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									En Familia - Relatos Eróticos				            </title>
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            <description>Relatos eróticos enviados por los usuarios. Portal con la comunidad de autores y lectores más morbosos de la red que interactúan con las escenas relatadas más morbosas. Relatos en familia, gays, bisexuales, dominación, sumisión y todo lo que te puedas imaginar.</description>
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                        <title>Un ciego desvirga y preña a la hija de su mujer</title>
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                        <pubDate>Wed, 10 Jun 2026 23:44:16 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[El pazo de Eugenio era del siglo XVIII, estaba hecho con piedra del país, como todos los pazos. En el interior tenía una gran cocina, diez habitaciones con baños, una sala, tres salones y ga...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>El pazo de Eugenio era del siglo XVIII, estaba hecho con piedra del país, como todos los pazos. En el interior tenía una gran cocina, diez habitaciones con baños, una sala, tres salones y garaje para seis coches. En el exterior tenía fuentes, estanques, piscina, jardines, campos con árboles frutales. Inmensos viñedos y una ermita. Era un pequeño paraíso.</p>
<p> Eugenio era un exempresario, cuarentón, moreno, alto, fuerte y más que potable, que se había quedado ciego en un accidente automovilístico. Se había casado en segundas nupcias con Olaya, una mujer asturiana que había sido su asistente personal, que tenía una hija llamada Prudencia, una joven de diecinueve años que había traído con ella hacía una semana.</p>
<p>Olaya era ahora la dueña de un gimnasio al que le había puesto su nombre. Eugenio se pasaba el día en su pazo gallego en compañía de Prudencia.</p>
<p>Aquella sala del pazo tenía el techo muy alto; era de madera de roble y de él colgaba una lámpara de araña. En las paredes había cuatro cuadros largos de aproximadamente un metro y medio de altura con escenas bucólicas que se encontraban en las esquinas. A la izquierda tenía cuatro sillas antiguas y una mesa de roble con un florero encima y en una pared tenía un gran ventanal con sus cortinas rojas recogidas. A la derecha tenía un piano y en la esquina estaba el mueble bar. En el centro había dos tresillos de madera y seis sillas, todas ellas tapizadas con motivos dorados.</p>
<p>En un tresillo estaba sentada Prudencia, una joven mulata, de estatura mediana, con ojos y cabello negro, que llevaba recogido en dos trenzas.</p>
<p>Enfrente de ella, con gafas negras, a pecho descubierto, sentado en el otro tresillo, y separados por una antigua mesa camilla, estaba Eugenio leyendo con los dedos un libro escrito en braille. Prudencia le preguntó:</p>
<p>-¿Me permite hablar con usted?</p>
<p>Eugenio dejó de leer y dirigió su mirada hacia donde había venido la voz.</p>
<p>-Claro que sí, princesa.</p>
<p>-¿Cómo hace para sobrellevar tan bien la ceguera?</p>
<p>-Hay que adaptarse cuando no hay más remedio, pese a que la procesión va por dentro. </p>
<p>Prudencia, que llevaba puesta una falda corta de color marrón y una blusa blanca, cruzó sus bellas piernas.</p>
<p>-No comprendo eso de que no hay más remedio.</p>
<p>-Es fácil de comprender. Hace solo cuatro años lo tenía todo: una exitosa empresa, salud, dinero y amor; luego la empresa empezó a ir mal, mi mujer se echó un amante y yo sufrí el accidente. ¿Ahora entiendes lo de que no hay más remedio?</p>
<p>-¿Su mujer era una zorra?</p>
<p>-Y yo un cabrón que merecía que me metieran los cuernos.</p>
<p>-¿Le fue infiel?</p>
<p>-Sí.</p>
<p>-¿Y para qué hacía eso?</p>
<p>-Para sentirme importante.</p>
<p>-¿Puedo hacerle otra pregunta?</p>
<p>-Ya te he dicho que puedes preguntar todo lo que quieras.</p>
<p>-¿Cómo pudo subsistir cuando la empresa pasaba malos momentos?</p>
<p>-Tenía una póliza de seguro muy potente.</p>
<p>-¿Puedo cambiar el tema?</p>
<p>-Cambia, cielo.</p>
<p>-¿De dónde conoce usted a mi madre?</p>
<p>-Nos encontramos al dar vuelta a una esquina; se disculpó al ver que yo era invidente. Nos tomamos unos cafés en un bar, y hasta hoy.</p>
<p>-¿Le agradó su voz?</p>
<p>-Sí, y luego me gustaron su cara y su cuerpo.</p>
<p>-¿Cómo consiguió gustarle su cara y su cuerpo sin verle?</p>
<p> -Ya había desarrollado el sentido del tacto, del oído y del olfato.</p>
<p>-Conoció su rostro y su cuerpo al tacto y supo cómo era.</p>
<p>-Exacto.</p>
<p>-Y sin tocar, no sabe cómo es otra persona.</p>
<p>-No, pero la imagino.</p>
<p>-¿Cómo se figura que soy yo?</p>
<p> -De piel clara, mides un metro setenta y cinco, y pesas unos sesenta kilos; lo de la piel clara lo imagino porque tu madre la tiene y lo de los sesenta kilos por tu voz.</p>
<p>-Se equivocó con lo de la piel clara, en un par de centímetros y en tres kilos, pero lo cierto es que se acercó más de lo que yo creía.</p>
<p>-¿Tienes la cara morena?</p>
<p>-Soy mulata; mi padre es brasileño.</p>
<p>-Dicen que las mulatas son muy bellas.</p>
<p>-¿Quiere saber cómo soy?</p>
<p>-Sí, me gustaría saberlo.</p>
<p>Se arrodilló ante él.</p>
<p>- Pues aquí me tiene.</p>
<p>Le tocó el pelo, bajó acariciando las coletas, puso las manos con dulzura sobre las sienes y después las yemas recorrieron su frente, la línea de sus ojos, su nariz, sus gruesos labios, su mentón y su cuello.</p>
<p>-Eres preciosa.</p>
<p>-Gracias.</p>
<p>Prudencia se levantó algo excitada y volvió a su sitio.</p>
<p>-¿Alguna otra pregunta, cielo?</p>
<p>-Una. ¿Quiere a mi madre?</p>
<p>-Sí.</p>
<p>-¿Cómo se puede amar y pasar por un momento difícil?</p>
<p>-Tenías que estar en mis zapatos para saberlo.</p>
<p>-Mejor que nunca esté; me voy a mirar cómo va la comida, si no tiene usted más que preguntar.</p>
<p>-No, no tengo.</p>
<p>Prudencia se fue a la cocina y abrió la puerta del horno de la cocina para ver cómo iba el pato a la naranja; luego de ver cómo iba y de cerrar la puerta, le vino a la cabeza el reconocimiento facial. Cerró los ojos e imaginó aquellas grandes manos descendiendo a sus pequeñas tetas, recorriendo sus caderas, sus muslos, y luego una de ellas metiéndose dentro de sus bragas. Abrió los ojos y se dijo:</p>
<p>-Esta noche tiene que caer una paja, una, por lo menos.</p>
<p>No esperó a que oscureciera. Habían comido en la sala y en la sala se pusieron a tomar la siesta. Eugenio se había recostado en la silla y respiraba a fondo. </p>
<p>Prudencia, que no podía dejar de imaginar situaciones picantes, abrió los ojos y vio que Eugenio tenía una erección que se marcaba en el pantalón del chándal que llevaba puesto y tuvo una conversación consigo misma. </p>
<p>-No seas mala. Esas cosas no se hacen. Aunque tocarte delante de él debe tener un morbo que te cagas. ¿Y si despierta y te siente? No se va a despertar, y si despierta, acabas la paja en tu habitación.</p>
<p>Se desabotonó la blusa, bajó las copas del sujetador y, mirando para la erección de su padrastro, comenzó a jugar con los pezones y con sus oscuras areolas. Cerró los ojos e imaginó que eran las manos de Eugenio las que la tocaban. Luego se puso en pie y se quitó la falda y las bragas, se volvió a sentar y se abrió de piernas. Un coño rodeado de vello negro quedó al aire. Se acarició el clítoris con un dedo, al tiempo que iba jugando con sus tetas y que miraba el empalme, un empalme en el que la polla parecía tener vida propia porque se movía debajo del pantalón del chándal. Al cabo de un rato, acariciando con dos dedos su clítoris y apretando una teta, se corrió como una perra, se corrió mordiéndose el labio inferior para no hacer ruido.</p>
<p>Luego se pasó un dedo por el coño, miró para los jugos y lo chupó.</p>
<p>Al acabar de correrse, se levantó, se puso la falda y las bragas, volvió a colocar el sujetador en su sitio, abotonó la blusa y siguió tomando la siesta.</p>
<p>Después de la siesta, Eugenio le dijo a su hijastra:</p>
<p>-¿Sabes dónde está la bodega?</p>
<p>-¿La bodega de quién?</p>
<p>-La nuestra.</p>
<p>-No.</p>
<p>¿Quieres que te la muestre para cuando tengas que ir por vino?</p>
<p>-Sí.</p>
<p>-Anda, ponte un jersey y tráeme uno para mí.</p>
<p>-Afuera hace unos cuarenta grados.</p>
<p>-Tú haz como te digo.</p>
<p>Lo hizo, y luego de abrigarse, Eugenio cogió el bastón y, de la mano de Pudencia, llegó al garaje del pazo donde descansaba un viejo Mercedes. Abrió una puerta lateral y la muchacha vio dos pasamanos y unas escaleras que llevaban a la bodega subterránea. Eugenio tocó los pasamanos de aluminio con él, y luego le echó la mano a uno de ellos. Prudencia le contestó:</p>
<p>-Usted no puede bajar por ahí, se mataría.</p>
<p>-Tranquila, conozco el sitio como la palma de la mano; agárrame el bastón.</p>
<p>Eugenio se apoyó en las barandillas y bajó los escalones. Detrás de él bajó Prudencia.</p>
<p>La bodega subterránea era enorme, tenía una prensa y un alambique, seis cubas por un lado, estanterías de botellas por los otros, una prensa en una esquina, barriles vacíos y una vitrina con copas y vasos y seis asientos hechos con troncos de roble y una mesa del mismo material, y hasta tenía una vieja cama donde dormía el que hacía el vino y el coñac.</p>
<p>Al llegar abajo, le dio el bastón y miró para los barriles de vino.</p>
<p>-¿Están los barriles llenos de vino?</p>
<p>–No, están todos vacíos, excepto uno que está lleno de coñac. Aquí todo se embotella.</p>
<p>Las botellas de vino y de coñac estaban en distintos estantes enfrente de los toneles.</p>
<p>-Sé dónde está todo; vámonos de aquí, que hace un frío que pela.</p>
<p>Eugenio se sentó en un tronco que había junto a la cama y le dijo:</p>
<p>-Toma una botella de vino blanco de 1903; está a la izquierda, en la parte superior, y solo debían quedar seis botellas.</p>
<p>La cogió y se la dio.</p>
<p>-¿Qué es lo que quiere hacer con ella?</p>
<p>-Tráeme el sacacorchos que está dentro de la vitrina.</p>
<p>Fue, regresó y se lo dio.</p>
<p>-¿Quiere saber si está avinagrado?</p>
<p>-Los vinos de una bodega como esta no se avinagran, cogen solera.</p>
<p>Prudencia no entendía de vinos.</p>
<p>-Sí. a la sombra. Lo veo muy raro. ¿Está usted bien?</p>
<p>-Después de beberlo, me voy a sentir mejor.</p>
<p>-¿¡Está loco!? Luego no podrá subir las escaleras.</p>
<p>-Hace falta más de una botella de vino para que yo me emborrache.</p>
<p>Le quitó la botella de la mano, le puso el tapón y le dijo:</p>
<p>-Si se quiere tomar el vino, se lo toma en casa.</p>
<p>Eugenio le cogió la mano derecha, la arrojó sobre la cama y se abalanzó sobre ella.</p>
<p>-No te he traído aquí por el vino, te he traído aquí para follarte.</p>
<p>Prudencia quiso quitárselo de encima, pero era mucho peso para ella.</p>
<p>-Si me viola, lo denuncio.</p>
<p>Buscando con los labios la boca de Prudencia, le dijo:</p>
<p>-Es tu culpa.</p>
<p>Pudencia lo miró con cara de asombro.</p>
<p>-¡¿Pero qué he hecho?!</p>
<p>-Una paja delante de mí.</p>
<p>La muchacha no se lo negó.</p>
<p>-¡¿Es que ve?!</p>
<p>-No, pero como ya te dije, tengo muy desarrollado el sentido del oído.</p>
<p>Se quitó las gafas negras y las puso a un lado. Prudencia se creyó perdida y trató de engañarlo.</p>
<p>-En casa, en casa le dejo, que aquí hace un frío que pela.</p>
<p>-Mientes muy mal.</p>
<p>Eugenio la apartó de encima, se acostó a su lado, la besó y le magreó las tetas. Se sentó, y a continuación sus manos le recorrieron la cintura, sus caderas y el trasero, el exterior y el interior de sus muslos y luego trató de quitarle la ropa interior. Prudencia le echó las manos a la goma de las bragas y se rebotó.</p>
<p>-¡Para metérmela tendrá que matarme primero!</p>
<p>-No voy a metértela, te voy a comer el coño.</p>
<p>Le echó las bragas hacia un lado, y luego le olisqueó el coño a fondo, llenando los pulmones con aquella esencia de sexo femenino.</p>
<p>-El olor de tu coño es pecaminoso.</p>
<p>La muchacha le suplicó.</p>
<p>-No me haga esto, por favor.</p>
<p>-Es comida de coño o follada, elige.</p>
<p>Prucencia quitó las manos de la goma de las bragas. Eugenio introdujo la punta de la lengua entre los labios vaginales y la movió arriba y abajo. Después se concentró y continuó lamiendo de abajo arriba; luego sacó y metió la lengua en su vagina, continuó lamiendo su clítoris y finalmente apretó su lengua contra su coño y lamió de abajo arriba cada vez más rápido hasta que la muchacha le golpeó la boca con su pelvis y se corrió en su lengua.</p>
<p>Y cuando acabó de correrse, dijo:</p>
<p>-Tu corrida es deliciosa.</p>
<p>Después sacó la polla empalmada. Prudencia se asustó al verla. </p>
<p>-¡Me dijo que no me iba a penetrar!</p>
<p>-Solo te la voy a frotar en el coño.</p>
<p> Le bajó las bragas sin que Prudencia protestase, le frotó la polla en el coño corrido, empujó y la polla no le entró.</p>
<p>-¡Dijo que no iba a metérmela!</p>
<p>- No me dijiste que eras virgen.</p>
<p>-¿No hubieras querido forzarme si se lo hubiera dicho?</p>
<p>Su respuesta fue clavarle de un trallazo la polla en el coño. Prudencia sintió como si se le rasgara el coño. </p>
<p>-¡Bestiaaa!</p>
<p>A medida que la polla fue entrando, fueron aumentando sus gritos de dolor y su llanto. Eugenio era masoquista, ya que con su llanto y sus gritos se le ponía más dura.</p>
<p>Con la polla entrada en el fondo del coño, la besó, y al besarla notó en sus labios el sabor salado de sus lágrimas. Con la polla enterrada en el coño, la puso encima de él. Prudencia quiso quitarse de encima y huir de allí, pero al moverse sintió dolor en la vagina y se quedó quieta. </p>
<p>-¡Me ha reventado el coño, es usted un sádico!</p>
<p>-Vete moviendo poco a poco, si quieres que te duela menos.</p>
<p>-Yo lo único que quiero es sacarla.</p>
<p>-Ese coche que te gusta, el Ford Capri. Si me besas y me haces el amor, te lo compro del color que quieras y te pago el seguro.</p>
<p>- Métase el coche por donde le quepa.</p>
<p>- Elige, o es el coche, o le cuento a tu madre lo de la paja, o te follo yo a lo bestia.</p>
<p>Prudencia estaba dolida, pero no por eso dejaba de pensar.</p>
<p>El Cpri daría mucho de qué hablar. </p>
<p>-El mes que viene es tu cumpleaños. Me estás cuidando, nadie va a ver cosas raras.</p>
<p>La elección era sencilla.</p>
<p>-Elijo el Fod Capri, pero tiene que saber que no sé follar. .</p>
<p>-Mejor</p>
<p>Prudencia, besando a Eugenio, empezó a menear el culo muy despacito. Sacaba un centímetro de polla y la volvía a meter, luego dos, luego tres, luego cuatro o cinco, luego siete, luego la metía y la sacaba toda mecha.</p>
<p>Ya no le dolía, ahora le escocía, le escocía y le gustaba, y también le gustaban los besos de Eugenio, unos besos que al principio le daban asco.</p>
<p>-¿Te gusta?</p>
<p>No le mintió.</p>
<p>-Ahora sí.</p>
<p>-¿Te vas a correr?</p>
<p>-No lo creo.</p>
<p>-Yo sí me voy a correr. Si me la chupas y te tragas la leche, te doy mil euros para gasolina.</p>
<p>Prudencia sacó la polla del coño, la agarró, la metió en la boca, le chupó el glande, y Eugenio, en nada, se corrió en su boca. La muchacha se tragó hasta la última gota de leche.</p>
<p>Cuando terminó de gozar, le preguntó:</p>
<p>-¿Quieres correrte otra vez en mi boca?</p>
<p>Prudencia bajó la cabeza y le contestó:</p>
<p>-Sí.</p>
<p>-Vente y ponme el coño en la boca.</p>
<p>-Me da vergüenza.</p>
<p>La atrajo hacia él y la sentó en su pecho.</p>
<p>-Pónmelo, tonta.</p>
<p>Le puso el coño en la boca. Eugenio lo lamió, al tiempo que le metía las manos por debajo del jersey y de la blusa, le bajaba las copas del sujetador y le magreaba las tetas. Luego paró de lamer y le dijo:</p>
<p>-Frota el coño contra mi lengua y juega con mi polla.</p>
<p>Prudencia no se había visto en otra igual. Tenía la polla de un hombre en su mano y su lengua en el coño. Ya estaba mala y al frotarse se puso peor. </p>
<p>-¿Por qué no la metes ahora?</p>
<p>La muchacha ya se tiró al monte.</p>
<p>-Antes me voy a correr.</p>
<p>Frotó el coño contra la lengua a toda mecha y se corrió en la boca de su pasadstro entre gemidos y convulsiones.</p>
<p>Al acabar de correrse, le sacó el coño de la boca, se sentó encima de la polla, despacito se la fue metiendo hasta el fondo y luego, con las manos apoyadas en su pecho, fue subiendo y bajando el culo, muy lentamente al principio, lentamente después, un poquito más rápido, más rápido y toda hostia cuando sintió que se iba a correr. Al correrse, se detuvo, y corriéndose, con los ojos cerrados y temblando, balbuceó:</p>
<p>-Me co, co, co, co, ¡me corro!</p>
<p>Eugenio se corrió dentro de su coño.</p>
<p>Al acabar, componiendo la ropa, le dijo:</p>
<p>-Espero que no me haya dejado preñada y que cumpla con lo que ha dicho.</p>
<p>-Has cumplido y yo cumpliré, y no te he dejado encinta, soy estéril.  </p>
<p>-Me quita un peso del corazón.</p>
<p>-Dame las gafas y la botella de vino, por favor.</p>
<p>Cogió las gafas negras y se las dio; luego pilló la botella, le quitó el corcho y le echó un trago.</p>
<p>-Está rico.</p>
<p>-A ver si vas a ser tú la que no pueda subir las escaleras.</p>
<p>                                                                II</p>
<p>Prudencia sabía que su padrastro no intentaría forzarla de nuevo porque en el pazo no podría pillarla. Ella quería volver a follar con él, pero no quería ofrecerse, así que iría acercándose de una manera sutil.</p>
<p>Un día estaba desnuda en la piscina en una hamaca. Su cuerpo brillaba bajo el sol. Tenía en su mano izquierda una ginebra con tónica con mucho hielo. Eusebio estaba a un par de metros de Pudencia, echado en otra hamaca con un ron con cola y mucho hielo en su mano derecha, bebidas que había hecho ella. Le preguntó:</p>
<p>-¿Por qué no hay servicio?</p>
<p>-Porque nunca se sabe quién mete uno en casa; lo mismo es una buena persona que una infiltrada del seguro.</p>
<p>-¿Pero no me había dicho que ya le habían pagado la indemnización?</p>
<p>-Sí, pero los seguros nunca dan el dinero por perdido, siempre creen que les han tomado el pelo. </p>
<p>-Si no tiene nada que ocultar...</p>
<p>-Eso no impide que pueda tener en casa a un intruso o a una intrusa.</p>
<p>-No confía en nadie.</p>
<p>-Desconfía y darás con la verdad.</p>
<p>-¿Y de mí desconfía?</p>
<p>-No.</p>
<p>-Lo podría estar robando.</p>
<p>-Estarías robándote a ti misma. Cuéntame cosas de ti.</p>
<p>-¿Qué es lo que quiere saber?</p>
<p>-¿Has dejado novio en Asturias?</p>
<p>Prudencia bebió otro trago de ginebra con tónica y luego respondió:</p>
<p>-No, nunca he tenido novio.</p>
<p>- ¿Alguna vez has ido a los carnavales de Brasil?</p>
<p>-¿Por qué me lo pregunta?</p>
<p>-Porque me habías dicho que tu padre es brasileño.</p>
<p>-No conozco a mi padre, y jamás he estado en Brasil. ¿Usted ha estado?</p>
<p>Ahora fue Eugenio el que le echó otro trago a su ron con cola.</p>
<p>-Sí, hace diez años.</p>
<p>-Suerte la suya; yo no he pisado ese país más que en mis pensamientos.</p>
<p>-¿Quieres pisarlo?</p>
<p>-Sí... ¿Me va a hacer otra proposición indecente?</p>
<p>-Solo si quieres que te la haga.</p>
<p>-No quiero aque me la haga, pero tengo curiosidad por saber de qué se trata.</p>
<p>-Te pago un mes de vacaciones en Brasil por un polvo en el que pueda gozar de tu culo.</p>
<p>Prudencia acabó la ginebra con tónica.</p>
<p>-Me rompió el coño por un coche y me quiere romper el culo por un viaje.</p>
<p>-¿Te parece poco premio el viaje?</p>
<p>Prudencia ya tenía ganas de volver a jugar con su padrastro y, si encima le pagaba unas vacaciones en Brasil, mejor que mejor. Lo del trasero lo consideró daños colaterales, así que le dijo:  </p>
<p>-Me parece que me va a doler mucho, pero voy a ir de vacaciones a Brasil.</p>
<p>Prudencia se puso en pie, pilló la crema Nivea de caja azul, fue junto a su padrastro y le dijo:</p>
<p>-Póngase en pie y deme crema mientras se hace a la idea de cómo es mi cuerpo.</p>
<p>Eugenio se puso en pie. Prudencia le cogió la mano derecha y le enterró tres dedos en la crema. El hombre frotó las manos y luego le dio crema en la cara, en los hombros y en el cuello. Bajó por el pecho, se encontró con las tetas y se llevó un sorpresón.</p>
<p>-¡Coño!</p>
<p>Prudencia, luego de reírse, le dijo:</p>
<p>-El coño está más abajo.</p>
<p>Eugenio le dio un magreo de tetas que le dejó los pezones duros como el granito. </p>
<p>-Tienes las tetas más duras que he tocado.</p>
<p>-El culo también lo tengo duro.</p>
<p>Prudencia se giró y le dio la espalda. Eugenio le dijo:</p>
<p>-Más crema.</p>
<p>La muchacha le volvió a enterrar los dedos en la crema. Eugenio, luego de frotarse las manos, le dio crema en la espalda hasta llegar a su culo, un culo redondito y duro como le había dicho.</p>
<p>-Tienes un culo que dan ganas de comerlo.</p>
<p>-No se quede con las ganas.</p>
<p>Le separó las nalgas y le lamió y le folló el ojete, al tiempo que le daba crema, en la cintura primero y en las piernas después. </p>
<p>Poco más tarde, Prudencia se giró, le echó una mano a la nuca y le llevó la boca al coño.</p>
<p>-Mire qué jugoso está.</p>
<p>Eugenio le enterró la lengua en el coño, y después lamió de abajo a arriba y apretando la lengua contra el coño. Luego le metió el dedo pulgar en el culo y se lo folló.</p>
<p>-¿Te gusta?</p>
<p>-Sí, me gusta mucho.</p>
<p>Al rato, con la lengua entrándole y saliéndole del coño y el dedo entrándole y saliéndole del culo, le dijo:</p>
<p>-¿La quiere?  </p>
<p>-Sí.</p>
<p>¿La quiere ya?</p>
<p>-Sí.</p>
<p>Moviendo la pelvis, sacó la lengua del coño, la frotó contra el clítoris y le dio en la boca una corrida brutal.</p>
<p>Al acabar de correrse Prudencia, Eugenio se puso en pie y la besó.</p>
<p>-Te quiero follar a cuatro patas. Quiero que seas mi perra.</p>
<p>-¿Tendré que ladrar?</p>
<p>-No, vas a aullar cuando te la meta en el culo.</p>
<p>-No me meta miedo, que yo enseguida me rajo.</p>
<p>-Era una broma.</p>
<p>-Pero doler me va a doler.</p>
<p>-Eso no lo dudes. ¿Te pones a cuatro patas o no te pones?</p>
<p>-Me pongo.</p>
<p>Se puso a cuatro patas. Eugenio se quitó el bañador, se arrodilló detrás de ella y, con las manos en su cintura, se la frotó en el coño y luego se la fue clavando, despacito; después metió y sacó cada vez más aprisa e hizo paraditas para no correrse. En la última paradita le agarró las tetas; le ametralló el coño y, al sentir cómo se corría, le fumigó el coño con leche.</p>
<p>Al sacarle la polla del coño, Prudenciale preguntó:</p>
<p>-¿Por qué no me la metió en el culo?</p>
<p>-Porque esta fue la primera parte del polvo. Ahora vete a buscar otro ron con cola, pero antes acércame a mi hamaca.</p>
<p>Prudencia lo acercó a la hamaca. Luego se puso las chanclas de dedo, cogió los vasos de tubo y se fue. No había peligro de que la vieran porque al pazo lo rodeaba una muralla de más de cuatro metros de altura. Regresó con otros vasos de tubo y le dio el suyo a Eugenio.</p>
<p>-Aquí tiene.</p>
<p>-Gracias, preciosa.</p>
<p> Yendo con la ginebra con tónica a su hamaca, le dijo:</p>
<p>-¿Sabe una cosa?</p>
<p>-Como no me la digas...</p>
<p>-Al principio me sentí mal después de darle el cuerpo, pero ahora me gusta ser su puta.</p>
<p>-No eres mi puta, eres mi amante.</p>
<p>Eugenio cogió el bastón, se quitó las gafas negras y se puso en pie.</p>
<p>-¿Adónde va?</p>
<p>-A la piscina.</p>
<p>Eugenia se levantó y lo cogió de la mano.</p>
<p>-Suelte el bastón; yo lo llevo a la agarradera de la piscina.</p>
<p>Lo llevó. Eugenio, ayudado de la agarradera, descendió las escaleras de la piscina y luego se arrimó a la pared, donde el agua le daba por el ombligo.</p>
<p>-Vente, cielo.</p>
<p>Prudencia se metió en la piscina y luego se puso enfrente de su padrastro.</p>
<p>-¿Va a ser aquí donde me rompa el culo?</p>
<p>-Sí, pero antes bésame y ponme la polla bien dura,</p>
<p>Prudencia le echó una mano a la nuca, le agarró la pollá, le metió la lengua en la boca y lo comió a besos. Como no movía la mano, Eugenio se la cogió y le enseñó cómo se meneaba.</p>
<p>-¿Los hombres hacéis así las pajas?</p>
<p>-Sí.</p>
<p>Prudencia, entre paja y morreo, se fue poniendo cada vez más perra, tan perra se puso que metió la cabeza debajo del agua y le chupó la polla. Lo hizo unos segundos, pero le debió de gustar, ya que volvió a bajar cuatro veces más. A quien le gustaba, y mucho, era a Eugenio, que cuando dejó de bajar y lo volvió a besar, le echó las manos al culo, la levantó y se la clavó en el coño. Prudencia le rodeó el cuello con los brazos y volvió a comerle la boca.</p>
<p>Eugenio la folló subiendo y bajando su culo, sin prisa, pero sin pausa... Tiempo después, cuando Prudencia se iba a correr, la sacó y se la puso en el ojete.</p>
<p>¿Preparada?</p>
<p>-No,</p>
<p>-¿Lista?</p>
<p>-Muy lista no soy; si no, no estaría haciendo esto.</p>
<p>-¡Ya!</p>
<p>A Prudencia se le encogió el culo, pero al ver que no se la había metido, se relajó; fue entonces cuando le clavó el glande en el culo.</p>
<p>-¡Falsoooooo! </p>
<p>Siguió metiendo y la polla acabó en el fondo de su culo.  Luego le dio suave.</p>
<p>Prudencia ahogaba sus gemidos de dolor con la boca en su cuello, pero sin saber cómo ni por qué, empezaron a temblarle las piernas.</p>
<p>-Me corro.</p>
<p>Al acabar de correrse, se la sacó del culo, se la metió en el coño, le dio a mazo y en nada  se corrió dentro de su coño.</p>
<p>Luego de gozar, tomando y descansando, le dijo Prudencia a Eugenio.</p>
<p>Desde luego, si no llega a ser estéril...</p>
<p>-Pero lo soy.</p>
<p>-Es de suponer que si le fue infiel a su mujer con otras mujeres y no quedaron embarazadas...</p>
<p>-Bueno, con ellas usaba condón.</p>
<p>Prudencia, ya tenía la mosca detrás de la ordeja.</p>
<p>-¿Su ex tiene hijos?</p>
<p>-No, pero tu madre te tuvo a ti y no queda preñada.</p>
<p>-Ayayayay.</p>
<p>-¿Qué?</p>
<p>-Que mi madre quedó mal después de tenerme a mí y no puede tener hijos,</p>
<p>-No me había dicho nada de eso.</p>
<p>-¿Se lo preguntó?</p>
<p>-No.</p>
<p>-Como haya quedado embarazada, no sé qué será de mí.</p>
<p>-Si quedaste embarazada, vendo todo lo que tengo y me voy contigo a las Bahamas, si quieres ser mi mujer.</p>
<p>Mes y medio después, Prudencia y Eugenio volaban rumbo a las Bahamas. Habían comido y Prudencia acababa de terminar un yogur. Eugenio se quitó sus gafas negras, sacó un pañuelo del bolsillo del pantalón y limpió un poco de yogur que le había quedado en la comisura de los labios. Prudencia miró a Eugenio a los ojos y le dijo:</p>
<p>-Gracias... ¡Qué cabrón!</p>
<p>Quique.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-</p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/">En Familia</category>                        <dc:creator>José</dc:creator>
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                    </item>
				                    <item>
                        <title>Dos hermanos, cambiando roles</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/dos-hermanos-cambiando-roles/</link>
                        <pubDate>Sat, 06 Jun 2026 06:01:19 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[...  
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                        <content:encoded><![CDATA[<p>...  </p>
<p>                           Yo había crecido, pero evidentemente el viejo uniforme del colegio de mi hermana no. La falda que hacía pocos años le llegaba justo por encima de las rodillas ahora a mí apenas me tapaba el culo y eso ajustando la cintura.</p>
<p>                          Para poder ponerme el polo tuve que usar las tijeras y darle unos cortes estratégicos. Me quedaba muy ajustado, marcando todo. Además de usar unas tetas falsas de silicona que había comparado por Internet y uno de sus sujetadores más sexis por debajo. </p>
<p>                         Para sustituir los calcetines unas calzas blancas suyas me vendrían bien. Y unos zapatos negros míos de un modelo bastante unisex completarían el atuendo. No podía llevar tacones, lástima. Desde luego con sus piecitos no me valdrían los suyos. No tenía peluca, pero en esa época llevaba el pelo lo bastante largo como para que pareciera de chica con solo peinarlo diferente. </p>
<p>                         Estaba comprobando el efecto en el espejo del ropero de mi cuarto cuando entró mi hermana, sin llamar, como siempre. Se atragantó y quedó alucinada al verme así.</p>
<p> - ¿Piensas ir así a la fiesta de disfraces?. </p>
<p>- ¿Que te parece?. </p>
<p>- ¡Impactante!. A mí ya no me vale pero joder como te queda a ti. Tienes unas piernas muy bonitas así con una faldita y las calzas. </p>
<p>- El polo me aprieta mucho las tetas falsas. </p>
<p>- Y ¿te crees que a mí las mías no?. Ya me quedaba justo las últimas veces que me lo puse. </p>
<p>- De eso me había dado cuenta, nena. Tienes un par de peras preciosas. </p>
<p>                              Le dije riendo. Tenía los dos pechos de silicona puestos sobre mi torso. Me los miró y allí, en medio de la blanca tela destacaban hasta los pezones falsos. Ni el encaje del suje los disimulaba. Duros, pero de pega, apuntaban directamente a su rostro. Me había puesto el sujetador para que quedara más erótico. Pero no hacía falta, esas cosas se sujetaban con adhesivo. </p>
<p> - ¿Que vas a llevar debajo?.</p>
<p>                             Señalé un culotte negro de encaje muy sexy que reposaba sobre mi cama. </p>
<p>- ¿Que llevas ahora?.</p>
<p>                             Juguetona, adaptándome a mi nueva personalidad, levanté un poco la faldita dejándole ver mi culo desnudo. Su tanguita era tan pequeño que por detrás no me tapaba nada. Por delante solo tenía que sujetar mi polla pero le costaba, claro. La situación y esa ropa me tenían cachonda. </p>
<p>- Esto sería muy descarado. ¿Verdad?.</p>
<p>- Depende de quién vaya a levantar esa falda. </p>
<p>- Creo que hoy no me importaría. Estoy "juguetona" tata. </p>
<p>- Vaya, vaya con mi nueva hermanita. Claro que yo tampoco puedo decir nada. Sabes que me va un poco de todo. </p>
<p>- Ya sé a lo que juegas con tus amigas. Sois muy escandalosas cuando os metéis en tu habitación. </p>
<p>- ¿Nos espías?. En cambio yo no sé si te diviertes con tus amigos. </p>
<p>- No hace falta, ese tabique es casi de papel. No ha habido mucho entretenimiento pero algo si. Y desde luego no los días que estás tú en casa. No pensarás que soy virgen. </p>
<p>                             Mientras no me excitara no tendría problemas. Aunque estaba algo cachonda, perdón, muy excitada. Como me había hecho una paja poco antes la erección se mantenía controlada. Y si se me ponía dura entonces sería cuando me divertiría de verdad. </p>
<p>- ¿Quieres que te ayude con el maquillaje?. Ya veo que lo de la ropa lo tienes controlado. </p>
<p>- Pues claro, tata. No sabría por donde empezar. </p>
<p>                              Durante un rato se dedicó a maquillarme casi en silencio. Pero sus tetas de verdad apenas cubiertas por la ligera y pequeña chaquetilla de un pijama de verano rozaban constantemente mi hombro. El short del mismo pijama era verdaderamente corto y podía ver y rozar los muslos y parte de su precioso culito en cuanto se daba la vuelta. Eso tenía un efecto inmediato sobre lo que había bajo la falda. </p>
<p>- ¡Hermanito!. Te está gustando el maquillaje por lo que veo. </p>
<p>- Dime Silvia, hoy es quien soy. Es que los roces también están muy bién. Y a tí se te están poniendo duros los pezones, por cierto. </p>
<p>                                Me había traicionado el subconsciente, había elegido el nombre de una de sus mejores amigas. Una que sabía era muy cariñosa con mi hermana. Ella tampoco era indiferente a la situación. Sus pezones se marcaban muy duros en esa fina tela. De vez en cuando se apoyaba en mi muslo desnudo, como si fuera un descuido. </p>
<p>- A tí también te está gustando maquillarme. ¿Qué tal me veo?.</p>
<p>- Estás quedando fantástica, Silvia, pero hay buena materia prima. </p>
<p>- Porque me parezco a ti y a mamá. Tata. Si me pareciera más a papá no me habría planteado ponerme esto. Pero vosotras sois preciosas. Por cierto ¿donde están?.</p>
<p>- Ya se han marchado. Estamos solos. </p>
<p>                           Puse una mano en su cadera en un gesto de confianza. Y ella no la apartó. De hecho estaba acariciando la piel desnuda de su cinturita. </p>
<p>- Silvia es una chica preciosa. </p>
<p>- ¿No me estarás coqueteando?.</p>
<p> - ¿Te importaría?.</p>
<p>                                Me pegué más a su cuerpo. Estreché el abrazo y apoyé la cabeza en su hombro en un gesto de cariño. </p>
<p>- Claro que no. Mi hermana es la chica más guapa que conozco. Y sé que eres de gustos muy amplios.</p>
<p>- Parece que a mi nueva hermana también le gusta un poco de todo. ¿Quieres experimentar?.</p>
<p>- Quiero dejarme llevar. Sin complejos ni límites. Y ver lo que pasa. ¿Tú vas a venir?.</p>
<p>- No lo había pensado.</p>
<p>- Ahí tienes mi ropa. Puedes ir de chico. Te va a quedar bien. Todo te queda bien.</p>
<p>- No me parece mala idea. ¿Me la dejas?.</p>
<p>- Ponte lo que quieras. De todas formas algunas de mis camisetas las usas tú más que yo. </p>
<p>- Es que son muy cómodas y huelen a tí. </p>
<p>                             Con el juego del maquillaje, el pegarse a mí y darme esos mimos me tenía cachondo. Ya ni la paja anterior me valía para tener controlado el rabo que estaba levantando la tela de la falda. Y entonces terminó de matarme. Sin complejos se quitó el pijama bajo el que por cierto no llevaba nada de nada y en pelota picada se puso a rebuscar en mis cajones. </p>
<p>- ¡Pero nena!. Pensaba que te lo ibas a llevar a tu cuarto.</p>
<p>- ¡Y qué más da!. Así puedo probàrmelo aquí y ver lo que me queda mejor. ¿O te va a dar vergüenza verme desnuda?.</p>
<p>- Va a ser la primera vez, pero ya he visto alguna más. </p>
<p>- ¿Y tocado?. </p>
<p>- Pues claro. Boba. </p>
<p>                                 Lo mejor del asunto es que mientras se interesaba por mi vida sexual estaba doblada por la cintura curioseando mi armario con lo que me dejaba ver sus nalgas un poco abiertas y hasta los labios del coño entre sus muslos. </p>
<p>- Vaya, vaya. ¿Quién será la guarrilla que se beneficia a mí hermanito?.</p>
<p>- No creo que las conozcas. </p>
<p>- ¿Varias?. ¡Me has salido todo un Don Juan!. Tú quietecito en la silla y me vas diciendo. </p>
<p>                              Mientras revolvía mis cajones había encontrado un paquete que había pedido por Internet un par de días antes. </p>
<p>- ¡Vaya! Y esto ¿qué es?.</p>
<p>                                Había encontrado un par de tangas de chico y un suspensorio. </p>
<p>- Viendo lo bién que os quedan a vosotras he decidido probarlo yo. </p>
<p>- Pues a juzgar por lo poco que he podido ver antes de ese culito tiene que ser algo precioso. </p>
<p>- ¿Quieres ver más?. Yo ya te estoy viendo todo. </p>
<p>- No me importaría pero por ahora estas muy sexi con mi uniforme. Y tranquilo ahí. </p>
<p>- Muy tranquilo no estoy, precisamente. </p>
<p>                                ¿Significaba eso que pensaba quitarme la faldita a cuadros y el polo?. A esas alturas yo me dejaría hacer cualquier cosa que se le ocurriera. </p>
<p>- Bueno. Haz lo que quieras. No te lo voy a poder impedir. Pero para ir de chico... mejor coge uno de esos bóxer de la derecha. Te va a quedar perfecto con tu culito. </p>
<p>-¿El rojo o el azul?.</p>
<p>- El azul es más de tu talla. Y enrolla un calcetín para que abulte el paquete. </p>
<p>                           Siguió mis instrucciones. Pude ver cómo mi prenda subía por sus largos muslos y se ajustaba a sus nalgas como si lo llevara pintado. Cuando se giró me quedé atónito. </p>
<p>- Nena, porque acabo de verte el coño hace un momento que sino pensaría que eres una transexual bellísima. </p>
<p>- Podía ir de futa o trans, sería muy sexi. Pero hoy quiero ser un chico al completo, así me ayudas. </p>
<p>- ¡No te quejarás!. ¿Elegante o informal?.</p>
<p>- ¿Me dejaría el traje?.</p>
<p>- Mamá ya está pensando en comprarme otro. Se acercan dos o tres bodas de compromiso. Ya me ha dicho que me lo ponga para salir los sábados. No hay problema. </p>
<p>- ¿Pero qué hacemos con las tetas?.</p>
<p>- Si llevas la americana no sé van a notar mucho. Pero antes cuando una mujer quería hacerse pasar por chico se las vendaban.</p>
<p>- ¡Me estás llamando poca teta!.</p>
<p>- No se me ocurriría. Son perfectas. A mí me gustan así... la teta que en la mano quepa. </p>
<p>- Y teta que mano no cubre...</p>
<p>- No es teta sino ubre. Joder como se nos quedan los refranes de papá. Creo que por eso se casó con mamá aún las tiene duras como piedras y nada caídas. </p>
<p>- Pero ¿te vas fijando en las peras de mamá?. ¡Qué pillo! Vale pues el traje. ¿Qué camisa?.</p>
<p>- Es que son muy bonitas y creo que las oculta menos que tú, que ya es decir. La blanca por supuesto. </p>
<p>- ¿No es de tela muy fina?. A tí se te notaban los pezones cuando te quitaste la chaqueta. </p>
<p>- Es que los tengo más oscuros que tú. Pero a tí te va a quedar perfecta. De todas formas solo te lo estás probando aún puedes cambiar.</p>
<p>                    Cristalino que estaba jugando conmigo. Me tenía palote casi desde que entró en mi habitación. Pero como me estaba encantando el juego la dejaba hacer. Mi camisa le llegaba a medio muslo. La había visto con un vestido camisero más corto que eso. Se puso un cinturón para ajustarla a la cintura. </p>
<p>- Impresionante, cielo, pero sigues siendo tú, no un chico. </p>
<p>- Vaaaale, a ver que tal me queda el pantalón. </p>
<p>                               Le quedaba mejor que a mí y con él puesto me habían agarrado el culo un par de veces en alguna celebración al que lo había llevado. </p>
<p>- Tata, esas nalgas son como para hacerles una estatua. Pero ahora pareces el cliché de una lesbiana masculina. </p>
<p>- A mis amigas les gusta este toque. Nos vamos acercando. </p>
<p>- Conociéndola, ups perdón, las, me lo imaginaba. Ponte la americana a ver si hace falta disimular tus tetitas.</p>
<p>- ¡Que no te burles de mis melones! ¡Coño!. Ya sé que tienes claro que tengo una amiga bollera, pero a ella no le voy a impresionar así. Le gusto más cuando voy muy femenina. </p>
<p>- Di mejor mandarinas. Da un botón de la chaqueta. Yo te veo muy bien así. Ata la melena en una cola. Quedara más masculino. Podemos pintar un bigotito. Tienes un carboncillo ahí. ¿Quieres una corbata?.</p>
<p>                            Se estaba mirando, admirando, en mi espejo. Y era verdad de no muy cerca daría el pego como chico tanto como yo de chica. Pero no tenía que ser perfecto. Solo era un disfraz. Ahí fue cuando la cosa se puso seria. Hasta ahora solo habíamos estado jugando. Se pintó el bigote y se volvió hacia mí con cara de vicio. </p>
<p>- Bueno, bueno. ¿Qué tenemos aquí?. ¿Quién es esta putita?.</p>
<p>                              Admito que a esas alturas la estaba viendo venir. Tan inocente no soy. Solos en casa, ella de un humor pendenciero y yo más caliente que una fundición. Así que entré al trapo. </p>
<p>- Pero, papi. No me trates así. Si soy tu nena mimada. </p>
<p>- Mi niña no llevaría la falda tan corta. </p>
<p>- Es que ya no soy tan niña. Soy mayor de edad y he crecido. </p>
<p>                               Cogió mi mano y me hizo levantar de la silla. Frente a frente mirándonos a los ojos no sé cual de los dos tenía más ganas del otro. Pero la dejé hacer, esa tarde era mi sugar daddy y yo su consentida. Puso las manos en mi cintura y me besó. Fue dulce y lasciva a la vez. </p>
<p>                         Empezó mordisqueando mis labios con los suyos pero los dos teníamos demasiadas ganas como para quedarnos ahí. Segundos más tarde tenía su lengua buscando mi campanilla por cómo la sentía dentro de la boca. Y yo salivando, ella se bebía mi saliva. Jamás podía haber imaginado que mi hermana podía ser tan guarra besando... y en todo lo demás.  </p>
<p>- ¡Joder Silvia qué buena eres besando!.</p>
<p>- Contigo es fácil. Daddy. Solo quiero dejarme llevar. </p>
<p>                                      Para entonces ya había dejado mi cintura y me estaba agarrando el culo a dos manos. Con los cuerpos pegados yo notaba en calcetín sobre mi polla dura y sus tetas de verdad sobre las mías falsas. </p>
<p>- Cariño, si quitamos los postizos lo notaremos más.</p>
<p>- Vale nena, pero no la ropa. Y por cierto, tu calcetín tendrá que ir directo a la lavadora. Me estoy mojando mucho. </p>
<p>- ¿No nos arrepentiremos de esto?.</p>
<p>- Con las ganas que te tengo. Yo no. ¿Y tú?. </p>
<p>- ¿No notas mi polla? Va a ser que tampoco. </p>
<p>- Pues saca el calcetín. </p>
<p>                            Si que estaba mojado, pero olía a sus jugos, a hembra cachonda. Ella sacó los postizos del sujetador y se inclinó a chupar mis pezones. Estaban tan duros que podía agarrarlos con los dientes por encima del sujetador y el polo. </p>
<p>- Suave cariño que los arrancas. </p>
<p>- ¡Qué delicada!.</p>
<p>                             Por debajo de la falda estaba jugando con mis nalgas. Las separaba y buscaba el ano con un dedo. Completamente lasciva pasó la húmeda por mi oreja y me dijo. </p>
<p>- Te voy a follar, nena. </p>
<p>                              No es que eso me fuera a impresionar. Ya había jugado mucho con ese agujero. Mi rabo seguía dando puntadas sobre su pubis. Hacia rato que había escapado del escaso encierro del tanga por un lateral de la prenda. Suponía que en algún momento ella le dedicaría algunas atenciones. Pero mientras tanto tenerlo duro tanto tiempo era a la vez una tortura y un placer. Por si acaso le pasé el lubricante que siempre tengo cerca de la cama. </p>
<p>- ¿Le haces eso a tus amigas?.</p>
<p>- Les hago de todo. Como a tí. </p>
<p>                                Me empujó encima de la cama a cuatro patas y levantó la falda por encima de mi espalda. Menuda estampa debía ofrecer, menos mal que estábamos solos en casa. Ella sabía que me había duchado antes de empezar a probarme su uniforme así que empezó a comerme el culo con hambre atrasada. </p>
<p>- Así me gusta. Nena. Que estés bien limpia para tu novio. </p>
<p>- Siempre, cariño. </p>
<p>                           Había tenido unos cuantos besos negros con anterioridad pero no sé si era por la persona que me lo estaba haciendo, por el juego de rol y disfraces o porque mi hermana se estaba esmerando pero sin duda era el mejor. Y ¡Joder! cuando empezó a meter dedos pensé que me corría en ese mismo instante. </p>
<p>- Cariño, si sigues así me voy a correr. </p>
<p>- Pues eso hay que aprovecharlo. </p>
<p>                              Aún no sé cómo se metió entre mis piernas lo justo cómo para coger mi glande entre sus carnosos labios. Y eso sin sacar los dos dedos que tenía en mi culo y acariciar mis huevos con la otra mano. Pocas lamidas necesitó para tener mi semen en la boca. De inmediato me puse a su lado para besarla y compartir mi néctar. Nos acariciamos durante un rato más relajados. </p>
<p>- ¿Te has corrido?.</p>
<p>- ¿Donde crees que tenía la otra mano mientras te follaba?. Dos achuchones al clítoris y ya. Estoy muy cachonda. </p>
<p>- ¿Todavía?.</p>
<p>- Esto no ha hecho más que empezar. Si esta hermanita cachonda que me ha salido quiere claro. </p>
<p>- Sabía que te gusta el sexo. Te he visto durante estos años con tus ligues. Pero no pensaba que fueras tan guarra. </p>
<p>- Morbosa. Cariño. Me lo quieres comer tú ahora?.</p>
<p>- Lo estoy deseando pero tienes mucha ropa encima. </p>
<p>- Cierto, no sé si habrá que llevar estos pantalones al tinte. Ponte de pie. </p>
<p>                                Lo hice entre sus bonitos muslos mientras ella estaba sentada en la cama. Seguía con esa cara de vicio mientras me quitaba el polo y la falda. </p>
<p>- Date la vuelta. Quiero ver como estás solo con la lencería. Sabía que tenías un cuerpo bonito y por fín puedo apreciarlo bien. No esos vistazos rápidos cuando sales de la ducha. </p>
<p>                            Incluso hice algunas poses tontas inclinándome o sacando el culo. Ella lo aprovechó para hacerme fotos con el móvil. Mientras las mirábamos, nos besábamos y nos hacíamos suaves caricias volvíamos a ponernos en marcha. </p>
<p>- Ayúdame a quitarme todo esto. </p>
<p>                           Le saqué los pantalones del traje descubriendo los largos muslos mientras ella estaba tumbada. Besé y lamí sus lindos pies aprovechando que los tenía tan a mano. Chupé cada uno de sus dedos. Empezó a desabrochar la camisa. </p>
<p>- Tranquilo, cariño. Ya lo hago yo. </p>
<p>                                La incorporé un poco para poder hacerlo con tranquilidad y descubrir sus preciosos pechos. Solo con mi bóxer me seguía pareciendo un súcubo, un ser de otro mundo creado para hechizarme. Pero si quería comerle el coñito tenía que librarle de esa prenda también. Por fín la tenía completamente desnuda sobre la cama. </p>
<p>- Ahora ya no puedo decir que soy un chico. </p>
<p>- No, eres simplemente preciosa. Ponte arriba. </p>
<p>                                  Me tumbé yo y ella se sentó sobre mí cara en dirección a mis pies. Se mantenía erguida para que pudiera pasar la lengua no solo por el coñito sino también por el ano. Ella misma se masajeaba las tetas y pellizcaba los pezones. Y mientras mi lengua repasaba todas esas partes tan interesantes de su anatomía la escuchaba gemir y suspirar. </p>
<p>                                Todo eso me estaba dando tiempo y excitación suficiente como para que mi polla volviera a escapar del tanga y apuntara al techo bién dura. Además de sus caricias en el tronco y los huevos. Seguía tratándome como una chica, bueno, aún tenía puesta su lencería. </p>
<p>- Hora de follar, Silvia. </p>
<p>- Estoy a tu disposición. Cabálgame.</p>
<p>                                Se levantó lo justo cómo para moverse hasta mi cadera. Dejó un reguero de jugos sobre mi pecho y vientre. Hasta clavarse ella misma mi rabo en su xoxito. Me dediqué a amasar sus gloriosas nalgas mientras ella subía y bajaba. Pero ella tampoco se conformaba y seguía acariciando mis huevos con una mano, la que no tenía en sus tetas. El ritmo lo iba variando según se corría, aceleraba cuando estaba a punto y lo ralentizaba después de cada orgasmo. </p>
<p>                               Viendo que es multi y que con su cuerpo de gimnasta no se cansa no sé la cantidad de orgasmos que tuvo antes de levantarse, girar el cuerpo hacia mí y meterse mi polla en el culito. Esta vez pude mantener mi erección lo suficiente como para satisfacerla. Pero ahora podía acariciar sus peras y el clítoris mientras ella pellizcaba mis pezones descubiertos por el sujetador descolocado. </p>
<p>- Nena, me corro. Me estás exprimiendo el rabo. </p>
<p>- Dale amor, hazlo ahí. </p>
<p>                              Le llené el recto con mi lefa y ella se recostó sobre mi cuerpo. Pude abrazarla mientras nos dábamos suaves y dulces besos. </p>
<p>- Eres una fiera. Ahora me explico los gritos que salen de tu cuarto cuando estás con una amiga. </p>
<p>- Ya ves que una polla tan rica como esta también me hace disfrutar. </p>
<p>  - Y la puedes dejar para el arrastre. </p>
<p>- ¿Crees que no podría volver a levantarla si me lo propongo?.</p>
<p>- Estoy seguro de ello con el cuerpo y el vicio que tienes. Pero creo que deberíamos cambiar las sábanas, airear esto y darnos una ducha. </p>
<p>- ¿Juntos?.</p>
<p>- Si tenemos tiempo...</p>
<p>                                Ese día no lo tuvimos pero ha habido muchas duchas juntos desde entonces. Algunas con la Silvia real, por cierto, o con otros amigos y amigas. Por cierto pasamos de la fiesta y los disfraces nos los ponemos a veces para disfrutar de esos ratos de morbo. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>.... .. </p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/">En Familia</category>                        <dc:creator>pern</dc:creator>
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                        <title>Haciéndolo con mamá mientras tiene una llamada de trabajo</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/haciendolo-con-mama-mientras-tiene-una-llamada-de-trabajo/</link>
                        <pubDate>Fri, 05 Jun 2026 17:58:09 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Acababa de llegar a casa después de una dura jornada de gimnasio, entrenándome, al llegar a casa, mi madre, Pilar estaba hablando por teléfono con una compañera de trabajo sobre una reunión ...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>Acababa de llegar a casa después de una dura jornada de gimnasio, entrenándome, al llegar a casa, mi madre, Pilar estaba hablando por teléfono con una compañera de trabajo sobre una reunión que habían tenido ese mismo día por la mañana. Ella estaba en el sofá tocándose jugándo con su coleta mientras escuchaba a Lucia, su compañera de trabajo la cual casualmente es de mi edad y a la cual conozco muy bien. </p>
<p>Mientras escuchaba atentamente la conversación con su compañera, llegó el momento en el que mi madre me vio que había llegado y estaba escuchándola en silencio mientras la observaba, ella me sonrió y suspiró mientras su compañera seguir hablando, ella le respondía pero estaba claro que ella ya tenía la cabeza en otro sitio. Entré al salón y me encontré a mi madre desnuda de cintura para abajo tocándose su peludo coño mientras me miraba, percibía que lo tenía ya baboso y bien mojado y eso me gustaba, empecé a tocarme el pene delante de ella a la vez que ella se llevaba los dedos mojados a su boca. Después me quito la toalla y acto seguido me empezó a acariciar la polla salivandose el coño para que se la metiera.</p>
<p>Previamente, se la metió en la boca haciéndome una mamada de escándalo como las que me suele hacer últimamente, tras unos minutos sin parar de chuparmela, ella se abrió de piernas en el sofá y le empecé a hacer dedos haciendo que gimiera fuertemente de placer, tenia el coño empapado y el flujo le salía por todos lados, no recordaba haber visto el coño de mi madre peludo desde que empezamos juntos pero me gustaba todo había que decirlo y no me importaba que tuviera vello, así era más natural. Mamá cada vez se ponía más cachonda y sin poder llegar a la cama me la terminé follando en el sofá, ella gimió nada más penetrarla, gemidos tan fuertes que era evidente que los vecinos supieran lo que estábamos haciendo, ella mi pidió que le follara duro que no parase, le azote sin parar dejándole las manos marcadas en sus nalgas, dándole azotes sumamente fuertes hasta que me termine corriendo dentro de su coño. </p>
<p>La verdad que fue un polvo rápido pero estaba tan cachondo y con tantas ganas de hacerlo que tampoco pudo dar para más, los dos estábamos encantados el uno con el otro y sobretodo mamá estaba recuperando nuevamente sus ganas insaciables de sexo, esas ganas que estando casada no tenia y las que había perdido hacia muchos años hasta que las encontró conmigo, con su hijo. </p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/">En Familia</category>                        <dc:creator>RaulGlez1</dc:creator>
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				                    <item>
                        <title>La sonámbula</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/la-sonambuls/</link>
                        <pubDate>Thu, 04 Jun 2026 22:42:23 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[La visita
Pasaba de las dos de la madrugada cuando Daniela entró en camisón en la habitación de su cuñada Nuria. Caminando con paso firme, llegó a la cama y luego se metió entre sus piernas...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>                                                    La visita</p>
<p>Pasaba de las dos de la madrugada cuando Daniela entró en camisón en la habitación de su cuñada Nuria. Caminando con paso firme, llegó a la cama y luego se metió entre sus piernas. Nuria, que dormía desnuda, no dijo nada. Daniela le flexionó las rodillas, le separó las piernas y lentamente le lamió los labios internos y externos; luego lamió solo los internos, primero uno y después el otro, y a continuación le metió y le sacó la punta de la lengua en el coño como si la estuviera follando con ella. </p>
<p>La respiración de Nuria se aceleró y comenzó a ponerse nerviosa.</p>
<p>Daniela subió besando y lamiendo el monte de Venus, el vientre y el ombligo, siguió besando y lamiendo hasta llegar a las tetas, lamió sus pezones, sus areolas, y le mamó las tetas, todo esto sin tocarle con las manos. De las tetas fue a la boca y la besó con lengua. Luego de comerle la boca, hizo el recorrido a la inversa, volviendo a besar, lamer y mamar hasta llegar al coño, coño que ya estaba empapado. Le lamió el clítoris con la punta de la lengua muy suavemente; poco después, y acelerando el ritmo, pasó de lamer con la punta a lamer presionando el clítoris con toda la lengua.</p>
<p>Nuria, con el coño echando por fuera, comenzó a correrse en la boca de su cuñada. Daniela, al sentir los jugos en su lengua, paró de lamer y dejó que Nuria moviera la pelvis para acabar el dulce trabajo.</p>
<p>Al acabar de correrse, Daniela regresó a su habitación.</p>
<p>A la mañana siguiente, Nuria, que era una veinteañera, morena, delgada, de cabello negro y corto, y con un polvo, estaba sentada a la mesa de la cocina cuando llegó su cuñado Diego. Se sentó a la mesa, se echó un café de la cafetera y le preguntó:</p>
<p>-¿Te visitó anoche Daniela?</p>
<p>Nuria tomó un sorbo de su café, luego miró a su cuñado y le dijo:</p>
<p>—Sí, vino a mi habitación estando sonámbula, y se metió en mi cama, pero no la desperté, tal y como me habías dicho.</p>
<p>Diego era un veinteañero, moreno, de un metro setenta de estatura y resultón; cogiendo un cuchillo y una tostada, le dijo:</p>
<p>-Es que no se puede despertar, no se sabe cómo podría reaccionar. </p>
<p>Los dos estaban en bata de casa, roja la de Nuria y azul la de Diego. Nuria apretó el cinturón de lsu bata y le preguntó:</p>
<p>—¿Cómo sabías que me iba a visitar?</p>
<p>- No lo sabía, pero llevas una semana aquí, y era muy raro que no te hubiera visitado.</p>
<p>—¿A ti te visita?</p>
<p>—A veces.</p>
<p>A Nuria se le amontonaron los pensamientos y se puso nerviosa.</p>
<p>-¡No me digas eso!</p>
<p>Diego sonrió, le dio un bocado a la tostada y luego le dijo:</p>
<p>—De tus palabras se desprende que te acarició bien acariciada.</p>
<p>—Si sabes eso, es porque a ti también te acaricia.</p>
<p>—Sí, y nada puedo hacer para retenerla.</p>
<p>-¡Qué fuerte!</p>
<p>—Lo es, pero que todo sea por su bien. ¿Qué te hizo a ti?</p>
<p>Nuria estaba cada vez más nerviosa.</p>
<p>—No seas morboso.</p>
<p>- Sexo oral. ¿Verdad?</p>
<p>—No voy a hablar de algo tan íntimo, pero por lo que has dicho ya sé lo que te hace.</p>
<p>Diego ya no se cortó.</p>
<p>—¿Te corriste?</p>
<p>—Me voy a vestir, que esta conversación está cogiendo muy mala pinta.</p>
<p>—¿Te corriste en su boca? </p>
<p>Nuria se mosqueó.</p>
<p>—Eres un pervertido.</p>
<p>-Te corriste. </p>
<p>Nuria le plantó cara.</p>
<p>—¡¿Qué buscas, degenerado?!</p>
<p>Quería saberlo y se lo dijo.</p>
<p>—Follarte hasta dejarte seca.</p>
<p>-¡Estás loco!</p>
<p>—Piénsatelo, Daniela se va de lunes a viernes a las siete de la mañana a la estación para coger el autobús e irse a trabajar y regresa a las ocho de la tarde; la mujer de la limpieza no llega hasta las once de la mañana, yo estoy de vacaciones y mis padres están en París.</p>
<p>Nuria zapateó sobre la mesa la tostada que acababa de untar con mantequilla y mermelada, y con cara de gata rabiosa y yéndose, le dijo: </p>
<p>—¡Ni harta de vino te daría mi cuerpo!</p>
<p>Diego cogió la tostada que había zapateado Nuria, y viendo cómo se iba, le metió un bocado. </p>
<p>Esa noche Nuria cerró la puerta de su habitación con llave para no sufrir ningún sobresalto y no salió hasta que llegó la mujer de la limpieza por la mañana.</p>
<p>                                          Ya se había ido la mujer de la limpieza.</p>
<p>Las palabras de Nuria eran contadas con su cuñado y las conversaciones fluidas con su cuñada, que notó que había sucedido algo entre ellos. </p>
<p>Ya se había ido la mujer de la limpieza y Diego se había ido al cine. Fumando un cigarrillo en un banco del jardín trasero de la casa, Daniela, que era una veinteañera, de un metro cincuenta y cinco de estatura, morena, con tetas grandes, culo redondo y preciosa, le preguntó a Nuria:</p>
<p>—¿Qué te pasa con mi hermano?</p>
<p>-Nada.</p>
<p>—Algo te pasa con él. ¿Se metió contigo?</p>
<p>Nuria se abrió a su cuñada.</p>
<p>—Sí, se metió.</p>
<p>—No le guardes rencor; lo dejó su novia y lo suyo no es ir a putas.</p>
<p>—Pues a mí me entró como si fuera una puta.</p>
<p>—A ver, Nuria, eres preciosa, no te debe extrañar que mi hermano lo intentara.</p>
<p>—¡Es el hermano de mi esposo!</p>
<p>—Ya, pero la necesidad...</p>
<p>Daniela le acarició el cabello a su cuñada. Nuria, que llevaba puesta una blusa blanca y una falda corta, le preguntó:</p>
<p>—¡¿No lo estarás intentando tú también?!</p>
<p>Daniela le dio un pico y le puso la mano derecha en la rodilla derecha.</p>
<p>—Sí, me gustas mucho.</p>
<p>Nuria le apartó la mano de la rodilla, se echó la última calada, tiró con el cigarrillo y le preguntó:</p>
<p>—¿Eres lesbiana, Daniela?</p>
<p>Daniela le dio otro pico en la boca, tiró con su cigarrillo, le echó una mano a una teta y la otra mano al coño.</p>
<p>- Sí.</p>
<p> Nuria le sacó las manos de la teta y del coño.</p>
<p>—Yo no, y estate quieta de una vez.</p>
<p>-¿Nunca se te pasó por la cabeza comer un chocho?</p>
<p>—Ya no hablas de bajar tú, sino de que baje yo. No digas tonterías.</p>
<p>Le metió un pequeño beso con lengua, pequeño porque Nuria acabó girando la cabeza. </p>
<p>—¿No te gustaría sentir los jugos de la corrida de una mujer bajar por tu lengua y caer en tu boca?</p>
<p>- A ti no hay por dónde cogerte.</p>
<p>- A mí me gustaría correrme en tu boca.</p>
<p>-Es que tú eres como eres.</p>
<p>Nuria no quería que le hiciera nada, pero tampoco se iba de allí. Daniela le cogió la mano izquierda y se la llevó al coño. Nuria le dijo:</p>
<p>-¡Has venido sin bragas, cochina!</p>
<p>—Y ya estoy mojada.</p>
<p>Le estiró dos dedos, se los metió dentro del coño y le dio otro morreo. Esta vez Daniela no apartó la boca. Al acabar de besarla, le sacó los dedos del coño y se los llevó a la boca.</p>
<p>—Prueba mis jugos.</p>
<p>—No voy a...</p>
<p>Calló al entrarle los dedos en la boca. Daniela se los pasó por la lengua, luego la cogió de la mano derecha y, echándose sobre la hierba y tirando de ella, le dijo:</p>
<p>—Ven y cómeme el chocho.</p>
<p>Nuria se dejó ir, y estando a su lado, le dijo:</p>
<p>- No voy a saber.</p>
<p>—Tú solo pon la lengua en mi chocho, que el resto lo hago yo.</p>
<p>Nuria se metió entre las piernas de su cuñada y le aplastó la lengua contra el coño. Daniela le agarró la cabeza, y movió la pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo para así frotar el coño contra la lengua.  Lo frotó a mil por hora desde el primer segundo. Ni un minuto tardó en correrse en su lengua entre espasmos y dulces gemidos. Nuria sintió cómo los jugos de la corrida bajaban por su lengua, cómo le caían en la boca y sintió cómo su coño echaba por fuera.</p>
<p>Al acabar de correrse, le dijo Daniela:</p>
<p>—Quita las bragas y luego ponme el chocho en la boca.</p>
<p>Nuria se hizo la remolona.</p>
<p>—No sé qué me da.</p>
<p>—Yo sí sé lo que te va a dar, te va a dar un jamacuco si no te corres.</p>
<p>—¿Tú crees?</p>
<p>—Sí, creo.</p>
<p>Sacó las bragas encharcadas, le puso el coño en la boca y tardó menos en correrse que su cuñada.</p>
<p>Al acabar de follar, le dijo Nuria a Daniela:</p>
<p>—Esto no se volverá a repetir.</p>
<p>—Como quieras, pero si un día tienes muchas ganas, sabes que me tienes a tu disposición.</p>
<p>Nuria, poniéndose las bragas, le dijo:</p>
<p>—Si un día tengo muchas ganas, me haré un dedo.</p>
<p>- Piensa en mí cuando lo hagas.</p>
<p>Nuria no pudo evitar sonreír.</p>
<p>—Eres incorregible.</p>
<p>                                                                     Dos días después...</p>
<p>Dos días después, a las ocho y media de la mañana, Nuria salía del aseo, desnuda, luego de darse una ducha, cuando vio a Diego sentado en el borde de su cama. Cerró con llave la puerta del cuarto de baño y le dijo:</p>
<p>—¡Vete de mi habitación!</p>
<p>—Quiero hablar contigo.</p>
<p>-¡Tú y yo no tenemos nada de qué hablar!</p>
<p>—Entonces llamaré a mi hermano y le diré que estás liada con Daniela.</p>
<p>—Le explicaré lo que pasó.</p>
<p>—¿Le explicarás cómo le comiste el coño en el jardín?</p>
<p>Nuria no contaba con que su cuñado supiera lo del polvo que había echado con su cuñada. Se puso una toalla alrededor del cuerpo y salió del cuarto de baño.</p>
<p>—¿Te lo contó Daniela?</p>
<p>Le mintió.</p>
<p>—No, os vi desde la ventana de mi habitación.</p>
<p>—Y para no irte de la lengua, quieres follarme. ¿Es eso?</p>
<p>—Solo te pido que en una hora de tu vida te entregues a mí como te entregas a mi hermano.</p>
<p>—Y tiene los santos cojones de decir, solo.</p>
<p>—Pues quitémosle lo de solo.</p>
<p>Dentro de lo malo, aquello no era lo peor para Nuria.</p>
<p>—¿Si te diese esa hora y me entregase, no volverías a molestarme?</p>
<p>—No, no volvería a pedirte nada.</p>
<p>—¿Seguro?</p>
<p>—Tan seguro como que estamos hablando.</p>
<p>—Júralo.</p>
<p>—Soy ateo.</p>
<p>—Prométemelo.</p>
<p>—Te lo prometo y además te doy mi palabra.</p>
<p>—Vale, una hora, ni un segundo más.</p>
<p>—Quita la toalla.</p>
<p>Nuria se quitó la toalla y Diego la vio desnuda, vio sus tetas medianas con areolas color carne y pezones gruesos, vio su coño peludo, vio un cuerpo diez.</p>
<p>-¡Estás para comerte!</p>
<p>Nuria fue a la mesilla de noche, puso la alarma de su iPhone para las nueve y treinta y siete, y luego se metió en la cama, cama que estaba deshecha. Diego se quitó la bata. Con la polla morcillona se echó a su lado y la besó con lengua; ella le devolvió los besos. Luego le lamió el cuello y una oreja. Nuria levantó la cabeza para que lamiera el resto del cuello y después la giró para que le lamiera la otra oreja. A continuación le atacó las tetas. Con las yemas de sus dedos medios hizo círculos sobre los pezones y los presionó, al tiempo que le besaba y le lamía el ombligo. Luego le lamió los pezones y las areolas y le mamó las tetas. Nuria le puso un dedo en el mentón, le levantó la cabeza, lo besó con lengua y, después de besarlo, le llevó la cabeza a las tetas. </p>
<p>No cabía duda de que se estaba entregando. </p>
<p>Le volvió a comer las tetas unos minutos más y luego le dijo:</p>
<p>- Ponte a cuatro patas.</p>
<p>Se puso a cuatro patas. Le metió dos dedos dentro del coño con las yemas hacia abajo y le acarició el punto g, al tiempo que le lamía el ojete y se lo follaba con la puta de la lengua. Nuria, entre gemidos, le dijo:</p>
<p>—Vas a hacer que me corra.</p>
<p>- Lo sé.</p>
<p>Al rato, Nuria, encogiendo el culo y echándolo hacia atrás, se corrió en sus dedos.</p>
<p>Al acabar de correrse Nuria, Diego chupó el dedo pulgar de la mano derecha y luego, poniendo cuatro dedos en el comienzo de su espalda, se lo metió dentro del culo.</p>
<p>—¿Qué me vas a hacer?</p>
<p>-Te voy a hacer una buena paja.</p>
<p> Lo que hizo fue follarle el culo con el dedo mientras le lamía el coño corrido y le metía y le sacaba la lengua de la vagina. </p>
<p>Nuria comenzó a jadear como una perra.</p>
<p>-¿Te gusta mi modo de pajearte?</p>
<p>—Sí.</p>
<p>Al rato paró de follarla y le preguntó:</p>
<p>-¿Te habían hecho una paja como esta? </p>
<p>-No.</p>
<p>-¿Me vas a dar una corrida en la boca?</p>
<p>—O dos, si hace falta.</p>
<p>Siguió follándole el coño con la lengua y el culo con el dedo, y poco más tarde, con la lengua enterrada en el coño y el dedo enterrado en el culo, dijo Nuria:</p>
<p>-¡Me corro, me corro, me corro, me corro!</p>
<p>Se corrió como una loba y Diego se tragó su corrida como un goloso.</p>
<p>Luego de correrse, se puso boca arriba. Diego le preguntó:</p>
<p>—¿Dispuesta a darme otra corrida en la boca?</p>
<p>Nuria, privada de algún aliento, le respondió:</p>
<p>—O dos, si hace falta.</p>
<p>Diego le echó las manos a las tetas y se las magreó, al tiempo que le lamía el glande del clítoris; lo lamió despacito, con la punta de la lengua y haciendo movimientos circulares sobre él. </p>
<p>Nuria le cogió el dedo pulgar de la mano izquierda, se lo chupó y luego le dijo:</p>
<p>—Fóllame el culo otra vez.</p>
<p>Le metió el dedo en el culo y se lo folló despacito, al mismo ritmo que hacía círculos con la punta de la lengua en el glande del clítoris. </p>
<p>Poco después, Nuria, gozando como una loca, le dijo:</p>
<p>—Me voy a correr. ¡Méteme la lengua en el coño!</p>
<p>Diego, sin quitar el dedo del culo, le enterró la lengua en el coño. Nuria se tocó el glande del clítoris con un dedo y se corrió rugiendo como una leona.</p>
<p>-¡Arrrrrrrrrrg!</p>
<p>Cuando dejó de sacudirse y de jadear, la besó. Luego se echó boca arriba y le dijo:</p>
<p>-A ver cómo das tú el sexo oral.</p>
<p>Nuria empuñó la polla, una polla de unos once centímetros y gordita, que estaba dura. Le escupió en la cabeza y con la yema del dedo pulgar le acarició el meato. Después, apretando la polla, fue bajando la mano hasta llegar a la base. Con la polla descapullada, lamió el frenillo varias veces y luego le mamó la cabeza. Acto seguido inclinó la polla y la lamió de arriba a abajo hasta llegar a los huevos, huevos que lamió y que chupó generosamente. A continuación, la cogió de nuevo por la base y subió lamiendo el tronco, llegó al frenillo y después la metió en la boca y se la chupó entera un montón de veces.</p>
<p>—Eres muy buena dando sexo oral.</p>
<p>—Lo sé.</p>
<p>Chupó el dedo medio de su mano derecha ,y mirándolo a los ojos, se lo fue metiendo en el culo. Con todo el dedo dentro, le mamó la cabeza, le folló el culo y lo masturbó. En nada, le dijo Diego:</p>
<p>—Si sigues, me corro.</p>
<p>- Lo sé.</p>
<p>Siguió dándole caña y Diego se corrió en la boca de su cuñada. Nuria se tragó la leche, y luego pasó la lengua por los labios para aprovechar la leche que había quedado en ellos.</p>
<p>La polla seguía dura y a Nuria le extrañó.</p>
<p>—¿Te has tomado algo para la erección?</p>
<p>—No necesito tomar nada.</p>
<p>Diego se arrodilló entre sus piernas, la cogió por la cintura y la levantó. Nuria se abrió de piernas y la polla dentro en su coño de una estocada y... Y sonó la alarma del iPhone. Nuria le dijo a su cuñado:</p>
<p>—Quita esa cosa.</p>
<p>Quitó la alarma y luego le dio cera, pero no de cualquier manera, le dio a todo gas. Un par de minutos más tarde, Nuria, elevando la pelvis, apretando su clítoris contra el cuerpo de su cuñado, y gimiendo y temblando, se corrió como una bestia.</p>
<p>-¡Me maaaaaaataaaaas!</p>
<p>Esperó a que acabara de correrse mirando su cara de éxtasis y luego le volvió a dar sin medida hasta que se volvió a correr.</p>
<p>-¡Me corro otra vez!</p>
<p>Al acabar de correrse Nuria, Diego, con la polla dentro del coño de su cuñada, tiró de ella, se echó hacia atrás, la puso encima de él, y le dijo:</p>
<p>—Hazme correr.</p>
<p>Nuria estaba cansada e hizo tiempo para recuperarse dándole la teta izquierda a mamar.</p>
<p>—Mama lo que no volverás a mamar.</p>
<p>Besó, lamió, chupó y mamó hasta que Nuria le puso la otra teta en la boca, y luego, cuando se la apartó, le dijo Diego:</p>
<p>—¿Cómo te gusta, lento o rápido?</p>
<p>—Me gusta que me taladren.</p>
<p>Le taladró el coño y poco después Nuria se volvió a correr, esta vez temblando sobre el cuerpo de su cuñado, que se corrió dentro de su coño.</p>
<p>Al acabar de correrse, Nuria se quitó de encima y le dijo:</p>
<p>—Ya hace tiempo que se acabó la hora pactada.</p>
<p>—Sí, gracias por el tiempo extra.</p>
<p>—La verdad es que no me importaría seguir, pero podemos perder la noción del tiempo y pillarnos la mujer de la limpieza con las manos en la masa.</p>
<p>Diego le dio un pico.</p>
<p>—Si no hubiese prometido que no te volvería a molestar...</p>
<p>-Es que si me vuelve a entrar, no me molestaría.</p>
<p>                                            Cobrando la deuda</p>
<p>Diego llegó en bata de casa a la habitación de su hermana sobre las once de la noche y se sentó en el borde de la cama. Daniela, que estaba sentada en la cama con sus gordas tetas al aire leyendo una revista, sin mirarlo, le dijo:</p>
<p>—¿Vienes a cobrar?</p>
<p>—Sí, el que hace su trabajo quiere cobrar.</p>
<p>—Pues adelante, yo voy a seguir leyendo.</p>
<p>A Diego no le gustó lo que acababa de oír.</p>
<p>- Así no te vas a correr.</p>
<p>—Te dije que si la convencías de que soy sonámbula, te dejaba comerme el chocho, no que fuera a correrme.</p>
<p>A Diego le dio un arrebato de macho cabrío.</p>
<p>—Ya veremos si te corres o no.</p>
<p>Le quitó el short que llevaba puesto, se quitó él la bata y en pelotas se metió en la cama. Le abrió el coño con dos dedos, le lamió un labio, le lamió el otro, le metió la punta de la lengua dentro de la vagina y después lamió su clítoris. Lo lamió despacio, lamió el capuchón por arriba y por los lados. Luego le metió las manos debajo del culo, lo levantó y lamió su ojete y su periné. A continuación le metió la punta de la lengua en el ojete, la sacó, la metió en la vagina y después fue de agujero en agujero.</p>
<p>Daniela tiró con la revista, se estiró en la cama y le dijo a su hermano:</p>
<p>—Comes el coño mejor que mi novia.</p>
<p>Diego se vino arriba.</p>
<p>—¿Quieres que te coma las tetas a ver si las como mejor que Verónica?</p>
<p>- Come.</p>
<p>Al principio, besó, lamió y chupó sus pezones y sus areolas, pero luego le devoró sus bellas tetas. Daniela le dijo:</p>
<p>—Mejor no las comes, pero las coges con más ganas.</p>
<p>Diego probó suerte.</p>
<p>-¿Me dejas meterte la polla un poquito?</p>
<p>- No, sigue mamando.</p>
<p>Diego siguió intentándolo.</p>
<p>—¿Verónica no te mete cosas por el coño y por el culo?</p>
<p>—Tú no eres Verónica.</p>
<p>—No, yo tengo polla.</p>
<p>Daniela estaba cachonda y quería materia de la suya, y le dijo:</p>
<p>—Por eso no sabrías usar un vibrador y un consolador para darme placer, si no dejaría que me hicieras correr.</p>
<p>Iba a escuchar las palabras que esperaba oír.</p>
<p>-Enséñame.</p>
<p>—Te anotas a todo.</p>
<p>—A todo lo bueno.</p>
<p>-Coge el cajón de abajo de la mesilla de noche, el consolador de cristal , el vibrador rojo y el lubricante.</p>
<p>Cogió lo que le había dicho. Daniela le echó lubricante al consolador, se lo dio, se puso a cuatro patas y le dijo:</p>
<p>—Mete el vibrador apagado dentro de mi coño y el consolador dentro de mi culo.</p>
<p>Diego, al comenzar a penetrarla, se extrañó de la facilidad con que entraban los aparatos en los dos agujeros.</p>
<p>- Mete y saca acompasadamente.</p>
<p>Le dio exactamente como ella quería. Al rato le dijo:</p>
<p>—Enciende el consolador, mete la mitad y fóllame el culo con el consolador como si te debiera dinero.</p>
<p>El consolador entró y salió a mil por hora del culo y al rato salieron jugos de su coño como si estuvieran saliendo de un aspersor.</p>
<p>Cuando acabó de correrse, Diego le sacó el consolador del culo y, masturbándose, le frotó la polla en el ojete para correrse. Daniela le dijo:</p>
<p>—Métemela en el culo que ahí no hay peligro.</p>
<p>Se la metió despacito. Daniela, que ya había apagado el vibrador, comenzó a darse cera para volverse a correr, pero no le dio tiempo porque Diego tardó muy poco en acabar.</p>
<p>Luego de quitarle Diego la polla del culo y de quitarse ella el vibrador, dijo:</p>
<p>—Le faltó poco para correrme otra vez.</p>
<p>—Eso tiene fácil solución.</p>
<p>Le volvió a levantar el culo y le lamió el clítoris a toda pastilla. En nada, Daniela agarró la almohada con fuerza y, metiéndole un bocado, se corrió en la boca de su hermano.</p>
<p>Daniela, mientras se ponía el short, le dijo: </p>
<p>—Ahora sé que eres de fiar.</p>
<p>—¿Y con eso qué me quieres decir?</p>
<p>—Que quiero hacer un trío contigo y con Nuria.</p>
<p>—¿Y eso qué tiene que ver con fiarte de mí?</p>
<p>—Lleva condones.</p>
<p>                                                         Recibiendo mandanga</p>
<p>Nuria estaba de espaldas encima de Diego y recibía mandanga por un tubo. Vio entrar en su habitación a Daniela y dijo:</p>
<p>-¡Hostias! La sonámbula. Deja de darme, que mi coño hace mucho ruido.</p>
<p>Diego dejó de zumbarle. Daniela, que venía desnuda. Se metió en la cama, quitó la polla del coño y se la puso en el ojete de su cuñada. Diego empujó y la polla fue entrando en el culo. Nuria tapó la boca con una mano y se quedó mirando a Daniela, que fingía tener la vista perdida. Luego Daniela bajó la cabeza para comerle el coño, coño que estaba abierto y baboso.</p>
<p>Allí solo se sentía el ruido de las lamidas, ya que la polla friccionaba las paredes del conducto anal, pero no hacía ruido. Nuria blasfemaba con la polla dentro del culo, pero con su lengua pequeña. </p>
<p>El caso fue que el placer que sentía Nuria en el coño fue atenuando las molestias del culo, y tiempo después, al sentir que se iba a correr, quitó la mano de la boca, giró la cabeza, le echó la mano a la nuca a su cuñado, le comió la boca y se corrió en la boca de su cuñada.</p>
<p>Daniela, luego de limpiarle el coño con la lengua a su cuñada, dijo:</p>
<p>—Esto parece un entierro en vez de una sesión de sexo.</p>
<p>Nuria, sorprendida, miró para Daniela y, quitando la polla del culo, le dijo:</p>
<p>-¡Tú no eres sonámbula! Me habéis engañado para follarme.</p>
<p>No se lo negó.</p>
<p>- El fin justifica los medios.</p>
<p>—¡Me voy para mi habitación!</p>
<p>-Estás en tu habitación.</p>
<p>—Pues me voy para el aseo.</p>
<p>Daniela se echó sobre ella, la besó, le dijo algo al oído y luego le dijo en alto:</p>
<p>—No te vayas, enséñame a comer una polla y a follar a un hombre.</p>
<p>—Como si no supieras.</p>
<p>—Soy lesbiana, cuñada.</p>
<p>—Las lesbianas no chupan pollas.</p>
<p>-Quiero probar la polla de mi hermano a ver si me gusta y...</p>
<p>—Y la acaba de sacar de mi culo.</p>
<p>—Vete a duchar, Diego.</p>
<p>Diego se fue a asear.</p>
<p>—¿Me la comes mientras no vuelve?</p>
<p>—¿Qué diría tu hermano si me ve comiéndote el coño?</p>
<p>Daniela le llevó la cabeza al coño.</p>
<p>- No diría nada, se uniría para ayudarte; hace años que me tiene ganas, aunque yo lo supe hace un par de meses.</p>
<p>Le dio una lamida y le preguntó:</p>
<p>—¿Y cómo lo has sabido?</p>
<p>—Una tiene sus fuentes. </p>
<p>—¿Cómo vamos a hacer para que me pueda vengar?</p>
<p>- Coge dos vendas antes de que regrese.</p>
<p>- No tengo vendas.</p>
<p>—¿Tienes pañueletas?</p>
<p>- Tengo.</p>
<p>Al rato regresó Diego, y sin decir palabra se echó al lado de su hermana y le mamó la teta derecha, al tiempo que le magreaba la teta izquierda.</p>
<p>Nuria dejó de comerle el coño, empujó a su cuñado y cogió dos pañueletas rojas debajo de la almohada.</p>
<p>—¿Qué vas a hacer con eso?</p>
<p>—Atarte y vendarte los ojos; me gusta ver a los hombres indefensos.</p>
<p>—Eres un pozo de sorpresas.</p>
<p>Le ató las manos a la espalda con la cinta y le dijo a Daniela:</p>
<p>- Haz lo que haga yo.</p>
<p>Nuria, subiendo y bajando la mano por el tronco, lamió los huevos y los chupó. Daniela hizo lo mismo y después subieron lamiendo el tronco de la polla hasta llegar al glande. Nuria le lamió el frenillo, le mamó el glande, la metió toda en la boca; luego le acercó la polla a la boca a su cuñada y le dijo:</p>
<p>—Ahora empúñala y haz todo tú sola. </p>
<p>Empuñó la polla y le hizo una mamada cojonuda.</p>
<p>Nuria tuvo que detenerla.</p>
<p>—Para, que vas a hacer que se corra.</p>
<p>Daniela paró. Nuria puso a Diego a cuatro patas y luego cogió en el cajón de la mesilla de noche el consolador delgado y un vibrador.</p>
<p>- Coge su polla y tira para atrás.</p>
<p>Daniela tiró de la polla, Nuria encendió el vibrador, se lo pasó desde los huevos hasta el frenillo y luego hizo que lo cogiera Daniela. Le metió la lengua en el culo un par de veces y a continuación le clavó el consolador en el culo. La sorpresa que se llevó Diego fue impresionante.</p>
<p>-¡La madre que te parió!</p>
<p>—Jode que te den por el culo. ¿Verdad?</p>
<p>Diego se desplomó sobre la cama. Nuria le puso una mano en la espalda para que no pudiera darse la vuelta y le folló el culo despacito, para hacerlo sufrir, pero como veía que no se quejaba, le preguntó:</p>
<p>—¿Te está gustando?</p>
<p>—Digamos que no me disgusta.</p>
<p>-¡Maricón! </p>
<p>Le metió y le sacó el consolador a mil por hora.  Daniela tiró por la polla. Zapateó el vibrador, le mamó el glande y su cuñado no tardó en correrse en su boca.</p>
<p>Al acabar de correrse, Nuria lo puso boca arriba y le preguntó a Daniela:</p>
<p>—¿Quieres montarlo?</p>
<p>—Sí, pero que se ponga un condón.</p>
<p>-¿Tienes condones, Diego?</p>
<p>Diego ya estaba encantado de conocerse.</p>
<p>—En el bolsillo de mi bata.</p>
<p>Nuria cogió un condón y se lo puso usando las manos y la boca.</p>
<p>- Siéntate sobre su polla.</p>
<p>Daniela se sentó y clavó la polla hasta el fondo del coño. Nuria le echó las manos a las caderas y la empujó hacia delante y hacia atrás mientras Diego le magreaba las tetas; luego la movió alrededor y después le subió y le bajó el culo.</p>
<p>—Ahora dale tú.</p>
<p>Daniela le metió una follada que mismo parecía que llevaba toda la vida montando machos. La follada llegó a ser tan buena que Diego se corrió dentro de ella.</p>
<p>Nuria le levantó el culo, le quitó el condón y le volvió a meter la polla en el coño. </p>
<p>—Ahora ya no se corre más.</p>
<p>Daniela, follando a pelo, no tardó ni dos minutos en correrse. Diego, al sentir cómo se corría en su polla, también se corrió.</p>
<p>Daniela estaba acabando de correrse cuando sintió la leche de su hermano dentro del coño. Sacó la polla y le dijo:</p>
<p>-¡Me cago en tu sombra, Nuria! ¡¡Como me haya dejado preñada, le corto los huevos a él y te corto a ti las tetas!!</p>
<p>Nuria la calmó.</p>
<p>—Tranquila, mujer, mañana te compras en la farmacia la píldora del día después y ya no pasará nada.</p>
<p>No pasó nada, pero se acabó la fiesta, por esa noche.</p>
<p>Quique.</p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/">En Familia</category>                        <dc:creator>José</dc:creator>
                        <guid isPermaLink="true">https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/la-sonambuls/</guid>
                    </item>
				                    <item>
                        <title>¡Me estás rompiendo el culo, cabrón!</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/me-estas-rompiendo-el-culo-cabron/</link>
                        <pubDate>Sat, 30 May 2026 18:02:55 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Me llaman Mar y soy una mujer de veintinueve años, delgada, con un cuerpo bonito, soltera y sin compromiso. Aquellos días me estaba ganando un dinero limpiándole la casa y haciéndole el desa...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p> Me llaman Mar y soy una mujer de veintinueve años, delgada, con un cuerpo bonito, soltera y sin compromiso. Aquellos días me estaba ganando un dinero limpiándole la casa y haciéndole el desayuno, la comida y la cena a mi tío Enrique, que era un hombre del montón, y a mi sobrino Aarón, que era un joven de diecinueve años militar de oficio, fuerte, guapo y muy echado para delante. Enrique estaba la mayor parte del día con mi tía Juana en el hospital porque se había roto una cadera y mi sobrino, que me quitaba unos cinco centímetros de altura, estaba en casa conmigo por el día y por la noche, ya que tenía un permiso.</p>
<p><span data-keep-original-tag="false"> Todo empezó </span>al tercer día después de comer y de irse mi tío para el hospital. </p>
<p>Os cuento, aquel día luego de lavar los dientes, y mientras los enjuagaba, sentí como con mucha celeridad mi sobrino me subía la falda, me bajaba las bragas y los pantis y me clavaba en el coño su gruesa y larga polla. A pesar de que ofrecí resistencia, me tenía bien sujeta y la resistencia fe inútil. Le dije:</p>
<p>-Sácala, Aarón, sácala, desgraciado.</p>
<p>Me folló como lo haría un conejo.</p>
<p>-¡Te deseo, Mar, te deseo! </p>
<p>Debía tener muchas ganas atrasadas porque ni veinte segundos tardó en correrse dentro de mi coño.</p>
<p>-¡Sácala, cabrón, sácala, no te corras dentro!</p>
<p> Se corrió dentro y al acabar de correrse me siguió follando. Esta vez tardó un poco más en correrse, ya me estaba gustando, pero le dije:</p>
<p>-¡Sácala que me puedes dejar preñada!</p>
<p>No era verdad lo de quedar preñada porque tomaba la píldora, pero de todas formas mis palabras no causaron el efecto esperado, ya que no solo se corrió dentro, sino que luego me dio a romper. </p>
<p>-¡Para, miserable, para, para!</p>
<p>Me lleno el coño de leche y sin poder evitarlo, me corrí con él, me corrí agarrada a borde de la pileta y con un tremendo temblor de piernas.</p>
<p>Luego mientras me giraba me dijo:</p>
<p>-Quiero comerte la boca, las tetas, el coño y el culo.</p>
<p>Me dieron ganas de meterle un bocado por la prepotencia que se gastaba.</p>
<p>-Lo que vas a comer es un rodillazo.</p>
<p>Mi sobrino era un cabrón.</p>
<p>-Si me das un rodillazo le diré a mi padre que follé contigo.</p>
<p>-¿Y qué ganarías con eso?</p>
<p>-Que te follara él también, y tú no quieres follar con él. ¿O sí?</p>
<p>-¿Me estás chantajeando?</p>
<p>-Si lo quieres llamar así, sí.</p>
<p>No me quedaba otra.</p>
<p>-Tú ganas, cómeme, y ojalá te atragantes.</p>
<p>Se quitó la camiseta y vi su torso y sus brazos de culturista, se bajó los pantalones, y vi los trabajados muslos de sus piernas, se quitó el calzoncillo y vi su gorda y larga polla, tiesa y apuntando hacia mí. No puedo decir que no me gustó lo que vi.</p>
<p>Me agarró las manos, me las levantó y con los dorsos de mis manos contra la pared, me comió la boca bien comida, empezó con picos, siguió pasándome la lengua entre los labios, y después me la metió dentro de la boca, Sentí su lengua lamer la mía, pero no la saqué para que me la chupara, ni chupé la suya, aunque ganas no me faltaron.</p>
<p>Me quitó el sujetador y vio mis tetas, medianas, redondas, con areolas marrones y lindos pezones. </p>
<p>-Tienes unas tetas cojonudas.</p>
<p>Me quitó el sujetador, agarró las tetas y las amasó, lamió los pezones, lamió las areolas, besó y lamió el contorno, mamó las tetas y jugó con sus dedos en mis pezones. Si Aarón hubiese visto mi cara sabría que me estaba poniendo más que cachonda.</p>
<p>Después me volvió a poner cara al espejo, me quitó los zapatos, la falda, los pantis y las bragas, hizo que separa las piernas. Vio su leche y mis jugos a lo largo del interior de mis muslos. Lamió los de un lado hasta llegar al coño y luego lamió los del otro lado. Era un guarro fe mucho cuidado.</p>
<p>-¿Te gusta lo que te estoy haciendo?</p>
<p>Le mentí.</p>
<p>-No, cerdo, no.</p>
<p>Separó mis redondas nalgas y lamió el periné y el ojete, al tiempo que masajeaba mis nalgas. Después me metió una follada de lengua en el ojete que me dejó al borde del orgasmo. Vi como iba cambiando mi cara en el espejo mientras me comía el culo y esto aún me puso más perra. Luego metió dentro de mi coño dos dedos con las yemas hacia abajo, me lo folló a toda pastilla y cuando estaba a punto de correrme me giró, lamió mi coño y me volví a correr.</p>
<p>Al correrme tuve que tapar la boca con una mano para que no oyera mis gemidos e placer, de mis piernas se fueron las fuerzas y acabé de rodillas en el piso del cuarto de baño.</p>
<p>Cuando abrí los ojos tenía el gordo capullo de su polla entre mis labios. </p>
<p>-Abre la boca.</p>
<p>Abrí la boca. La metió casi toda dentro y se masturbó. Luego me puso los huevos en los labios,</p>
<p>-Lámelos y chúpalos y luego acaba la mamada.</p>
<p>Aquello debía molestarme, pero no me molestó, al contrario, me gustaba ser su puta sumisa. Así qué lamí y chupé los huevos, luego empuñé su polla, la metí en la boca y se la meneé y se la mamé hasta que me llenó la boca de leche.</p>
<p>Con la leche en la boca me puse en pie y la eché en la pileta.</p>
<p>Estaba de nuevo frente al espejo. Aarón me echo las manos a las tetas y magreándolas me la clavó en el coño y me follo al estilo metralleta. Pensé que se iba a correr en un tris, pero no fue así porque fue haciendo paradas cada vez que sentía que se iba a correr. Cuando no paró fue cuando sintió mi coño apretando y soltando su polla en ese momento, jalando mi cabello me dio sin conocimiento, y me dijo:</p>
<p>-¡Córrete conmigo, Mar, córrete conmigo!</p>
<p>Nos corrimos juntos, él se corrió dentro de mi coño y yo le pinté de blanco la polla con una corrida de jugos cremosos.</p>
<p>Mi sobrino, el militar, me estaba volviendo loca y no me lo podía permitir.</p>
<p>-¿Seguimos?</p>
<p>-No.</p>
<p>-¿Por qué no?</p>
<p>-Porque eres mi sobrino. ¿Te parece poco?</p>
<p>Sonriendo, me dijo:</p>
<p>-Voy a tener que hablar con mi padre.</p>
<p>Me había metido en algo muy peligroso, su sonrisa y sus palabras me lo estaban diciendo. Tenía que cortarle las alas a aquel pájaro. Le eché una de esas miradas que matan, y luego le dije:</p>
<p>-Tendré que follar con tu padre, pero tú no follas más porque te voy a cortar los huevos y la polla cuando estés dormido.</p>
<p>-No creo que te apetezca acabar en la cárcel.</p>
<p>-En unos meses estoy fuera, alegaré que fue una venganza tras haber sido violada.</p>
<p>-No hay que llevar las cosas tan lejos.</p>
<p>Lo había acojonado y no se volvió a acercar a mí con malas intenciones. No se acercaba a mí con malas intenciones, pero sabía que me espiaba, me espiaba cuando me duchaba, cuando iba para mi habitación a tomar la siesta, o de noche cuando iba a dormir, lo sabía porque lo tengo visto por el rabillo del ojo.</p>
<p>Mi tío, que untaba a las enfermeras, se quedó esa noche a dormir en el hospital con mi tía, en un sillón que había al lado de la cama.</p>
<p>Aquella noche yo llevaba puesto un vestido marrón ajustado al cuerpo con cremallera por delante que me daba bastante por encima de las rodillas. Sentados en dos sillones en la sala de estar y mirando la televisión, Aarón, que estaba sentado frente a mí, me preguntó:</p>
<p>-¿Esperas a alguien, Mar?</p>
<p>-No. ¿Por qué lo preguntas? </p>
<p>-Por el vestido que llevas puesto.</p>
<p>-Manché el otro vestido de salsa al hacer la cena y me puse el primer vestido que encontré.</p>
<p>-Te queda bien, realza tu figura, y además es provocativo.</p>
<p>Me había puesto el vestido para provocar a mi sobrino y había dejado que subiera hasta que casi se me veían las bragas. Aarón estaba frente a mí, y me dijo:</p>
<p>-Mar ¿Puedo decirte algo?</p>
<p>Tenía que ser sutil. Bajando el vestido, le respondí:</p>
<p>-Si no es sexual, sí.</p>
<p>Se calló la boca, lo que me dijo que era algo sexual.</p>
<p>-Se te ve venir de lejos.</p>
<p>-Es que...</p>
<p>-¿Qué?</p>
<p>-Qué provocas hasta sin querer.</p>
<p>-Yo provoco cuando quiero.</p>
<p>-Si tú lo dices...</p>
<p>-Sí, lo digo.</p>
<p>Al rato, haciéndome la despistada y mirando la televisión, abrí las piernas y le dejé ver mis bragas blancas para que se abalanzara sobre mí y me diera lo mío </p>
<p>A Aarón, que estaba recién duchado y que tenía puesto un pijama negro de seda, se le puso la polla tiesa e hizo una pequeña montaña en su pijama. Vi su empalme de reojo, y luego, sorprendida, vi como se iba.</p>
<p>-¿Ya te vas para cama?</p>
<p>Se giró empalmado como un burro, y mirando hacia mí me respondió:</p>
<p>-Sí, no quiero acabar sin polla y sin huevos.</p>
<p>Pensé que no debía haber sido tan radical, pero ya  no podía hacer nada al respecto</p>
<p>-Que descanses.</p>
<p>Al irse, y sabiendo que se iba a masturbar, noté algo que siempre me pasa cuando me empiezo a poner cachonda y es un calorcillo por todo el cuerpo. Apagué la televisión, cogí una manzana reineta en el frutero de la cocina y me fui parra mi habitación. Al cerrar la puerta el calorcillo se acentuó. Presentí que mi sobrino no tardaría en espiarme por el agujero de la llave de la puerta y aún me puse más a tono. Eché la manzana sobre la cama. Cara a la puerta bajé la cremallera del vestido, lo dejé caer al piso y quedé en tanga y sujetador de color blanco. Luego fui al cajón de abajo del armario y cogí el lubricante, un consolador vibrador y un cinturón ancho y los eché junto a la manzana, después me quité los zapatos, el sujetador y el tanga, me metí en la cama y me arrodille en ella. Agarré el cinturón, puse la manzana encima de mi ombligo y la apreté con fuerza contra mi vientre al cerrar la hebilla del cinturón sobre ella.</p>
<p>Me senté sobre la cama con la espalda en la cabecera, agarré mis pezones con dos dedos de cada mano y tiré de ellos, luego hice como que los enroscaba y que los desenroscaba. Jugué con ellos un buen rato, después cogí el consolador vibrador, que era muy grueso, que medía dieciocho centímetros y que acababa en punta. Con la punta comencé a jugar con la capucha de mi clítoris.</p>
<p>La puerta de mi habitación ya estaba abierta y entornada. Era la primera vez que me masturbaba sabiendo que me estaban mirando y el morbo era tremendo.</p>
<p>Deseando que irrumpiera en mi habitación lubriqué el bicho y comencé a meterlo en el coño. Entró como siempre, apretado, pero a medida que fue entrado fui sintiendo como si me estuviera follando las entrañas, cosa que me encantaba, sí, soy algo rara, pero en la rareza hay exclusividad. Poco después metía y sacaba el bicho con mi mano derecha y con la izquierda tiraba de los pezones y magreaba mis tetas. </p>
<p>Me había olvidado totalmente de mi voyeur. Cuando me vino a la cabeza, me puse a cuatro patas, de lado en la cama para que tuviera una buena visión, y me di por detrás.</p>
<p>Vi a mi sobrino en la puerta machacándose la polla, se me estremeció el cuerpo. Me derrumbé sobre la cama y comencé a correrme con una fuerza brutal.</p>
<p>Al acabar de correrme saqué el cinto, me puse boca arriba y comencé a comerme la manzana. Vi venir a mi sobrino hacia mí, me senté en a cama y con cara seria y sin taparme, le dije:</p>
<p>-¡¿Qué quieres?</p>
<p>-Quiero limpiarte el coño con mi lengua y....</p>
<p>-¡¿Yo a ti qué te había dicho?!</p>
<p>-Es que después de lo que he visto...</p>
<p>-¡¿Me has estado espiando?!</p>
<p>-Sí. ¿Me dejas que te limpie el coño con la lengua y que te folle como a ti te gusta?</p>
<p>Le di cuerda.</p>
<p>-¿Qué sabrás tú lo que me gusta a mí?</p>
<p>-Te gusta el belly press, lo acabo de ver.</p>
<p>-Y tú eres un experto, claro.</p>
<p>-Tanto como un experto, no, pero se lo he hecho a varias mujeres.</p>
<p>-Es tentador lo que me propones, pero es que soy tu tía, Aarón.</p>
<p>Se metió entre mis piernas,</p>
<p>-Olvida que eres mi tía por una hora y gocemos.</p>
<p>No estiré más el chicle.</p>
<p>-Me voy a sentir muy puta dejándome y sé que me va a pesar, pero me voy a dejar.</p>
<p>Lamió los jugos que mi coño había echado fuera y los cremosos que habían quedado dentro. Al tenerlo limpio, su lengua y sus labios envolvieron mi clítoris y lo succionaron.</p>
<p>-¿Qué haces?</p>
<p>La respuesta a mis palabras fue enterrar la lengua en mi coño y luego decirme:</p>
<p>-Quiero que te corras con mi legua antes de correrte con mi polla.</p>
<p>Con la manzana a medio comer, le dije:</p>
<p>-Vale, dale.</p>
<p>Siguió lamiendo mi coño. Dejé de comer la manzana. Cerré los ojos y ya no los abrí hasta después de darle una intensa y cremosa corrida en la boca.</p>
<p>Sin darme tregua, se arrodilló delante de mí, me levantó cogiéndome por la cintura y me clavó la polla en el coño, la sacó y luego puso la palma de su mano sobre mi ombligo y sobre el hueso pélvico, presionó y la polla entró muy apretada estimulando mi punto g y las terminaciones de mí clítoris, o lo que es lo mismo, produciéndome un placer muy intenso... Nos mirábamos a los ojos mientras mi polla entraba y salía del coño, mientras él presionaba al entrar la polla y soltaba al salir, y sin decir una sola palabra, fue él, tiempo después, quien rompió el silencio.</p>
<p>-Eres preciosa.</p>
<p>-Soy muy puta, y esa puta se va a correr.</p>
<p>Un par de minutos más tarde sentí su leche dentro de mi coño, luego como me subía el hormigueo desde las plantas de los pies y al final un placer inmenso que me hizo aullar como una loba.</p>
<p>Al acabar de correrme, abrí los ojos y vi a mi tío al lado de la cama, en pelota picada y con un empalme brutal.</p>
<p>-Vaya polvo tienes, Mar.</p>
<p>No fui capaz de moverme ni de articular palabra. La sorpresa había sido mayúscula. Mi sobrino le fijo a mi tío</p>
<p>-No tiene un polvo, papá, tiene siete, siete polvos, mínimo.</p>
<p>Mirando para Aarón me vino el habla de repente.</p>
<p>-Te fuiste de la lengua, cabrón.</p>
<p>Tenía más que decir que yo.</p>
<p>-No haberme amenazado.</p>
<p>Mi tío me peguntó:</p>
<p>-¿Bueno, qué? ¿Va a ser por las buenas o va a ser por las malas?</p>
<p>Era fácil escoger.</p>
<p>-Por las buenas, pero solo una vez, y si nunca más me molestáis.</p>
<p>-Tienes mi palabra.</p>
<p>Mi sobrino me metió la polla en la boca y mi tío me la metió dentro del coño. Para qué os voy a mentir, disfruté mamando y disfruté de la follada, tanto la disfruté que al rato me corrí en la polla de mi tío. </p>
<p>Luego de correrme me volteó. Estando encima de él, me dijo:</p>
<p>-Fóllame.</p>
<p>No me lo pensé dos veces, quise follarlo como solo yo sé para hacer que se corriera y acabar de una vez, pero mi sobrino no se quería quedar sin su parte, y como tenía el ojete a tiro, me agarró por la cintura y me la fue clavando en el culo su gruesa y larga polla. Como me dolía, no me moví, pero se movieron ellos. ¡Y cómo se movieron! Dándome a mazo mi tío y dándome a mazo mi sobrino. Me caían unos lagrimones cuando les dije:</p>
<p>-¡Me estás rompiendo el culo, cabrón!</p>
<p> Mi sobrino paró de machacar mi culo, pero fue para correrse dentro. Luego me lo siguió, machacando, aunque ya no me dolía tanto. Se corrió mi tío dentro de mi coño y luego también me siguió dando. </p>
<p>Comenzó a gustarme, y sin querer, queriendo, comienzo a gemir. Al sentir mis gemidos pararon de follarme. Estaba tan perra que los follé yo a ellos buscando mi orgasmo. Al rato, le metí un morreo a mi tío, y luego le dije:</p>
<p>-¡Me corro en tu polla!</p>
<p>Me corrí en su polla y ellos se volvieron a correr en mi coño y en mi culo.</p>
<p>No sé si mi tío iba a cumplir su palabra o no, pero como al día siguiente regresaba mi tía a casa, puse tierra de por medio.</p>
<p>Quique.</p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/">En Familia</category>                        <dc:creator>José</dc:creator>
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				                    <item>
                        <title>Mi sobrino cachondo en la piscina</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/mi-sobrino-cachondo-en-la-piscina/</link>
                        <pubDate>Sat, 23 May 2026 05:29:22 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Salió de la piscina corriendo en cuanto crucé la cancela del jardín. Lo único que llevaba era un diminuto slip rojo. Apenas una tira de lycra cubriendo el pubis y menos de la mitad de su pri...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p><span> </span>                                Salió de la piscina corriendo en cuanto crucé la cancela del jardín. Lo único que llevaba era un diminuto slip rojo. Apenas una tira de lycra cubriendo el pubis y menos de la mitad de su prieto culo.</p>
<p>- ¡Tío! ¡Qué sorpresa!. </p>
<p>                                 Con su cuerpo húmedo pegado al mío, abrazándome con fuerza yo empezaba a notar algo duro dentro de mis boxers. Es que uno no es de piedra y ese chico tan guapo entre mis brazos me estaba conmoviendo. </p>
<p>- Hola sobrino, ¡que guapo estás!. </p>
<p>                                    El agua escurría por mi camisa blanca haciendo que se trasparentaran mis pezones. Lo duros que se me habían puesto en cuanto le vi salir de la piscina y ver su joven, lozano cuerpo.</p>
<p>- ¿Donde esta tu madre? Le pregunté.</p>
<p>- Ha salido de viaje con mi padre. Estarán todo el fin de semana fuera. De folleteo supongo. </p>
<p>- ¡Pero nene! ¿Que vocabulario es ese? ¿Te han dejado solo?. </p>
<p>- Soy mayor de edad y se fían de mí. O ¿te han pedido que me controles? No pasa nada. Tampoco pensaba montar una orgía. </p>
<p>                                 Bromeaba, claro, pero esas palabras me erizaron los vellos de la nuca. Y los de otro sitio no porque me había depilado entero. Tendré que admitir aquí que su madre, mi querida hermana, me había pedido que le echara un ojo. Pero ni en broma se lo iba a decir a él. Y desde luego pensaba que se refería a un vistazo no a la polla. </p>
<p>- ¿Y cual era tu plan?. ¿Pasarte en remojo todo el fin de semana?.</p>
<p>- Eso y tomando el sol con la tablet. Para eso le di tanta guerra a mi papi para que hiciera la piscina. Para broncearme y hacer algo de ejercicio. Para eso están las vacaciones de la uni. </p>
<p>- Pues no es mal plan lo admito. </p>
<p>                                   Yo iba de visita a ver a mi hermana y me encontraba a solas con mi dulce sobrino. De inmediato él me invitó a pasar un rato en remojo. Pero no me había traído bañador. Así que se ofreció a dejarme uno suyo. Y menos mal que no propuso bañarnos desnudos, al principio. </p>
<p>- Ya que has venido. Quedate un rato. Te vendrá bien darte un baño con el calor que hace. Coger algo de color. Así verás que no tengo ningúna chica escondida, ni un chico. </p>
<p>                              Creí que seguía bromeando. Pero me hice ilusiones. La esperanza es lo último que se pierde. </p>
<p>- No tengo bañador, cielo. </p>
<p>- Yo te dejo uno mío. Tenemos una talla parecida. Mejor que los de tu cuñado. Sus bermudas se te caerían, tiene mucha panza. </p>
<p>                               Bromeábamos. Subimos a su cuarto en la segunda planta del chalet pijo que el sueldazo de su padre había comprado. </p>
<p>                              Sobre su cama colgaba un enorme poster de un cantante de moda ligerito de ropa, con el torso al aire. Me alegró aún más la vista. En el marco del espejo había pilladas fotos de él con sus amigos. Todas estaban en bañador, sin camiseta o con ropa muy, pero que muy pequeña. También había alguna amiga en bikini o con tops </p>
<p>- Bonitas fotos. </p>
<p>- Son todos mis amigos. </p>
<p>                                 Doblando su ágil cuerpo por la mitad, con lo que me mostraba las nalgas casi al completo y su polla marcada en la fina tela. Abrió el cajón inferior de su cómoda, dentro del vestidor. Allí correctamente colocados supongo que por mi perfeccionista hermanita estaban sus bañadores, al lado de los slips.</p>
<p>- ¡Que ordenado!. </p>
<p>- Mi madre, ya sabes. Pero yo no soy nada caótico. ¿Un bañador? </p>
<p>                   Al ver que todos eran del estilo y tamaño del que él llevaba puesto pronto desistí de lo de la dignidad y me conformé con algo que cubriera lo justo.</p>
<p>                  Qué casualidad que a ninguno de los dos se nos ocurriera buscar en los armarios del marido de mi hermana. Así puede que hubiera encontrado algo más discreto, aunque no fuera de mi talla. Pero él tenía razón, su padre es mucho más amplio que yo. El gimnasio estaba haciendo maravillas con mis abdominales. </p>
<p>- Ese te va a quedar genial. Aunque es un regalo de una amigo. </p>
<p>- Tus amigos te hacen unos regalos muy interesantes. </p>
<p>- Y solo has visto una mínima parte. </p>
<p>                 Miedo me daba con lo que podrían jugar un grupo de chicos con las hormonas alteradas. </p>
<p>- Pues ya me enseñaras más. A no ser que te de vergüenza que los vea tu anciano tío .</p>
<p>- Pues si hablas del hermano de mi padre sí, pero tú no eres nada viejo. Así que no me importaría. </p>
<p>                   Lo dijo con su bonita sonrisa. Provocándome un escalofrío. </p>
<p>                    El bañador blanco que por fin elegí tapaba mi pubis. No se le podía pedir mucho más. Se metía entre mis nalgas casi como un tanga y probablemente se trasparentara en cuanto se mojara. Tendría que andar sacándolo de la raja del culo a cara momento. Pero a la mierda la vergüenza, cuando le tenía a él casi desnudo ante mí. </p>
<p>                        Viendo la actitud desinhibida de Mario todo eso ya me importaba un pimiento. De hecho me desnudé ante él para cambiarme. A lo que respondió con naturalidad pero echando algunos vistazos descarados a mi expuesta anatomía.</p>
<p>- ¿Te gusta lo que ves?.</p>
<p>- Tienes un cuerpazo. Tito. Seguro que tienes un montón de proposiciones indecentes. </p>
<p>- Algunas hay. </p>
<p>                        No sabía si quería hacerme una de esas. Me di cuenta de que no apartaba la vista de mi cuerpo. Y eso me gustaba. </p>
<p>                       Me saqué la camisa mojada y dejé caer al suelo mi vaquero. El boxer de lycra pegado admito que era bastante sexy y sensual. Pero por lo que había visto en sus cajones él tenía cosas parecidas y algunas mucho más pequeñas. Así que no tenía muy claro a qué venía tanto interés.</p>
<p>                        Al fin me desnudé por completo delante de él. Yo le había visto en bolas un montón de veces, aunque claro eso había sido hace años. Esa sería la primera vez que yo lo estuviera delante de él. </p>
<p>- Llevas el pubis depilado. Es más bonito así. Bueno vas depilado entero. </p>
<p>- ¿Que pensabas? ¿Que a mis años me iba a dejar?.</p>
<p>- No claro. Solo era una observación. No sigas diciendo que eres viejo. ¡Por favor!.</p>
<p>                Seguíamos bromeando. </p>
<p>- Pues tú no sigas picándome. </p>
<p>- ¡Yoooooo!. Para nada. Además yo me he dejado una tirilla de vello por encima de la polla. ¡Mira!.</p>
<p>                    Sin darme opción a opinar se bajó la cinturilla del bañador y me mostró el pubis sin ningún pudor. Efectivamente se había dejado con el vello bien recortado algo parecido a un bigote por encima del rabo. </p>
<p>- Así queda muy bien también. </p>
<p>                     Tuve que admitir anonadado por el bello espectáculo. </p>
<p>- Eso dicen mis amigos. </p>
<p>                      Vale, estaba muy intrigado por esos amigos que posaban para fotos en bañadores muy pequeños, regalaban ropa interior muy sexi y admiraban los arreglos capilares de mi sobrino de diez y nueve años. </p>
<p>                        Yo también tengo amigos de esa clase y desde luego no me conformo solo con eso con ellos. Llegamos a mucho más. Pero pensaba que mi sobrino no sabía nada de esos gustos particulares míos. </p>
<p>                        Ahora bién si él no los conocía entonces se estaba esforzando mucho en calentar a su tío. Yo en ese momento estaba muy despistado. </p>
<p>- Venga, termina y vamos al agua. </p>
<p>                       De perdidos al río, o mejor dicho a la piscina. Así que volvimos a bajar al jardín. Se estaba mostrando muy cariñoso. Se pegaba a mi cuerpo a la menor oportunidad y tal y como íbamos ataviados me estaba poniendo muy cachondo . </p>
<p>- Nene, ¡que sobón estás hoy!. </p>
<p>- Es que me alegro mucho de que estés aquí. Vamos al agua. </p>
<p>- De acuerdo. </p>
<p>                     Me cogió de la cintura y se pegó a mi costado. Pero su mano juguetona bajaba a la parte de piel desnuda de mi nalga. Y dejaba allí suaves caricias. Tenía que darse cuenta de que yo iba con la polla dura. Como yo me había percatado de que él estaba así desde que me había visto cambiarme en su cuarto. </p>
<p>                            Se me estaba pasando el despiste pero rápido. Al llegar al lado de la piscina lo cogí en brazos para arrojarlo al agua. Pero se agarró a mi cuello y caímos los dos en un revoltijo de miembros y cuerpos. Si yo me agarraba, él no me había soltado. </p>
<p>                         Estábamos sobándonos el uno al otro de forma descarada mientras luchábamos por salir a respirar. Ni por todo el oro del mundo habría separado las manos de su cuerpo en ese momento. Creo que llegué a tocar su polla, a juzgar por lo duro que estaba aquello que tenía en la mano. </p>
<p>                      Él no se cortaba. Sentía manos por todas partes. Parecía un pulpo. Ni en un trío que había hecho hace tiempo noté tantas manos. Cuando me bajó el bañador a medio muslo di por terminado el juego y me puse de pie. Mi polla apuntaba al frente cual bauprés de velero. No sabía si subir la prenda o quitármela del todo. Pero pronto me sacó de dudas. </p>
<p> - ¡Va tío! Estamos solos y ya te he visto desnudo antes. Somos chicos los dos, no importa. </p>
<p>                         Para corroborar sus propias palabras se terminó de quitar su slip y lo tiró al césped. De todas formas ya lo no tenía muy bien colocado. No sé donde había tocado yo. Esa es mi historia y me atengo a ella. </p>
<p> - Pues vale. De todas formas no es que me tape mucho. </p>
<p>                           Así que terminé de desnudarme. Y arrojé la prenda al lado de la suya. Seguíamos jugando cada vez más pegados, tocándonos y rozándonos sin más complejos. Me parecía sentir su polla dura por todas partes. Y desde luego la mía en las mismas condiciones se pegaba a su cuerpo.</p>
<p>- Vaya tío te has puesto muy contento. </p>
<p>- Pues tú vas igual y no parece que te moleste. </p>
<p>- No me molesta en absoluto. De hecho me gusta. ¿No creerás que es la primera que veo o toco?.</p>
<p>- Así que con esos amigos tuyos te dedicas a jugar a esto también.</p>
<p>                                   Me sujetó la polla y me acarició los huevos. Visto lo que él tenía agarrado me quedé quieto y le dejé hacer. Eso sí sujetando su cadera tocando piel. Puede que también deslizando la palma hacia sus nalgas.</p>
<p>- Tío. A estas alturas no son juegos precisamente. Nos divertimos mucho. Y quiero divertirme contigo. Estás muy bueno. </p>
<p>- Sobri. Eres guapísimo y tienes un cuerpo que es un sueño. Pero seguimos siendo familia.</p>
<p>- ¡Oh! Vamos, los dos somos chicos. No pasa nada. Sé que te gustan los chicos. Ambos tenemos nuevas posibilidades aquí. Te puedo presentar a mis amigos. </p>
<p>                                      Seguía acariciando mis genitales. Tenía la polla como una piedra. Yo no había soltando su duro culo. Me fui acercando todavía más hasta que lo besé. Lo hice cómo nunca lo había hecho antes, suave en los labios al principio. Pero pronto entraron en acción las lenguas. Y, joder, cómo la movía.</p>
<p>                                Metió la mano entre mis nalgas buscando el ano con un dedo, o dos. Viendo que él se animaba hice lo mismo con su duro culo. </p>
<p>- Hay que dejarlo bien limpito.</p>
<p>- Se ve que ya has practicado mucho. </p>
<p>- Me encanta besar, tito. </p>
<p>- No solo besar, supongo, tal y cómo me estás agarrando la polla y la retaguardia. </p>
<p>- Y todo lo demás por supuesto. Sube al borde. Quiero comértela.</p>
<p>                           Me senté en el bordillo con los muslos bien abiertos. Empezó lamiendo mis huevos depilados. Me recliné hacía atrás sobre mis antebrazos para darle más acceso. Me miraba a los ojos con una expresión de lascivia que nunca había visto en su cara. Y a esas alturas yo solo podía gemir de placer. </p>
<p>                         Subía con la lengua pegada al tronco hasta meterse el glande en la boca. Lo acariciaba con la sin hueso y hacia lo mismo con todo lo demás con sus manos. Sin prisa, tierno, haciéndome disfrutar pero alargando el placer para que no me corriera pronto. </p>
<p>- Te quiero duro todo lo que pueda, tito. </p>
<p>- Joder sobri. Podrías dar lecciones a más de uno. ¿Con quién has aprendido tú?.</p>
<p>- Ya te contaré. Disfruta. ¿Quieres que te coma el culo?.</p>
<p>- ¿Lo harías?. ¡Pues claro!.</p>
<p>                           Me puse más en el borde y levante las piernas. No era muy cómodo sobre el cemento pero lo compensaba con creces su lengua y manos que no se separaban de mi piel. La clavó en el ano y empiezo a jugar con los dedos abriéndolo.</p>
<p>- Parece que quieres follarme.</p>
<p>- Y tú a mí si te apetece. </p>
<p>- Lo quiero todo. Sal de ahí. </p>
<p>                             Seguía en el agua. Pero tiré de él agarrando su antebrazo hasta sacarlo de la piscina. Apenas conseguimos llegar a las toallas, pues seguíamos jugando con las lenguas. Además de no separar las manos del cuerpo del otro. Me estiré en césped. </p>
<p>- Hora de devolverte el favor. Siéntate sobre mi cara. </p>
<p>                                Con las rodillas a ambos lados de mi cabeza tenía el ano y los testículos sobre mi lengua. Sostenía sus nalgas con las manos para que no me aplastara. No suelo ser de garganta profunda pero cuando levantó la cadera para meter la polla en mi boca casi me llega al esófago. </p>
<p>- Joder, tío. Yo no voy a aguantar tanto me voy a correr. </p>
<p>                                La verdad es que no podía opinar mucho. Tenía la boca llena de rabo. Así que dejó su semen sobre mi lengua y se tumbó sobre mí para besarnos y compartirlo. Rodeé su cadera con mis muslos. Durante un rato nos estuvimos dando lengua jugando con su lefa y saliva. Notaba mi polla dura qué no había bajado nada en su vientre. </p>
<p>- ¡La quiero dentro!.</p>
<p>- Cabálgame.</p>
<p>                              No teníamos a mano otro lubricante que la crema solar pero al ser bastantee aceitosa cumplió esa función. Él lo hizo todo. Sentado sobre mi vientre le puso un buen chorro a su ano y lo extendió por mi nabo.</p>
<p>- Así no se te quema. </p>
<p>- Donde lo voy a meter va a estar a la sombra. </p>
<p>                              Despacio, sujetaba su cadera. Fue bajando sobre mi polla hasta tenerla entera dentro. Sus huevos apoyados en mi vientre y sus nalgas en mis muslos. Descansó unos segundos solo con la sensación de sentirse lleno y yo muy apretado. </p>
<p>- Como nos vea tu padre así, nos mata a los dos. </p>
<p>- Pero a mí madre no le importaría. </p>
<p>- ¿Lo sabe?.</p>
<p>- ¿Que a los dos nos gusta todo?. Pues claro. Si ella también es bi.</p>
<p>- Ya sabía que de tu edad jugaba con sus amigas. Pero creía que después de casarse lo habría dejado. </p>
<p>- Ya sabes como es mi padre de gilipollas. Sale mucho con una amiga y no solo a tomar café. </p>
<p>- Así que la guarrilla de mi hermana se ha echado una amante. ¿Y tú como lo sabes?.</p>
<p>- No tenemos secretos. La primera vez que me besé con un chico fui a contárselo a ella. Y con una chica lo mismo. Y ella me contó lo suyo para que la cubriera si hacía falta. </p>
<p>                                No teníamos prisa. Yo seguía con la polla dentro de él. Apretaba y aflojaba el culo para darme gusto pero sin subir y bajar todavía. Le acariciaba la polla, que daba señales de recuperación y los huevos. O pellizcaba sus pezones. A veces se inclinaba a besarme y darme su saliva. </p>
<p>- Vaya familia de viciados que hemos salido. Si que tienes trucos. ¿Todo eso lo has aprendido con los amigos?.</p>
<p>- Habíamos estado experimentado. ¿Te apetece conocer alguno?.</p>
<p>- No sois celosos. </p>
<p>- Para nada, solo nos gusta el buen sexo. Aunque ya ha salido una pareja del grupo. </p>
<p>                               Pero ya era hora era hora de tener algo más de movimiento así que sujeté su cinturita y empecé a mover su cadera. Captó enseguida la indirecta. Sin dejar de apretar el culo subía y bajaba la cadera apoyado en mi pecho y acariciando mis pezones. Oía sus jadeos y creo que si hubiera algún vecino cerca también. Su rabo se estaba poniendo bien duro. Aproveché para ponerle bien de la crema que estábamos usando de lubricante. Yo lo quería dentro de mí. </p>
<p>                           Con el calentón que llevaba desde que entré en el jardín no tardé mucho en correrme y ya estábamos empatados. Se estiró sobre mí para volver a morrearme mientras mi rabo convertido en gusanillo salía solo de su culo junto con una buena cantidad de semen. </p>
<p>- Te toca tito. </p>
<p>- ¿Me giro?.</p>
<p>- ¡No!. Quiero verte la cara mientras te follo.</p>
<p>                               Así que volví a levantar las piernas hasta que las rodillas pegaron en mis pezones. Antes de penetrarme me puso bien de crema con dos dedos. Y eso que a mí me hacía menos falta que a él. </p>
<p>- Vaya tío. Parece que no soy el primero que entra por aquí. </p>
<p>- Y no vas a ser el último o ¿qué pensabas?.</p>
<p>- Por lo que me ha contado mi madre estaba convencido. </p>
<p>- A ver si va a ser ella la que nos ha preparado esta encerrona. </p>
<p>- ¿A que te gusta?. Ya me dijo que hoy estuviera solo. Sino sí que me hubieras pillado con uno o dos amigos y en mi habitación. Bueno o aquí "bañándonos".</p>
<p>- Osea haciendo lo mismo que estamos haciendo tú y yo. </p>
<p>- Exacto. Por cierto, te los tengo que presentar.</p>
<p>- Hoy me encanta estar a solas contigo, conociéndonos mejor. Ya veremos.</p>
<p>                            Para entonces ya me estaba follando. Fuerte pero no demasiado deprisa, justo cómo me gusta. Ya no podía seguir la conversación aunque seguía muy intrigado. Solo jadeaba como una máquina vieja de vapor. Y por cierto él estaba en las mismas mientras agarraba mi rabo y lo acariciaba. </p>
<p>                          Parecía el conejito de durac... que dura y dura. Pero claro él ya se había corrido una vez. Cuando me llenó el culo de semen se derrumbó sobre mi torso y lo abracé con ternura sin dejar de darnos besos y lamer la piel del otro. </p>
<p>- Ha sido genial, tío. </p>
<p>- ¿Ya te has cansado?.</p>
<p>- Claro que no. Pero hay que renovar fuerzas. ¿Almorzamos?.</p>
<p>- Me parece una buena idea. </p>
<p>                                  Desde luego no nos vestimos. Solo nos dimos una ducha juntos dónde seguimos acariciándonos y lamiendo cada centímetro de la piel del otro. De los pies a la coronilla. Sin olvidarnos de un nuevo beso negro o darle un buen repaso a las axilas depiladas de ambos. </p>
<p>                                 Mientras comíamos, en bolas, naturalmente seguíamos jugando. dándonos la comida el uno al otro o poniéndola sobre nuestros cuerpos para poder besar y lamer. </p>
<p>- ¿Sabes que mi madre y su amiga te tienen ganas? No solo mis amigos. </p>
<p>- ¿Pero si somos hermanos!. </p>
<p>- Y yo soy tu sobrino y me la has metido hasta los huevos. </p>
<p>- Viéndolo así. Tampoco es tan grave. ¿Tú te lo has montado con ellas?. Porque a estas alturas no me extrañaría. </p>
<p>- Eso que te lo diga tu hermana. Bueno. ¿Te animas a venir mañana?. ¿Invitó a un amigo?.</p>
<p>- ¿Ya me quieres echar?. ¿No me invitas a dormir?. O ¿es que vas a traer a alguien esta misma noche?.</p>
<p>- No, pero solo porque no puede quedarse a dormir. Así que me gustaría que lo hicieras tú. ¿En la cama de mis padres?.</p>
<p>- Tiempo tenemos de cambiar las sábanas. </p>
<p>                        Y nos echamos a reír. </p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/">En Familia</category>                        <dc:creator>pern</dc:creator>
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                        <title>El suegro bonachón y la nuera tímida</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/el-suegro-bonachon-y-la-nuera-timida/</link>
                        <pubDate>Wed, 20 May 2026 21:24:36 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[La sorpresa
 Fermín era un cincuentón, atractivo, bonachón, de estatura mediana, viudo, muy flaco, hablaba en bajo y no se alteraba con nada. Vivía solo en un piso con cuatro habitaciones, ...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>                                                        La sorpresa</p>
<p> Fermín era un cincuentón, atractivo, bonachón, de estatura mediana, viudo, muy flaco, hablaba en bajo y no se alteraba con nada. Vivía solo en un piso con cuatro habitaciones, cocina, sala de estar, cuarto de baño, trastero y garaje.</p>
<p>Un domingo al mediodía en que Fermín estaba mirando un documental en la televisión, sonó al timbre del portero automático, le dio al botón y preguntó:</p>
<p>-¿Quién es?</p>
<p>-Gustavo.</p>
<p>Gustavo era su único hijo, y trabajaba en La Coruña en un despacho de abogados. Le abrió el portal y lo esperó en la puerta. Al llegar se llevó una sorpresa porque su hijo no venía solo, lo acompañaba una muchacha morena, de ojos oscuros, de complexión fuerte, que tenía una larga melena de color negro azabache, y que por la forma de mirarlo se notaba que era muy vergonzosa. El hijo y la muchacha traían una maleta cada uno.</p>
<p>-Pasad.</p>
<p>Entraron en el piso y poco después, sentado Fermín en un sofá y su hijo y la chica en un tresillo delante de él, le preguntó a ella:</p>
<p>-¿Cómo te llamas?</p>
<p>-Rosalía.</p>
<p>A Fermín se le iluminó la cara.</p>
<p>-¡Ya sabía yo que te había visto antes! Tú eres la de la Despechá.</p>
<p>La muchacha con la cabeza media gacha y sonriendo, le dijo:</p>
<p>-No, no soy la cantante, aunque me confunden mucho con ella.</p>
<p>-No me extraña, sois como dos gotas de agua. ¿Y lleváis mucho tiempo de novios, Rosalía?</p>
<p>La muchacha, que seguía con la cabeza media gacha y sonriendo, le respondió:</p>
<p>-No soy su novia, soy su esposa.</p>
<p>Fermín, sorprendido, miró para su hijo, que le dijo:</p>
<p>-Al mes de conocernos fuimos al juzgado y nos casamos, fue algo muy íntimo, solo hicimos una comida con los padrinos.</p>
<p>-Mi mirada no te pedía explicaciones, decidiste vivir tu vida y lo que hagas con ella es cosa tuya. ¿Cuánto tiempo traéis de vacaciones?</p>
<p>-Quince días.</p>
<p>-Pediré yo otros quince días, para estar algún tiempo con vosotros. ¿Tenéis hambre?</p>
<p>-Algo de comer se agradecería.</p>
<p>-¿Chino o italiano?</p>
<p>-A Rosalía y a mí nos gusta la pasta italiana.</p>
<p>                                                             La masturbación</p>
<p>Con el paso de los días Rosalía y Fermín se llevaban cada vez mejor y siempre estaban con una sonrisa en los labios en las largas conversaciones que tenían cuando Gustavo salía para estar con sus viejos amigos.</p>
<p>Aquella tarde, luego de haber tomado la siesta, Gustavo se fue. Rosalía se quedó sola en la cama. Cogió su iPhone, lo puso en pantalla completa  luego buscó y puso un video porno donde la chica cabalgaba al chico. Mirando  la pantalla, flexionó las rodillas, se abrió de piernas y comenzó a rozar el coño con tres dedos por encima de sus bragas blancas, luego, sin dejar de mirar como follaban en el video, subió la mano en busca de sus grandes tetas, para lo que subió la camiseta. Después sacó la teta derecha de la copa, la magreó y frotó el pezón con dos dedos, luego sacó la teta izquierda de la otra copa y le dio un buen repaso. Después de magrear las tetas bien magreadas, bajó la mano, la metió dentro de las bragas y frotó con ganas. Ya no pudo evitar gemir. Con su sus pies apoyados en la cama, y mientras frotaba el coño, fue subiendo y bajando su culo cada vez más y más aprisa hasta que se corrió.  </p>
<p>Fermín pasaba por delante de la puerta, oyó los gemidos, y como sabía que su hijo se había ido, pensó que a Rosalía le estaba pasando algo. La puerta estaba entornada y la abrió. Vio el coño abierto de su nuera, sintió como gemía y vio como se le caía el iPhone de la mano mientras se corría. Quedó como atontado viendo aquel cuadro surrealista.</p>
<p>Rosalía al acabar de correrse, bajar el culo y al abrir los ojos, vio a su suegro embobado y mirando para ella. Avergonzada, se tapó el coño con la mano y se incorporó. Fermín reaccionó cerrando la puerta y yéndose.</p>
<p>                                                           La conversación</p>
<p>Fermín fue al bar a tomar unos pelotazos. Cuando regresó a casa, Rosalía, vistiendo unos vaqueros ajustados, una blusa blanca y calzando unas zapatillas de deporte de color blanco, estaba en la sala de estar planchando una camisa sobre una tabla. Fermín se sentó en un sofá y encendió la televisión con el mando a distancia. Ni se miraban. Aquel silencio entre ellos, además de incómodo era extraño. Cuando Fermín miró para su nuera fue para disculparse.</p>
<p>-Siento haber invadido tu intimidad, pero lo hice porque pensé que te pasaba algo.</p>
<p>Rosalía sin quitar la vista de la plancha, le dijo:</p>
<p>-La culpa fue mía por no haber cerrado la puerta con llave.</p>
<p>Se quedaron en silencio un buen rato, luego volvió a hablar Fermín.</p>
<p>-¿Puedo preguntarte algo muy íntimo?</p>
<p>-Ni usted me debía preguntar algo así, ni yo le debía responder, pero supongo que después de lo que ha visto necesita respuestas, pregunte.</p>
<p>Fermín le preguntó como era costumbre en él, hablando en bajito.</p>
<p>-¿Mi hijo te hace feliz en la cama?</p>
<p>Rosalía miró para el piso.</p>
<p>-Sí, pero...</p>
<p>-¿Pero qué?</p>
<p>-Es que me cuesta hablar de nuestras cosas.</p>
<p>-Conmigo puedes hablar como si hablaras con tu padre.</p>
<p>Rosalía seguía vergonzosa y mirando para la plancha.</p>
<p>-Con mi padre no podía hablar.</p>
<p>-No ha sido un buen ejemplo. Si te resulta violento responderme, no me respondas.</p>
<p> -Le responderé. Disfruto con él, pero no como yo quisiera, aunque cuando me casé con él ya lo sabía.</p>
<p>-¡¿Y aun así te casaste con él?! ¿Por qué?</p>
<p>-Porque me sacaba de mi casa, una casa donde era maltratada.</p>
<p>-O sea, que no lo quieres.</p>
<p>Rosalía levantó la cabeza de la plancha y miró a su suegro.</p>
<p>-Lo quiero, pero no estoy enamorada de él.</p>
<p>-Hay algo que no me cuadra. ¿Qué es eso de que no te hace feliz cómo tú quisieras?</p>
<p>-Debería saberlo, es su hijo.</p>
<p>-¿Qué debería saber?</p>
<p>-Si no lo sabe no voy a ser yo quien se lo diga.</p>
<p>-Como no me des una pista no lo sabré nunca.</p>
<p>-No puedo dársela.</p>
<p>-Una pequeñita.</p>
<p>-Digamos que es muy guapo.</p>
<p>Fermín pegó un tiro al aire.</p>
<p>-¡¿No será maricón?!</p>
<p>Rosalía volvió a mirar para la plancha.</p>
<p>-Yo no se lo he dicho, lo ha dicho usted.</p>
<p>Con sus palabras le había dicho que Gustavo era maricón.</p>
<p>-Luego de oírte me surgen más preguntas ¿Se casó contigo para ocultar su orientación sexual?</p>
<p>-Entre otras cosas</p>
<p>-Ahora entiendo lo de tu masturbación, si solo te da por una vía, recurres a la fantasía.</p>
<p>-Me alegra que lo entienda, porque a veces no lo entiendo ni yo.</p>
<p>                                  El preludio del sexo</p>
<p>Fermín se puso en pie y le dijo:</p>
<p>-Voy a echar un trago. ¿Quieres que eche uno para ti?</p>
<p>-Eche.</p>
<p>-¿Ponche?</p>
<p>-Sí, ponche.</p>
<p>Un par de minutos más tarde había dos copas encima de la mesa camilla. Fermín y Rosalía estaban sentados en el tresillo, aunque uno en un extremo y la otra en el otro. Rosalía se puso colorada cuando le dijo:</p>
<p>-Es usted una persona muy comprensible, otro suegro se escandalizaría, si ve a su nuera haciendo lo que estaba haciendo yo.</p>
<p>-A veces la necesidad obliga.</p>
<p>-Pero es que usted no sabía lo de mi necesidad.</p>
<p>-No tienes cara de viciosa y yo llevo cinco años viudo y sé lo que es la necesidad.</p>
<p>Rosalía se tomó de un sorbito de la copa de ponche Cuesta.</p>
<p>-No sé si preguntar, podría malinterpretar mis palabras.</p>
<p>-Pregunta que no te voy a malentender.</p>
<p>Rosalía levantó la cabeza y le preguntó:</p>
<p>-¿En esos cinco años con cuántas mujeres ha estado?</p>
<p>Fermín tomó un sorbo de brandy Carlos I, y luego le respondió:</p>
<p>-Con ninguna.</p>
<p>Rosalía era vergonzosa, pero también era muy curiosa.</p>
<p>-¿Qué cosas echa de menos de estar con una mujer?</p>
<p>-Echo de menos todo, los besos, las caricias y lo fuerte.</p>
<p>A Rosalía le tembló la voz al decirle:</p>
<p>-Ahora sí que podría malinterpretarme si le pregunto.</p>
<p>-Que no te voy a malinterpretar, mujer.</p>
<p>A Rosalía se le puso la cara roja cuando le preguntó:</p>
<p>-¿Qué es para usted lo fuerte?</p>
<p>-Para responderte tendría que ser vulgar.</p>
<p>-Ya no soy una niña.</p>
<p>Fermín se mandó la copa de brandy.</p>
<p>-Pues lo fuerte para mí es comerle a una mujer las tetas, el coño, y follarla, entre otras cosas. ¿Quieres saber qué son esas cosas?</p>
<p>-No, ha interpretado mal mis palabras.</p>
<p>Fermín se acercó a ella, la miró a los ojos y Rosalía bajó la mirada.</p>
<p>-No creo.</p>
<p>Fermín le dio un pico, y después le metió la lengua en la boca, luego le cogió la mano derecha y se la  llevo a la polla. </p>
<p>-Mira que empalme tengo.</p>
<p>-No debíamos haber llegado hasta aquí.</p>
<p>-No, pero hemos llegado.</p>
<p>Rosalía apartó la mano de la polla.</p>
<p>La volvió a besar y le echó las manos a las tetas.</p>
<p>-Anda, sé buena y pasemos un rato agradable.</p>
<p>-Si pasara un rato agradable con usted no sería buena, sería mala.</p>
<p>-Pues sé mala.</p>
<p>Le volvió a llevar la mano a la polla, la besó y le echó la mano al coño por encima de los vaqueros. Rosalía le apretó la polla, y cuando Fermín dejó de besarla le dijo:</p>
<p>-Podría llegar Gustavo y se armaría una gorda.</p>
<p>-Hay un colchón en el trastero.</p>
<p>-Es usted un diablo.</p>
<p>                                                              El sexo</p>
<p>Un par de minutos más tarde, y luego de coger la llave del trastero, salieron del piso, cogieron el ascensor, donde ya se comieron las bocas, y llegaron a la última planta donde estaban los trasteros.</p>
<p>Luego de cerrar por dentro el trastero, Rosalía se arrimó a una de las paredes. Fermín fue a por ella, comiéndole la boca le desabotonó la blusa, se la quitó y le quitó el sujetador. Unas tetas grandes, esponjosas, con areolas oscuras y gruesos pezones quedaron a tiro para sus manos y su boca, y con sus manos se las magreó y con su boca se las mamó. Luego le bajó los pantalones hasta los tobillos. Vio las bragas empapadas con las babas de su coño y se le hizo la boca, agua. Se puso en cuclillas. Rosalía separó un poco las piernas. Fermín le pasó la punta de la lengua entre los labios vaginales con la misma lentitud que hablaba, se le llenó de babas y por ella bajó un pequeño chorro de jugos que acabó en su boca. Después le lamió el coño con la lengua plana haciendo paradas para enterrarla y sacarla de la vagina, poco más tarde y lamiendo su clítoris, exclamo Rosalía:</p>
<p>-¡Me corro, me corro, me corro, me corro!</p>
<p>Al acabar de correrse Rosalía, Fermín se puso en pie, se desnudó y luego le echó las manos a un colchón que estaba de pie arrimado a otra pared y lo puso sobre el piso, mientras le decía:</p>
<p>-No levantes tanto la voz cuando te corras que si algún vecino sube a su trastero te oirá.</p>
<p>Rosalía se quitó los pantalones, las bragas y las zapatillas deportivas y después se echó sobre el colchón. Flexionó las rodillas y le ofreció el coño. Fermín se echó sobre ella y le clavó la polla de una estocada. Apretó su pelvis contra el clítoris y lo frotó mientras metía y sacaba del coparte de su polla. Estaba muy caliente y sabía que iba a durar poco, pero Rosalía era de orgasmo fácil y ni un minuto tardó en tapar la boca con las manos y bañarle la polla con una tremenda corrida. Fermín viendo como gozaba, sintiendo sus convulsiones y con la polla enterrada en el coño, sintió que se iba a correr, quiso sacarla, pero Rosalía, quitó las manos de la boca, se las echó al culo, lo apretó contra ella y Fermín se corrió en lo más profundo de su coño.</p>
<p>Luego de correrse le preguntó:</p>
<p>-¿Tú sabes lo que has hecho?</p>
<p>-Claro que lo sé.</p>
<p>-¿No tienes miedo de las posibles consecuencias?</p>
<p>-Busco esas posibles consecuencias.</p>
<p>-¿Quieres quedar preñada?</p>
<p>-Quiero aprovechar esta oportunidad para quedar preñada, a lo peor no tengo otra.</p>
<p>-¿Y qué le dirás a mi hijo si quedas preñada?</p>
<p>-Deje que lo folle y córrase otra vez dentro, que lo que tenga que ser, será.</p>
<p>-Pues que sea lo que tenga que ser.</p>
<p>Rosalía movió el culo debajo  de su suegro. Lo movió hacia arriba, hacia abajo, hacia un lado hacia el otro y alrededor, y como no le pesaba, lo fue moviendo cada vez  más aprisa.</p>
<p>-Avíseme cuando esté a punto de correrse para correrme con, con... ¡Me corro!</p>
<p>Fermín viendo su cara de éxtasis se corrió otra vez en el fondo de su coño.</p>
<p>Al acabar de correrse le preguntó:</p>
<p>-Ya que me he desinhibido... ¿Puedo montarlo y mandar?</p>
<p>-Esas cosas no se preguntan.</p>
<p>Lo montó y metió la polla en el coño, un coño que estaba echando fuera leche mezclada con jugos, lo besó, le puso el pezón de la teta derecha en los labios y le dijo:</p>
<p>-Cójala con las dos manos y estrújela mientras la mama.</p>
<p>Hizo lo que le había dicho.</p>
<p>-Muerda el pezón.</p>
<p>Se lo mordió con poca fuerza.</p>
<p>-Más fuerte y pase a la otra teta.</p>
<p>Se la mordió con fuerza. Rosalía gimió y luego le  puso la otra tetas en los labios. Ya no tuvo que decirle nada. Fermín, mientras su nuera lo follaba, le hizo lo que le gustaba. Al rato Rosalía dijo:</p>
<p><br />-Joder, yo ya me voy a correr.</p>
<p>-Dale que yo también ando apurado.</p>
<p>Le aplastó la cara con las tetas, subió y bajo el culo a toda hostia y mordiendo la lengua se corrió en su polla, polla que vomitó leche entro de su coño.</p>
<p>Al acabar de gozar, y estando boca arriba los dos, Rosalía vio que la polla se había puesto morcillona. La cogió y le hizo una mamada, con lamidas y chupadas de huevos que se la iba a poner dura de nuevo. Al tenerla  tiesa, se echó boca abajo sobre el colchón, y le dijo:</p>
<p>-Fólleme por detrás y vuelva a llenar mi coño de leche.</p>
<p>Se apoyó con las manos en el colchón, como si estuviera haciendo flexiones, se la clavó en el coño y le dio caña de la buena hasta que Rosalía no pudo más.</p>
<p>-¿Está?</p>
<p>-No.</p>
<p>-Pues pare.</p>
<p>Paró, pero ya era tarde.</p>
<p>-Aaaaaaah.</p>
<p>Luego de correrse, se puso a cuatro patas y le dijo:</p>
<p>-Fólleme el culo.</p>
<p>Fermín se había tomado en serio lo de dejar preñada a su nuera.</p>
<p>-Encantado de follártelo, pero así no vas a quedar preñada.</p>
<p>Rosalía siguió a lo suyo.</p>
<p>-Escúpale al ojete.</p>
<p>Le escupió.</p>
<p>-Escúpale más veces.</p>
<p>Le escupió cuatro veces más, y mientras le escupía se preguntó dónde iba la timidez de su nuera.</p>
<p>-Ahora métala sin miramientos.</p>
<p>Fermín la agarró por las tetas y amasándolas se la metió en el culo. Aquel culo estaba curtido en mil batallas, pues la polla entró apretada, pero de una estocada. Rosalía echó su mano derecha al coño y comenzó a frotar el clítoris con los dedos índice, medio y anular.</p>
<p>-Deme duro y apriete mis pezones,</p>
<p>Le dio a romper y le apretó con fuerza los pezones,</p>
<p>Rosalía cuando sintió la polla latir dentro del coño, se echó hacia delante y la sacó del culo.</p>
<p>-Córrase dentro de mi coño metiendo solo la puntita.</p>
<p>Se corrió como le había dicho y ella se corrió con él, luego Fermín le preguntó:</p>
<p>-¿Por qué solo la puntita?</p>
<p>-Era una prueba... Puede que hasta ahí llegue su hijo.</p>
<p>Luego se vistieron y regresaron al piso.</p>
<p>                                         El final</p>
<p>Esa noche, en la cama, le preguntó Gustavo a Rosalía:</p>
<p>-¿Lo has hecho?</p>
<p>-Sí.</p>
<p>-¿Y?</p>
<p>-Y puede que ya esté preñada, pero volveré a follar con tu padre todos los días que nos quedan de vacaciones para asegurar.</p>
<p>-Eso, asegura, asegura.</p>
<p>Y lo cierto es que aseguro, pues regresó preñada a La Coruña.</p>
<p>Quique.</p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/">En Familia</category>                        <dc:creator>José</dc:creator>
                        <guid isPermaLink="true">https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/el-suegro-bonachon-y-la-nuera-timida/</guid>
                    </item>
				                    <item>
                        <title>Coño estrecho, culo duro y espectaculares tetas tenia Vioketa</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/cono-estrecho-culo-duro-y-espectaculares-tetas-tenia-vioketa/</link>
                        <pubDate>Thu, 14 May 2026 23:11:39 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[I
Violeta, una joven casada, en la habitación del chalet donde viva, y sentada en la cama, hablaba  con una amiga.
 -Tienes que esperar a que encuentre trabajo, sabes que ahora no puedo pa...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>                                                                   I</p>
<p>Violeta, una joven casada, en la habitación del chalet donde viva, y sentada en la cama, hablaba  con una amiga.</p>
<p> -Tienes que esperar a que encuentre trabajo, sabes que ahora no puedo pagarte lo que te debo, Marga.</p>
<p>Ángel, el dueño del chalet, un cuarentón, canoso, con cara y tipo de galán, la oyó hablar y puso la oreja.</p>
<p>-Puedes pagarme de otra manera.</p>
<p>-¿De qué manera?</p>
<p>-Haciendo un trío con mi marido y conmigo.</p>
<p>-No seas babosa.</p>
<p>-Baboso te ponía el coño yo a ti si te pillo, Violeta Cortés.</p>
<p>-Olvídame, Berta Lago.</p>
<p>-Si no lo quieres hacer con mi marido lo podemos hacer con el tuyo.</p>
<p>-¿Compartir a mi marido contigo? Tú debes estar loca.</p>
<p>-Vas a esperar a que empiece a trabajar si quieres cobrar.</p>
<p>-Oye. ¿Y yo y tú solas? Mi lengua en tu coño, tu lengua en el mío... `¡Uuuuuum!</p>
<p>-Que esperes a que empiece a trabajar, guarra.</p>
<p>-Ni te imaginas lo guarra que puedo ser.</p>
<p>Le colgó el teléfono y luego dijo:</p>
<p>-No, pero puede que lo llegue a saber.</p>
<p>Ángel se fue, ya había oído suficiente.</p>
<p>Violeta, que tenía veintidós años, era una muchacha morena, maciza, de ojos negros, cabello negro y largo, estatura normal, tirando a alta, con buenas tetas y un  culo espectacular. por lo redondo y duro que lo tenía, apagó el teléfono y luego se vistió, desayunó y se puso a limpiar el chalet, un chalet de dos pisos.</p>
<p>A las cinco de la tarde regresó Ángel.  Venía vestido impecablemente con un traje marrón, una corbata del mismo color y calzando unos zapatos marrones. Fue al mueble bar, echó un brandy, se sentó en un sillón de la sala y habló solo.</p>
<p>-Tiempo de mierda, menos mal que había escampado cuando salí del coche si no me pongo como una sopa.</p>
<p>Violeta no lo había oído entrar en casa, por eso se sorprendió al verlo cuando bajó del piso de arriba para merendar. Venía vestida con un jersey y una falda gris y calzaba unas zapatillas marrones. Le dijo:</p>
<p>-Estamos en invierno, suegro.</p>
<p>Ángel giró la cabeza y la vio.</p>
<p>-Desgraciadamente.</p>
<p>-¿Cómo ha venido tan temprano?</p>
<p>-Las cosas estaban tranquilas en las fábricas.</p>
<p>Nieves se sentó enfrente de su suegro.</p>
<p>-¿Y a su hijo cómo le va?</p>
<p>-¿Es qué no te lo cuenta?</p>
<p>-Lo que me dice es que se está adaptando, pero no me dice a qué.</p>
<p>-Se está adaptando a llenar latas de conservas.</p>
<p>-Yo limpiando la casa y Fernando llenando latas, se vengó bien.</p>
<p>La miró con su mirada seductora, una mirada que le pareció que la estaba desnudando-</p>
<p>-Tú limpias la casa porque quieres, os dije que os podíais quedar aquí solo con la condición de que él se ganara un sueldo en mi fábrica. </p>
<p>-Yo no quise vivir de su caridad, pero de su hijo se vengó bien.</p>
<p>-No me vengué, está conociendo lo que cuesta ganarse el sustento.</p>
<p>-No deja de ser una venganza.</p>
<p>-No me vengué yo, se vengó la vida de él. En dos años se fumó, se bebió, se esnifó y se jugó la herencia de su madre, y tú le ayudaste.</p>
<p>-Yo nunca me drogué. Ni he bebido una gota de alcohol. Estuve a su lado en los tiempos buenos y ahora estoy en los malos, es mi marido.</p>
<p>-Le ayudabas a gastar el dinero en el casino.</p>
<p>-En mi vida he pisado un casino, no me gusta el juego.</p>
<p>Ángel empezó a hilar lo que traía en mente.</p>
<p>-Jugar no jugarás, pero. ¿Cuánto dinero debes?</p>
<p>-¿A quién?</p>
<p>-A Lago.</p>
<p>-¿A qué lago?</p>
<p>-A Berta Lago.</p>
<p>No le gustó oír aquel nombre.</p>
<p>-¿Anda escuchando detrás de las puertas?</p>
<p>-Pasaba por delante de vuestra habitación cuando te oí. ¿Se lo pediste prestado cuando os embargaron?</p>
<p>Le estaba haciendo creer que solo había oído el principio de la conversación.</p>
<p>-No son cosas suyas.</p>
<p>Ángel le miró para las tetas.</p>
<p>-Podrían ser. </p>
<p>La mujer se violentó.</p>
<p>-¡Ni lo piense! No soy de esas.</p>
<p>-Solo tendrías que quitarte la ropa y dejar que te viera desnuda.</p>
<p>Violeta lo miró con odio.</p>
<p>-Es usted un miserable. Ahora quiere que sea su puta.</p>
<p>-A las putas les pagan por algo más que desnudarse.</p>
<p>-Váyase al infierno.</p>
<p>-Algún día no me quedará otro remedio que ir, pero no me corre prisa.                                                        </p>
<p>Violeta se fue a la cocina y merendando habló consigo misma. </p>
<p>-Es una indecencia, pero sí es solo desnudarse. No, no debes, Violeta, si te desnudas le abres la puerta al resto, pero, por otro lado, los 1.500 euros me harían un apaño.</p>
<p>Al acabar de merendar, salió de la cocina se puso enfrente de su suegro y le preguntó:</p>
<p>-¿Si me desnudo en su presencia me daría los1.500 euros que le debo a Berta?</p>
<p>A Ángel no le importó la cantidad.</p>
<p>-Sí.</p>
<p>-¿No me va a tocar?</p>
<p>-No.</p>
<p>-Prométamelo.</p>
<p>-Te lo prometo.</p>
<p>-Antes de desnudarme quiero ver el talón.</p>
<p>Ángel sacó el talonario, le firmó un cheque al portador por el valor de 1.500 euros y lo dejó sobre la mesa camilla.</p>
<p>-Ahí tienes el dinero.</p>
<p>Violeta le dio la espalda, se quitó el jersey, la camiseta y el sujetador blanco, luego la falda y las bragas. Ángel vio su espectacular culo y la polla se le puso morcillona.</p>
<p>-Date la vuelta.</p>
<p>Se echó el cabello sobre las tetas, se giró y separó las piernas:</p>
<p>Ángel vio a una joven maciza, sin tripa, con el coño afeitado y las tetas tapadas por el cabello.</p>
<p>-Aparta el pelo.</p>
<p>Lo apartó y vio sus tetas grandes, aperadas, con areolas rosadas y gruesos pezones.</p>
<p>Ángel bajó la bragueta y sacó su polla morcillona. Violeta, exclamo:</p>
<p>-¡Jodeeeeer!</p>
<p>-¿Qué pasa, Violeta?</p>
<p>-Pasa que esa cosa no entraba en el trato.</p>
<p>-El trato era que no te iba a tocar.</p>
<p>Violeta vio como la mano derecha de su suegro subía y bajaba por la polla sacándole el pellejo de la cabeza y volviéndolo a tapar con él y vio como iba cogiendo más y más cuerpo.</p>
<p>-Si magreas las tetas te doy cien euros más.</p>
<p>Violeta, que se sentía más incómoda que comprando preservativos, le dijo:</p>
<p>-No me hacen falta.</p>
<p>-El dinero siempre hace falta, y a ti más.</p>
<p>-Sabe como herir.</p>
<p>-Sí, soy un cabrón, pero si quieres mi dinero, gánatelo.</p>
<p>Violeta echó las manos a las tetas y comenzó a magrearlas.</p>
<p>-Sensual visión.</p>
<p> Ángel, mirando como magreaba las tetas se fue poniendo cada vez más perro. Violeta fingía que no sentí ni padecía, pero la iba a delatar una gota de jugo que salió de su coño y que luego fue colgando de un fino hilo.  Ángel, al ver aquello, le dijo:</p>
<p>-Si me pones el coño cerca de la nariz para olerlo bien y te masturbas te doy otros cien euros.</p>
<p>-Usted lo que quiere es comerme el coño</p>
<p>-Claro que quiero comértelo, pero no te pagué por eso.</p>
<p>-Le pondré el coño cerca de la boca para que lo huela bien, pero no me masturbaré.</p>
<p>-Cien euro más si te masturbas.</p>
<p>-No.</p>
<p>-Dos cientos, y es mi última oferta.</p>
<p>-Vale, pero ni se le ocurra sacar la lengua.</p>
<p>Violeta se acercó a su suegro, le puso el coño cerca de la nariz, dejó que se lo oliera.</p>
<p>-Huele a vicio.</p>
<p>-Olerá y todo.</p>
<p>-Mastúrbate.</p>
<p> Comenzó a frotar el clítoris con dos dedos de la mano derecha y a magrearse las tetas con la mano izquierda.</p>
<p>Poco después del coño de Violeta caían jugos que Ángel recogía con la lengua y se tragaba mientras se la pelaba. Su nuera no sabía lo que estaba haciendo porque tenía los ojos cerrados.</p>
<p>Al rato, Violeta le puso el coño a milímetros de la boca y se rozó con la punta  la legua.</p>
<p>-Le dije que no quitara la lengua.</p>
<p>Rozó ella los labios vaginales con la punta de la lengua.</p>
<p>-No mueva la legua, no mueva la lengua. ¡Ay que me voy,  ay que voy, ay que me voy!</p>
<p>Corriéndose como una loba oyó gemir a su suegro y sintió y como un chorro de leche impactaba en su pierna izquierda.</p>
<p>Nada más acabar, recogiendo sus ropas, le dijo Ángel:</p>
<p>-Mi hijo tiene suerte de tener una mujer tan caliente.</p>
<p>-Y la desgracia de tener un padre como usted, págueme.</p>
<p>                                                     II</p>
<p>Tres días después Ángel volvió de la fábrica a las cuatro de la tarde. Violeta estaba en la sala sentada en un sofá leyendo una revista. Ángel le dijo:</p>
<p>-Violeta.</p>
<p>-No.</p>
<p>-Aún no sabes que te iba a preguntar.</p>
<p>-Es sobre sexo, fijo.</p>
<p>-Trescientos euros te animan a escucharme.</p>
<p>-¿Me va a pagar trescientos euros por escucharlo?</p>
<p>-No, te los doy si me dejas comerte el coño.</p>
<p>-Le quedó la boca dulce.</p>
<p>-Quedó.</p>
<p>Violeta fue sarcástica.</p>
<p>-¿Eso tampoco sería ser su puta?</p>
<p>-A las putas no se le come el coño.</p>
<p>-¿Por qué no?</p>
<p> -Sería como comprar todos los boletos para una rifa en la que te toque una enfermedad venérea.</p>
<p>-¿Y por qué no va con una puta de lujo?</p>
<p>-Que sea puta de lujo no quita que pueda ser transmisora de algo, por eso nunca he ido con ninguna puta.</p>
<p>-¿Tampoco tiene ninguna mujer con la que follar?</p>
<p>-Tengo a varias, pero no deseo a ninguna como te deseo a ti.</p>
<p>-Yo soy la mujer de su hijo.</p>
<p>-¿Y qué culpa tengo yo?</p>
<p>-Aún la voy a tener yo.</p>
<p>-La tienes por ser tan hermosa y estar tan buena, es por eso que quiero beber de ti una, y otra , otra y otra vez.</p>
<p>Violeta sonrió por primera vez, pero era una sonrisa burlona.</p>
<p>-Sí, comiéndome el coño me haría correr cuatro veces.</p>
<p>-O cinco.</p>
<p>-¿Y por qué no seis?</p>
<p>-Eso. ¿Por qué no seis?</p>
<p>-Usted está loco.</p>
<p>-Loco por comerte el coño, y a ti te hace falta el dinero.</p>
<p>Ángel se fue al mueble bar a echar un pelotazo. Violeta le dijo:</p>
<p>-¿No habrá besos ni magreos de tetas?</p>
<p>-Te he dicho que solo quiero comerte el coño.</p>
<p>-También dijo antes que no me iba a tocar y me tocó con la lengua.</p>
<p>-Fue tú coño el que le tocó a mi lengua.</p>
<p>-Porque la sacó, bueno, dejemos ahí la cosa.</p>
<p>-¿Vas a dejar que te lo coma o no?</p>
<p>-Quiero ver el dinero antes de nada.</p>
<p>Ángel sacó la cartera del bolsillo de la chaqueta seis billetes de cincuenta euros y los puso sobre el mueble bar. Violeta fue a su lado, cogió los trescientos euros y le dijo:</p>
<p>-¿Dónde me lo quieres comer?</p>
<p>-Donde tú quieras.</p>
<p>-Lo espero en su habitación.</p>
<p>Ángel se tomó la copa de brandy de varios sorbos, luego, se quitó la chaqueta y la corbata y después se fue a su habitación.</p>
<p>En la habitación la calefacción estaba a todo dar. Violeta había levantado las sábanas, la colcha y la manta y estaba desnuda en la cama con la espalda en la cabecera, las piernas estiradas y juntas y las manos en los muslos.</p>
<p>Ángel retiró toda la ropa de la cama, se metió en ella, tiró de su nuera para abajo, le separó las piernas, le echó las manos por debajo de ellas, y con las manos en sus muslos metió todo el coño en la boca. Luego le enterró la lengua en el coño y después sacándola y metiéndola le iba lamiendo el clítoris con la parte de arriba. Ni dos minutos habían pasado cuando Violeta comenzó a gemir y a mover la pelvis hacia arriba y hacia bajo. Con la voz tomada dijo:</p>
<p>-Me voy.</p>
<p>Se corrió en la boca de su suegro levantando la pelvis medio metro. Cuando la bajó la boca de Ángel seguía pegada al coño como una lapa, movió el culo alrededor, hacia arriba, hacia abajó, le cogió la cabeza con las dos manos y descargó en su boca.</p>
<p>-Me voy otra vez.</p>
<p>La lengua volvía a entrar y salir de su coño y volvió a lamer el clítoris. Ni un minuto tardó Violeta en volver a gemir, en mover la pelvis y en levantar la pelvis para darle otra corrida en la boca. </p>
<p>-Me voy nuevamente.</p>
<p>Unos dos minutos más tarde le volví a decir:</p>
<p>-Y me voy de nuevo.</p>
<p>Le dio otra tremenda corrida en la boca. Luego, retirándolo de entre sus piernas, le dijo:</p>
<p>-Ya tiene lo que quería.</p>
<p>-Sí, y tu coño es el más rico que he comido.</p>
<p>Violeta le miró para la entrepierna, vio un tremendo bulto y el pantalón del traje mojado.</p>
<p>-Ahora se hará una paja, claro.</p>
<p>-No me queda otra que mirarte y pelarla.</p>
<p>Ángel salió de la cama, se bajó los pantalones y el calzoncillo, empuñó la polla mojada y comenzó a menearla. </p>
<p>-Joder, en mi vida había visto unas tetas tan hermosas como las tuyas. Si me haces una cubana te doy cien euros más.</p>
<p>-Estoy agotada.</p>
<p> -Doscientos euros.</p>
<p>-Ni por mil euros más.</p>
<p>Como veía que con dinero no la iba a convencer le tocó la fibra sensible.</p>
<p>-¿Y si hago a Teo jefe de las oficinas?</p>
<p>Violeta vio la oportunidad de sacar a su marido del abismo.</p>
<p>-Mejor lo hace encargado general. ¿Hay trato?</p>
<p>Ángel se vino arriba.</p>
<p>-Hay trato si me haces una cubana, si me dejas que te mame las tetas y si después me haces una mamada.</p>
<p>Violeta no tuvo ni que pensarlo.</p>
<p>-De acuerdo, siempre y cuando no quiera follarme.</p>
<p>-Querer, quiero, pero no te lo propondré. Adelante, comienza.</p>
<p>Violeta se agachó, metió la polla entre las tetas, las apretó y luego las subió y las bajó un rato largo.</p>
<p>-Ahora me toca a mí.</p>
<p>Le agarró las tetas por debajo, las levantó se las amasó y se las devoró, bien devoradas, con lamidas, chupadas y mamadas para parar un tren.</p>
<p>Violeta se puso mala, Ángel, oyendo sus gemidos, le preguntó:</p>
<p>-¿Quieres que te coma el coño otra vez?</p>
<p>-La comida de coño ya está pagada.</p>
<p>Ángel se puso en cuclillas lamió el coño de abajo a arriba a toda mecha unas veinte veces y Violeta se volvió a correr en su boca.</p>
<p>-¡Me voy!</p>
<p>Al acabar de correrse se sentó el borde de en la cama, y le dijo a su suegro:</p>
<p>-Acabemos.</p>
<p>Le echó la mano derecha a la polla, tiró de él, metió la polla en la boca, mamó con ansia unas veinte erces y Ángel ya se corrió en su boca. La mujer echó la cabeza hacia atrás porque no esperaba la leche tan pronto, pero luego se tragó hasta la última gota.</p>
<p>Al acabar de tragar, le dijo:</p>
<p>-Yo he cumplido, espero que usted cumpla con lo suyo.</p>
<p>-Tranquila, mañana está de encargado general.</p>
<p>Violeta también quería lo suyo.</p>
<p>-Págueme lo que me debe.</p>
<p>-Ahora te pago.</p>
<p>-Le estoy saliendo cara.</p>
<p>-Vales cada centavo que te he pagado.      </p>
<p>                                                                    III                                          </p>
<p>Cuatro días más tarde, llegó Violeta de la peluquería y vio a su suegro bajando las escaleras.</p>
<p>-¿Se le olvidó algo?</p>
<p>Le respondió con otra pregunta.</p>
<p>-¿Vienes sola?</p>
<p>-¿Y con quién iba a venir?</p>
<p>Ángel ya estaba a su lado cuando le dijo:</p>
<p>-Podías venir con alguien y no te podría decir lo que te voy a decir.</p>
<p>Violeta se quitó el abrigo y lo puso en el respaldo de un sillón.</p>
<p>-No hace falta que me lo diga, se lo diré yo, quiere follar conmigo. </p>
<p>Ángel fue al mueble bar y poniendo dos copas, una de peppermint Marie Brizar y la otra de brandy Napoleón, le dijo:</p>
<p>-Si, pero no como te folla mi hijo.</p>
<p>-¿Y cómo me folla su hijo?</p>
<p>-Poco y mal.</p>
<p>Violeta se rio de su suegro</p>
<p>-Su hijo me folla mucho y bien.</p>
<p>Puso la copa de peppermint encima de la mesa camilla y enfrente de su nuera, que le dijo:</p>
<p>-Creo haberle dicho que yo no tomo debidas alcohólicas.</p>
<p>-Se me había  olvidado. ¿Qué me estabas diciendo?</p>
<p>-Que su hijo me folla mucho y bien.</p>
<p>-Anoche te la metió en el culo sin mucho éxito y luego te sentí  en el aseo metiéndote dedos y...</p>
<p>Violeta se enfadó y no lo dejó terminar.</p>
<p>-¡Es usted un maldito fisgón!´</p>
<p>-Un fisgón casual, pero a lo que iba, yo te follaría el coño y el culo y te correrías de las dos maneras,</p>
<p>-Usted es un desgraciado.</p>
<p>-Mil quinientos euros puede que te hagan cambiar de opinión.</p>
<p>-Ya le he dado todo lo que le podía dar.</p>
<p>-Eso es discutible.</p>
<p>Violeta se puso tensa.</p>
<p>-He sentido llegar el auto de Teo.</p>
<p>-Yo no he sentido nada.</p>
<p>-Eso es porque estaba inmerso en sus calenturientos pensamientos.</p>
<p>Un par de minutos después llegó Teo a la sala, vio a su mujer y a su padre y le dijo al segundo:</p>
<p>-Hay problemas en la fábrica.</p>
<p>-¿Qué pasó?</p>
<p>-Dos mujeres comenzaron una pelea y acabaron peleándose todas. Varias acabaron el hospital y la guardia civil está en la fábrica.</p>
<p>-Vamos para allá.</p>
<p>Luego de irse su marido y su suegro, cogió la copa de peppermint y la olió.</p>
<p>-¡Qué bien huele! Qué coño, para todo hay una primera vez.</p>
<p>Se mandó la copa de un trago. La cara se le puso roja, movió los brazos y las manos como si fueran alas, se encogió para coger el vuelo y luego salió corriendo hacia la cocina, metió la boca debajo del grifo, lo abrió y casi se ahoga. Al rato estaba durmiendo en el sillón.</p>
<p>                                                               IV</p>
<p>Ya había pasado un mes desde la oferta de los1.500 euros por follare el culo y el coño.</p>
<p>Eran las diez de la mañana. Teo, el marido de Violeta iba a Bilbao a una reunión de conserveros en representación de su padre y estaba en su habitación hablando con su esposa.</p>
<p>-Es una pena que no te encuentres bien, nos hubiéramos divertido en Bilbao.</p>
<p>Violeta, que estaba en cama, subió la sábana para taparse. </p>
<p>-Otra vez será, cariño. Hoy me toca cama.</p>
<p>-Mañana ya me tienes aquí. Mi padre te dará lo que te haga falta.</p>
<p>Teo le dio un beso en la frente, luego pilló la bolsa de viaje y se fue.</p>
<p>Una hora más tarde, Violeta se duchó, se puso un chándal blanco con rayas rojas a los lados y se fue a la cocina a desayunar.</p>
<p>Estaba untando una tostada con mantequilla en la encimera cuando llegó Ángel de comprar el periódico, una caja de donuts y otra de cruasanes. Puso todo sobre la mesa.</p>
<p>-¿Pero tú no estabas enferma?</p>
<p>-No, no estaba enferma, lo fingí para no ir a Bilbao. </p>
<p>-Tus motivos tendrás.</p>
<p>-Tengo. Me he pensado su oferta y he decidido aceptarla.</p>
<p>Ángel se puso detrás de ella, le echó las manos a las tetas, le arrimó cebolleta y le dijo al oído:</p>
<p>-Ni te puedes imaginar lo feliz que me acabas de hacer.</p>
<p>Sintió la polla ponerse morcilllona en su culo.</p>
<p>-Usted no sé, pero su polla se llevó un alegrón.</p>
<p>Le frotó la polla en el coño sin dejar de magrearle las tetas.</p>
<p>-Mientras follamos si tienes alguna fantasía sexual, dímelo, no te cortes.</p>
<p>-Las fantasías sexuales son cosas muy personales.</p>
<p>Le bajó el pantalón del chándal y le empezó a lamer el culo.</p>
<p>-Tienes el culo duro como una piedra.</p>
<p>Le metió tal repaso en el culo que le puso el coño chorreando. Violeta, con las piernas separadas y las manos apoyada en la encimera cogió la tarrina de mantequilla y se la dio a su suegro.</p>
<p>-Tome.</p>
<p>No había que ser muy listo para saber lo que quería que le hiciera.</p>
<p>Ángel sacó la polla empalmada y la untó de mantequilla, luego le metió un dedo en el culo y lo movió alrededor, luego frotó las manos, se las metió por debajo de la chaqueta del chándal, le agarró las tetas, le puso la cabeza de la polla en el ojete, y le dijo:</p>
<p>-Ahí te va.</p>
<p>Le fue como un obús por el culo arriba. Violeta se fue poniendo de puntillas a medida que la polla le iba subiendo por el culo. Aferrándose al saliente de la encimera, exclamó:</p>
<p>-¡Hossssstiiiiiiiiaaaaasssssssss!</p>
<p>Con toda dentro del culo le preguntó:</p>
<p>-¿Te dolió?</p>
<p>-No, pero llena más de lo que esperaba.</p>
<p>-En el culo ya se sabe.</p>
<p>Violeta echó la mano izquierda al coño y frotándolo, le dijo:</p>
<p>-Deme a mazo.</p>
<p>Ángel le acribilló el culo. Violeta comenzó a gemir como una demente y poco después le dijo a su suegro:</p>
<p>-¡Me voy!</p>
<p>Las piernas le comenzaron a temblar, el rostro se le contrajo y perdió el habla momentáneamente.</p>
<p>Al acabar de correrse le sacó la polla, la limpió con un paño y se la metió en el coño, con dificultad, ya que lo tenía estrechito. </p>
<p>-¿Como es que tienes el coño tan estrecho?</p>
<p>-No lo tengo estrecho, lo que pasa es que la tienes muy gorda.</p>
<p>La folló despacio, pero a Violeta le iba la marcha, y al rato le dijo:</p>
<p>-Deme duro y fólleme como más le guste.</p>
<p>Ángel le echó la mano izquierda al cuello y se lo apretó, le jaló el cabello con la otra, tiró de él, y luego le dio a mazo.</p>
<p>Violeta, poco después, se corrió. No pudo ni gemir, por poder ni podía respirar, tampoco hizo falta que dijera nada porque sus piernas bailando el twist y su coño apretando la polla le dijeron a Ángel que se estaba corriendo.</p>
<p>Después de correrse Violeta, le preguntó Ángel:</p>
<p>-¿Me puedo correr dentro?</p>
<p>-Corra.</p>
<p>Ángel se corrió dentro de su coño.</p>
<p>Al sacarle la polla le puso una silla para que se sentara, ya que a Violeta no la sostenían las piernas. Cuando le volvió el habla, le dijo a su suegro:</p>
<p>-Fue algo brutal.</p>
<p>-¿Lo del sexo anal con mantequilla era una de tus fantasías?</p>
<p>-Era, y lo de sentir la leche dentro de mí era otra, tu hijo siempre que lo hacemos da marcha atrás.</p>
<p>-Has podido quedar preñada.</p>
<p>-Por una vez no creo que pase nada.</p>
<p>Ángel, lavando las manos en el fregadero, le dijo:</p>
<p>-Ahora, por las dudas, tendrás que decirle que se corra dentro.</p>
<p>-Obvio.</p>
<p>-¿Luego de desayunar seguimos?</p>
<p>-Ya le he dado lo que quería.</p>
<p>-Cierto, pero pensé que podrías querer más.</p>
<p>-Ha pensado mal. ¿Me paga?</p>
<p>-Claro, ahora te hago un talón.</p>
<p>                                                                      V</p>
<p>Ángel le había hecho varias ofertas a su nuera, pero ella las había rechazado  todas.  A las seis de la tarde recibió una llamada de teléfono, y se ausentó una hora. Al regresar le preguntó Violeta:</p>
<p>-¿Conozco a la mujer con la que ha estado haciendo lo que yo pienso?</p>
<p>-¿Cómo sabes que era una mujer?</p>
<p>-Porque huele a perfume de mujer y eso quiere decir que a esa mujer la tuvo muy cerca.</p>
<p>-Solo fue un beso.</p>
<p>Violeta no lo creyó.</p>
<p> -Sí, ya. ¿La conozco?</p>
<p>-Conoces.</p>
<p>-¿Quién es?</p>
<p>-No debía decírtelo, pero te lo diré, es Berta.</p>
<p>-¿Se entiende con Berta?</p>
<p>-Es una manera educada de decirlo.</p>
<p>-Hay que quitarle las palabras con sacacorchos. ¿Qué quería?</p>
<p>-Pasar la noche conmigo.</p>
<p> -¿Y la va a pasar?</p>
<p>A Ángel le llegó un mensaje, lo leyó y sonrió. Violeta le preguntó:</p>
<p>-¿Es de Berta?</p>
<p>-Sí, quiere saber si viene.</p>
<p>-¿Le va a decir que venga?</p>
<p>-Si no te importa, sí.</p>
<p>-El chalet es suyo.</p>
<p>-¿Oye, y si hiciéramos un trío?</p>
<p>Violeta no se chupaba el dedo.</p>
<p>-Se lo propuso ella. ¿Verdad?</p>
<p>-¿Lo qué?</p>
<p>-El trío.</p>
<p>-¿Por qué dices eso?</p>
<p>-Porque también me lo propuso a mí.</p>
<p>-Vaya, eso no me lo dijo.</p>
<p>-Miente muy mal.</p>
<p>-Sí, nunca he mentido bien. ¿Qué le respondo?</p>
<p>-Un trío el algo muy fuerte.</p>
<p>-Ganarías 1.500 euros suyos y 1.500 euros míos.</p>
<p>No hizo falta que le dijera más.</p>
<p>-Me voy a tomar un baño con mucha espuma.</p>
<p>Tiempo más tarde Violeta llegó a la habitación de su suegro vestida solo con una toalla. En la habitación sonaba música relajante y en la cama estaba Berta desnuda, atada con las manos a la espalda y amordazada. Sus tetas eran medianas, sus areolas rosadas eran pequeñas, sus pezones estaban duros y erectos y tenía el coño totalmente depilado.</p>
<p>Ángel en pelota picada y con la polla morcillona, la estaba besando. Violeta se quitó la toalla y desnuda  fue por el otro lado de la cama y le metió la punta de la lengua en la boca. Berta sacó la suya y luego se dieron un beso largo. Al acabar el beso le dijo Berta a Violeta:</p>
<p>-He soñado mucho tiempo con este momento.</p>
<p>Se volvieron a besar. Ángel le agarró la teta izquierda y magreándola le lamió el pezón, la areola y luego se la mamó. Violeta no tardó en trabajarle la teta derecha. Después bajaron besando y lamiendo su vientre. Llegaron al coño, y sin dejar de magrearle las tetas se turnaron para comerle el coño. Berta se deshacía en gemidos. </p>
<p>Ángel y Violeta ya estaban cachondos, se miraron y se besaron con lengua. Luego le dijo Ángel:</p>
<p>-Arrodíllate entre sus piernas, hazla correr a ella y hazme correr a mí.</p>
<p>Se arrodilló ente sus piernas. Ángel se arrodilló detrás de ella y le enterró la polla en el coño. Violeta, lamiendo el coño de Berta, movió el culo de delante hacia atrás y de detrás hacia delante... Fue acelerando las lamidas y las clavadas hasta que sintió la leche de la corrida de su suegro dentro de su coño y las contracciones del coño de Berta en su lengua, lo que hizo que ella también se corriera.</p>
<p>Al acabar su tarea salió de la cama y dijo:</p>
<p>-Yo ya he cumplido, ahora mataos a polvos o hacer lo que queráis.</p>
<p>Violeta se sentó e iba a salir de la cama, pero Berta le dijo:</p>
<p>-De eso nada, tú no te vas sin que te cate bien catada.</p>
<p>Violeta le dijo:</p>
<p>-¿No me queda más remedio?</p>
<p>-No, no te queda más remedio, si quieres saldar tu deuda, claro. </p>
<p>-En ese caso me dejaré catar.</p>
<p>-Desátame, Ángel, y déjanos solas.</p>
<p>La desató, ella se quitó la venda de los ojos y vio desnuda Violeta.</p>
<p>-¡Coñoooo! ¡¡Qué buena estás!! Te imaginaba voluptuosa, pero no tanto.</p>
<p>La echó hacia atrás, se sentó encima de ella y acariciando su cabello con una mano y su teta derecha con la otra, comenzó a besarla. Violeta no ponía mucho entusiasmo, pero abría la boca para que le lamiera la lengua. </p>
<p>De la boca pasó a lamerle el cuello y las orejas. Luego, mirándola a los ojos le lamió los pezones. Volvió a besarla. Después regresó al cuello y a las orejas y acabó lamiendo sus pezones y chupando sus enormes tetas. Luego, sin perder el contacto visual, bajó arañando su vientre, luego araño su pelvis, y después le pasó un dedo entre la raja del coño, dedo que le salió mojado de jugos y que se chupó.</p>
<p>-Estás muy rica.</p>
<p>Ángel sentado en una silla jugaba con su polla mientras las miraba. Berta le acaricio el clítoris con dos dedos y vio como el entrecejo de Violeta se juntaba y como se dibujaban en él líneas verticales.</p>
<p>Viendo que ya la tenía, la puso boca abajo, le echó las manos a las tetas y le lamió el cuello y una oreja. Violeta gimió en bajito. Berta le frotó las tetas en la espalda y luego bajó lamiéndola por la columna vertebral. Volvió a subir frotando las tetas en su espalda. Violeta giró la cabeza para que la besara, y cuando la besó le comió ella la boca a Berta.</p>
<p>Luego Berta bajó directamente a por el espectacular culo de Violeta un culo redondo y duro como una piedra. Besó y lamió sus bellas nalgas, las separó y besó, lamió y folló su ojete. </p>
<p>Violeta gimiendo sin ningún pudor, se puso boca arriba, le echó las manos a la cabeza, le llevó la boca al coño, y al sentir la lengua de Berta en él movió la pelvis a toda mecha. Violeta, arqueando su cuerpo, le dio una tremenda corrida en la boca a Berta.</p>
<p>Al acabar de correrse Violeta, Berta estaba que echaba por fuera. Su primer pensamiento fue ponerle el coño en la boca a Violeta, pero vio a Ángel machacando la polla empalmada y fue a su lado. Se sentó sobre su polla, le dio a romper y en menos de un minuto, comiéndose las bocas, se corrieron como animales.</p>
<p>Violeta, desde la cama, les dijo:</p>
<p>-Estoy muy sola.</p>
<p>La noche fue tan larga, que a la mañana siguiente cuando regresó Teo de Bilbao y vio a su mujer en la cama, le dijo:</p>
<p>-Tienes unas ojeras que te llegan a los pies. ¿No has dormido bien?</p>
<p>-No he pegado ojo, cariño, no he pegado ojo.</p>
<p>Quique.</p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/">En Familia</category>                        <dc:creator>José</dc:creator>
                        <guid isPermaLink="true">https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/cono-estrecho-culo-duro-y-espectaculares-tetas-tenia-vioketa/</guid>
                    </item>
				                    <item>
                        <title>La Puta de su Padrastro y de su Propio Hijo: Una Madre Corrompida por el Deseo Prohibido</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/la-puta-de-su-padrastro-y-de-su-propio-hijo-una-madre-corrompida-por-el-deseo-prohibido-2/</link>
                        <pubDate>Wed, 06 May 2026 18:34:35 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Sinopsis:
Mar, una madre de 35 años dedicada a su familia, comienza a perder el control cuando su esposo Maro, militar, se ausenta por largas temporadas. Desesperada por satisfacer una nece...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p data-source-line="7-7"><strong>Sinopsis:</strong></p>
<p data-source-line="9-9">Mar, una madre de 35 años dedicada a su familia, comienza a perder el control cuando su esposo Maro, militar, se ausenta por largas temporadas. Desesperada por satisfacer una necesidad sexual cada vez más intensa, busca al único hombre que puede calmarla: Griseo, su padrastro de 57 años. Lo que empieza como un secreto prohibido entre ellos pronto se convierte en una peligrosa espiral de dominación, humillación y placer extremo.</p>
<p data-source-line="11-11">Cuando su propio hijo Mateo descubre la verdad, Griseo decide tomar el control absoluto de la situación, convirtiendo a Mar en la puta compartida de la familia. Obligada a vivir una doble vida —la de madre y esposa ejemplar de día, y la de sumisa sin límites de noche—, Mar se verá arrastrada a actos cada vez más depravados, donde los límites entre el deseo, la culpa y la completa sumisión se desdibujan por completo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>CAPÍTULO 1: LA NECESIDAD QUE NO SE CALMA</strong></p>
<p><strong>POV MAR</strong></p>
<p>Llevo once días sin verga. Once putos días desde que Maro se fue otra vez al pinche desierto con su batallón. Once días en los que solo he tenido mis dedos, un consolador barato y la boquita ansiosa de Diego mamándome las tetas todo el día. Pero ya no aguanto más. El coño me duele de lo vacío que lo siento. Me mojo todo el día. Hasta cuando estoy cocinando o cambiando pañales, me sorprendo apretando los muslos porque me palpita el clítoris como si tuviera vida propia.</p>
<p>Diego por fin se durmió en su cuna después de sacarme casi toda la leche. Mis senos siguen hinchados, pesados, con los pezones cafés y sensibles. Me miro en el espejo del baño: menuda, piel morena, cabello negro suelto, solo una bata de seda corta que apenas me tapa el culo. Abajo tengo el coño bien velludo, negro y tupido, con esa entrada rosada que ahora mismo está hinchada, mojada y palpitando.</p>
<p>Necesito verga. Y no cualquier verga.</p>
<p>Necesito la de Papá.</p>
<p>Griseo.</p>
<p>Mi padrastro.</p>
<p>Sé que está mal. Sé que soy una madre de dos, una esposa… pero cuando Maro se va por semanas, toda esa moral se va a la chingada. Estaba a punto de mandarle un mensaje para ver si podía pasar a su casa cuando escuché el motor de una camioneta afuera.</p>
<p>Me asomé por la ventana de la sala y se me hizo un nudo en el estómago.</p>
<p>Era él. La camioneta de Griseo estaba estacionada frente a la casa. Venía por casualidad, como siempre, a ver si necesitaba algo o a dejarle unas cosas a Mateo. No me había avisado. Simplemente apareció.</p>
<p>El corazón me empezó a latir con fuerza. Sentí cómo un chorrito de jugos me corría por el muslo. No lo pensé dos veces. Me quité la chamarra, me solté un poco más la bata y bajé descalza a abrirle la puerta antes de que tocara.</p>
<p>Cuando abrí, Griseo estaba ahí, con su playera blanca ajustada marcando esa barriga de macho maduro y unos jeans que no ocultaban el bulto pesado que cargaba. Me miró de arriba abajo, deteniéndose en mis tetas pequeñas que se marcaban contra la seda y en la bata que apenas cubría nada.</p>
<p>—Hija… —dijo con esa voz ronca que me desarma—. Pasaba por aquí y pensé en venir a ver cómo estaban tú y los niños. ¿Todo bien?</p>
<p>No le contesté de inmediato. Solo lo agarré de la playera y lo jalé para adentro, cerrando la puerta detrás de él con el seguro. La casa estaba en silencio. Mateo seguía en la universidad y Diego dormía profundamente arriba.</p>
<p>—Maro anda fuera otra vez, Papá… —susurré pegada a su pecho, ya restregándome contra él como perra desesperada—. Lleva once días fuera y yo… yo ya estoy muy caliente. Mi coño no deja de chorrear. Necesito verga, Papá. Necesito que me cojas ahora.</p>
<p>Griseo soltó un gruñido bajo y me agarró del pelo con fuerza, jalándome la cabeza hacia atrás.</p>
<p>—Estás bien loca, Mar. Vengo por casualidad a ver a mi nieto y tú me recibes pidiendo verga como una puta en celo. ¿Qué diría tu marido si supiera que su esposa está rogándole a su propio padrastro que la folle?</p>
<p>—Me vale verga lo que diga —gemí, metiendo la mano entre sus piernas y apretando esa verga gruesa que ya empezaba a endurecerse—. Métemela, Papá. Por favor. Mi coño velludo te está esperando.</p>
<p>No necesitó más. Me empujó contra la pared de la sala, me subió la bata hasta la cintura y metió dos dedos gruesos de golpe en mi entrada rosada. El sonido húmedo que hizo fue vergonzoso.</p>
<p>—Estás empapada, hija de la chingada… —gruñó contra mi cuello—. Este coño ya ni disimula lo puta que eres por la verga de tu padrastro.</p>
<p>Sacó su verga. Gruesa, venosa, con la cabeza morada y brillante. Me levantó una pierna, me abrió bien el coño y me la metió hasta el fondo de un solo empujón.</p>
<p>Grité de placer. Mis paredes se estiraron alrededor de esa polla gruesa que me partía en dos. Griseo empezó a cogerme contra la pared con embestidas brutales, una mano en mi cuello y la otra apretándome una teta, haciendo que chorros de leche le salpicaran la playera.</p>
<p>—Así, puta… aprieta esa verga. Esto es lo que querías, ¿verdad? Que tu padrastro te viniera a partir el coño por casualidad.</p>
<p>—Sí, Papá… ¡sí! —grité mientras me corría por primera vez, apretándole la polla con mi coño convulsivo—. Más duro… quiero que me llenes. Quiero llevar tu leche adentro aunque Maro regrese la próxima semana.</p>
<p>Me folló como animal en la sala: primero contra la pared, luego me puso en cuatro sobre el sofá y me dio por el culo mientras me tapaba la boca para que no despertara a Diego. Terminó corriéndose profundo en mi coño, bombeando leche espesa y caliente hasta el fondo.</p>
<p>Cuando acabó, yo estaba tirada en el sofá, con el coño velludo chorreando semen, el culo adolorido y las tetas manchadas de leche. La culpa empezaba a llegar… pero también la excitación de saber que esto apenas empezaba.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 2: LA PUTA EN LA QUE SE CONVIRTIÓ</strong></p>
<p><strong>POV GRISEO</strong></p>
<p>Me desperté con un nudo en la garganta y la verga todavía medio dura. Apenas eran las seis de la mañana y ya estaba pensando en ella. Otra vez.</p>
<p>Ayer me juré que sería la última vez. Que lo que pasó fue un error que no se repetiría. Mar es la esposa de mi yerno Maro, la madre de mis nietos, y yo soy su padrastro. Tengo 57 años, soy un hombre respetado, militar retirado. Debería tener más control, más moral. Debería sentir asco de mí mismo por estar traicionando de esta forma a mi hijastro.</p>
<p>Pero aquí estoy otra vez, manejando hacia su casa con la caja de herramientas como pretexto idiota. “Solo voy a dejar esto y me voy”, me repetí todo el camino. “Solo voy a preguntar por los niños y me largo”.</p>
<p>Pura pinche mentira.</p>
<p>Toqué la puerta. Mar abrió casi de inmediato, como si hubiera estado esperándome detrás de la puerta. Traía puesta la misma bata de seda corta, el cabello negro revuelto y cara de recién levantada. Sus senos pequeños se marcaban contra la tela fina, con dos manchas húmedas donde ya se le escapaba la leche. Me miró con esos ojos que ya no disimulan lo puta en la que se ha convertido.</p>
<p>—Papá… otra vez tan temprano —murmuró en voz baja, mirando nerviosa hacia las escaleras.</p>
<p>—Vine a dejarle estas herramientas a Maro —dije en voz alta para que se escuchara en toda la casa—. ¿Ya se fue Mateo?</p>
<p>—Está terminando de vestirse. Baja en cualquier momento.</p>
<p>Justo en ese instante Mateo bajó las escaleras, se despidió de su mamá con un beso rápido en la mejilla y me dio un abrazo de lado.</p>
<p>—Abuelo, ¿qué onda? Ya voy tarde. Nos vemos.</p>
<p>La puerta principal se cerró detrás de él. El silencio que quedó fue denso, cargado.</p>
<p>Me quedé parado en la entrada de la cocina, luchando contra mí mismo. El remordimiento me estaba comiendo vivo. Esto estaba mal. Muy mal. Mar era la esposa de mi yerno, la mujer de Maro. Estaba traicionando a mi propia familia.</p>
<p>—Mar… esto tiene que parar —dije con la voz ronca, sin atreverme a acercarme todavía—. Eres la esposa de mi yerno. Eres la madre de mis nietos. No podemos seguir haciendo esta mierda.</p>
<p>Ella no dijo nada. Solo se dio la vuelta lentamente, se recargó contra la isla de la cocina y, sin quitarme los ojos de encima, se levantó la bata hasta la cintura. Su coño velludo quedó completamente expuesto: hinchado, mojado, con esa entrada rosada brillando de tanto jugo. Separó un poco las piernas y arqueó la espalda, ofreciéndomelo sin vergüenza.</p>
<p>—Entonces vete, Papá… —susurró con voz dulce y viciosa—. Si tanto remordimiento tienes, si tanto te duele estar cogiéndote a la esposa de tu yerno, entonces súbete a la camioneta y vete. Pero los dos sabemos que ya no puedes resistirte. Me volví tu puta, Papá. Una puta bien caliente que solo piensa en tu verga gruesa cuando Maro anda fuera.</p>
<p>Sus palabras me pegaron directo en la verga. Quise resistirme. Quise dar la media vuelta y salir corriendo de esa casa. El remordimiento me quemaba el pecho… pero la verga ya me palpitaba dolorosamente.</p>
<p>—Estás enferma, Mar —gruñí, acercándome a ella a pesar de todo—. Te volviste una puta sin ninguna vergüenza.</p>
<p>—Sí, Papá… —gimió ella, empujando su culo hacia mí—. Soy tu puta. La puta de mi padrastro. Cógeme aquí en la cocina mientras Diego duerme arriba. Cógeme aunque sepas que soy la esposa de tu yerno. Úsame.</p>
<p>El poco control que me quedaba se rompió.</p>
<p>La agarré fuerte de las caderas, me bajé el cierre con manos temblorosas y saqué mi verga gruesa. Sin más preámbulos, le escupí en el coño y se la metí de un solo golpe hasta el fondo. Mar ahogó un gemido mordiéndose el brazo.</p>
<p>—Puta… mi puta —gruñí entre dientes mientras empezaba a cogérmela con fuerza contra la isla de la cocina—. Eres la esposa de mi yerno y mírate… chorreando leche y jugos por la verga de tu padrastro.</p>
<p>Cada embestida era una lucha entre el placer brutal y la culpa que me carcomía. Sabía que estaba haciendo algo imperdonable. Sabía que si Maro se enteraba esto destruiría a toda la familia. Pero Mar gemía como perra en celo, moviendo el culo hacia atrás, pidiéndome más duro, más profundo, más sucio.</p>
<p>—Más fuerte, Papá… rómpeme el coño —suplicaba entre jadeos—. Aunque te dé remordimiento… ya no puedes parar. Te volviste adicto a cogerte a la esposa de tu yerno.</p>
<p>Tenía razón. No podía parar.</p>
<p>La volteé, la senté en la orilla de la isla, le abrí bien las piernas y se la metí otra vez mientras le chupaba las tetas, tragándome su leche dulce y caliente. Mar se corrió violentamente, apretándome la verga con su coño velludo, mordiéndose el brazo para no gritar y despertar al niño.</p>
<p>Al final no aguanté más. Le descargué todo adentro, inundándole el útero con chorros espesos y calientes de semen mientras el remordimiento y el placer me partían la cabeza.</p>
<p>Cuando saqué la verga, un hilo espeso de mi leche le chorreó del coño velludo hasta el piso de la cocina.</p>
<p>Me subí el pantalón con las manos temblando. La culpa regresó con más fuerza ahora que ya había terminado.</p>
<p>—Esto tiene que acabar, Mar… —dije casi sin mirarla—. Eres la esposa de mi yerno. No podemos seguir traicionando a Maro de esta forma.</p>
<p>Ella solo sonrió con esa sonrisa de puta satisfecha, todavía sentada en la isla con las piernas abiertas y mi semen saliéndole del coño.</p>
<p>—Cuando quieras, Papá… ya sabes dónde encontrar a tu puta.</p>
<p>Salí de esa casa con el pecho apretado, sabiendo en el fondo que estaba mintiendo.</p>
<p>Porque por más remordimiento que tuviera, Mar se había vuelto una puta demasiado deliciosa como para resistirme.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 3: LA VISITA DE MAMÁ</strong></p>
<p><strong>POV MAR</strong></p>
<p>Estoy terminando de limpiar la cocina cuando escucho el timbre. Sé perfectamente quién es. Mamá Laura siempre llega a esta hora cuando viene de visita.</p>
<p>Me miro un segundo en el reflejo de la ventana. Tengo las mejillas todavía sonrojadas, el coño me sigue palpitando y siento cómo el semen espeso de Papá se me sigue escapando lentamente entre los labios velludos. Apenas han pasado tres horas desde que Griseo me cogió como animal aquí mismo, contra esta misma isla donde ahora estoy doblando un trapo.</p>
<p>Y ahora viene mi mamá.</p>
<p>—Hola hija —dice Laura al entrar, sonriendo con esa calidez de siempre. Trae una charola de pan recién horneado y se ve guapa para sus 54 años. Senos medianos bien puestos, buen cuerpo, el cabello teñido de castaño claro—. ¿Cómo amanecieron tú y los niños?</p>
<p>—Bien, mamá… pasa —respondo, tratando de que no se me note la voz entrecortada.</p>
<p>La abrazo y al instante siento cómo un chorro caliente de semen de Griseo me resbala por el muslo interno. Aprieto las piernas por instinto. El corazón me late con fuerza. Mi propia madre está aquí, a menos de dos metros de donde su marido me partió el coño y el culo esta mañana.</p>
<p>Mientras Laura se pone a platicar de cosas sin importancia —que si el tráfico, que si la vecina nueva, que si ya vio a Mateo—, yo solo puedo pensar en una cosa: que hace unas horas estaba sentada exactamente donde ella está ahora, con las piernas abiertas, recibiendo verga gruesa de su propio marido.</p>
<p>“¿Qué diría si supiera que su esposo me llenó el útero de leche esta mañana? ¿Qué cara pondría si supiera que su hija se volvió la puta de su marido?”</p>
<p>La idea me calienta de una forma enfermiza. Siento que el coño se me contrae y suelto más semen. Tengo que disimular cruzando las piernas mientras sirvo café.</p>
<p>—Te ves un poco sonrojada, mija. ¿Estás bien? —pregunta mamá, mirándome con preocupación—. Tienes las mejillas rojas.</p>
<p>—Ah… es que estuve limpiando —miento, y la voz me sale más ronca de lo que quería—. Hace calor.</p>
<p>Calor. Sí. Mucho calor. Porque cada vez que respiro recuerdo cómo Griseo me agarraba del pelo esta mañana mientras me decía “puta… eres la puta de tu padrastro” y me descargaba adentro. Recuerdo cómo me chupaba las tetas y se tragaba mi leche mientras me cogía. Recuerdo el sonido húmedo de su verga gruesa entrando y saliendo de mi coño velludo.</p>
<p>Y lo peor… es que me está excitando tener a mi mamá aquí.</p>
<p>Laura se levanta a ver a Diego, que está jugando en su corralito en la sala. Mientras ella le habla al niño con ternura, yo me quedo parada en la cocina, sintiendo cómo la mezcla de jugos y semen me moja las bragas. Aprieto los muslos y un escalofrío me recorre la espalda.</p>
<p>“Estoy enferma. Mi mamá está aquí, la esposa de Griseo, y yo solo puedo pensar en la verga de su marido. En cómo me cogió como perra en esta misma casa. En cómo me hizo correrme dos veces mientras su nieto dormía arriba.”</p>
<p>Siento que los pezones se me ponen duros otra vez y amenazan con soltar leche. La bata se me está mojando. Si mamá se acerca mucho va a notar el olor… ese olor a sexo, a leche materna y a semen viejo.</p>
<p>—Mar, ¿segura que te sientes bien? —pregunta Laura al regresar a la cocina—. Te ves rara. Como nerviosa.</p>
<p>La miro y por un segundo tengo un pensamiento horrible y excitante: imaginar a Griseo cogiéndome delante de ella. Imaginar que mi mamá nos ve mientras su marido me pone en cuatro sobre esta mesa y me llena de leche otra vez.</p>
<p>Me mojo más.</p>
<p>—Estoy bien, mamá —respondo, forzando una sonrisa—. Es solo que… extraño mucho a Maro. Cuando se va tanto tiempo una se pone… rara.</p>
<p>Laura suspira con comprensión y me acaricia el brazo.</p>
<p>—Pobrecita. Es difícil ser esposa de militar. Pero bueno, al menos tienes a tu papá cerca. Griseo siempre está pendiente de ti y de los niños.</p>
<p>Casi suelto una risa nerviosa. “Si supieras cuánto está pendiente, mamá…”</p>
<p>—Sí… —digo bajito, sintiendo otro chorro de semen escapando de mi coño—. Papá siempre está muy pendiente de mí.</p>
<p>Me muerdo el labio con fuerza. El remordimiento está ahí, pero es pequeño comparado con lo cachonda que me siento. Mi propia madre está frente a mí, platicando tranquilamente, y yo solo puedo pensar en que traigo el coño lleno de la leche de su marido.</p>
<p>Y lo más enfermo de todo…</p>
<p>Es que quiero más.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 4: DELANTE DE MI ESPOSA</strong></p>
<p><strong>POV GRISEO</strong></p>
<p>Estacioné la camioneta frente a la casa y me quedé un momento con las manos en el volante, respirando pesado.</p>
<p>“¿Qué chingados estoy haciendo?”</p>
<p>Laura está ahí. Mi esposa. La madre de Maro. Y yo, como un perro en celo, vengo a ver a su hija. A mi hijastra. A la mujer que me cogí salvajemente esta mañana en la misma cocina donde ahora seguramente están platicando como si nada.</p>
<p>El remordimiento me está comiendo vivo. Traiciono a mi esposa, traiciono a mi yerno, traiciono a toda la puta familia… y sin embargo aquí estoy, bajándome de la camioneta con el pretexto más estúpido del mundo: una bolsa de naranjas que “casualmente” compré en el mercado.</p>
<p>Toco la puerta. Es Laura quien abre.</p>
<p>—¡Griseo! —dice sorprendida pero contenta—. ¿Qué haces aquí, viejo? No me habías dicho que vendrías.</p>
<p>—Pasaba por aquí y traje naranjas —respondo con una sonrisa que espero se vea natural—. Pensé que a los niños les gustaría.</p>
<p>Entro a la casa y ahí está ella.</p>
<p>Mar.</p>
<p>Está parada junto a la isla de la cocina, exactamente donde la cogí hace unas horas. Lleva una blusa ligera y una falda corta que disimula poco. Nuestras miradas se cruzan solo un segundo, pero es suficiente. Veo en sus ojos el mismo fuego enfermo que yo traigo. Se muerde ligeramente el labio inferior y aprieta los muslos. Sé que todavía trae mi semen adentro. Lo sé porque yo mismo se lo metí hasta el fondo.</p>
<p>—Hola, Papá —dice con voz suave, casi inocente.</p>
<p>—Hija —respondo, y la palabra me sabe a pecado.</p>
<p>Laura está feliz de verme. Se acerca, me da un beso en la mejilla y empieza a platicar de tonterías. Yo asiento, sonrío, pero toda mi atención está puesta en Mar. En cómo se mueve. En cómo cruza las piernas estando sentada. En cómo sus senos pequeños se marcan contra la blusa y cómo tiene los pezones duros, seguramente todavía sensibles de la leche que le saqué esta mañana.</p>
<p>Diego está en su corralito jugando. Laura se agacha a cargarlo y, por un breve momento, Mar y yo quedamos casi solos en la cocina.</p>
<p>Me acerco a ella con el pretexto de dejar las naranjas sobre la isla. Me pego más de lo necesario. Mi mano roza su cintura por detrás y ella se tensa. Siento cómo su culo empuja ligeramente hacia atrás, buscando mi verga.</p>
<p>—Estás loca… —le susurro casi sin voz, fingiendo que reviso las naranjas—. Tu mamá está aquí. Mi esposa está aquí.</p>
<p>Mar voltea apenas la cara. Tiene las mejillas rojas y la respiración agitada. Me contesta en voz bajísima, casi un gemido:</p>
<p>—Tu semen todavía me está chorreando, Papá… Lo siento caliente entre las piernas mientras hablo con tu esposa.</p>
<p>La verga se me pone dura al instante. Dura como piedra. Laura está a menos de cuatro metros, dándole besitos a Diego, y yo tengo una erección brutal solo porque mi hijastra me dice que trae mi leche adentro.</p>
<p>Esto es demasiado peligroso. Esto ya no es solo un error. Esto es una puta bomba.</p>
<p>Laura se da la vuelta de repente y nos ve. Yo me separo rápido de Mar, pero no sé si alcanzó a notar algo.</p>
<p>—¿Qué tanto murmuran ustedes dos? —pregunta Laura sonriendo.</p>
<p>—Nada, mi vida —respondo, y la palabra “mi vida” me sabe a traición asquerosa—. Le estaba diciendo a Mar que las naranjas están muy dulces este año.</p>
<p>Mar baja la mirada. Puedo ver cómo aprieta los muslos con fuerza. Sé que se está excitando tanto como yo. El riesgo la está poniendo peor. A los dos.</p>
<p>Durante los siguientes veinte minutos vivimos un infierno delicioso. Laura platica sentada en la sala, yo estoy en el sillón frente a ella, y Mar está en el sofá de al lado. Cada vez que Laura voltea a ver al niño, Mar abre ligeramente las piernas y me deja ver un segundo su coño velludo. Está mojada. Muy mojada. Se nota el brillo. También se nota un hilo blanco grueso que le baja por el muslo interno.</p>
<p>Mi semen.</p>
<p>El semen que le metí esta mañana mientras le decía que era una puta.</p>
<p>Siento que voy a explotar. Tengo la verga tan dura que me duele. El remordimiento me está matando… pero el deseo es más cabrón. Quiero levantarla, subirle la falda delante de su madre y cogérmela aquí mismo. Quiero que Laura nos vea. Quiero que sepa que su marido le está partiendo el coño a su propia hija.</p>
<p>Mar me mira. Tiene los ojos vidriosos de excitación. Sé que está pensando lo mismo.</p>
<p>Esto ya se nos está yendo de las manos.</p>
<p>Laura se levanta para ir al baño y, por diez segundos, nos quedamos completamente solos.</p>
<p>—Estás bien pinche enferma —le gruño en voz baja, apretando los puños—. Te estás mojando delante de tu mamá con mi semen chorreándote.</p>
<p>Mar solo sonríe con esa sonrisa perversa que ha desarrollado últimamente y susurra:</p>
<p>—Y tú estás duro como piedra, Papá… Sé que quieres cogerme aquí mismo. Delante de ella.</p>
<p>Cuando Laura regresa del baño, los dos estamos callados, respirando agitados, con la tensión sexual tan espesa que casi se puede tocar.</p>
<p>Sé que esto no puede seguir así.</p>
<p>Pero también sé que voy a volver.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 5: LA SEMILLA</strong></p>
<p><strong>POV GRISEO</strong></p>
<p>No dormí ni madres.</p>
<p>Todo el pinche día dándole vueltas a lo mismo: Mar se me estaba saliendo de las manos. Ya no era la hijastra tímida y culposa que follaba a escondidas. Se había convertido en una puta adicta al riesgo, capaz de abrir las piernas delante de su propia madre con tal de sentir mi verga. Si seguía así, íbamos a terminar quemados. Laura, Maro, Mateo… todos se iban a enterar.</p>
<p>Tenía que recuperar el control. Pero no con más amenazas. Necesitaba algo más profundo. Algo que la obligara a someterse por completo.</p>
<p>Y entonces lo vi claro.</p>
<p>Mateo.</p>
<p>Mi nieto de 18 años. Alto, guapo, lleno de hormonas y todavía virgen, según me había contado Maro una vez. Si lograba meterle la idea en la cabeza… si conseguía que el chamaco empezara a desear a su propia madre, entonces tendría a Mar agarrada de las pelotas. Porque una cosa es que yo la folle a escondidas. Otra muy distinta es que su propio hijo empiece a verla como mujer.</p>
<p>Sería la forma perfecta de romperla.</p>
<p>Decidí ser sutil. Muy sutil. Nada de ir directo. Los hombres jóvenes se asustan fácil si les sueltas la bomba de golpe.</p>
<p>Esa misma tarde, después de “casualmente” pasar por la casa y revisar la camioneta de Mateo, le escribí por WhatsApp mientras iba de regreso a mi casa:</p>
<hr />
<p><strong>Griseo:</strong> Oye mijo, ya vi lo de la camioneta. Mañana le echo un ojo más a fondo. ¿Cómo vas en la universidad?</p>
<p><strong>Mateo:</strong> Todo bien abuelo &#x1f44d; Apenas voy empezando el semestre. Bastante floja todavía.</p>
<p><strong>Griseo:</strong> Qué bueno. Oye, te quería preguntar algo… pero que quede entre nosotros, ¿eh? No le vayas a decir a tu mamá.</p>
<p><strong>Mateo:</strong> Claro, dime.</p>
<p><strong>Griseo:</strong> ¿Tú cómo ves a tu mamá? Digo… últimamente la noto más… no sé cómo decirlo. Más mujer. Más arreglada. ¿Tú no crees que se ve más joven de lo que es?</p>
<p><strong>Mateo:</strong> Jajaja pues sí, la neta. Mis cuates siempre me dicen que mi mamá se ve bien chida para tener 35. Algunos hasta me han bromeado diciendo que está buena. Me da cringe pero la verdad sí se ve joven.</p>
<p><strong>Griseo:</strong> Jajaja ya ves. Es que tu mamá siempre fue muy bonita. Tiene un cuerpo bien conservado. Piernas bonitas, cintura chiquita… y aunque dio pecho a tus dos hermanos, sigue teniendo una figura que muchos quisieran. A veces hasta me da cosa verla.</p>
<p><strong>Mateo:</strong> ¿Cosa cómo, abuelo? &#x1f602;</p>
<p><strong>Griseo:</strong> Pues… cosa de hombre, mijo. No te hagas. Uno a mi edad todavía tiene ojos. Y tu mamá, aunque sea mi hijastra, pues… tiene un atractivo que no se puede negar. Sobre todo cuando anda en esa bata corta por la casa. Se le marcan bien las tetas y se le ve el culito parado. No me digas que tú no te has dado cuenta.</p>
<p>Hubo una pausa larga. Mateo tardó casi cuatro minutos en contestar.</p>
<p><strong>Mateo:</strong> La neta… sí me he dado cuenta. Pero es mi mamá, wey. No se supone que piense eso.</p>
<p><strong>Griseo:</strong> Claro que no se supone. Pero eres hombre. Y los hombres pensamos con la verga aunque no queramos. Yo solo te digo que no eres el único que la mira. A veces hasta me da curiosidad qué pensará ella cuando se siente observada. Porque tu mamá últimamente anda muy… necesitada. Se le nota en la cara. Maro lleva mucho tiempo fuera y una mujer como ella no puede estar tanto tiempo sola. Se le ve en los ojos.</p>
<p><strong>Mateo:</strong> ¿Tú crees que mi mamá anda caliente?</p>
<p><strong>Griseo:</strong> Yo no creo, mijo. Yo estoy seguro. Una mujer que da pecho todavía y anda con las tetas llenas, caminando por la casa medio desnuda… algo tiene que sentir. Solo te digo que si algún día ves que se porta raro o que te mira diferente… no te espantes. Y sobre todo… no la rechaces. Las mujeres como tu mamá, cuando se les despierta el lado puta, son capaces de cualquier cosa.</p>
<p><strong>Mateo:</strong> Abuelo… me estás poniendo raro con esto &#x1f602; Pero la neta sí me he quedado viendo sus piernas y sus tetas cuando se agacha. Me da culpa pero se me para. ¿Eso está mal?</p>
<p><strong>Griseo:</strong> No está mal, Mateo. Está natural. Lo malo sería que no te diera calor una mujer tan rica como tu mamá. Solo te digo que si algún día quieres desahogarte o platicar de esto… aquí estoy. Sin juicios. Y quién sabe… a lo mejor hasta te puedo dar algún consejo de cómo acercarte sin que se asuste.</p>
<p><strong>Mateo:</strong> Gracias abuelo. La neta nunca había platicado esto con nadie. Me siento raro pero al mismo tiempo… cachondo. Jajaja.</p>
<p><strong>Griseo:</strong> Normal, mijo. Normal. Ya platicamos más mañana cuando vaya a la casa. Y recuerda: esto queda entre nosotros. Ni una palabra a tu mamá… por ahora.</p>
<hr />
<p>Dejé el teléfono a un lado y sonreí con frialdad.</p>
<p>La semilla ya estaba plantada.</p>
<p>Mateo empezaba a ver a su madre como la mujer caliente y disponible que es. Y cuando ese deseo crezca lo suficiente, voy a usar al chamaco para someter completamente a Mar.</p>
<p>Porque nada va a humillarla más, ni la va a poner más obediente, que descubrir que su propio hijo quiere cogérsela.</p>
<p>Y yo voy a estar ahí para controlarlo todo.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 6: LA IMAGEN QUE NO SE BORRA</strong></p>
<p><strong>POV MATEO</strong></p>
<p>No puedo dormir, carajo.</p>
<p>Son las 2:47 de la mañana y sigo con los ojos abiertos, mirando el techo de mi cuarto. Cada vez que cierro los ojos escucho la voz de mi abuelo en mi cabeza, repitiendo esas palabras que no me dejan en paz.</p>
<p>“Tu mamá tiene un cuerpo bien conservado… se le marcan bien las tetas y se le ve el culito parado… una mujer como ella no puede estar tanto tiempo sola… se le ve en los ojos…”</p>
<p>Y lo peor es que ahora ya no puedo dejar de verla así.</p>
<p>Antes, mi mamá era solo… mi mamá. La señora que me regañaba cuando llegaba tarde, la que me hacía de comer, la que todavía le daba pecho a Diego. Pero desde que leí esos mensajes de mi abuelo, todo cambió. Ahora cada vez que pienso en ella me viene a la mente su cuerpo. Esa bata corta de seda que se pone por las noches. Cómo se le marcan los pezones cuando tiene frío. Cómo se le ve el culo cuando se agacha a recoger algo. Cómo se le hinchan las tetas porque todavía está dando de mamar.</p>
<p>Me vale verga que esté mal. Ya se me paró tres veces solo de pensarlo.</p>
<p>Me bajo los boxers y agarro mi verga dura. Está palpitando. La tengo gruesa y tiesa, con la cabeza morada brillando de precum. Empiezo a jalármela despacio, imaginando cosas que nunca me había permitido imaginar.</p>
<p>Imagino a mi mamá entrando a mi cuarto con esa bata abierta. Imagino sus tetitas pequeñas pero llenas de leche, con los pezones cafés y duros. Imagino que se abre la bata completamente y me muestra su coño… ese coño velludo que nunca había pensado en ver. Mi abuelo dijo que tenía una entrada rosa. ¿Cómo se vería abierta? ¿Estaría mojada?</p>
<p>—Joder, mamá… —susurro mientras me jalo la verga más rápido.</p>
<p>En mi mente la veo arrodillándose frente a mi cama, mirándome con cara de puta mientras me agarra la verga con su mano pequeña.</p>
<p>“¿Esto es lo que quieres, mijo? ¿Quieres cogerte a tu mamá?”</p>
<p>Gimo bajito y aprieto más fuerte. Imagino metiéndosela en la boca, imaginó que me mama la verga mientras me mira con esos ojos de madre que ahora se ven tan cachondos. Luego la imagino acostada en mi cama, abriendo las piernas, mostrándome ese coño velludo y rosado, pidiéndome que se la meta.</p>
<p>“Ven, Mateo… métemela. Tu papá lleva semanas fuera y yo estoy muy caliente… cógeme, hijo…”</p>
<p>Me vengo como nunca. Un chorro grueso me sale disparado hasta el pecho, luego otro, y otro. Me corro tanto que hasta me mancho la barbilla. Me quedo jadeando, con el corazón a mil y la culpa empezando a llegar.</p>
<p>“Es mi mamá, pinche enfermo… ¿qué chingados te pasa?”</p>
<p>Pero incluso con la culpa, mi verga sigue medio dura. Porque sé que mañana la voy a ver. Y ya no voy a poder mirarla como antes.</p>
<hr />
<p><strong>Al día siguiente</strong></p>
<p>Bajo a desayunar tarde, casi a las diez. Mi mamá está en la cocina, dándole de comer a Diego en su silla alta. Trae puesta una playera ajustada de tirantes y unos shorts de algodón cortos que se le suben cuando se agacha. Se le ve la mitad de las nalgas. El pelo negro suelto y cara de recién levantada.</p>
<p>Antes ni me fijaba.</p>
<p>Ahora no puedo dejar de fijarme.</p>
<p>—Buenos días, mijo. ¿Dormiste bien? —me pregunta con una sonrisa cariñosa, como siempre.</p>
<p>Pero yo ya no la veo igual.</p>
<p>Mis ojos se van directo a sus tetas. Se le marcan los pezones contra la tela. Están más grandes de lo normal, seguramente llenas de leche. Se me hace agua la boca. Me imagino sacándole la playera y chupándole las tetas hasta que me salga leche en la boca.</p>
<p>—Más o menos… —respondo, sentándome frente a ella. Mi voz sale más ronca de lo normal.</p>
<p>Mar voltea a verme y por un segundo nuestras miradas se cruzan. Frunce un poco el ceño, como si notara algo diferente. Yo bajo la vista rápido, pero no antes de que mis ojos se vayan a sus piernas morenas y a ese short que apenas le tapa el culo.</p>
<p>Mientras ella se da la vuelta para servirme jugo, se agacha un poco y se le sube el short. Se le ve la curva de las nalgas y un poco de cachete. Siento cómo se me empieza a poner dura otra vez debajo de la mesa.</p>
<p>“Pinche abuelo… ¿qué me hiciste?”</p>
<p>Mi mamá se acerca a dejarme el vaso y se inclina sobre la mesa. Desde este ángulo le puedo ver casi completo el canalillo y parte de sus tetitas. Huele a leche, a shampoo y a mujer. Mi verga da un brinco.</p>
<p>—¿Estás bien, Mateo? Te ves raro —dice preocupada, tocándome la frente con el dorso de la mano.</p>
<p>Su tacto me quema. Tengo que hacer un esfuerzo enorme para no agarrarla de la cintura y sentarla en la mesa.</p>
<p>—Estoy bien, mamá… —respondo, tragando saliva—. Solo… estoy pensando en muchas cosas.</p>
<p>Ella me sonríe con ternura, sin tener la menor idea de que su propio hijo se acaba de correr anoche pensando en cogérsela. Sin saber que ahora solo puedo imaginarla desnuda, abierta de piernas, gimiendo mi nombre mientras le meto la verga.</p>
<p>Y lo más enfermo de todo…</p>
<p>Es que cada vez me gusta más la idea.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 7: EL SECRETO</strong></p>
<p><strong>POV MATEO</strong></p>
<p>Mi papá regresó esa tarde.</p>
<p>Maro llegó como siempre, con su uniforme militar, cansado pero de buen humor, cargando regalos para Diego y besando a mi mamá como si llevara meses sin verla. Yo los vi desde las escaleras. Vi cómo mi mamá le sonreía, cómo lo abrazaba, cómo fingía que todo estaba normal.</p>
<p>Pero yo ya no era el mismo.</p>
<p>Desde la conversación con mi abuelo, no podía dejar de ver a mi mamá como una mujer. Como una puta. Cada vez que pasaba cerca de mí, mi verga reaccionaba. Cada vez que se agachaba, cada vez que le daba pecho a Diego, cada vez que se reía… solo podía imaginarla gimiendo.</p>
<p>Esa noche, después de cenar, mis papás se fueron a su habitación temprano. Dijeron que estaban cansados por el reencuentro, pero yo sabía perfectamente lo que iba a pasar. Mi papá llevaba casi tres semanas fuera. No era difícil imaginar.</p>
<p>Y yo… no pude resistirme.</p>
<p>Esperé a que Diego se durmiera profundamente, salí de mi cuarto sin hacer ruido y me acerqué sigilosamente a la puerta de la habitación de mis padres. Estaba entreabierta. Solo una rendija. Suficiente.</p>
<p>Me asomé.</p>
<p>Lo que vi me dejó congelado.</p>
<p>Mi mamá estaba completamente desnuda, a cuatro patas sobre la cama. Mi papá la estaba cogiendo por detrás con fuerza, agarrándola del cabello. La habitación olía a sexo. Se escuchaban los golpes húmedos de su verga entrando y saliendo del coño de mi mamá.</p>
<p>—Así, puta… te extrañé esta verga, ¿verdad? —gruñía mi papá.</p>
<p>—Sí… sí, Maro… cógeme más duro —gemía ella.</p>
<p>Pero su voz sonaba diferente. No era el gemido de una esposa enamorada. Era el gemido de una mujer que estaba fingiendo. Yo podía notarlo. Sus ojos estaban medio cerrados, su cara tenía una expresión que no era de placer total. Como si estuviera pensando en otra cosa… o en otra persona.</p>
<p>Saqué mi teléfono con manos temblorosas. Activé el modo silencioso y empecé a grabar.</p>
<p>Grabé todo.</p>
<p>Grabé cómo mi papá le daba vueltas, la ponía de lado y se la metía profundo. Grabé cómo le chupaba las tetas y le salía leche. Grabé cuando mi mamá se subió encima de él y empezó a cabalgarlo, moviendo las caderas como una experta, con su coño velludo tragándose la verga de mi papá una y otra vez.</p>
<p>Pero lo que más me impactó fue cuando mi papá le preguntó entre jadeos:</p>
<p>—¿Quieres que te llene el coño, mi amor?</p>
<p>Y mi mamá, con la voz ronca y los ojos vidriosos, respondió:</p>
<p>—Sí… lléname… pero métemela más duro.</p>
<p>En ese momento me di cuenta: mi mamá estaba imaginando a otra persona. No estaba cogiendo con mi papá. Estaba usando su verga para correrse pensando en alguien más.</p>
<p>Me corrí dentro de mis shorts solo de verlos. Sin tocarme. Solo de ver a mi mamá siendo follada como una puta.</p>
<p>Cuando terminaron, mi papá se quedó dormido casi de inmediato. Mi mamá se levantó, se puso una bata y salió del cuarto para ir al baño. Pasó justo frente a mí, que estaba escondido en la oscuridad del pasillo. Por un segundo nuestras miradas se cruzaron. Ella se detuvo. Yo me quedé congelado.</p>
<p>No dijo nada. Solo entró al baño.</p>
<p>Yo regresé a mi cuarto con el corazón a mil y el teléfono lleno de videos de mi propia madre siendo cogida.</p>
<hr />
<p>Al día siguiente por la tarde, no aguanté más.</p>
<p>Le escribí a mi abuelo por WhatsApp y le pedí que nos viéramos en privado. Nos encontramos en un parque cercano a la casa.</p>
<p>Cuando llegué, mi abuelo ya estaba sentado en una banca. Me miró con esa cara seria que siempre pone cuando sabe que algo grande está pasando.</p>
<p>—Abuelo… hice algo muy cabrón —le dije apenas me senté, con la voz temblorosa.</p>
<p>Griseo levantó una ceja.</p>
<p>—Cuéntame todo, mijo. Sin miedo.</p>
<p>Saqué mi teléfono, busqué el video más claro y se lo puse. El video donde mi mamá estaba a cuatro patas, gimiendo mientras mi papá la cogía con fuerza. Se veía perfectamente su cara de placer, sus tetas botando, su coño velludo tragándose la verga.</p>
<p>Mi abuelo se quedó callado un buen rato, viendo el video completo. Cuando terminó, me devolvió el teléfono con una expresión que no supe descifrar.</p>
<p>—¿Tú grabaste esto? —preguntó en voz baja.</p>
<p>—Sí… anoche. No pude evitarlo. Desde que platicamos el otro día… no he podido dejar de pensar en ella. La veo diferente. La deseo, abuelo. Deseo a mi propia mamá. Y anoche… cuando los vi cogiendo, no pude controlarme. Los espié y los filmé.</p>
<p>Griseo se quedó pensativo un largo rato. Luego puso su mano pesada sobre mi hombro y me dijo con voz grave:</p>
<p>—Escúchame bien, Mateo. Esto que hiciste… cambia todo. Tienes un arma muy poderosa en ese teléfono. Pero también tienes una oportunidad.</p>
<p>Me miró fijamente a los ojos.</p>
<p>—Tu mamá se ha vuelto una puta. Una puta muy caliente. Y tú… tú ya no la ves como tu mamá, ¿verdad?</p>
<p>Tragué saliva y negué con la cabeza.</p>
<p>—No… ya no.</p>
<p>Griseo sonrió por primera vez. Una sonrisa oscura, peligrosa.</p>
<p>—Entonces vamos a hacer las cosas bien, mijo. Tú y yo. Juntos. Porque si tú quieres cogerte a tu mamá… yo te voy a ayudar a que lo hagas. Pero vamos a hacerlo a mi manera.</p>
<p>Sentí un escalofrío recorriéndome todo el cuerpo.</p>
<p>Por primera vez en mi vida, sentí que mi abuelo y yo estábamos a punto de compartir el secreto más enfermo y excitante del mundo.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 8: LA LLAMADA</strong></p>
<p><strong>POV MATEO</strong></p>
<p>Maro se fue otra vez esta mañana. Apenas estuvo cuatro días en casa y ya lo mandaron de regreso al norte. Mi mamá lo despidió en la puerta con una sonrisa triste, pero yo sabía que en el fondo estaba aliviada. Lo noté en su forma de moverse después de que la camioneta de mi papá desapareció por la esquina.</p>
<p>Desde que grabé ese video, todo se siente diferente. Mi abuelo y yo hemos estado hablando casi todos los días por WhatsApp. Me ha estado dando consejos, guiándome, diciéndome cómo debo actuar con mi mamá. Dice que tenemos que prepararla poco a poco. Que primero hay que romperla.</p>
<p>Esta noche todo cambió.</p>
<p>Son casi las 10:30 pm. Diego ya lleva más de una hora dormido en su cuarto. Yo estoy en mi habitación jugando en la computadora cuando recibo un mensaje de mi abuelo:</p>
<p><strong>Griseo:</strong> Baja a la sala en 5 minutos. Sin hacer ruido. No enciendas ninguna luz. Siéntate en el sillón grande y observa. No hables. Solo mira.<br /><strong>Griseo:</strong> Esto es para ti, mijo.</p>
<p>Se me seca la boca al instante. El corazón empieza a latirme con fuerza. Sé que mi abuelo está aquí. Lo vi llegar hace como veinte minutos.</p>
<p>Bajo las escaleras en silencio, descalzo, con solo un short de basquetbol. La casa está casi completamente a oscuras, solo hay una lámpara pequeña encendida en la sala que da una luz tenue y rojiza.</p>
<p>Lo que veo me deja paralizado.</p>
<p>Mi mamá está en el centro de la sala, de rodillas sobre la alfombra. Completamente desnuda. Tiene los ojos vendados con una corbata negra y las muñecas atadas a la espalda con la misma corbata. Sus tetitas pequeñas están hinchadas de leche, los pezones duros. Su coño velludo se ve claramente desde donde estoy. Ya está mojada.</p>
<p>Mi abuelo está parado frente a ella, completamente vestido, con la verga gruesa fuera. Le da suaves cachetadas en la cara con su polla mientras le habla en voz baja y cruel:</p>
<p>—¿Extrañabas verga, puta? Tu marido apenas se fue y ya estás aquí como perra en celo, ¿verdad?</p>
<p>—Sí, Papá… —gime mi mamá, con la voz temblorosa de excitación—. Por favor… ya no me hagas esperar más.</p>
<p>Griseo me ve parado en la penumbra de las escaleras. Me hace una seña con la cabeza para que me siente en el sillón grande, justo frente a ellos. Obedezco sin hacer ruido. Mi verga ya está completamente dura dentro del short.</p>
<p>Mi abuelo agarra a mi mamá del pelo y le mete la verga en la boca de golpe. Ella gime fuerte alrededor de su polla, chupándola con desesperación mientras la saliva le escurre por la barbilla. Griseo empieza a follarle la boca con fuerza, golpeándole la garganta.</p>
<p>—Mírate… la esposa de mi yerno, madre de dos, arrodillada como puta barata con los ojos vendados. ¿Sabes qué es lo más rico de esto, hija?</p>
<p>Mi mamá niega con la cabeza, demasiado ocupada tragándose la verga gruesa de mi abuelo.</p>
<p>Griseo sonríe con maldad y mira directamente hacia mí mientras dice:</p>
<p>—Que tu propio hijo está sentado aquí, mirándote como la puta que eres.</p>
<p>Mi mamá se congela por un segundo. Intenta quitarse la venda, pero tiene las manos atadas. Empieza a forcejear, asustada.</p>
<p>—Papá… ¿qué dijiste? —pregunta con la voz quebrada, todavía con la verga de mi abuelo en la boca.</p>
<p>Griseo le agarra la cabeza con más fuerza y se la mete hasta el fondo, silenciándola.</p>
<p>—Shhh… no te muevas. Mateo está aquí. Lleva varios días deseándote. Te grabó cogiendo con su papá la otra noche. Y ahora está sentado frente a ti, viendo cómo tu padrastro te usa como la puta de la familia.</p>
<p>Mi mamá suelta un gemido ahogado que suena entre terror y excitación extrema. Su cuerpo tiembla visiblemente. De su coño velludo empieza a caer un hilo grueso de jugos que mancha la alfombra.</p>
<p>Griseo saca su verga de su boca y la pone de pie. La lleva hasta el sofá, la pone de rodillas sobre los cojines, con el culo hacia afuera, y me mira.</p>
<p>—Ven, Mateo —dice en voz baja pero firme—. Acércate. Es hora de que veas de cerca cómo se coge a tu mamá.</p>
<p>Me levanto con las piernas temblando. Mi verga está tan dura que duele. Me acerco lentamente hasta quedar a menos de un metro de ellos.</p>
<p>Griseo agarra su verga gruesa y la frota contra el coño empapado de mi mamá, abriéndole los labios velludos.</p>
<p>—Dile, Mar —ordena mi abuelo—. Dile a tu hijo lo que eres.</p>
<p>Mi mamá, con los ojos vendados, las manos atadas a la espalda, el culo en pompa y la voz rota de vergüenza y deseo, gime:</p>
<p>—Soy… soy una puta, Mateo… La puta de tu abuelo…</p>
<p>Griseo sonríe satisfecho y, sin avisar, le mete toda la verga de un solo golpe.</p>
<p>Mi mamá grita de placer.</p>
<p>Yo me quedo ahí parado, a un metro de distancia, viendo cómo mi abuelo le parte el coño a mi mamá mientras Diego duerme arriba.</p>
<p>Y por primera vez en mi vida… siento que esto apenas está comenzando.</p>
<hr />
<p><strong>CAPÍTULO 9: TU TURNO</strong></p>
<p><strong>POV GRISEO</strong></p>
<p>La escena era perfecta.</p>
<p>Mar estaba completamente rota. De rodillas sobre el sofá, con los ojos vendados con mi corbata negra y las muñecas fuertemente atadas a la espalda. Su cuerpo menudo temblaba sin control. La leche le goteaba de los pezones cafés y su coño velludo estaba hinchado, rojo y chorreando jugos hasta los muslos. Acababa de correrme dentro de ella hace menos de dos minutos, pero mi verga seguía medio dura solo de ver la cara de shock y excitación de mi nieto.</p>
<p>Mateo estaba parado a menos de un metro, con los ojos muy abiertos y la verga marcándose brutalmente debajo de su short de basquetbol. El chamaco respiraba como si hubiera corrido un maratón.</p>
<p>Era el momento exacto.</p>
<p>Me acerqué a él y le puse una mano firme en el hombro. Lo sentí temblar.</p>
<p>—Mateo —le dije en voz baja pero clara, con tono de autoridad—. Ya viste suficiente. Ahora te toca a ti, mijo.</p>
<p>Mar soltó un gemido ahogado y desesperado al escucharme. Intentó girar la cabeza aunque no podía ver nada.</p>
<p>—Papá… no… por favor… —suplicó con voz quebrada—. Es mi hijo… esto ya está demasiado lejos…</p>
<p>No le hice caso. Miré fijamente a Mateo a los ojos. El muchacho estaba aterrado, excitado y completamente perdido.</p>
<p>—Escúchame bien —continué, hablando solo para él—. Tu mamá es una puta. Una puta que lleva semanas rogando verga a escondidas. Tú la deseas. La has deseado desde que te platiqué. Ahora tienes la oportunidad. Vas a coger a tu mamá. Vas a meterle tu verga mientras yo filmo todo.</p>
<p>Saqué mi teléfono del bolsillo y lo levanté, activando la cámara.</p>
<p>—Esto va a quedar grabado, Mateo. Tú y yo vamos a tener este video para siempre. Y cuando termine, tu mamá va a entender que ya no tiene escapatoria. Que ahora los dos la controlamos.</p>
<p>Mateo tragó saliva con dificultad. Miró a su mamá atada y vendada, luego me miró a mí.</p>
<p>—¿Estás seguro, abuelo? —preguntó casi en un susurro.</p>
<p>—Nunca he estado más seguro de algo —respondí—. Quítate el short. Muéstrale a tu mamá la verga con la que la vas a coger por primera vez.</p>
<p>Mateo obedeció con manos temblorosas. Se bajó el short y su verga saltó libre. Era más grande de lo que esperaba para un chamaco de 18 años. Gruesa, venosa, con la cabeza hinchada y goteando precum. Mar soltó un gemido largo y vergonzoso al escuchar el sonido.</p>
<p>Me coloqué a un lado, enfocando perfectamente con el teléfono.</p>
<p>—Acércate —le ordené—. Ponle la verga en la entrada. Frótala contra su coño velludo. Quiero que ella sienta que es su hijo el que la va a partir.</p>
<p>Mateo dio un paso adelante. Colocó la cabeza de su verga entre los labios hinchados de su madre. Mar dio un respingo violento cuando sintió la polla de su propio hijo tocándola.</p>
<p>—Ay no… Dios mío… Mateo, mi amor… por favor no hagas esto… —suplicó entre gemidos, pero al mismo tiempo empujaba su culo hacia atrás, buscando más contacto.</p>
<p>Yo sonreí detrás de la cámara.</p>
<p>—Díselo, Mar —le ordené con voz dura—. Dile a tu hijo que quieres su verga. Dile que eres una puta que quiere que su propio hijo la coja.</p>
<p>Mar sollozó, pero su coño soltó otro chorro de jugos que corrió por la verga de Mateo.</p>
<p>—Mateo… —gimió con la voz rota de placer y vergüenza—. Soy una puta… Tu mamá es una puta… Por favor… métemela, mijo… Méteme tu verga…</p>
<p>Mateo ya no aguantó más.</p>
<p>Agarró a su mamá de las caderas con ambas manos y, con un empujón firme y profundo, le metió toda la verga hasta el fondo.</p>
<p>Mar soltó un grito ahogado que retumbó en toda la sala.</p>
<p>— ¡Hijo mío…! ¡Me estás cogiendo…!</p>
<p>Mateo empezó a moverse. Primero lento, como si todavía no pudiera creerlo. Después más fuerte. Más salvaje. Los sonidos húmedos de su verga entrando y saliendo del coño velludo de su madre llenaban la sala. Sus tetas se bamboleaban y la leche salpicaba el sofá con cada embestida.</p>
<p>Yo lo grababa todo. De cerca. De lejos. Enfocando la cara de Mar, enfocando cómo la verga de su hijo desaparecía completamente dentro de ella, enfocando sus lágrimas de placer que se escapaban debajo de la venda.</p>
<p>—Así, Mateo —lo animé con voz ronca—. Coge a tu mamá como se merece. Más duro. Rompele ese coño que te parió. Ella es tuya ahora. Nuestra.</p>
<p>Mateo gruñó como animal y empezó a cogérsela con más fuerza, tirándole del cabello hacia atrás mientras le hablaba por primera vez:</p>
<p>—Eres una puta, mamá… Mi puta… Llevo días pajeándome pensando en ti…</p>
<p>Mar se corrió violentamente al escuchar las palabras de su hijo. Su cuerpo se convulsionó, el coño le apretó la verga a Mateo y un chorro de jugos le salpicó las bolas.</p>
<p>Yo seguía grabando, con una erección brutal y una sonrisa oscura en la cara.</p>
<p>Por fin tenía el control total.</p>
<p>Mar ya no era solo mía.</p>
<p>Ahora era de los dos.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 10: LAS NUEVAS REGLAS</strong></p>
<p><strong>POV GRISEO</strong></p>
<p>Mateo estaba follando a su madre con toda la fuerza de sus 18 años. El sonido de sus caderas golpeando contra el culo de Mar era obsceno, húmedo y constante. Ella seguía vendada y con las manos atadas a la espalda, gimiendo como una perra en celo mientras su propio hijo la partía en dos.</p>
<p>—Estoy a punto, abuelo… —gruñó Mateo con la voz entrecortada.</p>
<p>—Termina adentro —le ordené sin dejar de grabar—. Llénala. Llénale el coño a tu mamá.</p>
<p>Mateo soltó un gemido largo y animal. Empujó hasta el fondo y se quedó ahí, temblando. Sus bolas se contrajeron visiblemente mientras descargaba chorros espesos de semen joven y caliente directamente en el útero de su madre. Mar soltó un grito ahogado y se corrió por tercera vez, su coño apretando la verga de su hijo como si quisiera ordeñarlo hasta la última gota.</p>
<p>Los dos se quedaron unidos varios segundos, jadeando. El semen de Mateo empezó a escaparse alrededor de su verga, mezclándose con los jugos de Mar y chorreando hasta la alfombra.</p>
<p>—Suficiente —dije con autoridad—. Ya te corriste, mijo. Súbete el short y vete a tu cuarto. Ahora.</p>
<p>Mateo sacó su verga todavía dura del coño de su madre. Un río blanco y espeso salió inmediatamente del agujero velludo de Mar, cayendo al suelo. El chamaco me miró, todavía aturdido por lo que acababa de hacer.</p>
<p>—Abuelo… yo…</p>
<p>—A tu cuarto, Mateo —repetí más firme—. Esto ya no es asunto tuyo por hoy. Mañana platicamos.</p>
<p>Asintió con la cabeza, se subió el short y subió las escaleras casi corriendo, sin atreverse a mirar a su madre.</p>
<p>Cuando escuché que la puerta de su habitación se cerró, me acerqué a Mar. Seguía de rodillas sobre el sofá, vendada, atada y chorreando semen de su hijo por el coño. Su cuerpo temblaba visiblemente. La leche le seguía goteando de los pezones.</p>
<p>Le quité la venda lentamente. Sus ojos estaban rojos, llenos de lágrimas, vergüenza y algo mucho más oscuro. Me miró con una mezcla de odio, miedo y deseo absoluto.</p>
<p>Me senté en el sillón frente a ella y la observé en silencio durante casi un minuto. El semen de Mateo seguía saliendo de su coño y cayendo sobre la alfombra.</p>
<p>—Todo esto… —empecé a hablar con voz calmada y fría—, lo provocaste tú, Mar.</p>
<p>Ella abrió la boca para protestar, pero la callé con una mirada.</p>
<p>—No me interrumpas. Tú fuiste la que empezó a buscarme cuando Maro se iba. Tú fuiste la que llegó a mi casa rogando verga como perra en celo. Tú fuiste la que se mojó cuando te dije que tu hijo te estaba mirando. Tú convertiste esto en lo que es ahora. Así que no te hagas la víctima.</p>
<p>Mar bajó la mirada, mordiéndose el labio con fuerza. Las lágrimas le corrían por las mejillas.</p>
<p>—Desde hoy las cosas van a cambiar —continué—. A partir de este momento vas a comportarte como una buena madre y una buena esposa. Vas a atender a Diego como debe ser. Vas a cuidar la casa. Vas a ser respetuosa con Maro cuando esté aquí. Vas a sonreír, vas a cocinar y vas a hacer todo lo que se espera de ti.</p>
<p>Hice una pausa y me incliné hacia adelante, mirándola fijamente a los ojos.</p>
<p>— Pero… solo cuando yo te lo ordene, volverás a ser la puta que realmente eres. Cuando yo te diga “hija”, sabrás que ese día te voy a usar. Ya sea yo solo… o con Mateo… o con quien yo decida. Vas a abrir las piernas, vas a mamar verga, vas a tragar leche y vas a dejar que te llenemos todos los hoyos sin protestar. ¿Entiendes?</p>
<p>Mar respiraba agitada. Su coño seguía contrayéndose, expulsando más semen de su hijo.</p>
<p>—Sí, Papá… —susurró con voz rota.</p>
<p>—Quiero escucharlo claro —exigí.</p>
<p>Ella tragó saliva, humillada hasta el fondo del alma, y respondió con la voz temblorosa:</p>
<p>—Voy a ser una buena madre y una buena esposa… Pero cuando tú me lo ordenes… seré la puta de quien tú quieras. De ti… y de mi propio hijo… si así lo decides.</p>
<p>Sonreí satisfecho.</p>
<p>—Muy bien. Ahora voy a desatarte. Vas a limpiar todo este desastre con la lengua. El semen de tu hijo que está en el piso, el que te chorrea del coño… todo. Después vas a subir a tu habitación, te vas a duchar y vas a dormir al lado de la cama de Diego como la buena madre que ahora eres.</p>
<p>Me levanté, me acerqué a ella y le desaté las muñecas. Antes de quitarle completamente las ataduras, le agarré la cara con una mano y la obligué a mirarme.</p>
<p>—Una cosa más, hija. Si alguna vez intentas rebelarte, si le cuentas algo a Maro, o si dejas de obedecerme… voy a mandarle a tu marido el video donde tu propio hijo te está cogiendo. ¿Queda claro?</p>
<p>Mar asintió con lágrimas en los ojos.</p>
<p>—Clarísimo, Papá.</p>
<p>Le solté la cara y di un paso atrás.</p>
<p>—Entonces empieza a limpiar, puta. Con la lengua.</p>
<p>Mar se inclinó hacia adelante, todavía de rodillas, y comenzó a lamer el semen de su propio hijo del piso mientras yo la observaba desde arriba.</p>
<p>Por fin tenía el control absoluto.</p>
<p>Ella ya no era solo mi puta.</p>
<p>Ahora era nuestra.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 11: SIN PERMISO</strong></p>
<p><strong>POV MATEO</strong></p>
<p>Habían pasado cuatro días desde aquella noche.</p>
<p>Cuatro días en los que casi no podía pensar en otra cosa. Cada vez que cerraba los ojos veía a mi mamá de rodillas, vendada, con las manos atadas, gimiendo mientras yo le metía la verga hasta el fondo. Todavía podía sentir cómo su coño velludo me apretaba, cómo se corrió cuando le dije que era mi puta.</p>
<p>Mi abuelo me había dicho que esperara. Que él decidiría cuándo podía volver a tocarla. Pero ya no aguantaba más.</p>
<p>Era jueves por la noche. Mi papá seguía fuera, Diego se había dormido temprano y mi mamá estaba en la cocina lavando los trastes. Traía unos shorts cortos de algodón y una playera sin bra que dejaba ver claramente sus pezones. La leche le había manchado un poco la tela en el pecho.</p>
<p>Me quedé mirándola desde la puerta un buen rato. La verga se me puso dura al instante. Ya no veía a mi mamá… veía a la mujer que mi abuelo y yo nos habíamos cogido.</p>
<p>No lo pensé más.</p>
<p>Me acerqué por detrás en silencio y la abracé fuerte, pegando mi verga dura contra su culo. Metí las manos por debajo de su playera y le agarré las tetas llenas de leche, apretándolas.</p>
<p>—Mamá… —le susurré al oído con la voz ronca—, ya no aguanto. Te necesito.</p>
<p>Mar se tensó completamente. Soltó el plato que tenía en las manos y este cayó al fregadero con ruido.</p>
<p>—Mateo… ¡no! —dijo en voz baja pero firme, tratando de quitarse mis manos de encima.</p>
<p>No le hice caso. Le apreté más las tetas, sintiendo cómo la leche le salía entre los dedos, y empecé a restregarle la verga contra el culo por encima de los shorts.</p>
<p>—Solo una vez… por favor —le rogué, besándole el cuello—. Nadie se va a enterar. Papá no está y Diego ya está dormido. Déjame cogerte otra vez, mamá. Te juro que me muero de ganas.</p>
<p>Mar giró bruscamente y me empujó con fuerza, separándose de mí. Tenía la cara roja, los ojos brillantes y respiraba agitada. Se cubrió las tetas con los brazos, pero eso solo hizo que se le marcaran más los pezones mojados.</p>
<p>—Mateo, escúchame bien —dijo con voz temblorosa pero decidida—. No podemos. No así.</p>
<p>—¿Por qué no? —pregunté frustrado, con la verga todavía dura marcándose obscenamente en mi pants—. Tú también lo querías esa noche. Te corriste como loca cuando te estaba cogiendo.</p>
<p>Mar bajó la mirada, avergonzada. Se mordió el labio inferior con fuerza antes de responder:</p>
<p>—Porque tu abuelo me lo prohibió.</p>
<p>Me quedé callado, sin entender.</p>
<p>Ella continuó, hablando casi en un susurro, como si le diera vergüenza decirlo en voz alta:</p>
<p>—Después de que te fuiste a tu cuarto esa noche… tu abuelo me habló claro. Me dijo que tengo que comportarme como una buena madre y una buena esposa mientras tu papá esté fuera. Que solo cuando él lo ordene… voy a poder ser puta. Y que solo voy a ser puta para quien él decida.</p>
<p>Hizo una pausa. Sus mejillas ardían de humillación.</p>
<p>—O sea… no puedo dejarte cogerme aunque yo quiera. No sin que tu abuelo me lo permita primero. Si lo hacemos sin su permiso… todo se va a poner peor.</p>
<p>Me quedé mirándola, incrédulo.</p>
<p>—¿Estás hablando en serio? —pregunté—. ¿Ahora eres la puta de mi abuelo y tienes que pedirle permiso hasta para que yo te folle?</p>
<p>Mar cerró los ojos con fuerza, como si le doliera escuchar esas palabras de boca de su propio hijo. Cuando los abrió, vi que tenía lágrimas.</p>
<p>—Sí, Mateo… —respondió con la voz rota—. Así es como tu abuelo lo quiso. Yo provoqué todo esto… y ahora tengo que obedecer. Si quieres cogerme… tienes que hablar con él. Tienes que pedirle permiso.</p>
<p>Se hizo un silencio pesado entre los dos.</p>
<p>Yo tenía la verga a punto de reventar dentro del pantalón. Mi mamá estaba frente a mí, con las tetas mojadas de leche, el coño seguramente chorreando, y sin embargo no podía tocarla. No sin que mi abuelo diera la orden.</p>
<p>Mar me miró con una mezcla de vergüenza, deseo y resignación.</p>
<p>—Si quieres… puedes mandarle un mensaje a tu abuelo ahora mismo —susurró casi sin voz—. Pero si no te da permiso… vas a tener que esperar. Aunque yo también tenga ganas.</p>
<p>Se dio la vuelta lentamente hacia el fregadero, dándome la espalda. El short se le había subido y se le veía la mitad de las nalgas. Sabía que lo estaba haciendo a propósito.</p>
<p>Me quedé ahí parado, respirando pesado, con la verga palpitando y la mente hecha un desastre.</p>
<p>Mi propia madre ya no decidía si yo podía cogérmela o no.</p>
<p>Ahora era mi abuelo quien tenía el control absoluto sobre su coño.</p>
<p>Y eso, de alguna forma enferma… me ponía todavía más caliente.</p>
<hr />
<p><strong>CAPÍTULO 12: EL CONTROL</strong></p>
<p><strong>POV MATEO</strong></p>
<p>Me quedé parado en la cocina como un idiota, con la verga todavía dura y el corazón latiéndome a mil. Mi mamá estaba de espaldas, lavando los trastes como si nada, pero yo sabía que estaba tan cachonda como yo. El short se le había subido tanto que casi se le veía el borde de su coño velludo.</p>
<p>No aguanté más.</p>
<p>Saqué mi teléfono con manos temblorosas y le escribí a mi abuelo por WhatsApp:</p>
<p><strong>Mateo:</strong> Abuelo, estoy con mamá en la cocina. Ya no aguanto. Quiero cogérmela ahora. ¿Me das permiso?</p>
<p>Esperé la respuesta con la boca seca. Mi mamá volteó a verme por encima del hombro, nerviosa.</p>
<p>—¿Le estás escribiendo? —preguntó en voz baja.</p>
<p>—Sí… —respondí sin mirarla.</p>
<p>Los dos puntos de “escribiendo…” aparecieron casi de inmediato. Mi abuelo tardó menos de un minuto en contestar. Cuando abrí el mensaje, sentí una mezcla de frustración y excitación enfermiza.</p>
<hr />
<p><strong>Griseo:</strong> No. Hoy no podrás coger a tu mamá.<br /><strong>Griseo:</strong> Tendrás que esperar dos días. El sábado por la noche.<br /><strong>Griseo:</strong> Y cuando lo hagas, vas a filmar todo. Quiero que grabes cómo le metes la verga a tu madre desde varios ángulos. Cuando termines de cogértela y te corras adentro, me vas a enviar el video completo por WhatsApp.<br /><strong>Griseo:</strong> Esto no es un juego, Mateo. Quiero que entiendas quién tiene el control aquí. Yo decido cuándo, cómo y con quién se abre de piernas tu mamá. Si no puedes esperar, te aguantas. ¿Entendido?</p>
<hr />
<p>Leí el mensaje dos veces. Sentí cómo la sangre me subía a la cara. Mi abuelo no me estaba dando permiso por capricho. Lo estaba haciendo a propósito, solo para demostrar que él era el que mandaba. Que ni yo ni mi mamá podíamos decidir nada. Que éramos sus putas.</p>
<p>Mi mamá se secó las manos y se acercó lentamente.</p>
<p>—¿Qué te respondió? —preguntó con voz suave, casi temerosa.</p>
<p>No dije nada. Solo giré el teléfono y se lo puse frente a la cara para que leyera los mensajes.</p>
<p>Mar leyó en silencio. Vi cómo sus ojos se iban abriendo más y más conforme avanzaba. Cuando terminó, soltó un pequeño gemido de vergüenza y apretó los muslos con fuerza. Sus pezones se marcaron todavía más contra la playera.</p>
<p>—Dos días… —susurró, casi para sí misma.</p>
<p>Se quedó mirando el teléfono un rato más, especialmente la parte donde mi abuelo decía “yo decido cuándo, cómo y con quién se abre de piernas tu mamá”. Vi cómo se le ponía la piel de gallina en los brazos.</p>
<p>—Tu abuelo… realmente quiere controlarlo todo —dijo con la voz temblorosa—. No solo me humilla a mí… también te humilla a ti haciéndote esperar.</p>
<p>Me guardé el teléfono, frustrado y excitado al mismo tiempo. Mi verga seguía dura como piedra.</p>
<p>—¿Y tú qué piensas? —le pregunté, acercándome un poco más.</p>
<p>Mar me miró a los ojos. Tenía las mejillas rojas y la respiración agitada. Se mordió el labio inferior antes de responder:</p>
<p>—Que tengo que obedecer, mijo… Aunque me muera de ganas de que me cojas ahora mismo. Aunque sienta tu semen de la otra noche todavía saliendo de mí cuando me muevo… tengo que esperar a que tu abuelo me lo permita.</p>
<p>Se acercó un poco más, hasta quedar casi pegada a mí. Podía sentir el calor de su cuerpo y el olor a leche de sus tetas.</p>
<p>—Dentro de dos días… vas a tener que filmarme mientras me coges —susurró, bajando la mirada—. Y vas a tener que mandarle el video a tu abuelo como prueba. ¿Estás dispuesto a hacer eso, Mateo?</p>
<p>Asentí lentamente, sin poder quitarle los ojos de encima.</p>
<p>—Sí, mamá… voy a filmarte. Voy a grabar cómo te meto la verga, cómo te corres, cómo te lleno de semen… y se lo voy a mandar a mi abuelo.</p>
<p>Mar soltó un suspiro entrecortado. Por un segundo pensé que iba a besarme, pero en lugar de eso dio un paso atrás y se cruzó de brazos sobre sus tetas hinchadas.</p>
<p>—Entonces… tendremos que esperar hasta el sábado —dijo con resignación, aunque su voz sonaba cargada de deseo—. Hasta que tu abuelo nos dé permiso.</p>
<p>Se dio la vuelta para seguir lavando los trastes, pero antes de alejarse completamente, murmuró casi sin voz:</p>
<p>—Y dile a tu abuelo que… que acepto sus condiciones. Que seré una buena madre estos dos días… y que el sábado seré la puta que él quiera que sea.</p>
<p>Me quedé ahí parado en la cocina, viendo cómo mi mamá movía las caderas mientras lavaba, sabiendo que no podía tocarla.</p>
<p>Dos días.</p>
<p>Dos putos días más esperando para poder cogerme a mi propia madre.</p>
<p>Y lo peor de todo es que mi abuelo lo sabía perfectamente. Sabía que cada hora que pasaba nos iba a poner más desesperados, más obedientes… más suyos.</p>
<p>Esto ya no era solo sexo.</p>
<p>Esto era control total.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 13: EL SECRETO</strong></p>
<p><strong>POV MAR</strong></p>
<p>Dos días.</p>
<p>Llevaba dos días comportándome como la madre y esposa perfecta que tu abuelo exigía. Sonriendo, cocinando, bañando a Diego, lavando la ropa… todo mientras sentía un vacío constante entre las piernas. El semen de Mateo y de tu abuelo todavía parecía estar marcado dentro de mí. Cada vez que me movía, mi coño velludo se rozaba y me recordaba lo puta que me había vuelto.</p>
<p>Pero lo que más me estaba matando era ver a Mateo.</p>
<p>El pobre parecía un perro en celo. Lo sorprendía mirándome las tetas, el culo, las piernas. Caminaba raro por la casa porque siempre tenía la verga dura. Apenas me hablaba, pero sus ojos lo decían todo. Estaba sufriendo. Mi propio hijo estaba sufriendo por no poder tocarme.</p>
<p>Esa noche, el sábado ya estaba cerca, pero todavía faltaban casi 24 horas para que tu abuelo nos diera permiso.</p>
<p>No lo soporté más.</p>
<p>Diego ya estaba profundamente dormido. La casa estaba en silencio. Bajé a la sala y ahí estaba Mateo, sentado en el sofá con la luz tenue del televisor. Tenía el short abultado. Otra vez.</p>
<p>Me quedé mirándolo desde la entrada de la sala un buen rato. Mi corazón latía con fuerza. Sabía que estaba desobedeciendo directamente una orden de tu abuelo. Pero ver a mi hijo así… tan desesperado, tan cachondo por mí… algo se me rompió por dentro.</p>
<p>Caminé hacia él lentamente. Cuando me vio, se puso rígido.</p>
<p>—Mamá… —susurró.</p>
<p>Me senté a su lado en el sofá. Muy cerca. Tanto que mi muslo tocaba el suyo. Llevaba una bata corta de seda, sin nada debajo. Mis tetitas ya estaban empezando a gotear leche otra vez.</p>
<p>—Te he estado viendo estos días, mijo —le dije en voz muy baja, casi un susurro—. Te he visto sufrir. Te he visto mirándome como si te estuvieras muriendo de ganas.</p>
<p>Mateo tragó saliva y bajó la mirada, avergonzado.</p>
<p>—No puedo evitarlo, mamá… Desde que te cogí esa noche no pienso en otra cosa.</p>
<p>Lo miré fijamente. Mi pobre hijo. Mi niño. Y al mismo tiempo… mi amante prohibido.</p>
<p>—Tu abuelo me prohibió que me cogieras hasta mañana —continué, mordiéndome el labio—. Y tengo mucho miedo de desobedecerlo. Pero…</p>
<p>Deslicé mi mano lentamente por su muslo hasta llegar al bulto enorme que tenía entre las piernas. Lo apreté por encima del short. Mateo soltó un gemido ahogado.</p>
<p>—…puedo hacer otra cosa —susurré, acercando mi boca a su oído—. Será nuestro secreto, Mateo. Solo entre tú y yo. Tu abuelo no tiene por qué enterarse. ¿Quieres que tu mamá te masturbe, mi amor?</p>
<p>Mateo asintió rápidamente, con los ojos muy abiertos y la respiración agitada.</p>
<p>—Sí, mamá… por favor…</p>
<p>Me temblaban las manos mientras le bajaba el short. Su verga saltó libre, gruesa, venosa y completamente dura. La cabeza estaba morada y brillaba de tanto precum. Era la verga de mi propio hijo y se veía deliciosa.</p>
<p>La envolví con mi mano pequeña. Estaba caliente, palpitando. Empecé a masturbarlo despacio, de arriba hacia abajo, apretando justo como me imaginaba que le gustaba.</p>
<p>—Qué verga tan rica tienes, mijo… —gemí bajito, sin dejar de mover mi mano—. Está tan dura por tu mamá… Tan hinchada…</p>
<p>Mateo echó la cabeza hacia atrás y soltó un gemido ronco. Yo aceleré el movimiento, masturbándolo con más fuerza mientras con la otra mano le agarraba las bolas.</p>
<p>—Mírame, Mateo —le ordené suavemente—. Mira a tu mamá mientras te jala la verga.</p>
<p>Él obedeció. Sus ojos estaban vidriosos de placer. Yo abrí un poco mi bata, dejando que mis tetitas pequeñas y llenas de leche quedaran expuestas. Un hilo de leche blanca caía de uno de mis pezones.</p>
<p>—¿Te gusta ver las tetas de tu mamá mientras te masturbo? —le pregunté con voz viciosa.</p>
<p>—Sí… mamá… me encanta —jadeó.</p>
<p>Empecé a mover la mano más rápido. El sonido húmedo de su verga siendo masturbada llenaba la sala. Mateo empezó a mover las caderas, follándose mi puño.</p>
<p>—Esto es solo nuestro secreto, ¿entiendes? —le susurré al oído mientras le jalaba la verga con fuerza—. Cuando tu abuelo no esté… mamá te puede masturbar. Te puedo dejar que me toques las tetas… que me chupes la leche… pero no podemos cogernos hasta que él nos dé permiso. ¿Está claro?</p>
<p>—Sí, mamá… —gimió, ya casi sin control—. Es nuestro secreto… Solo nuestro…</p>
<p>Sentí cómo su verga se hinchaba todavía más en mi mano. Estaba a punto.</p>
<p>—Quiero que te corras, mijo —le dije, acelerando el movimiento—. Quiero que le eches toda tu leche a las tetas de tu mamá. Vamos… córrete para mí.</p>
<p>Mateo soltó un gruñido ahogado y explotó.</p>
<p>Chorros gruesos y calientes de semen salieron disparados, cayendo sobre mis tetitas, mis pezones y mi cuello. Me corrí solo de sentir cómo mi hijo me estaba bañando de leche, sin que él me tocara el coño.</p>
<p>Cuando terminó, tenía el pecho y las tetas completamente cubiertas de semen espeso.</p>
<p>Me quedé mirándolo, jadeando, con su verga todavía palpitando en mi mano.</p>
<p>—Esto nunca se lo vamos a contar a tu abuelo —le dije con seriedad, aunque mi voz estaba cargada de placer—. Será nuestro secreto, Mateo. Madre e hijo.</p>
<p>Él solo asintió, todavía recuperándose del orgasmo más intenso de su vida.</p>
<p>Yo miré el semen de mi propio hijo escurriéndose entre mis tetas y sentí una mezcla terrible de culpa… y una excitación más grande que nunca.</p>
<p>Sabía que estaba desobedeciendo a Griseo.</p>
<p>Pero por primera vez en mucho tiempo… me sentí dueña de algo.</p>
<p>Aunque fuera solo de este pequeño y sucio secreto.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 14: LA PRUEBA</strong></p>
<p><strong>POV GRISEO</strong></p>
<p>El video llegó el sábado por la noche, tal como lo había ordenado.</p>
<p>Estaba sentado en mi sillón favorito, con un vaso de whisky en la mano y la casa en silencio. Laura ya se había dormido. Abrí el mensaje de Mateo y reproduje el video.</p>
<p>La calidad era buena.</p>
<p>Se veía claramente a Mar arrodillada en la sala de su casa, completamente desnuda, con los ojos vendados y las manos atadas a la espalda. Mateo la tenía agarrada del cabello mientras le metía la verga con fuerza desde atrás. El sonido era nítido: los gemidos desesperados de mi hijastra, el golpe húmedo de las caderas de Mateo contra su culo, y las palabras sucias que él le decía entre jadeos.</p>
<p>—Eres una puta, mamá… Mi puta…</p>
<p>—Sí, mijo… soy tu puta… cógeme más duro…</p>
<p>Me masturbé viendo el video. Dos veces. Ver cómo mi nieto le partía el coño velludo a su propia madre me ponía como pocas cosas en la vida. El video duraba casi 18 minutos. Mateo se corrió dos veces adentro de ella y, tal como le ordené, enfocó de cerca cómo su semen salía a borbotones del coño abierto de Mar.</p>
<p>Cuando el video terminó, me quedé pensativo.</p>
<p>Algo no encajaba.</p>
<p>Mar se veía demasiado obediente. Demasiado rota. Demasiado… satisfecha. Y Mateo se veía demasiado seguro de sí mismo para ser la primera vez que la cogía después de mi prohibición. Había una familiaridad en la forma en que se tocaban, en cómo ella movía el culo buscando su verga, en cómo gemía su nombre.</p>
<p>Sospechaba que me habían desobedecido.</p>
<p>Decidí no decir nada todavía. Quería confirmar mis sospechas y, sobre todo, quería subir el nivel. Ya era momento de apretar la soga alrededor de sus cuellos. Ya no bastaba con controlarlos. Quería humillarlos hasta el fondo del alma.</p>
<p>Al día siguiente, domingo por la tarde, les mandé un mensaje grupal:</p>
<p><strong>Griseo:</strong> Los quiero a los dos en mi casa en una hora.<br /><strong>Griseo:</strong> Mar, ponte la bata de seda corta que usas en casa. Sin ropa interior.<br /><strong>Griseo:</strong> Mateo, trae el teléfono con el que grabaste el video.<br /><strong>Griseo:</strong> No lleguen tarde.</p>
<p>Cuando llegaron, los hice esperar de pie en la sala durante diez minutos sin decirles una palabra. Mar estaba nerviosa, con las manos entrelazadas frente a ella. Mateo intentaba parecer calmado, pero se le notaba la tensión en los hombros.</p>
<p>Finalmente me senté en mi sillón y los miré con frialdad.</p>
<p>—Reproduzcan el video —ordené.</p>
<p>Mateo obedeció y puso el video en la televisión grande. Los gemidos de Mar llenaron la sala otra vez. Vi cómo ella bajaba la mirada, avergonzada, mientras se escuchaba a sí misma llamándole “mijo” a su propio hijo mientras se dejaba follar.</p>
<p>Cuando el video terminó, me quedé en silencio unos segundos más.</p>
<p>—Se portaron bien… aparentemente —dije con tono calmado—. Pero hay algo que no me convence. Mar, mírame.</p>
<p>Ella levantó la vista, asustada.</p>
<p>—¿Te cogió Mateo entre el martes y el viernes? —pregunté directamente.</p>
<p>Mar se puso pálida. Dudó medio segundo de más.</p>
<p>—No, Papá… —respondió, pero su voz tembló.</p>
<p>Sonreí con frialdad.</p>
<p>—Mentirosa.</p>
<p>Me levanté lentamente y me acerqué a ellos. Primero miré a Mateo.</p>
<p>—Tú también estás mintiendo, ¿verdad? Te masturbaste pensando en ella. O algo peor. ¿Crees que soy estúpido, chamaco?</p>
<p>Mateo no respondió.</p>
<p>Entonces me paré frente a Mar, le agarré la cara con una mano y la obligué a mirarme.</p>
<p>—Te di una orden muy clara: solo serías puta cuando yo lo permitiera. Y tú, en lugar de obedecer como la perra sumisa que se supone que eres, decidiste portarte como una madre consentidora. ¿Qué le hiciste a tu hijo, Mar? ¿Le mamaste la verga? ¿Le dejaste que te chupara las tetas? ¿O simplemente le jalaste la verga como la puta traicionera que eres?</p>
<p>Mar empezó a llorar en silencio. Las lágrimas le corrían por las mejillas.</p>
<p>—Solo… solo lo masturbé, Papá… —confesó entre sollozos—. No lo cogí. Solo lo masturbé dos veces… Era un secreto entre nosotros. Por favor… no te enojes.</p>
<p>Sonreí. Por fin lo admitía.</p>
<p>Miré a Mateo, que ahora también tenía la cabeza baja.</p>
<p>—Los dos me han desobedecido —dije con voz peligrosa—. Y la desobediencia se paga caro.</p>
<p>Me senté de nuevo y crucé las piernas.</p>
<p>—Desde hoy el control va a ser mucho más estricto. Mar, te voy a poner reglas nuevas y las vas a seguir al pie de la letra. Cada vez que quieras tocar a tu hijo, cada vez que él quiera tocarte, cada vez que quieras correrte… me van a pedir permiso. Por escrito. Con fotos si yo lo exijo.</p>
<p>Miré a Mateo.</p>
<p>—Y tú, nieto… vas a aprender lo que es el verdadero control. El sábado vas a coger a tu mamá otra vez… pero esta vez yo voy a estar presente. Y vas a hacer exactamente lo que yo te diga. La vas a humillar. La vas a hacer llorar de vergüenza mientras la follas. Y al final, los dos van a darme las gracias por permitirles cogerse.</p>
<p>Me incliné hacia adelante, mirándolos con desprecio y placer.</p>
<p>—Ahora, los dos van a arrodillarse aquí frente a mí. Van a pedirme perdón por haber sido unos mentirosos. Y después, Mar… vas a chuparme la verga mientras le explicas a tu hijo lo puta que eres y lo mucho que te gusta desobedecerme.</p>
<p>Mar y Mateo se miraron por un segundo, aterrorizados.</p>
<p>Luego, lentamente, los dos se arrodillaron frente a mí.</p>
<p>El juego acababa de subir de nivel.</p>
<p>Y esta vez, pensaba romperlos por completo.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 15: LA RESISTENCIA</strong></p>
<p><strong>POV MATEO</strong></p>
<p>No podía creer lo que estaba pasando.</p>
<p>Estábamos los tres en la sala de la casa de mi abuelo. Mi mamá y yo arrodillados frente a él como dos perros. Acabábamos de confesarle todo. Mi mamá estaba llorando en silencio, con la cara roja de vergüenza, mientras mi abuelo nos miraba desde su sillón como si fuéramos dos insectos.</p>
<p>Y entonces lo decidí.</p>
<p>Ya estaba harto.</p>
<p>Harto de que mi abuelo nos tratara como si fuéramos sus putos esclavos. Harto de que decidiera cuándo podía tocar a mi mamá, cuándo podía cogérmela, cuándo podía siquiera mirarla. Ella era <em>mi</em> mamá. Yo también tenía derecho.</p>
<p>Mientras mi mamá seguía arrodillada con la cabeza baja, me armé de valor y hablé:</p>
<p>—Abuelo… esto ya está pasando de lanza —dije con la voz más firme que pude—. Yo también soy parte de esto. No puedes decidir todo. Mamá y yo podemos hacer lo que queramos sin tener que pedirte permiso cada cinco minutos.</p>
<p>Griseo levantó una ceja lentamente. Una sonrisa peligrosa se formó en su cara.</p>
<p>—¿Ah sí, Mateo? —preguntó con tono burlón—. ¿Y quién chingados te crees que eres para decirme lo que puedo o no puedo decidir?</p>
<p>No me eché para atrás.</p>
<p>—Soy su hijo. Y ella también me desea. No necesitas controlarlo todo.</p>
<p>Mi abuelo soltó una risa baja y oscura que me heló la sangre. Luego miró a mi mamá, que seguía arrodillada a mi lado, temblando.</p>
<p>—Mar… ¿escuchaste a tu hijo? —le preguntó con calma—. Parece que quiere desafiarme. ¿Tú qué opinas?</p>
<p>Mi mamá levantó la cara lentamente. Tenía los ojos hinchados de tanto llorar. Me miró un segundo y luego bajó la vista otra vez.</p>
<p>—Mateo… cállate —susurró con voz rota.</p>
<p>Pero yo ya no podía parar.</p>
<p>Me acerqué a ella todavía arrodillado y le hablé en voz baja, casi al oído, para que mi abuelo escuchara:</p>
<p>—Mamá… ya basta de esto. No le hagas caso. Él no es nuestro dueño. Tú misma me masturbaste dos veces. Sé que también tienes ganas. Por favor… solo mamáme la verga. Aquí y ahora. Solo una mamada. No tiene por qué enterarse de todo. Se lo podemos ocultar.</p>
<p>Mi mamá se tensó completamente.</p>
<p>Sentí cómo su cuerpo se ponía rígido junto al mío. Esperé que se quebrara como las otras veces. Esperé que la excitación pudiera más que ella.</p>
<p>Pero esta vez fue diferente.</p>
<p>Mar respiró profundo, cerró los ojos un momento y cuando los abrió, su mirada era más clara y firme de lo que la había visto en semanas.</p>
<p>—No, Mateo.</p>
<p>La forma en que lo dijo me dejó helado. No había temblor en su voz. No había duda.</p>
<p>—No voy a desobedecer a tu abuelo otra vez —continuó, mirándome directamente a los ojos—. Ya le mentimos una vez y mira cómo estamos. Arrodillados como perros. Humillados. No voy a volver a caer en lo mismo.</p>
<p>—Mamá… —intenté insistir, acercándome más—. Solo una mamada. Nadie se va a enterar. Por favor… tengo la verga a punto de reventar. Solo quiero sentir tu boca…</p>
<p>Mar negó con la cabeza lentamente. Por primera vez en mucho tiempo, vi algo parecido a dignidad en su mirada.</p>
<p>—Dije que no, Mateo. Tu abuelo tiene razón. Yo empecé todo esto. Yo fui la que se volvió puta. Pero ahora entiendo que si sigo desobedeciéndole, esto nunca va a parar y solo va a empeorar. No voy a volver a tocarte sin su permiso. Ni voy a dejar que me toques.</p>
<p>Miró a mi abuelo con resignación y vergüenza, pero también con una extraña aceptación.</p>
<p>—Papá… —le dijo directamente a Griseo—, perdóname por haberte desobedecido. No volverá a pasar. Haré lo que tú ordenes. Cuando tú ordenes. Con quien tú ordenes.</p>
<p>Griseo sonrió con satisfacción. Me miró a mí con desprecio puro.</p>
<p>—¿Ves, Mateo? Hasta tu mamá entiende mejor que tú cómo funcionan las cosas ahora. Ella ya aceptó que es mía. Tú, en cambio, sigues creyendo que tienes algún tipo de poder aquí.</p>
<p>Me quedé arrodillado, humillado, con la verga todavía dura y el orgullo hecho pedazos. Mi propia madre acababa de rechazarme. Y lo peor era que lo había hecho delante de mi abuelo.</p>
<p>Mar se inclinó hacia adelante, todavía de rodillas, y besó el zapato de Griseo en un acto de total sumisión.</p>
<p>—Dime qué quieres que haga, Papá —susurró contra el piso—. Lo que sea. Pero por favor… ya no me hagas elegir entre los dos.</p>
<p>Griseo me miró con una sonrisa triunfante y luego acarició el cabello de mi mamá como si fuera su mascota.</p>
<p>—Buena niña —dijo con voz suave y cruel—. Parece que por fin estás aprendiendo tu lugar.</p>
<p>Yo me quedé ahí, arrodillado, viendo cómo mi mamá se sometía completamente a mi abuelo.</p>
<p>Y por primera vez desde que todo esto empezó… sentí que había perdido a mi mamá.</p>
<p>No solo como mujer.</p>
<p>También como aliada.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 16: LEALTAD</strong></p>
<p><strong>POV GRISEO</strong></p>
<p>El silencio en la sala era casi perfecto.</p>
<p>Mateo seguía arrodillado, rojo de humillación y rabia después de que su propia madre lo rechazara frente a mí. Mar permanecía con la frente pegada a mi zapato, temblando, acabando de declarar su completa sumisión. Era el momento ideal. Había que aplastar cualquier resto de rebeldía que quedara en el chamaco y, al mismo tiempo, sellar la lealtad absoluta de Mar.</p>
<p>Sonreí con frialdad.</p>
<p>—Levanta la cara, puta —le ordené a Mar.</p>
<p>Ella obedeció inmediatamente. Tenía los ojos hinchados, las mejillas mojadas de lágrimas y una expresión de absoluta rendición. Perfecto.</p>
<p>—Mírame —le dije—. ¿De verdad estás dispuesta a obedecerme en todo? ¿Sin importar lo que te pida?</p>
<p>—Sí, Papá… —respondió sin dudar, con voz temblorosa pero clara—. Haré lo que tú me ordenes.</p>
<p>—Bien. Entonces vas a demostrarme tu lealtad ahora mismo. Aquí. Frente a tu hijo.</p>
<p>Me recargué en el sillón y abrí las piernas. Saqué mi verga gruesa, que ya estaba completamente dura por el placer de verlos tan destruidos.</p>
<p>—Quiero que le demuestres a Mateo quién es tu verdadero dueño. Vas a gatear hasta aquí, vas a meterte mi verga hasta la garganta y me vas a mamar como la puta bien entrenada que eres. Mientras lo haces, vas a mirarlo a los ojos todo el tiempo y le vas a explicar exactamente por qué elegiste obedecerme a mí en lugar de complacer a tu propio hijo.</p>
<p>Mar tragó saliva con fuerza, pero no protestó. Se puso en cuatro patas y comenzó a gatear lentamente hacia mí. Su bata de seda se abrió por completo, dejando ver sus tetitas hinchadas de leche y su coño velludo todavía brillante.</p>
<p>Cuando llegó frente a mí, tomó mi verga con ambas manos y la miró un momento antes de levantar la vista hacia su hijo.</p>
<p>—Mateo… —empezó a decir con voz ronca mientras me lamía lentamente la cabeza de la verga—. Perdóname, mijo… pero tu abuelo tiene razón. Yo empecé todo esto. Yo fui la que se volvió adicta a su verga. Yo fui la que le rogó que me cogiera cuando tu papá no estaba.</p>
<p>Abrió la boca y se metió mi verga hasta la mitad. Chupó con fuerza, haciendo ruidos obscenos, sin dejar de mirar a Mateo a los ojos.</p>
<p>—Mmhh… —gimió alrededor de mi polla—. Por eso… tengo que obedecerle. Aunque eso signifique rechazarte a ti… mi propio hijo.</p>
<p>Empezó a mamármela con más ganas, metiéndosela cada vez más profundo, hasta que le golpeaba la garganta. Las lágrimas le corrían por las mejillas, pero no apartaba la mirada de Mateo ni un segundo.</p>
<p>—Soy… glurp… soy su puta, Mateo… —continuó hablando entre mamadas—. No tuya. No somos iguales. Tu abuelo es el que manda… y yo le pertenezco. Si él me dice que no te puedo tocar… entonces no te voy a tocar. Aunque tú estés sufriendo… aunque yo también tenga ganas…</p>
<p>Me agarró las bolas con una mano mientras me chupaba con devoción, babeando abundantemente sobre mi verga. El sonido de su garganta siendo follada llenaba la sala.</p>
<p>Me giré hacia Mateo, que miraba la escena con los puños apretados y la verga marcándose dolorosamente en su pantalón.</p>
<p>—¿Ves esto, chamaco? —le dije con tono burlón mientras le agarraba el cabello a su madre y empezaba a follarle la boca con más fuerza—. Esta es la diferencia entre tú y yo. Tú le pides. Yo le ordeno. Tú la deseas. Yo la poseo.</p>
<p>Mar soltó un gemido ahogado cuando le metí la verga hasta el fondo y se la dejé ahí varios segundos, cortándole la respiración. Cuando la saqué, ella jadeó buscando aire, con hilos de saliva colgando de su boca.</p>
<p>—Díselo más claro, puta —le ordené, dándole una cachetada suave en la cara con mi verga mojada—. Dile a tu hijo por qué nunca vas a volver a desobedecerme.</p>
<p>Mar respiraba con dificultad. Tenía la barbilla llena de saliva y los ojos rojos. Miró directamente a Mateo y habló con la voz quebrada pero firme:</p>
<p>—Porque prefiero ser la puta obediente de tu abuelo… que una madre que traiciona a su dueño. Prefiero rechazarte y sufrir… a volver a desobedecerlo. Lo siento, mijo… pero a partir de ahora, solo voy a abrir las piernas o la boca cuando tu abuelo lo ordene. Ni un segundo antes.</p>
<p>Sonreí con profunda satisfacción y le metí la verga hasta el fondo de la garganta otra vez, follándole la boca con brutalidad mientras miraba a mi nieto.</p>
<p>—Esto es el nuevo orden, Mateo —le dije sin dejar de usar la boca de su madre—. Aprende a aceptarlo. O vas a sufrir mucho más.</p>
<p>Mar seguía mamándome con devoción total, mirándome a mí con adoración y a su hijo con culpa.</p>
<p>Y yo… yo nunca me había sentido tan poderoso.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 17: LA RENDICIÓN</strong></p>
<p><strong>POV MATEO</strong></p>
<p>Lo entendí todo en ese preciso momento.</p>
<p>Mientras veía a mi mamá arrodillada entre las piernas de mi abuelo, chupándole la verga con devoción absoluta, babeando, llorando y gimiendo alrededor de esa polla gruesa… comprendí que no había otra forma.</p>
<p>Si quería seguir cogiéndome a mi mamá, si quería volver a sentir ese coño velludo apretándome la verga, si quería seguir teniendo aunque sea una parte de ella… tenía que someterme.</p>
<p>Completamente.</p>
<p>No había rebelión posible. Mi abuelo tenía todo el poder. Tenía los videos. Tenía el control sobre mi mamá. Y ella… ella ya había elegido. Lo había dejado más que claro mientras le mamaba la verga mirándome a los ojos.</p>
<p>Tragué saliva con dificultad. Tenía la verga tan dura que me dolía. Mi orgullo estaba hecho pedazos, pero el deseo era más fuerte.</p>
<p>Me incliné hacia adelante, todavía de rodillas, y hablé con la cabeza baja:</p>
<p>—Abuelo… perdóname.</p>
<p>Griseo detuvo el movimiento de la cabeza de mi mamá y la mantuvo con la verga metida hasta la mitad de la garganta. Me miró con una ceja levantada, esperando.</p>
<p>—Perdóname por haberte desafiado —continué, con la voz ronca de vergüenza—. Tenías razón. Tú eres quien manda. Tú decides. Yo… yo solo quiero poder seguir cogiendo a mi mamá. Haré lo que tú digas. Te voy a obedecer. Por favor… dame permiso.</p>
<p>Se hizo un largo silencio.</p>
<p>Mi mamá seguía con la verga de mi abuelo en la boca, mirándome de reojo con los ojos llenos de lágrimas. No se atrevía a sacarla.</p>
<p>Finalmente, Griseo soltó una risa baja, casi compasiva.</p>
<p>—Miren nada más… —dijo con tono burlón pero más suave—. Al final el chamaco sí sabe cuál es su lugar.</p>
<p>Me miró durante varios segundos, como evaluándome. Luego suspiró.</p>
<p>—Está bien, Mateo. Me das lástima. Voy a ser misericordioso esta vez.</p>
<p>Sentí un alivio inmenso recorriéndome el cuerpo.</p>
<p>—Gracias, abuelo… —murmuré.</p>
<p>Griseo agarró a mi mamá del cabello con más fuerza y empezó a moverle la cabeza lentamente, follándole la boca con calma mientras hablaba:</p>
<p>—Mar, no saques mi verga de tu boca. Solo vas a escuchar. Tu hijo acaba de pedirme perdón como se debe. Y yo he decidido darle una oportunidad.</p>
<p>Miró directamente a mi mamá, que seguía mamando con los ojos muy abiertos.</p>
<p>—Mateo —continuó mi abuelo—, te voy a dar permiso para que te cojas a tu mamá. Pero solo por atrás. Vas a cogértela por el culo mientras ella me sigue mamando la verga. Quiero que la partas bien duro. Quiero escuchar cómo gime con mi verga en la garganta. ¿Entendido?</p>
<p>—Sí, abuelo… —respondí inmediatamente, con el corazón latiéndome a mil.</p>
<p>—Entonces quítate la ropa y ponte detrás de tu madre. Ahora.</p>
<p>Me levanté tan rápido que casi me caigo. Me quité la playera, el short y los boxers en segundos. Mi verga estaba completamente tiesa, goteando precum. Me coloqué detrás de mi mamá, que seguía en cuatro patas mamándole la verga a mi abuelo.</p>
<p>Le subí la bata hasta la cintura. Su culo redondo y moreno quedó completamente expuesto. Su coño velludo estaba chorreando, pero yo tenía órdenes claras. Escupí en mi mano, froté saliva en mi verga y luego escupí directamente sobre su ano.</p>
<p>Mar soltó un gemido ahogado alrededor de la verga de mi abuelo cuando sintió la cabeza de mi polla presionando contra su culo.</p>
<p>—Despacio al principio —ordenó mi abuelo, sin dejar de mover la cabeza de mi mamá sobre su verga—. Pero cuando esté adentro, quiero que la folles como se merece. Recuérdale que ya no decide nada.</p>
<p>Empujé.</p>
<p>El ano de mi mamá cedió lentamente y mi verga se fue metiendo centímetro a centímetro en su culo apretado. Mar soltó un gemido largo y ahogado, vibrando alrededor de la verga de mi abuelo.</p>
<p>—Joder, mamá… estás tan apretada… —gruñí cuando logré meterla hasta el fondo.</p>
<p>Empecé a moverme. Primero lento, luego cada vez más fuerte. Pronto estaba cogiéndome el culo de mi mamá con embestidas profundas mientras ella seguía mamándole la verga a mi abuelo como una puta desesperada.</p>
<p>Griseo me miró con satisfacción, acariciando el cabello de mi mamá como si fuera su mascota.</p>
<p>—Así se hace, Mateo —dijo con voz ronca—. Esto es lo que tenías que entender. Si quieres cogerte a tu mamá… tienes que pedírmelo. Tienes que humillarte. Y tienes que aceptar que yo siempre estaré por encima de ti.</p>
<p>Mi mamá gemía como loca, ahogada por la verga de mi abuelo, mientras yo le partía el culo sin piedad.</p>
<p>Y aunque me había humillado… aunque había tenido que suplicar…</p>
<p>En ese momento solo podía pensar en una cosa:</p>
<p>Valió completamente la pena.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 18: LA LLENADA</strong></p>
<p><strong>POV MATEO</strong></p>
<p>Estaba completamente perdido.</p>
<p>Tenía mis manos clavadas en las caderas de mi mamá mientras le metía la verga hasta el fondo del culo. Cada embestida era más fuerte que la anterior. Su ano apretado me estrangulaba la polla de una forma brutal. El sonido de mis huevos golpeando contra su coño velludo mojado llenaba toda la sala junto con los gemidos ahogados de mi mamá, que seguía con la verga gruesa de mi abuelo metida hasta la garganta.</p>
<p>—Más duro, Mateo —ordenó mi abuelo sin dejar de follarle la boca—. Quiero que le partas el culo a tu mamá. Que sienta que su propio hijo la está rompiendo.</p>
<p>Obedecí como un animal.</p>
<p>Aceleré el ritmo, cogiéndome el culo de mi mamá con toda mi fuerza. Sus nalgas rebotaban contra mi pelvis con cada embestida. Ella temblaba entera, babeando abundantemente sobre la verga de mi abuelo.</p>
<p>No aguanté mucho más.</p>
<p>—Abuelo… voy a correrme… —avisé con la voz entrecortada.</p>
<p>—Adentro —gruñó él—. Llénalle el culo a tu madre. Hasta el fondo.</p>
<p>Empujé una última vez lo más profundo que pude y me corrí con un gemido ronco.</p>
<p>Mi verga palpitó violentamente dentro del ano de mi mamá, soltando chorros espesos y calientes de semen directamente en sus entrañas. Me corrí tanto que sentí que me vaciaba por completo. Seguí moviéndome lentamente mientras terminaba de descargar, sintiendo cómo mi leche espesa le llenaba el culo.</p>
<p>Cuando por fin saqué mi verga, un hilo grueso de semen blanco salió inmediatamente de su ano abierto, chorreando por su coño velludo y cayendo al piso.</p>
<p>Estaba jadeando, con las piernas temblando, cuando vi lo que pasaba frente a mí.</p>
<p>Mi abuelo agarró a mi mamá con ambas manos de la cabeza y empezó a follarle la boca con brutalidad. Su verga gruesa entraba y salía completamente cubierta de saliva. Mi mamá tenía los ojos llorosos, la cara roja y babeaba como una perra.</p>
<p>—Trágatela toda, puta —gruñó mi abuelo—. Quiero que te corras mientras te lleno la boca.</p>
<p>Y entonces pasó.</p>
<p>Mi mamá empezó a temblar violentamente. Su cuerpo entero se convulsionó. Aunque tenía la boca completamente llena con la verga de mi abuelo, soltó un gemido largo y ahogado que vibró alrededor de su polla. Su coño velludo se contrajo visiblemente y un chorro de jugos le salió disparado, salpicando el piso debajo de ella.</p>
<p>Estaba teniendo un orgasmo brutal solo con la verga de mi abuelo en la boca y mi semen chorreándole del culo.</p>
<p>Griseo empujó hasta el fondo y se corrió con un gruñido animal.</p>
<p>Vi claramente cómo su verga palpitaba entre los labios de mi mamá mientras le descargaba directamente en la garganta. Chorros y chorros de semen espeso. Mi mamá tragaba desesperadamente, pero era demasiado. Parte de la leche de mi abuelo se le escapó por las comisuras de la boca y le cayó por la barbilla, mezclándose con su saliva.</p>
<p>Cuando mi abuelo por fin sacó su verga, mi mamá tosió y jadeó buscando aire. Tenía la boca abierta, la lengua afuera y estaba llena de semen. Hilos blancos le colgaban de los labios y la barbilla. Sus ojos estaban perdidos, vidriosos por el orgasmo tan intenso que acababa de tener.</p>
<p>Se quedó ahí, de rodillas, temblando, con mi semen chorreándole del culo y la boca llena de la leche de su padrastro.</p>
<p>Mi abuelo la miró con satisfacción y le acarició el cabello como a una mascota.</p>
<p>—Buena puta —le dijo con voz ronca—. ¿Ves, Mateo? Esto es lo que pasa cuando obedeces. Tu mamá se corre como una perra solo con tener dos vergas de su familia dentro de ella.</p>
<p>Yo me quedé parado ahí, con la verga todavía semi-dura, viendo a mi mamá completamente destruida, humillada y satisfecha al mismo tiempo.</p>
<p>Y aunque acababa de correrme en su culo… aunque acababa de ver cómo mi abuelo le llenaba la boca…</p>
<p>Solo podía pensar en una cosa:</p>
<p>Quería más.</p>
<p>Quería que esto nunca terminara.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/">En Familia</category>                        <dc:creator>davidolopez7207</dc:creator>
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                    </item>
				                    <item>
                        <title>La Puta de su Padrastro y de su Propio Hijo: Una Madre Corrompida por el Deseo Prohibido</title>
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                        <pubDate>Wed, 06 May 2026 18:33:24 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Sinopsis:
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                        <content:encoded><![CDATA[<p data-source-line="7-7"><strong>Sinopsis:</strong></p>
<p data-source-line="9-9">Mar, una madre de 35 años dedicada a su familia, comienza a perder el control cuando su esposo Maro, militar, se ausenta por largas temporadas. Desesperada por satisfacer una necesidad sexual cada vez más intensa, busca al único hombre que puede calmarla: Griseo, su padrastro de 57 años. Lo que empieza como un secreto prohibido entre ellos pronto se convierte en una peligrosa espiral de dominación, humillación y placer extremo.</p>
<p data-source-line="11-11">Cuando su propio hijo Mateo descubre la verdad, Griseo decide tomar el control absoluto de la situación, convirtiendo a Mar en la puta compartida de la familia. Obligada a vivir una doble vida —la de madre y esposa ejemplar de día, y la de sumisa sin límites de noche—, Mar se verá arrastrada a actos cada vez más depravados, donde los límites entre el deseo, la culpa y la completa sumisión se desdibujan por completo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>CAPÍTULO 1: LA NECESIDAD QUE NO SE CALMA</strong></p>
<p><strong>POV MAR</strong></p>
<p>Llevo once días sin verga. Once putos días desde que Maro se fue otra vez al pinche desierto con su batallón. Once días en los que solo he tenido mis dedos, un consolador barato y la boquita ansiosa de Diego mamándome las tetas todo el día. Pero ya no aguanto más. El coño me duele de lo vacío que lo siento. Me mojo todo el día. Hasta cuando estoy cocinando o cambiando pañales, me sorprendo apretando los muslos porque me palpita el clítoris como si tuviera vida propia.</p>
<p>Diego por fin se durmió en su cuna después de sacarme casi toda la leche. Mis senos siguen hinchados, pesados, con los pezones cafés y sensibles. Me miro en el espejo del baño: menuda, piel morena, cabello negro suelto, solo una bata de seda corta que apenas me tapa el culo. Abajo tengo el coño bien velludo, negro y tupido, con esa entrada rosada que ahora mismo está hinchada, mojada y palpitando.</p>
<p>Necesito verga. Y no cualquier verga.</p>
<p>Necesito la de Papá.</p>
<p>Griseo.</p>
<p>Mi padrastro.</p>
<p>Sé que está mal. Sé que soy una madre de dos, una esposa… pero cuando Maro se va por semanas, toda esa moral se va a la chingada. Estaba a punto de mandarle un mensaje para ver si podía pasar a su casa cuando escuché el motor de una camioneta afuera.</p>
<p>Me asomé por la ventana de la sala y se me hizo un nudo en el estómago.</p>
<p>Era él. La camioneta de Griseo estaba estacionada frente a la casa. Venía por casualidad, como siempre, a ver si necesitaba algo o a dejarle unas cosas a Mateo. No me había avisado. Simplemente apareció.</p>
<p>El corazón me empezó a latir con fuerza. Sentí cómo un chorrito de jugos me corría por el muslo. No lo pensé dos veces. Me quité la chamarra, me solté un poco más la bata y bajé descalza a abrirle la puerta antes de que tocara.</p>
<p>Cuando abrí, Griseo estaba ahí, con su playera blanca ajustada marcando esa barriga de macho maduro y unos jeans que no ocultaban el bulto pesado que cargaba. Me miró de arriba abajo, deteniéndose en mis tetas pequeñas que se marcaban contra la seda y en la bata que apenas cubría nada.</p>
<p>—Hija… —dijo con esa voz ronca que me desarma—. Pasaba por aquí y pensé en venir a ver cómo estaban tú y los niños. ¿Todo bien?</p>
<p>No le contesté de inmediato. Solo lo agarré de la playera y lo jalé para adentro, cerrando la puerta detrás de él con el seguro. La casa estaba en silencio. Mateo seguía en la universidad y Diego dormía profundamente arriba.</p>
<p>—Maro anda fuera otra vez, Papá… —susurré pegada a su pecho, ya restregándome contra él como perra desesperada—. Lleva once días fuera y yo… yo ya estoy muy caliente. Mi coño no deja de chorrear. Necesito verga, Papá. Necesito que me cojas ahora.</p>
<p>Griseo soltó un gruñido bajo y me agarró del pelo con fuerza, jalándome la cabeza hacia atrás.</p>
<p>—Estás bien loca, Mar. Vengo por casualidad a ver a mi nieto y tú me recibes pidiendo verga como una puta en celo. ¿Qué diría tu marido si supiera que su esposa está rogándole a su propio padrastro que la folle?</p>
<p>—Me vale verga lo que diga —gemí, metiendo la mano entre sus piernas y apretando esa verga gruesa que ya empezaba a endurecerse—. Métemela, Papá. Por favor. Mi coño velludo te está esperando.</p>
<p>No necesitó más. Me empujó contra la pared de la sala, me subió la bata hasta la cintura y metió dos dedos gruesos de golpe en mi entrada rosada. El sonido húmedo que hizo fue vergonzoso.</p>
<p>—Estás empapada, hija de la chingada… —gruñó contra mi cuello—. Este coño ya ni disimula lo puta que eres por la verga de tu padrastro.</p>
<p>Sacó su verga. Gruesa, venosa, con la cabeza morada y brillante. Me levantó una pierna, me abrió bien el coño y me la metió hasta el fondo de un solo empujón.</p>
<p>Grité de placer. Mis paredes se estiraron alrededor de esa polla gruesa que me partía en dos. Griseo empezó a cogerme contra la pared con embestidas brutales, una mano en mi cuello y la otra apretándome una teta, haciendo que chorros de leche le salpicaran la playera.</p>
<p>—Así, puta… aprieta esa verga. Esto es lo que querías, ¿verdad? Que tu padrastro te viniera a partir el coño por casualidad.</p>
<p>—Sí, Papá… ¡sí! —grité mientras me corría por primera vez, apretándole la polla con mi coño convulsivo—. Más duro… quiero que me llenes. Quiero llevar tu leche adentro aunque Maro regrese la próxima semana.</p>
<p>Me folló como animal en la sala: primero contra la pared, luego me puso en cuatro sobre el sofá y me dio por el culo mientras me tapaba la boca para que no despertara a Diego. Terminó corriéndose profundo en mi coño, bombeando leche espesa y caliente hasta el fondo.</p>
<p>Cuando acabó, yo estaba tirada en el sofá, con el coño velludo chorreando semen, el culo adolorido y las tetas manchadas de leche. La culpa empezaba a llegar… pero también la excitación de saber que esto apenas empezaba.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 2: LA PUTA EN LA QUE SE CONVIRTIÓ</strong></p>
<p><strong>POV GRISEO</strong></p>
<p>Me desperté con un nudo en la garganta y la verga todavía medio dura. Apenas eran las seis de la mañana y ya estaba pensando en ella. Otra vez.</p>
<p>Ayer me juré que sería la última vez. Que lo que pasó fue un error que no se repetiría. Mar es la esposa de mi yerno Maro, la madre de mis nietos, y yo soy su padrastro. Tengo 57 años, soy un hombre respetado, militar retirado. Debería tener más control, más moral. Debería sentir asco de mí mismo por estar traicionando de esta forma a mi hijastro.</p>
<p>Pero aquí estoy otra vez, manejando hacia su casa con la caja de herramientas como pretexto idiota. “Solo voy a dejar esto y me voy”, me repetí todo el camino. “Solo voy a preguntar por los niños y me largo”.</p>
<p>Pura pinche mentira.</p>
<p>Toqué la puerta. Mar abrió casi de inmediato, como si hubiera estado esperándome detrás de la puerta. Traía puesta la misma bata de seda corta, el cabello negro revuelto y cara de recién levantada. Sus senos pequeños se marcaban contra la tela fina, con dos manchas húmedas donde ya se le escapaba la leche. Me miró con esos ojos que ya no disimulan lo puta en la que se ha convertido.</p>
<p>—Papá… otra vez tan temprano —murmuró en voz baja, mirando nerviosa hacia las escaleras.</p>
<p>—Vine a dejarle estas herramientas a Maro —dije en voz alta para que se escuchara en toda la casa—. ¿Ya se fue Mateo?</p>
<p>—Está terminando de vestirse. Baja en cualquier momento.</p>
<p>Justo en ese instante Mateo bajó las escaleras, se despidió de su mamá con un beso rápido en la mejilla y me dio un abrazo de lado.</p>
<p>—Abuelo, ¿qué onda? Ya voy tarde. Nos vemos.</p>
<p>La puerta principal se cerró detrás de él. El silencio que quedó fue denso, cargado.</p>
<p>Me quedé parado en la entrada de la cocina, luchando contra mí mismo. El remordimiento me estaba comiendo vivo. Esto estaba mal. Muy mal. Mar era la esposa de mi yerno, la mujer de Maro. Estaba traicionando a mi propia familia.</p>
<p>—Mar… esto tiene que parar —dije con la voz ronca, sin atreverme a acercarme todavía—. Eres la esposa de mi yerno. Eres la madre de mis nietos. No podemos seguir haciendo esta mierda.</p>
<p>Ella no dijo nada. Solo se dio la vuelta lentamente, se recargó contra la isla de la cocina y, sin quitarme los ojos de encima, se levantó la bata hasta la cintura. Su coño velludo quedó completamente expuesto: hinchado, mojado, con esa entrada rosada brillando de tanto jugo. Separó un poco las piernas y arqueó la espalda, ofreciéndomelo sin vergüenza.</p>
<p>—Entonces vete, Papá… —susurró con voz dulce y viciosa—. Si tanto remordimiento tienes, si tanto te duele estar cogiéndote a la esposa de tu yerno, entonces súbete a la camioneta y vete. Pero los dos sabemos que ya no puedes resistirte. Me volví tu puta, Papá. Una puta bien caliente que solo piensa en tu verga gruesa cuando Maro anda fuera.</p>
<p>Sus palabras me pegaron directo en la verga. Quise resistirme. Quise dar la media vuelta y salir corriendo de esa casa. El remordimiento me quemaba el pecho… pero la verga ya me palpitaba dolorosamente.</p>
<p>—Estás enferma, Mar —gruñí, acercándome a ella a pesar de todo—. Te volviste una puta sin ninguna vergüenza.</p>
<p>—Sí, Papá… —gimió ella, empujando su culo hacia mí—. Soy tu puta. La puta de mi padrastro. Cógeme aquí en la cocina mientras Diego duerme arriba. Cógeme aunque sepas que soy la esposa de tu yerno. Úsame.</p>
<p>El poco control que me quedaba se rompió.</p>
<p>La agarré fuerte de las caderas, me bajé el cierre con manos temblorosas y saqué mi verga gruesa. Sin más preámbulos, le escupí en el coño y se la metí de un solo golpe hasta el fondo. Mar ahogó un gemido mordiéndose el brazo.</p>
<p>—Puta… mi puta —gruñí entre dientes mientras empezaba a cogérmela con fuerza contra la isla de la cocina—. Eres la esposa de mi yerno y mírate… chorreando leche y jugos por la verga de tu padrastro.</p>
<p>Cada embestida era una lucha entre el placer brutal y la culpa que me carcomía. Sabía que estaba haciendo algo imperdonable. Sabía que si Maro se enteraba esto destruiría a toda la familia. Pero Mar gemía como perra en celo, moviendo el culo hacia atrás, pidiéndome más duro, más profundo, más sucio.</p>
<p>—Más fuerte, Papá… rómpeme el coño —suplicaba entre jadeos—. Aunque te dé remordimiento… ya no puedes parar. Te volviste adicto a cogerte a la esposa de tu yerno.</p>
<p>Tenía razón. No podía parar.</p>
<p>La volteé, la senté en la orilla de la isla, le abrí bien las piernas y se la metí otra vez mientras le chupaba las tetas, tragándome su leche dulce y caliente. Mar se corrió violentamente, apretándome la verga con su coño velludo, mordiéndose el brazo para no gritar y despertar al niño.</p>
<p>Al final no aguanté más. Le descargué todo adentro, inundándole el útero con chorros espesos y calientes de semen mientras el remordimiento y el placer me partían la cabeza.</p>
<p>Cuando saqué la verga, un hilo espeso de mi leche le chorreó del coño velludo hasta el piso de la cocina.</p>
<p>Me subí el pantalón con las manos temblando. La culpa regresó con más fuerza ahora que ya había terminado.</p>
<p>—Esto tiene que acabar, Mar… —dije casi sin mirarla—. Eres la esposa de mi yerno. No podemos seguir traicionando a Maro de esta forma.</p>
<p>Ella solo sonrió con esa sonrisa de puta satisfecha, todavía sentada en la isla con las piernas abiertas y mi semen saliéndole del coño.</p>
<p>—Cuando quieras, Papá… ya sabes dónde encontrar a tu puta.</p>
<p>Salí de esa casa con el pecho apretado, sabiendo en el fondo que estaba mintiendo.</p>
<p>Porque por más remordimiento que tuviera, Mar se había vuelto una puta demasiado deliciosa como para resistirme.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 3: LA VISITA DE MAMÁ</strong></p>
<p><strong>POV MAR</strong></p>
<p>Estoy terminando de limpiar la cocina cuando escucho el timbre. Sé perfectamente quién es. Mamá Laura siempre llega a esta hora cuando viene de visita.</p>
<p>Me miro un segundo en el reflejo de la ventana. Tengo las mejillas todavía sonrojadas, el coño me sigue palpitando y siento cómo el semen espeso de Papá se me sigue escapando lentamente entre los labios velludos. Apenas han pasado tres horas desde que Griseo me cogió como animal aquí mismo, contra esta misma isla donde ahora estoy doblando un trapo.</p>
<p>Y ahora viene mi mamá.</p>
<p>—Hola hija —dice Laura al entrar, sonriendo con esa calidez de siempre. Trae una charola de pan recién horneado y se ve guapa para sus 54 años. Senos medianos bien puestos, buen cuerpo, el cabello teñido de castaño claro—. ¿Cómo amanecieron tú y los niños?</p>
<p>—Bien, mamá… pasa —respondo, tratando de que no se me note la voz entrecortada.</p>
<p>La abrazo y al instante siento cómo un chorro caliente de semen de Griseo me resbala por el muslo interno. Aprieto las piernas por instinto. El corazón me late con fuerza. Mi propia madre está aquí, a menos de dos metros de donde su marido me partió el coño y el culo esta mañana.</p>
<p>Mientras Laura se pone a platicar de cosas sin importancia —que si el tráfico, que si la vecina nueva, que si ya vio a Mateo—, yo solo puedo pensar en una cosa: que hace unas horas estaba sentada exactamente donde ella está ahora, con las piernas abiertas, recibiendo verga gruesa de su propio marido.</p>
<p>“¿Qué diría si supiera que su esposo me llenó el útero de leche esta mañana? ¿Qué cara pondría si supiera que su hija se volvió la puta de su marido?”</p>
<p>La idea me calienta de una forma enfermiza. Siento que el coño se me contrae y suelto más semen. Tengo que disimular cruzando las piernas mientras sirvo café.</p>
<p>—Te ves un poco sonrojada, mija. ¿Estás bien? —pregunta mamá, mirándome con preocupación—. Tienes las mejillas rojas.</p>
<p>—Ah… es que estuve limpiando —miento, y la voz me sale más ronca de lo que quería—. Hace calor.</p>
<p>Calor. Sí. Mucho calor. Porque cada vez que respiro recuerdo cómo Griseo me agarraba del pelo esta mañana mientras me decía “puta… eres la puta de tu padrastro” y me descargaba adentro. Recuerdo cómo me chupaba las tetas y se tragaba mi leche mientras me cogía. Recuerdo el sonido húmedo de su verga gruesa entrando y saliendo de mi coño velludo.</p>
<p>Y lo peor… es que me está excitando tener a mi mamá aquí.</p>
<p>Laura se levanta a ver a Diego, que está jugando en su corralito en la sala. Mientras ella le habla al niño con ternura, yo me quedo parada en la cocina, sintiendo cómo la mezcla de jugos y semen me moja las bragas. Aprieto los muslos y un escalofrío me recorre la espalda.</p>
<p>“Estoy enferma. Mi mamá está aquí, la esposa de Griseo, y yo solo puedo pensar en la verga de su marido. En cómo me cogió como perra en esta misma casa. En cómo me hizo correrme dos veces mientras su nieto dormía arriba.”</p>
<p>Siento que los pezones se me ponen duros otra vez y amenazan con soltar leche. La bata se me está mojando. Si mamá se acerca mucho va a notar el olor… ese olor a sexo, a leche materna y a semen viejo.</p>
<p>—Mar, ¿segura que te sientes bien? —pregunta Laura al regresar a la cocina—. Te ves rara. Como nerviosa.</p>
<p>La miro y por un segundo tengo un pensamiento horrible y excitante: imaginar a Griseo cogiéndome delante de ella. Imaginar que mi mamá nos ve mientras su marido me pone en cuatro sobre esta mesa y me llena de leche otra vez.</p>
<p>Me mojo más.</p>
<p>—Estoy bien, mamá —respondo, forzando una sonrisa—. Es solo que… extraño mucho a Maro. Cuando se va tanto tiempo una se pone… rara.</p>
<p>Laura suspira con comprensión y me acaricia el brazo.</p>
<p>—Pobrecita. Es difícil ser esposa de militar. Pero bueno, al menos tienes a tu papá cerca. Griseo siempre está pendiente de ti y de los niños.</p>
<p>Casi suelto una risa nerviosa. “Si supieras cuánto está pendiente, mamá…”</p>
<p>—Sí… —digo bajito, sintiendo otro chorro de semen escapando de mi coño—. Papá siempre está muy pendiente de mí.</p>
<p>Me muerdo el labio con fuerza. El remordimiento está ahí, pero es pequeño comparado con lo cachonda que me siento. Mi propia madre está frente a mí, platicando tranquilamente, y yo solo puedo pensar en que traigo el coño lleno de la leche de su marido.</p>
<p>Y lo más enfermo de todo…</p>
<p>Es que quiero más.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 4: DELANTE DE MI ESPOSA</strong></p>
<p><strong>POV GRISEO</strong></p>
<p>Estacioné la camioneta frente a la casa y me quedé un momento con las manos en el volante, respirando pesado.</p>
<p>“¿Qué chingados estoy haciendo?”</p>
<p>Laura está ahí. Mi esposa. La madre de Maro. Y yo, como un perro en celo, vengo a ver a su hija. A mi hijastra. A la mujer que me cogí salvajemente esta mañana en la misma cocina donde ahora seguramente están platicando como si nada.</p>
<p>El remordimiento me está comiendo vivo. Traiciono a mi esposa, traiciono a mi yerno, traiciono a toda la puta familia… y sin embargo aquí estoy, bajándome de la camioneta con el pretexto más estúpido del mundo: una bolsa de naranjas que “casualmente” compré en el mercado.</p>
<p>Toco la puerta. Es Laura quien abre.</p>
<p>—¡Griseo! —dice sorprendida pero contenta—. ¿Qué haces aquí, viejo? No me habías dicho que vendrías.</p>
<p>—Pasaba por aquí y traje naranjas —respondo con una sonrisa que espero se vea natural—. Pensé que a los niños les gustaría.</p>
<p>Entro a la casa y ahí está ella.</p>
<p>Mar.</p>
<p>Está parada junto a la isla de la cocina, exactamente donde la cogí hace unas horas. Lleva una blusa ligera y una falda corta que disimula poco. Nuestras miradas se cruzan solo un segundo, pero es suficiente. Veo en sus ojos el mismo fuego enfermo que yo traigo. Se muerde ligeramente el labio inferior y aprieta los muslos. Sé que todavía trae mi semen adentro. Lo sé porque yo mismo se lo metí hasta el fondo.</p>
<p>—Hola, Papá —dice con voz suave, casi inocente.</p>
<p>—Hija —respondo, y la palabra me sabe a pecado.</p>
<p>Laura está feliz de verme. Se acerca, me da un beso en la mejilla y empieza a platicar de tonterías. Yo asiento, sonrío, pero toda mi atención está puesta en Mar. En cómo se mueve. En cómo cruza las piernas estando sentada. En cómo sus senos pequeños se marcan contra la blusa y cómo tiene los pezones duros, seguramente todavía sensibles de la leche que le saqué esta mañana.</p>
<p>Diego está en su corralito jugando. Laura se agacha a cargarlo y, por un breve momento, Mar y yo quedamos casi solos en la cocina.</p>
<p>Me acerco a ella con el pretexto de dejar las naranjas sobre la isla. Me pego más de lo necesario. Mi mano roza su cintura por detrás y ella se tensa. Siento cómo su culo empuja ligeramente hacia atrás, buscando mi verga.</p>
<p>—Estás loca… —le susurro casi sin voz, fingiendo que reviso las naranjas—. Tu mamá está aquí. Mi esposa está aquí.</p>
<p>Mar voltea apenas la cara. Tiene las mejillas rojas y la respiración agitada. Me contesta en voz bajísima, casi un gemido:</p>
<p>—Tu semen todavía me está chorreando, Papá… Lo siento caliente entre las piernas mientras hablo con tu esposa.</p>
<p>La verga se me pone dura al instante. Dura como piedra. Laura está a menos de cuatro metros, dándole besitos a Diego, y yo tengo una erección brutal solo porque mi hijastra me dice que trae mi leche adentro.</p>
<p>Esto es demasiado peligroso. Esto ya no es solo un error. Esto es una puta bomba.</p>
<p>Laura se da la vuelta de repente y nos ve. Yo me separo rápido de Mar, pero no sé si alcanzó a notar algo.</p>
<p>—¿Qué tanto murmuran ustedes dos? —pregunta Laura sonriendo.</p>
<p>—Nada, mi vida —respondo, y la palabra “mi vida” me sabe a traición asquerosa—. Le estaba diciendo a Mar que las naranjas están muy dulces este año.</p>
<p>Mar baja la mirada. Puedo ver cómo aprieta los muslos con fuerza. Sé que se está excitando tanto como yo. El riesgo la está poniendo peor. A los dos.</p>
<p>Durante los siguientes veinte minutos vivimos un infierno delicioso. Laura platica sentada en la sala, yo estoy en el sillón frente a ella, y Mar está en el sofá de al lado. Cada vez que Laura voltea a ver al niño, Mar abre ligeramente las piernas y me deja ver un segundo su coño velludo. Está mojada. Muy mojada. Se nota el brillo. También se nota un hilo blanco grueso que le baja por el muslo interno.</p>
<p>Mi semen.</p>
<p>El semen que le metí esta mañana mientras le decía que era una puta.</p>
<p>Siento que voy a explotar. Tengo la verga tan dura que me duele. El remordimiento me está matando… pero el deseo es más cabrón. Quiero levantarla, subirle la falda delante de su madre y cogérmela aquí mismo. Quiero que Laura nos vea. Quiero que sepa que su marido le está partiendo el coño a su propia hija.</p>
<p>Mar me mira. Tiene los ojos vidriosos de excitación. Sé que está pensando lo mismo.</p>
<p>Esto ya se nos está yendo de las manos.</p>
<p>Laura se levanta para ir al baño y, por diez segundos, nos quedamos completamente solos.</p>
<p>—Estás bien pinche enferma —le gruño en voz baja, apretando los puños—. Te estás mojando delante de tu mamá con mi semen chorreándote.</p>
<p>Mar solo sonríe con esa sonrisa perversa que ha desarrollado últimamente y susurra:</p>
<p>—Y tú estás duro como piedra, Papá… Sé que quieres cogerme aquí mismo. Delante de ella.</p>
<p>Cuando Laura regresa del baño, los dos estamos callados, respirando agitados, con la tensión sexual tan espesa que casi se puede tocar.</p>
<p>Sé que esto no puede seguir así.</p>
<p>Pero también sé que voy a volver.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 5: LA SEMILLA</strong></p>
<p><strong>POV GRISEO</strong></p>
<p>No dormí ni madres.</p>
<p>Todo el pinche día dándole vueltas a lo mismo: Mar se me estaba saliendo de las manos. Ya no era la hijastra tímida y culposa que follaba a escondidas. Se había convertido en una puta adicta al riesgo, capaz de abrir las piernas delante de su propia madre con tal de sentir mi verga. Si seguía así, íbamos a terminar quemados. Laura, Maro, Mateo… todos se iban a enterar.</p>
<p>Tenía que recuperar el control. Pero no con más amenazas. Necesitaba algo más profundo. Algo que la obligara a someterse por completo.</p>
<p>Y entonces lo vi claro.</p>
<p>Mateo.</p>
<p>Mi nieto de 18 años. Alto, guapo, lleno de hormonas y todavía virgen, según me había contado Maro una vez. Si lograba meterle la idea en la cabeza… si conseguía que el chamaco empezara a desear a su propia madre, entonces tendría a Mar agarrada de las pelotas. Porque una cosa es que yo la folle a escondidas. Otra muy distinta es que su propio hijo empiece a verla como mujer.</p>
<p>Sería la forma perfecta de romperla.</p>
<p>Decidí ser sutil. Muy sutil. Nada de ir directo. Los hombres jóvenes se asustan fácil si les sueltas la bomba de golpe.</p>
<p>Esa misma tarde, después de “casualmente” pasar por la casa y revisar la camioneta de Mateo, le escribí por WhatsApp mientras iba de regreso a mi casa:</p>
<hr />
<p><strong>Griseo:</strong> Oye mijo, ya vi lo de la camioneta. Mañana le echo un ojo más a fondo. ¿Cómo vas en la universidad?</p>
<p><strong>Mateo:</strong> Todo bien abuelo &#x1f44d; Apenas voy empezando el semestre. Bastante floja todavía.</p>
<p><strong>Griseo:</strong> Qué bueno. Oye, te quería preguntar algo… pero que quede entre nosotros, ¿eh? No le vayas a decir a tu mamá.</p>
<p><strong>Mateo:</strong> Claro, dime.</p>
<p><strong>Griseo:</strong> ¿Tú cómo ves a tu mamá? Digo… últimamente la noto más… no sé cómo decirlo. Más mujer. Más arreglada. ¿Tú no crees que se ve más joven de lo que es?</p>
<p><strong>Mateo:</strong> Jajaja pues sí, la neta. Mis cuates siempre me dicen que mi mamá se ve bien chida para tener 35. Algunos hasta me han bromeado diciendo que está buena. Me da cringe pero la verdad sí se ve joven.</p>
<p><strong>Griseo:</strong> Jajaja ya ves. Es que tu mamá siempre fue muy bonita. Tiene un cuerpo bien conservado. Piernas bonitas, cintura chiquita… y aunque dio pecho a tus dos hermanos, sigue teniendo una figura que muchos quisieran. A veces hasta me da cosa verla.</p>
<p><strong>Mateo:</strong> ¿Cosa cómo, abuelo? &#x1f602;</p>
<p><strong>Griseo:</strong> Pues… cosa de hombre, mijo. No te hagas. Uno a mi edad todavía tiene ojos. Y tu mamá, aunque sea mi hijastra, pues… tiene un atractivo que no se puede negar. Sobre todo cuando anda en esa bata corta por la casa. Se le marcan bien las tetas y se le ve el culito parado. No me digas que tú no te has dado cuenta.</p>
<p>Hubo una pausa larga. Mateo tardó casi cuatro minutos en contestar.</p>
<p><strong>Mateo:</strong> La neta… sí me he dado cuenta. Pero es mi mamá, wey. No se supone que piense eso.</p>
<p><strong>Griseo:</strong> Claro que no se supone. Pero eres hombre. Y los hombres pensamos con la verga aunque no queramos. Yo solo te digo que no eres el único que la mira. A veces hasta me da curiosidad qué pensará ella cuando se siente observada. Porque tu mamá últimamente anda muy… necesitada. Se le nota en la cara. Maro lleva mucho tiempo fuera y una mujer como ella no puede estar tanto tiempo sola. Se le ve en los ojos.</p>
<p><strong>Mateo:</strong> ¿Tú crees que mi mamá anda caliente?</p>
<p><strong>Griseo:</strong> Yo no creo, mijo. Yo estoy seguro. Una mujer que da pecho todavía y anda con las tetas llenas, caminando por la casa medio desnuda… algo tiene que sentir. Solo te digo que si algún día ves que se porta raro o que te mira diferente… no te espantes. Y sobre todo… no la rechaces. Las mujeres como tu mamá, cuando se les despierta el lado puta, son capaces de cualquier cosa.</p>
<p><strong>Mateo:</strong> Abuelo… me estás poniendo raro con esto &#x1f602; Pero la neta sí me he quedado viendo sus piernas y sus tetas cuando se agacha. Me da culpa pero se me para. ¿Eso está mal?</p>
<p><strong>Griseo:</strong> No está mal, Mateo. Está natural. Lo malo sería que no te diera calor una mujer tan rica como tu mamá. Solo te digo que si algún día quieres desahogarte o platicar de esto… aquí estoy. Sin juicios. Y quién sabe… a lo mejor hasta te puedo dar algún consejo de cómo acercarte sin que se asuste.</p>
<p><strong>Mateo:</strong> Gracias abuelo. La neta nunca había platicado esto con nadie. Me siento raro pero al mismo tiempo… cachondo. Jajaja.</p>
<p><strong>Griseo:</strong> Normal, mijo. Normal. Ya platicamos más mañana cuando vaya a la casa. Y recuerda: esto queda entre nosotros. Ni una palabra a tu mamá… por ahora.</p>
<hr />
<p>Dejé el teléfono a un lado y sonreí con frialdad.</p>
<p>La semilla ya estaba plantada.</p>
<p>Mateo empezaba a ver a su madre como la mujer caliente y disponible que es. Y cuando ese deseo crezca lo suficiente, voy a usar al chamaco para someter completamente a Mar.</p>
<p>Porque nada va a humillarla más, ni la va a poner más obediente, que descubrir que su propio hijo quiere cogérsela.</p>
<p>Y yo voy a estar ahí para controlarlo todo.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 6: LA IMAGEN QUE NO SE BORRA</strong></p>
<p><strong>POV MATEO</strong></p>
<p>No puedo dormir, carajo.</p>
<p>Son las 2:47 de la mañana y sigo con los ojos abiertos, mirando el techo de mi cuarto. Cada vez que cierro los ojos escucho la voz de mi abuelo en mi cabeza, repitiendo esas palabras que no me dejan en paz.</p>
<p>“Tu mamá tiene un cuerpo bien conservado… se le marcan bien las tetas y se le ve el culito parado… una mujer como ella no puede estar tanto tiempo sola… se le ve en los ojos…”</p>
<p>Y lo peor es que ahora ya no puedo dejar de verla así.</p>
<p>Antes, mi mamá era solo… mi mamá. La señora que me regañaba cuando llegaba tarde, la que me hacía de comer, la que todavía le daba pecho a Diego. Pero desde que leí esos mensajes de mi abuelo, todo cambió. Ahora cada vez que pienso en ella me viene a la mente su cuerpo. Esa bata corta de seda que se pone por las noches. Cómo se le marcan los pezones cuando tiene frío. Cómo se le ve el culo cuando se agacha a recoger algo. Cómo se le hinchan las tetas porque todavía está dando de mamar.</p>
<p>Me vale verga que esté mal. Ya se me paró tres veces solo de pensarlo.</p>
<p>Me bajo los boxers y agarro mi verga dura. Está palpitando. La tengo gruesa y tiesa, con la cabeza morada brillando de precum. Empiezo a jalármela despacio, imaginando cosas que nunca me había permitido imaginar.</p>
<p>Imagino a mi mamá entrando a mi cuarto con esa bata abierta. Imagino sus tetitas pequeñas pero llenas de leche, con los pezones cafés y duros. Imagino que se abre la bata completamente y me muestra su coño… ese coño velludo que nunca había pensado en ver. Mi abuelo dijo que tenía una entrada rosa. ¿Cómo se vería abierta? ¿Estaría mojada?</p>
<p>—Joder, mamá… —susurro mientras me jalo la verga más rápido.</p>
<p>En mi mente la veo arrodillándose frente a mi cama, mirándome con cara de puta mientras me agarra la verga con su mano pequeña.</p>
<p>“¿Esto es lo que quieres, mijo? ¿Quieres cogerte a tu mamá?”</p>
<p>Gimo bajito y aprieto más fuerte. Imagino metiéndosela en la boca, imaginó que me mama la verga mientras me mira con esos ojos de madre que ahora se ven tan cachondos. Luego la imagino acostada en mi cama, abriendo las piernas, mostrándome ese coño velludo y rosado, pidiéndome que se la meta.</p>
<p>“Ven, Mateo… métemela. Tu papá lleva semanas fuera y yo estoy muy caliente… cógeme, hijo…”</p>
<p>Me vengo como nunca. Un chorro grueso me sale disparado hasta el pecho, luego otro, y otro. Me corro tanto que hasta me mancho la barbilla. Me quedo jadeando, con el corazón a mil y la culpa empezando a llegar.</p>
<p>“Es mi mamá, pinche enfermo… ¿qué chingados te pasa?”</p>
<p>Pero incluso con la culpa, mi verga sigue medio dura. Porque sé que mañana la voy a ver. Y ya no voy a poder mirarla como antes.</p>
<hr />
<p><strong>Al día siguiente</strong></p>
<p>Bajo a desayunar tarde, casi a las diez. Mi mamá está en la cocina, dándole de comer a Diego en su silla alta. Trae puesta una playera ajustada de tirantes y unos shorts de algodón cortos que se le suben cuando se agacha. Se le ve la mitad de las nalgas. El pelo negro suelto y cara de recién levantada.</p>
<p>Antes ni me fijaba.</p>
<p>Ahora no puedo dejar de fijarme.</p>
<p>—Buenos días, mijo. ¿Dormiste bien? —me pregunta con una sonrisa cariñosa, como siempre.</p>
<p>Pero yo ya no la veo igual.</p>
<p>Mis ojos se van directo a sus tetas. Se le marcan los pezones contra la tela. Están más grandes de lo normal, seguramente llenas de leche. Se me hace agua la boca. Me imagino sacándole la playera y chupándole las tetas hasta que me salga leche en la boca.</p>
<p>—Más o menos… —respondo, sentándome frente a ella. Mi voz sale más ronca de lo normal.</p>
<p>Mar voltea a verme y por un segundo nuestras miradas se cruzan. Frunce un poco el ceño, como si notara algo diferente. Yo bajo la vista rápido, pero no antes de que mis ojos se vayan a sus piernas morenas y a ese short que apenas le tapa el culo.</p>
<p>Mientras ella se da la vuelta para servirme jugo, se agacha un poco y se le sube el short. Se le ve la curva de las nalgas y un poco de cachete. Siento cómo se me empieza a poner dura otra vez debajo de la mesa.</p>
<p>“Pinche abuelo… ¿qué me hiciste?”</p>
<p>Mi mamá se acerca a dejarme el vaso y se inclina sobre la mesa. Desde este ángulo le puedo ver casi completo el canalillo y parte de sus tetitas. Huele a leche, a shampoo y a mujer. Mi verga da un brinco.</p>
<p>—¿Estás bien, Mateo? Te ves raro —dice preocupada, tocándome la frente con el dorso de la mano.</p>
<p>Su tacto me quema. Tengo que hacer un esfuerzo enorme para no agarrarla de la cintura y sentarla en la mesa.</p>
<p>—Estoy bien, mamá… —respondo, tragando saliva—. Solo… estoy pensando en muchas cosas.</p>
<p>Ella me sonríe con ternura, sin tener la menor idea de que su propio hijo se acaba de correr anoche pensando en cogérsela. Sin saber que ahora solo puedo imaginarla desnuda, abierta de piernas, gimiendo mi nombre mientras le meto la verga.</p>
<p>Y lo más enfermo de todo…</p>
<p>Es que cada vez me gusta más la idea.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 7: EL SECRETO</strong></p>
<p><strong>POV MATEO</strong></p>
<p>Mi papá regresó esa tarde.</p>
<p>Maro llegó como siempre, con su uniforme militar, cansado pero de buen humor, cargando regalos para Diego y besando a mi mamá como si llevara meses sin verla. Yo los vi desde las escaleras. Vi cómo mi mamá le sonreía, cómo lo abrazaba, cómo fingía que todo estaba normal.</p>
<p>Pero yo ya no era el mismo.</p>
<p>Desde la conversación con mi abuelo, no podía dejar de ver a mi mamá como una mujer. Como una puta. Cada vez que pasaba cerca de mí, mi verga reaccionaba. Cada vez que se agachaba, cada vez que le daba pecho a Diego, cada vez que se reía… solo podía imaginarla gimiendo.</p>
<p>Esa noche, después de cenar, mis papás se fueron a su habitación temprano. Dijeron que estaban cansados por el reencuentro, pero yo sabía perfectamente lo que iba a pasar. Mi papá llevaba casi tres semanas fuera. No era difícil imaginar.</p>
<p>Y yo… no pude resistirme.</p>
<p>Esperé a que Diego se durmiera profundamente, salí de mi cuarto sin hacer ruido y me acerqué sigilosamente a la puerta de la habitación de mis padres. Estaba entreabierta. Solo una rendija. Suficiente.</p>
<p>Me asomé.</p>
<p>Lo que vi me dejó congelado.</p>
<p>Mi mamá estaba completamente desnuda, a cuatro patas sobre la cama. Mi papá la estaba cogiendo por detrás con fuerza, agarrándola del cabello. La habitación olía a sexo. Se escuchaban los golpes húmedos de su verga entrando y saliendo del coño de mi mamá.</p>
<p>—Así, puta… te extrañé esta verga, ¿verdad? —gruñía mi papá.</p>
<p>—Sí… sí, Maro… cógeme más duro —gemía ella.</p>
<p>Pero su voz sonaba diferente. No era el gemido de una esposa enamorada. Era el gemido de una mujer que estaba fingiendo. Yo podía notarlo. Sus ojos estaban medio cerrados, su cara tenía una expresión que no era de placer total. Como si estuviera pensando en otra cosa… o en otra persona.</p>
<p>Saqué mi teléfono con manos temblorosas. Activé el modo silencioso y empecé a grabar.</p>
<p>Grabé todo.</p>
<p>Grabé cómo mi papá le daba vueltas, la ponía de lado y se la metía profundo. Grabé cómo le chupaba las tetas y le salía leche. Grabé cuando mi mamá se subió encima de él y empezó a cabalgarlo, moviendo las caderas como una experta, con su coño velludo tragándose la verga de mi papá una y otra vez.</p>
<p>Pero lo que más me impactó fue cuando mi papá le preguntó entre jadeos:</p>
<p>—¿Quieres que te llene el coño, mi amor?</p>
<p>Y mi mamá, con la voz ronca y los ojos vidriosos, respondió:</p>
<p>—Sí… lléname… pero métemela más duro.</p>
<p>En ese momento me di cuenta: mi mamá estaba imaginando a otra persona. No estaba cogiendo con mi papá. Estaba usando su verga para correrse pensando en alguien más.</p>
<p>Me corrí dentro de mis shorts solo de verlos. Sin tocarme. Solo de ver a mi mamá siendo follada como una puta.</p>
<p>Cuando terminaron, mi papá se quedó dormido casi de inmediato. Mi mamá se levantó, se puso una bata y salió del cuarto para ir al baño. Pasó justo frente a mí, que estaba escondido en la oscuridad del pasillo. Por un segundo nuestras miradas se cruzaron. Ella se detuvo. Yo me quedé congelado.</p>
<p>No dijo nada. Solo entró al baño.</p>
<p>Yo regresé a mi cuarto con el corazón a mil y el teléfono lleno de videos de mi propia madre siendo cogida.</p>
<hr />
<p>Al día siguiente por la tarde, no aguanté más.</p>
<p>Le escribí a mi abuelo por WhatsApp y le pedí que nos viéramos en privado. Nos encontramos en un parque cercano a la casa.</p>
<p>Cuando llegué, mi abuelo ya estaba sentado en una banca. Me miró con esa cara seria que siempre pone cuando sabe que algo grande está pasando.</p>
<p>—Abuelo… hice algo muy cabrón —le dije apenas me senté, con la voz temblorosa.</p>
<p>Griseo levantó una ceja.</p>
<p>—Cuéntame todo, mijo. Sin miedo.</p>
<p>Saqué mi teléfono, busqué el video más claro y se lo puse. El video donde mi mamá estaba a cuatro patas, gimiendo mientras mi papá la cogía con fuerza. Se veía perfectamente su cara de placer, sus tetas botando, su coño velludo tragándose la verga.</p>
<p>Mi abuelo se quedó callado un buen rato, viendo el video completo. Cuando terminó, me devolvió el teléfono con una expresión que no supe descifrar.</p>
<p>—¿Tú grabaste esto? —preguntó en voz baja.</p>
<p>—Sí… anoche. No pude evitarlo. Desde que platicamos el otro día… no he podido dejar de pensar en ella. La veo diferente. La deseo, abuelo. Deseo a mi propia mamá. Y anoche… cuando los vi cogiendo, no pude controlarme. Los espié y los filmé.</p>
<p>Griseo se quedó pensativo un largo rato. Luego puso su mano pesada sobre mi hombro y me dijo con voz grave:</p>
<p>—Escúchame bien, Mateo. Esto que hiciste… cambia todo. Tienes un arma muy poderosa en ese teléfono. Pero también tienes una oportunidad.</p>
<p>Me miró fijamente a los ojos.</p>
<p>—Tu mamá se ha vuelto una puta. Una puta muy caliente. Y tú… tú ya no la ves como tu mamá, ¿verdad?</p>
<p>Tragué saliva y negué con la cabeza.</p>
<p>—No… ya no.</p>
<p>Griseo sonrió por primera vez. Una sonrisa oscura, peligrosa.</p>
<p>—Entonces vamos a hacer las cosas bien, mijo. Tú y yo. Juntos. Porque si tú quieres cogerte a tu mamá… yo te voy a ayudar a que lo hagas. Pero vamos a hacerlo a mi manera.</p>
<p>Sentí un escalofrío recorriéndome todo el cuerpo.</p>
<p>Por primera vez en mi vida, sentí que mi abuelo y yo estábamos a punto de compartir el secreto más enfermo y excitante del mundo.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 8: LA LLAMADA</strong></p>
<p><strong>POV MATEO</strong></p>
<p>Maro se fue otra vez esta mañana. Apenas estuvo cuatro días en casa y ya lo mandaron de regreso al norte. Mi mamá lo despidió en la puerta con una sonrisa triste, pero yo sabía que en el fondo estaba aliviada. Lo noté en su forma de moverse después de que la camioneta de mi papá desapareció por la esquina.</p>
<p>Desde que grabé ese video, todo se siente diferente. Mi abuelo y yo hemos estado hablando casi todos los días por WhatsApp. Me ha estado dando consejos, guiándome, diciéndome cómo debo actuar con mi mamá. Dice que tenemos que prepararla poco a poco. Que primero hay que romperla.</p>
<p>Esta noche todo cambió.</p>
<p>Son casi las 10:30 pm. Diego ya lleva más de una hora dormido en su cuarto. Yo estoy en mi habitación jugando en la computadora cuando recibo un mensaje de mi abuelo:</p>
<p><strong>Griseo:</strong> Baja a la sala en 5 minutos. Sin hacer ruido. No enciendas ninguna luz. Siéntate en el sillón grande y observa. No hables. Solo mira.<br /><strong>Griseo:</strong> Esto es para ti, mijo.</p>
<p>Se me seca la boca al instante. El corazón empieza a latirme con fuerza. Sé que mi abuelo está aquí. Lo vi llegar hace como veinte minutos.</p>
<p>Bajo las escaleras en silencio, descalzo, con solo un short de basquetbol. La casa está casi completamente a oscuras, solo hay una lámpara pequeña encendida en la sala que da una luz tenue y rojiza.</p>
<p>Lo que veo me deja paralizado.</p>
<p>Mi mamá está en el centro de la sala, de rodillas sobre la alfombra. Completamente desnuda. Tiene los ojos vendados con una corbata negra y las muñecas atadas a la espalda con la misma corbata. Sus tetitas pequeñas están hinchadas de leche, los pezones duros. Su coño velludo se ve claramente desde donde estoy. Ya está mojada.</p>
<p>Mi abuelo está parado frente a ella, completamente vestido, con la verga gruesa fuera. Le da suaves cachetadas en la cara con su polla mientras le habla en voz baja y cruel:</p>
<p>—¿Extrañabas verga, puta? Tu marido apenas se fue y ya estás aquí como perra en celo, ¿verdad?</p>
<p>—Sí, Papá… —gime mi mamá, con la voz temblorosa de excitación—. Por favor… ya no me hagas esperar más.</p>
<p>Griseo me ve parado en la penumbra de las escaleras. Me hace una seña con la cabeza para que me siente en el sillón grande, justo frente a ellos. Obedezco sin hacer ruido. Mi verga ya está completamente dura dentro del short.</p>
<p>Mi abuelo agarra a mi mamá del pelo y le mete la verga en la boca de golpe. Ella gime fuerte alrededor de su polla, chupándola con desesperación mientras la saliva le escurre por la barbilla. Griseo empieza a follarle la boca con fuerza, golpeándole la garganta.</p>
<p>—Mírate… la esposa de mi yerno, madre de dos, arrodillada como puta barata con los ojos vendados. ¿Sabes qué es lo más rico de esto, hija?</p>
<p>Mi mamá niega con la cabeza, demasiado ocupada tragándose la verga gruesa de mi abuelo.</p>
<p>Griseo sonríe con maldad y mira directamente hacia mí mientras dice:</p>
<p>—Que tu propio hijo está sentado aquí, mirándote como la puta que eres.</p>
<p>Mi mamá se congela por un segundo. Intenta quitarse la venda, pero tiene las manos atadas. Empieza a forcejear, asustada.</p>
<p>—Papá… ¿qué dijiste? —pregunta con la voz quebrada, todavía con la verga de mi abuelo en la boca.</p>
<p>Griseo le agarra la cabeza con más fuerza y se la mete hasta el fondo, silenciándola.</p>
<p>—Shhh… no te muevas. Mateo está aquí. Lleva varios días deseándote. Te grabó cogiendo con su papá la otra noche. Y ahora está sentado frente a ti, viendo cómo tu padrastro te usa como la puta de la familia.</p>
<p>Mi mamá suelta un gemido ahogado que suena entre terror y excitación extrema. Su cuerpo tiembla visiblemente. De su coño velludo empieza a caer un hilo grueso de jugos que mancha la alfombra.</p>
<p>Griseo saca su verga de su boca y la pone de pie. La lleva hasta el sofá, la pone de rodillas sobre los cojines, con el culo hacia afuera, y me mira.</p>
<p>—Ven, Mateo —dice en voz baja pero firme—. Acércate. Es hora de que veas de cerca cómo se coge a tu mamá.</p>
<p>Me levanto con las piernas temblando. Mi verga está tan dura que duele. Me acerco lentamente hasta quedar a menos de un metro de ellos.</p>
<p>Griseo agarra su verga gruesa y la frota contra el coño empapado de mi mamá, abriéndole los labios velludos.</p>
<p>—Dile, Mar —ordena mi abuelo—. Dile a tu hijo lo que eres.</p>
<p>Mi mamá, con los ojos vendados, las manos atadas a la espalda, el culo en pompa y la voz rota de vergüenza y deseo, gime:</p>
<p>—Soy… soy una puta, Mateo… La puta de tu abuelo…</p>
<p>Griseo sonríe satisfecho y, sin avisar, le mete toda la verga de un solo golpe.</p>
<p>Mi mamá grita de placer.</p>
<p>Yo me quedo ahí parado, a un metro de distancia, viendo cómo mi abuelo le parte el coño a mi mamá mientras Diego duerme arriba.</p>
<p>Y por primera vez en mi vida… siento que esto apenas está comenzando.</p>
<hr />
<p><strong>CAPÍTULO 9: TU TURNO</strong></p>
<p><strong>POV GRISEO</strong></p>
<p>La escena era perfecta.</p>
<p>Mar estaba completamente rota. De rodillas sobre el sofá, con los ojos vendados con mi corbata negra y las muñecas fuertemente atadas a la espalda. Su cuerpo menudo temblaba sin control. La leche le goteaba de los pezones cafés y su coño velludo estaba hinchado, rojo y chorreando jugos hasta los muslos. Acababa de correrme dentro de ella hace menos de dos minutos, pero mi verga seguía medio dura solo de ver la cara de shock y excitación de mi nieto.</p>
<p>Mateo estaba parado a menos de un metro, con los ojos muy abiertos y la verga marcándose brutalmente debajo de su short de basquetbol. El chamaco respiraba como si hubiera corrido un maratón.</p>
<p>Era el momento exacto.</p>
<p>Me acerqué a él y le puse una mano firme en el hombro. Lo sentí temblar.</p>
<p>—Mateo —le dije en voz baja pero clara, con tono de autoridad—. Ya viste suficiente. Ahora te toca a ti, mijo.</p>
<p>Mar soltó un gemido ahogado y desesperado al escucharme. Intentó girar la cabeza aunque no podía ver nada.</p>
<p>—Papá… no… por favor… —suplicó con voz quebrada—. Es mi hijo… esto ya está demasiado lejos…</p>
<p>No le hice caso. Miré fijamente a Mateo a los ojos. El muchacho estaba aterrado, excitado y completamente perdido.</p>
<p>—Escúchame bien —continué, hablando solo para él—. Tu mamá es una puta. Una puta que lleva semanas rogando verga a escondidas. Tú la deseas. La has deseado desde que te platiqué. Ahora tienes la oportunidad. Vas a coger a tu mamá. Vas a meterle tu verga mientras yo filmo todo.</p>
<p>Saqué mi teléfono del bolsillo y lo levanté, activando la cámara.</p>
<p>—Esto va a quedar grabado, Mateo. Tú y yo vamos a tener este video para siempre. Y cuando termine, tu mamá va a entender que ya no tiene escapatoria. Que ahora los dos la controlamos.</p>
<p>Mateo tragó saliva con dificultad. Miró a su mamá atada y vendada, luego me miró a mí.</p>
<p>—¿Estás seguro, abuelo? —preguntó casi en un susurro.</p>
<p>—Nunca he estado más seguro de algo —respondí—. Quítate el short. Muéstrale a tu mamá la verga con la que la vas a coger por primera vez.</p>
<p>Mateo obedeció con manos temblorosas. Se bajó el short y su verga saltó libre. Era más grande de lo que esperaba para un chamaco de 18 años. Gruesa, venosa, con la cabeza hinchada y goteando precum. Mar soltó un gemido largo y vergonzoso al escuchar el sonido.</p>
<p>Me coloqué a un lado, enfocando perfectamente con el teléfono.</p>
<p>—Acércate —le ordené—. Ponle la verga en la entrada. Frótala contra su coño velludo. Quiero que ella sienta que es su hijo el que la va a partir.</p>
<p>Mateo dio un paso adelante. Colocó la cabeza de su verga entre los labios hinchados de su madre. Mar dio un respingo violento cuando sintió la polla de su propio hijo tocándola.</p>
<p>—Ay no… Dios mío… Mateo, mi amor… por favor no hagas esto… —suplicó entre gemidos, pero al mismo tiempo empujaba su culo hacia atrás, buscando más contacto.</p>
<p>Yo sonreí detrás de la cámara.</p>
<p>—Díselo, Mar —le ordené con voz dura—. Dile a tu hijo que quieres su verga. Dile que eres una puta que quiere que su propio hijo la coja.</p>
<p>Mar sollozó, pero su coño soltó otro chorro de jugos que corrió por la verga de Mateo.</p>
<p>—Mateo… —gimió con la voz rota de placer y vergüenza—. Soy una puta… Tu mamá es una puta… Por favor… métemela, mijo… Méteme tu verga…</p>
<p>Mateo ya no aguantó más.</p>
<p>Agarró a su mamá de las caderas con ambas manos y, con un empujón firme y profundo, le metió toda la verga hasta el fondo.</p>
<p>Mar soltó un grito ahogado que retumbó en toda la sala.</p>
<p>— ¡Hijo mío…! ¡Me estás cogiendo…!</p>
<p>Mateo empezó a moverse. Primero lento, como si todavía no pudiera creerlo. Después más fuerte. Más salvaje. Los sonidos húmedos de su verga entrando y saliendo del coño velludo de su madre llenaban la sala. Sus tetas se bamboleaban y la leche salpicaba el sofá con cada embestida.</p>
<p>Yo lo grababa todo. De cerca. De lejos. Enfocando la cara de Mar, enfocando cómo la verga de su hijo desaparecía completamente dentro de ella, enfocando sus lágrimas de placer que se escapaban debajo de la venda.</p>
<p>—Así, Mateo —lo animé con voz ronca—. Coge a tu mamá como se merece. Más duro. Rompele ese coño que te parió. Ella es tuya ahora. Nuestra.</p>
<p>Mateo gruñó como animal y empezó a cogérsela con más fuerza, tirándole del cabello hacia atrás mientras le hablaba por primera vez:</p>
<p>—Eres una puta, mamá… Mi puta… Llevo días pajeándome pensando en ti…</p>
<p>Mar se corrió violentamente al escuchar las palabras de su hijo. Su cuerpo se convulsionó, el coño le apretó la verga a Mateo y un chorro de jugos le salpicó las bolas.</p>
<p>Yo seguía grabando, con una erección brutal y una sonrisa oscura en la cara.</p>
<p>Por fin tenía el control total.</p>
<p>Mar ya no era solo mía.</p>
<p>Ahora era de los dos.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 10: LAS NUEVAS REGLAS</strong></p>
<p><strong>POV GRISEO</strong></p>
<p>Mateo estaba follando a su madre con toda la fuerza de sus 18 años. El sonido de sus caderas golpeando contra el culo de Mar era obsceno, húmedo y constante. Ella seguía vendada y con las manos atadas a la espalda, gimiendo como una perra en celo mientras su propio hijo la partía en dos.</p>
<p>—Estoy a punto, abuelo… —gruñó Mateo con la voz entrecortada.</p>
<p>—Termina adentro —le ordené sin dejar de grabar—. Llénala. Llénale el coño a tu mamá.</p>
<p>Mateo soltó un gemido largo y animal. Empujó hasta el fondo y se quedó ahí, temblando. Sus bolas se contrajeron visiblemente mientras descargaba chorros espesos de semen joven y caliente directamente en el útero de su madre. Mar soltó un grito ahogado y se corrió por tercera vez, su coño apretando la verga de su hijo como si quisiera ordeñarlo hasta la última gota.</p>
<p>Los dos se quedaron unidos varios segundos, jadeando. El semen de Mateo empezó a escaparse alrededor de su verga, mezclándose con los jugos de Mar y chorreando hasta la alfombra.</p>
<p>—Suficiente —dije con autoridad—. Ya te corriste, mijo. Súbete el short y vete a tu cuarto. Ahora.</p>
<p>Mateo sacó su verga todavía dura del coño de su madre. Un río blanco y espeso salió inmediatamente del agujero velludo de Mar, cayendo al suelo. El chamaco me miró, todavía aturdido por lo que acababa de hacer.</p>
<p>—Abuelo… yo…</p>
<p>—A tu cuarto, Mateo —repetí más firme—. Esto ya no es asunto tuyo por hoy. Mañana platicamos.</p>
<p>Asintió con la cabeza, se subió el short y subió las escaleras casi corriendo, sin atreverse a mirar a su madre.</p>
<p>Cuando escuché que la puerta de su habitación se cerró, me acerqué a Mar. Seguía de rodillas sobre el sofá, vendada, atada y chorreando semen de su hijo por el coño. Su cuerpo temblaba visiblemente. La leche le seguía goteando de los pezones.</p>
<p>Le quité la venda lentamente. Sus ojos estaban rojos, llenos de lágrimas, vergüenza y algo mucho más oscuro. Me miró con una mezcla de odio, miedo y deseo absoluto.</p>
<p>Me senté en el sillón frente a ella y la observé en silencio durante casi un minuto. El semen de Mateo seguía saliendo de su coño y cayendo sobre la alfombra.</p>
<p>—Todo esto… —empecé a hablar con voz calmada y fría—, lo provocaste tú, Mar.</p>
<p>Ella abrió la boca para protestar, pero la callé con una mirada.</p>
<p>—No me interrumpas. Tú fuiste la que empezó a buscarme cuando Maro se iba. Tú fuiste la que llegó a mi casa rogando verga como perra en celo. Tú fuiste la que se mojó cuando te dije que tu hijo te estaba mirando. Tú convertiste esto en lo que es ahora. Así que no te hagas la víctima.</p>
<p>Mar bajó la mirada, mordiéndose el labio con fuerza. Las lágrimas le corrían por las mejillas.</p>
<p>—Desde hoy las cosas van a cambiar —continué—. A partir de este momento vas a comportarte como una buena madre y una buena esposa. Vas a atender a Diego como debe ser. Vas a cuidar la casa. Vas a ser respetuosa con Maro cuando esté aquí. Vas a sonreír, vas a cocinar y vas a hacer todo lo que se espera de ti.</p>
<p>Hice una pausa y me incliné hacia adelante, mirándola fijamente a los ojos.</p>
<p>— Pero… solo cuando yo te lo ordene, volverás a ser la puta que realmente eres. Cuando yo te diga “hija”, sabrás que ese día te voy a usar. Ya sea yo solo… o con Mateo… o con quien yo decida. Vas a abrir las piernas, vas a mamar verga, vas a tragar leche y vas a dejar que te llenemos todos los hoyos sin protestar. ¿Entiendes?</p>
<p>Mar respiraba agitada. Su coño seguía contrayéndose, expulsando más semen de su hijo.</p>
<p>—Sí, Papá… —susurró con voz rota.</p>
<p>—Quiero escucharlo claro —exigí.</p>
<p>Ella tragó saliva, humillada hasta el fondo del alma, y respondió con la voz temblorosa:</p>
<p>—Voy a ser una buena madre y una buena esposa… Pero cuando tú me lo ordenes… seré la puta de quien tú quieras. De ti… y de mi propio hijo… si así lo decides.</p>
<p>Sonreí satisfecho.</p>
<p>—Muy bien. Ahora voy a desatarte. Vas a limpiar todo este desastre con la lengua. El semen de tu hijo que está en el piso, el que te chorrea del coño… todo. Después vas a subir a tu habitación, te vas a duchar y vas a dormir al lado de la cama de Diego como la buena madre que ahora eres.</p>
<p>Me levanté, me acerqué a ella y le desaté las muñecas. Antes de quitarle completamente las ataduras, le agarré la cara con una mano y la obligué a mirarme.</p>
<p>—Una cosa más, hija. Si alguna vez intentas rebelarte, si le cuentas algo a Maro, o si dejas de obedecerme… voy a mandarle a tu marido el video donde tu propio hijo te está cogiendo. ¿Queda claro?</p>
<p>Mar asintió con lágrimas en los ojos.</p>
<p>—Clarísimo, Papá.</p>
<p>Le solté la cara y di un paso atrás.</p>
<p>—Entonces empieza a limpiar, puta. Con la lengua.</p>
<p>Mar se inclinó hacia adelante, todavía de rodillas, y comenzó a lamer el semen de su propio hijo del piso mientras yo la observaba desde arriba.</p>
<p>Por fin tenía el control absoluto.</p>
<p>Ella ya no era solo mi puta.</p>
<p>Ahora era nuestra.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 11: SIN PERMISO</strong></p>
<p><strong>POV MATEO</strong></p>
<p>Habían pasado cuatro días desde aquella noche.</p>
<p>Cuatro días en los que casi no podía pensar en otra cosa. Cada vez que cerraba los ojos veía a mi mamá de rodillas, vendada, con las manos atadas, gimiendo mientras yo le metía la verga hasta el fondo. Todavía podía sentir cómo su coño velludo me apretaba, cómo se corrió cuando le dije que era mi puta.</p>
<p>Mi abuelo me había dicho que esperara. Que él decidiría cuándo podía volver a tocarla. Pero ya no aguantaba más.</p>
<p>Era jueves por la noche. Mi papá seguía fuera, Diego se había dormido temprano y mi mamá estaba en la cocina lavando los trastes. Traía unos shorts cortos de algodón y una playera sin bra que dejaba ver claramente sus pezones. La leche le había manchado un poco la tela en el pecho.</p>
<p>Me quedé mirándola desde la puerta un buen rato. La verga se me puso dura al instante. Ya no veía a mi mamá… veía a la mujer que mi abuelo y yo nos habíamos cogido.</p>
<p>No lo pensé más.</p>
<p>Me acerqué por detrás en silencio y la abracé fuerte, pegando mi verga dura contra su culo. Metí las manos por debajo de su playera y le agarré las tetas llenas de leche, apretándolas.</p>
<p>—Mamá… —le susurré al oído con la voz ronca—, ya no aguanto. Te necesito.</p>
<p>Mar se tensó completamente. Soltó el plato que tenía en las manos y este cayó al fregadero con ruido.</p>
<p>—Mateo… ¡no! —dijo en voz baja pero firme, tratando de quitarse mis manos de encima.</p>
<p>No le hice caso. Le apreté más las tetas, sintiendo cómo la leche le salía entre los dedos, y empecé a restregarle la verga contra el culo por encima de los shorts.</p>
<p>—Solo una vez… por favor —le rogué, besándole el cuello—. Nadie se va a enterar. Papá no está y Diego ya está dormido. Déjame cogerte otra vez, mamá. Te juro que me muero de ganas.</p>
<p>Mar giró bruscamente y me empujó con fuerza, separándose de mí. Tenía la cara roja, los ojos brillantes y respiraba agitada. Se cubrió las tetas con los brazos, pero eso solo hizo que se le marcaran más los pezones mojados.</p>
<p>—Mateo, escúchame bien —dijo con voz temblorosa pero decidida—. No podemos. No así.</p>
<p>—¿Por qué no? —pregunté frustrado, con la verga todavía dura marcándose obscenamente en mi pants—. Tú también lo querías esa noche. Te corriste como loca cuando te estaba cogiendo.</p>
<p>Mar bajó la mirada, avergonzada. Se mordió el labio inferior con fuerza antes de responder:</p>
<p>—Porque tu abuelo me lo prohibió.</p>
<p>Me quedé callado, sin entender.</p>
<p>Ella continuó, hablando casi en un susurro, como si le diera vergüenza decirlo en voz alta:</p>
<p>—Después de que te fuiste a tu cuarto esa noche… tu abuelo me habló claro. Me dijo que tengo que comportarme como una buena madre y una buena esposa mientras tu papá esté fuera. Que solo cuando él lo ordene… voy a poder ser puta. Y que solo voy a ser puta para quien él decida.</p>
<p>Hizo una pausa. Sus mejillas ardían de humillación.</p>
<p>—O sea… no puedo dejarte cogerme aunque yo quiera. No sin que tu abuelo me lo permita primero. Si lo hacemos sin su permiso… todo se va a poner peor.</p>
<p>Me quedé mirándola, incrédulo.</p>
<p>—¿Estás hablando en serio? —pregunté—. ¿Ahora eres la puta de mi abuelo y tienes que pedirle permiso hasta para que yo te folle?</p>
<p>Mar cerró los ojos con fuerza, como si le doliera escuchar esas palabras de boca de su propio hijo. Cuando los abrió, vi que tenía lágrimas.</p>
<p>—Sí, Mateo… —respondió con la voz rota—. Así es como tu abuelo lo quiso. Yo provoqué todo esto… y ahora tengo que obedecer. Si quieres cogerme… tienes que hablar con él. Tienes que pedirle permiso.</p>
<p>Se hizo un silencio pesado entre los dos.</p>
<p>Yo tenía la verga a punto de reventar dentro del pantalón. Mi mamá estaba frente a mí, con las tetas mojadas de leche, el coño seguramente chorreando, y sin embargo no podía tocarla. No sin que mi abuelo diera la orden.</p>
<p>Mar me miró con una mezcla de vergüenza, deseo y resignación.</p>
<p>—Si quieres… puedes mandarle un mensaje a tu abuelo ahora mismo —susurró casi sin voz—. Pero si no te da permiso… vas a tener que esperar. Aunque yo también tenga ganas.</p>
<p>Se dio la vuelta lentamente hacia el fregadero, dándome la espalda. El short se le había subido y se le veía la mitad de las nalgas. Sabía que lo estaba haciendo a propósito.</p>
<p>Me quedé ahí parado, respirando pesado, con la verga palpitando y la mente hecha un desastre.</p>
<p>Mi propia madre ya no decidía si yo podía cogérmela o no.</p>
<p>Ahora era mi abuelo quien tenía el control absoluto sobre su coño.</p>
<p>Y eso, de alguna forma enferma… me ponía todavía más caliente.</p>
<hr />
<p><strong>CAPÍTULO 12: EL CONTROL</strong></p>
<p><strong>POV MATEO</strong></p>
<p>Me quedé parado en la cocina como un idiota, con la verga todavía dura y el corazón latiéndome a mil. Mi mamá estaba de espaldas, lavando los trastes como si nada, pero yo sabía que estaba tan cachonda como yo. El short se le había subido tanto que casi se le veía el borde de su coño velludo.</p>
<p>No aguanté más.</p>
<p>Saqué mi teléfono con manos temblorosas y le escribí a mi abuelo por WhatsApp:</p>
<p><strong>Mateo:</strong> Abuelo, estoy con mamá en la cocina. Ya no aguanto. Quiero cogérmela ahora. ¿Me das permiso?</p>
<p>Esperé la respuesta con la boca seca. Mi mamá volteó a verme por encima del hombro, nerviosa.</p>
<p>—¿Le estás escribiendo? —preguntó en voz baja.</p>
<p>—Sí… —respondí sin mirarla.</p>
<p>Los dos puntos de “escribiendo…” aparecieron casi de inmediato. Mi abuelo tardó menos de un minuto en contestar. Cuando abrí el mensaje, sentí una mezcla de frustración y excitación enfermiza.</p>
<hr />
<p><strong>Griseo:</strong> No. Hoy no podrás coger a tu mamá.<br /><strong>Griseo:</strong> Tendrás que esperar dos días. El sábado por la noche.<br /><strong>Griseo:</strong> Y cuando lo hagas, vas a filmar todo. Quiero que grabes cómo le metes la verga a tu madre desde varios ángulos. Cuando termines de cogértela y te corras adentro, me vas a enviar el video completo por WhatsApp.<br /><strong>Griseo:</strong> Esto no es un juego, Mateo. Quiero que entiendas quién tiene el control aquí. Yo decido cuándo, cómo y con quién se abre de piernas tu mamá. Si no puedes esperar, te aguantas. ¿Entendido?</p>
<hr />
<p>Leí el mensaje dos veces. Sentí cómo la sangre me subía a la cara. Mi abuelo no me estaba dando permiso por capricho. Lo estaba haciendo a propósito, solo para demostrar que él era el que mandaba. Que ni yo ni mi mamá podíamos decidir nada. Que éramos sus putas.</p>
<p>Mi mamá se secó las manos y se acercó lentamente.</p>
<p>—¿Qué te respondió? —preguntó con voz suave, casi temerosa.</p>
<p>No dije nada. Solo giré el teléfono y se lo puse frente a la cara para que leyera los mensajes.</p>
<p>Mar leyó en silencio. Vi cómo sus ojos se iban abriendo más y más conforme avanzaba. Cuando terminó, soltó un pequeño gemido de vergüenza y apretó los muslos con fuerza. Sus pezones se marcaron todavía más contra la playera.</p>
<p>—Dos días… —susurró, casi para sí misma.</p>
<p>Se quedó mirando el teléfono un rato más, especialmente la parte donde mi abuelo decía “yo decido cuándo, cómo y con quién se abre de piernas tu mamá”. Vi cómo se le ponía la piel de gallina en los brazos.</p>
<p>—Tu abuelo… realmente quiere controlarlo todo —dijo con la voz temblorosa—. No solo me humilla a mí… también te humilla a ti haciéndote esperar.</p>
<p>Me guardé el teléfono, frustrado y excitado al mismo tiempo. Mi verga seguía dura como piedra.</p>
<p>—¿Y tú qué piensas? —le pregunté, acercándome un poco más.</p>
<p>Mar me miró a los ojos. Tenía las mejillas rojas y la respiración agitada. Se mordió el labio inferior antes de responder:</p>
<p>—Que tengo que obedecer, mijo… Aunque me muera de ganas de que me cojas ahora mismo. Aunque sienta tu semen de la otra noche todavía saliendo de mí cuando me muevo… tengo que esperar a que tu abuelo me lo permita.</p>
<p>Se acercó un poco más, hasta quedar casi pegada a mí. Podía sentir el calor de su cuerpo y el olor a leche de sus tetas.</p>
<p>—Dentro de dos días… vas a tener que filmarme mientras me coges —susurró, bajando la mirada—. Y vas a tener que mandarle el video a tu abuelo como prueba. ¿Estás dispuesto a hacer eso, Mateo?</p>
<p>Asentí lentamente, sin poder quitarle los ojos de encima.</p>
<p>—Sí, mamá… voy a filmarte. Voy a grabar cómo te meto la verga, cómo te corres, cómo te lleno de semen… y se lo voy a mandar a mi abuelo.</p>
<p>Mar soltó un suspiro entrecortado. Por un segundo pensé que iba a besarme, pero en lugar de eso dio un paso atrás y se cruzó de brazos sobre sus tetas hinchadas.</p>
<p>—Entonces… tendremos que esperar hasta el sábado —dijo con resignación, aunque su voz sonaba cargada de deseo—. Hasta que tu abuelo nos dé permiso.</p>
<p>Se dio la vuelta para seguir lavando los trastes, pero antes de alejarse completamente, murmuró casi sin voz:</p>
<p>—Y dile a tu abuelo que… que acepto sus condiciones. Que seré una buena madre estos dos días… y que el sábado seré la puta que él quiera que sea.</p>
<p>Me quedé ahí parado en la cocina, viendo cómo mi mamá movía las caderas mientras lavaba, sabiendo que no podía tocarla.</p>
<p>Dos días.</p>
<p>Dos putos días más esperando para poder cogerme a mi propia madre.</p>
<p>Y lo peor de todo es que mi abuelo lo sabía perfectamente. Sabía que cada hora que pasaba nos iba a poner más desesperados, más obedientes… más suyos.</p>
<p>Esto ya no era solo sexo.</p>
<p>Esto era control total.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 13: EL SECRETO</strong></p>
<p><strong>POV MAR</strong></p>
<p>Dos días.</p>
<p>Llevaba dos días comportándome como la madre y esposa perfecta que tu abuelo exigía. Sonriendo, cocinando, bañando a Diego, lavando la ropa… todo mientras sentía un vacío constante entre las piernas. El semen de Mateo y de tu abuelo todavía parecía estar marcado dentro de mí. Cada vez que me movía, mi coño velludo se rozaba y me recordaba lo puta que me había vuelto.</p>
<p>Pero lo que más me estaba matando era ver a Mateo.</p>
<p>El pobre parecía un perro en celo. Lo sorprendía mirándome las tetas, el culo, las piernas. Caminaba raro por la casa porque siempre tenía la verga dura. Apenas me hablaba, pero sus ojos lo decían todo. Estaba sufriendo. Mi propio hijo estaba sufriendo por no poder tocarme.</p>
<p>Esa noche, el sábado ya estaba cerca, pero todavía faltaban casi 24 horas para que tu abuelo nos diera permiso.</p>
<p>No lo soporté más.</p>
<p>Diego ya estaba profundamente dormido. La casa estaba en silencio. Bajé a la sala y ahí estaba Mateo, sentado en el sofá con la luz tenue del televisor. Tenía el short abultado. Otra vez.</p>
<p>Me quedé mirándolo desde la entrada de la sala un buen rato. Mi corazón latía con fuerza. Sabía que estaba desobedeciendo directamente una orden de tu abuelo. Pero ver a mi hijo así… tan desesperado, tan cachondo por mí… algo se me rompió por dentro.</p>
<p>Caminé hacia él lentamente. Cuando me vio, se puso rígido.</p>
<p>—Mamá… —susurró.</p>
<p>Me senté a su lado en el sofá. Muy cerca. Tanto que mi muslo tocaba el suyo. Llevaba una bata corta de seda, sin nada debajo. Mis tetitas ya estaban empezando a gotear leche otra vez.</p>
<p>—Te he estado viendo estos días, mijo —le dije en voz muy baja, casi un susurro—. Te he visto sufrir. Te he visto mirándome como si te estuvieras muriendo de ganas.</p>
<p>Mateo tragó saliva y bajó la mirada, avergonzado.</p>
<p>—No puedo evitarlo, mamá… Desde que te cogí esa noche no pienso en otra cosa.</p>
<p>Lo miré fijamente. Mi pobre hijo. Mi niño. Y al mismo tiempo… mi amante prohibido.</p>
<p>—Tu abuelo me prohibió que me cogieras hasta mañana —continué, mordiéndome el labio—. Y tengo mucho miedo de desobedecerlo. Pero…</p>
<p>Deslicé mi mano lentamente por su muslo hasta llegar al bulto enorme que tenía entre las piernas. Lo apreté por encima del short. Mateo soltó un gemido ahogado.</p>
<p>—…puedo hacer otra cosa —susurré, acercando mi boca a su oído—. Será nuestro secreto, Mateo. Solo entre tú y yo. Tu abuelo no tiene por qué enterarse. ¿Quieres que tu mamá te masturbe, mi amor?</p>
<p>Mateo asintió rápidamente, con los ojos muy abiertos y la respiración agitada.</p>
<p>—Sí, mamá… por favor…</p>
<p>Me temblaban las manos mientras le bajaba el short. Su verga saltó libre, gruesa, venosa y completamente dura. La cabeza estaba morada y brillaba de tanto precum. Era la verga de mi propio hijo y se veía deliciosa.</p>
<p>La envolví con mi mano pequeña. Estaba caliente, palpitando. Empecé a masturbarlo despacio, de arriba hacia abajo, apretando justo como me imaginaba que le gustaba.</p>
<p>—Qué verga tan rica tienes, mijo… —gemí bajito, sin dejar de mover mi mano—. Está tan dura por tu mamá… Tan hinchada…</p>
<p>Mateo echó la cabeza hacia atrás y soltó un gemido ronco. Yo aceleré el movimiento, masturbándolo con más fuerza mientras con la otra mano le agarraba las bolas.</p>
<p>—Mírame, Mateo —le ordené suavemente—. Mira a tu mamá mientras te jala la verga.</p>
<p>Él obedeció. Sus ojos estaban vidriosos de placer. Yo abrí un poco mi bata, dejando que mis tetitas pequeñas y llenas de leche quedaran expuestas. Un hilo de leche blanca caía de uno de mis pezones.</p>
<p>—¿Te gusta ver las tetas de tu mamá mientras te masturbo? —le pregunté con voz viciosa.</p>
<p>—Sí… mamá… me encanta —jadeó.</p>
<p>Empecé a mover la mano más rápido. El sonido húmedo de su verga siendo masturbada llenaba la sala. Mateo empezó a mover las caderas, follándose mi puño.</p>
<p>—Esto es solo nuestro secreto, ¿entiendes? —le susurré al oído mientras le jalaba la verga con fuerza—. Cuando tu abuelo no esté… mamá te puede masturbar. Te puedo dejar que me toques las tetas… que me chupes la leche… pero no podemos cogernos hasta que él nos dé permiso. ¿Está claro?</p>
<p>—Sí, mamá… —gimió, ya casi sin control—. Es nuestro secreto… Solo nuestro…</p>
<p>Sentí cómo su verga se hinchaba todavía más en mi mano. Estaba a punto.</p>
<p>—Quiero que te corras, mijo —le dije, acelerando el movimiento—. Quiero que le eches toda tu leche a las tetas de tu mamá. Vamos… córrete para mí.</p>
<p>Mateo soltó un gruñido ahogado y explotó.</p>
<p>Chorros gruesos y calientes de semen salieron disparados, cayendo sobre mis tetitas, mis pezones y mi cuello. Me corrí solo de sentir cómo mi hijo me estaba bañando de leche, sin que él me tocara el coño.</p>
<p>Cuando terminó, tenía el pecho y las tetas completamente cubiertas de semen espeso.</p>
<p>Me quedé mirándolo, jadeando, con su verga todavía palpitando en mi mano.</p>
<p>—Esto nunca se lo vamos a contar a tu abuelo —le dije con seriedad, aunque mi voz estaba cargada de placer—. Será nuestro secreto, Mateo. Madre e hijo.</p>
<p>Él solo asintió, todavía recuperándose del orgasmo más intenso de su vida.</p>
<p>Yo miré el semen de mi propio hijo escurriéndose entre mis tetas y sentí una mezcla terrible de culpa… y una excitación más grande que nunca.</p>
<p>Sabía que estaba desobedeciendo a Griseo.</p>
<p>Pero por primera vez en mucho tiempo… me sentí dueña de algo.</p>
<p>Aunque fuera solo de este pequeño y sucio secreto.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 14: LA PRUEBA</strong></p>
<p><strong>POV GRISEO</strong></p>
<p>El video llegó el sábado por la noche, tal como lo había ordenado.</p>
<p>Estaba sentado en mi sillón favorito, con un vaso de whisky en la mano y la casa en silencio. Laura ya se había dormido. Abrí el mensaje de Mateo y reproduje el video.</p>
<p>La calidad era buena.</p>
<p>Se veía claramente a Mar arrodillada en la sala de su casa, completamente desnuda, con los ojos vendados y las manos atadas a la espalda. Mateo la tenía agarrada del cabello mientras le metía la verga con fuerza desde atrás. El sonido era nítido: los gemidos desesperados de mi hijastra, el golpe húmedo de las caderas de Mateo contra su culo, y las palabras sucias que él le decía entre jadeos.</p>
<p>—Eres una puta, mamá… Mi puta…</p>
<p>—Sí, mijo… soy tu puta… cógeme más duro…</p>
<p>Me masturbé viendo el video. Dos veces. Ver cómo mi nieto le partía el coño velludo a su propia madre me ponía como pocas cosas en la vida. El video duraba casi 18 minutos. Mateo se corrió dos veces adentro de ella y, tal como le ordené, enfocó de cerca cómo su semen salía a borbotones del coño abierto de Mar.</p>
<p>Cuando el video terminó, me quedé pensativo.</p>
<p>Algo no encajaba.</p>
<p>Mar se veía demasiado obediente. Demasiado rota. Demasiado… satisfecha. Y Mateo se veía demasiado seguro de sí mismo para ser la primera vez que la cogía después de mi prohibición. Había una familiaridad en la forma en que se tocaban, en cómo ella movía el culo buscando su verga, en cómo gemía su nombre.</p>
<p>Sospechaba que me habían desobedecido.</p>
<p>Decidí no decir nada todavía. Quería confirmar mis sospechas y, sobre todo, quería subir el nivel. Ya era momento de apretar la soga alrededor de sus cuellos. Ya no bastaba con controlarlos. Quería humillarlos hasta el fondo del alma.</p>
<p>Al día siguiente, domingo por la tarde, les mandé un mensaje grupal:</p>
<p><strong>Griseo:</strong> Los quiero a los dos en mi casa en una hora.<br /><strong>Griseo:</strong> Mar, ponte la bata de seda corta que usas en casa. Sin ropa interior.<br /><strong>Griseo:</strong> Mateo, trae el teléfono con el que grabaste el video.<br /><strong>Griseo:</strong> No lleguen tarde.</p>
<p>Cuando llegaron, los hice esperar de pie en la sala durante diez minutos sin decirles una palabra. Mar estaba nerviosa, con las manos entrelazadas frente a ella. Mateo intentaba parecer calmado, pero se le notaba la tensión en los hombros.</p>
<p>Finalmente me senté en mi sillón y los miré con frialdad.</p>
<p>—Reproduzcan el video —ordené.</p>
<p>Mateo obedeció y puso el video en la televisión grande. Los gemidos de Mar llenaron la sala otra vez. Vi cómo ella bajaba la mirada, avergonzada, mientras se escuchaba a sí misma llamándole “mijo” a su propio hijo mientras se dejaba follar.</p>
<p>Cuando el video terminó, me quedé en silencio unos segundos más.</p>
<p>—Se portaron bien… aparentemente —dije con tono calmado—. Pero hay algo que no me convence. Mar, mírame.</p>
<p>Ella levantó la vista, asustada.</p>
<p>—¿Te cogió Mateo entre el martes y el viernes? —pregunté directamente.</p>
<p>Mar se puso pálida. Dudó medio segundo de más.</p>
<p>—No, Papá… —respondió, pero su voz tembló.</p>
<p>Sonreí con frialdad.</p>
<p>—Mentirosa.</p>
<p>Me levanté lentamente y me acerqué a ellos. Primero miré a Mateo.</p>
<p>—Tú también estás mintiendo, ¿verdad? Te masturbaste pensando en ella. O algo peor. ¿Crees que soy estúpido, chamaco?</p>
<p>Mateo no respondió.</p>
<p>Entonces me paré frente a Mar, le agarré la cara con una mano y la obligué a mirarme.</p>
<p>—Te di una orden muy clara: solo serías puta cuando yo lo permitiera. Y tú, en lugar de obedecer como la perra sumisa que se supone que eres, decidiste portarte como una madre consentidora. ¿Qué le hiciste a tu hijo, Mar? ¿Le mamaste la verga? ¿Le dejaste que te chupara las tetas? ¿O simplemente le jalaste la verga como la puta traicionera que eres?</p>
<p>Mar empezó a llorar en silencio. Las lágrimas le corrían por las mejillas.</p>
<p>—Solo… solo lo masturbé, Papá… —confesó entre sollozos—. No lo cogí. Solo lo masturbé dos veces… Era un secreto entre nosotros. Por favor… no te enojes.</p>
<p>Sonreí. Por fin lo admitía.</p>
<p>Miré a Mateo, que ahora también tenía la cabeza baja.</p>
<p>—Los dos me han desobedecido —dije con voz peligrosa—. Y la desobediencia se paga caro.</p>
<p>Me senté de nuevo y crucé las piernas.</p>
<p>—Desde hoy el control va a ser mucho más estricto. Mar, te voy a poner reglas nuevas y las vas a seguir al pie de la letra. Cada vez que quieras tocar a tu hijo, cada vez que él quiera tocarte, cada vez que quieras correrte… me van a pedir permiso. Por escrito. Con fotos si yo lo exijo.</p>
<p>Miré a Mateo.</p>
<p>—Y tú, nieto… vas a aprender lo que es el verdadero control. El sábado vas a coger a tu mamá otra vez… pero esta vez yo voy a estar presente. Y vas a hacer exactamente lo que yo te diga. La vas a humillar. La vas a hacer llorar de vergüenza mientras la follas. Y al final, los dos van a darme las gracias por permitirles cogerse.</p>
<p>Me incliné hacia adelante, mirándolos con desprecio y placer.</p>
<p>—Ahora, los dos van a arrodillarse aquí frente a mí. Van a pedirme perdón por haber sido unos mentirosos. Y después, Mar… vas a chuparme la verga mientras le explicas a tu hijo lo puta que eres y lo mucho que te gusta desobedecerme.</p>
<p>Mar y Mateo se miraron por un segundo, aterrorizados.</p>
<p>Luego, lentamente, los dos se arrodillaron frente a mí.</p>
<p>El juego acababa de subir de nivel.</p>
<p>Y esta vez, pensaba romperlos por completo.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 15: LA RESISTENCIA</strong></p>
<p><strong>POV MATEO</strong></p>
<p>No podía creer lo que estaba pasando.</p>
<p>Estábamos los tres en la sala de la casa de mi abuelo. Mi mamá y yo arrodillados frente a él como dos perros. Acabábamos de confesarle todo. Mi mamá estaba llorando en silencio, con la cara roja de vergüenza, mientras mi abuelo nos miraba desde su sillón como si fuéramos dos insectos.</p>
<p>Y entonces lo decidí.</p>
<p>Ya estaba harto.</p>
<p>Harto de que mi abuelo nos tratara como si fuéramos sus putos esclavos. Harto de que decidiera cuándo podía tocar a mi mamá, cuándo podía cogérmela, cuándo podía siquiera mirarla. Ella era <em>mi</em> mamá. Yo también tenía derecho.</p>
<p>Mientras mi mamá seguía arrodillada con la cabeza baja, me armé de valor y hablé:</p>
<p>—Abuelo… esto ya está pasando de lanza —dije con la voz más firme que pude—. Yo también soy parte de esto. No puedes decidir todo. Mamá y yo podemos hacer lo que queramos sin tener que pedirte permiso cada cinco minutos.</p>
<p>Griseo levantó una ceja lentamente. Una sonrisa peligrosa se formó en su cara.</p>
<p>—¿Ah sí, Mateo? —preguntó con tono burlón—. ¿Y quién chingados te crees que eres para decirme lo que puedo o no puedo decidir?</p>
<p>No me eché para atrás.</p>
<p>—Soy su hijo. Y ella también me desea. No necesitas controlarlo todo.</p>
<p>Mi abuelo soltó una risa baja y oscura que me heló la sangre. Luego miró a mi mamá, que seguía arrodillada a mi lado, temblando.</p>
<p>—Mar… ¿escuchaste a tu hijo? —le preguntó con calma—. Parece que quiere desafiarme. ¿Tú qué opinas?</p>
<p>Mi mamá levantó la cara lentamente. Tenía los ojos hinchados de tanto llorar. Me miró un segundo y luego bajó la vista otra vez.</p>
<p>—Mateo… cállate —susurró con voz rota.</p>
<p>Pero yo ya no podía parar.</p>
<p>Me acerqué a ella todavía arrodillado y le hablé en voz baja, casi al oído, para que mi abuelo escuchara:</p>
<p>—Mamá… ya basta de esto. No le hagas caso. Él no es nuestro dueño. Tú misma me masturbaste dos veces. Sé que también tienes ganas. Por favor… solo mamáme la verga. Aquí y ahora. Solo una mamada. No tiene por qué enterarse de todo. Se lo podemos ocultar.</p>
<p>Mi mamá se tensó completamente.</p>
<p>Sentí cómo su cuerpo se ponía rígido junto al mío. Esperé que se quebrara como las otras veces. Esperé que la excitación pudiera más que ella.</p>
<p>Pero esta vez fue diferente.</p>
<p>Mar respiró profundo, cerró los ojos un momento y cuando los abrió, su mirada era más clara y firme de lo que la había visto en semanas.</p>
<p>—No, Mateo.</p>
<p>La forma en que lo dijo me dejó helado. No había temblor en su voz. No había duda.</p>
<p>—No voy a desobedecer a tu abuelo otra vez —continuó, mirándome directamente a los ojos—. Ya le mentimos una vez y mira cómo estamos. Arrodillados como perros. Humillados. No voy a volver a caer en lo mismo.</p>
<p>—Mamá… —intenté insistir, acercándome más—. Solo una mamada. Nadie se va a enterar. Por favor… tengo la verga a punto de reventar. Solo quiero sentir tu boca…</p>
<p>Mar negó con la cabeza lentamente. Por primera vez en mucho tiempo, vi algo parecido a dignidad en su mirada.</p>
<p>—Dije que no, Mateo. Tu abuelo tiene razón. Yo empecé todo esto. Yo fui la que se volvió puta. Pero ahora entiendo que si sigo desobedeciéndole, esto nunca va a parar y solo va a empeorar. No voy a volver a tocarte sin su permiso. Ni voy a dejar que me toques.</p>
<p>Miró a mi abuelo con resignación y vergüenza, pero también con una extraña aceptación.</p>
<p>—Papá… —le dijo directamente a Griseo—, perdóname por haberte desobedecido. No volverá a pasar. Haré lo que tú ordenes. Cuando tú ordenes. Con quien tú ordenes.</p>
<p>Griseo sonrió con satisfacción. Me miró a mí con desprecio puro.</p>
<p>—¿Ves, Mateo? Hasta tu mamá entiende mejor que tú cómo funcionan las cosas ahora. Ella ya aceptó que es mía. Tú, en cambio, sigues creyendo que tienes algún tipo de poder aquí.</p>
<p>Me quedé arrodillado, humillado, con la verga todavía dura y el orgullo hecho pedazos. Mi propia madre acababa de rechazarme. Y lo peor era que lo había hecho delante de mi abuelo.</p>
<p>Mar se inclinó hacia adelante, todavía de rodillas, y besó el zapato de Griseo en un acto de total sumisión.</p>
<p>—Dime qué quieres que haga, Papá —susurró contra el piso—. Lo que sea. Pero por favor… ya no me hagas elegir entre los dos.</p>
<p>Griseo me miró con una sonrisa triunfante y luego acarició el cabello de mi mamá como si fuera su mascota.</p>
<p>—Buena niña —dijo con voz suave y cruel—. Parece que por fin estás aprendiendo tu lugar.</p>
<p>Yo me quedé ahí, arrodillado, viendo cómo mi mamá se sometía completamente a mi abuelo.</p>
<p>Y por primera vez desde que todo esto empezó… sentí que había perdido a mi mamá.</p>
<p>No solo como mujer.</p>
<p>También como aliada.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 16: LEALTAD</strong></p>
<p><strong>POV GRISEO</strong></p>
<p>El silencio en la sala era casi perfecto.</p>
<p>Mateo seguía arrodillado, rojo de humillación y rabia después de que su propia madre lo rechazara frente a mí. Mar permanecía con la frente pegada a mi zapato, temblando, acabando de declarar su completa sumisión. Era el momento ideal. Había que aplastar cualquier resto de rebeldía que quedara en el chamaco y, al mismo tiempo, sellar la lealtad absoluta de Mar.</p>
<p>Sonreí con frialdad.</p>
<p>—Levanta la cara, puta —le ordené a Mar.</p>
<p>Ella obedeció inmediatamente. Tenía los ojos hinchados, las mejillas mojadas de lágrimas y una expresión de absoluta rendición. Perfecto.</p>
<p>—Mírame —le dije—. ¿De verdad estás dispuesta a obedecerme en todo? ¿Sin importar lo que te pida?</p>
<p>—Sí, Papá… —respondió sin dudar, con voz temblorosa pero clara—. Haré lo que tú me ordenes.</p>
<p>—Bien. Entonces vas a demostrarme tu lealtad ahora mismo. Aquí. Frente a tu hijo.</p>
<p>Me recargué en el sillón y abrí las piernas. Saqué mi verga gruesa, que ya estaba completamente dura por el placer de verlos tan destruidos.</p>
<p>—Quiero que le demuestres a Mateo quién es tu verdadero dueño. Vas a gatear hasta aquí, vas a meterte mi verga hasta la garganta y me vas a mamar como la puta bien entrenada que eres. Mientras lo haces, vas a mirarlo a los ojos todo el tiempo y le vas a explicar exactamente por qué elegiste obedecerme a mí en lugar de complacer a tu propio hijo.</p>
<p>Mar tragó saliva con fuerza, pero no protestó. Se puso en cuatro patas y comenzó a gatear lentamente hacia mí. Su bata de seda se abrió por completo, dejando ver sus tetitas hinchadas de leche y su coño velludo todavía brillante.</p>
<p>Cuando llegó frente a mí, tomó mi verga con ambas manos y la miró un momento antes de levantar la vista hacia su hijo.</p>
<p>—Mateo… —empezó a decir con voz ronca mientras me lamía lentamente la cabeza de la verga—. Perdóname, mijo… pero tu abuelo tiene razón. Yo empecé todo esto. Yo fui la que se volvió adicta a su verga. Yo fui la que le rogó que me cogiera cuando tu papá no estaba.</p>
<p>Abrió la boca y se metió mi verga hasta la mitad. Chupó con fuerza, haciendo ruidos obscenos, sin dejar de mirar a Mateo a los ojos.</p>
<p>—Mmhh… —gimió alrededor de mi polla—. Por eso… tengo que obedecerle. Aunque eso signifique rechazarte a ti… mi propio hijo.</p>
<p>Empezó a mamármela con más ganas, metiéndosela cada vez más profundo, hasta que le golpeaba la garganta. Las lágrimas le corrían por las mejillas, pero no apartaba la mirada de Mateo ni un segundo.</p>
<p>—Soy… glurp… soy su puta, Mateo… —continuó hablando entre mamadas—. No tuya. No somos iguales. Tu abuelo es el que manda… y yo le pertenezco. Si él me dice que no te puedo tocar… entonces no te voy a tocar. Aunque tú estés sufriendo… aunque yo también tenga ganas…</p>
<p>Me agarró las bolas con una mano mientras me chupaba con devoción, babeando abundantemente sobre mi verga. El sonido de su garganta siendo follada llenaba la sala.</p>
<p>Me giré hacia Mateo, que miraba la escena con los puños apretados y la verga marcándose dolorosamente en su pantalón.</p>
<p>—¿Ves esto, chamaco? —le dije con tono burlón mientras le agarraba el cabello a su madre y empezaba a follarle la boca con más fuerza—. Esta es la diferencia entre tú y yo. Tú le pides. Yo le ordeno. Tú la deseas. Yo la poseo.</p>
<p>Mar soltó un gemido ahogado cuando le metí la verga hasta el fondo y se la dejé ahí varios segundos, cortándole la respiración. Cuando la saqué, ella jadeó buscando aire, con hilos de saliva colgando de su boca.</p>
<p>—Díselo más claro, puta —le ordené, dándole una cachetada suave en la cara con mi verga mojada—. Dile a tu hijo por qué nunca vas a volver a desobedecerme.</p>
<p>Mar respiraba con dificultad. Tenía la barbilla llena de saliva y los ojos rojos. Miró directamente a Mateo y habló con la voz quebrada pero firme:</p>
<p>—Porque prefiero ser la puta obediente de tu abuelo… que una madre que traiciona a su dueño. Prefiero rechazarte y sufrir… a volver a desobedecerlo. Lo siento, mijo… pero a partir de ahora, solo voy a abrir las piernas o la boca cuando tu abuelo lo ordene. Ni un segundo antes.</p>
<p>Sonreí con profunda satisfacción y le metí la verga hasta el fondo de la garganta otra vez, follándole la boca con brutalidad mientras miraba a mi nieto.</p>
<p>—Esto es el nuevo orden, Mateo —le dije sin dejar de usar la boca de su madre—. Aprende a aceptarlo. O vas a sufrir mucho más.</p>
<p>Mar seguía mamándome con devoción total, mirándome a mí con adoración y a su hijo con culpa.</p>
<p>Y yo… yo nunca me había sentido tan poderoso.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 17: LA RENDICIÓN</strong></p>
<p><strong>POV MATEO</strong></p>
<p>Lo entendí todo en ese preciso momento.</p>
<p>Mientras veía a mi mamá arrodillada entre las piernas de mi abuelo, chupándole la verga con devoción absoluta, babeando, llorando y gimiendo alrededor de esa polla gruesa… comprendí que no había otra forma.</p>
<p>Si quería seguir cogiéndome a mi mamá, si quería volver a sentir ese coño velludo apretándome la verga, si quería seguir teniendo aunque sea una parte de ella… tenía que someterme.</p>
<p>Completamente.</p>
<p>No había rebelión posible. Mi abuelo tenía todo el poder. Tenía los videos. Tenía el control sobre mi mamá. Y ella… ella ya había elegido. Lo había dejado más que claro mientras le mamaba la verga mirándome a los ojos.</p>
<p>Tragué saliva con dificultad. Tenía la verga tan dura que me dolía. Mi orgullo estaba hecho pedazos, pero el deseo era más fuerte.</p>
<p>Me incliné hacia adelante, todavía de rodillas, y hablé con la cabeza baja:</p>
<p>—Abuelo… perdóname.</p>
<p>Griseo detuvo el movimiento de la cabeza de mi mamá y la mantuvo con la verga metida hasta la mitad de la garganta. Me miró con una ceja levantada, esperando.</p>
<p>—Perdóname por haberte desafiado —continué, con la voz ronca de vergüenza—. Tenías razón. Tú eres quien manda. Tú decides. Yo… yo solo quiero poder seguir cogiendo a mi mamá. Haré lo que tú digas. Te voy a obedecer. Por favor… dame permiso.</p>
<p>Se hizo un largo silencio.</p>
<p>Mi mamá seguía con la verga de mi abuelo en la boca, mirándome de reojo con los ojos llenos de lágrimas. No se atrevía a sacarla.</p>
<p>Finalmente, Griseo soltó una risa baja, casi compasiva.</p>
<p>—Miren nada más… —dijo con tono burlón pero más suave—. Al final el chamaco sí sabe cuál es su lugar.</p>
<p>Me miró durante varios segundos, como evaluándome. Luego suspiró.</p>
<p>—Está bien, Mateo. Me das lástima. Voy a ser misericordioso esta vez.</p>
<p>Sentí un alivio inmenso recorriéndome el cuerpo.</p>
<p>—Gracias, abuelo… —murmuré.</p>
<p>Griseo agarró a mi mamá del cabello con más fuerza y empezó a moverle la cabeza lentamente, follándole la boca con calma mientras hablaba:</p>
<p>—Mar, no saques mi verga de tu boca. Solo vas a escuchar. Tu hijo acaba de pedirme perdón como se debe. Y yo he decidido darle una oportunidad.</p>
<p>Miró directamente a mi mamá, que seguía mamando con los ojos muy abiertos.</p>
<p>—Mateo —continuó mi abuelo—, te voy a dar permiso para que te cojas a tu mamá. Pero solo por atrás. Vas a cogértela por el culo mientras ella me sigue mamando la verga. Quiero que la partas bien duro. Quiero escuchar cómo gime con mi verga en la garganta. ¿Entendido?</p>
<p>—Sí, abuelo… —respondí inmediatamente, con el corazón latiéndome a mil.</p>
<p>—Entonces quítate la ropa y ponte detrás de tu madre. Ahora.</p>
<p>Me levanté tan rápido que casi me caigo. Me quité la playera, el short y los boxers en segundos. Mi verga estaba completamente tiesa, goteando precum. Me coloqué detrás de mi mamá, que seguía en cuatro patas mamándole la verga a mi abuelo.</p>
<p>Le subí la bata hasta la cintura. Su culo redondo y moreno quedó completamente expuesto. Su coño velludo estaba chorreando, pero yo tenía órdenes claras. Escupí en mi mano, froté saliva en mi verga y luego escupí directamente sobre su ano.</p>
<p>Mar soltó un gemido ahogado alrededor de la verga de mi abuelo cuando sintió la cabeza de mi polla presionando contra su culo.</p>
<p>—Despacio al principio —ordenó mi abuelo, sin dejar de mover la cabeza de mi mamá sobre su verga—. Pero cuando esté adentro, quiero que la folles como se merece. Recuérdale que ya no decide nada.</p>
<p>Empujé.</p>
<p>El ano de mi mamá cedió lentamente y mi verga se fue metiendo centímetro a centímetro en su culo apretado. Mar soltó un gemido largo y ahogado, vibrando alrededor de la verga de mi abuelo.</p>
<p>—Joder, mamá… estás tan apretada… —gruñí cuando logré meterla hasta el fondo.</p>
<p>Empecé a moverme. Primero lento, luego cada vez más fuerte. Pronto estaba cogiéndome el culo de mi mamá con embestidas profundas mientras ella seguía mamándole la verga a mi abuelo como una puta desesperada.</p>
<p>Griseo me miró con satisfacción, acariciando el cabello de mi mamá como si fuera su mascota.</p>
<p>—Así se hace, Mateo —dijo con voz ronca—. Esto es lo que tenías que entender. Si quieres cogerte a tu mamá… tienes que pedírmelo. Tienes que humillarte. Y tienes que aceptar que yo siempre estaré por encima de ti.</p>
<p>Mi mamá gemía como loca, ahogada por la verga de mi abuelo, mientras yo le partía el culo sin piedad.</p>
<p>Y aunque me había humillado… aunque había tenido que suplicar…</p>
<p>En ese momento solo podía pensar en una cosa:</p>
<p>Valió completamente la pena.</p>
<p><strong>CAPÍTULO 18: LA LLENADA</strong></p>
<p><strong>POV MATEO</strong></p>
<p>Estaba completamente perdido.</p>
<p>Tenía mis manos clavadas en las caderas de mi mamá mientras le metía la verga hasta el fondo del culo. Cada embestida era más fuerte que la anterior. Su ano apretado me estrangulaba la polla de una forma brutal. El sonido de mis huevos golpeando contra su coño velludo mojado llenaba toda la sala junto con los gemidos ahogados de mi mamá, que seguía con la verga gruesa de mi abuelo metida hasta la garganta.</p>
<p>—Más duro, Mateo —ordenó mi abuelo sin dejar de follarle la boca—. Quiero que le partas el culo a tu mamá. Que sienta que su propio hijo la está rompiendo.</p>
<p>Obedecí como un animal.</p>
<p>Aceleré el ritmo, cogiéndome el culo de mi mamá con toda mi fuerza. Sus nalgas rebotaban contra mi pelvis con cada embestida. Ella temblaba entera, babeando abundantemente sobre la verga de mi abuelo.</p>
<p>No aguanté mucho más.</p>
<p>—Abuelo… voy a correrme… —avisé con la voz entrecortada.</p>
<p>—Adentro —gruñó él—. Llénalle el culo a tu madre. Hasta el fondo.</p>
<p>Empujé una última vez lo más profundo que pude y me corrí con un gemido ronco.</p>
<p>Mi verga palpitó violentamente dentro del ano de mi mamá, soltando chorros espesos y calientes de semen directamente en sus entrañas. Me corrí tanto que sentí que me vaciaba por completo. Seguí moviéndome lentamente mientras terminaba de descargar, sintiendo cómo mi leche espesa le llenaba el culo.</p>
<p>Cuando por fin saqué mi verga, un hilo grueso de semen blanco salió inmediatamente de su ano abierto, chorreando por su coño velludo y cayendo al piso.</p>
<p>Estaba jadeando, con las piernas temblando, cuando vi lo que pasaba frente a mí.</p>
<p>Mi abuelo agarró a mi mamá con ambas manos de la cabeza y empezó a follarle la boca con brutalidad. Su verga gruesa entraba y salía completamente cubierta de saliva. Mi mamá tenía los ojos llorosos, la cara roja y babeaba como una perra.</p>
<p>—Trágatela toda, puta —gruñó mi abuelo—. Quiero que te corras mientras te lleno la boca.</p>
<p>Y entonces pasó.</p>
<p>Mi mamá empezó a temblar violentamente. Su cuerpo entero se convulsionó. Aunque tenía la boca completamente llena con la verga de mi abuelo, soltó un gemido largo y ahogado que vibró alrededor de su polla. Su coño velludo se contrajo visiblemente y un chorro de jugos le salió disparado, salpicando el piso debajo de ella.</p>
<p>Estaba teniendo un orgasmo brutal solo con la verga de mi abuelo en la boca y mi semen chorreándole del culo.</p>
<p>Griseo empujó hasta el fondo y se corrió con un gruñido animal.</p>
<p>Vi claramente cómo su verga palpitaba entre los labios de mi mamá mientras le descargaba directamente en la garganta. Chorros y chorros de semen espeso. Mi mamá tragaba desesperadamente, pero era demasiado. Parte de la leche de mi abuelo se le escapó por las comisuras de la boca y le cayó por la barbilla, mezclándose con su saliva.</p>
<p>Cuando mi abuelo por fin sacó su verga, mi mamá tosió y jadeó buscando aire. Tenía la boca abierta, la lengua afuera y estaba llena de semen. Hilos blancos le colgaban de los labios y la barbilla. Sus ojos estaban perdidos, vidriosos por el orgasmo tan intenso que acababa de tener.</p>
<p>Se quedó ahí, de rodillas, temblando, con mi semen chorreándole del culo y la boca llena de la leche de su padrastro.</p>
<p>Mi abuelo la miró con satisfacción y le acarició el cabello como a una mascota.</p>
<p>—Buena puta —le dijo con voz ronca—. ¿Ves, Mateo? Esto es lo que pasa cuando obedeces. Tu mamá se corre como una perra solo con tener dos vergas de su familia dentro de ella.</p>
<p>Yo me quedé parado ahí, con la verga todavía semi-dura, viendo a mi mamá completamente destruida, humillada y satisfecha al mismo tiempo.</p>
<p>Y aunque acababa de correrme en su culo… aunque acababa de ver cómo mi abuelo le llenaba la boca…</p>
<p>Solo podía pensar en una cosa:</p>
<p>Quería más.</p>
<p>Quería que esto nunca terminara.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/">En Familia</category>                        <dc:creator>davidolopez7207</dc:creator>
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