. Personal trainer, creo. Salía temprano y volvía tarde, siempre con una botella de agua en la mano y esa sonrisa que le quedaba bien hasta cuando no decía nada.</div>
<div class="x_elementToProof">No tenían hijos. Ni perro. Ni gato. Solo ellos. Y eso bastaba.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Durante años, las palabras entre nosotros habían sido apenas saludos cortos. Una sonrisa forzada en la vereda, un "buen día" cuando coincidíamos sacando la basura. Nunca una charla larga, nunca una visita.</div>
<div class="x_elementToProof">Y yo me moría de curiosidad.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Pero ahora…</div>
<div class="x_elementToProof">Ahora sentía que algo se había roto. O abierto.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Tomás me saludaba distinto. Más directo. Me miraba a los ojos.</div>
<div class="x_elementToProof">Julieta me cruzaba en la entrada y hacía comentarios sobre mi ropa, mi pelo, hasta sobre las plantas del frente, como si de repente yo fuera alguien en quien se podía reparar.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Y entonces empecé a prestar atención.</div>
<div class="x_elementToProof">A los horarios. A los movimientos.</div>
<div class="x_elementToProof">A cómo Tomás regaba las plantas del frente sin apuro cuando yo salía con el delantal puesto, como si esperara cruzarme.</div>
<div class="x_elementToProof">A cómo Julieta me hablaba más suave, más lento, cuando Federico no estaba.</div>
<div class="x_elementToProof">A cómo me sentía distinta. Observada.</div>
<div class="x_elementToProof">Vista, esa era la palabra, por primera vez me sentía existir en su mundo perfecto</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Nunca había tenido eso de ellos.</div>
<div class="x_elementToProof">Y ahora no podía sacarme la sensación de encima.</div>
<div class="x_elementToProof">Ni las ganas.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Obviamente no le conté nada a Federico. Ni una palabra.</div>
<div class="x_elementToProof">Apenas me preguntó cómo iba todo, le dije lo que quería oír: que los días se me pasaban rápido, que aprovechaba para ordenar cosas, que miraba series, que dormía más.</div>
<div class="x_elementToProof">Mentiras piadosas.</div>
<div class="x_elementToProof">Mentiras necesarias.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">No le dije que Julieta me había invitado a su casa.</div>
<div class="x_elementToProof">No le conté que me había cruzado con ella ese miércoles a la tarde, justo cuando salía a comprar pan, y que me frenó en la vereda con esa sonrisa perfecta.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">—Ey, ¿qué hacés hoy a la tarde? Estoy sola. Tomás tiene un turno largo en el gimnasio. ¿Te tomás un té conmigo? Tengo uno nuevo de jengibre y vainilla que seguro te gusta…</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Lo dijo casual, como si fuera algo natural entre vecinas, como si supiera de mis gustos, pero no lo era, nunca lo había sido.</div>
<div class="x_elementToProof">Y esa forma en que sus ojos se clavaron en los míos, esa pausa antes de decir “sola”, me dejó en claro que no era solo un té.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Sentí un nudo en el estómago. De esos que no duelen. De esos que arden.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">—Sí, claro —le dije sin pensar. O quizás porque ya lo venía pensando desde antes.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Por las dudas de que el diablo metirera la cola, a Federico le dije por mensaje que iba a pasar por la librería después de clases, que capaz se me hacía tarde. No preguntó mucho. Supongo que confiaba. </div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">A las cinco en punto, al volver del colegio, crucé la reja de los vecinos, aun con mi inocente delantal de maestra jardinera</div>
<div class="x_elementToProof">Tenía las manos frías. Las piernas también. Pero adentro, todo hervía.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Julieta me abrió con un vestido claro, suelto, llamativo, me gustó demasiado como se veía y lo noté enseguida, entre mis piernas, por eso, solo aparté la vista.</div>
<div class="x_elementToProof">La casa olía a incienso y té caliente. Y algo más.</div>
<div class="x_elementToProof">No era jengibre.</div>
<div class="x_elementToProof">Era otra cosa.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">—Pasá, sentate donde quieras —me dijo mientras cerraba la puerta con una lentitud que no supe si era suya o mía.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Me senté en un sillón amplio. Todo era suave, beige, pulcro. Un mundo sin hijos, sin barro, sin mochilas escolares.</div>
<div class="x_elementToProof">Un mundo sin Federico.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Charlamos un rato. De la escuela, de series, de cosas tontas. Pero cada frase parecía cargada. Cada pausa, medida.</div>
<div class="x_elementToProof">Yo sabía. Lo sentía.</div>
<div class="x_elementToProof">Ella también.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Tomás llegó antes de lo que había dicho, muy convenienbtemente. Entró sin hacer ruido, con una bolsa en la mano y esa sonrisa tibia que siempre me descolocaba.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">—No sabía que teníamos visita —dijo, pero no sonó como un reproche.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">—Se quedó a tomar un té conmigo —contestó Julieta, sin mirarlo. Pero su mano se apoyó sobre la mía cuando dijo esas palabras. Un toque leve. Innecesario. Perfecto.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Y ahí lo supe.</div>
<div class="x_elementToProof">No era un té.</div>
<div class="x_elementToProof">Era una invitación.</div>
<div class="x_elementToProof">A algo más.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Y yo ya no pensaba en escaparme.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Yo sabía lo que estaba haciendo.</div>
<div class="x_elementToProof">Y también sabía por qué.</div>
<div class="x_elementToProof">En parte era por él, en parte era por ella, pero en el fondo, solo era por mi...</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Julieta, me dió las instrucciones para empezar el juego, asumí que ellos, alguna vez también habían fantaseado con lo que estaba por suceder.</div>
<div class="x_elementToProof">Se acomodó para miraba desde ese sillón, como en una función, en primera fila, con las piernas recogidas bajo el vestido, el rostro en sombras y esa sonrisa entre cruel y fascinada.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Me arrodillé porque quería que me viera así, vulnerable, entregada, temblando pero decidida.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Sentí el cuerpo de Tomás frente a mí. Calor, firmeza, presencia.</div>
<div class="x_elementToProof">Y al fondo, el murmullo leve del vibrador que Julieta encendía sin apuro, apenas audible, como un secreto.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">—No te detengas —dijo ella—. Quiero ver cómo te lo ganás.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Ese tono...</div>
<div class="x_elementToProof">Era como una orden disfrazada de caricia.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Lo tomé entre las manos. No dudé. No esta vez. Lo hice por ella, para mostrarle que yo también podía ser deseada.</div>
<div class="x_elementToProof">Que no todo en mi vida era obediencia y rutina.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Comencé jugando despacio con ese pene erecto entre mis manos, sintiendo su respiración cambiar. Jugando con la lengua como me gustaba que me lo hicieran a mí, Tomás cerró los ojos, pero yo no, yo los tenía fijos en Julieta.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Ella tenía una mano disimulada en sus pechos, y la otra entre las piernas. Apenas movía los dedos, pero su expresión era todo. Se mordía el labio. Me observaba como si pudiera desarmarme con la mirada.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Y entonces, en el momento más tenso, más caliente, me habló de nuevo:</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">—Mirame cuando termine. No lo mires a él. Solo a mí.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Obedecí.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Sentí el ritmo, el cuerpo de él tensarse. El gemido breve y contenido. El movimiento constante de mi mano</div>
<div class="x_elementToProof">Y después... el estallido.</div>
<div class="x_elementToProof">Cálido, húmedo, súbito.</div>
<div class="x_elementToProof">Sobre mi boca, mi mejilla, mi frente. Como si hubiera sido marcada.</div>
<div class="x_elementToProof">Como si fuera parte de un rito.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">No le aparté la mirada. No limpié nada.</div>
<div class="x_elementToProof">Quería que me viera así.</div>
<div class="x_elementToProof">Sucias. Las dos.</div>
<div class="x_elementToProof">Mi sexo ardía, me estaba cogiendo a mi vecino en los ojos de mi vecina, era perverso</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">No sé si fue la mirada de Julieta.</div>
<div class="x_elementToProof">O el aliento entrecortado de Tomás.</div>
<div class="x_elementToProof">O mi propia piel, húmeda, palpitante, manchada aún por la prueba de mi entrega.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Pero cuando me tomó de los brazos y me levantó del suelo, supe que no iba a dejarme ir así nomás.</div>
<div class="x_elementToProof">No esa noche.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Me recostó sobre el sillón, de espaldas. No dijo nada, pero sus manos hablaban: estaban apuradas, urgentes. Me subió el vestido escolar con un solo movimiento, y cuando quiso apartar mi ropa interior, gruñó con una mezcla de furia y deseo.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">—Esto no te sirve más —murmuró, y la tanga se rompió como si fuera papel.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Me abrí sin pudor. No por él, por Julieta, y por mi</div>
<div class="x_elementToProof">Quería que viera lo que había logrado.</div>
<div class="x_elementToProof">Quería que escuchara cómo gemía por su culpa.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Porque fue eso. Apenas su boca me tocó, apenas su lengua me rozó con esa mezcla de hambre y devoción, que un gemido me escapó del pecho como si ya no pudiera callar nada.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Y entonces escuché a Julieta.</div>
<div class="x_elementToProof">Un jadeo seco que hacía quedar en segundo plano el sonido del pequeño vibrador</div>
<div class="x_elementToProof">Después otro, más profundo, más fuerte, mas placentero</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Me giré apenas. No la veía, pero la imaginaba. La imaginaba desnuda, con el vibrador aún entre las piernas, los ojos clavados en nosotros, su cuerpo temblando en silencio.</div>
<div class="x_elementToProof">Y eso me encendió más que cualquier caricia.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Tomás me devoraba, con su cabeza entre mis piernas y sus manos que se habían escurrido por debajo del vestido hasta mis tetas</div>
<div class="x_elementToProof">Y yo gemía por las dos.</div>
<div class="x_elementToProof">Cada lamida, cada beso en esa parte sensible que ya no me pertenecía, era una ofrenda para ella.</div>
<div class="x_elementToProof">No me importaba nada. Ni las reglas, ni la moral, ni Federico.</div>
<div class="x_elementToProof">Quería estallar.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Y estallé.</div>
<div class="x_elementToProof">Como una gata salvaje.</div>
<div class="x_elementToProof">Con un grito que no supe si era mío… o si era el eco del gemido que soltó Julieta al otro lado del cuarto, cuando también ella llegó.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Fue todo en simultáneo.</div>
<div class="x_elementToProof">Tres cuerpos en tensión.</div>
<div class="x_elementToProof">Tres respiraciones desacompasadas.</div>
<div class="x_elementToProof">Y un silencio después...</div>
<div class="x_elementToProof">lleno de cosas que nadie se atrevía aún a nombrar.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Yo siempre había querido esto.</div>
<div class="x_elementToProof">Nunca me lo permití, ni siquiera en pensamientos completos.</div>
<div class="x_elementToProof">Pero estaba ahí. Latente. Como una fiebre.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Y ahora lo tenía delante, desnudo, jadeando por mí.</div>
<div class="x_elementToProof">Por mí.</div>
<div class="x_elementToProof">No por Julieta.</div>
<div class="x_elementToProof">Ella ya había tenido lo suyo… y ahora me miraba como si esperara algo más de mí. Como si me estuviera probando.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">No dije una palabra.</div>
<div class="x_elementToProof">Tomé la iniciativa para escibir un desenlace que no estaba en el libreto tan estudiado de Julieta</div>
<div class="x_elementToProof">Solo lo monté.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Lentamente.</div>
<div class="x_elementToProof">Sintiéndolo entrar en mí como si fuera la primera vez.</div>
<div class="x_elementToProof">Como si mi cuerpo se abriera solo para él.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Me moví despacio al principio. Midiendo cada embestida, cada ángulo, como si moldeara el placer a mi antojo.</div>
<div class="x_elementToProof">Lo miraba a los ojos. Quería que supiera que era mía esa noche.</div>
<div class="x_elementToProof">No de Julieta. No de nadie.</div>
<div class="x_elementToProof">Mía.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Dije las palabras justas que ambos querían escuchar, que hermosa pija tenía, que me encantaba tenerla toda a dentro y que quería que me llenara de leche, cosas que un matrimonio perfecto no dejaría pasar por alto</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Pero ella no se apartó.</div>
<div class="x_elementToProof">Se acercó por detrás, sigilosa.</div>
<div class="x_elementToProof">Y sentí sus manos sobre mis caderas, en mi cintura, sobre mis glúteos, acompasadas</div>
<div class="x_elementToProof">Después sus palabras, como ronroneos suaves, cerca de mi oído, hasta percibí su perfume</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Me acariciaba con suavidad, con esa mezcla de ternura y control que solo alguien como ella podía tener.</div>
<div class="x_elementToProof">—Así —retrucando a mis palabras—. Mostrale cómo lo querías, me calienta que te lo cojas</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Sentí un escalofrío.</div>
<div class="x_elementToProof">Y redoblé el ritmo.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Tomás me besaba los pechos con una ansiedad adolescente.</div>
<div class="x_elementToProof">Los lamía, los mordía, los adoraba como si fueran el centro del mundo.</div>
<div class="x_elementToProof">Y yo me arqueaba, empapada, perdida entre los dos.</div>
<div class="x_elementToProof">Una puta.</div>
<div class="x_elementToProof">Sí, me sentí una puta.</div>
<div class="x_elementToProof">Una que se lo permitía todo, que no pedía permiso, que se entregaba porque sí. Porque le daba la gana.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Julieta gemía muy cerca, excitada con mi entrega, con mi manera de moverme, con la forma en que lo hacía sola, una y otra vez, sobre su marido.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">—Eso, Vero… seguí. No pares. Te ves hermosa así —me dijo, mientras sus dedos se deslizaban suaves entre mis muslos, humedeciéndome aún más.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Y yo no paré.</div>
<div class="x_elementToProof">Porque no quería que terminara y cuando el eyaculó dentro de mi vagina, bueno... al fin me sentí viva</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Pasé al baño a lavarme un poco, el semen estaba ya seco sobre mi rostro, me miré incrédula al espejo</div>
<div class="x_elementToProof">Lugo me despedí con un dejo de vergüenza, crucé la calle descalza, con los zapatos entre mis dedos, sin bombacha, desnuda y sucia bajo mi inocente vestido de maestra</div>
<div class="x_elementToProof">Parecía sentir el semen deslizándose aún entre mis piernas, lento, pegajoso.</div>
<div class="x_elementToProof">Como un recuerdo imposible de borrar.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Llegué a casa y me tiré sobre una de las sillas</div>
<div class="x_elementToProof">No quise limpiarme.</div>
<div class="x_elementToProof">No todavía.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Cada pensamiento me devolvía una imagen.</div>
<div class="x_elementToProof">Su boca.</div>
<div class="x_elementToProof">Las manos de Julieta en mi cintura.</div>
<div class="x_elementToProof">Sus gemidos.</div>
<div class="x_elementToProof">Mi voz perdida entre los de ellos.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Me dolía el cuerpo. De placer.</div>
<div class="x_elementToProof">Pero más me dolía la cabeza, la conciencia.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">¿Lo había hecho por deseo?</div>
<div class="x_elementToProof">¿Por rebeldía?</div>
<div class="x_elementToProof">¿Por demostrarme algo a mí misma?</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">No lo sabía.</div>
<div class="x_elementToProof">Y eso me asustaba más que todo.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">La cocina estaba en penumbras. El living en silencio.</div>
<div class="x_elementToProof">Federico no estaba, claro, seguro dormiría sola.</div>
<div class="x_elementToProof">El reloj marcaba casi las tres de la mañana, me pregunté que le hubiera dicho al regresar a esa hora, lo de la librería no tendría retorno</div>
<div class="x_elementToProof">Y tuve miedo, miedo a perderlo todo</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Perdida, aun sintiendo mi sexo desnudo, los muslos húmedos y teniendo la tanga hecha jirones en la bolsa del jardín, entre dibujos a colores que me regalaban mis pequeños inocentes.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Necesitaba pensar.</div>
<div class="x_elementToProof">Lo hecho, hecho estaba.</div>
<div class="x_elementToProof">No podía borrarlo.</div>
<div class="x_elementToProof">Me sentía feliz.</div>
<div class="x_elementToProof">Y culpable.</div>
<div class="x_elementToProof">Plena.</div>
<div class="x_elementToProof">Y vacía.</div>
<div class="x_elementToProof">Un poco más libre… y un poco más atada.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">¿Cómo se sigue después de algo así?</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">¿Se confiesa? ¿Se calla?</div>
<div class="x_elementToProof">¿Se repite?</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">¿Fue solo una vez?</div>
<div class="x_elementToProof">¿O fue la primera de muchas?</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">¿Y si lo buscan de nuevo?</div>
<div class="x_elementToProof">¿Y si yo lo busco?</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">¿Y si...?</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Me toqué los labios sin querer.</div>
<div class="x_elementToProof">Tenían aún el sabor de su piel.</div>
<div class="x_elementToProof">Y, sin darme cuenta, sonreí.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Lo sabía.</div>
<div class="x_elementToProof">No había vuelta atrás.</div>
<div class="x_elementToProof">Y el mayor de los interrogantes…</div>
<div class="x_elementToProof">…era qué haría yo con todo eso.</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Si te gustó la historia puedes escribirme con título SU ESPOSO a dulces.placeres@live.com</div>
<div id="wpfa-11076" class="wpforo-attached-file"><a class="wpforo-default-attachment" href="https://relatosonline.b-cdn.net/wp-content/uploads/wpforo/default_attachments/1789170953-001.jpg" target="_blank" title="001.jpg"><i class="fas fa-paperclip"></i>&nbsp;001.jpg</a></div>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/"></category>                        <dc:creator>dulces-placeres</dc:creator>
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                    </item>
				                    <item>
                        <title>La suegra quería quedar preñada del yerno</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/la-suegra-queria-quedar-prenada-del-yerno/#post-4093</link>
                        <pubDate>Fri, 11 Sep 2026 21:41:06 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Eva era una mujer viuda, morena, de estatura mediana, ojos color avellana, cabello largo recogido en un moño. Tenía una figura bonita y llevaba ropa formal, faldas que le llegaban por debajo...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>Eva era una mujer viuda, morena, de estatura mediana, ojos color avellana, cabello largo recogido en un moño. Tenía una figura bonita y llevaba ropa formal, faldas que le llegaban por debajo de las rodillas, vestidos largos. Por su casa, de noche, andaba con camisones cerrados y hasta los pies. Llevaba muchos años viuda, tantos que en un par de días se casaba con un viudo adinerado. Era respetada por todos, pero no por sus buenas maneras, sino porque andaba a su vida. La mujer era muy malhablada y le gustaba el vino, aunque solo se emborrachaba los sábados por la noche, y ese era un secreto que solo conocían su yerno y su hija, hija que trabajaba de enfermera en el turno de noche en un hospital.</p>
<p>Valerio, el yerno, era alto, moreno, apuesto y soñaba con meterse en la cama de su suegra.</p>
<p>Un sábado de mucho calor, Valerio estaba en la cama de su habitación leyendo una novela de vaqueros, habitación que estaba enfrente de la de su suegra; la vio salir de su cuarto con su largo cabello recogido en una coleta y en combinación transparente. La vio a trasluz, en bragas y sin sujetador, yendo hacia la cocina a buscar más morapio. Vio la silueta con sus tetas grandes con pezones puntiagudos que se marcaban en la enagua, pero lo que más sobresalía en la enagua eran sus nalgas, que parecían dos grandes globos redondos y que resaltaban sobre sus anchas caderas. Esto le provocó a Valerio una tremenda erección, que disimuló cuando su suegra regresó a la habitación. Agachando una botella tras una cadera, le dijo desde el pasillo:</p>
<p>-Vas a estropear la vista.</p>
<p>Valerio esperó a que se acabara de emborrachar, y luego, cuando ya roncaba, le hizo una visita, y no precisamente para arroparla.</p>
<p> A la mañana siguiente, Eva fue a poner la ropa sucia en una bañera para ir al río a lavarla, y al pillar sus bragas, se mojó los dedos de semen. Abrió los ojos como platos y tapó la boca con su mano izquierda.</p>
<p>-También me desea. No puedo esperar más, en dos días me caso y después de la boda ya no podría ser.</p>
<p>Eva había visto manchas de semen en la ropa interior de su yerno y en las sábanas de la cama de matrimonio, pero una cosa era verlo seco, y otra muy distinta era mojar sus dedos de semen. Metió dos dedos dentro de las bragas y, allí de pie, se hizo una paja que la dejó sin aliento y con las piernas temblando.</p>
<p>Esa noche, antes de irse para la cama, fue a la habitación de su yerno, que estaba en su cama leyendo otra novela de Marcial Lafuente Estefanía. Sentada en el borde de la cama, le dijo:</p>
<p>-Mírame, Valerio.</p>
<p> Valeriola la miró y puso las manos entre las piernas.</p>
<p>-¿Qué desea, suegra?</p>
<p>No se anduvo con rodeos.</p>
<p>-¿Te la pelaste ayer noche?</p>
<p>-Yo no hago esas cosas.</p>
<p>-A mí no me mientas; si me mientes otra vez, te planto una hostia que te dejo tonto perdido.</p>
<p>Bajó la cabeza.</p>
<p>-Levanta la cabeza, mírame a los ojos y, si tienes cojones, dime otra vez que no me has mentido.</p>
<p>Valerio tuvo que confesar.</p>
<p>-¿Cómo lo ha sabido?</p>
<p>-Esta mañana he manchado con tu leche mis dedos cuando cogí mis bragas en el cesto de la ropa sucia y hay algo que me ronda por la cabeza.</p>
<p>Valerio seguía con la cabeza gacha y las manos entre las piernas.</p>
<p>-¿Qué le ronda por la cabeza?</p>
<p>-¿Me quitaste las bragas más veces?</p>
<p>Valerio no le respondió. Eva se hizo la ofendida.</p>
<p>-¿Pero qué clase de monstruo eres?</p>
<p>Eva se puso en pie. Valerio estaba viendo que le iba a caer una hostia de un momento a otro.</p>
<p>-A saber qué otras cosas me harías para acabar actuando así.</p>
<p>-La quiero, suegra.</p>
<p>-Tú lo que quieres es mi cuerpo, el cuerpo de tu suegra. ¿Me has visto totalmente desnuda? ¡Y dime la verdad!</p>
<p>Valerio guardó silencio.</p>
<p>-¡Joder, joder, joder! A saber qué me has hecho.</p>
<p>Valerio levantó la cabeza.</p>
<p>-No le he hecho nunca nada malo, solo me masturbé.</p>
<p>Eva desconfiaba de su yerno.</p>
<p>-Más te vale que solo fuera eso, que si me llego a enterar de que hubo más, te descalabro. ¿Se te pasó por la cabeza?</p>
<p>-La verdad es que sí.</p>
<p>-¡Y tienes los santos cojones de decírmelo!</p>
<p>-Me lo preguntó y le respondí la verdad.</p>
<p>Eva se persignó y luego llevó su representación al máximo extremo: le soltó una hostia con la mano abierta que lo dejó con la cara ardiendo..</p>
<p>-Eso para que no se te vuelva a pasar por la cabeza.</p>
<p>Valerio volvió a bajar la cabeza.</p>
<p>-Cada uno es como es.</p>
<p>Eva fingió estar cabreada.</p>
<p>-¡Me cago en tu sombra!</p>
<p>-Mientras se cague en mi sombra y no le diga nada a su hija...</p>
<p>Lo miró con ojos de venada.</p>
<p>-¡Si no me cago en tu madre, es porque no tiene culpa de haber parido a un cerdo! Y si no,le digo nada a mi hija, es por no arruinarle la vida.</p>
<p>Eva se fue a su habitación y allí urdiría un plan para follar con su terno.</p>
<p>Al otro día por la mañana. Valerio estaba sentado a la mesa de la cocina desayunando y María, su esposa, dormía. Eva estaba de espaldas a él. Presintió que le estaba mirando para el trasero; se giró y le dijo:</p>
<p>-¡¿Me estás mirando el culo, cabrón?!</p>
<p>-No, estoy mirando para la taza del caldo.</p>
<p>-Me estabas mirando el culo, y cuando miraste para mí, no me miraste a los ojos, me miraste para las tetas; por lo menos ten la decencia de admitirlo.</p>
<p> -¿Para qué me dé otra hostia?</p>
<p>-Ya lo has admitido. ¡Eres un pervertido!</p>
<p>Ese sábado Eva bebió una botella de vino de las tres que solía beber, y antes de irse a dormir se hizo la borracha. Valerio la ayudó a llegar a la cama, la desnudó y, en bragas, le puso la enagua transparente; luego la metió en cama y se fue.</p>
<p>Unos quince minutos más tarde regresó en pelota picada. Eva se hizo la dormida, pues quería llegar hasta el final. Oyó cómo decía:</p>
<p>-Aquí está mi Bella Durmiente.</p>
<p>Valerio se echó al lado de su suegra y con la yema del dedo medio de su mano derecha y la del dedo pulgar, lo aplastó y lo soltó y lo movió alrededor; luego fue a por el otro pezón, y haciéndole lo mismo que al otro, besó a su suegra sin lengua y le dijo:</p>
<p>-¡Qué buena estás!</p>
<p>Besándola y jugando con el pezón, le metió una mano dentro de las bragas, dos dedos dentro de la vagina. Comenzó a masturbarla, y ella empezó a hablar para sus adentros.</p>
<p>"Picaste".</p>
<p>-Hoy estás más mojadita.</p>
<p>"Y más que voy a estar".</p>
<p>Masturbándola y jugando con sus pezones, le pasó la cabeza de la polla por los labios.</p>
<p>"El cuerpo me pide abrir la boca".</p>
<p>Eva abrió la boca, y la polla entró en ella. Era muy gruesa. Abrió un poquito los ojos y vio a su hijo pajeando su larga verga. </p>
<p>"Qué te va a descubrir Eva?</p>
<p>Volvió a cerrar los ojos. Valerio le quitó la polla de la boca, los dedos del coño, le sacó las bragas y vio lsi pelambrera negra.</p>
<p>"Ahora viene lo bueno".</p>
<p> Le clavó la cabeza de la verga en el coño. Como llevaba tanto tiempo sin recibir una polla, le entró muy apretada, pero los coños de una mujer como Eva cierran en falso y en nada ya entraba y salía con facilidad.</p>
<p>"´Me estoy derritiendo!"</p>
<p>Valerio le dio deprisa un rato y luego paró. Eva sintió cómo le latía la polla en el coño.</p>
<p>"Me voy a correr".</p>
<p>Valerio comenzó a correrse dentro de su suegra en el mismo momento que se comenzaba a correr ella. Eva, en un acto reflejo, le echó las manos al culo y lo apretó contra su cuerpo.</p>
<p>Al acabar de correrse, Valerio fue al armario, cogió una toalla de las viejas e iba a limpiar el coño a su suegra. Eva abrió los ojos y le dijo:</p>
<p>-¿Qué me has hecho?</p>
<p>Valerio se llevó un susto tremendo.</p>
<p>-Lo siento, la tentación pudo conmigo.</p>
<p>Eva echó la mano al coño y la sacó pringada de leche y de jugos.</p>
<p>-¡¿Me has podido dejar preñada, cabrón?! </p>
<p>-Es que me apretó el culo... </p>
<p>-No, si encima la culpa va a ser mía.</p>
<p>-En todo caso, no creo que quedara preñada.</p>
<p>-Más te vale.</p>
<p>Valerio se echó sobre su suegra, le cogió las manos y le dijo:</p>
<p>-Quiero follarla estando despierta.</p>
<p>-¡Una mierda vas a follar!</p>
<p>Le metió la polla entre sus piernas cerradas y la subió y la bajó entre sus labios vaginales. Eva giraba la cabeza hacia un lado y hacia el otro, esquivando los besos de su yerno, al tiempo que lo ponía de carroñero para arriba. Al rato abrió las piernas y levantó la pelvis fingiendo que lo quería quitar de encima. Valerio le clavó la polla en el coño, que era lo que aeava quería. Fue como si le hubiera clavado una estocada de muerte, ya que Eva se quedó inmóvil y sin decir palabra, pero no era mortal, no, a los pocos segundos. Eva le dijo:</p>
<p>-Follar, me follarás porque eres más fuerte que yo, pero luego te quedarás dormido y mañana no vas a despertar.</p>
<p>Follándola despacito, le dijo:</p>
<p>-No creo que cambie el altar por la cárcel, por culpa de un par de polvos. </p>
<p>Eva tuvo que darle la razón.</p>
<p>-Me había olvidado de que me caso mañana, pero hay más días.</p>
<p>Valerio apuró un poquito las clavadas.</p>
<p>-Mañana se va a vivir a otra casa y ya no tendrá ocasión de hacer lo que dice, ni yo tendré ocasión de volver a gozar de su cuerpo. Tengo que aprovechar esta oportunidad.</p>
<p> A Eva le estaba gustando de nuevo.</p>
<p>-¿Me quieres decir que me haces esto porque me vas a echar de menos?</p>
<p>-Se lo hago porque yo la deseo más de lo que nunca la deseará ese viejo.</p>
<p>Le dio despacio, al paso, al trote y al galope, y al galope, se corrió dentro de ella y Eva se corrió con él.</p>
<p>-Te has corrido dentro de nuevo y...</p>
<p>-Y lleva tres meses sin la regla; eso significa que le llegó la menopausia.</p>
<p>-Me tienes controlada.</p>
<p>Le soltó las manos y la besó en los labios.</p>
<p>-¿Me deja saborear todo su cuerpo?</p>
<p>-No, pero si te vas ahora de mi habitación, podrás dormir tranquilo.</p>
<p>Valerio aceptó la oferta de su suegra.</p>
<p>Al día siguiente, Valerio miraba cómo su esposa llevaba a la madre al altar.</p>
<p>La boda fue por todo lo alto, pero a los dos días el matrimonio cayó en todo lo bajo. Él bebía, los dos tenían mala baba y a los tres días tuvieron su primera pelea. En la noche del día siguiente, Eva  regresó a su casa con su yerno. Valerio estaba en la cocina cenando.</p>
<p>-¿Qué viene a buscar?</p>
<p>-Nada, vengo a quedarme.</p>
<p>-¿Qué fue lo que pasó?</p>
<p>Se lo contó.</p>
<p>-Está mejor sin él. ¿Le apetece un trago?</p>
<p>-Tú lo que quieres es que me emborrache, para aprovecharte de mí, pero ya no bebo.</p>
<p>-Solo la follaría estando despierta y dejándome saborear todo su cuerpo.</p>
<p>-¡¿Estás loco?! ¿Cómo te iba a dejar hacer eso?</p>
<p>-Podría querer vengarse del desgraciado ese.</p>
<p>-Tu descaro se merece una respuesta contundente, pero ya discutí lo suficiente por hoy.</p>
<p>Eva se iba para su habitación. Valerio le dijo:</p>
<p>Piense en lo que le he dicho.</p>
<p>La mujer se giró y miró a su yerno.</p>
<p>-Voy a ponerle la llave por dentro a la puerta.</p>
<p>-No hace falta que se la ponga, pero haga lo que quiera.</p>
<p>Eva se fue a su habitación. Valerio se fue para la suya una hora después. En calzoncillos se metió en la cama y se puso a leer otra novela de vaqueros. No había ni leído la primera página. Cuando entró Eva en su habitación. Venía con la combinación transparente y no llevaba nada debajo.</p>
<p>-Cambié de opinión. Quiero vengarme de él.</p>
<p>Valerio dejó caer la novela sobre la cama e iba a salir de ella.</p>
<p>-Quédate ahí.</p>
<p>Eva dejó caer la combinación al piso y luego, contoneando las caderas, fue hasta la cama, se metió en ella y se arrodilló entre las piernas de su yerno</p>
<p>-Saca la lengua. </p>
<p>Valerio sacó la lengua y Eva se la devoró; luego le puso las tetas delante para que escogiera. Agarró las dos y lamió los gruesos pezones y las marrones areolas de las gordas y esponjosas tetas que caían sobre su boca, al tiempo que metía la mano derecha dentro de sus calzoncillos, empuñaba la polla y lo masturbaba. Pasado un tiempo en el que había dejado que saboreara sus tetas bien saboreadas, le quitó el calzoncillo, empuñó la verga y la frotó en sus pezones y en sus areolas.</p>
<p>-¿Te gusta?</p>
<p>-Me encanta.</p>
<p>Al rato la metió entre las tetas y comenzó a hacerle una cubana.</p>
<p>-La tienes muy mojada.</p>
<p>Valerio le echó la mano al coño y lo encontró resbaloso.</p>
<p>-Tú también, pero para, o me vas a hacer correr.</p>
<p>Eva agarró la polla, la metió en la boca, chupó el glande, lo masturbó y Valerio se corrió en su boca. La mujer se tragó hasta la última gota de leche, luego le puso el coño en la boca y le dijo:</p>
<p>-Corresponde.</p>
<p>Valerio le echó las manos a la cintura y le lamió el coño. Con él lamiendo y con ella moviendo el culo hacia delante y hacia atrás, comenzaron los gemidos.</p>
<p>-Me encanta oírla gemir.</p>
<p>-No vuelvas a hablar, que interrumpes la comida de coño.</p>
<p>No volvió a hablar. Tiempo después, Eva se corría en la boca de su yerno.</p>
<p> -¡Abre la boca que ahí te va el diluvio universal!</p>
<p>Eva era una exagerada, pues solo fueron unas gotas y un reguerito de jugos.</p>
<p>Estaba muy necesitada, ya que luego de correrse en la boca de su yerno, bajó el culo y poniendo la tiesa verga en la entrada de la vagina, bajo el culo, la enterró hasta las trancas y le dio sin medida, le dio a romper, le dio como si se fuera a acabar el mundo.</p>
<p>Valerio, viéndola a ella apoyada con los brazos en su pecho y con cara de viciosa. Viendo sus grandes tetas subiendo y bajando, chocando entre ellas y viendo sus pezones de punta, como queriendo salir disparados, se corrió dentro de su suegra. Ni diez segundos tardó Eva en correrse en la polla de su yerno, que le dijo:</p>
<p>-Me encanta sentir cómo se corre.</p>
<p>-Y a mí sentir tu leche dentro de mi coño.</p>
<p>-¿Quiere más leche?</p>
<p>-A cuatro patas puedes echarme la leche más al fondo.</p>
<p>-Y debajo.</p>
<p>-Y de lado.</p>
<p>-Y con las piernas en tus hombros.</p>
<p>-¿Y podrás?</p>
<p>-Puedo y tengo más leche que en una lechería. Ponte en la posición que quieras.</p>
<p>-¿Cuánto tiempo llevas sin follar con mi hija? </p>
<p>Más de un mes.</p>
<p>-¡Hay que aprovechar!</p>
<p>Eva se puso a cuatro patas. Su culo era redondo y grande. Valerio le echó las manos a las tetas y, magreándolas, le lamió el coño y el culo; luego le puso las manos en las caderas y comenzó a meter y a sacar con calma. Al acelerar un poco las clavadas. Eva comenzó a gemir. Cuando estas fueron cogiendo intensidad, los gemidos fueron en consonancia con ellas y cuando ya las clavadas eran de barrena, Eva se desgañitaba. A punto de correrse, Valerio le dijo:</p>
<p>-Saca tú mi leche.</p>
<p>Eva, echando el culo hacia atrás y hacia delante, se clavó la polla en el coño con tanta fuerza que en nada, no solo se corrió Valerio dentro de su coño, sino que también se corrió ella en su polla.</p>
<p>Valerio quedó con la lengua fuera, y Eva quedó exhausta y sin ganas de misionero ni de monja patas arriba. Eva le dijo:</p>
<p>-Una ya no está para tanta acción junta. Va a ser mejor que lo dejemos por hoy.</p>
<p>Valerio quería despedirse a lo grande.</p>
<p>-¿No puedes hacerme una mamadita?</p>
<p>-Bueno, eso sí que aún lo puedo hacer.</p>
<p>Valerio le puso la polla en los labios; Eva la empuñó y le lamió el glande antes de meterla en la boca y mamársela, cuparla, menearla... Valerio le metió dos dedos de la mano derecha dentro de la vagina, los sacó llenos de jugo y le acarició el clítoris con ellos, y con la otra mano le amasó las tetas y jugó con sus pezones. Eva se puso cachonda de nuevo.</p>
<p>-¿Quieres que ponga mis pies sobre tus hombros?</p>
<p>-Ya estás tardando.</p>
<p>Se arrodilló entre sus piernas. Eva le puso el pie derecho sobre el hombro. Valerio se la clavó hasta el fondo y, agarrándole la pierna por debajo de la rodilla, le dio caña de la buena. La polla entraba y salía llena de jugos. Eva, mirando a los ojos a Valerio, le dijo.</p>
<p>-Así no me voy a correr.</p>
<p>-Sube la otra pierna.</p>
<p>Con las dos piernas sobre sus hombros, le volvió a dar a mazo. Tiempo después, Eva le dijo:</p>
<p>-Así tampoco, córrete tú.</p>
<p>-De eso nada.</p>
<p>Se echó a su lado, Eva le dio espalda, y luego levantó y dobló la pierna derecha. Valero se la sujetó por la parte de abajo de la rodilla, le metió la verga y le volvió a dar con ganas. Eva comenzó a gemir, echó la mano derecha a la nuca de su yerno, lo atrajo hacia ella y le comió la boca mientras la taladraba. Un par de minutos después, Valerio paró de follarla. Eva le dijo:</p>
<p>-¿Por qué has parado?</p>
<p>-Porque me iba a correr.</p>
<p>Eva movió el culo hacia atrás y hacia delante cada vez más aprisa y cuando sintió cómo su yerno se corría dentro de su coño, le dijo:</p>
<p>-¡Me corrooooooo!</p>
<p>Esta vez quedaron los dos para el arrastre.</p>
<p>Al día siguiente, Eva fue a por sus cosas a la casa de Eulogio. Hicieron las paces y ya no regresó a su casa más que de visita.</p>
<p>Nueve meses después, Eulogio, el marido de Eva, invitaba en la tienda a todos los que allí estaban.</p>
<p>Pesó cuatro kilos y es un macho.</p>
<p>El tabernero le dijo:</p>
<p>-Se ve que tú, donde pones el ojo, pones la bala.</p>
<p>-Ni lo dudes, Genaro, ni lo dudes.</p>
<p>Yo lo dudo mucho.</p>
<p>Quique.</p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/"></category>                        <dc:creator>José</dc:creator>
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				                    <item>
                        <title>La Marranita - CAPÍTULO XIII - Revolución</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/no-consentido/la-marranita-capitulo-xiii-revolucion/#post-4092</link>
                        <pubDate>Fri, 11 Sep 2026 15:41:51 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[La Marranita - Auge y caída de la República de las Mujeres



 
 
 

CAPÍTULO XIII - Revolución

 

Una vez alg...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p><strong><span>La Marranita - Auge y caída de la República de las Mujeres</span></strong></p>
<div class="ydp98c10426yiv6360730210ydpd4ffe899yiv1283188725ydpbcb49bc8yiv4039173805ydp2b28c394yiv8578726700ydpf9b10a81yiv2970923207ydpb96e53d7yiv6388121014ydp569e37f1yiv0085335945ydpa1b654c9yiv0799284555ydp852e5d4yiv8800147665ydpac3cb421yiv3538744073ydpbf2fa1ceyiv5783183000ydp3479391byiv3306903468ydp8f5e5c89yiv8243730706ydp27163080yiv4104898162ydp82fcf2f3yiv4627879130ydp734c04e7yiv8045719408ydp8758aff0yiv9832707910ydp44e415feyiv9413871441ydp9adeb5f2yiv4083066417ydpafbdac36yiv3264561506ydp7debe1e9yiv7883933190ydpae89dc54yiv3734797339ydp4365b204yiv5743747349ydp208eecf5yiv0112733561ydp47e71904yiv1743333340ydp3964e73byiv1930782225ydp404bca1dyiv6657854796ydp89a3d821yiv5483319498ydp87ab5b6fyiv4646603582ydp3dfdd14ayiv7480659826ydp1ed23d36yiv3060809426ydpfc2a9f73yiv2955583879ydpdf0955bdyiv6131016264ydp4b2ae3feyiv5050924888ydpe8458e7cyiv0576811259ydp41e91a65yiv0703725446ydpda1af80dyahoo-style-wrap" dir="ltr">
<div dir="ltr"><span></span></div>
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<div dir="ltr">
<div dir="ltr"><span>CAPÍTULO XIII - Revolución</span></div>
</div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>Una vez alguien me dijo que mi vida era digna de uno de esos largos relatos que cuentan los viejos alrededor del fuego, una de ésas con grandes personajes heroicos y malvados, multitud de aventuras, situaciones inesperadas y desesperadas y sorpresas continuadas en la trama. </span><span>Seguro que si me hubiera visto ahora aquí, sola y abandonada durante años en una pequeña granja del entorno más rural, apartado y olvidado del Continente, no pensaría lo mismo. Menudo acabar nefasto, menudo devenir lamentable en una historia aburrida, monótona e insoportable, pesadamente igual palabra tras palabra... hasta el desastre final. Porque desde luego que el final que me auguro no va a ser épico, sino más bien fatídico. Pero a estas alturas ya me conformo con poco. En realidad, cuanto más lo pienso, más deseo que cualquier final llegue pronto, con tal de que sea lo más rápido posible. Para nada quiero ningún final épico, además. </span><span>Si pudiera elegir, me gustaría en realidad que fuera sádico; e ineludiblemente sexual, por supuesto. </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>A los trece años Padre inició mi preparación espiritual como servidora de la Orden de la Sumisión Total. En aquella época feliz, la Orden estaba reservada únicamente para los especímenes más selectos de toda La Ciudad, y yo superé todas las pruebas de admisión con las mayores alabanzas. Él fue el mejor Maestro, y yo la alumna más devota posible, claro está. En tan solo los cinco años que pasamos juntos, yo conseguí escalar uno tras otros los 5 Niveles. Padre me entregaba a otros maestros para perfeccionarme, y todos quedaban siempre sorprendidos conmigo. Lo que aprendía en mi cuerpo lo repetía luego con mi grupo de adeptas, mis esclavas, mis amigas. Vivir una misma experiencia desde las dos orillas enfrentadas te da siempre una perspectiva única para seguir avanzando. </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>Echo de menos a padre. Echo de menos a cualquier Amo capaz de llevarme al placer a base de castigar mi cuerpo podrido por el olvido y el abandono, por la falta de deseo y el vaciamiento de la lujuria. Por eso no imagino mejor final que la violación, la tortura y el martirio hasta la muerte. Al fin y al cabo, ése y no otro es el verdadero sueño de cualquier buena sumisa. Aunque en mi caso, mi sueño había sido siempre morir a manos de Padre. Si hubiera justicia en este mundo, él debería haber sido mi principio y mi final. Sin más.<br /></span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>En cualquier caso, que mi vida haya sido o no materia para una historia o leyenda, poco importa ya. </span><span>Partiré en cuanto termine estas líneas, con la práctica seguridad de que mi propio camino pondrá fin a mis días en breve. De mí sólo quedarán estas páginas, </span><span>y en ellas no quiero extenderme en hablar de lo que pasó el día de mi decimoctavo cumpleaños, ni en los dos años siguientes: el tiempo transcurrido entre el Día del Triunfo de la Revolución y el periodo necesaria para la consolidación de la infame República de las Mujeres que cambió para siempre La Ciudad en pos del surgimiento de la nueva Ciudad Atenea. </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>Los recuerdos de aquella época son vívidos, en realidad mucho más que los de mi feliz infancia o, incluso, los de aquellos años de perfección pasados junto a Padre. Puede parecer paradójico, pero la ira y el odio son capaces de marcar </span><span>nuestra alma </span><span>de una manera mucho más fuerte y definitiva que el placer y la alegría, por completos que estos hayan sido. No es por falta de memoria, por tanto, que no quiera recordar esos acontecimientos. </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>No. En realidad el motivo de ello es tan simple como que la soledad que arrastra mi alma, y la sequedad forzada que soporta mi cuerpo, no son capaces de asumir hoy por hoy el peso de aquellos recuerdos malditos.</span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>Y, sin embargo, soy consciente de que debo pasar siquiera someramente por el relato de lo que supusieron en verdad aquellos días, para mí y para la mayor parte de la sociedad callada y atemorizada, que fue derrotada y sometida y sufre hoy la dictadura de Ciudad Atenea, </span><span>como yo sufro su destierro</span><span>. El relato de lo que la inmensa mayoría de la gente vivimos realmente, y no esa historia oficial prefabricada y dirigida, que no es posible que la crean ni las Dirigentes que la escribieron. Disculpe mi posible lector las manchas de tinta emborronada con la sal de mis lágrimas, que de seguro encontrará en las siguientes páginas. Trataré de hacer su penosa lectura lo más breve posible.</span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>La Revolución fue rápida, gracias fundamentalmente a su perfecta sincronización y a una crueldad extrema y completamente desconocida hasta entonces. Sé que eso es lo primero que han querido borrar de la historia, y que de hecho han conseguido hacerlo con acertada precisión de cirujano. La República de las Mujeres se ha vendido al exterior como un espacio totalmente libre de cualquier violencia física, y eso es algo casi totalmente cierto... en la actualidad. Pero algo así solo es posible gracias a que la violencia desatada durante la larga jornada revolucionaria fue tan total y perfecta, que luego ya no les ha hecho falta para seguir imponiéndose más que una violencia mental desmedida e implacable. Violencia mental que, como sabe de hecho cualquier persona iniciada en los misterios de la Sumisón, solo es posible alcanzar gracias a una violencia física real, sutil y consentida, brutal pero de guante blanco, que nunca deja huellas en los cuerpos pero sí en las almas. No voy a negar que eso es hoy casi completamente cierto (aunque sé que en algún momento tendrán que salir a la luz, de manera inevitable, las brutales torturas que el Régimen todavía ahora lleva a cabo, ininterrumpidamente, en lo más profundo de los enormes edificios institucionales que separan el barrio noble de Ciudad Atenea de la ciudad popular donde se hacinan cientos de miles de almas sometidas por el terror). </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>Con todo esto, quiero dejar claro que si la Revolución triunfó en un solo día, no fue precisamente gracias a la inteligencia y al poder y superioridad moral de las nuevas dirigentes, como siempre han querido hacernos ver... su única arma para asegurarse un éxito tan fulgurante fue, simple y llanamente, desplegar un terror absoluto, alimentado por el sufrimiento extremo e inesperado, y consolidado para muchos años mediante la muerte violenta de cientos de miles de hombres.<br /></span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>Porque el día de mi mayoría de edad, fue un día de sangre y de fuego.</span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>Naturalmente, aquello no fue precisamente lo que yo esperaba para mi decimoctavo cumpleaños. Pero su capacidad de sorprendernos a todos fue lo que les permitió a esas zorras poder golpear tan solo una vez, sin tener que hacer el esfuerzo de rematar al enemigo, que quedó plenamente destruido al primer golpe. Y, además, ¿de verdad podría alguien habernos advertido de algo así? ¿Habernos preparado para ello, haber asegurado una anticipación, una posible respuesta coordinada? Todo habría sido inútil, porque no se trató solo de que llegara todo por sorpresa, sino que consiguieron avanzar a una velocidad inaudita que les permitió tomar el control absoluto sobre todos los barrios en cuestión de una jornada. Tal determinación fue posibles gracias a que, sobre todo, para aquella gente el día de la Revolución fue, fundamentalmente, un día de venganza. </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>Recuerdo con el máximo dolor, pero sobre todo con el máximo odio, el cuerpo sucio, destrozado y decapitado de Padre nadando en un charco de sangre en la tierra embarrada del patio. A su lado, su cabeza y su miembro viril con sus enormes testículos se alzaban vacíos de vida, inertes sobre sendas pértigas, a modo del más ominoso de los avisos. Pese a todo, la polla muerta y vacía de Padre seguía luciendo descomunal aún en aquella siniestra situación, revelando todavía un tamaño mayor que el de su cabeza desfigurada ahora que, por primera y única vez, todos teníamos oportunidad de contemplar las dos a la misma altura. Yo seguía rendida a sus pies, con el cuerpo lleno de heridas y quemaduras, encadenada y doblegada, sollozando de rodillas, abrazada en todo momento a aquella pértiga que soportaba los restos del falo al que yo pertenecía, sintiendo en mi cuello y mi espalda el continuo gotear de la sangre que seguía vaciando aquel miembro majestuoso, aquella verga de dios que tantas veces me había llenado de vida, un falo al que no podía dejar de venerar como el único Dios verdadero que había sido siempre para mí. Pero mi Dios había muerto, y la propia Marranita había desaparecido para siempre al desaparecer su dueño, que era por sí mismo su único motivo de vivir.</span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>Para mi desgracia, sin Padre a mi lado yo volvía a ser solo Lauh', una simple mujer, una cualquiera, ahora tan vulgar y miserable como tantas.<br /></span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>El patio y las galerías de los edificios estaban plagados de cuerpos destrozados, y de un lado para otro se apresuraban grupos de mujeres, y algunos hombres también -esclavos o prematuros vendidos, renegados de su virilidad y su poder-, empujando a golpes de sus armas a los relativamente escasos grupos de hombres que no habían sido asesinados o sometidos brutalmente desde el inicio. Pronto todas supimos que aquellos hombres habían sido conducidos a campos de reeducación, a burdeles para mujeres, a cárceles, o directamente al matadero. Poca gente sabe, o poca quiere reconocer, que en los banquetes de los largos festines de celebración que siguieron al Triunfo de la Revolución se sirvió fundamentalmente carne de hombre, y en cantidad. Se dice que las Grandes Dirigentes celebraron cenas secretas en las que se servían exclusivamente platos cocinados con los órganos sexuales de los mejores ejemplares masculinos de la ciudad. Al final siempre es lo mismo. El perro sometido lame los genitales al que lo sometió. La mujer somete a la mujer posando su coño en la cara de la otra. El hombre somete a la mujer haciéndole comer su verga. De igual modo, las nuevas dirigentes de Ciudad Atenea asumieron el poder de los vencidos alimentándose de sus prodigiosos aparatos sexuales, tratando de apropiarse así físicamente de un poder que no les correspondía, y que sabían de hecho que no estaban capacitadas para ejercer. Comiendo las pollas de los hombres derrotados, cómo no... justo </span><span>aquello que en realidad las mujeres siempre más envidiamos y deseamos. ¡Putas comepollas! </span><span>Pero comer una polla, aunque sea en sentido literal, no va a hacer que a ninguna mujer nos crezca una polla ni, del mismo modo, puede ser algo que te haga poderosa. Vuelvo a repetir, para aviso de futuras generaciones, si es que alguien quiera acaso perder su tiempo en leer estos desvaríos de loca que hoy escribo: la persona que tiene poder lo tiene porque sí; y la que no lo tiene de por sí, no lo tendrá nunca. Esto no es solo una teoría, una visión del mundo que yo he tenido clara desde siempre, sino que es algo que ya han demostrado bien las propias Dirigentes de Ciudad Atenea. </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>Porque, por otro lado, hasta la mujer más poderosa sabe que siempre deberá doblegarse ante un hombre poderoso. Porque cuanto más poderosas somos las mujeres, en realidad más deseamos y merecemos las pollas. Yo hace años ya que deseo tener polla. Es mi sueño recurrente cada noche, despertarme siendo yo, Lauh', la mujer bella y completa, pero tener colgando entre mis piernas además el miembro poderoso de Padre. Porque sé bien que si tuviera esa verga entre mis piernas, tendría el poder suficiente para destruir a todas esas zorras que han arruinado mi tierra.</span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>Entre el desorden de los grupos de hombres que eran encadenados y conducidos fuera del patio, pronto empezaron a verse también por la arena, así como por las galerías, a aquellos pocos que habían sido protegidos y salvados por las mujeres de sus familias, escondidos y atemorizados ahora detrás de sus hembras como niños desvalidos. Demasiados de ellos habían sido desnudados por completo y, despojados de toda dignidad, se arrastraban como perros, andando efectivamente a cuatro patas al ritmo que marcaban los tirones de las correas con las que los conducían las que apenas unas horas antes eran sus esposas, hijas u otros parentescos, y que habían pasado ya a ser sus dueñas. Las mujeres paseaban a sus maridos como si fueran perros; las hijas, a sus hermanos. La humanidad había desaparecido de aquel espacio donde todos habíamos convivido desde siempre, y la hombría se había esfumado de tal manera que pareciera no haber existido nunca. <br /></span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>Toda aquella escena dantesca la contemplábamos envueltas en un olor nauseabundo a muerte y carne quemada. En dos enormes piras en sendos extremos del patio, ardían mezclados indiferentemente cuerpos de hombres y restos de mobiliario, ropas y objetos personales que habían pertenecido a aquéllos. Pero, ocupando el centro mismo de aquel espacio en el que me desarrollé como hembra, y luego como mujer, junto al cuerpo sin vida de Padre, tan grande y pesado que no habían sido capaces de alzarlo todavía, se erguían las ominosas pértigas con sus despojos y, a una altura menor, una enorme lanza en la que se descomponía el cuerpo empalado del señor Nardo. El poder real de Padre y el poder económico y social de Nardo, quedaban así exhibidos para demostrar que un Nuevo Orden se había adueñado de nuestro patio, de La Ciudad, de toda nuestra tierra, de nuestras vidas mismas. A los pies de aquellos hombres seguía yo, sola, encadenada, y deseando morir cuanto antes para poder acompañar a Padre a donde quiera que estuviese. </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>Tenía a mi lado el cuerpo roto del otro Nardo, mi perro. La mujer que fue mi madre lo había arrojado con desprecio desde la galería superior cuando me sacaban, cargada de cadenas y resbalando por aquel pasillo empapado con la sangre de Padre. Veía ahora acercarse su figura de Vieja odiosa, acompañando siempre como una sombra a la señora Nardo: aquella mujer vengativa se había convertido, gracias al dinero del hombre a quien ella misma había dado muerte, en el poder máximo en nuestro patio, y pronto lo sería en todo el barrio. Desaparecidos los hombres poderosos, el poder quedaba inevitablemente en manos de esas mujeres de las familias pudientes de La Ciudad, aquella sección femenina de la oscura aristocracia y la alta burguesía ociosa, que había sido capaz de urdir aquella traición absurda y sanguinaria para tratar de curar sus despreciables traumas y su miserable inferioridad vital, utilizando además el dinero acumulado por los hombres de sus familias durante años para levantar aquella insurrección, y alimentar una verdadera Revolución capaz de instaurar un nuevo Régimen firme y duradero. Pobres de ellas. Tener el poder temporal no iba a impedir que siguieran siendo siempre seres inferiores, incompletos, incapaces. Por ello supe desde el primer momento que la Revolución no iba a traer más que desgracia a mi tierra. </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>La Vieja se arrastraba detrás de la señora Nardo, queriendo hacer valer el recién adquirido estatus de Dirigente de la Revolución de quien había sido su encendida amante durante los últimos cinco años (nunca en secreto, porque siempre había sido prácticamente imposible guardar ningún secreto en el patio, y en realidad porque al señor Nardo había dejado de importarle lo que hiciera el resto de su familia desde que Padre cortara el pene de su hijo: que su mujer se follara a la loca de su repudiada vecina no podía añadir ya más oprobio a una reputación que, de no ser por su inmensa fortuna, cualquiera habría considerado hundida sin remedio).</span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>La Vieja había tratado de matarme una vez que Padre fue separado de su cabeza por las amazonas armadas y ya nadie podía defenderme. Devastada por el dolor que me produjo el asesinato de Padre delante mismo de mí, aquel enjambre de jovencitas armadas hasta los dientes que había asaltado nuestra casa, fue por fin capaz de reducirme. Cuando la Vieja sacó un cuchillo de entre los pliegues de su pesado vestido y se abalanzó sobre mí, la señora Nardo la detuvo, asegurando que una mujer libre como yo siempre había sido no podía ser asesinada sin más en la nueva República de las Mujeres. Según dijo, mi cuerpo y mi capacidad sexual eran demasiado valiosos e iban a hacer falta para construir la nueva sociedad. </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>Ordenó que me bajaran al patio y allí estuve durante horas contemplando la desaparición violenta de todo lo que había sido mi vida a manos de aquellas sádicas salvajes. Ahora que todo parecía haber acabado por fin, Nardo se acercaba de nuevo a mí. Maniobrando siempre detrás de ella, pude ver cómo la Vieja cogía el cuerpo de mi perro muerto y se lo llevaba hacia una hoguera. La señora Nardo la detuvo, le quitó el collar y la correa a mi perro, al que Padre había llamado Nardo en honor al eunuco del hijo pequeño de aquella bruja, a quien el mismo Padre había castrado después de haberme violado el culo en público en mi primera aparición en el patio como participante de una de las fiestas de adultos. Sin mediar palabra y con un gesto de lleno de vanidad en su boca torcida y sus ojos pequeños y taimados, vino hacia mí y me puso aquella correa de perro al cuello, no sin antes intentar arrancarme el delgado collar de cuero que Padre me había puesto con sus propias manos cuando me creó como su Marranita. </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>Sin embargo, fue incapaz de romper aquella fina tira de cuero, ni a base de tirones con los que casi consigue ahogarme, ni tratando de cortarlo con los cuchillos que le entregaron sus sirvientas. El collar de una verdadera sumisa no puede ser destruido, porque es símbolo de su entrega total al Amo. Durante mi aprendizaje con Padre de las artes de la Sumisón me hice experta en la fabricación de aquel tipo de artesanías cargadas de poderes incomprensibles para el resto de la gente, objetos creados expresamente para concentrar la capacidad de dominio de unas personas sobre otras. Descubrí además que tenía una habilidad especial para ello: según Padre, yo estaba especialmente dotada para el poder, y eso se notaba en mi capacidad para fabricar objetos destinados, precisamente, a acumular ese poder, a arrancarlo de unas personas para facilitar su dominio y sometimiento, siempre con fines sexuales, evidentemente. Disfrutaba fabricando esos objetos y trabajando y aprendiendo con los mejores artesanos. Nardo se vio obligada a desabrochar mi collar, debiendo utilizar para ello toda su paciencia y habilidad. Cuando lo consiguió, por fin, lo arrojó despectivamente al suelo y me abrochó con fuerza la ruda correa de perro en torno al cuello. Cuando la Vieja llegó finalmente a donde estábamos, su amante le entregó mi correa con gesto triunfal.<br /></span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>"Arrodíllate y levántate el vestido, mi amor", le ordenó a la Vieja.</span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>La que antes había sido mi madre obedeció y se dejó caer de rodillas ante mí, con las piernas abiertas e inclinada hacia atrás como si fuera a parir. Nardo me obligó a postrarme ante ella, poniéndome su coño gastado de vieja a escasos centímetros de mi cabeza. Lo tenía surcado de arrugas y con la piel apergaminada de tanto afeitárselo, tanto que diría que ya ni lo llevaba rasurado, sino que su cuerpo demacrado hacía tiempo que había renunciado a producir más vello para aquella mujer desagradecida. Olía a perfumes, jabones y cremas que no conseguían tapar su olor rancio de vieja. Nardo me agarró del pelo y apretó mi cara contra ese coño. Los labios de la Vieja se abrieron al instante, revelando que su cuerpo hecho para el vicio no había perdido, pese a todo, el ardor sexual con el paso de los años. </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>"En la República de la Mujeres no hay nada que sea más sagrado que nuestras sagradas vulvas," gritó para hacerse oír por encima del tumulto, "vulvas santas, vulvas dadoras de vida... Por ellas se adquiere y se entrega el poder." Sentí su mano tirar fuerte de mi pelo buscando sujetarme la cabeza lo más fuerte posible, mientras clamaba: "¡¡Lau-r'ha!!", se dirigió a mí, usando para ello el nombre que la Vieja me había dado al nacer en su forma de la lengua antigua, "Lau-r'ha, ¡eres Mujer Grande y mereces vivir por ello, a pesar de la traición a tu género que has cometido! Por eso, si quieres vivir, Laura, contempla y honra ahora la vulva de la que viniste a este mundo, ¡y ríndele pleitesía en señal de arrepentimiento!"</span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>Zorra... me dije, ¿por qué llamaba arrepentimiento a lo que no era más que una sanguinaria venganza?</span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>Traté de girarme para escupirle a la cara a aquella puta, pero antes de poder siquiera menear mi cabeza escuché como el batallón de amazonas armadas de Nardo levantar sus armas contra mí. Había podido escuchar que la Revolución había reclutado a aquellas mujeres en las Tierras Salvajes y las habían armado hasta los dientes para crear el ejército más implacable y letal que aquella parte del Continente dejada de las manos de los dioses hubiera conocido jamás. Joder, aquellas putas locas habían debido dejar las Tierras Salvajes despojadas de hembras. Y si aquí también pretendían acabar con todos los hombres, ¿qué tipo de futuro tenían preparado para nuestra especie? Comprendí rápidamente que no tenía la más mínima capacidad de oponerme a aquellas bestias sedientas de sangre en aquel instante.</span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>Aunque todavía no entiendo qué tipo de instinto vital me hizo sacar la lengua en un momento como aquel en que, en realidad, yo solo quería morirme. Incomprensiblemente para mí, el coño seco de la Vieja reaccionó al instante, mojándome con un zumo inesperadamente sabroso en cuanto mi lengua abrió sus labios para penetrarla y mis labios comenzaron a succionar un considerable clítoris rotundamente empalmado. Un potente orgasmo, afortunadamente sin nada parecido a una eyaculación, la alcanzó sorprendentemente rápido, sin que hubieran sido necesarias más que apenas unas pocas tímidas lamidas con la punta de mi lengüecita en el fondo de su vagina, acompañando a dos o tres potentes succiones de aquel sabroso botón endurecido que había brotado entre sus pliegues. Jamás habría imaginado que comerle el coño a aquel ser de sombras podría no llegar a causarme la más posible de las repugnancias. <br /></span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>Mientras todas estaban pendientes y envidiosas de mi comida a la Vieja, que se retorcía de gusto entre potentes convulsiones, yo pude aprovechar para recuperar discretamente mi collar de sumisa del suelo, y lo escondí metiéndolo en el fondo de mi vagina.</span></span><span></span><span></span>
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<div dir="ltr"><span style="color: #3366ff">(lau.alma @yahoo.com)</span></div>
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</div>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/"></category>                        <dc:creator>laualma</dc:creator>
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                        <title>La Marranita - CAPÍTULO XII - La araña</title>
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                        <pubDate>Thu, 10 Sep 2026 19:22:27 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[La Marranita - Auge y caída de la República de las Mujeres



 
 
 

CAPÍTULO XII - La araña

 

Vivimos cinco ...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p><strong><span>La Marranita - Auge y caída de la República de las Mujeres</span></strong></p>
<div class="ydp98c10426yiv6360730210ydpd4ffe899yiv1283188725ydpbcb49bc8yiv4039173805ydp2b28c394yiv8578726700ydpf9b10a81yiv2970923207ydpb96e53d7yiv6388121014ydp569e37f1yiv0085335945ydpa1b654c9yiv0799284555ydp852e5d4yiv8800147665ydpac3cb421yiv3538744073ydpbf2fa1ceyiv5783183000ydp3479391byiv3306903468ydp8f5e5c89yiv8243730706ydp27163080yiv4104898162ydp82fcf2f3yiv4627879130ydp734c04e7yiv8045719408ydp8758aff0yiv9832707910ydp44e415feyiv9413871441ydp9adeb5f2yiv4083066417ydpafbdac36yiv3264561506ydp7debe1e9yiv7883933190ydpae89dc54yiv3734797339ydp4365b204yiv5743747349ydp208eecf5yiv0112733561ydp47e71904yiv1743333340ydp3964e73byiv1930782225ydp404bca1dyiv6657854796ydp89a3d821yiv5483319498ydp87ab5b6fyiv4646603582ydp3dfdd14ayiv7480659826ydp1ed23d36yiv3060809426ydpfc2a9f73yiv2955583879ydpdf0955bdyiv6131016264ydp4b2ae3feyiv5050924888ydpe8458e7cyiv0576811259ydp41e91a65yiv0703725446ydpda1af80dyahoo-style-wrap" dir="ltr">
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<div dir="ltr"><span>CAPÍTULO XII - La araña</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Vivimos cinco años como marido y mujer. Padre me decía que nunca en su vida se había sentido tan pleno, tan seguro de todo, tan colmado de sexo, un sexo más completo y absoluto que nada de lo que hubiera hecho o llegado a desear si quiera a lo largo de toda su extensa e intensa existencia sexual. Y, sin embargo y contra todo pronóstico, desde el primer día Padre decidió dejarme libertad total para relacionarme con todos. Tras probarme aquella primera noche, comprendió que el fuego que ardía dentro de mí era imposible de apagar, y que la única manera de poder disfrutar de él con total disponibilidad era ayudando a alimentarlo de manera continua. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Antes de follarme por segunda vez aquella mi primera noche, me llevó a su habitación y rebuscó entre los cajones de su cómoda hasta encontrar una pequeña caja de madera. La abrió, y de ella sacó un pequeño artefacto de láminas metálicas muy finas y flexibles.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"¿Sabes qué es esto, Marranita?" Yo nunca había visto uno, pero había oído hablar mil veces de aquellos objetos, y sabía que todas las chicas tenían que metérselo cuando empezaban a ir a las fiestas de Padre.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Una araña, Padre..." Mi rostro irradiaba alegría y amor por él, porque sabía bien que aquello significaba que lo que acabábamos de hacer no había sido ni un error ni un hecho aislado, sino que iba a repetirse aquella misma noche, y todas las que vendrían...</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Exacto. Debes llevarla para que atrape la fertilidad de los hombres cuando te la echemos dentro. Anda, sé una buena Marrana y ábrete para tu padre..."</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Yo temblaba de nervios, de emoción y de placer, y estaba tan caliente que ni siquiera me hizo daño cuando, al abrir yo las piernas y separarme los labios del chocho, Padre me embutió aquel objeto frío y duro hasta el fondo del coño. El problema fue cuando lo tuve dentro... porque sentí como si me acabara de violar un caballo. <br /></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Tendrás que pedir a las chicas que te enseñen los cuidados que requiere, así como a sacártelo si algún día te entrego a un hombre para que te preñe..." Padre dijo aquellas últimas palabras mirándome de reojo, como queriendo estar seguro del nulo convencimiento que tenía en lo que acababa de decirme. "Sigue abierta, cerda..." Padre me escupió en el coño, que se me había secado al resultar bruscamente invadido por aquel cuerpo extraño. "Ahora tu papi tiene que empujarte la araña hasta el fondo de tu coño para que quede bien colocada... ¿de acuerdo, Marranita?"</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Me di cuenta de que la verga de Padre estaba más alta y dura que nunca... aquello que me acababa de hacer, de alguna manera y según sus personales códigos, equivalía a todos los efectos a tomarme por esposa. Y el verdadero polvo de la noche de bodas era el que estaba a punto de darme...</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Síííímmmmm..."</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Solo pude acertar a gemir como una niña, y hasta cuando lo hice ya tenía a Padre completamente dentro de mí, dado que no había esperado lo más mínimo a conocer mi opinión respecto a todo lo que acababa de pasar. No le hacía falta, porque ya la sabía: siempre había tenido claro no ya mi consentimiento total a todo, sino que había vivido desde que era muy niña alimentando el deseo de que me hiciera completamente suya.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Su cuerpo empezó a taladrarme como una tuneladora rompiendo la montaña en busca del metal dorado. Mi cuerpo se abrazaba a él buscando la única seguridad que he conocido siempre en este mundo, mientras orgasmaba con violencia desde el minuto cero. Mi garganta se cerró, la cabeza me explotaba, el pecho me ardía y del coño me salían llamas. Era el fin. O el principio. ¿Acaso no han sido siempre lo mismo?</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Cuando recobré la conciencia, Padre rodaba por el suelo para quedar tumbado a mi costado, resoplando. Me sentía rota, pero en una gloria divina que nunca soñé que pudiera existir en esta tierra. Acababa de ser follado por un dios... me llevé las dos manos a mi sexo, tratando de contener dentro de mí aquellos ríos de lefa con los que me había llenado.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Tranquila, Marranita..." escuché roncar a Padre mientras se arrastraba como una bestia por el suelo guiado por su olfato, "la araña hará su trabajo, no tienes nada que temer..." Los feroces mordiscos de Padre en mis dedos me obligaron a apartar mis manos entre gritos. Gritos que se redoblaron al sentir que aquellas violentas dentelladas se trasladaban a mi clítoris y mis labios vaginales, para terminar convertidos en dementes alaridos cuando él se empotró en mi coño abierto succionando y taladrando con su lengua, bebiendo de mí los ríos de flujo y semen con lo que acabábamos de bendecir nuestra unión eterna.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Y aquello no había hecho más que empezar...</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Gracias a la araña, pronto iba a ir conociendo, uno a uno, a todos los hombres del vecindario. Luego del barrio. Los marineros que llegaban en los barcos que atracaban en el puerto también habían oído hablar de mí. Nunca nadie dijo nada, nunca nadie puso una pega a nuestra forma de vivir, a nuestro matrimonio consumado una y mil veces a plena luz del día y a la vista de nuestro vecindario, en el patio, en las calles y parques de la ciudad, porque todos sabían que nuestra sed era insaciable e imposible de colmar. Y, además, ¿que objeción podían poner, si en el trato para comprar sus silencios estaba incluido su derecho a tomarme y hacerme también suya? </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">La mañana después de mi cumpleaños, Padre me dijo que a partir de esa misma noche debía instalarme en su dormitorio, porque a partir de entonces cohabitarímos como marido y mujer para siempre. Me confesó que su plan había sido, desde que empecé a demostrar un evidente interés sexual en él, y en todo el que me rodeaba, esperar a mi completo desarrollo y, solo entonces, dejarme embarazada tras arrancarme él mismo el virgo a pollazos. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">“Deseaba ese hijo contigo, Marranita, pero ahora me he dado cuenta de que te quiero a ti más que a nada en esta vida, y tienes derecho a conocer y aprender al menos parte de lo que yo he conocido y aprendido. He decidido darte cinco años en los que quiero disfrutarte como no he hecho jamás con nadie, y quiero que tú disfrutes como nadie ha hecho jamás en este mundo. Cuando pasen esos cinco años y alcances el año de tu ciudadanía, tú misma decidirás si quieres seguir así o quieres vivir tu vida de mujer como madre de mis hijos. Si es así, ese día le regalarás a tu padre la araña que llevas dentro, y tu padre te regalará a ti un hijo que llevará nuestra sangre y será nuestro legado de poder para el futuro”. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Yo me corría de placer por el mero hecho de que Padre simplemente me hablara de tener un hijo juntos. Pero él siempre repetía que yo no debía tener prisa, porque los dioses nos habían concedido cinco maravillosos años de ventaja para disfrutar mi cuerpo, y quemábamos así día tras día, juntos o separados, pero siempre unidos. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Las fiestas de Padre en el patio volvían a ser populosas: todos los hombres querían ejercer su derecho a tomarme, a probarse a aquella Gran Cerda de la que todo el mundo hablaba. Mi cuerpo pasaba de mano en mano, y a todos les estaba permitido disfrutarme a su antojo, sin permiso y sin límite y, cuando alguna vez encontraba a uno de ellos que realmente era capaz de complacerme, a ése yo lo devoraba. Entre fiesta y fiesta, me seguí trabajando a mi grupo de chicas. El vigor que me transmitía alimentarme a diario con el semen de Padre se revelaba multiplicado cada vez que las tenía a ellas delante. Solo dos años después de que Padre me hiciera su mujer había conseguido que todas ellas se reconocieran públicamente como mis esclavas, a pesar incluso de que muchas de ellas tenían ya marido e hijos.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">La que anteriormente fue mi madre vivía repudiada por todos, encerrada en la casa de nuestra vecina, de la que su propio marido renegaba convencido cada vez que le llamaba para meterle entre mis piernas. Porque el señor Nardo había vuelto a ser un devoto y fiel aliado de Padre, y había accedido a todo lo que se le pidió con tal de poder enterrar su polla vieja y gorda al fin en mi coño, aquel paraíso prometido que él había anhelado sin disimulo desde siempre. Nunca me cansé de sentir las vigorosas eyaculaciones del señor Nardo encima y dentro de mi cuerpo. Sabedor de nuestro odio hacia la que fue mi madre, él la mantenía encerrada y esclavizada en su propia casa, y no dejaba tampoco que su mujer se relacionara con nadie más allá de los límites de su enorme palacete, que había ido creciendo a lo largo de los años conforme Nardo se iba haciendo con más y más propiedades en el patio. Nadie en todo el vecindario se dignaba a mencionar siquiera a aquella que decía que me había sacado de entre sus piernas. Porque nadie dudaba que yo era la única mujer de padre, ¡yo era la Marrana del Gran Cabrón!, y nadie habría perdido la oportunidad de arder conmigo en la cama, aunque fuera por cinco segundos, por cometer el error fatal de saludar compasivamente a una vieja de la que ya nadie se acordaba.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Los años pasaron así, dulces, mágicos, ardientes. Disfrutaba cada día, cada hora, entregada al sexo como única ocupación. No faltaba quien decía que Padre había convertido nuestro patio en un lupanar gratuito en el que, realmente, yo era la única meretriz que los hombres buscaban. Estúpidos... si hasta aquellos que se atrevían a proferir tales comentarios acababan siendo los más fieles clientes de aquella puta de la que todos hablaban. Mis más fieles clientes…</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Y sin embargo, los años pasaron rápido. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">En realidad, yo esperaba ansiosa ese día, el día de cumplir mi ciudadanía. Cuando llegó el alba, a pesar de que habíamos pasado una noche agotadora e irrefrenable, desperté a Padre como una niña pequeña deseosa de abrir sus regalos, sentada sobre su cuerpo desnudo, pidiéndole que me arrancara él mismo la araña con sus manos. No habíamos vuelto a hablar nunca de aquello durante los cinco años, pero ver la emoción con que se lo pedía una vez llegado el momento le hizo comprender que, efectivamente, su amada hija deseaba con todo su cuerpo llevar en su vientre su fruto de verga. La felicidad total nos invadió de súbito, plena e inmensa en aquel momento, y la violencia del despertar del alba entrando por la ventana de nuestro dormitorio nos iluminó las caras, henchidas de felicidad.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Y entonces, estalló el caos.</span><span></span><span></span>
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<div dir="ltr"><span style="color: #3366ff">(lau.alma @yahoo.com)</span></div>
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<div dir="ltr"> </div>]]></content:encoded>
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                        <title>En la cama con mi madre</title>
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                        <pubDate>Thu, 10 Sep 2026 18:41:31 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Llevamos unos dias de obras en casa y aunque normalmente pasamos más tiempo juntos de lo normal por placer, está vez, era más por obligación aunque yo estaba de lo más encantado. Las obras d...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>Llevamos unos dias de obras en casa y aunque normalmente pasamos más tiempo juntos de lo normal por placer, está vez, era más por obligación aunque yo estaba de lo más encantado. Las obras de mi habitación continuaban y tenía pinta que irían para largo debido a unos problemas en las reformas, tuve que pasar a dormir a la habitación de mi madre con ella, aunque muchas noches dormimos juntos, no son todas exclusivamente aunque la verdad es que me encantaría. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me acababa de despertar, cuando al abrir los ojos me encontré a mi madre trasteando con el móvil, ella llevaba despierta un buen rato pero tampoco tenía intención de moverse, estaba agusto, empezamos a hablar del tema, hablando de que esto llevará tiempo hasta que los obreros acaben toda la reforma, mientras le respondía mirándole embobado al escote que ella llevaba con su camiseta de tirantes, cosa de la que se dio cuenta enseguida. Así que sin poder aguantarme más le dije que me había levantado algo juguetón y que que le parecía si ahora que estábamos solos aprovechabamos para desfogarnos juntos, enseguida mamá me preguntó ¿Estás cachondo cariño? Ella aunque ya lo sabía quería escucharlo de mi boca, así que le confesé, que tenía la polla babosa y que por qué no aprovechaba para chuparmela un ratito, al momento ella me miró desafiante ante dicha proposición fuera de lugar. Observaba como las tetas se le movían, al estar sin sujetador ni nada podía ver como estaban a punto de salirse de la misma camiseta, así que enseguida me dijo "a ver qué escondes ahí" al decirme tal cosa, le mostre la polla, estaba en plena ereccion y deseoso de hacerlo con ella, ella la miró resignada al principio, como diciendo me lo imaginaba cariño. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Algo cortado le pedí perdón, pero mamá enseguida se encargó de consolarme diciéndo que no le tenía que pedir perdón por nada y que ella estaba ahí para eso. Al verla mamá empezó a suspirar profundamente mientras continuaba mirando al móvil, se hacía derrogar pero al final caería, empezaba a hacer calor en el ambiente así que mamá continuó destapandose otro poco más quedando las mantas por las rodillas, por lo parte empecé a tocarme lentamente delante de ella para provocarla y que se mojara, rozándole con el glande sobre su muslo izquierdo, cosa que a mamá le pareció extraña y así me lo hizo saber poniendo cara de desconcierto. Ella por su parte de me decía que estaba loco, que podían oirnos los vecinos dado que era muy pronto, mamá me pedía que parara pero es que lo cierto es que me era imposible, seguidamente me dijo que tenía muchas ganas de follar conmigo pero le daba miedo dado lo pronto que era si alguien nos oía, yo le dije que no pasaba nada y que yo me encargaría, la destape por completo y a continuación le quite el short del pijama y le di la vuelta bruscamente mientras me dice ¿Que estás haciendo cariño? Le pase repetidamente los dedos por su rasurado y empapado coño, lo tenía completamente encharcado, enseguida las preguntas dieron paso a los fuertes y sonoros gemidos, mamá se quitó la ropa de cintura para abajo y acto seguido se puso de rodillas nuevamente abierta de piernas para que la follara. Ella por su parte se tocaba con sus dedos para provocarme y calentarme más. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Empecé a rozarle el coño con la punta de la polla, mamá enseguida jadeo al sentirla y posteriormente la penetré follandola duro, mamá no paraba de gemir con fuerza, le gustaba y me pedía que no parase mientras me miraba de reojo, cuanto más duró le daba más cachondo me ponía, continúe follandola lento mientras el se metía y se sacaba la polla lentamente, sintiendo el roce y el placer que le daba ese gesto. ¿Quieres que te la chupe? me preguntó ella, me encantan sus mamadas así que al terminar de follarla a cuatro la saqué y le puse la polla en la cara para que ella me la chupara, metiéndosela en la boca y llenándomela de babas como a ella más le gusta. Qué rica está cariño, me decía en un momento para coger aire nuevamente. Más tarde mamá continuo bajando, ¡lame mi guarra! Le decía mientras me chupaba los testiculos, ella me sonreía y chupaba. Después me empezó a cabalgar, sentí como la polla entraba lentamente a través de su coño, ella gemia mientras me susurraba ¿Te gusta? Yo asentía y le susurraba me encantaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mama estaba apoyada con sus dos manos sobre mis piernas así que yo aproveche y le saque las tetas de la camiseta, ella me decía "tú eres solo mío y de nadie más, ¿te queda claro?" Yo le dije que si llamándole mi putita y continuo follandome, para terminar la tumbe en la cama boca arriba follandola de nuevo el coño, en una sintonía de orgasmos brutales los cuales se escuchaban por toda la casa hasta que me termine corriendo en su cara y parte de las tetas. </p>]]></content:encoded>
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                    </item>
				                    <item>
                        <title>Hada, despedida de soltero.</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/transexuales/hada-despedida-de-soltero/#post-4089</link>
                        <pubDate>Wed, 09 Sep 2026 19:13:34 +0000</pubDate>
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                       Me llamo Hada
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                        <content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>                       Me llamo Hada</p>
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<p>                         Soy transexual y puta, bueno eso ultimo, no demasiado. Cuando puedo me escaqueo de follar por dinero, me basta con algunos bailes, menear el pandero... por supuesto lo que va por delante del pandero también. Y enseñar las dos cosas, ahora me refiero a mis operadas tetas, y así sacarle copas a los clientes. </p>
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<p>                              Por suerte lo de follar lo hago solo con quien me gusta. Pero hay que ganarse las alubias y las operaciones de estética que no son precisamente baratas.</p>
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<p>                             La verdad, por aquel strep tease me ofrecieron una pasta, así que no era plan rechazarlo. Se trataba de una despedida de soltero y además más bien pija.</p>
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<p>                            El novio, sus amigotes y puede que algún familiar. Suponía que no querían más que el baile y el desnudo. Que en cuanto vieran mi polla asomando por el lateral del tanga la broma se acabaría. Yo podría vestirme e irme a mi casa con el pago acordado. Y si surgía algo más y me llevaba una propina no iba a quejarme. </p>
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<p>                              De entrada el chico que me abrió la puerta era una monada, un auténtico bombón que en otras circunstancias me hubiera follado sin mas esperas y sin cobrarle nada.</p>
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<p>- Hola, soy Marcos. ¿Eres la strepper?.</p>
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<p>- Si, si es que no me he equivocado de dirección. </p>
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<p>                              Respondió a mi broma solo con una sonrisa y me dejó pasar al piso. Aunque en su preciosa cara había una expresión de desconcierto. Todos los asistentes al evento eran en realidad bastante jóvenes. Según parece el novio le había hecho un bombo a la niña pija con la que salía y ahora tenía que casarse sí o sí.</p>
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<p>                              Desde luego eran gente de posibles, nada de pobretones y cutres. Ya en la entrada, en un elegante sobre, tenía el pago acordado y una generosa propina. El piso era enorme y decorado con buen gusto. Me recibieron con sonrisas lascivas en sus caras de beodos y comentarios subidos de tono. La fiesta ya estaba bastante avanzada y casi todos ellos muy borrachos.</p>
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<p>- Te hemos reservado este dormitorio para tus cosas. </p>
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<p>- Gracias, pero no traigo mucho. </p>
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<p>                              Le dije sonriendo. Me cambié de ropa donde me indicó Marcos que parecía ser el que más sensatez conservaba. Y me puse el conjunto sexi que había llevado para eso. Un tanguita para sujetarlo todo en su sitio, un short vaquero muy corto y pegado por encima para darle un poco de misterio a la cosa y una blusa de cuadros poco más grande que un sujetador. Sombrero de cowgirl y botas de montar hasta la rodilla. </p>
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<p>                            Puse la música de uno de mis números preferidos, algo tipo country, y empecé a contonearme. En realidad lo hacía solo para el chico que me abrió la puerta, sin que me preocupara ninguno de los demás demasiado borrachos para fijarse en lo que hacía. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                           Meneaba la cadera y el resto del cuerpo mirándolo a los ojos. Me acariciaba los pechos deseando que fueran sus manos las que pellizcaran mis pezones. Al abrir la camisa de cuadros sus ojos no perdían de vista mi pechuga. Me bajé un poco el short enseñándole el tanga y la mitad de mis nalgas. Sabía que él deseaba pasar la lengua por ellas. </p>
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<p>                               Tenía que darle un poco de morbo a la situación. Pero el baile erótico que estaba haciendo no parecía atraer mucha atención, más que la de él. Casi todos parecían cerca del coma etílico. Intenté centrarme en el novio durante un rato y ver si conseguía ponerle un poco cachondo. </p>
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<p>                                 Al novio no se le ponía dura ni pasándole la lengua por la bragueta, no sé si porque de verdad estaba enamorado de la chica, porque yo tenia polla o porque estaba tan pedo que lloroso se empeñó en enseñarme fotos de ella en el móvil. Algunas de ellas subidas de tono y bastante eróticas. </p>
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<p>                              No podía juzgarle. Yo también le hubiera hecho un hijo a esa preciosa pijita. Y de verdad que todavía puedo hacerlo. Luego hubiera dejado que los suegros nos hubieran procurado el sustento y puede que un Mercedes último modelo como propina. Aunque en mi caso es posible que no se lo hubieran tomado igual. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                              En cambio al guaperas que me abrió la puerta, al poco rato y sin que hiciera falta que yo me quitara mucha ropa, la polla se le marcaba tan dura que parecía reventar la fina tela de lino que la oprimía. No podía dejar de mirarlo de reojo. </p>
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<p>                               Y Marcos no dejaba de contemplarme a mí. A cada minuto que pasaba lo veía más sexi. Estaba convencida de que al primer vistazo en el rellano se había dado cuenta de mi condición y de que mi polla le importaba un pimiento. Eso no les había pasado a algunos de ellos que seguían teniéndome por una chica aún viendo mi polla bien dura marcándose en el pequeño tanga que la sujetaba. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                                Hacia calor y yo no llevaba mucha ropa encima pensando en terminar pronto con la broma. El short que me limitaba a dejar caer meneando la cadera al ritmo de la música para descubrir el tanga que apenas ocultaba mi polla. Y una camisa de cuadros abierta y anudada bajo los pechos. Con el nudo jugaba un rato de lado a lado tapando y destapando mis tetas operadas hasta que me la quitaba. </p>
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<p>                              Viendo que a esas alturas la mayoría de los asistentes no estaba en condiciones de apreciar mis dotes para la danza dediqué toda mi atención a Marcos. Me puse a bailar delante de él descarada. Provocándole adrede con todas las mañas que mis años de experiencia me habían proporcionado. </p>
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<p>                             Le veia en la cara de lascivia que estaba poniendo, las ganas de abalanzarse sobre mí. Pero como todo un caballero se contenía disfrutando tan solo de la visión de mi cuerpo sinuoso. </p>
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<p>                               Yo también disfrutaba al ver como su polla aún bajo el pantalón respondía a mis movimientos de gata en celo. Aquello seguía creciendo. Viendo que nadie más me hacía mucho caso le arrimé los pechos a la cara. Jugaba con él acercándome y retirándome.</p>
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<p>                               Me correspondía sacando la lengua y buscando mi pezón. En el jugueteo alguna vez consigo alcanzarlo excitándome a mí de paso. </p>
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<p>                           Por fin me rendí con la mayoría de ellos y me centré el guaperas. Empecé a abrir su camisa y acariciar su torso marcado. Y todo ello mientras seguía bailando. Rocé con mis tetas su cara, cuello y pecho. Me senté en sus muslos frotando el pandero por su paquete. Para entonces lo único que me quedaba puesto era el tanga y las botas. Así que terminé de sacarle la camisa. Tenía que ver y tocar más de ese cuerpo que me había llamado la atención. </p>
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<p>                             Como parecía que mi polla no le daba miedo se la acerqué. Y él empezó a besarla por encima de la lycra, suave y repasándola con la lengua. Incluso me chupó los huevos durante un rato. Nadie nos prestaba atención. </p>
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<p>- ¿Te apetece salir a tomar el aire?. </p>
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<p>- ¡Claro! Aquí ya no pinto nada. </p>
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<p>- Tienes un buen pincel. Yo no diría eso. </p>
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<p>- Qué desilusión. ¡Yo que pensaba que era una brocha gorda!. Déjame la camisa para taparme un poco. </p>
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<p>- Gorda si que es por lo que he podido comprobar. </p>
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<p>                        Salí a la terraza con el chico guapo. En ese momento yo solo llevaba su camisa abierta, las botas y mi tanga. </p>
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<p>- ¿Te ha gustado el baile?.</p>
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<p>- Es lo más bonito que he visto y sentido en mucho tiempo. Eres preciosa. </p>
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<p>- ¿Aunque tenga polla?.</p>
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<p>- ¡Ah! ¿Pero tienes polla?. ¡Pero qué despistado soy!. Como no has llegado a enseñarla ahí dentro. </p>
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<p>                                  Tiene sentido del humor y una risa cristalina. Menuda joya. Ese chico cada vez me gustaba más. Así que me puse a besarlo. Me colgué de su cuello y le ofrecí mi boca y lengua. Me metió la suya hasta la garganta. Me agarró el culo firme pero sin apretar con la fuerza justa como para que le deseara más. </p>
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<p>                                  Notaba su polla bien firme pegada a la mía. Y las dos estaban bien duras. En ese momento solo pensaba en que podía pasar un buen rato con él. Así que mi mano fue casi sola en busca de su bragueta mientras me agachaba lo suficiente como para besar su torso. Podía pasar la lengua por su piel salada y chupar los pezones.</p>
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<p>                                 No me importaba que nos vieran desde otras terrazas. Pero a esas horas era difícil. Así que me estaba esmerando. Me apetecía pasar un buen rato con él. Tenía la polla bien dura y los testículos en mi mano. Podía acariciar sus huevos bien depilados mientras seguía lamiendo la sal de la piel de su torso. Chupaba sus pezones, también llegaba a las axilas.  </p>
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<p>- ¿Quieres follarme?.</p>
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<p>- Creo que no he pensado en otra cosa desde que te abrí la puerta. ¿Y tú a mí?.</p>
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<p>- Lo llevo deseando desde que te giraste para dejarme pasar. Me pareció un culito muy interesante. </p>
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<p>                               Desde luego quería esa polla que tenía en la mano en mi interior. Considerando que sus manos seguían amasando mi culo me decidí por fin. Saqué su durísima polla de sus pantalones que cayeron hasta las rodillas, junto a un slip muy pequeño. Su rabo recto, con las venas marcadas bien depilado me pareció precioso. Le puse lubricante, siempre lo tengo a mano. Me sonrió por ese detalle. </p>
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<p>- Quiero que me folles.</p>
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<p>- Pues ya somos dos. </p>
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<p>                              Me fui girando poco a poco. Me apoyé en la barandilla de la terraza, para inclinarme un poco y sacar el culo. Aparté la melena sobre un hombro y pasé las nalgas por su verga. Se limitó a apartar el tanga que aún tenía puesto. Su glande se abría paso por mi esfinter suave pero firme. Se me escapó un gemido. Esperaba que a esas horas no me oyera nadie.</p>
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<p>                               Estábamos follando prácticamente en público. Si alguien se asomaba a su ventana vería mis tetas desnudas sobre la barandilla y a él empujando detrás. ¡Y cómo empujaba!. Estaba notando entrar y salir cada centímetro de su polla. Hice el ademán de sujetar la mía pero se adelantó y noté su mano agarrándo mi mango o acariciando mis huevos. No había dejado de besar mi hombro y nuca. Los dos gemíamos y jadeábamos.</p>
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<p>- ¡Quiero tenerte siempre así!.</p>
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<p>- ¿Delante? ¿No querías ir también detrás?.</p>
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<p>- Si sigues así me voy a correr antes que tú. Y sin tocarme. </p>
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<p>- Hazlo tranquila. Yo también me voy. </p>
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<p>- Córrete dentro, cielo. Quiero sentirlo. </p>
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<p>                               No se conformó con llenarme el recto de lefa. Se inclinó a comerlo. Pasaba la lengua por el ano y toda la raja. Menos mal que uso lubricante comestible. Seguía con las nalgas y los muslos bien abiertos por sus fuertes manos. Llegaba a chuparme los huevos. </p>
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<p>- ¡Qué corrida!. Me has dejado agotada. Ven y bésame. </p>
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<p>- ¿Tienes algo que hacer el resto de la noche?. Puedes venir a descansar a mí casa. </p>
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<p>                                    Se puso de pie y volvimos a intercambiar saliva y el sabor de su semen. Y seguíamos casi desnudos en la terraza con la música de fondo de los ronquidos de los demás invitados a la despedida.  </p>
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<p>... ....</p>
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<p>                         Me lo monto con el chico guapo y tímido con el que tengo una gran relación. Y al final decide llevarme a mí a la boda como su acompañante. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>.......</p>]]></content:encoded>
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                        <title>La India</title>
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                        <pubDate>Wed, 09 Sep 2026 19:11:40 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[.... .. La IndiaViajaba recorriendo el sur de la India. La zona mas libre de influencias musulmanas o budistas. El Hinduismo es predominante por allí. Un país fascinante y caluroso donde la ...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>.... .. <br /><br /><br /><br />La India<br /><br /><br /><br /><br />Viajaba recorriendo el sur de la India. La zona mas libre de influencias musulmanas o budistas. El Hinduismo es predominante por allí. Un país fascinante y caluroso donde la sensualidad está por todas partes. El hinduismo es la influencia más importante en la zona. <br /><br /><br />Desde las propias gentes, apenas vestidas, que vivían en la tradición del Kama Sutra y la prostitución sagrada a la arquitectura y el arte. Todo ello es fascinante. Y a veces pornográfico. Donde se glorifica el cuerpo humano, el amor y el sexo en cada una de sus variantes es la sensualidad lo que domina todo. <br /><br /><br />El disfrute del cuerpo propio y del de los demás sigue hoy tan presente como el día en que se escribió el manual del amor y el sexo. Sientes el deseo de las gentes cuando caminas por las abarrotadas calles, deseo entre ellos y hacia mi.<br /><br /><br />Mis pechos libres bajo la blusa verde caqui marcando los pezones orgullosos. El ajustado pantalón de lino marca el contorno de mi cadera, mis nalgas prietas y los largos muslos. Unas botas de caña alta era lo que llevaba en los pies. El vientre lo llevaba descubierto pues había atado la camisa bajo mis pechos recorriendo un mercado callejero. <br /><br /><br />Un montón de olores asaltaban mis sentidos. Puestos con flores, frutas, especias, aromas a incienso, aceites, perfumes y alimentos. Otros con bisutería, artesanía y amuletos. Me compré un pequeño lingam de plata sujeto a una cadena para llevarlo al cuello. Por si no lo sabéis lingam es la palabra que ellos usan para polla. <br /><br /><br />Un poco mas allá un sari rojo de una tela casi trasparente con ribetes dorados llamó mi atención. Colgado a la puerta de una pequeña tienda era un buen reclamo para compradoras. Pero necesitaba ayuda para ponerme tan complicada y sensual prenda. <br /><br /><br />La jovencita que atendía el pequeño local se ofrece a ayudarme. Entre las cortinas de un probador improvisado me pide que me desnude del todo en un ingles con un sensual acento. Del todo, hasta librarme del pequeño tanga. Me dice que la prenda se lleva así. Sin nada debajo. <br /><br /><br />- Me gusta ese sari. <br /><br /><br />- Le sentará estupendo, señora. Con su cuerpo estará muy sexi con él. <br /><br /><br />- Pero no sé cómo se pone. Parece muy complicado. Como si se fuera a caer a cada paso, en cualquier momento. <br /><br /><br />- Para nada, una vez bien colocado es muy cómodo. Las mujeres de aquí lo hemos llevado durante miles de años. <br /><br /><br />- Eso lo tengo claro. Pero sigo sin saber cómo ponérmelo. <br /><br /><br />- Para eso estoy aquí. Te ayudaré. Desnúdate. <br /><br /><br />- ¿Del todo?. <br /><br /><br />- Depende. Si lo fueras a usar a diario podrías llevar lencería y una camiseta o una combinación debajo. Algo serio y soso. <br /><br /><br />Me dirigió una bella sonrisa lasciva y continuó su perorata. Como ambas hablábamos un inglés básico nos entendíamos bastante bien. A veces completando la comunicación con gestos. <br /><br /><br />- Pero si lo llevas a una fiesta o para un admirador es mejor que sea lo único que te pones. <br /><br /><br />Apartó un poco la tela del suyo, verde oliva y casi tan trasparente como el que me había gustado a mí. El sari apenas cubre su pequeño y delicioso cuerpo. Cuando lo hace a un lado me muestra su pubis casi sin vello. Solo con una tirilla por encima, tan negro como su melena. Para demostrar que no hace falta ropa interior. <br /><br /><br />- Es la forma tradicional. Así ellas se sentían más libres para hacer sus "necesidades", de todo tipo. <br /><br /><br />No hizo falta que me dijera nada más. Solté el nudo que sujetaba mi camisa liberando mis pechos. Ella sujetó mis botas y tiro de ellas. <br /><br /><br />- También deberías ponerte unas sandalias. Esto no pega. Ya te busco yo unas. <br /><br /><br />Pensaba conseguir una buena venta. Siguió liberándome de mis ligeras prendas. Despacio, sensual, recreándose. Tras deshacerse de mis botas bajó mis pantalones. El tanga pareció gustarle pero desde luego tiró de él hasta sacarlo enrollado por mis pies. <br /><br /><br />- Tienes un cuerpo precioso. Te va a quedar de maravilla. <br /><br /><br />Sus dulces manos acarician mi piel. Primero ayudándome a librarme de mi ropa occidental y luego ajustando los pliegues de la suave prenda.<br /><br /><br />A esas alturas estaba claro que lo hacía completamente a posta. Excitándome aún más si cabe hasta que sus dulces labios se posan en los míos en un leve beso.<br /><br /><br />- ¿Esto es una costumbre local o lo haces con todos los clientes?.<br /><br /><br />- Solo con quién me gusta. <br /><br /><br />Allí nadie le teme al sexo. Y en ese momento me dejé llevar. La belleza exótica de aquella chica me impulsaba solo a sentir y disfrutar. Dejaba que sus dedos suaves y habilidosos recorrieran mi piel expuesta arreglando la tela cuando ya estaba perfecta. <br /><br /><br />Sus roces eran tiernos y delicados. Yo estaba muy excitada. Así que mis pezones estaban duros como escarpias. Tenía un enorme espejo de metal, parecía plata pulida. El marco estaba muy decorado con lo que parecían escenas del kama sutra. Evidentemente una antigüedad que debería estar en un museo y en cambio allí estaba en una pequeña tienda en un bazar. A saber el precio al que habría llegado en una subasta o una tienda de mi país. <br /><br /><br />Cuando me vi en el espejo la imagen era completamente impúdica y sensual. Me sentía exótica y libre a la vez. En casa nunca me hubiera atrevido a llevar algo así, hasta ahora. A mi padre le hubiera dado un infarto y luego me habría mirado con cara de salido. <br /><br /><br />Los pechos se distinguían perfectamente en la liviana tela. Los pezones se marcaban como si no los tapara nada. Los pliegues del sari dejaban mi vientre al descubierto. La cadera y los muslos, baste con decir que si hubiera llevado vello en el pubis cualquiera que hubiera mirado hacia allí lo habría visto. <br /><br /><br />Fue a cerrar la puerta. La cabrona de la jovencita admiraba su obra desde un par de pasos de distancia con una sonrisa lasciva. Mientras dejaba que yo me mirara en el espejo tranquila. <br /><br /><br />- Estás perfecta. Cualquier amante te lo arrancaría en segundos. <br /><br /><br />- ¿Incluida tú?. Ya imaginaba que una prenda como esta es para eso. <br /><br /><br />- ¿Yo?. Sería la primera en ponerme a la cola.<br /><br /><br />- No veo ninguna cola, así que ya estás la primera. ¿Me besas?.<br /><br /><br />Rodeé su cuerpo con los brazos y ella correspondió al abrazo. En el espejo pude ver su durísimo culito insinuado en su casi tan trasparente sari como el mío. Así que lo agarré y estuve amasando sus nalguitas mientras nos besábamos.<br /><br /><br />Nuestros labios se buscaban ya con prisa. Las dos nos teníamos ganas. Empecé a bajar su sari. Quería descubrir su cuerpo sexi y esa prenda me lo ponía fácil. Es mucho más fácil de quitar que de poner, al menos sin práctica. Sus tetas perfectas podrían haber servido de modelo para las de las estatuas eróticas de sus templos. <br /><br /><br />- ¿Me las comes?.<br /><br /><br />Eso era toda una invitación así que me incliné a besarlas, lamerlas y chupar sus pezones oscuros y duros. Empezó a gemir como una gatita lasciva. Al terminar de abrir su sari la suave tela cayó a sus pies, dejándola desnuda del todo. Estaba admirada con su piel morena y perfecta.<br /><br /><br />- Eres preciosa. Una maravilla. <br /><br /><br />- Gracias. Pero tú si que estás impresionante. <br /><br /><br />- Ya no hace falta que me halagues. Has conseguido una buena venta y algo de propina. <br /><br /><br />Quería más de ese bello cuerpo de piel oscura y exótica y por supuesto muy suave. La fui tumbando sobre una mesa baja que tenía un montón de telas y que parecía muy cómoda. Sin separar la boca de sus pechos y vientre. Fui bajando en busca de la vulva que me estaba ofreciendo separando bien los muslos. <br /><br /><br />- No creas que hago eso con todas las clientas. <br /><br /><br />Me había parecido una calentorra desde que entré en la pequeña tienda. Sino con todas estaba segura que al menos con las más agradables a la vista si que les ofrecería este servicio especial. Pero con la lengua entre los labios de su vulva buscando el clítoris no estaba yo para contradecirla. Me eché sus muslos sobre los hombros y me puse a comer ese manjar como si no hubiera un mañana. <br /><br /><br />- Eso debería hacerlo yo.<br /><br /><br />Gemía y jadeaba. Así que yo lo estaba haciendo bien. Su coñito destilaba jugos como una fuente.<br /><br /><br />- No te preocupes. Me encanta hacer que te corras. Eres muy dulce. Luego puedes hacerme disfrutar a mí. <br /><br /><br />- Pues ya me toca. Ven aquí a mi lado.<br /><br /><br />Subí sobre el montón de telas sin separar los labios de la seda de su piel. Besaba el vientre, las duras tetitas, las suaves axilas y el cuello. Hasta llegar a sus labios y poder jugar con su lengua. Le di su sabor más íntimo a compartir en su boquita. Ella no dejaba de acariciar todo lo que podía alcanzar de mi cuerpo. Le gustaban mis tetas. Se entretuvo un buen rato pellizcando mis pezones antes de bajar a lamerlos y chuparlos.<br /><br /><br />No sé si esperaba más clientas. Pero él espectáculo que daríamos a quién entrara en el pequeño recinto era digno de una peli porno. <br /><br /><br />Ahora le tocaba a ella. Y empezó a lamer toda mi piel sin dejar un centímetro sin repasar. Y eso es algo literal. De la raíz del cabello a las uñas de los pies notaba sus labios, lengua y dedos por todas partes.<br /><br /><br />La legua en mis pies me hacía ver las estrellas. Lo que sentía cuando me giró boca abajo y empezó a besar mis nalgas y lamer mi ano me derretía. Lo que aprovechó para levantar mi grupa y beber de mis jugos que amenazaban con mojar las telas sobre las que estaba acostada. <br /><br /><br />Menuda guarrilla estaba hecha, toda una experta en las artes de Safo. Y haciéndose la inocente cuando me ayudaba a calzarme el sari. No me estaba corriendo porque aquello parecía un orgasmo continuo desde el primer momento en que puso sus manos sobre mi cuerpo. Al final tuve que pedir clemencia. <br /><br /><br />- Para, me vas a matar. <br /><br /><br />- Es una deliciosa comerte. <br /><br /><br />Pero tenía más ganas de ella y del placer que nos dábamos. <br /><br /><br />- ¿Te vienes a mi hotel esta noche? Creo que necesito alguna clase práctica más para ponerme el sari. <br /><br /><br />- Será todo un placer. Seguro que podemos practicar juntas. <br /><br /><br />Ni qué decir tiene que me compré ese sari y otro más, además de las sandalias y de algún complemento más de joyería. Y no era por la tienda sino por la belleza que me atendía. <br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br />.... .....</p>]]></content:encoded>
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                        <title>La Marranita - CAPÍTULO XI - Mujer</title>
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                        <pubDate>Wed, 09 Sep 2026 19:01:36 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[La Marranita - Auge y caída de la República de las Mujeres



 
 
 

CAPÍTULO XI - Mujer

 

Así llegué al que ...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p><strong><span>La Marranita - Auge y caída de la República de las Mujeres</span></strong></p>
<div class="ydp98c10426yiv6360730210ydpd4ffe899yiv1283188725ydpbcb49bc8yiv4039173805ydp2b28c394yiv8578726700ydpf9b10a81yiv2970923207ydpb96e53d7yiv6388121014ydp569e37f1yiv0085335945ydpa1b654c9yiv0799284555ydp852e5d4yiv8800147665ydpac3cb421yiv3538744073ydpbf2fa1ceyiv5783183000ydp3479391byiv3306903468ydp8f5e5c89yiv8243730706ydp27163080yiv4104898162ydp82fcf2f3yiv4627879130ydp734c04e7yiv8045719408ydp8758aff0yiv9832707910ydp44e415feyiv9413871441ydp9adeb5f2yiv4083066417ydpafbdac36yiv3264561506ydp7debe1e9yiv7883933190ydpae89dc54yiv3734797339ydp4365b204yiv5743747349ydp208eecf5yiv0112733561ydp47e71904yiv1743333340ydp3964e73byiv1930782225ydp404bca1dyiv6657854796ydp89a3d821yiv5483319498ydp87ab5b6fyiv4646603582ydp3dfdd14ayiv7480659826ydp1ed23d36yiv3060809426ydpfc2a9f73yiv2955583879ydpdf0955bdyiv6131016264ydp4b2ae3feyiv5050924888ydpe8458e7cyiv0576811259ydp41e91a65yiv0703725446ydpda1af80dyahoo-style-wrap" dir="ltr">
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<div dir="ltr"><span>CAPÍTULO XI - Mujer</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Así llegué al que se consideraba el cumpleaños más importante en la vida de un niño, el llamado año lunar. En esta parte del Continente siempre se había empleado el llamado calendario lunar, con años de 13 meses de 28 días exactos, por lo que cumplir ciclos de 13 veces 13 meses había sido considerado siempre de buen agüero. El primero de aquellos ciclos era especialmente celebrado, porque<span> marcaba el paso al desarrollo adulto. Físicamente, se entiende, porque según las antiguas costumbres de La Ciudad, toda persona era considerada adulta a efectos civiles a partir de los seis años y medio, al alcanzar la mitad exacta del primer ciclo lunar, aunque en la práctica niños y niñas de casi cualquier edad eran todavía libremente entregados para consumar matrimonios de conveniencia que debían sellar pactos entre familias, o podían lo mismo heredar y gestionar cuantiosas herencias que hasta incluían a veces las vidas de cientos de esclavos, tanto como ver segada sus vidas por el verdugo de la Justicia de La Ciudad en caso de haber cometido delitos graves contra la propiedad. Por eso el primer año lunar era en verdad algo mucho más importante en La Ciudad que aquella llamada mayoría de edad, un término temporal exclusivamente burocrático destinado a únicamente a reconocer a los 18 años la condición asociada a los derechos de ciudadanía, algo tan secundario que apenas cambiaba la vida de un puñado de hombres cada año. </span></span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>Y por eso fue que yo no fui capaz de dormir en la víspera de mi año lunar, porque sabía que llegaba al reconocimiento oficial de mi inicio en el mundo adulto completamente hecha:</span> plena, feliz, y prácticamente desarrollada por completo. Tenía casi la altura de Padre ya, y unos pechos tan grandes como los de mi madre, solo que los suyos hacía años que estaban en declive y los míos no habían terminado de crecer todavía, pero ya habían comenzado su orgullosa rebelión contra la ley de la gravedad, con aquella furia altiva digna de una diosa que no abandonarían nunca. Su excepcionalidad me venía reafirmada por el hecho mismo de que Padre me los veneraba a diario. Por su parte, mi coño lucía ya un exagerado matojo de pelo negro y espeso, que al crecer había perdido su abrupta naturaleza rizada y se me había ido alisando de nuevo, frente a ese denso encrespamiento que tuve hasta poco después de mi sangrado. Ahora aquel pelo azabache y espeso resultaba sedoso cuando Padre metía con facilidad las manos entre aquella fronda. Se felicitaba siempre por mi decisión de mantener mi sexo al natural. A mí me encantaba llevarlo de esa manera, es cierto, y siempre prefería los coños velludos a los rasurados cuando me encaprichaba de alguna nueva chica pero, si no hubiera sido así ¿qué otra cosa podía hacer yo, que todo lo hacía buscando agradar a Padre? Eso sí, siguiendo también sus gustos, dejaba que las chicas depilaran y rasuraran con frecuencia mis axilas y piernas, en donde me crecía igualmente un vello denso y oscuro con exagerada velocidad en cuanto mis hormonas se revolucionaban un poco. El clítoris me había crecido también hasta hacer imposible dudar de su existencia al más torpe de los chicos, y la vulva se me había desarrollado con unas formas y una complejidad tal que, finalmente, no me quedó más remedio que empezar a limitar hasta yo misma mis paseos desnuda por el patio y las galerías, obligándome a vestir al menos uno de aquellos mínimos bragueros de triángulo que se habían puesto tan de moda, mientras que dejé de salir por completo a la calle si no era llevando al menos una túnica ligera y corta. Los hombres del vecindario habían empezado a quejarse a Padre, diciendo con razón que no era justo que dejara pasear libre y desnuda a la tentación más grande del barrio por delante de sus casas, cuando la mayoría de ellos tenían hasta miedo de llegar a empalmarse conmigo sin contar con el permiso expreso de Padre. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Sin yo saberlo, Padre les prometió que todo aquello iba a cambiar pronto. Su conocimiento profundo del cuerpo de las mujeres le hizo saber que mi desarrollo realmente había llegado casi a su fin, y señaló a todos con decidida determinación, <span>sin yo saberlo</span>, mi primer año lunar como el hito que habría de reconocer tal condición.<br /></span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Aquel preciso día, Padre me sorprendió despertándome en mi cama para entregarme como regalo de cumpleaños otro perro. Se trataba de un precioso cachorro de mastín aunque, en realidad, estaba ya bastante crecido cuando lo trajo a casa y, como a mí, parecía que debía faltarle poco para alcanzar el periodo adulto. Me dijo que había pensado en que sería un buen regalo para mí porque sabía que adoraba a los perros, porque me encantaba jugar con ellos desde niña, y porque no había más que ver lo mucho que había sabido disfrutar de ellos aquel día poco antes de mi sangrado. Mi sonrisa se congeló cuando me dijo aquello, recordando lo poco que me faltó para correrme con aquellas dos bestias lamiéndomelo todo y frotando sus pollas contra mi cuerpo, mientras yo hasta me morreaba con el más viejo de ellos. Sin embargo, Padre no hizo más refernecia a aquello, que pareció uno comentario inocente más, sino que hizo subiar a aquel pesado mastín a mi cama para que yo pudiera jugar con él. Me contó que su nombre era Nardo, y los dos nos reímos por aquella ocurrencia. Sin embargo, no pude evitar que a mí aquel nombre, en lugar de recordarme el miembro arrancado de mi examante, tan querido por mí antes de terminar convertido en un eunuco, me evocara sin más el propio nardo de Padre, su incomparable verga que, en aquel mismo instante, lucía ante mí extrañamente morcillona y sudada. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Lo cierto es que en aquella época yo ya no pensaba en nada que no fuera su miembro duro, porque en cierto modo aquella fue mi inevitable forma de reaccionar en relación a aquella advertencia que el propio Padre me hizo pco antes de que me llegara el primer sangrado: que, a partir de aquel momento, iba a teneer más gas de sexo que nunca. Lo que no imaginaba era que iba a focalizar de esa manera tan exagerada todas aquellas ganas de sexo en el rabo de Padre: lo tenía demasiado presente a diario, había llegado a conocer aquel miembro mejor que mi propio sexo, y estaba obsesionada por poder entregarme a él de manera definitiva. Cuando él me vio fijar mi mirada en su polla, siendo consciente de que no la tenía tan flácida como sería de esperar en un momento como aquél, me siguió hablando sin parar, diciendo atropelladamente que me había desarrollado exageradamente rápido aquellos últimos meses, que lo mío era excepcional, que nunca antes había visto a ninguna otra chica un cambio tan radical justo después del sangrado, y menos aún si les llegaba tan pronto como a mí, y que quería examinarme con detalle porque mi cuerpo cambiaba tan rápido y de una forma tan evidente, que hasta a él le costaba a veces reconocer los cambios. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Retiró entonces la sábana que me cubría, y empezó a acariciar mi cuerpo sin ningún pudor ni  formas profesionales, sino más bien como lo haría un ganadero para valorar el estado de salud y el precio que podía sacarle a su mejor ejemplar. Toqueteó y movió mis miembros, apartó mi pelo y abrió mis labios y mis dientes, me sacó la lengua con sus propios dedos, estrujó mis pezones sin piedad, y empezó a olisquearme, a lamerme y a chuparme por todas partes, para descubrir el sabor de las diversas partes de mi anatomía. A pesar de todo, su rudeza privaba a aquello de las maneras propias de un encuentro sexual, por más que haya dejado claro que tampoco se parecía lo más mínimo a uno de esos reconocimientos que me hacía periódicamente el doctor del barrio. Resultaba todo bastante inusual, lleno de tocamientos excesivos y de búsquedas en rincones inverosímiles, y pruebas que estarían siempre y en todo caso fuera de cualquier posible protocolo facultativo. Pero a mí me daba igual, era Padre, y solo con que me pusiera un dedo encima yo ya me ponía a mojar cual perrita en celo. Su forma de reconocer mi cuerpo aquella mañana fue tan explícita que, cuando terminó, yo ya me había corrido varias veces, y él estaba prácticamente empalmado por completo. <br /></span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Te has convertido en toda una mujer" me dijo como único diagnóstico.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Tenía solo un año lunar, recién cumplido. Por muy laxos que fueran los habitantes de La Ciudad reconociéndonos ya como personas adultas a todos los efectos sin que hiciera falta siquiera que hubiéramos cumlido nuestro primer lustro, lo cierto es que todas las niñas de mi edad que conocía seguían siendo eso, unas niñas. Más o menos desarrolladas claro, pero, en todo caso, las más de ellas iban a tener que esperar todavía años antes de soltar una sola gota de sangre por su coñito, que en realidad no seguía siendo más que su tibia rajita infantil. Y la mayoría de ellas, de hecho seguían pareciendo por su cuerpo y por su comportamiento solo unas niñas grandes todavía, algunas con unos pechos ya llamativamente visibles, algunas con unas formas más delicadas, la mayoría con algo de pelusa en su pubis y sus axilas, pero ni de lejos ninguna con algo como lo que yo tenía ya, y a lo que solamente cabía otorgar el nombre de coño y tetas de hembra, sin paliativos. Precisamente por eso hacía ya años que no me relacionaba con aquellas crías. Pero también era cierto que, por mucho que ninguna ley ni costumbre de aquella parte del Continente hubiera prohibido que Padre o cualquiera de los padres del patio me hubiera tomado y me hubiera hecho mujer muchos años antes, cuando yo empecé a merodear desnuda por sus fiestas, sin ser consciente que me estaba metiendo en el corazón mismo de lo que era, simple y llanamente una orgía, en todo momento había sido el propio Padre quien había impuesto unas firmes reglas de edad para acceder a aquellas fiestas con plenos derechos de sexo. Y ninguna persona lo había podido hacer tan joven, ninguna en verdad lo había hecho antes del año de su ciudadanía. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Pero yo apenas acababa de cumplir el ciclo lunar y, sin embargo, padre me acababa de reconocer como mujer.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Pero Padre..."</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Quería protestar. ¿Aquello iba a ser todo? Podía ser ya una mujer, pero necesitaba tener la libertad de que me hicieran sentir como tal... Padre no dijo nada, solo gruñó. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Pero sus ojos brillaron.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Padre..." seguí, tímidamente, "pero no puede ser, no puedo haberme convertido en mujer así sin más... Quiero decir, para poder ser una mujer de verdad, ¿no necesito acaso que un hombre...?"</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Fui incapaz de seguir. Tampoco hacía falta: Padre seguía mirándome con aquel brillo en los ojos. Me di cuenta también de que sus labios estaban húmedos, y de que su musculado y moreno cuerpo brillaba también, bañado por completo de sudor, aunque era muy temprano todavía y el día seguía aún fresco. Y estaba ya empalmado como una bestia, con el falo mojado y sudoroso. Sin decir nada más, alargué mi mano para aferrar aquel miembro antinaturalmente erecto, y pajeé suavemente a Padre mientras le abría mi coño de par en par, usando para ello mis propios dedos. Quería pedirle que me follara ya. Si por fin era una mujer, no sabía por qué no podía follar ya como cualquier otra. Era incapaz de hablar, pero la peste a deseo que me salió del chocho al abrirme la concha lo decía todo. Padre me metió su mano entre los muslos y me acarició el sexo por fuera y por dentro, como solo el sabía, como solo el podía hacer con su manaza de oso. Su dedo me entró sin preaviso, abriéndome con rudeza y dolor de un solo y rápido golpe, pero deteniéndose en el punto exacto... Por primera vez, Padre me acariciaba el virgo, haciendo patente para ambos que solo aquella pequeña membrana nos separaba del placer total que tanto deseábamos. Fue una paja lenta, suave, delicada. Algo como nunca había tenido con Padre ni visto en él. Cuando se empezó a correr, me tomó la mano para dirigir su verga a mi cuerpo y me regó entera. De los labios de la boca al coño abierto. Sin esperármelo repasó todo su capullo todavía hinchado y pringoso por mi coño. El orgasmo que sentí fue tan violento que algunos vecinos llegaron a aplaudirme por el patio, seguramente pensando que acababa de caer el virgo más ansiado de todo aquel olvidado extremo del Continente.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Padre pasó el día fuera. Yo estuve esperando todo el tiempo su vuelta, y rechacé cuantas ofertas me llegaron para festejar, hablar, follar o lo que fuera. De chicos y chicas. Nadie entendía mis negativas a celebrar aquel día, y parecían confundidos porque, realmente, cuando yo les decía que nada iba mal parecía ser sincera. Pero no tenía necesidad de nada con ellos. Solo esperé y esperé. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Era muy tarde ya cuando llegó. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Le ayudé a desnudarse y le serví la cena. Como era tan tarde, me dijo que aquella noche nos iríamos a dormir nada más terminar de cenar. Cuando él acabó, como todas las noches antes de acostarse, se fue al baño para lavarse. Yo recogí la cena, con la única compañía de mi pequeño mastín nuevo, Nardo, que me había ayudado a sobrellevar la soledad y los amargos pensamientos de aquel largo día, y ahora parecía ya inexorablemente unido a mí. Había sacado a los otros dos perros a la galería para que Nardo pudiera acostumbrarse mejor a la casa. Después de todo el día a solas con él, no paraba de jugar conmigo y dejarse mimar. Yo agradecí su compañía fiel en aquel día tan especial, por mucho que realmente llevara todo el día soñando con poder tener otra compañía. Padre se demoraba en el baño, así que me fui a dormir, sin más. Sabía que no podía hacer nada en contra sus decisiones. <br /></span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Me metí en la cama y, sin darme cuenta, antes de poder reaccionar ya tenía a Nardo bajo las sábanas. El pobrecillo, recién llegado a la casa, no había tenido aún posibilidad de aprender las estrictas normas de Padre, siendo la primera la prohibición de que los perros durmieran en las camas. Aunque Nardo era muy listo, y a pesar de ser un cachorro tenía ya varios meses, y se comportaba con tanto cuidado que hasta parecía entrenado. Al notar su cuerpo desnudo y algo húmedo entrar en contacto con mi piel, su calor me resultó agradable y, sin pensar, me puse a acariciarlo instintivamente. Sabía que debía de echarlo de la cama inmediatamente, porque si no se acostumbraría y ya no querría dormir fuera de mi lecho, pero aquel día necesitaba desesperadamente sentir un contacto así, necesitaba aquel calor para poder dormir. Pero, incomprensiblemente para su edad, me di cuenta que el perro estaba reaccionando como si realmente estuviera en celo.... Nardo empezó a lamer y a frotarse contra mi cuerpo desnudo, y su calor me llenó tanto que, precisamente por ese motivo, no pude dejar de tenerlo allí dentro de mi cama conmigo, porque aquel día más que nunca necesitaba saciar, precisamente, mi deseo sexual, y quizás sin proponérselo aquel cachorrillo me estaba lamiendo mis pezones hipersensitivos y frotando su pequeña polla aún no crecida contra un chocho de mujer. Contra un verdadero chocho de una verdadera mujer. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">¿Cómo podía ser? Quizás había valorado realmente mal la edad de aquel perro, quizás ya no era, para nada, en absoluto, un cachorro... Pero yo tampoco lo era, había dejado de ser una niña, y como mujer tenía unas necesidades que necesitaban ser cubiertas.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Empecé a ponerme cachonda, e instintivamente bajé a Nardo para que centrase su lengua en mi coño. Sinceramente, no creía que aquel cachorro, aquel perro, fuera capaz de penetrarme aún y, desde luego, no creía conveniente ni necesario llegar a la locura de perder mi virtud con un perro, no al menos después de haber aguantado tanto tiempo. Sin embargo, después de lo que pasó el día anterior a mi primer sangrado, sabía por propia experiencia el gran placer que puede dar la lengua de un perro trabajando sobre un coño excitado y mojado como era el mío. A Nardo pareció gustarle el cambio, porque en seguida empezó a centrifugar su lengua sobre mi sexo, haciéndome ver esas estrellas que llevaba ansiando encontrar durante todo el día.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Apenas me dio tiempo a reaccionar cuando escuché los pasos de Padre entrando a mi habitación. Me incorporé en la cama, para quedarme sentada y con las piernas levantadas y recogidas, aunque forzosamente separadas para permitir que Nardo siguiera colocado entre éstas, dándole lengüetazos a mi chumino que cada vez chorreaba con más fuerza. Tapada con la sábana por debajo de mis tetas, por lo menos quedaba oculto el cuerpo del delito. Padre entró y se sentó al borde de mi cama, pero no le dio tiempo ni a decir una palabra. Aquel puto perro se había vuelto tan loco con el sabor excesivo de mi coño encharcado que sus lametones se volvieron frenéticos, y consiguió provocarme tal espasmo que, en mi empeño por disimular la situación, acabé tragándome un gemido, poniendo los ojos en blanco y echando la cabeza atrás, apoyando mi peso sobre los brazos retrasados tras mi cuerpo y elevando bruscamente mi pecho, alzando provocativamente mis tetas hinchadas con los pezones endurecidos como balas de acero hacia la cara de Padre. Sentí un chorro de flujo manchando espeso mis sábanas, y recordé aquella primera vez con Padre en qué acabé meándome literalmente del gusto entre sus brazos.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">“¿Qué te pasa Marranita? ¿Qué tienes?” dijo Padre, tomándome fuerte por las espalda para evitar que cayera hacia atrás, mirando alucinado unas enormes tetas que hacía apenas unos días parecía que todavía no estuvieran ahí. “Pero... ¿qué es este olor a coño, Marranita?” </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">A Padre le bastó oler mi corrida para empezar a entender que ocurría. Retiró la sábana de mis piernas y se quedó mirando mi cuerpo desnudo. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">“¡Nardo!” gritó, echando de un golpe al cachorro de mi cama. “¿Por qué has hecho esto, Marranita? ¿Qué te ha dicho siempre tu padre de dejar dormir a los animales en tu cama?”</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">“Que si dejo dormir a un animal en mi cama la primera vez, ya aprende el camino y al final lo acabaré teniendo metido todos los días dentro porque pensará que es su derecho…” le dije de corrido, sin vergüenza ni miedo por lo que acababa de hacer, sino con el aire altivo y orgulloso de la alumna aplicada que disfruta sabiendo de antemano que va a recibir la valoración de su Maestro...<br /></span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">“Exacto, Marranita…” </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">La mirada de Padre había cambiado por completo al enfrentar la actitud altiva y retadora de mi respuesta. Su mirada cambió en aquel momento, y ya lo hizo para siempre. Cambió porque ya no era un padre mirando a su hija: se había revelado ante mí, por fin, como lo que siempre había sido, como aquel animal sediento de sexo que era, mirando a toda una mujer en celo. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Por fin..." murmuré.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Alargué mi mano derecha para acariciar y rodear su verga desplegada por completo, con el enorme glande al descubierto y ya pringando de sus líquidos la parte baja de su pecho. Padre resopló al sentirme. Mojé mi otra mano, metiéndola profundamente dentro de mí, y se la llevé a Padre a la boca. Él sacó la lengua y me lamió la palma, arrastrando todo mi flujo con la lengua y dejándomela en su lugar cubierta de su saliva.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">“Entonces, Padre, creo que por fin entiendo por qué me has dicho siempre eso... Lo que querías que entendiera es que lo que debo hacer es elegir siempre bien al animal que voy a meter en mi cama, es eso, ¿no, Padre?” </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Así es..." graznó padre roncamente, al ver que yo volvía a empapar mi mano en mi coño, llevando allí las babas con las que había llenado mi palma.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">La verga de padre escupió un goterón de semen limpiamente sobre mis tetas. Nunca le había visto tan excitado. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Te pido perdón por haber permitido a Nardo montarme en mi cama, Padre...", continué hablándole, utilizando aquella voz sensual que me habían enseñado las chicas del patio para volver locos a los hombres cuando estuviera en la cama con ellos. La voz de puta claiente.  "Tú sabes tan bien como yo lo que opino de todos esos perros, y el pequeño Nardo ha sido tan entusiasta además... Pero me pides que elija mi animal, y yo no tengo el menos problema en eso. Además, tú siempre has sabido lo que quiere tu Marrana, ¿verdad, Padre? Por eso, yo... ¡¡¡yo elijo a la Gran Cabra!!!"</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Mi voz retumbó en las paredes de un patio extrañamente calmo y silencioso aquella calurosísima noche, mientras yo volvía a alzar mi mano empapada en flujos hacia su cara.<br /></span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Este es el sabor de tu hembra, Padre...” le dije rozando sus labios con mis dedos temblorosos, al ser consciente por fin de lo que estaba a punto de pasar, mientras sentía su polla palpitando veloz en mi otra mano. “¡¡TE ELIJO A TI, CABRÓN!! ¡¡Hazme mujer, ahora!! ¡¡HAZME TU MUJER, AHORA... Y PARA SIEMPRE!!” Me aseguré de que todo el vecindario, y la Vieja antes que nadie, se enterase perfectamente de que estaba a punto de suceder lo que todo el mundo llevaba tanto tiempo esperando: el eco de mi voz retumbó en las cuatro paredes del patio y subió hacia el cielo como si fuera un castillo de fuegos artificiales.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Por fin.<br /></span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Padre me hizo tumbar y, lentamente, estiró su cuerpo sobre el mío. Por un momento temí que mi frágil cuerpo adolescente reventase bajo el peso de aquella aunténtica montaña humana. Pero había visto a Padre cabalgando a chicas menos corpulentas y formadas que yo que, de hecho, aquella noche parecía tan adulta como cualquiera de las mujeres con las que Padre se había pasado la vida jodiendo delante de mis narices. Y, no sólo eso, sino que cuando abrí mis piernas y rodeé a Padre con ellas, <span>comprendí</span> que yo era ya mucho más mujer que cualquiera de aquellas furcias fogosas.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Lo que siguió a la entrada de aquella legendaria y descomunal verga en mi coño sediento, taladrándome de un solo golpe, borrando cualquier resto de la existencia de mi himen como si por él hubiera pasado un huracán desbocado, fue que nuuestro placer fue tan total que aquella noche nuestros gritos de placer resonaron en todo el barrio, y se quedaron pegados en cada callejón y en cada rincón del puerto donde la niña Laura no hacía tanto que había aprendido a comer pollas y a desear a los hombres. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Como él mismo había vaticinado, Padre aprendió el camino de mi cama y ya no dejó de venir a mí ni una sola noche durante los cinco años siguientes. Aquellos años fueron, con diferencia, los más hermosos y plenos de mi vida. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Sé que tuve mucho, quizás más de lo que pude haber merecido. Pero no merezco haberlo perdido todo. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span style="color: #000000">No solo me han arrancado aquella vida, sino que esta Revolución, a la que maldigo cada día que pasa, me ha quitado toda vida posible, destruyendo cualquier posible esperanza en mí.<span></span><span></span></span></span>
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<div dir="ltr"><span style="color: #3366ff">(lau.alma @yahoo.com)</span></div>
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</div>]]></content:encoded>
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                        <title>La Marranita - CAPÍTULO X - Hembra</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/dominacion/la-marranita-capitulo-x-hembra/#post-4086</link>
                        <pubDate>Mon, 07 Sep 2026 13:07:48 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[La Marranita - Auge y caída de la República de las Mujeres



 
 
 

CAPÍTULO X - Hembra

 

Siempre pensé, por...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p><strong><span>La Marranita - Auge y caída de la República de las Mujeres</span></strong></p>
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<div dir="ltr"><span>CAPÍTULO X - Hembra</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Siempre pensé, por todo lo que Padre me había repetido tantas veces, y por las expectativas que me habían creado sobre él las chicas, que el momento de mi sangrado marcaría un punto de inflexión entre nosotros. La primera prueba de que aquello no iba a ser así la tuve aquella misma madrugada, cuando yo regresaba a casa saciada y agotada después de haber luchado contra cinco mujeres mayores que yo, y haberlas logrado someter a todas ellas, una a una, hasta correrme en todas y cada una de sus caras y saciar todas y cada una de sus ansiosas bocas. Dirigir como una coreografía sus cuerpos, encontrándose y separándose entre ellos como una marejada sin fin, guiar su ansia sexual hasta mi sexo, al que solo le faltaba perder el virgo para convertirse en un verdadero sexo de mujer como el de ellas, había sido una labor extenuante pero plena y enriquecedora. Volvía a casa agotada pero satisfecha, sabiendo que había cumplido con creces las expectativas que Padre tenía depositadas en mí, y dispuesta por ello a encontrarme con él, por fin, para recibir mi premio. Volvía a casa deseando, como nunca, ser follada.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Y lo cierto es que, por primera vez en mi vida, vi follar de verdad a Padre. Sin disimulos, sin ocultaciones, sin vergüenzas ni censuras. Casi de igual a igual. Casi... No se había molestado en cerrar ni una puerta, ni una ventana, no se había preocupado en apagar ni una luz. Tenía a la bellísima joven de los Nardo empotrada contra el colchón de su cama, mientras él, como una furia, la sodomizaba violentamente desde atrás, debajo de la luz de la habitación y delante mismo de la ventana que daba al patio. Todo el mundo le había escuchado expulsar a mi madre, todos la habían visto a ella abandonar la vivienda, despavorida. Todos podían ver y oír ahora a Padre, despreocupado totalmente por lo que nadie pudiera decir u opinar, haciendo gozar a su joven vecina como si se estuviera follando a un animal. A una cabra. El Gran Cabrón...</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Todo el mundo estaba viendo, también, que Padre no estaba conmigo. La llegada de la Marranita había corrido de voz en voz aquella noche por medio barrio, pero aquella nueva hembra que se había hecho carne en el patio no había sido capaz más que de someter a cinco chiquillas, sin despertar el más mínimo deseo en su Padre. Caí de rodillas en la puerta de su habitación contemplando aquella escena brutal. Jamás había visto nada parecido, y jamás después de aquello he vuelto a escuchar unos gritos de placer rompiendo la noche como los de ella, al tener a Padre dentro de aquella manera. Jamás he olido un sexo tan desbocado como el de mi bella amiga, ni siquiera el mío. No daba crédito a lo que veía, conocía el cuerpo de aquella chica como la palma de mi mano, y no entendía cómo su coño, su culo o su boca, podían estar siendo capaces de albergar el sexo erecto de Padre al completo, y menos teniendo en cuenta la manera tan desatada y bestial que estaba teniendo de follarla. Todo el patio sabía que él no estaba conmigo aquella noche, pero solo yo entendí que tampoco estaba realmente con la joven Nardo... aquella manera de joderle el culo, ¡ni todos los dioses juntos serían capaces de algo parecido! <br /></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Padre no se estaba follando a Nardo, sino que únicamente la estaba usando para descargar su furia, sus ansias de sexo, aquella necesidad tan visceral que tenía de hacerlo, de una vez por todas, con su Marranita.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Naturalmente, no pude dormir aquella noche. Demasiadas cosas en qué pensar, y aquel desenfreno sexual de Padre arrasando la casa constituía el peor entorno para poder hacerlo. Escucharle me impedía casi hasta respirar, aunque ¿dónde podía haber ido para escapar de aquella tortura? Padre no debió dejar dormir a nadie en el patio aquella noche. Pero ¿por qué si a quien quería estar empalando en su verga agigantada por el placer era a mí, a su Marrana, había mandado llamar a la joven Nardo como placebo?<br /></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">A la mañana siguiente mi cuerpo estaba cansado, pero mi mente estaba inesperadamente serena. Entendía por fin que el regalo que Padre me había dado por mi sangre era con todo muy superior al que me iba a suponer perder el virgo. Antes de dar ese paso, que al fin y al cabo todas las mujeres dan antes o después, me había enseñado a someterlas a todas. Es más, me había demostrado que tenía el poder de hacerlo con mi madre, y luego me había enviado a que lo hiciera libremente con cuantas quisiera y a la vista de todos, sin límite ni supervisión alguna... Y, de vuelta a casa, me había enseñado, precisamente, aquel placer absoluto que solo es capaz de dar y recibir un auténtico dominante. Todas las mujeres acababan por perder antes o después su virgo, todas las niñas se convertían en mujer al hacerlo, y yo también lo haría, más pronto que tarde. Pero aquella noche, con la llegada de mi sangre, yo no me había convertido en mujer, pero me había convertido en hembra. En hembra fértil, para más datos. No era ya más una niña, pero todavía no era tampoco una mujer. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">En aquel estado intermedio, no era más que un animal. Una gran cerda. Una Marrana lista para ser preñada. Al asumir mi condición de hembra antes que la de mujer sumisa, había afirmado mi poder entre las que solo un día antes eran todavía mis iguales, y hasta mis superiores. A partir de allí, cualquiera podía romperme el virgo, pero solo mi Padre había sido capaz de hacerme entender aquella noche quién era y cómo iba a ser en adelante mi manera de estar en el mundo. A follar se aprende fácil. Lo difícil es saber a quién follar y cómo hacerlo. Entendí que tenía que seguir esperando mi desvirgamiento con la paciencia de una buena Marranita. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Perdería mi virgo cuando y con quien Padre decidiera.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Y, sin embargo, al final fue cierto que mi vida cambió efectivamente de forma considerable a partir de aquel día. Pese a la gran diferencia de edad que me separaba de las chicas mayores de edad que se acostaban con los padres, me integré ya totalmente en el grupo de las mayores, y empecé a pasar más tiempo con ellas que con los chicos. Acreditada no solo por mi sangre y por el espectacular desarrollo corporal que había alcanzado a mi tierna edad del año previo al ciclo lunar, sino también por la experiencia sexual que acumulaba y que me era reconocida públicamente, había podido ganarme un puesto casi de igual a igual con chicas entre seis y ocho años mayores que yo, a las que, además, había conseguido incluso someter bajo mi voluntad y el poder de mi deseo. La única diferencia que todavía las ponía por encima de mí seguirían siendo las fiestas, en las que mi coño iba a continuar vedado para todos, más aún ahora que cualquier desliz podría hacer que me quedara preñada. Pese a todo, Padre fue permitiendo que sus amigos fueran poco a poco pudiendo empezar a disfrutar libremente de mi cuerpo y mis favores. Empecé a conocer otros cuerpos de hombre, otras pollas de verdad, otras bocas y otras maneras de tocar, otras miradas y deseos, otros sabores. Además, Padre empezó a empezó a invitar por fin a sus fiestas también a mis amigos más mayores. El joven Nardo fue el primero en incorporarse, y lo hizo llevado de mi mano, por supuesto. Pero luego llegaron muchos más. Ellos tenían todavía muchos más derechos sobre mi cuerpo que los mayores pero, como contrapartida, Padre no me permitió nunca más volver a tener juegos en público con ellos en los callejones o en los rincones abandonados del puerto y de los descampados de detrás del mercado, al haberles reconocido ya la condición de adulto. Todo lo que hacía con ellos me seguía permitido, pero ya solamente podría hacerlo en casa, y siempre cuando Padre estuviera presente. Entendí con ello que mis días de juegos callejeros habían llegado a su fin, pero sabía que no los iba a echar de menos con la perspectiva tan maravillosa que tenía por delante.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">De alguna manera, la llegada de la fertilidad y el paso a la edad adulta lo tenía que cambiar todo para nosotros. Entrar a formar parte de las fiestas de Padre era una considerable compensación, que iba mucho más allá del paquete cerrado que solían admitir la gran mayoría de los habitantes de La Ciudad, y que venía a consistir en marido, mujer y familia de por vida, como los dioses mandaban. Lo que pasa es que para merecerse aquella Libertad que Padre nos ofrecía en bandeja, había que ganársela también. Y, como todo, tenía sus reglas... además de, naturalmente, un necesario periodo de adaptación para todos. Esa adaptación, en el caso de las chicas, incluía un año mínimo de forzada abstinencia coital, en la que sus coños quedaban vedados completamente a la penetración por cualquier persona. Y, para evitar tentaciones debidas al descontrol de la lujuria, aquella cuarentena quedaba extendida igualmente a la penetración anal. Como no podía ser de otra manera, que los amigos de Padre tuvieran prohibido taladrarme el culo solo podía funcionar si entonces tampoco los chicos podían hacerlo, en prevención de desigualdades que pudieran resultar imposibles de tolerar para los hombres adultos. Mi papel en aquellas fiestas debía ser, por lo tanto, mirarlo todo y aprender, además de tontear y hacer de todo con cualquier persona que estuviera participando de la fiesta, pero teniendo prohibido llegar ni llevarles al orgasmo bajo ningún concepto, excepto con los chicos jóvenes con los que sí podría llegar a acabar y a terminarles, lo que se nos permitía al menos como necesario desahogo. Padre sabía que forzarme a aquella continencia extrema iba a ser un suplicio para mí, pero me recordó que aquello no dejaba de ser una prueba más de mi entrenamiento como la Marranita fiel que era de mi papi. Me dijo también que no debía quejarme tanto, ya que al fin y al cabo era con diferencia la mujer más joven que había entrado a participar de las fiestas, y que mi único problema es que ya había disfrutado demasiado y hecho demasiadas cosas, pese a que casi no había tenido tiempo para ello.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">A cualquiera que le parezca fácil esta prueba de adaptación para unos chicos y chicas que éramos, es cierto, todavía casi unos niños de acuerdo con las costumbres de tierras como las que se extendía al otro lado del Mar Cerrado, es que aún no ha entendido bien lo que eran aquellas fiestas de Padre. La primera vez que fueron invitados mis amigos mayores fue, precisamente, para una fiesta especial en honor a mi sangrado. Aquella noche el chico Nardo, absolutamente desatado por el deseo y la lujuria desenfrenada, terminó, medio borracho, rompiéndome el culo en mitad del patio, tal y como yo le había acostumbrado, pero aquella vez a la vista y ante el espanto de todos. No había terminado de correrse en mi interior cuando Padre agarró su cuchillo y le rebanó el falo aún duro junto con los cojones que todavía estaban bombeando el semen en mi interior. El sexo de mi amigo se desinfló como un globo cuando la sangre abandonó abruptamente su esponjoso relleno, siendo expulsado por mi culo con una sonora ventosidad. Mi padre lo recogió con su cuchillo y lo clavó con violencia y puntería junto a la cabeza del asombrado Nardo, cuya expresión congelada revelaba que todavía no había sido capaz ni de darse cuenta de lo que acababa de pasar. Aquel colgajo de piel y carne quedó ensartado en el cuchillo, cuyo filo aún temblaba por la violencia con la que había sido clavado en una de las columnas de madera que soportaban la galería del patio. Luego Padre vino hacia mí, metió su cara en mi culo y me lamió hondo dentro, limpiándome por completo de los restos de semen y sangre. Después me levantó en vilo y me cargó sobre su espalda, y me llevó a su casa, como la propiedad suya que era.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">No volví a ver al chico Nardo. Los eunucos siempre habían sido unos parias en nuestra sociedad, y era aberrante imaginar que una familia de su posición pudiera soportar tener uno de ellos bajo su propio techo, si no era como el último de los esclavos en la más apartada y menos valorada de sus propiedades. En su caso con más razón, estaba claro también que, además, lo primero que había perdido cuando mi padre le arrancó la hombría fue su propio apellido. Su padre no volvió a pisar mi casa para buscarme y masturbarse conmigo, aunque seguía teniendo negocios con Padre y le seguía guardando hasta más respeto que antes, si cabe. Tampoco volvió a pisar una fiesta de padre, y es una pena porque reconozco que yo había llegado a valorar y disfrutar lo que significaba poder sentir sobre mí una de sus legendariamente poderosas corridas. Aunque no había tenido nada que ver, la vergüenza sobre su familia era tal que su hermana perdió también,y para siempre, la condición de favorita de Padre, aunque se le permitió a su criterio seguir frecuentando las fiestas, cosa que ella hizo sin dudar porque al final era tan puta como cualquiera. Sin embargo la gente ya no tenía tantas ganas como antes de disfrutar de ella, y tampoco yo volví a tratar con ella siquiera. Al poco tiempo dejó de aparecer por el patio, y solo se supo que se fue de allí cuando alcanzó la edad mínima para poder contraer un matrimonio decente. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Pero lo que tuvo de realmente bueno aquel dramático suceso fue que mi madre, que había estado observando todos los acontecimientos desde la galería del patio acompañada por la propia señora Nardo, entendió por fin que su mundo había cambiado definitivamente con aquel simple gesto de Padre de rebanar la virilidad del joven. Juntas, las dos viejas vieron cómo el joven Nardo me sodomizaba sádicamente delante de todo el mundo, y cómo padre defendía su propiedad cortando sin pensárselo aquella virilidad que tanto placer me había dado los dos años anteriores. Las dos mujeres contemplaron todo aquello con una mueca de disgusto, asumiendo que aquellas fiestas, aquel vecindario, aquella sociedad había cruzado todos los límites imaginables y ya no tenía más remedio que la autodestrucción, pero tanto una como otra se cuidaron de no decir ni una sola palabra. Sin embargo, para ellas el cambio ya se había empezado, y como tantas otras mujeres secas y sin vidas se enrolaron en un barco que acabaría por hacer descarrilar los caminos de la Historia. Aquella noche, cuando Padre me llevó a mi habitación, mi madre había abandonado definitivamente la casa y no volvería a ella hasta seis años más tarde. La señora Nardo la acogió en su hogar, y pronto todo el mundo habló de que Padre la había incluido como un elemento más en la negociación que él y el señor Nardo mantuvieron para zanjar aquel malentendido entre sus familias de forma amistosa y para siempre, si bien en aquel caso, por primera y única vez, Padre no había dirigido las riendas de la Vieja. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Lo que pasa es que nosotros, en plena euforia todavía ante la catárquica apoteosis total que la fiesta de mi sangrado había supuesto para la unidad familiar formada por Padre y yo, no estábamos tampoco para preocuparnos por menudencias como la que aquello aparentaba ser entonces. Que la noche había sido, pese a todo, un éxito para Padre, lo supe cuando le sentí volver a casa después de haber sellado su pacto con Nardo. En lugar de meterse directamente en su habitación, entró en la mía y acabó haciéndome la comida más divina que hubiera sentido jamás una hembra recién estrenada, mientras me pedía sincero perdón por cómo había acabado la fiesta de mi sangrado</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">De manera que las cosas no fueron a peor precisamente después de aquello. Es cierto que las fiestas de padre fueron perdiendo asistentes poco a poco, si bien eso nadie lo advirtió inicialmente, y todo pareció seguir igual durante mucho tiempo. Además, su acuerdo con Nardo era ventajoso y familiarmente las cosas nos iban mejor que nunca. Naturalmente, habernos deshecho del lastre en que se había convertido mi madre para nosotros era lo que más felices nos tenía a los dos. Yo me bastaba y me sobraba para cuidar de él y de la casa, y el resto del tiempo lo dedicaba a perfeccionar escrupulosamente mis prácticas y capacidades sexuales, cada día más dirigida por Padre y orientada hacia sus gustos, teniendo en cuenta también que cualquier hombre que me quisiera tocar tenía que hacerlo en todo momento bajo su supervisión directa. Inevitablemente, aquello hizo caer en picado el número de personas con las que yo podía mantener <span>relaciones</span>, pero a cambio mis encuentros sexuales eran cada vez más reales, más serios, más completos. Para compensarme, el propio Padre me dedicaba cada vez mayores atenciones, y tenerle a él solo para mí era algo que me resultaba preferible a un ejército de los mejores hombres de La Ciudad, dispuestos a follarme sin cuartel. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Mientras tanto, mi cuerpo seguía desarrollándose a toda velocidad y, en consecuencia, a él mismo cada vez le resultaba más difícil refrenar sus impulsos hacía mí. Mis mamadas le volvían loco, y ya no era capaz de hacer que me corriera sin que yo le hubiese sacado varias veces la leche a él antes. Era capaz de conseguir que su enorme tranca se pusiera alta con solo unas caricias de mis tetas, y había días que entraba en casa gritando que podía oler mi coño desde el patio. En proporción a mi continuado desarrollo físico, Padre cada vez se decidía a llegar un poco más lejos todavía conmigo, y pronto estuvimos practicando para tratar de conseguir que su gruesa polla fuera capaz de sodomizarme algún día. Por si aquello fuera poco, yo terminaba de saciar cualquier fleco de furor sexual que me quedara despierto a base de continuar una relación perversa y sádica con mis cinco amigas mayores, a las que poco a poco se fueron uniendo otras chicas del barrio. Me asombraba ver que, entre todas ellas, ninguna tenía la más mínima iniciativa o capacidad de querer controlar a las demás o decidir por sí misma cuáles eran sus gustos verdaderos e íntimos. Cuanto más me follaba a aquellos cuerpos llenos de belleza pero vacíos de alma y de poder, más admiración tenía por Padre y por aquellos hombres que se decidían a tomar lo que era suyo.</span><span></span>
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<div dir="ltr"><span style="color: #3366ff">(lau.alma @yahoo.com)</span></div>
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                        <title>La Marranita - CAPÍTULO IX - La sangre</title>
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                        <pubDate>Sun, 06 Sep 2026 18:16:06 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[La Marranita - Auge y caída de la República de las Mujeres



 
 
 

CAPÍTULO IX - La sangre

 

Mi acelerado d...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p><strong><span>La Marranita - Auge y caída de la República de las Mujeres</span></strong></p>
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<div dir="ltr"><span>CAPÍTULO IX - La sangre</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Mi acelerado desarrollo vendría a pasar su factura muy pronto. Al poco de celebrar por fin mi último cumpleaños previo año lunar me llegó por fin el sangrado, y después de haber podido contar a lo largo de mi vida ya <span>doce veces trece lunas, no </span>llegaría ni tan siquiera a ver una nueva sin que mi cuerpo se abriera y me hiciera mujer, sin que yo pudiera ser consciente de hasta qué punto aquello iba a cambiar mi vida. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Recuerdo que, días antes, comiendo en casa con Padre y con mi madre, los perros andaban por la cocina todo nerviosos. Yo había terminado de comer, pero como siempre esperaba a que terminase Padre para poder levantarme. Como mi madre estaba en casa, yo no tenía que ocuparme de nada, ya que le correspondía a ella servirnos a los dos siempre que no estuviera en casa de los vecinos. Y entonces, mientras esperaba a que Padre me permitiera levantarme y salir al patio o rumbo al puerto para buscar con quién pegar un polvo, me puse a jugar con mis dos perros, como siempre me gustaba hacer. Estando en casa, naturalmente, tanto Padre como yo comíamos desnudos. Solo mi madre vestía un braguero viejo y una saca ligera colgada con tirantes, por lo que ni siquiera ella tapaba para nada sus enormes tetas, pero es que hacía un calor bastante pegajoso. Quizás por aquello, aquel día los perros estaban nerviosos. No hacían más que lamerme, y me arañaban y empujaban las piernas todo el rato. Yo trataba de tranquilizarlos pero, por algún motivo, no era capaz de hacerlo. Mi madre se levantó a prepararle el café a Padre. Cuando nos quedamos solos en la mesa, él se detuvo a olisquear un momento, cosa que me extrañó, pero no tuve tiempo de preguntarle por qué lo hacía, ya que de repente sentí un mordisco que me hizo levantar la pierna de golpe, golpeando el tablero de la mesa y haciendo tambalear los vasos de barro. Al hacerlo, mis dos perros se me metieron en medio y empezaron a treparme. Cuando me quise dar cuenta los tenía a los dos lamiéndome el coño abierto con sus largas y húmedas lenguas. Mi madre al ver aquello empezó a rechistar, sin atreverse a realizar su enésima advertencia sobre los problemas que supone para una mujer el hecho de estar desnuda. A mí no me apetecía nada que la vieja montara otro de sus números, así que yo misma me aparté a los perros de encima, a pesar de que sentir sus lenguas abriéndome el coño había sido una experiencia brutalmente inesperada, porque resultaba increíblemente placentera y, en realidad, era algo que yo nunca habría imaginado de no haber ocurrido aquella tarde, aunque tampoco era la primera vez que me hablaban de mujeres que entretenían o que entrenaban sus sexo valiéndose de perros y otros animales. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Mi padre volvió a olisquear, y cuando vio que los perros volvían a subirme encima buscando otra vez mi raja con la lengua, yo retiré instintivamente mi sila hacia atrás, pero él me ordenó que los dejara. Mi madre fue a protestar, pero Padre miró fijamente mi collar, y ella calló. Se ve que por fin había perdido sus ganas de que le partieran la cara tratando de proteger un coño que hacía ya mucho tiempo que no quería que lo protegieran.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Déjalos, Marranita"</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Hice caso a Padre. Los perros se pusieron de pie sobre mis piernas, y empezaron a lamer en medio de ellas con ganas. Al haberme separado de la mesa, estaba todo sucediendo a la vista de mi madre y de Padre, pero él permanecía inmutable, y comprendí que no debía ser la primera vez que veía a una chica siendo usada por los perros. Ni, casi seguro, era la priemra vez que nuestros perros lo hacían con alguna chica, porque lo de aquellos dos no era solo mero instinto animal, que también, sino que parecían bien entremados, porque los muy cabrones perros me lo hacían tan rápido y fuerte que no pude evitar sentir un placer intenso e inmediato en todo mi cuerpo. Se me erizaron los pezones delante de Padre y de la vieja, y uno de los perros, un viejo bóxer de grantamaño, se montó sobre mi pierna y se empezó a frotar fuerte contra mí, pegándome unos lametones tan bestias y húmedos en los pezons hinchados que los sentí doler de lo duros que se me pusieron. Así estuvieron un rato y, mientras el joven labrador dorado seguía con todo el hocico embutido en mi coño peludo, el viejo bóxer siguió y siguió hasta que pude sentir como le crecía una enorme polla, que se le había salido y estaba dejando mi pierna toda mojada.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Padre..." gemí, empezando a perder la cabeza y a agachar mi cara para buscarle la boca a aquel enorme bóxer con mi lengua fuera. Demasiado tarde comprendí que el peligro allí no era que me diera miedo o asco aquello, sino al revés: si seguían así un poco más, aquellos dos perros iban a hacer que me corriera, y muy rápido, porque aquello que hacían con mi cuerpo me estaba encantando. Padre volvió a olisquear, y entonces por fin se levantó y agarró a los dos perros por el pescuezo, sacándolos a la galería del patio sin contemplaciones, donde quedaron gimiendo y ladrando, dando vueltas sobre sí mismos con el rabo entre las piernas por causa de su sobre excitación. Observé que la polla de Padre estaba morcillona cuando se levantó: a él también le había puesto aquella escena...</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Padre se dio la vuelta y volvió hacia mí.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Te han crecido las tetas esta semana, Marranita. Y mucho."</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Me toqué los pechos delante de él, en un gesto intencionadamente obsceno, del que disfruté doblemente al ver que mi madre se mordía la lengua para evitar decirme lo que pensaba de aquella actitud. Pero Padre tenía razón. No me había dado cuenta, pero tenía las tetas más grandes e hinchadas ya que muchas de las chicas adolescentes que se acostaban con los padres en el patio. Él se puso a mi lado, y me tomó las tetas en sus manos, mostrándome así la prueba definitiva: Padre ya no podía abarcar mis tetas con una sola de sus manazas, sino que cada uno de mis pechos empezaba a llenar sin problemas cada una de ellas de manera independiente. Lo cierto era que, además de haber crecido las sentía duras, como si estuvieran hinchadas. Para colmo, las areolas y los pezones estaban tan disparados que, en realidad, las tetas parecían mucho más grande de lo que en verdad eran. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Vas a tener unas tetas grandes, como tu madre. Solo que mucho más bonitas y morbosas. Me alegro que al menos lo poco que hayas heredado de ella haya estado tan bien elegido."</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Me halagó el piropo de Padre, aunque no tenía claro que me acabara de gustar la idea de tener ningún rasgo en común con mi madre, ni siquiera sus grandes tetas. <br /></span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Gracias, Padre" le contesté aún así, para mostrarle mi respeto a su piropo.<br /></span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Cuando me quise dar cuenta, Padre había metido toda su mano entre mis piernas, que tenía todavía separadas por completo después de haberme abierto como una putita de barrio para mis perros. No me moví ni un milímetro, sino que dejé sin más que él empezara a sobarme la concha, que después de lo de los perros yo tenía completamente abierta, encharcada ya y muy a tono. Pero aquello me puso nerviosa. Padre siempre se había cuidado de no hacerme nada de aquello que tanto nos gustaba delante de mi madre. Para superar lo molesta que me hacía sentir el hecho de que ella estuviera allí invadiendo mi sagrada intimidad con Padre, decidí mirarla fijamente a los ojos mientras sentía aquellos dedazos hurgándome la raja sin tapujos, hasta conseguir someterla con mi orgullo y su vergüenza y que bajara por fin la mirada. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Hueles a coño, Marranita" </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">La mano de Padre hurgaba sin cuidado en mi entrepierna, como si fuese un veterinario reconociendo a una cerda a la que quisieran inseminar.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Y estás mojada como una cerda... y no es solo por los perros." Empecé a tratar de balbucir una excusa que no me acababa de salir. "O mucho me equivoco o llevas todo el día encharcada, ¿verdad?" Me preguntó paladeando lo obsceno de sus palabras, mientras pasaba sus dedos por el asiento de la silla de la cocina recogiendo admirado aquella capa viscosa con la que yo lo había dejado empapado, y no precisamente de sudor.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Sí, Padre" reconocí asustada al constatar que él pudiera haber adquirido en pocos meses un conocimiento de mi propio cuerpo muy por encima del que yo misma había logrado tras años de explorar, preguntar y practicar.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Buena Marrana estás hecha. Vete y date un baño de agua fría. Pero pajéate primero si te hace falta".</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Por dios, no sigas..." explotó mi madre. El bofetón la lanzó al otro extremo de la habitación, donde se quedó en el suelo, rota y lamiéndose las heridas como la perra que era.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"¿Te había preguntado alguien algo? Ya sabes que el servicio no opina en esta casa. La Marranita está a punto ya, joder... ¿eres capaz de entenderlo? Le ha cambiado el flujo y se ha puesto en celo. Es ya cuestión de días."</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Entendí lo que me decía Padre gracias a las conversaciones que había tenido con mis amigas adolescentes en el patio. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Debes extremar ahora tus precuaciones, Marranita. Tendrás más ganas de sexo que nunca: haz lo que quieras para saciarte, porque sé mejor que tú que vas a ser una hembra voraz. Pero ahora menos que nunca puedes dejar que nadie intente abrirte el coñito. Estás avisada: si alguno intenta meterte el pito, me lo dices ¡y se lo corto!" Padre clavó su cuchillo de carne sobre el tablero de la mesa, y allí quedó tambaleándose mientras él salía de la cocina pasando por encima del cuerpo de mi madre. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Yo me levanté sin molestarme ni en limpiar los restos de flujo que había dejado en mi silla, y me fui para el baño a cumplir las órdenes de Padre. Cuando pasé yo también por encima del cuerpo de mi madre, aproveché para patearle aquellas tetas de las que no quería que nunca más se volviera a sentir orgullosa. Si de verdad iba a llegarme aquel cambio que Padre llevaba tanto tiempo anunciando, aquella vieja no estaba en absoluto llamada a opinar sobre ello, y a mí por lo menos me bastaba con que limpiara los restos de lo que fuera que estuviera a punto de pasar.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">El día siguiente por la tarde, cuando dormitábamos la siesta los tres tumbados en la alfombra del salón, empecé por fin a sangrar, sin más. Sentí a padre olisquear de nuevo y, antes de poder mirarme yo siquiera el chocho que sentí abierto y mojado pero por una sensación diferente a la de siempre, él ya había metido su mano dentro. Al sacarla manchada de mi flujo menstrual, se puso eufórico, y empezó a gritar y a felicitarme y a besarme en la boca y meterme mano sin importarle que estuviera delante mi madre. Ella no fue capaz de aguantar el espectáculo, porque de la emoción la polla de padre se puso completamente alta y, al tenerle yo tratando de embestir mi cuerpo, tampoco me pude resistir la tentación de agarrársela y empezar a sobeteársela y untarla en mi coño ensangrentado, como queriendo entregarle el que sabía que era su trofeo de caza más preciado. Mi madre parecía que se iba a volver loca al verme restregando el falo erecto de padre contra mi coño abierto y sediento, y Padre cargó contra ella con toda su fuerza. Por el camino yo me llevé un pollazo, y dudo que exista un hombre capaz de hacer tanto daño de un golpe de polla dura como Padre. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Cuando mi madre se quiso dar cuenta, Padre la había quebrado de un golpe en el estómago y la llevaba a rastras agarrada del cuello. Primero le repasó la polla por la cara, arremetiendo luego contra su rostro con varios golpes de su cipote. Estaba claro que Padre estaba excitado y quería meter la polla dura en algún lado, pero no iba a ser mi madre. La empujó contra mí y le metió la cara en mi coño abierto. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"¡Cuántas veces te he dicho que las sirvientas no opinan, sino que solo limpian! ¡Saca tu sucia lengua y limpia el coño de la Marranita! ¿Has entendido?" </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Empezó a golpearla, hasta que por fin escuchó mis gemidos y el chapoteo de la lengua de mi madre en mi coño. Padre dejó de pegarla, y se apartó por completo cuando mis manos le obligaron a soltar a mi madre para ser yo misma quien agarrara su cabeza sin contemplaciones y empezara a guiar su mamada a base de tirones de pelo, insultos, escupitajos y golpes en su cara. Yo estaba cachondísima, e inesperadamente tener a mi madre así, sometida entre mis piernas, me hizo expulsar una corrida profunda que coronó mi primer sangrado con aquel apoteósico regalo que me acababa de hacer Padre. De pronto había comprendido el placer enorme que puede producir someter a una mujer. Acostumbrada hasta entonces a que mis relaciones sexuales estuvieran marcadas por la virilidad de los chicos a los que me entregaba, había replicado inconscientemente esa misma entrega cuando me unía a las otras chicas mayores del patio. Pero entendí, con mi madre entre las piernas, que una mujer no es un hombre y que no debo permitir que ninguna de ellas me toque igual que como lo haría uno de ellos. Entendí el placer de mandar, de obligar a aquel cuerpo del que ni mi profundo odio bastaba para relegar su atractivo sexual innato, de no parar hasta someterlo a mis deseos más sucios y secretos.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Así es, Marrana, sigue, sigue y no pares hasta ahogarla en tus corridas... Shhhh, tranquila mi niña, mi Marranita, está bien, está bien, ya eres por fin la hembra que tanto tiempo llevas esperando ser, este es tu momento, es un gran momento y debes disfrutarlo como tal, todo esto es bueno mi cerda, mi Gran Cerda Lauh'..."<br /></span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Después de correrme, Padre echó a mi madre de casa, y me envió a buscar a las chicas para que me ayudaran con mi menstruación y me limpiaran. "Y dile a la niña Nardo que venga aquí conmigo". <br /></span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Aquella noche mis amigas mayores conocieron otra Lau. Porque aquel había seguido siendo el nombre que me daban todos fuera de casa, Lau o incluso Laura quienes me conocían desde más pequeña y a través de mi madre. Pero aquella noche dejé de ser también Lau para el mundo, y enterré con alegría el nombre de Laura junto con toda mi infancia, que había acabado aquella misma tarde, en lo más profundo de mis recuerdos. Aquella noche en el patio empezaron a conocer a la Marranita, que fue como todos empezaron a llamarme desde aquel día. Las chicas que acudieron a limpiarme empezaron a dejarse hacer de todo por mí sobre la alfombra del salón de casa, y Padre se reía cuando las forzaba a comerme el coño, el culo o las tetas. Pero de repente, ninguna de ellas parecía añorar mis anteriores maneras de niñita tierna, ni ninguna de ellas parecía echar de menos su pretendida libertad de decidir cuando ya estaba yo para decidirlo todo en su lugar, para guiarlas con sabiduría a la hora de satisfacer mi voluntad sexual más salvaje. Sabiéndome bendecida por Padre, a quien el hecho de que yo tuviera sexo con mujeres nunca le había parecido un problema, una vez comprobado que sabía comportarme con ellas como un hombre, como un auténtico gran cabrón digno de su padre, dejé de preocuparme en absoluto por ocultarme para ello, y pude ir profundizando en aquellas relaciones <span>al mismo tiempo </span> lésbicas y sádicas durante semanas, durante meses, durante años. Aquello me iba a servir para entender con nitidez que las mujeres no sabemos nunca lo que queremos, que somos incapaces de decidir y tomar la iniciativa a la hora de follar, que somos seres pasivos que solo podemos esperar que nuestro hombre nos llene de semen, que nos golpee, que nos someta. Por eso, cuando una mujer decide sentarse en la cara de otra, el instinto natural de la sometida la lleva a convertirse en la perra, en la esclava de la dominante. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Dicen que los perros y otros animales similares reconocen la jerarquía entre los machos porque cuando uno de ellos se somete a otro, mete la cabeza entre sus piernas para lamer su polla. Los hombres nunca han hecho caso realmente a las mujeres, y eso es normal porque no tenemos polla para competir con ellos, por eso al final siempre vamos a ser sometidas, porque siempre les vamos a querer lamer la polla nosotros a ellos. Pero su desinterés por nosotras les ha hecho fijarse más en cómo un perro puede someter a otro a base de pollazos que en entender que una mujer también puede hacer lo mismo con otra a base de su coño. El día de mi primera regla fue, de esta manera, el día en que comprendí mi personalidad sexual con claridad diáfana. No tenía nada de bisexual como habían intentado hacerme creer las chicas del patio, sino que sabía ahora que era declaradamente hetero. Mi naturaleza sumisa, mi exhibicionismo nato y mi pasión por las pollas duras y sudorosas me haría entregarme a los hombres sin freno, o al menos hasta donde Padre me permitiera hacerlo. Ahora bien, mi furor sexual, que ya reconocía como un pansexualismo imposible de controlar o contener, me había llevado también a encontrar placer en los cuerpos de otras mujeres, hecho que me iba a permitir saciar con ellas mis instintos más sádicos como dominante, que recién acababa de descubrir. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span style="color: #000000">Tenía doce ciclos de doce lunas alimentando mi cuerpo, y una maravillosa vida por delante al lado de Padre.<span></span></span></span>
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<div dir="ltr"><span style="color: #3366ff">(lau.alma @yahoo.com)</span></div>
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						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/"></category>                        <dc:creator>laualma</dc:creator>
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