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									Lésbico - Relatos Eróticos				            </title>
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            <description>Relatos eróticos enviados por los usuarios. Portal con la comunidad de autores y lectores más morbosos de la red que interactúan con las escenas relatadas más morbosas. Relatos en familia, gays, bisexuales, dominación, sumisión y todo lo que te puedas imaginar.</description>
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                        <pubDate>Wed, 09 Sep 2026 19:11:40 +0000</pubDate>
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                        <content:encoded><![CDATA[<p>.... .. <br /><br /><br /><br />La India<br /><br /><br /><br /><br />Viajaba recorriendo el sur de la India. La zona mas libre de influencias musulmanas o budistas. El Hinduismo es predominante por allí. Un país fascinante y caluroso donde la sensualidad está por todas partes. El hinduismo es la influencia más importante en la zona. <br /><br /><br />Desde las propias gentes, apenas vestidas, que vivían en la tradición del Kama Sutra y la prostitución sagrada a la arquitectura y el arte. Todo ello es fascinante. Y a veces pornográfico. Donde se glorifica el cuerpo humano, el amor y el sexo en cada una de sus variantes es la sensualidad lo que domina todo. <br /><br /><br />El disfrute del cuerpo propio y del de los demás sigue hoy tan presente como el día en que se escribió el manual del amor y el sexo. Sientes el deseo de las gentes cuando caminas por las abarrotadas calles, deseo entre ellos y hacia mi.<br /><br /><br />Mis pechos libres bajo la blusa verde caqui marcando los pezones orgullosos. El ajustado pantalón de lino marca el contorno de mi cadera, mis nalgas prietas y los largos muslos. Unas botas de caña alta era lo que llevaba en los pies. El vientre lo llevaba descubierto pues había atado la camisa bajo mis pechos recorriendo un mercado callejero. <br /><br /><br />Un montón de olores asaltaban mis sentidos. Puestos con flores, frutas, especias, aromas a incienso, aceites, perfumes y alimentos. Otros con bisutería, artesanía y amuletos. Me compré un pequeño lingam de plata sujeto a una cadena para llevarlo al cuello. Por si no lo sabéis lingam es la palabra que ellos usan para polla. <br /><br /><br />Un poco mas allá un sari rojo de una tela casi trasparente con ribetes dorados llamó mi atención. Colgado a la puerta de una pequeña tienda era un buen reclamo para compradoras. Pero necesitaba ayuda para ponerme tan complicada y sensual prenda. <br /><br /><br />La jovencita que atendía el pequeño local se ofrece a ayudarme. Entre las cortinas de un probador improvisado me pide que me desnude del todo en un ingles con un sensual acento. Del todo, hasta librarme del pequeño tanga. Me dice que la prenda se lleva así. Sin nada debajo. <br /><br /><br />- Me gusta ese sari. <br /><br /><br />- Le sentará estupendo, señora. Con su cuerpo estará muy sexi con él. <br /><br /><br />- Pero no sé cómo se pone. Parece muy complicado. Como si se fuera a caer a cada paso, en cualquier momento. <br /><br /><br />- Para nada, una vez bien colocado es muy cómodo. Las mujeres de aquí lo hemos llevado durante miles de años. <br /><br /><br />- Eso lo tengo claro. Pero sigo sin saber cómo ponérmelo. <br /><br /><br />- Para eso estoy aquí. Te ayudaré. Desnúdate. <br /><br /><br />- ¿Del todo?. <br /><br /><br />- Depende. Si lo fueras a usar a diario podrías llevar lencería y una camiseta o una combinación debajo. Algo serio y soso. <br /><br /><br />Me dirigió una bella sonrisa lasciva y continuó su perorata. Como ambas hablábamos un inglés básico nos entendíamos bastante bien. A veces completando la comunicación con gestos. <br /><br /><br />- Pero si lo llevas a una fiesta o para un admirador es mejor que sea lo único que te pones. <br /><br /><br />Apartó un poco la tela del suyo, verde oliva y casi tan trasparente como el que me había gustado a mí. El sari apenas cubre su pequeño y delicioso cuerpo. Cuando lo hace a un lado me muestra su pubis casi sin vello. Solo con una tirilla por encima, tan negro como su melena. Para demostrar que no hace falta ropa interior. <br /><br /><br />- Es la forma tradicional. Así ellas se sentían más libres para hacer sus "necesidades", de todo tipo. <br /><br /><br />No hizo falta que me dijera nada más. Solté el nudo que sujetaba mi camisa liberando mis pechos. Ella sujetó mis botas y tiro de ellas. <br /><br /><br />- También deberías ponerte unas sandalias. Esto no pega. Ya te busco yo unas. <br /><br /><br />Pensaba conseguir una buena venta. Siguió liberándome de mis ligeras prendas. Despacio, sensual, recreándose. Tras deshacerse de mis botas bajó mis pantalones. El tanga pareció gustarle pero desde luego tiró de él hasta sacarlo enrollado por mis pies. <br /><br /><br />- Tienes un cuerpo precioso. Te va a quedar de maravilla. <br /><br /><br />Sus dulces manos acarician mi piel. Primero ayudándome a librarme de mi ropa occidental y luego ajustando los pliegues de la suave prenda.<br /><br /><br />A esas alturas estaba claro que lo hacía completamente a posta. Excitándome aún más si cabe hasta que sus dulces labios se posan en los míos en un leve beso.<br /><br /><br />- ¿Esto es una costumbre local o lo haces con todos los clientes?.<br /><br /><br />- Solo con quién me gusta. <br /><br /><br />Allí nadie le teme al sexo. Y en ese momento me dejé llevar. La belleza exótica de aquella chica me impulsaba solo a sentir y disfrutar. Dejaba que sus dedos suaves y habilidosos recorrieran mi piel expuesta arreglando la tela cuando ya estaba perfecta. <br /><br /><br />Sus roces eran tiernos y delicados. Yo estaba muy excitada. Así que mis pezones estaban duros como escarpias. Tenía un enorme espejo de metal, parecía plata pulida. El marco estaba muy decorado con lo que parecían escenas del kama sutra. Evidentemente una antigüedad que debería estar en un museo y en cambio allí estaba en una pequeña tienda en un bazar. A saber el precio al que habría llegado en una subasta o una tienda de mi país. <br /><br /><br />Cuando me vi en el espejo la imagen era completamente impúdica y sensual. Me sentía exótica y libre a la vez. En casa nunca me hubiera atrevido a llevar algo así, hasta ahora. A mi padre le hubiera dado un infarto y luego me habría mirado con cara de salido. <br /><br /><br />Los pechos se distinguían perfectamente en la liviana tela. Los pezones se marcaban como si no los tapara nada. Los pliegues del sari dejaban mi vientre al descubierto. La cadera y los muslos, baste con decir que si hubiera llevado vello en el pubis cualquiera que hubiera mirado hacia allí lo habría visto. <br /><br /><br />Fue a cerrar la puerta. La cabrona de la jovencita admiraba su obra desde un par de pasos de distancia con una sonrisa lasciva. Mientras dejaba que yo me mirara en el espejo tranquila. <br /><br /><br />- Estás perfecta. Cualquier amante te lo arrancaría en segundos. <br /><br /><br />- ¿Incluida tú?. Ya imaginaba que una prenda como esta es para eso. <br /><br /><br />- ¿Yo?. Sería la primera en ponerme a la cola.<br /><br /><br />- No veo ninguna cola, así que ya estás la primera. ¿Me besas?.<br /><br /><br />Rodeé su cuerpo con los brazos y ella correspondió al abrazo. En el espejo pude ver su durísimo culito insinuado en su casi tan trasparente sari como el mío. Así que lo agarré y estuve amasando sus nalguitas mientras nos besábamos.<br /><br /><br />Nuestros labios se buscaban ya con prisa. Las dos nos teníamos ganas. Empecé a bajar su sari. Quería descubrir su cuerpo sexi y esa prenda me lo ponía fácil. Es mucho más fácil de quitar que de poner, al menos sin práctica. Sus tetas perfectas podrían haber servido de modelo para las de las estatuas eróticas de sus templos. <br /><br /><br />- ¿Me las comes?.<br /><br /><br />Eso era toda una invitación así que me incliné a besarlas, lamerlas y chupar sus pezones oscuros y duros. Empezó a gemir como una gatita lasciva. Al terminar de abrir su sari la suave tela cayó a sus pies, dejándola desnuda del todo. Estaba admirada con su piel morena y perfecta.<br /><br /><br />- Eres preciosa. Una maravilla. <br /><br /><br />- Gracias. Pero tú si que estás impresionante. <br /><br /><br />- Ya no hace falta que me halagues. Has conseguido una buena venta y algo de propina. <br /><br /><br />Quería más de ese bello cuerpo de piel oscura y exótica y por supuesto muy suave. La fui tumbando sobre una mesa baja que tenía un montón de telas y que parecía muy cómoda. Sin separar la boca de sus pechos y vientre. Fui bajando en busca de la vulva que me estaba ofreciendo separando bien los muslos. <br /><br /><br />- No creas que hago eso con todas las clientas. <br /><br /><br />Me había parecido una calentorra desde que entré en la pequeña tienda. Sino con todas estaba segura que al menos con las más agradables a la vista si que les ofrecería este servicio especial. Pero con la lengua entre los labios de su vulva buscando el clítoris no estaba yo para contradecirla. Me eché sus muslos sobre los hombros y me puse a comer ese manjar como si no hubiera un mañana. <br /><br /><br />- Eso debería hacerlo yo.<br /><br /><br />Gemía y jadeaba. Así que yo lo estaba haciendo bien. Su coñito destilaba jugos como una fuente.<br /><br /><br />- No te preocupes. Me encanta hacer que te corras. Eres muy dulce. Luego puedes hacerme disfrutar a mí. <br /><br /><br />- Pues ya me toca. Ven aquí a mi lado.<br /><br /><br />Subí sobre el montón de telas sin separar los labios de la seda de su piel. Besaba el vientre, las duras tetitas, las suaves axilas y el cuello. Hasta llegar a sus labios y poder jugar con su lengua. Le di su sabor más íntimo a compartir en su boquita. Ella no dejaba de acariciar todo lo que podía alcanzar de mi cuerpo. Le gustaban mis tetas. Se entretuvo un buen rato pellizcando mis pezones antes de bajar a lamerlos y chuparlos.<br /><br /><br />No sé si esperaba más clientas. Pero él espectáculo que daríamos a quién entrara en el pequeño recinto era digno de una peli porno. <br /><br /><br />Ahora le tocaba a ella. Y empezó a lamer toda mi piel sin dejar un centímetro sin repasar. Y eso es algo literal. De la raíz del cabello a las uñas de los pies notaba sus labios, lengua y dedos por todas partes.<br /><br /><br />La legua en mis pies me hacía ver las estrellas. Lo que sentía cuando me giró boca abajo y empezó a besar mis nalgas y lamer mi ano me derretía. Lo que aprovechó para levantar mi grupa y beber de mis jugos que amenazaban con mojar las telas sobre las que estaba acostada. <br /><br /><br />Menuda guarrilla estaba hecha, toda una experta en las artes de Safo. Y haciéndose la inocente cuando me ayudaba a calzarme el sari. No me estaba corriendo porque aquello parecía un orgasmo continuo desde el primer momento en que puso sus manos sobre mi cuerpo. Al final tuve que pedir clemencia. <br /><br /><br />- Para, me vas a matar. <br /><br /><br />- Es una deliciosa comerte. <br /><br /><br />Pero tenía más ganas de ella y del placer que nos dábamos. <br /><br /><br />- ¿Te vienes a mi hotel esta noche? Creo que necesito alguna clase práctica más para ponerme el sari. <br /><br /><br />- Será todo un placer. Seguro que podemos practicar juntas. <br /><br /><br />Ni qué decir tiene que me compré ese sari y otro más, además de las sandalias y de algún complemento más de joyería. Y no era por la tienda sino por la belleza que me atendía. <br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br />.... .....</p>]]></content:encoded>
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                        <title>La Marranita - CAPÍTULO V - Las conchas</title>
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                        <pubDate>Thu, 30 Jul 2026 16:59:33 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[La Marranita - Auge y caída de la República de las Mujeres



 
 

CAPÍTULO V - Las conchas

 



Fue la herma...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p><strong><span>La Marranita - Auge y caída de la República de las Mujeres</span></strong></p>
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<div dir="ltr"><span>CAPÍTULO V - Las conchas</span></div>
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<div>Fue la hermana de uno de aquellos chicos, que era una de las jovencitas que solían venir a casa para las fiestas que Padre organizaba en el patio, la que me explicó, de verdad y por primera vez, cosas sobre el sexo real y todo eso, ayudándome a entender muchas cosas que yo había vivido únicamente como un juego hasta aquel momento. Un día que me vio observando medio escondida lo que hacían en el patio, como me gustaba hacer desde muy pequeña, se me acercó sonriendo y me felicitó por "haber hecho un hombre" a su hermanito. Yo debí poner una cara perfecta de no entender para nada a qué se refería con lo de "haber hecho un hombre", porque hasta donde yo sabía él había sido siempre un hombre, y uno bastante bien dotado a juzgar por la polla que tenía y que era una de las que, precisamente, yo más "disfrutaba" comiendo. Naturalmente, ella se rió al darse cuenta de que yo no sabía nada, y me preguntó cuantos años tenía. Cuando le dije que me faltaba todavía para estar a dos años de cumplir mi primer ciclo lunar, fue ella la que puso cara de alucinar, pues estaba convencida de que yo tenía que ser una niña mucho mayor, de la edad de su hermano como poco... "Joder, te juro que pensaba que eras más mayor que mi hermano... ¿y me dices que el muy cerdo te saca más de siete años?" En aquella época, no había ningún secreto posible para nada de lo que pasaba en el barrio, y yo era consciente de que todo el mundo sabía que yo jugaba con niños mayores. De hecho era conocida precisamente por aquello, pero nunca había sido consciente de que eso fuese algo especial. Aquella chica me empezó a preguntar cosas que yo no sabía ni había oído nunca, y ella misma me explicó en aquel mismo momento lo que era el semen, cómo funcionaban las pollas y qué era lo que a los hombres les gustaba tanto hacer con las mujeres.</div>
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<div>Después de aquel día era frecuente que las dos tuviéramos conversaciones sobre "sexo", que era como ella se refería siempre a los juegos que jugábamos, ella con Padre y sus amigos en mi casa y en el patio, y yo con su hermano pequeño y los otros chicos en las calles y los descampados que se desperdigaban alrededor del puerto. Un día yo le tuve que preguntar si era algo malo el que yo hiciera aquellas cosas, porque estaba empezando a escuchar algunos comentarios al respecto que no acababa de entender, pero por lo visto había algunas personas -mayoritariamente mujeres mayores, pero también algún chico, así como alguna de mis (supuestas, por lo que ahora parecía) amigas de la escuela- que, al parecer, empezaban a decir cosas feas de mí a mis espaldas, relacionadas con nuestros juegos y con las cosas que a mí me gustaba hacer. Naturalmente, la chica me decía continuamente que el sexo nunca podía ser malo, aunque a veces me intentaba hacer entender por qué podía ser un poco raro que yo hiciera ya cosas como los juegos a los que jugaba con su hermano teniendo yo la edad que tenía, porque de alguna manera parecía que el "sexo" era algo que estaba medio prohibido hasta ciertas edades. Sin embargo, parece que luego nadie era capaz de establecer realmente cuál era la edad en que aquello (pero, ¿qué era exactamente "aquello"?) podía ser considerado normal (pero, ¿y qué era eso de "normal"?) Yo protestaba, y le decía que ya no era ninguna niña, y ella se reía, y me decía que no pasaba nada, porque aunque me juntaba con chicos que ya estaban en la fertilidad, en realidad, según ella, en realidad los chicos con los que me juntaba, como su hermano, sí que seguían siendo unos niños de verdad, a pesar de que alguno había pasado incluso la edad de la ciudadanía, pero que lo que pasaba era que con los chicos no había manera, y que por eso a ella lo que le gustaba era "hacerlo" con hombres hechos y derechos. Y a mí aquellas explicaciones, al final no hacían sino dejarme todavía más confundida, y lo único que sacaba en claro era que a ella le parecía bien que yo hiciera "sexo", y que yo cada vez tenía más ganas de dejar de jugar con chicos y me moría de ganas de poder probar cuanto antes con los amigos de Padre, que eran casi tan hombres y casi tan hechos y derechos como él. </div>
<div> </div>
<div>Cuando yo protestaba diciéndole que no había tanta diferencia entre ella yo y, sin embargo, a ella le permitían jugar con los padres, ella a veces me llevaba a parte y me dejaba ver su conchita, y yo alucinaba cuando me decía que yo iba a tener una igual algún día, porque me parecía la cosa más bonita y excitante que yo había visto nunca, pero siempre terminaba explicándome que que no la tuviera así yo seguiría siendo una niña con una simple rajita, pero a los hombres lo que les gustaba eran los coños como el de ella. Desde entonces, cuando la veía sola por el barrio me acercaba a ella para hablar y que me contara cosas, y al final siempre era yo la que le pedía que me enseñara su conchita, y ella me llevaba a un cuarto o algún almacén que estuviera sin uso, se quitaba la ropa y separaba las piernas para abrirse la concha, y empezaba a enseñarme y explicarme. </div>
<div> </div>
<div>Un día me dijo que me tocaba a mí enseñarle mi rajita. Yo no entendía para qué querría verme ella la raja a mí, porque era cierto que, al lado de su conchita (ella la llamaba así siempre, pero me explicó que su nombre real era coño, y que así era como llamaban los padres a las conchas de las mujeres), mi raja casi parecía como si fuera el culo de uno de mis amigos y, además, yo no tenía pelo todavía ni nada que enseñarle sobre el sexo a ella precisamente. Pero ella insistió, y yo me desnudé y me tumbé abriendo las piernas para ella, porque hacer eso delante de otras personas era algo que no me había costado nunca y, en realidad, ya lo había hecho muchas veces delante de otras chicas cuando hacíamos nuestros juegos en grupos, antes de que yo me empezara a ir con los chicos mayores que ya tenían la leche y eso. Me quedé un poco sorprendida de sentir una excitación inesperada al hacer aquello para ella, pero más sorprendida todavía por el hecho de que luego ella me abriera sin más la rajita para mirármela, y porque además luego me la empezó a tocar como hacían los chicos... solo que mejor. ¡Uy! Pensé que me iba a dar algo del gusto... Porque no lo hacía como me lo hacían los niños, en realidad, sino que se notaba muy diferente. Y aluciné todavía más cuando me di cuenta de que quella chica me iba a hacer allí mismo algo que era mucho más que solo tocármela... Fue aquel día cuando descubrí que las rajitas y las conchitas también se podían lamer y chupar, como hacía yo con las pollas, y descubrí también que la suya sabía muy sabrosa, porque la tenía grande, y preciosa, y muy jugosa y con sabor a mar, y comérsela era como cuando Padre traía ostras del puerto y las abría y las comíamos crudas en el mismo patio. </div>
<div> </div>
<div>Fue ella la que me enseñó cómo tenía que hacer para tocarme a mí misma, y me refiero a cómo hacen las mujeres para conseguir placer cuando están solas, pero yo todavía era pequeña y no podía sentir ese placer realmente, solo conseguía notar una especie de cosquillitas en la raja, que se me mojaba además toda cuando ella me metía los dedos allí, pero la verdad es que notaba más excitación, "disfrutaba" más comiendo pollas, sobre todo cuando conseguía levantarlas y endurecerlas tanto que las puntas se les salían, sobre todo porque entonces ya me resultaba muy fácil terminar por sacarles la leche y no paraba hasta que lo hacía. Pero, sin embargo, ella sí que se excitaba mucho y se mojaba entera cuando yo le hacía lo que ella me decía en su concha de ostra, así que se la lamía y le comía todos aquellos pliegues retorcidos y sabrosos como ella me pedía, y me decía siempre que yo era muy buena, mucho mejor que ningún hombre y que nunca dejara de practicar con las conchas porque iba a disfrutar mucho. A mí esas cosas me gustaban, aunque no las entendiera, porque además en el patio jamás había visto a dos mujeres haciendo aquellas cosas, pero a mí es que me daba gusto hacérselo, y me gustaba ella y me excitaba comer su concha, de hecho <span>me daba tanto gusto comerle el coño a ella como la polla dura a su hermano, y que me echaran en la boca sus corridas los dos, </span>igual que me gustaba lo mismo que ella o los chicos me dijeran tanto que yo era muy buena (aunque yo no acababa nunca de saber bien en qué era tan buena, la verdad...), y por eso todos me buscaran cada vez más para hablar y jugar y contarme cosas de mayores.</div>
<div> </div>
<div>Recuerdo que poco después de cumplir por fin mi segundo cumpleaños previo al del ciclo lunar, una mañana cuando me desperté se me habían puesto muy duros los pechos, y al tocarme las tetillas me noté distinta. Tenía las areolas más abultadas, doloridas y como sudando, y resaltaban mucho porque de repente se habían puesto mucho más oscuras que el resto de la piel y les habían salido unas coronas de puntitos rodeando todo el borde. Además, noté muy duros los pezones, como se les ponían a los chicos cuando se tiraban a nadar en el agua helada del puerto, pero los míos mucho más grandes, porque de repente se habían hecho más grandes de lo que nunca habían sido. Ningún chico se dio cuenta de aquellos cambios, pero a mí me pasaba que ahora cuando me tocaban allí sentía unas cosquillas nuevas y más fuertes en las propias tetillas, pero también en la raja, y sabía que aquellas cosquillas eran las mismas que cuando la chica mayor me comía la rajita, y cada día que pasaba aquellas cosquillas se hacían más fuertes, y a mí me daba un poco de miedo, porque ni sabía cómo controlarlo ni sabía hasta dónde podían llegar a parar, pero a mí me encantaba y me moría de ganas de poder sentir más, de hecho me moría de ganas de sentir lo mismo que cuando le comía la concha y toda la ostra a aquella chica y luego ella se mojaba entera y olía igual que el puesto de pescado que estaba a la entrada del patio. </div>
<div> </div>
<div>Pero mientras, yo me di cuenta que, igual que mi cuerpo no paraba ya de sentir cosas nuevas con el "sexo", ese mismo cuerpo tampoco parecía dispuesto ya a parar de sorprenderme con los cambios más inesperados. Según pasaban las semanas, noté que se me empezaban a abultar mucho los pechos debajo de las tetillas, que me habían crecido ya muchísimo, y noté que incluso la pelusilla rubia que apenas me había empezado a salir el año anterior, como un leve velo entre las piernas, empezaba por fin a oscurecerse y hacerse más densa y dura. Sin embargo, los chicos parecía que no notaran nada raro cuando estaban conmigo, así que yo me esforzaba en disimular esos cambios, porque prefería que todo siguiera igual que había sido hasta entonces.</div>
<div> </div>
<div>Tampoco en casa parecían darse cuenta de que mi cuerpo parecía estar queriendo empezar a cambiar al fin, y eso que yo mantenía la costumbre que tenía desde pequeñita de quedarme completamente desnuda cuando estaba en casa. El clima bochornoso de La Ciudad, sobre todo cerca del puerto, me había parecido siempre insoportable, incluso en esos pocos meses que algunos llaman "invierno", y la única forma soportable de sobrellevarlo cuando estaba en casa me parecía que era estar desnuda. De hecho, lo hacía así porque lo había copiado de Padre, que también estaba completamente desnudo en casa siempre, al menos cuando no había ningún invitado en casa, o como mucho se cubría con aquella ropa interior que usaba que era tan divertida porque siempre se le acababa saliendo su largo rabo por algún lado. Mi madre se cubría, en cambio, siempre vestidos largos y muy holgados, o camisetas de tirantes escotadas, o prendas similares aunque, en realidad, ella sí que lo hacía porque la obligaba Padre a cubrirse siempre más, y hasta a ponerse ropa interior cuando teníamos visita o se asomaba al balcón de la calle o a la galería que daba al patio. </div>
<div> </div>
<div>Al patio como tal nunca salía mi madre, y menos cuando había fiesta, y si tenía que ir a comprarnos comida o algo para la casa, salía siempre por la puerta de servicio que daba directamente a la calle del mercado, y nunca se entretenía en nada ni con nadie (algo que a mí siempre me pareció muy raro, y pronto tuve que convencerme de que el único motivo de aquello era que mi madre no era más que una antipática y una asocial desde siempre, además que con todo el mundo, y no solo con Padre). En cambio, yo seguía considerando el mismo patio parte de mi casa, porque siempre lo había vivido así, al menos desde que tengo uso de razón, porque era lo que había aprendido al ver a Padre haciendo siempre un uso privativo de ese espacio, como si fuera de su exclusiva propiedad, aunque en realidad pertenecía a todas las casas de la manzana (si bien todo el mundo respetaba nuestra primacía y nuestro derecho a usarlo como propio, porque todo el mundo respetaba y quería, o temía, a Padre). Por ello, yo extendí mi costumbre de ir desnuda en mi casa también cuando salía al patio <span>para mezclarme discretamente y observar a los mayores como me siempre me había gustado</span>, <span>y mantuve dicha costumbre con el paso de los años</span>. Por otor lado, en las tardes y noches de fiesta, que yo merodeara desnuda por el patio podía ser cualquier cosa menos llamativo, porque lo habitual en aquellas fiesta era siempre que los hombres terminaran desnudando a las chicas, y era igualmente frecuente que terminaran por desnudarse también muchos de ellos.</div>
<div> </div>
<div>Fue uno de esos días cuando mi amiga adolescente, la chica que me dejaba comerle la concha, me llamó y me llevó a una habitación de uno de los pisos superiores, en el edificio de uno de nuestros vecinos de planta. Yo nunca había estado allí, y nunca me había sentido tan a solas con ella. De repente, ella empezó a tocarme las tetillas, y cuando me quise dar cuenta me estaba chupando una y acariciando la rajita de una manera nueva y desconocida. Cuando paró, me enseñó sus dedos y vi que estaban mojados. Le pregunté si era mi sudor, y ella me los dio a probar. Recuerdo ese cosquilleo por todo el cuerpo cuando ella me metió los dedos en la boca. Era un sabor muy suave, pero no tuve duda de que lo que me había sacado de la raja era un auténtico sabor a coño. Pero lo verdaderamente increíble era que se tratara del sabor de MI coño... Mi coño. ¿Me estaba cambiando también el cuerpo allí? ¿Se estaba convirtiendo mi tierna raja en una hermosa y jugosa concha de ostra, como la que tenía ella? Ella me dijo, sonriendo, que se había dado cuenta de que mis ganas de crecer me habían hecho empezar a tener cuerpo de mujer, y que cuando lo notó le habían entrado unas ganas tremendas de probar los cambios. Me apretó los pechos y me aseguró que pronto tendría unas hermosas tetas, y que estaba segura de que iba a ser incluso más grandes que las de ella. Entonces se desnudó por completo ella también. Aquel día yo comí por primera vez las tetas a una mujer, y fue en ese momento cuando fui consciente de verdad de lo que era comer y que te coman el coño. </div>
<div> </div>
<div>Puede parecer raro, después de todo lo que llevo contado, pero puedo decir sin temor a equivocarme que, para mí, lo que hice aquel caluroso día en ese piso vacío con aquella chica fue, en realidad, mi primera experiencia sexual. Desde luego, fue la primera "auténticamente" sexual, porque fue la primera vez que hice algo que verdaderamente podía ser considerado como "follar". Y eso lo supe cuando sentí correrse copiosamente y entre retorcimientos de su cuerpo a aquella jovencita, mientras yo le metía mis dedos desenfrenadamente en lo más profundo de su vagina y chupaba ansiosamente con mis labios las ostras mojadas de su concha.</div>
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<div dir="ltr"><span style="color: #3366ff">(lau.alma @yahoo.com)</span></div>
<div dir="ltr"> </div>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/lesbico/">Lésbico</category>                        <dc:creator>laualma</dc:creator>
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                        <title>Ligue en LA, la actriz secundaria</title>
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                        <pubDate>Wed, 01 Jul 2026 06:58:58 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[.....
                     Me fui de turismo, un viaje por Los Ángeles. La meca del cine donde viven los &quot;mejores&quot; actores. Había ido sola, no me desagrada la aventura, con una buena guia, ...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>.....</p>
<p>                     Me fui de turismo, un viaje por Los Ángeles. La meca del cine donde viven los "mejores" actores. Había ido sola, no me desagrada la aventura, con una buena guia, en libro, y mi ingles chapurreado.</p>
<p>                     Al bajar del avión lo primero que se nota es el calor, calor californiano, húmedo y pegajoso. Tenia preparados algunos recorridos, de Hollywood Boulevard a las playas de Venice, Malibu y similares. Y así podía admirar los cuerpos trabajados por el ejercicio y esculpidos por los cirujanos plásticos. Ese era otro de los alicientes del viaje.</p>
<p>                     Podía hacer algunas compras y visitar algunos clubs, pasar las noches bailando y quizá ligando. Me había llevado mi ropa mas sexy claro, de sport por el día y mas elegante por la noche. Pero siempre enseñando la mayor cantidad de piel posible.</p>
<p>                     Y es curioso pero eso no desentonaba en absoluto con casi todo el resto de los habitantes de la ciudad. Quitando algún pijo trajeado, el resto de los angelinos, bueno los pocos que andan, anda casi desnudo por la calle. Desde luego la mayoría van en sus enormes coches que utilizan hasta para ir a comprar el periódico. A saber lo que tienen que compensar. </p>
<p>                     El tercer día andaba por el paseo marítimo de alguna de esas afamadas playas. Después de haberle echado un vistazo a los vigilantes de la playa, a los culturistas, a las chicas en bikini y tanga algo me llamó la atención.</p>
<p>                       Yo iba solo con un mínimo bikini que había comprado en Ibiza y que no desentonaba, paseando relajada. Un ajustado pantalón vaquero, muy, muy corto cubría algo mas de mi cuerpo. Era solo un paseo. </p>
<p>                        Tenía ganas de un bikini nuevo. Me dirigí a la tienda de bañadores mas cercana a la playa. Se trataba de un simple chiringuito con un montón de perchas de las que colgaban escandalosos bañadores y bikinis. Los probadores eran solo unos trozos de tela sujetos por pinzas a bastidores de madera.</p>
<p>                         Entre los percheros había una rubia que me llamó la atención, me sonaba su cara, bueno y sus tetas y algunos de sus tattoos. Pronto recordé donde la había visto. Era una actriz secundaria. Había salido en un montón de capítulos de series y películas emitidas en mi país. Nunca he sido muy mitómana, pero la chica es bonita, su cuerpo voluptuoso. Me había fijado en ella, claro.</p>
<p>                       Debía estar acostumbrada a que la miraran e incluso a que le pidieran autógrafos. Aunque supongo que lo harían pocas extranjeras y turistas como yo. Mientras tanto me había estado mirando ella a mí también. Yo no sabia que ella fuera lesbiana o que le atrajeran las chicas en algunas medida. Ya he dicho que no le presto mucha atención a los cotilleos de los famosos. Tampoco es que yo fuera muy aficionada ese tipo de programas.</p>
<p>                         Nuestras miradas se cruzaron unas cuantas veces antes de que me decidiera a acercarme a ella. Podría perderme en sus ojos azules o en sus tremendas tetas operadas que el sujetador microscópico de su bikini era imposible que contuviera.</p>
<p>- ¿Me puedes dar un autógrafo aquí?.</p>
<p>                         Al fin me atreví a acercarme a ella y pedirle que pusiera su autógrafo sobre el envoltorio del bañador que pensaba comprarme, una prenda con muy poca tela. La frase que puso sobre su firma era tan cariñosa que me animó a seguir conversando con ella.</p>
<p>                         Estuvimos hablando de las pelis y series en las que la había visto. Me preguntó por mi país y que me parecía su ciudad. Y ¡oh! milagro parecía que me entendía sin demasiados esfuerzos, incluso en mi pobre inglés. </p>
<p>                          Sin darnos cuenta estábamos cogiendo confianza. Nos sonreíamos la una a la otra. Me fijé en como sus ojos recorrían mi piel bronceada de vez en cuando. Claro que yo apenas podía perder de vista sus melones. Lo único que quedaba oculto de ellos eran los pezones. </p>
<p>- #Me podrías decir como me queda alguno de estos bañadores?.</p>
<p>- Por supuesto. Aunque con tu cuerpo todo te va a quedar estupendo. </p>
<p>                              Me quedé a su lado mientras se probaba algún modelito más. Considerando la calidad de la construcción no me resultó nada difícil echarle un vistazo al resto de su exuberante anatomía. Un culo francamente bonito, duro, respingón. Sobre su rabadilla tenía un tatuaje tribal bastante bonito. </p>
<p>                              Puede echarle un vistazo a las rosadas areolas de sus llamativos pezones. Estaban enmarcados en la piel mas pálida, en esas tetas tres tallas mas grandes que las mías. En esas playas no se puede hacer top less y las tapaba con los sujetadores de sus bañadores. Los más pequeños que podía encontrar. </p>
<p>                              Desde luego tímida no era. Cuando yo me probé un escandaloso bañador que apenas eran un par de cintas que cubrían lo mínimo, Karen se fijó en que no tenía marcas de sol en mi piel. Me había estado mirando descarada, lo que a mí me gusto. Mientras que ella sí las tenía por que en la mayoría de sus playas no se permite el nudismo. Así que le expliqué que aquí hay unas cuantas zonas nudistas.</p>
<p>- En mi tierra en algunas playas puedes estar desnuda del todo. Se permite. Aunque te pueden mirar es estupendo tomar el sol y bañarte sin nada puesto. </p>
<p>- Eso es estupendo. Creo que voy a ir de turismo por allí. </p>
<p>                           Nos fuimos juntas a tomar algo en la terraza de un café cercano y juntas contemplamos los bellos cuerpos que volvían de la playa y la bonita puesta de sol del Pacífico.</p>
<p>- Aquí tienes muy buenas vistas. </p>
<p>- Sí que puede ver algunas cosa muy bonitas. Cómo tú por ejemplo. </p>
<p>- Ya que tu hotel queda lejos puedes venir a mí casa. Así te duchas y te quitas la sal del mar y te cambias tranquila. </p>
<p>                          Me invitó a darme una ducha en su casa, un bungaló cercano y acepté encantada. Con la agradable compañía no me apetecía irme al hotel. Todo esto lo hablamos y ella me comprendía en mi torpe ingles de instituto que ella tomaba con una sonrisa y que incluso de vez en cuando corregía.</p>
<p>- Estaré encantada de ver como vive una actriz famosa. </p>
<p>                           Una vez en su casa, una construcción de madera súper moderna, en primera línea de playa me condujo directa a su dormitorio. Me indicó donde estaban las toallas. Resultó que la ducha estaba allí mismo solo separada del resto de la habitación por una mampara de cristal.</p>
<p>- Puedes ducharte tranquila aquí. No nos molestará nadie. </p>
<p>                          Así que como cada vez que había tenido oportunidad el resto de la tarde me saqué el mini short. Lo hice despaciomm sensual, exhibiéndome ante ella, para ella. Luego el nudo del sujetador a mi espalda que cayó al suelo liberando mis pechos, más contenidos que los suyos. </p>
<p>                          Por fin los dos nudos de la braguita en los costados de mi cadera. Ella pudo verme completamente desnuda con tranquilidad al fin. Sin tener que espiar por las cortinas de un probador. Sonreí. </p>
<p>- Eres preciosa. </p>
<p>- Seguro que eso te lo dicen mucho a tí. </p>
<p>                       Y aunque sabía que ella ya me había echado un buen vistazo esta vez me exhibí al completo. Sinuosa como una gata en celo me movía despacio luciéndome ante sus ojos. Sonreía lasciva. </p>
<p>                          Ella me miraba con descaro tumbada boca abajo en la cama. Solo llevaba su bikini y un pareo trasparente en ese momento. Dejé correr el agua por mi cuerpo con el gel de ducha y le dije:</p>
<p>-¿No vas a ayudarme?.</p>
<p>                            Se levantó despacio lasciva, soltando el nudo de su pareo. No se molestó en quitarse el microscópico bikini. Esperaba que lo hiciera yo y se metió conmigo bajo el agua. Echando sus brazos a mi cuello me abrazó y acercó a ella. Por fin besé aquellos labios, también operados, pero que había deseado más de una vez en la pantalla de mi televisor.</p>
<p>                             Me besó despacio saboreando mi lengua con ternura haciéndolo largo y sensual. Pronto su lengua se abrió paso entre mis labios y yo respondí al beso con pasión dándole a probar de mi saliva. </p>
<p>- Besas tan bien que podrías salir en mi próxima película. </p>
<p>- ¿Es de tema lésbico?.</p>
<p>- Contigo a mí lado lo sería. </p>
<p>                              Mis manos en su cadera la liberaron del reducido tanga dejándolo caer al plato de la ducha y se apoderaron de las poderosas nalgas.</p>
<p>                               Busqué su cuello con mi boca, pasando la lengua por su suave piel y ella mordisqueó el mío. Sentí dos dedos abriendo con suavidad los labios de mi depilada vulva. Arrancándome un gemido cuando alcanzó el clítoris moviéndolo suavemente con la yema de su dedo. </p>
<p>- Vas a conseguir que me corra. </p>
<p>- Hazlo cariño. Déjate llevar para mí. </p>
<p>                               El agua caía sobre muestras epidermis ardientes dejando que las manos las recorrieran al completo. El gel de ducha hacia que las caricias fueran más sensuales y largas. </p>
<p>                               Todavía le quedaba el sujetador que solo alcanzaba a tapar el triangulito de piel mas clara alrededor de los pezones de sus tremendos pechos operados. Me limité a apartar la tela con los dientes y mordisquear los duros pezones. Los acariciaba con la lengua haciéndola sentir mi deseo. Ella gemía al recibir mis caricias. Lo que alagaba mis oídos. Pasando la lengua por sus tetas una y otra vez mientras el agua caía sobre nuestros cuerpos.</p>
<p>                            Mis manos eran curiosas ayudadas por el agua y el jabón se deslizaban por su piel indagando por todos sus rincones. Levanté sus brazos para acariciar y lamer sus suaves axilas. Juguetona deseaba probar el sabor de toda su piel. Bajé un poco mas por el plano vientre hasta clavar la lengua en su ombligo jugueteando y haciéndole cosquillas allí.</p>
<p>                            Me situé a su espalda para bajar por ella hacia sus asentaderas firmes y separarlas buscando el ano. Se inclinó un poco más para dejarme acceder a esa tierna parte de cuerpo. Lo que me indicó que le gustaba. Todavía más cuando ella misma separó sus nalgas con las manos. </p>
<p>                          Gemía y susurraba guarradas en ingles y suspiraba inclinada hacia adelante para dejarme mejor acceso. Cuando mis dedos jugaban con el prieto agujerito o clavaba mi lengua abriendo el rugoso aro de músculo. Admito que ese culo me había impresionado siempre. </p>
<p>- ¿Así que te gustan los culos?.</p>
<p>- El tuyo me hipnotiza. </p>
<p>- Luego le hago unos mimos al tuyo. </p>
<p>                              Volví a levantarme buscando más contacto entre nuestros cuerpos. Pegando mis tetas a sus omóplatos podía amasar las suyas a placer a la vez que notaba en mi vulva la suave piel de sus nalgas. Bajé una de mis manos por el suave vientre, clavando los dientes en su cuello, apartando la melena. </p>
<p>                              Con suavidad me hice por fin con su clítoris buscándolo entre los finos labios de su coñito. Ahí escuché un grito lascivo de placer uno más de los que ambas estábamos soltando. No me apetecía salir de debajo del agua estaba disfrutando de esa ducha lujuriosa y de su húmedo cuerpo.</p>
<p>                            Empujé sus hombros para que doblara la cintura para que su perfecto culo asomara aún mas y fui bajando de nuevo, por su espalda haciendo círculos con mi lengua en su piel.</p>
<p>                            Ansiaba morder aquellas nalgas prietas y duras. No me contuve clavé mis dientes en su culo dejando una efímera marca. Luego volviendo a saborear el ano. Bajaba hasta la vulva y empecé a follarla con los dedos. No paraba de saborearla. </p>
<p>                            Karen se giró buscando mi boca. Mi lengua cruzando con la suya mientras sus manos agarraban y separaban mis nalgas con fuerza. </p>
<p>- Te dije que también deseaba tu culito. Pero te voy a lamer entera. </p>
<p>                               Se sentó en el suelo embaldosado de la enorme ducha y empezó cogiendo uno de mis pies para llevarlo a la boca. Se dedicó a chupar mis dedos uno a uno. Metía la sin hueso entre ellos. No sé si notaba más las cosquillas o el gusto que me estaba dando. Hizo lo mismo con los dos. </p>
<p>- Joder, cielo. Eso no me lo ha hecho nadie. </p>
<p>- Pues parece que te gusta. </p>
<p>                                  Cual lo puede adoptar en el suelo tiró de mi cadera para que pusiera el culo sobre su carita. Tenía que doblar un poco las rodillas e inclinarme un poco para quedar a la altura perfecta. Pero ella lo aprovechó para comerme entera. Con su lengua incansable recorría mis zonas más sensibles del pitorro a la rabadilla sin dejar de clavarla en el ano. Y yo no podía hacer otra cosa que correrme y gemir. </p>
<p>- Nos vamos a arrugar con tanta agua, cariño. </p>
<p>- Pues sigamos en la cama. No te vas a escapar tan pronto. </p>
<p>                              Terminamos de ducharnos, es un decir. Con los cuerpos húmedos, sin molestamos en secarnos más que un poco nos fuimos a la enorme y cercana cama. En la calurosa noche de Los Ángeles se puso a cuatro patas entre mis muslos y pasó la lengua donde antes había puesto los dedos. Arrancaba de mi garganta nuevos gemidos y suspiros. Primero por el pubis justo encima de la vulva por donde faltaba el vello. Las piel suave de esa zona acariciada por la humedad de su lengua me provocó un escalofrío de placer.</p>
<p>                             Me tenía muy excitada la muy... calentorra. Pasaba una y otra vez la lengua por mi coñito abriendo los labios, clavándose en el fondo de mi vulva y jugando con mi clítoris. Desde luego un par de dedos también ayudaban a mis múltiples orgasmos. </p>
<p>                            Su mano estirada retorcía mis pezones arrancando orgasmo tras orgasmo de mi cuerpo. Levantó mis muslos haciéndome arquear la espalda y quedando aún mas expuesta a su lengua juguetona que pasó por mi culo y coño. Con gula absorbía mis jugos mirándome a los ojos con lascivia entre mis muslos cada vez mas abiertos.</p>
<p>- Eres una viciosa. No tenía ni idea del morbo que tienes cuando te veía en la tele. </p>
<p>- Parece que no tienes queja de ello. Y que me estás igualando. </p>
<p>                             Menos mal que soy bastante flexible o su ardor me habría lesionado. Mientras yo amasaba mis tetas pellizcando mis pezones. A veces agarrando su mano con fuertes apretones cuando me llegaba un clímax. No recuerdo los orgasmos que me provocó pero se que fueron muchos hasta que dejó descansar mi cuerpo sobre el colchón.</p>
<p>                              Se tumbó a mi lado buscado mis labios con el sabor de mi coño en los suyos acariciando mi cuerpo con ternura. Rozando mi piel con las yemas de sus dedos. Caricias que yo le devolvía. No me cansaba de amasar sus enormes tetas rodeando los duros pezones con mi dedo índice.</p>
<p>                               Descansábamos sin dejar de acariciarnos ni de besarnos. Era dulce y fogosa a la vez y no dejaba que me enfriara tocando los puntos de mi cuerpo que más me excitaban como lo habría hecho yo misma. Lo hacía con tanta suavidad y ternura que me mantenía excitada pero sin que me apeteciera volver tan pronto a por nuevos orgasmos.</p>
<p>                              Hasta que ese punto de calentura empezó a subir de nuevo. Había pedido la noción del tiempo entre sus brazos. Ahora me apetecía a mí saborear su vulva, deslizar mi lengua por su coñito, darle placer y sentir sus jugos en mi boca.</p>
<p>- Sit in mi face! Please!</p>
<p>                               No es que fuese una gran frase pero sirvió a mis fines. Volvió a moverse tan felina como durante toda la noche o como lo hacia delante de las cámaras en las series de la tele. Arrodillada junto al cabecero de la cama, mi cabeza entre sus largos muslos y mis manos en su culo separando las durísimas nalgas.</p>
<p>                            Ya antes había pasado la legua por los húmedos labios y por el ano. Pero ahora lo hacia con toda la comodidad que me brindaba esa postura. No arrodillada en la ducha. De inmediato de ellos empezaron a destilar sus jugos recompensando mis esfuerzos. Los recogía con la sin hueso que pasaba por todo lo que alcanzaba. </p>
<p>                          No me olvidaba de su ano recorriendo el perineo y clavándome en la raja de su culito. O volvía a su coño que intentaba absorber con mis labios mientras buscaba el clítoris con la lengua. Cada orgasmo me lo enmarcaba con gritos y gemidos guturales que era incapaz de entender pero cuyo significado era evidente. Deslizando la vista por su vientre plano y entre sus enormes melones podía ver sus ojos azules y su expresión desencajada por el placer.</p>
<p>                            Concentrada en esa vista y en darle todo el placer que podía era imposible que me fijase en el tiempo que pasaba. Centradas la una en la otra estaba llegando el amanecer, el sol salía sobre Beverly Hills y no nos dábamos cuenta. </p>
<p>                            Supongo que entre caricias dormiríamos algunos ratos pero no podría jurarlo. Sólo sé que el sol nos encontró en un sesenta y nueve, sudadas y con restos de saliva y de nuestros flujos por toda la piel. Nos habíamos acariciado, lamido, besado y frotado durante horas.</p>
<p>                               Lógicamente solo había sido sexo lujurioso y placentero pero solo eso. Puede que por mi parte algo de mitomanía y el trofeo de haber hecho disfrutar a esa actriz. Probablemente yo también había sido un trofeo para ella, haberse llevando a la cama a una turista nada mas conocerla. No quería incordiar mucho así que después de un café me pidió un taxi y nos despedimos con un ardiente y lascivo ultimo beso.</p>
<p>                            Conservo como un bonito recuerdo algunos selfies que nos hicimos juntas, en la terraza mientras veíamos anochecer, el cartón donde me escribió esa frase cariñosa y el reducido bikini que ese cartón envolvía.</p>
<p>                             Aún así espero que durante alguna pausa entre los rodajes sea ella la que venga de turista por mi tierra. </p>
<p>..... .....</p>
<p>&nbsp;</p>]]></content:encoded>
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                        <title>Un amor diferente</title>
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                        <pubDate>Mon, 25 May 2026 22:21:31 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[UN AMOR DIFERENTENo sé en qué momento la rutina empezó a comerme viva. Tal vez fue una acumulación lenta, silenciosa, de días iguales, cenas tibias y silencios que ya no incomodan. Llevo cas...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p><span>UN AMOR DIFERENTE</span><br /><br /><span>No sé en qué momento la rutina empezó a comerme viva. Tal vez fue una acumulación lenta, silenciosa, de días iguales, cenas tibias y silencios que ya no incomodan. Llevo casi diez años casada con Tomás. Es buen tipo, trabajador, responsable… pero hay cosas que no se compran con esfuerzo ni se resuelven con horarios cumplidos. Hace tiempo que lo nuestro es un contrato tácito de convivencia. No hay sobresaltos, ni peleas… pero tampoco hay fuego.</span><br /><br /><span>La casa está impecable. El almuerzo servido a tiempo. Las sábanas limpias. Todo bajo control. Todo tan perfecto que a veces me dan ganas de gritar.</span><br /><br /><span>Empecé a trabajar no por necesidad, sino por escape. Un estudio contable chico, de barrio. Apenas medio turno. El lugar no tiene mucho glamour: escritorios gastados, papeles por todas partes y un olor constante a café recalentado. Pero algo pasó el segundo día que entré.</span><br /><br /><span>Martina.</span><br /><br /><span>Veinticuatro años, según me dijo después. Elegante hasta cuando usa un pantalón de vestir y una blusa simple. Camina como si supiera exactamente hacia dónde va, como si el mundo girara dos segundos más lento sólo para admirarla. Su cuerpo tiene esas curvas que no se esconden, pero tampoco se exponen con vulgaridad. Hay algo en su forma de estar, de ocupar el espacio, que simplemente no se puede ignorar. Y lo curioso es que, aun siendo mujer, no pude evitar mirarla.</span><br /><br /><span>La primera vez que me habló, fue con una sonrisa ladeada y una pregunta sin importancia. Pero su voz... su voz tenía ese tono entre dulce y burlón, como si supiera algo que yo aún no.</span><br /><br /><span>Y quizás lo sabía.</span><br /><span>Con el correr de los días, Martina se fue volviendo una presencia constante. Siempre tenía algo para decir, una observación aguda, un comentario que me sacaba una sonrisa o me dejaba pensando. Y a la vez, empezó a preguntarme cosas. Muchas cosas. Cosas que nadie más se atrevía a preguntar.</span><br /><br /><span>—¿Hace cuánto estás casada? —fue lo primero.</span><br /><br /><span>Después vinieron otras: si quería hijos, si alguna vez me había sentido tentada a engañar a Tomás, si todavía cogíamos seguido.</span><br /><br /><span>—¿Y qué tal coge tu marido? —soltó una tarde, mientras revisábamos unas planillas, como si me estuviera preguntando por el clima.</span><br /><br /><span>Me atraganté con el café. Martina me miró, divertida, sin esperar una disculpa.</span><br /><br /><span>—No tenés por qué responder si no querés. Pero lo noto en tu cara, Cami. Estás seca. ¿Hace cuánto que no acabás de verdad?</span><br /><br /><span>No supe qué decirle. Me reí, incómoda. Me puse colorada, lo sé. Pero no me enojé. Había algo en su manera de hablar que no sonaba ofensiva. Era desinhibida, sí, pero no vulgar. Tenía esa mezcla rara de atrevimiento y ternura que desarmaba cualquier intento de poner límites.</span><br /><br /><span>—¿Y es grande? —me insistió un par de días después, en voz baja, mientras almorzábamos en el patio trasero del estudio.</span><br /><br /><span>—¿Qué cosa?</span><br /><br /><span>—El pito de tu marido, Camila.</span><br /><br /><span>Me quedé mirándola, atónita. Ella se rió con esa sonrisa suya de costado, como si disfrutara verme perder el control.</span><br /><br /><span>Me hacía preguntas que ninguna amiga me había hecho nunca. Me analizaba. Me desnudaba sin tocarme, sin siquiera acercarse demasiado. Lo más extraño era que yo se lo permitía.</span><br /><br /><span>Pero cuanto más me preguntaba ella, más me daba cuenta de que yo no sabía nada de ella. Era extrovertida, divertida, el alma de cada conversación... pero no contaba nada propio. No hablaba de su familia, ni de sus ex, ni de sus gustos reales. Todo en ella parecía diseñado para desviar la atención.</span><br /><br /><span>Y yo, que nunca fui curiosa con otras personas, empecé a querer saber más. Porque había algo detrás de esos ojos color miel, algo que se ocultaba detrás de cada broma y cada pregunta atrevida.</span><br /><br /><span>Algo que, sin querer, empezaba a obsesionarme.</span><br /><span>Pasaron unos meses desde que empecé en el estudio. Al principio, todo era nuevo, agobiante, casi vertiginoso. Pero con el tiempo fui encontrando mi ritmo… y a Martina.</span><br /><br /><span>Nos volvimos inseparables. Compartíamos las mañanas como si fueran un pequeño mundo aparte. Nos reíamos por cualquier cosa, hacíamos comentarios sarcásticos sobre los clientes más intensos, nos mirábamos con complicidad cada vez que pasaba algo absurdo en la oficina. Pero por más cercanía que sintiera con ella, había un muro invisible que nunca lograba atravesar.</span><br /><br /><span>Martina no hablaba de su vida. Sabía que era soltera, que vivía sola, y nada más. Yo, en cambio, le contaba casi todo: de mi marido, de mi madre enferma, de la rutina cada vez más asfixiante que me atrapaba entre recetas médicas, reclamos pasivos y silencios que gritaban más que cualquier palabra. Mi casa no era un hogar, era un campo minado donde cualquier paso en falso podía detonar la culpa.</span><br /><br /><span>Ella me escuchaba con esos ojos tan intensos que me daban ganas de callarme y dejar que me dijera lo que pensaba. Pero nunca lo hacía.</span><br /><br /><span>Y sin embargo…</span><br /><br /><span>A veces me miraba de una forma que no entendía. Como si supiera algo de mí que ni yo había descubierto. O me tocaba la espalda al pasar por detrás mío, y sus dedos quedaban un segundo más de lo necesario. Un roce que no era grosero ni obvio. Era peor: era sutil. Me sonreía con picardía cuando me encontraba retocándome el labial en el baño. Se reía cuando me quejaba de mi marido, pero con una risa distinta, cargada de algo que no lograba identificar.</span><br /><br /><span>Me decía cosas como “te queda bien esa blusa” o “ojalá fuera yo la que te esperara en casa”. Después se callaba, bajaba la mirada, y seguía trabajando como si nada.</span><br /><br /><span>Yo volvía a casa confundida, con un cosquilleo extraño en el cuerpo, como si tuviera una pregunta sin respuesta rondándome la piel. ¿Estaba imaginando todo? ¿Me había vuelto una adolescente patética, buscando señales donde no las había?</span><br /><br /><span>O tal vez no…</span><br /><br /><span>Tal vez Martina sabía muy bien lo que estaba haciendo.</span><br /><span>Aquel día empezó como cualquier otro. Nada anunciaba lo que vendría. Firmas, correos, planillas, un par de comentarios irónicos compartidos con Martina que me arrancaron una sonrisa… rutina, en estado puro.</span><br /><br /><span>En un momento, fui al baño como todos los días. Me miré al espejo, me arreglé el pelo, me pasé un poco de brillo en los labios, distraída. No estaba pensando en nada, o al menos, eso creía. Cuando abrí la puerta para salir, ahí estaba ella.</span><br /><br /><span>Martina me esperaba recostada contra el lavabo, los brazos cruzados, esa sonrisa suya —mitad inocente, mitad peligrosa— dibujada en la cara.</span><br /><br /><span>—¿Tenés un minuto? —me dijo como si estuviéramos en cualquier pasillo de la oficina.</span><br /><br /><span>—Claro, ¿qué pasa?</span><br /><br /><span>—Necesito tu consejo… de mujer a mujer —me respondió, bajando la voz y mirando alrededor, aunque estábamos solas.</span><br /><br /><span>Fruncí el ceño, confundida. La miré sin entender.</span><br /><br /><span>—Estoy saliendo con un chico —dijo, y me hizo una mueca como de vergüenza fingida—. Y hoy… no sé, me vestí pensando un poco en él. ¿Te parece demasiado? —y sin más, se desabrochó un botón de la blusa y me mostró el borde de un sostén negro, calado, delicado. Después giró apenas el cuerpo y bajó un poco el pantalón para dejarme ver una less diminuta, de encaje rojo. Me guiñó un ojo.</span><br /><br /><span>Me quedé muda. Algo en mi estómago se contrajo. No supe qué pensar. No sabía si de verdad estaba hablando de un hombre… o si la escena era para mí.</span><br /><br /><span>Me reí, nerviosa. No supe qué decir.</span><br /><br /><span>Y entonces lo hizo.</span><br /><br /><span>Se acercó como si nada, y sin darme tiempo a retroceder, me dio un beso. No uno apasionado, no uno largo. Fue apenas un roce en la boca. Pero fue en la boca.</span><br /><br /><span>Me aparté de golpe.</span><br /><br /><span>—¿Qué carajo estás haciendo? —le dije, la voz más alta de lo que quería. La adrenalina me nubló la cara.</span><br /><br /><span>Martina se quedó quieta, los ojos abiertos, pero no asustada. Más bien… sorprendida. Como si no esperara esa reacción.</span><br /><br /><span>—¿Estás loca? ¿Te pensás que soy lesbiana? —le solté. El enojo, o el miedo, o la vergüenza… o todo junto, me brotaba como lava por la garganta.</span><br /><br /><span>Ella no respondió. No se disculpó. Solo me miró con una mezcla de decepción y algo que no supe descifrar.</span><br /><br /><span>—No te metas más conmigo, Martina. No me gusta este jueguito tuyo —dije antes de salir casi huyendo de ese baño que, de repente, me pareció más chico que nunca.</span><br /><br /><span>Volví a mi escritorio con el corazón desbocado. A nadie le importó. A nadie le pareció extraño. Todo siguió como si nada.</span><br /><br /><span>Menos yo.</span><br /><br /><span>Yo ya no era la misma.</span><br /><span>Pasaron los meses. Y todo siguió… o al menos eso parecía.</span><br /><br /><span>Volví a mi casa con la idea de reordenar mi vida, de reencontrarme con mi marido, de ser “la mujer que debía ser”. Empecé a cocinar más seguido, a preocuparme por los pequeños gestos, a forzar sonrisas donde antes había silencios. Me repetía que eso era lo correcto. Que todo lo que había pasado con Martina no había sido más que un desliz mental, una fantasía absurda nacida del tedio.</span><br /><br /><span>Y sin embargo…</span><br /><br /><span>Cada mañana que llegaba al estudio y la veía ahí, tan cerca y tan lejos, algo en mí se revolvía.</span><br /><br /><span>Martina se había vuelto otra. O tal vez siempre fue así y yo no lo vi. Me saludaba con un seco “buen día”, hablaba lo justo y necesario, ni una palabra de más, ni una mirada de esas que me dejaban sin aire. Era como si aquel beso en el baño nunca hubiera existido. Como si yo no existiera.</span><br /><br /><span>Y eso… dolía.</span><br /><br /><span>Me dolía su indiferencia más que su atrevimiento. Me dolía verla reír con otros y no conmigo. Me dolía que no me provocara, que no me buscara, que no intentara explicarse. Era como si me hubiera borrado, tachado, descartado.</span><br /><br /><span>Y yo, estúpidamente, esperaba algo. Una palabra, una señal, cualquier cosa.</span><br /><br /><span>Pero no.</span><br /><br /><span>Me hablaba solo si era necesario. “¿Me pasás ese archivo?” “¿Ya cerraste la liquidación?” “¿Tenés los datos del cliente?”</span><br /><br /><span>Frases impersonales, frías, burocráticas. Una pared entre nosotras.</span><br /><br /><span>En casa, mientras servía la cena o escuchaba por enésima vez las quejas de mi madre, me preguntaba por qué me afectaba tanto. ¿Qué esperaba de ella? ¿Una disculpa? ¿Una segunda oportunidad? ¿O simplemente una confirmación de que no había imaginado todo?</span><br /><br /><span>No lo sabía.</span><br /><br /><span>Solo sabía que la indiferencia duele más cuando alguna vez fuiste mirada con deseo.</span><br /><br /><span>Y yo extrañaba esa mirada más de lo que podía admitir.</span><br /><span>No aguanté más.</span><br /><br /><span>Después de semanas de silencios, de saludos fríos y frases impersonales, la vi salir al balcón con un cigarrillo en la mano. Esa imagen —sola, de espaldas, envuelta en humo— me movió algo adentro. Tomé aire, dejé el mate sobre el escritorio y la seguí.</span><br /><span>Martina apenas giró la cabeza cuando me oyó acercarme, pero no dijo nada. Se limitó a mirar hacia abajo, al ritmo del tránsito lejano. El cielo estaba gris, como si se estuviera por largar a llover.</span><br /><br /><span>—¿Puedo quedarme? —pregunté.</span><br /><br /><span>Ella no respondió, pero no se fue. Me apoyé junto a ella, y el silencio se volvió más pesado que nunca.</span><br /><br /><span>—¿Así va a ser siempre? —dije al fin, sin mirarla—. ¿Esta distancia?</span><br /><br /><span>Martina aspiró profundo y soltó el humo por la nariz.</span><br /><br /><span>—¿Qué esperás que haga?</span><br /><br /><span>—No sé. Pero esto me está matando. Me hablás como si yo fuera cualquiera. Como si nunca hubiera pasado nada entre nosotras.</span><br /><br /><span>Ella apretó los labios.</span><br /><br /><span>—¿Y qué se supone que pasó, Camila? Porque la última vez que intenté acercarme, me miraste como si fuera un bicho. Te di un beso y me trataste con asco. Como si fuera una enferma.</span><br /><br /><span>Bajé la vista. Sentí una punzada de culpa.</span><br /><br /><span>—No fue por vos… Fue por mí. Me asusté. Me descolocó. Nunca había sentido eso antes y…</span><br /><br /><span>—Y preferiste barrerlo debajo de la alfombra. Volver a tu vida perfecta.</span><br /><br /><span>—No es perfecta —dije, más para mí que para ella—. Solo que… me cuesta. No sé qué hacer con todo esto. Y encima vos tampoco ayudás. No hablás, no explicás. Sos una extraña.</span><br /><br /><span>Martina me miró por primera vez. Había dolor en sus ojos, pero también algo decidido.</span><br /><br /><span>—¿Querés saber quién soy? Bien. Me gustan las mujeres. Desde siempre. Y sí, te besé porque me gustás. Vos. Desde el primer día. Pero si te parecí repulsiva, lo entiendo. Lo que no entiendo es por qué ahora estás acá.</span><br /><br /><span>Me quedé en silencio. El corazón me latía en las sienes. No sabía qué decir, solo sabía que tenía que estar ahí.</span><br /><br /><span>—Porque te pienso —dije al fin—. Porque te sueño. Porque me duele que me ignores.</span><br /><br /><span>Ella apagó el cigarrillo con calma. Me sostuvo la mirada por unos segundos y luego, sin decir más, se metió de nuevo al estudio.</span><br /><br /><span>Esa noche, cenamos en casa como siempre. Conversaciones livianas, los platos que lavé sin pensar, el noticiero de fondo. Cuando mi marido me buscó en la cama, me dejé llevar. Hice todo lo que se suponía que debía hacer. Pero mi cuerpo estaba vacío.</span><br /><span>Porque mientras él se movía sobre mí, mientras gemía mi nombre…</span><br /><span>Yo pensaba en Martina.</span><br /><span>En ese balcón.</span><br /><span>En su confesión.</span><br /><span>En su boca.</span><br /><span>Y por dentro, me quemaba la piel el deseo que nunca le confesé.</span><br /><br /><span>Después de aquella charla en el balcón, algo cambió entre nosotras. No fue una reconciliación ni mucho menos una declaración. Pero sí una tregua. Nos hablábamos con cierta suavidad, nos buscábamos con la mirada sin que pareciera evidente. Había una tensión nueva, más densa, más consciente.</span><br /><br /><span>Pero seguía habiendo una distancia. Como si ambas supiéramos que una chispa mal colocada podía incendiarlo todo.</span><br /><br /><span>Y el destino, tan caprichoso como cruel, decidió jugar su carta en el momento menos esperado.</span><br /><span>Fue en uno de esos mediodías largos, donde el café ya no alcanza y el cuerpo pide una pausa. Fui al baño casi por reflejo, con la cabeza llena de números y balances. Y ahí estaba ella. Lavándose las manos, el cabello recogido en un rodete desprolijo, la camisa un poco suelta, los labios apenas húmedos.</span><br /><br /><span>Nuestros ojos se cruzaron en el espejo.</span><br /><span>Y ya no hubo marcha atrás.</span><br /><span>Di un paso hacia ella. Mis manos temblaban. La besé. Esta vez fui yo.</span><br /><span>Pero ella…</span><br /><span>Ella me devoró.</span><br /><br /><span>Me agarró por la cintura y, sin decir una palabra, me llevó a uno de los cubículos. Casi sin cerrar la puerta, comenzó a besarme con furia contenida, con los meses de abstinencia acumulados entre dientes. Sentí su lengua recorrer mi cuello, mis clavículas, su mano colarse bajo mi blusa, encontrar mi sostén, bajarlo apenas lo suficiente para atraparme un pezón entre los dedos.</span><br /><span>Gemí.</span><br /><span>Fuerte.</span><br /><br /><span>Ahí, en ese baño mugroso de oficina.</span><br /><span>Después fue por más. Su mano bajó sin pedir permiso, sorteando mi cintura, metiéndose bajo mi bombacha. Me tocó. Me encontró húmeda, desesperada, lista.</span><br /><span>La oí reír entre dientes.</span><br /><br /><span>—Estás más mojada que la selva misionera —susurró.</span><br /><br /><span>Y antes de que pudiera decir nada, se arrodilló.</span><br /><span>Sí. Ahí mismo. En ese suelo dudoso.</span><br /><span>Y me hizo suya con la lengua.</span><br /><span>Lenta al principio. Después, sin freno.</span><br /><span>Me agarré de la mochila colgada del gancho. Mi respiración era un desastre. El pulso, un tambor en el oído. Cada movimiento de su boca me acercaba al abismo, a ese punto de quiebre donde ya no pensás, no hablás, no existís. Solo sentís.</span><br /><br /><span>Y acabé. Me fui en mil pedazos.</span><br /><span>Con la frente contra la puerta.</span><br /><span>Con el cuerpo flojo.</span><br /><span>Con la boca llena de su nombre que no me animé a gritar.</span><br /><span>Ella se levantó, con una sonrisa triunfante… y de pronto frunció el ceño. Tosió. Puso cara de asco.</span><br /><br /><span>—Ay no… —dijo entre risas—. Creo que me tragué un pelo tuyo.</span><br /><br /><span>Tosió de nuevo. Se atragantó un poco. Yo no sabía si reírme, disculparme o morirme de la vergüenza.</span><br /><br /><span>—¡Pará! —dije, tapándome la cara—. ¡No digas eso!</span><br /><br /><span>—¡Pero tengo uno en la garganta! —gritó entre risas, saliendo del cubículo—. ¡Esto no sale ni con café, boluda!</span><br /><br /><span>Y ahí estábamos las dos. Riéndonos. Ella escupiendo. Yo temblando. El cubículo oliendo a sexo. El mundo afuera, siguiendo como si nada.</span><br /><span>Y nosotras adentro, con las piernas flojas, la ropa desordenada y el corazón latiendo como si recién estuviéramos empezando.</span><br /><span>No sé lo que siento. Es confuso. Pero sé que me gusta. Martina me gusta. Me da miedo ponerle nombre, pero negar lo evidente ya no tiene sentido. Desde aquel beso en la cocina, no he dejado de pensar en ella. En su manera de mirarme, en cómo me hizo temblar, en su lengua caliente explorándome sin pudor.</span><br /><br /><span>Esa noche no pude dormir. No por culpa de mi marido, sino por lo que había pasado con Martina días atrás. El momento en que se agachó entre mis piernas y me chupó la concha como si se le fuera la vida. Y cómo, entre jadeos, tuvo que separarse tosiendo porque se había ahogado con mis pelos. Nos reímos en ese momento, fue algo espontáneo, pero yo me quedé pensando.</span><br /><br /><span>Esa noche, en silencio, fui al baño. Me depilé por completo. Me tomé mi tiempo. Cada rincón. Cada pliegue. No lo hice por él. Lo hice por ella. Porque si alguna vez volvía a tener su boca entre mis piernas, quería que el camino estuviera despejado. Que nada nos interrumpiera.</span><br /><span>Cuando volví a la cama, me metí bajo las sábanas y me acerqué a mi marido. Busqué contacto. Sexo. Algo. Me subí sobre él. Me moví. Pero su reacción fue tan mecánica, tan fría, que me sentí más sola que nunca. Terminó rápido, sin emoción, y se dio vuelta sin decir una palabra. Me quedé mirando el techo, desnuda, vacía, juzgada. Él ni siquiera lo notó. Ni siquiera supo ver el cambio.</span><br /><br /><span>Al día siguiente, el destino fue generoso.</span><br /><span>Nos cruzamos con Martina en el ascensor. Ella estaba sola. Yo también. Cerramos la puerta. Silencio. Tensión. Sin decir nada, me acerqué y le tomé la mano. La llevé bajo mi falda. Sus dedos rozaron mi pubis completamente liso. La miré, con picardía.</span><br /><br /><span>—Ahora no vas a ahogarte con nada —le susurré, apenas audible.</span><br /><br /><span>Martina me miró como si no pudiera creer lo que estaba sintiendo. Me besó. Desesperada. Con hambre. Un beso corto pero cargado de todo lo que veníamos conteniendo.</span><br /><span>Cuando el ascensor llegó a nuestro piso, antes de salir, le dije al oído:</span><br /><br /><span>—Hoy almorzamos juntas… y después vamos a tu casa.</span><br /><br /><span>Ella solo sonrió. Esa sonrisa que me deja el cuerpo temblando.</span><br /><span>El almuerzo fue rápido, informal, pero cargado de tensión. Nos tocábamos sin tocarnos. Rodillas que se rozaban, miradas que ardían, sonrisas cómplices. El mozo hablaba y yo no escuchaba. Martina jugaba con el borde de su servilleta como si lo hiciera con mi tanga. Yo no podía dejar de imaginar lo que vendría.</span><br /><span>No pedimos postre. Nosotras éramos el postre.</span><br /><span>Fuimos a su departamento caminando, en silencio. Pero todo el deseo contenido se rompió en cuanto cerró la puerta. Me empujó contra la pared y me besó con lujuria. Su lengua era urgente, sus manos también. Me desnudó como si el tiempo le pesara, y en segundos estaba con su boca entre mis piernas, devorándome sin pudor.</span><br /><br /><span>Grité. Me retorcí. Me entregué.</span><br /><span>Pero esta vez algo dentro de mí cambió.</span><br /><span>Cuando Martina intentó subirse sobre mí en la cama, la detuve. Me incorporé, la miré a los ojos… y fui yo quien la empujó. Quise probarme a mí misma. Quise tomar el control. Quise saber lo que se siente hacer gozar a otra mujer.</span><br /><br /><span>La besé con furia, bajé por su cuello y me detuve en sus tetas. Se las chupé como si fueran un manjar, las mordí, las acaricié con la lengua. Escuché sus gemidos, sus suspiros, su sorpresa. Y seguí bajando.</span><br /><span>Le abrí las piernas y la miré, húmeda, abierta, temblando. Dudé un segundo… y me lancé.</span><br /><span>Mi lengua tocó su concha por primera vez. Sentí su sabor, su temperatura, su textura. Y supe en ese instante que ya no había retorno. Que me gustaba. Que lo deseaba. Que quería hacerla acabar una y otra vez.</span><br /><br /><span>Le metí los dedos sin aviso. Dos. Luego tres. La abrí más. La volví loca. Y cuando la sentí cerca, le metí un dedo en el culo, suave pero firme. Su grito fue salvaje. Se aferró a las sábanas. Se arqueó. Me pidió más.</span><br /><span>Y yo se lo di.</span><br /><span>Martina acabó como nunca la había visto. Desbordada. Sacudida. Completamente mía.</span><br /><span>Después se dejó caer sobre la cama, agotada, riendo entre jadeos.</span><br /><br /><span>—¿Dónde estuviste todo este tiempo, Camila?</span><br /><br /><span>Yo me acosté a su lado, mirándola.</span><br /><br /><span>—No lo sé —le respondí—, pero creo que ya no hay vuelta atrás.</span><br /><br /><span>Volví a casa al atardecer, con el pelo revuelto, la ropa desacomodada y una sonrisa que no podía borrar. Me encerré en el baño, me miré al espejo. No era la misma. Algo en mis ojos, en mi cuerpo, en mi energía… había cambiado. Y no era solo el sexo. Era todo.</span><br /><span>Pasé la noche en silencio, sin hablar con mi marido. Me preguntó si estaba bien, le dije que sí. Pero ya no me importaba si lo notaba o no. Ya no había espacio para seguir fingiendo.</span><br /><span>Esa madrugada, sola en la cama mientras él roncaba, entendí que no se trataba de hombres o mujeres. No era el cuerpo que tenía enfrente. Era lo que me hacían sentir. Lo que me despertaban. Y Martina… me había encendido de una manera que nadie más lo había hecho.</span><br /><span>No podía seguir viviendo una mentira. Ni por miedo, ni por costumbre. Al día siguiente hablé con él. Sin gritos, sin drama. Le dije que necesitaba buscar mi verdad. Que no era su culpa. Que simplemente me había perdido… y ahora me había encontrado.</span><br /><br /><span>Empaqué algunas cosas, me fui por un tiempo. No tenía un plan claro, pero sí una certeza.</span><br /><span>Martina me abrió la puerta de su departamento con una sonrisa y sin preguntas. Me abrazó como si ya supiera todo. Nos besamos. Lentas. Tranquilas. Como si el mundo afuera ya no importara.</span><br /><span>Esa semana me dediqué a mí.</span><br /><br /><span>Tomé café con ella cada mañana, trabajamos juntas, cogimos cada noche. Hablamos. Reímos. Me sentí viva. Libre. Dueña de mis decisiones.</span><br /><span>Un viernes, mientras ella aún dormía, salí a caminar. Sin rumbo. Y terminé frente a un sex shop. Entré con una mezcla de vergüenza y picardía. Pero cuando vi todos esos juguetes alineados… me animé.</span><br /><span>Compré tres vibradores. Uno pequeño, discreto. Otro más largo, realista. Y uno enorme, negro, con forma de torpedo. La vendedora me guiñó un ojo al embolsarlos.</span><br /><br /><span>—Nueva aventura, ¿eh?</span><br /><br /><span>—Exacto —le respondí—. Y esta vez pienso disfrutarla sin culpas.</span><br /><br /><span>Si te gustó esta historia puedes escribirme con título UN AMOR DIFERENTE a dulces.placeres@live.com</span></p>
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                        <title>Fiesta de almejas</title>
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                        <pubDate>Mon, 23 Mar 2026 17:58:10 +0000</pubDate>
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<p>                                 Una invitación a una fiesta, nada formal, no mucha gente, la mayoría desconocidas para mí. En realidad solo conocía a mi prima, Laura, que me llevaba como acompañante y a la que llevé en mi coche, un pequeño deportivo japonés rojo descapotable. </p>
<p>                                   Pensaba que en el regreso quizás pudiera acompañarla, o ella a mí, hasta mi casa y disfrutar de un rato a solas. Vale... soy bisex y mi prima a la que nunca había conseguido tocar era, es, mi fantasía erótica por excelencia. </p>
<p>                                   Cuando fui a por ella, al verla salir de su portal, su atuendo me dejó anonadada. Consistía en un simple pañuelo que apenas cubría sus pechos. Sólo iba sujeto con unos cordones al cuello y la espalda. </p>
<p>                                    Su cadera voluptuosa estaba apenas tapada con una minifalda tan corta que buena parte de su precioso culo quedaba al aire. Unas sandalias altas sujetas con dos cintas atadas a sus finos tobillos completaban su atuendo. </p>
<p>                                 A primera vista pensé que me quería seducir. Pero esa tarde me depararía muchas sorpresas. </p>
<p>- ¡Hola prima!. ¡Que guapa vas! </p>
<p>                                 Ella me había dicho que no era nada formal así que yo no tenia puesto mas que un mini short. Además de una camiseta de tirantes sobre el bikini, uno pequeñísimo, que me había enamorado en una tienda hacía unos días. </p>
<p>                                La reunión se celebraba en un chalet en medio del campo alejado de cualquier vecino curioso y aún mas aislado por un tupido seto. De no ser por el gps no hubiéramos conseguido llegar. </p>
<p>                               Nos abrió la verja una jovencita ataviada, apenas, con un bikini rojo muy reducido. Todavía era más pequeño que el mío. Admito que me quedé embobada admirándola según entraba con el coche. Empezaba bien la tarde. </p>
<p>                               Las personas que había son agradables y atractivas y no llevaban mucha ropa encima. Y absolutamente todas eran de sexo femenino. La mayoría de las chicas ya se habían librado de sus blusas o camisetas dejando tetas y vientres al descubierto. </p>
<p>                               Todas tenían tan poca ropa como mi prima. La mayoría aún menos, alguna de ellas ya con los bonitos y duros pechos al aire. Liberadas de cualquier sujetador. </p>
<p>                                 Mi prima Laura me presentó a las anfitriones, una hermosa pareja, que frisaria los cuarenta. Vanesa sobre el trabajado y músculoso cuerpo no llevaba mas que la braguita de un bikini bastante pequeña, ya haciendo top less. Parecía el anuncio de un gimnasio o levantadora de pesas.</p>
<p>                           Marta, su mujer, más voluptuosa solo cubría sus rincones mas secretos con un minúsculo bikini. Estos triángulos de lycra apenas tapaban sus pezones y los labios de una vulva que aprimera vista parecían carnosos y gruesos. </p>
<p>                            Yo iba de sorpresa en sorpresa. Laura las saludó con un beso muy cariñoso en los labios. Sus manos se posaron en la delgada cintura de Vanesa. Juntando su cuerpo al musculoso de la anfitriona. </p>
<p>                             Mientras Marta me saludaba a mí con un beso algo más casto, pero por poco. Y sujetaba mi mano con fuerza durante un momento más de lo adecuado. Con una mirada franca y directa a mis ojos. </p>
<p>                             Supongo que esperando una reacción de algún tipo. Yo intenté mantener una cara de poker a pesar de que por dentro empezaba a hervir. </p>
<p>- Poneos cómodas, estáis en vuestra casa.</p>
<p>- Prima quítate la camiseta. </p>
<p>- ¿Queréis beber algo?. </p>
<p>                          Y nos ofrecieron unas bebidas. Además de las anfitrionas otras tres chicas de nuestra edad pululaban por el jardín. En la piscina ya en remojo había otras dos jóvenes, una de ellas la que nos había abierto la verja, que me parecieron universitarias. Contándonos a nosotras nueve en total.</p>
<p>                          Dos de las mujeres bailaban muy juntas sobre el césped. Frotaban sus cuerpos sin complejos al ritmo de la música suave que salía de unos altavoces disimulados bajo el tejado. Me daba cuenta de qué pie cojeaban todas.</p>
<p>                           Eran dos hermosas rubias treintañeras una de ellas en top less enseñando un buen par de pechos de pezones muy claros. La otra llevaba un ajustado y corto pantaloncito y un top mínimo, apenas el pequeño sujetador de un bikini.</p>
<p>                          La que estaba sola en una tumbona se acercó a saludarnos. ¿Os acordáis de los bañadores de las vigilantes de la playa?. Pues llevaba algo así pero con menos tela todavía. Su trikini parecían pañuelitos unidos con cordones. Delgada y fibrada parecía una modelo. Llevaba el pelo muy corto a lo garçon.</p>
<p>- ¡Hola! Guapas. Soy Alex. No dejéis que estás dos os monopolicen. Habrá diversión para todas. Por cierto, ¿Quién es esta belleza?.</p>
<p>- Ya sabes que no me dejo acaparar. Quiero mi parte de la diversión. Esta es mi prima y creo que dará buen juego con todas las demás. </p>
<p>                               Le contestó mi prima dejándome anonadada. Me empezaba a dar cuenta de que en los últimos meses se había aficionado mucho a los placeres de Safo. Y de que yo estaba en la inopia. Además de ojiplática y cachonda viendo las muestras de cariño que esas monadas se estaban dando a mi alrededor. </p>
<p>                            La pareja que estaba bailando vino a saludar y conocernos. Dos auténticas bellezas que se engancharon a nuestros brazos, cada una a uno de nosotras. Para mí la que todavía tenía los senos cubiertos. Su saludo fue meterme la lengua en la boca hasta la garganta. </p>
<p>- Traes una buena adquisición. Nena. </p>
<p>- Es mi prima. </p>
<p>- Y vosotras sois muy guapas.</p>
<p>                         Yo le correspondí con la mía y con mis manos rodeando y acariciando la espalda casi desnuda. Viendo el percal ya no me iba a contener. Así que agarré su culo con su total colaboración.</p>
<p>                       Al otro lado la rubia de las tetas al aire y un pequeño tanguita que hacía juego con la prenda que apenas tapaba los pechos de su amiga, le sacaba el pañuelo a Laura mientras besaba su cuello de forma muy cariñosa. </p>
<p>                       Frente a nosotras las dos jovencitas que habían salido de la piscina se besaban y acariciaban ataviadas solo con las ajustadas y pequeñas braguitas de unos bikinis. Ya se habían librado de los sujetadores rojos. Pero también parecía que esperaban su turno para saludar y hacernos unos mimos. </p>
<p>                      Sara, la chica que nos había abierto el portón se vino directa a mí. Noté sus pechos húmedos contra los míos, mojando mi bikini. Y lo mejor, sus labios frescos buscaban mi boca. Así que le devolví el beso todo lo largo y húmedo que me atreví. Además de poder sujetar su cadera con las manos.</p>
<p>- Me dije en tí desde que te dejé entrar. ¿Sabes?.</p>
<p>- No claro, pero me encanta.</p>
<p>                       La pareja anfitriona se había retirado un poco. No se acariciaban pero conversaba animadamente y parece que comentaban lo que ocurría a su alrededor. Y por la expresión lasciva de sus caras lo hacían de forma morbosa.</p>
<p>                        Nos reunimos todas junto a la piscina con las copas en la mano donde completamos las presentaciones. Maria, Marta, Sonia, Vanesa. Los nombres se confundían pero los cuerpos eran deliciosos.</p>
<p>                         Al fin supe porqué Laura me había invitado a mí. Ella sabía que soy bisexual y me había visto ligar con mujeres. Sabía que había participado en algunos tríos. Aunque nunca en una orgia como la que parecía que se estaba organizando allí. </p>
<p>                        Al ver cómo otra de las chicas, la rubia, acariciaba la vulva de Sara por dentro de la mínima tanga de su bikini me di cuenta que aquello pronto se va a convertir en una bacanal. Lo que me encantaba.</p>
<p>                         La ultima pareja, las universitarias en remojo, por fin se unieron al resto del grupo. Morenas y guapas nos saludaron a todas de nuevo con besos en la boca jugosos y lascivos. Una vez reunido el grupo entero se repartieron besos y caricias sin importar quién se los prodigaba a quién.</p>
<p>                         Alguna prenda más iba cayendo descubriendo todavía mas piel que acariciar. Pronto yo me quedé solo con el short, uno muy, muy pequeño de tela vaquera y las tetas al aire. </p>
<p>- ¿Bailas?.</p>
<p>- Claro. </p>
<p>- Pero tiene que ser pegadas. </p>
<p>- Eso esperaba.</p>
<p>                          Una de las rubias me sacó a bailar. Nos pegábamos mucho. Nuestras pieles casi al descubierto se rozaban sin complejos. Notaba sus pechos desnudos frotando los míos en igual condición. Me gustaba esa sensación y me calentaba más. Ni era tímida precisamente y pronto bajo una mano a mí culo. Me hablaba al oído bajito y sensual. </p>
<p>- Podías haberte quitado el short.</p>
<p>- Pensaba que alguna de vosotras quería sacármelo. </p>
<p>- Eres nueva pero lo tienes claro. </p>
<p>- No es que os hayáis escondido mucho. </p>
<p>- ¿Qué te parece?.</p>
<p>                                    Le di un beso rápido y contesté. </p>
<p>- Me va a gustar esta fiesta. </p>
<p>                                   Viendo mi actitud metió la dos manos por dentro de la tela vaquera hasta agarrar la piel de mis nalgas. Me pegué más a su cuerpo disfrutando de las caricias. Colaboraba con ella y también le daba placer recorriendo su suave piel con la yema de los dedos.</p>
<p>                          Empezamos a besarnos lascivas dando lengua y saliva. Ella ya había alcanzado mi ano con un dedo. Mientras yo tenía una mano agarrando una teta y la otra en su vientre intentando llegar a su coñito. Después de un par de canciones volvimos a la reunión.</p>
<p>                          Con las copas en la mano, en corros, nos reíamos por la conversación picante y los chistes subidos de tono. Ninguna era tímida, todas colaborábamos a la discusión con historias picantes de nuestro pasado, pude que alguna inventada.</p>
<p>                         Sara la anfitriona fue la que primero perdió toda su ropa a manos de sus amigas mas jóvenes. Me pasaron el tanga a mí que lo ondeé como un trofeo. Eso hizo que las demás, riendo, pidieran mis pantalones, ya que yo era la que mas vestida estaba. Me quedé con la braguita del bañador sin mas complicaciones, uno muy pequeño, verde, casi un tanga, enseñando las nalgas.</p>
<p>                            Entonces fue Laura la que vino conmigo. No me daban tregua.</p>
<p>- Prima, parece que te estás adaptando bien. </p>
<p>- Ha habido algunas sorpresas. Sube todo la tuya. ¿Desde cuándo te gustan las chicas?. Pero me gusta el ambiente que hay aquí. </p>
<p>- Hace ya una temporada.</p>
<p>- Si lo llego a saber antes no te escapas.</p>
<p>- No quiero escaparme.</p>
<p>                         Laura solo tenia la minifalda y mostraba orgullosa sus bonitos pechos. Ya hacía rato que había perdido el tanga. Seguíamos besándonos y acariciándonos mientras poníamos en claro algunos puntos. Conseguí que se corriera con mis dedos bajo su faldita.</p>
<p>                        Alex se acercó a mi y me acarició el pubis, bajando la braguita, delante de todo el mundo, hasta que me la quito del todo. Deslicé los dedos por encima de su coñito encharcado. Aprovechando la oportunidad le di un buen morreo y le quité su bañador dejándola desnuda del todo con su bonita, depilada, húmeda y caliente vulva al aire.</p>
<p>                         Vanesa se acercó a ella por detrás pasándole el pubis por el culo y las tetas por la espalda. Besaba su cuello y hombros. Se agachó hasta que estuvo lamiendo sus prietas nalgas. Lo que la empujó hacia mí. Inclinada se dedicó a lamer y besar mis tetas, me chupaba los pezones como si quisiera mamar de ellos.</p>
<p>                         Un rato más tarde Laura se me acercó otra vez. Pero me daba la espalda así que rodeé si cintura con mis manos y empecé a besar su cuello y lamer sus hombros. También aproveché para acariciar sus tetas. Tenía sus nalgas justo delante de mi cadera, toda una tentación, así que las agarré. Empecé a acariciarlas con suavidad, amasando aquella carne caliente.</p>
<p>                     Sonia, Vanesa y Laura se desnudaron unas a otras con abundantes magreos, caricias y besos y largas lamidas en los pechos de las otras y mordisquitos en sus ya muy duros pezones. Podía verlas de reojo. Lo que nos puso mas cachondas a todas los demás. Alejandra se unió a ese grupo terminando de desnudarse. Al rato, tumbadas sobre el césped se acariciaban unas a otras.</p>
<p>                    Yo me uní a la pareja de rubias ayudándolas a desnudarse del todo. Y dejando que deslizaran sus manos por mi pubis y el resto de mi piel. </p>
<p>- ¡Vaya con la nueva!. Enseguida te has hecho a la idea. </p>
<p>- Bueno, no es la primera vez que pruebo algo así. Aunque nunca en tanta cantidad. </p>
<p>- Solo se trata de pasar un buen rato entre amigas sin celos ni rivalidades. Cuantas más mejor.</p>
<p>- Te juro que me estoy divirtiendo mucho. Y como sigas con los dedos en la pepitilla me voy a correr ya mismo. </p>
<p>                    Desde luego que no paró hasta que me corrí entre jadeos. María nos cogió las tetas las dos y se agachó a chuparlas. Ambas teníamos los pezones bien duros. Nos besamos mientras ella las chupaba, besaba, lamía, mordisqueaba. Me tumbé en el suelo arrastrándola a ella entre mis muslos.</p>
<p>                        La universitaria se arrodilló sobre mi cabeza dándome a lamer su coño y culo mientras ella le comía el culito a otra de las participantes que se lo había arrimado de pie. Ya no puede abrir la boca más que para sacar las lengua y lamer ese manjar. Separé las nalgas con las manos para poder llegar también al agujero oscuro.</p>
<p>                        Un rato más tarde me estaba morreando con una de las anfitrionas. Estaba sentada en uno de los sofás del jardín. La tenía encima entre mis muslos. Sé que alguien más se agachaba a la espalda de ella obligándome a mí a separar las piernas para poder lamerle el culo a ella, el coño a mí y todo lo que alcanzaba de nuestros cuerpos en el lento y sensual abrazo.</p>
<p>                        Me era imposible mirar alrededor, siempre tenía alguien besándome o poniendo alguna de sus deliciosas partes sobre mi cara. Pero de vez en cuando notaba más manos, labios y lenguas sobre mi piel de las chicas que tenía cerca. </p>
<p>                            En algún momento el lugar de la chica sobre mi cara lo tomó otra y no sabía quien era. Poniendo el coño en mi lengua, con un sabor delicioso de corridas abundantes en él.</p>
<p>                            La morena le lamía el culo a la propietaria mientras seguía teniendo mi coño en su xoxito en una sensual tijera. Vanesa y la chica morena abriéndose paso por mi culito con dos dedos cada una. Estaba claro que por allí habían pasado muchas cosas. Me encanta el sexo anal.</p>
<p>                           Me limité a relajarme y gozar al máximo, con la sensación del mayor número de cuerpos que nunca había tenido acariciando, tocándose, frotándose con el mío.</p>
<p>                         El orgasmo fue brutal y alguien se ofreció a limpiar con la sin hueso los jugos que manaban de mi coño. Aunque jamás llegue a saber quien fue pues no dejaban de pasar coños o culos o tetas por encima de mi cara. Y yo no paraba de aprovecharlos, lamiendo y chupando. Sin dejar de acariciar con las manos cualquier trozo de piel que tuviera a mi alcance.</p>
<p>                        Al terminar esa ronda algunas nos fuimos a la piscina donde seguimos acariciándonos y jugando. La tarde la disfrutamos en el jardín y la noche en una enorme cama de la que las anfitrionas disponían. La orgía continuaba. </p>
<p>                     No salí de allí hasta el día siguiente después de disfrutar de un montón de orgasmos.</p>
<p>........ </p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/lesbico/">Lésbico</category>                        <dc:creator>pern</dc:creator>
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                        <title>La alcaldesa y la jueza</title>
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                        <pubDate>Sun, 01 Mar 2026 07:14:14 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[.....
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                        <content:encoded><![CDATA[<p>.....</p>
<p>                    La Alcaldesa. </p>
<p>                   Siendo un personaje público es complicado llevar una vida sexual abierta. Y admito que con los años ha empezado a picarme el xixi y que ya no quiero conformarme con el típico misionero. Todavía menos hacerlo con una sola persona, aunque sea mi marido. </p>
<p>                    Incluso cuando esa persona tengo que ser yo misma me gusta buscar algún incentivo. Gracias que puedo comprar juguetes y complementos por Internet de forma discreta. </p>
<p>                      Era consciente de que ganar esas elecciones me iba a joder la vida sexual. Pero todavía puedo aprovechar los viajes fuera de mi ciudad para desfogarme un poco y echar alguna canita al aire. </p>
<p>                     Ahora las cosas son diferentes. No es que me guste decorar su frente con una cornamenta, al contrario. Pero a estas alturas las de ciervos de quince puntas lucen menos que la suya. </p>
<p>                    Además me he abierto a probar cosas exóticas.</p>
<p>                    Lo de las chicas no me pilla de nuevas. Más de un morreo y un dedo compartido con algunas amigas cayeron en mis tiempos. Nos gustaba compartir buenos ratos de sexo desnudas. </p>
<p>                     Para que voy a guardarme cosas si pienso en contarlo todo aquí. En aquella época disfruté de las mejores comidas de coño que me han dado nunca. Y fueron esas amigas las que me las proporcionaron. Además de corresponder con todo el gusto del mundo. </p>
<p>                      Pero todo eso lo tenía un poco olvidado. Han sido el paso de los años y ver que se pasa el arroz lo que me ha hecho plantearme esos juegos de nuevo. Y plantearlo en serio. </p>
<p>                       Hay una jueza, Violeta, de buen ver y más o menos mi edad con fama de bollera. La veo bastante por asuntos de trabajo. Podría tirar la caña con ella a ver que pasa. No creo que me cueste mucho camelarla o dejar que sea ella la que me ligue a mí. </p>
<p>                        Empecé a ponerme la ropa más sexi que tenía en mi vestidor cada vez que tenía una reunión con ella. Admito que en alguna de ellas llegué a ser un poco descarada. Pero por suerte ella miraba. </p>
<p>                        Mis escotes hasta casi enseñar los pezones parecían atraer su vista. Mis piernas, los muslos desnudos, pensaba que podían llamar a esas manos tan bonitas. Violeta también había decidido lucir más de un cuerpo francamente bonito cada vez que quedábamos. </p>
<p>                       Efectivamente ella me hacía caso. Estaba más atenta a mí cuerpo que a los papeles que había sobre mi mesa. Así que había que subir las apuestas. Tenía programada una nueva reunión una tarde, solas en mi despacho. El ayuntamiento casi vacío. Mandé a mi secretaria a casa en cuanto la anunció. Parecía una buena ocasión para dejarnos llevar. </p>
<p>                       Un conjunto de lencería comprado ad hoc por Internet. No me atrevería a comprar algo así en mi ciudad. Y que la dependienta reconociera a la alcaldesa comprando ropa de putón. Gracias a más de una web había conseguido ropa mucho más sexi de lo que solía usar e incluso algunos juguetes eróticos. </p>
<p>                     A lo que iba, llevaba suje y tanga completamente trasparentes, liguero y medias a juego. Por encima una falda de tubo bien ajustada a la cadera y una blusa lo más trasparente posible me parecieron una buena elección. Pero a última hora, minutos antes de que mi secretaria la dejara pasar decidí quitarme la blusa y ponerme solo la fina americana. Miré el escote y resultaba algo estupendo. </p>
<p>                       Cuando se abrió la puerta sus ojos fueron directos al canalillo. Que era lo que yo pretendía. Me levanté de mi mesa a recibirla con mi mejor sonrisa y no precisamente la de político, sino la lasciva. </p>
<p>                          Violeta también estaba espectacular. Desde luego no llevaba toga precisamente. Su vestido entallado marcaba su figura voluptuosa como si lo llevara cosido encima. El escote suelto dejaba un balcón precioso sobre sus pechos talla cien y la falda era todavía más corta que la mía. </p>
<p>                         Como ya teníamos una relación, aunque hasta ese momento había sido bastante profesional, nos tuteabamos y éramos simpáticas. </p>
<p>- Hola guapa. ¿Tienes preparadas esas firmas?.</p>
<p>- Siempre directa al negocio. ¿No puedes relajarte?.</p>
<p>- Primero el deber y luego el placer, cielo. </p>
<p>- ¿Así que habrá placer también?.</p>
<p>- Eso espero y me parece que tú también. </p>
<p>                            Las cosas iban bien. Pasamos un rato revisando unos expedientes pero no podíamos evitar que los ojos se desviaran al cuerpo de la otra constantemente. La concentración esa tarde no estaba con nosotras. Además había subido la calefacción a tope en el despacho. Era posible que eso ayudara. </p>
<p>                              Cada vez que se inclinaba a mirar un folio estaba a punto de ver sus pezones. No llevaba sujetador bajo esa tela tan fina. Ella sí podía ver los míos a través de la gasa trasparente de mi sujetador. Adrede me había ido abriendo los botones de la americana hasta dejar uno solo.</p>
<p>                                Me acariciaba el escote en un gesto que quería que fuera provocativo. Incluso apartaba el sujetador para dejar ver más piel. Ella parecía que también pretendía mostrar más de su bonita piel. Aún no sé cómo su falda había subido por los torneados muslos. Eso negro que se veía entre ellos tenía que ser su tanga. Una mujer como ella iría bien depilada. </p>
<p>                             Sentada a su lado pude dejar la mano sobre su pierna. Como no llevaba medias estaba tocando piel. No me apartó los dedos. Incluso creí oír un gemido. </p>
<p>- Me gusta tu lencería. </p>
<p>- Y no lo has visto todo. Puede que te guste lo que falta por ver. La tuya parece muy pequeña. </p>
<p>                           Se giró hacia mí. O su mirada era lasciva o yo había perdido mucha práctica. </p>
<p>- Pues igual tú podrías verla. No me costaría nada enseñarla. </p>
<p> - Levántate la falda. </p>
<p>- Hazlo tú. </p>
<p>                              A esas alturas ya no me iba a echar atrás. Así que tiré de la tela hasta recogerla en su cintura. Pude descubrir el pubis y el culo al completo. Ese tanga tenía muy poca tela. </p>
<p>- ¿Te gusta lo que ves?.</p>
<p>- Más de lo que pensaba. ¿Puedo quitártelo?.</p>
<p>- Me decepcionaría si no lo hicieras. </p>
<p>                                 No me costó mucho, en cuanto agarré la gomita de la cintura me quedé con la prenda en la mano. Su olor más íntimo inundó mis fosas nasales. </p>
<p>- ¡Vaya!. Se ha roto. Tendrás que volver a casa desnuda bajo la falda. </p>
<p>- O me puedes dejar el tuyo. </p>
<p>- ¡Quitámelo!. </p>
<p>                                   El mío también era el más pequeño y con los hilos más finos que había podido encontrar por Internet. Algo así no podría comprarlo en el pueblo sin que se enterase todo el mundo. Como resultado al primer tirón se quedó con la prenda en la mano. </p>
<p>- Creo que las dos tendremos que volver a casa con el xixi al aire. </p>
<p>                                  Lo dejó caer al suelo. Tendría que acordarme de recogerlo antes de que lo viera mi secretaria o la chica de la limpieza. ¡Bah! La joven que se encarga de limpiar los despachos es un bombón. A ver si encontrar esos tangas húmedos y rotos le daba algunas ideas. Sus dedos se dirigieron de inmediato a mí vulva. Estaba muy mojada y abierta. Y los míos a la suya. No me decepcionó y los mojó nada más tocar sus labios. </p>
<p>                                   Como experta pajera tenía muy claro donde acariciar. Así que nos dedicamos a darnos dedo durante un rato sin separar labios y lenguas. Y menos mal, pues no quería que nuestros gemidos salieran de aquel despacho. Así que callábamos los jadeos con besos lascivos y muy babosos. </p>
<p>                              A esas a alturas ya me había corrido una vez y ella iba en busca de mi segundo orgasmo. Habilidosa que es ella también abrió mi americana para desnudar las tetas. Solo separó la boca de la mía para apoderarse de mis pezones. Ahora ya no había nada que me impidiera gritar mi placer más que las gruesas paredes del antiguo edificio del ayuntamiento. </p>
<p>- Me derrito, nena. Sabes tocar las teclas adecuadas. </p>
<p>- Creía que eso era lo que buscabas. </p>
<p>- Desde luego. </p>
<p>                            No me daba tregua. Me encantaban sus dedos, pero ella quería más. Así que empezó a bajar por mi vientre. Se saltó la tela recogida de la falda. Empezó a pasar la lengua por mi pubis. Hasta que llegó a clavarla en mi coño. </p>
<p>- Me gusta el detalle del liguero. Da un toque muy guarro. </p>
<p>                           Si ya me había corrido con sus dedos, con la sin hueso fue un puro delirio de placer. No sabía lo bien que podía pasarlo con una mujer como ella. Toda una experta. Hacía muchos años que no me corría así con una mujer. </p>
<p>                          Me empujó hasta sentarme en mi mesa. Con las piernas bien abiertas le daba el acceso perfecto a mi vulva. Así que siguió lamiendo mi clítoris mientras metía dos dedos dentro de mí. El siguiente orgasmo fue algo maravilloso. Puede que fuera el morbo, pero me derramé en su boca como un río. </p>
<p>- Yo también quiero probarte. Hace mucho que no como un coñito. Igual he perdido práctica. </p>
<p>- Solo lo sabremos si lo pruebas. </p>
<p>                            Se puso de pie ante mí. Abrió el vestido y lo dejó caer. Me había corrido ya un montón de veces y ni siquiera nos habíamos terminado de desnudar. Ahora por fin estaba ante mí y lo único que llevaba eran sus tacones. Estilizaban sus pantorrillas y levantaban su culo que ya de por si es un monumento. </p>
<p>                           Lo que hizo fue inclinarse sobre las mesa poniendo el pandero en pompa. </p>
<p>- Comerlo todo, reina. </p>
<p>- Alcaldesa, nena. </p>
<p>                            Aún riendo me senté en mi propio sillón que tenía la altura justa como para inclinándome solo un poco alcanzar toda su grupa con la sin hueso. Separé sus poderosas nalgas con las manos y empecé despacio a pasar la lengua por toda la raja. </p>
<p>                            Pocas veces había hecho un beso negro en condiciones. Pero con ella me estaba esmerado. Clavaba la húmeda tanto en el ano como en la vulva y allí donde no tenía la legua le metía los dedos. Era su turno de gemir y suspirar y hasta de lanzar algún jadeo. </p>
<p>- No has perdido tanta práctica como dices, "alcaldesa".</p>
<p>- Con algunas cosas merece la pena esforzarse. Señoría. </p>
<p>- Pues sigue que ya me he corrido dos veces y voy por la tercera. </p>
<p>                              Y continué hasta que pidió tregua. Yo seguía en mi sillón y no estaba cansada. Estaba disfrutando de darle placer a esa experimentada bollera. Además de tener una mano entre mis piernas acariciándome a mí misma. </p>
<p>- Basta. Me vas a matar. </p>
<p>                                Se giró y se sentó en mis muslos buscando mi boca y su su sabor en ella con la lengua. Aprovechó para acariciar mis tetas y pellizcar mis pezones mientras nos besábamos. Considerando que mi antecesor en el puesto pesaba más de ciento veinte kilos, el sillón aguantaba bien el peso de las dos. </p>
<p>                               Se había subido enfrentada a mí, no de lado. Lo que me permitía tanto disfrutar de su lengua hasta lo más profundo de mi boca como agachando la cabeza de vez en cuando lamer sus pechos maternales y un poquito caídos y chupar de sus pezones. </p>
<p>- Preciosa, estoy hay que repetirlo. Tienes que refrescar tus habilidades. </p>
<p>- ¿Es que no lo estaba haciendo bien?.</p>
<p>- ¡Muy bien!. No creo que pueda enseñarte mucho más. Pero hay que buscar una buena cama. </p>
<p>- De acuerdo y quizá podamos usar algún juguete. </p>
<p>                            Habíamos estado un buen rato disfrutándonos. Era hora de hacer unas retirada lo más digna posible. Sobre todo si la chica de la limpieza se había acercado a la puerta del despacho y había ido algo sospechoso. </p>
<p>                          Me decidí a recoger los tangas rotos del suelo y guardarlos... iba a hacerlo en el bolso. Pero al final los metí en un cajón de mi mesa a ver si daban juego para otro día. Prendas húmedas con los jugos de dos mujeres calientes. </p>
<p>                            Fue una delicia verla enfundarse el vestido. Que por cierto fue lo único que se puso. Siguiendo su ejemplo yo pasé del sujetador. Continué con el liguero y las medias que no me había quitado y me puse la blusa y la falda. La americana la dejé en el perchero de la oficina. En el coche hasta el garaje de casa no me iba a ver nadie. </p>
<p>                                 Al final conseguimos despedirnos con un último y jugoso morreo antes de abrir la puerta. Aunque las dos nos quedamos con ganas de más. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>....... ................ ........... ......... </p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/lesbico/">Lésbico</category>                        <dc:creator>pern</dc:creator>
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                        <title>Viviana</title>
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                        <pubDate>Sun, 28 Dec 2025 11:43:18 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[VIVIANA
 
 
Pasados mis treinta años tengo muchas cosas claras en mi vida, a saber, no quiero compromisos formales con nadie, no quiero enamorarme porque al final de cuentas, en mi experi...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<div id="m_2746405697294208827x_x_geom_inter_1731406012899_67_2">VIVIANA</div>
<div> </div>
<div> </div>
<div id="m_2746405697294208827x_x_geom_inter_1731406012899_24_3">Pasados mis treinta años tengo muchas cosas claras en mi vida, a saber, no quiero compromisos formales con nadie, no quiero enamorarme porque al final de cuentas, en mi experiencia, detrás de un gran amor siempre hay un desamor, la traición está en mis genes y no quiero ser la culpable de mis engaños, la paso sola y la paso bien, las personas que visitan mi cama lo hacen por una o dos noches, no mucho mas</div>
<div>Tampoco me va el modelo de familia perfecta, papa, mama y algunos hijos correteando por ahí, no, nunca seria una buena madre, puedo ser excelente tía, pero mi amor para los peques, es hasta ahí, nada de compromisos de por vida</div>
<div>Vivo enamorada de mi libertad y eso es no negociable</div>
<div>También tengo en claro mis gustos, me considero bisexual aunque mi predilección por las mujeres puede mas, creo que un hombre no es lo mío, apenas si es por alguna situación rara, de casualidad</div>
<div>Me siento cómoda en ese sitio, aunque si me obligaran a tomar un camino, seguramente iría por el lado de las chicas</div>
<div> </div>
<div>Pero que sea digamos, lesbiana, no me hace querer ser un hombre, o emular a un hombre, no, soy sumamente femenina, amo mi género y la maravillosa experiencia de sentirme mujer, adoro vestirme bien, lucir bien, cuido mi figura con ejercicios y comidas sanas, y no por ningún estereotipo de la sociedad, no, solo porque yo lo decido de esa manera</div>
<div>Y tanto me gusta ser mujer, que ya muy de jovencita había empezado a ganarme la vida en una boutique céntrica, como empleada de ventas en una casa de prendas para mujeres y me hice en ese mundo</div>
<div>Nunca fui buena con los estudios pero puse mi pasión en lo que era buena, y era buena para charlar y convencer a las potenciales clientas</div>
<div>Creo que aun era menor cuando empecé en el rubro y ahora, con mas de treinta, bueno, toda la vida había aprendido mi oficio</div>
<div> </div>
<div>Había pasado por varios rubros diferentes, pero siempre en cosas de mujeres, siempre en distintas casas céntricas de nivel, costura fina, ropas para adolescentes, en una casa de trajes de baño, lencería, luego una zapatería, ahí no me agradó mucho la experiencia, así que volví a la lencería y hasta hace un tiempo, en una casa de ropa informal</div>
<div>Pero había aprendido todo lo que había que aprender, viajar todos los días de ida y vuelta hasta el centro me fastidiaba demasiado, me había cansado de tener patrones, así que hace un par de años me decidí a convertirme en mi propia dueña, mi emprendimiento, mi propio local</div>
<div>Cerca de casa hay una pequeña zona comercial, justamente para la gente que no quiere viajar al centro mismo, en una galería había algunos locales en alquiler y así nació mi emprendimiento de ropa interior para mujeres, exclusivo, con prendas para todos los gustos y todos los bolsillos</div>
<div> </div>
<div>Las cosas me funcionaron medianamente bien, dedicación completa, me hice de alguna clientela y me daba para pagar mi alquiler y varios gustos, me gustaba mucho armar las vidrieras, me sabia erótico y lo mejor es que tenia lencería sexi a disposición para cualquier ocasión, como dijera, siempre me envolvía en el erotismo de ser mujer</div>
<div>También fui conociendo naturalmente a los demás propietarios de locales contiguos, algo habitual en el roce del día a día y en alguna que otra reunión por temas comunes</div>
<div>Era común también, que al ser locales de alquileres, hubiera alguna que otra rotación de inquilinos y de negocios, como hubiera hecho yo misma si las cosas no me iban bien, o si conseguía algo mejor, o si el propietario decidiera no renovarme</div>
<div> </div>
<div>Así aparecería Viviana en mi vida, la chica del local contiguo que hacia un par de meses que se ofrecía en alquiler, ella aparentaba tener mi edad y al verla supe que era del tipo de mujer con la cual seguramente podría terminar en la cama, el tema era que ella no estaba sola, estaba con alguien que obviamente era su pareja, Ariel, algo que confirmaría al momento de presentarnos</div>
<div>Resulto ser que Viviana hacia tiempo que juntaba unos pesos con un popurrí de cosas que vendía por las redes, algunos perfumes, sahumerios, adornos para el hogar, llaveros y relojes de pared, centros de mesa, y todas esas cosas que pudieran imaginar, todas esas cosas pequeñas que necesitas en un hogar, ella lo tenia, y había decidido probar suerte con algo mas formal</div>
<div>Ariel por su parte, trabajaba en una empresa, no supe bien que hacia, pero era un chico pintón, con unos ojos llamativos y una voz muy de locutor, aunque para mi, siempre estaría en un plano secundario</div>
<div> </div>
<div>Llegarían días de convivencia de 'nuevas vecinas', hablábamos mucho de la vida misma cuando ninguna de las dos teníamos clientela y fue solo congeniar naturalmente, era como que se daba un química entre ambas, aunque yo supiera de su relación de pareja</div>
<div>Cada tanto, ella venia a que la aconsejara para sorprender a su chico, alguna tanga, medias, ligas, una bata, y siempre se mostraba confidente, me contaba la previa y me contaba al día siguiente como había funcionado todo, se me hacían charlas muy calientes, y aunque lógicamente ella no andaba con detalles yo siempre terminaba toda mojada</div>
<div>A veces ella venía y me regalaba sahumerios, era solo una excusa para la charla, a veces me contaba cosas íntimas, cosas que naturalmente no se cuentan a una colega de negocios y sin quererlo yo me iba perdiendo poco a poco en su sonrisa</div>
<div>Generalmente yo tenía en claro cuando hablaba el mismo idioma con otra chica, pero Viviana me desconcertaba, había demasiadas confidencias, gestos, actitudes, miradas y secretos que me hacían sospechar, pero ella también solo tenía palabras para su pareja, para ese hombre que la hacía tan feliz</div>
<div> </div>
<div>Ariel pasaba cada tanto, es cierto, el siempre se colaba en nuestras charlas y no sabía si había algo más que ellos confabulaban a mis espaldas, o si solo era imaginación mía, me sentía en una difícil situación porque en mis relaciones anteriores, siempre estaba claro cuando me gustaba una chica, pero ahora no sabia si había algo real o solo estaba en mi cabeza</div>
<div>Alguna vez salió el tema de amores, y Viviana deslizo las ventajas que yo tendría en la cama teniendo justamente un local de lencería, de la misma forma en que yo le deje saber que en mi cama no había lugar para seducir hombres, que lo mío iba por otro lado</div>
<div>Así corrían los días, en esas eternas convivencias en lo que todo se me hacia desear, y todo comenzaría en una charla confidente de esas que solíamos tener, porque ya éramos mas como amigas que simples compañeras de negocios , Viviana me dijo con marcado pudor</div>
<div> </div>
<div>Nati, tengo que contarte algo...</div>
<div> </div>
<div>Decime, que pasa, - pregunte notando el sonrojo y la picardía en su rostro</div>
<div> </div>
<div>Tuve un sueño loco, hoy en el desayuno le contaba a Ariel, </div>
<div> </div>
<div>Hizo una pausa y miro en derredor para contarme el terrible secreto de su sueño, entonces prosiguió</div>
<div> </div>
<div>Me da cosa... pero soñé que tenia sexo con otra chica... bueno, no era otra chica, era con vos...</div>
<div> </div>
<div>Me reí y admito que me traslado con sus palabras parte del nerviosismo, entonces siguió</div>
<div> </div>
<div>Me da pena... ja ja! pero era muy real, soñé que estaba entre tus piernas y te chupaba la concha! y a mi me gustaba!!!</div>
<div>Que mierda, por que me contaba esto? yo solo seguía con atención sus palabras hasta que una casual compradora interrumpió el diálogo y me quede tan mojada que no pude sacarme la situación de la cabeza y necesite ir al baño del local a masturbarme</div>
<div>Viviana se metía más y más en mi cabeza, aunque solo fuera una tonta fantasía de mi parte, una morena que se me hacía muy rica y que ella transitara por la cornisa con palabras que solo me confundían, potenciaban mi deseo hacia ella</div>
<div>Por qué me contaría que tenía sueños lésbicos?, por que no eran con otra mujer que fuera yo?, por qué me diría que en esos sueños ella estaba entre mis piernas?, acaso eran solo sueños? o acaso tanteaba la situación?</div>
<div> </div>
<div>Una tarde, después de cerrar nuestros negocios fuimos a un bar cercano por unas cervezas, algo informal y casual que salió en el momento, hacía calor y nuestros horarios habían coincidido</div>
<div>Recuerdo que comenzamos hablando de como estaba la situación de las ventas, había una marcada recesión, y cosas como esa, pero en algún punto habíamos pasado a su relación de pareja, su intimidad, sus sueños, sus confusiones - si, Viviana era muy de ponerse siempre en centro de la conversación y siempre lo importante parecía pasar por su vida - y solo en algún momento puse mi mano sobre la suya, y la miré a los ojos, solo eso.</div>
<div>Ella la retiró con tanta discreción como sigila, y me marcó su alianza de compromiso entre tantos anillos que adornaban su mano y dijo algo como</div>
<div> </div>
<div>Nati, sabes que estoy comprometida, no puedo ofrecerte nada, y sabes que me gustan los chicos</div>
<div> </div>
<div>No, no, está bien... no quise incomodarte, entiendo tu situación y jamás me metería al medio, ni intentaría algo, se el lugar que ocupo, y no te pido nada, solo si alguna vez... bueno... siempre estaré...</div>
<div> </div>
<div>Ella se rio y meneó la cabeza, entonces siguió</div>
<div> </div>
<div>Honestamente, tengo muchas fantasías, sabes... a veces Ariel y yo hablamos de vos, a él le caes muy bien y siempre dice que nos gustaría solo vernos, pavadas... ya sabes como son los hombres cierto?</div>
<div> </div>
<div>Tal vez debí haber seguido inquiriendo, tal vez debí seguir para ver donde me llevaba ese camino, pero tenía miedo de volver a mal interpretar y Viviana me importaba demasiado en ese momento como para salir mal parada, solo sabía que sus conversaciones me llevaban a masturbarme en soledad y cuando su marido pasó a buscarla por el bar supe que la oportunidad había pasado</div>
<div>Incluso el me propuso alcanzarme hasta casa, y nuevamente dude si había algo mas en sus palabras, así que le agradecí y preferí caminar las pocas cuadras que me separaban de mi domicilio</div>
<div>Todo quedaría en una eterna pausa, donde las charlas calientes seguirían provocándome, donde sus labios me resultaban a encantos de sirenas y donde sus miradas lograban llevarme al sonrojo</div>
<div> </div>
<div>Tal vez sin pensarlo, Marcela, una vieja amiga daría un vuelco a la historia</div>
<div>Marcela era mi mejor amiga, confidente, pero solo eso, nunca habría nada mas entre nosotras, hacía tiempo que por razones de trabajo ella se había mudado a Córdoba y ahora por temas de licencia estaba de regreso, para visitar a toda su familia</div>
<div>Ella tenia tiempo ocioso, por lo que gustaba venir a hacerme compañía, a tomar unos mates y solo hablar de nuestras vidas, recordando viejos tiempos</div>
<div>Y sin querer, le quité el ojo de encima a Viviana, como que quedó en segundo plano y como que dejó de ser eje de mi día a día, y Viviana, notó el cambio, y hoy visto en retrospectiva, asumo que sintió un poco perder la oportunidad y que los juegos de seducción sin fin, ahora parecía no tener el control</div>
<div> </div>
<div>Me extraño que ese sábado me invitara a almorzar a su casa, no tenia nada que hacer después de cerrar el negocio, era un almuerzo de amigas, Ariel estaba en su empleo y estaríamos solas, ella me dijo algo como</div>
<div> </div>
<div>Las dos solitas, vos y yo, te va?</div>
<div> </div>
<div>A lo que respondí</div>
<div> </div>
<div>Viviana, solo una tarde de chicas, no quiero ilusionarme con cosas que nunca sucederán, así que por favor no tomes las cosas a la ligera, porque a mi me pagan profundo</div>
<div> </div>
<div>Tenían una casa muy bonita, si bien era en alquiler tenia muchos detalles que la hacían atractiva, un gran comedor principal, dos habitaciones, dos baños, uno de los cuales era exclusivo para el cuarto principal, una hermosa cocina y lo mejor, un verde terreno posterior con césped, una piscina y un amplio quincho con parrilla, mesa y varias sillas</div>
<div>Por el calor del recién llegado verano fuimos a almorzar a ese quincho, donde corría una brisa tenue y la vista en general daba mucha paz, preparamos todo con el único cuidado de no pisar a Esmeralda, una gatita mimosa que se divertía ronroneando entre mis piernas</div>
<div> </div>
<div>Almorzamos, hicimos sobremesa, habíamos bebido bastante y puedo decir que estábamos bastante alegres, en ese grado de excitación que suele desinhibirte, por eso no me extraño su propuesta de meternos un rato a la piscina, aunque yo no tuviera traje de baño, sonaba excitante, pero le dije que no, pero ella insistió, me prestó un traje de baño, me dijo que teníamos talla aproximadas y que no me preocupara, estaba limpio, como si hiciera falta que lo aclarara</div>
<div>Me dejé llevar en una fantasía que solo estaba en mi cabeza, y me interné en ese sostén y en esa tanga que me supieron diminutas, me miré al espejo, como si pensara en seducirla, y así nos dirigimos al patio trasero</div>
<div>Ella dejó de lado un par de toallas blancas para secarnos, y trajo una fría botella de vino con un par de copas largas</div>
<div> </div>
<div>Nos metimos al agua, estaba fría aun siendo las cuatro de la tarde, con el sol a pleno, y mis pezones se marcaron como lógica reacción, pero también los suyos, y nos reímos cómplices por lo que estaba sucediendo, tomamos un par de copas, estábamos muy cerca, demasiado, peligroso, y tuve que poner freno a un impulso irrefrenable de basar sus labios, pero estaba más mojada por dentro que por fuera</div>
<div>Después de nadar un rato de lado a lado y compartir mas alcohol hasta que casi no quedara nada, ella salió para secarse al sol, recostada de lado, y me llené la vista con sus curvas, me di cuenta cuanto la deseaba y solo empecé a adularla, estaba al borde, le dije que era muy linda, le dije que quería cogerla, hasta le dije que la iba a violar y que le quería chupar la concha</div>
<div>Ella, lejos de recular, recogió el guante y redobló la apuesta, soltó el sostén, y se sacó la tanga, quedándose completamente desnuda, con su concha totalmente rasurada y sus pezones oscuros expuestos a mis ojos, pero sería solo un segundo, lo suficiente para cubrirse con una de las dos toallas anudándola a la altura de sus pechos, e invitándome a seguirla me dijo algo así como</div>
<div> </div>
<div>Vamos adentro, vamos a ponernos más cómodas...</div>
<div> </div>
<div>Pero una situación inesperada cambiaria un poco las cosas, no lo habíamos sentido llegar, pero Ariel había regresado antes del empleo y nos esperaba sentado en uno de los sillones del living, estaba ya de entrecasa y nos confeso que había estado espiando nuestros juegos en la piscina y nos dijo que siguiéramos con lo que estábamos haciendo, que el no nos iba a interrumpir</div>
<div>Nosotras nos sentamos al frente, en un tenso silencio, empecé a masajearle los hombros lentamente a mi amiga, ella con si pies le acariciaba la pija a Ariel, y yo notaba como se marcaba en su slip, ella lo miraba fijamente a los ojos, yo le miraba fijamente la pija</div>
<div>Ella entorno la cabeza hacia mi lado y se dio lo que ambas deseábamos, un beso tierno y profundo, sentí la suavidad de sus labios sobre los míos, y con sus hábiles manos desanudo la toalla que envolvía mi cuerpo, para dejarla caer de lado, estaba completamente desnuda a los ojos de ambos, eso me encendió, me supo caliente y cuando Viviana hizo lo propio con la suya fuimos dos mujeres completamente desnudas ante los ojos pasivos del esposo que se mantenía a distancia</div>
<div> </div>
<div>Nos revolcamos como pudimos en ese pequeño sillón, lamí sus pechos, ella los míos, recorrí sus curvas, ella las mías, sentí sus gemidos contenidos, ella los míos, y era como que de repente habían explotado tantas conversaciones perversas que habíamos tenido y estábamos liberando toda la adrenalina que corría por nuestros cuerpos</div>
<div>Como si fuéramos dos serpientes retorciéndonos, buscamos entrelazar nuestras piernas, y pegar conchita contra conchita, y en esos movimientos ella me dijo</div>
<div> </div>
<div>Dejame que quiero cumplir mi sueño... </div>
<div> </div>
<div>Solo me relaje, ella empezó a hacer su trabajo, me beso los labios, luego el cuello, paso un buen rato por mis pechos, siguió por mi vientre, y al final se perdió entre mis piernas, ahhh! fue glorioso, seguramente por ser mujer sabia a la perfección que debía hacer y como hacerlo, me besaba toda, me comía los labios, el pubis, me chupaba el culito, y me comía el clítoris</div>
<div>Mi mirada fue al frente, Ariel se mantenía como espectador, como había prometido, pero había sacado su pija y se masturbaba lentamente, como disfrutando el momento y por cierto se me hacia muy sugerente, era bastante grande y mi lado hetero pareció aflorar, sentí deseos, y cuando me acabe en los labios de Viviana, en mi cabeza éramos tres haciéndolo</div>
<div>Entonces le pedí a el que se la cogiera, quería verlos en acción</div>
<div> </div>
<div>Viviana se puso en cuatro, Ariel fue por detrás y se la metió toda, yo fui por detrás de Ariel, pegue mis tetas en su espalda y mi conchita contra sus nalgas, pase una brazo hacia adelante para acariciarle el pecho, mordía suavemente su hombro derecho mientras miraba por encima de este y veía justo lo que el veía, el rico culo de Viviana, y su pija entrando y saliendo</div>
<div>Si pedir permiso pase mi mano libre entre sus piernas y empecé a acariciarle las bolas y a masturbarlo en el poco lugar que me quedaba y note cuanto le gusto, deje de acariciarle el pecho y me las arregle para llegar con la otra mano al culo de Viviana, y solo empecé a presionar con fuerza su esfínter con mi pulgar, y con relativa facilidad se lo metí hasta el fondo, creo que todo ese juego fue demasiado para Ariel y lo sentí eyacular todo de golpe en la conchita de Viviana</div>
<div> </div>
<div>Cuando el salió, el sexo de mi amiga chorreaba semen y sus propios jugos, fue demasiado tentador, solo le dije que se quedara en cuatro, saque a su marido del medio y le di la chupada de concha de su vida, con esas ganas contenidas, y tal vez el olor y gusto a hombre que tenia me potenciaba mas todavía, sentía los gemidos de Viviana, amaba eso, darle placer a otra mujer</div>
<div>Tal vez la jugada que no esperaba, seria la carta que jugaría Ariel, no lo sentí venir, pero se acomodo detrás mío, y acomodo mis caderas de la misma manera que la había acomodado a su mujer, no pidió permiso y tampoco lo necesitaba, solo me la metió muy rico y me dio una linda cogida, hasta dejarme a mi también llena de leche</div>
<div>Un poco así siguió la historia, una relación entre dos mujeres se había transformado en un trio y seguimos cogiendo hasta que el sol había caído por el horizonte, pedimos unas pizzas y unas cervezas, y después fuimos los tres hasta la cama matrimonial, donde seguimos cogiendo toda la noche, probando todas las locuras que quisimos probar y seria imposible de narrar en detalle,  solo seguimos hasta que el cansancio nos venció</div>
<div> </div>
<div>La mañana nos despertaría con un desmadre de sabanas sucias con semen desparramadas, juguetes eróticos que habíamos usado y lencería que habíamos probado, muchas de las que reconocía de mi propio local, había sido suficiente, demasiado, así que solo asearme un poco, compartir un desayuno de a tres donde reímos por todas las locuras que habíamos hecho, luego nos despedimos, el domingo sería largo y tenía ya otros planes en mente</div>
<div> </div>
<div>La historia entre Viviana, su marido, y yo, no volvería a repetirse, y no porque no hubiera querido, tampoco sería por Viviana, o por mi, curioso, Ariel sería la piedra en el zapato</div>
<div>Tontamente el quiso dejar a Viviana y quedarse conmigo, intentó seducirme, conquistarme, es que según sus palabras lo había enloquecido mi manera de coger</div>
<div>Fue un tonto, porque estaba claro que no tenía intenciones de empezar nada estable, menos con un hombre, y menos si ese hombre era justamente el hombre de mi amiga, nunca había sido una rompe hogares, nunca lo sería</div>
<div>Viviana entendió la situación a medias, porque noté como se distanció y como vio en mi persona una competencia, a pesar de que siempre fui clara con ella y le dije las cosas como eran</div>
<div>Me dolió notar como ella me cortó el rostro, la convivencia diaria empezó a resultar inquietantemente molesta</div>
<div> </div>
<div>La solución llegaría mas adelante, alquilaban un local en un sitio que daba a la calle en forma directa, era mejor propuesta, mejores posibilidades, y casi al mismo valor del que yo pagaba en el interior de una galería, no lo dude, y solo me traslade unos doscientos metros, lo suficiente para olvidarme de ellos</div>
<div>Se que en este presente ellos separaron sus caminos, entiendo que Viviana nunca pudo superar lo que había sucedido y solo así se dieron las cosas</div>
<div>Así terminó la historia con Viviana, alguien que de alguna manera, se hizo especial en mi vida</div>
<div> </div>
<div> </div>
<div>Si te gustó esta historia puedes escribirme con título VIVIANA a<span> </span><a href="mailto:dulces.placeres@live.com" target="_blank" rel="noopener">dulces.placeres@live.com</a></div>
<div id="wpfa-10526" class="wpforo-attached-file"><a class="wpforo-default-attachment" href="https://relatosonline.b-cdn.net/wp-content/uploads/wpforo/default_attachments/1766922198-001.jpg" target="_blank" title="001.jpg"><i class="fas fa-paperclip"></i>&nbsp;001.jpg</a></div>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/lesbico/">Lésbico</category>                        <dc:creator>dulces-placeres</dc:creator>
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                        <title>quiero comertelo prima</title>
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                        <pubDate>Sat, 29 Nov 2025 09:17:25 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[.... .... .... ..... ..... ..... .... - Prima, quiero comerte el xoxito, estás muy buena. La frase me dejó un poco descolocada. Siempre he sido heterosexual pero una prima lesbiana me dijo q...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>.... .... .... ..... ..... ..... .... <br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br />- Prima, quiero comerte el xoxito, estás muy buena. <br /><br /><br />La frase me dejó un poco descolocada. <br /><br /><br />Siempre he sido heterosexual pero una prima lesbiana me dijo que quería comérmelo. Todos en la familia lo sabían. Hacía años que había salido del armario. Pero nunca había esperado que yo fuera uno de sus objetivos. Y todavía menos que me lo dijera así, tan a las bravas, sin paños calientes. <br /><br /><br />Parece que yo le gustaba desde hacía tiempo. Ella me había mirado y deseado. Y yo estaba en la inopia. <br /><br /><br />- ¿Hablas en serio?. ¿Yo?. <br /><br /><br />- Pues claro, siempre has gustado. Y créeme lo hago muy bien. <br /><br /><br />Sus argumentos eran buenos, total todos los coños son iguales. Sabría la mejor forma de hacerlo por que tiene lo mismo que yo entre las piernas. Bueno y por que había practicado mucho. Lo haría mejor que los hombres que lo habían intentado conmigo. De eso estaba segura. <br /><br /><br />- Solo cierra los ojos y déjate llevar. Piensa en que soy un chico. Y yo te lo haré mejor que cualquier hombre. Te haré lo que me gusta a mí. <br /><br /><br />Solo que me pilló tan caliente que la cosa no quedó ahí. Llevaba una temporada sin novio y a dos velas. Pero no adelantemos acontecimientos. <br /><br /><br />- No sé. Nunca he estado con otra mujer y somos familia. No creo que esté bien. <br /><br /><br />- Embarazada no te voy a dejar y solo prueba. Solo somos primas. Ya decidirás si te gusta. <br /><br /><br />Naturalmente no me rendí a la primera, pero me había picado el gusanillo. Tenía mi experiencia, con hombres hasta entonces, y desde luego Internet. Algún video de chicas dándose gustillo había visto. Así que información no me faltaba. Al darle vueltas empezaba a planteármelo. <br /><br /><br />Dejé pasar un par de días mientras lo pensaba. Aunque no dormí mucho. Me hice muchos dedos esas noches. <br /><br /><br />¿Por qué no? Empezaba a pensar en experimentar y bueno... ella era la mejor candidata. Podría dejar que cumpliera esa fantasía conmigo y disfrutar las dos. <br /><br /><br />- ¿Te vienes a pasar la tarde?. <br /><br /><br />No necesité más que un wassup para que se presentará en mi casa veinte minutos después. Sí que me tenía ganas. Y lo admito se había esforzado. Estaba preciosa, en su estilo de bollera de manual, porque claro como mujer eso podría reconocerlo. <br /><br /><br />Con su pelito pelirrojo corto a lo garçon, su carita pecosa, ese cuello de cisne. Y de ahí para abajo todavía mejoraba. <br /><br /><br />Se había puesto una camiseta muy fina sin nada debajo. Resaltaba sus pechitos cónicos y duros como piedras. Usualmente se habría puesto una camisa de franela de cuadros por encima para tapar su cuerpo. Esa tarde pretendía lucirlo para mí. <br /><br /><br />En vez de sus habituales vaqueros amplios llevaba un minishort. Admito que la prenda me impresionó al ver sus torneados y preciosos muslos blancos como la leche prácticamente hasta sus durísimas nalgas. Era increíble pero nunca le había visto las piernas desnudas y muy pocas veces con una falda. No habíamos ido a la piscina o la playa juntas, así que apenas conocía su cuerpo. Y me dejó impactada, estaba buenísima. <br /><br /><br />- Hola cielo. Estás impresionante. <br /><br /><br />- Gracias, prima. <br /><br /><br />- Aunque no es tu estilo habitual. <br /><br /><br />- Pretendía estar guapa para tí. Eres preciosa. <br /><br /><br />La dejé entrar todavía anonadada. Y mi vista se perdió en su culo. Esas nalgas son perfectas. En su más de medio culo al descubierto. <br /><br /><br />Yo no me había arreglado mucho, pero un vestido camisero muy fino y cortito con pocos botones abrochados le dejaba ver bastante de mi cuerpo. <br /><br /><br />- Tú estás tan bonita como he soñado siempre. ¿Has llegado a una conclusión?. <br /><br /><br />- Para decírtelo estas aquí. Y creo que puedes encontrar la respuesta sola. <br /><br /><br />En vez de decir nada pasó una mano muy suave por mi rostro. De la oreja a la barbilla en una caricia muy suave y tierna. Nos mirábamos a los ojos. En ese momento supe que lo iba a pasar muy bien con ella. <br /><br /><br />Me besó. Fue muy suave, muy dulce. Y me encantó. Seguía acariciando mi rostro mientras sus labios empezaban a jugar con los míos. Yo aún no sabía que hacer ni donde poner las manos. Estaba un poco perdida. Con un tío lo más fácil era llevar una mano a la polla y catar la mercancía. Pero con ella de alguna forma me parecía incorrecto empezar a acariciarle el xoxito tan pronto. <br /><br /><br />- Prima, besas muy bien. Me está gustando tan suave. <br /><br /><br />- Todo te lo voy a hacer dulce. Nena. Llevo tanto tiempo deseándolo que voy a disfrutarlo con tiempo. <br /><br /><br />Empezó a deslizar sus labios por mi rostro. Llegó a la oreja donde metió la sin hueso para hacerme cosquillas. Pero me gustaba. Por el filo de la barbilla hacia mí cuello humedecido la piel con su saliva. Apartó la tela del vestido para seguir por el hombro. Pero despacio, tomándose si tiempo y haciéndome suspirar. <br /><br /><br />- Me estás calentando más de lo que pensaba que podría ocurrir. <br /><br /><br />- Eso pretendo. Ya verás cómo lo disfrutas. <br /><br /><br />- Ya he empezado. <br /><br /><br />Comenzó a abrir los pocos botones del vestido que me quedaban. Me había puesto debajo en su honor mi mejor y más sexi conjunto de lencería. Apenas tres trozos de encaje completamente trasparente unidos por cordones. Las medias y el liguero me parecieron algo excesivo y se quedaron en el cajón. Ya tendría tiempo de ponérmelo completo para ella. <br /><br /><br />- ¡Qué sexy! Prima. Te has arreglado para mí. <br /><br /><br />- Tu también has venido... diferente. <br /><br /><br />- ¿Por qué no lo investigas por ti misma?. <br /><br /><br />Picada así en mi orgullo por fin me decidí a hacer algo con mis manos. Estaba curiosa por ver que traía debajo de su ropa tan pequeña. Empecé abriendo el mini short. Su tanga era aún más pequeño que el mío aunque la tela era algo más tupida. Apenas le cubría los labios de la vulva. Parecía que estaba perfectamente depilada. No sé si me esperaba un matojo de llameante pelo rojo en su pubis. <br /><br /><br />Se notaba perfectamente que no llevaba sujetador. El algodón de su camiseta de tirantes era muy fino. Tenía los pezones muy duros desde que entró en mi piso. Tiré de ella para sacársela. Era el momento de liberar mi fantasía y hacer cosas que nunca habría hecho con un tío, siempre con ganas de meterla y correrse. <br /><br /><br />Me perdí un momento en la contemplación de sus tetitas perfectas, cónicas, duras como piedras. A mí me gusta que las coman, supuse que a ella también le daría placer. Sujeté sus muñecas con la camiseta y una de mis manos y me incliné a probar su piel. <br /><br /><br />Cómo había hecho ella empecé por la carita. Y me tomé cumplida venganza y tiempo. Nunca había besado algo tan suave. Probé sus orejas, el fino cuello. Seguí por las axilas y aunque sus pechos me llamaban decidí tomarme mi tiempo en los dos sobacos y eso que ella se retorcía de risa. <br /><br /><br />- ¡Para! O mejor sigue, me matas, pervertida. <br /><br /><br />- Ya que te ofreces así. Quiero aprovechar. <br /><br /><br />Por fin llevé mis labios a sus pezones y los degusté a placer. Estuve un buen rato dedicada a sus tetas incluso sin terminar de desnudarme. Por fin liberé sus manos que se inmediato puso sobre mi cuerpo. <br /><br /><br />La camisa que aún tenía puesta pero abierta terminó en un rincón. Donde la encontré la mañana siguiente. El sujetador colgado de una lámpara y no sé cómo llegó allí. <br /><br /><br />El sofá es cómodo. Pero estaríamos mejor en la cama. Las dos en tanga, la cogí de la mano y la llevé al dormitorio. <br /><br /><br />- Voy a estrenar la cama con una chica. Prima. <br /><br /><br />No me dejó llegar a la habitación, me paróa medio camino. En medio del pasillo se puso detrás de mí y siguió dándome mimos. Mientras lamía la piel de mis hombros pegaba sus tetas a mi espalda. <br /><br /><br />Empezó a acariciarme las peras a dos manos. Las amasaba y pellizcaba los pezones con dulzura. Notaba el calor de su pubis en mis nalgas. Mientras besaba mis orejas me hablaba bajito. <br /><br /><br />- Para ser tu primera vez con una mujer te estás soltando rápido. <br /><br /><br />- Si me decidía tenía que hacerlo bien. <br /><br /><br />Eché las manos atrás para pegar aún más si cuerpo al mío. Y notar su piel en mi retaguardia. Pude agarrar ese culito duro y acariciarlo. <br /><br /><br />- Pues sí que te has decidido. <br /><br /><br />Una de sus manos empezó a bajar por mi vientre. Jugó un rato con mi ombligo y se deslizó dentro del tanga, del muy mojado tanga. Espero que los vecinos no oyeran el gemido que se me escapó cuando su dedo índice acertó con mi clítoris. No le costó mucho, tenia el xixi tan húmedo, caliente y abierto que asomaba el solito entre mis labios. <br /><br /><br />- ¿Quién te ha puesto si de cachonda? primita. <br /><br /><br />- Cabrona. Me habías prometido bajar al pilón. <br /><br /><br />- Parece que te he encontrado sin prisa. <br /><br /><br />Sus dedos juguetones seguían acariciándome el coño, los labios, el botoncito. De pronto los sentí como me penetraban. Entraron en mí como cuchillo caliente en mantequilla. Segundos más tarde tenía el primer orgasmo de la tarde. Subió la mano hasta mi boca y dejó que yo decidiera si quería probar mis propios jugos. <br /><br /><br />No sería la primera vez que lo hacía. Pero había sido de mis propios dedos. Esta vez lamí los suyos como hubiera hecho con una polla. Ella seguía pegada a mi espalda. Pero entonces me giré para volver a besarla. No sé si a ese paso llegaríamos a la cama. <br /><br /><br />Volví a agarrar su culo perfecto mienta ella lo hacía con el mío. Frotamos nuestras tetas mientes las lenguas volvían a desempeñar su papel. Cruzándose fuera de las bocas y buscando la saliva de la otra. <br /><br /><br />- Ahora sí que qué no me pierdo tu sabor. Si con eso poco de tus labios me parece que estás tan rica. <br /><br /><br />Fue ella la me me empujó hacia el dormitorio. Me derrumbé en la cama que por precaución ya había dejado abierta. Separé bien los muslos y con un dedo señalé lo que ella había deseado tanto. Aparté el tanga para que lo viera bien. Incluso me acaricié yo misma un momento para provocarla. <br /><br /><br />Me miraba con cara de hambre, como si me fuera a devorar. Con una expresión de lujuria que nunca había visto en su bonito rostro. <br /><br /><br />- No me provoques más. Que no me contengo. <br /><br /><br />- No lo hagas. <br /><br /><br />Yo misma me terminé de sacar el tanga y separé las piernas todo lo que unos años de ballet me permitían. Osea mucho. Aún conservo mucha flexibilidad. Se lanzó sobre mi coñito como una loba hambrienta. Elude a notar su lengua. Suave por el pubis, juguetona en el clítoris y profunda penetrante lo más que podía dentro de mí. <br /><br /><br />Aunque acababa de correrme, pronto volví a hacerlo. Era incansable. Yo me notaba húmeda en el perineo y hasta el ano. Buscando que su lengua llegara s cada rincón, ya he dicho lo de mi flexibilidad, subí las rodillas hasta los pechos y arqueé la espalda. Estaba ofrecía al completo. <br /><br /><br />- ¿Sólo me vas a comer el conejito?. <br /><br /><br />- Ya que me lo pones todo en bandeja. Aprovecharé. <br /><br /><br />Es curioso que con las ganas que tienen los tíos de follarnos el pandero muy pocos sean capaces de comerlo en condiciones. Incluso les da asco. Bueno pues mi primita no era así. Claro está que lo había lavado bien por si acaso. Se dedicó con entusiasmo a penetrar mi culo con la sin hueso. Y yo, pues corriéndome, gimiendo y jadeando sin poder alcanzar más que su pelirroja cabecita para hacerle alguna caricia. <br /><br /><br />- Me matas. Y eso que apenas me has metido nada en el xirri. <br /><br /><br />- ¿Quieres algo dentro? Mira que he venido preparada. <br /><br /><br />- No sé te ocurra quitar la lengua de ahí. Me está derritiendo todo esto. No creo que necesite nada dentro para tener estos orgasmos fabulosos. <br /><br /><br />- Pues sigo, cariño. <br /><br /><br />- ¿No quieres que corresponda?. <br /><br /><br />- He venido a darte gusto a tí. A probar este xoxete tan rico. No te preocupes por mí que lo estoy disfrutando. <br /><br /><br />Y siguió y ¡de qué forma!. Me había hecho perder el sentido del tiempo y hasta de mí misma. Solo notaba los orgasmos como corrientes eléctricas que llegaban a la parte más animal de mi cerebro recorriendo la espina verbal. <br /><br /><br />Agotada me derrumbé sobre el colchón. Solo con gesto me pedí que subiera y compartiera mi sabor de sus labios volviendo a besarme. Se acomodó sobre mi cuerpo, entre mis piernas abiertas. Esta vez probé mis jugos no sé mis dedos o los suyos sino de su legua que a momentos me llegaba a la campanilla. <br /><br /><br />- Joder prima. Eres una fiera. Unos cuantos asaltos como este y me desmontas. <br /><br /><br />- No me gustaría que pasara eso. Al menos hasta que me devuelvas el favor. ¿Estarías dispuesta?. <br /><br /><br />- Viendo cómo lo estoy pasando, no te pienso dejar escapar sin probarte. ¿Cenamos algo?. <br /><br /><br />- Hay que recuperar fuerzas. <br /><br /><br />Se nos había pasado la tarde en esos juegos y no me había dado cuenta. Desnudas, bueno yo del todo, ella aún conservaba el tanga, fuimos a la cocina. <br /><br /><br />- ¿Dulce o salado?. <br /><br /><br />- Dulce como tu coñito. Nena. <br /><br /><br />Quería experimentar con ella todo lo que nunca me hacían dejado hacer. Y ella parecía dispuesta. Saqué la mermelada y el chocolate. <br /><br /><br />- Veo por dónde vas. Pero ¿crees que necesitas ponerle algo más a nuestras pieles?. <br /><br /><br />- En absoluto, creo que ya sabes deliciosa. Pero quiero jugar. <br /><br /><br />Y fue ella la primera que metió los dedos en el tarro de mermelada para embadurnar mis tetas y vientre. No sabía que tuviera tanta fuerza. Me levantó en vilo y me subió a la encimera para seguí lamiéndome. <br /><br /><br />- Eso era para tí. ¡So guarra!. <br /><br /><br />- Hoy te toca a tí. Preciosa. <br /><br /><br />Mientras lamía la confitura de mis tetas me clavó dos dedos en el coño. Provocándome en segundos otro orgasmo. <br /><br /><br />- ¡Pues ya verás mañana!. ¿Porque te quedas a dormir? ¿verdad?. <br /><br /><br />- ¿A dormir?. <br /><br /><br />Preguntó mientras me lamía la oreja, lasciva, con una voz ronca y sensual. <br /><br /><br />- ¿No me vas a dejar dormir?. <br /><br /><br />- No antes de seguir dándote placer. <br /><br /><br />Creo que notaba sus dedos por todo mi coño, su lengua por todo mi pecho. Yo solo podía tirar de ella para pegarla más a mí. <br /><br /><br />- Necesitamos una ducha. <br /><br /><br />- Pues vamos. <br /><br /><br />- En qué estarás pensando. <br /><br /><br />- Ya lo verás. <br /><br /><br />En el baño no se conformó con enjabonarme de arriba abajo. Me lavó el pelo y me chupó los pies. Enteros y cada dedo por separado. Me sentía mimada y querida, además de muy bien follada. <br /><br /><br />Después de esa ducha relajante conseguimos arrastrarmos hasta la cama donde dormimos abrazados, desnudas y sin separarnos ni un milímetro. <br /><br /><br />A la mañana siguiente por fin me dejó tocarla. Fui yo la que me dediqué a darle placer a ella. O entre las dos más bien, no paramos en todo el fin de semana. Está claro que desde entonces, aún sin dejar a los chicos, también me he aficionado a pasar buenos ratos con mujeres. <br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br />........</p>]]></content:encoded>
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                        <title>paseando a mi nuevo perro</title>
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                        <pubDate>Sat, 29 Nov 2025 09:15:32 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[..... ..... ...... ...... ...... ..... ...... .       Me compré el perro, un caniche. Ya lo sé, todo un tópico, para que me hiciera compañía. Alguien que me espere en casa al llegar del trab...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p><span>..... ..... ...... ...... ...... ..... ...... . </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Me compré el perro, un caniche. Ya lo sé, todo un tópico, para que me hiciera compañía. Alguien que me espere en casa al llegar del trabajo. Siempre me gustaron pero no me planteé tener uno hasta que tuve mi propia casa. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Así que ahora debo alimentarlo, bañarlo y sacarlo a pasear. Esto último no es un gran problema, salir por el barrio, dar una vuelta, tomar el aire. Hay mas gente joven con perros también o paseando. Así he hecho nuevos amigos hablando de los chuchos o por los repetidos encuentros en el parque. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Como conocer a la guapa joven del pastor alemán. Suele hacer footing con el perro. Va vestida con unas ajustadas mallas que marcan sus muslos y su culito prieto de forma espectacular. También camisetas ajustadas y según entraba el calor del verano tops deportivos muy reducidos. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Después de verla a ella vestida así me compre unas iguales para pasear a mi caniche. Está claro que no es lo mismo. Pero yo no pretendía hacer ninguna marca de velocidad, normalmente solo paseaba relajada. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Me sentía tan sexi como ella, trotando por el parque detrás de mi perro. Con mis mallas y mi camiseta de tirantes encima de un sujetador deportivo. Charlamos unas cuantas veces y nos conocimos mejor. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Vive con sus padres, va a la universidad. Es súper inteligente y preciosa. Se fijó en mis mallas nuevas. Tuve que confesarle que me había comprado esa ropa cuando vi lo bien que le sentaban a ella. Nunca había usado algo así de pegado. Me sonrió y me dió las gracias. Además de que parecía que yo no le era indiferente del todo. Sorprendí algunas miradas a mi cuerpo. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- ¡Te veo muy sexi!. Me gusta tu atuendo nuevo, te queda muy bien. Y no es que las minifaldas te queden nada mal. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- Bueno, te queda mejor a ti. Te admitiré que me dio cierta envidia verte así. Y si quieres puedo prestarte alguna mini, con esas piernas las llevarías de maravilla. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- Ya tengo unas cuantas, pero no me las pongo para hacer ejercicio con el perro. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Estuvimos hablando de trapitos durante un rato. Como me caía bien decidí invitarla a mi piso. Aparte de alguna amiga iba a ser mi primera invitada. Le ofrecí un refresco o un café en casa cuando quisiera. Y aceptó en ese mismo momento que tenía una horas libres. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- Podrías venir a tomar café a casa cuando te apetezca. Ya sé lo que es vivir con los padres y a veces agobian un poco. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- Pues si va en serio, mejor un refresco. Hoy tengo el resto de la tarde libre. Creo que estos dos ya han hecho lo suyo y bastante ejercicio. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Se refería a los animales, claro, yo estaba pensando en otro tipo de ejercicio más horizontal con ella. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Al entrar en casa exiliamos a los perros solos a la terraza. Nosotras, pasando por la cocina a recoger unos refrescos, fuimos al salón. Me saqué la camiseta sudada. Ya teníamos cierta confianza. Y desde luego nos habíamos echado algún piropo la una a la otra. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Me quedé solo con el sujetador deportivo y las ajustadas mallas a su lado en el sofá. Tampoco es que se me viera mucha más piel que antes. Lo que si se marcaba eran los pircings que tenía en los pezones y el del ombligo se veía descubierto. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- No me había fijado en esos pircings que llevas. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- Normalmente van más tapados. Es lógico que no los hayas visto. Pero con esta ropa se notan bien. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- Te dolerían mucho. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- Cuando me los puse si, claro. Pero enseguida se pasa y quedan bien. Y muy excitantes. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- Preciosos si... </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Creo que en ese momento se quedó con ganas las ganas de pedirme que se los enseñara. Pero puede que fueran ilusiones mías. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Charlábamos animadamente. Descalzó sus bonitos pies hundiéndolos en mi alfombra. Mis pezones estaban duros marcados los dos aros que los adornaban en el sujetador fino. Los suyos también parecían excitados. Pero no sabía como llegar a verlos y lo deseaba. Podría decirle: </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- Sácatelo todo, deseo ver tu cuerpo. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>O </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- Quítate la camiseta y te hago un masaje. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Pero esas frases parecerían de una descarada. Lo más sencillo y directo, pero no lo aceptaría así, suponía. Me ofrecí a masajear sus hombros. Firme pero con suavidad, amasaba sus músculos. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- Pareces muy tensa. Tanto ejercicio te deja un cuerpo precioso pero los músculos tienen que sufrir. Se me dan bien los masajes. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- Admito que me vendría bien. Alguna vez he tenido que ir a un fisio. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- Pues a partir de ahora te los daré yo. Quítate la camiseta. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Le dije sonriendo. Y ella misma arrojó esa prenda sobre la mía que descansaba en el respaldo de una silla. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Dejé caer los tirantes de su sujetador por los fuertes brazos sin que ella protestara. Así que fui un paso mas allá y solté el broche. No se molestó por ello e incluso lo dejó caer en su regazo sin complejos. Lo echó a un lado dejando sus bonitos, cónicos y duros pechos al aire. Considerando lo duros que son en realidad no necesita para nada esa prenda. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- ¡Que manos tan suaves tienes!. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Me dijo. Ya era hora de lanzarme. Pasé las manos por delante de su cuerpo y acaricié sus tetas con suavidad. Las amasé durante unos momentos como yo misma hacía con los míos cuando me quitaba el suje. Suave, solo como si los relajara. Ni siquiera acerqué los dedos a los pezones. Le dije: </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- Y las voy a poner por todo tu cuerpo. Tu piel es fantástica. Por el masaje, digo. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Pero ella se lo tomó de forma literal. Se giró hacia mí, mirándome a los ojos, y nos besamos. Durante un rato nuestros labios juguetearon mordisqueándose. Eran besos suaves y tiernos, todavía no los hacíamos profundos, tanteándonos. No teníamos prisa. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Por fin pude contemplar sus pechos que ya había acariciado. Son soberbios. Parecían esculpidos en piedra y los pezones oscuros y no muy grandes salían. Como para dar la tentación de agarrarlos, pellizcarlos y lamerlos. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- ¿Me permites?. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Segundos más tarde ella se puso a liberar los míos sacándome el sujetador por encima de la cabeza. Parecía hipnotizada por mis tetas, una talla mayor que los suyas. O al menos por los pircings de los pezones. Allí se clavaron sus bonitos ojos azules. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- Vale, es cierto, me encantan esos pendientes. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> A las dos nos quedaban solo las ajustadas mallas que nos marcaban las caderas y los muslos como si las lleváramos pintadas sobre la piel. Apenas se marcaban los minúsculos tangas en la lycra. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Ella fue la primera que acarició mi vulva por encima de la tela rascando suave con las uñas acariciando y erizando mi piel. Notando como ya estaba muy húmeda. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- Estás excitada, cielo. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- Tú me has puesto así. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Cuando introdujo las manos por dentro de la ajustada prenda, por mi vientre, buscando el depilado monte de Venus yo conseguía meter las mías por el elástico de sus mallas haciéndome con sus duras nalgas. Así arrancó los primeros gemidos de mi boca. Consiguió llegar con un dedo a mi clítoris. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Me moría por morder ese culo desde la primera vez que la vi trotando con su pastor alemán. Agarrándo las nalgas tiré de ellas para acercarla más a mi, para juntar nuestras peras. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Pegando su cuerpo al mío, sus pechos apoyados en mis tetas. Nuestros labios volvieron a juntarse. Esta vez mi lengua fue explorando su boca, dientes y paladar sin dejar ni un momento de acariciar su suave piel. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Por fin conseguí arrancar de su hermoso cuerpo las últimas prendas que aún lo cubrían y que tanto me estorbaban. Acariciar su piel desnuda, lamerla despacio, subiendo desde sus pequeños pies sudados. Me detuve en ellos, me gustaba chupar cada uno de sus finos deditos. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- Nena, ufff. Es la primera vez que me hacen eso. ¡Joder que bueno! Pero están sudados. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- No me importa. Eres deliciosa. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- Y tú una amante maravillosa. Nunca he sentido esto. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- Pues voy a seguir. No voy a dejar nada sin saborear. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Por las pantorrillas y muslos, por delante y por detrás, por las corvas, hasta la jugosa y húmeda vagina y el precioso ano rosado y cerradito, el vientre plano, las axilas, sus pechos cónicos y firmes toda su piel. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> No sé el tiempo que estuve en esa placentera faena, pero dediqué a ello todas mis ganas. No me conformé con usar la lengua. Le acariciaba el clítoris y la penetré con dos dedos. Y parece que estaba consiguiendo que se corriera. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- ¡Me derrito!. No sé cuantas veces. ¡Qué gusto!. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Sus gemidos demostraban lo que le estaba gustando. Mi lengua humedeciendo su suave epidermis. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- Te toca. Túmbate. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> A lo que ella correspondió lamiendo todo mi cuerpo, con muchas ganas. Jugando y riendo me recostó en el mismo mueble sobre el que yo la había chuperreteado. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Al notar la sin hueso en mi cuello casi me corro. El primer orgasmo me llegó en cuanto llegó a mis pezones con esa boquita de fresa. Vaya que sabía manejarse en esos menesteres. Yo no era su primera mujer. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Bajaba por mi pecho, le dedicó un buen rato a mis tetas. Si yo había ido por sus pies ella se dedicó a mis axilas. Y eso me gustaba. Clavó la sin hueso en el ombligo y la pasó por todo mi vientre en vi camino al pubis. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Era dulce y lasciva. Yo chorreaba sobre el cojín de mi sofá. Mientras pasaba la lengua por el clítoris metió dos dedos en mi xoxito. Creo que me tenían que oír los vecinos. No podía dejar de jadear y gemir. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- Gírate. Quiero devolverte el favor. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Poco a poco se fue subiendo sobre mi cuerpo. Cuando subió la rodilla sobre mi cabeza ya tenía su coñito al alcance de mi boca. Ella no había dejado de pasar la lengua por el mío. Y las dos corriéndonos como locas. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Podría haber mirado el reloj pero lo estaba pasando muy bien. Al final volvió a girarse para abrazarme y besarnos. Compartíamos nuestros sabores en las lenguas. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- Creo que voy a volver aquí más veces cuando me agobien mis padres. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- O cuando saques a pasear al perro te puedes pasar a tomar un refresco. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- Eres preciosa y una fiera en la cama. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- En el sofá. No hemos llegado a la cama. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- Me parece que en todas partes. A juzgar por todo esto. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>- Tú no te has quedado atrás. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> Como los perros y nosotras nos llevamos muy bien hemos repetido unas cuantas veces. Es genial tener una buena amiga así. </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span> </span><br /><span>.......... </span></p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/lesbico/">Lésbico</category>                        <dc:creator>pern</dc:creator>
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                        <title>la jueza y la alcaldesa</title>
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                        <pubDate>Sat, 29 Nov 2025 09:08:18 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[..... La Alcaldesa. Siendo un personaje público es complicado llevar una vida sexual abierta. Y admito que con los años ha empezado a picarme el xixi y que ya no quiero conformarme con el tí...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>..... <br /><br /><br /><br />La Alcaldesa. <br /><br /><br /><br />Siendo un personaje público es complicado llevar una vida sexual abierta. Y admito que con los años ha empezado a picarme el xixi y que ya no quiero conformarme con el típico misionero. Todavía menos hacerlo con una sola persona, aunque sea mi marido. <br /><br /><br />Incluso cuando esa persona tengo que ser yo misma me gusta buscar algún incentivo. Gracias que puedo comprar juguetes y complementos por Internet de forma discreta. <br /><br /><br />Era consciente de que ganar esas elecciones me iba a joder la vida sexual. Pero todavía puedo aprovechar los viajes fuera de mi ciudad para desfogarme un poco y echar alguna canita al aire. <br /><br /><br />Ahora las cosas son diferentes. No es que me guste decorar su frente con una cornamenta, al contrario. Pero a estas alturas las de ciervos de quince puntas lucen menos que la suya. <br /><br /><br />Además me he abierto a probar cosas exóticas. <br /><br /><br />Lo de las chicas no me pilla de nuevas. Más de un morreo y un dedo compartido con algunas amigas cayeron en mis tiempos. Nos gustaba compartir buenos ratos de sexo desnudas. <br /><br /><br />Para que voy a guardarme cosas si pienso en contarlo todo aquí. En aquella época disfruté de las mejores comidas de coño que me han dado nunca. Y fueron esas amigas las que me las proporcionaron. Además de corresponder con todo el gusto del mundo. <br /><br /><br />Pero todo eso lo tenía un poco olvidado. Han sido el paso de los años y ver que se pasa el arroz lo que me ha hecho plantearme esos juegos de nuevo. Y plantearlo en serio. <br /><br /><br />Hay una jueza, Violeta, de buen ver y más o menos mi edad con fama de bollera. La veo bastante por asuntos de trabajo. Podría tirar la caña con ella a ver que pasa. No creo que me cueste mucho camelarla o dejar que sea ella la que me ligue a mí. <br /><br /><br />Empecé a ponerme la ropa más sexi que tenía en mi vestidor cada vez que tenía una reunión con ella. Admito que en alguna de ellas llegué a ser un poco descarada. Pero por suerte ella miraba. <br /><br /><br />Mis escotes hasta casi enseñar los pezones parecían atraer su vista. Mis piernas, los muslos desnudos, pensaba que podían llamar a esas manos tan bonitas. Violeta también había decidido lucir más de un cuerpo francamente bonito cada vez que quedábamos. <br /><br /><br />Efectivamente ella me hacía caso. Estaba más atenta a mí cuerpo que a los papeles que había sobre mi mesa. Así que había que subir las apuestas. Tenía programada una nueva reunión una tarde, solas en mi despacho. El ayuntamiento casi vacío. Mandé a mi secretaria a casa en cuanto la anunció. Parecía una buena ocasión para dejarnos llevar. <br /><br /><br />Un conjunto de lencería comprado ad hoc por Internet. No me atrevería a comprar algo así en mi ciudad. Y que la dependienta reconociera a la alcaldesa comprando ropa de putón. Gracias a más de una web había conseguido ropa mucho más sexi de lo que solía usar e incluso algunos juguetes eróticos. <br /><br /><br />A lo que iba, llevaba suje y tanga completamente trasparentes, liguero y medias a juego. Por encima una falda de tubo bien ajustada a la cadera y una blusa lo más trasparente posible me parecieron una buena elección. Pero a última hora, minutos antes de que mi secretaria la dejara pasar decidí quitarme la blusa y ponerme solo la fina americana. Miré el escote y resultaba algo estupendo. <br /><br /><br />Cuando se abrió la puerta sus ojos fueron directos al canalillo. Que era lo que yo pretendía. Me levanté de mi mesa a recibirla con mi mejor sonrisa y no precisamente la de político, sino la lasciva. <br /><br /><br />Violeta también estaba espectacular. Desde luego no llevaba toga precisamente. Su vestido entallado marcaba su figura voluptuosa como si lo llevara cosido encima. El escote suelto dejaba un balcón precioso sobre sus pechos talla cien y la falda era todavía más corta que la mía. <br /><br /><br />Como ya teníamos una relación, aunque hasta ese momento había sido bastante profesional, nos tuteabamos y éramos simpáticas. <br /><br /><br />- Hola guapa. ¿Tienes preparadas esas firmas?. <br /><br /><br />- Siempre directa al negocio. ¿No puedes relajarte?. <br /><br /><br />- Primero el deber y luego el placer, cielo. <br /><br /><br />- ¿Así que habrá placer también?. <br /><br /><br />- Eso espero y me parece que tú también. <br /><br /><br />Las cosas iban bien. Pasamos un rato revisando unos expedientes pero no podíamos evitar que los ojos se desviaran al cuerpo de la otra constantemente. La concentración esa tarde no estaba con nosotras. Además había subido la calefacción a tope en el despacho. Era posible que eso ayudara. <br /><br /><br />Cada vez que se inclinaba a mirar un folio estaba a punto de ver sus pezones. No llevaba sujetador bajo esa tela tan fina. Ella sí podía ver los míos a través de la gasa trasparente de mi sujetador. Adrede me había ido abriendo los botones de la americana hasta dejar uno solo. <br /><br /><br />Me acariciaba el escote en un gesto que quería que fuera provocativo. Incluso apartaba el sujetador para dejar ver más piel. Ella parecía que también pretendía mostrar más de su bonita piel. Aún no sé cómo su falda había subido por los torneados muslos. Eso negro que se veía entre ellos tenía que ser su tanga. Una mujer como ella iría bien depilada. <br /><br /><br /><br />Sentada a su lado pude dejar la mano sobre su pierna. Como no llevaba medias estaba tocando piel. No me apartó los dedos. Incluso creí oír un gemido. <br /><br /><br />- Me gusta tu lencería. <br /><br /><br />- Y no lo has visto todo. Puede que te guste lo que falta por ver. La tuya parece muy pequeña. <br /><br /><br />Se giró hacia mí. O su mirada era lasciva o yo había perdido mucha práctica. <br /><br /><br />- Pues igual tú podrías verla. No me costaría nada enseñarla. <br /><br /><br />- Levántate la falda. <br /><br /><br />- Hazlo tú. <br /><br /><br />A esas alturas ya no me iba a echar atrás. Así que tiré de la tela hasta recogerla en su cintura. Pude descubrir el pubis y el culo al completo. Ese tanga tenía muy poca tela. <br /><br /><br />- ¿Te gusta lo que ves?. <br /><br /><br />- Más de lo que pensaba. ¿Puedo quitártelo?. <br /><br /><br />- Me decepcionaría si no lo hicieras. <br /><br /><br />No me costó mucho, en cuanto agarré la gomita de la cintura me quedé con la prenda en la mano. Su olor más íntimo inundó mis fosas nasales. <br /><br /><br />- ¡Vaya!. Se ha roto. Tendrás que volver a casa desnuda bajo la falda. <br /><br /><br />- O me puedes dejar el tuyo. <br /><br /><br />- ¡Quitámelo!. <br /><br /><br />El mío también era el más pequeño y con los hilos más finos que había podido encontrar por Internet. Algo así no podría comprarlo en el pueblo sin que se enterase todo el mundo. Como resultado al primer tirón se quedó con la prenda en la mano. <br /><br /><br />- Creo que las dos tendremos que volver a casa con el xixi al aire. <br /><br /><br />Lo dejó caer al suelo. Tendría que acordarme de recogerlo antes de que lo viera mi secretaria o la chica de la limpieza. ¡Bah! La joven que se encarga de limpiar los despachos es un bombón. A ver si encontrar esos tangas húmedos y rotos le daba algunas ideas. Sus dedos se dirigieron de inmediato a mí vulva. Estaba muy mojada y abierta. Y los míos a la suya. No me decepcionó y los mojó nada más tocar sus labios. <br /><br /><br />Como experta pajera tenía muy claro donde acariciar. Así que nos dedicamos a darnos dedo durante un rato sin separar labios y lenguas. Y menos mal, pues no quería que nuestros gemidos salieran de aquel despacho. Así que callábamos los jadeos con besos lascivos y muy babosos. <br /><br /><br />A esas a alturas ya me había corrido una vez y ella iba en busca de mi segundo orgasmo. Habilidosa que es ella también abrió mi americana para desnudar las tetas. Solo separó la boca de la mía para apoderarse de mis pezones. Ahora ya no había nada que me impidiera gritar mi placer más que las gruesas paredes del antiguo edificio del ayuntamiento. <br /><br /><br />- Me derrito, nena. Sabes tocar las teclas adecuadas. <br /><br /><br />- Creía que eso era lo que buscabas. <br /><br /><br />- Desde luego. <br /><br /><br />No me daba tregua. Me encantaban sus dedos, pero ella quería más. Así que empezó a bajar por mi vientre. Se saltó la tela recogida de la falda. Empezó a pasar la lengua por mi pubis. Hasta que llegó a clavarla en mi coño. <br /><br /><br />- Me gusta el detalle del liguero. Da un toque muy guarro. <br /><br /><br />Si ya me había corrido con sus dedos, con la sin hueso fue un puro delirio de placer. No sabía lo bien que podía pasarlo con una mujer como ella. Toda una experta. Hacía muchos años que no me corría así con una mujer. <br /><br /><br />Me empujó hasta sentarme en mi mesa. Con las piernas bien abiertas le daba el acceso perfecto a mi vulva. Así que siguió lamiendo mi clítoris mientras metía dos dedos dentro de mí. El siguiente orgasmo fue algo maravilloso. Puede que fuera el morbo, pero me derramé en su boca como un río. <br /><br /><br />- Yo también quiero probarte. Hace mucho que no como un coñito. Igual he perdido práctica. <br /><br /><br />- Solo lo sabremos si lo pruebas. <br /><br /><br />Se puso de pie ante mí. Abrió el vestido y lo dejó caer. Me había corrido ya un montón de veces y ni siquiera nos habíamos terminado de desnudar. Ahora por fin estaba ante mí y lo único que llevaba eran sus tacones. Estilizaban sus pantorrillas y levantaban su culo que ya de por si es un monumento. <br /><br /><br />Lo que hizo fue inclinarse sobre las mesa poniendo el pandero en pompa. <br /><br /><br />- Comerlo todo, reina. <br /><br /><br />- Alcaldesa, nena. <br /><br /><br />Aún riendo me senté en mi propio sillón que tenía la altura justa como para inclinándome solo un poco alcanzar toda su grupa con la sin hueso. Separé sus poderosas nalgas con las manos y empecé despacio a pasar la lengua por toda la raja. <br /><br /><br />Pocas veces había hecho un beso negro en condiciones. Pero con ella me estaba esmerado. Clavaba la húmeda tanto en el ano como en la vulva y allí donde no tenía la legua le metía los dedos. Era su turno de gemir y suspirar y hasta de lanzar algún jadeo. <br /><br /><br />- No has perdido tanta práctica como dices, "alcaldesa". <br /><br /><br />- Con algunas cosas merece la pena esforzarse. Señoría. <br /><br /><br />- Pues sigue que ya me he corrido dos veces y voy por la tercera. <br /><br /><br />Y continué hasta que pidió tregua. Yo seguía en mi sillón y no estaba cansada. Estaba disfrutando de darle placer a esa experimentada bollera. Además de tener una mano entre mis piernas acariciándome a mí misma. <br /><br /><br />- Basta. Me vas a matar. <br /><br /><br />Se giró y se sentó en mis muslos buscando mi boca y su su sabor en ella con la lengua. Aprovechó para acariciar mis tetas y pellizcar mis pezones mientras nos besábamos. Considerando que mi antecesor en el puesto pesaba más de ciento veinte kilos, el sillón aguantaba bien el peso de las dos. <br /><br /><br />Se había subido enfrentada a mí, no de lado. Lo que me permitía tanto disfrutar de su lengua hasta lo más profundo de mi boca como agachando la cabeza de vez en cuando lamer sus pechos maternales y un poquito caídos y chupar de sus pezones. <br /><br /><br />- Preciosa, estoy hay que repetirlo. Tienes que refrescar tus habilidades. <br /><br /><br />- ¿Es que no lo estaba haciendo bien?. <br /><br /><br />- ¡Muy bien!. No creo que pueda enseñarte mucho más. Pero hay que buscar una buena cama. <br /><br /><br />- De acuerdo y quizá podamos usar algún juguete. <br /><br /><br />Habíamos estado un buen rato disfrutándonos. Era hora de hacer unas retirada lo más digna posible. Sobre todo si la chica de la limpieza se había acercado a la puerta del despacho y había ido algo sospechoso. <br /><br /><br />Me decidí a recoger los tangas rotos del suelo y guardarlos... iba a hacerlo en el bolso. Pero al final los metí en un cajón de mi mesa a ver si daban juego para otro día. Prendas húmedas con los jugos de dos mujeres calientes. <br /><br /><br />Fue una delicia verla enfundarse el vestido. Que por cierto fue lo único que se puso. Siguiendo su ejemplo yo pasé del sujetador. Continué con el liguero y las medias que no me había quitado y me puse la blusa y la falda. La americana la dejé en el perchero de la oficina. En el coche hasta el garaje de casa no me iba a ver nadie. <br /><br /><br />Al final conseguimos despedirnos con un último y jugoso morreo antes de abrir la puerta. Aunque las dos nos quedamos con ganas de más. <br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br />....... ................ ........... ......... ...... <br /><br /><br /><br />La Alcaldesa. <br /><br /><br /><br />Siendo un personaje público es complicado llevar una vida sexual abierta. Y admito que con los años ha empezado a picarme el xixi y que ya no quiero conformarme con el típico misionero. Todavía menos hacerlo con una sola persona, aunque sea mi marido. <br /><br /><br />Incluso cuando esa persona tengo que ser yo misma me gusta buscar algún incentivo. Gracias que puedo comprar juguetes y complementos por Internet de forma discreta. <br /><br /><br />Era consciente de que ganar esas elecciones me iba a joder la vida sexual. Pero todavía puedo aprovechar los viajes fuera de mi ciudad para desfogarme un poco y echar alguna canita al aire. <br /><br /><br />Ahora las cosas son diferentes. No es que me guste decorar su frente con una cornamenta, al contrario. Pero a estas alturas las de ciervos de quince puntas lucen menos que la suya. <br /><br /><br />Además me he abierto a probar cosas exóticas. <br /><br /><br />Lo de las chicas no me pilla de nuevas. Más de un morreo y un dedo compartido con algunas amigas cayeron en mis tiempos. Nos gustaba compartir buenos ratos de sexo desnudas. <br /><br /><br />Para que voy a guardarme cosas si pienso en contarlo todo aquí. En aquella época disfruté de las mejores comidas de coño que me han dado nunca. Y fueron esas amigas las que me las proporcionaron. Además de corresponder con todo el gusto del mundo. <br /><br /><br />Pero todo eso lo tenía un poco olvidado. Han sido el paso de los años y ver que se pasa el arroz lo que me ha hecho plantearme esos juegos de nuevo. Y plantearlo en serio. <br /><br /><br />Hay una jueza, Violeta, de buen ver y más o menos mi edad con fama de bollera. La veo bastante por asuntos de trabajo. Podría tirar la caña con ella a ver que pasa. No creo que me cueste mucho camelarla o dejar que sea ella la que me ligue a mí. <br /><br /><br />Empecé a ponerme la ropa más sexi que tenía en mi vestidor cada vez que tenía una reunión con ella. Admito que en alguna de ellas llegué a ser un poco descarada. Pero por suerte ella miraba. <br /><br /><br />Mis escotes hasta casi enseñar los pezones parecían atraer su vista. Mis piernas, los muslos desnudos, pensaba que podían llamar a esas manos tan bonitas. Violeta también había decidido lucir más de un cuerpo francamente bonito cada vez que quedábamos. <br /><br /><br />Efectivamente ella me hacía caso. Estaba más atenta a mí cuerpo que a los papeles que había sobre mi mesa. Así que había que subir las apuestas. Tenía programada una nueva reunión una tarde, solas en mi despacho. El ayuntamiento casi vacío. Mandé a mi secretaria a casa en cuanto la anunció. Parecía una buena ocasión para dejarnos llevar. <br /><br /><br />Un conjunto de lencería comprado ad hoc por Internet. No me atrevería a comprar algo así en mi ciudad. Y que la dependienta reconociera a la alcaldesa comprando ropa de putón. Gracias a más de una web había conseguido ropa mucho más sexi de lo que solía usar e incluso algunos juguetes eróticos. <br /><br /><br />A lo que iba, llevaba suje y tanga completamente trasparentes, liguero y medias a juego. Por encima una falda de tubo bien ajustada a la cadera y una blusa lo más trasparente posible me parecieron una buena elección. Pero a última hora, minutos antes de que mi secretaria la dejara pasar decidí quitarme la blusa y ponerme solo la fina americana. Miré el escote y resultaba algo estupendo. <br /><br /><br />Cuando se abrió la puerta sus ojos fueron directos al canalillo. Que era lo que yo pretendía. Me levanté de mi mesa a recibirla con mi mejor sonrisa y no precisamente la de político, sino la lasciva. <br /><br /><br />Violeta también estaba espectacular. Desde luego no llevaba toga precisamente. Su vestido entallado marcaba su figura voluptuosa como si lo llevara cosido encima. El escote suelto dejaba un balcón precioso sobre sus pechos talla cien y la falda era todavía más corta que la mía. <br /><br /><br />Como ya teníamos una relación, aunque hasta ese momento había sido bastante profesional, nos tuteabamos y éramos simpáticas. <br /><br /><br />- Hola guapa. ¿Tienes preparadas esas firmas?. <br /><br /><br />- Siempre directa al negocio. ¿No puedes relajarte?. <br /><br /><br />- Primero el deber y luego el placer, cielo. <br /><br /><br />- ¿Así que habrá placer también?. <br /><br /><br />- Eso espero y me parece que tú también. <br /><br /><br />Las cosas iban bien. Pasamos un rato revisando unos expedientes pero no podíamos evitar que los ojos se desviaran al cuerpo de la otra constantemente. La concentración esa tarde no estaba con nosotras. Además había subido la calefacción a tope en el despacho. Era posible que eso ayudara. <br /><br /><br />Cada vez que se inclinaba a mirar un folio estaba a punto de ver sus pezones. No llevaba sujetador bajo esa tela tan fina. Ella sí podía ver los míos a través de la gasa trasparente de mi sujetador. Adrede me había ido abriendo los botones de la americana hasta dejar uno solo. <br /><br /><br />Me acariciaba el escote en un gesto que quería que fuera provocativo. Incluso apartaba el sujetador para dejar ver más piel. Ella parecía que también pretendía mostrar más de su bonita piel. Aún no sé cómo su falda había subido por los torneados muslos. Eso negro que se veía entre ellos tenía que ser su tanga. Una mujer como ella iría bien depilada. <br /><br /><br /><br />Sentada a su lado pude dejar la mano sobre su pierna. Como no llevaba medias estaba tocando piel. No me apartó los dedos. Incluso creí oír un gemido. <br /><br /><br />- Me gusta tu lencería. <br /><br /><br />- Y no lo has visto todo. Puede que te guste lo que falta por ver. La tuya parece muy pequeña. <br /><br /><br />Se giró hacia mí. O su mirada era lasciva o yo había perdido mucha práctica. <br /><br /><br />- Pues igual tú podrías verla. No me costaría nada enseñarla. <br /><br /><br />- Levántate la falda. <br /><br /><br />- Hazlo tú. <br /><br /><br />A esas alturas ya no me iba a echar atrás. Así que tiré de la tela hasta recogerla en su cintura. Pude descubrir el pubis y el culo al completo. Ese tanga tenía muy poca tela. <br /><br /><br />- ¿Te gusta lo que ves?. <br /><br /><br />- Más de lo que pensaba. ¿Puedo quitártelo?. <br /><br /><br />- Me decepcionaría si no lo hicieras. <br /><br /><br />No me costó mucho, en cuanto agarré la gomita de la cintura me quedé con la prenda en la mano. Su olor más íntimo inundó mis fosas nasales. <br /><br /><br />- ¡Vaya!. Se ha roto. Tendrás que volver a casa desnuda bajo la falda. <br /><br /><br />- O me puedes dejar el tuyo. <br /><br /><br />- ¡Quitámelo!. <br /><br /><br />El mío también era el más pequeño y con los hilos más finos que había podido encontrar por Internet. Algo así no podría comprarlo en el pueblo sin que se enterase todo el mundo. Como resultado al primer tirón se quedó con la prenda en la mano. <br /><br /><br />- Creo que las dos tendremos que volver a casa con el xixi al aire. <br /><br /><br />Lo dejó caer al suelo. Tendría que acordarme de recogerlo antes de que lo viera mi secretaria o la chica de la limpieza. ¡Bah! La joven que se encarga de limpiar los despachos es un bombón. A ver si encontrar esos tangas húmedos y rotos le daba algunas ideas. Sus dedos se dirigieron de inmediato a mí vulva. Estaba muy mojada y abierta. Y los míos a la suya. No me decepcionó y los mojó nada más tocar sus labios. <br /><br /><br />Como experta pajera tenía muy claro donde acariciar. Así que nos dedicamos a darnos dedo durante un rato sin separar labios y lenguas. Y menos mal, pues no quería que nuestros gemidos salieran de aquel despacho. Así que callábamos los jadeos con besos lascivos y muy babosos. <br /><br /><br />A esas a alturas ya me había corrido una vez y ella iba en busca de mi segundo orgasmo. Habilidosa que es ella también abrió mi americana para desnudar las tetas. Solo separó la boca de la mía para apoderarse de mis pezones. Ahora ya no había nada que me impidiera gritar mi placer más que las gruesas paredes del antiguo edificio del ayuntamiento. <br /><br /><br />- Me derrito, nena. Sabes tocar las teclas adecuadas. <br /><br /><br />- Creía que eso era lo que buscabas. <br /><br /><br />- Desde luego. <br /><br /><br />No me daba tregua. Me encantaban sus dedos, pero ella quería más. Así que empezó a bajar por mi vientre. Se saltó la tela recogida de la falda. Empezó a pasar la lengua por mi pubis. Hasta que llegó a clavarla en mi coño. <br /><br /><br />- Me gusta el detalle del liguero. Da un toque muy guarro. <br /><br /><br />Si ya me había corrido con sus dedos, con la sin hueso fue un puro delirio de placer. No sabía lo bien que podía pasarlo con una mujer como ella. Toda una experta. Hacía muchos años que no me corría así con una mujer. <br /><br /><br />Me empujó hasta sentarme en mi mesa. Con las piernas bien abiertas le daba el acceso perfecto a mi vulva. Así que siguió lamiendo mi clítoris mientras metía dos dedos dentro de mí. El siguiente orgasmo fue algo maravilloso. Puede que fuera el morbo, pero me derramé en su boca como un río. <br /><br /><br />- Yo también quiero probarte. Hace mucho que no como un coñito. Igual he perdido práctica. <br /><br /><br />- Solo lo sabremos si lo pruebas. <br /><br /><br />Se puso de pie ante mí. Abrió el vestido y lo dejó caer. Me había corrido ya un montón de veces y ni siquiera nos habíamos terminado de desnudar. Ahora por fin estaba ante mí y lo único que llevaba eran sus tacones. Estilizaban sus pantorrillas y levantaban su culo que ya de por si es un monumento. <br /><br /><br />Lo que hizo fue inclinarse sobre las mesa poniendo el pandero en pompa. <br /><br /><br />- Comerlo todo, reina. <br /><br /><br />- Alcaldesa, nena. <br /><br /><br />Aún riendo me senté en mi propio sillón que tenía la altura justa como para inclinándome solo un poco alcanzar toda su grupa con la sin hueso. Separé sus poderosas nalgas con las manos y empecé despacio a pasar la lengua por toda la raja. <br /><br /><br />Pocas veces había hecho un beso negro en condiciones. Pero con ella me estaba esmerado. Clavaba la húmeda tanto en el ano como en la vulva y allí donde no tenía la legua le metía los dedos. Era su turno de gemir y suspirar y hasta de lanzar algún jadeo. <br /><br /><br />- No has perdido tanta práctica como dices, "alcaldesa". <br /><br /><br />- Con algunas cosas merece la pena esforzarse. Señoría. <br /><br /><br />- Pues sigue que ya me he corrido dos veces y voy por la tercera. <br /><br /><br />Y continué hasta que pidió tregua. Yo seguía en mi sillón y no estaba cansada. Estaba disfrutando de darle placer a esa experimentada bollera. Además de tener una mano entre mis piernas acariciándome a mí misma. <br /><br /><br />- Basta. Me vas a matar. <br /><br /><br />Se giró y se sentó en mis muslos buscando mi boca y su su sabor en ella con la lengua. Aprovechó para acariciar mis tetas y pellizcar mis pezones mientras nos besábamos. Considerando que mi antecesor en el puesto pesaba más de ciento veinte kilos, el sillón aguantaba bien el peso de las dos. <br /><br /><br />Se había subido enfrentada a mí, no de lado. Lo que me permitía tanto disfrutar de su lengua hasta lo más profundo de mi boca como agachando la cabeza de vez en cuando lamer sus pechos maternales y un poquito caídos y chupar de sus pezones. <br /><br /><br />- Preciosa, estoy hay que repetirlo. Tienes que refrescar tus habilidades. <br /><br /><br />- ¿Es que no lo estaba haciendo bien?. <br /><br /><br />- ¡Muy bien!. No creo que pueda enseñarte mucho más. Pero hay que buscar una buena cama. <br /><br /><br />- De acuerdo y quizá podamos usar algún juguete. <br /><br /><br />Habíamos estado un buen rato disfrutándonos. Era hora de hacer unas retirada lo más digna posible. Sobre todo si la chica de la limpieza se había acercado a la puerta del despacho y había ido algo sospechoso. <br /><br /><br />Me decidí a recoger los tangas rotos del suelo y guardarlos... iba a hacerlo en el bolso. Pero al final los metí en un cajón de mi mesa a ver si daban juego para otro día. Prendas húmedas con los jugos de dos mujeres calientes. <br /><br /><br />Fue una delicia verla enfundarse el vestido. Que por cierto fue lo único que se puso. Siguiendo su ejemplo yo pasé del sujetador. Continué con el liguero y las medias que no me había quitado y me puse la blusa y la falda. La americana la dejé en el perchero de la oficina. En el coche hasta el garaje de casa no me iba a ver nadie. <br /><br /><br />Al final conseguimos despedirnos con un último y jugoso morreo antes de abrir la puerta. Aunque las dos nos quedamos con ganas de más. <br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br />....... ................ ........... .........</p>]]></content:encoded>
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