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            <title>
									Hetero - Relatos Eróticos				            </title>
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            <description>Relatos eróticos enviados por los usuarios. Portal con la comunidad de autores y lectores más morbosos de la red que interactúan con las escenas relatadas más morbosas. Relatos en familia, gays, bisexuales, dominación, sumisión y todo lo que te puedas imaginar.</description>
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                        <title>El sillón de Gaby</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/hetero/el-sillon-de-gaby/</link>
                        <pubDate>Tue, 02 Jun 2026 21:12:25 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Todavía me acuerdo de esa costumbre medio tonta que teníamos. Cada vez que llegaba a su condominio y pasaba frente a su ventana, raspaba apenas el vidrio con las uñas para avisarle que ya es...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p>Todavía me acuerdo de esa costumbre medio tonta que teníamos. Cada vez que llegaba a su condominio y pasaba frente a su ventana, raspaba apenas el vidrio con las uñas para avisarle que ya estaba ahí. Era nuestro pequeño código. Una tontería mínima, pero que siempre me hacía sonreír.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y esa tarde todo había empezado mucho antes de verla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo iba en el taxi camino al trabajo, demasiado temprano para estar pensando esas cosas, pero bastó empezar a hablar con ella para que se me desordenara completamente la cabeza. Hay personas que simplemente saben cómo encenderte sin siquiera tocarte, y ella tenía ese talento de manera natural.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Recuerdo decirle que quería desnudarme para ella.</p>
<p>Que quería llegar y encontrarla sin calzón.</p>
<p>Que tenía unas ganas absurdas de hacerla mía ahí mismo apenas la viera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ella, tranquila, casi divertida, respondió:</p>
<p>—A ver pues, te espero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esa frase me acompañó todo el camino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando abrió la puerta sentí que me comió vivo con la mirada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llevaba un vestido corto de verano, hasta la rodilla, y tenía el cabello cayéndole sobre los hombros de esa forma un poco salvaje y hermosa que siempre me volvía idiota. Pero creo que lo peor eran sus piernas. O la forma en que me miraba. O la actitud. Honestamente no sé. Todo en ella esa tarde parecía hecho para arruinarme cualquier intento de calma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La besé apenas entré.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ella me respondió igual de rápido, igual de necesitada. Como si los dos hubiéramos pasado demasiado tiempo imaginando exactamente ese momento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Después cerró la puerta lentamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero no vino hacia mí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo terminé sentándome en el sofá intentando recuperar algo de compostura mientras ella seguía parada ahí, observándome con una tranquilidad peligrosísima. Esa clase de mirada que una mujer pone cuando sabe perfectamente el efecto que está teniendo sobre ti.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hasta que terminé preguntándole:</p>
<p>—¿No vas a venir?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y jamás voy a olvidar cómo sonrió antes de responder.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—Estoy esperando que hagas lo que me dijiste que harías.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Creo que ahí terminé de perder la cabeza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así que me puse de pie y empecé a quitarme el cinturón sin dejar de mirarla. Después la camisa. La camiseta. Los botines. El pantalón cayendo al suelo mientras ella seguía ahí, observando cada movimiento con esa mezcla de lujuria y ternura que solo le he visto a ella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y cuanto más me desnudaba, más intensa se volvía su mirada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como si estuviera disfrutando cada segundo de espera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hasta que finalmente quedé frente a ella prácticamente sin nada encima.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entonces recién se acercó.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lenta.</p>
<p>Segura.</p>
<p>Hermosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me besó despacio, sonriendo contra mi boca, y me dijo casi en un susurro:</p>
<p>—Y yo no tengo calzón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todavía puedo recordar el escalofrío que me recorrió entero cuando dijo eso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque no era solo la frase.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era verla así.</p>
<p>Tan tranquila.</p>
<p>Tan deseosa.</p>
<p>Tan segura de nosotros dos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entonces levanté apenas la tela del vestido para comprobarlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y sí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La muy maldita había cumplido su promesa.</p>
</blockquote>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/hetero/">Hetero</category>                        <dc:creator>TeacherKlein</dc:creator>
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                        <title>El viaje en bus</title>
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                        <pubDate>Fri, 22 May 2026 18:46:59 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[El bus avanzaba lento por la carretera, lleno de gente medio dormida, cabezas apoyadas en las ventanas y esa luz azul tenue que tienen los viajes largos de madrugada. Afuera no se veía casi ...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p class="isSelectedEnd"><span>El bus avanzaba lento por la carretera, lleno de gente medio dormida, cabezas apoyadas en las ventanas y esa luz azul tenue que tienen los viajes largos de madrugada. Afuera no se veía casi nada. Adentro hacía un poco de calor y el aire olía a ropa, sueño y carretera.</span></p>
<p class="isSelectedEnd"><span>Ella llevaba ese vestido de verano ligero que siempre recuerdo demasiado bien. Cada vez que el bus se movía, la tela subía apenas sobre sus piernas y yo tenía que hacer esfuerzos ridículos por parecer tranquilo.</span></p>
<p class="isSelectedEnd"><span>Me acerqué a decirle al oído lo que quería que hiciera y soltó esa risa bajita suya, esa que siempre aparecía cuando sabía que estaba a punto de meterse en problemas conmigo.</span></p>
<p class="isSelectedEnd"><span>—Estás loco —susurró.</span></p>
<p class="isSelectedEnd"><span>Pero igual se levantó.</span></p>
<p class="isSelectedEnd"><span>La vi caminar por el pasillo angosto hacia el baño mientras yo intentaba mirar cualquier otra cosa para no volverme todavía más loco. El ruido del motor parecía más fuerte mientras esperaba. Como si todo el bus supiera algo menos nosotros.</span></p>
<p class="isSelectedEnd"><span>Cuando volvió, se acomodó delante de mí, de espaldas, lentamente. Natural. Demasiado natural para lo que acababa de hacer.</span></p>
<p class="isSelectedEnd"><span>Y entonces, casi sin girarse, metió una mano por debajo del vestido y sacó ese diminuto hilo negro. Lo dejó caer sobre mi mano como quien pasa una nota prohibida en plena clase.</span></p>
<p class="isSelectedEnd"><span>Todavía recuerdo el calor de la tela atrapada en mi palma.</span></p>
<p class="isSelectedEnd"><span>Creo que fue ahí cuando entendí que ya no había vuelta atrás.</span></p>
<p class="isSelectedEnd"><span>Después empezó a acomodarse contra mí despacio, con movimientos pequeños, disimulados. Desde afuera probablemente parecía que solo estaba intentando ponerse cómoda para dormir un rato, pero yo podía sentir perfectamente lo que estaba haciendo. Y creo que ella también podía sentir cómo me temblaba un poco la respiración cada vez que se movía más cerca.</span></p>
<p class="isSelectedEnd"><span>El bus seguía avanzando, la gente dormía, alguien roncaba unas filas atrás y nosotros ahí, fingiendo normalidad mientras ella se iba pegando a mí centímetro a centímetro debajo de ese vestido.</span></p>
<p class="isSelectedEnd"><span>De vez en cuando giraba apenas el rostro para mirarme por encima del hombro, con esa sonrisa mínima y peligrosa que siempre me desarmaba.</span></p>
<p class="isSelectedEnd"><span>Y honestamente, creo que eso era lo peor.</span></p>
<p class="isSelectedEnd"><span>La tranquilidad con la que hacía todo.</span></p>
<p><span>Como si compartir conmigo ese secreto en medio de toda la gente fuera lo más natural del mundo.</span></p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/hetero/">Hetero</category>                        <dc:creator>TeacherKlein</dc:creator>
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                        <title>El cambio de Brenda</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/hetero/el-cambio-de-brenda/</link>
                        <pubDate>Sun, 10 May 2026 00:27:42 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[EL CAMBIO DE BRENDA
No recuerdo con claridad cómo empezó nuestra amistad. Supongo que, como tantas cosas en la vida, simplemente sucedió. Teníamos quince años, los mismos buzos del colegio ...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>EL CAMBIO DE BRENDA</p>
<p>No recuerdo con claridad cómo empezó nuestra amistad. Supongo que, como tantas cosas en la vida, simplemente sucedió. Teníamos quince años, los mismos buzos del colegio llenos de garabatos con marcador, los mismos sueños torpes de adolescentes confundidas. Desde entonces, Judith y yo hemos sido inseparables, aunque nuestras vidas hayan seguido rumbos tan distintos que a veces me pregunto cómo seguimos compartiendo tanto.</p>
<p>Yo soy Brenda. Treinta y cinco años, estuve casada hasta no hace mucho con un hombre correcto, predecible y cada vez más distante. No tengo hijos, aunque no por falta de intentos. Trabajo en una oficina donde los días se parecen tanto entre sí que podría mezclarlos sin culpa. Mi vida es un calendario prolijamente ordenado, sin sorpresas ni excesos. Una vida que, vista desde afuera, parece tranquila… pero que por dentro, arde de una forma silenciosa.</p>
<p>Judith, en cambio, siempre fue un torbellino. Alta, desenvuelta, con una risa que se escuchaba desde el fondo de cualquier salón. Mientras yo aprendía a mantener las piernas cerradas y cuidar mi reputación, ella coleccionaba primeras veces como quien junta fotos en redes sociales. Cada semana tenía una historia nueva, un amante distinto, una aventura que me contaba entre risas mientras tomábamos una copa en su balcón, como si el mundo fuera suyo y ella, su dueña indiscutida.</p>
<p>Nunca la juzgué. Tal vez porque, en el fondo, vivía sus historias a través de ella. Me fascinaba escucharla hablar de cuerpos sudorosos, de lugares insólitos, de miradas que prometían más de lo que decían. Judith tenía una forma de contar que me dejaba con el corazón acelerado y las piernas apretadas. Y aunque jamás lo admití, muchas veces volví a casa y me masturbé recordando sus historias, imaginando que era yo quien vivía esas escenas.</p>
<p>Ella lo sabía. Siempre lo supo.</p>
<p>—Estás demasiado seria, nena. Tenés que vivir un poco. Un buen revolcón te arregla el alma —me dijo una vez, mientras yo fingía indignación y le daba un sorbo a mi gin tonic.</p>
<p>Lo decía riéndose, pero sus ojos brillaban con algo más. Como si me provocara. Como si me desafiara.</p>
<p>Y tal vez tenía razón. Tal vez ya era hora de dejar de mirar desde afuera.<br />Se lo dije una noche, sin buscarlo. No lo tenía planeado. Era una de esas tardes en las que el vino fluye fácil y las palabras también. Judith me miraba desde el otro lado de la mesa, con esa expresión que solo ella tiene: mezcla de curiosidad, ternura y un leve sarcasmo que nunca termina de desaparecer.</p>
<p>—Estoy cansada, Judith. No físicamente… es otra cosa. Me siento vacía.</p>
<p>Ella no dijo nada al principio. Se limitó a dar otro sorbo a su copa y a esperarme. Siempre supo cuándo callar, cuándo dejarme llenar los silencios con confesiones.</p>
<p>—Carlos… —empecé, y ya con solo decir su nombre sentí una punzada en el pecho—. Compartimos la cama, las mismas sábanas, pero cada noche siento que hay un muro invisible entre nosotros. Me da la espalda, literalmente. Se duerme sin decirme buenas noches. A veces lo escucho suspirar, y me pregunto si también está pensando en lo que ya no somos.</p>
<p>Judith frunció los labios, como si masticara una respuesta que no quería darme todavía.</p>
<p>—No es que no lo intente. Cocino su plato favorito. Me compro lencería nueva, aunque él apenas me mire. Lo abrazo, lo busco… pero su cuerpo es cada vez más ajeno. Hace meses que no tenemos sexo. Y si pasa, es mecánico, torpe, como si estuviéramos cumpliendo una obligación de la que ya ni recordamos el sentido.</p>
<p>—Brenda… —empezó, con esa voz suya que mezcla compasión y desafío—. ¿Y qué estás esperando?</p>
<p>—¿Esperando qué?</p>
<p>—Que un día se despierte, se dé cuenta de que tiene a una mujer hermosa al lado y te haga el amor como en tus fantasías… —hizo una pausa breve, cargada de intención—. O que alguien más te despierte.</p>
<p>No respondí. No pude. Porque lo que Judith no sabía es que yo ya me estaba despertando. Que su sola presencia, sus relatos, su libertad… ya me estaban encendiendo algo que creía muerto.</p>
<p>Algo que pedía salir.<br />Judith sonrió de lado. Esa sonrisa suya que siempre me hizo sentir como si supiera algo que yo no. Se acomodó en la silla, alzó su copa, y dejó que el vino le mojara apenas los labios antes de hablar.</p>
<p>—¿Querés que te cuente algo? Algo que no le conté a nadie más…</p>
<p>Yo asentí sin decir palabra, casi con culpa, como si supiera que lo que estaba por venir iba a dejarme más caliente que arrepentida.</p>
<p>—Fue hace unas semanas. Estaba en un bar del centro, esos que están llenos de ejecutivos al final del día. Me senté sola, como me gusta, sabiendo que la noche tenía hambre de algo… o de alguien. Terminé cruzando miradas con dos hombres. No juntos, separados. Pero los invité a los dos. Sin que supieran uno del otro.</p>
<p>Hizo una pausa, dejando que las palabras cayeran lentas, como si le gustara el efecto que tenían en mí.</p>
<p>—Terminaron en mi departamento. Los dos. Nunca lo habían hecho, y eso lo volvió todavía más salvaje. No te voy a dar detalles… pero Brenda, te juro que sentí cómo se me partía el alma entre sus cuerpos. Me tenían entre ellos como si fuera una muñeca preciosa y sucia al mismo tiempo. Uno me sujetaba la garganta, el otro me susurraba cosas al oído… y yo solo quería más. Nunca me sentí tan deseada.</p>
<p>Sentí cómo se me tensaban los muslos. Crucé las piernas debajo de la mesa sin darme cuenta, buscando una presión que calmara el ardor creciente entre ellas. Me ardía la piel, me ardía el alma.</p>
<p>Judith lo notó, claro. Siempre lo nota.</p>
<p>—¿Estás bien, nena?</p>
<p>—Sí… —mentí, tragando saliva—. Solo un poco de calor.</p>
<p>Ella sonrió otra vez. Lenta. Cómplice.</p>
<p>—Te vendría bien una noche así, ¿sabés? No por los hombres… por vos. Para recordarte lo que sos capaz de hacer sentir.</p>
<p>No dije nada. Pero esa noche, en la cama, mientras Carlos dormía de espaldas como siempre, metí la mano bajo las sábanas y no pensé en él.</p>
<p>Pensé en Judith.<br />Pasaron un par de meses desde aquella noche con Judith. Y aunque volví a mi casa, a mi rutina, a mi marido… algo dentro mío ya no era el mismo.</p>
<p>Intenté seguir como si nada hubiera cambiado. Puse la mesa, cociné sin ganas, reí cuando tocaba, y abrí las piernas las pocas veces que Carlos me lo pidió, más por compromiso que por deseo. Pero todo sabía a cartón, a encierro, a algo que se había roto sin remedio.</p>
<p>Judith me escribía de vez en cuando. Mensajes breves, como chispazos de un mundo al que apenas me había asomado. Yo los leía a escondidas, sonriendo con culpa, imaginando, deseando.</p>
<p>Y entonces un día, Carlos me lo dijo sin rodeos, mientras revolvía su café matinal:</p>
<p>—Me voy a Santiago por trabajo. Una semana… tal vez diez días. No estoy seguro.</p>
<p>Asentí con la cabeza. No pregunté más. Ni cuándo salía el vuelo, ni con quién viajaba, ni si me iba a llamar. Me limité a observar cómo hacía su valija con esa frialdad meticulosa que lo caracterizaba. Me dio un beso en la frente al irse, como quien acaricia a una mascota antes de dejarla sola.</p>
<p>Y sola me quedé.</p>
<p>Durante las primeras horas caminé por la casa sin rumbo, como si me costara creerlo. No había pasos, ni televisión de fondo, ni órdenes solapadas. El silencio era tan profundo que me hizo sonreír. Me senté en el sofá, sola, con las piernas cruzadas, mirando nada. Y entonces lo hice: me preparé pochoclos, elegí una película tonta, y me tiré en la cama en ropa interior.</p>
<p>Esa noche no dormí. Me masturbé como si el cuerpo me lo hubiera estado pidiendo a gritos durante años. No una vez. Varias. Sobre el sillón, en el baño, en la cocina. Me acabe fuerte, intensa, sucia, saboreando cada ola de placer sin sentir vergüenza. Era como recuperar el lenguaje de una mujer que había estado muda demasiado tiempo.</p>
<p>Y al otro día, lo volví a hacer. Y al siguiente.</p>
<p>Andaba semidesnuda por la casa, a veces solo con una bata abierta, otras con una remera y nada más. Me gustaba mirarme al espejo y tocarme sin apuro. Me gustaba saber que no tenía que fingir, que no tenía que dar explicaciones.</p>
<p>No era feliz. Pero por primera vez en mucho tiempo, era libre.</p>
<p>Y eso, por ahora, alcanzaba.<br />Esa noche no esperaba visitas. Estaba tirada en el sillón, en tanga y una camiseta vieja, viendo una comedia tonta con un bol de pochoclos medio frío en el regazo, cuando sonó el timbre.</p>
<p>—¿Quién…? —murmuré, sin levantarme enseguida.</p>
<p>Pero al mirar por la mirilla, ahí estaba ella. Judith. Con esa sonrisa de quien ya sabe que va a descolocarte.</p>
<p>—¿Se puede? —dijo apenas abrí la puerta, alzando una bolsa con sushi, otra con una botella de vino y una tercera que olía a chocolate.</p>
<p>—¿Qué hacés acá?</p>
<p>—Vine a rescatarte de tu encierro sexual autogestionado.</p>
<p>Me reí sin poder evitarlo. Hacía días que no veía a nadie. No sabía si me alegraba o me asustaba tenerla ahí. Pero la dejé pasar. Siempre la dejaba pasar.</p>
<p>Extendimos una manta en el suelo del living y comimos con las manos, bebimos del pico de la botella, hablamos de hombres, de nosotras, de lo que soñábamos cuando éramos más jóvenes. Judith se rió tanto que por momentos terminó recostada boca arriba, con la boca abierta, sin poder respirar. Yo la miraba y me sentía viva de nuevo.</p>
<p>Después del postre, ya con la segunda botella abierta, me miró como si tuviera algo muy claro en mente.</p>
<p>—Tengo ganas de salir.</p>
<p>—¿Salir? ¿A dónde?</p>
<p>—A dar una vuelta. A mostrarte algo. —Su voz era suave, pero firme—. Dale, ponete algo.</p>
<p>—¿Qué cosa?</p>
<p>—Algo provocativo.</p>
<p>—¿Provocativo?</p>
<p>—Sí. Como para que te veas en el espejo y te guste lo que ves. Como para que te sientas deseada. Como para que el mundo sepa que seguís estando viva.</p>
<p>La miré con la ceja alzada, dudando.</p>
<p>—Judith…</p>
<p>—No me preguntes. Solo hacelo.</p>
<p>Tenía esa manera de decir las cosas que no daba lugar a objeciones. Era como si ya todo estuviera decidido. Busqué un vestido negro corto que hacía años no usaba, me puse unas sandalias con taco, y un labial apagado pero fuerte que hacía juego con el atrevimiento que me hervía por dentro.</p>
<p>Judith me miró y asintió satisfecha.</p>
<p>—Perfecta.</p>
<p>Subimos a su coche. En silencio.</p>
<p>Yo no sabía a dónde íbamos. Pero ella sí.</p>
<p>Y aunque no me lo dijo, yo intuía que esa noche iba a cruzar una frontera.<br />Dimos vueltas durante más de una hora. Judith no decía a dónde íbamos. Solo sonreía, ponía música suave, y cada tanto me miraba de reojo como si se deleitara con mi desconcierto.</p>
<p>Yo tampoco preguntaba. Parte de mí quería saber. Pero otra parte prefería dejarse llevar. La noche era cálida, la ciudad se iba diluyendo en calles menos iluminadas, más desiertas, más clandestinas.</p>
<p>Finalmente, dobló en una calle lateral, casi imperceptible, y se detuvo frente a un portón negro, sin cartel, sin luces. Solo un intercomunicador oxidado.</p>
<p>—¿Dónde estamos?</p>
<p>—En un lugar donde podés dejar de ser vos —susurró.</p>
<p>Apretó un código y el portón se abrió con un chirrido lento y pesado. Ingresamos a un patio oscuro, con paredes altas y sin ventanas. Era como entrar a otro mundo.</p>
<p>Judith me tomó de la mano, fuerte.</p>
<p>—Confía en mí.</p>
<p>Cruzamos un corredor, hasta una puerta custodiada por un hombre de traje oscuro. Ella lo saludó como si fueran viejos conocidos. Él asintió y nos dejó pasar.</p>
<p>Adentro, el ambiente era denso. Luz roja, música tenue, olor a cuero, perfume caro y algo más… algo húmedo, animal. No había letreros. Solo pasillos. Solo puertas. Solo sombras.</p>
<p>Una mujer joven se acercó y nos miró a ambas. Llevaba un vestido ajustado, cabellos recogidos, labios rojos y una libreta en la mano.</p>
<p>—¿Primera vez? —le preguntó a Judith, señalándome.</p>
<p>Judith asintió con una sonrisa cómplice. La mujer me miró como se mira a una novata. Con una mezcla de curiosidad y lástima.</p>
<p>—Entonces vení, Brenda.</p>
<p>Me sobresalté. ¿Cómo sabía mi nombre?</p>
<p>—Ella ya es clienta. Vos sos la invitada esta noche —agregó, con voz firme.</p>
<p>Nos condujeron por un pasillo tapizado en terciopelo oscuro. Las luces eran apenas líneas tenues en el suelo. Escuchaba sonidos apagados tras las puertas: gemidos, risas ahogadas, susurros.</p>
<p>Mi corazón latía con fuerza. No entendía. Pero tampoco quería escapar.</p>
<p>Y de pronto, sin aviso, sin palabras… me soltaron.</p>
<p>La mujer cerró una puerta tras de mí.</p>
<p>Y Judith… ya no estaba.</p>
<p>Me giré, confundida, y la puerta se trabó con un clic seco.</p>
<p>Estaba sola, en un cuarto desconocido, oscuro, prohibido, el aire olía a deseo, y a destino.<br />El silencio en esa habitación era tan profundo que podía oír el ritmo de mi propia respiración. Estaba de pie, sola, sin saber cuánto tiempo había pasado desde que Judith me dejó allí. Mis ojos apenas distinguían formas en la oscuridad, pero no me atrevía a moverme. Cada fibra de mi cuerpo estaba en alerta. No por miedo. No exactamente. Era algo distinto. Era esa mezcla vertiginosa de nervios, expectativa… y deseo</p>
<p>Entonces lo escuché. Un click suave, mecánico. Algo se activaba frente a mí. Una luz roja se encendió sobre la pared, bañando en un resplandor tenue una cortina negra. El corazón me dio un salto. La cortina se deslizó lentamente a los costados, revelando lo que ya presentía: un agujero perfectamente redondo, limpio, a la altura exacta donde debe estar.</p>
<p>Un glory hole, había visto algunos videos y sabia de que se trataba</p>
<p>No supe si reír o temblar. Todo encajaba. La mirada de Judith. Su sonrisa misteriosa. Su “confía en mí”. Me había traído justo aquí, sabiendo perfectamente lo que era.</p>
<p>Y yo… yo me había dejado llevar.</p>
<p>Tragué saliva. La habitación olía a limpieza, sí, pero también había algo más. Ese aroma inconfundible de piel, de hombres. De sexo.<br />Dí un paso. Y luego otro. Como si algo más fuerte que mi voluntad me impulsara. Me sentía eléctrica, viva. Completamente consciente de cada parte de mi cuerpo. Del calor entre mis piernas. De la humedad que crecía sin control.</p>
<p>Y entonces apareció.</p>
<p>Emergió con calma, casi desafiante. Un pene. Grueso, firme, palpitante. No veía al hombre detrás, y eso lo hacía más intenso. Más mío. Porque en ese momento, él me pertenecía. Y yo… iba a hacerle sentir que nunca olvidaría mi boca.<br />Me arrodillé despacio, con la espalda recta, la cabeza en alto. No era sumisión. Era ceremonia. Era poder.<br />Lo tomé con una mano, suave. Estaba caliente, vibrante. Lo lamí primero, de abajo hacia arriba, como probándolo. Y después lo recibí dentro. Sentí cómo se deslizaba en mi boca, cómo él jadeaba al otro lado, cómo yo perdía la noción del tiempo. Lo succioné despacio, luego más profundo, más rápido, más decidida. Lo sentí rendirse poco a poco.<br />Y entonces llegó. Una descarga cálida, espesa, llenándome. Tragué sin dudar. Cada gota. Y cuando terminó, lo dejé salir, despacio, orgullosa. Sin decir una palabra.<br />Pero no había terminado.</p>
<p>Otro click. Otra luz. Otro pene.</p>
<p>Y yo… sonreí.</p>
<p>Perdí la cuenta después del quinto.</p>
<p>Ya no sabía cuántos habían pasado, cuántos penes extraños habían atravesado ese agujero buscando mi boca ansiosa, mi lengua hambrienta, mi garganta abierta. Solo sabía que no podía parar. Que no quería.<br />Me sentía sucia. Y era delicioso.<br />No había rostros. No había nombres. Solo carne dura, caliente, húmeda. Solo gemidos sordos y descargas espesas llenando mi boca, una y otra vez. Me arrodillaba, me inclinaba, los lamía con devoción. Llevaba el ritmo, marcaba los tiempos, decidía cuándo usarlos con ternura y cuándo torturarlos con succiones lentas, infinitas, que los hacían temblar.<br />Y tragaba. Siempre tragaba, no dejaba escapar ni una gota. Porque era mío. Porque me gustaba sentir cómo bajaba por mi garganta, cómo se acumulaba dentro de mí. Mi estómago comenzaba a sentirse lleno, hinchado, pesado. Y eso solo me excitaba más.</p>
<p>Estaba sola. Y eso lo hacía todo posible. Nadie me juzgaba. Nadie me miraba con desaprobación. Nadie me decía cómo debía comportarme. Ni siquiera yo.<br />Porque la otra Brenda —esa esposa correcta, esa mujer de casa con rutinas y silencios— se habría horrorizado. Habría salido corriendo de ese antro de sexo anónimo como si quemara. Habría llamado a Judith para reprocharle la locura, para acusarla de haberla llevado al infierno.<br />Pero esa Brenda… ya no estaba.</p>
<p>Esta era otra. Era yo, desnuda de vergüenzas, libre de todo filtro. Una puta feliz, una perra sin correa, entregada por completo al placer de chupar vergas que no conocía, una tras otra, una tras otra, sin descanso, sin nombre, sin rostro.</p>
<p>Algunos eran tímidos, entraban con cuidado. Otros eran salvajes, empujaban como si quisieran ahogarme. Y yo los recibía a todos. Me adaptaba a cada uno, me volvía experta en segundos. Usaba la lengua, la garganta, la saliva. Los dejaba enredarse en mí, rendirse en mí. Y cuando se venían, cuando los sentía temblar y gemir, los tragaba como si fuera un ritual sagrado.</p>
<p>Uno. Dos. Siete. Doce. Quince.</p>
<p>El último lo saboreé más lento. Lo hice durar. Me arrodillé con elegancia, con una sonrisa tranquila, como una reina satisfecha. Lo miré fijamente, como si pudiera ver a través de la pared, como si él supiera que estaba ante alguien distinto. Lo lamí con ternura, lo devoré con hambre, y cuando se vino… lo recibí como un premio, provocando un ahogo que me costó apagar<br />Cuando retrocedió y el agujero quedó vacío, me dejé caer hacia atrás. Respiraba agitada, el maquillaje hecho un desastre, la boca húmeda, las rodillas marcadas en el suelo.<br />Me sentía vacía por fuera y llena por dentro, llena de semen, llena de placer, llena de mí misma, y por primera vez en mucho tiempo, me sentí libre.</p>
<p>Al salir, Judith me esperaba apoyada en el guardabarros de su coche, fumaba un cigarro y tenía el rostro marcado por impaciencias e incógnitas, subimos y arrancamos, sin decir palabras. Avanzaba por calles perdidas, las luces de los faroles colándose a intervalos por las ventanas, dibujando sombras en su rostro. El silencio reinaba desde que me subí, todavía con las piernas temblorosas y el estómago… lleno, muy lleno.</p>
<p>Judith rompió el silencio con una sonrisa ladeada, sin apartar la vista del camino.</p>
<p>—¿Y? ¿Cómo te fue, santa Brenda?</p>
<p>Me reí. No sabía ni por dónde empezar.</p>
<p>—Digamos que… me voy a acostar con una ingesta calórica bastante inusual —dije, sobándome el vientre con una sonrisa culpable.</p>
<p>—¿Eh?</p>
<p>—Me tragué la leche de unos quince tipos —solté, mirando por la ventana, como si eso hiciera menos brutal la confesión.</p>
<p>Judith pegó un volantazo suave y me miró escandalizada.</p>
<p>—¡¿Quince?! ¡¿QUINCE?! —casi gritó, con los ojos fuera de órbita—. ¿Qué hiciste, te quedaste a vivir ahí adentro?</p>
<p>Me encogí de hombros, divertida.</p>
<p>—Uno tras otro, sin parar. Apenas salía uno, ya el otro estaba listo. Como si me hubieran estado esperando…</p>
<p>—¡No te creo! —rió con incredulidad—. ¡Pero si estuviste menos de una hora! ¡Eso es un gangbang con cronómetro!</p>
<p>—Te juro —dije llevándome una mano al pecho dramáticamente—. Si me hacen una ecografía ahora, van a ver natación sincronizada.</p>
<p>Judith soltó una carcajada que hizo retumbar el coche.</p>
<p>—¡Sos una enferma! —dijo entre risas—. ¿Y no vomitaste? ¿No te atragantaste?</p>
<p>—Una vez casi me ahogo —confesé—. Pero ya estaba tan metida en el ritmo que… no podía parar. Era como estar en trance.</p>
<p>—O sea que… ¿lo disfrutaste?</p>
<p>Asentí, seria ahora. La mirada de Judith se suavizó un poco, bajó la velocidad al acercarnos a mi calle.</p>
<p>—¿Y cómo te sentís?</p>
<p>—Llena —dije con un tono divertido de doble sentido, pero con una sinceridad profunda escondida detrás de esa broma.</p>
<p>Ella se quedó en silencio un segundo, como buscando las palabras, pero solo asintió con una sonrisa torcida mientras estacionaba frente a mi casa.</p>
<p>—Andá a descansar, loca, mañana quiero detalles escabrosos.</p>
<p>—Vas a tenerlos —le prometí, y bajé del coche aún con la sensación de que el mundo era irreal.</p>
<p>Ya en casa, cerré la puerta con llave, subí las escaleras descalza y me tiré en la cama sin sacarme ni la ropa. Cerré los ojos y reviví cada instante: las manos temblorosas, los primeros jadeos, las oleadas calientes llenándome la boca una y otra vez… y yo bebiendo sin protestar, como si lo necesitara para vivir, saboreaba mi saliva una y otra vez como intentando sentir el sabor a hombre, o a hombres.<br />Metí la mano entre mis piernas sin pensarlo. El cuerpo me ardía otra vez. No era deseo, era necesidad. Me masturbé con furia, con una imagen distinta para cada orgasmo. Uno, dos, tres… no los conté. Solo gemí bajito, como si aún estuviera en aquella habitación oscura, como si ellos pudieran oírme.<br />Y cuando terminé, exhausta, sentí cómo el sueño me abrazaba. Me dormí con una sonrisa saciada. Por fin, saciada.</p>
<p>Pasaron semanas. Quizás un par de meses. Perdí la cuenta. Pero el camino hasta ese lugar ya no me parecía extraño. Ni oscuro. Al contrario, había algo en esa rutina clandestina que me daba vida. Iba sola, sin Judith, ya no necesitaba ser llevada. Entraba, cerraba la puerta, me arrodillaba frente al agujero, abría la boca y dejaba que el mundo desapareciera.</p>
<p>Solo pijas. Solo leche.</p>
<p>Nada de nombres, nada de palabras, yo estaba ahí para tragar, para saciarme, para llenar un vacío que ya no tenía forma, solo apetito.<br />Y después, como si fuera una actriz que se pone el disfraz de esposa, volvía a casa, me sacaba la ropa, sin lavarme los dientes besaba a mi marido en la boca con la leche de otros todavía bajándome por el cuerpo. Él, como siempre, ajeno, inofensivo. Un hombre bueno, diría cualquiera. Pero ya no lo amaba, ya no me tocaba, ya no me miraba, y yo… ya no lo soportaba.<br />Empecé a odiarlo, con una rabia fría, silenciosa. No por lo que era, sino por lo que me obligaba a fingir que seguía siendo, una esposa correcta, una mujer decente, una farsa.</p>
<p>Lo peor de todo: él no cambió, yo sí.</p>
<p>Un día lo miré mientras hablaba de cualquier tontería —el trabajo, la política, una serie en Netflix— y supe que no había retorno. Me levanté de la mesa, le dije que ya no podía más, que me iba, no gritó, no lloró, creo que en el fondo, también lo sabía.</p>
<p>Empaqué lo poco que me importaba, me fui sin mirar atrás.<br />Y en el espejo, por primera vez, vi a otra Brenda, una que no pide permiso, que no se disculpa, que abre la boca por gusto, no por deber, que se traga el mundo y sonríe.<br />Ya no soy la misma mujer.</p>
<p>Si te gusto esta historia puedes escribirme con título EL CAMBIO DE BRENDA a<span> </span><a href="mailto:dulces.placeres@live.com" target="_blank" rel="nofollow noopener ugc">dulces.placeres@live.com</a></p>
<div id="wpfa-10778" class="wpforo-attached-file"><a class="wpforo-default-attachment" href="https://relatosonline.b-cdn.net/wp-content/uploads/wpforo/default_attachments/1778372862-01.jpg" target="_blank" title="01.jpg"><i class="fas fa-paperclip"></i>&nbsp;01.jpg</a></div>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/hetero/">Hetero</category>                        <dc:creator>dulces-placeres</dc:creator>
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                        <title>QUIEN TIENE EL CONTROL?</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/hetero/quien-tiene-el-control/</link>
                        <pubDate>Fri, 17 Apr 2026 23:35:55 +0000</pubDate>
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                        <content:encoded><![CDATA[<div data-olk-copy-source="MessageBody">QUIEN TIENE EL CONTROL?</div>
<div> </div>
<div>No sé exactamente en qué momento empecé a cruzar la línea. Supongo que fue de a poco, como esas grietas invisibles que van abriéndose en una pared hasta que un día la estructura simplemente cede.<br /><br />Mi nombre no importa, al menos no en esta historia. Lo que importa es que soy una mujer de cuarenta y dos años, casada con un hombre brillante, respetado y, sobre todo, presente. Un pilar en la estructura estatal, como yo. Formamos una de esas parejas que muchos envidian: influyentes, elegantes, siempre impecables en cada acto, en cada saludo, en cada discurso.<br /><br />Siempre supe que una mujer como yo genera respeto… y deseo. La ropa me sienta como una armadura. Mis tacos altos, mis trajes a medida, el perfume exacto en el momento justo. Me gusta caminar por los pasillos sabiendo que las miradas me siguen al compás del vaivén de mis caderas. Me gusta decidir cuándo sonreír… y a quién.<br /><br />Él llegó como llegan los que no saben en qué mundo están entrando. Veinticuatro años, tal vez veinticinco. Pelo oscuro, modales torpes pero atentos. Postulante a una unidad estratégica que depende directamente de mí. Su nombre, Matías.<br /><br />La primera vez que cruzamos palabras fue en la sala de reuniones, mientras yo corregía un informe y él esperaba con su cuaderno en mano. Lo noté tenso. Me miraba como se mira algo que no se entiende del todo, pero se desea intensamente. Esa mirada... la reconocí enseguida. Me excita saber que alguien se desarma por dentro solo por estar cerca mío.<br /><br />Lo cité a mi despacho. Era lo correcto, claro. Tenía que explicarle las reglas, su rol, lo que se esperaba de él. Pero también, en el fondo, quería jugar.<br /><br />—Cerrá la puerta, por favor —le dije sin mirarlo, mientras revisaba unos papeles—. Prefiero que nadie interrumpa.<br /><br />Sentí cómo su respiración se alteró apenas. El sonido seco de la cerradura me provocó un estremecimiento sutil. Cuando levanté la vista, él ya estaba atrapado. No necesitaba decir nada más.<br /><br />Ese día no pasó nada... en apariencia. Pero yo ya sabía. Y él también.</div>
<div>No hizo falta mucho para que Matías empezara a entender el juego. Yo marcaba el ritmo, y él seguía con esa mezcla de obediencia e impulso contenido que tanto me enloquece. Al principio se limitaba a escucharme con atención, a tomar notas exageradas, como si cada palabra que yo dijera fuese sagrada.<br /><br />Después vinieron los roces. Le corregía algo desde atrás y mi mano tocaba su hombro, mi perfume le rozaba el cuello. Me inclinaba más de la cuenta, y él se quedaba inmóvil, tenso, excitado. Sus ojos evitaban los míos, pero yo lo veía todo: la respiración acelerada, el rubor en el cuello, la forma en que sus manos temblaban apenas.</div>
<div>Solo buscaba el punto de quiebre, sin prisa, pero sin pausa, sabia de memoria donde iban sus ojos cada vez que le daba la espalda, y notaba como sus ojos hacían lo imposible para no irse a mis pechos, podía usar alguna frase sugerente, en doble sentido, pero tan sutil que el dudaba lo que yo quería decir<br /><br />Una tarde cualquiera, con el edificio casi vacío, le pedí que me acompañara al archivo. Tenía que buscar unos informes viejos. Cerré la puerta detrás de nosotros.<br /><br />El aire estaba denso. Las luces, débiles. Lo observé un segundo en silencio. Él no dijo nada.<br /><br />—¿Sabés qué es lo que más me gusta de este lugar? —pregunté, acercándome—. Que hay rincones donde nadie escucha nada… salvo que quiera hacerlo.<br /><br />Matías tragó saliva. Yo no esperé su respuesta. Acerqué mi boca a su oído.<br /><br />—No digas nada —le susurré—. Solo obedecé.<br /><br />Y obedeció.<br /><br />Lo besé con hambre. Con rabia. Con la urgencia de una mujer que siempre tiene el control, pero que en ese instante elige perderlo un poco, solo lo suficiente como para probar lo prohibido.<br /><br />Sus manos eran torpes, pero sinceras. Su cuerpo temblaba contra el mío, y eso me excitaba aún más. Lo apoyé contra la estantería. Abrí su camisa. Lo miré a los ojos y me arrodillé.</div>
<div>Su miembro a contra luz lucia apetecible, puse una mano en su bajo vientre para retenerlo contra la pared y la otra en uno de sus muslos, solo use mi boca, es algo en lo que soy muy buena y me encanta hacer. Solo sabia a hombre y sentía la suavidad de su sexo en mi boca, un poco más y otro poco aun, cambiaba solo para observar sus expresiones. Me sentía tan mojada, pero tenía ropa interior y medias de nylon hasta la cintura, imposible, pero no me importo, lleve la mano que tenía sobre su muslo y ni las medias ni la tanga impidieron que me frotara con fuerzas por sobre ellas, el contacto indirecto parecía ser aún más adictivo</div>
<div>Estaba en cuclillas haciendo equilibrio sobre mis altos tacos finos, y estos empezaban a querer clavarse en mis talones, la atmosfera húmeda y pestilente del lugar empezaba a marcar gotas de transpiración en mi frente, y acelere el ritmo, entre mis piernas, entre las suyas. Tenía mi ropa de oficina, mi camisa, mi chaqueta, y no podía dejar que 'su final' manchara mi presencia, la excusa perfecta para dejarlo venir donde deseaba que se viniera, y mis dedos terminaron su juego entre mis piernas, cerré los ojos, fruncí el seño y lo deje explotar en mi boca</div>
<div>Me incorpore y me desentendí de él, ya me era prescindible, era parte del juego, y me perfile frente a un viejo espejo de pared que vivía ahí desde toda la historia, Matías me miraba a la distancia, yo lo veía, se acomodaba la ropa y trataba de recobrar la postura pareciendo aun no creer lo ocurrido</div>
<div>—¿Te gustó? —pregunté sin dirigirle la mirada, concentrada en la imagen que me devolvía el espejo—</div>
<div class="x_elementToProof">Me respondió con un 'si' tímido, porque el estaba demasiado atento a la manera en que aun estaba saboreando todos sus jugos, porque yo sentía aun todo ese amargor espeso del semen que terminaba de ingerir</div>
<div>—¿Trae a muchos a este sitio? — soltó de repente, y necesite darle un cierre al juego, con un final abierto, como dejándole entender que había estado bueno, pero no era nada del otro mundo</div>
<div class="x_elementToProof">—Los suficientes...—respondí—pero no lo hago con todos, solo con quien yo elijo, por cierto, eyaculas un montón! eso me gusta! podría incluirte en el top cinco...</div>
<div class="x_elementToProof">Tomé una pastilla de menta del bolsillo de mi chaqueta para tapar mi aliento a infierno y cerré ese juego con un final abierto<br />Después, fingí que nada había pasado. Salimos del archivo con los informes en la mano y el pulso desordenado.</div>
<div>Fue la primera vez. No fue la última.<br /><br />Durante semanas, todo sucedió en los intersticios: en el baño del segundo piso, cuando sabía que mi esposo estaba en una videollamada a pocos metros; en el ascensor, cuando el edificio dormía la siesta burocrática; en mi despacho, detrás de persianas cerradas y puertas con doble traba.<br /><br />Él no se atrevía a tomar la iniciativa. Me miraba esperando la señal, la orden, el permiso. Y yo… yo me volvía adicta a esa obediencia.<br /><br />Pero también aparecieron las grietas.<br /><br />A veces, después del sexo, me miraba como si quisiera decir algo. Como si esperara más. Yo desviaba la mirada, me acomodaba la falda, le decía que se fuera.<br /><br />Una noche, en casa, mi esposo me preguntó si estaba bien. Le dije que sí. Me abrazó por la espalda. Su cuerpo era cálido, familiar. Pero no sentí nada. Me odié un poco por eso. Y al mismo tiempo, me excité al recordar cómo, esa misma tarde, había tenido a Matías de rodillas en el baño, entre mis piernas, mientras afuera hablaban de políticas públicas.<br /><br />Intenté alejarme. Dejé de citarlo. Ignoré sus mensajes. Evitaba sus ojos cuando cruzábamos pasillos.<br /><br />Pero no podía sostenerlo.<br /><br />El poder, el peligro, el deseo… todo eso era más fuerte que la culpa.</div>
<div>Me di cuenta que ese día en el archivo, cuando tenía todo bajo control y le hice creer que llevar a chicos a ese lugar era una costumbre, en verdad no solo le mentía a él, también me mentía a mí, y sin querer, me estaba metiendo sola en un laberinto sin salida</div>
<div>Supe que las cosas así no podían seguir, todo mi mundo se ponía de cabezas, vivía más pendiente de lo que pasaba con Matías para dejar en segundo plano lo que era mi propia vida, mi trabajo, mi marido, y no medía las consecuencias de lo que hubiera ocurrido si algo de esto salía a la luz, y, además, Matías era joven y hermoso, cuanto tiempo tardaría en encontrarse a alguna chica de su edad?, cuando se pasaría el calor que sentía por mí?, debía poner punto final a esa locura que me estaba consumiendo<br /><br />Una tarde lo llamé nuevamente a mi oficina. Cerré la puerta. Me senté con las piernas cruzadas y los labios pintados con precisión quirúrgica.<br /><br />—Esto se termina —le dije.<br /><br />Él me miró, confundido. Herido.<br /><br />—¿Por qué?<br /><br />—Porque me gusta demasiado.<br /><br />No dijo nada. Se levantó. Yo creí que lo había entendido. Que había ganado. Que el control, como siempre, era mío.<br /><br />Lo que no sabía… era que él también había aprendido a jugar.</div>
<div>Pasaron dos semanas sin contacto, apenas los cruces imprescindibles por trabajo. Me dediqué a mi rutina: reuniones, actos, notas, el rol de esposa ejemplar. Matías parecía haber entendido. Se limitaba a trabajar. Me saludaba con profesionalismo. Nada más.<br /><br />Y sin embargo, algo en mí estaba inquieto. Esa calma era artificial, la calma que precede a la tempestad. Él no era así. Había algo detrás de su silencio, algo que no podía leer... y eso me incomodaba. Me desesperaba, en realidad.</div>
<div>Traté una vez más intentar descifrarlo, volví a citarlo a mi despacho y cerré la puerta tras sus pasos, me había perfumado en demasía porque sabía cuánto le gustaba</div>
<div>—¿Todo bien? — tiré de una</div>
<div>—Si, todo bien — respondió a secas</div>
<div>—Entre nosotros, digo, me refiero a eso— noté que por primera vez dudaba de mis palabras, como que ya no tenía tan claras las cosas</div>
<div>—Perfecto... —respondió— usted es mi jefa inmediata y usted dicta lo que debemos hacer</div>
<div>Era loco, el maldito aun me trataba de usted a pesar de todas las revolcadas que habíamos tenido, de todos los secretos compartidos, de todo el sexo que había corrido por nuestras venas. Giré la conversación a temas de trabajo, una reunión que tendía el día siguiente con tipos importantes del gobierno, también estaría mi esposo, y el debía preparar temas de agenda, cosas de rutina</div>
<div><br />Esa mañana, mi esposo y yo llegamos un tanto retrasados, temas de tránsito, en la sala de reunión ya había varias personas importantes a la espera, cada uno en su sitio, al llegar a mi lugar, sobre la mesa me esperaba un sobre cerrado. Papel grueso, elegante. Sin nombre, sin remitente. La situación me desbordó y un sonrojo cubrió mi rostro</div>
<div>—¿Y eso? — preguntó mi marido</div>
<div>Ensaye una respuesta tonta e inocente, es que no podía pensar con claridad, y esa reunión sería una mierda, porque no pude sacar mis pensamientos de ese sobre, y toda mi presentación pareció irse a la cloaca</div>
<div>En algún break fui al baño, escondiendo el sobre lo mejor posible, me senté en el inodoro para orinar y lo abrí nerviosa,</div>
<div>Dentro, una nota escrita a mano, solo decía:<br /><br />"Usted me enseñó muchas cosas. Ahora es mi turno."</div>
<div>Sabía que era él, y empecé a recordar todo lo vivido, la locura, la pasión, y sentí como mis pezones empezaban a acariciar la tela de mi corpiño, un rubor recorrió mi cuerpo, como un viento de primavera y sentí que algo me quemaba por dentro, no quería, pero no podía, cerré los ojos y acaricié la tela de la camisa por sobre mis pechos, me mordí los labios por miedo a que un gemido descontrolado escapara, llevé una mano entre mis piernas y me metí los dedos tan profundo como pude, como él me los metía, y luego los lamí para sorber mi sabor, como a él le gustaba que lo hiciera</div>
<div class="x_elementToProof">Pero me detuve de repente, porque si quería terminar con esto, pues solo debía terminarlo, no podía permitir seguir el juego, ni siquiera en mi soledad, y preferí quedarme caliente como una brasa a que ese maldito me robara otro orgasmo. Me enjuagué el rostro en el lavabo, me miré al espejo y traté de recomponer mi imagen acomodando mi maquillaje<br /><br />Apenas terminada la reunión volví a mi despacho, me senté a pensar poniendo paños fríos al asunto, fruncí el ceño. Revisé cámaras, pedí discretamente a los de seguridad… nada. El archivo no tenía registros.<br /><br />Esa misma tarde lo llamé a mi despacho.<br /><br />Entró con total calma. Casi… desafiante.<br /><br />—¿Fuiste vos?<br /><br />—¿Yo qué?<br /><br />Me acerqué, firme. Me paré frente a él, a centímetros y tirando el sobre sobre el escritorio dije<br /><br />—No vuelvas a jugar conmigo, Matías. Sabés lo que está en juego.<br /><br />Él me sostuvo la mirada. Ya no era el chico nervioso del primer día. Había algo nuevo en él. Algo frío. Algo… mío.<br /><br />—¿Qué está en juego, exactamente? —preguntó, con una sonrisa apenas dibujada y agregó —. ¿Tu cargo? ¿Tu matrimonio? ¿Tu reputación? Porque por mi lado... bueno, yo recién empiezo.<br /><br />Me congelé. Era la primera vez que me tuteaba, los roles cambiaban demasiado rápido<br /><br />Él metió la mano en bolsillo de su saco y sacó su celular. Me lo mostró. Un video. Yo, en el baño. De rodillas. Él jadeando. Mi voz. Mis manos. Todo.<br /><br />Mi mundo se derrumbó en un segundo.<br /><br />—No quiero dinero —dijo—. Ni escándalos. Solo quiero seguir viéndote. Quiero llamarte cuando quiera. Quiero usarte cuando lo necesite. Como siempre hiciste conmigo, solo que a partir de ahora, yo decido.<br /><br />No supe qué decir. Sentí vértigo, rabia, deseo. Él me había leído. Me había anticipado.<br /><br />Y lo peor… es que una parte de mí, muy en el fondo, estaba excitada. Porque por primera vez… el control no era mío.<br /><br />Esa noche llegué a casa antes que mi esposo. Me duché, me miré al espejo, me puse el perfume de siempre. Me serví una copa de vino. Me quede descalza para darle paz a mis pies, fuimos a la cama, y le hice el amor como hacía tiempo que no se lo hacía, él no entendió el motivo, nunca lo entendería</div>
<div>Nos levantamos como cada día, el sol recién asomaba por el horizonte, fui a la cocina a preparar el café con leche y unas tostadas como cada mañana, mi marido en el baño, se afeitaba tranquilo. Luego lo sentí venir, me abrazó por la espalda y besó mi cuello, casi en un susurro me dijo</div>
<div class="x_elementToProof">—Te amo, anoche estuviste fuera de serie!<br /><br />Respondí con una sonrisa, me sentí bien envuelta en su calor, luego nos sentamos a desayunar para seguir con nuestros arreglos de vestimentas antes de salir, estábamos por hacerlo, cuando mi celular vibró<br /><br />Un mensaje. De Matías. Solo unas palabras:<br /><br />“Hoy tendremos trabajo extra”<br /><br />Me quedé en silencio. Sonreí. Le dije a mi marido que me diera unos minutos, un cambio a última hora. Me puse los tacos más altos que tenía, los que le gustaba a él. Y entonces salí.</div>
<div> </div>
<div>Si te gustó esta historia puedes ecribirme con título QUIEN TIENE EL CONTROL? a dulces.placeres@live.com</div>
<div> </div>
<div id="wpfa-10751" class="wpforo-attached-file"><a class="wpforo-default-attachment" href="https://relatosonline.b-cdn.net/wp-content/uploads/wpforo/default_attachments/1776468955-nena.jpg" target="_blank" title="nena.jpg"><i class="fas fa-paperclip"></i>&nbsp;nena.jpg</a></div>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/hetero/">Hetero</category>                        <dc:creator>dulces-placeres</dc:creator>
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                        <title>La madame y el nuevo chapero</title>
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                        <pubDate>Mon, 23 Mar 2026 18:00:35 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[.... ...... ...... ..... ..... ...... ...... 
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                        <content:encoded><![CDATA[<p>.... ...... ...... ..... ..... ...... ...... </p>
<p>                           Me llamo Daniel, tengo diez y ocho años y todavía no me he estrenado. Me masturbo todos los días, muchos de ellos varias veces. Tengo muchas ganas de probar eso del sexo. Con alguien que no sea yo mismo, claro. </p>
<p>                           Internet es una gran fuente de información y eso solo consigue que mis ganas sean aún mayores. Se que hay relatos, vídeos, fotos de cualquier cosa que mi imaginación pida. Hasta podría conseguir complementos solo con buscar en tiendas online. </p>
<p>                            Quiero hacer el amor con una chica. Aunque cada vez empieza a importarme menos el que sea una chica o un chico, no diría que con una cabra. Pero mientras fuera humano me valdría. Los vídeos que veo son de temas muy variados, heterosexuales, de chicas juntas, de transexuales, de chicos juntos, de tríos y orgias e incluso de gente sola masturbándose.</p>
<p>                             Estoy empezando a fijarme en los cuerpos de los chicos de mi edad. En la piscina o en la disco, en sus culos, que cogería y amasaría o en sus pollas que lamería. Pero todo eso era solo imaginación hasta esta tarde. </p>
<p>                            Hoy me han ofrecido que me dedique a chapero. Me han dicho que con mi cuerpo y mi cara y además virgen podría ganar mucho dinero. Todo un vicio. </p>
<p>                            Clara, una vecina que se dedica a ello, osea puta de toda la vida, me ha invitado a tomar un café en su piso. Y una vez allí, en su sofá, relajados, me lo ha propuesto. Sin dar rodeos, a las claras. No se anda con medias tintas. </p>
<p>- Dani, eres una monada. Un montón de gente pagaría muy bien por follar contigo. Muchos lo harían para que tú les follases.</p>
<p>- ¡Pero qué dices! Si no valgo nada y nunca he hecho nada. </p>
<p>- Que modesto. Ricura. Pero estoy convencida de que vales. Además eres un salido. Sé cómo me miras cuando crees que estoy despistada. Seguro que ves mucho porno también. ¿Aún guardas el tanga que se me cayó por el patio?. </p>
<p>- De verdad, soy virgen. Apenas he tocado a alguna amiga. Y sí claro, es un tesoro. Gracias por la confianza. ¿Se te "cayó" adrede?. Creo que me viste. </p>
<p>- Pues claro cielo. No voy perdiendo mi lencería a no ser que quiera. Me pareció que te vendría bien. ¿Qué te parece la propuesta?.</p>
<p>- ¿Crees que chicas también?.</p>
<p>- A veces. Además si aprendes a mover esa cadera puedes hacer striptease o podemos hacer algún show erótico juntos. Hay muchas opciones.</p>
<p>- ¿No conoces a nadie más?.</p>
<p>- Nadie con quien me gustara hacerlo o en el que vea tantas posibilidades. </p>
<p>                            Clara mueve mucha pasta. Solo con ver el cochazo que aparca en el garaje se puede ver. Con su cuerpo, su carita preciosa con pinta de inocente y su picardía y simpatía casi no puede atender a todos los clientes. Ella los consigue por su página en Internet y con su teléfono móvil. Ni siquiera suele ejercer en clubs. </p>
<p>                            Ha estado buscando otras chicas y chicos que le ayuden en su trabajo. Parece que piensa convertirse en una especie de madame. Ha pensado en mí. Bueno me tiene en la puerta de enfrente y nos conocemos de toda la vida. Me tendió un teléfono nuevo. </p>
<p>- Toma, esto es para el curro, los números de algunos de los clientes amplios de mente ya están guardados. También podes hacer videos y fotos si el cliente se deja y quiere. </p>
<p>- ¿Todo tíos?.</p>
<p>- Hay algunas mujeres pero puede que con alguna tengas que ponerle algo de imaginación para mantener la dureza. </p>
<p>- Ahora mismo no creo que eso sea un problema. </p>
<p>- A veces mis clientes habituales me han preguntado si no conocía a un chico con el que pasar buenos ratos. Son gente de confianza y muy morbosos. Ya los irás conociendo. </p>
<p>- Tendremos que hacer algunas compras. Los vaqueros están bien para algunas ocasiones pero necesitas algo más formal... por dentro y por fuera. </p>
<p>                               Y esa misma tarde salimos. Aún no nos habíamos tocado. Me ha comprado un móvil nuevo. Me ha llevado de tiendas para comprarme ropa más sexi de la que uso. Pantalones y camisetas muy ajustados marcando mi cuerpo. Shorts y camisetas de tirantes que lo muestran y de ropa interior tangas y suspensorios. </p>
<p>- Eso te sienta bien. Así luces más. Veamos la ropa interior. </p>
<p>- ¿Tú crees?. Ni siquiera sé cómo ponerme alguna de esas cosas. Eso solo parecen unas tiras de tela. </p>
<p>- La práctica hace al maestro. Pero no te preocupes que la primera vez te lo voy a poner yo. Y quitar también. </p>
<p>- Como tú digas. </p>
<p>- Vámonos ya, que quiero ver cómo te defiendes. </p>
<p>                           Hemos acabado en su piso alquilado solo para ejercer el negocio. No es nuestro edificio. La decoración es digna del picadero más lujurioso posible, todo desnudos y arte erótico para excitar al personal. </p>
<p>- Aquí es donde trabajo. Te daré unas llaves para cuando tengas que traer algún cliente aquí. Puedes usar ese dormitorio. </p>
<p>                          Allí me invitó a una copa y sentados en el sofá buscó mi boca para besarme. Al principio me resistí pero no mucho. La verdad es que me tuvo cachondo toda la tarde. Como cuando me probaba tangas en las tiendas de lenceria. Tenía la polla que faltaba mucha tela para taparla. Ella entraba conmigo en el probador. Solo me miraba pero eso me ponía cachondo. </p>
<p>- Vamos a divertirnos. </p>
<p>                               Si de verdad iba a dedicarme a ello este era un buen momento para empezar. Y una oportunidad fantástica de practicar con una maestra en el asunto. La notaba muy dura en mis pantalones cada vez que me metía la mano en el bolsillo.</p>
<p>- Bésame. Déjate llevar, cielo. </p>
<p>                              Pronto abrí la boca admitiendo su lengua exploradora. La mía, inexperta, correspondió a sus besos introduciéndose entre sus dientes. Sus manos empezaron a explorar mi cuerpo. Primero por encima de la ropa, de mi blanca camiseta hasta que consiguió sacármela de los vaqueros. </p>
<p>                                Está claro por lo que se dedica que es una chica decidida. Me acarició la piel del vientre y del pecho sin querer darse cuenta todavía de que mi picha dura apretaba contra la bragueta. Lo hacía despacio manteniendo mi calentura al máximo. </p>
<p>                              Seguía tierna y dulce acariciándome sensualmente sin dejar de excitarme. Mi lengua correspondió en su boca, en el filo de su mandíbula en su oreja. Me sacó la camiseta y empezó a besarme las tetillas sorbiendo mis pezones, lamiéndome de las axilas a los hombros. </p>
<p>- ¡Joder! Qué cachondo estoy. </p>
<p>- Así es cómo tienes que poner a los clientes. Debes ser guarro y lascivo. </p>
<p>                              Así comenzó a bajar la cabeza lamiendo mi piel hacia mi vientre. Abrió mis pantalones aunque sabía con lo que se iba a encontrar se llevó una sorpresa ante la dureza de mi rabo. Inmediatamente desapareció entre sus labios.</p>
<p>- Es una buena herramienta que te va a hacer ganar mucha pasta. </p>
<p>                                Jamás me habían hecho una mamada. Jamás una lengua había tomado mi polla y en cuanto se paseó por el frenillo y acarició mi glande tuve un enorme e inmenso orgasmo y eyaculé en su boca. Golosa se tragó mi semen, no todo, relamiéndose, tras mis trallazos directos a la lengua.</p>
<p>- Ahora bésame. </p>
<p>                                   De su boca saboreé por primera vez el sabor del semen pues retuvo en la boca lo suficiente como para ofrecérmelo en un beso que acepté encantado. Cachondo, estaba cumpliendo casi todos mis sueños en la forma de perder la virginidad. </p>
<p>                                 Ninguna otra mujer hubiera sido tan pervertida, tan puta, literalmente, como mi nueva jefa. </p>
<p>                                 Ninguna otra me hubiera hecho lo que ella me estaba haciendo, ni me hubiera dejado disfrutarla como pensaba hacerlo. Clara sabía que yo no había tenido sexo con nadie más que con mi mano y dulcemente terminó de desnudarme.</p>
<p>                                A continuación se desnudó ella y me enseñó por fin su vulva perfecta. Admito que estaba deseando probarla, con mis dedos, con mi boca, con mi polla. Ella tampoco se conformaba, jugaba con sus dedos con mi virgen culito. Seguía tratándome como a una dulce jovencita virgen a quién mimaba pero sobre la que mandaba. En ese momento ella estaba enseñándome. </p>
<p>                                Ahí conseguí echar mano a su coñito. Lo acaricié con dos dedos. Estando yo sentado y ella de pie llevé mi boca a su pubis. Comencé a comer mi primer coño, goloso, lo saboreaba. Sacaba la lengua buscando el clítoris. Ella me guiaba por supuesto. Era mi primera experiencia pero algo de información ya tenía. Seguía pasando los dedos por los labios mientras chupaba el clítoris o metía un poco uno de ellos. Me dijo:</p>
<p>- Ensalívalo bien. Para la lengua, cariño. Lo haces bien. Vas a conseguir que me corra. Ahora el clítoris. ¡Oh! Si, joder. Nada mal, cariño.</p>
<p>                                 No podía creerme que le hubiera conseguido un orgasmo a una mujer como esa, con su experiencia.</p>
<p>                                 Buscó en un cajón. Como a ella le faltaba algo entre las piernas para esas prácticas tenía que usar uno de los complementos habituales en su trabajo. Y a partir de ahí el mío.</p>
<p>                               El vibrador no era excesivo. Supongo que para empezar no quiso exagerar. Ni siquiera tenía una forma demasiado realista. Y era de color morado. Lo dejó cerca para cuando hiciera falta, bastante pronto por cierto.</p>
<p>- Ahora súbete al sofá. Te toca a tí practicar con tu agujerito.</p>
<p>                                Subí de rodillas al sofá y mirando a la pared le ofrecí mi culo en pompa. Se agachó detrás de mí para comerme el culo. Lamer el ano y morderme las nalgas. Me echaba saliva entre ellas y comenzó a follarme primero con la lengua, luego con un dedo. Me puso lubricante desde luego. Estaba a punto de correrme. Aprovechando para untarlo con lubricante, suave y lento. </p>
<p>                                 Yo le pedí dos dedos. Estaba muy cachondo y le dije:</p>
<p>- Sin miedo, que yo me meto dos cuando me masturbo en la ducha. Me has puesto a mil.</p>
<p>                                 Ella me contestó:</p>
<p>- Me has salido una auténtica putilla. Así me gusta, que lo disfrutes. De esta forma harás más dinero, si el cliente piensa que te gusta lo que te hace o le haces tú. </p>
<p>                                 Y pasó a meterme dos dedos y enseguida le pedí el vibrador. </p>
<p>- Quiero probar una polla, aunque sea de silicona. Quiero que me folles. Necesito probar si voy hacerlo con tíos.</p>
<p>                                  Y ahí pasó a metérmelo. A bombear lubricado con nuestra saliva y con parte de su copa. Me folló durante media hora sin sacarlo, besándome los hombros y la boca acariciando mi pecho, vientre y rabo con sus manos. Yo gemía y suspiraba como una locomotora vieja. Me estaba gustando más de lo que pensaba. </p>
<p>                                 Cogiéndome de la cadera para meterme el juguete hasta el fondo. Para clavarlo hasta los huevos. A mí me encanta hurgarme el culo con mis dedos, con palos, mangos de cepillos, frascos cilíndricos, con lo que fuera o se asemejara a un pene y desde luego lo gozo. Soy un calentorro así que empecé a pensar que todo eso me vendría bien.</p>
<p>                                 Pero no hay nada como un rabo duro y caliente, estaba deseando probar uno de verdad. Creo que me hizo tener orgasmos por el ano. Desde luego los he tenido y muchos de entonces aquí. Le encantaba follarme, siendo chica eso me parecía un poco raro. Pero me estaba demostrando lo viciosa que es.</p>
<p>                                  Me tumbé boca arriba en el sofá y seguimos besándonos en la boca otra vez. Acariciaba mis genitales y se dio cuenta de que aunque no tengo mucho vello en el cuerpo los testículos iban con todo el pelo.</p>
<p>- Esto hay que solucionarlo. Así también aprendes a depilarte.</p>
<p>                                Así que cogiéndome de las manos me condujo al baño y me metió en la bañera. Allí siguió mimándome y besándome. Me lavó y duchó entero como a un niño y me enjabonó bien los huevos. Luego cogió una maquinilla de afeitar y me rasuró el poco pelo que tenía por las ingles, los testículos, alrededor del ano y en los sobacos.</p>
<p>- Más adelante haremos algo más definitivo. En mi salón te van a dejar pelado y suave. Y les va a gustar hacerlo además.</p>
<p>                                Me dijo que me iba a llevar a donde lo depilan a ella de forma definitiva y con láser. Tendría una piel suave. Solo me dejó una tira de pelo justo encima del rabo. No soy muy peludo pero el tacto del escroto nuevo y suave me sorprendió. </p>
<p>                                 Con tanta manipulación y tocamiento se me estaba volviendo a poner dura. Cosa que le alegró y allí mismo en la cómoda bañera me lubricó el rabo con el gel de ducha. </p>
<p>- Bueno ahora me toca a mí tener algo tan duro en el culo. Vas a follarme. </p>
<p>- Encantado. </p>
<p>                                   Se sentó sobre mí introduciéndoselo poco a poco en el ano. Yo apenas tenia que sostenerla de las nalgas. Ella misma en cuclillas aguantaba su peso y se movía follándose el culo con mi polla. Yo, desmadejado, me dejaba sentir y gozarlo y disfrutar el fenomenal polvo. Su experiencia era algo evidente en esos momentos.</p>
<p>- Déjame hacer. Ve tomando nota. Esto te va a tocar hacerlo a tí. </p>
<p>                                Solo notaba la polla apretada en su interior. Toda mi consciencia concentrada en un solo punto. El glande asomaba periódicamente entre sus nalgas para volver a desparecer de inmediato dentro de su cuerpo.</p>
<p>                                Gemía ella, gemía yo y vi mi semen resbalar por mi tronco en un orgasmo fenomenal. Clara se derrumbó sobre mí y volvimos a besarnos abrazados. Estábamos mojados en la bañera y no conseguiremos separarnos.</p>
<p>                               Durante un rato más seguimos haciéndonos mimos. Besándonos lascivos mm lamiendo nuestras pieles. Lamiendo todo el cuerpo y digo todo. Me chupó hasta los dedos de los pies, las axilas incluso la nuca. Por supuesto le devolví el favor en cada centímetro de su suave piel. </p>
<p>- Creo que acepto. Seguro que puedes guiarme en este trabajo. </p>
<p>                                   Me tenía ganado. Aparte del dinero que desde luego me importaba. El placer que había sentido, pensaba tenerlo todo y todos los días a partir de ahora. Y hacerlo sentir a los demás.</p>
<p>....... ........ ....... ......... ...... ..... ....... ....... </p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/hetero/">Hetero</category>                        <dc:creator>pern</dc:creator>
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                    </item>
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                        <title>Mi ex quiere ser webcamer</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/hetero/mi-ex-quiere-ser-webcamer/</link>
                        <pubDate>Sun, 01 Mar 2026 07:12:31 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[...... ........ ....... ....... ...... 
                         Julie, una de mis ex, estaba pasando por problemas económicos. Separada, con su propia prole, empezaba a necesitar ingresos ...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>...... ........ ....... ....... ...... </p>
<p>                         Julie, una de mis ex, estaba pasando por problemas económicos. Separada, con su propia prole, empezaba a necesitar ingresos económicos. Yo con dos niñas, mi mujer sin trabajo, y una hipoteca tampoco es que tuviera muchas posibilidades de ayudar.</p>
<p>                         La opción por la que al final se decidió, tras meditarlo mucho. Bueno, conociéndola, igual es que no lo pensó tanto, fue hacer porno en vivo por Internet. Exhibirse por webcam en esas páginas donde la gente se deja ver pajeándose.</p>
<p>                          Puede que también intentar vender algunas fotos o vídeos en otras webs que lo admiten. Todos sabemos que páginas son esas, no voy a hacer publicidad aquí. </p>
<p>                             Con su cuerpo voluptuoso y su morbo seguro que podía conseguir buenos resultados. Lo último me lo había demostrado muchas veces cuando estuvimos juntos. Es una auténtica guarrilla a la que le encanta el sexo húmedo y lascivo. </p>
<p>                         Pero necesitaba hacerse esas fotos y vídeos. Había llegado al límite de lo que podía hacer estirando el brazo, con un palo selfie o usando el temporizador. Se acordó que a mi me gustaba la fotografía cuando salíamos. </p>
<p>                           Incluso tenía un equipo bastante decente en esa época, todo de carrete por supuesto, hacía ya unos añitos de eso. Ahora al menos para empezar casi se puede hacer todo con el móvil. Y si la cosa va bien se podía comprar una buena cámara. Bueno el caso es que me llamó para proponerme el asunto. </p>
<p>- Juan, tengo que pedirte un gran favor, ¿podríamos quedar a tomar café?. Vente a casa mañana por la mañana, estaré sola. </p>
<p>                        Eso ya era un peligro, conociéndonos. Pero no podía rechazar una invitación así. Ya sentados en la mesa de su salón me explicó su idea. </p>
<p>                          La cabrona, supongo que para lograr puntos y que yo no rechazara la idea de plano, se había puesto muy sexi. Enseguida tuvo que pararme los pies, más bien las manos. Aunque, todo contradicción, parecía que me estaba provocando. </p>
<p>- Tranquilo que solo vamos a hablar. </p>
<p>- ¡Pues que lástima!.</p>
<p>                          Por el escote de su vestido, que se abrochaba por delante, podía ver casi al completo sus poderosas tetas. Tenía más botones abiertos de la cuenta. Lo mismo pasaba con sus muslazos descubiertos casi hasta el tanga. Si hubiera salido así a la calle hubiera sido un escándalo. </p>
<p>- Necesito pasta y con el trabajo no me llega después del alquiler y los gastos fijos.</p>
<p>-Y ¿qué tengo yo que ver con eso?. Sabes que ando pelado y que me pasa lo mismo que a tí. </p>
<p>- Por eso recurro a tí y no a alguien que ande bien de dinero. Podemos vender contenido erótico y porno por Internet. </p>
<p>- No creo que nadie pague por verme a mí follando. </p>
<p>- Nunca se sabe. Hay gente muy rara. Bromeo, no te mosquees. Pero en principio tú serás el cámara y el técnico. Manejas Internet de sobra para hacer esto. Y seguro que ves mucho porno y te haces muchas pajas. </p>
<p>- ¡Como me conoces!.</p>
<p>- Ya tengo algo de material preparado pero no me parece bueno. O lo bastante bueno como para subirlo. Estirando el brazo o ante un espejo no se consiguen buenas fotos. Además te llevarás comisión. </p>
<p>- Seguro que hay algo que valga y como decías tú antes hay mucha gente rara. ¿Me lo puedes pasar?.</p>
<p>- Me puso en la mano un pen drive rozando mis dedos. </p>
<p>                          Estaba jugando todas sus cartas. Y yo deseando ver lo que había en ese pincho. Me provocaba adrede y sabía que con eso me tenía en sus manos. Yo entre tanto me lo estaba planteando en serio. Ya entonces pensando en qué y cómo hacer para venderlo. </p>
<p>                             Por ahora tendría que apañármelas con la cámara del móvil, un modelo medio alto que podría servir. Disponía además de una cámara de video algo pasada pero que grababa directamente en un disco duro. Editar esos vídeos y fotos en el ordenador no sería un gran problema. Más difícil sería esconder esa actividad a mi mujer. </p>
<p>- Cielo. Yo soy uno de los que saben lo buena que estás y lo guarra que puedes ser follando. Pero ¿en serio quieres enseñarlo por Internet a todo el mundo? </p>
<p>- Se paga bien y no tendría que hacerlo de verdad. ¿No?. </p>
<p>- Supongo que viéndolo por ese ángulo, esto es mejor. Y eso que de verdad eres fantástica follando. Seguro que también tendrías un buen negocio en real. Bromeo, no te mosquees. </p>
<p>- De eso soy consciente. No se lo digas a tu mujer o tendrá celos. </p>
<p>- No se lo diremos. Bueno ¿tienes alguna idea de cómo empezar? </p>
<p>- Un striptease, por ejemplo. </p>
<p>- Parece una buena idea. Pero tenemos que buscar un sitio y unas horas para poder hacerlo. </p>
<p>  - Ahora tengo un rato y estamos solos. Podemos hacer una prueba. </p>
<p>                          Cogí el móvil y puse algo de música para ambientar. Arranqué la cámara y la puse en modo video. </p>
<p>- Adelante, tú eres la estrella. </p>
<p>                          Empezó a quitarse el vestido. Despacio luciendo su precioso y enorme par de tetas. Desabrochando los pocos botones que le quedaban. Bailando felina y sinuosa.</p>
<p>                           Admito que aunque no era la primera vez que veía y tocaba toda aquella preciosa carne me costaba mantener la concentración en la cámara. Además de empezar a ponerme bien duro. Se tenía que marcar en mis vaqueros. Y con la cara de guarra que estaba poniendo creo que se daba perfecta cuenta de ello. </p>
<p>                             Le hice un gesto para que hablara. Tenía que decirle algo a sus potenciales clientes. </p>
<p>- ¿Os gusta lo que veis?. Creo que debo enseñar más.</p>
<p>                            Abrió el vestido descubriendo el conjunto de encaje que apenas cubría sus encantos. Recorría sus curvas con las manos acariciando su piel. Como si se estuviera haciendo el amor a sí misma. </p>
<p>                             El vestido cayó al suelo. Se giró enseñando el culo a mi móvil, o a mí, aún no lo sé. Al menos esperaba que fuera al móvil. Porque como fuera a mí me iba a costar mantener la objetividad. Y la polla dentro de los pantalones. </p>
<p>                           Era duro mantener la boca cerrada. Ya sé, es un chiste malo. Pero ella tenía que ser la protagonista. Aunque de vez en cuando tenía que bajar una mano para acomodar el rabo. </p>
<p>                                El tanga de encaje dejaba a la vista el impresionante pandero al completo. Cuando arqueó la espalda sin doblar las rodillas las nalgas se separaron un poco. Lo justo como para ver que el encaje de la prenda apenas tapaba el ano. Y yo me había follado ese culo. </p>
<p>- ¿Queréis ver más? o ¿para ser la primera vez ya es suficiente?. Soy primeriza. </p>
<p>                               Pasó dos dedos por la raja acariciando el oscuro objeto de deseo sin apartar el cordoncillo. Yo estaba cardíaco, imaginaba cómo se pondría todo el que viera ese vídeo. La poca tela que cubría su coñito parecía competente empapada. Y con un primer plano de ese trozo de encaje corté. </p>
<p>- Ha sido un plano secuencia estupendo. Otro día podemos cortar y montar algo más sofisticado. Pero para una primera vez creo que ha quedado muy bien. </p>
<p>- Enséñamelo y si me gusta lo publicamos. </p>
<p>                                    Me senté en la cama a su lado. Ella en vez de sentarse se arrodilló detrás y apoyó una teta en mi hombro y su rostro junto al mío. Antes solo había podido ver. Ahora notaba el roce su carne desnuda. Mi camiseta era muy fina y solo de tirantes. Así que también rozaba mi piel, la de mi hombro.  </p>
<p>- Nena, ten cuidado o igual montamos otro video pero juntos. </p>
<p>- Eso no haría falta grabarlo, al menos hoy. Más adelante puede. </p>
<p>                                    Le di a reproducir el video. En la pequeña pantalla del móvil no se apreciaban todos los detalles. Pero poco a poco iba apareciendo su gloriosa desnudez. </p>
<p>- En una tele grande tienes que quedar estupenda. Me parece un buen vídeo para empezar. </p>
<p>- Me gusta. Ha quedado bastante bien. ¿De verdad pongo esa cara de guarra?.</p>
<p>- Y no te has visto cuando te corres. Es como para derretir hielo. </p>
<p>- Tendrás que grabarme así. </p>
<p>                             Mientras seguía frotándose contra mi hombro. Y mi polla seguía dura como el acero. Su melena me tocaba la piel. Suponía que estaba tan excitada como yo, porque empezó a darme besitos en el cuello. </p>
<p>- Estás calentando mucho el horno y voy a acabar metiendo el bollo.</p>
<p>- ¿Qué te lo impide?.</p>
<p>                              Empezó a subir mi camiseta. Rozaba mi piel cómo solo ella sabe hacerlo. Sus dedos finos palpando y sobando. Pellizcó mis pezones sin dejar de posar labios y lengua por mi nuca y hombros. </p>
<p>- Ahora ya nada. </p>
<p>                           Me giré para tumbarla en el colchón y quedar encima. Tenía ganas de volver a probar sus labios y metí la lengua en su boca. Me respondió con su saliva. Procuré tener el móvil cerca por si podía hacer un par de secuencias nuevas. </p>
<p>                           Durante un buen rato nos estuvimos morreando y acariciándonos. Su era piel tan suave cómo la recordaba. Pude volver a tener sus tetazas en las manos. Y agachándome un poco besar sus pezones. </p>
<p>- ¿Me vas a comer?.</p>
<p>- ¿Tenias alguna duda?. Me parece que era una de las cosas que pretendías. </p>
<p>                         Aún conservaba el tanga con el que había jugado mientras hacíamos el video. Pero esa cosa era muy pequeña así que no me costó mucho apartarlo para pasar la lengua por el pubis depilado. En ese momento me parecía que el clítoris salió al encuentro de mi lengua. Estaba chorreando y recogía todo con la lengua. </p>
<p>                         Pero a pesar de estar disfrutando de comerle el coño no perdíla concentración. Quería que se viera. Así que volví a encender el móvil y enfocarlo en su carita y pechos mientras alagaba mis oídos con barbaridades y sus gemidos y suspiros. Esa escena tampoco haría falta editarla. La cara de vicio que estaba poniendo merecía ese video. </p>
<p>                        Aproveché a terminar de desnudarme mientras le hacía el cunnilingus. Aunque no fue fácil hacerlo con una sola mano. </p>
<p>                         Creo que no se dio cuenta de que la estaba grabando concentrada en su placer. Esas escenas sin preparar dejando que saliera la putita natural que llevaba dentro serían las mejores. Cuando se corrió sus gritos podían haberlos oído los vecinos. Corté mientras se tranquilizaba. Y volví a ocultar el móvil bajo un pliegue de la sabana. </p>
<p>- Pero tú no te has corrido, cielo. </p>
<p>- Aún puedes devolverme el favor. ¿Me la comes?.</p>
<p>- Se me ocurre algo mejor. </p>
<p>                             No es una chica que se deje mangonear por nadie. A veces le gusta llevar el control, pero también complacer. Así que fue ella la me giró y se puso encima de mi cuerpo. Mientras lamía mi pecho lasciva buscaba la forma de colocar mi rabo en su coñito. Mientras tenía agachada la cabeza pude volver a alcanzar el móvil. </p>
<p>                             Grabarla comiéndome la polla sería estupendo pero tuve que dejarlo para otra sesión. Todavía mejor sería el video cabalgándome. Cuando se incorporó la verga le entró hasta el fondo. Y cuándo empezó a moverse sus tetas bailaban libres. </p>
<p>                             Yo tenía las manos ocupadas empezando a conectar la cámara. Al fin decidí dejarla a su aire sin que se viera casi nada de mi cuerpo. Levantó las manos hasta la cabeza jugando con su melena. Se veían las axilas en una pose completamente lasciva mientras sus tetazas bailaban al ritmo del movimiento de su cadera. </p>
<p>                               Llevaba toda la tarde muy excitado y con todo aquello no aguantaría mucho más. Pero ella estaba tan cachonda o más todavía que yo. Así que también faltaba poco para uno de sus orgasmos explosivos. </p>
<p>                             Con su melena salvaje cubriendo parte de su rostro. La expresión de puro placer quedó inmortalizada para que un montón de pajeros dejara su dinero en las webs en las que lo iba a publicar. </p>
<p>                             Los pezones parecía que iban a salir disparados. Cuando se derrumbó sobre mí aún pude alcanzar uno de ellos con la boca y chuparlo. </p>
<p>- ¡Joder! Sigues siendo muy bueno en esto. </p>
<p>- Pues tú has mejorado. Empiezo a pensar que esto puede ser una buena idea. </p>
<p>- Eso ya te lo dije. </p>
<p>- Aún tienes que ver los últimos videos. </p>
<p>- No sé que decirte. Cómo me los enseñes igual volvemos a engancharnos.</p>
<p>- ¿Te importaría?</p>
<p>- Tendrías que guardar algo para tu mujercita. No quiero que se cabree. ¿Nos imaginas a las dos en una escena lésbica y tú grabando?.</p>
<p>- Cómo sigamos así no voy a salir de aquí. No me provoques más. Y además tengo trabajo con todo esto. </p>
<p>- Pareces impaciente por empezar a editar. Seguro que te vas a hacer buenas pajas con este material. </p>
<p>- Tengo algunas ideas para publicarlo. Déjame que lo piense. Te abriré una cuenta en SF y en algún sitio más. Te paso las contraseñas y tú lo controlas también. </p>
<p>                                Mientras intentaba organizar mis pensamientos y me vestía le estaba comentando lo que había imaginado. Pero estaba claro que pensaba tener la última palabra. Me miraba desde la cama en una postura completamente lasciva, abierta de piernas, acariciando su xoxito y una de sus tetas con la otra mano. </p>
<p>- Vale, sí que eso empieza a rodar. </p>
<p>                                Viéndola así no pude dejar de hacerle las últimas fotos y otro video corto. No paré hasta que tuvo otro orgasmo, más suave que los anteriores, pero aún así el video de su paja quedó estupendo. </p>
<p>....... ....... ...... ........ ........ </p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/hetero/">Hetero</category>                        <dc:creator>pern</dc:creator>
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                        <title>Túnel dimensional, el bárbaro</title>
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                        <pubDate>Sun, 01 Mar 2026 07:08:11 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[..... ...... ...... ...... ..... ..... 
                          &quot;Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia&quot;
                            Tercera ley d...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>..... ...... ...... ...... ..... ..... </p>
<p>                          "Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia"</p>
<p>                            Tercera ley de Clarke.</p>
<p>                           El túnel al multiverso es una tecnología desconocida y aún incontrolada. Los científicos no se ponen de acuerdo en sus bases teóricas. </p>
<p>                           Pero sus efectos son bien conocidos en la institución que lo estudia gracias a los informes de los conejillos de Indias, ups, perdón, las personas que lo cruzan con destinos inesperados: Otras épocas, lugares e incluso mundos de fantasía, de novela o de cine.</p>
<p>                                Esta colección de extractos de esos informes hace hincapié en las vivencias más eróticas de la protagonista narradas por ella misma.</p>
<p>..... ...... ...... ...... .... ..... ........ ...... ....... ....... ....... </p>
<p>                                 Al salir de la piscina solo con un breve bikini vi el resplandor del túnel dimensional. Otra vez, alla vamos. Las salidas por suerte suelen ser suaves si no esta vez la arena del puñetero desierto en que fui a caer me hubiera hecho polvo la piel.</p>
<p>                                 El sol caía a plomo, parecía mediodía. Las iba a pasar canutas como la noche me pillara sin haber encontrado un refugio. </p>
<p>                                  Esta vez el refugio me encontró a mí. Acercándose desde las dunas venía un fulano vestido únicamente con un tanga hecho con piel de algún mamífero, la prenda hasta conservaba el pelo. Llevaba a un costado una enorme cimitarra colgada de un tahalí de cuero sin apenas curtir. Iba montado sin silla en un precioso caballo negro como una noche sin luna. </p>
<p>                                  Sin muchas palabras me agarró del antebrazo y me subió a la grupa. Aún tengo que darle las gracias a una manta tejida con el pelo suave de algún animal y no salí con los muslos completamente despellejados.</p>
<p>                                   A eso y a que la cabalgada no duró mucho. A unos cientos de metros empezamos a ver vegetación. Un poco más allá algunos árboles y junto a un regato de aguas cristalinas una choza construida con troncos de palmera</p>
<p>                                  Tanga de cuero, no tenía otro nombre para él, se bajó del caballo de un salto. Se acercó al arroyo para lavarse sin sacarse el tahalí del que prendía la enorme espada a un costado de su cadera. Tuve que bajarme yo misma de la bella bestia, me refiero al caballo, por supuesto. De la otra bestia esperaba no tener que bajarme tan pronto en cuanto consiguiera montarlo. </p>
<p>                                     Era hombre de pocas palabras. No me estaba haciendo ni puto caso. Las gotas de agua resbalaban por su piel bronceada.  </p>
<p>                                       El tío era inmenso, parecía hecho de músculo. Un culturista no hubiera conseguido esa figura ni machacándose en el gimnasio veinticuatro horas al día. La melena rubia cubría unos hombros que como los de Atlas hubieran podido sostener un planeta. Tenía más tetas, bueno, más grandes que las mías pero rellenas de fibra. Eso no era un torso sino un barril de Ribera de Duero.</p>
<p>                                         El cuero apenas curtido del taparrabos ocultaba algo de buen tamaño. Sobre esas nalgas no solo se hubieran podido partir nueces, se podrían usar como yunque y forjar hierro. Supongo que muchas horas a lomos de su semental conseguirían eso. </p>
<p>                                        Sus muslos habrían podido sostener ellos solos todo un templo griego. Con los músculos cincelados en la piel, parecían columnas corintias. </p>
<p>                                       Vale, admito que estaba impresionada y más que un poco excitada. Me estaba devanando los sesos para saber quien podría ser ese fulano y en qué época había ido a caer. El que más me sonaba desde luego era Conan el Cimerio o puede que incluso Tarzán de los monos o John Carter de Marte, Barsoom. Pero el cimerio había sido el molde de un montón de guerreros de fantasía. </p>
<p>                                         En ese momento no me hubiera extrañado ver un dragón volando por allí. Una malvada y horrenda bruja salir de detrás de una roca. O ver llegar a Red Sonja con su bikini de escamas de acero y su melena llameante en un caballo blanco. Hubiera sido un bonito trio. </p>
<p>                                         El fulano no había abierto la boca en todo el rato. Así que no sabía en qué idioma hablarle. Y mis intentos de comunicación no estaban dando mucho resultado. Lo intenté con todos los idiomas que sabía. Y en alguna otra ocasión ya he dicho que no se me dan mal las lenguas. A ese paso tendría que usar la mía de otra forma, lo que me parecía bastante bien.</p>
<p>                                          Así que no sabría su nombre hasta que no se decidiera a hablar. Lo intenté con todas los idiomas que conocía y soy buena con las lenguas. Todavía no había probado con la mía, claro. Un idioma universal. </p>
<p>                                           Me señaló la choza con un gesto y entré a explorar. Junto a la chimenea de piedra había un lecho cubierto de suaves pieles. Apenas una mesa hecha con madera casi sin tallar, alfombras de piel, pellejos con líquidos colgados de la pared y cojines por el suelo. Eso es ¿Una estatua de Crom? No creo, pero esa no era una buena pista, no sabría que aspecto tendría su dios.</p>
<p>                                             Creo que estaba muy cansada de haber estado nadando toda la tarde, dentro de no se cuanto tiempo y en otro mundo o universo. Me quité el sujetador del bikini y me tumbé boca abajo en un montón de pieles. Me estaba quedando adormilada en esa suave cama. </p>
<p>                                            Mi culo desnudo por el tanga tuvo que ser lo primero que vio cuando entró en la choza. Y parece que no le disgustó en absoluto. Pues se arrodilló a mi lado y empezó a besarlo. Me despertó con unos labios que eran mucho más suaves de lo que parecía a peineta vista. </p>
<p>                                        ¡Joder!. No hablaba mucho el tío pero como usaba la boca. En segundos se me olvidó el cansancio y empecé a excitarme. La húmeda y caliente lengua parecía que quemaba mi piel allí por donde pasaba. </p>
<p>                                            Pronto empezó a deslizarse por las nalgas, humedeciendo mi epidermis. Las separó con las manos haciendo hueco para su cara que parecía tallada en granito. Su lengua muy húmeda y tan caliente que quemaba mi ano. </p>
<p>                                            El cordón del tanga no supuso ningún obstáculo a sus fuertes manos. Se desintegró al primer tirón dejando mi ano al alcance de su voraz lengua. Me encantaba como me comía el culo. Me hacía gemir y suspirar. </p>
<p>                                         Otra vez tendría que volver a mi tiempo en pelota picada. Por que por allí no se veía mucha tela precisamente.</p>
<p>                                        Pero me aparto del tema. El culturista de la edad de piedra me tenía tan cachonda que pocos segundos después me estaba corriendo solo con su lengua metida en el culo. Más bien de la edad de hierro tanto por la espada como por la dureza de una polla que alcanzaba a tocar con el pie. </p>
<p>                                           Había estirado una pierna y alcanzaba a palpar el taparrabos con la planta. Y no solo la prenda, a esas alturas el glande y más de media polla asomaban por la cintura del tanga. Mi primera impresión parecía acertada, aquello era grande y bien duro. </p>
<p>                                           Ni siquiera dejaba caer todo su considerable peso sobre mí. Pero notaba su piel en la mía. Para ser un bárbaro era muy considerado. Empezó a subir por mi espalda lamiendo mi piel. No sé cómo es la lengua de una vaca pero por el tamaño... igual se le parecía. La notaba por todas partes de los riñones a los hombros, por la línea de la columna. </p>
<p>                                            Me aparté la melena hacía adelante y siguió por la hombros, el cuello y hasta la nuca. Considerando que su taparrabos sólo estaba sujeto por un par de lazadas a esas alturas ya se había deshecho de él. Así que lo que yo estaba notando ardiente en mis nalgas era su rabo. </p>
<p>                                             Ya sé que no se lo estaba poniendo muy difícil precisamente. Él tenía que haberlo notado por mis jadeos de locomotora asmática. Pero para indicárselo mejor hice fuerza con los muslos para levantar el culo y que mi cadera quedara a la altura precisa.</p>
<p>                                         No tenía ni idea de por donde pretendía penetrarme. Pero lo recibiría con gusto por cualquiera de los dos orificios. Visto el trabajito que me había hecho con la lengua seguro que disfrutaba de su rabo. </p>
<p>                                     Un segundo más tarde notaba el glande en los labios de la vulva. Hizo presión despacio pero yo me abría como una flor, sin esfuerzo. Eso sí jadeando y sintiendo un enorme gusto. Una corriente de puro placer que me llegaba del coño al cerebelo. Empezó a moverse despacio sin prisa y yo lo notaba Sujetaba mi cadera con sus manazas o las bajaba por mis costados hasta agarrar mis tetas. Pellizcaba mis pezones con suavidad. </p>
<p>                                       Estaba como en una nube y él aguantaba con ese rabo duro y enorme sin correrse. Así que me salí avanzando un poco en el lecho de pieles. Solo con un gesto le hice tumbarse y yo me puse sobre él. </p>
<p>                                       Le coloqué las manos en mis tetas mientras yo me apoyaba en sus impresionantes pectorales y le pellizcaba los pezones. Por su cara de vicio y sus jadeos que ahora sí podía ver le estaba gustando. Aún más cuando clavé su rabo en mi interior. Poco a poco fui bajando mi cadera hasta notar su glande en el cuello del útero. </p>
<p>                                          Era yo la que subía y bajaba despacio recreándome en las sensaciones de mi vulva. Supongo que en aquel oasis no me oiría nadie más que él porque silenciosa no fui precisamente. Ya llevaba varios orgasmos cuando por fin se corrió en mi interior. Agotada me derrumbé sobre su poderoso torso besando su piel con ternura. Y me correspondía acariciando mi melena y espalda suavemente. </p>
<p>                                        Incluso creo que llegué a dormitar un buen rato sobre su poderoso cuerpo. Aunque no me dejó hacerlo mucho tiempo porque parecía obsesionado en usar la lengua sobre mi cuerpo. Manejándome como una muñeca me colocó haciendo un sesenta y nueve sobre él. Así que me dejó la poderosa polla justo frente a mi rostro. </p>
<p>                                         Mientras volvía a sentir la lengua rasposa en los labios y el clítoris me puse a lamer el poderoso tronco que tenía ante mí. Ni habiéndose corrido hacía unos segundos aquello había perdido fuerza y dureza. El monolito seguía bien duro. Tendría que esforzarme en darle más placer mientras él volvía a comerme entera. </p>
<p>                                          Normalmente me gustan las pollas sin pelo pero en este caso salía de una buena mata de vello negro. Me daba igual, repasé con la lengua sus huevos, el tronco hasta meterme el glande en la boca. Mientras él sacaba su propia lefa de mi xirri con la húmeda. Me seguía dando orgasmos, me seguía corriendo en su boca. Y cada vez que separaba la lengua de su piel solo podía gemir.</p>
<p>                                          Yo tarde un poco más en conseguir que de aquella fuente manara un incontenible chorro de semen. Me llegó al fondo de la garganta y aún así pude saborearlo. El jadeaba mientras seguía expulsando leche como si fuera el cuerno de la abundancia. Me giré para besarlo, para convertir nuestros sabores en un nuevo cruce de lenguas. El bárbaro era de pocas palabras, pero desde luego las demostraciones en su caso eran con hechos y una polla bien dura. </p>
<p>                                 Cuando desperté por fin en la chimenea se estaba asando algún tipo de cuadrúpedo que no pude reconocer. Pero desde luego estaba sabroso. Me paseé un rato por la choza completamente desnuda, bueno como estaba él. Tampoco se había puesto el taparrabos. Tras la sabrosa comida salí a lavarme al estanque. Incluso por nadar un rato en el agua cristalina. Aún sin las comodidades modernas el sitio era paradisíaco. </p>
<p>                                   Todo ello además de las vistas del cuerpo de culturista que se paseaba por allí en pelota picada. Bueno y los polvos que echamos los días que pasé con él en el lecho de pieles de su cabaña. Dimos algunos paseos en su semental a la luz de la luna, desnudos del todo. Aunque no conseguí arrancarle ni una palabra. No sé si era mudo o solo no me entendía cuando yo le hablaba. Pero usaba la lengua de maravilla en sus besos o comiéndome el coño y el culo. Y cada centímetro de mi piel. </p>
<p>                                      Unos días más tarde volví a mi tiempo y mi casa cubierta únicamente por la piel de un animal. Ni siquiera los científicos de la institución has sabido decirme de qué especie fue cuando estaba vivo. Cómo en casi todos mis viajes las preguntas eran más que las respuestas. Pero me voy acostumbrando.</p>
<p>..... ...... ...... .... ...... ........ ........ .......</p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/hetero/">Hetero</category>                        <dc:creator>pern</dc:creator>
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                        <title>La amistad bien entendida.</title>
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                        <pubDate>Sun, 22 Feb 2026 16:04:08 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Hola.
¿Donde se esconde tu marido?
Siempre que vengo a veros está ocupado con algo.
Abel no está y me voy a mosquear parece como si solo fueras amigo suyo y te recuerdo que me conociste a...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>Hola.</p>
<p>¿Donde se esconde tu marido?</p>
<p>Siempre que vengo a veros está ocupado con algo.</p>
<p>Abel no está y me voy a mosquear parece como si solo fueras amigo suyo y te recuerdo que me conociste a mi primero.</p>
<p>Claro que me acuerdo y de las clases de baile que me diste para poder ligarme a aquella chica ¿como se llamaba?</p>
<p>Carmela.</p>
<p>Cierto Carmela que después apareció su novio y la cosa quedó en nada.</p>
<p>En nada no porque te vi follando con ella.</p>
<p>Si bueno pero solo fueron una docena de veces, el tiempo que el novio estuvo trabajando en Madrid.</p>
<p>Pero aún recuerdas las clases de baile.</p>
<p>Naturalmente que las recuerdo.</p>
<p>¡Demuestramelo!</p>
<p>Puso música se pegó a mí cuerpo y empezamos a bailar.</p>
<p>Esa mano más abajo, atraemé más no noto tú paquete.</p>
<p>Lo cierto es que me estaba poniendo burro pero no pensé bajé mi mano a su nalga sin notar la braga la apreté contra mi y murmuró.</p>
<p>Abel está trabajando en Sevilla y solo vuelve cada dos o tres semanas, así que ahora tu Carmela soy yo.</p>
<p>Me miró suplicante antes de hablarme muy seria.</p>
<p>No te apartes de mi, ahora no, necesito al amigo un buen amigo que me ayude sin preguntar. ¿Eres ese amigo? Seguro que si y cuento contigo, ahora hazme el amor como lo hacías con Carmela y después hablamos y responderé a todas tus preguntas y resolver todas tus dudas. </p>
<p>En silencio y aunque la música ya no sonaba continuamos bailando sin dejar de besarnos como si no hubiera un mañana y así me guió hasta su habitación se apartó lo suficiente para soltarme la correa y me deje hacer.</p>
<p>Cinco minutos después estábamos desnudos sobre su cama en los primeros compases de la más bella de las melodias.</p>
<p>Besé cada rincón de su cuerpo hasta que exigió.</p>
<p>Deja que  te haga gozar.</p>
<p>Se colocó sobre mí y sin dejar de besarnos empezó a moverse lentanente y al poco apareció la fiera que siempre imaginé que se escondía tras esa pose de "niña buena" se hirguio y sin dejar de mirarme llevó mis manos a sus péchos antes de lanzarse a una desenfrenada cabalgada. </p>
<p>Sus caderas se movían en todas direcciones y con tal energía que tuve que abrazarla para evitar que se lastimara.</p>
<p>Quedó inmóvil hipando y sus lágrimas mojaron mi pecho.</p>
<p>Callé sin dejar de acariciar su espalda y al fin escuché.</p>
<p>¿Podrás perdonarme y  hacerme gozar como hiciste con Carmela? Lo necesito y como ves soy incapaz de...</p>
<p>No la dejé continuar cubrí sus labios con los míos y nos besamos durante mucho rato y al fin se apartó para mirarme a los ojos y decir.</p>
<p>Estoy bien y soy tonta, lo que necesito es follar y solo tenía que pedírtelo sin tanto drama.</p>
<p>Se tendió a mi lado y encarados me habló así.</p>
<p>Desde hace un año Abel me está estafando, desde que montó la empresa apenas me toca por iniciativa propia lo he de perseguir para echar un polvo que además siempre queda en eso y hace dos meses firmó un contrato que lo tendrá en Sevilla de lunes a viernes durante al menos dos años y algúnos fines de semana se tendra de quedar para "socializar" con sus socios, vaya lo que se conoce como "ir de fiesta" y los fines de semana que viene tenemos que ir a mi casa para que le de cuenta de como va el proyecto a mi padre que es uno de los socios capitalistas con lo que tengo suerte si en los dos días y tres noches echamos tres o cuatro polvos que además se quedan en eso porque está pensando en el trabajó y no se concentra.</p>
<p>Follaba mucho más antes de casarnos y éso que mis padres nos controlaban como alcones, que tenga algo por allí es seguro y no me importa pero necesito y quiero "lo mio"</p>
<p>¿me ayudaras? No te pido más que aquello que me puedas dar y te aseguro que amo a Abel con delirio pero ahora necesito sexo para no enloquecer. </p>
<p>La besé con más ternura que pasión y decidí "ayudarla" que era lo que necesitaba en ése momento, olvide a Abel y me concentre en ella.</p>
<p>Oír sus jadeos me convenció que estaba en el camino correcto y en el que fue su  cuarto orgasmo acabamos juntos.</p>
<p>Me tumbé a su lado y estuvimos abrazados y en silencio hasta que preguntó.</p>
<p>¿Y ahora que? Me ha hecho muy feliz estar contigo y soy consciente que tienes tu vida y otras mujeres a las que atender pero ¿nos volveremos a ver? Y otra cosa igual de importante, eres un hombre libre y yo una mujer casada ¿se sabrá lo que hemos echo? Porque para ti esto es un gran triunfo.</p>
<p>Si no lo cuentas en confianza a nadie jamás se sabrá porque de estas cosas no hablo con nadie ni siquiera con amigas o amantes y en cuanto a vernos podemos siempre que te apetezca porque nuestros encuentros serán "terapéuticos" porque lo necesitas.</p>
<p>Dije eso con una gran sonrisa y Diana me besó antes de preguntar.</p>
<p>¿Cuando vendrás a verme?</p>
<p>Por el momento no nos encontraremos aquí porque como has dicho eres una mujer casada cuyo marido está fuera y los vecinos suelen ser malpensados en estas situaciones, dispongo del estudio de un amigo que es pintor que lo emplea por las mañanas porque en las tardes da clases en una escuela de arte y me lo cede a cambio de sexo.</p>
<p>Diana me miró perpleja y sonriendo le aclare.</p>
<p>De esto si te puedo hablar porque estoy autorizado por los interesados a contarlo, Lucio que así se llama mi amigo vive desde años con Lulú que fue una de sus modelos y ahora su musa pero es asexual y se aman profundamente y para que el no tema ser abandonado cada vez que a ella le apetece o el lo propone tenemos sexo a solas en dicho estudio y  cuando me voy entro en el café que hay enfrente nos saludamos y el marcha para plasmar la felicidad de su amada en un cuadro que comenzó a pintar el día que ambos me propusieron ése acuerdo y esa misma tarde fue nuestra primera vez y de eso hace seis años.</p>
<p>¿Y cuántas veces os veis?</p>
<p>Depende de cómo se alineen los astros, hay meses que tres o cuatro veces otros meses un par o tres veces por semana algunos una sola vez o incluso ninguna pero hace un par de años Lulú me dijo que si alguna vez me apetecía tenía libertad para llamarla y vernos, en ocasiones lo hago y siempre me recibe de mil amores y Lucio encantado.</p>
<p>Solo has de llamarme y quedamos entre las cuatro y las nueve de la noche de lunes a viernes porque muchos fines de semana Lucio pinta o trabajamos la inspiración tu ya me entiendes.</p>
<p>Te llamaré mañana y quedamos. </p>
<p>Nos vimos ese jueves.</p>
<p>La recogi cerca de su trabajo y al entrar en el estudio quedó maravillada.</p>
<p>Esa mujer es preciosa.</p>
<p>La sala principal estaba plagada de cuadros y bocetos del rostro o cuerpo entero de Lulú.</p>
<p>Me encantan sus labios, en cada cuadro se ven sutiles diferencias pero son preciosos así como sus manos parece que vayan a moverse en cualquier momento pero sus labios.</p>
<p>¿Quieres comprobar que tan dulces son? Se puede arreglar y te garantizo que te sorprenderás al comprobarlo.</p>
<p>¡Estas loco! ¿como una mujer así se acercaría siquiera a mi? Déjate de tonterías.</p>
<p>Seguíamos contemplando un desnudo e hice una llamada.</p>
<p>Hola Lulú estoy en el estudio con una amiga, está encantada con tus labios y se pregunta que tan dulces son y no confía en mi criterio ¿Cuándo los podría saborear?</p>
<p>A muy bien...</p>
<p>Gracias.</p>
<p>Diana me miraba con curiosidad y le pregunté si le apetecía un poco de cava afirmo y caminamos hacia el fondo del local  donde una puerta daba acceso a una zona más recogida, a un lado tenía una cocina totalmente equipada con una mesa para seis u ocho comensales al otro lado una especie de salón que en un rincón albergaba una barra y mueble bar bien surtido tres taburetes altos dos sillones  una mesita y un gran sofá y al fondo la suite con una enorme cama</p>
<p>Descorche una botella y serví tres copas ante su desconcierto y por una pequeña puerta apareció Lulú que bestía un sobretodo blanco casi transparente que parecía de gasa sobre la piel desnúda.</p>
<p>Hola preciosa ¿de donde sales?</p>
<p>Estaba arriba en el almacén seleccionando algunas obras para una exposición que Lucio hará en Madrid la semana próxima pero dejemos eso.</p>
<p>Que mujer tan bella te acompaña.</p>
<p>Dijo éso aproximandose a Diana tomándola de los brazos y besandole las mejillas y sin soltarla comentó.</p>
<p>Dice Mark que te gustan mis labios los tuyos también parecen muy dulces.</p>
<p>Dicho éso surgió la magia.</p>
<p>Juntaron sus labios se abrazaron y comenzaron a besarse, me coloqué tras Diana y metiendo mis manos entre ambas desabotone su blusa no sin cierta dificultad retiré el sobretodo de Lulú y tras sacar los pechos de Diana del sujetador me retiré a uno de los sillones con una copa a disfrutar del más bello de los espectáculos.</p>
<p>Parecían dos cobras apareandose pues resultaba imposible reconocer que era que y de quién.</p>
<p>Hora y media después abrazadas y derrotadas sobre el sofa me hicieron señas para que me acercara y apenas pude escuchar a Diana decir.</p>
<p>Puedes irte y hablamos mañana, pasaré aquí la noche con Lulú.</p>
<p>Besé a ambas y marché a casa satisfecho pues había resultado mucho mejor de lo que esperaba.</p>
<p>El jueves siguiente a media mañana me llamó Lulú.</p>
<p>Hola ¿podremos vernos hoy?</p>
<p>Lo necesito.</p>
<p>Si claro pasaré cuando me digas.</p>
<p>Si vienes a las cuatro podemos esperar a Diana que llegará sobre las seis.</p>
<p>Ahí nos vemos.</p>
<p>Termine lo que estaba haciendo comi algo y dormí casi hora y media pues estaba claro que la tarde sería intensa, Lulú me esperaba en el salón y estaba radiante me abrazó en cuanto entre y sin decirnos nada comenzamos a besarnos tiró de mí hacia el sofa dejó caer su vestido me soltó la correa del pantalón lo bajo hasta las rodillas me hizo sentar en el sofá y solo entonces escuché su dulce voz.</p>
<p>Quiero beberte.</p>
<p>Saco totalmente pantalón y bóxer se arrodilló sobre un cogin entre mis piernas y comenzó a acariciárme la verga y poco después comenzaron los besos en el capullo antes de alojarlo entre sus fauces engullendolo hasta topar su frente con la pelvis, logro lo que perseguia en unos minutos y se quedo arrodillada y abrazada a mis piernas con la cabeza baja hasta que tiré de ella para que se sentara a mi lado y poder preguntarle.</p>
<p>¿Que tienes? Dime que te preocupa.</p>
<p>Es Diana, tiene algo especial que no he encontrado en ninguna otra mujer y no quiero que te sientas traicionado porque ella te necesita pero yo también a los dos aunque por separado y es de lo que quiero hablar cuando llegue.</p>
<p>Se acurruco en mí y estuvimos en silencio hasta que sonó el timbre de la puerta.</p>
<p>Lulú corrió a abrir y aparecieron las dos abrazadas y risueñas, al verme Diana se sorprendió pero salto sobre mí besándome como si hiciera años desde la última vez.</p>
<p>Siento mucho la forma en que he pasado de ti espero que puedas perdonarme.</p>
<p>Dijo eso muy seria pero la hice sentar en el sofá junto a Lulú y me senté en un sillón frente a ellas.</p>
<p>Por favor Lulú cuéntanos lo que tienes en mente.</p>
<p>Quiero estar con los dos aunque no al tiempo al menos por el momento y más adelante ya se verá cómo evoluciona esta situación pero ahora me voy y os dejo para que hagáis aquello que pretendías hacer el día que conocí a ésta princesa.</p>
<p>Dicho éso besó a Diana se puso en pié y tras besarme murmuró.</p>
<p>Lucio me preguntó ayer si nos veríamos en algún momento éste fin de semana y le asegure que trataría de convencerte.</p>
<p>Cuenta con ello y como estoy libre los dos días disponed de mi a voluntad.</p>
<p>La vimos marchar y Diana me abrazó exigiendo.</p>
<p>Ahora soy toda tuya. ¡Follame!</p>
<p>Sin dejar de besarnos nos desprendimos de la ropa y en un par de minutos estábamos sobre la enorme cama.</p>
<p>Cada caricia cada roce le arrancaban suspiros y su cuerpo temblaba, se encaramó sobre mí quedándose quieta y sólo con éso alcanzó un ruidoso orgasmo y cuándo se extinguian los espasmos se movió para albergar mi verga y empezó a moverse lentamente al principio pero fue animandose y apareció la fiera que descubrí en su casa y desde ese momento nos comportamos como si fuera la última vez que nos fuéramos a ver y cuando mucho rato después quedamos agotados y satisfechos se tendió a mi lado mirándome como si estuviera encantada y al fin comentó.</p>
<p>Ayer able con Abel y anunció que vendría mañana por la noche así que te llamo el lunes y hablamos.</p>
<p>Al rato le pregunté si quería ducharse y prefirió apurar nuestro tiempo quedándonos abrazados y en silencio.</p>
<p>En su momento nos vestimos y  camino de su casa me confesó.</p>
<p>Quiero mucho a mi marido pero he descuvierto un mundo que no quiero abandonar y en su momento le hablaré a él de todo esto porque el día que por lo que sea me aleje de Lulú trataré de encontrar a otra u otras mujeres con las que gozar como ahora con ella y en cuanto a ti que puedo decir.</p>
<p>El día que por lo que sea me apartes de ti me dolerá pero cuando se me acaben las lágrimas y antes de que se me sequen los ojos buscaré aunque sea bajo las piedras hasta allár a alguien que se te parezca aunque solo sea un poco.</p>
<p>Llegamos cerca de su casa y despues de besarnos bajo del coche y la vi alejarse sin mirar atrás.</p>
<p>Al poco de llegar a mi casa llamó Abel.</p>
<p>Hola colega mañana regreso a casa y Diana me espera por la noche pero he de hablarte de un asunto y llegaré sobre las cinco. ¿podremos hablar? Supongo que podemos quedar en tu casa. </p>
<p>He de pedirte un favor.</p>
<p>No hay problema estaré en casa y tengo una botella de ron sin etiqueta que si se parece a la otra que la acompañaba promete ser más que bueno.</p>
<p>A las cinco en punto sonó el telefonillo abrí y lo espere en la puerta.</p>
<p>Hostia tío que ganas tenía de verte.</p>
<p>Nos abrazamos y nos acomodamos en sendos sillones con la botella de ron y un par de basos anchos y cortos que llené hasta la mitad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuéntame de que va ese asunto y así nos lo quitamos de enmedio y después charlamos del negocio que te tiene tan ocupado.</p>
<p>Pues el asunto es el siguiente.</p>
<p>Necesito que te folles a mi mujer.</p>
<p>Pero que dices tío.</p>
<p>Quiero que te la folles porque tengo un asuntillo con una mujer que es la hostia y aunque no quiero cambiarla por Diana necesito que cuando descubra el pastel se calle porque también ella tendrá un lío con otro y así todos contentos.</p>
<p>Estás loco. ¿y si follamos y algo más? Imagínate que nos gustamos y decidimos mandarte a la mierda y seguir juntos nosotros, su madre estaría encantada porque los dos sabemos que te tolera pero no te traga y si no fuera por su padre dudo que te dejara entrar en su casa.</p>
<p>Joder pero tu no me harías eso porque somos amigos.</p>
<p>También soy amigo suyo y puestos a elegir ella está más buena que tú, piensa muy bien lo que te juegas con esa maniobra que pretendes hacer porque es muy arriesgada y no se sí esa mujer de la que me hablas te compensa el riesgo de perderlo todo, puedo intentar follármela y ya te contare como ha ido el tema.</p>
<p>No lo hagas me has convencido de que es mala idea.</p>
<p>Bueno como digo ya te diré algo aunque de todos modos pienso que lo justo es que ella te devuelva los cuernos que ya le has puesto con esa mujer de la que hablas y te daré un consejo gratis.</p>
<p>Habla con ella y convencela de que ver a otras personas reforzaría vuestra relación y deja muy claro que no habrían preguntas reproches ni celos pero eso ha de ser de verdad pues de otro modo la cagarás y mucho.</p>
<p>Eres un canalla.</p>
<p>Desde que te he contado lo de Isabel ya tenias ésto en mente y todo lo demás solo ha sido para hacerme ver que es la solución, gracias amigo porque eso es lo que eres ¡un buen amigo!</p>
<p>Salió sin despedirse y llamé a Diana.</p>
<p>Hola no preguntes, Abel acaba de marchar de mi casa y en algún momento tratará de convencerte de que veros con otras personas es bueno para todos, no se lo pongas demasiado fácil y antes de aceptar deja claro que nada de preguntas ni celos, y por cierto borra esta llamada y las que tengas mías desde que empezamos a vernos.</p>
<p>Muy bien, nos vemos el lunes y te cuento.</p>
<p>El sábado por la tarde estuve con Lulú un par de horas y despues me fui al café y Lucio preguntó.</p>
<p>¿Esa amiga tuya podría venir algún fin de semana? A Lulú le brilla la mirada de esa forma tan especial que ambos conocemos cuando la nombra y me gustaría empezar un proyecto solo con ellas como musas.</p>
<p>No habrá problema más que con las fechas porque está casada.</p>
<p>El sabado por la noche me llamó Diana.</p>
<p>¿Nos podriamos ver el lunes en tu casa? Mándame la ubicación, ya te contaré pero cuelgo porque oigo venir a Abel.</p>
<p>Me sonó raro pero todo lo era desde hacia semanas.</p>
<p>El lunes a las cinco apareció Diana risueña.</p>
<p>Eres un diablo y me encanta, desde ya somos oficialmente "amantes" sin exclusividad.</p>
<p>Abel llegó a casa como una tromba igual que en su mejor momento y estuvimos follando y jugando hasta las cuatro de la madrugada pero la noche no acabó allí pues me hizo sentar en el sofá sirvió cava y me pidió que no lo interrumpiera, le dije que iba al baño pero además cogí el móvil porque intuí de que iría la conversación y grave esto.</p>
<p>Como ves cuando estamos motivados funcionamos de maravilla y nuestros problemas comenzaron cuando deje de ser sincero.</p>
<p>Desde hace algún tiempo pienso que deberíamos vernos con otras personas y que éso fortaleceria nuestra relación pero como digo fui un tonto cobarde que en lugar de hablarlo contigo encontré a alguien y cada vez me costaba más sincerarme pero he hablado con Mark y me ha convencido de ser sincero y apechugar con lo que sea y de verdad que siento mucho haber sido tan gilipollas.</p>
<p>Estoy convencido que hay muchos hombres que babean por ti y algúnos que te admiran, Mark es un buen amigo y me consta que a no ser que dieras el primer paso jamás se acercaría pero sería un buen y gran amante si lo eligieras porque es un hombre discreto y cabal.</p>
<p>Después de éso calló esperando mi respuesta y se la di en estos términos.</p>
<p>Así que nada de preguntas ni celos.</p>
<p>Correcto.</p>
<p>Pues yo añado que sin segundas oportunidades y si alguno de los dos "la caga" nos separaremos porque desde hoy nuestras vidas serán con amantes pero sin enamorarnos de otros solamente gozarlos.</p>
<p>Se hizo un largo silencio.</p>
<p>Nos estábamos besando.</p>
<p>Sellado el acuerdo mi hermosa Diana vamos a celebrarlo.</p>
<p>Lo que sigue no tiene ningún misterio y eran casi las seis cuando nos dormimos y despertamos a mediodía.</p>
<p>Bueno pues entenderé que salgas a buscar a alguien que te llene.</p>
<p>No seas simple te necesito en mi vida porque me has ayudado y no poco, Abel es un putero y lo he sabido siempre pero además de que me quiere jamás se separaría porque mi padre lo tiene pillado por los cojones desde que montó el negocio y gracias a tus sabios consejos ahora puedo follar fuera de casa siempre que me apetezca y además tengo que agradecerte también que me echaras en brazos de Lulú. </p>
<p>Dicho éso Diana comenzó a desnudarlo y lo empujó hacía el sofá dónde lo hizo sentar para hacer un sensacional striptis y después arrodillada entre sus piernas sobre un cogin desplegó su magia.</p>
<p>Al rato y después de que ambos quedaran satisfechos Mark la sentó junto a él y rodeó sus hombros con su brazo para murmurar en su oído.</p>
<p>Supongo que tienes este fin de semana libre.</p>
<p>Lucio me preguntó si podrías pasar algún rato con Lulú para que después el capte la felicidad que muestra después de una buena sesión de sexo.</p>
<p>Dile que no hay problema si después nos podemos quedar tu y yo en la habitación del fondo y si lo acordamos entre los cuatro,  podemos organizar bellos momentos para que el inicie un proyecto nuevo.</p>
<p>Diana resultó ser mucho más ardiente e imaginativa de lo que suponía y unos meses después cuando se acercaban las vacaciones Abel vino a verme.</p>
<p>He pensado coger una casa rural para juntar a todos los implicados en esta nueva singladura.</p>
<p>No seas cretino si quieres marchar unos días con alguien coméntalo con tu mujer pero olvidate de montar un circo del que no saldrá nada bueno pero lo ideal sería que pasaras tiempo con tu mujer ¿habéis hablado de tener hijos? No te digo ahora pero es un buen tema de conversación.</p>
<p>Tienes razón como siempre y será mejor que ella lo organice para no liarla.</p>
<p>Un par de días despues Diana vino a verme sin avisar, estába bellísima como siempre y antes incluso de saludarnos me soltó.</p>
<p>Nos vamos dos semanas a Egipto o al caribe tu eliges.</p>
<p>¡Estas loca! Pensé que te gustaría pasar tiempo con tu marido.</p>
<p>También lo haremos,  pasaremos un par de semanas con la familia y mientras nosotros estamos juntos el se irá con alguien de su elección y todos contentos.</p>
<p>Han pasado ocho años y las cosas no pueden ir mejor </p>
<p>Abel y Diana tienen una niña de seis años pero mantenemos la misna dinamica.</p>
<p>Lulú me pidió vivir juntos hace un par de años pero continúa siendo musa de Lucio que la semana pasada expuso la colección llamada "La felicidad de Lulú" y vendió sesenta y cuatro piezas conservando las ocho que consideramos las más bellas y el mundo sigue girando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>© PobreCain</p>
<div> </div>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/hetero/">Hetero</category>                        <dc:creator>PobreCain</dc:creator>
                        <guid isPermaLink="true">https://www.relatosonline.com/relatos/hetero/la-amistad-bien-entendida/</guid>
                    </item>
				                    <item>
                        <title>Cuando no te creen</title>
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                        <pubDate>Fri, 30 Jan 2026 09:44:39 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[CUANDO NO TE CREEN
 
 
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                        <content:encoded><![CDATA[<div data-olk-copy-source="MessageBody">CUANDO NO TE CREEN</div>
<div> </div>
<div> </div>
<div>Tenía treinta y cuatro cuando mi castillo de cristal se hizo añicos, estaba cegada idealizando a un amor y mi tonto corazón no me dejaba ver más lejos de mi propia nariz</div>
<div>Toda una vida de convivencia con Marcio, el único hombre que había estado en mi cama en toda mi vida, siempre había sido el esposo perfecto y ya estábamos en planes de ser padres</div>
<div>Pero en verdad, esos no eran nuestros planes, esos eran mis planes, y cuando por casualidad sospeché una infidelidad de su parte, solo no quise verlo</div>
<div>Estaba enojada, furiosa, no entendía, y cuando tuve el valor de confrontarlo, lejos de negarlo, lo asumió, y no solo eso, me dijo que lo nuestro estaba terminado, y que tenía un nuevo amor</div>
<div>Mi enojo se transformó en pánico, me puse a llorar como una chiquilla, como una estúpida me arrodille y me aferre a sus piernas, implorando que no me dejara, pero el me levanto a la fuerza y me dijo que me comportara</div>
<div> </div>
<div>En ese momento sentí que me arrancaba el corazón con sus palabras, y maldije todo lo que había hecho por el, porque todo lo que hacía era para verlo feliz a él, sus ricas comidas que tanto amaba, y mi obsesión con el gimnasio, para verme siempre perfecta para él, aun así, puso los ojos en otra</div>
<div>No me daría muchas más explicaciones, se fue a dormir al otro cuarto, y la cama matrimonial se me hizo más grande y fría que nunca, y en una semana, armo las valijas y se mandó a mudar y el silencio de las paredes de la casa lastimaron mis oídos</div>
<div> </div>
<div>Me tire al abandono, estaba deprimida, lloraba todo el día e intentaba en mi cabeza entender que era lo que había pasado, y revivía una y otra vez cada instante vivido y hasta imagine que se había aburrido de una mujer que nunca tenía un 'no' para él, tal vez se lo había hecho muy fácil, hasta en la cama, más que su esposa era su prostituta, porque le había dado todos los gustos, lo que imaginen y me había quedado sin nada</div>
<div>Mantenerme concentrada en mi empleo era una tortura y cuando estaba en casa me tiraba en el sillón, a comer, me había olvidado del gimnasio, a tomar y lo peor, había vuelto al maldito cigarrillo</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Ese proceso de duelo duraría demasiado tiempo, había subido diez kilos y no me gustaba la imagen que me devolvía el espejo, así que me decidí a dar vuelta de página y empezar de nuevo, dejaría todas las porquerías de lado y doblaría mis esfuerzo en el gimnasio, quería tener más culo, más piernas, recuperar mi cintura y poder sentir en mi cuerpo las miradas deseosas de los hombres, esas miradas que antes me molestaban y ahora extrañaba, si, no me iba a humillar más por un tipo que no me merecía, y haría que se arrepintiese de haberme dejado, me quería acostar con todos los hombres del mundo, solo usarlos, una noche y basta, esa sería la nueva vida de Maira</div>
<div> </div>
<div>Pero comprobaría que no sería fácil empezar a reinventarme, tantos años de esposa fiel para un solo hombre me habían sacado de las grandes ligas, los tiempos habían cambiado y todo era diferente, tampoco tenía prendas a la moda, o al menos no me sentía seductora con lo que tenía y todo fue cuesta arriba</div>
<div>Volvería a las salidas con mi viejo grupo de amigas, las que hacíamos locuras de pendejas en la adolescencia, y ahora, en general ya divorciadas, estábamos en el ruedo por una segunda oportunidad</div>
<div>Y serian ellas quienes me meterían en el nuevo mundo de las redes sociales y las aplicaciones de citas, y en esa que es justamente para tener sexo, y no me importo parecer tener un letrero fluorescente en la frente con la leyenda 'mujer caliente se regala por una verga'</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Todo sucedería por una confusión, había estado chateando con un cincuentón divorciado, el tipo no estaba muy atractivo, pero decía tener bastantes billetes y honestamente eso despertó mi interés, me dijo que tenía un yate, que era empresario y que viajaba asiduamente a Europa por negocios, podía ser mentira, ciertamente, pero tenía que probar la oportunidad que se me presentaba, no tenía nada que perder y un 'no' siempre era una opción posible</div>
<div>Esa noche nos encontraríamos en un pub un tanto retirado de la ciudad, era conocido en general por ser un sitio de encuentros de solos y solas, donde también frecuentaban prostitutas de nivel buscando alguna oportunidad, entiendo que tendría que haber exigido un sitio más decente, pero en verdad toda la situación me daba cierto morbo</div>
<div> </div>
<div>Recuerdo haberme depilado toda para esa noche, estrenar un sostén que combinaba calados con transparencias y una tanga less que me dejaba ver bien puta, también estrenaba un pantalón de látex negro que dibujaba cada una de mis curvas y dejaba en evidencia mi trasero con tantos años de gimnasio</div>
<div>Arriba, una remera sin mangas es gris brillante, suelta, discreta, pero que me marcaba en forma sexi mis pronunciados pechos, me maquille, me acomode los cabellos en forma sensual y me puse unas botitas con plataformas que me regalaban unos centímetros extras y estilizaban mi figura</div>
<div>El detalle? recordé tener un plug anal, esos pequeños con base en forma de corazón y en color rojo, lo triste es que era un obsequio para mi ex, y ese tonto se lo había perdido, estaba nuevo, sin estrenar, y fue caliente metérmelo en el culo justo antes de salir</div>
<div>Supuse que, ante un próximo encuentro sexual con un desconocido, ese detalle sería muy importante, y después de unos minutos, me había olvidado de él</div>
<div> </div>
<div>El taxi me dejó en la puerta, noté que estaba retrasada y seguramente él ya hubiera llegado, di algunos rodeos, pero él no estaba.</div>
<div class="x_elementToProof">Fui a la barra, solo descubriendo el ambiente, me senté en uno de esos altos bancos, de lado, y pedí un trago, dejando a mi alcance el celular, mirando la pantalla atenta a cualquier mensaje, miré el entorno donde cada persona parecía vivir su vida y deje que las agujas del reloj avanzaran lentamente.</div>
<div>Encendí un cigarro, desde la separación no había podido dejar el vicio, y empecé a ponerme inquieta por la situación, el tipo no aparecía y el celular estaba muerto.</div>
<div>Le mandé un WhatsApp, luego otro, y hasta un audio, pero no tenía respuesta</div>
<div>Lo llamé y volví a llamarlo, pero nada, ni respondía el cobarde, me sentí frustrada, después de una hora, un par de tragos y varios cigarros sentí que la noche estaba perdida</div>
<div> </div>
<div>Fue cuando alguien se acercó a mi lado, alguien en que yo no había reparado, pero alguien que sin dudas hacía tiempo me estaba observando</div>
<div> </div>
<div>Hola!, soy Claudio, y vos...?</div>
<div> </div>
<div>Era un niño para mi, alguien que jamás hubiera mirado como hombre, pero por cortesía respondí</div>
<div> </div>
<div>Maira, me llamo Maira...</div>
<div> </div>
<div>El chico pidió una cerveza para él, y pidió que me repitiera el último trago que yo había tomado, aparentaba unos veinte años, era muy bonito, por cierto, se notaba ser un chico de gimnasio y por su vestir pude adivinar que era alguien con dinero</div>
<div>El empezó a hablarme, a tratar de forzar conversaciones y buscar respuestas que no me interesaba dar, me contó que estudiaba ingeniería, que no era de la ciudad y que 'papá' le pagaba un lindo departamento, y que una cosa y que otra, y yo solo le miraba el rostro tratando de adivinar su edad, hasta que en un momento tomando la iniciativa le dije</div>
<div> </div>
<div>Claudio, basta, hasta cuando pansas humillarte?</div>
<div> </div>
<div>Que... - balbuceó - no comprendo...</div>
<div> </div>
<div>Si, - aseveré - todas estas pavadas que estás hablando solo para llevarme a la cama</div>
<div> </div>
<div>Creo que fue como apretarle de las bolas, el bajó la cabeza y me desvió la mirada, como que le había dado un golpe demasiado bajo y no tenía reacción, al punto que hasta me sentí mal por la situación tomándolo del brazo le dije</div>
<div> </div>
<div>Oye... cuantos años tienes?</div>
<div> </div>
<div>Veintitrés, - respondió - pero ya en dos meses cumplo! - como dejando notar que ya tendría un año mas</div>
<div> </div>
<div>Me rei por dentro, me pareció tan inmaduro, tan amateur y respondí con honestidad</div>
<div> </div>
<div>Pero yo tengo treinta y seis, no te parece que deberías buscar alguien de tu edad?</div>
<div> </div>
<div>El me miraría a los ojos y con ingenuidad diría</div>
<div> </div>
<div>Pero... vos sos prostituta, yo quería pagarte por unas horas de sexo</div>
<div> </div>
<div>Me reí y sin ofenderme retruque</div>
<div> </div>
<div>Yo no soy prostituta, que te hace pensar eso?</div>
<div> </div>
<div>Estas sola, - dijo - hace tiempo que te observo, estás demasiado llamativa, sos perfecta, y en un lugar como este, bueno... se que sos mayor que yo, pero me encantan las mujeres mayores...</div>
<div> </div>
<div>El siguió hablando, le expliqué lo que había pasado, pero no me creyó, pareció ser que sus pensamientos sobre mi lo convencían más que mi propia historia, y solo dejé que pasaran las palabras, y la situación se me hizo hasta divertida</div>
<div>Creo que ya daba la media noche cuando Claudio me arrancaba carcajadas con sus ocurrencias y pensamientos, es que estaba convencido de que yo estaba ahí vendiendo sexo y como no tenía nada mejor que hacer le dije</div>
<div> </div>
<div>Oye, tengo hambre, vamos por unas pizzas, y si me invitas a tu departamento, quien te dice, tal vez tengas suerte...</div>
<div> </div>
<div>La situación era entre cómica y excitante, Claudio parecía un chico al que le habían regalado el juguete de su vida, y en minutos nos subíamos a una enorme motocicleta importada, pasamos por unas pizzas y unas cervezas y llegamos a su departamento que estaba en una acomodada zona de la ciudad</div>
<div>Dejó la moto en el garaje y subimos por el ascensor, cualquier hombre me hubiera avanzado, pero él mantenía su lugar con respeto, como esperando que yo manejara la situación y todo iba de maravillas, hasta que abrió la puerta de su departamento</div>
<div>Algunos ruidos provenían del interior y había algunas luces encendidas, se hizo evidente que Claudio no estaba solo, entramos y dejamos las cosas sobre la mesa, mientras divisé a otro chico de su edad que, abstraído en la pantalla y en sus auriculares, jugaba algún juego de guerra en forma online, porque hablaba y daba instrucciones, creo que, si se hubiera derrumbado el edificio, el no lo hubiera notado</div>
<div> </div>
<div>No te preocupes, - dijo Claudio - compartimos departamento y gastos, él vive una vida paralela con los juegos, no nos molestará, pero déjame que te lo presente</div>
<div> </div>
<div>No, no lo molestes - dije un tanto sorprendida, pero él no me haría caso -</div>
<div> </div>
<div>Brian!, Brian! - grito sin éxito, por lo que fue a zamarrearlo para traerlo a la realidad -</div>
<div> </div>
<div>Lo trajo a mi lado y dijo </div>
<div> </div>
<div>Te presento a mi amigo, Brian, Brian, ella es Maira, ella vende sexo por dinero...</div>
<div> </div>
<div>Me reí y retruque</div>
<div> </div>
<div>Que no soy prostituta! y por cierto, que linda forma de llamarme 'puta'</div>
<div> </div>
<div>Claudio por cierto era un chico atractivo, pero Brian... guau! y además tenía ese perfil de chico virgen al que una tiene muchas cosas por enseñarle, y no dude en decirle</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Queres comer con nosotros? hay un montón de comida - y sin dar muchos rodeos nos encontramos los tres comiendo y bebiendo interminables latas de cerveza, charlando de todo un poco y todo se fue dando de una manera muy loca, estábamos en una previa ya de hablando de temas sexuales, donde ellos escuchaban 'mis aparentes historias de prostituta', donde jamás me creyeron que había estado con un solo hombre en toda mi vida, hasta que Brian propuso un juego de preguntas y respuestas, y el iba perdiendo turno a turno, como castigo debería ir quitándose una prenda</div>
<div>Me pareció excitante, pero no vi la trampa, perdí la primera, la segunda, la tercera, y era obvio que ellos sabían las respuestas y que me estaban desnudando poco a poco</div>
<div class="x_elementToProof">Estaba casi sin ropas y lejos de cohibirme sentía la concha afiebrada y chorreada en jugos, me latía el clítoris y tenía duros lo pezones</div>
<div>Creo que la frutilla del postre sería al momento de quitarme la tanga, la última prenda y cuando adrede les dejara notar el plug que tenía en la cola, a lo que Brian exclamó</div>
<div> </div>
<div>Claudio... de donde sacaste a esta puta?</div>
<div> </div>
<div>No me molestó, los dejé decir, ya estaba jugada y les pedí que se desnudaran, en ese momento estaba caliente que solo quería que me dieran pija</div>
<div>Ellos lo hicieron con la velocidad y la rapidez de un bombero, y sus sexos desnudos estuvieron disponibles para mi placer, me acerqué al medio y solo empecé a besar a uno y a otro, lado a lado, con mis manos llenas de verga, con la respiración agitada, sintiendo cuatro manos que me envolvían por completo, llenando cada poro de mi piel con placer, era rico, se sentía rico </div>
<div> </div>
<div>Fui de rodillas, tal vez a disfrutar lo que más me gustaría de esa noche, chupar dos al mismo tiempo, masturbaba a uno y lamia la otra, volvía a esa, para lamer la que antes masturbaba, me encantaba chupárselas, siempre me había excitado chupársela a mi esposo, y ahora no solo tenía dos, sino que eran mucho más grandes de lo que yo recordaba de mi ex</div>
<div>A ellos les gustaba, era evidente, yo tenía mucha experiencia y ellos parecían novatos, me gustaba desnudarles los glandes y dejar mi aliento en ellos, no pensaba parar, no lo haría</div>
<div>Sentí que Brian estaba llegando y dejé de lado a Claudio, quien se masturbaba lentamente, fue cuando los jugos de Brian empezaron a saltar sobre mi rostro, sobre mis labios, sobre mi lengua, y solo lo dejaba acabar, abriendo bien grande la boca, recibiendo y tragando todo su semen, mirándolo a los ojos, profundamente, tal vez, el mayor placer </div>
<div>Aún estaba saboreando el semen caliente de Brian cuando un chorro caliente de Claudio pego en una de mis mejillas tomándome por sorpresa, automáticamente fui sobre el, ahora para tragarle toda la leche caliente, sin perder el detalle de dejarle ver a el lo que estaba haciendo</div>
<div> </div>
<div>Cuando terminaron, tenia el rostro y el cuello todo embardunado y pegoteado, les pedí pasar al baño a higienizarme un poco mientras les dejaba a mano varios preservativos que había llevado, puesto que esto recién iniciaba</div>
<div>Abrí el agua del lavabo y dejando la puerta entornada, pude escuchar claramente el dialogo entre ellos, pretendiendo que yo no estaba escuchando, Brian le preguntaba de donde había sacado terrible puta y Claudio parecía preocupado por el dinero que tendrían que poner, así que ya un tanto molesta por la situación volví y les dije</div>
<div> </div>
<div>Basta chicos! que no soy prostituta, que no quiero dinero, que solo quiero coger</div>
<div> </div>
<div>Ellos aun estaban con sus preservativos en las manos, volví a chupárselas y la reacción fue inmediata, tome yo misma los preservativos, me los puse en la boca y cubrí sus miembros con dulzura</div>
<div> </div>
<div>Basta de vueltas! - sentencie - me van a coger o que diablos?</div>
<div> </div>
<div>Brian me tomo con fuerzas y me levanto en el aire apoyando mi vientre sobre su hombro, como si fuera una bolsa, me sostenía por las piernas y mi tronco y mis brazos quedaron colgando invertidos a su espalda, me llevo el cuarto donde había solo dos camitas de una plaza, Claudio venia por detrás, con su pija dura listo para seguir el juego, me tiraron desparramada sobre la cama, Brian no lo dudo, me levanto las piernas y me empezó a coger, duro, sin piedad, toda hasta el fondo, se sentía riquísimo, y Claudio, esperando su turno comenzó a chuparme las tetas, a besarme el cuello y las mejillas, acariciando mi vientre y el otro seguía como un toro enceguecido, lo sentí venir, no me daba tiempo para mi disfrute, y cuando saco su pija de mi concha vi el preservativo lleno de semen</div>
<div> </div>
<div>Luego se retiró del cuarto con premura, adivine que iría por otro preservativo y me dedique a Claudio, lo hice recostar y fui sobre él, a montarlo, a cabalgarlo, tome su pija entre mis dedos y la deslice en mi conchita, que rica se sentía! empecé a moverme a mi gusto, buscando explotar esos orgasmos contenidos, cerré los ojos, me mordí los labios, respiré con cadencia y no pude evitar gemir y todo se hizo demasiado caliente</div>
<div class="x_elementToProof">La cama chirreaba pidiendo perdón a mis movimientos rítmicos, sin conciencia acelere el pulso como una locomotora que parte del andén, mi mano entre su pubis y el mío acariciaba con frenesí mi clítoris y sus manos hacían maravillas en mis tetas, explote una, dos, tres veces seguidas, no me sabia una mujer multiorgásmica y todo parecía impregnado por los jugos de mi conchita, estaba desbordada</div>
<div> </div>
<div>Entonces comenzaría la parte del juego donde ya no tendría el control, el momento en que ellos al fin pusieron su hombría por delante, estaba enceguecida por el fragor de la cogida que me daba Claudio, y no me percaté de que Brian había regresado, solo lo noté cuando sentí sus manos en mis nalgas y cuando casi se un golpe me sacaba el plug que aun tenia en mi culito, solo no dijo nada y de un solo empellón me la metió por atrás</div>
<div>Me produjo un escalofrío y un tibio reclamo de mi parte</div>
<div> </div>
<div>No... no... hijo de puta... que haces???</div>
<div> </div>
<div>Pero era tarde para reclamos, uno me la daba por la concha, otro por el culo, y el dolor que sentía era tan grande como el placer, no se, no puedo describirlo, solo diré que me sentía partida al medio, llena por dentro y solo podía gemir y gritar, clavando inconscientemente mis uñas afiladas en el pecho de Claudio</div>
<div> </div>
<div>Dale puta! vamos a darte lo que te mereces! - decía Brian que parecía ser el mas locuaz de los dos</div>
<div> </div>
<div>Solo iban y venían en mis agujeros y lo sentí a Claudio venirse, bastante había aguantado y tuve varios orgasmos más cuando sentí que llegaba dentro de mi sexo, se quedó inmóvil en mi interior, creo que disfrutando de alguna manera como su amigo me la daba por el culo, situación que lo llevaría a una nueva erección y entonces ya, me darían entre los dos hasta llegar ellos por segunda vez</div>
<div> </div>
<div>Todo había terminado, estaba satisfecha, salimos de posición, estaba con todos mis agujeros agrandados y ellos, con sus pijas ya flácidas retiraban los preservativos llenos de leche, estaban contentos, se notaba y les dije que me permitieran tomar una ducha, lo necesitaba, era una mezcla nauseabunda de olores de sexos y transpiración, así que fui al comedor principal donde estaban todas mis ropas, y ellos tras de mi</div>
<div>Cuando mis ojos pasaron de casualidad por la pija de Brian, pues la tenía enorme! él me tomó por mis renegridos cabellos he hizo que se la chupara un rato, quería seguir jugando</div>
<div> </div>
<div>Me llevó al blanco sillón que estaba a un lado, se recostó para que lo montara, se habían terminado los preservativos, no pensaba usar tantos, y lo hicimos a puro pelo, no me importó, es más, lo deseaba, deseaba sentir su carne en mi carne, se sintió rico y Claudio no se quedaría afuera, se sumó por detrás y nunca sabré si fue adrede o equivocación de su parte, porque mi culito ya estaba resignado a lo que vendría, pero el me la metió en la concha también, los dos juntos al mismo tiempo, y vaya que lo volvería a disfrutar y fue rápido, pero Claudio la sacó y tiró su leche sobre mi espalda, mientras que Brian, desde abajo, apenas la sacó para hacerlo en toda la entrada, cerca de mi esfínter, para volver a meterla hasta perder la erección</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Ahora sí, iría por esa ducha que tanto deseaba y rememorando todo lo vivido, me di cuenta de que ninguno de los dos me había besado los labios, ni me habían chupado la concha, y comprendí que realmente pensaban que estaban con una prostituta que se la pasaba chupando vergas por ahí, solo no pude dejar de reir por dentro</div>
<div>Me sequé, me acomodé los cabellos, era muy tarde, o muy temprano, salí del baño para pedir un taxi y me encontraría con mi última sorpresa</div>
<div> </div>
<div>Ellos estaban ya cambiados y expectantes, salí ya despreocupada tratando de ubicar un coche disponible, arriba de la mesa principal había varios billetes acomodados prolijamente, eran de gran denominación, y eran muchos, Claudio tomó la palabra y sentenció</div>
<div> </div>
<div>Maira, en verdad nunca hablamos de tarifas, pero Brian y yo compartimos gastos y creo que esto es suficiente, fíjate, no se...</div>
<div> </div>
<div>No lo podía creer, o, mejor dicho, esto pasa cuando no te creen, ya no tenía sentido decirles que yo no era una prostituta, así que me acerqué a la mesa, tomé los billetes, les pegué una mirada y los guardé en mi cartera.</div>
<div>Honestamente fueron raros los sentimientos, no se, nunca había imaginado vivir algo así, y confieso que al final de cuentas, un poco me había gustado</div>
<div>Ellos querían repetir el encuentro en un futuro cercano, incluso me preguntaron si tenía alguna página en la que promocionaba mis servicios, o algún contacto para pasarle a sus amigos</div>
<div>Solo me reí, me resultaba increíble, y cuando cerré la puerta del apartamento para ir hasta el ascensor, supe que jamás volvería a verlos</div>
<div> </div>
<div> </div>
<div> </div>
<div>Si te gustó esta historia puedes escribirme con título CUANDO NO TE CREEN a dulces.placeres@live.com</div>
<div> </div>
<div> </div>
<div> </div>
<div id="wpfa-10579" class="wpforo-attached-file"><a class="wpforo-default-attachment" href="https://relatosonline.b-cdn.net/wp-content/uploads/wpforo/default_attachments/1769766279-01.jpg" target="_blank" title="01.jpg"><i class="fas fa-paperclip"></i>&nbsp;01.jpg</a></div>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/hetero/">Hetero</category>                        <dc:creator>dulces-placeres</dc:creator>
                        <guid isPermaLink="true">https://www.relatosonline.com/relatos/hetero/cuando-no-te-creen/</guid>
                    </item>
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                        <title>El tren</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/hetero/el-tren/</link>
                        <pubDate>Mon, 26 Jan 2026 15:49:53 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[EL TREN
 
 
Soy un tipo común, normal, como la mayoría de los mortales, tengo una familia armada, esposa e hijos, trabajador, trato de ser buen padre, buen marido.
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                        <content:encoded><![CDATA[<p><span><b data-olk-copy-source="MessageBody">EL TREN</b></span></p>
<p><span> </span></p>
<p><span> </span></p>
<p><span>Soy un tipo común, normal, como la mayoría de los mortales, tengo una familia armada, esposa e hijos, trabajador, trato de ser buen padre, buen marido.</span></p>
<p><span>Me considero un tipo bien parecido, pero no soy un sex simbol, ya pasé los cuarenta y cinco, de tez morena, delgado de un poco más de un metro ochenta pero con una barriguita incipiente que ya empieza a molestarme, algunas canas ya se asoman en mi cabellera, acostumbro a usar barba rala de un par de días y me gusta vestir cómodo y elegante al mismo tiempo.</span></p>
<p><span>No soy un Don Juan, siempre fui fiel a mi mujer, la amo con locura, ella es muy buena y complaciente conmigo, seré honesto y diré que antes de conocerla tampoco estuve con muchas mujeres, no soy de los que le gusta pagar a prostitutas ó ir a escondidas a bares nocturnos, si una mujer va a ir conmigo a la cama deberá ser por atracción mutua, por habérmela ganado.</span></p>
<p><span>Tampoco tengo una fortuna, vivo bien, soy ingeniero agrónomo, aconsejo y superviso siembras de alto rendimiento, esto implica estar viajando mucho tiempo y en mi país sobran las superficies sembradas y siempre todo queda lejos, así la rutina me lleva a ausentarme algunas semanas de mi domicilio.</span></p>
<p><span> </span></p>
<p><span>Luego e hacer la introducción y antes de seguir adelante, les aclaro que lo que me sucedió fue solo por el destino, tan solo por estar en el lugar adecuado en el momento adecuado, esas cosas insólitas que parecen sacadas de películas y uno no cree vivirlas en carne propia, esas que se dan solo una vez en la vida.</span></p>
<p><span>Mi coche había tenido una avería insalvable, con quince días mínimos en mantenimiento, así que elegí desplazarme en tren, me preparé bien porque serían muchos kilómetros, muchas horas, con viento a favor una doce.</span></p>
<p><span>El vagón era confortable, amplio con asientos montados frente a frente y espalda con espalda, a ambos lados, con un pasillo central.</span></p>
<p><span>Así comencé mi camino, al principio escuchando música con mis auriculares, observando a la gente que subía y bajaba en cada parada que iba haciendo ó simplemente mirando el paisaje monótono y repetitivo de verdes praderas sinfín.</span></p>
<p><span> </span></p>
<p><span>En una de las tantas paradas programadas subió una joven muy bonita, de rico perfume, apenas cruzamos una mirada y le sonreí cortésmente, se sentó al frente mío, en la misma fila de asientos, solo que al otro lado del pasillo.</span></p>
<p><span>Al ponernos nuevamente en marcha me percaté que solo estábamos nosotros dos en ese vagón, pero nada me hacía suponer que algo pasaría entre nosotros.</span></p>
<p><span>El sol caía por el horizonte dando de pleno en el rostro de la rubia que había subido hacía algunos minutos, la observaba discretamente hasta que su cabeza se apoyó contra el vidrio, evidentemente se había dormido.</span></p>
<p><span> </span></p>
<p><span>Entonces, solo por ser hombre, aproveché la situación para observarla detalladamente, no tenía muchas cosas importantes para hacer. Tenía naricita respingada, pómulos salientes y gruesas cejas que le daban un toque particular a su rostro, de labios carnosos y tez tirando a morena, su cabello lacio estaba bien acomodado con raya a un costado.</span></p>
<p><span>Una remera ajustada negra se pegaba a su torso, dejando notar unos pechos de normal tamaño, el aire acondicionado hacía saltar sus pezones duros y marcados. Abajo tenía una pollera en un tono rojo apagado, un tanto ajustada y larga hasta las rodillas, solo que al estar sentada se había subido lo suficiente para dejarme ver unos generosos muslos, tenía un cuerpo muy armónico, eso lo había notado apenas la vi subir, con un trasero bastante generoso, de excesivas caderas, al menos para mi gusto, y por cierto, era mucho más joven que yo.</span></p>
<p><span> </span></p>
<p><span>Miré por mi ventana, la noche había llegado y el cielo ya estaba pintado con estrellas, la luna llena se levantaba inmensa por el costado, saqué mis lentes de aumento y comencé a leer el periódico que había comprado en la mañana y aún no había tocado, solo sentía el constante ‘ta-tan ta-tan’ de las ruedas sobre los durmientes y el mecerse el vagón levemente a lo largo del camino.</span></p>
<p><span>Todo en calma, de repente el estridente sonido del celular de mi casual acompañante la sacudió de su letargo, incluso a mí me sorprendió, atendió y sin proponérmelo, escuché su diálogo, las palabras ‘mi amor’, ‘corazón’, ‘querido’ salían de su boca por lo que supuse que hablaba con su marido, ó novio, ó amante, vaya a saber.</span></p>
<p><span>Empezó a reír discretamente, solo decía ‘no… no… ja!ja!ja!’ me intrigó la forma de la conversación y la insistencia que parecía tener la voz al otro lado, me incomodó cuando ella comenzó a mirarme, y más cuando la sentí describirme, siempre sin dejar de tener esa sonrisa nerviosa, a esa altura de los hechos levantaba la vista por encima del periódico y la miraba como intentando saber de qué se trataba el juego, pronto lo entendería…</span></p>
<p><span> </span></p>
<p><span>Sin dejar de hablar, con el celular pegado a su oído, clavó la mirada hacia donde yo estaba, a todo esto ya había dejado de prestar atención a la lectura hacía rato y solo le respondía con mis ojos a los ojos perversos de la rubia, a su vez ella seguía con sus risas y respuestas negativas, al otro lado parecía estar dándole indicaciones, entonces llevó su mano libre a sus pechos y comenzó a acariciarlos sutilmente, evidentemente estaba provocándome, la escuché decir</span></p>
<p><span> </span></p>
<ul>
<li>Si mi amor, ya tengo toda su atención…</li>
</ul>
<p><span> </span></p>
<p><span>Para luego apuntar sus piernas hacia donde yo estaba, apoyando una de ellas en el asiento, de manera de quedar bien abierta, al punto de tener un primer plano de su argolla tapada por una sensual tanga violeta, a esa altura había dejado el diario a un lado y era un espectador de lujo, la joven siguió recibiendo órdenes, dejando el celular por un instante se sacó la remera para liberar sus pechos apenas cubiertos por el sostén, sentía ya mi verga dura por lo loco y curioso de la situación, me resistía a avanzar pero mi instinto animal podía mas, entonces ella bajo el sostén por debajo de sus pechos, dejándolos a mi vista, redondos y perfectos, de grandes y rosadas aureolas, de pezones excesivamente puntiagudos, aún no salía de mi asombro. La extraña joven entonces cambio de lado en el vagón, sentándose frente a frente conmigo, abriendo las piernas y corriendo a un lado su tanga expuso su hermosa concha y comenzó a masturbarse, al tiempo que seguía hablando:</span></p>
<p><span> </span></p>
<ul>
<li>Ves? Ves porqué me casé contigo? eres un maldito perverso, te amo mi amor…</li>
</ul>
<p><span> </span></p>
<p><span>Siguió masturbándose hasta que mirándome fijamente a los ojos preguntó:</span></p>
<p><span> </span></p>
<ul>
<li>Cómo? Queres que le chupe la verga al señor? pero si ni lo conozco…</li>
</ul>
<p><span> </span></p>
<p><span>Decidí que era hora de actuar, basta de vueltas, me incorporé olvidándome de todas mis convicciones moralistas, me tomé del pasa manos, me acerqué a ella bajándome los pantalones y calzoncillos hasta las rodillas, dejando mi miembro duro a centímetros de su cara, la rubia sin inmutarse lo tomo pelando bien mi cabeza, llevando la mano bien atrás, contra mis testículos y al tiempo que los masajeaba decía:</span></p>
<p><span> </span></p>
<ul>
<li>Si mi amor… es hermosa, grandota, y tiene una cabezota y apetecible…</li>
<li>…… (respuesta que no puedo escuchar)</li>
<li>Cómo sos…. si… es mas grandota que la tuya!</li>
</ul>
<p><span> </span></p>
<p><span>Dicho esto, comenzó a lamerla lentamente como si fuera un helado, disfrutándola, saboreándola, por completo, solo la dejaba hacer a su voluntad, cada tanto seguía la conversación:</span></p>
<p><span> </span></p>
<ul>
<li>No sabes que hermosa verga me estoy chupando, no me diga que te da celitos….?</li>
</ul>
<p><span> </span></p>
<p><span>Para luego volver a lamerla. Me considero lo suficientemente inteligente para darme cuenta que las sucias palabras que salían de su boca haciendo comparaciones, solo buscaban excitar a quien la estaba escuchando al otro lado del celular y alimentar mi propio ego, y asumo que me gustaba que lo hiciera.</span></p>
<p><span>Seguía en ese juego, ella se aseguraba que desde mi punto de vista elevado pudiera ver con claridad como la base de mi cabeza se apoyaba en su lengua, introduciéndola con suma delicadeza hasta perderla de vista en el interior de su boca, siempre con el celular pegado a su oído, más abajo veía sus pechos y sus pezones duros a los cuales empezaba a acariciar suavemente.</span></p>
<p><span> </span></p>
<p><span>No me importaron cuáles eran sus futuras intenciones, solo decidí tomar la iniciativa del juego, metiendo las manos bajo su pollera y con limitada resistencia de su parte le saqué la pequeña tanga violeta que tenía, al tiempo que le advertía:</span></p>
<p><span> </span></p>
<ul>
<li>Perra sucia, decile a tu marido que te van a coger…</li>
<li>Mi amor! Mi amor! mirá que me van a a coger….</li>
</ul>
<p><span> </span></p>
<p><span>No le di tiempo a nada, solo le levanté las piernas arrinconándola en una incómoda posición y se la metí toda hasta el fondo, por completo, noté deslizarme en su interior, mojado por exceso, ella se contrajo instintivamente, cerrando los ojos y aspirando por sus labios dejando sentir un ‘sssssssssss’ provocado por el aire ingresando a su cuerpo</span></p>
<p><span>La muy puta gozaba con cada embate, hablaba con su esposo y sus palabras me enloquecían:</span></p>
<p><span> </span></p>
<ul>
<li>Mi amor….mmmm….me está co….mmmm….cogiendo toda….mmmm….no sabés….mmmm….que pedazo de…..mmmm….de verga que….mmmm….que tiene!</li>
</ul>
<p><span> </span></p>
<p><span>La verdad es que me calentaban más sus palabras que lo que hacía, seguía hablándonos a ambos al mismo tiempo</span></p>
<p><span> </span></p>
<ul>
<li>Mmmm….si! si!....cogeme toda….mmmm….dale! dale!</li>
<li>Quién te coge mejor? tu esposo ó yo?</li>
<li>Vos!  vos!….mmmm….me coges hermoso….mmmm….me gusta tu….mmmm….tu pija…</li>
</ul>
<p><span> </span></p>
<p><span>Yo sentía que si la seguía escuchando me acabaría pronto, sus palabras taladraban mis oídos, la cambié de posición haciéndola arrodillar en el asiento e inclinando su cuerpo hacia adelante, sobre el respaldo, levanté su pollera hasta la cintura y me paré tras ella, me encanta esta posición, sus anchas caderas se veían más anchas aun y las curvas de su trasero llenaban mis ojos, se la enterraba con fuerza y le decía en voz alta para que el caballero al otro lado de la línea también escuchara:</span></p>
<p><span> </span></p>
<ul>
<li>Tomá puta, tomá, tomá!</li>
</ul>
<p><span> </span></p>
<p><span>Ella no largaba su celular y en esta pose llegaba tan profundo que ya no coordinaba las palabras, apenas gemía acompañando los embates.</span></p>
<p><span>Mis ojos se centraron en su anillo marrón, tenía muestras evidentes de haberlo usado, fui por todo, sin que se dé cuenta mientras la seguía cogiendo dejé caer saliva sobre él, la sostuve con una mano, saqué la verga y se la apoyé en el otro agujero, su reacción fue inmediata</span></p>
<p><span> </span></p>
<ul>
<li>Pará! pará! que haces? por ahí no! por ahí te digo que no! la cola se la doy solo a mi marido!!! pará!</li>
</ul>
<p><span> </span></p>
<p><span>Como un toro cegado embestí sin escuchar sus palabras, poco a poco mi carne se abría paso en la suya, ella al ver que yo estaba decidido habló entonces a su marido:</span></p>
<p><span> </span></p>
<ul>
<li>Mi amor! mi amor! ayyyy! Me la está metiendo… ayyy! en el culo!!!</li>
<li>…… (respuesta que no puedo escuchar)</li>
<li>No puedo! ayyy! ayyy! ya está… ya está…</li>
</ul>
<p><span> </span></p>
<p><span>Pareció resignarse, en realidad tampoco había puesto una férrea resistencia, ya estaba domada y mansita, con mi verga en su culo, le di un empujón tan fuerte que el celular rodó por el piso quedando fuera de su alcance.</span></p>
<p><span>Le di con ritmo sintiendo como su anillo apretaba mi pija, estaba tremendamente excitado, ella gritaba como nunca, tal vez porque le gustaba demasiado, tal vez para que el otro la escuchara:</span></p>
<p><span> </span></p>
<ul>
<li>Si! si! rompeme el culo! dale! dale! No pares, dale! rompémelo todo!</li>
</ul>
<p><span> </span></p>
<p><span>Le di hasta cansarme, se la saque, tomé su celular y pregunté:</span></p>
<p><span> </span></p>
<ul>
<li>Hola, hay alguien ahí?</li>
<li>Hola! Hijo de puta… soy el marido de la mujer que te estás cogiendo… te gusta no? te pido que no la dejes con ganas…</li>
</ul>
<p><span> </span></p>
<p><span>Seguía hablando pero devolviéndoselo a la rubia le dije</span></p>
<p><span> </span></p>
<ul>
<li>Tomá, decile que que voy a llenar la concha de leche…</li>
</ul>
<p><span> </span></p>
<p><span>Mientras ella tomaba el celular y le comunicaba mis palabras a su marido, yo volvía a su vagina y se la enterraba nuevamente, ya no aguantaba más, a la vista de su hermoso culo se sumaba el primer plano de su esfínter todo abierto e inflamado por el trabajo que le había dado, sentí acabarme como nunca, sin dudas uno de los mejores orgasmos de mi vida, me pareció acabar litros y litros de esperma en su húmeda cueva, no pude mas…</span></p>
<p><span> </span></p>
<p><span>Habíamos terminado, estaba transpirado y desalineado, ella se despedía de su esposo mandándole miles de besos, lentamente recobraba su postura, guardando su pechos y sacudiendo sus cabellos, noté su concha chorreando mi semen así que gentilmente le ofrecí mi pañuelo, ella lo aceptó con una sonrisa y a cambio guardó algo en el bolsillo de mi pantalón, no pudimos hablar mucho porque el tren comenzaba a detenerse y me dijo:</span></p>
<p><span> </span></p>
<ul>
<li>Bueno… llegó la hora de despedirnos… fue un gusto, nunca olvidaré este momento…</li>
</ul>
<p><span> </span></p>
<p><span>Tartamudee sin poder decir palabra, no sabía dónde estaba ni cuánto tiempo había pasado, ni su nombre pude preguntarle, solo la observé como tomaba su bolso de mano y sacudiendo sus caderas se fue caminando por el pasillo hasta perderse de vista, la busqué en el andén mirando por la ventana, en la poca luz de la noche la vi abrazarse con amor con el hombre que la esperaba, con el que había estado hablando unos minutos antes, metí la mano en mi bolsillo, que hermosa sorpresa! saqué su bombacha violeta, con sus olores impregnados, la apoyé contra el vidrio con la esperanza que en algún momento me mirara solo para saludarla, pero no lo hizo, ahí me quede parado, solo mirando cómo se iban abrazados saliendo del andén mientras el tren se ponía en movimiento lentamente…</span></p>
<p><span> </span></p>
<p><span> </span></p>
<p><span> </span></p>
<p><span>Si eres mayor de edad me gustaría saber tu opinión sobre este relato, escribime con título ‘EL TREN’ a  dulces.placeres@live.com</span></p>
<div> </div>
<div id="wpfa-10571" class="wpforo-attached-file"><a class="wpforo-default-attachment" href="https://relatosonline.b-cdn.net/wp-content/uploads/wpforo/default_attachments/1769442593-2020-04-29-201657.jpg" target="_blank" title="2020-04-29-20.16.57.jpg"><i class="fas fa-paperclip"></i>&nbsp;2020-04-29-20.16.57.jpg</a></div>]]></content:encoded>
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