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									Bisexuales - Relatos Eróticos				            </title>
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            <description>Relatos eróticos enviados por los usuarios. Portal con la comunidad de autores y lectores más morbosos de la red que interactúan con las escenas relatadas más morbosas. Relatos en familia, gays, bisexuales, dominación, sumisión y todo lo que te puedas imaginar.</description>
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                        <pubDate>Sun, 09 Aug 2026 23:31:30 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[A DOS PUNTAS
 
 
Sebastián tenía treinta y pocos años, dos hijos pequeños y una vida que, en apariencia, encajaba dentro de lo que muchos llamarían “normal”. Su casa de barrio, la camione...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<div data-olk-copy-source="MessageBody">A DOS PUNTAS</div>
<div> </div>
<div> </div>
<div>Sebastián tenía treinta y pocos años, dos hijos pequeños y una vida que, en apariencia, encajaba dentro de lo que muchos llamarían “normal”. Su casa de barrio, la camioneta financiada, las vacaciones a la costa una vez al año y el matrimonio funcional, eran parte de un cuadro estable que no ofrecía sobresaltos... al menos por fuera.</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Un tipo pintón, formal, de esos que a las mujeres les entra por los ojos. El corte de cabello a la moda, la barba prolija y rasurada, siempre un traje perfecto. De mirada dulce y labios expresivos. El amable, el cordial, el que siempre escuchaba el doble de lo que hablaba</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Desde hacía más de una década trabajaba en la misma empresa: una pyme de servicios con apenas treinta empleados. Jorge, el dueño, era un tipo parco, de otra época, que había levantado todo con esfuerzo pero que ahora estaba más pendiente de sus análisis médicos que de los balances contables. Había sido un solterón empedernido, no tenía a nadie mas en el mundo que a él mismo. Jorge había sido un emprendedor en otros tiempos, pero eso hoy ya no bastaba. La empresa, igual que él, venía en picada. El teléfono ya no sonaba tanto, los clientes buscaban precios que ellos no podían ofrecer y el entusiasmo de los lunes se había ido apagando sin hacer ruido.</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Sebastián no era un conformista. Si algo lo definía por dentro era su ambición enfermiza. No por lujo, sino por poder. Sabía que Jorge ya no iba a dar más pelea, y eso lo desesperaba. Imaginaba quedarse con todo, como si el legado del viejo fuera a caerle por decantación natural. Fantaseaba con asumir el control, modernizar la empresa, escalar. No imaginaba como sería el traspaso de poder, pero soñaba con ello. </div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Pero Jorge no era ningún ingenuo. Detrás de su cansancio y su aparente abandono, había tomado una decisión silenciosa pero demoledora. Sin decirle nada a nadie, Jorge había vendido la empresa. Un gigante chileno del sector, con sedes en toda Sudamérica, había comprado todo el paquete: oficinas, empleados, servicios, hasta el nombre. Y en un abrir y cerrar de ojos, llegó a Buenos Aires el nuevo director interino: Tomás Alvear, un tipo joven pero frío, elegante, con un currículum abrumador y cero apego sentimental. Su única misión era reordenar todo y asegurarse de que la vieja maquinaria funcionara sin fallos, pero con las reglas del presente. Y cuando estuviera todo en orden a desplegar alas y empezar con una nueva tarea</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">La noticia cayó como un balde de agua helada. Sebastián sintió que el suelo se le abría. Su ilusión de tomar el timón había muerto antes de nacer, y lo peor era que ahora había un nuevo capitán. Uno que ni lo conocía, ni le debía nada. La palabra “reestructuración” empezó a sonar como un trueno en su cabeza. Para Sebastián era un maldito juego de la oca, estaba por llegar, ya, solo, y de repente, una mala lanzada de dados y le leyenda 'vuelve al inicio'</div>
<div>Sebastián entendió rápido que tenía que actuar. Si quería conservar su lugar —y quizá algo más— tenía que ganarse a Tomás. A como diera lugar. Como alguna vez había hecho con el viejo, ese mismo que tantas veces había adulado y ahora lo odiaba</div>
<div><br />Esa noche, Sebastián llegó a casa como siempre: cansado, con el nudo de la corbata flojo, pero al entrar y ver a Andrea en la cocina, el día pareció pesar un poco menos. Ella tenía puesta una musculosa liviana y el pelo suelto, desordenado con gracia. Giró apenas la cabeza al oírlo llegar, y le sonrió como quien guarda un secreto.</div>
<div> </div>
<div>—¿Cómo te fue, Seba? —preguntó mientras removía la olla.</div>
<div> </div>
<div>—Normal... largo —respondió él, acercándose a besarla en la nuca—. ¿Hicieron lío los enanos?</div>
<div> </div>
<div>—Como siempre —sonrió ella—. Están en la ducha, peleándose por quién usa más shampoo.</div>
<div> </div>
<div>Sebastián se rio y apoyó la frente en su espalda. Ese era su refugio. Andrea era su cable a tierra, su amor de toda la vida. Nunca habían dejado de ser pareja, más allá de los chicos, las rutinas y los años. Seguían tocándose, deseándose, encontrándose a oscuras en la cama como al principio. No era por aburrimiento que Sebastián escondía cosas, sino por amor. No quería cargarla con el peso de un trabajo que empezaba a envenenarlo por dentro.</div>
<div> </div>
<div>—Después te cuento algo, pero mañana —le dijo al oído.</div>
<div> </div>
<div>—¿Es grave?</div>
<div> </div>
<div>—No. Solo… temas del laburo. No quiero arruinar la noche.</div>
<div><br />Ella se giró, lo miró con ternura y le rozó los labios con los suyos.</div>
<div> </div>
<div>—Mejor. Esta noche te quiero sin excusas —susurró.</div>
<div> </div>
<div>Y cumplió. Más tarde, cuando los chicos dormían y la casa quedó en penumbras, Andrea fue su bálsamo. Lo devoró con la pasión de quien no necesita explicaciones. Y él se dejó ir, sabiendo que afuera del cuarto lo esperaban sombras más pesadas.</div>
<div> </div>
<div>Al día siguiente, la reunión con Tomás fue directa al hueso. Estaban los tres: Marcos, Adrián y él. El nuevo director interino no perdía el tiempo en protocolos.</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">—Voy a ser claro —dijo Tomás, con una frialdad elegante—. En un año me retiro del puesto y uno de ustedes lo va a tomar. Ya revisé sus legajos. No les voy a decir cómo ganárselo. Pero estaré mirando. Y decidiré. Yo soy solo otro peón en el tablero, desde arriba a mi también me observan, y no puedo equivocarme</div>
<div> </div>
<div>Silencio. Tenso. Tomás se marchó dejándoles esa bomba masticable.</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Desde ese momento, Sebastián ya no vio a sus compañeros como pares. Ahora eran obstáculos. Y Tomás, su obsesión. Empezó a buscar cualquier excusa para hablar con él, lo adulaba, lo elogiaba en público y en privado, se ofrecía a hacer tareas ajenas, a acompañarlo a reuniones que no lo incluían.</div>
<div> </div>
<div>Andrea no sabía nada. Solo notaba que Sebastián estaba más pendiente del celular, que salía antes, que llegaba agotado. Pero no preguntaba. Confiaba. Y él la amaba, por eso mismo.</div>
<div> </div>
<div>Con el correr de las semanas, la cercanía entre Tomás y Sebastián se volvió evidente. No solo lo llamaba para tareas puntuales, sino que empezaron a compartir cafés, salidas breves, incluso algún almuerzo improvisado. A veces preguntaba por Andrea, por los chicos, por su casa, como si le interesara más allá de lo laboral. Sebastián respondía con cierta cautela, pero le agradaba sentirse observado de ese modo. Era distinto. Y confuso. También le hacía preguntas a su superior por fueras de trabajo, preguntas que no le interesaba escuchar las respuestas, solo era quedar bien</div>
<div> </div>
<div>A veces, en la soledad de su oficina, repasaba ciertos gestos. Una mirada que se prolongaba más de la cuenta. Una risa suave ante un comentario inocente. Un toque innecesario en el hombro, al pasar por detrás. No sabía si lo imaginaba o si realmente había algo. Y si lo había, tampoco sabía qué hacer con eso. No le disgustaba, pero lo descolocaba.</div>
<div> </div>
<div>Una tarde, cerca del cierre, recibió un mensaje directo:</div>
<div> </div>
<div>“Pasá a mi despacho, quiero hablar con vos. A solas.”</div>
<div> </div>
<div>Fue. No dudó.</div>
<div> </div>
<div>Tomás estaba de pie, apoyado contra el ventanal. La oficina estaba en penumbra, el sol entraba oblicuo, dorado. Había silencio.</div>
<div> </div>
<div>—Cerrá la puerta, Seba.</div>
<div> </div>
<div>Él obedeció.</div>
<div> </div>
<div>—Estuve revisando números, y la verdad… —Tomás lo miró con una expresión difícil de leer— no te está yendo tan bien como crees, a pesar de todas las adulaciones que me haces, yo tengo que hacer una evaluación crítica y objetiva, sesgada de mis sentimientos. Marcos está mejor posicionado. Adrián también.</div>
<div> </div>
<div>Sebastián sintió un nudo en el estómago. No dijo nada.</div>
<div> </div>
<div>—Pero todo tiene arreglo —continuó Tomás, girando apenas, como si buscara otra postura más relajada—. Todo tiene una forma de cambiar.</div>
<div> </div>
<div>Hizo una pausa. Su mano se deslizó lentamente por la parte frontal del pantalón, como si acomodara la tela, pero no parecía un gesto casual. Sebastián lo notó. Sintió cómo la tensión cambiaba de color.</div>
<div> </div>
<div>Tomás se acercó al escritorio y se recostó de espaldas sobre él, apoyando las palmas y dejando las caderas apenas adelantadas. El gesto fue fluido, seguro. El silencio pesaba.</div>
<div> </div>
<div>—No tenés que hacer nada que no quieras, Sebastián —dijo, con voz baja, casi íntima—. Pero... hay formas de asegurarse un lugar acá. Si sabés leer entre líneas.</div>
<div> </div>
<div>El aire se volvió espeso. Tomás desabrochó el primer botón de su pantalón, y luego otro. Lentamente, como si no hubiera apuro. No había desafío en sus ojos. Solo una invitación muda.</div>
<div> </div>
<div>Sebastián sintió cómo el pulso le martillaba en el cuello. Estaba excitado. Y confundido. Pero no tenía miedo. Ni asco. Ni rechazo. Solo una mezcla de vértigo y curiosidad que lo dejaba paralizado.</div>
<div> </div>
<div>—¿Querés? —preguntó Tomás, mientras liberaba su miembro, semi erecto, con naturalidad.</div>
<div> </div>
<div>Sebastián bajó la mirada, luego volvió a subirla. La sala estaba en silencio. Él... temblaba.</div>
<div> </div>
<div>No estaba seguro de qué haría. Pero tampoco tenía claro que quisiera irse.</div>
<div><br />Sebastián tragó saliva. Sentía un cosquilleo eléctrico recorriéndole el cuerpo. Había cruzado muchos límites en su mente, pero nunca uno como ese. Sin embargo, ahí estaba, de pie frente a Tomás, viendo cómo su jefe lo observaba con calma, con esa seguridad que desarma, como si supiera que Sebastián no se iría.</div>
<div> </div>
<div>Dio un paso. Luego otro.</div>
<div> </div>
<div>Se arrodilló.</div>
<div> </div>
<div>Sus manos temblaban apenas cuando tomaron el miembro de Tomás, firme, caliente, pulsante. Lo acercó a su boca y lo olió primero, como instintivamente, aspirando esa mezcla de piel, ropa interior y deseo acumulado. No sabía por qué, pero eso lo excitó aún más. Sintió cómo su propia erección crecía, atrapada dentro del pantalón ajustado.</div>
<div> </div>
<div>Abrió los labios y lo recibió. Primero la punta, despacio, tanteando, y luego un poco más. Lo sintió duro, pesado sobre su lengua, y no le costó seguir. Se movió con torpeza al principio, pero pronto halló un ritmo. Chupaba con devoción, con entrega, como si esa fuera ahora su única tarea. Tomás jadeó, bajó una mano y se la apoyó en la nuca, sin presionar, solo acompañando.</div>
<div> </div>
<div>Sebastián cerró los ojos y siguió. Lo lamió, lo succionó, lo metió y sacó con creciente firmeza. Su propia respiración se volvió agitada. Sintió cómo un leve sabor salado comenzaba a aparecer, preámbulo del final.</div>
<div> </div>
<div>Tomás gimió por lo bajo, entre dientes.</div>
<div> </div>
<div>Y entonces, sin aviso, se tensó. Su cuerpo se arqueó apenas. Sebastián lo sintió endurecerse en su boca y luego… el estallido. Una oleada cálida llenó su garganta. No se apartó. Tragó instintivamente, una y otra vez, para no incomodarlo, para no desperdiciar nada, para no tener que limpiarse después. Lo hizo por él. Por su lugar. Por mantenerse arriba.</div>
<div> </div>
<div>Cuando se retiró, lo hizo en silencio. Se limpió los labios con el dorso de la mano, y se incorporó sin mirarlo del todo.</div>
<div> </div>
<div>Tomás se acomodó, sereno. No dijo nada. Solo sonrió y volvió a sentarse, como si no hubiera pasado nada extraordinario.</div>
<div> </div>
<div>Sebastián volvió a su escritorio como en piloto automático. El resto de la tarde pasó lento, borroso, como un sueño.</div>
<div> </div>
<div>Esa noche, en casa, Andrea lo abrazó como siempre. Le contó alguna anécdota del día, se rieron. Los chicos ya dormían.</div>
<div> </div>
<div>Pero él sentía un nudo en el pecho.</div>
<div> </div>
<div>Se duchó más de lo necesario. Lavó su cuerpo aunque intentara lavar su alma. Se miró al espejo y no supo qué ver. Sentía que había hecho lo que debía para asegurar su futuro… pero también sentía que había ocultado algo imperdonable.</div>
<div> </div>
<div>No era culpa. Era peso.</div>
<div> </div>
<div>Y lo llevaba solo.</div>
<div> </div>
<div>Pasaron las semanas y lo que había comenzado como una excepción, como un favor desesperado, se convirtió en rutina. Tomás lo llamaba a su despacho con cualquier excusa: una revisión de informe, un detalle menor, una conversación sobre “proyecciones”. Cerraba la puerta, corría la silla hacia atrás y se acomodaba como quien enciende un cigarro.</div>
<div> </div>
<div>Sebastián entraba sabiendo exactamente lo que venía. Ya no dudaba. Se arrodillaba casi en automático, le bajaba el cierre, dejaba salir su miembro y comenzaba a trabajarlo con la boca. Lo hacía con la eficiencia de quien se siente parte de una negociación silenciosa pero vital.</div>
<div> </div>
<div>No lo hacía para conservar su puesto.</div>
<div> </div>
<div>Lo hacía por el ascenso.</div>
<div> </div>
<div>Porque quería quedarse con todo cuando Tomás se fuera. Porque sentía que esa era su forma de asegurarse estar al frente de la empresa. De terminar siendo el que manda. Y si eso implicaba tragar semen ajeno tres veces por semana, lo haría. Lo haría sin pestañear.</div>
<div> </div>
<div>A veces le pedía a Tomás que no acabara en su boca. “No hoy, por favor”, murmuraba con cierta urgencia. Pero Tomás nunca le daba el gusto. Le sonreía, le acariciaba la nuca con autoridad y lo empujaba apenas. Le decía que le iba a avisar, pero nunca le avisaba. Siempre terminaba igual: una oleada espesa llenándole la garganta, y Sebastián tragando rápido, para no toser, para no mostrar disgusto, para que nada quedara fuera de lugar.</div>
<div> </div>
<div>Era humillante. Pero era el precio.</div>
<div> </div>
<div>El precio de subir.</div>
<div> </div>
<div>En su casa, todo seguía igual. Andrea seguía siendo su compañera, su cómplice, su amante. El sexo con ella era distinto: cálido, mutuo, sincero. No tenía nada que ver con lo otro. A ella no podía fallarle. Ni ponerla en duda. La amaba.</div>
<div> </div>
<div>Pero cuando se miraba al espejo después de una de esas tardes con Tomás, se veía raro. Dividido. No se odiaba. Pero tampoco se entendía.</div>
<div> </div>
<div>A veces se sorprendía recordando los gemidos contenidos de su jefe, el olor de su piel, la sensación de tener ese poder ajeno llenándole la boca. No por deseo, se decía. Sino porque se había vuelto parte del camino. Parte de su estrategia.</div>
<div> </div>
<div>Y eso era lo más confuso: ya no sabía si estaba actuando como un hombre ambicioso…</div>
<div> </div>
<div>…o como alguien que empezaba a perderse a sí mismo.</div>
<div> </div>
<div><br />Esa noche, la oficina estaba desierta. Las luces apagadas y el silencio daban al edificio una calma extraña. Sebastián había regresado brevemente al baño antes de irse. Al empujar la puerta, se encontró con Tomás frente al espejo, la camisa entreabierta y el saco colgado en una percha improvisada sobre la puerta.</div>
<div> </div>
<div>—¿Todavía estás por acá? —preguntó Sebastián.</div>
<div> </div>
<div>—Esperaba que vinieras —respondió Tomás, directo—. Necesito hablar con vos… en privado.</div>
<div> </div>
<div>Lo siguió en silencio hasta el último cubículo. Cuando la puerta se cerró, el aire cambió. La mirada de Tomás era distinta, ya no era la del jefe exigente sino la de alguien que tenía claro lo que quería.</div>
<div> </div>
<div>—¿Confiás en mí? —susurró.</div>
<div> </div>
<div>Sebastián dudó un segundo. Luego asintió. Aunque sabía que esto no sería un nuevo juego de lamer y tragar</div>
<div> </div>
<div>Estaba frente a frente con su jefe en ese espacio asfixiante. Lo observó, Tomas sacó del bolsillo un pequeño pomo de lubricante</div>
<div> </div>
<div>—Tranquilo... —le dijo, sabiendo que 'tranquilo' era la palabra mas inapropiada en ese momento</div>
<div> </div>
<div>Tomás lo giró hacia la pared, con firmeza. Le bajó los pantalones y la ropa interior con lentitud, dejando sus nalgas al descubierto. Sebastián respiró hondo, nervioso, mientras ya sentía los dedos extraños lubricados explorándolo, presionando, preparándolo.</div>
<div> </div>
<div>Cuando el pene de Tomás comenzó a abrirse paso, Sebastián jadeó. El dolor fue intenso al principio, pero no se resistió. Apoyó la frente contra el azulejo frío y dejó que el otro avanzara. Cada empuje era una mezcla de incomodidad, sorpresa y placer oscuro. El cuerpo se le tensaba, pero también respondía.</div>
<div>Tomás lo tomó de la cintura y comenzó a moverse con más ritmo. Los gemidos apagados de Sebastián llenaban el pequeño cubículo. Sentía su cuerpo sacudirse con cada embestida, y algo dentro de él se rendía.</div>
<div> </div>
<div>Cuando Tomás acabó dentro suyo, lo hizo con una última presión intensa. Sebastián sintió el calor en lo más profundo, y un escalofrío lo recorrió. El jefe se apartó, lo ayudó a subirse los pantalones sin decir palabra y se fue.</div>
<div> </div>
<div>Sebastián se quedó solo. Aún temblaba. Cerró la puerta con pestillo, volvió a bajar su ropa, luego bajó la tapa del inodoro y se sentó un momento. Sentía el cuerpo invadido, usado… y al mismo tiempo, extrañamente vivo.</div>
<div> </div>
<div>Se tocó su esfínter como para comprobar que no había sido un sueño, ahí estaba adolorido y dilatado, sintiendo la necesidad de expulsar con fuerzas el semen contenido</div>
<div> </div>
<div>Cerró los ojos. No sabía si era culpa, vergüenza o deseo. Solo sabía que no podía irse así y con la mente repitiendo cada instante, se masturbó en silencio. El placer llegó rápido, potente, y con él, una mezcla de alivio y confusión.</div>
<div> </div>
<div>Solo cuando terminó, pudo volver a respirar con calma. Limpió todo, se subió la bragueta y salió sin mirar atrás.</div>
<div> </div>
<div>Ya no estaba seguro de nada. Ni de Tomás. Ni de sí mismo.</div>
<div> </div>
<div>Con el tiempo, la rutina de encuentros entre Sebastián y Tomás se volvió casi mecánica, pero adictiva. Ya no era solo Tomás el que insinuaba o buscaba. A veces era Sebastián quien pasaba por su oficina, cerraba la puerta sin decir palabra y se arrodillaba sin que se lo pidieran. No hablaban de eso después. Era como un pacto silencioso, una costumbre morbosa que ninguno parecía querer romper. A veces iban mas lejos, como esa noche en el baño</div>
<div> </div>
<div> </div>
<div>Una tarde, ya casi al final de la jornada, Sebastián entró en la oficina de Tomás, empujado por la ansiedad que lo venía carcomiendo desde el mediodía. El escritorio estaba despejado. Tomás se recostó en su sillón con la bragueta entreabierta, sabiendo de antemano lo que se venía. Sebastián no lo dudó. Se arrodilló, lo tomó con firmeza y empezó con movimientos precisos y devotos. Ya no era una transacción. Era un juego de poder que lo excitaba y lo confundía a la vez.</div>
<div> </div>
<div>Los gemidos de Tomás eran bajos, casi inaudibles, pero llenaban el aire. Sebastián lo tenía todo en la boca cuando la puerta —que creían cerrada— se abrió de golpe.</div>
<div> </div>
<div>—¿Tomás? ¿Te puedo hacer una…?</div>
<div> </div>
<div>Adrián se quedó helado en el umbral, la frase truncada, los ojos abiertos como platos. La escena frente a él era clara e imposible de negar: Sebastián de rodillas, con la cabeza en el regazo del jefe, y Tomás con el rostro a medio camino entre el éxtasis y el horror.</div>
<div> </div>
<div>Sebastián se apartó de golpe, tropezando hacia atrás, limpiándose la boca con la manga mientras se ponía de pie a toda velocidad. Tomás se acomodaba la ropa en silencio, con la mandíbula tensa.</div>
<div><br />Adrián no dijo nada. Cerró la puerta lentamente, con una mezcla de incredulidad y cálculo en la mirada.</div>
<div> </div>
<div>La bomba había estallado.</div>
<div><br />Esa noche, Sebastián apenas probó la cena. Andrea hablaba animada sobre los chicos, sobre cosas del día, pero él apenas asentía, sin escucharlas. Sentía un nudo en la garganta desde la tarde. Cada tanto, su mente lo arrastraba de nuevo a ese instante: la puerta abriéndose, Adrián quedando mudo, el silencio atronador que vino después. El miedo.</div>
<div> </div>
<div>Se bañó temprano, como si pudiera lavarse algo más que el sudor. Se quedó frente al espejo largo rato, como siempre lo hacia, esperando una respuesta que nunca llegaba. ¿Qué había hecho? ¿Por qué? Ya no podía convencerse de que era solo por el ascenso. Había algo más oscuro en juego. Algo que no terminaba de entender.</div>
<div> </div>
<div>En la cama, Andrea le acarició el pelo con ternura. —Estás raro, Seba —le dijo bajito. Él solo le sonrió con tristeza, le besó la frente y fingió dormir.</div>
<div> </div>
<div>Esperó. Esperó a que ella se entregara al sueño, a que la respiración se le hiciera lenta y profunda. Entonces se levantó, casi sin hacer ruido, y se encerró en el baño. La casa entera parecía contener el aliento.</div>
<div> </div>
<div>Se apoyó contra el lavabo, con la cabeza gacha. Sentía el cuerpo caliente, pesado, tenso. El recuerdo de Tomás seguía vivo en su piel. La mezcla de humillación y deseo. El miedo atroz a perderlo todo, y el extraño impulso que lo arrastraba cada vez más al fondo.</div>
<div><br />Se bajó el pantalón del pijama, se tomó el pene con una mano temblorosa y empezó a masturbarse. Rápido. Con furia. Como si de eso dependiera liberarse. Se vino enseguida, con un gemido seco, apagado por el brazo con el que se cubría la boca.</div>
<div> </div>
<div>Y entonces lloró.</div>
<div> </div>
<div>Primero en silencio, de pie. Después en el suelo, en cuclillas, con la espalda contra la pared del baño. Lloró hasta que se quedó sin lágrimas. Hasta que el cuerpo entero se le aflojó del cansancio. Hasta que por fin, vencido, pudo arrastrarse a la cama sin fuerzas, deseando que al menos el sueño le diera una tregua.</div>
<div> </div>
<div> </div>
<div><br />Habían pasado dos años desde que Tomás se había ido. Dejó todo en orden, tal como lo había prometido. El traspaso fue limpio, sin estridencias. La empresa, ahora reestructurada y estable, seguía funcionando. Adrián ocupaba la dirección general desde hacía un año, y Sebastián seguía en su puesto de confianza, igual que siempre, sin cambios, y la tranquilidad de tener todo bajo control.</div>
<div> </div>
<div>Todo parecía fluir.</div>
<div> </div>
<div>Las reuniones eran serias, los correos se respondían en tiempo, los clientes estaban conformes. Nadie hablaba de aquel episodio. Nadie mencionaba lo que Adrián vio aquel día. Ni Tomás, antes de irse, ni Adrián, ni él. Los tres entendieron —casi sin necesidad de palabras— cuál era la única manera de que todos salieran bien parados. Un pacto silencioso y eterno. De esos que se firman con miradas, con vergüenza, con necesidad.</div>
<div> </div>
<div>Adrián recibió el cargo. Sebastián, su estabilidad. Tomás, su libertad sin escándalos. Y el silencio fue el precio justo.</div>
<div> </div>
<div>Ahora, Sebastián salía cada día de su casa como cualquier otro hombre. Besaba a Andrea en la mejilla, ayudaba a sus hijos a abrocharse los abrigos, caminaba rumbo al trabajo con la taza de café en la mano. Nadie notaba en su mirada la sombra que a veces cruzaba por su memoria.</div>
<div> </div>
<div>Había empatado. No tenía lo que quería pero tampoco había perdido lo que tenía</div>
<div> </div>
<div>Pero a veces, al cerrar la puerta de su oficina, cuando el murmullo del pasillo se desvanecía, sentía el eco de todo lo que había tragado, todo lo que había entregado. No con culpa, sino con una especie de tristeza muda. Como quien se arranca una parte de sí mismo para vestir un traje que no le pertenece del todo.</div>
<div> </div>
<div>Y entonces recordaba algo que su abuelo solía decirle de chico, sin saber que un día le quedaría grabado como una sentencia:</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">"Hay precios que no se pagan con dinero, Seba. Y el poder siempre se cobra los suyos."</div>
<div> </div>
<div> </div>
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<div id="wpfa-11014" class="wpforo-attached-file"><a class="wpforo-default-attachment" title="01.jpg" href="https://relatosonline.b-cdn.net/wp-content/uploads/wpforo/default_attachments/1786318290-01.jpg" target="_blank" rel="noopener"><i class="fas fa-paperclip"></i> 01.jpg</a></div>]]></content:encoded>
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                        <title>Inmobiliaria</title>
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                        <pubDate>Sun, 26 Jul 2026 09:12:54 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[.... .... ...
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                        <content:encoded><![CDATA[<p>.... .... ...</p>
<p>                                  Me había pasado la tarde anterior cachonda y sola, la masturbación de esa mañana en la ducha no había solucionado el problema. Así que llegue a la oficina todavía excitada.</p>
<p>                                   El tanga rojo era un signo inconfundible de que estaba buscando guerra. Una falda larga pero abierta en un lateral casi hasta la cadera, hasta el pubis, mas arriba del medio muslo. Justo hasta donde llegaban las medias con sus ligas de silicona. </p>
<p>                                      Un sujetador de media copa que acariciaba mis pezones con el borde del encaje. Casi sin cubrirlos y una blusa blanca transparente. No era el atuendo más adecuado para ir al curro pero me daba igual. Estaba caliente y no se me iba a pasar en todo el dia.</p>
<p>                                          Durante la mañana el trabajo en la inmobiliaria fue un autentico coñazo. Solo papeleo hasta que a la hora del café se presentó una atractiva pareja joven.</p>
<p>- Os puedo enseñar algunas cosas. ¡Vámonos! </p>
<p>                                        Sin pensarlo apenas, cogí las llaves de tres pisos y me los llevé para enseñárselos. Los dos primeros no les gustaron. La verdad es que solo son cebos para que cuando les enseño el bueno se planteen la compra en serio. </p>
<p>                                        Pero el tiempo que pasó en los recorridos nos dio la oportunidad de charlar y conocernos más a fondo. Me parecieron simpáticos, agradables y por algunos comentarios acariciadores o sensuales que se hicieron entre ellos calientes y morbosos. </p>
<p>- Seguro que este os gusta más. </p>
<p>- Lo que estamos viendo nos gusta bastante. </p>
<p>                                    Son muy atractivos físicamente. Al llegar al último apartamento solo pensaba en f</p>
<p>follármelos. Luego me confesaron que ellos me deseaban desde que vieron mi escote detrás del escritorio. Que se habían puesto de acuerdo para seducirme antes de entrar en el primero. </p>
<p>                                   El piso es muy bonito. Estaba amueblado. El sol entrando a raudales por las ventanas. Lo que conseguía una temperatura muy alta a pesar del tiempo del exterior. </p>
<p>- Poneos cómodos. Podemos descansar un rato. </p>
<p>                                     Inmediatamente nos quitamos las chaquetas para estar más a gusto y uno de los botones de mi escote se abrió como por ensalmo. </p>
<p>- Al menos aquí estamos "calientes". </p>
<p>- Yo seguro que si. </p>
<p>                                      El top ajustado que ella llevaba se subió sobre su piel según estiraba los brazos para sacarse la cazadora. Nos dejaba ver el ombligo, el vientre completo adornado con un discreto pircing. No parecía llevar sujetador y los duros pezones con pircings se marcaban perfectos a través del fino algodón. </p>
<p>                              Si todo eso no era coqueteo descarado yo estaba muy perdida. </p>
<p>                               Alguna vez que se había agachado a recoger algo. Gracias al vaquero bajo de cintura había podido apreciar la blancura de las nalgas perfectas y el hilo de un minúsculo tanga morado. </p>
<p>- Vas muy guapa. </p>
<p>- Tú también, me gusta tu falda. </p>
<p>                             Cuando lo dijo aproveché para estirar una pierna y dejarles ver el muslo cubierto por una media con su liga. No perdieron la ocasión de verlo y sus ojos se dirigieron allí enseguida </p>
<p>                           La nena estaba muy buena y él no desmerecía. Un montón de músculos marcados a través de su camisa y un culo perfecto en el ajustado vaquero. Además de lucir un paquete de respetables dimensiones.</p>
<p>                          Eran muy decididos. </p>
<p>                             Estábamos cansados y el piso era acogedor. Nos sentamos en el sofá y a mí me dejaron en el medio. Entre ellos y mirándome a los ojos. Pronto sentí una mano masculina acariciadora recorriendo mi espalda. Mientras ella me ponía la mano en el muslo que la traidora falda había dejado completamente al descubierto. </p>
<p>- Bonita media, te queda muy bien. </p>
<p>- Me gusta llevar lencería bonita. Seguro que tu también la llevas. </p>
<p>- Si, ¿verdad?. Parece un vicio. </p>
<p>- Nos habían venido bien unas copas. </p>
<p>- Me da la impresión que no vamos a necesitarlas.</p>
<p>                       Simplemente me dejé llevar. Pues ellos parecían tenerlo todo decidido, casi ensayado. El chico, travieso, con la mano que deslizaba por mi espalda soltó el broche del sujetador con una hábil maniobra. Mis pechos quedaron libres de su prisión bailando dentro de la blusa al movimiento de mi agitada respiración.</p>
<p>- No os cortáis.</p>
<p>- Nos parecía que tú también lo deseas.</p>
<p>- No os hacéis una idea. </p>
<p>                      En ese momento la miraba a ella que despacio acercó sus labios a los míos y me besó. Los sentí cálidos y casi de inmediato abrí la boca para que nuestras lenguas iniciaran un mutuo conocimiento. Su mano seguía acariciando mi muslo con suavidad pero insistentemente y cada vez mas arriba. Sus uñas raspando el fino nylon de mis medias me producían agradables escalofríos. </p>
<p>- Creo que yo sí. Por cómo nos mirabas lo dejaba muy claro. Y yo tengo tantas ganas como tú. </p>
<p>                    El chico parecía apreciar el espectáculo que le estábamos dando. Pero no se quedaba quieto. Aprovechó para terminar con los botones que le quedaban a mi blusa. Sacármela por los brazos y terminar de liberarme del sujetador. </p>
<p>- ¿Vas a compartir a tu chico?.</p>
<p>- No. Te vamos a compartir a ti. </p>
<p>                      Yo casi estaba desnuda y ellos muy vestidos. Pero estaba dispuesta a remediarlo y yo llevé mis manos al vientre de la chica. Le saqué el top por encima de la bella cabecita separando nuestro interminable beso solo lo necesario para la maniobra. </p>
<p>                      Me encantaban esas dos tetas cónicas, perfectas y las dos barritas que perforaban los pezones. </p>
<p>                      Ya estábamos más igualados pero aún quedaba él. Ella le dijo:</p>
<p> - Cariño, haznos un strep tease.</p>
<p>- ¿De verdad que compartirás a tu chico? ¿Los tres juntos?.</p>
<p>- ¿Y por qué no?. ¿Quién dice que lo que quiero es compartirte a tí con él?. </p>
<p>- Pues yo encantada, estáis buenísimos. </p>
<p>                      Sin pensárselo mucho él se puso en pie y su camiseta y vaqueros fueron saliendo al ritmo de una música que solo él oia en su cabeza. Efectivamente mi primera impresión había sido acertada. Tenía un cuerpo francamente bonito, un pecho y unos brazos poderosos pero sin exagerar. Un vientre plano con unos abdominales bien marcados. </p>
<p>                      La polla que se insinuaba en su tanga negro, ¡un tanga de chico!, parecía algo espectacular. Eso sí que fue una sorpresa, era la primera vez que veía esa prenda de chico al vivo. Y verla en un cuerpo tan bien formado toda una alegría para la vista. </p>
<p>                         Las dos lo mirábamos complacidas sin dejar de acariciarnos los pechos la una a la otra. Los míos ardían recibiendo sus suaves caricias, y los suyos duros firmes parecían temblar bajo el acoso suave de mis manos.</p>
<p>                        Quería más así que me incliné a comerlos y besar sus pezones. Tenía puestos unos pircings, lo que hacía más excitante la situación. No deje ni un milímetro de piel de sus pechos sin besar y lamer. Y volvía a sus perforados pezones una y otra vez oyendo sus gemidos de placer. También pasaba a las axilas o bajaba al ombligo también adornado con otro pircing.</p>
<p>                        En esa postura mi culo quedaba bastante expuesto. Lo que aprovechó él en ese momento para agarrarlo y manosearlo. </p>
<p>- Sube un poco más. Quiero comerte. </p>
<p>                        Así que sin separar la boca de las duras tetas puse mis rodillas sobre el sofá. Le ofrecía a él toda mi grupa. Me había chupado un pie, los dedos y la planta. Pronto noté sus labios en mis nalgas, su saliva humedeciendo mi piel. Cuando llegó con la lengua al ano yo me derretía.</p>
<p>- ¿Nena?, ¿le dejas que me la meta?.</p>
<p>- Claro, cielo. Pero tendrás que comerme el coño. Y eso que estás haciendo un gran trabajo en mis tetas. </p>
<p>- Será todo un placer. </p>
<p>                              Apenas podía entenderla, debía tenerla muy excitada. Sus frases se entrecortaban con gemidos. Deslicé la lengua por su ombligo hasta jugar con el pircing. Bajé lamiendo la piel de su vientre mientras separaba sus muslos con mis manos. Lo que ella me facilitó mucho. </p>
<p>                         Cuando quise darme cuenta ella tenía las rodillas pegadas a las tetas. Así me dejaba a mi alcance todo lo que a mí me apetecía comer. Su agujerito negro era una tentación, bien limpio entre sus musculosas nalgas. Clavé la lengua en su ano y le dediqué un buen rato.</p>
<p>                           Él seguía detrás de mí y desde luego estaba disfrutando de sus atenciones. También había descubierto mi ano. Empezó suave, acariciando mis nalgas, separándolas. Lamía la piel de mis nalgas pero poco a poco buscaba el agujero negro. Hasta clavar la sin hueso, casi penetrándome con la húmeda. </p>
<p>                        No me extrañaba lo que estaba disfrutando ella de mis caricias con la lengua en su entrada posterior si él se defendía así en la mía. </p>
<p>- Fóllala, cariño. Está que arde.</p>
<p>- ¿Por delante o por detrás?.</p>
<p>- ¿Tenemos lubricante?.</p>
<p>- ¿No pensarías que hemos venido desprevenidos?.</p>
<p>- Pues ya sabes lo que quiero. </p>
<p>                             Un momento más tarde tras sus dedos dilatándome su glande entró en mi cuerpo cómo un cuchillo caliente en mantequilla. Del gemido que solté se me escapó el clítoris de entre los labios. Lo que ella aprovecho para girarse y venir a besar mi boca compartiendo su sabor. No me dejaba hablar con su lengua cruzándose con la mía.</p>
<p>                            Empezaba a conocerlos y sabía que ella no se iba a conformar con eso. Como una anguila se deslizó debajo de mi cuerpo quedando en un sesenta y nueve. Volví a tener su coñito ante mi boca. Notaba su lengua lamiendo mi clítoris y los huevos de su chico. Que por cierto aguantaba como un campeón con el rabo tieso. Todo eran gemidos y jadeos en ese salón. Estaba segura de que iban a comprar ese piso. </p>
<p>- Vamos nene ¡córrete!.</p>
<p>                               Ya no iba a tardar mucho más en correrme, ni ellos. Desde luego no fue algo simultáneo. No sé a quien le llegó el orgasmo primero. Pero yo me estaba derritiendo, licuándome por el xirri. Y ella recogía mis jugos y el semen con su lengua cuando la polla fue dejando mi interior.</p>
<p>                               Empezaba a sentirme satisfecha, por esa mañana. Aún así seguimos comiéndonos los coños con mucha dedicación un rato más y así al menos tuvimos un par de orgasmos más.</p>
<p>                            Nos vestimos y empecé a hacer los peleles de ese piso. Desde luego se quedaron con la vivienda. Les había gustado mucho y el sofá había quedado hecho unos zorros. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>..,.. ..... </p>
<p>                     Son nuevos en la ciudad, no conocen a casi nadie, bisexuales ambos y muy deseosos de hacer nuevos amigos. La fiesta de inauguración del piso que consigo venderles se convierte en una verdadera orgia, donde me presentan a un chico bisex. Oficialmente hace de mi pareja. Lo han conocido en un bar de ambiente y al que todos nos follamos el chico y nosotras dos. Ese puede ser un buen tema para un próximo cuento. </p>
<p>... .... </p>]]></content:encoded>
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                        <title>Los bollos de la panadera 1</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/bisexuales/los-bollos-de-la-panadera-1/</link>
                        <pubDate>Wed, 22 Jul 2026 08:32:30 +0000</pubDate>
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                        <content:encoded><![CDATA[<p>..... ..</p>
<p>                         Siempre he sabido escuchar.</p>
<p>                           Si además me lo callaba y no decía ni mu todo el mundo estaba dispuesto a desahogarse conmigo. Y todo ello desde hace años. Parece un superpoder. </p>
<p>                            Admito que en parte eso es lo que me atraía de la confesión. Aparte de mi vocación. Descubrir los secretos de la gente y que sean ellos mismos los que los compartan.  </p>
<p>                              Un poco por esa actitud y más bien curiosidad. Lo que se oia en el confesionario de la iglesia del pueblo se queda en el confesionario. Evidentemente nada podía salir de allí, más que dentro de mi cabeza. </p>
<p>                               Y una vez allí dentro no dejaba de dar vueltas. Algunas cosas eran muy inocentes y repetitivas. Por supuesto las excepciones eran lo interesante. Sobre todo cuando las indiscreciones estaban relacionadas con el sexo. </p>
<p>                                No me importaba darles la absolución aunque no hubiera propósito de enmienda. Y en esos casos las penitencias además eran muy suaves. Tenía que animar a que volvieran a confesar ese tipo de pecados con toda la confianza del mundo.</p>
<p>                                 Pero desde luego necesito todos los detalles. Y cuanto más jugosos, lascivos, y guarros, todavía mejor. Quiero que me describan las situaciones, los personajes y los hechos al completo. </p>
<p>                               Supongo que es mi forma de no romper mis votos y aún así disfrutar del sexo. Puedo sentir todo eso a través de las vidas y placeres de otros. </p>
<p>                                Lo la castidad prefiero interpretarlo de forma amplia. Además el señor dijo amaros los unos a los otros. Me gusta pensar que eso y hacer el amor y no la guerra es la forma correcta de interpretarlo. </p>
<p>------</p>
<p>                                Apenas había salido del seminario. Me habían destinado a una comarca campestre. Tenía a mi cargo cinco parroquias en cuatro pubis, ups, digo pueblos diferentes. Donde tendré la cabeza. Con lo que gastaba bastante gasolina en los trayectos. </p>
<p>                                 Fue mi primera confesión en aquel pueblo y ya empecé con algo interesante. Aquella milf se acercaba al confesionario en su ajustado vestido veraniego de flores luciendo un cuerpo voluptuoso. También me gusta y he podido apreciar siempre la belleza. Y esa mujer es muy guapa. </p>
<p>                                   La cortina que cerraba el pequeño habitáculo me ocultaba a mí pero me permitía ver y controlar el resto de la iglesia. Al fin y al cabo tengo que tener los ojos y los oídos bien abiertos. </p>
<p>                                  Esa mujer es la panadera del pueblo. Ni siquiera se acuesta la mayoría de las noches para poder encender el horno y amasar el pan a su hora. Digo literalmente pan, barras y bollos. Vale, parece que me traiciona el subconsciente. Pero por ahí van los tiros. </p>
<p>                                 Ese horario le impide llevar una vida sexual normal. Y menos todavía perseguir sus intereses. Le gustan las chicas. Se conoce como la palma de su mano a todas las jóvenes y no tan jóvenes guapas del pueblo. Pero solo de forma platónica. De cuando van a su despacho a por el pan.</p>
<p>                                Me contó en secreto de confesión cómo se queda mirando sus sensuales escotes o sus culitos prietos según entran y salen de la pequeña tienda. Pero apenas había pecado de pensamiento. Y a mí me pasa lo mismo según entran y salen del templo. </p>
<p>                                  La iglesia pregona el amor y a mí personalmente no me importa que sea entre dos personas del mismo sexo. Así que mi consejo fue que lo intentara con una sola que le gustase y no se dedicara a desear a todas. Y que luego viniera a contarme como le fue. </p>
<p>                                  Dos semanas mas tarde volvió a mi confesionario. Sonreía y el escote de su vestido era todavía más amplio que la vez anterior. Cuando se arrodilló a mi lado casi podía ver sus pezones. </p>
<p>- Perdóneme padre porque he pecado. </p>
<p>- Vamos hija al grano. No creo que hayas hecho nada malo. </p>
<p>                                 Su sonrisa se hizo aún más amplia. </p>
<p>- Lo he conseguido, padre. Hay una chica que se fijaba en mí. No solo en el despacho también en la calle y la plaza. </p>
<p>- Ella no ha venido a confesarse así que no habéis pecado mucho juntas. </p>
<p>                                 Respondí con una amplia sonrisa. </p>
<p>- Todavía no. Solo hemos hablado, nos estamos conociendo. Aunque algunos besos ya han caído. Su boca sabe a gloria. </p>
<p>- Como tus bollos. </p>
<p>                                  Vale lo admito, ese se me escapó casi sin querer. Pero es que estaba viendo el par de tetazas más apetecibles que había tenído alguna vez tan cerca. </p>
<p>- ¿Pero, padre, como dice esas cosas?.</p>
<p>                                 Dijo riendo y tomándolo a bien. </p>
<p>- Bueno hija. Yo solo deseo que mis feligreses sean felices y no pequen. Y dile a tu chica que quiero verla en misa. Marcha con un par de Padre Nuestros. </p>
<p>...........</p>
<p>                                Efectivamente unos días más tarde una bella joven se acercaba al confesionario con un pantaloncito vaquero que apenas merecía ese nombre. </p>
<p>                                 Y una camiseta que yo habría llamado sujetador si hubiera estado sujetando algo. En realidad esas tetas bailaban dentro de la tela a cada paso que su dueña daba por la centenaria tarima del templo.  </p>
<p>                               Estaba claro que la panadera tenía buen gusto. Lo confirmé en cuanto la joven se arrodilló a mi lado. Que suerte tenía de que la celosía del confesionario me permitiera una buena vista. Mientras yo quedaba a oscuras fuera de su escrutinio. </p>
<p>- Perdóneme padre por que he pecado. </p>
<p>- Al grano, hija. No creo que una jovencita como tú haya hecho nada grave. </p>
<p>                             Aunque seríamos más o menos de la misma edad yo tenía que mantener ese aura de autoridad. </p>
<p>- Bueno padre, he estado con la panadera. </p>
<p>- ¿Así que eres tú la chica que le gusta? y por estar supongo que refieres a algo más que hacerle compañía mientras amasa.</p>
<p>                                Vale, eso también llevaba un doble sentido. Pero es que si no fuera por mis votos al que apetecía amasar toda esa carne era a mí. Mientras ella siguió con la broma. </p>
<p>- Amasar si que he amasado. Pero algo más que el pan precisamente. Me dijo que se tomaba a bien nuestra relación y que le gustaban los detalles jugosos. </p>
<p>- Pues claro, hija. Lo único que quiero es que mis feligreses sean felices. Pero no te apartes del tema. A ver esos detalles que me has prometido. Secreto de confesión. </p>
<p>- Hemos estado unos días mareando la perdiz. Ninguna de las dos estaba segura si a la otra le gustaban las chicas. Pero después del primer beso tuvimos claro que entre nosotras podía haber algo. </p>
<p>- Eso pasa en todas las parejas. Es lo normal incluso en los heterosexuales. ¿Dónde fue?.</p>
<p>- Fue en la plaza, de noche y sin nadie alrededor, ella iba a encender el horno y yo no podía dormir. </p>
<p>- Al menos fuisteis discretas. No os vio ninguna cotilla. </p>
<p>- Le veo muy informado padre. ¿Seguro que no ha practicado?. Además de muy abierto con las relaciones pre matrimoniales. </p>
<p>- Muchas horas de confesionario y de escuchar los problemas. Pero ya te he dicho que mi misión no es castigar, sino perdonar. Al grano, niña. </p>
<p>- Los primeros besos fueron tímidos, dulces. Solo nos tanteábamos. Pero yo tenía ganas de más y le metí la lengua en la boca. Además de agarrar su culo, perdone el término, y pegarla a mi cuerpo. </p>
<p>- No me voy a escandalizar por que digas culo. Pero tú novata en esas lides no eres. </p>
<p>- Bueno, padre, eso sería para otra confesión diferente. Y viendo lo abierto que es para estos temas seguro que le podría confesar esos pecadillos de juventud.  </p>
<p>                               Echando un vistazo al resto del panorama, la iglesia estaba vacía, no tenía ninguna prisa en que terminara. Aunque de vez en cuando tuviera que reconducir el monólogo o pedir algún detalle. </p>
<p>- De la plaza nos fuimos a la panadería. Es más discreto que junto a la fuente aunque fuera a las tres de la madrugada. </p>
<p>- Parece que las dos estabais interesadas en profundizar. </p>
<p>- Desde luego. Encendió el horno mientras nos sonreíamos como bobas. El caso es que poco más tarde nos estábamos comiendo las lenguas y bebiendo la saliva de la otra. Y disfrutándolo. </p>
<p>- No serían solo besos. </p>
<p>- No claro. Pero ella tenía que preparar la masa. Así que nos pusimos con ello. Para enseñarme se ponía a mi espalda. Me clavaba los pechos en la espalda y me cogía las manos para guiarlas. Notaba sus tetazas en la espalda y me encantaba. </p>
<p>- Y terminasteis llenas de harina. </p>
<p>- Entre el calor del horno y su cuerpo pegado al mio yo estaba muy cachonda. Y las manos llenas de harina en mis tetas solo mejoraban la situación. </p>
<p>- Pero seguro que no conformaste con dejarle hacer. </p>
<p>- Le tenía muchas ganas a los bollos de la panadera, así que le agarré el par de tetas impresionantes que tiene. Seguro que se ha fijado. </p>
<p>- Bueno, me los pone aquí delante, los bollos quiero decir, cada vez que viene. Es difícil no fijarse. </p>
<p>                           Estaba claro que ambos nos lo estábamos pasando bien ese rato. Ella recordando la escena y yo imaginándola. </p>
<p>- En cuanto le quité la blusa y el sujetador pude acariciarlos a gusto. Al descubierto tiene las tetas todavía más bonitas. A esas alturas ya estábamos cubiertas de harina. </p>
<p>- No te quedarías ahí. Ni ella supongo. </p>
<p>- Para entonces ella ya me tenía casi desnuda del todo. Solo me quedaba el tanga. Supongo que sabe lo que es eso. </p>
<p>- Vivo en este mundo hija. Claro que sé lo que lleváis las chicas bajo la ropa. </p>
<p>- Conseguimos meter la masa en la máquina antes de que me tumbara encima de la mesa. Notaba sus manos por todo mi cuerpo. Y después fueron sus labios y lengua. </p>
<p>- El pan de ese día tuvo que saber mucho más rico. </p>
<p>- Mi tanga estuvo a punto de terminar en una baguette. Y yo completamente rebozada en harina. Se dedicó a comer mi xoxito todo el rato que esa maquina estuvo funcionando y me pareció muy poco tiempo. </p>
<p>- ¿Te corriste?. </p>
<p>- ¡Pero padre!. ¡Qué lenguaje es ese! Como una loca. Han sido los mejores orgasmos de mi vida. ¡Qué lengua tiene!. </p>
<p>- Me alegro por vosotras. Quiero que seáis felices. </p>
<p>- Mucho padre. Ahora estamos en una nube. Quiero que sea ella la que termine de contarle lo que pasó. </p>
<p>- Vale, está bien. Reza un par de Ave Marías. </p>
<p>                            Como comprenderéis la polla no me cabía en los pantalones. A veces echo de menos la sotana, era mucho más cómoda para llevarla sin nada debajo. </p>
<p>.. .. .. </p>
<p>                            He de admitir que estaba deseando la visita de la panadera. Pero mientras llegaba surgió alguna que otra confesión interesante. Una jovencita tuvo un susto cuando pensó que había quedado embarazada de su novio. Por suerte la sangre no llegó al río y todo quedó en el susto. </p>
<p>                             También un par de adulterios animaron mis aburridas mañanas de ese verano. Como suele ser mi costumbre pido los detalles jugosos antes de procurar arreglar las cosas para que todo el mundo fuera feliz. O al menos lo menos infeliz que me era posible. Al fin y al cabo en el pueblo no había psicólogo y ese era mi trabajo. Ese ha sido el trabajo de los párrocos a lo largo de la historia. </p>
<p>                               En ese caso las cosas se arreglaron solas. Resulta que el marido se estaba follando a la mujer del hombre que se acostaba con su chica. Otros dirían que era una situación swinger, yo pensaba que solo era irónico. Pero tras confesar a los cuatro que estaban muy preocupados por los sentimientos de todos los demás solo tuve que indicarles el camino correcto. Todos se amaban. Otras veces algo así podía haber terminado en tragedia. Con mi intervención puede que incluso consiguieran montar algunas orgias entre los cuatro. No están de mal ver y todos son muy calientes. </p>
<p>                                  Incluso tenía claro los juegos que de más jóvenes ellos habían tenido juntos en los pajares o ellas en alguna cocina. En realidad se conocían muy bien. Y los detalles fueron muy jugosos. La historia desde que jugaban en las eras a sacarse la ropa a los intercambios y al final un orgia entre los cuatro fue larga e interesante. </p>
<p>                            La panadera no es del pueblo así que no había participado en esos juegos. Pero en la ciudad de la que venía ya había estado con otras mujeres. En cambio su amante, que si es local, estaba claro que no era primeriza con otras jóvenes. </p>
<p>.... ......</p>
<p>                         Uno de esos días volvieron a la iglesia esta vez las dos juntas. Abrazadas y besándose mientras recorrían el pasillo del centenario edificio. Venían espectaculares con dos vestidos muy reducidos iguales. Me reuní con ellas en el confesionario pero fue la panadera la primera que entró conmigo. </p>
<p>- Parece que ya está al tanto de lo que ha pasado entre nosotras. </p>
<p>- Algo me han contado, pero es secreto de confesión. Así que tendrás que ser tú la que me relate los últimos detalles.</p>
<p>- Somos muy felices. Conseguí llevarla al obrador. Ya no había quién nos parara. No podíamos dejar de besarnos.</p>
<p>- Tuvieron que salir buenos bollos esa noche.</p>
<p>- Salieron todos a relucir. Padre. Y los amasamos bien. Por algo teníamos cuatro manos.</p>
<p>- Y cuatro bollos. Teníais que haberme reservado alguno de los más jugosos. </p>
<p>- Los jugos nos los bebimos. Los suyos están deliciosos. Y los míos no deben disgustarle pues no dejó de saborearlos. Pero usted es joven y guapo, seguro que opciones tiene de probar de alguna fuente deliciosa.  </p>
<p>- ¡Vade retro! No me tientes que la carne es débil. Y vosotras estáis muy sabrosas. </p>
<p>- ¡Pero padre!. ¿Me está tirando los tejos?.</p>
<p>                                Esa fue una de las veces que más cerca he estado de romper mis votos del todo. Sobre todo si ellas hubieran colaborado. Tenía que reconducir el tema o sí que iba a echar de menos ponerme la sotana sin nada debajo. </p>
<p>- Nos estamos desviando mucho del tema. ¿Qué más pasó?.</p>
<p>- De acuerdo. Seguiré contando. Con el calor que hace en el obrador el trabajo lo hicimos en topless. Y fue complicado por que ella no hacía más que agarrarme las tetas. Toda la vida trabajando con harina y no sabía lo que se siente teniéndola en los pechos. </p>
<p>- Tu también harías algo con los suyos si los tenia al aire. </p>
<p>- Después de meter los últimos panes en el horno la tumbé sobre la mesa de trabajo para disfrutar de ella. De la cara interna de sus muslos hacia el coñito. Padre estaba chorreando. Aún no sé cómo puedo provocar esa reacción en ella. </p>
<p>- Sé que no es primeriza en esas lides. Y estás muy sabrosa.</p>
<p>- Somos muy sinceras. Ya sé de sus aventuras... y ella de las mías también soy de pueblo, aunque haya vivido en la ciudad, padre. </p>
<p>- Pues adelante. Vamos, que le hiciste una comida de xoxo de las que hacen antología. </p>
<p>- Aún no estoy acostumbrada a oír a un cura hablar así. Y qué rica está. Por supuesto me lavé bien las manos y se lo follé también con los dedos. Sabía que eso también le gusta. Menos mal que tengo bien aislado el local por las maquinas o nos habrían oído las dos vecinas. Como jadeábamos, gemíamos y chillábamos. </p>
<p>- No debería contarte eso pero en realidad ninguna de las dos se ha confesado. Lo sé por otras fuentes así que no importa demasiado. Pero solo a una de las dos, que se quejó al ayuntamiento por tus maquinas le importarían esos ruidos. A la otra le encantaría oírlos y se pondría muy cachonda. </p>
<p>- Pues igual deberíamos invitarla al obrador. Y usted padre ¿sigue respetando ese voto?.</p>
<p>- Cada día me cuesta más. Sobre todo con bellezas como vosotras casi enseñando los bollos. Pero intento mantenerme firme. </p>
<p>- Seguro que firme y "duro" esta usted con lo que le hemos contado. </p>
<p>- No me lo recuerdes. </p>
<p>- De todas formas si quiere ver cómo nos amamos en primera persona podía venir una noche con nosotras.</p>
<p>- ¡Ah que encima os gusta que os miren!.</p>
<p>- Bueno, no nos importaría con alguien tan atractivo. Así puede comprobar como pecamos. Y darnos la absolución con mayor conocimiento de causa. </p>
<p>- Ya os he dicho mil veces que el amor no es pecado, en cualquier variante. Está claro que vosotras os amáis y amáis al prójimo.</p>
<p>- Pues ya sabe, padre, si se anima cualquier noche nos estaremos amando mucho entre la harina y la masa de los bollos. Estaremos encantadas.</p>
<p>                            Me quedé pensando en aceptar esa tentación, digo invitación. Eso sí que pondría a prueba mi voto de castidad. Pero eso lo dejo para otro relato.</p>
<p>........ </p>
<p>&nbsp;</p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/bisexuales/">Bisexuales</category>                        <dc:creator>pern</dc:creator>
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                        <title>Mi hijo ,su amigo ,mi hija mi mujer y yo</title>
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                        <pubDate>Tue, 07 Oct 2025 13:14:59 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Me llamo Javier, tengo 45 años, y mi vida siempre ha sido una rutina predecible: trabajo en la oficina, cenas familiares, fines de semana en el sofá con una cerveza. Mi hijo, Alex, de 19, es...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>Me llamo Javier, tengo 45 años, y mi vida siempre ha sido una rutina predecible: trabajo en la oficina, cenas familiares, fines de semana en el sofá con una cerveza. Mi hijo, Alex, de 19, es el típico chico atlético, con ese cuerpo esculpido por horas en el gimnasio y partidos de fútbol. Su amigo, Marco, es igual: alto, moreno, con una sonrisa que derrite a cualquiera. Mi mujer, Laura, es la que mantiene todo en pie, con sus curvas maduras y esa forma de mirarme que aún me pone la piel de gallina después de 20 años de matrimonio. Y luego está mi hija, Sofía, de 18 recién cumplidos. Es menuda, delgada como un junco, con pechos pequeños que apenas llenan una copa A, y un cuerpo que parece detenido en esa frontera entre niña y mujer. Siempre ha sido así: poco desarrollada, frágil, con esa inocencia que me hace sentir protector... y, a veces, algo más que no me atrevo a nombrar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era un sábado por la tarde, uno de esos en los que el sol de octubre filtra las cortinas como un susurro. Laura y Sofía habían salido de compras al centro comercial, algo sobre un vestido para la fiesta de fin de curso de Sofía. "Volveremos en un par de horas", me dijo Laura al salir, dándome un beso rápido en la mejilla. Alex y Marco habían llegado temprano para "estudiar" para un examen, pero yo sabía que eso era código para jugar videojuegos y devorar pizzas. Subí al piso de arriba para cambiarme de camisa, sudado después de cortar el césped, y entonces lo oí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gemidos. Bajos al principio, como un ronroneo ahogado, saliendo de la habitación de Alex. Mi corazón dio un vuelco. ¿Qué coño pasaba? Me acerqué sigiloso, la puerta entreabierta lo suficiente para espiar sin ser visto. Y allí estaba: Alex, desnudo sobre la cama, con las piernas abiertas, y Marco encima de él, embistiéndolo con un ritmo furioso. El culo de Marco se contraía con cada empujón, y Alex... Dios, Alex gemía como una puta en celo, arqueando la espalda, sus manos clavadas en las sábanas. "Joder, Marco, más fuerte... sí, así...", jadeaba mi hijo, su polla dura rozando el estómago de su amigo, goteando precum como un río.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me quedé paralizado en el umbral, el calor subiendo por mi cuello. No era ira lo que sentía. No era sorpresa. Era... hambre. Una erección traicionera creció en mis pantalones, apretando contra la tela. Había fantaseado con cosas así, en la ducha, solo, imaginando cuerpos jóvenes retorciéndose. Pero esto era real. Mi hijo, follando con su amigo. Y yo, el padre, el protector, sintiendo que mi polla palpitaba al ritmo de sus jadeos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No sé qué me impulsó a empujar la puerta. Tal vez el alcohol de la cerveza de mediodía, o el tedio de los años. Entré, y el crujido del suelo los alertó. Marco se detuvo a medio empuje, su polla aún enterrada en el culo de Alex, ambos girando la cabeza hacia mí con ojos como platos. "Papá...", susurró Alex, rojo como un tomate, pero no se movió. Marco intentó apartarse, pero Alex lo sujetó por las caderas. "No pares", le dijo, mirándome a mí con una mezcla de miedo y desafío.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>"¿Qué hacéis, chicos?", pregunté, mi voz ronca, cerrando la puerta tras de mí. Me acerqué a la cama, mi erección ya evidente bajo los vaqueros. Marco tragó saliva, su pecho subiendo y bajando. "Señor Javier, nosotros... lo siento, no queríamos...". Pero yo levanté una mano, silenciándolo. Miré a Alex, su cuerpo expuesto, sudoroso, con esa polla tiesa que había heredado de mí, gruesa y venosa. "No hay nada que sentir, hijo. Solo... curiosidad".</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me quité la camisa, sintiendo sus ojos sobre mí. Mi torso no era el de un veinteañero, pero años de gimnasio lo mantenían firme, con vello oscuro bajando hasta el ombligo. Desabroché el cinturón, y cuando mi polla saltó libre, pesada y curvada hacia arriba, vi cómo Alex lamió sus labios. "Papá...", murmuró de nuevo, pero esta vez sonó como una invitación. Marco, aún dentro de él, se movió un poco, probando, y Alex gimió, cerrando los ojos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me arrodillé en la cama, el colchón hundiéndose bajo mi peso. "Déjame ver", dije, y Marco, obediente, se retiró lentamente, dejando un hilo de lubricante y saliva colgando entre su polla y el agujero rosado de mi hijo. Alex se abrió más, exponiéndose para mí. Toqué su muslo, la piel caliente, y subí la mano hasta su polla, apretándola con firmeza. Él jadeó, arqueándose. "Joder, papá, eso...". Marco me miró, inseguro, pero yo le guiñé un ojo. "Únete, chico. Hay sitio para tres".</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo que siguió fue un torbellino de carne y sudor. Me incliné sobre Alex, besando su cuello mientras Marco volvía a penetrarlo, esta vez más despacio, como si supiera que ahora era un espectáculo para mí. Mi lengua trazó la línea de su mandíbula, bajando a su pecho, chupando un pezón endurecido. Alex se retorcía, sus manos en mi pelo, tirando. "Sí, papá, lame...". Mi polla rozaba su estómago, dejando rastros húmedos. Me enderecé un poco, y Marco, entendiendo, se inclinó para lamer mi eje, su lengua torpe pero ansiosa. "Buen chico", gruñí, empujando en su boca. Alex, desde abajo, estiró el cuello para unirse, sus labios rozando los míos en un beso torcido, padre e hijo compartiendo saliva mientras Marco nos chupaba a ambos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cambié de posición: Alex a cuatro patas, Marco debajo de él, follando hacia arriba mientras yo me ponía detrás. Escupí en mi mano, lubricando mi polla, y presioné contra el culo ya abierto de mi hijo. "Relájate, Alex", murmuré, y él lo hizo, empujando hacia atrás. Entré despacio, centímetro a centímetro, sintiendo la calidez apretada, el roce de la polla de Marco a través de la delgada pared. "¡Oh, Dios!", gritó Alex, pero era placer, puro y crudo. Embestí, sincronizándome con Marco, un ritmo brutal que hacía temblar la cama. Sudor goteaba de mi frente, cayendo sobre la espalda de Alex. Marco gemía debajo, sus manos en las caderas de mi hijo, y yo me incliné para besarlo sobre el hombro de Alex, nuestras lenguas enredándose en un beso salado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Duró lo que parecieron horas, pero fueron minutos intensos. Alex se corrió primero, su polla explotando sobre el pecho de Marco sin que nadie lo tocara, chorros blancos salpicando. "¡Papá! ¡Marco!", aulló, su culo contrayéndose alrededor de mí, ordeñándome. Marco lo siguió, llenando a Alex con un gruñido animal. Yo aguanté, prolongando, hasta que saqué mi polla y eyaculé sobre la espalda de mi hijo, pintándola de blanco caliente. Nos derrumbamos, un enredo de cuerpos jadeantes, risas nerviosas escapando de nuestros labios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>"Esto... esto ha sido increíble", dijo Marco, aún recuperando el aliento, su cabeza en el regazo de Alex. Yo asentí, acariciando el pelo de mi hijo. "Nuestro secreto, chicos. Pero... si queréis repetir...".</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No tuvimos tiempo de más. El sonido de la puerta principal abriéndose nos congeló. "¡Ya estamos en casa!", gritó Laura desde abajo, bolsas de compras crujiendo. Sofía rio algo, su voz ligera como una campana. Mierda. Corrimos a ponernos ropa, Alex y Marco vistiéndose a toda prisa, yo abrochándome los vaqueros con el corazón en la garganta. "Bajad vosotros primero", susurré. "Yo me encargo".</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bajé al salón, fingiendo normalidad, el olor a sexo aún pegado a mi piel. Laura entró, radiante, con un vestido nuevo ceñido a sus caderas generosas, pechos plenos balanceándose bajo la tela. "Cariño, ¿has visto qué bonito? Y Sofía se probó uno...". Se calló, olfateando el aire. Sus ojos se entrecerraron, esa mirada astuta que siempre me desarma. "¿Qué pasa aquí? Huele a... hombre".</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sofía entró detrás, cargando bolsas, su figura delgada envuelta en una sudadera holgada que ocultaba sus curvas mínimas. Llevaba el pelo suelto, rubio y liso, cayendo sobre hombros estrechos. Sus pechos, pequeños como botones, apenas insinuados bajo la ropa, y sus caderas angostas, piernas flacas que terminaban en zapatillas desgastadas. Me miró con esos ojos grandes, inocentes, y sentí un tirón en la entrepierna de nuevo. "Hola, papá", dijo, dejando las bolsas y viniendo a darme un abrazo. Su cuerpo contra el mío era frágil, plano casi, pero cálido, y por un segundo recordé la escena de arriba, imaginándola allí, expuesta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alex y Marco bajaron, fingiendo cansancio por el "estudio". Laura los miró, luego a mí, y una sonrisa lenta se extendió en su rostro. "Estudiar, ¿eh? Venid, chicas, subamos a guardar esto". Pero antes de girarse, se acercó a mí, su mano rozando mi entrepierna disimuladamente. "Más tarde me cuentas", susurró, mordiéndose el labio. Joder, ella lo sabía. Siempre lo sabe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La cena fue tensa, un baile de miradas. Alex evitaba mis ojos, pero Marco me guiñaba cuando nadie miraba. Sofía parloteaba sobre su vestido, describiendo cómo le quedaba "demasiado ajustado en el pecho", y yo imaginaba quitándoselo, revelando esa piel pálida, pezones rosados y diminutos. Laura, bajo la mesa, rozaba mi pie con el suyo, subiendo por la pantorrilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No aguanté más. Después de que Sofía subiera a su habitación a "hacer deberes" y Alex y Marco se excusaran para "ver una peli" en el sótano –sé que no era una peli–, tiré de Laura hacia nuestra habitación. "Dime que lo sabes", gruñí, cerrando la puerta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ella rio, suave, quitándose el vestido en un movimiento fluido. Sus tetas cayeron libres, pesadas y perfectas, pezones oscuros endureciéndose al aire. "Te vi, Javier. Por la ventana del jardín. Entrando en la habitación de Alex". Se acercó, desnuda, su coño recortado rozando mi muslo. "Y no me enfadé. Me mojé".</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La besé con furia, manos en sus nalgas, apretando. "Quieres unirte", jadeé, y ella asintió, mordiendo mi cuello. "Pero no solo yo. Sofía... ella es curiosa. La oí hablando con sus amigas por teléfono. Sobre chicos, sobre... experimentar".</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El mundo se inclinó. Sofía. Mi niña de 18, con su cuerpo menudo, poco desarrollado, pechos como peras verdes. "¿Estás loca?", pero mi polla decía lo contrario, dura como piedra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bajamos al sótano sigilosos, Laura en una bata fina, yo en boxers. La "peli" era porno en la tele, y allí estaban: Alex y Marco, semidesnudos en el sofá, manos explorando. Pero se congelaron al vernos. "Mamá...", empezó Alex.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Laura se acercó, dejando caer la bata. "Shh, hijo. Papá ya jugó. Ahora nosotros". Sofía... ¿dónde estaba Sofía? La llamé mentalmente, pero entonces oí pasos arriba. "¡Papá! ¿Dónde estáis?", su voz, dulce e ingenua.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Subí a por ella, el corazón martilleando. La encontré en el pasillo, en pijama corto, el top ceñido marcando sus pechitos planos, shorts que dejaban ver muslos delgados. "Ven, princesa. Tenemos una sorpresa familiar".</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La bajé de la mano, su palma pequeña en la mía. Entramos al sótano, y el aire se cargó. Sofía jadeó, cubriéndose la boca. "¡Oh, Dios! Alex... mamá...". Pero no huyó. Sus ojos, grandes y azules, se clavaron en las pollas de su hermano y Marco, luego en la mía, asomando por el boxer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Laura se acercó a ella, suave. "No pasa nada, cielo. Somos familia. Mira". Se arrodilló ante Alex, tomando su polla en la boca con un slurpeo húmedo. Alex gimió, cabeza echada atrás. Marco, animado, se acercó a Sofía, pero yo lo detuve. "Es mía primero".</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La senté en el sofá, entre los chicos. Sus piernas temblaban, flacas y suaves. Levanté su top, revelando esos pechos diminutos, pezones como puntitos rosados, apenas un montículo bajo la piel. Los besé, uno a uno, sintiendo su respiración acelerada. "Papá... esto es... raro", susurró, pero arqueó la espalda, ofreciéndose. Mi lengua trazó círculos, chupando suave, y ella gimió bajito, un sonido virgen y puro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bajé sus shorts, y allí estaba: su coñito lampiño, labios delgados y rosados, apenas una rendija húmeda. Poco desarrollado, sí, pero perfecto, apretado. Deslicé un dedo, y ella se tensó. "Duele un poco...", pero Laura estaba allí, besándola en la boca, madre e hija enredando lenguas por primera vez. "Relájate, amor. Papá te cuidará".</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La penetré despacio, mi polla gruesa abriéndose paso en esa estrechez imposible. Sofía lloriqueó, uñas en mis hombros, pero pronto jadeó placer. "Sí... papá, más...". Alex se acercó, su polla en la mano de Sofía, y ella lo masturbó torpemente, aprendiendo. Marco follaba a Laura por detrás, sus tetas balanceándose, mientras yo embestía a mi hija, sintiendo su calor virgen envolviéndome.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El sótano se convirtió en un caos de gemidos y carne. Cambiamos posiciones: Sofía sobre mí, cabalgando lenta, sus caderitas huesudas moviéndose, pechitos rebotando mínimamente. Alex la besó, hermano chupando sus pezoncitos mientras yo la llenaba. Laura montó a Marco, pero luego se unió, lamiendo el coño de Sofía alrededor de mi polla, lengua en mi huevos. "Joder, familia...", gruñí, y todos reímos entre jadeos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sofía se corrió primero, un chillido agudo, su cuerpo convulsionando, apretándome hasta doler. "¡Papá! ¡Voy a...!". Líquido caliente mojó mis muslos. Alex eyaculó en su boca, ella tosiendo pero tragando, ojos lagrimeando de placer. Marco llenó a Laura, y yo, al final, saqué y rocié el vientre plano de Sofía, marcándola como mía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nos quedamos allí, exhaustos, enredados. Sofía acurrucada en mi pecho, su cuerpo menudo temblando aún. "Te quiero, papá", murmuró. Laura sonrió, besando mi hombro. "Esto es solo el principio".</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Han pasado horas desde entonces, pero el reloj marca solo 20 minutos en mi mente, un eterno bucle de descubrimiento. Mañana, quizás, repetiremos. O the next day. La familia, unida de verdad. Por fin.</p>]]></content:encoded>
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                        <title>Emmanuelle</title>
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                        <pubDate>Sun, 02 Feb 2025 17:11:38 +0000</pubDate>
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            ¿Quien no conoce las películas de Emmanuelle?. El año pasado salió una nueva. Pero el origen de esta historia está en los libros. En concreto ...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>... ... ... ... </p>
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<p>            ¿Quien no conoce las películas de Emmanuelle?. El año pasado salió una nueva. Pero el origen de esta historia está en los libros. En concreto en dos: Emmanuelle y Enmanuelle, la anti virgen. </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>               Pues este relato es una pequeña continuación y homenaje al segundo libro: "Emmanuelle la anti virgen". </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>             El libro termina en una playa paradisíaca con la protagonista junto a una de sus amantes. Disfrutando de los placeres que se le ofrecen. Ahora se le añade un capítulo más. </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>                 Enmanuelle ha recibido semen de tres desconocidos en la boca. Corriendo vuelve al dormitorio donde Anna Maria aún no se ha despertado. Le abre las piernas, se arrodilla entre sus muslos. Se echa sobre ella. Busca sus labios y se lo echa en la boca.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>               Cuando Anna Maria se despierta, se da cuenta de lo que ha hecho Enmanuelle. Tiene el sabor de hombre en la lengua. Esta la besa suave en el hombro. Dejando que se despierte a su ritmo.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>                Cuando abre los ojos del todo la besa en la boca. La recorre con la lengua que conserva algo del sabor del semen de hombre. En un gran abrazo, los senos y los sexos juntos. </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>                En ese momento oyen un claxon y salen fuera a ver. Los tres chicos han desaparecido. Pero Enmanuelle ya no piensa en ellos. El que llega es Mario que al verlas desnudas a las dos pregunta a la mas experta con tono burlón.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> - ¿Te gustaba lo fácil? ¡Eh!.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> - Y me sigue gustando pero lo he conseguido. </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> - Perfecto, </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>                 Dice él. Absorto ante los dos maravillosos cuerpos bronceados que tiene delante. </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> -Ahora, haceos el amor. </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>                   Anna Maria pregunta:</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> - ¿Delante de ti?.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> - ¿Pero no la habías espabilado?.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> - Sí pero todavía conserva algo de su pudor irracional.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> - Lo veo.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>                 Replica él. Pero Anna Maria ve y siente su libertad. No le importa que su bello y bisexual primo la vea hacer el amor con Enmanuelle. </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>                 Para demostrárselo a los dos y a ella misma pone su mano en uno de los pequeños y duros senos de la francesita y lo acaricia con mimo. Cuando Enmanuelle se le acerca un poco más, pone una mano en su vulva y comienza a acariciarla, excitándola, despacio sujetando el clítoris con dos dedos.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>                  Además se aproxima más a ella y la besa en la boca recorriendo esa boca que la ama con su lengua. La otra mano se desliza por la espalda. La recorre de arriba abajo hasta posarse en el culo, abrirlo con suavidad y deslizar uno de sus dedos acariciando el ano. </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>               Enmanuelle la deja hacer para demostrarle a Mario que Anna ha aceptado su cuerpo y el de sus amantes.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>- ¿No te unes?.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>              En ese momento Mario actúa. Se ha desnudado allí mismo, al aire libre. Con su pene de veinte años erguido y duro por el bello espectáculo se acerca a ese culo que le estan ofreciendo y lo toma.</p>
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<p>               Se agacha para lubricarlo con su lengua y su saliva. La francesa emparedada entre los dos primos se limita a gozar comiéndole la boca a su amiga. Mario se incorpora y la penetra lentamente sin prisas.</p>
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<p>                El culo de Enmanuelle esta bien dilatado, le gusta jugar con él. Empieza a moverse acariciando suavemente el cuerpo de Anna Maria, recorriéndolo con sus manos. Los senos apretados contra los de Enmanuelle, la espalda, el culo perfecto, los muslos, entre ellos desde atrás el sexo, los labios suaves. </p>
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<p>                Las dos chicas continúan besándose y acariciándose mientras Mario disfruta del culo de Enmanuelle.</p>
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<p>                Anna se aparta, le alcanza una de las sillas del jardín a su amiga para que se apoye. Pasa detrás de su primo que abre las piernas un poco. Le separa las nalgas y se arrodilla para comerle el ano. </p>
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<p>              Le coge los testículos. Le acaricia el trozo de polla que va saliendo y entrando del culo prieto, y un poco mas allá la vulva de su amiga. Le está gustando explotar si el cuerpo del hombre. </p>
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<p>              Masturba a Emmanuelle con cariño recorriendo los labios, el clítoris y penetrando la vagina, con dos dedos. Una vez que Mario ha eyaculado y se separa deja que Anna le coma el ano y limpie el semen que sale de allí. La francesa les dice:</p>
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<p> - Vamos dentro.</p>
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<p>                Y en el sofá tumba a Anna diciéndole:</p>
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<p> - No sabes las ganas que te tenía.</p>
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<p>                 Riéndose Anna le responde:</p>
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<p> - Y no te atrevías a seducirme tú y me enviaste a Enmanuelle.</p>
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<p>              La hace callar con un beso apasionado. Sigue besando su cuello. Mientras le acaricia los pechos, que pasa a besar y mordisquear los pezones. Sigue por su vientre hasta que clava la lengua en la vulva ansiosa.</p>
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<p>                Recorriéndola sin descanso y echándose los muslos sobre los hombros lamer todo lo que puede alcanzar del ano al clítoris. Enmanuelle aprovechó para besar a su amiga en la boca y acariciarle los pechos. </p>
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<p>               Anna deseaba ser desvirgada por su bello primo. Pero tenía que tener paciencia hasta que se le pusiera duro el aparato. Aún así gozaba con las caricias y las lenguas. </p>
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<p>              Mario con toda esa excitación se ha ido recuperando y la tiene dura, larga, recta, no muy ancha ideal para un culito o un coño virgen.</p>
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<p>              Arrodillado entre los muslos de su prima. Está dispuesto a encargarse del virgo. Enmanuelle se encargó de guiar la polla hasta su hermoso objetivo.</p>
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<p>            Mario flexionando los brazos se deja caer lentamente sobre el cuerpo de su prima. Lentamente, la punta del capullo se apoya en los labios. Los pezones duros de la muchacha rozan el pecho del hombre. </p>
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<p>            Lentamente se va rompiendo el obstáculo ante el victorioso pene. Entonces Enmanuelle deja que continúe solo por el camino marcado. </p>
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<p>           Pasa a besar el bello rostro de la italiana. Beber sus lágrimas de dolor. Mete una mano entre los dos cuerpos. Acaricia los firmes pechos con la palma y con el revés los músculos del hombre. Este empieza a moverse con más rapidez.</p>
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<p>- Fóllala, es preciosa. </p>
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<p>             La gran práctica de Mario con los culos de muchachos hace que este no abandone nada pronto. Sigue bombeando a su prima durante mucho rato. </p>
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<p>             Mientras tanto la francesita ha penetrado el culo del hombre con dos dedos. Sabe que teclas tocar para aumentar el placer. Ha aprendido mucho. Para aumentar aún más su excitación abriendo bien sus nalgas. </p>
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<p>- Ahora por detrás. Tienes que probarlo todo, cariño. </p>
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<p>             Mario sin haberse corrido, pero habiéndose asegurado de que la italiana ha tenido varios orgasmos, la pone a cuatro patas. Comienza otra penetración esta vez en su firme culito, no antes de habérselo lamido bien. </p>
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<p> </p>
<p>            El estrechísimo culo de la chica ofrece resistencia, pero va entrando con la ayuda de la saliva de Enmanuelle y de Mario. La francesita se pone delante y ahoga sus gritos de dolor y placer con sus besos de amante.</p>
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<p>- También te correrás por el culo. </p>
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<p>             Acaricia con sus manos los pechos de Anna. Que para evitar gritar chupa con ansia la lengua de su amiga. Y la suya pasa a la boca de esta. </p>
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<p>- No me dejes. Sigue besándome. </p>
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<p>- Pues claro. </p>
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<p>               Las manos de Anna acarician los pechos de su amiga y retuercen los pezones de Enmanuelle al ritmo de la penetración. Los orgasmos de Anna se suceden sintiendo una corriente eléctrica. </p>
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<p>               Las manos del chico recorren incansables la piel de la chica, hombros, espalda, culo, flancos e incluso los pechos de ambas. </p>
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<p>              Ella ya no piensa en el incesto, ni en su vida virtuosa hasta ahora, solamente piensa en gozar. Se provoca un nuevo orgasmo llevando una mano a su coñito. Acaricia sus labios con dos dedos, los abre buscando el clítoris. Se penetra con esos dos dedos. </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>             En ese momento Enmanuelle se desliza por debajo de su cuerpo. Besa sus pezones y ombligo. Alcanza el coño de Anna con su boca, dejando el suyo al alcance de ella. Resulta un apasionado sesenta y nueve sobre el que Mario sigue sodomizando a la ex virgen.</p>
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<p>              Las lenguas de las chicas penetran en los coños recorriendo todos los rincones. Enmanuelle todavía logra alcanzar los huevos de Mario con su boca y su ano con dos dedos. La recién desvirgada también sodomiza a la experta con sus dedos.</p>
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<p> - "Se aman".</p>
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<p>                 Piensa Mario. Que no se siente del todo a gusto. Pero aún así se ha corrido dentro de su prima. Prefiere los culos de los chicos o quedarse en la teoría. Sigue siendo un filósofo del sexo. </p>
<p> </p>
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<p>              Además las chicas saben seguir solas. Lo hacen mientras él se aparta a observarlas después de los orgasmos que ha tenido dentro de los culos de ambas.</p>
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<p>             Anna tras la retirada del pene de Mario de su culo ha quedado encima de la francesita. Se incorpora lo suficiente para que la lengua de su amiga le limpie el semen que le sale del ano. Y entonces se gira para volver a besarla en la boca.</p>
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<p>- Bésame. </p>
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<p>               Compartiendo el sabor del culo y del semen y acariciando con sus dedos suaves el coñito dulce de su amante. Los pechos se tocan y los pezones de una se clavan en los de la otra. Duros los clítoris y duros los pezones. </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>                Las manos de Enmanuelle recorren la adorada espalda, las deseadas nalgas, los bellos hombros y muslos de Anna Maria. Mientras esta le chupa el aliento. lengua, dientes , paladar y labios. La penetra hasta los mas íntimos rincones de su coñito con sus largos y delicados dedos.</p>
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<p>                  Una vez desvirgadas, las más castas son las mas ardientes. Algo así le pasaba a Anna María. Para ocultar su vergüenza, pronto ha de pasársele, se muestra pervertidamente fogosa con todo cuerpo que se le presente.</p>
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<p>                 Enmanuelle sabe aprovecharse de ese ardor para gozar y hacerla gozar. La empuja de los hombros y le hace bajar por su cuerpo. Anna besa el contorno de la barbilla de su amante y sus labios, continúa por el cuello y los hombros.</p>
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<p>- Lámeme. Usa tu boca, tu lengua. </p>
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<p>                 Se mete los durísimos pezones en la boca después de haber pasado los labios por los contornos de los pechos y entre ellos. Extrae de los pezones todo el placer que puede incluso mordiéndolos suavemente. </p>
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<p> </p>
<p>                  Continúa a por el abdomen acariciando con su lengua el ombligo. Bajando más se mete entre los labios la mata de vello suave que la francesita tiene por encima de la vulva. E introduce su lengua en este.</p>
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<p>                 Se mete en la boca el clítoris lo chupa suave, o besa sus labios e introduce su lengua en el interior cuando aquellos se abren a su invasión. Una vez dentro la hace vibrar recorriendo todos los pliegues.</p>
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<p> </p>
<p>                 Enmanuelle se corre y la chica recoge sus jugos. Eso le hace continuar metiendo una mano por debajo. En busca de su culo llegando con un dedo al ano y moviéndolo sin descanso como su lengua. </p>
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<p>               Extiende el otro brazo acariciando su piel hasta sus pechos. La francesita continúa corriéndose, acariciando sus pechos, calcando la mano de sus amante sobre ellos retorciendo sus pezones o revolviendo la melena de la chica situada entre sus muslos. </p>
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<p>                 Empujando la cabeza con más fuerza sobre su coño y que su lengua penetre más en él. El clítoris de Enmanuelle es acariciado por la punta de la fina nariz de la italiana con las sensaciones en él, muy excitada.</p>
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<p> </p>
<p>               De pronto en un fenomenal orgasmo. Enmanuelle cruza las piernas por encima de la cabeza de su amante. Apoyando los pies en su espalda y sacando mas el culo. Lo que deja el ano aún más expuesto a los dedos exploradores de Anna. </p>
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<p>- Vamos Mario, está preparada. </p>
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<p>              Mario ya se ha recuperado. Viendo el culo ofrecido de su prima a cuatro patas vuelve a la carga. Esta vez a por el coñito recién desvirgado. </p>
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<p> </p>
<p>                Sujetándola de la cadera para que ella no separe la lengua del coño de Enmanuelle. Coloca su glande en la entrada y lentamente vuelve a penetrar la estrecha vagina. </p>
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<p>              Los músculos de ella se contraen atrapando la hermosa verga entre sus pliegues. Mario comienza a moverla adelante atrás haciendo que cada vez entre más y más en el joven cuerpo. </p>
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<p>                 La carne apresaba a la carne y la apretaba y exprimía todo lo posible deseosa. La bien lubricada verga no salía nunca en toda su extensión de la caliente gruta. Dejando solo el glande dentro consigue en la chica la sensación de tener siempre el coño lleno. </p>
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<p> </p>
<p>               Le llegó el orgasmo a la italiana, la caliente sensación de abandono. Se apartó para que la dura polla le diera el mismo placer a su amiga. </p>
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<p>              Mario avanzó hasta donde le esperaba Enmanuelle que condujo el falo hasta sus vulva sin dudarlo. Y recibió la lengua del macho en la boca.</p>
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<p>            El chico volvía a moverse, despacio pero sin pausa. Ayudado por Anna que le empujaba del culo cada vez que él debía avanzar.</p>
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<p>            Poco duró ya y al fin llegó la corrida lechosa y caliente al anhelante coño. El pene con dos o tres espasmos soltó toda su carga de vida al interior de la húmeda gruta. </p>
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<p> </p>
<p>             Entonces comenzó a decaer y disminuir. Mario mismo se inclino sobre la vulva de Enmanuelle para lamerla. Recuperando el resto del semen que salía de tan sabroso lugar. </p>
<p> </p>
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<p>              Poniéndose él esta vez a cuatro patas y dejando su culo en pompa a la venganza de su primita. Ésta sin piedad alguna le clavó dos dedos en el ano. Anna María todavía tenia la cara enterrada en el culo de su primo cuando Enmanuelle le pidió que volviera con ella. </p>
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<p> </p>
<p> </p>
<p>               No hay un tercer libro. Lo que es una lástima para quienes vemos la forma de hacer el amor de Emmanuelle del mismo modo. Sensual, dulce, solo hay que buscar el placer y darlo. </p>
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<p>... ... ... ... ... </p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/bisexuales/">Bisexuales</category>                        <dc:creator>pern</dc:creator>
                        <guid isPermaLink="true">https://www.relatosonline.com/relatos/bisexuales/emmanuelle/</guid>
                    </item>
				                    <item>
                        <title>De hombre a mujer</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/bisexuales/de-hombre-a-mujer/</link>
                        <pubDate>Tue, 10 Sep 2024 23:08:47 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[DE HOMBRE A MUJER
 
 
INTRODUCCION
 
Zunilda era una compañera de esos días de estudios primarios, solo que no era una mas, ella era en extremo regordeta, era la más alta de las niñas y...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<div>DE HOMBRE A MUJER</div>
<div> </div>
<div> </div>
<div>INTRODUCCION</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div>Zunilda era una compañera de esos días de estudios primarios, solo que no era una mas, ella era en extremo regordeta, era la más alta de las niñas y sufría de la crueldad del resto, los apodos le sobraban, en especial la 'niña ballena' un mote que la acompañaría por mucho tiempo y que lastimaba sus sentimientos</div>
<div class="x_elementToProof">Era otra época, nadie hablaba de bullying como en estos tiempos, y ciertamente ella era una chica que hasta se tornaba desagradable, entiendo el dolor por las burlas punzantes, ella era introvertida, siempre con los dedos en la boca, comiéndose las uñas, y una baba persistente de sus labios, por lo cual, aunque en menor medida, también la llamaban 'la babosa'</div>
<div>A veces, hasta las propias maestras hacían mofa de la pobre Zunilda, quien no tenía más remedio que bajar la mirada y contener las lágrimas</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Yo también era parte del grupito de abusivos dialéctico, aunque yo lo hiciera más por miedo que por placer, porque yo sabía que de no haber existido esa chica en nuestro curso, yo hubiera sido el centro de burlas, el segundo en la lista, porque tenía muchas cualidades para estar en ese maldito podio de indeseables, mi marcada tartamudez, mis lentes de aumento con grueso marco negro y el corte de cabellos 'tipo taza' que tanto odiaba y que tanto amaba mi madre</div>
<div class="x_elementToProof">El apodo de 'marciano' se me había pegado, y mientras más me dolía, más me lo recordaban</div>
<div> </div>
<div>Así pasaron nuestros días, nunca fuimos amigos, pero creo que de alguna manera, pudimos sentir en carne propia los pesares compartidos, hasta que solo crecimos y el final de los estudios primarios cerró una etapa en nuestras vidas...</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div>AÑOS DESPUES</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Un par de décadas habían pasado, ya usaba lentes modernos, con marcos más finos y vidrios pulidos, también usaba el cabello a la moda, con una linda barba pelirroja que se tornaba rubiona a través del sol, aun arrastraba la tartamudez de la infancia, pero ahora era mucho más disimulada, aun no formaba pareja y tenía un puesto muy buen remunerado en una prestigiosa entidad bancaria, había pasado por algunos puestos y en esos días estaba en atención al público, en la parte crediticia</div>
<div class="x_elementToProof">Y el destino volvería a cruzarnos, aunque yo nunca la reconocería, una chica de largos bucles rubios que caían por su espalda casi hasta su cola, con una camisita celeste entallada marcando una escueta figura y unos sugerentes pechos, recuerdo que tenía un pantalón negro con detalles en dorado, muy ceñido, marcando curvas llamativas y unos zapatitos tacos altos que repiquetearon hasta mi escritorio cuando había llegado su turno</div>
<div class="x_elementToProof">Venía por un préstamo, en verdad, por una constancia de cancelación de un antiguo préstamo, le pedí su DNI y su nombre, y cuando me dijo Zunilda Peralta, dejé de teclear en la notebook para mirarla por encima de los lentes</div>
<div>No podía ser ella, tenía el mismo nombre, pero no, no podía ser ella</div>
<div> </div>
<div>Saqué el tema, de sus estudios primarios, de su grado, si tal vez...</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div>Si - ella dijo mientras esbozaba una escueta sonrisa - Walter cierto? aun tartamudeas un poco!</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Y solo se dio un corto diálogo improvisado mientras hacíamos su trámite, es que estaba hermosa, como en el cuento del patito feo ella se había transformado en un cisne, y cuando se retiró dejó su perfume impregnado en el sitio y mis ojos no pudieron más que perderse en el perfecto vaivén de sus caderas en retirada.</div>
<div class="x_elementToProof">Por suerte, me hice consciente de que en la base de datos de banco, estaba toda la información que necesitaba sobre ella</div>
<div class="x_elementToProof">La llamaría al día siguiente, fui directo y le propuse encontrarnos por unos tragos, a recordar de nuestros días, y si bien dio algunos rodeos, terminó aceptando</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div>Esa tarde en el bar volvería a verla con incredulidad, llegó con una falda corta, con sus esbeltas piernas desnudas y bronceadas, dejándome conocer unos sugerentes tatuajes, era increíble...</div>
<div class="x_elementToProof">Saque el tema de nuestros días de infancia, pero ella odiaba esa época y prefirió que nos concentremos en lo que había pasado a partir del último día que habíamos compartido aula hasta el presente</div>
<div class="x_elementToProof">Fue cuando me contó de todo un poco, era muy parlanchina, superada, y me di cuenta que tanta humillación en la infancia solo había forjado una leona, Zunilda dejaba ver un férreo carácter y casi que monopolizaba la charla</div>
<div class="x_elementToProof">Me dijo que odiaba ese pasado, y tiempo después se metió en un gimnasio, y poco a poco modeló la mujer que hoy era, y esa mujer que veía, las burlas de la infancia le habían hecho capas y mas capas de protección y defensas y no solo había afilado su cuerpo, también sus defensas, por lo cual podía ser muy hiriente al hablar</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Me dijo que estaba saliendo de una complicada relación de pareja, según sus palabras, el hombre con el que estaba nunca se había moldeado a sus pretensiones, y hasta me confesó algunas infidelidades de su parte. </div>
<div class="x_elementToProof">También hablamos un poco de mi, me dijo que estaba cambiado, aunque siempre conservaba el brillo de los ojos de aquellos días y obviamente, algún deslice en mi dicción, pero que ya casi no se notaba</div>
<div>Una cosa llevó a otra, nuevas salidas, nos 're' conocimos, nos 're' encontramos, nos cruzamos en la cama y sin imaginarlo terminamos formando pareja para convivir bajo el mismo techo</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div> </div>
<div>LA CONVIVENCIA</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">La convivencia con Zunilda iría cambiando poco a poco, lentamente, casi sin darme cuenta, habíamos empezado un cincuenta y cincuenta, pero ella fue inclinando la balanza hacia su lado, tal vez por esa actitud dominante tan marcada que ella tenía, tal vez por mi pasividad e intromisión que mantenía aun desde la niñes, pero en algunos años, era ella quien hacía y deshacía todo a su voluntad, a su manera y un poco pude ponerme en los zapatos de su ex y entender el motivo de la separación.</div>
<div class="x_elementToProof">Es que con ella, todo era como decía ella, o no era nada, Zunilda casi no daba lugar a discusión, a planteos, y jamás reconocía un error, siempre buscaba en terceros a los responsables de los fracasos de sus decisiones</div>
<div>Y yo la amaba, era muy buena en la cama, y estaba tan cegado a ese amor que poco a poco sucumbí a sus dominios, como un títere, ella movía los hilos invisibles que manejaban mi vida</div>
<div> </div>
<div>Y en algún punto me resigné a su sofoco, a su dedo índice dictatorial, y las cosas se hacían a su manera, 'veinticuatro siete', tanto fuera de la cama, como dentro de ella</div>
<div class="x_elementToProof">Y es que Zunilda, parecía decidida a abrir nuestra pareja, un tanto aburrida de la rutina, del día a día, y de la monogamia y de la fidelidad, ella jugaba un juego peligroso de insinuaciones, directas o indirectas y no le incomodaba en seducir a terceros con esa forma 'inocente' que tienen las mujeres para hacerlo, aunque solo fuera para tantear mi reacción</div>
<div class="x_elementToProof">Solo había un detalle, para ella, el abrir la pareja solo implicaban otros hombres ya que en su mente, no había otras mujeres</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">LA PRIMERA VEZ</div>
<div> </div>
<div>La primera vez llegaría después de un momento demasiado incómodo, llegaba fin de año y había una cena de despedida de año del banco donde yo trabajaba en esos días, algo muy usual, como agradecimiento de un nuevo año que se cerraba, era costumbre, empleado y acompañante</div>
<div class="x_elementToProof">Zunilda se había comprado un vestido pegado al cuerpo demasiado llamativo para mi gusto, le resaltaba cada detalle de sus apetecibles curvas, donde se le marcaban los pezones y hasta la tanga que tenía enterrada en el culo, con unos zapatos de tacos tan altos que incluso me pasaba por varios centímetros, era esa imagen despampanante que al verla, cada hombre quisiera llevarla a la cama y cada mujer la mirara con envidia, con un pensamiento común, una puta y un cornudo</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Con el correr de las horas, la fiesta, el baile, la diversión fue en aumento y el estado de embriaguez de mi mujer aumentaba en la misma forma que aumentaba mi enfado con la situación, es que estaba rodeado por todos mis compañeros de trabajo, y toda la jefatura, y lo que ella hacía era solo hundirme poco a poco, en una situación cuyos rumores correrían día a día sin solución de continuidad</div>
<div>Cerca de las cuatro de la mañana, ella estaba tan borracha como puta, y se le había pegado con demasiada naturalidad a uno de los patovicas que custodiaba el lugar, un tipo de casi dos metros de altura, tan ancho de espaldas que apenas pasaba por la puerta</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Y no me pregunten como sucedió porque aun hoy en día ni yo mismo encuentro la respuesta, pero cuando levantaba el sol por el horizonte en inicio de un nuevo día, ese tipo, mi mujer y yo, estábamos en su departamento, en su dormitorio</div>
<div class="x_elementToProof">Zunilda como siempre tomaría la delantera, y no la intimidó en absoluto desnudarse ante un extraño y ante su esposo al mismo tiempo, el juego de a tres que tanto había imaginado al final se concretaba, y así intentamos que sucediera, pero no tardaría mucho en darme cuenta de que yo sobraba en esa ecuación, es que 'ellos' parecían demasiado interesados en 'ellos' y en poco tiempo quedaría marginado del supuesto trío</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Así que solo me tocó observar como el le comía la concha, como ella le comía la pija, como se la cogía, como se la daba por el culo y como sus manos pecadoras recorrían la piel del amante de turno</div>
<div>Solo me tocó escuchar los gemidos de mi mujer, que lastimaban mis oídos, notar como ella se abría toda para lograr la penetración más y más profunda, y sentir en carne propia como otro hombre la llenaba de gozo</div>
<div>Y también me tocó sentir el placer de Zunilda, y entender cuando me miraba mientras él se la cogía, que ella solo había querido eso, que yo la mirara en brazos de otro</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Pero aun faltaba la frutilla del postre, porque al final de la historia ella se la chupaba muy rico, muy profundo, acariciándole las bolas, y viendo que yo observaba, mi mujer solo se estiró a mi lado, me tomó por la nuca y me dió un profundo beso se lengua, con sabor a su amante, y pareció excitarse mucho con eso, al punto que volvió a chupársela un rato para volver a besarme tan profundo como antes, o más, marcando terreno, como siempre lo hacía</div>
<div class="x_elementToProof">Y cuando el eyaculó en forma eterna y gloriosa en su boca, llenándosela de leche, su lengua, sus labios, su rostro, ella no dudo en volver a la carga, en un beso eterno con sabor a semen, el semen de su puto amante, que ahora me obligaba a degustar con ella, al punto de largarse a reír al notar en mi rostro la perplejidad por el líquido pegote que tenía en mis propias papilas gustativas</div>
<div> </div>
<div>Volveríamos a casa tiempo después, ella estaba satisfecha, se notaba en su rostro, y yo enfurecido, se notaba en el mío</div>
<div class="x_elementToProof">Pero el problema real que yo tenía y no me animaba a asumir, tal vez no era lo que había sucedido en la fiesta, ni que se acostara con ese tipo, ni que fuera en mis narices, ni siquiera el hecho de que me hiciera probar su semen, no, tal vez lo que me enfurecía conmigo mismo, era que me negara a asumir que la situación me había gustado demasiado, y que cuando probé el sabor de otro hombre de los labios de mi mujer, sentí una inconfesable erección entre mis piernas, tal vez, como nunca antes había sentido</div>
<div> </div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">DIAS DESPUES</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Obviamente habría un antes y un después de ese amanecer, habíamos pasado una delgada línea y las cosas ya nunca volverían a ser como antes, Zunilda había cumplido un deseo y después de esa primera vez, habría muchas veces, además, y lo peor de todo, era que a mi, contrariamente a lo normal, me había gustado demasiado</div>
<div class="x_elementToProof">Llegaría Marcelo, un tipo que cruzamos en un boliche, Mario, alguien que ella había conocido en la calle, Octavio, un negro pijudo al que le habíamos comprado un celular y así, la situación de probar de los labios de mi esposa, el sabor a pecado de los distintos amantes de turno se hizo nuestra mayor perversión</div>
<div>Y como todo en la vida, fue perfecto hasta que se transformó en rutina, y con ello, la necesidad de probar nuevas cosas</div>
<div> </div>
<div>Todo empezó como una broma, un día como cualquiera, Zunilda había tomado una ducha, y luego sería mi turno, ella había dejado sus prendas sucias tiradas a un lado y tuve la tentación de probarme la tanga negra que ella se había sacado, me miré al espejo y solo salí para que ella me viera como me quedaba</div>
<div class="x_elementToProof">Por la noche hicimos el amor con esa imagen en la mente, incluso ella me chupó la pija efusivamente mientras me colaba un par de dedos por detrás, haciendo mi eyaculación demasiado efusiva</div>
<div> </div>
<div>Empezarían los cambios mas profundos, mi mujer me depiló por completo, piernas, cola, pubis, pene, testículos, ano, como una niña</div>
<div class="x_elementToProof">Empezamos a subir fotos mías vestido de nena, sin mostrar el rostro, en sitio como este, me gustaba ser su chica de closet y ella se calentaba interactuando con situaciones que en verdad nunca se harían realidad</div>
<div>Empecé a hacer una exigente rutina diaria de sentadillas y demás ejercicios para formar mis piernas y mis glúteos para jugar esa dualidad de ser un caballero en mi empleo y una mujercita en la intimidad</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">A todo esto, ella seguía cogiendo con extraños ante mi pasividad, y mientras más pasaba el tiempo, más me mimetizaba con su rol de mujer</div>
<div> </div>
<div> </div>
<div>LOS JUGUETES</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Poco a poco, ese mundo de mujer se me hizo propio, me calentaba mucho usar sus medias de red, alguna falda, ropa interior femenina y hasta diría que disfrutaba más cuando Zunilda me acariciaba el esfínter que cuando lo hacía sobre mi pija</div>
<div class="x_elementToProof">Me hice su modelo personal, los roles se habían invertido y era ella quien me tomaba fotitos indecentes vestida de nenita, me calentaban muchos los comentarios de los machos, los que se la querían coger a ella, pero más los que me querían coger a mi</div>
<div>Me iniciaría con un plug anal que en verdad era de mi mujer, como la mayoría de las cosas, nunca se lo dije, pero quería saber que se sentía, solo una vez se lo tomé a escondidas y lo usé en la jornada del banco</div>
<div>Sería muy excitante, atendiendo a distintos clientes, llevando escondido el secreto en mi cola, y en mi cabeza</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Algún tiempo después, Zunilda me haría probar uno de sus vibradores, sentí como me dilataba y como me penetraba, empezarían los juegos y esas vergas de juguete poco a poco se me harían adictivas</div>
<div>Como todo en nuestro mundo íntimo, cada cosa nueva que probábamos se hacía un camino sin retorno</div>
<div>Solo faltaba una cosa, hacerlo con una verga de verdad...</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div> </div>
<div>EL PATO</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Los juegos con otros hombres eran solo eso, juegos, palabras calientes que no pasaban de ahí, o si pasaban, eran por tipos que a mi mujer les resultaban atractivos y solo quería tirárselos, en mi presencia, como siempre</div>
<div>Pero en verdad yo estaba mucho más cambiado y ese lado femenino se notaba cada vez mas, incluso muchos hombres se sorprendían al verme vestido de mujer mientras se tiraban a mi esposa</div>
<div>Con Patricio Quintaba habíamos interactuado un par de veces a través de una computadora, un moreno con una verga gruesa y llamativa, que en principio solo sería eso, palabras sin mucho mas</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div>Cuando esa tarde nos encontramos en un cuarto de hotel, aun no sabía lo que me esperaba, porque ellos lo habían ideado a mis espaldas</div>
<div>Zunilda le chupaba la verga muy rico y me pidieron que me vistiera 'de nenita', era algo que había hecho muchas veces, me puse una colaless hilo dental, medias de red, pollerita, ya saben, y solo trataba de contener la marcada erección que tenía entre las piernas, y sentía el fino cordel de la tanga acariciar mi afiebrado esfínter que ya a esa altura moría en deseos </div>
<div> </div>
<div>En algún punto, Patricio, 'el pato', me empezó a adular, que estaba muy linda, que incluso era más atractiva que Zunilda y que tenía muchas ganas de romperme el culo</div>
<div class="x_elementToProof">Ella y yo cambiamos de lugar, mi mujer se sentó a un lado y yo fui en cuatro sobre la cama, pato levantó la pollerita, corrió el hilo de la tanga y presionó con la bese de su dedo pulgar sobre mi esfínter, lo sentí latir en deseos</div>
<div class="x_elementToProof">Me recliné aun más, sacando culo receptivo, en la forma en que una mujer lo hace, mi cara sobre el colchón estaba de lado, observando a mi esposa que se empezaba a masturbar con lo que veía y me dejé llevar</div>
<div class="x_elementToProof">Era gruesa, dolió al principio, incluso me obligó a cerrar los ojos con fuerza perdiendo el contacto visual con Zunilda</div>
<div> </div>
<div>Primera vez? - adivinó pato a mis espaldas - que rico! amo romper culitos vírgenes de mariquitas!</div>
<div> </div>
<div>Esas palabras resultaron tan ofensivas como excitantes, 'mariquita', era cierto, me estaba haciendo una mariquita...</div>
<div class="x_elementToProof">Y solo me aferró de las ancas para metérmela toda, lo sentí venir, y en la habitación solo resonaban los huesos de sus caderas machacando una y otra vez contra mis nalgas</div>
<div>Yo gemía sin intención, pero no podía evitarlo, es que me gustaba demasiado</div>
<div>El cambió, me recostó de espaldas y volvió a la carga, ahora mi vista me dejaba ver su pecho musculoso y sus brazos tatuados, donde miles de gotas de transpiración eran testigo de lo que estaba ocurriendo</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Zunilda nos alentaba, sentía su placer mientras ella no dejaba de tocarse, mientras esa verga hermosa hacía su trabajo en mi trasero</div>
<div class="x_elementToProof">Pato entonces la sacó y la apoyo sobre la mía, una contra la otra y empezó a masturbarnos a ambos al miso tiempo, sintiendo el roce continuo de la suya sobre la mía, y solo ya no pude con tanto placer, nunca había vivido algo así, y solo eyaculé con fuerzas, y el me siguió casi al mismo tiempo</div>
<div>Mi sexo, mi vientre, mi pecho, quedaría todo nevado con nuestra mezcla de jugos, empecé a jugar con mis dedos sobre el semen, era rico, mi mujer no dejaba de tocarse y para completar la escena, Pato vino de lado, arrodillado sobre la cama, sobre mi rostro, para que se la chupara un rato antes de terminar el juego</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div>EL PRESENTE</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Creo que hoy en día, soy hombre de día y mujer por la noche, es excitante vivir permanentemente en una peligrosa y excitante dualidad, y me excita vestirme de nena y gozar como nena, y lo más glorioso es poder compartir esta dualidad con Zunilda, el amor de mi vida</div>
<div class="x_elementToProof">Tomarnos fotos en lencería, con su conchita dilatada, con mi culito abierto como una mariquita, posar para hombres, y tomar diferentes roles, ser mujer para mi mujer ante algún macho, o tan solo ser observador para su placer, y en lo mejor de los casos, armar parejitas cómplices, un hombre para ella, un hombre para mi</div>
<div>Termino estas líneas con deseos de que te gustaran, de ser así, mandame fotos de tu verga dura, y quien te dice, tal vez sea el principio de algo muy lindo</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Si te gustó está historia podes escribirme con título DE HOMBRE A MUJER a dulces.placeres@live.com</div>
<div id="wpfa-4683" class="wpforo-attached-file"> </div>
<div><img   src="https://relatosonline.b-cdn.net/wp-content/uploads/wpforo/default_attachments/1726009727-01.jpg"  /></div>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/bisexuales/">Bisexuales</category>                        <dc:creator>dulces-placeres</dc:creator>
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                        <title>El secreto de Anibal</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/bisexuales/el-secreto-de-anibal/</link>
                        <pubDate>Sat, 22 Jun 2024 15:34:01 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[EL SECRETO DE ANIBALCuando conocí a Aníbal pensé que había conocido al hombre de mi vida, me enamoré perdidamente de él, un joven respetuoso, dulce, atento, carilindo, trabajador, lo que tod...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>EL SECRETO DE ANIBAL<br /><br /><br /><br /><br /><br />Cuando conocí a Aníbal pensé que había conocido al hombre de mi vida, me enamoré perdidamente de él, un joven respetuoso, dulce, atento, carilindo, trabajador, lo que toda joven busca.<br /><br />A mis padres le encantó desde el primer momento, se hizo muy amigo de mi hermano y yo también caí muy bien en su familia, su padre me quería como a una hija, además Aníbal tenía unos sobrinos hermosos que derretían mi corazón y despertaban mis deseos de ser madre.<br /><br />Todo fue bonito, todo fue perfecto, todo fue un cuento de hadas, decidimos casarnos.<br /><br />Y todo siguió maravillosamente bien, nuestro matrimonio fue la prolongación de nuestro noviazgo y los primeros años fueron fantásticos…<br /><br />Éramos buenos amantes, al menos eso creía, desde mi percepción de las cosas hacíamos todas las locuras imaginables.<br /><br /><br /><br />Con el primer lustro de convivencia conyugal empezaron a aparecer las primeras grietas, los primeros desacuerdos, sin darnos cuenta, los que eran nuestros problemas se transformaron en ‘sus problemas’ y ‘mis problemas’, nuestros proyectos se transformaron en ‘sus proyectos’ y ‘mis proyectos’, nuestro placer en ‘su placer’ y ‘mi placer’.<br /><br />No estuve de acuerdo, pero no le importó, compró ese velero que tanto quería y los Sábados y Domingos se dedicaba a navegar, es cierto que el me invitaba pero no podía dar el brazo a torcer, soy terca, además mucha gracia no me causaba no estar en tierra firme.<br /><br />Me fui acostumbrando a pasar los fines de semana sola, cada vez más sola…<br /><br />No entendía que era lo que pasaba, de pronto el amor parecía haberse esfumado y cada uno hacía su vida, casi no teníamos sexo y cuando lo hacíamos ya no lograba excitarme.<br /><br /><br /><br />Comencé a sospechar que me engañaba, seguramente otra mujer estaba en nuestro camino, por lo que agudicé mi instinto y me transformé en su detective secreto, cosas que antes me parecían normales ahora las analizaba con cautela.<br /><br />Pero no estaba preparada para descubrir lo que descubrí…<br /><br />Había comprado un excitante conjunto de ropa interior, era celeste, transparente, una pequeña y delicada tanga, lo había comprado para mí, para verme bien, para sentirme bien, porque el casi ni me miraba, pero lo perdí antes de estrenarlo, lo busqué por todos lados pero ni rastro de él, mi sospechas apuntaban a que el, seguramente se lo había regalado a su amante solo para provocar una pelea conmigo, por lo que no le dije nada, ‘quería atraparlo con las manos en la maza’<br /><br /><br /><br />Pero una cosa llevó a otra, algunas actitudes de Aníbal, algunas reacciones, ese faltante en esa prenda tan femenina me llevó a armar el rompecabezas, en oportunidades me había parecido encontrar mi cajón de ropa interior revolcada, cosas desacomodadas, incluso en mi placar, soy muy metódica y detallista con mis prendas de vestir, y recordé cuando al ponerme unas medias de nylon estaban ‘misteriosamente’ corridas, o cuando un lápiz labial apareció ‘misteriosamente’ quebrado. Mis sospechas apuntaban entonces a otro lado, pero deseaba equivocarme…<br /><br />Había algo que hacer, cuando mi marido estaba trabajando fui hasta el muelle y logré colarme en su velero, empecé a revisar, por acá, por allá, una caja mediana de primero auxilios, me llamó la atención que estuviera cerrada con candado, hice palanca hasta zafarlo y llegué al final del camino, mi conjunto de ropa interior, prendas de mujer, peluca, maquillajes, juguetes sexuales…<br /><br /><br /><br />Volví a casa con la prueba en el asiento del acompañante, me costaba manejar porque mis ojos se llenaban de lágrimas y mi cerebro se preguntaba una y otra vez con qué clase de monstruo estaba, como había podido engañarme tanto tiempo, como había sido tan ciega…<br /><br />Esperé a mi esposo, con la caja sobre la mesa, envuelta en angustia y llanto, había descubierto su secreto…<br /><br />Cuando llegó Aníbal se vio sorprendido, no imaginaba este mazazo, directo entre los ojos…<br /><br />Solo miró al piso, respiró resignado, se sentó a mi lado y me miró fijamente, con mis ojos inquietos e hinchados por el llanto esperé su explicación, el intentó tomarme las manos, pero las retiré con premura, dejándole ver que no quería siquiera que me rozara.<br /><br /><br /><br />Aníbal entonces contó su secreto, me confesó que siempre le habían atraído ambos sexos por igual, hacía años que él se acostaba tanto con mujeres como con hombres, pero conforme pasaba el tiempo se sentía cada vez más gay, que no podía evitarlo, me dijo que nunca lo hubiera entendido, me juró que nunca quiso hacerme daño, que el realmente se había enamorado de mí, pero había parte de él que no podía ocultar, estaba viva en él, y él era así…<br /><br />Era tarde, me fui a dormir para acomodar mis ideas, él se quedó en el sillón.<br /><br />En la mañana, con la salida del sol, ya más tranquilos empezamos a evaluar cómo seguir adelante, el divorcio era la primera opción, fácil, rápido, sencillo, pero convenimos en que los dos perderíamos demasiado, el su exposición pública, familiar, laboral, si es que yo habría la boca, y suponiendo que pudiera probarlo, y yo, la posibilidad de quedar como una mentirosa y además perder todo mi bienestar económico, porque para ser honesta Aníbal era quien mantenía todos mis caprichos.<br /><br /><br /><br />Pensamos variantes y en una semana habíamos llegado a un acuerdo, puertas afuera seríamos el matrimonio perfecto, enamorados, dulces, cariñosos, puertas adentro como perro y gato, cada uno haría su vida.<br /><br />Por un tiempo Aníbal y yo seguimos compartiendo la cama matrimonial, pero pronto sentí que me repugnaba, solo imaginarlo con otro hombre, hasta me molestaba que solo me tocara, o sentir cerca su respiración, decidimos que se mudara al cuarto contiguo, donde alguna vez idealicé a nuestros futuros hijos…<br /><br />Conforme pasaron los días nos fuimos acostumbrando a nuestra nueva forma de vida, incluso acordamos que yo podría traer mis hombres y él podía traer los suyos, con discreción, guardando las apariencias, coordinando los tiempos, el no sabría nada, yo no sabría nada.<br /><br /><br /><br /><br /><br />Y la vida siguió adelante, con nuestro pacto secreto, para mí se me hizo difícil, quería enamorarme nuevamente, no era solo un tema físico, era también algo del corazón, no soy una puta regalada desesperada por un hombre, pero Aníbal desfilaba con caballeros, uno más bonito que otro, no sabía de donde los sacaba, solo me llamaba la atención que nunca fuera el mismo, y esto despertó mi curiosidad.<br /><br />Llegado el momento le pregunté y el encogiéndose de hombros, resignado me dijo:<br /><br /><br /><br />Los hombres que traigo son hombres pagos, no puedo darme el lujo de enamorarme nuevamente, aún eres mi esposa, aún te respeto y aún a mi manera te sigo amando, aunque tú me odies…<br /><br /><br />Sus palabras sonaron muy fuertes en mi cabeza, no lo odiaba, esa fue mi primera reacción, pero el tiempo curaba las heridas…<br /><br /><br /><br /><br /><br />La noche se presenta cálida, Aníbal cena con un chico musculoso, rubio de cabellos largos y enrulados a media espalda, de piel bronceada y pequeños ojos verdes, luce unos jeans ajustados que dejan notas sus piernas chuecas, botas tipo texanas y una camisa negra un tanto descolorida.<br /><br />Soy amable con mi esposo, y también con Matías, el joven con el que él tendría sexo, soy lo suficientemente discreta para no entrometerme y a la vez lo suficientemente provocativa para obtener su atención, la palabras de Aníbal habían ablandado mi corazón y ya era hora de calmar mi instinto animal, no quería robárselo, quería compartirlo…<br /><br /><br /><br />Todo se da sin palabras, sin permisos, entro al cuarto de mi esposo, hacía meses que no entraba, su fragancia está impregnada en el ambiente, me estiro en puntas de pies para llegar a los labios de Matías, es un extraño pero diablos, como me hace falta un hombre!<br /><br />Sus besos tienen sabor a miel, sus brazos me rodean, sus bíceps me aprietan, me cuelgo de su cuello, Aníbal se interpone y acaricia su pecho, nos miramos con mi esposo como hacía tiempo no nos mirábamos, me guiña un ojo como invitándome a compartir el manjar.<br /><br />La verga de Matías está dura bajo su slip, puedo sentirla pegada a mi cuerpo, entiendo que es algo enorme, Aníbal toma mi mano y le conduce a él, entre ambos la apoyamos de tal manera de compartirla, me arrodillo a sus pies mientras Matías termina de desnudarse, su pene es enorme, increíblemente grueso, la boca se me llena de saliva en deseo…<br /><br /><br />Mi marido también se desnuda y se sienta al borde de la cama como espectador de lujo, quiere observar como lo hago, la tomo entre mis manos y la acaricio con placer, desnudo su glande rosado para pasar mi lengua por él lubricándolo con mi saliva, acaricio sus testículos y lo beso de punta a punta tan largo como es, lo envuelvo con mi mano derecha pero su grosor me impide rodearlo, los ojos de Aníbal están fijos en mi boca, lo invito a chuparla pero él niega con la cabeza, solo quiere observar, desnudo entonces mis pechos y rodeo con ellos toda esa barra de carne, los acaricio desde arriba hasta abajo, mis pezones se endurecen y siento mi sexo humedecerse, miro a mi esposo con ternura, arrimo mi cabeza a la suya sin descuidar el tesoro que tengo entre los pechos, nos besamos, como hacía tiempo no nos besábamos, de pronto, la magia parece retornar…<br /><br /><br /><br />Me tiende hacia él y termina de desnudarme a mí también, como en las viejas épocas, me recuesta sobre la cama y se coloca invertido sobre mí, con nuestros genitales y nuestras bocas juntas, siento entonces su lengua lamer mis labios y mi clítoris, he olvidado lo que me hacía sentir cuando me chupaba la concha de esa manera, hago lo mismo con su pija, enterrándola en lo profundo de mi garganta, beso sus testículos, empiezo a chupárselos todos…<br /><br />Matías se suma al juego, me abren las piernas, me preparo, siento su sable refregar mi clítoris, al fin apunta en mi agujero y lo introduce hasta el fondo, sin piedad, provocando un dolor en lo profundo que me obliga a contraerme por instinto, pero Aníbal me aferra de tal manera que me impide resistirme arrancando gritos mezcla de dolor y placer…<br /><br /><br /><br />Uno me coge profundo, el otro lame mi clítoris, me es imposible pensar en otra cosa, cada tanto me dan un respiro, percibo que me dejan descansar y la pija de Matías va a parar a la boca de Aníbal, en esos instantes tomo el control, apoyo mis manos en los glúteos de mi marido, los abro y su esfínter se abre con ellos, supongo que si lo acaricio le gustará, ensalivo un par de dedos y juego en su abertura amarronada, le gusta, siento que le gusta, casi sin darme cuenta pronto mis dedos se pierden en su agujero, entran con suma facilidad, casi sin resistencia, agrego mi dedo anular, simulo que es un pene, lo muevo en su profundidad, pero pronto la pija de Matías vuelve a penetrarme sacándome de toda concentración…<br /><br /><br /><br />Los minutos pasan, la verga de nuestro amante altera entre mi concha y la boca de mi marido, aprovecho para dilatarle su esfínter preparándolo para una inminente penetración.<br /><br />Matías cambia de lado, me indica el siguiente paso, pasa una pierna sobre mi cabeza y golpea con su pene las nalgas de Aníbal, luce enorme, amenazante, lo tomo con una mano y lo guio a la entrada de mi esposo, es demasiado gruesa, pero no lo suficiente para él, veo desaparecer lentamente el glande, luego, milímetro a milímetro el tronco venoso y duro, casi llega a la mitad y parece hacer tope en lo profundo, empieza a bombearlo rítmicamente y Aníbal gime como una mariquita golosa, su verga está dura, mi mirada se pierde en esa verga enorme penetrando su culo, empiezo a masturbarlo mientras lamo sus bolas, y el vuelve a lamer mi clítoris desesperadamente…<br /><br /><br /><br />Matías necesita un descanso, evidentemente sus piernas comienzan a acalambrarse, se recuesta y ahora es mi turno de ir sobre él, pongo mi concha en su boca y su pija en la mía, es tan larga que me hace quedar un tanto incómoda, siento sus brazos musculosos rodear mis piernas y sus manos acariciar mis nalgas, su lengua recorre mi intimidad, mis labios, mi clítoris, sus dedos se introducen una y otra vez en mi argolla jugosa, trato de chupar su pija lo mejor posible, Aníbal se une al juego y también me convida su verga, tomo una en cada mano tratando de no perder el equilibrio, chupo una, chupo la otra, incluso las uno y trato de meter ambas al mismo tiempo.<br /><br />Mi concentración no dura mucho, siento un calor subir por mi cuerpo, Matías lo hace tan bien… no puedo detenerlo, no quiero, me siento explotar entre sus labios, gimo, grito, lloro, mi esposo me acaricia el cabello con una sonrisa placentera, como compartiendo mi placer…<br /><br />Me susurra al oído que desea cogerme, como en los viejos tiempos, una rara lujuria se apodera de mí, me acomodo sobre el colchón, boca abajo, ofreciéndole mi trasero, viene sobre mí, siento su peso en mi espalda, conduce su pija a mi concha, me penetra, recuerdo en ese instante nuestros días de pasión, me roda con su brazos abriéndose camino entre las sábanas hasta llegar a mis pechos que se mantienen comprimidos, sus tibios dedos juegan en mis pezones, me excita, Matías toma parte de juego acomodándose a su vez sobre mi esposo, aumentando considerablemente el peso que soporto, siento como lo penetra, nos movemos los tres con ritmo, Aníbal me coge al tiempo que Matías se la da por el culo, nuestros gemidos se mezclan en el ambiente, la cama cruje por el desenfreno, a la lujuria…<br /><br /><br /><br />Matías se retira y casi corriendo se acerca a nuestro lado, veo de reojo como se masturba cerca de nuestros rostros, mi esposo cierra los ojos y casi de inmediato la leche caliente comienza a saltar sobre su rostro, pega en sus pómulos, en sus labios, en su frente, en su nariz, en sus ojos, puedo verlo en primer plano, la excitación de Aníbal es tan grande que pronto su semen caliente invade mi concha, entrego pequeños orgasmos encadenados, uno tras otro.<br /><br />La leche esparcida en el rostro de mi esposo comienza a caer sobre el mío, estoy embriagada de placer…<br /><br /><br /><br />Seguimos cogiendo entre los tres toda la noche, probando un sinfín de nuevas maravillas…<br /><br /><br /><br /><br /><br />Matías fue el primero de muchos, en esta loca aventura, no sé cuánto durará, es enfermizo hacer permanentemente el amor entre tres, una mujer con dos hombres, un hombre que gusta de hombres y un tercero que es solo un extraño de turno.<br /><br />No sé, no quiero proyectar a futuro, solo quiero disfrutar el presente…<br /><br /><br /><br /><br /><br />Si tienes comentarios, sugerencias al respecto puedes escribirme con título ‘EL SECRETO DE ANIBAL’ a dulces.placeres@live.com</p>
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                        <title>Para ella y para vos...</title>
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                        <pubDate>Fri, 17 May 2024 21:34:25 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[PARA ELLA, Y PARA VOS...
 
 
En esos días empezaba a trabajar por cuenta propia con un pequeño reparto de alimentos, leche, yogures, quesos y fiambres, sabía del oficio puesto que hacía s...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<div>PARA ELLA, Y PARA VOS...</div>
<div> </div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">En esos días empezaba a trabajar por cuenta propia con un pequeño reparto de alimentos, leche, yogures, quesos y fiambres, sabía del oficio puesto que hacía siete años que ya hacía ese trabajo, pero bajo relación de dependencia de una conocida firma, pero había llegado el momento de ser mi propio jefe y trabajar solo para mí.</div>
<div class="x_elementToProof">Ya me había comprado un vehículo acorde y ya tenía una cartera de futuros clientes lo suficientemente grande como para dar mis primeros pasos y saber que todo estaría bien</div>
<div>Andaba dando vueltas con temas de papeleos legales y habilitaciones municipales para poder cerrar el círculo y deambulaba de oficina en oficina, y en una de esas oficinas conocería a Macarena</div>
<div class="x_elementToProof">Maca atendía al público en una delegación paralela a la policía provincial, solo que en este caso era de menor rango, era municipal, con funciones similares pero diferentes, ellos no estaban autorizados a portar armas ni podían detener personas, ni intervenir en conflictos, ellos solo podían hacer intermediarios entre la comunidad y los que realmente tenían el poder de policía</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Sin embargo, en apariencia, daban esa imagen de control urbano, con importantes uniformes y medios de comunicación, aunque en el consiente del común de la gente, era solo una delegación de parásitos y acomodados por el gobierno municipal de turno, para darle trabajo a la gente y mejorar sus índices paupérrimos de desocupación laboral</div>
<div>Como fuera, ese simple cruce casual por un papeleo, me llevaría a una cita, a tener sexo, a enamorarme y formar una familia</div>
<div class="x_elementToProof">Ella era muy perra en la cama, muy mente abierta, tenía algunos juguetes íntimos de sus días de soltería y sin inconvenientes los incorporamos al juego, era parte de lo que me enamoraba de ella, todo parecía normal, nada le molestaba y no juzgaba nadie por lo que hiciera entre cuatro paredes y era parte del motivo por el cual me había enamorado de ella, pero también era muy compañera como esposa, le gustaba dialogar, disfrutar una cena romántica y, por cierto, genial en la cocina</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Todo iba perfecto, ella en su empleo rutinario con horarios fijos y por mi parte con el reparto, que me daba un poco mas de libertad, y esas oportunidades horarias empezarían algunos cambios</div>
<div>Verán, siempre me enamoraron las mujeres, pero todo el mundo femenino me generaba una intriga particular, puesto que, como hombre, podía imaginar el placer femenino, pero jamás, jamás podría experimentarlo</div>
<div>En algunas de esos ratos libres del reparto, solía pasar por casa, siempre había algo que hacer, y en una oportunidad, por casualidad su cajón de ropa interior estaba abierto</div>
<div>Solo fui de fisgón, y empecé a excitarme con sus cosas, me encontré con la pija dura, solo tomé una de sus tangas que olía a perfume y me masturbé con ella llenándola de semen, seria mi primer secreto</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Repetiría el juego, solo que en esta oportunidad no sería casual, lo había planificado y me había hecho el tiempo adrede, así que solo me desnudé y me puse por primera vez unas medias de red negras con ligas y una tanga que hacía juego, me miré al espejo y de no ser por mi verga dura me veía muy femenina por así decirlo, pude notar que tenia una muy linda cola, tal vez mejor cola que la misma Macarena, volví a masturbarme sintiéndome mujer y vaya, acabé como un animal, noté que me gustaba demasiado el mundo paralelo que empezaba a descubrir</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Aclaro que yo no tenía intenciones 'de cambiarme de equipo', solo me gustaba, me parecía sexi y ya, podía convivir con el doble juego.</div>
<div class="x_elementToProof">Y de casualidad, una vez di con uno de sus dildos y probé que se sentía por detrás, Macarena se ponía muy loquita cuando se la metía por el culo y me excitaba demasiado dejárselo todo abierto, y ahora era yo quien sentía el placer que ella sentía, era todo loco, cada vez más loco</div>
<div class="x_elementToProof">Incluso alguna vez me encorvé de tal manera sobre la cama, como para dejar mi verga por sobre mi rostro, fue incómodo, pero la excitación de masturbarme con los ojos cerrados y la boca abierta, esperando mis propios jugos fue demasiado caliente, demasiado tentadora</div>
<div class="x_elementToProof">Y no sería el orgasmo en sí, sino recibir esa leche caliente en mi boca, pegajosa, y dejarla correr por mi garganta, diablos! eso era lo que Maca sentía?</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Todo iba bien por mi lado, pero las cosas cambiaban en el entorno de mi pareja</div>
<div class="x_elementToProof">En el horizonte lejano aparecían las fechas de reelecciones nacionales, provinciales y municipales, y al inútil del intendente de turno no había un número de su gestión que le cerrara, tenía una pésima intención de voto y una imagen negativa que tocaba las nubes, y empezó a dar típicos manotazos de ahogado</div>
<div class="x_elementToProof">La institución que el mismo había creado era el centro de críticas de toda la población, era un juntadero de vagos y solo eso, había demasiados rateritos por las calles por lo que decidió sacar a toda esa gente a patrullar la ciudad, en colaboración con la policía, pero como siempre, en rol secundario y solo debían estar con los ojos abiertos</div>
<div class="x_elementToProof">Formó parejitas de vigilancias, por cierto, un hombre y una mujer, la cuestión de igualdad de géneros no podía quedar de lado y era algo que políticamente también podía llevar agua para su corral</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Así, mi esposa empezó a andar por las calles, en horarios rotativos, con Felipe, su nuevo compañero</div>
<div class="x_elementToProof">No le hacía mucha gracia, puesto que lo suyo siempre había sido estar detrás de un escritorio, pero al menos tenía el consuelo de que a aquellos de mejores desempeños le habían dado alguno de los móviles disponibles y mientras que al resto solo le tocaba hacer eternas caminatas, y ella, siempre había sido una empleada ejemplar.</div>
<div>Las cosas cambian tan rápido que uno no suele darse cuentas, y entre esos cambios, me descuidé en la situación que ahora Maca ya no tenía horarios fijos y nuestra casa ya no sería mi bunker secreto</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Era cerca del mediodía, yo estaba entre reparto y reparto, había mirado algunos videos de bisexuales y esas cosas y estaba que hervía, me colé unos de los juguetes de mi esposa por detrás y solo lo dejé vibrar esperando eyacular sin tocarme, mientras los gemidos de los videos que seguía observando me llevaban al clímax</div>
<div class="x_elementToProof">Eso fue lo que encontraría Maca de casualidad, ese cuadro, esa pintura, se suponía que no debía pasar por casa en ese momento, pero lo había hecho, y yo estaba tan metido en mi historia que jamás pude advertir su llegada hasta que fue demasiado tarde, su cara bajo el umbral de la puerta del dormitorio no decía nada, o lo decía todo, con una confusión inesperada solo atinó a decir</div>
<div> </div>
<div>Tengo que procesar todo esto...</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Solo volvió tras sus pasos y presentí el final de mi matrimonio</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">Nos reencontraríamos por la noche, al caer el sol, después que yo terminara mi reparto vespertino y ella su jornada, no nos dijimos demasiado y ella mostró un silencio llamativo, me dijo que estaba cansada y necesitaba tomar una ducha.</div>
<div class="x_elementToProof">Me quedé acomodando un poco las cosas de casa y preparando algo de lo que sería nuestra cena, luego fue mi turno de ducharme mientras observé con reservas las hermosas curvas desnudas de mi esposa, tragando saliva, asumiendo que ya no habría retorno</div>
<div class="x_elementToProof">Sin embargo, al salir, ella me esperaba sobre nuestra cama, con lencería de ocasión, medias y unos infaltables zapatos de tacos, con varios de sus juguetes desparramados, entonces me dijo</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Quiero que sepas que te amo como eres, y que no me molestó lo que vi, por el contrario, me supo tan caliente que en ese momento no supe cómo manejarlo</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Solo fui sobre ella e hicimos el amor como nunca lo habíamos hecho, diferente, abierto, sin secretos, donde sus juguetes fueron nuestros juguetes y esa noche emprendimos un camino sin retorno</div>
<div class="x_elementToProof">Macarena, en unos meses le daría una vuelta a nuestra pareja y empezó a portarse muy loca conmigo, en la misma forma en que yo solía rasurarla a ella, ahora ella lo hacía conmigo, me depilaba toda la cola, suavecita como una niña me decía y me daba una nalgada, y me hacía poner en cuatro para darme terribles chupadas de culo que me hacían poner la verga dura como piedra</div>
<div>A veces nos poníamos conjuntos de medias, de ligas, o bombachitas diminutas y nos tomábamos fotos muy sexis, ambos, muy de putitas, y a veces ella bromeaba sobre que tenía mejor culo que ella, cosa que era cierta, pero como hombre no podía decírselo para no herir su lado femenino</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div>La forma en la que Macarena y yo nos comunicábamos en la cama cambiaba demasiado rápido, y a ambos nos gustaban nuestros nuevos roles, el mío un poco más femenino, el de ella un poco más masculino</div>
<div class="x_elementToProof">Por fuera de la pareja, su trabajo parecía ir mejorando día a día, estaba mas contenta, le había tomado el gusto a lo de estar en un vehículo toda la jornada y Felipe parecía ser un buen tipo, ella me hablaba bien de él, y cada tanto traía historias de horas de trabajo, que Felipe esto, que Felipe lo otro, que Felipe hizo tal cosa, y que no se cuanto más con Felipe</div>
<div class="x_elementToProof">Como hombre, no pude, o no supe, o simplemente no quise ver que mi esposa era atractiva, joven, y que naturalmente pasaba mas horas en el día con su compañero de trabajo que conmigo, y que la situación que ambos tuvieran familia no impedirían una infidelidad, no sería descabellado</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Recuerdo esa tarde, ella llegó de su jornada, como de costumbre, ya había anochecido, no dijo mucho, solo me llevó un tanto a la fuerza a la habitación, parecía desencajada, me dijo que quería que la cogiera, medio a lo animal, y en un abrir y cerrar de ojos estábamos desnudos sobre la cama, estaba entre sus piernas intentando metérsela, pero lo inesperado de la situación me tenía sin poder conseguir una erección completa como para poder penetrarla</div>
<div>Tomo uno de sus juguetes, apenas si lo lubrico y me lo metió todo por el culo, y lo puso a vibrar</div>
<div class="x_elementToProof">Ella consiguió su objetivo, me puse duro como piedra y empecé a cogerla con fuerzas, al tiempo que ella hacía lo mismo conmigo, con su dildo</div>
<div class="x_elementToProof">Me decía al oído en pleno acto</div>
<div> </div>
<div>Te gustaría mi amor? te gustaría tener una de verdad en el culo? me darías el gusto? </div>
<div> </div>
<div>Y en medio de todas sus palabras eyaculé como un animal en su interior</div>
<div class="x_elementToProof">Macarena entonces me hizo a un lado, como se desecha a un preservativo, solo se sentó en la cama apoyándose en el espaldar, agarró su cartera, sacó un paquete de cigarros, encendió uno, dejando el mismo y el encendedor sobre la mesa de luz</div>
<div>Ella estaba nerviosa, evitaba mirarme, y pareció hacer oídos sordos a mis reclamos, sabía que odiaba que fumara, ni siquiera sabía que lo estaba haciendo nuevamente, después de cuatro años que no la veía con un cigarro en la boca, y evidentemente no era lo único que no sabía de mi amada mujer</div>
<div>Noté que tenía los mismos nervios que tenía yo ese día que me había descubierto usando sus prendas íntimas, le traje un vaso con agua, le quité dulcemente el cigarro y la invité a hablar</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div>Ella daría algunos rodeos, intentando evadirme, era obvio que cargaba una culpa demasiado grande sobre sus hombros, pero poco a poco largaría sus palabras</div>
<div class="x_elementToProof">Me enteraría entonces, que su colega, Felipe, estaba el tanto de toda nuestra intimidad, de las fotos que nos tomábamos, y muchas cosas que habíamos hecho eran solo porqué él se las había pedido, que la excitaba demasiado todo lo que estaba viviendo porque Felipe no solo se la quería poner a ella, también me la quería poner a mi!!! porque cosas de la vida, le decía 'que hermoso culo tiene tu marido'</div>
<div>Y ya no podía con toda esa carga emocional, y lo que había sucedido horas antes, la había puesto sobre las cuerdas</div>
<div>Me confesó que habían tenido una tarde aburrida, sin acción, y que ella le había estado platicando mucho sobre cosas que no debió hablar y se sentía hasta culpable por hacer originado la situación, solo Felipe buscó un lugar apartado, detuvo el coche y le mostró su verga, estaba dura, y se veía enorme</div>
<div class="x_elementToProof">En resumen, ella no había podido evitarlo y la había dado la chupada de pija de su vida, y después de tragar todos sus jugos sintió el arrepentimiento por mi</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div>Entonces comprendí su estado de locura, el motivo de haber actuado como había actuado y me dijo que solo si ya no quería estar con ella podría entenderlo, pero lo que ella no podía entender es que lejos de estar molesto, estaba excitado por imaginar como le había chupado la pija a su compañero de trabajo</div>
<div class="x_elementToProof">Las cosas siguieron su curso, era raro, porque yo sabía que me había sido infiel y que podría volver a serlo, pero el nudo del problema no era ese, porque yo sabía que era lo que ella estaba buscando</div>
<div class="x_elementToProof">Unos seis meses después, ella me había llevado por caminos que yo me dejé llevar, era ella quien había tomado el control, quien me depilaba por completo, quien me compraba lencería sexi, quien me había regalado unas hermosas botas de tacos altos brillantes como la noche, quien me hacía el culo a su antojo y quien me había regalado una hermosa jaula de castidad en un plateado acerado que me sabía sexi, y lo peor, lo que más me gustaba, que me tomara fotos para mostrarle a Felipe, quien por cierto se había hecho un tanto cómplice de todo y él ya sabía que yo sabía que él se la cogía</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div>Aclaro en este punto, que puertas afuera, seguía siendo Pablo, el repartidor que todos conocían y por nada del mundo dejaba de lado mi mundo masculino, porque yo quería eso, nada diferente</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div>Mi cumpleaños treinta y dos estaba a vueltas de la esquina, y Maca me dijo que tendría un regalo que nunca olvidaría, esa tarde tenía franco y me pidió que organizara mis cosas para tener tiempo libre</div>
<div>Así lo hice, ella me pidió que la depilara por completo, y luego hizo lo propio conmigo, era algo que siempre hacíamos, entonces me colocó mi jaulita de castidad, me dio unas medias de red negras y una pollerita tableada, tipo escocesa, y me pidió que me pusiera mis botas brillantes, casualmente, ella tenía un conjunto igual al mío y quedamos vestidas como 'hermanitas gemelas'</div>
<div>Sacó su móvil y tomó unas fotos, y noté que las enviaba y escribía el mismo tiempo, muy concentrada, le pregunté si eran para Felipe y asintió con la cabeza, sin quitar la mirada de la pantalla</div>
<div> </div>
<div>Mi verga intentaba endurecerse sin éxito, por culpa de la jaula que la aprisionaba, y ella me hablaba de temas sexuales, entendiendo que adrede buscaba hacer tiempo</div>
<div>Cuando golpearon la puerta de casa, y ella abrió, la imagen de Felipe se haría presente por primera vez, entonces titubeando pregunté</div>
<div> </div>
<div>Vos... vos... sos...</div>
<div> </div>
<div>Si, Felipe, el compañero de tu mujer, y por cierto, tengo verga para ella, y para vos...</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Pasamos al cuarto sin hablar demasiado, él me dio una nalgada y me dijo que tenía un culo hermoso, Maca me beso en la boca, y nos quedamos haciéndolo a un lado mientras él se quitaba las prendas, y mi esposa no mentía, tenía una verga intimidante</div>
<div>Ella me dejó de lado y fue directo a chupársela, y luego volvió a mi lado para darme un dulce beso, para volver a chupársela y volver a besarme, entonces me pidió que yo lo hiciera</div>
<div>Fui a su lado, me arrodille y la excitación me embargaba, antes mis ojos tenía la enorme pija del amante de mi esposa, ella me tomó por los cabellos, parecía que la situación la excitaba demasiado, y eso me excitaba a mi, solo cerré los ojos y empecé a hacer mi mejor trabajo, era grande por cierto, pero me sentí engolosinado, apretaba más y más y aunque las lágrimas cayeran por mis ojos empecé a atragantarme haciéndola pasar por mi garganta tan gruesa como era</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Felipe no pudo contener la risa y me dijo algo como que parecía desesperado, parecía que me gustaba la pija más de lo que le gustaba a Maca y entonces, le pidió que se pusiera en cuatro sobre la cama y me dijo a mi que observara lo que le hacía a mi mujercita</div>
<div>Ella fue obediente, su conchita depilada quedó a su alcance, pero el fue por detrás, la hizo gritar un poco, pero en unos segundos le había clavado la verga por detrás, no me esperaba esa situación y mientras ella gemía descontrolada él me dijo</div>
<div> </div>
<div>Apuesto que siempre te dijo que no lo hacía por detrás, ella me cuenta todo, sabías?</div>
<div> </div>
<div>Maldita Macarena, era cierto, nunca me había entregado porque su culo era 'virgen' y a ella le parecía sucio y asqueroso, pero no dudaba en hacérmelo a mi con sus juguetes, o entregárselo con placer a su amante de turno</div>
<div>Felipe me sacó de mis pensamientos y me dijo</div>
<div> </div>
<div>Vení papi - palmeando en la cama a la derecha de donde ella estaba - ahora es tu turno, quiero esa colita...</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Mierda, fui a la par de Maca, en cuatro, como ella estaba y mi corazón parecía saltar de mi pecho, mezcla de excitación y dudas, Felipe se acomodó por detrás y sentí su dedo rozar mi esfínter, tenía algún lubricante, y me lo metió fácilmente, luego sentí que ya metía dos dedos y luego de aprestó a hacerlo</div>
<div class="x_elementToProof">Golpeó con su verga dura sobre mis nalgas un par de veces y en un golpe zas! todo adentro, Felipe se movía con fuerzas en mi interior tomándome por las caderas, mi verga prisionera quería explotar y mi Dios! solo empecé a gritar perdido en placer, mientras Maca disfrutaba de una situación que muchas veces había imaginado</div>
<div> </div>
<div>Me dio un buen rato, volvió dárselo por el culo a ella y luego a mi, hasta que mi esposa decidió salir del juego, solo se fue a un lado, se sentó sobre la silla, con una pierna sobra su meza de luz y la otra sobre la cama, bien abiertas, empezó a acariciarse los pechos y a refregarse la concha. Felipe me había recostado sobre el colchón, boca arriba, había levantado mis piernas y me la metía una y otra vez agrandando más y más mi adolorido esfínter que se llenaba de gozo</div>
<div>Mi mujer miraba extasiada, creí que era algo que siempre había querido ver, puesto que se estaba masturbando con locura y la forma de actuar hacía parecer que el libreto había sido planificado con mucha anticipación</div>
<div> </div>
<div>Estaba entregado, Felipe vino de lado de mi cabeza, del contrario de Maca, para que ella pudiera ver, empecé a chupársela como podía hacerlo, lamiendo su glande hinchado de sangre, duro como piedra, que diablos...</div>
<div>Un sabor diferente llegaba a mi boca, recordé los días en que bebía mi propio semen y me percaté de lo que estaba por pasar, el la metió mas profundo y solo empezó a eyacular con inusitada fuerza, lo hacía como un maldito caballo, diablos, cuanta leche! tenía un rico sabor, tragaba engolosinado, todo lo que podía, pero era más rápido que yo y no pude evitar un rebalse por mis labios mientras mi mujer se retorcía como una serpiente en un orgasmo eterno</div>
<div>Ella no esperó, vino a besarme como poseída, para poder compartir las últimas gotas de nuestro amante de ocasión, para volver a compartir sus labios con los míos y con la pija de Felipe, que aun chorreaba semen</div>
<div>Seguimos haciéndolo por unas horas, probando cosas nuevas, pero el clímax del encuentro había pasado en ese momento</div>
<div> </div>
<div>Como sigue la historia? no lo se...</div>
<div>No se si mi mujer encontró lo que quería, si es feliz junto a un hombre que le gusta ser mujer, o solo se le pasará el fetiche y buscará un hombre íntegro, como Felipe</div>
<div>Tal vez un día ellos me abandonen</div>
<div>No se que es lo que busca Felipe en todo esto, una aventura paralela para alejarse de su aburrida vida matrimonial, o se habrá enamorado de mi mujer, lo suficiente para cumplirle todos los caprichos, incluso, hacerle el culo a su propio marido</div>
<div>Y no se que hay de mi, extraño el hombre que fui, me siguen gustando las mujeres y me sigue gustando mi reparto de productos, pero también me sigue gustando usar lencería de mujer, usar mi jaula de castidad y portarme como una putita</div>
<div> </div>
<div> </div>
<div>Si te gustó la historia puedes escribirme con título<span> </span><span>PARA ELLA, Y PARA VOS... a dulces.placeres@live.com</span></div>
<div> </div>
<div> </div>
<div id="wpfa-4520" class="wpforo-attached-file"><a class="wpforo-default-attachment" href="https://relatosonline.b-cdn.net/wp-content/uploads/wpforo/default_attachments/1715981665-1.jpg" target="_blank" title="1.jpg"><i class="fas fa-paperclip"></i>&nbsp;1.jpg</a></div>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/bisexuales/">Bisexuales</category>                        <dc:creator>dulces-placeres</dc:creator>
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                        <title>Perdido por ti</title>
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                        <pubDate>Thu, 24 Aug 2023 23:27:27 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[PERDIDO POR TI
 
 
Siempre preferí engañarme a ver la realidad, ella era para jugar en las grandes ligas, jamás estaría a su altura, y sabía que hiciera lo que hiciera nunca sería suficie...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<div class="x_x_elementToProof">PERDIDO POR TI</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Siempre preferí engañarme a ver la realidad, ella era para jugar en las grandes ligas, jamás estaría a su altura, y sabía que hiciera lo que hiciera nunca sería suficiente.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Yo era un joven de futuro brillante, estaba haciendo mucho dinero invirtiendo en las bolsas de comercio, había estudiado para ello, era lo que me gustaba, y los billetes habían llegado a mi demasiado pronto, de esa forma en que te marean y no puedes mantener los pies sobre la tierra, una situación difícil de manejar.</div>
<div class="x_x_elementToProof">Me había comprado un dos puertas importado y un departamento enorme en la mejor zona de la ciudad.</div>
<div class="x_x_elementToProof">Tenía chicas a elección, esas chicas que se enamoran de tu bolsillo, y no me importaba que así fuera, yo también solo buscaba momento de placer.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Tuve la idea de modernizar a mi gusto ese departamento, tenía muchas ideas locas y jóvenes y así contacté a Marianela Ballesteros, una joven arquitecta para que se encargara del tema.</div>
<div class="x_x_elementToProof">No la conocía, no sabía quién era, si era buena en lo suyo, nada, tampoco me importaba, solo vi su foto entre tantas, me había parecido tan bonita como intrigante y asumí que entre negocios y negocios terminaríamos en la cama.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Pero Marianela sería diferente, a la primera insinuación de mi parte, me miró fijamente a treves de los vidrios de sus anteojos y me puso un freno con sabor a hielo, me dijo que ella era profesional y que nuestra relación sería meramente de por trabajo y que, si esperaba otra cosa, pues podría buscar otra persona.</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">En esos días, yo no estaba acostumbrado al rechazo de una mujer, y Marianela se transformaría en mi obsesión, dejé que ella tomara la iniciativa y fuera por delante de mí, hacía caso a todo, solo ponía el dinero y en tres meses tendría un departamento nuevo, solo que no estaría realizado a mi medida, sino a la suya.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Nuestra relación se terminaba, en el roce de esos días nos habíamos conocido bastante, ella sabía de mi dinero, de mis inversiones bursátiles, me notó un tipo inteligente, yo también vi en ella una mujer atrapante, inquietante, demasiado madura para su corta edad, independiente, y secreta, sobre todo secreta, porque ella tenía un lado oscuro del cual jamás hablaba</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">A pesar del frío inicial, la invité a cenar, y luego la invité a mi departamento, terminamos en mi cama, y descubrió los secretos que el dinero no podía comprar, el tamaño risueño de mi pene y el problemita de la eyaculación precoz.</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Poco después, en la penumbra del cuarto ella se vestía para volver a su casa, le pedí que se quedara a dormir, pero ella me dijo que seguramente en otra oportunidad, tendría un día complicado por delante y debía descansar un poco. En su cara se dibujaba la insatisfacción y me sentí un fracaso de hombre. La dejé partir y supe que era el final de una situación que nunca había comenzado.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Pero no era una persona acostumbrada al fracaso, debí entender que las piezas no cuajaban en el rompecabezas que se me presentaba, pero días después dejé mensajes en su celular, del que no tendría respuesta, y luego otro, y otro más, y no dejaría de hacerlo hasta que escuchara de sus labios que no tendría una oportunidad a su lado.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Sin embago, gané por cansancio, le arranqué a desgano una segunda cita para hacer las peores de las jugadas, intentar comprar su corazón con mi bolsillo, me abrí con ella como con nadie y la perra mordió el anzuelo.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Salimos una vez, y otra, y otra más, en la balanza le pesaban más mis billetes que mi pobre performance sexual, y preferí engañarme, mentirme, decir que todo estaba bien, fui feliz presentándola en mi familia, a mis amigos, empezar un noviazgo de enamorados, tristemente condenado al fracaso.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Un par de veces intentó terminar la farsa, pero en cada vez yo corría como un niño a su lado, mi alma estaba abierta, y ella tomaba lo mejor de mí.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Le propuse casamiento, si, de blanco, un gran vestido, una mejor fiesta, ella me rechazó, y volví a hacerlo poco después, y como con los mensajes de celular, no aceptaría un no de respuesta, tontamente pensaba que haciéndola mía ante un altar, alejaría de mi cabeza todos los fantasmas de otros amores, porque mis celos me dejaban adivinar que ella tenía amores paralelos, mejores, perfectos, quienes si la hacían feliz</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Era hasta insano, había tenido en mi cama cuanta mujer había deseado tener, pero me fui a enamorar como un tonto de aquella que jamás me entregaría su corazón</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Y ya en esa misma noche de bodas las cosas arrancarían fatales para mí, yo tenía muchos amigos varones invitados, ella también...</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Y a pesar de todo lo íntimo que suponía ser la ceremonia, en plena fiesta, ella estaba demasiado pendiente de su celular, escribiendo mensajes, y ni siquiera en ese momento, logré que fuera solo mía.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Y olí el engaño en esos minutos en los que estábamos separados, desentendidos, saludando familiares y amigos, y cuando la veía a la distancia con su impecable vestido de blanco, desentendida de mis ojos observadores, ella estaba demasiado íntima con alguno de sus amigos, risas, gestos, toques casuales, solo lo dejé pasar, una vez mas</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Los días de convivencia bajo el mismo techo sol empeorarían las cosas, realmente Marianela se aburría conmigo, por mi pequeño pene, por mi precocidad, y me desgarraba el corazón cuando la cogía y ella solo estaba en otro sitio, fumando, con la mirada de lado, inexpresiva, o mirando cualquier cosa en su celular, fría como el hielo y la incompatibilidad de la cama, como una mancha perversa invadió todo nuestro hogar, nuestros días, nuestra convivencia.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Ella dio un paso adelante, una noche me lo presentaría en la cama, había pasado por un sex shop y había comprado un arnés con una verga de juguete bastante generosa, mucho más grande larga y gruesa que la mía, y ante mi reproche al sentir herida mi masculinidad, muy suelta de cuerpo me respondió que necesitaba sentirse mujer y que estaba harta de sesiones con psicólogos y profesionales para trabajar sobre 'mis problemas' </div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Empezamos a hacerlo de esa manera, a su manera, la cogía rápido, me acababa, luego me ponía el arnés y era su momento de placer, entonces si, gritaba, disfrutaba, como una yegua, incontenible y parecía amar esos raros orgasmos, con esa forma de hacerme sentir menos hombre y solo me quebraba, una vez, cada vez.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Al conciliar el sueño me sentía mortal, generalmente le daba la espalda para que no percibiera mis sentimientos, y muchas veces solo dejaba caer las lágrimas mientras ella dormía plácidamente.</div>
<div> </div>
<div> </div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Una noche como tantas, yo le deba la espalda en la cama, como de costumbre, ella se apegó a mi, pero noté en esa proximidad que esta vez tenía calzado el arnés con la pija de juguete, el que había comprado en el sex shop, y empezó a jugar sobre mi trasero, le pregunté que hacía, y me dijo que me callara, bajó mi slip y empezó a pasarlo entre mis nalgas, sentí mi corazón latir con fuerza, y como ella se pegó más y más a mi cuerpo empujándome poco a poco al borde mismo de la cama, sintiendo sus jadeos en mis oídos, y como en una forma grosera trataba de meterlo por mi culo, ayudándose con sus dedos lubricados por algún gel de ocasión</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Volví a preguntarle que estaba haciendo, que ya no era gracioso, me tenía contra las cuerdas, pero volvió a ignorarme, sonriendo con cierto sarcasmo dio un fuerte empellón haciendo que me doliera, pero no se detendría, y poco a poco me sentiría violado por mi propia mujer</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Era demasiado grueso, y me lo incrustó hasta el fondo después de algunos rodeos y empezó a ocupar el sitio que naturalmente era mío, mientras a mi me tocó disfrutar como mujer</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Marianela se vio muy caliente con su nuevo rol, tomando la iniciativa, dándome órdenes, nalgadas, incluso masturbándose mientras me lo hacía por detrás, haciéndome gemir aunque no quisiera hacerlo</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Con el correr del tiempo las cosas se hicieron más y más oscuras, como en una tarde de tormenta, el sol de nuestra relación se fue ocultando.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Ella me estaba destruyendo, no solo en la cama, sino en la vida, perturbado por mi presente vivía desenfocado y mis inversiones bursátiles eran más fracasos que éxitos, ella en cambio se había más y más conocida, tenía mucho trabajo y era muy requerida.</div>
<div class="x_x_elementToProof">Tuve la tonta idea de regalarle algo femenino e íntimo, un conjunto de medias de red, ligas, tanga, sostén, ya saben, algo sexi para cambiar la rutina</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Pero Marianela me pidió que fuera yo quien lo usara y en esa noche me haría su mujer, vestido con una puta, me rompió el culo otra vez, muy perra, me puso frente a un espejo, en cuatro, y mientras me lo hacía me metía sus dedos en la boca y me tiraba los labios hacia su lado, como si fuera un caballo con riendas, y me dolía por delante, o me dolía por detrás.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Era su tonto fetiche, ya ni siquiera la cogía, siempre era ella sobre mi, había perdido el control, el rumbo, ella siempre tenía reuniones después de hora, se la pasaba pegada a su celular, chateando, manejaba el dinero, era una extraña.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Me moría en mis celos, empecé a tirar de cualquier punta para descubrir algo, enfermizo, revisé su celular en sus descuidos y encontraría demasiadas cosas complicadas, mensajes, fotos, sus perfiles, sus redes, dejaban ver una exquisita mujer, provocativa, sin compromisos, revisaba su agenda y una y otra vez hacía lo propio con su ropa interior sucia, buscando restos de hombres, fantasmas.</div>
<div class="x_x_elementToProof">Nuestras discusiones siempre terminaban en un callejón sin salida, porque era notorio que si yo no la cogía como se debía, alguien mas lo estaría haciendo</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Y como una gran bola de nieve todos nuestros problemas de pareja se hicieron enormes, porque yo me desvivía por ella, me arrastraba a sus pies, pero para ella solo era un payaso, una marioneta y jamás me había permitido asimilar que todos sus rechazos eran maneras directas e indirectas de que no estuviera a su lado.</div>
<div class="x_x_elementToProof">Y por qué lo hacía? por qué permitía que hiciera lo que hacía? solo porque era un tonto enamorado...</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Se acercaba el fin de un nuevo año, y con ello, todas esas despedidas típicas, de amigos, de trabajo, de un lado, de otro, esas interminables reuniones que hacen un diciembre demasiado complicado para el estómago y esos molestos kilos de más que se terminan acomodando en la cintura.</div>
<div class="x_x_elementToProof">Marianela me dijo que tendría una cena de arquitectos, colegas, noche de fiesta, le dije que estaba bien, que me parecía bien, nos merecíamos una salida en pareja, su circulo de trabajo junto a su esposo, me dijo con cara seria que en principio yo no estaba invitado, no era para parejas, que no sea desubicado</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Sería una de las pocas veces en mi vida que me pondría de punta con ella, tal vez muy dolido en mis sentimientos, discutimos, levanté la voz y le dije que iríamos los dos o directamente que se olvidara de esa salida.</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof">Marianela me dijo que estaba bien, si pensaba hacer el ridículo, por ella estaba bien, solo que me atuviera a las consecuencias.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Esa noche no sería una noche más, ella se había puesto un vestido nuevo que se había comprado para la ocasión, era color arena son sectores al azar en dorados brillantes, asimétrico de hombros, pegado al cuerpo, lo justo como para disimular imperfecciones y verse sexi, demasiado para mi gusto, resaltando sus bellos muslos desnudos y marcando sus pechos de una forma exquisita, se había maquillado, se había recogido sus cabellos, y se había montado sobre unos zapatos de tacos altos que la ponían a mi altura.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Su rostro irradiaba brillo, un brillo particular, y después de ultimar detalles partimos a esa famosa reunión de colegas</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Ciertamente no la pasaría bien en ese lugar, primero por sentirme un tonto obsesivo, un celoso compulsivo, un estúpido, por ser el único esposo que acompañaba a su pareja, sin dudas no era un lugar para mí y no entendía nada de lo que hablaban y nadie entendía que hacía ahí, en una reunión de arquitectos que se suponía era individual.</div>
<div class="x_x_elementToProof">Y segundo, también me molestaba lo llamativa que estaba Marianela, porque había colegas del mismo sexo, pero nadie como ella, no era un tema de belleza, sino de atracciones, miradas, gestos, sonrisas, secretos, y todo hacía que se me estrujara el estómago, demasiados amigos, demasiados íntimos, demasiado para ser solo colegas y en cada hombre veía un enemigo.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Ella, una vez más sería dura conmigo, lejos de mostrarse como esposa, pareció dejar notar que yo era un estúpido y que mi presencia la incomodaba y nunca supe si esa noche solo improvisó, o lo había calculado, o como diablos fuera, pero lo cierto es que me daría una amarga lección.</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Después de coquetear adrede con uno y con otro, ignorándome, empecé a beber y beber, al punto de emborracharme y hacer aún más el ridículo, y al alcohol en mis venas hizo que le dijera en la cara todas las cosas que normalmente no me hubiera animado a decir, ella me pidió que me callara, que no la avergonzara, pero estaba fuera de mí, hice esos escándalos típicos de películas, y cuando saqué toda mi mierda solo me puse a llorar como un chico. Marianela estaba enfurecida, y le pidió a uno de sus colegas que por favor nos alcanzara hasta nuestro domicilio, puesto que en mi estado no podría conducir de regreso.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Ellos se sentaron al frente y a mi casi me tiraron recostado en el asiento trasero, estaba perdido, confundido, pero sin embargo puede escuchar como Marianela le decía que ya no me soportaba, que era una carga y muchas cosas más que solo me hundían en un profundo precipicio, además mis ojos vidriosos alcanzaban a ver como ella le acariciaba la nuca, y también como el, cada vez que metía un cambio, aprovechaba para acariciarle discretamente la pierna izquierda.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">No sé cómo, como terminamos ahí, pero cuando me di cuenta, ese tipo, ella y yo estábamos en la cama, entre sueños tengo imágenes de lo que sucedió, mi mujer le chupaba la verga y me hacía mirar, me decía que la tenía grande y que le calentaba, luego se hizo coger un poco y se hacía pasar el glande por los labios de su vulva y por su clítoris, para después sentarse sobre mi rostro y meter toda su concha en mi boca, sentía sus carcajadas, parecía disfrutar eso y el tipo entonces hacía que ella se la chupara, pare después venir a besarme y jugar esos juegos que le gustaba jugar. </div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Marianela se apartó del juego por unos instantes, hasta salir de mi campo visual, para volver luego con el arnés entre sus piernas, para recostarme a la fuerza sobre el colchón, para levantar mis piernas, y con la ayuda del extraño que se masturbaba a un lado meter ese enorme juguete en mi culo</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Ella empezó a moverse, entrando y saliendo, haciéndome gritar, para que luego el tipo fuera por detrás y empezara a cogérsela nuevamente</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Marianela cayó sobre mi cuerpo empujada desde atrás por los embates que le proporcionaba su amante, y terminó siendo el relleno del emparado, donde el le metía la pija con fuerzas y ella, por el peso propio de ambos cuerpos me la incrustaba hasta el fondo de mi culo.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof">Creo que lo que más me molestaba era la burla de ambos, una mujer, un amante y una marioneta.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Me hicieron poner en cuatro patas, me dieron unos rodeos, el tipo me acarició las nalgas, me acarició el esfínter como tanteando la medida, entonces se acomodó por detrás y me la metió toda, preguntándole a ella si era lo que quería.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Marianela, aun con su consolador montado en el arnés, entre sus piernas, se masturbaba viendo como me rompía el culo, como me nalgueaba, como me hacía gritar y yo solo estaba preso de la situación</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Después, el tipo vino por mi frente y mi esposa empezó a chuparle la pija nuevamente, muy cerca mío, demasiado, me decía que observara una buena pija y no un micro pene como el mío, hasta que tomando esa verga entre sus dedos me la metió a mi en la boca, masturbándola, tomándome por la nuca para que no pudiera escapar.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Ella jugaba ese juego, cada tanto se la chupaba, para su propio placer, cada tanto me obligaba a mi a hacerlo, y el casual amante se reía como un bastardo, incrustándome su pija hasta la garganta.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">El final fue previsible, nada pude hacer con un primer disparo que fue directo y profundo, tuve que tragar ante la sorpresa, pero luego, con su asqueroso sabor que poco a poco llenaba mi boca empecé a escupir y a toser ante sus estridentes carcajadas.</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Me quedé tirado a un costado de la cama, destruido, me sentí un preservativo usado, me sentí violado, ultrajado, mi culo me dolía demasiado después de probar el consolador enorme de Mariela y la pija caliente de ese extraño, aun escupía saliva con sabor a semen y en mi boca tenía ese maldito aroma pestilente, se me revolvía el estómago, la cabeza se me partía</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">A un lado, mi mujer y su amante se mataban a besos, impúdicamente, como si yo no estuviera presente, me ignoraron, ella se sacó el arnés y se lo puso a el, luego lo hizo sentar sobre una silla que solíamos tener en el cuarto para reposar las ropas, y fue sobre él, dándome la espalda</div>
<div class="x_x_elementToProof">Fue a montarlo, se ayudaron mutuamente con las manos, mientras ella se metía el juguete por delante, él le metía la pija por detrás, para moverse en una doble penetración. muy de puta, donde yo solo era un testigo involuntario.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Mi mujer gritaba, gemía, se movía como una puta, como jamás se había movido conmigo, tal vez la excitara su propio placer, tal vez fuera complacer a su amante, o tal vez, solo fuera clavarme puñales</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof">Su hombre la tomaba por las ancas, le comía las tetas a besos, y asumí que hacía con él y quien sabe con cuantos cosas que conmigo jamás haría.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Cuando ella salió, luego de haber terminado, vi su esfínter todo abierto chorreando leche y su concha toda empapada en sus propios jugos, se quejó, dijo que le dolían los pezones de tanto traqueteo y no habría mucho más por esa noche, recuerdo que se cambiaron, me ignoraron y dejaron el cuarto, me quedé esperando a que ella volviera, pero nunca volvió, solo me quedé dormido en la eterna espera.</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">La mañana siguiente marcaría que habíamos cruzado todos los límites, todos, Marianela que naturalmente era charlatana, se mostraba curiosamente callada, como encerrada en sus pensamientos, meditando su futuro, yo me había tomado un cóctel de aspirinas como para apaciguar el dolor de cabezas y me había dado una ducha, me sentía sucio, y bajo los chorros de agua hice miles de buches, como tratando de quitar todo recuerdo de lo que había pasado por mi boca.</div>
<div class="x_x_elementToProof">No hablaríamos demasiado, si ella no sacaba el tema, yo tampoco lo sacaría.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Por la noche, ella estaba muy bonita, muy sugerente, pensé que sería un juego de seducción y reconciliación, pero solo tomó su almohada y se fue a dormir al sillón de la cocina.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Al día siguiente, ella me dijo que era suficiente, que considerara de armar mis maletas y buscar un nuevo sitio, dado que ya no teníamos nada en común, pero yo, tonto como siempre, le dije que no, no estaba dispuesto a rendirme, que debíamos retomar las charlas de pareja con apoyo externo, que hasta incluso podía perdonarla por lo que había sucedido y por lo que pudiera suceder, como dejándole saber que hasta podría convivir con sus infidelidades, pero ella, al escucharme, solo estalló en una crisis de nervios y llevando sus manos a su rostro se largó a llorar.</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof">Así siguieron los días, los meses, ella con continuas humillaciones, rechazos, directas, e indirectas y yo solo como un perro faldero tratando de remontar la historia.</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Era una mañana de abril, hacía frío, ella me esperaba al pie de la escalera de casa a mi regreso de unos negocios, estaba muy elegante, con una pollera a las rodillas y un spencer haciendo juego, en azul casi negro con delicadas rayitas en celeste, lucía una camisa blanca, zapatos finos, nuevamente una sonrisa se dibujaría en mi rostro imaginando un intento de reconciliación, pero ella puso de por medio un freno helado entre nosotros</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof">Se terminó Federico, se terminó... - dijo en voz firme -</div>
<div class="x_x_elementToProof">Pero no, mi amor, podemos solucionarlo! - respondí tratando de avanzar a su lado -</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Marianela retrocedió un par de pasos, como para mantener una prudente distancia entre ambos</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Pará Federico! no entendés? en que idioma te hablo? yo no te amo, no te quiero, no te necesito, no te deseo! </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof">Pero, pero, vos no podés hablar en serio!</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">La que era mi mujer hasta ese momento parecía montar en cólera con suma rapidez, y viendo que yo no entraba en razones tiró el último disparo</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Federico, estoy embarazada!</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Bajé a mirada, obviamente no era mío, si yo hacía tiempo que no la tocaba y solo me masturbaba soñando con el reencuentro, medité con rapidez, le regalé una sonrisa y le dije</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Qué bueno! podemos ser buenos padres! te gustaría una niña o un varón?</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Me miró con el rostro desencajado y dijo meneando la cabeza en forma de negación</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof">Estás enfermo... tenés que buscar ayuda</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof">Marinela giró sobre si y se alejó del lugar, la sentí repiquetear sus tacos en retirada, y luego volver, esta vez llevaba sus maletas en las manos y al pasar por mi lado solo dijo</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof">Enfermo!</div>
<div class="x_x_elementToProof x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof">Y la vi alejarse hasta un taxi que la esperaba en la puerta</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof">Me reí, la dejé ir, sabía que volvería a mi, no podría estar sin mi</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof">Seis años después, vivo solo en nuestra casa, a veces con pozos depresivos, a veces un poco mejor, a veces con psiquiatras, a veces solo, a veces con psicólogos, a veces con grupos de ayuda, es que nunca supe más de ella y la extraño a horrores.</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof">Cada mañana al levantarme, bajo corriendo las escaleras, me parece escuchar su voz, preparándole el desayuno a nuestro hijo, que ya debe estar yendo al colegio, pero no, esas voces solo están en mi imaginación y la cocina se me hace más fría y más grande que nunca, tomo mis pastillas, tres rojas, una azul, y una blanca, y ya está, el dolor pasa, y me doy cuenta de que no importa, mañana, si, mañana seguramente será el día de reencuentro de nuestra familia</div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof"> </div>
<div class="x_x_elementToProof">Si te gustó esta historia puedes escribirme con título 'PERDIDO POR TI' a dulces.placeres@live.com</div>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/bisexuales/">Bisexuales</category>                        <dc:creator>dulces-placeres</dc:creator>
                        <guid isPermaLink="true">https://www.relatosonline.com/relatos/bisexuales/perdido-por-ti/</guid>
                    </item>
				                    <item>
                        <title>Túnel dimensional- Grecia clásica</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/bisexuales/tunel-dimensional-grecia-clasica/</link>
                        <pubDate>Thu, 10 Aug 2023 02:24:53 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[&quot;Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia&quot;Tercera ley de Clarke.El túnel al multiverso es una tecnología desconocida y aún incontrolada. Los científicos...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p><br /><br />"Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia"<br /><br />Tercera ley de Clarke.<br /><br /><br />El túnel al multiverso es una tecnología desconocida y aún incontrolada. Los científicos no se ponen de acuerdo en sus bases teóricas. Pero sus efectos son bien conocidos en la institución que lo estudia gracias a los informes de los conejillos de Indias, ups, perdón, las personas que lo cruzan con destinos inesperados: Otras épocas, lugares e incluso mundos de fantasía, de novela o de cine.<br /><br /><br />Esta colección de extractos de esos informes hace hincapié en las vivencias más eróticas de la protagonista narradas por ella misma.<br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br />Ya no estamos en Kansas.<br /><br /><br />Debe ser una frase muy repetida últimamente, especialmente por mí. El túnel dimensional me dejó en una playa virgen de fina arena blanca, preciosa. El mar azul parecía infinito. A primera vista no se veía rastro de civilización alguna a mi alrededor. ¿Que tiene que hacer una chica del s. XXI cuando se ve en una situación así?.<br /><br /><br />Solo lo que parecían unos olivos tras la linea de la costa podrían indicar la presencia de agricultura y puede que de humanos cerca. Sabia que donde quiera que hubiera llegado no estaba preparada para ello. <br /><br /><br />Una camiseta de tirantes, un mini short vaquero y unas puñeteras sandalias eran todo mi atuendo. Ni siquiera me había pillado con una navaja multiusos, por no decir la nueve milímetros. <br /><br /><br />Mi duda era seguir la linea de playa o buscar una senda entre los olivos. Me decidí por la plantación por que quizá una choza de labradores o de pastores me permitiría pasar mas desapercibida que un jodido puerto populoso y un montón de marineros borrachos y salidos.<br /><br /><br />Por lo menos hasta poder cambiar mi atuendo por algo que no llamara la atención en esa época, fuera cual fuere.<br /><br /><br />Un poco mas adelante en el camino había vides y algunas parcelas de cereales. Lo que me confirmó por el tipo de cultivos que estaba en alguna parte de la cuenca del Mediterráneo. <br /><br /><br />Al fin divisé una columna de humo trepando al cielo sobre los cultivos y me acerqué con cuidado. Un pequeño huerto bien cuidado, algunos animales de granja alrededor de la choza, gallinas y ovejas encerrados en un corral hecho con estacas de madera. <br /><br /><br />Podía pertenecer prácticamente a cualquier lugar y época de un amplio espectro de siglos en esa zona geográfica.<br /><br /><br />Suponía que podría apañármelas con alguna versión del latín o del griego clásico. Menos mal que se me dan bien los idiomas. Estaba pensándolo cuando vi salir de la choza a una joven mujer para echarle unos desperdicios a las gallinas. <br /><br /><br />Su indumentaria tampoco me daba muchas pistas, una toga corta sujeta solo al hombro izquierdo que descubría sus fuertes muslos podía proceder de cualquier tiempo de la era clásica entre los campesinos pobres. <br /><br /><br />Sus bonitos pechos llenos y voluptuosos se meneaban libres de cualquier sostén bajo la fina tela de lino marcando la dureza de unos pezones muy deseables. A veces la teta derecha se escapaba de la tela. <br /><br /><br />Durante un rato me quedé como petrificada contemplando tan bonito espectáculo. Algo que nadie había visto en cientos de años. Por fin me decidí a presentarme. <br /><br /><br />Probé primero con el latín sin que hubiera ningún resultado. Pero en griego conseguí hacerme entender. Tuve que escribir algunas palabras en la arena con una ramita. ¡Ella sabía leer!. Bueno y mejor funcionó cuando ella corrigió bastante de mi pronunciación. Bueno, estaba claro que había ido a caer en Grecia. <br /><br /><br />Nadie excepto otro viajero del túnel había oído ese idioma, bien pronunciado al menos en siglos. Por suerte había cambiado impresiones con él días antes, en mi cama. El chico había aterrizado en Esparta y lo había pasado fatal y yo me dediqué a consolarlo. <br /><br /><br />Para no asustarla y explicar mi extraña apariencia le endiñé el cuento de que era una viajera de tierras lejanas. No parecía que ella se fuera asustar por casi nada pero la historia de la viajera me permitía darle una razón a mis errores, en el vestir, hablar y comportarme. <br /><br /><br />Y así por fin conseguí averiguar donde demonios había ido a caer. Era una chica culta para ser campesina y por los reyes y hechos que ella consiguió nombrarme conseguí situarme. Estaba en Lesbos hacia el s. IV antes de Cristo en pleno Egeo. <br /><br /><br />Ademas de belleza que poseía mucha, tenia inteligencia y conocimientos sobre los hechos de su tiempo. Me contó que estábamos cerca de un puerto donde atracaban galeras y mercantes de toda Grecia, Egipto y Fenicia. Así que el mar que se veia desde su puerta era el Egeo. Esto puede ser que me diera la opción de conocer a Safo. <br /><br /><br />Era la única personalidad importante que se me ocurría que pudiera estar por la zona. Durante la conversación admiraba su perfil griego, el escote insinuado en los pliegues de la túnica, los brazos desnudos, bronceados y fuertes.<br /><br /><br />La verdad, la Helena que tenía delante hubiera podido hacerle de modelo a Praxiteles. Quizá no botar mil barcos pero un par de galeras si que se hubieran movido por ella. <br /><br /><br />Por una de las sendas nos llegó el sonido de un silbido. Era su marido, Jason, que conducía por el ronzal un par de mulas con las que había estado trabajando un campo de cereal. <br /><br /><br />Su granja parecía bien cuidada y próspera. Se acercó al pozo, dejó caer la corta túnica que lo cubría quedando completamente desnudo. Sacó agua con un cubo de madera. No parece que hubiera ningún tabú sobre desnudez en esa cultura. <br /><br /><br />Se lavó el polvo y el sudor de la musculatura impresionante. Si habéis visto trescientos os haríais una idea, pero sus músculos se debían al duro trabajo del campo y no de un gimnasio pijo de Holliwood.<br /><br /><br />Un magnífico ejemplar de hombre, todo un macho griego, un verdadero hoplita. Pues cuando me invitaron a entrar en su casa vi sobre la chimenea colgados el escudo, el casco y la espada, todo en bronce bruñido lo confirmé. Pude admirar esas armas, no tras la vitrina de un museo, sino recién forjadas en una isla del Egeo.<br /><br /><br />Se ató a la cintura una simple tela de lino y por fin bien limpio se acercó a nosotras que habíamos mirado todo el proceso con cierta admiración. Al menos por mi parte, ella debía estar acostumbrada.<br /><br /><br />Aún estabamos en la puerta charlando y sin perdernos nada del espectáculo. Cogió a su mujer de la cintura y la besó profundamente dándole una buena ración de lengua a lo que ella respondió con entusiasmo.<br /><br /><br />Por debajo de la corta túnica pude espiar la mitad de las respingonas nalgas de la bella morena cuando el péplum se levantó en el abrazo. Detalle que aprecié aunque había pasado media tarde mirando sus torneados muslos. <br /><br /><br />Las miradas de ambos no habían dejado de espiar mi cuerpo. El vientre desnudo por la cintura baja de mis pantalones. El escote de la camiseta y lo pegado de la tela tan ajustada a mi piel que mis tetas se notaban perfectamente, los muslos desnudos.<br /><br /><br />Parecían extrañarse por mi indumentaria, desconocida en ese tiempo, lógico. Pero como me tenían por una viajera de lejanas tierras ese detalle se pasó por alto, como una cortesía más debida a un huésped. Su sentido de la hospitalidad consiguió que me invitaran a cenar e incluso a pasar la noche con ellos.<br /><br /><br />No es que me apeteciera dormir en un montón de paja lleno de pulgas pero mientras la entrada al túnel cuántico no volviera a alcanzarme no podria volver al s. XXI.<br /><br /><br />Tras lavarnos juntas ella y yo, lo que me permitió ver al natural sus tetas perfectas, y a ella admirar mi cuerpo desnudo, según dijo, pasamos al interior de la vivienda. Me prestó un paño de lino para cambiarme y dejar mis sudadas ropas a un lado. Me ayudó a colocarlo aprovechando para acariciar mi cuerpo en el proceso. <br /><br /><br />La cena, aunque sencilla a base de embutidos, queso y verduras frescas con aceite y vino elaborado en su propia casa fue muy sabrosa. Ayudé en lo que pude pero aparte de cortar y lavar los vegetales no pude hacer mucho más. <br /><br /><br />Ademas fue animada, eran agradables, buenos conversadores, inteligentes, simpáticos y pude practicar mi oxidado griego clásico. Me contaron chismes y cotilleos de la zona y las noticias que les llegaban de las ciudades estado. <br /><br /><br />Tras servir la mesa a lo que la ayudé, Helena se ató la túnica a la cintura dejándonos ver sus dos preciosas tetas. Me indicó que podía deshacerme de algo de ropa y aflojé el péplum imitándola desnudando mis peras sin problema, ya había confianza de sobra.<br /><br /><br />Ambos parecieron admirar el gesto y la belleza de mis formas que alabaron en voz alta. Yo ya había admirado el trabajo de la granja y de la bien cuidada casa pero ellos empezaron con mi cuerpo. Yo también les halagaba a ellos, lo que me resultaba fácil y sincero. <br /><br /><br />Solo son verdades, la musculatura de luchador y los rasgos finos que él tenía. Y ella, bueno, sus pechos perfectos que aún no habían amamantado, su cadera generosa, los afinados muslos musculosos por el trabajo, y su carita, bueno, a esas alturas estaba deseando besarla.<br /><br /><br />A los postres, algo con mucha miel y almendras, ellos comenzaron a besarse y acariciarse demostrando su amor ante la invitada. A la que estaban poniendo los dientes largos. La suave tela de lino que cubría la polla se empezaba a levantar y en cuanto Helena se dio cuenta de ello le agarró el rabo ya duro a su marido.<br /><br /><br />Esta vez dejándomela ver a mí. El nudo se soltó y quedó completamente desnudo ante nosotras. Sin pudor, como algo natural. Mirándome a los ojos con un gesto me pidieron que me reuniera con ellos.<br /><br /><br />Con la misma naturalidad que hasta entonces habían mostrado en todo acariciaron mi piel, besaron mis labios. Yo pude disfrutar de sus cuerpos no sobre el tan temido montón de paja sino en un lecho del vellón de sus ovejas, cubierto de suaves pieles.<br /><br /><br />Helena fue la primera que se acercó a mí. Supongo que pensaron que me daría más confianza. Sus tiernos besos al principio fueron leves y dulces. Pero viendo que le correspondía y que mi lengua buscaba la suya se hicieron mucho más lascivos. <br /><br /><br />Sus tetas atraían mis manos con poderoso magnetismo y por fin pude acariciar los duros pezones. Pronto noté en las mías unas manos fuertes. Jason por fin se había decidido y desde mi espalda había puesto sus manazas en mis tetas. Su poderoso torso pegado a mi espalda y empezaba a notar su polla griega buscando el griego. <br /><br /><br />Acorralada entre los dos no tenía escapatoria ni la quería. Sus pieles frotándose con la mía me estaban calentando. Menos mal que los únicos seres vivos de las cercanias eran sus gallinas y corderos, eran los únicos que podían oír nuestros gemidos y suspiros. <br /><br /><br />Helena ya buscaba con los dedos el clítoris, para entonces tenía el coño encharcado y estaba mojando su mano. Con la palma de la mano en los labios de mi vulva alcanzaba a acariciar el glande de Jason. <br /><br /><br />Con ternura lo fue guiando a mi interior. Estaba tan excitada que se abrió paso en mi xoxito de una sola vez. Helena se recostó sobre las suaves pieles abriendo los poderosos muslos. Lamí sus axilas, besé sus pechos y el vientre bajando por su cuerpo.<br /><br /><br />La postura hacía que yo quedara a cuatro patas. Por fin tenía ante mí la delicada vagina. A cada empujón del hoplita en mi cadera mi lengua posaba por los labios de su chica, los del dulce coñito, e intentaba penetrarlo con ella. Sus gritos llenaban la choza, y los míos no solo por que tenía la boca muy ocupada. Jason me estaba follando con fuerza, ternura y firmeza pero no muy deprisa justo como me gusta. <br /><br /><br />Entre el diu y las vacunas no tenía que tomar ninguna precaución extra así que le animé a seguir hasta que me llenó con su semen y eso que ya me había corrido un par de veces. Helena también había disfrutado lo suyo, pero estaba dispuesta a un poco más. <br /><br /><br />Obligó a su marido a no sacarla de mi coño y reptando de colocó debajo de mi cuerpo. Con su linda cabecita bajo nuestros sexos ensamblados. De inmediato noté su lengua juguetona en mi clítoris y según la polla iba perdiendo su dureza lamía el semen y los jugos que escurrían de mi interior y del glande de su esposo. Yo aproveché para darle las últimas lamidas a su xoxito. <br /><br /><br />Al final me dormí entre los brazos de los dos cariñosos griegos. El suave vellocino sobre el que dormíamos me acariciaba tanto como sus manos. <br /><br /><br />A la mañana siguiente, tras cumplir con los trabajos de la granja, Helena me llevó al mercado del puerto. Aunque me había dejado uno de sus péplum para que pasara más desapercibida. Nunca habría imaginado lo sensual de aquella sencilla prenda. <br /><br /><br />La verdad es que era más trasparente de lo que solía vestir habitualmente. Mis pezones se marcaban en la fina tela y los pliegues de la falda mostraban mis muslos a cada paso. Pero como todas las mujeres vestían así no llamábamos la atención. <br /><br /><br />Paseábamos entre los puestos del mercado, viendo las mercancías procedentes de todo el mediterráneo y más allá. Telas, especias, artesanía, herramientas, incluso armas y joyería, pero yo no tenía dinero ni nada para intercambiar por que hasta el trueque estaba permitido. <br /><br /><br />En una colina cerca del pueblo se levantaba un templo. No era ni muy grande, ni muy impresionante pero allí estaba con sus columnas dóricas y los frisos policromados. No era el Partenon pero me valía. Nos dio tiempo hasta hacer una pequeña ofrenda a Afrodita, la diosa patrona de la ciudad. Al teatro ya no pudimos entrar pero pude verlo cuando pasamos a su lado. <br /><br /><br />La actitud de la gente era desinhibida. Se acariciaban y metían mano sin recato. Aprovechando el calor reinante las ropas iban sueltas mostrando más partes del cuerpo de las que en nuestro siglo XXI sería normal ver por la calle. Los pechos de las mujeres, los torsos de los hombres y hasta los culos de los jovencitos que los hombres acariciaban sin problema. <br /><br /><br />Mi escasa ropa se la había regalado a Helena y Jason. El minishort le quedaba de miedo a la portentosa cadera de la griega. Como la tela no duraría muchos años no le daría un susto de muerte a un arqueólogo contemporáneo. En previsión de algo así me había acostumbrado a no llevar nada de plástico. Por una parte, una lástima, me hubiera gustado comprar alguna chuchería como recuerdo y por otra a mi regreso todo se lo quedaría la "institución".<br /><br /><br />Al acercarnos a la orilla pude contemplar los trirremes de guerra atenienses, los panzudos mercantes fenicios, las galeras egipcias. Siempre me da rabia no poder llevarme el móvil o al menos una cámara. Tener que guardar esos detalles en la memoria y tener que dibujarlos después es un coñazo.<br /><br /><br />Viendo lo bien que me había defendido con ella en su lecho Helena me guardaba una sorpresa. Me condujo a una bonita casa en el pueblo. Allí conocí a Safo en su cama hicimos el amor mientras Helena nos contemplaba y no tardó en unirse.<br /><br /><br />Tras una breve introducción que me hizo la granjera Safo me recibió entre sus brazos. Las túnicas tardaron segundos en caer y poco más en llevarme a la cama.<br /><br /><br />Bajo los atentos ojos de Helena la poetisa se tumbó sobre mí en un sesenta y nueve para demostrar a la chica extranjera sus habilidades buco linguales. Desde luego le correspondí saboreando su dulce coñito. <br /><br /><br />Un momento más tarde teníamos a Helena sobre nosotras lamiendo y acariciando toda la piel que pudiera alcanzar. Justo sobre mis ojos veía su lengua lamiendo el ano de Safo. <br /><br /><br />La dos griegas me dieron un montón de orgasmos esa tarde calurosa junto al Egeo. Las chicas sabían lo que hacían acariciaron, besaron y lamieron todo mi cuerpo. Y yo me dediqué a darles placer a las dos. <br /><br /><br />Caminando de vuelta entre los olivos solo me dio tiempo a un rápido beso a Helena antes de que el túnel me devolviera a casa. Las luces debieron impresionarla pero en una cultura donde los dioses interactuaban con los hombres constantemente no creo que causara un gran revuelo. Fue uno de los viajes más cortos, apenas un par de días, pero de los que más disfruté. <br /><br /><br />Todavía sostenía un manuscrito de Safo en la mano, poemas inéditos, cuando llegué ataviada con el péplum y las sandalias. Menos mal que el túnel me dejó cerca de mi casa y aún así la gente me miraba por la calle. ¿He dicho ya que las tetas se notaban mucho en esa tela tan fina? No hay dinero para pagar esos poemas o el manuscrito, claro que tampoco me los iban a pagar.<br /><br /><br />La organización que estudia esos viajes, la "institución", se queda con cualquier cosa de valor histórico o arqueológico que los viajeros podamos traer. Desde luego las prendas me las quedo. Serán un bonito recuerdo de la chicas griegas. <br /><br /><br /><br /><br /><br /><br />..</p>]]></content:encoded>
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