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									Dominación - Relatos Eróticos				            </title>
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            <description>Relatos eróticos enviados por los usuarios. Portal con la comunidad de autores y lectores más morbosos de la red que interactúan con las escenas relatadas más morbosas. Relatos en familia, gays, bisexuales, dominación, sumisión y todo lo que te puedas imaginar.</description>
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                        <title>La Marranita - CAPÍTULO X - Hembra</title>
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                        <pubDate>Mon, 07 Sep 2026 13:07:48 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[La Marranita - Auge y caída de la República de las Mujeres



 
 
 

CAPÍTULO X - Hembra

 

Siempre pensé, por...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p><strong><span>La Marranita - Auge y caída de la República de las Mujeres</span></strong></p>
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<div dir="ltr"><span>CAPÍTULO X - Hembra</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Siempre pensé, por todo lo que Padre me había repetido tantas veces, y por las expectativas que me habían creado sobre él las chicas, que el momento de mi sangrado marcaría un punto de inflexión entre nosotros. La primera prueba de que aquello no iba a ser así la tuve aquella misma madrugada, cuando yo regresaba a casa saciada y agotada después de haber luchado contra cinco mujeres mayores que yo, y haberlas logrado someter a todas ellas, una a una, hasta correrme en todas y cada una de sus caras y saciar todas y cada una de sus ansiosas bocas. Dirigir como una coreografía sus cuerpos, encontrándose y separándose entre ellos como una marejada sin fin, guiar su ansia sexual hasta mi sexo, al que solo le faltaba perder el virgo para convertirse en un verdadero sexo de mujer como el de ellas, había sido una labor extenuante pero plena y enriquecedora. Volvía a casa agotada pero satisfecha, sabiendo que había cumplido con creces las expectativas que Padre tenía depositadas en mí, y dispuesta por ello a encontrarme con él, por fin, para recibir mi premio. Volvía a casa deseando, como nunca, ser follada.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Y lo cierto es que, por primera vez en mi vida, vi follar de verdad a Padre. Sin disimulos, sin ocultaciones, sin vergüenzas ni censuras. Casi de igual a igual. Casi... No se había molestado en cerrar ni una puerta, ni una ventana, no se había preocupado en apagar ni una luz. Tenía a la bellísima joven de los Nardo empotrada contra el colchón de su cama, mientras él, como una furia, la sodomizaba violentamente desde atrás, debajo de la luz de la habitación y delante mismo de la ventana que daba al patio. Todo el mundo le había escuchado expulsar a mi madre, todos la habían visto a ella abandonar la vivienda, despavorida. Todos podían ver y oír ahora a Padre, despreocupado totalmente por lo que nadie pudiera decir u opinar, haciendo gozar a su joven vecina como si se estuviera follando a un animal. A una cabra. El Gran Cabrón...</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Todo el mundo estaba viendo, también, que Padre no estaba conmigo. La llegada de la Marranita había corrido de voz en voz aquella noche por medio barrio, pero aquella nueva hembra que se había hecho carne en el patio no había sido capaz más que de someter a cinco chiquillas, sin despertar el más mínimo deseo en su Padre. Caí de rodillas en la puerta de su habitación contemplando aquella escena brutal. Jamás había visto nada parecido, y jamás después de aquello he vuelto a escuchar unos gritos de placer rompiendo la noche como los de ella, al tener a Padre dentro de aquella manera. Jamás he olido un sexo tan desbocado como el de mi bella amiga, ni siquiera el mío. No daba crédito a lo que veía, conocía el cuerpo de aquella chica como la palma de mi mano, y no entendía cómo su coño, su culo o su boca, podían estar siendo capaces de albergar el sexo erecto de Padre al completo, y menos teniendo en cuenta la manera tan desatada y bestial que estaba teniendo de follarla. Todo el patio sabía que él no estaba conmigo aquella noche, pero solo yo entendí que tampoco estaba realmente con la joven Nardo... aquella manera de joderle el culo, ¡ni todos los dioses juntos serían capaces de algo parecido! <br /></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Padre no se estaba follando a Nardo, sino que únicamente la estaba usando para descargar su furia, sus ansias de sexo, aquella necesidad tan visceral que tenía de hacerlo, de una vez por todas, con su Marranita.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Naturalmente, no pude dormir aquella noche. Demasiadas cosas en qué pensar, y aquel desenfreno sexual de Padre arrasando la casa constituía el peor entorno para poder hacerlo. Escucharle me impedía casi hasta respirar, aunque ¿dónde podía haber ido para escapar de aquella tortura? Padre no debió dejar dormir a nadie en el patio aquella noche. Pero ¿por qué si a quien quería estar empalando en su verga agigantada por el placer era a mí, a su Marrana, había mandado llamar a la joven Nardo como placebo?<br /></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">A la mañana siguiente mi cuerpo estaba cansado, pero mi mente estaba inesperadamente serena. Entendía por fin que el regalo que Padre me había dado por mi sangre era con todo muy superior al que me iba a suponer perder el virgo. Antes de dar ese paso, que al fin y al cabo todas las mujeres dan antes o después, me había enseñado a someterlas a todas. Es más, me había demostrado que tenía el poder de hacerlo con mi madre, y luego me había enviado a que lo hiciera libremente con cuantas quisiera y a la vista de todos, sin límite ni supervisión alguna... Y, de vuelta a casa, me había enseñado, precisamente, aquel placer absoluto que solo es capaz de dar y recibir un auténtico dominante. Todas las mujeres acababan por perder antes o después su virgo, todas las niñas se convertían en mujer al hacerlo, y yo también lo haría, más pronto que tarde. Pero aquella noche, con la llegada de mi sangre, yo no me había convertido en mujer, pero me había convertido en hembra. En hembra fértil, para más datos. No era ya más una niña, pero todavía no era tampoco una mujer. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">En aquel estado intermedio, no era más que un animal. Una gran cerda. Una Marrana lista para ser preñada. Al asumir mi condición de hembra antes que la de mujer sumisa, había afirmado mi poder entre las que solo un día antes eran todavía mis iguales, y hasta mis superiores. A partir de allí, cualquiera podía romperme el virgo, pero solo mi Padre había sido capaz de hacerme entender aquella noche quién era y cómo iba a ser en adelante mi manera de estar en el mundo. A follar se aprende fácil. Lo difícil es saber a quién follar y cómo hacerlo. Entendí que tenía que seguir esperando mi desvirgamiento con la paciencia de una buena Marranita. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Perdería mi virgo cuando y con quien Padre decidiera.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Y, sin embargo, al final fue cierto que mi vida cambió efectivamente de forma considerable a partir de aquel día. Pese a la gran diferencia de edad que me separaba de las chicas mayores de edad que se acostaban con los padres, me integré ya totalmente en el grupo de las mayores, y empecé a pasar más tiempo con ellas que con los chicos. Acreditada no solo por mi sangre y por el espectacular desarrollo corporal que había alcanzado a mi tierna edad del año previo al ciclo lunar, sino también por la experiencia sexual que acumulaba y que me era reconocida públicamente, había podido ganarme un puesto casi de igual a igual con chicas entre seis y ocho años mayores que yo, a las que, además, había conseguido incluso someter bajo mi voluntad y el poder de mi deseo. La única diferencia que todavía las ponía por encima de mí seguirían siendo las fiestas, en las que mi coño iba a continuar vedado para todos, más aún ahora que cualquier desliz podría hacer que me quedara preñada. Pese a todo, Padre fue permitiendo que sus amigos fueran poco a poco pudiendo empezar a disfrutar libremente de mi cuerpo y mis favores. Empecé a conocer otros cuerpos de hombre, otras pollas de verdad, otras bocas y otras maneras de tocar, otras miradas y deseos, otros sabores. Además, Padre empezó a empezó a invitar por fin a sus fiestas también a mis amigos más mayores. El joven Nardo fue el primero en incorporarse, y lo hizo llevado de mi mano, por supuesto. Pero luego llegaron muchos más. Ellos tenían todavía muchos más derechos sobre mi cuerpo que los mayores pero, como contrapartida, Padre no me permitió nunca más volver a tener juegos en público con ellos en los callejones o en los rincones abandonados del puerto y de los descampados de detrás del mercado, al haberles reconocido ya la condición de adulto. Todo lo que hacía con ellos me seguía permitido, pero ya solamente podría hacerlo en casa, y siempre cuando Padre estuviera presente. Entendí con ello que mis días de juegos callejeros habían llegado a su fin, pero sabía que no los iba a echar de menos con la perspectiva tan maravillosa que tenía por delante.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">De alguna manera, la llegada de la fertilidad y el paso a la edad adulta lo tenía que cambiar todo para nosotros. Entrar a formar parte de las fiestas de Padre era una considerable compensación, que iba mucho más allá del paquete cerrado que solían admitir la gran mayoría de los habitantes de La Ciudad, y que venía a consistir en marido, mujer y familia de por vida, como los dioses mandaban. Lo que pasa es que para merecerse aquella Libertad que Padre nos ofrecía en bandeja, había que ganársela también. Y, como todo, tenía sus reglas... además de, naturalmente, un necesario periodo de adaptación para todos. Esa adaptación, en el caso de las chicas, incluía un año mínimo de forzada abstinencia coital, en la que sus coños quedaban vedados completamente a la penetración por cualquier persona. Y, para evitar tentaciones debidas al descontrol de la lujuria, aquella cuarentena quedaba extendida igualmente a la penetración anal. Como no podía ser de otra manera, que los amigos de Padre tuvieran prohibido taladrarme el culo solo podía funcionar si entonces tampoco los chicos podían hacerlo, en prevención de desigualdades que pudieran resultar imposibles de tolerar para los hombres adultos. Mi papel en aquellas fiestas debía ser, por lo tanto, mirarlo todo y aprender, además de tontear y hacer de todo con cualquier persona que estuviera participando de la fiesta, pero teniendo prohibido llegar ni llevarles al orgasmo bajo ningún concepto, excepto con los chicos jóvenes con los que sí podría llegar a acabar y a terminarles, lo que se nos permitía al menos como necesario desahogo. Padre sabía que forzarme a aquella continencia extrema iba a ser un suplicio para mí, pero me recordó que aquello no dejaba de ser una prueba más de mi entrenamiento como la Marranita fiel que era de mi papi. Me dijo también que no debía quejarme tanto, ya que al fin y al cabo era con diferencia la mujer más joven que había entrado a participar de las fiestas, y que mi único problema es que ya había disfrutado demasiado y hecho demasiadas cosas, pese a que casi no había tenido tiempo para ello.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">A cualquiera que le parezca fácil esta prueba de adaptación para unos chicos y chicas que éramos, es cierto, todavía casi unos niños de acuerdo con las costumbres de tierras como las que se extendía al otro lado del Mar Cerrado, es que aún no ha entendido bien lo que eran aquellas fiestas de Padre. La primera vez que fueron invitados mis amigos mayores fue, precisamente, para una fiesta especial en honor a mi sangrado. Aquella noche el chico Nardo, absolutamente desatado por el deseo y la lujuria desenfrenada, terminó, medio borracho, rompiéndome el culo en mitad del patio, tal y como yo le había acostumbrado, pero aquella vez a la vista y ante el espanto de todos. No había terminado de correrse en mi interior cuando Padre agarró su cuchillo y le rebanó el falo aún duro junto con los cojones que todavía estaban bombeando el semen en mi interior. El sexo de mi amigo se desinfló como un globo cuando la sangre abandonó abruptamente su esponjoso relleno, siendo expulsado por mi culo con una sonora ventosidad. Mi padre lo recogió con su cuchillo y lo clavó con violencia y puntería junto a la cabeza del asombrado Nardo, cuya expresión congelada revelaba que todavía no había sido capaz ni de darse cuenta de lo que acababa de pasar. Aquel colgajo de piel y carne quedó ensartado en el cuchillo, cuyo filo aún temblaba por la violencia con la que había sido clavado en una de las columnas de madera que soportaban la galería del patio. Luego Padre vino hacia mí, metió su cara en mi culo y me lamió hondo dentro, limpiándome por completo de los restos de semen y sangre. Después me levantó en vilo y me cargó sobre su espalda, y me llevó a su casa, como la propiedad suya que era.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">No volví a ver al chico Nardo. Los eunucos siempre habían sido unos parias en nuestra sociedad, y era aberrante imaginar que una familia de su posición pudiera soportar tener uno de ellos bajo su propio techo, si no era como el último de los esclavos en la más apartada y menos valorada de sus propiedades. En su caso con más razón, estaba claro también que, además, lo primero que había perdido cuando mi padre le arrancó la hombría fue su propio apellido. Su padre no volvió a pisar mi casa para buscarme y masturbarse conmigo, aunque seguía teniendo negocios con Padre y le seguía guardando hasta más respeto que antes, si cabe. Tampoco volvió a pisar una fiesta de padre, y es una pena porque reconozco que yo había llegado a valorar y disfrutar lo que significaba poder sentir sobre mí una de sus legendariamente poderosas corridas. Aunque no había tenido nada que ver, la vergüenza sobre su familia era tal que su hermana perdió también,y para siempre, la condición de favorita de Padre, aunque se le permitió a su criterio seguir frecuentando las fiestas, cosa que ella hizo sin dudar porque al final era tan puta como cualquiera. Sin embargo la gente ya no tenía tantas ganas como antes de disfrutar de ella, y tampoco yo volví a tratar con ella siquiera. Al poco tiempo dejó de aparecer por el patio, y solo se supo que se fue de allí cuando alcanzó la edad mínima para poder contraer un matrimonio decente. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Pero lo que tuvo de realmente bueno aquel dramático suceso fue que mi madre, que había estado observando todos los acontecimientos desde la galería del patio acompañada por la propia señora Nardo, entendió por fin que su mundo había cambiado definitivamente con aquel simple gesto de Padre de rebanar la virilidad del joven. Juntas, las dos viejas vieron cómo el joven Nardo me sodomizaba sádicamente delante de todo el mundo, y cómo padre defendía su propiedad cortando sin pensárselo aquella virilidad que tanto placer me había dado los dos años anteriores. Las dos mujeres contemplaron todo aquello con una mueca de disgusto, asumiendo que aquellas fiestas, aquel vecindario, aquella sociedad había cruzado todos los límites imaginables y ya no tenía más remedio que la autodestrucción, pero tanto una como otra se cuidaron de no decir ni una sola palabra. Sin embargo, para ellas el cambio ya se había empezado, y como tantas otras mujeres secas y sin vidas se enrolaron en un barco que acabaría por hacer descarrilar los caminos de la Historia. Aquella noche, cuando Padre me llevó a mi habitación, mi madre había abandonado definitivamente la casa y no volvería a ella hasta seis años más tarde. La señora Nardo la acogió en su hogar, y pronto todo el mundo habló de que Padre la había incluido como un elemento más en la negociación que él y el señor Nardo mantuvieron para zanjar aquel malentendido entre sus familias de forma amistosa y para siempre, si bien en aquel caso, por primera y única vez, Padre no había dirigido las riendas de la Vieja. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Lo que pasa es que nosotros, en plena euforia todavía ante la catárquica apoteosis total que la fiesta de mi sangrado había supuesto para la unidad familiar formada por Padre y yo, no estábamos tampoco para preocuparnos por menudencias como la que aquello aparentaba ser entonces. Que la noche había sido, pese a todo, un éxito para Padre, lo supe cuando le sentí volver a casa después de haber sellado su pacto con Nardo. En lugar de meterse directamente en su habitación, entró en la mía y acabó haciéndome la comida más divina que hubiera sentido jamás una hembra recién estrenada, mientras me pedía sincero perdón por cómo había acabado la fiesta de mi sangrado</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">De manera que las cosas no fueron a peor precisamente después de aquello. Es cierto que las fiestas de padre fueron perdiendo asistentes poco a poco, si bien eso nadie lo advirtió inicialmente, y todo pareció seguir igual durante mucho tiempo. Además, su acuerdo con Nardo era ventajoso y familiarmente las cosas nos iban mejor que nunca. Naturalmente, habernos deshecho del lastre en que se había convertido mi madre para nosotros era lo que más felices nos tenía a los dos. Yo me bastaba y me sobraba para cuidar de él y de la casa, y el resto del tiempo lo dedicaba a perfeccionar escrupulosamente mis prácticas y capacidades sexuales, cada día más dirigida por Padre y orientada hacia sus gustos, teniendo en cuenta también que cualquier hombre que me quisiera tocar tenía que hacerlo en todo momento bajo su supervisión directa. Inevitablemente, aquello hizo caer en picado el número de personas con las que yo podía mantener <span>relaciones</span>, pero a cambio mis encuentros sexuales eran cada vez más reales, más serios, más completos. Para compensarme, el propio Padre me dedicaba cada vez mayores atenciones, y tenerle a él solo para mí era algo que me resultaba preferible a un ejército de los mejores hombres de La Ciudad, dispuestos a follarme sin cuartel. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Mientras tanto, mi cuerpo seguía desarrollándose a toda velocidad y, en consecuencia, a él mismo cada vez le resultaba más difícil refrenar sus impulsos hacía mí. Mis mamadas le volvían loco, y ya no era capaz de hacer que me corriera sin que yo le hubiese sacado varias veces la leche a él antes. Era capaz de conseguir que su enorme tranca se pusiera alta con solo unas caricias de mis tetas, y había días que entraba en casa gritando que podía oler mi coño desde el patio. En proporción a mi continuado desarrollo físico, Padre cada vez se decidía a llegar un poco más lejos todavía conmigo, y pronto estuvimos practicando para tratar de conseguir que su gruesa polla fuera capaz de sodomizarme algún día. Por si aquello fuera poco, yo terminaba de saciar cualquier fleco de furor sexual que me quedara despierto a base de continuar una relación perversa y sádica con mis cinco amigas mayores, a las que poco a poco se fueron uniendo otras chicas del barrio. Me asombraba ver que, entre todas ellas, ninguna tenía la más mínima iniciativa o capacidad de querer controlar a las demás o decidir por sí misma cuáles eran sus gustos verdaderos e íntimos. Cuanto más me follaba a aquellos cuerpos llenos de belleza pero vacíos de alma y de poder, más admiración tenía por Padre y por aquellos hombres que se decidían a tomar lo que era suyo.</span><span></span>
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<div dir="ltr"><span style="color: #3366ff">(lau.alma @yahoo.com)</span></div>
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                        <title>La Marranita - CAPÍTULO VIII - Los Nardo</title>
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                        <pubDate>Sat, 05 Sep 2026 13:08:11 +0000</pubDate>
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<div dir="ltr"><span>CAPÍTULO VIII - Los Nardo</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Los meses siguientes transcurrieron rápidos y sabrosos. Aprendí mucho y follé un montón, con mis amigos y también con las chicas. Ellas me fueron contando, además, todo tipo de cosas sobre Padre, de sus gustos en general, de sus gustos en el sexo, y sobre todo de su forma de follar y de cómo las trataba cuando estaba a solas con ellas en la cama. Todas se pusieron muy contentas al saber que pronto yo participaría también con ellas en las fiestas, dando placer a los padres, pero no pudieron evitar confesarme que envidiaban la preferencia evidente que sabían que Padre iba tener conmigo, después de saber que en nuestra primera experiencia él ya me había tomado como sumisa. Además, solían decir que las iba a superar a todas en la capacidad de dar placer a los hombres, aunque se reían al ver la atención que ponía siempre que me contaban alguna nueva forma de jugar con los chicos. Yo luego ponía en práctica todo lo que ellas me explicaban cuando me encontraba con mis amigos. Dejé de verme por completo con los chicos de mi edad fuera de la escuela, eso sí. Mis amigos de verdad eran ya únicamente los del círculo de los mayores, siempre aquellos que andaban en el entorno de su mayoría, habiendo incluso superado unos cuantos ya la edad de la ciudadanía; aunque jóvenes todavía, lo cierto es que buena parte de ellos se habían convertido ya en unos verdaderos hombres. Sin embargo, dado que aún no habían sido realmente incorporados al mundo de los adultos, gozaban todavía del beneplácito de Padre para poder estar conmigo, y yo les hacía las mejores mamadas de sus cortas vidas y empezaba con ellos mis investigaciones sobre el sexo anal, enseñándoles a prepararnos para que pudieran follarme por fin el culito y con ello, como me había advertido Padre, poder redirigir también sus cada vez más efusivos impulsos de meterme sus pollas dentro de mi coñito. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Todo aquello podía parecer permisividad por parte de Padre, después de haberme prohibido dejarme tocar por ningún adulto, pero hay que tener en cuenta que <span>las leyes de la Ciudad eran prácticamente inexistentes en cuanto a regulaciones de edad, y los usos y costumbres de aquella parte del Continente no podían ser más laxos en este aspecto: más allá de unos mínimos derechos de acceso a la representación y a determinados oficios regulados, todo ello reservado a los hombres en exclusiva, en realidad cualquier persona podía contraer matrimonio, poseer esclavos, mantener relaciones, siempre heterosexuales por supuesto, o responder con su vida hasta con la muerte, virtualmente desde el mismo día de su nacimiento, por lo que la mayoría de edad en realidad no significaba absolutamente nada, y la condición de adulto en toda su expresión únicamente se alcanzaba por la propia fuerza de los hechos, cuando se empezaba a actuar como tal y el resto del grupo así lo aceptaba. Así que, a pesar de que aquellos hombres jóvenes y yo mantuviéramos abiertamente relaciones sexuales de casi todo tipo, todavía no podíamos llamarnos adultos porque nadie nos reconocía aún como tales, si bien tanto ellos como yo empezábamos a tener muy claro que aquel reconocimiento iba a estar ligado, precisamente, a la consumación de los juegos que nos habían movido durante toda nuestra infancia, con la unión definitiva entre polla y coño que todos empezábamos a ambicionar.</span></span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Tratando de prepararme al máximo para cuando llegar por fin aquel momento, en las fiestas aprendí a mover mi cuerpo como lo hacían las chicas. A contonearme y deslizarme alrededor de los hombres exhibiendo mi cuerpo cada vez más desarrollado, y jugando a excitarles delante de Padre. Los dos disfrutábamos viendo cómo ellos trataban de hundir sus dedos entre la maraña cada vez más densa y espesa que cubría mi pubis, buscando deslizar sus manos por mis glúteos duros y redondos hacia mi coñito, o intentando tomar entre sus manos aquellos apetecibles frutos que me maduraban en el pecho, y que ya eran más que capaces de dar el placer total a las vergas de mis amigos más desarrollados, a los que hacía cubrirme de semen caliente y abundante de hombre joven aquellas protuberancias que, con todas las letras, podían por derecho propio recibir ya el nombre de tetas.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">En la casa las cosas mejoraron algo. Mi madre pasaba cada vez más tiempo en el piso de los Nardo, nuestros vecinos de siempre, que vivían en la casa de al lado a la nuestra, aunque la suya era casi un pequeño palacete que destacaba sobre todas las demás en nuestra manzana, ocupando varias plantas y habiendo crecido a base de anexionar partes de los pisos colindantes al suyo. El señor Nardo tenía mucho dinero, lo cual le confería un cierto poder, y por eso Padre siempre había consentido su amistad. Como todo hombre con poder (que no hombre poderoso), el señor Nardo admiraba y temía a Padre. Pero como era un pusilánime y un incapaz, a la vez que un taimado e inteligente cobarde, desestimó de raíz la posibilidad de enfrentarse a él y prefirió hacer uso de sus amplios recursos buscando con ello afianzar su posición como apoyo de Padre, para lo que le otorgó todos sus favores y confianza hasta asegurarse de tenerle de su lado. Estaba tan podrido de dinero que nunca le importó parecer un calzonazos a su lado, mientras con su riqueza se afanaba en tejer una tupida red con la que asegurarse el control de un poder que él no era capaz siquiera de entender. Claro que, al lado de Padre todos los hombres parecían unos calzonazos, pero al fin y al cabo a nadie le interesaba dejar en evidencia al señor Nardo: antes o después la mayor parte del vecindario tenía invariablemente que acudir buscando su ayuda económica para hacer frente a alguna dificultad. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Mi madre tardó unos días en regresar después de la paliza que le dio Padre el día que quiso obligarme a usar su ropa. Cuando volvió, me vio más desnuda, más descarada y, sobre todo, más mujer que nunca. Al ver las incontenibles formas de mi cuerpo y la falta de pudor con que disfrutaba exhibiéndolas, tuvo que comprender a la fuerza que ya era tarde para intentar siquiera cambiar nada. Acariciando mi collar con la yema de sus dedos, asumió el irresistible triunfo de Padre y, sin pronunciar palabra, se encerró en su habitación durante días. Padre prefirió evitar cualquier contacto con ella, y se instaló sin más en mi cuarto, por lo que me pidió entonces que me fuera yo esta vez a casa de los Nardo, porque decía que no era conveniente que él y yo durmiéramos juntos en mi habitación todavía, ya que prefería no tener que enfrentarse aún a mi madre "de una manera que pudiera resultar inevitable", según me dijo. "No todavía", insistió. A mí aquello me dio rabia, claro, porque efectivamente me había hecho ilusiones de que Padre compartiera conmigo mi cama y mi habitación cada noche, después de que mi madre se encerrara en la suya. Yo me sentía más desarrollada cada día, y moría de ganas porque padre dijera de una vez que por fin estaba preparada, pese a que no tenía muy claro lo que eso supondría para mí. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Pero, como siempre, obedecí a Padre sin rechistar. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Además, la hija mayor de los Nardo era una de mis amigas favoritas de las fiestas de Padre, y reconozco que también me excitaba la idea de tener que compartir habitación con ella. Sin embargo, para mi sorpresa, cuando estaba saliendo de casa Padre me ordenó que le dijera al señor Nardo que me pusiera a dormir con su hijo. Éste era uno de mis amigos más mayores, y él y yo llevábamos jugando en la calle desde que ambos empezamos a descubrir aquel tipo de juegos, pero jamás se nos habría ocurrido hacer nada en nuestras casas ni en el patio o cualquier otro rincón de la manzana. Se veía, de todas formas, que por muchas precauciones que hubiéramos tomado, dada nuestra particular condición de vecinos, no habían sido suficientes para mantener nuestros juegos en secreto: la orden de Padre me dejó claro que al menos él sabía perfectamente lo que yo hacía con el joven Nardo cuando estábamos a solas. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Y asegúrate de que su padre os vea cuando te lo folles", me despidió.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Sin duda fue raro, porque a pesar de lo violentamente que Padre había expresado su deseo, lo que pasó <span>en realidad</span> es que todo fue demasiado fácil. Entrar yo sola a casa de los vecinos, hablar con ellos, exponerles nuestro problema y la petición de Padre delante de toda la familia. Padre me había ordenado que no llevara nada de ropa conmigo, ya que debía estar en casa de los Nardo como si fuera mi propio hogar, y no comportarme nunca como una invitada que viviera de prestado. Así pues, les vine a decir, desnuda de pies a cabeza a pesar de mis turgencias y olores ya más que evidentes ahí a la vista de todos, que el plan era que yo me encamara con su hijo cada noche que pasara allí, sin pensar en ponerme siquiera un braguero para simular un mínimo de compostura. Su hijo se puso rojo al escuchar todo aquello, y salió corriendo hacia su habitación. La madre se despidió diciendo que tenía que salir a hacer unos recados, maldiciendo a Padre por lo bajo cuando se iba, y mi amiga se ofreció a acompañarla, aunque en su caso sin poder parar de reír. Yo sabía que ella era una de las favoritas de Padre, y estaba convencida de que su actitud valiente y significativamente despierta era el motivo de ello. Resignado y sin ser capaz de articular ninguna palabra más que una convulsa repetición de "sí, sí... sí", el señor Nardo me acompañó directamente a la habitación de su hijo, aunque todavía no era más que media tarde y en aquella habitación, teóricamente, un joven y una chiquilla como yo no podríamos hacer nada más que dormir. Teóricamente...<br /></span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Solo hay una cama" le dije, queriendo señalar la evidencia de lo que iba a pasar inmediatamente después.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Bien lo sabe tu padre", me contestó Nardo, tragándose un suspiro.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Igual que usted sabe que debe quedarse aquí mientras lo hacemos", le dije con una voz que reflejaba una autoridad nueva que yo misma desconocía. Era como si el poder de Padre estuviera haciendo fruto en mí de repente. Me acaricié el collar mientra le miraba fijamente, y el pobre diablo se echó a temblar. Aquel miserable podía ser muy rico, pero no llegaba ni a medio hombre: su actitud cobarde y sumisa frente una simple niña, siendo un hombre hecho y derecho y con bastante poder, me resultaba tan repulsiva que hablarle con autoridad era casi como una obligación natural. Al igual que el invertido de mi escuela había dejado de ser un hombre, también el señor Nardo había antepuesto su bienestar personal a su hombría. Sería todo lo rico que pudiera ser un hombre en aquel desastrado rincón del mundo en el que nos encontrábamos, pero para mí era menos que la última de las mujeres de toda La Ciudad, e incluso de los pueblos amigos y las Tierras Salvajes que la rodeaban. Pese a ello, me cuidé mucho de evidenciarle mi desprecio, limitándome a desempeñar el papel que Padre había dispuesto para mí.<br /></span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">El señor Nardo se quedó en la puerta mirando, y yo entendí bien lo que tenía que hacer entonces. Entré allí y me tumbé con mi amigo. Él parecía molesto al principio, pero para mí su cuerpo era territorio conocido e, incluso, deseado, así que aquello me generaba de todo menos molestia. El hecho de que su padre nos estuviese mirando no hacía sino estimular mi apetito, hasta el punto de que al sentir su mirada ávida sobre mi cuerpo desnudo noté cómo se me hinchaban las areolas y se me endurecían los pezones, mientras que mi raja se abría comenzando a mojar. Una vez le hube desnudado, el joven Nardo asumió la situación y se dejó hacer, y pronto conseguí calentarle. Al fin y al cabo, aquello podía ser una vergüenza para sus padres, pero para él no era más que el regalo de un rato agradable con una amiga de toda la vida. Traté de hacer uso de todo lo que había aprendido con las chicas, queriendo conseguir satisfacer los deseos de Padre lo mejor posible, pese a no entender ni conocer realmente el propósito de todo aquello. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">En cualquier caso, cumplir aquella orden de Padre no constituía una tarea difícil para mí. Aquel chico era uno de mis amigos más mayores y, por ello, uno con los que más había experimentado. Si no me equivocaba, el pobre debía ir ya para la veintena, y su físico así lo evidenciaba, pero en una familia tan patriarcal como la de los Nardo tenía pocas esperanzas de que nuestro entorno llegara a verle como un adulto hasta dentro de mucho tiempo. Pero lo bueno de aquello es que a Padre esa condición la valía para permitirme follármelo, y a mí me fascinaba la posibilidad de poder hacerlo con un hombre ya tan mayor. Además, como nuestros cuerpos se conocían ya tan bien, en una situación tan eléctrica como aquella solo tocarnos bastó para encendernos, así que enseguida nuestros cuerpos desnudos estuvieron rodando por la cama. Incluso el hecho de que alguien tan despreciable como señor Nardo se estuviera pajeando en la puerta por la excitación que le producía ver como me follaba a su hijo no hacía sino facilitar todavía más la tarea que Padre me había impuesto. Porque descubrí que, en honor a la verdad, me ponía muchísimo aquella nueva experiencia de llevar mi exhibicionismo un paso más allá y empezar desde ya mostrarme como una pequeña putita para los amigos de Padre y otros hombres adultos. Si hacer aquello con el joven Nardo ya era agradable de por sí, poder sentirme por fin como una de las chicas mayores delante de un adulto multiplicó mi excitación hasta extremos insospechados (el hecho de que el joven Nardo fuese además casi un adulto también ayudaba,porque, la verdad, hasta los adolescentes empezaban también a quedárseme pequeños). Comprendí de pronto que, por encima de todo, ya no era solo que me excitara que me vieran desnuda follando, sino que me moría de ganas de que aquello se supiera, que se extendiera el rumor por todo el patio... hubiera matado por asegurarme de que Padre supiera con detalle cómo follaba su Marranita. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Por ese motivo, apostando todo a la incapacidad del señor Nardo para mantener su bocaza cerrada, me las arreglé para convencer a mi amigo de que me taladrara por fin el culito por primera vez. Seguramente hubiera sido mejor lanzarme a la prueba definitiva para eso con uno de mis amigos más pequeños y que tuviera una verguita más manejable que el magnífico cimbel del joven Nardo, pero no quería defraudar a Padre, y él me había ordenado directamente que me follara a aquel joven así que... Mi único límite era la prohibición de que su polla entrara en mi coñito, pero para todo lo demás prefería pasarme y asombrar a Padre que quedarme corta. Además, os aseguro que lo gocé como no había gozado nada antes. Salvo comerle la tranca a papi, claro...<br /></span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">La segunda paja del señor Nardo cayó allí mismo, justo siguiendo a la primera, mirando con cara de salido cómo su hijo, aquel hombretón al que estaba sofocando su derecho a vivir como adulto, se bebía su propio semen metiéndole la lengua hasta el fondo del ojete a una cría como yo, que apenas se acercaba todavía a acariciar su primer ciclo lunar, aunque estaba indiscutiblemente casi tan desarrollada como la mayor adolescente. Alguna vez escuché a los amigos de Padre preguntarle si no estaría equivocado con mi edad, porque les parecía imposible que no fuera mucho mayor de lo que declarábamos. Pero Padre siempre se reía a gritos, asegurando que lo único que querían todos era "trincarse a su Marranita". Escuchar aquellas conversaciones sin importarles lo más mínimo que yo estuviera allí entre ellos, completamente desnuda, me hacía mojar tanto que era imposible disimularlo, y todos en el patio se daban cuenta de que yo también me moría de ganas de que ellos me "trincaran". </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Sin embargo, mientras gemía de placer en la cama de Nardo, me preguntaba en aquel momento si mi primera experiencia con un adulto no sería, contra todo pronóstico, allí mismo siendo violada por aquel viejo gordo y desagradable. Aquel cerdo no se privó de comerme con la vista cada día y cada noche mientras estuve en su casa, pajeándose sin disimulo cada vez que su polla vieja respondía a ese estímulo incontrolable que suponía para él tener a la hija pequeña de su vecino en casa, machacándosela sin importarle ser visto, detrás de mí en cualquier sitio y en cualquier momento, hasta el punto de que no distinguía si yo estaba en la cama follándome a su hijo o si su mujer o su hija estaba presentes en la habitación donde nos encontráramos en aquel instante. Pude comprobar así que, en casa de los Nardo, el padre de familia mantenía el orden de una manera más ordenada, o al menos con más tranquilidad que en mi casa, si bien de una forma inesperadamente efectiva y total. Sin embargo, de puertas para fuera, el señor Nardo y toda su familia estaban tan sometidos a Padre como cualquiera, y hasta yo misma podía comprobar a mi tierna edad el poder que él tenía sobre ellos, por lo que ni la lascivia provocativa con la que me regalaba sus incesantes masturbaciones ni aquel poder soterrado pero real que emanaba su persona, contra todo pronóstico, en el ejercicio de su condición de cabeza de familia, consiguieron hacer que cambiara mi opinión de que aquel pobre diablo no era más que, simple y llanamente, un mierda. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">En cuanto a mi desdichada y hermosa amiga, la pobre estaba que se subía por las paredes viendo cómo me levantaba varias veces al día a su hermano pequeño allí en su misma casa y sin molestarme en disimular lo más mínimo, mientras que ella tenía que escuchar mis gritos masturbándose a escondidas en el baño, sin poder ofrecerme su coñito para que le diese cariño como tanto ella deseaba. Por lo que respecta a su padre, al final mi temor (o deseo oculto) de que pudiera perder la cabeza conmigo hasta el punto de tomarme por la fuerza desapareció por completo al segundo día. Estaba claro que, si de él dependiera, me hubiera violado incluso delante de su familia si hubiera sido preciso, pero yo no había errado lo más mínimo en mi diagnóstico y el tipo se reveló como un auténtico incapaz que jamás se atrevería a llevar la contraria a Padre en nada. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Fue todo aquello que viví en casa de los Nardo lo que me demostró el acierto tan tremendo de aquella intuición clara que siempre había tenido, desde que no era más que una niña, respecto a que el verdadero poder solo lo tienen quienes son en verdad poderosos por sí mismos, pero no quienes acceden a un poder exterior a ellos gracias a la fuerza o a su capacidad para comprarlo. Y que, puestos a enfrentarlos, el poder de la hombría sería siempre superior al de la razón, igual que el poder de la fuerza era superior al poder del dinero. Sin embargo, tuve que aprender allí también la limitación de aquella revelación, evidenciada por el esfuerzo que hacía Padre por tener contento a un ser tan miserable como el señor Nardo, dado que de esos equilibrios dependía también el bienestar económico de mi propia familia. Consciente de que yo había pasado a ser una pieza fundamental de ese equilibrio, me esforcé por satisfacer en la misma medida el apetito sexual del padre tanto como el del hijo en aquella casa, siempre dentro de los parámetros establecidos por Padre para ello. Hasta cierto punto tuve que pensar que aquello me convertía un poco en una puta, pero si te digo la verdad, me encantaba poder ser una buena puta al servicio de Padre.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Transcurrida una semana, mi madre salió por fin de la habitación de Padre en la que se había encerrado. Demacrada y sucia como una vagabunda tras días sin comer ni beber, la paliza que le dio Padre al salir la mandó esta vez directa al hospital. Todos los vecinos declararon que la pobre mujer se había caído por las escaleras debido a la enajenación que le había producido su encierro voluntario. Yo añadí que antes de aquello había pasado varios días borracha y que me había abandonado, teniendo que ser asistida por mis vecinos, cosa que ellos corroboraron, con especial énfasis del señor Nardo en su convencimiento de que aquella mujer arrastraba una enfermedad mental motivada por su embarazo de mí. Todo el mundo añadió que Padre estuvo de viaje visitando a un familiar enfermo en la Puebla del Sur hasta que le avisaron de la desgracia. Nadie movió un dedo cuando mi madre fue advertida por el juez distrital de que quedaba bajo vigilancia permanente a efectos de determinar si estaba en condiciones mentales adecuadas para mantener mi custodia, quedando mientras tanto bajo la exclusiva potestad de Padre. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Aquel día fue para mí mi segundo nacimiento. El primero había sido cuando Padre me convirtió en su Marranita. Antes de aquello, yo ya llevaba años renegando de la posibilidad de haber salido alguna vez al mundo del coño de mi madre. Para mí, mi única ascendencia posible era Padre y, a pesar de que tuve que volver a casa, no quise saber más de aquella loca.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">A partir de entonces, fue mi madre quien comenzó a pasar largas temporadas en casa de los vecinos. A mí eso me encantaba, porque me permitía perderla de vista sin necesidad de tener que pasarme el día fuera de casa. Aquello estaba bien cuando encontraba amigos para follar, o a alguna de las chicas con las que descubrir cosas nuevas sobre los hombres y sobre Padre, o comernos la cocha cuando conseguíamos algún lugar tranquilo para hacerlo. Pero el resto del tiempo prefería estar en el patio y en casa si estaba Padre, algo que con mi madre por el medio era, sencillamente, imposible. Sus desapariciones en casa de los Nardo, en cambio, me permitían pasar tiempo a solas con Padre e, incluso, disfrutar de sus atenciones sobre mi cuerpo, que gracias a aquellos momentos poco a poco empezaron a ir en aumento. Además, yo es que era feliz sencillamente pudiendo cuidar de él, y me encantaba servirle, hacerle la comida, limpiar la casa para él. Besaba el suelo por donde pisaba y hasta el agujero del retrete donde meaba, y eso a él le gustaba más que nada. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Lo único malo era que por las noches yo no podía dormir con él. Era algo que teníamos hablado y que yo sabía que tenía que respetar, aunque me resultara casi imposible aguantar las ganas de pedírselo, de nuevo, cada noche. Pero, al menos, siempre nos sentábamos juntos a hablar y a comentar el día antes de dormir, los dos en las alfombras con cojines del salón, como siempre completamente desnudos. Cuando él estaba caliente, o cuando me notaba a mí en celo (ya por entonces empezó a ser terriblemente evidente mi fuerte olor corporal y, sobre todo, el olor que desprendía mi coño cuando estaba caliente o o se me ponía con ganas de follar), Padre empezaba sin más a acariciar mi cuerpo, y después casi siempre me acababa metiendo su mano por detrás para sobar mi raja, que se encontraba siempre mojada. Era capaz de ponerme a temblar con uno solo de sus dedos, y tenía una habilidad enorme para hacer que me corriera solo a base de caricias de su manaza. Decía siempre que no quería penetrarme ni con sus dedos por miedo a estropearme el virgo. Yo no sabía todavía qué era el virgo, pero entendía que era una especie de tesoro que Padre guardaba en mi coño y que, fuera lo que fuera, a mí cada noche que pasaba con él me entraban ganas de pedirle que lo tomara de una vez para sí. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Mientras él me manoseaba, a veces se empalmaba por completo, con mi ayuda o no, y entonces solía dejar que yo le masturbara y que le chupara la polla entera. Hacer aquello con Padre era algo forzosamente violento, puesto que con un pene de sus colosales dimensiones siempre resultaba difícil mantener la compostura. Como él siempre conseguía que yo me corriera primero, al sentirme mojar y ronronear en su regazo como un perrito él me quitaba mi juguete de la boca y las manos, y terminaba rápidamente su trabajo por sí mismo, aunque ya no me hacía irme ni se escondía para masturbarse, sino que le gustaba que le mirara mientras lo hacía, y yo le ayudaba a excitarse dejándole que me tocara el cuerpo para conseguir que su verga explotara. A veces se corría sobre mí, otras veces me pedía que le limpiara todo con la lengua, aunque lo normal era que terminara sin más sobre los cojines o la alfombra, que yo me ocuparía de limpiar al día siguiente. Con el paso del tiempo fui cogiendo práctica, y alguna vez empecé a conseguir que se corriera en mi boca mientras yo lograba aguantarme mi explosión entre las piernas. Entonces Padre me premiaba dejándome tragar su semen, que disparaba en mi estómago en cantidad suficiente como para asegurarme la alimentación correspondiente a la más copiosa y deliciosa cena, y entonces yo podía pasar el resto de la noche cubierta de su esperma y él me dejaba quedarme recostada sobre su regazo como una perrita hasta que se recuperaba y se iba a dormir. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Aquellas veces, el nombre de Marranita debía escucharse por todo el patio.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span style="color: #000000">Sin embargo, cuando Padre tenía urgencias verdaderas, claro está, no le quedaba otra que hacer llamar a mi madre. Después de forzarla en su cama o en el baño la devolvía a los vecinos, y yo recuperaba la paz que me daba tenerle solo para mí. Mi madre se dejaba violar por él cuando tocaba, y obedecía todas sus órdenes sin rechistar, pero sin entusiasmo. A mí aquello me parecía buen arreglo para todos, y lo que menos me importaba era si a mi madre le gustaba o no. Escuché rumores de que el señor Nardo también estaba teniendo sexo con ella, como pago por su alojamiento y manutención. Nunca me preocupó saber si aquello fue cierto o no, pero siempre pensé que el concepto de puta barata le encajaba a la perfección a mi madre. Lo cierto es que, con el tiempo, la señora Nardo la acabó tomando bajo su protección y hasta se hicieron amigas. Su marido también tuvo que empezar a frecuentar más mi casa desde entonces. Solía venir con la excusa de presentar sus respetos a Padre, de ofrecerle regalos o de proponerle negocios fastuosos. Padre le permitía encerrarse conmigo en mi habitación, y yo me desnudaba y me pajeaba para él hasta que se sacaba su gordo cipote y se lo masturbaba delante de mí. A veces Padre me permitía incluso dejarle que me tocara, o hasta ayudarle con su masturbación. Siempre cosas muy suaves para no darle pie a grandes expectativas, pero que al pobre hombre le hacían volverse loco, porque yo le hacía creer que hacía aquello por gusto personal hacia él e, incluso, a espaldas de Padre, y aquella especie de deseo realizado a él le hacía eyacular como un caballo. Pese al desagrado personal que me inspiraba su presencia, he de decir que es uno de los hombres que he conocido con mayor capacidad de eyaculación, tanto en cantidad como en tiempo de recuperación, aspecto que me facilitaba enormemente cumplir los objetivos que Padre me marcaba con él.</span></span>
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<div dir="ltr"><span style="color: #3366ff">(lau.alma @yahoo.com)</span></div>
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						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/dominacion/">Dominación</category>                        <dc:creator>laualma</dc:creator>
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                        <title>Quiero que me ates y me conviertas en tu putita sumisa</title>
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                        <pubDate>Wed, 10 Jun 2026 14:13:02 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Hola, alguna vez te han atado? Mi vecino me lo preguntó nada más entrar en el ascensor mientras me comía con la mirada. Ese día yo me había vestido con un pantalón corto corto del que asomab...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>Hola, alguna vez te han atado? Mi vecino me lo preguntó nada más entrar en el ascensor mientras me comía con la mirada. Ese día yo me había vestido con un pantalón corto corto del que asomaban mis nalguitas y dejaba ver mi ombligo, con una camiseta ceñida. </p>
<p>Me llamó Daniel, soy un chico de 25 años, bastante aniñado y con un cuerpo delgadito y depilado que parece el de una chica más que de chico </p>
<p>Al principio no comprendí lo que quería decir el vecino, un viejo grande gordo y muy asqueroso. Por eso le miré sin entender pero él fue muy rápido y me agarró fuerte, tanto que no podía moverme. Mientras el ascensor subía a su planta me agarró el culito apretando mis nalguitas y me dijo al oído: " quiero follarte nenita estás muy rica y llevo observándote unos días y sé que eres una zorrita".</p>
<p>Yo me asusté mientras sus manazas apretaban mi culito y su boca me chupaba el cuello, pero también empecé a excitarme. El vecino lo notó y riéndose me agarró mi pene y tiró de el sacándolo de mi pantalón.</p>
<p>"Vaya la zorrita es un chico guapito y marica"  que bien te daré lo que necesitas putita. Entonces llegamos y la puerta del ascensor se abrió, me cogió fuertemente y me arrastro a su piso.</p>
<p>Cuando entre me empujó contra la pared y empezó a meterme mano mientras me obligaba a agacharme hasta que tuve su polla delante de mi cara.</p>
<p>Me restregó una polla gigante por la cara y tuve que chuparsela pero no me cabía en la boca.</p>
<p>Me cogió del pelo y me arrastro por el suelo hasta tirarme encima de la cama, yo ya había perdido mis pantaloncillos y solo me quedaba puesto un tanguita rosa que me arrancó de un tirón con sus manazas.</p>
<p>De pronto estaba atado a los barrotes de su cama abierto y con mi culito indefenso. "Dios que bueno estás maricon te voy a follar hasta que chilles de gusto putita"</p>
<p>Y eso hizo me metió la polla hasta los huevos de un solo golpe que lleno todo mi culito y mis entrañas, era como estar empalado. Yo gritaba de dolor pero él no paró siguió dándome por el culo con su pollón. </p>
<p>Al rato tenía mi culito tan abierto que ya no me dolía y su rabo entraba y salía de mi con facilidad, tanta que empezó a gustarme y moví mi culo arriba para chocar con su vientre mientras me la clavaba.</p>
<p>Cuando ya estaba a punto de correrse me agarró del pelo y metiéndome aun más su polla estalló dentro chorros y chorros de leche caliente y pegajosa que se me escapaba del culo y resbalaba por mis piernas </p>
<p>Durante dos horas más mi vecino me follo el culo y la boca hasta que se canso, luego me echo de su piso, desnudo follado y lleno de leche. Apenas llegué a mi piso me llamó por teléfono y me dijo que lo había grabado todo para sus amigos y que sería su putita.</p>
<p>Yo creo que repetiré porque me encantó ser su zorrita sumisa y si puedo lo seré también de sus amigos. Besitos </p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/dominacion/">Dominación</category>                        <dc:creator>Culito65</dc:creator>
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				                    <item>
                        <title>Rostros ocultos</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/dominacion/rostros-ocultos/</link>
                        <pubDate>Sat, 06 Jun 2026 23:24:46 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[ROSTROS OCULTOS
 
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                        <content:encoded><![CDATA[<div data-olk-copy-source="MessageBody">ROSTROS OCULTOS</div>
<div> </div>
<div>La ciudad se desplegaba como un secreto entre valles suaves y praderas ondulantes, abrazada por el verde y vigilada a lo lejos por cordilleras eternas. No era una gran capital, pero tampoco un pueblo perdido. Su nombre —susurrado con respeto por quienes sabían— no figuraba en folletos turísticos masivos, aunque los visitantes que llegaban sabían bien lo que buscaban.</div>
<div class="x_elementToProof">Una mezcla de industria y turismo le daba un carácter ambiguo. Las afueras vibraban con el pulso de fábricas ruidosas, tecnológicas, casi clínicas en su eficiencia. Pero el centro… el centro era otra cosa. Calles adoquinadas entre edificios de arquitectura ecléctica, cafés con vitrales antiguos, galerías de arte donde nadie preguntaba demasiado. Era una ciudad que se ofrecía al que sabía mirar, y que se cerraba como un puño ante el que no entendía su lenguaje.</div>
<div>Detrás de cada fachada elegante, cada calle con nombre francés o alemán, podía haber una historia. Una habitación sin ventanas, una voz dando órdenes al oído, un juego de roles cuidadosamente pactado. Aquí, las apariencias eran un arte, y el deseo, una moneda de cambio silenciosa.</div>
<div>Porque en esta ciudad clásica, luminosa de día y enigmática de noche, muchos llevaban máscaras… aunque no siempre se vieran.</div>
<div>En esa ciudad vibrante y bulliciosa, cada uno transitaba sus días con una sonrisa bien ensayada, como si todo estuviera en su lugar. Pero bastaba mirar un poco más allá, rasgar apenas la superficie, para descubrir que detrás de cada gesto amable se escondía algo más profundo. Rostros ocultos, silenciados por la rutina, por el deber, por el miedo a romper con lo establecido.</div>
<div>Como Rocío, por ejemplo.</div>
<div>Dueña de un pequeño local de ropa para niños en una galería del centro, Rocío era, a los ojos de todos, una mujer correcta. Siempre bien arreglada, atenta, cálida con sus clientas, madre de una adolescente y esposa de un hombre que vivía para el trabajo. Su vida estaba marcada por los horarios del colegio, los pedidos del negocio, y las cenas silenciosas en su casa prolija. Pero nadie sabía que, cada vez que abría la persiana metálica de su local, su mirada se desviaba un instante hacia enfrente. Allí, justo frente a ella, un sex shop con vidrieras oscuras le devolvía un guiño que no se atrevía a responder, no todavía. Pero la inquietud ya había prendido fuego en su interior.</div>
<div>Y como Dylan</div>
<div>Trabajaba desde casa, freelance, encerrado en un escritorio lleno de papeles, con dos hijos que corrían por el pasillo y una esposa con la que ya no compartía más que las compras del súper. Vivían en una casa limpia, ordenada, donde todo parecía estar en su lugar, salvo él. Sentía que algo en su vida se le escurría entre los dedos, que la pasión había quedado en alguna página vieja del calendario. Su esposa era dulce, pero recatada hasta el hastío, y Dylan, aunque no lo admitiera en voz alta, comenzaba a fantasear con otras realidades, o con otros cuerpos.</div>
<div>Dylan tenía sus rutinas, como todos. Por la mañana, luego de dejar a los chicos en la escuela, se encerraba en su oficina improvisada con una taza de café y una lista de pendientes. Freelance, diseñador gráfico, programador… lo que hiciera falta. Su computadora era su refugio y su cárcel al mismo tiempo. Pero había momentos —breves, silenciosos— en los que se desviaba del camino productivo, momentos donde el cursor no buscaba íconos de diseño, sino pestañas ocultas en el navegador.</div>
<div>Allí, en ese rincón virtual, Dylan encontraba algo más que imágenes, de encontraba a sí mismo. O al menos a una parte de sí que nunca se había animado a mostrar. El BDSM no era solo cuero y esposas, era algo más profundo: sumisión, control, entrega, oscuridad. Y eso lo fascinaba. Pero jamás se lo compartiría a su esposa. ¿Para qué? Ella se ruborizaba con una escena subida de tono en una serie cualquiera. Había aprendido a no esperar nada. A callar. A vivir con esa parte de sí mismo encerrada, como un animal que apenas respira detrás de una puerta cerrada.</div>
<div>Rocío, mientras tanto, vivía su propio despertar. Cada mañana abría su local con puntualidad. Colgaba los vestiditos, acomodaba los moños, ordenaba con dedicación casi religiosa. Pero siempre, al bajar la persiana, su mirada se iba hacia el frente. Ese lugar. El sex shop con vidrios polarizados y un cartel discreto pero provocador. Nunca entraba, nunca se acercaba, no era para ella, no para una mujer madre, casada, con un negocio infantil.</div>
<div>Y sin embargo... entre cliente y cliente, entre talles y envoltorios de regalo, empezaron a colarse otras cosas en su día. Con el celular apoyado en el mostrador, disimulando con una sonrisa si alguien pasaba cerca, Rocío también comenzó a explorar. Artículos, blogs, relatos... Y ahí estaban las palabras: dominación, control, ataduras, límites borrados por el deseo. Algo se despertaba en su vientre, en su pecho, en su mente. Algo que no conocía, pero que no quería dejar de sentir. Claro que eran solo fantasías. Pensamientos absurdos para una mujer como ella. Su marido no hablaba de sexo desde hacía meses, y cuando lo hacían era mecánico, casi obligatorio. Ella fingía interés, fingía llegar, fingía vivir. Pero algo le decía que no iba a poder seguir fingiendo por mucho tiempo más.</div>
<div>Y sin saberlo, mientras uno navegaba en la penumbra de su casa y la otra disimulaba su hambre detrás del mostrador, ambos comenzaban a encender el mismo fuego.</div>
<div>Dylan, cada vez más absorto en sus búsquedas secretas, sintió que mirar ya no alcanzaba. Quería algo más: interactuar, explorar con otros, aunque fuese desde el anonimato. Así que una noche, después de asegurarse de que todos dormían, creó un perfil. Nombre falso, sin foto, solo palabras. Un nombre que no decía nada, pero escondía todo: ElDueñoDelSilencio. Allí, en ese rincón virtual lleno de fantasmas deseosos, comenzó a escribir, a leer, a charlar con desconocidos que, como él, necesitaban un escape.</div>
<div>Se sorprendió al descubrir cuánto le excitaba expresarse con libertad, sin tener que pedir permiso ni disculpas. Había un goce nuevo en ese juego de roles, en escribirle a alguien "arrodillate" y sentir cómo su cuerpo respondía del otro lado de la pantalla, aunque jamás viera su rostro.</div>
<div>Rocío no se quedó atrás, fue una tarde, después de cerrar el local, cuando finalmente lo hizo. Había navegado tanto, leído tanto, que ya no podía seguir fingiendo que no deseaba estar allí dentro. No en el sex shop físico —todavía no—, pero sí en ese otro espacio intangible donde las mujeres como ella no eran juzgadas por desear. Se creó un perfil con manos temblorosas. No tenía intención de mostrarse. Su usuario: DeseoSumiso. Palabras simples, pero cargadas de verdad.</div>
<div>Y allí, en esa burbuja irreal donde la gente no se cruzaba en la calle ni fingía desayunos felices, Rocío se sintió viva por primera vez en mucho tiempo. Podía hablar de lo que le gustaba, de lo que imaginaba. Podía escribir que quería ser atada, usada, guiada, y al otro lado nadie se escandalizaba, al contrario, le respondían con respeto, con deseo, con palabras que le mojaban más que cualquier caricia real.</div>
<div>Y así, entre tantas voces anónimas, el destino empezó a acercarlos. No de inmediato, no como en las películas. Solo fue un comentario en un hilo, una frase que Dylan escribió sin pensarlo demasiado y que a Rocío le retumbó en el pecho. Algo en la forma en que él hablaba de dominar no como un acto violento, sino como una entrega mutua, un pacto de confianza... la conmovió.</div>
<div>Ella respondió.</div>
<div>Y él la notó.</div>
<div>Desde entonces, comenzaron a intercambiar mensajes, al principio casuales, prudentes. Pero algo se reconocía en cada palabra. Sin saber quién era el otro, se olían, se leían entre líneas, se tocaban con frases, una erección, una vulva húmeda. Libertad. Eso sabían que era esto. Masturbarse ya no era un pecado, era un ritual. Una forma de encontrarse a solas con lo que no se podía decir en voz alta.</div>
<div>Con el tiempo, las charlas entre ElDueñoDelSilencio y DeseoSumiso se volvieron casi exclusivas. Pasaban horas en ese rincón digital compartiendo fantasías, pero también dolores. Lo que comenzó como un juego se transformó en una suerte de refugio mutuo. Entre jadeos escritos y confesiones veladas, empezaron a desnudarse en otro plano: el emocional.</div>
<div>Rocío fue la primera en romper un poco la barrera. Una noche, después de relatar un deseo de entrega total, dejó caer un comentario:</div>
<div>—Trabajo en un local de ropa para chicos. En una galería del centro. Justo enfrente tengo un sex shop. Imaginate lo que es pasarte el día rodeada de enteritos y mamaderas, con esas vidrieras negras tentándote enfrente.</div>
<div>Del otro lado de la pantalla, Dylan sintió cómo una chispa se encendía en su memoria, galería, ropa infantil, sex shop enfrente. Eso le sonaba demasiado conocido.</div>
<div>Casi como un reflejo, abrió Google Maps, buscó la galería que conocía a pocas cuadras de su casa. Sí, ahí estaba, recordaba haber entrado al sex shop una vez, hace meses, más por aburrimiento que por necesidad. Recordaba el pasillo, las luces apagadas, la vidriera frente a la entrada. ¿Y si era…? No. No podía ser.</div>
<div>Pero la idea lo mordía por dentro. ¿Y si sí?</div>
<div>Pasaron dos días sin que pudiera sacárselo de la cabeza. Hasta que un martes por la tarde, con el corazón bombeando como un tambor, salió a caminar. No iba a hacer nada imprudente. Solo iba a mirar. Confirmar que era una coincidencia ridícula. Un juego mental. Caminó las tres cuadras con la garganta seca. Al llegar, fingió mirar una vidriera, cruzó con calma, y se metió en la galería. El murmullo de fondo, los pocos locales abiertos, y allí, al fondo, la tienda.</div>
<div>Y a ella.</div>
<div>Era hermosa. De un modo discreto, elegante. Llevaba una blusa blanca y un pantalón ajustado que le marcaba las caderas. Ordenaba unos percheros mientras hablaba con una mujer joven, tal vez una clienta. Su rostro irradiaba dulzura, pero había algo en sus ojos… algo que Dylan conocía sin haberlo visto nunca antes. La forma de moverse, de morderse apenas el labio mientras pensaba, de tocar con lentitud las prendas. Era ella. No tenía dudas.</div>
<div>Pero no dijo nada.</div>
<div class="x_elementToProof">Entró al sex shop con una excusa barata, miró un par de cosas, fingió interés, pero no podía dejar de pensar en el local de enfrente. Hacia esa mujer que ya le había contado sus secretos sin saber que él la observaba. Su pecho latía con fuerza. Deseaba entrar, saludar, decir algo, cualquier cosa.</div>
<div>Pero no pudo.</div>
<div>Salió del sex shop con un paquete pequeño que no necesitaba, cruzó de nuevo la galería, y se fue caminando como si nada.</div>
<div>Aunque por dentro, todo había cambiado.</div>
<div>Pasaron algunos días en silencio. Dylan necesitaba ordenarse. Procesar lo que había visto. Lo que había sentido. Se había jurado no romper nunca la barrera entre la fantasía y la realidad, pero ya era tarde. Había cruzado. Había estado frente a ella. Había visto la boca que tantas veces imaginó entre gemidos escritos. El cuerpo que se estremecía tras cada palabra que él le dictaba en la oscuridad de la red.</div>
<div>Pasaron los días y las barreras seguían cayendo como hojas de otoño, ya no se llamaban como ElDueñoDelSilencio y DeseoSumiso, se hablaban como Dylan y Rocío, directo, sin rodeos</div>
<div>Una noche, finalmente, no pudo más. Entró al chat. Ella ya estaba conectada.</div>
<div>—Necesito confesarte algo.</div>
<div>El cursor de Rocío titiló unos segundos, luego apareció su respuesta.</div>
<div>—Me asustás. Pero seguí.</div>
<div>Él respiró hondo. Las manos le temblaban sobre el teclado.</div>
<div>—Hace un tiempo te vi. Entré en tu galería. Entré al sex shop. Crucé la mirada con vos. No sabés que era yo, pero yo sí supe que eras vos. Vi tu tienda, tu ropa infantil ordenada con una dulzura que me rompió por dentro. Y te vi. Y te reconocí. Tu forma de mirar, de tocar las cosas, de morderte el labio. Sos vos. Lo supe en el instante en que te vi.</div>
<div>Silencio.</div>
<div>Un minuto. Dos.</div>
<div>Ella no respondía.</div>
<div>Hasta que, de pronto, apareció una frase breve:</div>
<div>—Me tiemblan las piernas.</div>
<div>Después, otra.</div>
<div>—Estoy ruborizada. Vulnerable. Pero no asustada. Todo lo contrario.</div>
<div>Dylan se quedó quieto. Esperaba una reacción más dura, una retirada. Pero no. Ella estaba allí. Y algo se había encendido.</div>
<div>—Decime más, escribió ella. Decime qué viste. Cómo me miraste. Cómo pensaste en mí.</div>
<div>Y entonces Dylan le habló como nunca antes. Sin filtros. Le describió el modo en que su cuerpo parecía latir detrás del mostrador. Cómo su pelo recogido le dejaba el cuello al descubierto, y cómo imaginaba atarle una cinta allí mismo. Cómo deseó cerrar la tienda con llave, entrar sin pedir permiso y convertirla en suya.</div>
<div>Ella respondió sin dudar.</div>
<div>—No sabés lo que me estás haciendo. No me importa cómo seas físicamente. No me importa tu edad. Lo único que me importa es esto. La manera en que me ves. En que me dominás sin tocarme.</div>
<div>Dylan se mordió el labio. Sus pantalones apretaban. Pero no respondió todavía. Dejó que ella siguiera.</div>
<div>—Si me tuvieras frente a vos… me arrodillaría. Cerraría los ojos. Dejaría que me ates las muñecas. Me desnudaría solo si vos lo ordenás. Y después… después me entregarías ese castigo que merezco por ser tan puta como para excitarme sabiendo que me estuviste mirando sin decirme nada. Qué placer me da eso. Qué asco tendría mi marido si supiera. Pero me da igual. Quiero eso. Lo quiero todo.</div>
<div>Dylan tragó saliva. Le ardía la piel. Las palabras le golpeaban el pecho y la entrepierna.</div>
<div>—Entonces decímelo, escribió finalmente. Decime lo que querés que te haga. Punto por punto. Como una buena sumisa. Y yo voy a leerte. Y voy a corregirte. Hasta que lo digas bien. Hasta que me merezcas.</div>
<div>El silencio que siguió fue eléctrico.</div>
<div>Y después… Rocío comenzó a escribir.</div>
<div>Hacía semanas que los mensajes entre ellos habían dejado de ser inocentes. Ya no eran frases sueltas ni juegos disfrazados de curiosidad. Ahora eran órdenes. Claras. Firmes. Y ella, sin saber exactamente cuándo había sucedido, se había entregado por completo a esa voz escrita que parecía conocerla más que su propio marido.</div>
<div>Llegaría una orden de distinta. Más concreta. Más... real.</div>
<div aria-hidden="true"> </div>
<div>"Entrá al sex shop de enfrente. Quiero que compres tres cosas. Yo te voy a decir cuáles. Las vas a usar pronto. No preguntes. No negocies."</div>
<div>Rocío leyó el mensaje una vez, dos, tres. Sentía el corazón golpeando en el pecho como si se le fuera a salir. Desde su local de ropa infantil, cruzó la galería sin mirar a nadie. El cartel rojo con letras blancas del sex shop parecía más brillante que nunca. La puerta automática se abrió con un susurro mecánico y un olor extraño la envolvió. Dulce, químico, provocador.</div>
<div>El local era más grande de lo que imaginaba. Silencioso, íntimo. Cada estante parecía una provocación. Látigos de cuero trenzado, esposas de metal, sogas de algodón rojo, arneses de cuero, máscaras, plugs, vibradores con formas que nunca había visto. El simple hecho de estar ahí, sola, obedeciendo, le aceleraba la respiración.</div>
<div>No sabía si era vergüenza o adrenalina, pero sentía calor en las mejillas. En todo el cuerpo, en realidad. Sus piernas, tensas, se rozaban con una fricción que aumentaba a cada paso.</div>
<div>Le escribió a Dylan: “Estoy adentro.”</div>
<div>La respuesta fue inmediata:</div>
<div>"Quiero que elijas unas esposas brillantes, un collar con argolla y un plug anal, no el más pequeño. Te sacás una selfie con cada cosa. Que se te vea la cara. Quiero que se note lo que estás sintiendo. Obedecé."</div>
<div>Su primer impulso fue resistirse. No podía. No debía. Pero ya estaba en el fondo de algo que la consumía. Y no quería salir.</div>
<div>Se acercó a las esposas, se sentían frías el tacto, Las sostuvo con ambas manos. La textura era suave, pero firme. Sentía el poder contenido en cada eslabón de la cadena. Se miró en el espejo. Sus ojos brillaban con un fulgor nuevo. Levantó el teléfono y se sacó la primera foto.</div>
<div>Con el collar fue diferente. Lo sintió como una marca. Se lo colocó temblando. El metal de la argolla contra la garganta le arrancó un escalofrío. Se sacó la segunda foto con el corazón latiendo como un tambor.</div>
<div>El plug la desarmó. No sabía por qué, pero tocarlo fue como tocar algo sagrado. Suave, sedoso, tan erótico como amenazante. Lo posó sobre la palma de la mano para que notara que no era el más pequeño. La tercera foto capturó algo que ella misma no reconoció del todo. Una mezcla de entrega, miedo y deseo puro.</div>
<div>Pagó en silencio, con las mejillas encendidas, evitando mirar al vendedor. Salió con una bolsa negra, discreta. Como si lo que llevaba no existiera. Pero en su interior, algo ya había cambiado.</div>
<div aria-hidden="true"> </div>
<div>Llegaría el primer encuentro…</div>
<div>No necesitó anunciarse. Dylan empujó suavemente la puerta del local y entró con paso seguro, como quien tiene el control incluso antes de hablar. Rocío alzó la vista desde el mostrador y por un instante se quedó sin aliento.</div>
<div>No lo reconocía. Nunca había visto su rostro. Pero supo, de alguna manera instintiva y profunda, que era él.</div>
<div>Alto, de cuerpo firme y expresión serena. Vestía jeans oscuros, camisa arremangada y una campera de cuero que le daba ese aire de hombre que no pide permiso. Sus ojos la recorrieron despacio, sin apuro, sin vergüenza.</div>
<div>—Hola, Rocío —dijo él, con voz grave y segura—. Soy Dylan.</div>
<div>El nombre golpeó como un trueno suave. Rocío tragó saliva, aturdida, no se había imaginado nada concreto en su mente, y sin embargo, ese rostro era exactamente lo que no sabía que deseaba.</div>
<div>La intensidad de su mirada la hizo bajar los ojos sin darse cuenta. Sintió una corriente eléctrica recorrerle la espalda. Había algo en su presencia, en su forma de estar parado frente a ella, que la empujaba a rendirse. Sin palabras. Sin necesidad de seducción.</div>
<div>—Te ves mejor de lo que imaginaba —añadió él, con media sonrisa—. Y tenés ese brillo... ese que se nota cuando una mujer quiere obedecer sin admitirlo.</div>
<div>Ella no respondió. El cuerpo le temblaba apenas, lo justo para sentirlo, pero no delatarse.</div>
<div>Dylan sacó un sobre negro del bolsillo interior de su campera y lo apoyó con firmeza sobre el mostrador.</div>
<div>—Mañana a las 20:00, un auto va a pasarte a buscar, no traigas celular, nada que te conecte con tu otra vida. Traé lo que compraste en el sex shop, todo. —La miró fijo, sin aflojar el tono—. El resto está escrito en este sobre.</div>
<div>Se inclinó apenas hacia ella y bajó la voz.</div>
<div>—Si venís, sabés lo que vas a entregar, vas a obedecer, vas a callar, y sobre todo... vas a disfrutar</div>
<div>Dicho eso, giró y salió. Sin esperar respuesta. Como si su palabra ya fuera ley.</div>
<div>Rocío quedó sola, con el sobre entre las manos. Sus piernas temblaban, su respiración era errática y su ropa interior… arruinada.</div>
<div>Entró al baño, cerró con llave, y con manos ansiosas abrió el sobre. Adentro, una hoja cuidadosamente doblada. En la parte superior, una única línea escrita con tinta negra:</div>
<div>“Desde el momento en que te subas a ese auto, tu cuerpo y tu voluntad serán míos. Y yo sabré qué hacer con ellos.”</div>
<div>Rocío cerró los ojos. La elección estaba hecha. La cita no era una posibilidad. Era una orden, no quiso leer mas en ese momento, solo cerro sus ojos y lo hizo, rápido, voraz, estaba tan mojada que sus dedos se empaparon en un solo toque, apretó sus labios, explotó, y solo no pudo con todo eso</div>
<div>Ya en su casa mantenía el sobre negro escondido, pero latía en su mente todo el recuerdo. Rocío esperó el momento, entrecerrando la puerta del baño y con el corazón latiendo a mil, se atrevió a sumergirse en él.</div>
<div>La letra firme de Dylan no dejaba espacio a dudas:</div>
<div>“Depilación total. Sin ropa interior. Minifalda ajustada. Cabello suelto. Labios pintados. Perfume suave. Nada de celular. Nada de excusas. El cuerpo dócil y la mente abierta. No quiero a la madre, ni a la esposa. Quiero a la sumisa.”</div>
<div>Sintió un nudo en el estómago. ¿Cómo haría? ¿Cómo salir de esa casa sin levantar sospechas? Su marido, como siempre, estaba distraído con su trabajo. Bastó un “voy a juntarme con las chicas del grupo de pilates” para salir del paso. Él apenas murmuró un “ok, pasalo lindo” sin levantar la vista del monitor.</div>
<div>Su hija, en cambio, era otra historia. Tenía buen ojo y cuestionaba todo. Pero esa noche para su suerte, ella no estaba y Rocío aprovechó. Entró silenciosamente a su habitación, buscó en el placard y encontró lo que necesitaba: una minifalda negra de lycra, apenas más grande que un cinturón. Se sintió sucia, invasiva, pero el hormigueo entre sus piernas crecía sin pausa.</div>
<div class="x_elementToProof">En el baño, se quitó la ropa, abrió el cajón y sacó la maquinita. La depilación fue lenta, sensual, temblorosa. Cada pasada le revelaba una piel más suave, más sensible. Estaba tan excitada que tuvo que detenerse varias veces, jadeando, con los dedos húmedos rozando los labios inflamados de su sexo. Preparó el bolso con manos temblorosas: el collar, las esposas acolchadas, el plug, Todo lo que Dylan había enumerado estaba ahí, acomodado entre una bufanda y un neceser de maquillaje para disimular.</div>
<div>Salió de casa vestida como siempre: jean, suéter holgado, zapatillas. Cuando el coche llegó, lo hizo detener en la estación de servicio a tres cuadras. “Voy al baño, ya vengo”, le dijo al chofer, que ni siquiera la miró.</div>
<div>En el cubículo del baño, sacó la falda y la camiseta ajustada. Se vistió con prisa y se miró en el espejo. La pollera era tan corta que ni siquiera cubría lo necesario. Cada paso la haría subir. No llevaba corpiño. No llevaba bombacha.</div>
<div class="x_elementToProof">El aire frío del baño acarició su sexo lampiño, húmedo, desesperado, desnudo. Un hilo de jugos le resbaló por el muslo. Se miró. Parecía otra. Una puta. Una muñeca lista para ser usada. El corazón le latía tan fuerte que sentía que iba a desmayarse.</div>
<div>—No puedo —susurró, con las manos en las caderas, temblando.</div>
<div>Rebuscó en el bolso y sacó la tanguita minúscula que tenía puesta antes de entrar. No era parte del plan. Pero era lo único que podía hacer. Se la puso. Apenas cubría, pero era suficiente para no sentirse tan expuesta.</div>
<div>Volvió al auto con las piernas flojas y la mirada baja llena de vergüenza. Al subirse, notó cómo el chofer la espiaba por el retrovisor. Ella no dijo nada. Solo se acomodó en el asiento trasero, cerró los ojos, y se dejó llevar.</div>
<div>Estaba en camino. No había marcha atrás</div>
<div aria-hidden="true"> </div>
<div>La habitación del hotel estaba impregnada de un silencio denso, expectante, como si las paredes supieran lo que estaba por ocurrir. Él ya estaba allí cuando Rocío entró. Se detuvo en el umbral, respirando hondo, sabiendo que a partir de ese momento ya no era la mujer que vendía ropa para niños ni la esposa de un hombre ausente. No. Ahí dentro, sólo existía para él.</div>
<div>Él lucía un traje oscuro impecable, camisa negra apenas abierta en el cuello. Elegante. Dominante. Dueño del espacio. No se movió al verla entrar. Solo la recorrió con los ojos, de arriba abajo, lento, como si tuviera todo el tiempo del mundo para devorarla con la mirada. Y en ese gesto ya la tenía temblando.</div>
<div>—Cerrá la puerta —ordenó con calma, sin levantar la voz.</div>
<div>Ella obedeció sin pensarlo. Sentía las piernas flojas. No sabía si por miedo, excitación o ambas cosas.</div>
<div>Él se acercó, firme, caminando como un depredador seguro de su presa. La tomó del mentón y la obligó a mirarlo.</div>
<div>—Dijimos sin ropa interior, Rocío —le susurró, con una sonrisa seca en los labios. Le alzó la falda sin previo aviso, dejando a la vista una diminuta tanga. Ella bajó la mirada, mordiendo el labio, atrapada entre la vergüenza y la adrenalina.</div>
<div>—No cumpliste.</div>
<div>Se sentó en un sillón, abriéndose apenas de piernas. La atrajo con fuerza, haciéndola caer de rodillas frente a él, y luego la giró con decisión, colocándola sobre sus faldas, de espaldas a él, con el torso apoyado sobre su muslo. Le masajeó extasiado la perfección de las nalgas, sintiendo poder, dejando su culo completamente expuesto.</div>
<div>—Esto —dijo, acariciando con suavidad una de sus nalgas— merece un castigo.</div>
<div>Y entonces empezó.</div>
<div>La primera palmada fue firme, seca, un sonido que rebotó en las paredes del cuarto. Rocío jadeó, no por dolor, sino por la sorpresa. Él no se detuvo. Una tras otra, las nalgadas fueron cayendo con ritmo, con intensidad creciente, haciendo arder su piel y su deseo. Con cada golpe, ella sentía cómo su cuerpo se entregaba más. El calor de las palmadas, el peso de su cuerpo sobre él, su perfume, su voz grave que a veces murmuraba cosas ininteligibles… todo la enloquecía.</div>
<div>Él sentía cómo ella se retorcía, cómo su respiración se volvía entrecortada, cómo sus muslos temblaban. Y eso lo excitaba. Mucho. Su erección era evidente, dura bajo el cuerpo de ella, marcando el ritmo junto a las palmadas.</div>
<div>—No te muevas. No te atrevas a pedirme que pare.</div>
<div>Ella no quería que parara. Quería más.</div>
<div>Las nalgas de Rocío estaban rojas, calientes, sensibles. Y sin embargo, en su entrepierna ya resbalaban los primeros rastros de humedad. Se sentía dominada, castigada, pero también celebrada, deseada como nunca.</div>
<div>Él detuvo el castigo solo para inclinarse y morderle suavemente una nalga, bajando luego con su lengua por el interior del muslo. Quería saborearla. Pero todavía no.</div>
<div>Ella cerró los ojos. No necesitaba más palabras. Solo obediencia… y más.</div>
<div>Rocío apenas alcanzaba a procesar el ardor de sus nalgas cuando sintió cómo Dylan se inclinaba hacia su bolso, sin pedir permiso, sin mirarla siquiera. No había necesidad de palabras. Él mandaba, y ella ya lo sabía. Rebuscó entre sus cosas como si fueran suyas, hasta encontrar lo que buscaba: el plug anal que ella había llevado, obediente, aunque creyendo que tendría la oportunidad de entregárselo, de ofrecérselo. Pero no.</div>
<div>Dylan volvió junto a ella con el objeto en la mano, sin dudar le arrancó la tanga de un tirón, esa que tenía prohibido usar, al tiempo que sostuvo el juguete un segundo entre sus dedos, y sin advertencia alguna, lo hundió de golpe en su ano con una firmeza brutal. Rocío gritó, entre sorpresa y excitación, mientras su cuerpo se arqueaba instintivamente. No hubo compasión ni pausa. Solo dominio puro.</div>
<div>—Esto —le susurró al oído— te va a recordar lo que sos cuando estás conmigo.</div>
<div>Antes de que pudiera responder, él tomó las esposas para inmovilizarle los brazos por la espalda. Luego, metiendo la mano en el bolsillo derecho de su traje, sacó una venda negra para colocarla sobre los ojos. La oscuridad la hizo temblar. No ver, no controlar nada, esposada, inmovilizada, la volvía aún más suya.</div>
<div>Y entonces sintió el frío metálico del collar rodeando su cuello. Un clic seco. Un tirón leve. Había una cadena. No sabía a qué estaba unida, pero bastó sentirla para entender que ya no se pertenecía. Estaba de rodillas, ciega, atada, con el plug dentro y el corazón latiéndole en el cuello.</div>
<div>Dylan se plantó frente a ella y rozó con su glande sus labios entreabiertos. Sin esperar nada, sin pedir consentimiento, se la metió de golpe. La llenó de boca como nunca nadie lo había hecho. Rocío casi se ahogó con el primer embate, pero no se apartó. La profundidad con la que la penetraba era brutal, abrumadora. Cada vez más adentro. Hasta las bolas. Le sujetaba el rostro con ambas manos, marcando el ritmo, impidiendo que ella escapara.</div>
<div>Y entonces lo sintió. Dylan le acariciaba el cuello en cada embestida, como buscando, como sintiendo su propio glande desde afuera, palpando su garganta. Eso la enloqueció. Se sintió atravesada, vaciada, succionada por completo. El plug ardía en su interior, la cadena la tensaba, el sabor de él la invadía, y el roce de sus dedos sobre su piel la hacía temblar.</div>
<div>Todo era lujuria. Cruda. Sin filtros. Sin amor. Solo deseo. Solo poder. Solo necesidad.</div>
<div>La respiración de él se aceleraba. Sus gemidos graves eran como órdenes, y ella obedecía con la boca, con la garganta, con cada fibra de su ser.</div>
<div>Y eso... eso recién empezaba.</div>
<div>El sabor de Dylan la llenaba. Su ritmo era brutal, sin concesiones. Pero había algo más... algo que la delataba. Sus propios jugos resbalaban por sus muslos, bajando sin vergüenza, empapando la piel y la alfombra. Goteaban, calientes, humillantes, deliciosos. Estaba completamente encendida, encadenada, dominada… y mojada como nunca antes.</div>
<div>Dylan se apartó por un segundo y la observó, respirando agitado, el pecho subiendo y bajando con furia. La veía ahí, entregada, con la boca húmeda, las piernas brillantes por su propia excitación. Era su obra. Su sumisa. Su puta perfecta.</div>
<div>—Mirá cómo chorreás, Rocío... —gruñó con una mezcla de asombro y triunfo—. Sos un desastre hermoso.</div>
<div>Se arrodilló detrás de ella, sin sacarle ni la venda ni el plug. Le separó las piernas con las rodillas, sujetándola por las caderas con fuerza, y la penetró de una sola embestida. No hubo preámbulo. Solo el sonido de su cuerpo deslizándose con facilidad en esa concha mojada y temblorosa.</div>
<div>Ella gimió con fuerza. Ya no importaba si se escuchaba o no. Estaba hecha un mar, y él lo sabía. Se lo hacía saber con cada estocada, profundas, rítmicas, como si quisiera tatuar su presencia dentro de ella.</div>
<div>Pero Dylan no se detenía ahí. La sacaba de su sexo y volvía a metérsela en la boca. Alternaba. Jugueteaba con ella como un animal hambriento y preciso. Una embestida por la garganta. Otra por la concha. Todo en un ciclo salvaje, húmedo, bestial. Y Rocío lo recibía todo. No pedía piedad. No quería que parara.</div>
<div>Cada vez que volvía a su sexo, los gemidos de ella eran más roncos, más rotos. Cada vez que la tomaba por la boca, sus labios se abrían sin resistencia, como si su cuerpo ya hubiera olvidado cualquier otra función.</div>
<div>Dylan estaba al borde. Lo sentía en la base de su sexo, tenso, cargado, ardiendo. Era un dios ahí dentro. Dueño del tiempo, del placer, del cuerpo de esa mujer que ya no podía llamarse suya.</div>
<div>Ella estaba tan cerca… y él también.</div>
<div>Dylan no dijo nada. No hacía falta. Solo la tomó por las caderas con brutalidad y la giró como quien acomoda una muñeca, dejándola en cuatro sobre la cama. Las cadenas tintinearon. Sus brazos seguían atados a la espalda, el collar tenso por la cadena que la mantenía en posición. Vulnerable. Expuesta. Suya.</div>
<div>Sin aviso, le arrancó el plug con un tirón firme. Rocío jadeó con un gemido ronco, mezcla de vacío y expectativa. Sabía lo que venía. Lo deseaba con cada fibra.</div>
<div>Dylan se escupió la mano, se alzó detrás de ella y, sin piedad, le enterró su verga por el culo de un solo empuje, haciéndola gritar, abrirse, romperse para recibirlo. Fue una invasión total. Seca. Animal. Y deliciosa.</div>
<div>—Eso es —murmuró con voz grave, con una sonrisa oscura y lasciva mientras empujaba más hondo—. Así se somete una perra de verdad.</div>
<div>La sodomización era feroz. Las embestidas hacían retumbar la cama, la cadena vibraba con cada movimiento, y los gritos de Rocío llenaban la habitación. No había más filtros. Su cuerpo entero se deshacía en placer, sus pezones ardían, como si la piel no pudiera contener tanta electricidad. Gritaba como nunca lo había hecho. Cada golpe en su culo, cada roce del glande empujando sus límites, cada roce involuntario del plug ausente… la llevaban a un estado de locura deliciosa.</div>
<div>Y entonces, algo estalló dentro de ella. Un orgasmo brutal, profundo, descontrolado. Uno que no salía solo de su sexo, sino de su ano, de sus pezones, de su cuello tirante por el collar. Uno que la hizo convulsionar mientras seguía siendo tomada, como si todo su cuerpo se rindiera en una única ola de placer salvaje.</div>
<div>Dylan también lo sintió. Ese temblor, esa presión. Ese espasmo de sumisión total. Era el puto amo del mundo en ese momento. El verdadero dueño de ese cuerpo, de ese placer. El más poderoso sobre la tierra.</div>
<div>Salió de ella con un rugido y terminó eyaculando sobre su espalda, caliente, salvaje, manchándola como si firmara su obra de arte, su firma. El esperma resbaló por su piel roja, entre los omóplatos, bajando por la curva perfecta de sus nalgas hasta detenerse en el hueco de su espalda baja. La marca final de su dominio.</div>
<div>Y ella... atada, ciega, temblorosa, con los brazos inmovilizados, los muslos mojados, la piel enrojecida y el culo abierto… sonreía. Jadeaba. Sintiendo que nunca había vivido algo así. Nunca.</div>
<div>Era su esclava. Y no quería ser otra cosa.</div>
<div>Rocío seguía de rodillas sobre la cama, aún con la venda en los ojos, los brazos atados, el cuerpo marcado por la intensidad del encuentro. Sentía el semen secándose en su espalda, el ardor delicioso en su ano, la humedad tibia entre sus muslos. Todo su cuerpo era memoria viva de lo que había pasado. Y no quería moverse. No quería que terminara.</div>
<div>Dylan la observaba desde el borde de la cama, la camisa abierta, el rostro aún enrojecido por la excitación. Solo la miraba, en silencio. No necesitaban palabras. Ambos sabían que habían cruzado una línea que ya no se desdibujaría jamás.</div>
<div>Eran dos adultos, dos padres de familia, dos vidas paralelas que funcionaban en automático… pero ahí, en ese cuarto anónimo de hotel, no eran ni esposos ni padres. Solo amo y esclava. Solo deseo. Solo instinto.</div>
<div>Y así lo seguirían siendo.</div>
<div aria-hidden="true"> </div>
<div>Afuera, la ciudad seguía su curso. Los niños salían del colegio. Las rutinas se repetían. Las mentiras sostenían estructuras. Y ellos… ellos volvían a encontrarse de vez en cuando. Siempre con cuidado. Siempre desde esos perfiles falsos que los habían unido. Jugaban a escondidas, sí. Pero lo hacían con la intensidad de quienes no buscan un reemplazo, sino una versión secreta de sí mismos.</div>
<div>Cada mensaje, cada encuentro, cada orden o sumisión, era un recordatorio de que la vida no era solo lo que mostraban. Que detrás de cada rostro correcto… podía haber otro. Oculto. Impaciente. Ardiente.</div>
<div>Y ese juego, ese fuego clandestino, seguía encendido.</div>
<div>Porque en el fondo, sabían que no era una aventura. Era una necesidad.</div>
<div> </div>
<div>Si te gustó esta historia puedes escribirme con título ROSTROS OCULTOS a dulces.placeres@live.com</div>
<div id="wpfa-10846" class="wpforo-attached-file"><a class="wpforo-default-attachment" title="01.jpg" href="https://relatosonline.b-cdn.net/wp-content/uploads/wpforo/default_attachments/1780788286-01.jpg" target="_blank" rel="noopener"><i class="fas fa-paperclip"></i> 01.jpg</a></div>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/dominacion/">Dominación</category>                        <dc:creator>dulces-placeres</dc:creator>
                        <guid isPermaLink="true">https://www.relatosonline.com/relatos/dominacion/rostros-ocultos/</guid>
                    </item>
				                    <item>
                        <title>María, mi querida perra I</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/dominacion/maria-mi-querida-perra-i/</link>
                        <pubDate>Tue, 14 Oct 2025 12:54:05 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[De cómo María, la gorda esposa del portero de la finca, se convierte en la esclava sexual de uno de los propietarios y de cómo cambia la vida en el edificio desde entonces Introducción y dec...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: center"><br /><br /><strong><span style="font-size: 10pt">De cómo María, la gorda esposa del portero de la finca, se convierte en la esclava sexual de uno de los propietarios y de cómo cambia la vida en el edificio desde entonces</span></strong> <br /><br /><strong>Introducción y declaración de intenciones</strong></div>
<div style="text-align: justify"><br />Quiero saludar a todos aquellos que tengan la amabilidad de perder unos minutos leyendo este relato y, sobre todo, espero que sea de su agrado. Pues bien, aclarar que lo que el contenido de este relato, como dicen las películas americanas de toda la vida, está basado, en su origen, en hechos totalmente verídicos, pero los nombres de personas, lugares, etc, por supuesto que no lo son, y podréis comprobar vosotros mismos, amigos lectores, si tenéis paciencia y os gusta lo suficiente mi relato como para leerlo hasta el final que me he tomado ciertas abundantísimas licencias “poéticas”.</div>
<div style="text-align: justify"><br />El estilo no se aleja mucho de mis otros escritos, pues por expreso deseo de la protagonista quería sexo fuerte, pero algunos capítulos sí tocan temas sobre los que nunca había escrito y situaciones que nunca he vivido, como sado fuerte o zoofilia variada…. Me lo he tomado como un reto, a ver si soy capaz de escribir así, describiendo el tipo sexo que ella querría verse protagonizando. Un tipo de sexo en el que el hombre ejerce su dominio sobre la mujer, llegando incluso a la humillación, pero siempre, siempre, de manera consentida…, porque, en cualquier otro sitio que no sea la pura ficción, soy de la firme opinión de que no es no y de que el silencio también es no… Sólo un sí es sí.</div>
<div style="text-align: justify"><br />Finalmente, comentaros que, si me decidiera a publicar este relato ilustrado con fotos, cosa que aún no he decidido, se trataría de fotos originales de mi absoluta propiedad, - tengo un contrato privado de cesión de imagen suscrito con la señora en cuestión, por lo que expresamente prohíbo su difusión de forma absoluta -, en las que la modelo es la entonces sumisa a quien dedico este relato y que le fueron tomadas entre los años 2.010 y 2.015… No sé si terminaré incluyéndolas, pero quienes han tenido la ocasión de leer el borrador con las imágenes me han comentado que verlas ha supuesto un verdadero “privilegio”, - es una cita textual -, y que la visión de esa BBW madurita y sometida le da un “sabor especial” al texto.</div>
<div style="text-align: justify"><br />En cualquier caso, que continúe o no publicando este extenso relato dependerá de vuestra aceptación, con vuestros comentarios y/o valoraciones</div>
<div style="text-align: center"><br /><strong>Prólogo</strong></div>
<div style="text-align: justify"><br />María, tumbada boca arriba en aquel sucio camastro, tenía la vista fija en un desconchón en el techo de la habitación que le habían asignado en el prostíbulo.</div>
<div style="text-align: justify"><br />Completamente desnuda, con las gruesas piernas bien abiertas, apenas sentía cómo su coño era penetrado una y otra vez por la polla del hombre que estaba tumbado sobre su gordo cuerpo, entre sus muslos…</div>
<div style="text-align: justify"><br />Después de que se la hubieran follado casi una docena de hombres, abusando de su cuerpo de todas las maneras imaginables, ya casi ni sentía ni su coño ni su culo de lo usados que los tenía y le dolía la mandíbula por la cantidad de mamadas que se había visto obligada a hacer en lo que llevaba de noche…, y calculaba que sólo llevaba trabajada la mitad de su jornada “laboral” como puta…</div>
<div style="text-align: justify"><br />María era consciente de que la prostitución no estaba permitida en la ciudad y que lo que ella estaba siendo “obligada” a hacer podía, incluso, suponerle una condena de prisión, y también sabía que era una puta cuyos “servicios especiales” estaban siendo ofertados en diversas formas de publicidad callejera incluyendo imágenes muy explícitas de ella misma siendo usada a “cara descubierta”, sin siquiera pixelar sus facciones, como “ama de casa madura para compañía” o "acompañante privada"... Un eufemismo para referirse al entretenimiento sexual con el sexo femenino…, como también sabía que nada ni nadie podrían librarla de aquello a lo que la tuvieran destinada porque el burdel en el que la mantenían encerrada estaba fuera de los límites de la ciudad, donde se encontraban los grandes burdeles “legales”, es decir, los protegidos por las autoridades a cambio distintos favores, y donde casi todos los deseos sexuales podían ser satisfechos…, incluso aquellos más dificiles de poder acceder a ellos, tanto por lo caros que resultaban como por los severos daños que sufría la puta “víctima” de los mismos, y que, precisamente, eran para los que ella era explícitamente ofrecida...</div>
<div style="text-align: justify"><br />Su Amo la había “internado” en aquel burdel de esclavas mientras se encontraba fuera de la ciudad durante unas semanas por motivos de trabajo… María se había humillado lo indecible, suplicándole que la llevara con él, pero su Amo ya había decidido que en aquel viaje le acompañara su otra esclava, Laura…, la hija de la propia María, y ésta odió a su hija por ello… ¿Cómo el Amo podía desear hacer uso del cuerpo de una vaca gorda de 52 años si podía disponer del cuerpo de una rellenita mujer de tan sólo 30 años?</div>
<div style="text-align: justify"><br />En realidad, aquella no era la primera vez que se veía obligada a prostituir su cuerpo, pero sí era la primera vez que ofertaban sus servicios como “puta del dolor”, es decir, como una puta cuyo cuerpo estaba disponible para todo tipo de perversiones, sin límite y sin importar cuánto dolor se viera obligada a soportar…</div>
<div style="text-align: justify"><br />La verdad era que María no quería reconocerlo, se resistía a ello, pero sabía perfectamente que ya antes de aquello se había convertido en una puta, en una prostituta, de un solo hombre, sí, pero en una puta, y ni siquiera tenía derecho a elegir o quejarse si aquel hombre, su Amo, quería que se convirtiera en la puta de muchos otros hombres porque el trato lo dejaba muy claro, y ella debía cumplir todos los caprichos sexuales y perversos de su Amo.</div>
<div style="text-align: justify"><br />De hecho, sabía que él la estaba instruyendo para eso, para ser una esclava sexual… Él quería que esa fuera su condición futura. Su destino. Ser una esclava en el más amplio sentido de la palabra. Pero María ansiaba creer que, al menos, él la quería, aunque nunca se lo fuera a decir, y mucho menos a manifestar…, pero ella estaría segura con él. Podría ser una perra humillada, pero con la seguridad de tener siempre a su macho cerca, que la protegería y cuidaría. Su Amo usaría su cuerpo a su antojo siempre que quisiera, haciendo realidad sus fantasías sexuales, al tiempo que ella viviría feliz con él...</div>
<div style="text-align: justify"><br />Al final, no había sido exactamente así…, porque al final su Amo la había dejado a ella en aquel burdel infecto y se había llevado consigo a su hija... Ambas mujeres habían alcanzado ya su meta en la vida, aunque los resultados han sido bien distintos a los que ellas siquiera podían haberse imaginado muy poco tiempo atrás, cuando eran una familia feliz…</div>
<div style="text-align: justify"><br />Aunque sabía que aquellos pensamientos le hacían daño, María no pudo evitar que su mente divagara sobre cómo había llegado a convertirse de una decente ama de casa, esposa, madre y abuela en una sumisa esclava, hasta llegar a terminar, al menos de momento, como una vulgar puta de un prostíbulo tan “especial”…<br /><br /></div>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/dominacion/">Dominación</category>                        <dc:creator>Fergo2018</dc:creator>
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				                    <item>
                        <title>Verónica la novata</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/dominacion/veronica-la-novata/</link>
                        <pubDate>Wed, 24 Sep 2025 09:56:23 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Este relato es fruto de mi imaginación y, aunque los personajes están basados en hechos reales, los acontecimientos no son reales, comienzo.Verónica es una mujer de armas tomar, tiene 47 año...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>Este relato es fruto de mi imaginación y, aunque los personajes están basados en hechos reales, los acontecimientos no son reales, comienzo.<br />Verónica es una mujer de armas tomar, tiene 47 años y, desde hace unos años a esta parte ha fantaseado con ser sumisa o, mejor dicho, le da curiosidad cómo sería tener a alguien que le manda lo que tiene que hacer, porque con su anterior pareja ha jugado un poco pero ella se siente con la necesidad de ir un poco más allá.<br />Nos conocimos a través de una red social, fue una conversación un poco cohibida para mí, dado que, por el carácter de Vero, fue directamente al grano, y eso me bloqueó un poco, pero salí bien al paso y le gustó. Me preguntó, después de decirle yo hola, ella me contestó, sin mediar palabra, ¿qué quieres exactamente? Respondí, intentando que no se ofendiera, que quisiera conocer gente que le guste el mundo BDSM. Por un momento pensé que me mandaría a freír espárragos, pensando que sería un pajillero, como la mayor parte de la gente que hay por internet, pero cuál fue mi sorpresa, me dijo su nombre y, me confesó que le gustaría probar más cosas de las que había hecho ya, que simplemente fueron juegos con sus anteriores parejas pero nada más. Entonces fuimos hablando, cambiando impresiones, cambiando algunos datos personales hasta que, pasados unos días, quedamos a tomar un café.<br />Cuando llega ese día, fue un día muy lluvioso en nuestra ciudad y, como todo el mundo salió con el coche y me fue imposible aparcar, la recogí en la puerta de un supermercado, no sin muchos nervios por parte de ambos. Verónica me pareció más impactante en persona que en las fotos que nos habíamos enviado. Hablamos de todo un poco, de nuestra vida personal, intercambiando pareceres de BDSM y, quedamos en que Verónica tenía que asimilar toda la información recibida.<br />Después de quince días, que no me contestó a mis mensajes ni me escribió, pensé que ya no quería saber nada más de mí y, de repente, un día me llega un mensaje de ella.<br />- “Hola Diego, perdona mi ausencia de estos últimos quince días, es que he estado liada con mi familia, pero me gustaría retomar el contacto contigo y, si es posible, volver a tomar algo.”<br />Tardé dos días en responderla, ya que soy un poco rencoroso en ese aspecto. Me di cuenta de que se impacientó bastante, porque me escribió cuatro o cinco mensajes más durante los dos días y, cuando por fin la respondí le puse:<br />- “Para que veas cómo me has tenido estos quince días. Ahora las condiciones las voy a poner yo, y si te parece bien, bien, y si no, aquí lo dejamos.”<br />Y parece que surtió efecto, porque me contestó:<br />- “Por favor, no me dejes así, haré lo que me pidas, quiero probar a ser sumisa y me gustaría que fuese contigo, me pareciste muy buen chico.”<br />Le dije que me parecía bien, pero que si quería volver a quedar, debería venir con su ropa interior en la mano, sin esconderá y, si se encontraba con alguien que le preguntase debía contestar que tenía un Amo y que tiene que entregarle su ropa interior. Justo apareció su prima minutos antes de llegar al encuentro con su Amo, y, Verónica, muerta de vergüenza le explicó que tenía Amo y que debía llevarle la ropa interior así, su prima se quedó estupefacta y le Verónica acabó la frase, así es prima, no llevo nada debajo, y se fue, sin saber qué pensaría su prima de todo esto.<br />Cuando llegó a mi encuentro y me contó el suceso, le dije:<br />- “Así que, por lo menos tu prima ya sabe lo zorra que eres, ¿no?”<br />- “Si Señor, pero por favor, no me vuelva a pedir algo así, tengo miedo de que se sepa.”<br />Me entregó la ropa y, sin contestarla, la tiré en la primera papelera por la que pasamos, fuimos a tomar algo y, acto seguido, la llevé a mi casa. Le dije que tenía que estar completamente desnuda dentro de la casa y, que tendría que llevar un collar como marca de sumisión, a lo que accedió sin rechistar.<br />Se le ocurrió preguntar que cuando íbamos a hacer algo, porque vio que estaba en el ordenador contestando emails. Se llevó tal bofetón que se le quitaron las ganas de decir nada. Le dije que, a partir de ahora, para abrir esa bocaza que tiene, deberá pedirme permiso, que no dirá nada sin mi permiso.<br />Acto seguido le puse cara a la pared, con las manos y los pies en cruz y, de castigo, le di diez azotes en cada nalga. Seguidamente empecé a jugar con su clítoris y su coño, que estaba realmente húmedo.<br />Me pedía que siguiese, que no la dejase así, pero paré, le pellizqué los pezones en señal de que no me ha gustado que pida más y le mandé a por una cerveza, que era la hora de tomarla, y que se limitase a esperar lo que le mandase con paciencia.<br />No dijo nada, porque sabía que si decía algo más sería castigada, así que cumplió y vino con la cerveza y unos frutos secos, que no se los pedí, pero ella quería enmendar sus errores. Le expliqué que para enmendar los errores están los castigos, pero que bueno, que ya que había traído los frutos secos los tomaría también.<br />La mandé ponerse de rodillas en un cojín que le puse al lado de la mesa donde yo estaba sentado y, con los brazos a la altura que me venía bien a mí que los tuviera, me tenía que sujetar la cerveza y los frutos secos, como si fuese un mueble, hasta que acabase con el aperitivo.<br />Sabiendo que no le gustaba la cerveza, la cogí del pelo y la eché la cabeza hacia atrás para que, con la boca abierta, recibiese la cerveza mezclada con algún Kiko. Daba algunas arcadas, pero se la veía bastante excitada.<br />Después de tomarme el aperitivo, con calma eso sí, la cogí de la correa y la llevé al baño conmigo, la metí en la bañera y empecé a mearla, primero el pelo, lacara y el cuerpo. Tuvo la boca cerrada, con lo cual no probó la orina.<br />La saqué de la bañera y le di 25 correazos de cinturón en cada teta y, le expliqué que cuando la vaya a mear tiene que dejar todas las posibilidades abiertas donde pueda echar la orina, incluida la boca. Verónica me rogó piedad, que no se había dado cuenta y que no volvería a ocurrir. Le metí la polla en la boca y se la estuve follando hasta que le dieron arcadas. Seguido le mandé a por el cuenco con las pinzas de la ropa, y la puse pinzas por todo el cuerpo, para ver hasta donde aguantaba realmente y, creo que por su orgullo de sumisa, no mandó parar ni dijo la palabra de seguridad en ningún momento, cosa que me agradó bastante y, por lo cual le premié.<br />A la zorra le gustaba satisfacerme.<br />Después le folle el culo, que, aunque me había dicho que ni le agradaba ni le dolía ni le disgustaba, me apetecía hacerlo. Seguido se la saqué del culo y se la metí por el coño, mientras le azotaba el culo con la mano y, por los gritos que pegaba, sabía que estaba disfrutando y le dije que ese era su premio, llegar al orgasmo y, que aunque había tenido que castigarla, había sido una buena puta.<br />Le di las instrucciones pertinentes para el día siguiente, porque Verónica lo disfrutó tanto que, antes de marcharse, dijo que quería repetir, pero esto ya es otra historia.</p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/dominacion/">Dominación</category>                        <dc:creator>Amoburgos</dc:creator>
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                        <title>Priscila, la sensual rubia en un pueblo remoto</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/dominacion/priscila-la-sensual-rubia-en-un-pueblo-remoto/</link>
                        <pubDate>Fri, 19 Sep 2025 22:56:55 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Esta es mi primera historia narrada en tercera persona, diseñada para ofrecer experiencias desde diferentes perspectivas.
Además debo aclarar tanto a mis seguidores más antiguos como a los ...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;background: white"><em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Esta es mi primera historia narrada en tercera persona, diseñada para ofrecer experiencias desde diferentes perspectivas.</span></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Además debo aclarar tanto a mis seguidores más antiguos como a los nuevos, que todos mis relatos se basan en experiencias reales y personales, aunque tiendo a dejarme llevar por la imaginación desarrollando los detalles más explícitamente al final. Espero esta entrega les guste... Besitos</span></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">El sol brillaba intensamente cuando Priscila y su equipo llegaron a un pintoresco y remoto pueblo, enclavado en medio de la nada, un lienzo polvoriento, un espacio amplio y desolado, rodeado de humildes casas de adobe con techos de paja que parecían susurrar historias de tiempos olvidados. La atmósfera, cargada de polvo y de un aire casi etéreo, parecía detenerse en el tiempo, y el murmullo de la multitud formaba una sinfonía de curiosidad contenida. Los niños, con miradas chispeantes y risueñas, corrían en un torbellino de energía, mientras los adultos, agrupados en pequeños clanes de miradas inquisitivas, mantenían una atenta vigilancia sobre los recién llegados.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">El comité de la ONG, compuesto por siete personas de diversos perfiles, se presentaba como una mezcla de profesionales y voluntarios dedicados a un nuevo proyecto de desarrollo comunitario. Al frente estaba Felipe, el líder del grupo, un hombre de mediana edad con un aura de autoridad y simpatía. A su lado se encontraban los demas profesionales bajo su mando, entre ellas, Laura, una coordinadora de eventos con un estilo pulcro y profesional. También estaba Javier, un joven encargado de capturar imágenes y videos de todo el trabajo del comité, cuyo rostro reflejaba una mezcla de emoción y concentración debido a su reciente entrada a la adolecencia. y finalmente Priscila, encargada de las entrevistas y relaciones públicas, se dedicaba a construir relaciones y recoger historias para promover el proyecto.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Priscila se destacaba en el grupo por su imponente belleza. Vestía ropa de viaje cómoda pero que, sin esfuerzo, resaltaba su figura esbelta. Llevaba una camiseta de algodón suelta, de color claro, que dejaba entrever su silueta curvilínea, y unos pantalones deportivos igualmente holgados pero que acentuaban sus piernas torneadas y su figura bien cuidada. Su cabello rubio estaba recogido en una coleta alta, y su presencia, aunque informal en vestimenta, era irremediablemente elegante. Los pobladores, acostumbrados a la simplicidad de su entorno, no podían apartar la vista de ella, atrapados entre la fascinación y el asombro ante su figura y el aura que la rodeaba.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Los hombres del pueblo, con rostros curtidos y manos callosas, la observaban con una mezcla de admiración y deseo apenas disimulada. Sus ojos se iluminaban con un brillo reverente, como si viesen a una diosa descendiendo desde el cielo. Las mujeres, vestidas con sencillez y con el cabello recogido en pañuelos, la miraban con una curiosidad palpable y una envidia apenas contenida. La belleza de Priscila era como un destello en medio de la monotonía, un faro de sensualidad y elegancia que contrastaba intensamente con la rusticidad del entorno.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">El lugar en sí era un eco de tiempos pasados, un rincón apartado donde la tecnología parecía ser solo una fantasía lejana. La falta de internet y la ausencia de electricidad contribuían a un aura de melancolía, donde el silencio se mezclaba con el susurro del viento y el canto lejano de aves. Cada paso resonaba en el polvo de la plaza, y el Sol, implacable y ardiente, parecía ser el único testigo de la vida que se desplegaba en este rincón olvidado del mundo. La belleza cruda y la simplicidad del entorno creaban un contraste dramático con la presencia de Priscila, una figura casi mágica en medio de este escenario primitivo.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Mientras el comité era guiado hacia su alojamiento temporal, unas cabañas de madera situadas al borde del pueblo, Priscila sentía la intensidad de las miradas perspicaces que la seguían. Una chispa de excitación recorría su cuerpo al saber que los próximos días estarían llenos de oportunidades para explorar y jugar con la fascinación que había despertado en los habitantes del lugar.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">La noche había caído, y el silencio del pueblo se envolvía en una calma profunda. Cada miembro del comité se había acomodado en su lugar asignado, y a Priscila le dieron una cabaña donde podría estar sola. El refugio era sencillo pero acogedor, con maderas rústicas que crujían levemente con el viento y techos de hojas de palma que murmuraban susurros en la oscuridad. La cabaña, aunque básica, ofrecía un rincón privado en medio de la naturaleza, un remanso de tranquilidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">A medida que la noche se hacía más oscura, un grupo de cinco jóvenes del pueblo, de no más de veinte años, decidió seguir al comité. La curiosidad y el fervor que habían sentido al ver a Priscila desembocaron en una aventura nocturna. Los jóvenes, atraídos por la posibilidad de vislumbrar la belleza que los había cautivado durante el día, se aventuraron a seguir al grupo. Siguiendo las indicaciones y murmullos, descubrieron la cabaña donde Priscila se alojaba. Al encontrarla, se apostaron discretamente cerca, tratando de buscar un ángulo que les permitiera espiar.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">A través de una pequeña ranura entre dos maderas, los jóvenes comenzaron a turnarse para observar. La respiración se les aceleraba a medida que la figura de Priscila, iluminada tenuemente por una vela parpadeante, se desnudaba lentamente. Cada uno de ellos contenía el aliento al ver cómo se deslizaba de su pantalón de viaje, revelando una tanga negra que resaltaba su figura esbelta y sus curvas bien definidas. La tela de la tanga abrazaba sus caderas con una sensualidad que hacía que cada movimiento de Priscila se volviera una visión embriagadora. Sus pechos firmes y sus piernas torneadas se mostraban en toda su gloria entre las prendas, creando una imagen de perfección que hacía que el deseo se desbordara en los ojos de los observadores.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Cuando Priscila, ajena a la vigilancia, se encontraba de espaldas a los jóvenes, comenzó a recoger su polera blanca desde la cintura para quitársela. La tenue luz de la vela proyectaba sombras suaves sobre su espalda baja, dibujando la silueta de su piel dorada con una elegancia sensual. Sin embargo, en el último momento, Priscila decidió mantener la prenda puesta, volviéndola a acomodar. El breve destello de su espalda expuesta, junto con la luz de la vela, fue suficiente para hacer que los jóvenes se estremecieran de deseo.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">A medida que Priscila se movía para destapar las frazadas delgadas, su cuerpo parecía moverse con una sensualidad que no podía controlar. Cada movimiento de su figura, desde la curva seductora de sus glúteos hasta el contorno de sus pechos, era un espectáculo hipnótico. Los jóvenes, incapaces de contenerse, se empujaban y se estiraban para obtener una mejor vista, sus rostros enrojecidos de excitación mientras observaban el despliegue de erotismo que Priscila ofrecía sin querer.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Finalmente, Priscila sopló la vela, sumiendo la habitación en una oscuridad total. La sombra y la penumbra envolvieron el lugar, y el sonido de los insectos que rompían el silencio nocturno se hizo más prominente. En la oscuridad, los jóvenes se retiraron lentamente, temblorosos y agitados, sin decir una palabra entre ellos, llevándose consigo el recuerdo ardiente de Priscila en tanga y polera, que los acompañaría esa misma noche en sus sueños. Priscila, ajena a la excitación que había provocado, se dejó llevar por el cansancio del día y se durmió rápidamente, sin saber que ya había dejado una marca indeleble en los corazones y mentes de los habitantes del pueblo.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Al día siguiente, el Sol de la mañana doraba el pequeño pueblo, y Priscila se dirigió hacia la casa de una señora de avanzada edad quien era como la matriarca del lugar, lista para una entrevista. Llevaba un pantalón gris suelto que se ajustaba en la cintura, con bolsillos grandes a la altura de las rodillas. A pesar de la holgura de la prenda, la tela ceñida revelaba la parte superior de sus glúteos de manera irresistiblemente sensual. La blusa que acompañaba el conjunto era de un color azul claro, hecha de una tela ligera que se adaptaba a cada movimiento de su cuerpo, apenas cubriendo sus curvas mientras dejaba entrever la firmeza de sus pechos en un escote sutil pero provocador. Su pelo rubio estaba recogido hecho una media cola y cubierto con un sombrero de vicera.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Al entrar en la cocina de la anciana, el contraste entre la belleza de Priscila y el entorno rústico era evidente. La cocina era modesta, con una mesa de madera desgastada por el uso y sillas que habían visto mejores días. La matriarca, de cabello gris y rostro arrugado por el tiempo, la recibió con una sonrisa cálida y al ingresar, puedo ver a un anciano sentado en el otro ambiente que al parecer era el esposo. Ambas se acomodaron en pequeños bancos que eran un poco más bajos de lo habitual, la anciana con su experiencia y Priscila con su elegancia innata.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Durante la entrevista, mientras la señora, con dificultad, trataba de comunicarse en español, Priscila sacó su libreta y comenzó a tomar notas. En un momento de esfuerzo por acercarse más y hacerse entender, su bolígrafo cayó al suelo. Priscila, inclinándose para recogerlo, sin saberlo, reveló una imagen tentadora a través de su blusa. La tela se estiró y se abrió ligeramente, mostrando un escote que dejaba entrever la parte superior de sus pechos mientras se doblaba hacia un lado en busca del bolígrafo que no se dejaba encontrar. El anciano, que observaba, desde la otra habitación, quedó hipnotizado por la visión. Los pechos de Priscila, parcialmente revelados, eran firmes y exuberantes, sometidos por la gravedad, la escena provocó en él una oleada de emoción cruda y ansiosa. Su respiración se volvió irregular, y sus ojos, fijos en la escena, traicionaban un deseo innegable. Su mano temblorosa se llevó a la boca notando como se le había abierto mientras intentaba mantener la compostura.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Al levantarse, Priscila notó la mirada fija del anciano que ya se había acercado postrado sobre el regazo de la puerta, su mirada la recorría con intensidad y Priscila pudo darse cuenta de lo que ocurría y, aunque intentó mantener la calma, su bolígrafo volvió a rodar sobre la libreta. Se inclinó nuevamente, llevando una mano contra su pecho, tratando de ajustar su blusa para que no revelara más de lo necesario. Las miradas rápidas y nerviosas que lanzó hacia el anciano mientras recogía el bolígrafo mostraban una creciente incomodidad. La cara del anciano estaba iluminada pero tratando de fingir compostura. Sin embargo, el calor en sus mejillas y la intensidad de su mirada hacían evidente la excitación que sentía.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Priscila sintió un cosquilleo inquietante recorrer su cuerpo, una sensación extraña pero poderosa, de repente el pequeño pueblo parecía prepararle para fuertes emociones. Entonces sintió una emoción interna, ya se sabia que su presencia era irremediablemente cautivadora, pero solo hasta entonces concentró su atención en ello sobrepasando su responsabilidad laboral. Se ajustó el cabello y cruzó las piernas lentamente, esta vez cada movimiento estaba calculado para retar la atención del anciano. La sensación de ser observada la incomodaba y excitaba al mismo tiempo, creando un cóctel de adrenalina y ansiedad. Mientras la anciana seguía hablando, ajena al juego de seducción que se estaba desarrollando, Priscila trataba de mantener la compostura, sintiendo el peso de la mirada del anciano como una carga cálida sobre su piel. El contraste entre la tranquilidad de la anciana y la atmósfera cargada de deseo dejaba a Priscila con un incómodo pero electrizante cosquilleo, consciente de que había capturado la atención del anciano de una manera que difícilmente podría olvidar.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Después de la entrevista que dejó poco margen para anotar y muchas emociones a flor de piel, Priscila caminó rápidamente hacia su cabaña, sintiendo una excitante anticipación. El calor del pueblo la llamaba, y su necesidad de refrescarse la llevó a cambiarse a algo más acorde con el clima cálido y seductor del lugar.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Se puso unos shorts de mezclilla que apenas cubrían la parte superior de sus muslos, dejando al descubierto una piel blanca y perfectamente torneada La tela ajustada abrazaba sus curvas con un toque provocador, acentuando la redondez de sus glúteos cada vez que se movía. Encima, se colocó una blusa a botones de cuadros rojos y blancos, ceñida al cuerpo con un nudo coqueto en su ombligo. La blusa se desabotonaba ligeramente en la parte superior, revelando una sugerente porción de su escote sin llegar a ser excesiva. Cada movimiento hacía que sus pechos se balancearan con una libertad seductora, mientras la brisa cálida acariciaba su piel y la blusa dejaba entrever la definición de su vientre y la curva tentadora de su espalda baja. Sus botas vaqueras cortas añadían un toque atrevido y sensual, acentuando la blancura de sus piernas y el contraste con la tierra polvorienta del pueblo.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Mientras caminaba con paso seguro, su figura esbelta se movía con una gracia hipnótica, como si estuviera desfilando en una pasarela, al igual que lo hacia en su trabajo eventual como modelo. Sus caderas se balanceaban con una cadencia que atrapaba todas las miradas, y sus glúteos se movían arriba y abajo con cada paso, dejando a todos los habitantes del pueblo boquiabiertos. Los hombres del lugar la miraban con una mezcla de deseo y fascinación, sus ojos se desviaban de sus rutinas cotidianas para seguir cada uno de sus movimientos.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">El anciano, esposo de la matriarca, al notarla nuevamente, experimentó una excitación intensa al verla en su nueva vestimenta. Recordando sus días de juventud vigorosa, sintió cómo algo palpitante en sus pantalones volvía a la vida. La visión de Priscila, con su piel blanca y sus curvas resaltando en contraste con el entorno rústico y áspero del pueblo, era simplemente demasiado estimulante para ignorar. Todos los ojos, tanto los del pueblo como los del comité, brillaban con un deseo inconfesable mientras la contemplaban con el pelo rubio que por primera vez desde que llegó al pueblo, decidió dejarlo suelto al viento</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Priscila, consciente del efecto que tenía sobre todos, caminaba con una mezcla de gracia y seguridad, disfrutando del poder y la atención que su cuerpo de diosa provocaba. Se dirigía al centro del pueblo, donde la próxima actividad esperaba, ella ya ajena a su compromiso laboral, solo se concentraba en disfrutar el momento para jugar con el deseo que había encendido.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">El trabajo había arrancado, y Javier, el joven encargado de capturar cada momento con su cámara, estaba completamente hipnotizado. Con cada clic de la cámara, su excitación crecía. Pasaba el lente de la cámara por Priscila una y otra vez, tratando de no perderse ni un solo ángulo de su impresionante figura. Su juventud, todavía cargada de hormonas rebeldes, estaba a punto de explotar, pues Javier acababa de salir de la pubertad. Los pobladores se habían congregado en el centro de la plaza con el comité, y los ojos de todos estaban fijos en Priscila. Incluso Felipe, el líder del comité, estaba tan desorientado que apenas podía coordinar su discurso. Pero a Javier poco le importaba, mientras más pudiera capturar los movimientos de esa diosa en acción, mejor.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Cuando llegó la tarde, todo el grupo se fue a almorzar. Después, en un pequeño descanso, Priscila y Laura, que se habían hecho amigas cercanas, decidieron explorar el pueblo. Se encontraron con niños y mujeres llevando agua del río con baldes de madera colgando de palos. Decidieron unirse a la tarea. Al llegar al río, Priscila se despojó de su blusa a cuadros, revelando un top blanco sin mangas que abrazaba sus pechos con una delicadeza casi obscena. El top se ceñía a su figura y apenas cubría sus curvas, pues había decidido no usar sujetador. Con la blusa atada a su cintura, intentó levantar los palos con los baldes, pero tambaleó, haciendo que el agua salpicara. El top se mojó ligeramente, volviéndose transparente y pegándose a su piel.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Mientras caminaban hacia la plaza, la falta de experiencia provocaba que el agua se derramara más y más. Laura, con una figura poco llamativa y algo descuidada, pasaba desapercibida. Pero Priscila, con cada paso, estaba simplemente deliciosa. La tela blanca de su top que ya se encontraba empapada, se volvió una segunda piel, revelando cada detalle de sus pechos perfectos. Al llegar a la plaza entre risas con Laura, Priscila notó cómo todos la observaban con un deseo palpable. La transparencia de su top dejaba poco a la imaginación. No podía cubrirse, ya que sostenía los baldes de agua con ambos brazos, lo que hacía que sus pechos se destacaran aún más.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Lejos de sentir incomodidad, Priscila comenzó a disfrutar la atención. Un cosquilleo ardiente en sus pechos la invadía, como si alguien la estuviera acariciando. La excitación la embargaba por completo. Dejó que el agua tambaleara aún más en los baldes e inclinándose, permitió que el agua la empapara nuevamente, sintiendo cómo el líquido descendía por su abdomen y se deslizaba hacia su short, humedeciendo sus piernas.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Los hombres, incapaces de resistir más, empezaron a rodearla. Era como un pacto silencioso; unos la seguían, otros se unían, y todos, jóvenes y mayores, se agrupaban en silencio, animándose entre ellos. El momento fue eléctrico, sin ningún disimulo. Al llegar a la plaza, Priscila y Laura dejaron los baldes en el suelo. Consciente de la tensión que había causado, Priscila se puso rápidamente su blusa, cubriendo sus pechos pero dejando su short ajustado a la vista. Sabía que había sido demasiado y que debía parar.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Ambas amigas se apresuraron hacia las cabañas. Priscila estaba temblorosa por la intensidad del momento. Su respiración era rápida mientras sentía su top mojado y sus pechos húmedos debajo de la blusa de manera provocadora. Aunque deseaba seguir disfrutando de la sensación, la situación se había vuelto un tanto peligrosa. Caminaba con la espalda hacia los pobladores, disfrutando del cosquilleo de ser observada, sabiendo que había dejado una impresión imborrable en sus mentes.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Solo quedaba un día para regresar a la civilización. La partida estaba programada para el mediodía del día siguiente. Esa tarde, siendo la última en ese lugar tan remoto, Priscila decidió tomarse un descanso. Se adentró en el exterior de la propiedad donde se encontraban las cabañas, alejada de las miradas curiosas de los pobladores, y encontró una silla de reposo reclinada, que parecía más una cama en miniatura. El día había sido largo y, aunque sentía el cosquilleo de buscar más aventuras, el cansancio finalmente la venció. Aprovechando su soledad, nuevamente se quitó su blusa y se acomodó en la silla, dejando que el Sol secara su top mojado y disfrutando de la cálida brisa y del canto relajante de los pájaros. Poco a poco, el agotamiento la envolvió y se quedó dormida profundamente.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Pero el silencio de la tarde fue interrumpido por una figura que se acercaba en sigilo. Felipe, el líder del comité, un hombre de entrado en años, bajo y de piel rojiza, observaba a Priscila con una mezcla de deseo y culpa. Recordaba la primera vez que la vio en la entrevista de trabajo. No necesitó revisar su currículum; desde el instante en que la vio, supo que la contrataría. No por su talento profesional, sino por la belleza deslumbrante que, en su mente, lo desarmó con el pensamiento de "lo rica que estaba". Aunque era consciente de la falta de ética de su decisión y de que otros candidatos parecían más adecuados para el puesto, sabía que no podía dejar pasar la oportunidad de trabajar con alguien tan hermosa. En todos sus años de experiencia, nunca había tenido tanta suerte y no podía desaprovechar esa oportunidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">En el trabajo Felipe, a pesar de sus esfuerzos por disimular su interés, se sumergía en fantasías sobre ella. En sus pensamientos más oscuros, la imaginaba sometida a sus deseos, aprovechando su posición de poder para hacerla suya en su oficina de todas las formas posibles. Su corazón latía con fuerza al visualizar esas escenas, que solo existían en sus fantasías más retorcidas.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Después de la escena en la plaza, con el short y la blusa a cuadros que se había convertido en una obsesión para todos, Felipe no había podido sacarla de su mente. Mientras Priscila y Laura se fueron a pasear, él se había consolado en el baño, imaginándola. Luego de su pecado, se recostó en su rudimentaria cama en la cabaña cercana, tratando de dormir como lo hacían los demás miembros del comité. Pero el sueño no llegaba. Cuando finalmente el silencio reinó en el lugar, unas voces lo despertaron. Era Priscila y Laura conversando afuera.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Laura: —Priscila, ¿no te diste cuenta de lo que estaba pasando?</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Priscila: —No, ¿de qué hablas?</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Laura: —Te empapaste y se te notaba todo.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Priscila: —¿Qué?</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Laura: —¿No te diste cuenta? Por favor, ten más cuidado y no te vistas de esa manera. Todos esos hombres te estaban mirando muy raro.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Priscila: —¿En serio?</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Laura: —Si, ¿y no les viste las caras? Ay, ¿no te da asco?</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Priscila: —No noté nada</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Laura: —Todos esos indios te querían hacer no se que cosas</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Priscila: —¿Indios?</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Laura: —Bueno, por favor, no te vistas así. Sé más profesional.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Felipe observaba cómo Laura se daba la vuelta para entrar en su cabaña enojada, mientras Priscila se quedaba con una sonrisa traviesa en el rostro. Apenas Laura se había ido, Priscila ingresaba a su cabaña para tan solo unos segundos después salir nuevamente y dirigirse al área de descanso al aire libre.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">El silencio volvió a apoderarse del lugar. Felipe, con la mente llena de fantasías y deseos reprimidos, sintió que la atmósfera lo invitaba a actuar. Aunque solía sentir inseguridad por su edad, a sus 57 años dudaba si Priscila, con sus 25 años, lo consideraría adecuado, además en la oficina ¿Qué pensarían de él? “Un viejo verde” pensaba. La situación actual, alejada de los ojos de los demás, avivó su impulso.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Con cuidado, para no despertar a Javier, el joven apenas salido de la pubertad que también ya soñaba con Priscila con una sonrisa en el rostro emocionado por llegar a la ciudad y revisar las grabaciones. Felipe salió de su cabaña siguiendo los pasos de Priscila, su corazón latía con intensidad. Al llegar al área de descanso, la vio recostada en la silla reclinada. Se acercó sigilosamente, maravillado por su belleza. Sus ojos recorrían cada detalle de su rostro, su cabello dorado y su figura esbelta.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">El top mojado de Priscila demarcaba perfectamente sus pechos, y Felipe se sintió abrumado por una desesperación casi incontrolable. Se inclinó un poco más, acercándose a unos centímetros de ella. El suave y regular aliento de Priscila, mientras dormía, lo excitaba aún más. Su mano temblorosa se acercó a la blusa que colgaba sobre el respaldar de otra silla, mientras su mirada escaneaba el entorno con nerviosismo. Se llevó la prenda a su nariz e inhaló profundamente sintiendo el perfume a rosas que emanaba de la blusa, de inmediato su miembro empezó a levantarse dando pulsaciones hasta ponerse erecto.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Nervioso por la impactante escena, miró a todos lados para confirmar su soledad, dejó en su lugar la blusa, sacó su celular y empezó a capturar cada ángulo del momento, filmando y fotografiando a Priscila en su estado más vulnerable. Se sintió como un criminal, pero la excitación lo dominaba completamente. Observaba sus piernas cruzadas, con la derecha sobre la izquierda, resaltando más, sus botas cafés que aumentaban su feminidad infinita. El short de Priscila parecía rozar la gloria, Felipe se relamía, embriagado por la perfección de la rubia, su mente agitada por el deseo y el placer de la clandestinidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">En un arrebato de nerviosismo y sabiendo que tal vez nunca más tendría una oportunidad como esa, Felipe acercó su mano temblorosa hacia la pierna de Priscila. A medida que sus dedos se rozaban contra la piel expuesta, el contacto era tan electrizante como prohibido. Con Priscila profundamente dormida, su confianza creció y comenzó a explorar. Sus dedos se deslizaron suavemente por la superficie de su piel, llegando lentamente a la unión entre el short y su piel.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">La calidez de la piel de Priscila era hipnótica. El contraste entre el calor de los dedos de Felipe y la frialdad de la piel de Priscila, debido al aire fresco de la tarde intensificaba la tensión. El pulso de Felipe se aceleraba con cada toque, y su respiración se volvía irregular al ver cómo el top de Priscila, aún ligeramente mojado, delineaba sus pechos perfectos.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Al notar que Priscila no se movía, Felipe no pudo contenerse más. Sus manos, temblorosas y llenas de deseo, se dirigieron lentamente más arriba. Con una mezcla de ansia y delicadeza, reposó sus palmas debajo de la tela, sintiendo la forma redondeada y cálida de esos deliciosos pechos. La presión de sus manos empujaba suavemente los encantos de Priscila hacia arriba, embriagado por una sensación que lo envolvía en un éxtasis silencioso.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">El sudor y la agitación se hacían evidentes mientras continuaba explorando. Soltó la presión sintiendo el suave roce de esas dos bellezas mientras volvían a su lugar. Entonces sus pulgares rozaron los pezones a través del top, y de inmediato, un suave "Ummm" escapó de los labios de Priscila, aún sumida en el sueño. Era un secreto de ella que sus pezones eran extremadamente sensibles, por lo que la sensación trascendía incluso su sueño profundo. Sin embargo, el gemido melodioso, hizo que Felipe diera un salto hacia atrás, su corazón latía desbocado al pensar que la había despertado.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Con el cuerpo tembloroso y el pulso disparado, Felipe decidió escapar rápidamente. En su huida hacia el baño, sus dedos aún sentían el roce de esos benditos pezones, y su mente estaba llena del intenso recuerdo de ese contacto prohibido. A cada paso, su mente se inundaba con la esencia de Priscila, y aunque el miedo de ser descubierto lo impulsaba, el recuerdo ardiente de su piel y el gemido sensual lo acompañarían como una memoria indeleble. Se encerró en el baño, la experiencia vivida y la sensación aún palpitando en sus manos, hacían que tome su miembro sintiendo la esencia de Priscila para consolarse efusivamente una vez mas.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Más tarde, Priscila despertó sin tener idea de lo ocurrido. Su top aún estaba húmedo, y el sol se ocultaba en el horizonte, haciendo que el frío aumentara. Se cubrió con su blusa y se dirigió a su cabaña para cambiarse.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Esa noche, solo quedaba una reunión para ultimar detalles. Después de la reunión, todos regresaron a sus cabañas, pero el sueño no llegaba fácilmente, debido a la siesta de la tarde. Como era de esperar, alguien llevó bebidas alcohólicas para animar el ambiente. Se reunieron todos en la cabaña mas espaciosa y las botellas se vaciaban rápidamente, y la conversación fluía entre risas y miradas cargadas.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Priscila, abrigada con unas chamarra rozada contra el inusual frio de la noche, decidió probar un trago a pesar de no ser aficionada al alcohol. La bebida la calentó, pero no de la manera que esperaba. Cada sorbo incrementaba su excitación, haciéndola recordar sus recientes aventuras con una intensidad inesperada.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Ya cerca de las 2 am, los demás estaban mareados y exhaustos, y pronto se retiraron a descansar, sus ojos pesaban con el sueño. Priscila se dirigió a la intimidad de su cabaña, sin embargo, se mantenía inquieta, su mente vibrante con la energía de la noche. Esperó pacientemente a que el silencio envolviera el lugar, y una vez que estuvo segura de que no se escuchaba ningún murmullo, se sumergió en un baile ligero.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Las sombras danzantes en las paredes reflejaban sus movimientos mientras se quitaba su chamarra y cada toque de su mano se sentía como una caricia de la brisa cálida sobre una delgada chompa de lana. Con cada suspiro, el deseo crecía dentro de ella, una necesidad intensa que se alineaba con el eco de sus pensamientos más oscuros y privados. La vela parpadeaba, añadiendo una luz suave y cálida a su piel, mientras Priscila se entregaba al placer en la serenidad de su cabaña.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">A medida que la tranquilidad se asentaba, Priscila se envolvía en las frazadas, desnudó lentamente su cuerpo empezando por esa chompa que ya incomodaba quedando solo con el sujetador, luego se quitó su buzo deportivo que se había puesto por el frio, esta vez su tanga era de encaje rojo que le cubría la mitad de sus glúteos, se fue deshaciendo de sus prendas intimas disfrutando del roce de la tela sobre su piel. Con la vela aún encendida, su luz titilante danzaba sobre las frazabas. Comenzó a acariciarse suavemente, su respiración se hacía más profunda mientras exploraba cada rincón de su cuerpo, en complicidad con la noche silenciosa y la atmósfera cargada de sensualidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Apagó la vela de un soplo, saliendo de debajo de las frazadas y dejando que su desnudez se revelara por unos segundos antes de sumergirse en la oscuridad completa. Se cubrió de nuevo para que sus bajos gemidos no alertaran a nadie. Comenzó recorriendo sus piernas con las manos, encorvando su espalda sobre la rústica cama. Sus dedos se deslizaron lentamente hasta sus glúteos, que apretó con fuerza, y luego subieron para sostener sus pechos, entrelazando sus dedos entre sus pezones. Los fue apretando poco a poco, sus gemidos brotaron, una sensación de déjà vu la invadió, como si alguien más ya la hubiera tocado esa misma tarde. Mordió sus labios y rodeó sus pechos con un brazo, abrazándolos. El calor la sofocaba, así que pataleó para deshacerse de las frazadas, dejándolas caer al suelo. Estaba completamente desnuda, pero la oscuridad era tan densa que ni ella misma podía verse. Bajó su otra mano hasta acomodarla entre sus piernas.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Abrió la boca con placer, tratando de no hacer ruido, mientras los demás permanecían ajenos a lo que ocurría a solo unos pasos. La diosa de Priscila arremetía su cuerpo contra la rústica cama. Felipe, como llamado por un presentimiento, despertó con la vela encendida. Al girar, se dio cuenta de que Javier no estaba. Miró hacia el techo, pensativo y culpable por lo que había hecho, pero al mismo tiempo sabiendo que lo volvería a hacer sin dudarlo. Recordó cómo los hombres del comité insinuaban a Priscila a tomar más y fantaseó con la idea de embriagarla para hacerla suya. Pero sabía que todos pretendían lo mismo. Suspiró con alivio sabiendo que nadie había podido domar a Priscila.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Entonces escuchó un suave rechinar. Se levantó lentamente y abrió la puerta de su cabaña. El sonido venía de la cabaña de Priscila, el rechinar disimulado de su cama. No había duda. El corazón le latió con fuerza, los celos lo invadieron y una desesperación como nunca había sentido. ¿Quién era el desgraciado que había conseguido acceder a ella? Miró con rabia la cama vacía de Javier, sintiendo una ira desbordante. Felipe respiraba rápidamente como un toro, haciendo un puño mientras el disimulado rechinar de la cama de Priscila seguía un movimiento constante. Nervioso, volvió a su lugar, mirando hacia la nada, deseando que todo acabara, pero tratando de escuchar más,¿ mientras imaginaba la escena de Javier penetrando a Priscila. Su impulso le hizo levantarse de un salto, caminó en sigilo hasta la puerta de esa cabaña y escuchó con mas intensidad el rechinar de la vieja cama.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Mientras tanto, Priscila, en su soledad, se giró y se daba placer con una mano mientras con la otra sostenía la espaldera de la cama para que no se moviera mucho. Sus pechos se restregaban con cada movimiento sobre el colchón duro hecho de paja, y su trasero se empinaba hacia el techo mientras sus rodillas empujaban para seguir el ritmo. Mordía la almohada con firmeza para no emitir sonido, hasta que por fin el orgasmo llegó, dejándola temblando de satisfacción. Recordaba cómo todos esos ojos de los pobladores la devoraban con la mirada mientras llevaba su top mojado y su short corto.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Cuando la cama dejó de rechinar, Priscila se acomodó para dormir, una sonrisa inundaba su rostro por su travesura sin consecuencias. Felipe no cabía en sí mismo, celoso y con los ojos enrojecidos de frustración volvía a su lugar imaginando el dulce final del placer entre Javier y Priscila, envueltos en besos cariñosos y abrazos, acalorados y agitados, cansados mientras se acurrucan completamente desnudos, Felipe se torturaba imaginando la escena una y otra vez. Después de un rato, Javier volvió a la cabaña, habiendo pasado mucho tiempo en el baño debido a que el alcohol le había hecho daño. Pero Felipe, en su mente, estaba convencido de que se había acostado con Priscila. Esa noche, Felipe no pudo dormir, observando a Javier hasta que la vela se apagó, consumida por completo.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Era el último día en la población y el bus partiría al mediodía. Priscila decidió tomar un baño antes de irse, pero le indicaron que solo podía usar las duchas de la matriarca. Se envolvió en una bata que cubría su cuerpo y comenzó a caminar rápidamente por el pueblo, sabiendo que todos la notaban. Sentía que ya había tenido suficiente atención, pero llevaba consigo una toalla y todos se percataban de que iba a bañarse. En el pueblo, solo había una forma de hacerlo.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Al llegar a la casa de la matriarca, esta le señaló el lugar y Priscila se sorprendió al ver la ducha tan rústica al aire libre. Observó a una mujer del lugar bañándose, notando cómo las maderas que formaban una especie de barril no cubrían su cabeza por arriba y dejaban expuestas sus piernas desde los muslos hacia abajo. El agua salía por encima en un pequeño chorro proveniente de un tanque más arriba.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">La mujer le dijo que no se preocupara, pues nadie iba a observar. A pesar de estar al aire libre, el lugar era silencioso y privado, propiedad de la matriarca. Priscila vio cómo la mujer salía cubierta con una toalla vieja envuelta en su cuerpo y se dirigía a un cuarto metros más allá para cambiarse.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Era su turno y, con cierto nerviosismo, caminó mirando a todos lados. Una vez dentro, notó que un pequeño seguro cerraba la madera que la bordeaba, pero no parecía tan seguro. Se comenzó a desnudar, quitándose la bata y quedando completamente desnuda. Al entrar, se dio cuenta de que debía agacharse un poco debido a su altura, pues la rústica ducha estaba construida para las mujeres del lugar. Si permanecía erguida, revelaría gran parte de sus pechos.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">El agua fría comenzó a correr sobre su cuerpo, y Priscila sintió la frescura del aire libre por primera vez acompañándola en una ducha. La sensación le hizo sentirse libre y algo excitada. Fue tomando confianza mientras se enjabonaba, frotando su cuerpo lentamente. La brisa acariciaba sus piernas y su cuello, mientras el sol bañaba su piel blanca, haciéndola brillar. Priscila se dio cuenta de que era la primera vez que observaba sus pechos desnudos bajo el sol. Esa visión la excitó aún más.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Decidió enjuagarse el jabón para observar mejor su cuerpo desnudo con la luz del sol. Una corriente eléctrica la invadió, y sintió ganas de consolarse. Mientras debatía en su mente si debía arriesgarse a hacerlo en esa ducha rústica, sus dedos exploradores tomaron la decisión por ella. Miró a todos lados y decidió sumergirse en su fantasía. Comenzó a frotar su cuerpo con más entusiasmo, a pesar de estar ya muy aseada. Levantó las manos, moviendo las caderas en una danza sensual. Sus rodillas se frotaban una con otra de adelante hacia atrás, disfrutaba de su sensualidad al aire libre.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">El atrevimiento del momento la impulsó a empujar suavemente la puerta. El pequeño seguro cedió, dejando su desnudez expuesta por unos segundos. Con delicadeza, volvió a cerrarla. Ella no lo sabía, pero todo el tiempo tenía un observador. El anciano, esposo de la matriarca, se había escabullido y la observaba desde un lugar oculto. Era del que menos sospecharía la matriarca, quien, como un perro guardián, se paraba en la puerta sabiendo que afuera había hombres del lugar merodeando.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Adentro, el anciano, con extrema excitación, se fue acercando hasta estar visible. Sin embargo, Priscila aún no lo notaba. Decidió apoyar sus pechos contra la madera calentada por el Sol y ponerse más erguida, revelando casi todo al exterior. El anciano, observando, la veía de espaldas y decidió moverse. Al rodear a lo lejos la ducha rústica, pudo tener un mejor ángulo y ver cómo sus pechos se aplastaban contra la madera.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">La ducha le cubría justo hasta los pezones y continuó disfrutando de la sensual ducha mientras el agua resbalaba por su hermoso cuerpo. En un giro inesperado, al levantar la vista, Priscila pudo ver al anciano. Sus ojos se encontraron frente a frente. La boca del anciano babeaba y su gesto era como de cansancio. Priscila lo observó petrificada, una sensación extremadamente excitante la invadió mientras veía cómo el anciano tenía una erección que no tenía en muchos años.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Ese miembro envejecido y canoso habia encontrado la forma de salirse el pantalón remendado del anciano y la apuntaba mientras era frotado suavemente, el momento más excitante del viaje para ambos hasta ahora. Priscila se sumergió en una excitación extrema, impulsándose sobre las puntas de los pies. El movimiento hizo que sus pechos sobresalieran, revelándolos por primera vez a alguien del lugar, permitiendo que el anciano se deleitara con la vista gloriosa.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Priscila sintió una mezcla de poder y vulnerabilidad, el hecho de saber que había despertado en él algo que en años nadie pudo hacerlo la excitaba aún más. Decidió que este momento sería un tesoro privado, un secreto compartido solo entre ella y el anciano. La complicidad de sus miradas, el deseo palpable en el aire, crearon una tensión electrizante que ambos saborearon intensamente.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Lo que pasó después, quedará en la imaginación de quienes se atrevan a imaginarlo, pues algunos momentos están destinados a permanecer como secretos compartidos solo por aquellos que los vivieron...</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">El bus partía dejando a los pobladores con ganas de más, una estela de polvo y recuerdos en el aire. Todos se habían congregado para despedir al comité, una multitud silenciosa que observaba con ojos melancólicos, sabiendo muy bien por qué lo hacían, o mejor dicho por quien lo hacían. Priscila viajaba sola, su figura destacando entre los asientos vacíos, mientras Laura, aún enfadada, se mantenía distante. Nadie se atrevía a abordar a Priscila; su presencia era un campo de energía que repelía y atraía a partes iguales. Felipe, sentado en los asientos de adelante, la observaba con una mezcla de enojo y anhelo, su mente atrapada en el traumático recuerdo de la última noche.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">La soledad en el bus parecía importarle poco a Priscila. Concentrada en sus notas, su entusiasmo palpable mientras anotaba lo que parecía ser el informe que debía presentar. Era como si el bullicio y las tensiones a su alrededor no la afectaran, su mundo interior un refugio impenetrable.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">El lunes siguiente, Priscila presentó el informe con datos inventados, fruto de las pocas notas que había tomado. El proyecto siguió su curso, y el comité fue felicitado. Felipe, encargado de anunciar el día libre, no podía apartar la vista de Priscila. Vestida con jeans ajustados y una blusa roja que le descubrían los hombros, ella era un constante recordatorio de sus deseos insatisfechos.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Observó cómo se retiraba apresurada, con Javier diciéndole algo que provocaba una sonrisa en ella. Se fueron por caminos separados, y la ausencia de esa diosa dejó a Felipe en una agonía silenciosa. Sentado en su escritorio, no podía concentrarse. Desde que había llegado, su mente estaba atrapada en un bucle de pensamientos sobre Priscila. Consideró despedirla, pero sabía que no era justo. Sus ojos se perdían en el vacío, sus manos entrelazadas sobre el escritorio, su quijada descansando en ellas.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">De repente, vio la libreta de apuntes de Priscila, olvidada en su prisa. Un rayo de esperanza lo atravesó: ¿podría ser una excusa para llamarla? ¿Para escuchar su voz? La emoción lo invadió, una corriente de adrenalina que no había sentido desde que la vió por primera vez. Se levantó de un salto y fue por la libreta como si se tratara de una competencia entre los que se encontraban trabajando, antes que alguien mas se percate. La tomó entre sus manos y volvió a su lugar, listo para llamarla. Pero se detuvo.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">El pensamiento de leer sus anotaciones, de sumergirse en su mundo, lo sedujo. Abrió la libreta y notó la perfección de su caligrafía. Las entrevistas y las vagas informaciones no eran gran cosa, pero cada trazo despertaba en él una emoción profunda. Pasó las páginas con cuidado, como si tratara de una reliquia sagrada.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Fue entonces cuando notó más letras en el otro lado de la libreta, en las hojas de atrás. La giró con manos temblorosas y comenzó a leer:</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><b><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">“El ver a ese anciano excitado por mi figura mientras le mostraba los pechos fue un punto de inflexión en mi vida. No pude resistirme a continuar excitándolo. Se fue acercando mientras yo permitía que lo hiciera, y mi cuerpo sentía una excitación extrema. Al estar a solo unos centímetros fuera de la ducha, por su estatura, mis pechos ya no estaban a su vista, pero yo lo veía desde arriba, aún con su miembro endurecido. Me dejé llevar por el morbo extremo del momento, el Sol calentando mi piel y, en contraste, el agua fría que me refrescaba.</span></b></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><b><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Me encontraba en un estado de éxtasis indescriptible. Mientras el agua fría resbalaba por mi cuerpo, una oleada de deseo me envolvía. Decidida a llevar la excitación a un nivel aún más intenso, me puse de cuclillas frente al anciano, sabiendo que mi trasero y piernas desnudas eran claramente visibles desde el exterior por debajo de la rústica ducha. Me quedé ahí un instante y me volví a levantar, en anciano babeaba sin control con la boca abierta. Con la mano temblorosa, abrí la puerta para que pudiera verme enjabonada y como vine al mundo, aunque por instinto me cubría con las manos.</span></b></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><b><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">El anciano, con la respiración entrecortada, se acercó más, hasta ingresar a la ducha conmigo. Cerré la puerta con un clic sonoro, liberando mi desnudez para él, que ya temblaba de emoción. Se quedó allí, inmóvil, sin saber qué hacer. Tomé la iniciativa y le fui quitando la ropa que se le iba mojando por las gotas que rebotaban de mi cuerpo hacia él. No me sentía atraída por él en absoluto, solo era el morbo del momento y sentía una curiosidad insaciable por cómo se vería desnudo.</span></b></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><b><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Una vez hecho, lo observé con su barriga inflada y su piel maltratada. Su postura encorvada, las medias puestas y el gorro de lana colorido junto a su pene canoso lo hacían parecer algo cómico. En comparación, yo, completamente desnuda, impactaba la escena, llegando a ser grotesca en contraste, pero eso me excitaba aún más.</span></b></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><b><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Sentía el calor del anciano sobre mí, y a medida que nuestras pieles se tocaban, el morbo se transformaba en una excitación palpable. Entonces, él, con manos temblorosas pero firmes, me tomó por la cintura, y noté que el roce de su cuerpo contra el mío se hacía más intenso. Comenzó a frotarme la cintura de arriba abajo, y me dejé llevar. Dando pequeños saltos, correspondí a sus movimientos, lo que hizo que mis pechos se movieran con más libertad. La sensación era eléctrica, un vaivén que aumentaba su ritmo, y él, al sentir mis reacciones, se emocionaba cada vez más, acelerando el movimiento hasta que  is pechos tambaleaban rapidamente.</span></b></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><b><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Entonces hice que despegara sus manos de mi cuerpo, le hice girar y me incliné suavemente, apoyando mis pechos contra su espalda arrugada y caliente. El contacto de mi piel desnuda contra su espalda hizo que un estremecimiento recorriera mi cuerpo, y su respiración se hizo más agitada al sentir la suavidad de mis senos contra su piel. Mi cercanía le ofreció una intimidad que lo hizo gemir de anticipación.</span></b></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><b><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Con una mano temblorosa pero firme, me deslicé lentamente por su estómago hacia su miembro endurecido, que seguía excitado y palpitante. Mis dedos deslizaron la piel que cubría su glande, y lo rocé con cuidado acariciando la punta con una suavidad calculada. Me concentré en cada movimiento, sintiendo cómo su cuerpo respondía a mi toque. Cada caricia era una promesa de más, un juego que me tenía completamente absorta.</span></b></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><b><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Comencé a estimularlo con movimientos lentos pero intensos, mis dedos explorando su miembro con una cadencia deliberada. Cada roce y cada presión estaban diseñados para mantener su excitación constante. Podía sentir su piel arrugada bajo mis manos, mientras mis pechos se restregaban en su espalda en todas las direcciones siguiendo el movimiento de mi mano con todo mi cuerpo que vibraba con cada caricia que le ofrecía. Su respiración se volvía cada vez más irregular, y sus gemidos aumentaban en intensidad.</span></b></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><b><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Cuando frené los movimientos, él siguió balanceando su pene entre mis dedos que se acomodaban con suavidad, sacó su lengua como sediento. Al sentir que con sus movimientos, mis pezones eran frotados contra su espalda sin que yo controle el movimiento en un acto de desesperación y deseo y rendida ante mi morbo me acerqué a su oído y le dije “Quieres chupar mis tetas” Giró la cabeza con gesto incrédulo, entonces  tomándolo de sus hombros lo giré nuevamente y sujeté mis pechos con ambas manos desde los costados juntándolos y se los acerqué a la cara mientras me reclinaba dibujando mi figura con la espalda arqueada</span></b></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><b><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Sentí sus labios rozando la delicada piel de mis pechos. Primero fue un toque suave, casi un susurro con timidez, pero pronto sus labios se abrieron para tomar uno de mis pezones en su boca. La sensación de su lengua caliente y húmeda sobre mi piel me hizo estremecer, no pude evitar gemir. Cada succión era profunda, intensa, y me enviaba olas de placer por todo el cuerpo. El contraste entre la suavidad de mi pechos y la textura áspera de su lengua creaba una experiencia increíblemente excitante.</span></b></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><b><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Mis pechos blancos parecían ser más imponentes frente a esa piel envejecida y morena, casi morada. Su succión se hizo más firme, y sus labios rodeaban mi pezón con una necesidad urgente. Lo sentía mordiendo suavemente, alternando entre lamidas y succiones que provocaban que mi piel se erizara en respuesta. Me moví ofreciéndole el otro pezón y los movimientos de su lengua y el ritmo constante de sus succiones me llevaban a un estado de éxtasis casi fuera de control. La humedad del ambiente y el calor de su boca combinaban con el agua fría que caía sobre mi cuerpo, creando una sensación que solo intensificaba el placer.</span></b></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><b><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Sentí sus manos acariciándome las nalgas, aprisionando con desesperación, sus uñas rascaban mi piel. Entonces me erguí nuevamente apegandome a él y mis pechos quedaron por encima de su cabeza, miró hacia arriba y dejé que continue con su trabajo mientras yo miraba al horizonte, a la naturaleza y el silencio de afuera, el rustico pueblo que estaba siendo testigo de mi mas intimo morbo. Luego me separé y , entregándome completamente a sus caricias, permitiendo que su boca explorara cada rincón de mis pechos. Cada roce, cada presión, cada succión era un regalo para mis sentidos, y me dejaba llevar por el ritmo de su deseo. Su respiración se aceleraba mientras continuaba su ataque sensual, y yo correspondía moviéndome con él, sintiendo cómo el placer se acumulaba.</span></b></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><b><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">De repente, un impulso irresistible lo llevó a bajar su boca lentamente, dejando atrás mis pechos y dirigiéndose hacia mi entrepierna. Sentí su respiración cálida y el roce de sus labios en la piel sensible de mi abdomen, y mi excitación creció con cada instante que pasaba. Me apoyé con firmeza en la madera de la ducha, sintiendo la textura áspera contra mi piel desnuda. Mi cuerpo estaba tenso y anticipaba lo que estaba por venir.</span></b></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><b><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Para intensificar el momento y darle a él una vista más clara, subí mis manos hacia el borde de la madera, estirando mis brazos completamente hasta que mi torso quedó suspendido, colgando del borde de la ducha. En una acrobacia perfectamente ejecutada, subí ambas piernas, abriéndolas en un equilibrio preciso. Coloqué mis pies al otro extremo de la ducha, creando una postura en la que estaba completamente expuesta y vulnerable.</span></b></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><b><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Desde esta posición, el anciano tenía una vista sin obstrucciones de mi vagina. La debilidad y el deseo se entremezclaban en su rostro, se arrodilló sobre el charco de agua y se lanzó hacia mi centro con una pasión renovada. Sin reparos, comenzó a besar y lamer mi intimidad, su boca moviéndose con un ritmo ansioso y decidido. Su lengua se movía con una suavidad y sus arrugados labios chupaban con deseo incontrolable, pude bajar una mano para jalarle el ridiculo gorro de lana colorida y descubrir su escasa y blanca cabellera, la corona era calva y las canas bordeaban su cabeza dandole un nuevo aspecto que me causo mas excitante repulsión.</span></b></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><b><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">El placer que experimentaba era casi indescriptible. Sus caricias se sentían aún más intensas en esta posición, con cada beso y lamida enviando oleadas de éxtasis a través de mi cuerpo. Me dejé llevar por la experiencia, balanceándome ligeramente al ritmo de sus movimientos, y mis gemidos llenaban el aire en medio del sonido del agua cayendo. Tomaba su cabeza dirigiéndole mientras me sujetaba con fuerza con una sola mano.</span></b></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><b><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Mi cuerpo, colgado y expuesto, estaba completamente a su merced, y la intensidad de la situación me llevaba a un punto donde el placer y la adrenalina se combinaban en una experiencia inolvidable.</span></b></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><b><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">En un momento de máxima excitación, me dejé llevar por la necesidad de complacerlo, bajé mis piernas e hice que se ponga de pie, era mi turno de ponerme de rodillas sobre el mojado piso</span></b></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><b><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Una vez en esa posición, con mis pechos desnudos y firmes alcancé el pene del anciano, me incliné ligeramente hacia adelante, moviendo mi torso con una sensualidad provocadora. Cada movimiento que hacía, cada roce de mi piel contra el miembro del viejo, parecía incrementar la pasión entre nosotros.</span></b></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><b><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">El anciano, cautivado por la visión de mis pechos chocando con su pene en el resguardo de la ducha, comenzó a experimentar una excitación aún mayor pues sus pulsaciones incrementaron. Su miembro endurecido estaba al borde del clímax, y su respiración se volvía cada vez más agitada. Mientras me mantenía en esa posición, hice que mis pechos atrapen su miembro ayudados por mis manos entrelazando mis dedos sobre ellos</span></b></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><b><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Consciente de que mi trasero y piernas desnudos estaban expuestas, me deleitaba con la sensación de vulnerabilidad y exhibicionismo. Mis pechos acariciaban su miembro de manera rítmica y provocativa, y él gemía de placer, incapaz de contener su excitación.</span></b></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><b><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">El contraste entre la frialdad del agua y el calor de la pasión que compartíamos creaba una dinámica casi eléctrica. Sentía la energía palpable del momento mientras aumentaba la velocidad. El viejo, enloquecido por la sensación, se dejó llevar completamente y comenzó a moverse arrítmicamente embistiendo mis tetas con pasión lo mas rápido que podía, mientras su respiración se volvía cada vez más errática. Yo dejé de moverme permitiendo que él tome el control.</span></b></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><b><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Finalmente, el clímax llegó en una explosión de placer. Aún de rodillas, sentí cómo el anciano alcanzaba el éxtasis y rápidamente tomé su pene para que el calor de su semen contrastando con la frescura del agua cayera sobre mis pechos. Todo resbalaba por mi piel hasta mezclarse en el suelo, un olor intenso me rodeaba, era ese semen de viejo guardado por años</span></b></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><b><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Y mientras el anciano se recuperaba, me levanté lentamente, sintiendo una mezcla de satisfacción y anticipación. Sabía que lo que acababa de suceder era una experiencia única, un secreto compartido que permanecería conmigo mucho después de que el agua dejara de fluir.</span></b></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><b><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"> </span></b></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><em><b><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Ahora, mientras viajo de regreso, siento que esa experiencia ha dejado una marca profunda en mí. Es como si hubiera probado una droga adictiva, y la necesidad de volver a sentir esa excitación me consume por completo. Cada rincón del autobús parece recordarme el calor del momento y el deseo que me embarga. La realidad de que solo yo y el anciano compartimos ese secreto tan ardiente me hace ansiar más, buscando desesperadamente esa sensación indescriptible que me atrapó. No puedo evitarlo; esa adicción al placer que experimenté es como una llama que arde dentro de mí, y ahora, no puedo dejar de pensar en cómo volver a encenderla.”</span></b></em><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333"></span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Felipe se sumergió en la lectura de la confesión íntima de Priscila con una mezcla de incredulidad y creciente excitación. Cada palabra revelaba una faceta de Priscila que él nunca había imaginado, un morbo intenso y una pasión que traspasaban los límites convencionales. La idea de que un anciano tan decrépito pudo experimentar y disfrutar de lso encantos de esa bella rubia despertó en Felipe una intriga profunda. Dudaba si todo lo escrito por ella era real o solo producto de su imaginación enaltecido por su morbo.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">De todas formas la emoción y el deseo se apoderaron de él mientras su mente empezaba a trazar planes. El descubrimiento del morbo que Priscila ocultaba, lo había estimulado de manera inesperada. Con una intensidad ardiente y una resolución creciente, tomó su celular. Cada pulsación temblorosa de los botones parecía un latido en sincronía con el deseo que le invadía. Felipe sabía que tenía una oportunidad, y estaba decidido a explorar hasta dónde podía llevar esa nueva y peligrosa fascinación. Mientras se llevaba el celular al oido, el timbre de marcado ya sonaba... "¿Hola?" se escuchaba al otro lado de la linea con la sensual voz de Priscila. En ese instante, Felipe fue invadido por una nueva emoción interna y una sonrisa malevola se le dibujó en el rostro...</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Continuará...</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">------------------------------</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">Si tienes alguna pregunta o comentario, no dudes en escribirme. Siempre estoy aquí para responder.</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">¡Besitos!</span></p>
<p style="text-align: justify;background: white"><span style="font-size: 10.5pt;color: #333333">priscilamadison711@gmail.com</span></p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/dominacion/">Dominación</category>                        <dc:creator>Priscila</dc:creator>
                        <guid isPermaLink="true">https://www.relatosonline.com/relatos/dominacion/priscila-la-sensual-rubia-en-un-pueblo-remoto/</guid>
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				                    <item>
                        <title>Pesadillas de terror. La señora Isabel. parte 1</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/dominacion/pesadillas-de-terror-la-senora-isabel-parte-1/</link>
                        <pubDate>Fri, 15 Aug 2025 10:50:37 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Este relato no pretende dar veracidad, quizás sea verdad o quizás sea mentira o ambas cosas. He descubierto que en los sueños todo es posible y en las pesadillas ocurre todo lo imposible. 
...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p> </p>
<p><strong><em>Este relato no pretende dar veracidad, quizás sea verdad o quizás sea mentira o ambas cosas. He descubierto que en los sueños todo es posible y en las pesadillas ocurre todo lo imposible. </em></strong></p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>Hoy me he vuelto a despertar sobresaltado en mi cama, empapado en sudor,  he vuelto a tener la misma pesadilla. Desde hace días tengo la misma pesadilla, cada día comienza donde la he dejado la noche anterior. La protagonista de mi pesadilla es la señora Isabel, representa el papel de captora en mi sueño, un papel que  lo interpreta a la perfección mostrando toda su crueldad y temperamento hacia mí .Me pregunto si realmente la señora Isabel es como en mi pesadilla  ¿Queréis conocer a la señora Isabel y mi pesadilla? Todo comenzó….</p>
<p> </p>
<p>Hace ya 6 meses que nos mudamos al nuevo vecindario mi madre y yo. Nos mudamos por dos motivos, el primero para alejarme del barrio donde vivía en la gran ciudad, mis amistades  me estaban conduciendo por un camino peligroso y cada día a cada  paso que daba  me metía en un nuevo problema, aquella historia podría terminar mal. Mi madre decidió que nos mudásemos a un lugar tranquilo a las afueras de la ciudad, huimos de aquel piso situado en una octava planta  para ir a vivir a un pequeño chalet con jardín. El segundo motivo era que a mi madre la iban bien los negocios, había montado una peluquería y estaba empezando a ganar bastante dinero, incluso había tenido que contratar a empleadas para atender a la cantidad de clientes que llegaban a diario. Mi madre deseaba a la salida  del trabajo acudir  a una casa tranquila alejada del ruido y por supuesto dejar de estar constantemente preocupada por mí y en qué nuevo problema estaría metido.</p>
<p> </p>
<p>Todo el vecindario nos recibió cortésmente, eran gente amable y educada, pero en todo barrio hay siempre una excepción y en este caso la excepción era nuestra vecina de la casa de la izquierda, la señora Isabel. Todos nuestros encantadores vecinos nos advirtieron, nos indicaron que nos mantuviésemos alejados de nuestra vecina ya que era una completa arpía. En el vecindario a la señora Isabel la llamaban “La bruja “. Tanto mi madre como yo pensábamos que exageraban pero con el paso de los días descubrimos que más bien se quedaban cortos sus adjetivos descalificativos.</p>
<p> </p>
<p>¿Tenéis curiosidad por conocer y saber cómo es la señora Isabel?, ya os advierto que no es como pensáis, no es  una mujer dotada de un gran físico típico de relatos eróticos, más bien todo lo contrario. El primer día que vi a la señora Isabel quedé sorprendido, tanto por su aspecto como por su temperamento. Tenía demasiado tiempo libre en mi nueva casa. Mi madre se marchaba a la ciudad a trabajar y yo me quedaba allí en la casa, no conocía a nadie, no trabajaba, no estudiaba, tal como indiqué no llevaba un buen camino pero irnos a vivir a esta nueva casa lo había frenado. Aquella mañana agarré  un artefacto para reproducir música, cogí una caja de cervezas y me senté en una cómoda butaca en el jardín. Eso era todo cuanto iba a hacer ese día, es decir nada, vaguear por completo, hacer lo que mejor se me daba.</p>
<p> </p>
<p>La señora Isabel apareció en el jardín de su casa, separada de la mía simplemente por un pequeño muro que hacía de mediana de separación entre las casas. La discreción en aquellas casas era  mínima, el muro era bajo, hasta la cintura de una persona , se podía observar que hacía cada vecino en cada instante. Lo primero que me sorprendió fue su edad y su aspecto físico. La señora Isabel tendría unos 60 años, quizás 65, quizás 70 o quizás más…. Nunca he llegado a saberlo. Denotaba su edad por su rostro curtido,unja mujer de edad madura que podría ser mi abuela. Su tamaño de cuerpo era grande, más bien obeso y corpulento. Aquella mujer tendría un peso superior a 100 kilos, bastante corpulenta con unos brazos y piernas carnosos. Vestía un delantal rosa de tamaño grande que cubría su cuerpo hasta las rodillas y dejaba sus brazos carnosos al descubierto por los hombros. Llevaba unos guantes de goma largos enfundados en sus manos y unas botas altas de lluvia para protegerse del barro y la humedad. Agarraba una pequeña paleta de jardinería entre sus guantes. La señora Isabel se pasaba horas a diario cuidando su jardín, era su principal afición, aunque tenía otra afición más oscura que todavía yo no conocía.</p>
<p> </p>
<p>Al cabo de unos minutos la señora Isabel se dirigió a la mediana de separación entre su casa y la mía. Su rostro regordete  curtido con arrugas y su mirada seria se dirigieron a mí.</p>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>¡¡ Me estas molestando, apaga esa música y deja de fumar y de beber ¡¡, ¿es que no te han enseñado modales?-</strong>  Me recriminó con un tono de voz </li>
</ul>
<p> </p>
<p>La tranquilidad que estaba disfrutando en mi jardín se echó a perder en un momento. Quien era aquella señora para entrometerse en que hacía o dejaba de hacer. Mi lado de joven delincuente se encendió a fuego lento, nunca permitía que nadie me dijese lo que tenía que hacer, excepto a mi madre, aunque no la hacía el menor caso.</p>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>A usted que la importa, siga jugando con su pala y su arena en su jardín y deje de molestarme a mí</strong> – La contesté con un tono chulesco irrespetuoso. Estaba avisado de aquella arpía por los vecinos y pararía los pies a aquella vieja desde el primer momento.</li>
</ul>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>Veo que no tienes educación, tu madre no ha hecho bien los deberes contigo, no ha sabido educarte -</strong> Me volvió a recriminar y esta vez incluyendo a mi madre en la conversación.</li>
</ul>
<p> </p>
<p>Igual que una cafetera que hierve a fuego lento comencé a enfadarme por su comentario. Me levante de mí asiento y esta vez la contesté de forma más dura y de forma humillante:</p>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Una puta vieja como tú no va a estropearme el día, métase en su casa y póngase a hacer ganchillo</strong> – La contesté faltándola al respeto por completo buscando humillarla. Conseguí mi objetivo, empecé a observar como salía humo de la cabeza de aquella vieja señora, su mirada seria se tornó a furiosa, estaba completamente rabiosa por mi contestación y como la había plantado cara ofendiéndola.</li>
</ul>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Si yo fuera tu madre te rompería el culo a correazos ahora mismo, cuando llorases desconsoladamente pidiendo perdón… ¿sabes lo que haría ?... azotarte aún más fuerte hasta que te quedases sin lágrimas, te aseguro que no volverías a faltarme al respeto</strong> – Su mirada furiosa me miraba fijamente apuntándome con el dedo de su guante de forma amenazante, hablaba muy enserio.</li>
</ul>
<p> </p>
<p> </p>
<p>Se hizo el silencio, debo admitir que su amenaza o advertencia me provocó cierto temor. Pasados unos segundos comencé a reírme a carcajadas.</p>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Te quedaras con las ganas puta vieja…. Ahora sigue jugando con tu arena</strong> - Me acerqué al artefacto de la música y aumente el volumen para molestarla más mientras me encendía otro cigarrillo y agarraba una nueva lata de cerveza, comencé a regocijarme de ella. Notaba el odio hacia mí en sus ojos, aquella abuela estaba  completamente furiosa, cerraba fuertemente su puño en su mano enguantada a modo de rabia y contención de su ira. Había ganado a aquella puta vieja, no volvería a molestarme nunca más.</li>
</ul>
<p> </p>
<p>Aquel encontronazo verbal  entre la señora Isabel y yo fue el primero de muchos. Podría hacer una larga lista de discusiones entre ambos, yo no tenía nada que hacer y pasaba los días en el jardín de mi casa y la señora se pasaba el día en su jardín atendiendo sus flores y plantas con suma dedicación. Cada día era una nueva discusión, de la que siempre ganaba yo, tenía más labia y menos modales que la vieja señora. Ella me reprochaba mi comportamiento y yo terminaba burlándome de ella.</p>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>Algún día te enseñare modales y te aseguro que suplicaras entre lágrimas perdón, te lo prometo -</strong>  Me recriminaba cada día mientras me burlaba de la vieja y voluptuosa señora.</li>
</ul>
<p> </p>
<p> </p>
<p>Aquella mañana de un día cualquiera me resultó muy extraño no ver a la señora Isabel en su jardín como cada día. Echaba de menos nuestras discusiones y sacar de quicio a la vieja señora Isabel, era mi entretenimiento en aquella casa. De pronto escuche un pequeño ruido y la voz de la señora Isabel “ por favor, ayuda… necesito ayuda “ solicitaba desde el interior de su casa. Algo había pasado a la vieja señora. Puedo ser un delincuente y un sinfín de adjetivos que me descalificarían pero no negaría la ayuda a alguien que lo necesitase. Me apresuré corriendo a casa de la vieja señora Isabel, salté la mediana y me adentre en su casa. En ese preciso instante tras la puerta de la entrada al interior  alguien se abalanzó sobre mí por detrás, noté como unos guantes de goma me tapaban la boca y me inyectaban algo en la yugular con  una jeringuilla.</p>
<p> </p>
<p>Me deshice de los brazos que me sujetaban, me día la vuelta y observé a la vieja señora sujetando una jeringuilla entre sus manos enguantadas. Traté de huir de la casa pero en apenas unos segundos perdí todas mis fuerzas, aquello que me había inyectado era instantáneo y su efecto me dejó sin fuerza alguna y caí al suelo completamente consciente pero sin poder moverme. Mi mirada tumbado en el suelo observaban las botas altas de lluvia que portaba la señora Isabel, se inclinó hacia mí en cuclillas y observé su rostro curtido por la edad :</p>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Te prometí que un día pagarías todas tus faltas de respeto hacia mí, ese día ha llegado, te voy a enseñar modales -</strong> Intenté levantarme del suelo pero no podía, no tenía fuerza alguna. La señora Isabel me agarró por los brazos y comenzó a arrastrarme hasta el fondo de la casa, de donde salían unas pequeñas escaleras que descendían bajo la finca. Conocía aquel camino, su casa al igual que la mía tenía un sótano. Al final de la casa descendían unas escaleras y llegabas al sótano de la casa bajo la vivienda.</li>
</ul>
<p> </p>
<p> </p>
<p>Me introdujo dentro de su sótano, era un sótano viejo con las paredes descascarilladas, suelo de cemento, una luz proveniente de una bombilla que colgaba del techo. Me dejó en el centro de la habitación mientras se dirigía de nuevo hacia la puerta. Cerró la puerta y colocó un candado grueso en la puerta, se guardó la llave en su escote por debajo de su delantal y en el interior de  su sujetador. Se dirigió hacia una estantería que había en el sótano y agarró un nuevo par de guantes de goma. Se quitó sus guantes de goma que usaba para su jardín  y agarró unos guantes viejos y usados que había en la estantería. Comenzó a enfundarse el par de guantes mientras me miraba como permanecía inerte en el suelo sin poder moverme debido a la inyección. Aquellos guantes desprendían un fuerte olor y estaban completamente sucios, su color original era amarillo pero de tanta suciedad y grasa que acumulaban eran marrones, eran repugnantes los guantes que se estaba enfundando en su brazo carnoso, la quedaban terriblemente apretados a sus brazos carnosos y flácidos de abuela. Tiró del extremo con fuerza para terminar de ajustárselos, se acercó a mi agarrando unas esposas metálicas entre sus manos.</p>
<p> </p>
<p>Agarró mis manos y las condujo a mi espalda, colocó las esposas metálicas en mis manos y las cerró con dureza. Ahhhhh me quejé levemente, apenas podía hablar, la inyección me había paralizado,  no tenía fuerzas para nada, no podía ni pestañear, aquella sustancia  que me había inyectado era muy fuerte. Cerró las esposas en mis manos a mi espalda con dureza.</p>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>¿Te duelen y aprietan las esposas ?..... cuando lleves horas con ellas puestas el dolor aumentará, voy a asegurarme te aprieten todo lo posible –</strong> La señora volvió a apretar un poco más las esposas sonriendo con una mirada perversa. Cerró las esposas con llave y se las guardó en el bolsillo de su delantal. Agarró mis pies y comenzó a atarlos con una cuerda resistente y áspera. Aquella vieja señora sabía hacer nudos de una forma perfecta, estrangulo mis tobillos con la cuerda y dejó mis pies fuertemente atados, sería imposible liberarme de aquella cuerda. Se dirigió de nuevo a la estantería del sótano y agarró una cadena gruesa de metal muy resistente. Ancló un extremo de la cadena a una argolla que había incrustada en la pared del sótano junto con otro nuevo candado. Agarró entre sus guantes un nuevo objeto de la estantería, tenía todo perfectamente preparado, todo había sido planificado por la vieja señora a conciencia. El nuevo objeto era un collar grueso de animal, lo anudó a mi cuello y lo cerró fuertemente entre las hebillas, colocó un candado entre las hebillas y el otro extremo de la gruesa cadena para que no se soltara . Me inmovilizó como un animal con la cadena sujeta a mi cuello y anclada a la pared, apenas tendría un metro de movimiento.</li>
</ul>
<p> </p>
<p>Estaba realmente asustado, estaba completamente inmovilizado y aunque recuperase mis fuerzas no podría escapar de aquella cadena tan gruesa anudada a mi cuello, esposas y candados. Poco a poco fui recuperando mis fuerzas, el efecto de la inyección era pasajero. Empezaba a poder articular palabras:</p>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>Suéltame ahora mismo puta vieja –</strong> La recriminé sin todavía poder levantar demasiado la voz. La vieja señora introdujo su mano enguantada por debajo de su delantal y se bajó sus bragas sacándolas por sus botas de lluvia altas. Eran unas bragas blancas completamente sucias, se podía observar la suciedad con tonos de color amarillo y marrones. Sus bragas estaban sucias con manchas de restos de su culo y coño. Agarró las bragas entre su mano enguantada y se inclinó en el suelo donde me encontraba inmovilizado. Cerró mi nariz pellizcándola con su guante con fuerza y al pasar unos segundos no tuve más remedio que abrir la boca para respirar. Introdujo sus bragas echas un ovillo dentro de mi boca, eran de una talla grande e inflaban mi boca, ella apretada con sus dedos de goma para que entraran por completo hasta el fondo de mi boca.  </li>
</ul>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>Abre más la boca o no te dejaré respirar… tú decides-</strong> No tuve más remedio que abrir de par en par la boca mientras continuaba pellizcando mi nariz .Cómodamente introdujo sus bragas hasta el fondo de mi garganta. Degusté un sabor repugnante a caca y orines de la señora, estaban realmente sucias, su sabor era rancio y detestable. Agarró un rollo de cinta americana de color gris y comenzó a cerrar mi boca con la cinta alrededor de mi cabeza y rostro, dio una vuelta, otra vuelta, otra más… gastó medio rollo de cinta manteniendo tensa la cinta de embalar a mi boca dejándola muy apretada, era una sensación agónica.</li>
</ul>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>Ahora ya no tendré que escuchar más tu palabras de tu sucia boca , se acabaron tus faltas de respeto, te aseguro que nadie te va a escuchar –</strong> La vieja señora Isabel comenzó a reírse.</li>
</ul>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Voy a comprobar si es efectiva tu mordaza, jajaja –</strong> Se rio mientras noté su mano enguantada sujetando mi pelo entre sus guantes. Me agarró bruscamente del pelo y levantó mi cabeza del suelo manteniendo sujeto por el pelo entre su mano enguantada. Su guante de goma no resbalaba y producía un dolor intenso, pellizcaba mi pelo de una forma dolorosa, tanto que resbaló una lagrima de mis ojos. Mantenía mi cabeza sujeta por el pelo en el aire de forma agresiva entre su mano enguantada.</li>
</ul>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Si consigues gritar o emitir una sola palabra te libaré –</strong> La vieja señora comenzó a burlarse de mí, traté de gritar pero era imposible con aquella mordaza tan efectiva hasta mi garganta, al intentarlo lo único que conseguí es degustar más sabor a caca y orines de sus bragas, era repugnante, no conseguí emitir sonido alguno.</li>
</ul>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Mmmmm parece que no puedes pedir ayuda…. Ahora estamos solos tu y yo y nadie te va a escuchar…. Te voy a enseñar modales. Tal como te prometí te voy a romper el culo a correazos, vas a desear no haberme faltado al respeto…. Lo mejor de todo, ¿sabes qué es? –</strong> Me preguntó a sabiendas que no podía articular palabra alguna ni sonido, estaba completamente silenciado e inmovilizado.</li>
</ul>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Te lo diré yo ya que no contestas…. Puedo azotarte cuanto me plazca y tu permanecerás calladito y quietecito, te aseguro que voy a ser más dura que nunca antes lo haya sido, nadie me ha faltado al respeto como tu…. Voy a dejarte el culo morado y me dan igual tus llantos ….. es más si lloras aumentaré la dureza…..detesto los llantos, así aprenderás que no te sirven de nada los llantos…. Cada vez que llores te azotaré mas fuerte ,jajaja</strong> – La señora liberó mi pelo de entre sus guantes y se acercó a la estantería del sótano. Agarró una correa marrón gruesa y la dobló a la mitad. Aquella correa era vieja, usada y gruesa, no era la primera vez que la usaba. Se acercó hasta mí sujetando la correa entre sus guantes de goma.</li>
</ul>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>¿cuantos azotes debo darte para comenzar ?..... 25… 50… 100….. dímelo tu -</strong> La señora se burló de nuevo de mí, no podía hablar ni articular sonido alguno, solo degustaba el sabor rancio de sus bragas sucias.</li>
</ul>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>No contestas… entonces decidiré yo…. 100 para empezar. Hay algo que debes saber de mí, siempre cumplo cuanto prometo, nunca falto a mi palabra.Te prometo que vas a recibir 100 correazos duros y no pararé hasta que recibas el ultimo, ya sabes que si lloras…. Aumentaré la dureza…. No lo hagas por tu bien y asume tu castigo porque si lloras…. Te prometo que si tengo que dejarte el culo lleno de sabañones y ampollas lo haré… mmmm creo que lo disfrutaría mucho -</strong> . Intenté escapar o gritar pero era imposible, no podía moverme del suelo encadenado y amordazado. La vieja señora Levanto su correa en alto sujetándola por sus guantes de goma y:</li>
</ul>
<p> </p>
<p>ZAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS   - <strong>Uno</strong>. Descargó su correa provocando un fuerte dolor en mi culo que lo dejó marcado.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>Mmmmm voy a divertirme mucho , voy a hacer tu castigo lento y doloroso….. tenemos todo el tiempo que sea necesario, nadie va a venir a buscarte y como puedes comprobar no vas a pedir ayuda….</strong> – La señora levantó su correa gruesa de nuevo en el aire y la descargó sobre mi culo fuertemente.</li>
</ul>
<p> </p>
<p>ZAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSS – <strong>Dos.</strong></p>
<p> </p>
<p>Cada azote era como un avispero de abejas picando mi piel, el dolor era muy intenso Deseaba suplicar piedad pero imposible con mi mordaza, no podía emitir sonido alguno, mi boca era un vertedero de basura llena de las bragas sucias de la vieja señora Isabel.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>Te dije que si yo fuera tu madre aprenderías modales…. Hoy soy tu madre y voy a enseñarte a respetarme…. Soy tu mamaíta,jajjajaja</strong> – Levantó de nuevo la correa y volvió a descargarla con fuerza sobre mi culo.</li>
</ul>
<p> </p>
<p>Llevábamos una hora en el sótano y estaba recibiendo un buen castigo lleno de correazos intensos y dolorosos. La azotaina era larga y lenta, tras cada azote recriminaba mi comportamiento, aquella señora no paraba de hablar.  Apenas llevábamos 50 correazos, la mitad  y ya estaba llorando, el dolor era muy fuerte y la vieja señora Isabel se burlaba constantemente de mí. Aumentó su dureza con la correa  tal como había prometido si lloriqueaba . Cada azote era más y más doloroso, empezaba a ser insoportable su castigo. Era una verdadera pesadilla.</p>
<p> </p>
<p>En ese momento escuché el motor del coche de mi madre regresando de su peluquería, en aquel sótano se escuchaban los ruidos exteriores. Mi madre no me encontraría en casa y quizás vendría a buscarme, pero estaba completamente equivocado, nadie sabía que estaba en el sótano de la vieja señora Isabel. Intenté gritar pero no podía con mi boca inflada por su bragas sucias y la cinta americana apretada impidiendo pudiese escupirla.</p>
<p> </p>
<p>La señora Isabel también escuchó a mi madre, se inclinó hacia mí y volvió a sujetarme por el pelo con brusquedad provocándome un gran dolor con su brusco tirón de cabello. Sus tirones de pelo te hacían saltar una lágrima debido a su brusquedad.</p>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>Tu mama no va a salvarte… no sabe que estas aquí y no vas a poder llamarla…. En un momento lo vas a comprobar - .</strong> La vieja señora Isabel dejó su correa en la estantería y se dirigió a la puerta de salida del sótano. Sacó las llaves de su escote y abrió el sótano. Se marchó dejándome allí encadenado y amordazado. En unos minutos escuché la voz de la vieja señora Isabel dirigiéndose a mi madre desde su casa a través de la mediana de separación del jardín.</li>
</ul>
<p> </p>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Tu hijo se marchó hace unas horas, vinieron unos amigos en coche a buscarle y se montó, dijeron algo de la ciudad</strong> – Le indicó la vieja señora Isabel a mi madre. Escuché como mi madre maldecía, había vuelto a liarla y meterme en problemas. Mi madre había sido engañada por completo, ahora creía que me había marchado con mis antiguas amistades que tantos problemas me creaban.</li>
</ul>
<p> </p>
<p>La vieja señora Isabel regresó al sótano, cerró de nuevo la puerta con llave quedando ambos encerrando dentro, con la diferencia que era ella quien portaba las llaves. Toda precaución era poco, estaba completamente encadenado y amordazado y con la puerta de salida cerrada, no podría salir de allí nunca por mi propia voluntad. Empecé a observar como la señora se despojaba de su delantal  y posteriormente de su sujetador. Quedó desnuda a excepción de sus botas altas negras de lluvia que llegaban hasta las rodillas. Me mostró su enorme coño peludo de vieja y  se dirigió hacia la estantería y agarró de nuevo sus guantes de goma marrones malolientes y apestosos. Esta vez no agarró la correa de piel, agarró un cable largo de goma. Se dirigió hasta donde me encontraba inmovilizado y comenzó a enfundarse sus guantes:</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Ahora nadie va a venir a buscarte cómo has escuchado…. Tenemos todo el tiempo que sea necesario para que aprendas modales….</strong> – La vieja señora comenzó de nuevo a enfundarse sus guantes sucios de goma largos en sus brazos carnosos y flácidos. Parecía que la goma de los guantes iba a reventar en cualquier momento de lo apretados que la quedaban, pero así era como deseaba que la quedasen, bien apretados con facilidad de movimiento en sus manos. Agarró el cable largo de plástico  por el extremo entre la palma de su guante.</li>
</ul>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Todavía te quedan 50 azotes…. La mitad…… este cable de plastico deja unas marcas terribles, es muy doloroso….. la última vez que lo use uno de mis esclavos acabó llorando desconsoladamente por tan solo 20 azotes….. imagínate por 50 azotes  y con el doble de fuerza….. es lo que te mereces…. No vas a poder sentarte en un mes en una silla, voy a ocuparme de que así sea…. ¡¡ Pero tengo una gran idea ¡¡ cada vez que lloriquees como hasta ahora….los azotes no contaran ….. lloriquea y los azotes recibidos no servirán de nada…. Tendría que empezar de cero una y otra vez…. Mmmm voy a divertirme mucho contigo…. Tu castigo va a ser muy largo, voy a disfrutarlo mucho</strong>  - La señora levantó su cable de plástico y me azotó duramente en mi culo. El dolor fue terrible, insoportable .Comencé a vivir una verdadera pesadilla llena de sufrimiento.</li>
</ul>
<p> </p>
<p> </p>
<p><em>En ese momento me desperté encharcado en sudor. Aquella había sido mi primera pesadilla. Mi culo me ardía terriblemente, me dirigí hasta el espejo pero no había marca alguno, tan solo había sido un sueño. Aliviado me preparé un café y salí al exterior del jardín. La vieja señora Isabel estaba atando  sus plantas para levantarlas  con un cable igual que el de mi pesadilla, tan solo era una coincidencia me dije para mí mismo . Todo había sido una pesadilla. Al menos eso creía yo, aquella noche continuaría.</em></p>
<p> </p>
<p>Continuara…..Segunda parte ya publicada.</p>
<p> </p>
<p>Para cualquier comentario : <a href="mailto:sumisso22@yahoo.es">sumisso22@yahoo.es</a></p>
<p> </p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/dominacion/">Dominación</category>                        <dc:creator>Sumisso</dc:creator>
                        <guid isPermaLink="true">https://www.relatosonline.com/relatos/dominacion/pesadillas-de-terror-la-senora-isabel-parte-1/</guid>
                    </item>
				                    <item>
                        <title>La doctora en su revisión me da mi merecido</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/dominacion/la-doctora-en-su-revision-me-da-mi-merecido/</link>
                        <pubDate>Thu, 05 Jun 2025 20:29:57 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Fran tenía cita de nuevo en la consulta. Ya sabía lo que iba a pasar, pero iba nervioso, como siempre. La doctora volvería a hacerlo sufrir para luego hacerlo disfrutar como solo ella sabía....]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>Fran tenía cita de nuevo en la consulta. Ya sabía lo que iba a pasar, pero iba nervioso, como siempre. La doctora volvería a hacerlo sufrir para luego hacerlo disfrutar como solo ella sabía.<br />Llamó a la consulta y subió. La doctora lo saludó con un apretón de manos y él apenas<br />pudo decirle hola. Tenerla delante otra vez le ponía los pelos de punta…<br />Así que vienes a revisión, Fran. Sí, doctora… Muy bien. Ya sabes cómo va esto, pasa al baño y prepárate, vamos a empezar Su voz no dejaba lugar a dudas. Recibió a Fran con su bata blanca y en la consulta estaba todo preparado para la revisión.<br />Fran se duchó y salió del baño casi temblando, desnudo, tapando con sus manos apenas sus genitales, que ya palpitaban esperando las manos de la doctora.<br />Se sentó en la camilla y llegó Sophie a comenzar la exploración. No quitaba la mirada del paciente que solo podía tragar saliva… Tienes que estar tranquilo Fran, voy a hacer que esto te duela lo menos posible… Mientras, sacó de su bata unos guantes de látex azules y se los puso. Empezó a explorar los ojos, la nariz, la boca mientras hacía sus preguntas rutinarias. Pidió al paciente que se pusiera de pie para continuar con la exploración y apartó sus manos que seguían tapando su entrepierna.<br />Con su fonendo, escuchó el pulso acelerado de su paciente, mientras éste apenas podía mantener la mirada a la doctora. Cuando terminó, con sus manos enguatadas palpó de forma contundente los testículos del paciente, mientras su pene no dejaba de crecer. Veo que no aprendes, Fran… Esto no son formas de asistir a una consulta. - Dijo, mientras miraba a los ojos a su presa y agarraba con fuerza sus testículos. Lo siento doctora… - Date la vuelta. El chico se puso de espaldas a la doctora y ésta empezó a recorrer su columna en busca de algún problema. Siguió bajando y se detuvo en su trasero. Inclínate sobre la camilla, necesito ver mejor. El paciente obedeció y puso su culo en manos de la doctora, mientras, ella lo revisaba con una linterna y Fran observaba a través de sus piernas. Esa imagen de la atractiva doctora explorando su culo mientras estaba tumbado lo volvía loco…</p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/dominacion/">Dominación</category>                        <dc:creator>Enfermito</dc:creator>
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                    </item>
				                    <item>
                        <title>Una historia diferente. Parte III</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/dominacion/una-historia-diferente-parte-iii/</link>
                        <pubDate>Sat, 23 Nov 2024 11:51:02 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Habían transcurrido seis semanas desde  que me había convertido definitivamente y de forma oficial en el esclavo de la señora Marga. Contaba cada una de las semanas, era un privilegio poder ...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>Habían transcurrido seis semanas desde  que me había convertido definitivamente y de forma oficial en el esclavo de la señora Marga. Contaba cada una de las semanas, era un privilegio poder compartir mi vida junto a  la señora Marga. Mi vida había cambiado por completo, ya no quedaba rastro de aquel joven engreído machista que se creía superior al resto de mortales y no dudaba en faltar al respeto a cualquiera. Ahora era un joven obediente con educación  que había dejado atrás todo abismo de delincuencia. Todo era gracias a mi señora Marga. </p>
<p>La palabra “ Vago  “ había desaparecido de mi mente, apenas tenía tiempo para descansar, mi vida se había vuelto muy ajetreada . La señora Marga me había buscado un trabajo tal como me prometió. Comencé a trabajar en la tienda de alimentación del pueblo  propiedad de la señora Teresa. Una amiga de la señora Marga, la solicitó el favor y esta accedió. Trabajaba por las mañanas echando una mano en el mostrador y en los pedidos.  Además de mi nuevo trabajo, retomé mis estudios, otra exigencia de la señora Marga, 3 días a la semana iba dos horas a las clases para adultos que daba el profesor Julián. Debía esforzarme mucho, debía trabajar, estudiar y un sinfín de labores diarias  que me había encomendado mi señora como su nuevo esclavo.</p>
<p>Mi madre pudo retomar su vida, ahora no estaba yo causándola constante problemas. Empezó a salir y disfrutar de la vida, incluso había conocido a un hombre agradable y muy respetuoso con ella. Al principio venía todos los fines de semana a la localidad donde ahora vivía con la señora Marga, es decir la tía de mi madre. Más tarde  empezó a venir cada 15 días y más adelante una vez al mes. Mi madre estaba tranquila al comprobar que ya no era el delincuente que había sido, pudo despreocuparse de mí.  Incluso el sueldo que ganaba en la tienda podía dar la mitad a mi madre y la otra mitad a la señora Marga para nuestros gastos en la casa donde vivíamos.</p>
<p>Vivir con la señora Marga era muy fácil, podía hablar con ella cuando quisiera, era una mujer que me comprendía y siempre era sincera con ella. Si no era sincera con ella o escondía alguna preocupación, la señora tenía muchos métodos para sonsacarme la verdad. Métodos infalibles dolorosos que acaba confesando todo.</p>
<p> En casa de la señora Marga  debía cumplir todas mis tareas que me había encomendado y por supuesto evitar desatar su furia. El lado sádico de mi Ama ya había despertado y ahora era imparable. Éramos una pareja Ama – esclavo muy compenetrados. Mi señora una mujer sádica y estricta y yo un verdadero masoquista en potencia. Todavía quedaba mucho camino por delante, pero cada día practicábamos juegos y castigos mas severos y dolorosos, mi limite y tolerancia al dolor aumentaban considerablemente, mi señora estaba muy orgullosa, podía castigarme o simplemente disfrutar por placer aplicándome castigos muy dolorosos donde terminaba llorando como a ella la gustaba.</p>
<p>Ambos estábamos muy ilusionados con nuestra nueva vida, tanto que la señora Marga comenzó a solicitar diversos pedidos a través de una página de material de dominación situada en otro país, concretamente en Alemania. Todas las semanas realizábamos algún pedido nuevo, estábamos agrandando nuestro material de castigo. La primera semana la señora Marga compró unas esposas de metal con llave. Deseaba tener a su esclavo bien inmovilizado tal como a ella la gustaba. Aquellas esposas eran terribles, eran esposas metálicas que podían apretar tus muñecas de una forma muy estricta provocándote un gran dolor, nunca podrías quitártela sin poseer la llave, la cual siempre estaba fuera de mi alcance, concretamente en el bolsillo de la señora Marga.</p>
<p>Mi vida había cambiado mucho también sexualmente. En aquel pueblo no conocía a ninguna mujer, no podía tener sexo y además lo tenía completamente prohibido. Tampoco podía masturbarme, mi señora se encargó de colocarme una pequeña jaula en mi pene. Un día observó que mis sabanas estaban manchadas de semen, desde ese día me prohibió masturbarme. Colocó la pequeña jaula con llave en mi pene y la escondió en algún lugar de la casa desconocido para mí.</p>
<ul>
<li><strong>Masturbarte se ha terminado para ti…. Tendrás que ganártelo…. Si eres obediente puede que te permita una vez al mes….  -</strong>  . Sentenció el día que colocó la pequeña jaula de castidad en mi pene. Fue terriblemente duro no poder tener sexo o poder masturbarme. A medida que transcurrían los días era más difícil de aguantar. Tras la segunda semana noté como mis testículos empezaban a inflamarse, estaban llenos por dentro. Esa inflamación se convirtió en molestia y posteriormente en dolor. El simple hecho de tocar mis testículos podía ser bastante doloroso debido a lo inflamados que estaban.</li>
</ul>
<p>A la tercera  semana suplique piedad y clemencia a la señora Marga. La solicité educadamente y la rogué varias veces que me permitiese masturbarme para aliviar mi dolor. La señora Marga era terriblemente sádica y cruel, algo que adoraba en ella. Bajó mis pantalones y agarró mis testículos ligeramente, comprobó que ya estaban suficientemente hinchados tal como ella deseaba. Apretó ligeramente y comprobó que  estrujarlos levemente era doloroso para mí. Su mano enguantada  se estrelló con fuerza propinándome una palmada en los huevos, el dolor que sentí  me hizo agacharme al suelo quejándome. Ahhhhhh me retorcí en el suelo.</p>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>¡ Vamos levantaste¡ - </strong>Me ordenó. Obedecí y me levanté a duras penas mientras la señora Marga volvió a darme un nuevo manotazo en mis testículos. Volví a caer rendido al suelo quejándome de dolor. Se inclinó hacia mi la señora y agarró mis huevos fuertemente levantándome del suelo estrujándolos. El dolor fue terrible, lloré de dolor en un momento. Tener los testículos tan inflamados era irresistible para mi señora y no dudaba en castigarlos provocándome un gran dolor inaudito  sin apenas tener que esforzarse.</li>
</ul>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>Te podrás aliviar cuando yo considere oportuno y todavía no es el momento… cada vez que lo solicites esto es lo que te vas a encontrar…. Otra semana en castidad te vendrá bien… y si vuelves a suplicar te quito la jaula ……. Te estrujo los huevos hasta quedarte sin ellos y luego será otra semana más -</strong>   . Sentenció. Me había dejado los suficientemente claro que iba a estar en castidad hasta que ella lo considerase oportuno.</li>
</ul>
<p> </p>
<p>Aquel día llegó el paquete que tanto ansiaba la señora Marga. Aquella tarde llegó el mensajero y entregó una caja de cartón a mi señora en la puerta. Mi señora se apresuró a abrir el paquete con su rostro completamente ilusionado. Yo era conocedor de lo que había en el paquete, ya me había informado de ello la señora, aunque no sabía cómo sería aquel objeto. Abrió la caja de cartón y sacó de su interior un arnés de color negro  de gran talaje con un pene de goma incrustado. Mi Ama estaba deseando poder follarme y había encargado un arnés especial de su talla para su gran cintura.  La señora Marga estaba completamente ilusionada observando el arnés y yo era feliz de verla sonreír.</p>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>Prepárate porque le voy a estrenar ahora mismo…. Ve colocándote tu traje de criada…. Quiero follar a mi puta…. –</strong> Obedecí y comencé a vestirme con el traje de criada con el que realizaba mis tareas, mis medias de lycra  y los zapatos de tacón. Me coloqué mi peluca rubia y obedientemente esperé nuevas instrucciones de mi señora.</li>
</ul>
<p>La señora Marga comenzó a pensar cual sería el mejor lugar para llevar a cabo lo que tenía planeado para mí. Tras pensarlo, se dirigió hacia una mesa  rectangular que había en el salón de su casa. Me ordenó colocarme en un lateral de la mesa. Agarró un manojo de cuerdas y comenzó a atarme mis tobillos a cada pata de la mesa. Mis piernas quedaron sujetas a cada pata de madera de la mesa manteniendo mis piernas bien abiertas. Agarró sus nuevas esposas metálicas y ordenó que colocase mis manos a la espalda. Obedecí pero rápidamente suplique, era conocedor del daño que podían causar sus esposas si las apretaba fuertemente, sentías una gran presión que te dejaba marcadas las muñecas.</p>
<ul>
<li><strong>Por favor señora no apriete demasiado las esposas</strong> – Suplique educadamente. No sirvió de nada. Apretó y cerró las esposas con llave manteniendo mis manos fuertemente sujetas. Ahhhhhh odiaba aquellas esposas, eran terriblemente duras y a mi señora la encantaba apretarlas para aumentar mi sufrimiento.</li>
</ul>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Ya sabes que no me gusta que mi esclavo se queje… odio las quejas….no vas a decirme lo que debo hacer – </strong>Me reprochó. Era conocedor del gusto de mi señora. La encantaba inmovilizar y amordazar a un esclavo para su disfrute sin ser molestada. La inmovilización, mordazas de cinta americana y la indefensión era uno de los puntos que más la excitaban.</li>
</ul>
<p> </p>
<p>La señora Marga una vez me inmovilizó en la mesa de madera, comenzó a desnudarse. Se despojó de toda su ropa y quedó completamente desnuda. Adoraba su cuerpo aunque muchos de los lectores no lo puedan entender. Adoraba su voluptuoso cuerpo, tal como he indicado desde el principio de estos relatos era una mujer grande, robusta, pasada de peso, unos 100 kilos . Se inclinó hacia el suelo y recogió sus pantys marrones que acababa de quitarse de su cuerpo. Hizo un ovillo a sus pantys y los acercó a mi boca. La encantaba amordazarme, no existía palabra de seguridad con la señora, ella era quien mandaba y decidía cuando daba por terminado un castigo o  una humillación  cuanto se la antojase. Introdujo sus pantys marrones en mi boca y los selló con la cinta americana gris. Al igual que las esposas empezaba a odiar aquella cinta americana de color gris. Mi señora recientemente había comprado en la ferretería varios pares de rollos de cinta. Le especificó claramente al dependiente del mostrador que necesitaba una cinta muy fuerte para arreglar unas cañerías. El tendero sin dudarlo le ofreció aquella cinta gris, era terriblemente resistente. Compró 6 juegos de cinta americana .  Cuando mi señora  me quitaba la mordaza mi boca me ardía debido a lo pegajosa que era aquella cinta.</p>
<p> </p>
<p>Quedé inmovilizado  apoyando mi abdomen sobre la mesa de madera  y amordazado con sus pantys en mi boca. La señora Marga comenzó a colocarse su flamante arnés. Estaba estrenando el arnés que tanto ansiaba. Aquel arnés se colocaba como unas bragas por donde se introducían las piernas y posteriormente llevaba un gran número de tiras  de piel que se ajustaban a la cintura. En un extremo del arnés sobresalía un pene grande de color negro y en la zona interior una pequeña sujeción que se introducía en el coño de la señora. Mi señora estaba deseando estrenar el arnés y disfrutar follando a su esclavo.</p>
<p>Completamente desnuda con el arnés rodeando su cintura se colocó sus inseparables  guantes de goma en sus manos. El secreto de sus guantes de goma ya me fue desvelado. La señora Marga tenía una fobia a tocar algo o alguien con sus manos desnudas, usaba guantes de goma y comprobó que adoraba el tacto de la goma. Cuanto más sucios y desgastados eran los guantes más cómoda se sentía, de ahí que utilizaba siempre los mismos guantes de goma que tenían un aspecto sucio con tonos marrones. Me encantaban sus guantes, pero el olor que desprendían era repugnante.</p>
<p> </p>
<p>Se acercó a mí y pegó su cuerpo junto al mío desde atrás. Empecé a notar como la punta del arnés entraba lentamente en mi culo, para posteriormente apretar y empujar para que  entrara por completo. Ahhhhhhhhhh era demasiado grande el pene de su arnés, aquello iba a ser doloroso y así lo fue. Comencé a sentir las embestidas de mi señora desde atrás. El dolor se intensificó, estaba siendo follado por mi señora por primera vez. Comenzó a sacar e introducir una y otra vez  el arnés con su cuerpo pegado al mío. Aquella primera vez fue terriblemente dolorosa, necesitaba mucho más entrenamiento, mi culo estaba cerrado.</p>
<p> </p>
<p>La señora Marga sujetó mi pelo desde atrás y comenzó a embestirme con fuerza con su arnés. Para que pudiese disfrutar de aquello iba a ser necesario un intensivo entrenamiento, mi culo estaba todavía bastante cerrado y el pene de goma de la señora me provocaba un dolor fuerte. Inmovilizado y amordazado no opuse la menor resistencia, en silencio aguanté sus embestidas dolorosas una y otra vez. Una lagrima resbalo por mis ojos, el esclavo llorica había comenzado de nuevo a llorar.  </p>
<ul>
<li><strong>¿Ves porque me gusta inmovilizar y amordazar a mis esclavos…. Así no tengo que aguantar tus quejidos… no eres más que una puta llorona…</strong> - La señora Marga continuó penetrándome una y otra vez hasta que quedó completamente satisfecha y jadeando tras de mí. La encantaba aquel arnés que tenía un pequeño mango que se introducía en su coño a la vez que ella penetraba.</li>
</ul>
<p> </p>
<p>La señora una vez quedó satisfecha me desató quitando las cuerdas que me ataban a las  patas de la silla. Liberó mis manos soltando las esposas metálicas con la llave que guarda. Restregué mis muñecas por el dolor de las esposas.  Se despojó de su arnés y me lo cedió para que fuera a lavarlo y tenerlo preparado para cuando ella deseara. Me di la vuelta y obedecí para ir a lavar su arnés. Escuché la voz de mi señora tras de mí:</p>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>Veo que ya tienes el culo recuperado de tu último castigo…. Ya conoces que me gusta que mi esclavo tenga el culo siempre bien marcado con marcas… el viernes por la noche lo dejaré bien marcado como a mí me gusta -</strong> .  La señora cada cierto tiempo me castigaba duramente con su correa o con su látigo corto. Aquel castigo no requería de ninguna desobediencia por mi parte, lo hacía por varios motivos. El primero de ellos era que a la señora le gustaba ver a su esclavo con el culo bien marcado y magullado , rojo y morado, era la forma de expresar su propiedad y que cada vez que me sentase recordara a quien pertenecía. El segundo motivo era por su disfrute, la encantaba azotar a un esclavo hasta dejarlo llorando desconsoladamente de dolor. El tercer motivo era para saciar mi sed masoquista, de esta forma no osaba desobedecer o retarla, tenía el culo tan magullado que no deseaba ser azotado de nuevo y prestaba especial atención a mis normas y labores.</li>
</ul>
<p> </p>
<p>Después de una semana dura llena de trabajo y clases de refuerzo en mis estudios por fin había llegado el fin de semana. Conocía perfectamente las normas, aquel viernes por la noche debería de acudir a la habitación de la señora Marga. La señora me citó a las 9 en su habitación, a ella la gustaba retirarse a su habitación y leer alguno de sus libros en la cama. Llamé a la puerta de la habitación de la señora y me invitó a pasar con su voz desde el otro lado de la puerta.  Mi piel se erizaba cada vez que contemplaba a mi señora. Estaba tumbada en la cama leyendo un libro vestida provocativamente con un camisón hasta las rodillas.</p>
<p>Quizás muchos no entenderán mi atracción por la señora Marga, una vieja mujer que me doblegaba o casi triplicaba en años y sentía una especial adoración por ella. En muchas ocasiones en aquel pequeño pueblo nos confundían como nieto y abuela, nos reíamos  ambos en nuestro interior  porque sabíamos que éramos Ama- esclavo. Era nuestro secreto. Adoraba con todo mi corazón y alma a mi señora, era mi diosa.</p>
<p>La señora Marga me indicó una vez dentro de su habitación que me recostase boca abajo en su cama. Ya conocía su procedimiento. Sería atado en su cama y azotado como ella deseara. Aquella noche iba a ser especial su castigo. Nuestra relación Ama esclavo progresaba cada día más y más. Mi entrenamiento funcionaba y cada día soportaba más dolor, era un verdadero masoquista. La señora Marga abrió su armario donde guardaba todos sus objetos de dolor y sufrimiento. Agarró un manojo de cuerdas, sus queridas esposas de metal con llave que tanto empezaba a odiar y un rollo de cinta americana gris  tan eficaz y pegajosa.</p>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>Esta noche… vamos a dar un paso más…. Quiero usar mi látigo… es mucho más doloroso y más contundente… sus marcas son mucho mayores…. Esta vez serán cien latigazos, no utilizaré la correa sino el látigo…. Voy a sentirme muy orgullosa de ti….</strong> – La señora Comenzó a esposar mis manos a la espalda. Comprobé como me apretaba muy fuerte las esposas, más que anteriormente.</li>
</ul>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>Ahhhhh Ahhhhh -</strong> Me quejé por lo apretadas que estaban. Comprobé como me esposó las manos a la espalda y las levantó hacia atrás para  introducirlas por un barrote del cabecero de su cama. Mis manos estaban esposadas a mi espalda y dobladas sujetas al cabecero de la cama, era una inmovilización muy dura.</li>
</ul>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>Tengo que asegurarme que no vas a moverte…. El látigo es muy doloroso y quiero tenerte bien atado…. Es por tu bien…. Vamos a dar un paso adelante…. Te aseguro que el dolor será muy fuerte, superarás tus límites…. Aprenderás a soportar mucho mas dolor - .</strong> La señora Marga comenzaba a asustarme.</li>
</ul>
<p> </p>
<p>Bajó sus bragas por sus piernas por debajo de su camisón y me amordazó como habitualmente estaba acostumbrado. Cerró mi boca con la cinta americana gris para asegurarse que no pudiese escupir la mordaza que inflaba mi boca. Sus bragas eran de una talla   grande e inflaban mi boca duramente.  .</p>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>Vas a recibir cien latigazos… puedes ahorrarte gritar  o intentar escapar…. Te aseguro que vas a recibir hasta el último latigazo…. Ya te advertí que conmigo no hay palabra de seguridad…. Pero ya empiezo a cansarme de tus lloriqueos…. No haces más que llorar…. No quiero un esclavo llorón…. Cuanto más llores más fuerte te azotaré…. Te propinaré diez tandas de diez latigazos cada una…. Si lloras esa tanda no será válida…. No pasaremos hasta la siguiente tanda hasta que la aguantes sin lloriquear…. Ya me conoces…. Si tengo que romperte el culo a latigazos lo voy a hacer…. Puede ser una noche especialmente larga para ti si no obedeces y dejas de lloriquear  y soportar tus castigos como un  verdadero esclavo  -</strong> .  La señora Marga se enfundó sus guantes de goma largos hasta el codo y agarró su látigo corto trenzado.</li>
</ul>
<p>ZAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSSSSSSSSSS  - Uno.</p>
<p> </p>
<p>ZAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS- Dos….. ZAASSSSS…. ZAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSS…. ZAAAAAAAAAASSSSSSSSS…..</p>
<p> </p>
<p>La primera tanda de latigazos la soporté sin llorar a pesar del dolor que producían sus azotes. La segunda tanda conseguí de nuevo aguantarla sin derramar una sola lágrima,  la tercera tuve que esforzarme y en la cuarta se resbaló una lagrima por mis ojos, ya empezaba a ser demasiado dura su azotina con el látigo.</p>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>Vaya…… esta tanda no cuenta….. lloriqueas… pues empiezo de nuevo esta tanda….</strong> -   Comenzó de nuevo los diez latigazos sin que contaran .</li>
</ul>
<p> </p>
<p>Aquel castigo fue el más duro que había recibido en cuanto azotes y flagelación, aumentamos el dolor considerablemente. Aquella noche fue muy larga. La señora Marga de forma paciente me azotó una y otra vez con su látigo. Me concedía descansos y volvía azotarme de nuevo. Si lloraba comenzaba de nuevo la tanda…. Había perdido la cuenta de cuantos latigazos había recibido en el culo y en los muslos. La señora Marga llevaba razón al final terminaría por aguantar mi castigo sin llorar y aguantar mi castigo recibiendo cada nuevo latigazo sin poder quejarme ni moverme. Estaba a punto de terminar el castigo, estaba recibiendo la última tanda cuando comencé a llorar de nuevo por el dolor, era insoportable el dolor de su látigo.</p>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Ohhhhhhh estabas muy cerca de conseguirlo….. tendré que empezar los últimos diez latigazos de nuevo….. por tu bien espero que esta vez no lloriquees…..</strong> – Agarró de nuevo el látigo y comenzó de nuevo a azotarme con él. Terminó mi castigo y esta vez no podría sentarme durante una temporada muy larga. Terminé con el culo destrozado de azotes. La señora contemplaba mi culo completamente orgullosa.</li>
</ul>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Ve acostumbrándote….. la próxima vez seré todavía más estricta…. Te aseguro que todavía recibirás un mayor número de latigazos…. Vas a aguantar los castigos que yo desee…. Siempre vas a llevar el culo bien marcado para que nunca se te olvide quien es tu dueña-- . </strong>La señora Marga se levantó, tiró del extremo de sus guantes y se marchó de la habitación. ¿Iba a dejarme así inmovilizado y amordazado con el culo ardiendo? Comprobé que se marchó de la habitación y cerró la puerta dejándome allí atado y amordazado. La noche iba a ser muy larga para mí. Pasé toda la noche atado , amordazado y con el culo ardiendo  esperando que mi señora me liberará a la mañana siguiente.</li>
</ul>
<p> </p>
<p>Una semana después la señora Marga estaba radiante de felicidad. Cantaba y bailaba por la casa  sonriente. Pregunté educadamente a mi señora:</p>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>¿A qué viene tanta felicidad hoy, Ama Marga?- . </strong>Fueron mis palabras intrigado por su gran entusiasmo.</li>
</ul>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Hoy va a llegar la entrega por correos que tanto deseaba – </strong>Me respondió sonriendo. Quedé extrañado, la señora siempre me informaba de cuanto compraba y solicitaba a aquella tienda situada en Alemania. Esta vez no me había comentado nada, era una sorpresa.</li>
</ul>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>¿Puedo saber de qué se trata, señora?- </strong>Pregunté intrigado.</li>
</ul>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Ohhhhh te daré una pista para que lo averigües por ti mismo…. Cuando formalizamos nuestra relación Ama – esclavo…. Te puse una condición muy importante para mi….. algo que no te gustaría pero yo lo deseaba por encima de todo. ¿recuerdas?- y tu aceptaste la condición - </strong>Me indicó la pista para que pudiese averiguarlo. Me esforcé en hacer memoria y me vino a la mente en aquel momento. Se me erizó el pelo de mi cabello al recordarlo…. Había llegado el momento de sus humillaciones escatológicas con sus desechos. Quedé aterrado sin saber que tramaba y que recibiría hoy.</li>
</ul>
<p> </p>
<p>Aquel día entregaron un nuevo paquete en la puerta de casa. Era un paquete más grande de lo habitual. Pesaba más que los anteriores. Lo recogí y lo adentré en  el interior de  la casa. La señora Marga no me permitió abrirlo, me indicó que sería una sorpresa. El viernes por la noche lo averiguaría. Los viernes por la noche  era el día elegido por mi señora para  los castigos más severos, esta vez estaba realmente asustado. Conocía que era algo relacionado con tragar los restos de su cuerpo pero no averiguaba porque había solicitado un paquete. Aquellos días restantes hasta el viernes no pude de dejar de pensar que habría en el interior de aquella pesada caja de cartón.</p>
<p> </p>
<p>Aquel viernes llegué a casa tras mis clases  de adultos con el profesor Julián . La señora Marga me estaba esperando en el sillón sentada cómodamente y vestida de una forma muy especial y provocativa. La señora Marga estaba semidesnuda vestida con unas medias negras con unas tiras de liga y ropa interior a juego de color negro. Sus zapatos de tacón alto completaban su atuendo. Estaba radiante y aquello me provocó una excitación  increíble. Mi señora se había vestido de una forma especial para un gran momento. Era el momento de enseñarme el contenido del interior de aquella gran caja que habíamos recibido el día anterior.</p>
<p>Aquel momento era muy especial para la señora, el interior de aquella caja era para una práctica que era especialmente importante para ella, algo que llevaba mucho tiempo deseando. Me indicó que la acompañara, caminé tras la señora observando su cuerpo voluptuoso vestido de una forma tan provocativa. Me condujo hasta el baño de la casa, abrió la puerta y quedé sorprendido al comprobar lo que había en aquella instancia. El interior de la caja grande contenía un instrumento que solo  se comercializaba en otro país para prácticas escatológicas. Era un retrete portátil, una caja donde se podía introducir la cabeza y rostro de alguien, se bajaba una tapa y la señora se sentaba sobre la caja encima de la cara de la persona introducida en la cavidad.  Sonreí forzadamente de forma falsa , aquello era aterrador para mí, aquella practica era muy difícil para mí pero para la señora era especialmente importante .</p>
<p> </p>
<p>La señora Marga me indicó que me tumbase en el suelo boca arriba. Obedecí y abrió la caja cuadrada  introduciendo mi rostro dentro de ella.  Bajó una tapa y quedó mi cabeza dentro. La parte superior de la caja era redonda en forma de asiento de wc. La señora sonriente inclinó su rostro hasta el suelo donde me encontraba con el rostro dentro de la caja.</p>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Ya sabes que esto es muy importante para mí, fue una condición cuando firmamos nuestro sello de Ama – esclavo</strong> -  . Me indicó. Yo nervioso y asustado no contesté nada, guardé silencio.</li>
</ul>
<p> </p>
<p>La señora agarró un pequeño enema de una caja. Era una pequeña pera de goma con un líquido en su interior. La señora se deshizo de sus bragas e introdujo la boquilla de la pera en su ano. Escuché un ruido que siempre recordaré:</p>
<p>FLUUUU  FLUUUUU   Era el sonido del vacío de la pera para introducir el líquido que portaba en el interior del culo de la señora Marga.  Aquel pequeño enema tardaba unos minutos en hacer efecto, la señora sonriente aguardaba nerviosa. Sonrió y me indicó que ya estaba haciendo efecto. Se acercó a la caja cuadrada donde estaba mi rostro y se sentó sobre ella. Su voluptuoso culo quedó a apenas un centímetro de mi boca. Escuché un pequeño sonido gaseoso y derramó el líquido del interior de su culo dentro de la caja. Una parte de aquel líquido marrón oscuro entró en mi boca, rápidamente cerré la boca al desgastar aquel sabor tan repugnante. Giré el rostro y escupí  el resto de aquel líquido,  todo su líquido marrón se esparció por un lado de mi rostro y por interior de la caja. Todo fue un desastre. Aquella humillación  era terrible para mí, estaba preparado para recibir castigos muy  dolorosos pero no estaba preparado para semejante humillación. Aquello no dependía del dolor físico.</p>
<p> </p>
<p>El enfado de la señora Marga fue terrible. Se levantó de la caja y contempló el estropicio dentro de la caja, todo había quedado esparcido y apenas un poco de líquido marrón había entrado en mi boca. Su felicidad y radiante sonrisa se tornó en un rostro muy serio, se enojó conmigo de una forma terrible. Había despertado la furia de mi Ama, algo que era conocedor que nunca debía de hacer porque las consecuencias serían nefastas para mí.  La señora Marga comenzó a gritarme y recriminar mi comportamiento, había estropeado el momento que tanto deseaba.  Su voz cada vez era más sonora en el interior del baño. Nunca la había tan enojada y furiosa conmigo.</p>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>¡¡ Me he vestido de esta forma solo para ti¡¡…… ¡¡He sido paciente todo este tiempo con esta práctica¡¡ …… ¡¡ encargué esta caja para mi disfrute¡¡ y tuuuuuu maldito estúpido Hijo de puta …. Has echado a perder todo</strong> – Empezó a recriminarme gritándome de forma muy enojada. Nunca la había visto tan enojada y hablando de aquella manera con insultos.</li>
</ul>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Te aseguro que esta falta de respeto hacia mí la vas a lamentar….. he sido demasiado paciente contigo….. ya veo que me he equivocado….. lo haré de otra manera que no te va a gustar nada….. te aseguro que mañana va a ser diferente -</strong> . me recriminó furiosa gritando.</li>
</ul>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>No quiero verte, fuera de mi vista -</strong> Me gritó señalando con la goma de su guante que me marchara de la habitación .</li>
</ul>
<p> </p>
<p>Me había equivocado por completo, mi señora se había enojado mucho conmigo y con motivo. Había echado a perder aquel momento tan importante para ella. Aquella práctica era muy especial para ella l y yo la había faltado al respeto desobedeciéndola. Al día siguiente la señora Marga no cruzo mirada ni palabra alguna conmigo. Yo realizaba mis labores diarias mientras ella me evitaba, no deseaba verme. Eché en falta su ordenes, sus risas, nuestras conversaciones. Aquella mañana no se acercó a mí, nunca antes había estado tan furiosa conmigo.</p>
<p>A Mediodía, no tuvimos más remedio que sentarnos en la misma mesa juntos a comer según nuestras costumbres. Era conocedor que mejor era guardar silencio cuando ella estaba tan enojada. La señora Marga apareció con una vestimenta inusual y que en alguna ocasión me había provocado bromear con ella, pero hoy no era el día para bromear con mi señora. Mi señora a pesar de su edad y voluptuosidad era terriblemente coqueta, esa mañana había realizado labores de estética en su cabello. Había teñido su cabello de negro muy oscuro  como realizaba cada cierto tiempo y luego se había colocado rulos por todo su pelo para sus rizos. Llevaba una gran cantidad de rulos en su cabello sujetos por una malla de red que envolvía  su cabeza. Iba vestida con su camisón corto, sus rulos y malla de red en la cabeza y uno de sus guantes de goma en una mano. No realicé ninguna broma hacia ella, tal como dije hoy no era el día apropiado. Su rostro estaba completamente serio y aquella malla de red y sus rulos la conferían un carácter siniestro. Sus adornos estéticos la  hacían parecer mucho más mayor de lo que era, la malla transparente de red  marcaba más las arrugas en su rostro y la conferían un aspecto diabólico.</p>
<p>La señora Marga sirvió un único plato en la mesa. El plato era para ella. Llenó el plato de aquel guiso suculento lleno de alimentos y caldo que acostumbrábamos a comer. Aunque a mí nunca llegó a gustarme por la variedad de alimentos sumergidos que llevaban dentro del caldo.</p>
<ul>
<li><strong>Tú ahora no vas a comer…. Así tendrás mas hambre para esta tarde…. Yo te proporcionaré tu comida no te preocupes</strong> -  Me recriminó con un tono muy serio enojado . Traté de disculparme por mi comportamiento del día anterior. La señora levanto su mano indicándome que la conversación había terminado, no deseaba  </li>
</ul>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>No quiero escuchar una sola palabra. Me has faltado al respeto desobedeciéndome y estropeando un momento muy importante para mi …. Esta tarde va a ser completamente diferente…. La culpa ha sido mía por ser tan permisiva contigo, pero no voy a volver a cometer ese error</strong>  - Me recriminó y se hizo en silencio en la mesa mientras contemplaba como ella degustaba su plato.</li>
</ul>
<p> </p>
<p>Observaba como la señora  terminaba su plato de aquel suculento guiso. Se levantó y se sirvió otro nuevo plato cargado hasta el borde casi derramándolo. Empezó a comer y comer sin un final. Aquel guiso la encantaba a mi señora, pero siempre se moderaba debido a su voluptuoso y  excedido peso. Aquel día comió sin parar, se sirvió  incluso un tercer plato de su guiso.</p>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>Ya has observado cuanto he digerido….. esta tarde vas a tragar todo tu…. Te prometo que no vas a volver a faltarme al respeto y arruinar un momento tan importante para mí . Se ha terminado ser tan permisiva contigo - . </strong>Estaba realmente asustado con sus palabras, aquella tarde parecía que iba a ser el infierno según me había indicado. La señora había conseguido asustarme, su práctica escatologíca conseguía asustarme. Ser un completo masoquista no servía de nada ante aquella humillación, era algo diferente, no había dolor sino humillación absoluta.</li>
</ul>
<p>Aquella tarde, llego el momento que tanto temía al escuchar las palabras de mi señora. Me llamó levantando la voz desde la habitación donde estaba situado el baño y aquella terrible caja que habíamos recibido. Acudí de inmediato y me encontré a la señora en medio de la habitación con diferentes preparativos. Esta vez no iba vestida de aquella forma tan excitante para mí. La señora no iba a desperdiciar su tiempo vistiéndose tan provocativa de aquella forma para que yo luego arruinase aquel momento que tanto había deseado. La señora Marga seguía con su camisón corto plateado hasta las rodillas   y llevaba sus guantes de goma enfundados en sus manos. Continuaba portando  sus rulos y  red de malla rodeando su cabello que la conferían un aspecto siniestro. Me producía temor aquella guisa , no parecía ella con aquellos adornos estéticos ,  era una sensación extraña para mí, la dotaban de cierta siniestralidad  y una apariencia mayor en años.</p>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>¡ Desnudate ¡ -</strong> Me ordenó. Obedecí al instante. Tras despojarme de toda mi ropa, la señora agarró sus esposas de metal que tanto odiaba por la presión y dolor que podían infligir. Cerró las esposas a mis muñecas en la espalda de una forma muy estricta. Me hacían mucho daño las esposas pero no me quejé, no era el momento de enojar más a mi Ama. Tumbado en el suelo boca arriba introdujo mi cabeza dentro de la caja en forma de wc. Cerró la caja y esta vez colocó un candado entre dos anillas que portaba el instrumento para cerrarlo de forma contundente. No podría sacar mi rostro de aquella caja cerrada por el candado cerrado con llave. Esta vez se había asegurado de colocar un candado metálico para cerrar la caja.</li>
</ul>
<p> </p>
<p>La señora Marga agarró el abre-bocas metálico entre su  mano enguantada  y se inclinó hacia la caja. Lo cerró en mi mandíbula manteniendo mi boca muy abierta. Mientras colocaba el abre- bocas dirigió su tono de voz enfadado hacia mí:</p>
<ul>
<li><strong>Te dí la oportunidad de hacerlo de forma sencilla y más Agradable para ti…. Pero tú me escupiste a la cara con tu desobediencia…. Ahora va a ser muy distinto…. No vas a tener la más mínima opción … será mucho peor para ti ….. es lo que te mereces maldito estúpido….</strong> – Recriminó muy enojada mi comportamiento mientras terminó de ajustar el instrumento metálico en mi boca. Nunca antes la había escuchado insultándome de aquella manera tan enojada.</li>
</ul>
<p> </p>
<p>La señora Marga se colocó en un lado de la habitación, sacó de una pequeña caja cerrada   un nuevo enema en forma de pera de goma y lo colocó dentro de  su ano. Empecé a escuchar aquel sonido que nunca olvidaré.</p>
<p> </p>
<p>FLUUUUUUUUUUUUU FLUUUUUUUUUUUUU  FLUUUUUUUUUUUUUUUUUU  FLUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU</p>
<p>Esta vez apretaba la goma de la pera con más fuerza y de forma impaciente. La señora estaba muy enojada y no quería perder tiempo, deseaba que el enema surgiese efecto lo antes posible.  FLUUUUUUUU FLUUUUUUUUUU FLUUUUUUUUUUU  . Vertió todo el líquido del enema en el interior de su ano dentro de su culo.</p>
<p>Inyecto tanto líquido de la pera de goma  que pronto surgió efecto. Rápidamente con prisas se sentó sobre la caja que cubría mi rostro. Levantó su camisón y apartó  sus bragas a un lado de su culo dejando su ano al descubierto .  Se sentó sobre la tapa de la caja y escuché el sonido de una fuente con agua  descendiendo a raudales. Mi boca se llenó de un líquido marrón espeso, eran sus heces líquidas pastosas  con trozos sólidos. Mi boca se llenó completamente de sus desechos. La señora Marga  no paraba de expulsar heces liquidas  en forma de pasta  con pequeños trozos al interior de mi boca. Empezó a sobresalir de mi boca una vez descargó  su interior. La señora Marga rápidamente se levantó de la caja, Agarró mi mandíbula con su guante de goma  para que no pudiese ladearla y agarró varias tiras de cinta americana que ya tenía previamente preparadas. Colocó dos tiras de cinta americana sobre mi boca y se aseguró que quedaban bien pegadas.  Aquella cinta era muy pegajosa y se adhería a la piel de una forma tremenda. Era imposible poder escupir cuanto llevaba en la boca.</p>
<p> </p>
<p>La señora Marga contemplaba de pie a mi lado su obra maestra, esta vez había sido diferente. Estaba completamente amordazado por la cinta gris y mi boca llena de sus restos triturados  con pequeños trozos. El sabor era terrible.</p>
<p> Ninguna persona de este mundo puede decir que el interior de su estómago huele bien, siempre huele mal  y sabe fatal. En el caso de la señora Marga el sabor era terriblemente podrido, de los peores restos de desechos posibles  debido a los suculentos guisos alimenticios  que comía a diario. Era un sabor podrido y repugnante superior a cualquier persona. Un olor insoportable y el sabor completamente podrido.   La señora me miró desde arriba de pie  a mi lado junto a la caja  donde se encontraba encerrado mi rostro, esta vez estaba satisfecha con el resultado.</p>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Vas a tragar todo…. No vas a tener otra opción, pedazo de mierda estúpido …. Tú has elegido que sea de esta forma…. Te aseguro que no te voy a dejar salir de la caja hasta que tragues todo…  ya puedes darte prisa porque va a haber más…. Digerí demasiada comida hoy e introduje todo el líquido de la pera de goma en mi interior, va a ser una tarde muy larga - </strong> –. El terror y pánico se apoderó de mí. Seguía terriblemente enojada.  Yo Tenía la boca completamente llena de sus restos podridos y no podía hacer nada para escupirlos. El rostro de mi señora mirándome desde arriba  me producía miedo, su aspecto enojado con sus rulos, su red de malla me miraba fijamente. Se dispuso a abandonar la habitación pero  antes de marcharse escuché de nuevo su voz desde la puerta del baño.</li>
</ul>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Cuando regrese espero que hallas tragado todo….. no se te ocurra volver a desobedecerme…. –</strong> La señora se marchó de la habitación y me dejó allí inmovilizado con todos sus restos de su culo en mi boca. Era horrible el sabor de mi boca.  Hice un esfuerzo por tragar aquella comida, no podía, era una comida completamente podrida. Me esforcé una y otra vez, tragué lentamente despacio. Finalmente tras un gran esfuerzo conseguí digerir todo. Respiré aliviado, había obedecido las ordenes de mi señora.</li>
</ul>
<p> </p>
<p>La señora Marga regresó de nuevo pasada una media hora. Entró en el  baño de forma apresurada con cierta urgencia. Tiró de la cinta que tapaba mi boca de un tirón, agarró de nuevo el abre – bocas metálico y lo colocó apresuradamente manteniendo mi boca bien abierta. Se notaba mucha urgencia y rapidez en la señora Marga, algo la ocurría. Estaba inquieta y apresurada. Se sentó sobre la caja y volvió a deslizar con su guante sus bragas a un lado de su culo.  Descargó de nuevo una gran cantidad de heces pastosas y líquidas en mi boca. Escuché como suspiraba aliviada. Se levantó de la caja y volvió a agarrar mi mandíbula rápidamente mientras introduciendo su mano enguantada  en el interior de la caja rodeó mi boca con la cinta americana. Escuché el sonido inconfundible de la cinta rodeando mi boca y cabeza. Se aseguró  que quedaba bien cubierta mi boca por la cinta.</p>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Uffff creía que no llegaba a tiempo y me lo hacía encima….. He comido demasiado e introducido demasiado líquido de la pera de goma…. Todavía queda mucho en mi interior… va a ser una tarde muy larga para ti hasta que vacié mi estómago por completo. Ve acostumbrándote….. Vas a estar castigado una semana entera…. Terminaste con mi paciencia…. Vas a ser mi retrete durante una semana, ese será la duración de tu castigo.  vas a comer lo que te dé tu Ama durante toda la semana ….</strong>  -  La señora Marga me miraba desde arriba con sus brazos en jarras con sus guantes de goma apoyados en su cintura.  Degusté y trague todos sus desechos una vez más sin ninguna opción. Esta vez fue mucho más difícil, estaba completamente empachado y ya no podía tragar más.</li>
</ul>
<p> </p>
<p>La señora regresó corriendo una vez más, el enema seguía haciendo efecto. Retiró la cinta americana de mi boca  y fue el momento en que traté de suplicar…</p>
<ul>
<li><strong>No por favor señora no quiero mas, porfgggghjmmmdd –</strong> Mi boca quedó de nuevo repleta de sus desechos sin poder de terminar de suplicar. Volvió agarrar el rollo de cinta americana:</li>
</ul>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>Durante toda esta semana estas castigado, vas a tragar todo lo que salga de mí, orina y caca. Vas a comer lo que yo te proporcione….. lo comerás y me darás las gracias…. Si escucho una queja o dejas de tragar….. aumentaré tu castigo una semana más…. Así sucesivamente cada vez que lo hagas…. Te aseguro  que puedo tenerte un mes comiendo mis desechos….. Te aseguró que lo haré si vuelve a quejarte …. Si no te gusta ahí tienes la puerta y te vuelves con tu mamaíta,….</strong>   -<strong>  </strong>La señora enojada se volvió a marchar de la habitación.</li>
</ul>
<p>Aquella tarde fue muy larga para mí tal como me advirtió , estuve horas encerrado en el baño dentro de la caja con forma de wc.  Mi señora Marga se sentó sobre mí en múltiples ocasiones, el enema y la cantidad de comida que había digerido provocaron un efecto explosivo en el interior de su estómago</p>
<p>Desconozco la cantidad de líquido marrón podrido que pude digerir, estaba completamente saciado y lloré  con la cinta americana cubriendo mi boca. La señora Marga comenzó a reírse, su enfado empezaba a desaparecer,  ahora volvía a estar sonriente y disfrutando usando de su práctica  que tan especial era para ella.</p>
<p>Ya era de noche, había pasado toda la tarde digiriendo sus desechos provocados por el enema y su excesiva alimentación. Quitó la cinta de mi boca y me habló muy duramente:</p>
<ul>
<li><strong>Ahora quiero saber si has tomado la decisión de marcharte o aceptar tu castigo durante una semana. Te dejé bien claro el día que formalizamos nuestra relación Ama – esclavo lo que ocurriría y tu aceptaste…. Pero has desobedecido desobedecer y tomarme por estúpida….. Esto es lo que ocurrirá si decides seguir siendo mi esclavo…. ¿Qué has decidido?-</strong> Me preguntó seriamente.</li>
</ul>
<p> </p>
<p>Estaba en juego nuestra relación, no deseaba terminarla bajo ningún concepto. Me disculpé y suplique:</p>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Por favor señora, siento haberla ofendido, soy un estúpido. No lo volveré a hacer, tragaré cuando me ordene, no deseo marcharme… por favor se lo suplico…. </strong>–  mi señora me contemplaba desde arriba de la caja.</li>
</ul>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Muy bien… tendrás otra oportunidad…. Ya sabes que te espera durante esta semana – </strong>La señora Marga agarró un trozo de papel higiénico entre su mano enguantada y  limpió su ano. El papel lo introdujo dentro de mi boca. Agarró un segundo trozo y tras limpiarse su culo también lo introdujo en mi boca. Ahora tenía la boca repleta de papel completamente húmedo,  sucio y  marrón. Cerró mi boca de nuevo con la cinta.</li>
</ul>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Cuando regrese no quiero ver un solo trozo de papel en tu boca, lo masticas y lo tragas.-</strong> La señora volvió a marcharse dejándome allí masticando aquel papel horrible.</li>
</ul>
<p> </p>
<p>Una vez terminado mi castigo, la señora me liberó de la caja y me indicó que me marchará a continuar mis labores que había abandonado aquel día.</p>
<p>Me levanté y me dispuse a abandonar la estancia. Cumpliría sus órdenes durante toda la semana, jamás me apartaría de su lado. Antes de salir de la habitación, la señora me detuvo con su voz. Me detuve en ese momento y me giré para escuchar a mi Ama.</p>
<p> </p>
<p><strong>Llevas tiempo suplicando te deje masturbarte…. Así lo haré…. Mañana te masturbaré yo misma varias veces seguidas hasta dejarte sin una gota…. Luego dentro de la caja comerás todos mis restos… te aseguro que sin estar excitado va a ser muy duro para ti…… vas a aprender a adorar mis restos y desearlos… te aseguró que tragarás todo…. Quiero un esclavo servicial para mí….  Serás mi cerdo –</strong> La señora se dirigió hacia un lado del baño y agarró una pinza de madera de tender la ropa</p>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Tragaras todo cuando yo te de…. Sino lo colocaré esta pinza en tu nariz con la boca rodeada de cinta americana, te aseguro que tragarás rápidamente para que te libere de la pinza y poder respiras, …… ¿Quieres comprobar si soy capaz ?...  a partir de ahora te voy a tratar como te mereces…. No vas a volver a desobedecerme estúpido cerdo  , te enseñaré quien manda .– </strong>La señora Marga comenzó a reírse a carcajadas mientras sujetaba con su guante la pinza de madera.</li>
</ul>
<p> </p>
<p>La señora Marga nunca dejaba de sorprenderme. Su crueldad no tenía límites y eso era precisamente lo que más amaba de ella. Os puedo garantizar que estuve dos semanas degustando a diario todo cuanto salía de su interior. Su crueldad no dejó de sorprenderme cada día que pasaba. Uno de los días que llegue a casa tras mi trabajo en la tienda de la señora Teresa, observé como mi señora Marga se dirigió hacia mi sujetando una caja de plástico hermética. Me mostró su interior y quede completamente horrorizado, había guardado su caca matutina en un recipiente para alimentos .Eran dos salchichas marrones grandes y muy mal olientes.  Sonrió mirándome:</p>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>Te dije que no iba a usar el wc en toda la semana…. Si no estás en casa lo guardo para tu regreso….. - .</strong> Observé como me ordenaba tumbarme en el suelo dentro de la caja y agarraba la cinta americana de color Gris. Comenzó a enfundarse sus guantes de goma.</li>
</ul>
<p> </p>
<ul>
<li><strong>Abre bien la boca porque va a entrar por completo de una sola vez…. La masticaras y la tragaras…… -</strong> . Agarró con la palma de su guante todos sus desechos sólidos y duros  de la mañana y los introdujo en mi boca. Cerró mi boca con la cinta dando múltiples vueltas con ella sobre mi rostro.</li>
</ul>
<p><strong> </strong></p>
<ul>
<li><strong>Ahora mastica y traga… no te levantaras de ahí hasta que compruebe que no queda nada en tu boca. Ya puedes darte prisa, tienes 20 minutos para tragar todo o sino… yo te ayudaré </strong> - La señora sacó del bolsillo de su delantal la pinza de madera.</li>
</ul>
<p> </p>
<p>FIN</p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/dominacion/">Dominación</category>                        <dc:creator>Sumisso</dc:creator>
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