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									En Familia - Relatos Eróticos				            </title>
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            <description>Relatos eróticos enviados por los usuarios. Portal con la comunidad de autores y lectores más morbosos de la red que interactúan con las escenas relatadas más morbosas. Relatos en familia, gays, bisexuales, dominación, sumisión y todo lo que te puedas imaginar.</description>
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                        <title>Sobrina en remojo.</title>
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                        <pubDate>Sun, 13 Sep 2026 17:15:51 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Salió de la piscina corriendo en cuanto crucé la cancela del jardín. Lo único que llevaba era un diminuto bikini rojo. Cuatro triángulos de lycra cubriendo apenas los pezones, el pubis y men...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>                         Salió de la piscina corriendo en cuanto crucé la cancela del jardín. Lo único que llevaba era un diminuto bikini rojo. Cuatro triángulos de lycra cubriendo apenas los pezones, el pubis y menos de la mitad de su prieto culo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- ¡Tía! ¡Qué sorpresa!. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                                 Con su cuerpo húmedo pegado al mío, abrazándome con fuerza yo empezaba a mojar mi braguita. Es que una no es de piedra y esa belleza entre mis brazos me estaba conmoviendo. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Hola sobrina, ¡que guapa estás!. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                                    El agua escurría por mi blusa blanca haciendo que se trasparentara el sujetador de encaje. Lo duros que se me habían puesto los pezones en cuanto la vi salir de la piscina y ver su joven, lozano cuerpo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- ¿Donde esta tu madre? Le pregunté.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Ha salido de viaje con mi padre. Estarán todo el fin de semana fuera. De folleteo supongo. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- ¡Pero nena! ¿Que vocabulario es ese? ¿Te han dejado sola?. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Soy mayor de edad y se fían de mí. No pasa nada. Tampoco pensaba montar una orgía. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                                 Bromeaba, claro, pero esas palabras me erizaron los vellos de la nuca. Y los de otro sitio no porque me había depilado. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- ¿Y cual era tu plan?. ¿Pasarte en remojo todo el fin de semana?.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Eso y tomando el sol con la tablet. Para eso le di tanta guerra a mi papi para que hiciera la piscina. Para broncearme. Y para eso están las vacaciones de la uni. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pues no es mal plan lo admito. ¿No vas a invitar a alguna amiga?.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Ya has venido tú. Pero si tú quieres podría llamar a alguna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                                   Yo iba de visita a ver a mi hermana y me encontraba a solas con mi dulce sobrina. De inmediato ella me invitó a pasar un rato con ella en remojo. Pero no me había traído bañador. Así que se ofreció a dejarme uno suyo. Y menos mal que no propuso bañarnos desnudas, al principio. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Ya que has venido. Quedate un rato. Te vendrá bien darte un baño con el calor que hace. Coger algo de color. Así verás que no tengo ningún chico escondido. Ni una chica. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                              Creí que seguía bromeando. Pero me hice ilusiones. La esperanza es lo último que se pierde. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- No tengo bikini, cielo. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Yo te dejo uno mío. Tenemos una talla parecida. Mejor que los de tu hermana. Sus sujetadores se te caerían. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                               Subimos a su cuarto en la segunda planta del chalet pijo que el sueldazo de mi cuñado había comprado. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                              Sobre su cama colgaba un enorme poster de una cantante de moda ligerita de ropa. Me alegró aún más la vista. En el marco del espejo había pilladas fotos de ella con sus amigas. Todas estaban en bikini o con ropa muy, pero que muy pequeña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Bonitas fotos. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Son todas mis amigas. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                                 Doblando su ágil cuerpo por la mitad, con lo que me mostraba las nalgas al completo y su coñito marcado en la fina tela. Abrió el cajón inferior de su cómoda, dentro del vestidor. Allí perfectamente colocados supongo que por mi perfeccionista hermanita estaban sus bikinis y bañadores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- ¡Que colocado!. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Mi madre, ya sabes. Pero yo no soy desordenada. ¿Un bikini o bañador? </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                                Suponiendo que no podría enfundarme uno de los últimos ni aún después de una huelga de hambre registré entre los bikinis algo que pudiera cubrirme con cierta dignidad. Pero al ver que todos eran del estilo y tamaño del que ella llevaba puesto pronto desistí de lo de la dignidad y me conformé con algo que cubriera lo justo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                                Qué casualidad que a ninguna de las dos se nos ocurriera buscar en los armarios de mi hermana. Así puede que hubiera encontrado algo más discreto, o no. Pero ella tenía razón, su madre es mucho más voluptuosa que yo. Mis pechos al menos dos tallas más pequeños no hubieran rellenado uno de los sujetadores de mi hermana. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Ese te va a quedar genial. Aunque es un regalo de una amiga. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Tus amigas te hacen unos regalos muy interesantes. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Y solo has visto una mínima parte. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                          Miedo me daba con lo que podrían jugar y regalar un grupo de chicas con las hormonas alteradas. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pues ya me enseñaras más. A no ser que te de vergüenza que los vea tu vieja tía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pues si hablas de la hermana de mi padre sí, pero tú no eres nada vieja. Así que no me importaría. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                         Lo dijo con su bonita sonrisa. Provocándome un escalofrío. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Además, no sabes que les he hablado de ti. De mi preciosa tía y más de una quisiera conocerte. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Por eso decías antes lo de invitar a alguien.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                         El bikini blanco que por fin elegí tapaba mis pezones y mi pubis. No se le podía pedir mucho más. Se metía entre mis nalgas como un tanga y probablemente se trasparentara en cuanto se mojara. Pero a la mierda la vergüenza, cuando la tenía a ella casi desnuda ante mí. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                          Viendo la actitud desinhibida de Marta todo eso ya me importaba un pimiento. De hecho me desnudé ante ella para cambiarme a lo que ella respondió con naturalidad pero echando algunos vistazos descarados a mi expuesta anatomía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- ¿Te gusta lo que ves?.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Tienes un cuerpazo. Tita. Seguro que tienes un montón de proposiciones indecentes. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Algunas hay. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                              No sabía si ella quería hacerme una de esas. Me di cuenta de que no apartaba la vista de mi cuerpo. Y eso me gustaba. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                              Me saqué la blusa mojada y dejé caer al suelo mi falda. El conjunto de lencería de encaje admito que era bastante sexy y sensual. Pero por lo que había visto en sus cajones ella tenía cosas parecidas. Así que no tenía muy claro a qué venía tanto interés.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                                 Al fin me desnudé por completo delante de ella. Mi ropa y lencería quedaron sobre su cama. Yo la había visto en bolas un montón de veces, aunque claro eso había sido hace años. Esa sería la primera vez que yo lo estuviera delante de ella. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Llevas el xoxete depilado. Es más bonito así. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- ¿Que pensabas? ¿Que a mis años me iba a dejar?.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- No claro. Solo era una observación. No sigas diciendo que eres vieja. ¡Por favor!.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                            Seguíamos bromeando. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pues tú no sigas picándome. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- ¡Yoooooo!. Para nada. Además yo me he dejado una tirilla de vello por encima. ¡Mira!.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                                Sin darme opción a opinar se bajó la cinturilla de la braguita y me mostró el pubis sin ningún pudor. Efectivamente se había dejado con el vello bien recortado algo parecido a un corazón por encima de la rajita. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Así queda muy bien también. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                              Tuve que admitir anonadada por el bello espectáculo. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Eso dicen mis amigas. Por cierto están deseando conocerte. Les he enseñado algunas fotos. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- ¿En serio?. ¿Que fotos?.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Tranqui. No te pongas nerviosa. Ya lo hablaremos después.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                                Vale, estaba muy intrigada por esas amigas que posaban para fotos en bikinis muy pequeños, regalaban bañadores y lencería muy sexi y admiraban los arreglos capilares de mi sobrina de diez y nueve años. Y que además querían conocerme. ¡A mí!.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                                Yo también tengo amigas de esa clase y desde luego no me conformo solo con eso con ellas. Pero pensaba que mi sobrina no sabía nada de esos gustos particulares míos. ¡Que engañada estaba!.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                                Ahora bien si ella no los conocía entonces se estaba esforzando mucho en calentar a su tía. Yo en ese momento yo estaba muy despistada. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Venga, termina y vamos al agua. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                                De pérdidas al río, o mejor dicho a la piscina. Así que volvimos a bajar al jardín. Riendo y persiguiendonos, jugando. Agarré su cadera mientras corría delante de mí por el pasillo. Frenó de repente y me vi en un segundo con mis pechos en su espalda, el pubis en su culo y la cara encerrada en su suave melena. Con mis labios besando su cuello además de rodear su talle con las manos. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                        Riéndose continuó el camino sin dejar de menear el adorable culito. Ya era oficial, esa nena me estaba intentado poner cachonda y lo había conseguido. Como estaba tan caliente me arrojé directamente al agua de cabeza, pero solo para refrescarme, claro. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                          La esperaba de pie dentro de la piscina y cómo estaba segura de ello no tardó más que un segundo en unirse a mí. Es más, fue muy pegada a mí. Me abrazó y cómo estábamos casi desnudas notaba su piel caliente frotándose con la mía. Descarada empezó a besarme por el cuello y los hombros. Sentía su melena mojada por mi piel. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                        Apretaba sus tetas contra las mías y rodeó mi cintura con sus piernas. No me quedó más remedio que sujetar sus duras nalgas con las manos. Y cómo la braguita de su bikini era muy pequeña yo estaba agarrando carne.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Vamos tía. ¿No quieres darme unos mimitos?.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- ¿Estás segura de esto?.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Muy segura. No te voy a presentar a mis amigas sin probarte yo antes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                             Y me besó. Está vez deslizó la lengua entre mis labios separándolos. Ese beso era pura lascivia. Con los cuerpos tan pegados notaba sus tetitas frotando las mías. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Nena, esto es una locura. Soy tu tía. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                               Intentaba poner algo de cordura en esa situación pero con lo excitada que estaba cada vez me costaba más. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Déjate llevar, solo es un rato de diversión.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                              Para asegurarse de mi cooperación soltó el nudo de mi sujetador y la prenda quedó flotando en el agua. Desistí de la cordura e hice lo mismo con el suyo. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Parece que haces topless. No tienes marcas de sol. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pues claro. Mamá y yo nos ponemos en tetas aquí y cuando no está mi padre, a veces desnudas del todo. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- ¿Solo cuando no está tu padre?.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- ¿Quieres que le dé un infarto?. Hay que dejar que siga trabajando. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                               Mientras, se había ido acercando más a mí hasta pegarse a mi cuerpo dentro del agua. Se colgó de mi cuello y rodeó mi cintura con las piernas. Nuestras tetas se frotaban mientras me miraba a los ojos con cara de vicio. No me quedó más remedio que agarrar su culito para sujetarla. Como la braguita era tan pequeña estaba tocando su suave piel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                              Volvió a besarme y le correspondía. Las lenguas jugando, cruzándose cambiaban saliva. Las manos recorrían el cuerpo de la otra sin descanso buscando solo dar caricias y placer. Pero era muy suave y tranquilo. No teníamos prisa, teníamos toda la tarde y la noche para nosotras. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- ¿Porqué yo?.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Estás muy buena y siempre me has gustado. Tita. Quería ser cómo tú. Por fín te tengo para mí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- ¿Y tu madre?.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Somos muy cariñosas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                                 Eso tendría que investigarlo más. Mi hermana sigue estando muy buena. A esas alturas tenía la mano por dentro de su braguita con los dedos acariciando los labios de su coñito. Gemía en mi boca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Quitámela. Tita. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pequeña pervertida. ¿Quieres de te deje desnuda del todo aquí?.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Por supuesto. No va a ser la primera vez. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                            La obedecí y solté los nudos que apenas sujetaban el escaso trozo de tela. Claro que sus muslos alrededor de mi cintura tampoco hacían nada por mantener mi braguita en su sitio. Podía notar como se deslizaba casi sola por mis piernas abajo. Claro que de entrada ya no estaba muy sujeta. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Vale cielo. Ya estamos en bolas las dos. Y ¿Ahora?.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Ahora me vas a comer el potorro, tía. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pero qué fina me has salido, cariño. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- ¿A qué te gusta?.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Me gustas tú. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                            La ayudé a subir al borde de cemento. Donde se abrió de piernas enseñándome su tesoro por fin muy de cerca. Desde dentro del agua yo estaba a la altura perfecta para degustarlo. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Vamos tita. No es la primera que comes. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- No claro. pero antes quiero verla bien. Es preciosa. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                               Empecé a lamer la suave piel de sus muslos sin que me importara el sabor del cloro. Despacio hacia la vulva perfecta. Tiraba con los labios de los suyos o deslizaba la lengua por el agujero hacia arriba buscando el clítoris. Y eso sin dejar de escuchar sus suaves jadeos. Estaba tan caliente que se corrió enseguida llenado mi lengua de sus dulces jugos. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- ¡Quieta ahí!. No te nuevas. Tengo que inmortalizar este orgasmo. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                               Recogió su móvil apuntando la cámara hacía mi cara enmarcada por sus muslos. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- ¡Pero qué haces!. No pensarás mandar esa foto a nadie. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- A mí madre y mis amigas desde luego. Y no solo esta, sino todas las que nos vamos a hacer este finde juntas. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Estás loca. Ni hablar. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Luego te enseño las que nos hemos ya. Vas a ver cómo tu hermana come coños casi tan bien como tú. Te darás cuenta del morbo que tenemos. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Lo dicho, como cabras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                              Pero no podía negarle nada. Así que puse mi mejor cara de vicio sujetando sus muslos mientras ella hacía esas fotos. Incluso volví a pasara la lengua por su almejita dejando que eso se viera en un par de instantáneas. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- ¡Te toca!.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                           Tiró de mi brazo con una fuerza sorprendente y casi me saca del agua ella sola. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pero ponte a cuatro patas que yo te lo como todo. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- ¡Ah! ¿Pero era hora de merendar?.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- ¡Qué graciosa!. ¡Ahora verás!.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                                   ¡Vaya que lo vi! Pero las estrellas, a cuatro patas y sobre el césped. No digo que yo sea una maestra del cunnilingus. Pero ella me dio una clase magistral comiéndome el culo, el xoxo y todo lo que pillaba por allí. Y yo sin poder hacer nada más que jadear y gemir. Clavaba la lengua en el ano a la vez que me follaba con dos dedos y me acariciaba el clítoris. Volvía a lamer los labios mientras clavaba un dígito en el ano. Sin darme tregua hasta que no me corrí media docena de veces más o menos. O eso me pareció, no estaba yo como para contar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Bueno ¡qué!. ¿Se lo que me hago o no?.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Podrías dar clases amor. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                                No se había olvidado de las fotos. Yo esperaba que sí. Subió a mí lado y tumbadas sobre la toalla, bién pegadas nos hizo unos selfies con las cabezas juntas. Ella tenía la cara húmeda de mis jugos. Así que saqué la lengua y me puse a lamer su bello rostro. O cruzábamos las lenguas, todo quedó inmortalizado en su móvil. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                               Descansando juntas empezamos a repasar la galería. Tanto las fotos que había hecho ese día. Algunas antes de llegar yo haciendo un precalientamiento, léase un dedo, como juntas. Luego empezó a mostrarme algunas vistas de mi hermana con las que yo no habría ni soñado. Y comiéndole el coño a su hija era de lo más suave. Cuando la vi con un arnés follando a una amiga me quedé impactada. No tenía ni idea de lo guarra que podía ser. Claro que mi sobrina con ese adorno fálico también estaba preciosa. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- ¿Y eso?.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Lo tengo arriba. Luego lo probamos. Estoy deseando saber cómo mueves la cadera. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                           Pasamos el fin de semana desnudas. Incluso cuando le abrimos la puerta a un repartidor que nos traía la cena. No tuvimos otra interrupción. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                            Desde luego yo tenía mucha curiosidad por la actitud de mi hermana ante el sexo y todas sus experiencias. Y las amigas de mi sobrina tenían ganas de conocerme en el más profundo sentido de la palabra. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>......  </p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/">En Familia</category>                        <dc:creator>pern</dc:creator>
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                        <title>La suegra quería quedar preñada del yerno</title>
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                        <pubDate>Fri, 11 Sep 2026 21:41:06 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Eva era una mujer viuda, morena, de estatura mediana, ojos color avellana, cabello largo recogido en un moño. Tenía una figura bonita y llevaba ropa formal, faldas que le llegaban por debajo...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>Eva era una mujer viuda, morena, de estatura mediana, ojos color avellana, cabello largo recogido en un moño. Tenía una figura bonita y llevaba ropa formal, faldas que le llegaban por debajo de las rodillas, vestidos largos. Por su casa, de noche, andaba con camisones cerrados y hasta los pies. Llevaba muchos años viuda, tantos que en un par de días se casaba con un viudo adinerado. Era respetada por todos, pero no por sus buenas maneras, sino porque andaba a su vida. La mujer era muy malhablada y le gustaba el vino, aunque solo se emborrachaba los sábados por la noche, y ese era un secreto que solo conocían su yerno y su hija, hija que trabajaba de enfermera en el turno de noche en un hospital.</p>
<p>Valerio, el yerno, era alto, moreno, apuesto y soñaba con meterse en la cama de su suegra.</p>
<p>Un sábado de mucho calor, Valerio estaba en la cama de su habitación leyendo una novela de vaqueros, habitación que estaba enfrente de la de su suegra; la vio salir de su cuarto con su largo cabello recogido en una coleta y en combinación transparente. La vio a trasluz, en bragas y sin sujetador, yendo hacia la cocina a buscar más morapio. Vio la silueta con sus tetas grandes con pezones puntiagudos que se marcaban en la enagua, pero lo que más sobresalía en la enagua eran sus nalgas, que parecían dos grandes globos redondos y que resaltaban sobre sus anchas caderas. Esto le provocó a Valerio una tremenda erección, que disimuló cuando su suegra regresó a la habitación. Agachando una botella tras una cadera, le dijo desde el pasillo:</p>
<p>-Vas a estropear la vista.</p>
<p>Valerio esperó a que se acabara de emborrachar, y luego, cuando ya roncaba, le hizo una visita, y no precisamente para arroparla.</p>
<p> A la mañana siguiente, Eva fue a poner la ropa sucia en una bañera para ir al río a lavarla, y al pillar sus bragas, se mojó los dedos de semen. Abrió los ojos como platos y tapó la boca con su mano izquierda.</p>
<p>-También me desea. No puedo esperar más, en dos días me caso y después de la boda ya no podría ser.</p>
<p>Eva había visto manchas de semen en la ropa interior de su yerno y en las sábanas de la cama de matrimonio, pero una cosa era verlo seco, y otra muy distinta era mojar sus dedos de semen. Metió dos dedos dentro de las bragas y, allí de pie, se hizo una paja que la dejó sin aliento y con las piernas temblando.</p>
<p>Esa noche, antes de irse para la cama, fue a la habitación de su yerno, que estaba en su cama leyendo otra novela de Marcial Lafuente Estefanía. Sentada en el borde de la cama, le dijo:</p>
<p>-Mírame, Valerio.</p>
<p> Valeriola la miró y puso las manos entre las piernas.</p>
<p>-¿Qué desea, suegra?</p>
<p>No se anduvo con rodeos.</p>
<p>-¿Te la pelaste ayer noche?</p>
<p>-Yo no hago esas cosas.</p>
<p>-A mí no me mientas; si me mientes otra vez, te planto una hostia que te dejo tonto perdido.</p>
<p>Bajó la cabeza.</p>
<p>-Levanta la cabeza, mírame a los ojos y, si tienes cojones, dime otra vez que no me has mentido.</p>
<p>Valerio tuvo que confesar.</p>
<p>-¿Cómo lo ha sabido?</p>
<p>-Esta mañana he manchado con tu leche mis dedos cuando cogí mis bragas en el cesto de la ropa sucia y hay algo que me ronda por la cabeza.</p>
<p>Valerio seguía con la cabeza gacha y las manos entre las piernas.</p>
<p>-¿Qué le ronda por la cabeza?</p>
<p>-¿Me quitaste las bragas más veces?</p>
<p>Valerio no le respondió. Eva se hizo la ofendida.</p>
<p>-¿Pero qué clase de monstruo eres?</p>
<p>Eva se puso en pie. Valerio estaba viendo que le iba a caer una hostia de un momento a otro.</p>
<p>-A saber qué otras cosas me harías para acabar actuando así.</p>
<p>-La quiero, suegra.</p>
<p>-Tú lo que quieres es mi cuerpo, el cuerpo de tu suegra. ¿Me has visto totalmente desnuda? ¡Y dime la verdad!</p>
<p>Valerio guardó silencio.</p>
<p>-¡Joder, joder, joder! A saber qué me has hecho.</p>
<p>Valerio levantó la cabeza.</p>
<p>-No le he hecho nunca nada malo, solo me masturbé.</p>
<p>Eva desconfiaba de su yerno.</p>
<p>-Más te vale que solo fuera eso, que si me llego a enterar de que hubo más, te descalabro. ¿Se te pasó por la cabeza?</p>
<p>-La verdad es que sí.</p>
<p>-¡Y tienes los santos cojones de decírmelo!</p>
<p>-Me lo preguntó y le respondí la verdad.</p>
<p>Eva se persignó y luego llevó su representación al máximo extremo: le soltó una hostia con la mano abierta que lo dejó con la cara ardiendo..</p>
<p>-Eso para que no se te vuelva a pasar por la cabeza.</p>
<p>Valerio volvió a bajar la cabeza.</p>
<p>-Cada uno es como es.</p>
<p>Eva fingió estar cabreada.</p>
<p>-¡Me cago en tu sombra!</p>
<p>-Mientras se cague en mi sombra y no le diga nada a su hija...</p>
<p>Lo miró con ojos de venada.</p>
<p>-¡Si no me cago en tu madre, es porque no tiene culpa de haber parido a un cerdo! Y si no,le digo nada a mi hija, es por no arruinarle la vida.</p>
<p>Eva se fue a su habitación y allí urdiría un plan para follar con su terno.</p>
<p>Al otro día por la mañana. Valerio estaba sentado a la mesa de la cocina desayunando y María, su esposa, dormía. Eva estaba de espaldas a él. Presintió que le estaba mirando para el trasero; se giró y le dijo:</p>
<p>-¡¿Me estás mirando el culo, cabrón?!</p>
<p>-No, estoy mirando para la taza del caldo.</p>
<p>-Me estabas mirando el culo, y cuando miraste para mí, no me miraste a los ojos, me miraste para las tetas; por lo menos ten la decencia de admitirlo.</p>
<p> -¿Para qué me dé otra hostia?</p>
<p>-Ya lo has admitido. ¡Eres un pervertido!</p>
<p>Ese sábado Eva bebió una botella de vino de las tres que solía beber, y antes de irse a dormir se hizo la borracha. Valerio la ayudó a llegar a la cama, la desnudó y, en bragas, le puso la enagua transparente; luego la metió en cama y se fue.</p>
<p>Unos quince minutos más tarde regresó en pelota picada. Eva se hizo la dormida, pues quería llegar hasta el final. Oyó cómo decía:</p>
<p>-Aquí está mi Bella Durmiente.</p>
<p>Valerio se echó al lado de su suegra y con la yema del dedo medio de su mano derecha y la del dedo pulgar, lo aplastó y lo soltó y lo movió alrededor; luego fue a por el otro pezón, y haciéndole lo mismo que al otro, besó a su suegra sin lengua y le dijo:</p>
<p>-¡Qué buena estás!</p>
<p>Besándola y jugando con el pezón, le metió una mano dentro de las bragas, dos dedos dentro de la vagina. Comenzó a masturbarla, y ella empezó a hablar para sus adentros.</p>
<p>"Picaste".</p>
<p>-Hoy estás más mojadita.</p>
<p>"Y más que voy a estar".</p>
<p>Masturbándola y jugando con sus pezones, le pasó la cabeza de la polla por los labios.</p>
<p>"El cuerpo me pide abrir la boca".</p>
<p>Eva abrió la boca, y la polla entró en ella. Era muy gruesa. Abrió un poquito los ojos y vio a su hijo pajeando su larga verga. </p>
<p>"Qué te va a descubrir Eva?</p>
<p>Volvió a cerrar los ojos. Valerio le quitó la polla de la boca, los dedos del coño, le sacó las bragas y vio lsi pelambrera negra.</p>
<p>"Ahora viene lo bueno".</p>
<p> Le clavó la cabeza de la verga en el coño. Como llevaba tanto tiempo sin recibir una polla, le entró muy apretada, pero los coños de una mujer como Eva cierran en falso y en nada ya entraba y salía con facilidad.</p>
<p>"´Me estoy derritiendo!"</p>
<p>Valerio le dio deprisa un rato y luego paró. Eva sintió cómo le latía la polla en el coño.</p>
<p>"Me voy a correr".</p>
<p>Valerio comenzó a correrse dentro de su suegra en el mismo momento que se comenzaba a correr ella. Eva, en un acto reflejo, le echó las manos al culo y lo apretó contra su cuerpo.</p>
<p>Al acabar de correrse, Valerio fue al armario, cogió una toalla de las viejas e iba a limpiar el coño a su suegra. Eva abrió los ojos y le dijo:</p>
<p>-¿Qué me has hecho?</p>
<p>Valerio se llevó un susto tremendo.</p>
<p>-Lo siento, la tentación pudo conmigo.</p>
<p>Eva echó la mano al coño y la sacó pringada de leche y de jugos.</p>
<p>-¡¿Me has podido dejar preñada, cabrón?! </p>
<p>-Es que me apretó el culo... </p>
<p>-No, si encima la culpa va a ser mía.</p>
<p>-En todo caso, no creo que quedara preñada.</p>
<p>-Más te vale.</p>
<p>Valerio se echó sobre su suegra, le cogió las manos y le dijo:</p>
<p>-Quiero follarla estando despierta.</p>
<p>-¡Una mierda vas a follar!</p>
<p>Le metió la polla entre sus piernas cerradas y la subió y la bajó entre sus labios vaginales. Eva giraba la cabeza hacia un lado y hacia el otro, esquivando los besos de su yerno, al tiempo que lo ponía de carroñero para arriba. Al rato abrió las piernas y levantó la pelvis fingiendo que lo quería quitar de encima. Valerio le clavó la polla en el coño, que era lo que aeava quería. Fue como si le hubiera clavado una estocada de muerte, ya que Eva se quedó inmóvil y sin decir palabra, pero no era mortal, no, a los pocos segundos. Eva le dijo:</p>
<p>-Follar, me follarás porque eres más fuerte que yo, pero luego te quedarás dormido y mañana no vas a despertar.</p>
<p>Follándola despacito, le dijo:</p>
<p>-No creo que cambie el altar por la cárcel, por culpa de un par de polvos. </p>
<p>Eva tuvo que darle la razón.</p>
<p>-Me había olvidado de que me caso mañana, pero hay más días.</p>
<p>Valerio apuró un poquito las clavadas.</p>
<p>-Mañana se va a vivir a otra casa y ya no tendrá ocasión de hacer lo que dice, ni yo tendré ocasión de volver a gozar de su cuerpo. Tengo que aprovechar esta oportunidad.</p>
<p> A Eva le estaba gustando de nuevo.</p>
<p>-¿Me quieres decir que me haces esto porque me vas a echar de menos?</p>
<p>-Se lo hago porque yo la deseo más de lo que nunca la deseará ese viejo.</p>
<p>Le dio despacio, al paso, al trote y al galope, y al galope, se corrió dentro de ella y Eva se corrió con él.</p>
<p>-Te has corrido dentro de nuevo y...</p>
<p>-Y lleva tres meses sin la regla; eso significa que le llegó la menopausia.</p>
<p>-Me tienes controlada.</p>
<p>Le soltó las manos y la besó en los labios.</p>
<p>-¿Me deja saborear todo su cuerpo?</p>
<p>-No, pero si te vas ahora de mi habitación, podrás dormir tranquilo.</p>
<p>Valerio aceptó la oferta de su suegra.</p>
<p>Al día siguiente, Valerio miraba cómo su esposa llevaba a la madre al altar.</p>
<p>La boda fue por todo lo alto, pero a los dos días el matrimonio cayó en todo lo bajo. Él bebía, los dos tenían mala baba y a los tres días tuvieron su primera pelea. En la noche del día siguiente, Eva  regresó a su casa con su yerno. Valerio estaba en la cocina cenando.</p>
<p>-¿Qué viene a buscar?</p>
<p>-Nada, vengo a quedarme.</p>
<p>-¿Qué fue lo que pasó?</p>
<p>Se lo contó.</p>
<p>-Está mejor sin él. ¿Le apetece un trago?</p>
<p>-Tú lo que quieres es que me emborrache, para aprovecharte de mí, pero ya no bebo.</p>
<p>-Solo la follaría estando despierta y dejándome saborear todo su cuerpo.</p>
<p>-¡¿Estás loco?! ¿Cómo te iba a dejar hacer eso?</p>
<p>-Podría querer vengarse del desgraciado ese.</p>
<p>-Tu descaro se merece una respuesta contundente, pero ya discutí lo suficiente por hoy.</p>
<p>Eva se iba para su habitación. Valerio le dijo:</p>
<p>Piense en lo que le he dicho.</p>
<p>La mujer se giró y miró a su yerno.</p>
<p>-Voy a ponerle la llave por dentro a la puerta.</p>
<p>-No hace falta que se la ponga, pero haga lo que quiera.</p>
<p>Eva se fue a su habitación. Valerio se fue para la suya una hora después. En calzoncillos se metió en la cama y se puso a leer otra novela de vaqueros. No había ni leído la primera página. Cuando entró Eva en su habitación. Venía con la combinación transparente y no llevaba nada debajo.</p>
<p>-Cambié de opinión. Quiero vengarme de él.</p>
<p>Valerio dejó caer la novela sobre la cama e iba a salir de ella.</p>
<p>-Quédate ahí.</p>
<p>Eva dejó caer la combinación al piso y luego, contoneando las caderas, fue hasta la cama, se metió en ella y se arrodilló entre las piernas de su yerno</p>
<p>-Saca la lengua. </p>
<p>Valerio sacó la lengua y Eva se la devoró; luego le puso las tetas delante para que escogiera. Agarró las dos y lamió los gruesos pezones y las marrones areolas de las gordas y esponjosas tetas que caían sobre su boca, al tiempo que metía la mano derecha dentro de sus calzoncillos, empuñaba la polla y lo masturbaba. Pasado un tiempo en el que había dejado que saboreara sus tetas bien saboreadas, le quitó el calzoncillo, empuñó la verga y la frotó en sus pezones y en sus areolas.</p>
<p>-¿Te gusta?</p>
<p>-Me encanta.</p>
<p>Al rato la metió entre las tetas y comenzó a hacerle una cubana.</p>
<p>-La tienes muy mojada.</p>
<p>Valerio le echó la mano al coño y lo encontró resbaloso.</p>
<p>-Tú también, pero para, o me vas a hacer correr.</p>
<p>Eva agarró la polla, la metió en la boca, chupó el glande, lo masturbó y Valerio se corrió en su boca. La mujer se tragó hasta la última gota de leche, luego le puso el coño en la boca y le dijo:</p>
<p>-Corresponde.</p>
<p>Valerio le echó las manos a la cintura y le lamió el coño. Con él lamiendo y con ella moviendo el culo hacia delante y hacia atrás, comenzaron los gemidos.</p>
<p>-Me encanta oírla gemir.</p>
<p>-No vuelvas a hablar, que interrumpes la comida de coño.</p>
<p>No volvió a hablar. Tiempo después, Eva se corría en la boca de su yerno.</p>
<p> -¡Abre la boca que ahí te va el diluvio universal!</p>
<p>Eva era una exagerada, pues solo fueron unas gotas y un reguerito de jugos.</p>
<p>Estaba muy necesitada, ya que luego de correrse en la boca de su yerno, bajó el culo y poniendo la tiesa verga en la entrada de la vagina, bajo el culo, la enterró hasta las trancas y le dio sin medida, le dio a romper, le dio como si se fuera a acabar el mundo.</p>
<p>Valerio, viéndola a ella apoyada con los brazos en su pecho y con cara de viciosa. Viendo sus grandes tetas subiendo y bajando, chocando entre ellas y viendo sus pezones de punta, como queriendo salir disparados, se corrió dentro de su suegra. Ni diez segundos tardó Eva en correrse en la polla de su yerno, que le dijo:</p>
<p>-Me encanta sentir cómo se corre.</p>
<p>-Y a mí sentir tu leche dentro de mi coño.</p>
<p>-¿Quiere más leche?</p>
<p>-A cuatro patas puedes echarme la leche más al fondo.</p>
<p>-Y debajo.</p>
<p>-Y de lado.</p>
<p>-Y con las piernas en tus hombros.</p>
<p>-¿Y podrás?</p>
<p>-Puedo y tengo más leche que en una lechería. Ponte en la posición que quieras.</p>
<p>-¿Cuánto tiempo llevas sin follar con mi hija? </p>
<p>Más de un mes.</p>
<p>-¡Hay que aprovechar!</p>
<p>Eva se puso a cuatro patas. Su culo era redondo y grande. Valerio le echó las manos a las tetas y, magreándolas, le lamió el coño y el culo; luego le puso las manos en las caderas y comenzó a meter y a sacar con calma. Al acelerar un poco las clavadas. Eva comenzó a gemir. Cuando estas fueron cogiendo intensidad, los gemidos fueron en consonancia con ellas y cuando ya las clavadas eran de barrena, Eva se desgañitaba. A punto de correrse, Valerio le dijo:</p>
<p>-Saca tú mi leche.</p>
<p>Eva, echando el culo hacia atrás y hacia delante, se clavó la polla en el coño con tanta fuerza que en nada, no solo se corrió Valerio dentro de su coño, sino que también se corrió ella en su polla.</p>
<p>Valerio quedó con la lengua fuera, y Eva quedó exhausta y sin ganas de misionero ni de monja patas arriba. Eva le dijo:</p>
<p>-Una ya no está para tanta acción junta. Va a ser mejor que lo dejemos por hoy.</p>
<p>Valerio quería despedirse a lo grande.</p>
<p>-¿No puedes hacerme una mamadita?</p>
<p>-Bueno, eso sí que aún lo puedo hacer.</p>
<p>Valerio le puso la polla en los labios; Eva la empuñó y le lamió el glande antes de meterla en la boca y mamársela, cuparla, menearla... Valerio le metió dos dedos de la mano derecha dentro de la vagina, los sacó llenos de jugo y le acarició el clítoris con ellos, y con la otra mano le amasó las tetas y jugó con sus pezones. Eva se puso cachonda de nuevo.</p>
<p>-¿Quieres que ponga mis pies sobre tus hombros?</p>
<p>-Ya estás tardando.</p>
<p>Se arrodilló entre sus piernas. Eva le puso el pie derecho sobre el hombro. Valerio se la clavó hasta el fondo y, agarrándole la pierna por debajo de la rodilla, le dio caña de la buena. La polla entraba y salía llena de jugos. Eva, mirando a los ojos a Valerio, le dijo.</p>
<p>-Así no me voy a correr.</p>
<p>-Sube la otra pierna.</p>
<p>Con las dos piernas sobre sus hombros, le volvió a dar a mazo. Tiempo después, Eva le dijo:</p>
<p>-Así tampoco, córrete tú.</p>
<p>-De eso nada.</p>
<p>Se echó a su lado, Eva le dio espalda, y luego levantó y dobló la pierna derecha. Valero se la sujetó por la parte de abajo de la rodilla, le metió la verga y le volvió a dar con ganas. Eva comenzó a gemir, echó la mano derecha a la nuca de su yerno, lo atrajo hacia ella y le comió la boca mientras la taladraba. Un par de minutos después, Valerio paró de follarla. Eva le dijo:</p>
<p>-¿Por qué has parado?</p>
<p>-Porque me iba a correr.</p>
<p>Eva movió el culo hacia atrás y hacia delante cada vez más aprisa y cuando sintió cómo su yerno se corría dentro de su coño, le dijo:</p>
<p>-¡Me corrooooooo!</p>
<p>Esta vez quedaron los dos para el arrastre.</p>
<p>Al día siguiente, Eva fue a por sus cosas a la casa de Eulogio. Hicieron las paces y ya no regresó a su casa más que de visita.</p>
<p>Nueve meses después, Eulogio, el marido de Eva, invitaba en la tienda a todos los que allí estaban.</p>
<p>Pesó cuatro kilos y es un macho.</p>
<p>El tabernero le dijo:</p>
<p>-Se ve que tú, donde pones el ojo, pones la bala.</p>
<p>-Ni lo dudes, Genaro, ni lo dudes.</p>
<p>Yo lo dudo mucho.</p>
<p>Quique.</p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/">En Familia</category>                        <dc:creator>José</dc:creator>
                        <guid isPermaLink="true">https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/la-suegra-queria-quedar-prenada-del-yerno/</guid>
                    </item>
				                    <item>
                        <title>La Marranita - CAPÍTULO XII - La araña</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/la-marranita-capitulo-xii-la-arana/</link>
                        <pubDate>Thu, 10 Sep 2026 19:22:27 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[La Marranita - Auge y caída de la República de las Mujeres



 
 
 

CAPÍTULO XII - La araña

 

Vivimos cinco ...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p><strong><span>La Marranita - Auge y caída de la República de las Mujeres</span></strong></p>
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<div dir="ltr"><span></span></div>
</div>
<div dir="ltr"> </div>
<div dir="ltr"> </div>
<div dir="ltr"> </div>
<div dir="ltr">
<div dir="ltr"><span>CAPÍTULO XII - La araña</span></div>
</div>
<div dir="ltr"> </div>
<div dir="ltr">
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Vivimos cinco años como marido y mujer. Padre me decía que nunca en su vida se había sentido tan pleno, tan seguro de todo, tan colmado de sexo, un sexo más completo y absoluto que nada de lo que hubiera hecho o llegado a desear si quiera a lo largo de toda su extensa e intensa existencia sexual. Y, sin embargo y contra todo pronóstico, desde el primer día Padre decidió dejarme libertad total para relacionarme con todos. Tras probarme aquella primera noche, comprendió que el fuego que ardía dentro de mí era imposible de apagar, y que la única manera de poder disfrutar de él con total disponibilidad era ayudando a alimentarlo de manera continua. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Antes de follarme por segunda vez aquella mi primera noche, me llevó a su habitación y rebuscó entre los cajones de su cómoda hasta encontrar una pequeña caja de madera. La abrió, y de ella sacó un pequeño artefacto de láminas metálicas muy finas y flexibles.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"¿Sabes qué es esto, Marranita?" Yo nunca había visto uno, pero había oído hablar mil veces de aquellos objetos, y sabía que todas las chicas tenían que metérselo cuando empezaban a ir a las fiestas de Padre.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Una araña, Padre..." Mi rostro irradiaba alegría y amor por él, porque sabía bien que aquello significaba que lo que acabábamos de hacer no había sido ni un error ni un hecho aislado, sino que iba a repetirse aquella misma noche, y todas las que vendrían...</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Exacto. Debes llevarla para que atrape la fertilidad de los hombres cuando te la echemos dentro. Anda, sé una buena Marrana y ábrete para tu padre..."</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Yo temblaba de nervios, de emoción y de placer, y estaba tan caliente que ni siquiera me hizo daño cuando, al abrir yo las piernas y separarme los labios del chocho, Padre me embutió aquel objeto frío y duro hasta el fondo del coño. El problema fue cuando lo tuve dentro... porque sentí como si me acabara de violar un caballo. <br /></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Tendrás que pedir a las chicas que te enseñen los cuidados que requiere, así como a sacártelo si algún día te entrego a un hombre para que te preñe..." Padre dijo aquellas últimas palabras mirándome de reojo, como queriendo estar seguro del nulo convencimiento que tenía en lo que acababa de decirme. "Sigue abierta, cerda..." Padre me escupió en el coño, que se me había secado al resultar bruscamente invadido por aquel cuerpo extraño. "Ahora tu papi tiene que empujarte la araña hasta el fondo de tu coño para que quede bien colocada... ¿de acuerdo, Marranita?"</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Me di cuenta de que la verga de Padre estaba más alta y dura que nunca... aquello que me acababa de hacer, de alguna manera y según sus personales códigos, equivalía a todos los efectos a tomarme por esposa. Y el verdadero polvo de la noche de bodas era el que estaba a punto de darme...</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Síííímmmmm..."</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Solo pude acertar a gemir como una niña, y hasta cuando lo hice ya tenía a Padre completamente dentro de mí, dado que no había esperado lo más mínimo a conocer mi opinión respecto a todo lo que acababa de pasar. No le hacía falta, porque ya la sabía: siempre había tenido claro no ya mi consentimiento total a todo, sino que había vivido desde que era muy niña alimentando el deseo de que me hiciera completamente suya.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Su cuerpo empezó a taladrarme como una tuneladora rompiendo la montaña en busca del metal dorado. Mi cuerpo se abrazaba a él buscando la única seguridad que he conocido siempre en este mundo, mientras orgasmaba con violencia desde el minuto cero. Mi garganta se cerró, la cabeza me explotaba, el pecho me ardía y del coño me salían llamas. Era el fin. O el principio. ¿Acaso no han sido siempre lo mismo?</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Cuando recobré la conciencia, Padre rodaba por el suelo para quedar tumbado a mi costado, resoplando. Me sentía rota, pero en una gloria divina que nunca soñé que pudiera existir en esta tierra. Acababa de ser follado por un dios... me llevé las dos manos a mi sexo, tratando de contener dentro de mí aquellos ríos de lefa con los que me había llenado.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Tranquila, Marranita..." escuché roncar a Padre mientras se arrastraba como una bestia por el suelo guiado por su olfato, "la araña hará su trabajo, no tienes nada que temer..." Los feroces mordiscos de Padre en mis dedos me obligaron a apartar mis manos entre gritos. Gritos que se redoblaron al sentir que aquellas violentas dentelladas se trasladaban a mi clítoris y mis labios vaginales, para terminar convertidos en dementes alaridos cuando él se empotró en mi coño abierto succionando y taladrando con su lengua, bebiendo de mí los ríos de flujo y semen con lo que acabábamos de bendecir nuestra unión eterna.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Y aquello no había hecho más que empezar...</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Gracias a la araña, pronto iba a ir conociendo, uno a uno, a todos los hombres del vecindario. Luego del barrio. Los marineros que llegaban en los barcos que atracaban en el puerto también habían oído hablar de mí. Nunca nadie dijo nada, nunca nadie puso una pega a nuestra forma de vivir, a nuestro matrimonio consumado una y mil veces a plena luz del día y a la vista de nuestro vecindario, en el patio, en las calles y parques de la ciudad, porque todos sabían que nuestra sed era insaciable e imposible de colmar. Y, además, ¿que objeción podían poner, si en el trato para comprar sus silencios estaba incluido su derecho a tomarme y hacerme también suya? </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">La mañana después de mi cumpleaños, Padre me dijo que a partir de esa misma noche debía instalarme en su dormitorio, porque a partir de entonces cohabitarímos como marido y mujer para siempre. Me confesó que su plan había sido, desde que empecé a demostrar un evidente interés sexual en él, y en todo el que me rodeaba, esperar a mi completo desarrollo y, solo entonces, dejarme embarazada tras arrancarme él mismo el virgo a pollazos. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">“Deseaba ese hijo contigo, Marranita, pero ahora me he dado cuenta de que te quiero a ti más que a nada en esta vida, y tienes derecho a conocer y aprender al menos parte de lo que yo he conocido y aprendido. He decidido darte cinco años en los que quiero disfrutarte como no he hecho jamás con nadie, y quiero que tú disfrutes como nadie ha hecho jamás en este mundo. Cuando pasen esos cinco años y alcances el año de tu ciudadanía, tú misma decidirás si quieres seguir así o quieres vivir tu vida de mujer como madre de mis hijos. Si es así, ese día le regalarás a tu padre la araña que llevas dentro, y tu padre te regalará a ti un hijo que llevará nuestra sangre y será nuestro legado de poder para el futuro”. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Yo me corría de placer por el mero hecho de que Padre simplemente me hablara de tener un hijo juntos. Pero él siempre repetía que yo no debía tener prisa, porque los dioses nos habían concedido cinco maravillosos años de ventaja para disfrutar mi cuerpo, y quemábamos así día tras día, juntos o separados, pero siempre unidos. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Las fiestas de Padre en el patio volvían a ser populosas: todos los hombres querían ejercer su derecho a tomarme, a probarse a aquella Gran Cerda de la que todo el mundo hablaba. Mi cuerpo pasaba de mano en mano, y a todos les estaba permitido disfrutarme a su antojo, sin permiso y sin límite y, cuando alguna vez encontraba a uno de ellos que realmente era capaz de complacerme, a ése yo lo devoraba. Entre fiesta y fiesta, me seguí trabajando a mi grupo de chicas. El vigor que me transmitía alimentarme a diario con el semen de Padre se revelaba multiplicado cada vez que las tenía a ellas delante. Solo dos años después de que Padre me hiciera su mujer había conseguido que todas ellas se reconocieran públicamente como mis esclavas, a pesar incluso de que muchas de ellas tenían ya marido e hijos.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">La que anteriormente fue mi madre vivía repudiada por todos, encerrada en la casa de nuestra vecina, de la que su propio marido renegaba convencido cada vez que le llamaba para meterle entre mis piernas. Porque el señor Nardo había vuelto a ser un devoto y fiel aliado de Padre, y había accedido a todo lo que se le pidió con tal de poder enterrar su polla vieja y gorda al fin en mi coño, aquel paraíso prometido que él había anhelado sin disimulo desde siempre. Nunca me cansé de sentir las vigorosas eyaculaciones del señor Nardo encima y dentro de mi cuerpo. Sabedor de nuestro odio hacia la que fue mi madre, él la mantenía encerrada y esclavizada en su propia casa, y no dejaba tampoco que su mujer se relacionara con nadie más allá de los límites de su enorme palacete, que había ido creciendo a lo largo de los años conforme Nardo se iba haciendo con más y más propiedades en el patio. Nadie en todo el vecindario se dignaba a mencionar siquiera a aquella que decía que me había sacado de entre sus piernas. Porque nadie dudaba que yo era la única mujer de padre, ¡yo era la Marrana del Gran Cabrón!, y nadie habría perdido la oportunidad de arder conmigo en la cama, aunque fuera por cinco segundos, por cometer el error fatal de saludar compasivamente a una vieja de la que ya nadie se acordaba.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Los años pasaron así, dulces, mágicos, ardientes. Disfrutaba cada día, cada hora, entregada al sexo como única ocupación. No faltaba quien decía que Padre había convertido nuestro patio en un lupanar gratuito en el que, realmente, yo era la única meretriz que los hombres buscaban. Estúpidos... si hasta aquellos que se atrevían a proferir tales comentarios acababan siendo los más fieles clientes de aquella puta de la que todos hablaban. Mis más fieles clientes…</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Y sin embargo, los años pasaron rápido. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">En realidad, yo esperaba ansiosa ese día, el día de cumplir mi ciudadanía. Cuando llegó el alba, a pesar de que habíamos pasado una noche agotadora e irrefrenable, desperté a Padre como una niña pequeña deseosa de abrir sus regalos, sentada sobre su cuerpo desnudo, pidiéndole que me arrancara él mismo la araña con sus manos. No habíamos vuelto a hablar nunca de aquello durante los cinco años, pero ver la emoción con que se lo pedía una vez llegado el momento le hizo comprender que, efectivamente, su amada hija deseaba con todo su cuerpo llevar en su vientre su fruto de verga. La felicidad total nos invadió de súbito, plena e inmensa en aquel momento, y la violencia del despertar del alba entrando por la ventana de nuestro dormitorio nos iluminó las caras, henchidas de felicidad.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Y entonces, estalló el caos.</span><span></span><span></span>
<div dir="ltr">
<div dir="ltr"> </div>
</div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #3366ff">(lau.alma @yahoo.com)</span></div>
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<div dir="ltr"> </div>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/">En Familia</category>                        <dc:creator>laualma</dc:creator>
                        <guid isPermaLink="true">https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/la-marranita-capitulo-xii-la-arana/</guid>
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				                    <item>
                        <title>En la cama con mi madre</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/en-la-cama-con-mi-madre/</link>
                        <pubDate>Thu, 10 Sep 2026 18:41:31 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Llevamos unos dias de obras en casa y aunque normalmente pasamos más tiempo juntos de lo normal por placer, está vez, era más por obligación aunque yo estaba de lo más encantado. Las obras d...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>Llevamos unos dias de obras en casa y aunque normalmente pasamos más tiempo juntos de lo normal por placer, está vez, era más por obligación aunque yo estaba de lo más encantado. Las obras de mi habitación continuaban y tenía pinta que irían para largo debido a unos problemas en las reformas, tuve que pasar a dormir a la habitación de mi madre con ella, aunque muchas noches dormimos juntos, no son todas exclusivamente aunque la verdad es que me encantaría. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me acababa de despertar, cuando al abrir los ojos me encontré a mi madre trasteando con el móvil, ella llevaba despierta un buen rato pero tampoco tenía intención de moverse, estaba agusto, empezamos a hablar del tema, hablando de que esto llevará tiempo hasta que los obreros acaben toda la reforma, mientras le respondía mirándole embobado al escote que ella llevaba con su camiseta de tirantes, cosa de la que se dio cuenta enseguida. Así que sin poder aguantarme más le dije que me había levantado algo juguetón y que que le parecía si ahora que estábamos solos aprovechabamos para desfogarnos juntos, enseguida mamá me preguntó ¿Estás cachondo cariño? Ella aunque ya lo sabía quería escucharlo de mi boca, así que le confesé, que tenía la polla babosa y que por qué no aprovechaba para chuparmela un ratito, al momento ella me miró desafiante ante dicha proposición fuera de lugar. Observaba como las tetas se le movían, al estar sin sujetador ni nada podía ver como estaban a punto de salirse de la misma camiseta, así que enseguida me dijo "a ver qué escondes ahí" al decirme tal cosa, le mostre la polla, estaba en plena ereccion y deseoso de hacerlo con ella, ella la miró resignada al principio, como diciendo me lo imaginaba cariño. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Algo cortado le pedí perdón, pero mamá enseguida se encargó de consolarme diciéndo que no le tenía que pedir perdón por nada y que ella estaba ahí para eso. Al verla mamá empezó a suspirar profundamente mientras continuaba mirando al móvil, se hacía derrogar pero al final caería, empezaba a hacer calor en el ambiente así que mamá continuó destapandose otro poco más quedando las mantas por las rodillas, por lo parte empecé a tocarme lentamente delante de ella para provocarla y que se mojara, rozándole con el glande sobre su muslo izquierdo, cosa que a mamá le pareció extraña y así me lo hizo saber poniendo cara de desconcierto. Ella por su parte de me decía que estaba loco, que podían oirnos los vecinos dado que era muy pronto, mamá me pedía que parara pero es que lo cierto es que me era imposible, seguidamente me dijo que tenía muchas ganas de follar conmigo pero le daba miedo dado lo pronto que era si alguien nos oía, yo le dije que no pasaba nada y que yo me encargaría, la destape por completo y a continuación le quite el short del pijama y le di la vuelta bruscamente mientras me dice ¿Que estás haciendo cariño? Le pase repetidamente los dedos por su rasurado y empapado coño, lo tenía completamente encharcado, enseguida las preguntas dieron paso a los fuertes y sonoros gemidos, mamá se quitó la ropa de cintura para abajo y acto seguido se puso de rodillas nuevamente abierta de piernas para que la follara. Ella por su parte se tocaba con sus dedos para provocarme y calentarme más. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Empecé a rozarle el coño con la punta de la polla, mamá enseguida jadeo al sentirla y posteriormente la penetré follandola duro, mamá no paraba de gemir con fuerza, le gustaba y me pedía que no parase mientras me miraba de reojo, cuanto más duró le daba más cachondo me ponía, continúe follandola lento mientras el se metía y se sacaba la polla lentamente, sintiendo el roce y el placer que le daba ese gesto. ¿Quieres que te la chupe? me preguntó ella, me encantan sus mamadas así que al terminar de follarla a cuatro la saqué y le puse la polla en la cara para que ella me la chupara, metiéndosela en la boca y llenándomela de babas como a ella más le gusta. Qué rica está cariño, me decía en un momento para coger aire nuevamente. Más tarde mamá continuo bajando, ¡lame mi guarra! Le decía mientras me chupaba los testiculos, ella me sonreía y chupaba. Después me empezó a cabalgar, sentí como la polla entraba lentamente a través de su coño, ella gemia mientras me susurraba ¿Te gusta? Yo asentía y le susurraba me encantaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mama estaba apoyada con sus dos manos sobre mis piernas así que yo aproveche y le saque las tetas de la camiseta, ella me decía "tú eres solo mío y de nadie más, ¿te queda claro?" Yo le dije que si llamándole mi putita y continuo follandome, para terminar la tumbe en la cama boca arriba follandola de nuevo el coño, en una sintonía de orgasmos brutales los cuales se escuchaban por toda la casa hasta que me termine corriendo en su cara y parte de las tetas. </p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/">En Familia</category>                        <dc:creator>RaulGlez1</dc:creator>
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                    </item>
				                    <item>
                        <title>La Marranita - CAPÍTULO XI - Mujer</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/la-marranita-capitulo-xi-mujer/</link>
                        <pubDate>Wed, 09 Sep 2026 19:01:36 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[La Marranita - Auge y caída de la República de las Mujeres



 
 
 

CAPÍTULO XI - Mujer

 

Así llegué al que ...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p><strong><span>La Marranita - Auge y caída de la República de las Mujeres</span></strong></p>
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<div dir="ltr"><span></span></div>
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<div dir="ltr"><span>CAPÍTULO XI - Mujer</span></div>
</div>
<div dir="ltr"> </div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Así llegué al que se consideraba el cumpleaños más importante en la vida de un niño, el llamado año lunar. En esta parte del Continente siempre se había empleado el llamado calendario lunar, con años de 13 meses de 28 días exactos, por lo que cumplir ciclos de 13 veces 13 meses había sido considerado siempre de buen agüero. El primero de aquellos ciclos era especialmente celebrado, porque<span> marcaba el paso al desarrollo adulto. Físicamente, se entiende, porque según las antiguas costumbres de La Ciudad, toda persona era considerada adulta a efectos civiles a partir de los seis años y medio, al alcanzar la mitad exacta del primer ciclo lunar, aunque en la práctica niños y niñas de casi cualquier edad eran todavía libremente entregados para consumar matrimonios de conveniencia que debían sellar pactos entre familias, o podían lo mismo heredar y gestionar cuantiosas herencias que hasta incluían a veces las vidas de cientos de esclavos, tanto como ver segada sus vidas por el verdugo de la Justicia de La Ciudad en caso de haber cometido delitos graves contra la propiedad. Por eso el primer año lunar era en verdad algo mucho más importante en La Ciudad que aquella llamada mayoría de edad, un término temporal exclusivamente burocrático destinado a únicamente a reconocer a los 18 años la condición asociada a los derechos de ciudadanía, algo tan secundario que apenas cambiaba la vida de un puñado de hombres cada año. </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>Y por eso fue que yo no fui capaz de dormir en la víspera de mi año lunar, porque sabía que llegaba al reconocimiento oficial de mi inicio en el mundo adulto completamente hecha:</span> plena, feliz, y prácticamente desarrollada por completo. Tenía casi la altura de Padre ya, y unos pechos tan grandes como los de mi madre, solo que los suyos hacía años que estaban en declive y los míos no habían terminado de crecer todavía, pero ya habían comenzado su orgullosa rebelión contra la ley de la gravedad, con aquella furia altiva digna de una diosa que no abandonarían nunca. Su excepcionalidad me venía reafirmada por el hecho mismo de que Padre me los veneraba a diario. Por su parte, mi coño lucía ya un exagerado matojo de pelo negro y espeso, que al crecer había perdido su abrupta naturaleza rizada y se me había ido alisando de nuevo, frente a ese denso encrespamiento que tuve hasta poco después de mi sangrado. Ahora aquel pelo azabache y espeso resultaba sedoso cuando Padre metía con facilidad las manos entre aquella fronda. Se felicitaba siempre por mi decisión de mantener mi sexo al natural. A mí me encantaba llevarlo de esa manera, es cierto, y siempre prefería los coños velludos a los rasurados cuando me encaprichaba de alguna nueva chica pero, si no hubiera sido así ¿qué otra cosa podía hacer yo, que todo lo hacía buscando agradar a Padre? Eso sí, siguiendo también sus gustos, dejaba que las chicas depilaran y rasuraran con frecuencia mis axilas y piernas, en donde me crecía igualmente un vello denso y oscuro con exagerada velocidad en cuanto mis hormonas se revolucionaban un poco. El clítoris me había crecido también hasta hacer imposible dudar de su existencia al más torpe de los chicos, y la vulva se me había desarrollado con unas formas y una complejidad tal que, finalmente, no me quedó más remedio que empezar a limitar hasta yo misma mis paseos desnuda por el patio y las galerías, obligándome a vestir al menos uno de aquellos mínimos bragueros de triángulo que se habían puesto tan de moda, mientras que dejé de salir por completo a la calle si no era llevando al menos una túnica ligera y corta. Los hombres del vecindario habían empezado a quejarse a Padre, diciendo con razón que no era justo que dejara pasear libre y desnuda a la tentación más grande del barrio por delante de sus casas, cuando la mayoría de ellos tenían hasta miedo de llegar a empalmarse conmigo sin contar con el permiso expreso de Padre. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Sin yo saberlo, Padre les prometió que todo aquello iba a cambiar pronto. Su conocimiento profundo del cuerpo de las mujeres le hizo saber que mi desarrollo realmente había llegado casi a su fin, y señaló a todos con decidida determinación, <span>sin yo saberlo</span>, mi primer año lunar como el hito que habría de reconocer tal condición.<br /></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Aquel preciso día, Padre me sorprendió despertándome en mi cama para entregarme como regalo de cumpleaños otro perro. Se trataba de un precioso cachorro de mastín aunque, en realidad, estaba ya bastante crecido cuando lo trajo a casa y, como a mí, parecía que debía faltarle poco para alcanzar el periodo adulto. Me dijo que había pensado en que sería un buen regalo para mí porque sabía que adoraba a los perros, porque me encantaba jugar con ellos desde niña, y porque no había más que ver lo mucho que había sabido disfrutar de ellos aquel día poco antes de mi sangrado. Mi sonrisa se congeló cuando me dijo aquello, recordando lo poco que me faltó para correrme con aquellas dos bestias lamiéndomelo todo y frotando sus pollas contra mi cuerpo, mientras yo hasta me morreaba con el más viejo de ellos. Sin embargo, Padre no hizo más refernecia a aquello, que pareció uno comentario inocente más, sino que hizo subiar a aquel pesado mastín a mi cama para que yo pudiera jugar con él. Me contó que su nombre era Nardo, y los dos nos reímos por aquella ocurrencia. Sin embargo, no pude evitar que a mí aquel nombre, en lugar de recordarme el miembro arrancado de mi examante, tan querido por mí antes de terminar convertido en un eunuco, me evocara sin más el propio nardo de Padre, su incomparable verga que, en aquel mismo instante, lucía ante mí extrañamente morcillona y sudada. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Lo cierto es que en aquella época yo ya no pensaba en nada que no fuera su miembro duro, porque en cierto modo aquella fue mi inevitable forma de reaccionar en relación a aquella advertencia que el propio Padre me hizo pco antes de que me llegara el primer sangrado: que, a partir de aquel momento, iba a teneer más gas de sexo que nunca. Lo que no imaginaba era que iba a focalizar de esa manera tan exagerada todas aquellas ganas de sexo en el rabo de Padre: lo tenía demasiado presente a diario, había llegado a conocer aquel miembro mejor que mi propio sexo, y estaba obsesionada por poder entregarme a él de manera definitiva. Cuando él me vio fijar mi mirada en su polla, siendo consciente de que no la tenía tan flácida como sería de esperar en un momento como aquél, me siguió hablando sin parar, diciendo atropelladamente que me había desarrollado exageradamente rápido aquellos últimos meses, que lo mío era excepcional, que nunca antes había visto a ninguna otra chica un cambio tan radical justo después del sangrado, y menos aún si les llegaba tan pronto como a mí, y que quería examinarme con detalle porque mi cuerpo cambiaba tan rápido y de una forma tan evidente, que hasta a él le costaba a veces reconocer los cambios. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Retiró entonces la sábana que me cubría, y empezó a acariciar mi cuerpo sin ningún pudor ni  formas profesionales, sino más bien como lo haría un ganadero para valorar el estado de salud y el precio que podía sacarle a su mejor ejemplar. Toqueteó y movió mis miembros, apartó mi pelo y abrió mis labios y mis dientes, me sacó la lengua con sus propios dedos, estrujó mis pezones sin piedad, y empezó a olisquearme, a lamerme y a chuparme por todas partes, para descubrir el sabor de las diversas partes de mi anatomía. A pesar de todo, su rudeza privaba a aquello de las maneras propias de un encuentro sexual, por más que haya dejado claro que tampoco se parecía lo más mínimo a uno de esos reconocimientos que me hacía periódicamente el doctor del barrio. Resultaba todo bastante inusual, lleno de tocamientos excesivos y de búsquedas en rincones inverosímiles, y pruebas que estarían siempre y en todo caso fuera de cualquier posible protocolo facultativo. Pero a mí me daba igual, era Padre, y solo con que me pusiera un dedo encima yo ya me ponía a mojar cual perrita en celo. Su forma de reconocer mi cuerpo aquella mañana fue tan explícita que, cuando terminó, yo ya me había corrido varias veces, y él estaba prácticamente empalmado por completo. <br /></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Te has convertido en toda una mujer" me dijo como único diagnóstico.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Tenía solo un año lunar, recién cumplido. Por muy laxos que fueran los habitantes de La Ciudad reconociéndonos ya como personas adultas a todos los efectos sin que hiciera falta siquiera que hubiéramos cumlido nuestro primer lustro, lo cierto es que todas las niñas de mi edad que conocía seguían siendo eso, unas niñas. Más o menos desarrolladas claro, pero, en todo caso, las más de ellas iban a tener que esperar todavía años antes de soltar una sola gota de sangre por su coñito, que en realidad no seguía siendo más que su tibia rajita infantil. Y la mayoría de ellas, de hecho seguían pareciendo por su cuerpo y por su comportamiento solo unas niñas grandes todavía, algunas con unos pechos ya llamativamente visibles, algunas con unas formas más delicadas, la mayoría con algo de pelusa en su pubis y sus axilas, pero ni de lejos ninguna con algo como lo que yo tenía ya, y a lo que solamente cabía otorgar el nombre de coño y tetas de hembra, sin paliativos. Precisamente por eso hacía ya años que no me relacionaba con aquellas crías. Pero también era cierto que, por mucho que ninguna ley ni costumbre de aquella parte del Continente hubiera prohibido que Padre o cualquiera de los padres del patio me hubiera tomado y me hubiera hecho mujer muchos años antes, cuando yo empecé a merodear desnuda por sus fiestas, sin ser consciente que me estaba metiendo en el corazón mismo de lo que era, simple y llanamente una orgía, en todo momento había sido el propio Padre quien había impuesto unas firmes reglas de edad para acceder a aquellas fiestas con plenos derechos de sexo. Y ninguna persona lo había podido hacer tan joven, ninguna en verdad lo había hecho antes del año de su ciudadanía. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Pero yo apenas acababa de cumplir el ciclo lunar y, sin embargo, padre me acababa de reconocer como mujer.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Pero Padre..."</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Quería protestar. ¿Aquello iba a ser todo? Podía ser ya una mujer, pero necesitaba tener la libertad de que me hicieran sentir como tal... Padre no dijo nada, solo gruñó. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Pero sus ojos brillaron.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Padre..." seguí, tímidamente, "pero no puede ser, no puedo haberme convertido en mujer así sin más... Quiero decir, para poder ser una mujer de verdad, ¿no necesito acaso que un hombre...?"</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Fui incapaz de seguir. Tampoco hacía falta: Padre seguía mirándome con aquel brillo en los ojos. Me di cuenta también de que sus labios estaban húmedos, y de que su musculado y moreno cuerpo brillaba también, bañado por completo de sudor, aunque era muy temprano todavía y el día seguía aún fresco. Y estaba ya empalmado como una bestia, con el falo mojado y sudoroso. Sin decir nada más, alargué mi mano para aferrar aquel miembro antinaturalmente erecto, y pajeé suavemente a Padre mientras le abría mi coño de par en par, usando para ello mis propios dedos. Quería pedirle que me follara ya. Si por fin era una mujer, no sabía por qué no podía follar ya como cualquier otra. Era incapaz de hablar, pero la peste a deseo que me salió del chocho al abrirme la concha lo decía todo. Padre me metió su mano entre los muslos y me acarició el sexo por fuera y por dentro, como solo el sabía, como solo el podía hacer con su manaza de oso. Su dedo me entró sin preaviso, abriéndome con rudeza y dolor de un solo y rápido golpe, pero deteniéndose en el punto exacto... Por primera vez, Padre me acariciaba el virgo, haciendo patente para ambos que solo aquella pequeña membrana nos separaba del placer total que tanto deseábamos. Fue una paja lenta, suave, delicada. Algo como nunca había tenido con Padre ni visto en él. Cuando se empezó a correr, me tomó la mano para dirigir su verga a mi cuerpo y me regó entera. De los labios de la boca al coño abierto. Sin esperármelo repasó todo su capullo todavía hinchado y pringoso por mi coño. El orgasmo que sentí fue tan violento que algunos vecinos llegaron a aplaudirme por el patio, seguramente pensando que acababa de caer el virgo más ansiado de todo aquel olvidado extremo del Continente.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Padre pasó el día fuera. Yo estuve esperando todo el tiempo su vuelta, y rechacé cuantas ofertas me llegaron para festejar, hablar, follar o lo que fuera. De chicos y chicas. Nadie entendía mis negativas a celebrar aquel día, y parecían confundidos porque, realmente, cuando yo les decía que nada iba mal parecía ser sincera. Pero no tenía necesidad de nada con ellos. Solo esperé y esperé. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Era muy tarde ya cuando llegó. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Le ayudé a desnudarse y le serví la cena. Como era tan tarde, me dijo que aquella noche nos iríamos a dormir nada más terminar de cenar. Cuando él acabó, como todas las noches antes de acostarse, se fue al baño para lavarse. Yo recogí la cena, con la única compañía de mi pequeño mastín nuevo, Nardo, que me había ayudado a sobrellevar la soledad y los amargos pensamientos de aquel largo día, y ahora parecía ya inexorablemente unido a mí. Había sacado a los otros dos perros a la galería para que Nardo pudiera acostumbrarse mejor a la casa. Después de todo el día a solas con él, no paraba de jugar conmigo y dejarse mimar. Yo agradecí su compañía fiel en aquel día tan especial, por mucho que realmente llevara todo el día soñando con poder tener otra compañía. Padre se demoraba en el baño, así que me fui a dormir, sin más. Sabía que no podía hacer nada en contra sus decisiones. <br /></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Me metí en la cama y, sin darme cuenta, antes de poder reaccionar ya tenía a Nardo bajo las sábanas. El pobrecillo, recién llegado a la casa, no había tenido aún posibilidad de aprender las estrictas normas de Padre, siendo la primera la prohibición de que los perros durmieran en las camas. Aunque Nardo era muy listo, y a pesar de ser un cachorro tenía ya varios meses, y se comportaba con tanto cuidado que hasta parecía entrenado. Al notar su cuerpo desnudo y algo húmedo entrar en contacto con mi piel, su calor me resultó agradable y, sin pensar, me puse a acariciarlo instintivamente. Sabía que debía de echarlo de la cama inmediatamente, porque si no se acostumbraría y ya no querría dormir fuera de mi lecho, pero aquel día necesitaba desesperadamente sentir un contacto así, necesitaba aquel calor para poder dormir. Pero, incomprensiblemente para su edad, me di cuenta que el perro estaba reaccionando como si realmente estuviera en celo.... Nardo empezó a lamer y a frotarse contra mi cuerpo desnudo, y su calor me llenó tanto que, precisamente por ese motivo, no pude dejar de tenerlo allí dentro de mi cama conmigo, porque aquel día más que nunca necesitaba saciar, precisamente, mi deseo sexual, y quizás sin proponérselo aquel cachorrillo me estaba lamiendo mis pezones hipersensitivos y frotando su pequeña polla aún no crecida contra un chocho de mujer. Contra un verdadero chocho de una verdadera mujer. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">¿Cómo podía ser? Quizás había valorado realmente mal la edad de aquel perro, quizás ya no era, para nada, en absoluto, un cachorro... Pero yo tampoco lo era, había dejado de ser una niña, y como mujer tenía unas necesidades que necesitaban ser cubiertas.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Empecé a ponerme cachonda, e instintivamente bajé a Nardo para que centrase su lengua en mi coño. Sinceramente, no creía que aquel cachorro, aquel perro, fuera capaz de penetrarme aún y, desde luego, no creía conveniente ni necesario llegar a la locura de perder mi virtud con un perro, no al menos después de haber aguantado tanto tiempo. Sin embargo, después de lo que pasó el día anterior a mi primer sangrado, sabía por propia experiencia el gran placer que puede dar la lengua de un perro trabajando sobre un coño excitado y mojado como era el mío. A Nardo pareció gustarle el cambio, porque en seguida empezó a centrifugar su lengua sobre mi sexo, haciéndome ver esas estrellas que llevaba ansiando encontrar durante todo el día.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Apenas me dio tiempo a reaccionar cuando escuché los pasos de Padre entrando a mi habitación. Me incorporé en la cama, para quedarme sentada y con las piernas levantadas y recogidas, aunque forzosamente separadas para permitir que Nardo siguiera colocado entre éstas, dándole lengüetazos a mi chumino que cada vez chorreaba con más fuerza. Tapada con la sábana por debajo de mis tetas, por lo menos quedaba oculto el cuerpo del delito. Padre entró y se sentó al borde de mi cama, pero no le dio tiempo ni a decir una palabra. Aquel puto perro se había vuelto tan loco con el sabor excesivo de mi coño encharcado que sus lametones se volvieron frenéticos, y consiguió provocarme tal espasmo que, en mi empeño por disimular la situación, acabé tragándome un gemido, poniendo los ojos en blanco y echando la cabeza atrás, apoyando mi peso sobre los brazos retrasados tras mi cuerpo y elevando bruscamente mi pecho, alzando provocativamente mis tetas hinchadas con los pezones endurecidos como balas de acero hacia la cara de Padre. Sentí un chorro de flujo manchando espeso mis sábanas, y recordé aquella primera vez con Padre en qué acabé meándome literalmente del gusto entre sus brazos.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">“¿Qué te pasa Marranita? ¿Qué tienes?” dijo Padre, tomándome fuerte por las espalda para evitar que cayera hacia atrás, mirando alucinado unas enormes tetas que hacía apenas unos días parecía que todavía no estuvieran ahí. “Pero... ¿qué es este olor a coño, Marranita?” </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">A Padre le bastó oler mi corrida para empezar a entender que ocurría. Retiró la sábana de mis piernas y se quedó mirando mi cuerpo desnudo. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">“¡Nardo!” gritó, echando de un golpe al cachorro de mi cama. “¿Por qué has hecho esto, Marranita? ¿Qué te ha dicho siempre tu padre de dejar dormir a los animales en tu cama?”</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">“Que si dejo dormir a un animal en mi cama la primera vez, ya aprende el camino y al final lo acabaré teniendo metido todos los días dentro porque pensará que es su derecho…” le dije de corrido, sin vergüenza ni miedo por lo que acababa de hacer, sino con el aire altivo y orgulloso de la alumna aplicada que disfruta sabiendo de antemano que va a recibir la valoración de su Maestro...<br /></span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">“Exacto, Marranita…” </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">La mirada de Padre había cambiado por completo al enfrentar la actitud altiva y retadora de mi respuesta. Su mirada cambió en aquel momento, y ya lo hizo para siempre. Cambió porque ya no era un padre mirando a su hija: se había revelado ante mí, por fin, como lo que siempre había sido, como aquel animal sediento de sexo que era, mirando a toda una mujer en celo. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Por fin..." murmuré.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Alargué mi mano derecha para acariciar y rodear su verga desplegada por completo, con el enorme glande al descubierto y ya pringando de sus líquidos la parte baja de su pecho. Padre resopló al sentirme. Mojé mi otra mano, metiéndola profundamente dentro de mí, y se la llevé a Padre a la boca. Él sacó la lengua y me lamió la palma, arrastrando todo mi flujo con la lengua y dejándomela en su lugar cubierta de su saliva.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">“Entonces, Padre, creo que por fin entiendo por qué me has dicho siempre eso... Lo que querías que entendiera es que lo que debo hacer es elegir siempre bien al animal que voy a meter en mi cama, es eso, ¿no, Padre?” </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Así es..." graznó padre roncamente, al ver que yo volvía a empapar mi mano en mi coño, llevando allí las babas con las que había llenado mi palma.</span></div>
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<div dir="ltr"> </div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">La verga de padre escupió un goterón de semen limpiamente sobre mis tetas. Nunca le había visto tan excitado. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Te pido perdón por haber permitido a Nardo montarme en mi cama, Padre...", continué hablándole, utilizando aquella voz sensual que me habían enseñado las chicas del patio para volver locos a los hombres cuando estuviera en la cama con ellos. La voz de puta claiente.  "Tú sabes tan bien como yo lo que opino de todos esos perros, y el pequeño Nardo ha sido tan entusiasta además... Pero me pides que elija mi animal, y yo no tengo el menos problema en eso. Además, tú siempre has sabido lo que quiere tu Marrana, ¿verdad, Padre? Por eso, yo... ¡¡¡yo elijo a la Gran Cabra!!!"</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Mi voz retumbó en las paredes de un patio extrañamente calmo y silencioso aquella calurosísima noche, mientras yo volvía a alzar mi mano empapada en flujos hacia su cara.<br /></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Este es el sabor de tu hembra, Padre...” le dije rozando sus labios con mis dedos temblorosos, al ser consciente por fin de lo que estaba a punto de pasar, mientras sentía su polla palpitando veloz en mi otra mano. “¡¡TE ELIJO A TI, CABRÓN!! ¡¡Hazme mujer, ahora!! ¡¡HAZME TU MUJER, AHORA... Y PARA SIEMPRE!!” Me aseguré de que todo el vecindario, y la Vieja antes que nadie, se enterase perfectamente de que estaba a punto de suceder lo que todo el mundo llevaba tanto tiempo esperando: el eco de mi voz retumbó en las cuatro paredes del patio y subió hacia el cielo como si fuera un castillo de fuegos artificiales.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Por fin.<br /></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Padre me hizo tumbar y, lentamente, estiró su cuerpo sobre el mío. Por un momento temí que mi frágil cuerpo adolescente reventase bajo el peso de aquella aunténtica montaña humana. Pero había visto a Padre cabalgando a chicas menos corpulentas y formadas que yo que, de hecho, aquella noche parecía tan adulta como cualquiera de las mujeres con las que Padre se había pasado la vida jodiendo delante de mis narices. Y, no sólo eso, sino que cuando abrí mis piernas y rodeé a Padre con ellas, <span>comprendí</span> que yo era ya mucho más mujer que cualquiera de aquellas furcias fogosas.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Lo que siguió a la entrada de aquella legendaria y descomunal verga en mi coño sediento, taladrándome de un solo golpe, borrando cualquier resto de la existencia de mi himen como si por él hubiera pasado un huracán desbocado, fue que nuuestro placer fue tan total que aquella noche nuestros gritos de placer resonaron en todo el barrio, y se quedaron pegados en cada callejón y en cada rincón del puerto donde la niña Laura no hacía tanto que había aprendido a comer pollas y a desear a los hombres. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Como él mismo había vaticinado, Padre aprendió el camino de mi cama y ya no dejó de venir a mí ni una sola noche durante los cinco años siguientes. Aquellos años fueron, con diferencia, los más hermosos y plenos de mi vida. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Sé que tuve mucho, quizás más de lo que pude haber merecido. Pero no merezco haberlo perdido todo. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span style="color: #000000">No solo me han arrancado aquella vida, sino que esta Revolución, a la que maldigo cada día que pasa, me ha quitado toda vida posible, destruyendo cualquier posible esperanza en mí.<span></span><span></span></span></span>
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<div dir="ltr"><span style="color: #3366ff">(lau.alma @yahoo.com)</span></div>
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</div>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/">En Familia</category>                        <dc:creator>laualma</dc:creator>
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                        <title>La Marranita - CAPÍTULO IX - La sangre</title>
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                        <pubDate>Sun, 06 Sep 2026 18:16:06 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[La Marranita - Auge y caída de la República de las Mujeres



 
 
 

CAPÍTULO IX - La sangre

 

Mi acelerado d...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p><strong><span>La Marranita - Auge y caída de la República de las Mujeres</span></strong></p>
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<div dir="ltr"><span>CAPÍTULO IX - La sangre</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Mi acelerado desarrollo vendría a pasar su factura muy pronto. Al poco de celebrar por fin mi último cumpleaños previo año lunar me llegó por fin el sangrado, y después de haber podido contar a lo largo de mi vida ya <span>doce veces trece lunas, no </span>llegaría ni tan siquiera a ver una nueva sin que mi cuerpo se abriera y me hiciera mujer, sin que yo pudiera ser consciente de hasta qué punto aquello iba a cambiar mi vida. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Recuerdo que, días antes, comiendo en casa con Padre y con mi madre, los perros andaban por la cocina todo nerviosos. Yo había terminado de comer, pero como siempre esperaba a que terminase Padre para poder levantarme. Como mi madre estaba en casa, yo no tenía que ocuparme de nada, ya que le correspondía a ella servirnos a los dos siempre que no estuviera en casa de los vecinos. Y entonces, mientras esperaba a que Padre me permitiera levantarme y salir al patio o rumbo al puerto para buscar con quién pegar un polvo, me puse a jugar con mis dos perros, como siempre me gustaba hacer. Estando en casa, naturalmente, tanto Padre como yo comíamos desnudos. Solo mi madre vestía un braguero viejo y una saca ligera colgada con tirantes, por lo que ni siquiera ella tapaba para nada sus enormes tetas, pero es que hacía un calor bastante pegajoso. Quizás por aquello, aquel día los perros estaban nerviosos. No hacían más que lamerme, y me arañaban y empujaban las piernas todo el rato. Yo trataba de tranquilizarlos pero, por algún motivo, no era capaz de hacerlo. Mi madre se levantó a prepararle el café a Padre. Cuando nos quedamos solos en la mesa, él se detuvo a olisquear un momento, cosa que me extrañó, pero no tuve tiempo de preguntarle por qué lo hacía, ya que de repente sentí un mordisco que me hizo levantar la pierna de golpe, golpeando el tablero de la mesa y haciendo tambalear los vasos de barro. Al hacerlo, mis dos perros se me metieron en medio y empezaron a treparme. Cuando me quise dar cuenta los tenía a los dos lamiéndome el coño abierto con sus largas y húmedas lenguas. Mi madre al ver aquello empezó a rechistar, sin atreverse a realizar su enésima advertencia sobre los problemas que supone para una mujer el hecho de estar desnuda. A mí no me apetecía nada que la vieja montara otro de sus números, así que yo misma me aparté a los perros de encima, a pesar de que sentir sus lenguas abriéndome el coño había sido una experiencia brutalmente inesperada, porque resultaba increíblemente placentera y, en realidad, era algo que yo nunca habría imaginado de no haber ocurrido aquella tarde, aunque tampoco era la primera vez que me hablaban de mujeres que entretenían o que entrenaban sus sexo valiéndose de perros y otros animales. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Mi padre volvió a olisquear, y cuando vio que los perros volvían a subirme encima buscando otra vez mi raja con la lengua, yo retiré instintivamente mi sila hacia atrás, pero él me ordenó que los dejara. Mi madre fue a protestar, pero Padre miró fijamente mi collar, y ella calló. Se ve que por fin había perdido sus ganas de que le partieran la cara tratando de proteger un coño que hacía ya mucho tiempo que no quería que lo protegieran.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Déjalos, Marranita"</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Hice caso a Padre. Los perros se pusieron de pie sobre mis piernas, y empezaron a lamer en medio de ellas con ganas. Al haberme separado de la mesa, estaba todo sucediendo a la vista de mi madre y de Padre, pero él permanecía inmutable, y comprendí que no debía ser la primera vez que veía a una chica siendo usada por los perros. Ni, casi seguro, era la priemra vez que nuestros perros lo hacían con alguna chica, porque lo de aquellos dos no era solo mero instinto animal, que también, sino que parecían bien entremados, porque los muy cabrones perros me lo hacían tan rápido y fuerte que no pude evitar sentir un placer intenso e inmediato en todo mi cuerpo. Se me erizaron los pezones delante de Padre y de la vieja, y uno de los perros, un viejo bóxer de grantamaño, se montó sobre mi pierna y se empezó a frotar fuerte contra mí, pegándome unos lametones tan bestias y húmedos en los pezons hinchados que los sentí doler de lo duros que se me pusieron. Así estuvieron un rato y, mientras el joven labrador dorado seguía con todo el hocico embutido en mi coño peludo, el viejo bóxer siguió y siguió hasta que pude sentir como le crecía una enorme polla, que se le había salido y estaba dejando mi pierna toda mojada.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Padre..." gemí, empezando a perder la cabeza y a agachar mi cara para buscarle la boca a aquel enorme bóxer con mi lengua fuera. Demasiado tarde comprendí que el peligro allí no era que me diera miedo o asco aquello, sino al revés: si seguían así un poco más, aquellos dos perros iban a hacer que me corriera, y muy rápido, porque aquello que hacían con mi cuerpo me estaba encantando. Padre volvió a olisquear, y entonces por fin se levantó y agarró a los dos perros por el pescuezo, sacándolos a la galería del patio sin contemplaciones, donde quedaron gimiendo y ladrando, dando vueltas sobre sí mismos con el rabo entre las piernas por causa de su sobre excitación. Observé que la polla de Padre estaba morcillona cuando se levantó: a él también le había puesto aquella escena...</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Padre se dio la vuelta y volvió hacia mí.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Te han crecido las tetas esta semana, Marranita. Y mucho."</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Me toqué los pechos delante de él, en un gesto intencionadamente obsceno, del que disfruté doblemente al ver que mi madre se mordía la lengua para evitar decirme lo que pensaba de aquella actitud. Pero Padre tenía razón. No me había dado cuenta, pero tenía las tetas más grandes e hinchadas ya que muchas de las chicas adolescentes que se acostaban con los padres en el patio. Él se puso a mi lado, y me tomó las tetas en sus manos, mostrándome así la prueba definitiva: Padre ya no podía abarcar mis tetas con una sola de sus manazas, sino que cada uno de mis pechos empezaba a llenar sin problemas cada una de ellas de manera independiente. Lo cierto era que, además de haber crecido las sentía duras, como si estuvieran hinchadas. Para colmo, las areolas y los pezones estaban tan disparados que, en realidad, las tetas parecían mucho más grande de lo que en verdad eran. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Vas a tener unas tetas grandes, como tu madre. Solo que mucho más bonitas y morbosas. Me alegro que al menos lo poco que hayas heredado de ella haya estado tan bien elegido."</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Me halagó el piropo de Padre, aunque no tenía claro que me acabara de gustar la idea de tener ningún rasgo en común con mi madre, ni siquiera sus grandes tetas. <br /></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Gracias, Padre" le contesté aún así, para mostrarle mi respeto a su piropo.<br /></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Cuando me quise dar cuenta, Padre había metido toda su mano entre mis piernas, que tenía todavía separadas por completo después de haberme abierto como una putita de barrio para mis perros. No me moví ni un milímetro, sino que dejé sin más que él empezara a sobarme la concha, que después de lo de los perros yo tenía completamente abierta, encharcada ya y muy a tono. Pero aquello me puso nerviosa. Padre siempre se había cuidado de no hacerme nada de aquello que tanto nos gustaba delante de mi madre. Para superar lo molesta que me hacía sentir el hecho de que ella estuviera allí invadiendo mi sagrada intimidad con Padre, decidí mirarla fijamente a los ojos mientras sentía aquellos dedazos hurgándome la raja sin tapujos, hasta conseguir someterla con mi orgullo y su vergüenza y que bajara por fin la mirada. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Hueles a coño, Marranita" </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">La mano de Padre hurgaba sin cuidado en mi entrepierna, como si fuese un veterinario reconociendo a una cerda a la que quisieran inseminar.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Y estás mojada como una cerda... y no es solo por los perros." Empecé a tratar de balbucir una excusa que no me acababa de salir. "O mucho me equivoco o llevas todo el día encharcada, ¿verdad?" Me preguntó paladeando lo obsceno de sus palabras, mientras pasaba sus dedos por el asiento de la silla de la cocina recogiendo admirado aquella capa viscosa con la que yo lo había dejado empapado, y no precisamente de sudor.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Sí, Padre" reconocí asustada al constatar que él pudiera haber adquirido en pocos meses un conocimiento de mi propio cuerpo muy por encima del que yo misma había logrado tras años de explorar, preguntar y practicar.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Buena Marrana estás hecha. Vete y date un baño de agua fría. Pero pajéate primero si te hace falta".</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Por dios, no sigas..." explotó mi madre. El bofetón la lanzó al otro extremo de la habitación, donde se quedó en el suelo, rota y lamiéndose las heridas como la perra que era.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"¿Te había preguntado alguien algo? Ya sabes que el servicio no opina en esta casa. La Marranita está a punto ya, joder... ¿eres capaz de entenderlo? Le ha cambiado el flujo y se ha puesto en celo. Es ya cuestión de días."</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Entendí lo que me decía Padre gracias a las conversaciones que había tenido con mis amigas adolescentes en el patio. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Debes extremar ahora tus precuaciones, Marranita. Tendrás más ganas de sexo que nunca: haz lo que quieras para saciarte, porque sé mejor que tú que vas a ser una hembra voraz. Pero ahora menos que nunca puedes dejar que nadie intente abrirte el coñito. Estás avisada: si alguno intenta meterte el pito, me lo dices ¡y se lo corto!" Padre clavó su cuchillo de carne sobre el tablero de la mesa, y allí quedó tambaleándose mientras él salía de la cocina pasando por encima del cuerpo de mi madre. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Yo me levanté sin molestarme ni en limpiar los restos de flujo que había dejado en mi silla, y me fui para el baño a cumplir las órdenes de Padre. Cuando pasé yo también por encima del cuerpo de mi madre, aproveché para patearle aquellas tetas de las que no quería que nunca más se volviera a sentir orgullosa. Si de verdad iba a llegarme aquel cambio que Padre llevaba tanto tiempo anunciando, aquella vieja no estaba en absoluto llamada a opinar sobre ello, y a mí por lo menos me bastaba con que limpiara los restos de lo que fuera que estuviera a punto de pasar.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">El día siguiente por la tarde, cuando dormitábamos la siesta los tres tumbados en la alfombra del salón, empecé por fin a sangrar, sin más. Sentí a padre olisquear de nuevo y, antes de poder mirarme yo siquiera el chocho que sentí abierto y mojado pero por una sensación diferente a la de siempre, él ya había metido su mano dentro. Al sacarla manchada de mi flujo menstrual, se puso eufórico, y empezó a gritar y a felicitarme y a besarme en la boca y meterme mano sin importarle que estuviera delante mi madre. Ella no fue capaz de aguantar el espectáculo, porque de la emoción la polla de padre se puso completamente alta y, al tenerle yo tratando de embestir mi cuerpo, tampoco me pude resistir la tentación de agarrársela y empezar a sobeteársela y untarla en mi coño ensangrentado, como queriendo entregarle el que sabía que era su trofeo de caza más preciado. Mi madre parecía que se iba a volver loca al verme restregando el falo erecto de padre contra mi coño abierto y sediento, y Padre cargó contra ella con toda su fuerza. Por el camino yo me llevé un pollazo, y dudo que exista un hombre capaz de hacer tanto daño de un golpe de polla dura como Padre. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Cuando mi madre se quiso dar cuenta, Padre la había quebrado de un golpe en el estómago y la llevaba a rastras agarrada del cuello. Primero le repasó la polla por la cara, arremetiendo luego contra su rostro con varios golpes de su cipote. Estaba claro que Padre estaba excitado y quería meter la polla dura en algún lado, pero no iba a ser mi madre. La empujó contra mí y le metió la cara en mi coño abierto. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"¡Cuántas veces te he dicho que las sirvientas no opinan, sino que solo limpian! ¡Saca tu sucia lengua y limpia el coño de la Marranita! ¿Has entendido?" </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Empezó a golpearla, hasta que por fin escuchó mis gemidos y el chapoteo de la lengua de mi madre en mi coño. Padre dejó de pegarla, y se apartó por completo cuando mis manos le obligaron a soltar a mi madre para ser yo misma quien agarrara su cabeza sin contemplaciones y empezara a guiar su mamada a base de tirones de pelo, insultos, escupitajos y golpes en su cara. Yo estaba cachondísima, e inesperadamente tener a mi madre así, sometida entre mis piernas, me hizo expulsar una corrida profunda que coronó mi primer sangrado con aquel apoteósico regalo que me acababa de hacer Padre. De pronto había comprendido el placer enorme que puede producir someter a una mujer. Acostumbrada hasta entonces a que mis relaciones sexuales estuvieran marcadas por la virilidad de los chicos a los que me entregaba, había replicado inconscientemente esa misma entrega cuando me unía a las otras chicas mayores del patio. Pero entendí, con mi madre entre las piernas, que una mujer no es un hombre y que no debo permitir que ninguna de ellas me toque igual que como lo haría uno de ellos. Entendí el placer de mandar, de obligar a aquel cuerpo del que ni mi profundo odio bastaba para relegar su atractivo sexual innato, de no parar hasta someterlo a mis deseos más sucios y secretos.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Así es, Marrana, sigue, sigue y no pares hasta ahogarla en tus corridas... Shhhh, tranquila mi niña, mi Marranita, está bien, está bien, ya eres por fin la hembra que tanto tiempo llevas esperando ser, este es tu momento, es un gran momento y debes disfrutarlo como tal, todo esto es bueno mi cerda, mi Gran Cerda Lauh'..."<br /></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Después de correrme, Padre echó a mi madre de casa, y me envió a buscar a las chicas para que me ayudaran con mi menstruación y me limpiaran. "Y dile a la niña Nardo que venga aquí conmigo". <br /></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Aquella noche mis amigas mayores conocieron otra Lau. Porque aquel había seguido siendo el nombre que me daban todos fuera de casa, Lau o incluso Laura quienes me conocían desde más pequeña y a través de mi madre. Pero aquella noche dejé de ser también Lau para el mundo, y enterré con alegría el nombre de Laura junto con toda mi infancia, que había acabado aquella misma tarde, en lo más profundo de mis recuerdos. Aquella noche en el patio empezaron a conocer a la Marranita, que fue como todos empezaron a llamarme desde aquel día. Las chicas que acudieron a limpiarme empezaron a dejarse hacer de todo por mí sobre la alfombra del salón de casa, y Padre se reía cuando las forzaba a comerme el coño, el culo o las tetas. Pero de repente, ninguna de ellas parecía añorar mis anteriores maneras de niñita tierna, ni ninguna de ellas parecía echar de menos su pretendida libertad de decidir cuando ya estaba yo para decidirlo todo en su lugar, para guiarlas con sabiduría a la hora de satisfacer mi voluntad sexual más salvaje. Sabiéndome bendecida por Padre, a quien el hecho de que yo tuviera sexo con mujeres nunca le había parecido un problema, una vez comprobado que sabía comportarme con ellas como un hombre, como un auténtico gran cabrón digno de su padre, dejé de preocuparme en absoluto por ocultarme para ello, y pude ir profundizando en aquellas relaciones <span>al mismo tiempo </span> lésbicas y sádicas durante semanas, durante meses, durante años. Aquello me iba a servir para entender con nitidez que las mujeres no sabemos nunca lo que queremos, que somos incapaces de decidir y tomar la iniciativa a la hora de follar, que somos seres pasivos que solo podemos esperar que nuestro hombre nos llene de semen, que nos golpee, que nos someta. Por eso, cuando una mujer decide sentarse en la cara de otra, el instinto natural de la sometida la lleva a convertirse en la perra, en la esclava de la dominante. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Dicen que los perros y otros animales similares reconocen la jerarquía entre los machos porque cuando uno de ellos se somete a otro, mete la cabeza entre sus piernas para lamer su polla. Los hombres nunca han hecho caso realmente a las mujeres, y eso es normal porque no tenemos polla para competir con ellos, por eso al final siempre vamos a ser sometidas, porque siempre les vamos a querer lamer la polla nosotros a ellos. Pero su desinterés por nosotras les ha hecho fijarse más en cómo un perro puede someter a otro a base de pollazos que en entender que una mujer también puede hacer lo mismo con otra a base de su coño. El día de mi primera regla fue, de esta manera, el día en que comprendí mi personalidad sexual con claridad diáfana. No tenía nada de bisexual como habían intentado hacerme creer las chicas del patio, sino que sabía ahora que era declaradamente hetero. Mi naturaleza sumisa, mi exhibicionismo nato y mi pasión por las pollas duras y sudorosas me haría entregarme a los hombres sin freno, o al menos hasta donde Padre me permitiera hacerlo. Ahora bien, mi furor sexual, que ya reconocía como un pansexualismo imposible de controlar o contener, me había llevado también a encontrar placer en los cuerpos de otras mujeres, hecho que me iba a permitir saciar con ellas mis instintos más sádicos como dominante, que recién acababa de descubrir. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span style="color: #000000">Tenía doce ciclos de doce lunas alimentando mi cuerpo, y una maravillosa vida por delante al lado de Padre.<span></span></span></span>
<div dir="ltr">
<div dir="ltr"> </div>
</div>
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<div dir="ltr"> </div>
<div dir="ltr"><span style="color: #3366ff">(lau.alma @yahoo.com)</span></div>
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</div>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/">En Familia</category>                        <dc:creator>laualma</dc:creator>
                        <guid isPermaLink="true">https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/la-marranita-capitulo-ix-la-sangre/</guid>
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				                    <item>
                        <title>Siento que me estás rompiendo el culo - Final</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/siento-que-me-estas-rompiendo-el-culo-final/</link>
                        <pubDate>Fri, 04 Sep 2026 17:45:06 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Mario estaba sentado tras la mesa de su oficina del chalé, hablando con su chofer y con su jardinero:
-Sabéis que no soy hombre que se meta en la vida de mis empleados, pero si queréis tira...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>Mario estaba sentado tras la mesa de su oficina del chalé, hablando con su chofer y con su jardinero:</p>
<p>-Sabéis que no soy hombre que se meta en la vida de mis empleados, pero si queréis tiraros a Carmen, os la tiráis fuera de mis propiedades; de lo contrario, os buscáis empleo en otra parte. ¿Entendido?</p>
<p>Luis, el chofer, y Lino, el jardinero, dos fortachones, morenos, altos y tirando a guapos, que estaban de pie enfrente de Mario y más serios que una piedra, dijeron al unísono:</p>
<p>-Entendido, don Mario.</p>
<p>-Podéis iros.</p>
<p>Carmen, que era una de las doncellas y que estaba escuchando detrás de la puerta, se fue antes de que salieran sus machacantes.</p>
<p>Fue irse el chofer y el jardinero y sonarle el móvil a Mario.</p>
<p>-Dime, Marga.</p>
<p>-El cabrón de tu hermano ha vuelto a las andadas, y esta vez folla con dos al mismo tiempo.</p>
<p>Mario imaginó lo que quería.</p>
<p>-¿En qué motel nos encontramos?</p>
<p>-Me vine a vivir a mi piso de soltera.</p>
<p>-¿Pero no lo tenías alquilado?</p>
<p> -Sí, pero hace un mes que lo han dejado libre los inquilinos que tenía.</p>
<p>-¿Algo más?</p>
<p>-Sí. ¿Tienes algún amigo de confianza?</p>
<p>Le respondió con otra pregunta.</p>
<p>-¿Quieres hacer un trío?</p>
<p>-Quiero.</p>
<p>-Debe haberse puesto de moda porque les acabo de llamar la atención a mi chofer y a mi jardinero por clavar por delante y por detrás a una de las docellas.</p>
<p>-¿A cuál?</p>
<p>-A una. ¿Quieres que hable con alguno de ellos?</p>
<p>-Habla con los dos, los quiero a los dos y a ti.</p>
<p>-Te quieres vengar bien.</p>
<p>-Bueno, hay venganza e instintos reprimidos.</p>
<p>-¿Y no serán muchas pollas para una sola mujer?</p>
<p>-Vale más que sobren a que falten. ¿Cuándo vendréis?</p>
<p>-Pon el día y la hora.</p>
<p>Al día siguiente, Mario llamó al telefonillo del edificio del piso de su cuñada. Poco después se oía la voz de Margarita:</p>
<p>-¿Quién es?</p>
<p>-Los informáticos, abre.</p>
<p>Abrió y los informáticos subieron al tercer piso en el ascensor.</p>
<p>Margarita estaba en la puerta de su piso y vio salir del ascensor a su cuñado, flanqueado por Luis y Lino, venían con las manos en los bolsillos del pantalón y llevaban gabardinas largas. Parecían tres personajes salidos de un western, por su acompasado caminar y por su seriedad.</p>
<p>Margarita abrió la puerta de par en par y los dejó entrar, sin decir una sola palabra y con una sonrisa en los labios.</p>
<p>Nada más cerrar la puerta, Lino la agarró por la cintura, le arrimó cebolleta por detrás y le besó el cuello y Luis, por delante, le comió la boca. Mario miraba. Margarita les dijo:</p>
<p>-Habéis venido con ganas.</p>
<p>El vestido negro que llevaba puesto le duró encima lo que dura un suspiro. </p>
<p>Margarita se había puesto su mejor lencería, una lencería blanca con encajes en el sujetador, en las bragas y en el liguero que sujetaba unas medias blancas. </p>
<p>Cuando sintió sus pollas duras, les dijo:</p>
<p>-Quiero mamar.</p>
<p>Se bajaron los pantalones y quitaron sus tiesas pollas. Ninguna de las dos tenía desperdicio; eran cabezonas, gruesas y largas. Mario, viendo a su cuñada en cuclillas, agarrando las pollas, sacudiéndolas y manándolas por turnos, sacó su polla y se la acercó a la boca. Margarita se la mamó mientras sacudía las otras, y luego fue turnando las mamadas y los meneos. Tiempo después, luego de babear como una cerda con las mamadas, se puso en pie y, con una sonrisa en los labios, les dijo:</p>
<p>-Seguidme. </p>
<p>Luis y Lino subieron los pantalones, y luego fueron los tres detrás de ella, viéndola caminar como cuando  caminaba en las pasarelas en sus desfiles de lencería.</p>
<p>Llegó a su habitación y junto a la cama les dijo:</p>
<p>-Desnudaos.</p>
<p>En menos de un minuto estaban desnudos.</p>
<p>-Ahora desnudarme.</p>
<p>Luis, por detrás, y Lino, por delante, la dejaron en cueros; luego se agacharon y le comieron el culo y el coño. Mario le comió la boca y le magreó las tetas. Una lengua entrando y saliendo de su culo, la otra entrando y saliendo de su vagina y lamiendo su coño y su clítoris, y la de su cuñado haciendo virguerías en su boca, la fueron llevando al orgasmo... Al rato, convulsionándose, se corrió en la boca de Lino.</p>
<p>Al acabar de correrse, se echó sobre la cama. Lino se echó sobre ella, se la metió y comenzó a follarla. Mario y Luis le dieron las pollas a mamar, pollas que empuñó y que fue mamando por turnos mientras su coño era follado por una taladradora, que minutos después la llevó a su segundo orgasmo.</p>
<p>Luego Lino ocupó el lugar de Luis, y Luis ocupó su lugar. La polla de Luis no era una taladradora, era una tuneladora y esa tuneladora no iba a tardar en llevarla al tercer orgasmo; luego fue el martillo pilón de Mario el que la llevó a su cuarto orgasmo.</p>
<p>Lino la puso boca abajo, se la clavó en el culo y después la puso boca arriba encima de él, dejando su coño abierto y en posición para ser follao, pero Marió tenía otra idea, y esa idea era comerle el coño. Se metió entre las cuatro piernas. Le enterró la lengua en el coño y luego lamió de abajo arriba como si no hubiera mañana. Margarita llegó a su quinto orgasmo. </p>
<p>-Parar un poco, parar un poco, que me va a dar algo.</p>
<p>Sacó la polla del culo y, boca arriba, se dio aire con las manos.</p>
<p>-Tráeme un vaso de agua de la nevera, Mario.</p>
<p>Fue a buscar el vaso de agua, se lo dio, lo bebió y parecía que había quedado nueva, ya que se echó encima de Luis y se enterró su polla en el coño. Lino se la volvió a meter en el culo y comenzaron a darle caña. Se veía que estaban compenetrados, ya que cuando uno metía, el otro sacaba y viceversa. Mario le  metió la polla en la boca y también se la folló. Las clavadas en el coño y en el culo se fueron acelerando, y cuando ya iban a mil por hora y sin control, Margarita se corrió por sexta vez. Luego de correrse, se quedó como muerta. Le sacaron las pollas del culo, del coño y de la boca y, meneándolas, se corrieron los tres en su cara. </p>
<p>Quique.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/">En Familia</category>                        <dc:creator>José</dc:creator>
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				                    <item>
                        <title>La Marranita - CAPÍTULO VII - La Marrana</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/la-marranita-capitulo-vii-la-marrana/</link>
                        <pubDate>Fri, 04 Sep 2026 16:13:39 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[La Marranita - Auge y caída de la República de las Mujeres



 
 

CAPÍTULO VII - La Marrana

 

Después de echa...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p><strong><span>La Marranita - Auge y caída de la República de las Mujeres</span></strong></p>
<div class="ydp98c10426yiv6360730210ydpd4ffe899yiv1283188725ydpbcb49bc8yiv4039173805ydp2b28c394yiv8578726700ydpf9b10a81yiv2970923207ydpb96e53d7yiv6388121014ydp569e37f1yiv0085335945ydpa1b654c9yiv0799284555ydp852e5d4yiv8800147665ydpac3cb421yiv3538744073ydpbf2fa1ceyiv5783183000ydp3479391byiv3306903468ydp8f5e5c89yiv8243730706ydp27163080yiv4104898162ydp82fcf2f3yiv4627879130ydp734c04e7yiv8045719408ydp8758aff0yiv9832707910ydp44e415feyiv9413871441ydp9adeb5f2yiv4083066417ydpafbdac36yiv3264561506ydp7debe1e9yiv7883933190ydpae89dc54yiv3734797339ydp4365b204yiv5743747349ydp208eecf5yiv0112733561ydp47e71904yiv1743333340ydp3964e73byiv1930782225ydp404bca1dyiv6657854796ydp89a3d821yiv5483319498ydp87ab5b6fyiv4646603582ydp3dfdd14ayiv7480659826ydp1ed23d36yiv3060809426ydpfc2a9f73yiv2955583879ydpdf0955bdyiv6131016264ydp4b2ae3feyiv5050924888ydpe8458e7cyiv0576811259ydp41e91a65yiv0703725446ydpda1af80dyahoo-style-wrap" dir="ltr">
<div dir="ltr"><span></span></div>
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<div dir="ltr"><span>CAPÍTULO VII - La Marrana</span></div>
</div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Después de echar a mi madre de casa, Padre estaba agitado todavía, y temí que siguiera furioso por lo que había hecho ella. Y, aunque yo no había hecho nada malo, entendí que quizás Padre querría pegarme también a mí si necesitaba desahogarse todavía más. Me preparé por si aquello llegaba a pasar, porque estaba dispuesta a aguantar cualquier castigo que el quisiera darme sin perder la compostura ni borrar mi sonrisa de la cara. Si Padre quería pegarme sería porque yo lo merecía o necesitaba que lo hiciera. Y sin embargo, no, Padre no me tocó un pelo. Al contrario, me tomó de la mano, y me dijo que justo estaba saliendo a buscarme. Me llevó a su habitación, y me sentó en su regazo, acomodado él firme y confortablemente en la silla de su escritorio. Hubiera deseado que me llevara a su cama, pero pude ver que las sábanas estaban revueltas y llenas de sangre. Lo que pasaba era que yo no quería dormir sola aquella noche por miedo a que viniera mi madre y me pegara, y por más que supiera que Padre me protegería siempre de ella, no podía evitar sentir aquel temor irracional. Pero Padre me calmó, él siempre sabía cómo hacerlo: empezó a acariciarme por todo el cuerpo y a besarme, primero en los ojos y en las lágrimas, luego en las mejillas y la nariz, sin importarle que estuviera toda llena de mocos. Creo que fui yo la que le besó primero en sus labios y trató de jugar con la lengua dentro, pero solo lo hice después de que él me apretara los pechos y metiera su manaza entre mis piernas. Padre me hizo apartar la boca de la suya, con naturalidad y sin quejarse ni decir nada, pero no dejó de tocarme en ningún momento. Me pidió perdón por haber dejado que mi madre me hiciera aquello, perdón no haberse fijado en mí, por no haber reparado antes en mis cambios, en que realmente yo ya me estaba haciendo por fin una mujer, pero él no había sido capaz de atender las nuevas necesidades que mi cuerpo tenía que estar ya reclamando. Le pedí perdón por haber cambiado, pero Padre me dijo que no tenía que avergonzarme de nada, porque todo aquello era lo que quería la Naturaleza, que era en realidad nuestra verdadera y única Madre, y que además yo era hermosa y le gustaba. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">¡No había sentido una felicidad igual en toda la vida! Y es que llevaba desde que tuve uso de razón deseando escuchar aquellas palabras: yo le gustaba a Padre. Separé entonces las piernas para dejarle meter más su enorme mano entre mis muslos, y él me empezó a acariciar con torpe ternura el peluchito, usando aquellos dedazos tan grandes, y me decía que era muy lindo mi pelito, y me pasaba los dedos grandes por la raja mientras lamía mis areolas y mis pezones tremendamente hinchados, y a mí me faltaba el aire cuando él por fin me dejó lamer <span>y chupar su</span> lengua hasta hartarme, y yo tocaba su pecho hinchado y duro, sus músculos, su sudor resbalando por su abdomen que parecía como un enrejado de acero y... <br /></span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Me quedé helada cuando mi manita tocó aquello. Yo todavía no estaba preparada para algo así. No creo que muchas mujeres con la edad que tenía yo entonces hayan visto una buena verga de hombre en un estado semejante, y menos que hayan podido tocarla. De hecho, tengo claro que ninguna mujer en todo el Continente podría soñar a esa edad con que pudiera existir siquiera una tranca semejante. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Verle así me dejó claro, definitivamente, que padre era un Dios. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Y aquella mañana que había empezado tan mal, yo había tenido la suerte de ser finalmente su elegida. Por primera vez en mi vida sentí el deseo, el Deseo con mayúsculas. Por primera vez entendía qué era aquello de lo que todos hablaban cuando hablaban de deseo, de placer, de disfrute, de orgasmos, de sexo... Siempre había querido y admirado a Padre, él siempre había sido mi ídolo y siempre había estado secretamente enamorada de él. Pero al poner mi manita en su polla, enorme, y tan dura y caliente en aquel momento como el hierro de una forja, sentí rugir por primera vez mi coñito, abierto y amenazado por sus dedazos siempre sucios y ásperos. Aquella mañana, con la polla de Padre en mi mano, sentí por primera vez en mi vida lo que es el verdadero deseo sexual.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Estaba muerta de miedo en realidad, impresionada al vislumbrar al fin el verdadero poder que podía llegar a desprender el cuerpo de un hombre. Pero, por fortuna, toda la experiencia acumulada con los chicos del barrio me hicieron saber qué debía hacer con padre. Se la acaricié, terminé de descubrir su punta y la recorrí con las dos manos, tal era su grosor, para terminar de endurecerla y ponérsela alta del todo. Padre gimió, seguramente sorprendido de que yo supiera hacer aquello, pero si en algún momento se había planteado parar aquello, mis ansias ya se habían asegurado de que fuera demasiado tarde para todo. Con la tranca de Padre entre mis manos, decidí que iba a dedicar mi vida a conocer y venerar a los hombres poderosos, pero sobre todo a sus pollas. Quería ver pollas, quería tragar pollas. Ya no quería seguir jugando con pitos ni verguitas de niños y adolescentes. Necesitaba adultos que me hicieran mujer cuanto antes, y con los que poder seguir desarrollando mis artes. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Amaba a padre. Dejé caer mi saliva en su punta, y aquella verga me correspondió escupiendo, como si fuera un suave y caudaloso manantial, el líquido más transparente y penetrante que he visto jamás. Padre se estremeció cuando me pasé aquel enorme capullo rojo e hinchado por mis tetitas ardientes, y se puso a temblar cuando se lo limpié a lengüetazos y cerré mis labios a su alrededor. Con su fuerza descomunal, le sentí levantarme para tirarse al suelo de rodillas ante mí. Me daba apuro tener así a Padre, cuando era yo la que debía estar arrodillada ante mi Dios. Pero comprendí que su falo era descomunal, demasiado grande, y que estando así él, a mí allí de pie me bastaba con agacharme un poco para poder seguir mamando su punta y el pequeño trozo de tronco que me cabía, porque era imposible que en aquella época me entrara ni un poco más de lo larga y gorda que era, por mucho que yo pudiera desear llegar ya más lejos. Padre me sobaba la raja, se chupaba los dedos y me sobaba la raja, aunque yo notaba que estaba mojando mucho más que lo que había mojado nunca con mi amiga adolescente ni ninguna de las chicas, porque el deseo por padre y la excitación de mi coño eran tan grandes que lo que estaba sintiendo es que no la había sentido nunca en toda mi vida. Aquello no era "disfrutar"; tampoco era simplemente "excitación". </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">No, aquello era algo más... </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Con una mano sobando rudamente mi raja, Padre usó la otra para sujetarme la cabeza. Su manaza abarcaba mi cráneo completamente, y me clavaba en su verga apretando mi cabeza hacia abajo, mientras trataba de hundirme el cipote en la garganta. Pensé que me iba a matar si seguía empujándomela dentro, pero a mí ni siquiera me importaba morir si tenía que ser así, entre sus manos y empalada por su polla. Padre me llamaba cerdita y no dejaba de tocarme. Seguía chupándole todo lo que podía, obsesionada con complacerle, mientras me ahogaba y vomitaba baba y flujo y lágrimas con mocos que sentía correr hacia abajo, todo a lo largo de su tronco enhiesto. <br /></span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">No sentí el espasmo hasta que casi estaba ya de vuelta en el suelo. Noté las piernas empapadas, y me di cuenta de que estaba caída en medio de un charco de meado. Padre saltó a un lado, tratando de evitar los chorros de pis que salían a presión de mi raja hinchada. Traté de taparme y pararlo con la mano, pero salía mucho y muy fuerte, y no podía parar porque nada entre mis piernas respondía a mis órdenes. Intentaba levantarme, pero mi cuerpo resbalaba en aquel charco de pis, podía sentir su olor en mí, aunque aquel pis no olía como las veces que yo me lo había bebido para saber cómo era su sabor, <span>no tan diferente en realidad al del chico aquel que me había dado a probar el suyo,</span> así que por primera vez probé el sabor de aquello que creía que eran mis propios meados, pero que sabía como la pescadería de la calle del mercado y como toda slas ostras del Mar Cerrado juntas. Cuando todo paró, Padre, inclinado y agarrándose la polla, me pidió que saliera de allí. Casi llorando por haberle defraudado, corrí a la cocina a coger todo lo necesario para limpiar mi desaguisado. Me sentía como una niñita pequeña que está aprendiendo todavía a ir sin pañales y defrauda una vez más a su padre, cansado de limpiar sus restos en el suelo.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Cuando entré en la habitación, lo que vi me sorprendió tanto que todavía lo recuerdo como si estuviera allí ahora mismo, viéndolo otra vez delante de mí. Mi padre no se había movido del sitio. Desnudo, imponente, empapado en sudor, estaba inclinado, de pie y firmemente agarrado a la silla, tembloroso mientras se bombeaba su descomunal falo aún empalmado por completo con su enorme manaza. Cuando me vio me gritó que saliera de allí, pero yo estaba tan maravillada de ver aquello que, por un momento, fui incapaz de moverme, ni siquiera para obedecer a Padre, hasta que ya sus gritos atronaron en mi cabeza. Yo no tenía ni idea de que Padre hiciera aquellas cosas. Yo no sabía que Padre fuera así, porque no habría podido imaginar que el cuerpo de ningún hombre pudiera realmente ser como el de un auténtico dios. En aquel momento temí que, sabiéndolo ya, iba a ser incapaz de pensar en otro cuerpo ni de desear otra polla que no fuese la suya en los días de mi vida, ni de querer volver a jugar con ningún amigo, pensando que lo que único que realmente querría ya para siempre era que Padre me volviera a hacer mearme así del gusto otra vez. Una y otra vez.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Me volví a la cocina y esperé pacientemente a que Padre terminara, aunque me costaba contener el deseo mientras escuchaba los ruidos de chapoteos, gruñidos y gemidos que él hacía en la habitación. Luego pararon los ruidos, y al rato salió, con la polla medio hinchada todavía, completamente sudada y goteante, bamboleando como la trompa de un elefante. Era un ser único e insuperable. Me miró con una atención que nunca en mi vida me había prestado antes, y me dijo que podía entrar a limpiar todo. Me pidió que cambiara también las sábanas de la cama, que las lavara, y que luego me diera yo misma un baño. A él le vi asearse y limpiarse la polla en palangana de la cocina. Luego cogió una garrafa de cerveza y se fue a sentar en la terraza que daba al patio. Yo hice todo lo que me había pedido, y cuando terminó preparé la cena para los dos. Mi madre seguía fuera de casa, y yo sabía que no iba a volver en un tiempo. Mucho mejor si era así. Yo era perfectamente capaz de cuidar a Padre, de hecho lo haría mucho mejor que ella... no necesitábamos a nadie más. Y, para ser fiel a la verdad, después de lo que acabábamos de hacer yo necesitaba estar a solas con él, para siempre. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Cuando acabamos de cenar, padre me acarició la mano y, mientras me miraba con una intención y un brillo en los ojos que yo no conocía en él, me dijo: </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Ha estado todo muy bien, mi marranita... hacía mucho tiempo que no tomaba nada tan rico." <br /></span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Yo me puse feliz, y el me lo notó, porque yo sabía que él en ese momento no estaba hablando para nada de la comida, sino que se estaba refiriendo a mí... Aquello me animó a pedirle que me dejara dormir con él, porque seguía teniendo miedo de lo que podía ocurrir si volvía mi madre.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Sabes lo que siempre te digo cuando me pides que te deje dormir con tus perros o tus gatos, mi pequeña Lau, ¿verdad?"</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Sí, Padre... que no puedes dejar dormir a un animal en tu cama ni una sola vez, porque luego ya siempre va a querer volver allí, como si ese fuera ya su sitio por derecho." </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Bien. Y tú, ¿qué crees que va a pasar si dejo dormir a mi marranita conmigo en la cama?" <br /></span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Yo no pude contestar. Tenía miedo de verdad a que pudiera aparecer mi madre, pero no podía negar que, sobre todo, me partía el alma, de por sí, el no poder dormir abrazada a Padre aquella noche.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Está bien, suspiró. ¿Pero me prometes que será solo esta noche?"</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Mi cara cambió al instante, y le ofrecí a Padre la más radiante de mis sonrisas.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Te lo repito, marranita. Solo hoy. Mañana tendremos que poner normas. Ya te he dicho que es cierto que te he desatendido y ahora me he tenido que enfrentar, sin esperarlo, al hecho de que te estás haciendo una mujer. No solo te están saliendo unas tetas demasiado hermosas como para que sea capaz de entender cómo puedo haberlas ignorado," -Padre me manoseó ambos pechitos, cogiéndolos con una sola de sus manos- "sino que tu coñito empieza también a estar maduro ya, y no lo digo solo por esa mata de pelo que te está saliendo, que es cada vez más fuerte y espesa... No, me refiero a esa increíble corrida que te has pegado, Lau... y a cómo lo has empapado todo."</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Me puse nerviosísima al escucharle aquello, y traté de disimular mi reacción ante lo que acababa de decir. ¿Había llamado "corrida" a lo que me había hecho mojarlo todo? Pero, entonces... ¿no había sido mi pis? No quería parecer una niñita que no tiene ni idea de nada delante de Padre, así que preferí evitar hablar de aquello, a pesar de la expresión abiertamente elogiosa de Padre. Pero necesitaba saber... Decidí que ya le preguntaría a mi amiga adolescente más adelante, y traté de cambiar de tema. <br /></span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"¿Acaso no le gusta mi pelo, Padre? ¿Debo quitármelo entonces?" <br /></span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"No es necesario, marranita, a mí me resultas muy bella así. Siempre me han gustado las mujeres al natural, nunca he entendido la manía de tu madre por arreglarse el coño, que ya hasta lo lleva afeitado por completo, ¿te lo puedes creer? Pero si tú quieres hacerlo... En fin, si necesitas algo sobre eso o sobre cualquier otra cosa relacionada con tu cuerpo o con tu desarrollo, habla con cualquiera de las chicas en la próxima fiesta. Ellas podrán contarte todo, y también darte consejos, lo harán seguro, lo harán por mí y te dirán qué es lo que prefiero. Además... pronto empezaras a sangrar. Antes he notado tu chochito demasiado maduro. Ellas saben mis gustos con eso, también."</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Prometí a Padre que así lo haría, aunque no le confesé nada sobre que en realidad hacía tiempo que había iniciado ya esas conversaciones con ellas. Lo que no quitaba que no estuviera entendiendo la mitad de las cosas que él me decía. Evidentemente, mis andanzas y juegos con todos los chicos del barrio eran conocidas por Padre y por cualquiera, pero las precauciones de las chicas a la hora de llevarme con ellas a jugar habían mantenido aquella parte de mis relaciones en la mayor de las discreciones. Aún así, estaba deseando que llegara la próxima fiesta para que me explicaran qué era aquello de que iba a empezar a sangrar. Cuando lo dijo Padre me dio miedo, y lo primero que pensé fue en mi madre volviendo para vengarse de mí, aunque sabía que nada que hiciera o dijera Padre podría hacerme daño jamás, y que si hacía falta el me protegería ante todos, y ante mi madre sobre todo. Pero si él no había querido hablar más de ello, yo preferí no importunarle y no le pregunté. También quería hablar con las chicas para preguntarles cosas sobre Padre y hablar de él, claro. Quería que me contaran cuanto antes todos sus gustos para poder agradarle al máximo, eso por supuesto. Porque me lo había pedido él, y yo no se lo podía negar. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Pero, sobre todo, ya que me habían dado permiso para preguntarlo todo... sobre todo quería que las chicas me contaran cómo era Padre follando. Sobre todo eso.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Nos acostamos juntos en su cama limpia, recién hecha, desnudos, abrazados. El me acarició hasta quedarse dormido. Mi pequeña mano trataba de acariciar su fuerte pecho, y el abdomen también, pero era como si una pequeña hormiga tratara de dar placer a un elefante. A veces me atrevía a bajar los dedos y enredarlos en la espesa mata de pelo rizado que rodeaba su polla, y entonces él me besaba con ternura en la cabeza. Sin embargo, Padre no llegó a hacerme nada aquella noche, más allá de sobarme un poco el culo y sopesar la firmeza de mis nalgas y el calor de mi raja por detrás. Yo estaba excitada ya antes de aquello, de hecho volví a sentir el calor y el deseo sexual tan fuerte que ya había notado con él por la tarde. Pero él no mostró ni un signo de excitación, ni su polla volvió a hincharse como lo había hecho antes. Yo no me atreví a tocársela otra vez, al menos no hasta que Padre se quedó dormido. Que estaba dormido profundamente era algo fácil de saber. Desde niña había dormido siempre acunada por el bramido continuo de sus ronquidos, un sonido brutal que llenaba toda la casa, pero que a mí me tranquilizaba y me ayudaba a conciliar el sueño. Cuando le tuve roncando, por tanto, empecé a explorar y descubrir con detalle todo el cuerpo de padre, de la cabeza a los pies, con un ansia viva por hacerlo que me llevaba acompañando durante toda mi existencia. Me pegué a él para observar, tocar, lamer y oler cada rincón. Me froté entera por su cuerpo desnudo, quise grabar cada pequeña sensación de su cuerpo en mi cuerpo. Froté y lamí y me metí su polla flácida pero igualmente enorme en la boca, temiendo y deseando a partes iguales poder ponérsela dura y que se despertara excitado. Pero Padre no era uno de mis amiguitos, y su polla no se iba a poner dura solo por las lamidas de una niña mientras él dormía tan profundamente como el Cabrón que era. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Aproveché, eso sí, para reconocer con detalle todos los sabores de su sexo, porque lo de la tarde había sido tan excitante y rápido que casi no era capaz de recordar los detalles. Lo malo era que la polla de Padre no soltó ni una gotita pequeña de su zumo, tal era el nulo efecto de mis caricias y chupadas mientras dormía. Yo, en cambio, me noté mojando otra vez a mares, igual que había hecho ya por la tarde. Afortunadamente, me había preocupado de vaciar mi vejiga antes de meterme en la cama, así que si soltaba algún líquido por mi concha, realmente sería imposible que fuera meado. Me monté sobre padre, con una pierna a cada lado de su cuerpo portenoso. Aquella postura sobre la montaña humana que era Padre me hacía quedarme absolutamente abierta sobre su cuerpo, pero abierta como no lo había estado nunca en mi vida. Solo por eso, y por poder sentir aquel enorme y portentoso cuerpo bajo mi coñito, era ya algo maravilloso, aún antes de empezar a frotarme contra él. Me movía adelante y hacia atrás sobre el cilindro grueso pero blando de su polla en reposo. Sentía el vello rizado de su sexo acariciar la parte delantera de mi conchita, abierta por su cuerpo y por mi postura. Recordé lo que me dijo mi amiga de que en aquella parte del coño estaban las zonas más sensibles, las que había que tocar sobre todo si querías llegar a eso que ella llamaba orgasmo. Empecé a hacerlo sin dejar de cabalgar a padre, todo lo abierta que podía. Sentía cómo le mojaba la polla con mi propio zumo. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Fóllate a tu Marranita, papi", repetía en voz alta. Cada vez más alta, cada vez deseando más ser capaz de despertarle, conforme notaba cómo me iba llegando el orgasmo. El orgasmo. No fue mi primera corrida, cierto. Con mi amiga primero, con las otras chicas luego. Con Padre aquella misma tarde, aunque de una forma tan bestial y desproporcionada que no fui capaz ni de reconocerlo, y mi temor a haberme meado lo había arruinado todo. Me había corrido ya con otras personas comiendo o frotando mi raja, sí, pero nunca dándome placer a mí misma todavía. Y mi primera paja sí que me la hice montándome desnuda sobre la polla de Padre.<br /></span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Casi no pegué ojo durante aquella noche, pero guardo un recuerdo de ella tan fuerte como si acabara de despertar en esa cama, tumbada boca abajo sobre el cuerpo de padre. Me levanté temprano y preparé el desayuno. Cuando fui a avisarle, le pillé en el baño. De nuevo se estaba haciendo una paja. Me quedé de piedra al volver a verle así.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Perdona, Marranita... pero, como comprenderás, haberte tenido toda la noche restregándome tu coñito por la verga tiene que salir por algún lado ahora... ufffff ¿te importa quedarte aquí conmigo mientras termino de ordeñarme? prometo no tocarte, y tampoco quiero que me toques tú, ¿vale? tan solo quiero tenerte delante para poder mirarte mientras me corro pensando en todo lo que hiciste anoche, Marranita... seguro que tú también quieres ver así a tu papi ¿verdad?" </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Se me pusieron los pezones como dos piedras en el acto al escucharle hablarme con tanto cariño y tanta complicidad, pero tan duros que hasta me asusté un poco, porque era algo que nunca me había pasado antes, pero que Padre observó complacido. Yo quería tocarme también y correrme con él, pero no sabía si podía hacerlo, y no me atreví a preguntarlo, así que me limité a esperar hasta que observé, con los ojos saliéndose de mis órbitas y el coño deshecho en mares, aquella verga brutal soltando trallazos de leche con una potencia que yo nunca habría podido imaginar siquiera.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"¿Te gusta la leche de Cabra, eh, Marranita?" rió Padre, bromeando con el apelativo de Gran Cabrón con el que le conocían en el patio.</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">En el desayuno Padre empezó a hablarme de las normas que había pensado para mí. Para empezar, me dijo que entendía que tenía ganas de tocarle y hacer cosas con él, pero me pidió tener paciencia. Me aseguró que en estas cosas era mejor siempre esperar que tratar de precipitar el placer, porque si se esperaba y se hacían bien las cosas, al final el placer sería mayor. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Eso no significa, claro, que yo no vaya a querer tocarte en alguna ocasión, o que no vaya a pedirte a ti que me toques a mí y me enseñes todas esas guarradas que te gusta hacer con tus amigos", aclaró. </span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Yo respiré aliviada al escuchar eso, antes de escucharle continuar:</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>"Pero tú tendrás que ser paciente y tratar de contener tus calores, Marrana. Tienes que aprender a respetar a tu Padre. Escúchame ahora:</span> si de verdad quieres ser la Marranita de papi, tendrás que hacer el juramento de que vas a obedecerme siempre. Siempre, sea lo que sea lo que te pueda pedir. Y ésa es la única norma que voy a tener contigo, ¿entiendes, Lau-r'ha?"</span></div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Era la primera vez en mi vida que padre me llamaba Laura. Para él siempre había sido, simplemente, Lau. Así me llamaba él, abreviando el <span>Lau-r'ha, "mujer grande" en la lengua antigua, que era el nombre que me había puesto mi madre, por el simple y vulgar Lauh', que era la palabra para llamar a cualquier mujer en la lengua antigua. Y en aquel momento entendí que si Padre no usaba mi nombre completo no era solo porque despreciase todo lo que venía de mi madre, sino porque es que eso había sido yo siempre para él, una mujer, una más, una mujer cualquiera. Hasta aquel día. Porque aquel día, Padre me había dado, por fin, un nombre. </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span> </span></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"><span>En La Ciudad era normal que las personas no tuvieran nombre hasta que a su alrededor no hubiera alguien capaz de encontrar la característica que podía hacerle merecer dicho apodo. Muchas veces no era más que una referencia a la familia, al barrio o al oficio, aunque abundaban también las referencias animales, por ejemplo. Así, Padre era el Cabrón, la Gran Cabra, y por eso también le llamaban Ramón, que era la forma actualizada de pronunciar su nombre en lengua antigua, R'ha-Mm'on. Pues bien, si Padre se había decidido por fin a tomarme, yo estaba dispuesta a entregarme a él sin reparos y a obedecerle en todo lo que me pidiera, como me estaba reclamando. Y lo iba a hacer también entregándole mi nombre, Lau, Laura, ya era algo que me daba igual, porque aquella sería</span> la última vez que se dirigiría a mí con cualquiera de esos dos nombres. Porque, a partir de aquel día, yo iba a tomar para él el nombre que me había dado. ¿O no me había llamado cerda la tarde anterior cuando le comí la polla por primera vez? Si él podía ser la Gran Cabra, yo iba a ser la Gran Cerda, su Mmaa-R'ha 'na, que era como se decía en lengua antigua.<br /></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Sí, Padre. No solo lo entiendo, sino que no hay nada en el mundo que desee más. Sabe que siempre le he obedecido, y sabe que ahora deseo obedecerle más que nunca. Por eso tomo el nombre que hoy me da, y seré desde hoy <span>Mmaa-R'ha 'na</span>, su Marrana, la Gran Cerda de mi papá. Quiero ser tu Marranita para siempre, Padre, y juro desde ahora obedecerte sin reparos, ciegamente y hasta la muerte". respondí sin titubear ni un segundo.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Padre sonrió. Hacía años que no le veía sonreír así. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Piensa bien tu respuesta. Sé que por tu edad eres muy pequeña todavía, pero sé también que hace mucho que ya no eres una niña y que estás a punto de ser una mujer. Pero si de verdad me juras tu obediencia, esa promesa te atará a mí para siempre. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Y, si te atas a mí, Marrana será el nombre con el que te tomaré desde hoy si vuelves a decirme que sí. Pero piénsalo bien... joder... ¡eres todavía solamente una niña! Pero, si me dices que sí, serás mía, ¡mi mujer! Serás mi Marranita hasta el día en que yo muera, porque a ti no te voy a querer dejar nunca ¿entiendes?"</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Sí... Padre." </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">yo repetí mi sí sin pensar y casi sin dejarle acabar, por miedo a que cambiara de opinión y no pudiéramos cerrar el trato.<br /></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"¡¿Entiendes?!"</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Padre parecía enfadado de repente, confundido, hasta incrédulo.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"¡Sí padre! ¡Que sí que quiero! Jo... ¡quiero ser tu Marrana por siempre, Padre! ...tu Marranita..." </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Rompí a llorar.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Está bien, está bien... tranquila. Ya está hecho, y lo has hecho muy bien, Marrana." dijo padre, una vez yo hube prestado mi juramento con firme convicción, no solo una sino hasta tres veces, como toda buena sumisa debe hacer. Padre me rodeó con sus brazos, besándome tiernamente. </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Fue a su habitación y volvió con una fina correa de cuero, que recordé como una pulsera que él había llevado siempre. Con cariño, la extendió sobre mi cuello y me la cerró pasando la correa por la hebilla metálica de detrás y apretándola firmemente a mi cuello. "A partir de ahora ya eres de verdad mi Marranita. La única. Y vas a serlo ya por siempre, nunca lo olvides". Remachó sus palabras apretando más de la cuenta la correa. Pensé que me ahogaba, hasta que la correa y mi cuello se acomodaron a la presión y el aire volvió a fluir a mis pulmones. Su pulsera -mi collar- era una delgada correa de cuero negro y viejo, tachonada por ojales metálicos de acero brillante y con una pequeña estrella en su parte delantera. <br /></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Tras aquel regalo de Padre, que siempre recordaré como la primera vez en que me sentí de verdad poseída por él, aun sin necesidad de que me abriera de piernas ni de usar su descomunal falo, él siguió dictándome sus instrucciones. Básicamente me explicó que por el momento podría seguir haciendo mi vida sin problema, igual que llevaba haciendo toda mi vida, manteniendo mis escapadas, mis juegos con mis amigos y todas mis demás costumbres. También me permitía seguir estando en el patio con ellos durante sus fiestas, y me animaba a trabar amistad con todas las chicas. "Muy pronto serán tus compañeras, en todo". Como única prohibición, me dijo que no debía dejar que ningún chico me metiera el pito entre las piernas. A él no le importaba que yo jugara a todo lo que me diera la gana con ellos, excepto a aquel juego en concreto. Me dijo que estaba extraordinariamente desarrollada para mi edad, y que le extrañaba que ninguno hubiera intentando hacerlo ya. Como no me preguntó, yo no le dije que muchos de ellos sí que lo hacían, pero no de esa manera a la que él se refería, porque yo ya había entendido que las pollas tenían que entrar en los coños, aunque no supiera todavía cómo hacer aquello, así que sencillamente le dije que ésa era una forma de jugar que no conocía todavía, y era verdad porque los chicos con los que jugaba tampoco debía saber cómo hacerlo, y se limitaban a correrse con la polla literalmente metida entre mis pierna: sencillamente me ponían la polla dura entre los muslos y allí se frotaban hasta correrse, porque a la hora de la verdad aunque me sacaban entre siete y diez años, la mayoría de los chicos tenían todavía menos idea que yo sobre qué era lo que había que hacer realmente entre un hombre y una mujer. Yo ahí les llevaba ya cierta ventaja, porque mi amiga adolescente me había contado muchas cosas con detalle, y además llevaba demasiado tiempo espiando las fiestas del patio para tratar de comprender precisamente aquello. Sin contar que, con una sola noche con Padre, yo ya había aprendido más del cuerpo de un hombre y del sexo entre un hombre y una mujer que en toda mi vida. Mi amiga adolescente también me había advertido sobre lo dejarme meter las pollas de aquellos chicos dentro del coño, <span>igual que Padre </span>pero por motivos que entendí que eran diferentes a los de él, más basados en la exclusividad que le otorgaba el hecho de que yo ahora era una pertenencia suya. "Con esos chicos no merece la pena hacer eso...", me advirtió ella. "Así que, si vas a hacerlo, que sea al menos con un verdadero hombre". </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Por lo demás, Padre me permitía seguir manteniendo cualquier tipo de práctica sexual con cualquier chico del barrio o del instituto, y de hecho hasta se entretuvo un rato en explicarme las muy diversas cosas que pueden hacer un chico y una chica con sus cuerpos calientes. Me sorpendió lo que me dijo de que si el chico o yo teníamos muchas ganas de follar siempre tenía la opción de ofrecerle mi culo. Creo que se dio perfecta cuenta por mi expresión de que aquello no lo había hecho jamás, y ni siquiera había oído hablara de que algo así fuera posible, y hasta me costaba pensarlo. Padre me dijo que cuando me había tocado el culito la noche anterior pudo notar que mi ojete era suave y elástico. "No te preocupes, que tú no tendrás problema con eso. Te gustará cuando lo pruebes, Marrana", me dijo.</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">En cuanto a hombres adultos, padre me dejó claro que solo podría dejarme tocar por él, de momento, aunque me dio libertad para empezar a intimar con ellos:</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Puedes tontear con mis amigos si quieres, cuando estés en las fiestas. En realidad, muchos de ellos ya han empezado a preguntar por ti. Todavía no comprendo cómo he podido no darme cuenta yo de lo que muchos de ellos veían ya en ti, so Marrana..."</span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">Yo asentí a sus palabras aunque, como siempre, me costaba entenderle.<br /></span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000"> </span></div>
<div dir="ltr"><span style="color: #000000">"Ah. Y cuando empieces a sangrar, volveremos a hablar sobre todo esto", terminó, dejándome estupefacta ante sus palabras, que me resultaban tan incomprensibles como si me estuviera hablando en lengua antigua, aunque mucho más agresivas y amenazadoras.</span></div>
<div dir="ltr">
<div dir="ltr"> </div>
<div dir="ltr"> </div>
<div dir="ltr"><span style="color: #3366ff">(lau.alma @yahoo.com)</span></div>
<div dir="ltr"> </div>
</div>
</div>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/">En Familia</category>                        <dc:creator>laualma</dc:creator>
                        <guid isPermaLink="true">https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/la-marranita-capitulo-vii-la-marrana/</guid>
                    </item>
				                    <item>
                        <title>Siento que me estás rompiendo el culo III</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/siento-que-me-estas-rompiendo-el-culo-iii/</link>
                        <pubDate>Thu, 03 Sep 2026 21:52:54 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Era domingo. Fernando se había ido a hacer rafting con sus amigos. Isabel se levantó a las doce y media, se duchó y, en bragas y camiseta, fue a la cocina a hacer el desayuno, ya que el serv...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p> Era domingo. Fernando se había ido a hacer rafting con sus amigos. Isabel se levantó a las doce y media, se duchó y, en bragas y camiseta, fue a la cocina a hacer el desayuno, ya que el servicio tenía el día libre. Pasó por delante de su padre, y este le dijo:</p>
<p>-¿No sabes vestirte?</p>
<p>Se detuvo y lo miró con desprecio.</p>
<p>-Si te molesta, no mires para mí.</p>
<p>-Tenemos que hablar muy seriamente.</p>
<p>-Yo contigo no tengo que hablar nada.</p>
<p>La agarró de las braguitas y la sentó a su lado en el tresillo.</p>
<p>-Yo contigo sí.</p>
<p>Tenía las bragas medio bajadas, las subió y luego le quiso dar una bofetada, bofetada que Mario le paró con una mano y después, sujetándole los brazos, le preguntó:</p>
<p>-¿Le ibas a pegar a tu padre?</p>
<p>-Tú no eres mi padre; los padres no violan a sus hijas.</p>
<p>-Y Fernando no es tu hermano.</p>
<p>-Él sí que es mi hermano y es un buen hermano.</p>
<p>-¿Y por qué follas con él como una coneja?</p>
<p>Las palabras de su padre descolocaron a Isabel.</p>
<p>-¿De dónde has sacado eso?</p>
<p>Le iba a mentir.</p>
<p>-Sé de buena tinta que hacéis vida de pareja en el piso que os pago en Santiago.</p>
<p>Lo desafió.</p>
<p>-¿Y si fuera así, qué? ¿Estás celoso, payaso?</p>
<p>La puso en sus rodillas y, mientras forcejeaba, le dio con sus manazas en las nalgas.</p>
<p>—¡Plassssss! —Cabrón—. ¡¡Plasssssss!! —¡Ayyyy! ¡¡Plasssss!! -¡Desgraciado! -¡¡Plasssss!! -¡Bestia! ¡Plasssss, plasssss, plasssss, plassssss! </p>
<p>-A mí no me llama payaso ni tú, ni nadie.</p>
<p>-¡Animal!</p>
<p>Le bajó las bragas y le volvió a dar.</p>
<p>-¡¡¡Plasssss, plasssss, plasssss, plasssss!!</p>
<p> -Ahora vete, que ya vas desayunada.</p>
<p>-Esta me la pagas.</p>
<p>Isabel, con la cara llena de lágrimas y con el culo en carne viva, se fue corriendo a su habitación. Mario se fue a la suya a ver qué hacía su hija. Encendió el ordenador, hizo lo que tenía que hacer y vio que Isabel estaba sin bragas dándose una crema en las nalgas con su mano derecha y en la izquierda tenía un celular por el que estaba hablando.</p>
<p>-No sé quién se lo dijo, pero si a mí me dejó el culo destrozado, a ti te va a poner fino.</p>
<p>-Se avecina tormenta,ya veremos de qué magnitud.</p>
<p>-Bueno, te dejo, que tengo algo que hacer. Te quiero,</p>
<p>-Y yo a ti, chao.</p>
<p>-Chao.</p>
<p> Tiró el celular sobre la cama. Metió la mano derecha entre sus piernas y la deslizó por su coño.</p>
<p>-¡Qué cachonda me puso el cabrón! Si me hubiera forzado, acabaría comiéndole  polla o lo que quisiera.</p>
<p>Mario apagó el ordenador. Puso en marcha la polla, se quitó la bata y, empalmado, se fue hacia la habitación de su hija. Al entrar, vio que estaba inclinada, metiendo dos dedos en el coño y tres dedos en el culo. Sin hacer ruido, se puso detrás de ella y apoyó la mano izquierda en su espalda. Isabel quitó los dedos del culo. La cabeza de la polla entró en él.</p>
<p>-¡Malnacido! Me vuelves a violar.</p>
<p>-No finjas más. Quieres polla y la vas a tener.</p>
<p>Le clavó la mitad de la polla en el culo, le echó las manos a las tetas y las encontró resbalosas, lo que le dijo que Isabel ya se las había tocado.</p>
<p>-Estabas escuchando detrás de la puerta.</p>
<p>Se la clavó toda y luego le dijo:</p>
<p>-Si tú lo dices...</p>
<p>Le cogió una mano, se la llevó al coño, y luego comenzó a meter y a sacar la polla de su culo.</p>
<p>-¿Te gusta así, quieres que vaya más despacio o más rápido?</p>
<p>-Quiero que me la quites del culo, cerdo.</p>
<p>-Si te la quito del culo, será para metértela en el coño.</p>
<p>-En ese caso, déjala en el culo, dame rápido, córrete y acaba con esta tortura.</p>
<p>Le dio rápido y la que se corrió fue Isabel, se corrió y dejó perdido el piso.</p>
<p>Al acabar de correrse, se la quitó del culo y le dijo:</p>
<p>-Ahora te voy a follar el coño, por las buenas o por las malas.</p>
<p>Isabel quiso sacar provecho.</p>
<p>-Que sea por las buenas, pero con una condición.</p>
<p>-¿Cuál?</p>
<p><span data-keep-original-tag="false">    -Qu</span>e no le digas nada a Fernando.</p>
<p>-Sí, ya sabe que sé lo vuestro.</p>
<p>-Le diré que lo quise asustar. ¿Estás de acuerdo?</p>
<p>-Sí.</p>
<p>-Limpia primero la polla; puedes usar una sábana.</p>
<p>Se limpió la polla. Isabel se puso a cuatro patas sobre la cama. Mario se arrodilló detrás de su hija, le echó las manos a la cintura y comenzó el chucuchú del tren, un chucuchú que la hizo llegar cinco veces a la estación, y no la hizo llegar más veces porque Isabel se derrumbó sobre la cama.</p>
<p>-¡No puedo máááás!</p>
<p>Mario le quitó la polla del coño, se arrodilló delante de su hija y se tragó la deliciosa corrida cremosa.</p>
<p>Luego le dio cera y en nada también se corrió él. Después la quitó y le dio al botón de apagado para que se le bajara.   </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al día siguiente llegó Luna al chalet; una doncella le abrió la puerta y le dijo:</p>
<p>-Don Mario no está en casa.</p>
<p>-Lo sé, me dijo que lo esperara aquí.</p>
<p>Entró en el chalé vestida con un mono azul. Melody one shoulder. . En el salón se encontró con Isabel, que llevaba puesto un vestido negro de Prada de manga corta, que estaba sentada en un sillón de cuatro plazas mirando la televisión y que le preguntó:</p>
<p>-¿Quién eres?</p>
<p>-Una conocida del dueño de la casa. </p>
<p>-¿Tienes nombre?</p>
<p>-¿Quién eres tú para preguntarme eso?</p>
<p>-La hija del dueño de esta casa.</p>
<p>-No sabía que tenía una hija.</p>
<p>-No me has dicho cómo te llamas.</p>
<p>-Ya lo sé, lo que no sé es por qué me mandó venir tu padre estando tú en casa. </p>
<p>-Sería porque pensaba que no estaría. Por mí no te preocupes. Me iré a tomar algo cuando llegue mi padre... Hablando de tomar, ¿te va el ron con cola?</p>
<p>-Sí.</p>
<p>-Siéntate a mi lado, que no como a nadie. Por cierto, yo me llamo Isabel.                                                                             </p>
<p>Al fin le iba a decir su nombre.</p>
<p>-Yo me llamo Luna.</p>
<p>Isabel miró para la puerta y dijo:</p>
<p>-Carmen, sé que estás escuchando detrás de la puerta. Haz dos rones con cola.</p>
<p>Luna no estaba para socializar.</p>
<p>-No sé...</p>
<p>-Ahora ya se los he pedido.</p>
<p>-Es que...</p>
<p>Isabel vio que Luna estaba incómoda y le dijo:</p>
<p> -El servicio ya se va a ir.</p>
<p>-Eso ya lo sé. </p>
<p>-Tú tan bella y él tan bestia..., dime. ¿Cómo os conocisteis?</p>
<p>Carmen les puso los vasos de tubo sobre la mesa camilla y se fue de la sala y del chalé. Con ella se fue Lucía, la otra doncella, y Eva, la cocinera. Luna estaba deseando irse.</p>
<p>-Va a ser mejor que me vaya.</p>
<p>A Luna le sonó el celular; miró y vio que era Mario.</p>
<p>-Dime, Mario.</p>
<p>-¿Ya estás en el chalé?</p>
<p>-Sí.</p>
<p>-Me ha surgido una emergencia y tengo que ir a Burgos, lo siento.</p>
<p>-Más lo siento yo.</p>
<p>-Otra vez será.</p>
<p>-¿Cómo quieres que te pague las molestias?</p>
<p>-Hazme un Bizum con lo que tú creas justo.</p>
<p>-Vale, te haré un bizum, cuídate, flaca.</p>
<p>-Lo mismo te digo.</p>
<p>Apagó el teléfono y le dijo a Isabel:</p>
<p>-Ya no pinto nada aquí.</p>
<p>-¿Qué es eso de hacerte un Bizum? ¿Eres su mantenida?</p>
<p>Luna le echó un trago largo a su ron con cola.</p>
<p>-A mí no me mantiene nadie; yo cobro por mis servicios.</p>
<p>-¿Eres una chica de alterne?</p>
<p>Luna la lió para que no supiese que su padre iba a putas.</p>
<p>-Sí, soy una chica de alterne; alterno la psicología con la psiquiatría.</p>
<p>Isabel sonrió.</p>
<p>-Y yo pensando que se la estabas chupando...</p>
<p>-Tienes la mente sucia.</p>
<p>Isabel echó un trago de ron con cola.</p>
<p>-¿Y cuánto cobras por sesión?</p>
<p>-Cien euros.</p>
<p>-Yo tengo un pequeño problema y, si me lo solucionas, te pago los cien euros.</p>
<p>Dime qué problema es, pero lo solucione o no, me vas a pagar igual los cien euros.</p>
<p>-Vale, te los pagaré.</p>
<p>-Cuenta.</p>
<p>-Es referente a las mujeres. Verás, a mí me encantan los hombres, pero cada vez que veo a una mujer bonita como tú, siento un no sé qué, que luego me acabo tocando.</p>
<p>-Eso se llama seducción encubierta, o seducción pasiva.</p>
<p>-No te entiendo.</p>
<p>-Yo a ti sí, me quieres seducir.</p>
<p>-¿Cómo lo has sabido tan rápido?</p>
<p>-Al añadir a lo de "mujer bonita", lo de "como tú". A ti lo que te pasa es que sientes curiosidad por saber cómo sería hacer el amor con otra mujer, y eso probablemente se deba a que hayas visto a algún familiar del sexo femenino teniendo relaciones con otra mujer, y hoy te has decidido a dar el paso adelante.</p>
<p>-Escogí mal día para dar ese paso.</p>
<p>-¿A qué mujer de tu familia has visto con otra mujer?</p>
<p>-No era de mi familia; a quien vi fue a mi mejor amiga.</p>
<p>Luna se mandó el resto del ron con cola.</p>
<p>-Estaba bueno este ron con cola; me tomaría otro.</p>
<p>-En el mueble bar...</p>
<p>-Así nunca seducirás a una mujer. Hay que ser atenta con ellas; deberías saberlo, eres mujer.</p>
<p>Isabel se abalanzó sobre Luna y quiso comerle la boca; ella no besaba a sus clientes y le hizo la cobra, pero luego se dio cuenta de que no estaba ejerciendo de puta.</p>
<p>-Estas cosas se hacen mejor en una cama.</p>
<p>En la habitación de Isabel, junto a la cama, Luna le quitó el vestido y la muchacha quedó en bragas, sujetador y liguero. Se puso en cuclillas y besó y lamió el interior de sus muslos y por los lados de las bragas, luego besó y lamió su vientre y su ombligo, besó y lamió el interior de sus brazos, la parte superior de las tetas, su cuello, su boca y después la giró, la inclinó, le besó, lamió, aplaudió y mordió las duras nalgas. A continuación le quitó el liguero y las bragas, le separó las piernas, se giró ella, le puso la boca debajo del coño y, con las manos en sus nalgas, no paró de comérselo hasta que Isabel descargó en la boca de Luna, que se llevó un sorpresón, pero que no dejó que se perdiera una sola gota de los jugos cremosos.</p>
<p>Al acabar de tragar, se incorporó y le dijo:</p>
<p>-Échate en la cama y ponte en posición para que pueda seguir comiéndote el coño.</p>
<p>Isabel se echó sobre la cama y, con las rodillas flexionadas y las piernas abiertas, puso cara de traviesa y le sonrió.</p>
<p>Luna se puso entre sus piernas y le acarició el coño mojado, frotando contra él la palma de la mano derecha; luego le dio varias palmadas en el coño y después se lo lamió con intensidad y, chupándole el clítoris, se lo estiró como si fuera un chicle.</p>
<p>Isabel la miraba y callaba como una puerta.</p>
<p>Le quitó el sujetador y le dio mordiscos en las tetas, pero sin apretar los dientes, lo que hacía que acabara mamando las tetas y tirando de ella. Fue de teta en teta un buen rato. Luego cambió radicalmente, la puso de lado, le levantó una pierna y le lamió y folló el ojete con la lengua; después le metió el dedo pulgar en el culo, y se lo folló con él. Follándoselo, le lamió el coño y le chupó el clítoris. Isabel comenzó a gemir con ganas. Luna presionó la lengua contra el coño, lamió de arriba abajo más aprisa, y se encontró con una lechada en la lengua mientras a Isabel se le acalambraba el cuerpo.</p>
<p>Al acabar de correrse, la besó y le dijo:</p>
<p>-Tienes el coño más rico que he comido.</p>
<p>-Yo aún no he comido ninguno.</p>
<p>La volvió a besar con lengua, y luego le dijo:</p>
<p>-Eso tiene fácil solución. Come el mío.</p>
<p>Isabel le tomó la palabra.</p>
<p>-¿Cómo te gusta que te lo coman?</p>
<p>Luna se puso en la misma posición que se había puesto Isabel:</p>
<p>-Lame desde mi ojete hasta mi clítoris mientras no te diga que hagas otra cosa.</p>
<p>Lamió más de veinte veces.</p>
<p>-Lame los labios vaginales y mete y saca la lengua de mi coño.</p>
<p>Le lamió los labios y le folló la vagina la tira de veces.</p>
<p>-Ahora bésame.</p>
<p>Se besaron con lengua un par de minutos. Al parar, Luna le dijo:</p>
<p>-Magrea y come mis tetas del mismo modo que te gustaría que te las comieran a ti.</p>
<p>Le echó las manos a las tetas y, magreándolas, le besó, lamió y chupó cada milímetro de ellas. Luna estaba perra, pero Isabel gemía más que ella; le dijo:</p>
<p>-¿Estás cachonda, Isabel?</p>
<p>-Mucho.</p>
<p>-¿Quieres correrte?</p>
<p>-Sí.</p>
<p>-Ponte a cuatro patas.</p>
<p>Se puso. Luna, detrás de ella, le enterró la lengua en el culo, le echó la mano izquierda a las tetas, le metió dos dedos dentro del coño y la masturbó. En tres o cuatro minutos de clavadas de lengua y de dedos, le dijo:</p>
<p>-¡Me corro, Luna!</p>
<p>Los jugos cremosos de la corrida comenzaron a salir por los lados de los dedos; los quitó y le lamió el coño para degustar sus jugos agridulces.</p>
<p>Luego de dejar de sacudirse y cuando su respiración volvió a su estado normal, le dijo Luna:</p>
<p>-Ahora me toca. Besa mi clítoris con lengua.</p>
<p>Isabel estaba dispuesta a hacer lo que fuese para que se corriera Luna.</p>
<p>-¿Cómo se hace eso?</p>
<p>-Rodea el clítoris con tus labios, posa la lengua sobre el clítoris y luego chupa.</p>
<p>Hizo lo que le había dicho y ni un minuto tardó Luna en correrse en la boca de Isabel.</p>
<p>Al acabar, Luna no le quiso cobrar.</p>
<p>Al otro día, cuando Mario revisó las imágenes de las cámaras, dijo:</p>
<p>-¡Qué putas!</p>
<p>Si te ha gustado, mañana lee la cuarta y última parte.</p>
<p>Quique</p>
<p>&nbsp;</p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/">En Familia</category>                        <dc:creator>José</dc:creator>
                        <guid isPermaLink="true">https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/siento-que-me-estas-rompiendo-el-culo-iii/</guid>
                    </item>
				                    <item>
                        <title>Siento que me estás rompiendo el culo II</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/siento-que-me-estas-rompiendo-el-culo-ii/</link>
                        <pubDate>Wed, 02 Sep 2026 20:50:17 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[&nbsp;
                                           Once meses después
La voz dulce de una joven que hablaba por teléfono preguntó:
-¿Qué servicio sería?
Mario le respondió: 
-Comida de t...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>                                           Once meses después</p>
<p>La voz dulce de una joven que hablaba por teléfono preguntó:</p>
<p>-¿Qué servicio sería?</p>
<p>Mario le respondió: </p>
<p>-Comida de tetas, comida de culo y comida de coño.</p>
<p>-¿Me está diciendo que me va a pagar por comerme los pechos, el pompis y el chichi?</p>
<p>-Sí. ¿Cuánto cobras?</p>
<p>-Cobro cien euros a la hora y trabajo un máximo de dos horas seguidas.</p>
<p>-Me parece bien.</p>
<p> -Perdone que le pregunte, pero, ¿luego de comérmelo todo no habrá penetración?</p>
<p>-No, solo te haré lo que te he dicho.</p>
<p>-O sea que su objetivo es mi placer, no el suyo.</p>
<p>-Sí, me gusta ver cómo se corren las mujeres.</p>
<p>-Las putas no nos corremos, ni besamos a nuestros clientes.</p>
<p>-Yo no voy a hacer gozar a la puta, voy a hacer gozar a la mujer.</p>
<p>-A mí me contratan frikis para follar con la muñeca Barbie de carne y hueso. No sé cómo calificarlo a usted... En fin. ¿Cuándo quiere que lo visite?</p>
<p>-¿Cuándo puedes venir?</p>
<p>-Ahora mismo, si le viene bien.</p>
<p>-Me viene de perlas.                                                                                                    </p>
<p> Mario abrió la puerta de su chalet; la joven que tenía delante nada tenía que ver con aquella descripción. del periódico. Estaba mucho, pero mucho, mucho mejor. Rubia era; un metro setenta lo medía, y su rapado era creciente, pero su cuerpo, de muñeca, no era.</p>
<p>-Pasa.</p>
<p>La muchacha que llevaba un bolso de mano de color blanco a juego con su pantalón corto, con su top y sus zapatos, entró en el chalet. Mario la llevó hasta una sala y le preguntó:</p>
<p>-¿Quieres beber algo?</p>
<p>-No, gracias.</p>
<p>-¿Cómo quieres que te llame?</p>
<p>-Barbie. </p>
<p>La llevó a su habitación, puso algo de música y le dio doscientos euros que la joven metió en el bolso. Luego le dijo:</p>
<p>-Desnúdate y échate sobre la cama.</p>
<p>-Antes tengo que saber una cosa.</p>
<p>-Pregunta</p>
<p>-¿Me vas a grabar?</p>
<p>-¿A qué viene esa pregunta?</p>
<p>-A que vi cámaras de vigilancia en la fachada del chalé.</p>
<p>-Las puse porque intentaron robar una noche, pero dentro no hay cámaras.</p>
<p>Le había mentido, pues había cámaras espías en todas las habitaciones, en los inodoros y en los baños, pero Barbie lo creyó.</p>
<p>Se desnudó. Mario vio sus tetas pequeñas, con areolas color carne y pequeños pezones, su fina cintura, sus bellas caderas, su coño totalmente depilado y sus largas y delgadas piernas. Luego vio cómo se echaba sobre la cama. Mario se quitó la bata y, en calzoncillos, se echó a su lado izquierdo. Cogió las tetas con las manos y les aplicó una ligera presión, al tiempo que acariciaba sus pezones con las yemas de los dedos pulgares; luego agarró las tetas por debajo y besó, lamió y chupó los pezones, hizo círculos con la punta de su lengua en sus areolas, lamió su canalillo... Estuvo comiendo sus tetas más de quince minutos. La joven no gimió en ningún momento. La puso boca abajo. Al ver su culo pequeño, redondo y firme, le dijo:</p>
<p>-Vales más de lo que te he pagado.</p>
<p>-Se aceptan propinas.</p>
<p>Mario le acarició las nalgas y se las lamió; luego se las separó y lamió el ojete decenas de veces antes de que la punta de la lengua entrase y saliese de él. Le metió dos dedos dentro del coño y la masturbó. Al  rato, Barbie tuvo que morder la almohada para evitar gemir, pero poco después no pudo evitar correrse, y eso no lo pudo ocultar, ya que los temblores de su cuerpo la delataron. Mario le giró la cara y le dijo:</p>
<p>-Cuando te corres, aún estás más guapa.</p>
<p>Al acabar de correrse, la puso boca arriba y vio su coño abierto y baboso. A Mario le encantaban los coños jugosos, y lo comió como lo que él pensaba que era, un manjar, un manjar que hacía dos años que no comía.</p>
<p>Le devoró el coño a lamida limpia y con una lujuria que la joven nunca había visto y que la obligó a gemir. Al oírla, paró de lamer y le dijo:</p>
<p>-Mírame a los ojos cuando te corras.</p>
<p>Le metió dos dedos dentro de la vagina, le estimuló el punto G, y Barbie se volvió a correr. </p>
<p>-¡Qué hermosa eres!</p>
<p>Luego de descargar, Mario volvió a lamer, pero esta vez lo que le lamió fue el clítoris; se lo lamió con la punta de la lengua, en un continuo y lento tintineo, al tiempo que ponía la mano izquierda sobre su pelvis y le metía dos dedos dentro del coño.</p>
<p>Barbie levantó la cabeza y le puso las manos en las mejillas. Mario la miró y vio cómo sus ojos se cerraban y cómo su cuerpo se sacudía y se arqueaba.</p>
<p>Al acabar de correrse la joven, a Mario le vino el bajón, y dio por terminada la sesión.</p>
<p>-Ya puedes vestirte.</p>
<p>A Barbie le gustaba ganarse lo que le pagaban.</p>
<p>-Aún le queda mucho tiempo. Hablemos de su problema.</p>
<p>-Mi problema no es cosa tuya.</p>
<p>-Es simple curiosidad; como estudio psicología y psiquiatría, a lo mejor puedo ayudarlo.</p>
<p>Las palabras de la joven lo animaron a hablar.</p>
<p>-¿Qué quieres saber?</p>
<p>-He notado que no se le empina. ¿Ha probado a tomar pastillas para la disfunción eréctil?</p>
<p>-Tomé viagra. ¿Y sabes lo único que sentí?</p>
<p>-¿Qué sintió?</p>
<p>-Ardor en los huevos.</p>
<p>-Eso también lo he oído. ¿Qué le causó la disfunción eréctil?</p>
<p>-El alcohol me dañó el cerebelo.</p>
<p>-Tuvo que beber lo que no hay. ¿Y cuál fue el motivo?</p>
<p>-¿Eres una estudiante de psiquiatría y de psicología o una chismosa?</p>
<p>-Soy una mujer que intenta ayudarlo. ¿Cuál fue el motivo?</p>
<p>Se lo dijo.</p>
<p>-Me dejó mi mujer, y encima me dejó por otra mujer.</p>
<p>-No es el primero al que lo deja la mujer y se mete en el alcohol.</p>
<p>-¿Vas a ayudarme, o no?</p>
<p>-¿Ha pensado en ponerse una prótesis de pene?</p>
<p>-No, sé lo que es y no quiero usar una bomba para levantar la polla.</p>
<p>-Según tengo oído, es muy frecuente que los hombres rechacen las prótesis, a pesar de ser efectivas.</p>
<p>-¿Y no sabes de otra cosa?</p>
<p>-Podría ser, pero necesito más información.</p>
<p>-¿Qué quieres saber?</p>
<p>-¿Cuándo eyaculó por última vez?</p>
<p>-La semana pasada.</p>
<p>-¿Y cómo lo consiguió?</p>
<p>-Mirando porno, esa es la única manera de que pueda eyacular. No se me pone dura del todo, pero eyaculo.</p>
<p>-¿Cuánto tiempo hace que no derrama dentro del chichi de una mujer?</p>
<p>-Demasiado.</p>
<p>-Aún le queda tiempo suficiente para hacerlo hoy.</p>
<p>Barbie puso un video lésbico en el PC, lo colocó encima de la cama y, sentados ella y él con la espalda apoyada a la cabecera de la cama, comenzaron a mirar la cinta. La joven le cogió la mano derecha a Mario y se la llevó a una teta, luego le agarró la polla, polla que parecía una tripa, y comenzó a masturbarlo, al tiempo que se masturbaba ella. Mario le preguntó:</p>
<p>-¿Te acuestas con mujeres en tu vida privada?</p>
<p>-En mi vida privada y en mi vida pública.</p>
<p>A medida que transcurría la película, la cosa se iba poniendo más caliente, entre las actrices y en la cama. La polla de Mario fue cogiendo cuerpo poco a poco, y al final, cuando se corrió la primera actriz, se le puso dura del todo. La joven lo montó y lo folló. Fue un polvo muy breve, pues Mario se corrió en cuestión de segundos.</p>
<p>Al quitarse de encima, le dijo Mario:</p>
<p>-¿Haces esto porque te gusta o por necesidad?</p>
<p>Barbie, vistiéndose, le respondió:</p>
<p>-Las mujeres que se prostituyen por vicio son contadas y yo no me cuento entre ellas.</p>
<p>-¿Te llegarían tres mil euros al mes para dejar de prostituirte?</p>
<p>-¿Quiere ser mi sugar daddy?</p>
<p>-Si lo quieres llamar así, sí.</p>
<p>-Con ese dinero podría vivir bien, pero soy una mujer independiente que hace lo que quiere, como quiere y con quien quiere.</p>
<p>-¿Y si doblo la oferta?</p>
<p>-Vendo mi cuerpo, no mi libertad, pero puede tenerme cuando quiera; eso sí, si se pone una prótesis de pene, tal y como está, da mucho trabajo.</p>
<p>                                                           Unas semanas más tarde</p>
<p>Isabel y su hermano Fernando habían acabado sus cursos de Empresariales en la universidad, tercer curso él y primero ella, y habían vuelto a casa. Estaban en el salón cuando llegó Mario del trabajo, al verlos. Le dijo:</p>
<p>-Siempre igual, teníais que llegar sin avisar.</p>
<p>Isabel, que no se llevaba bien con su padre por motivos obvios, le dijo:</p>
<p>-¿Nos ibas a recibir con gaiteros si hubiésemos avisado?</p>
<p>-No me vaciles que te mando de vuelta al piso.</p>
<p>-¿Tengo que recordarte que todas las empresas que tienes y este chalé eran del abuelo y que yo tengo una parte en todo?</p>
<p>-Ya me lo has recordado.</p>
<p>Fernando no dejó que se calentara la cosa.</p>
<p>-Siempre estáis a la greña. Haya paz por un día.</p>
<p>Mario se fue a duchar y ese día ya no discutieron más.</p>
<p>Por la noche, Mario vio en su ordenador cómo se desnudaba Isabel y cómo se cambiaba de bragas. Luego vio a su hijo en calzoncillos entrar en la habitación y meterse en la cama con Isabel. Después oyó cómo ella le decía:</p>
<p>-Si se entera el viejo de que estamos liados, se arma la mundial.</p>
<p>-No tiene por qué enterarse.                                                 </p>
<p>Fernando, echado en la cama al lado derecho de Isabel, que estaba en bragas. Le manoseó las tetas y se besaron. Sus besos eran dulces y sus lenguas solo se rozaban. Luego de magrearlas bien magreadas, las lamió y las chupó. Isabel comenzó a gemir. Su cara de placer era evidente. Tiempo después le sacó las bragas blancas, se metió entre sus piernas y le lamió el coño, un coño pequeño y pelado. Ahora la cara de Isabel era un poema. Al rato le decía:</p>
<p>-¡Qué pedazo de corridaaaaa!</p>
<p>Corriéndose, su coño empezó a soltar jugos cremosos que fueron cayendo en la boca de Fernando, que guardó en la boca y que luego fueron a parar en la boca de su hermana al besarla con lengua. Luego de besarse, le dijo:</p>
<p>-Sabes lo que me gusta, cabronazo.</p>
<p>-Y tú sabes lo que me gusta a mí.</p>
<p>-Claro que lo sé. Ponte a cuatro patas.</p>
<p>Se quitó los calzoncillos y se colocó a cuatro patas. Isabel se puso detrás de él y le lamió la raja del culo como se lo lamería una perra; luego le cogió los huevos y se los lamió y se los chupó. Acto seguido agarró la polla, tiró hacia atrás y le lamió la cabeza, luego se la chupó metiéndola toda en la boca, ya que era gruesa, pero pequeña. Fernando le dijo:</p>
<p>-Si sigues, me corro.</p>
<p>Siguió mamando y Fernando le llenó la boca de leche. Al acabar de ordeñarlo, Fernando le dijo:</p>
<p>-Eres la mejor.</p>
<p>La mejor se había tragado su leche y seguía manando para que a la polla no le entrara la flojera, y no le entró. Seguía dura cuando Isabel se echó sobre la cama, flexionó las rodillas y le ofreció el coño para que la penetrara. </p>
<p>-Ya sabes lo que quiero.</p>
<p>Se arrodilló delante de ella. Le frotó la polla en la entrada de la vagina y luego se la clavó hasta el fondo del coño de un viaje y, besándola, comenzó a follarla. Ahora Isabel le metía toda la lengua en la boca para que su hermano se la chupara y se la lamiera, cosa que hizo mientras le daba caña. Isabel le dijo:</p>
<p>-Levántame.</p>
<p>Fernando la levantó; ella le rodeó el cuello con los brazos y le dijo:</p>
<p>-Déjame a mí.</p>
<p>Comiéndole la boca, subió y bajó el culo, lo que hizo que la pequeña polla chapoteara dentro de su coño. Como su hermano no se corría, lo echó hacia atrás y lo cabalgó. Pasado un tiempo, se giró y lo folló dándole la espalda. Su culo rebotó encima de su hermano, y al fin Fernando le llenó el coño de leche.</p>
<p>-Ya era hora.</p>
<p>Sacó la polla del coño y se la puso en la boca. Fernando, con la leche cayendo en su boca, le enterró la lengua en la vagina. Isabel se encargó de sacar la corrida, frotando el clítoris contra la lengua, metiendo y sacando la lengua en el coño... Frotando el coño a su manera hasta que le dio en la boca una corrida espectacular.</p>
<p>Luego bajó el culo, le agarró la polla y frotó la cabeza en el ojete y, la polla, que estaba morcillona, se puso dura al momento; era como si tuviera olfato y le gustara lo que acababa de oler.</p>
<p>Isabel le dio las tetas a mamar mientras iba metiendo la polla en el culo.</p>
<p>-Si el viejo viese esto, le daría un infarto.</p>
<p>-Un infarto me daría a mí si entrase por la puerta.</p>
<p>La polla había entrado en su totalidad.</p>
<p>-¿Preparado para la acción?</p>
<p>-Para esta acción siempre estoy preparado.</p>
<p>Isabel, besando a su hermano, subía el culo lentamente, y cuando la polla estaba a punto de salir, lo bajó de golpe, pero con fuerza, con tanta fuerza que cada vez que lo bajaba, a Fernando le temblaban los huevos. Así se dio hasta que Fernando, a punto de correrse, le dio desde abajo como si le diera un conejo para correrse y se corrió dentro de su culo. Isabel también se corrió y, al correrse, le dejó los huevos cubiertos de jugos cremosos.</p>
<p>Mario en su habitación se corrió mientras Isabel le lamía los jugos cremosos de los huevos de Fernando.</p>
<p>-Joder, qué guarra se ha vuelto Isabel. Mañana a ver si puedo volver a follarla.   </p>
<p>Si te ha gustado, mañana puedes leer la tercera parte. </p>
<p>Quique.                                     </p>
<p>&nbsp;</p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/">En Familia</category>                        <dc:creator>José</dc:creator>
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