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									Relatos Eróticos - Mensajes Recientes				            </title>
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            <description>Relatos eróticos enviados por los usuarios. Portal con la comunidad de autores y lectores más morbosos de la red que interactúan con las escenas relatadas más morbosas. Relatos en familia, gays, bisexuales, dominación, sumisión y todo lo que te puedas imaginar.</description>
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            <lastBuildDate>Fri, 12 Jun 2026 09:48:07 +0000</lastBuildDate>
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                        <title>Un ciego desvirga y preña a la hija de su mujer</title>
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                        <pubDate>Wed, 10 Jun 2026 23:44:16 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[El pazo de Eugenio era del siglo XVIII, estaba hecho con piedra del país, como todos los pazos. En el interior tenía una gran cocina, diez habitaciones con baños, una sala, tres salones y ga...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>El pazo de Eugenio era del siglo XVIII, estaba hecho con piedra del país, como todos los pazos. En el interior tenía una gran cocina, diez habitaciones con baños, una sala, tres salones y garaje para seis coches. En el exterior tenía fuentes, estanques, piscina, jardines, campos con árboles frutales. Inmensos viñedos y una ermita. Era un pequeño paraíso.</p>
<p> Eugenio era un exempresario, cuarentón, moreno, alto, fuerte y más que potable, que se había quedado ciego en un accidente automovilístico. Se había casado en segundas nupcias con Olaya, una mujer asturiana que había sido su asistente personal, que tenía una hija llamada Prudencia, una joven de diecinueve años que había traído con ella hacía una semana.</p>
<p>Olaya era ahora la dueña de un gimnasio al que le había puesto su nombre. Eugenio se pasaba el día en su pazo gallego en compañía de Prudencia.</p>
<p>Aquella sala del pazo tenía el techo muy alto; era de madera de roble y de él colgaba una lámpara de araña. En las paredes había cuatro cuadros largos de aproximadamente un metro y medio de altura con escenas bucólicas que se encontraban en las esquinas. A la izquierda tenía cuatro sillas antiguas y una mesa de roble con un florero encima y en una pared tenía un gran ventanal con sus cortinas rojas recogidas. A la derecha tenía un piano y en la esquina estaba el mueble bar. En el centro había dos tresillos de madera y seis sillas, todas ellas tapizadas con motivos dorados.</p>
<p>En un tresillo estaba sentada Prudencia, una joven mulata, de estatura mediana, con ojos y cabello negro, que llevaba recogido en dos trenzas.</p>
<p>Enfrente de ella, con gafas negras, a pecho descubierto, sentado en el otro tresillo, y separados por una antigua mesa camilla, estaba Eugenio leyendo con los dedos un libro escrito en braille. Prudencia le preguntó:</p>
<p>-¿Me permite hablar con usted?</p>
<p>Eugenio dejó de leer y dirigió su mirada hacia donde había venido la voz.</p>
<p>-Claro que sí, princesa.</p>
<p>-¿Cómo hace para sobrellevar tan bien la ceguera?</p>
<p>-Hay que adaptarse cuando no hay más remedio, pese a que la procesión va por dentro. </p>
<p>Prudencia, que llevaba puesta una falda corta de color marrón y una blusa blanca, cruzó sus bellas piernas.</p>
<p>-No comprendo eso de que no hay más remedio.</p>
<p>-Es fácil de comprender. Hace solo cuatro años lo tenía todo: una exitosa empresa, salud, dinero y amor; luego la empresa empezó a ir mal, mi mujer se echó un amante y yo sufrí el accidente. ¿Ahora entiendes lo de que no hay más remedio?</p>
<p>-¿Su mujer era una zorra?</p>
<p>-Y yo un cabrón que merecía que me metieran los cuernos.</p>
<p>-¿Le fue infiel?</p>
<p>-Sí.</p>
<p>-¿Y para qué hacía eso?</p>
<p>-Para sentirme importante.</p>
<p>-¿Puedo hacerle otra pregunta?</p>
<p>-Ya te he dicho que puedes preguntar todo lo que quieras.</p>
<p>-¿Cómo pudo subsistir cuando la empresa pasaba malos momentos?</p>
<p>-Tenía una póliza de seguro muy potente.</p>
<p>-¿Puedo cambiar el tema?</p>
<p>-Cambia, cielo.</p>
<p>-¿De dónde conoce usted a mi madre?</p>
<p>-Nos encontramos al dar vuelta a una esquina; se disculpó al ver que yo era invidente. Nos tomamos unos cafés en un bar, y hasta hoy.</p>
<p>-¿Le agradó su voz?</p>
<p>-Sí, y luego me gustaron su cara y su cuerpo.</p>
<p>-¿Cómo consiguió gustarle su cara y su cuerpo sin verle?</p>
<p> -Ya había desarrollado el sentido del tacto, del oído y del olfato.</p>
<p>-Conoció su rostro y su cuerpo al tacto y supo cómo era.</p>
<p>-Exacto.</p>
<p>-Y sin tocar, no sabe cómo es otra persona.</p>
<p>-No, pero la imagino.</p>
<p>-¿Cómo se figura que soy yo?</p>
<p> -De piel clara, mides un metro setenta y cinco, y pesas unos sesenta kilos; lo de la piel clara lo imagino porque tu madre la tiene y lo de los sesenta kilos por tu voz.</p>
<p>-Se equivocó con lo de la piel clara, en un par de centímetros y en tres kilos, pero lo cierto es que se acercó más de lo que yo creía.</p>
<p>-¿Tienes la cara morena?</p>
<p>-Soy mulata; mi padre es brasileño.</p>
<p>-Dicen que las mulatas son muy bellas.</p>
<p>-¿Quiere saber cómo soy?</p>
<p>-Sí, me gustaría saberlo.</p>
<p>Se arrodilló ante él.</p>
<p>- Pues aquí me tiene.</p>
<p>Le tocó el pelo, bajó acariciando las coletas, puso las manos con dulzura sobre las sienes y después las yemas recorrieron su frente, la línea de sus ojos, su nariz, sus gruesos labios, su mentón y su cuello.</p>
<p>-Eres preciosa.</p>
<p>-Gracias.</p>
<p>Prudencia se levantó algo excitada y volvió a su sitio.</p>
<p>-¿Alguna otra pregunta, cielo?</p>
<p>-Una. ¿Quiere a mi madre?</p>
<p>-Sí.</p>
<p>-¿Cómo se puede amar y pasar por un momento difícil?</p>
<p>-Tenías que estar en mis zapatos para saberlo.</p>
<p>-Mejor que nunca esté; me voy a mirar cómo va la comida, si no tiene usted más que preguntar.</p>
<p>-No, no tengo.</p>
<p>Prudencia se fue a la cocina y abrió la puerta del horno de la cocina para ver cómo iba el pato a la naranja; luego de ver cómo iba y de cerrar la puerta, le vino a la cabeza el reconocimiento facial. Cerró los ojos e imaginó aquellas grandes manos descendiendo a sus pequeñas tetas, recorriendo sus caderas, sus muslos, y luego una de ellas metiéndose dentro de sus bragas. Abrió los ojos y se dijo:</p>
<p>-Esta noche tiene que caer una paja, una, por lo menos.</p>
<p>No esperó a que oscureciera. Habían comido en la sala y en la sala se pusieron a tomar la siesta. Eugenio se había recostado en la silla y respiraba a fondo. </p>
<p>Prudencia, que no podía dejar de imaginar situaciones picantes, abrió los ojos y vio que Eugenio tenía una erección que se marcaba en el pantalón del chándal que llevaba puesto y tuvo una conversación consigo misma. </p>
<p>-No seas mala. Esas cosas no se hacen. Aunque tocarte delante de él debe tener un morbo que te cagas. ¿Y si despierta y te siente? No se va a despertar, y si despierta, acabas la paja en tu habitación.</p>
<p>Se desabotonó la blusa, bajó las copas del sujetador y, mirando para la erección de su padrastro, comenzó a jugar con los pezones y con sus oscuras areolas. Cerró los ojos e imaginó que eran las manos de Eugenio las que la tocaban. Luego se puso en pie y se quitó la falda y las bragas, se volvió a sentar y se abrió de piernas. Un coño rodeado de vello negro quedó al aire. Se acarició el clítoris con un dedo, al tiempo que iba jugando con sus tetas y que miraba el empalme, un empalme en el que la polla parecía tener vida propia porque se movía debajo del pantalón del chándal. Al cabo de un rato, acariciando con dos dedos su clítoris y apretando una teta, se corrió como una perra, se corrió mordiéndose el labio inferior para no hacer ruido.</p>
<p>Luego se pasó un dedo por el coño, miró para los jugos y lo chupó.</p>
<p>Al acabar de correrse, se levantó, se puso la falda y las bragas, volvió a colocar el sujetador en su sitio, abotonó la blusa y siguió tomando la siesta.</p>
<p>Después de la siesta, Eugenio le dijo a su hijastra:</p>
<p>-¿Sabes dónde está la bodega?</p>
<p>-¿La bodega de quién?</p>
<p>-La nuestra.</p>
<p>-No.</p>
<p>¿Quieres que te la muestre para cuando tengas que ir por vino?</p>
<p>-Sí.</p>
<p>-Anda, ponte un jersey y tráeme uno para mí.</p>
<p>-Afuera hace unos cuarenta grados.</p>
<p>-Tú haz como te digo.</p>
<p>Lo hizo, y luego de abrigarse, Eugenio cogió el bastón y, de la mano de Pudencia, llegó al garaje del pazo donde descansaba un viejo Mercedes. Abrió una puerta lateral y la muchacha vio dos pasamanos y unas escaleras que llevaban a la bodega subterránea. Eugenio tocó los pasamanos de aluminio con él, y luego le echó la mano a uno de ellos. Prudencia le contestó:</p>
<p>-Usted no puede bajar por ahí, se mataría.</p>
<p>-Tranquila, conozco el sitio como la palma de la mano; agárrame el bastón.</p>
<p>Eugenio se apoyó en las barandillas y bajó los escalones. Detrás de él bajó Prudencia.</p>
<p>La bodega subterránea era enorme, tenía una prensa y un alambique, seis cubas por un lado, estanterías de botellas por los otros, una prensa en una esquina, barriles vacíos y una vitrina con copas y vasos y seis asientos hechos con troncos de roble y una mesa del mismo material, y hasta tenía una vieja cama donde dormía el que hacía el vino y el coñac.</p>
<p>Al llegar abajo, le dio el bastón y miró para los barriles de vino.</p>
<p>-¿Están los barriles llenos de vino?</p>
<p>–No, están todos vacíos, excepto uno que está lleno de coñac. Aquí todo se embotella.</p>
<p>Las botellas de vino y de coñac estaban en distintos estantes enfrente de los toneles.</p>
<p>-Sé dónde está todo; vámonos de aquí, que hace un frío que pela.</p>
<p>Eugenio se sentó en un tronco que había junto a la cama y le dijo:</p>
<p>-Toma una botella de vino blanco de 1903; está a la izquierda, en la parte superior, y solo debían quedar seis botellas.</p>
<p>La cogió y se la dio.</p>
<p>-¿Qué es lo que quiere hacer con ella?</p>
<p>-Tráeme el sacacorchos que está dentro de la vitrina.</p>
<p>Fue, regresó y se lo dio.</p>
<p>-¿Quiere saber si está avinagrado?</p>
<p>-Los vinos de una bodega como esta no se avinagran, cogen solera.</p>
<p>Prudencia no entendía de vinos.</p>
<p>-Sí. a la sombra. Lo veo muy raro. ¿Está usted bien?</p>
<p>-Después de beberlo, me voy a sentir mejor.</p>
<p>-¿¡Está loco!? Luego no podrá subir las escaleras.</p>
<p>-Hace falta más de una botella de vino para que yo me emborrache.</p>
<p>Le quitó la botella de la mano, le puso el tapón y le dijo:</p>
<p>-Si se quiere tomar el vino, se lo toma en casa.</p>
<p>Eugenio le cogió la mano derecha, la arrojó sobre la cama y se abalanzó sobre ella.</p>
<p>-No te he traído aquí por el vino, te he traído aquí para follarte.</p>
<p>Prudencia quiso quitárselo de encima, pero era mucho peso para ella.</p>
<p>-Si me viola, lo denuncio.</p>
<p>Buscando con los labios la boca de Prudencia, le dijo:</p>
<p>-Es tu culpa.</p>
<p>Pudencia lo miró con cara de asombro.</p>
<p>-¡¿Pero qué he hecho?!</p>
<p>-Una paja delante de mí.</p>
<p>La muchacha no se lo negó.</p>
<p>-¡¿Es que ve?!</p>
<p>-No, pero como ya te dije, tengo muy desarrollado el sentido del oído.</p>
<p>Se quitó las gafas negras y las puso a un lado. Prudencia se creyó perdida y trató de engañarlo.</p>
<p>-En casa, en casa le dejo, que aquí hace un frío que pela.</p>
<p>-Mientes muy mal.</p>
<p>Eugenio la apartó de encima, se acostó a su lado, la besó y le magreó las tetas. Se sentó, y a continuación sus manos le recorrieron la cintura, sus caderas y el trasero, el exterior y el interior de sus muslos y luego trató de quitarle la ropa interior. Prudencia le echó las manos a la goma de las bragas y se rebotó.</p>
<p>-¡Para metérmela tendrá que matarme primero!</p>
<p>-No voy a metértela, te voy a comer el coño.</p>
<p>Le echó las bragas hacia un lado, y luego le olisqueó el coño a fondo, llenando los pulmones con aquella esencia de sexo femenino.</p>
<p>-El olor de tu coño es pecaminoso.</p>
<p>La muchacha le suplicó.</p>
<p>-No me haga esto, por favor.</p>
<p>-Es comida de coño o follada, elige.</p>
<p>Prucencia quitó las manos de la goma de las bragas. Eugenio introdujo la punta de la lengua entre los labios vaginales y la movió arriba y abajo. Después se concentró y continuó lamiendo de abajo arriba; luego sacó y metió la lengua en su vagina, continuó lamiendo su clítoris y finalmente apretó su lengua contra su coño y lamió de abajo arriba cada vez más rápido hasta que la muchacha le golpeó la boca con su pelvis y se corrió en su lengua.</p>
<p>Y cuando acabó de correrse, dijo:</p>
<p>-Tu corrida es deliciosa.</p>
<p>Después sacó la polla empalmada. Prudencia se asustó al verla. </p>
<p>-¡Me dijo que no me iba a penetrar!</p>
<p>-Solo te la voy a frotar en el coño.</p>
<p> Le bajó las bragas sin que Prudencia protestase, le frotó la polla en el coño corrido, empujó y la polla no le entró.</p>
<p>-¡Dijo que no iba a metérmela!</p>
<p>- No me dijiste que eras virgen.</p>
<p>-¿No hubieras querido forzarme si se lo hubiera dicho?</p>
<p>Su respuesta fue clavarle de un trallazo la polla en el coño. Prudencia sintió como si se le rasgara el coño. </p>
<p>-¡Bestiaaa!</p>
<p>A medida que la polla fue entrando, fueron aumentando sus gritos de dolor y su llanto. Eugenio era masoquista, ya que con su llanto y sus gritos se le ponía más dura.</p>
<p>Con la polla entrada en el fondo del coño, la besó, y al besarla notó en sus labios el sabor salado de sus lágrimas. Con la polla enterrada en el coño, la puso encima de él. Prudencia quiso quitarse de encima y huir de allí, pero al moverse sintió dolor en la vagina y se quedó quieta. </p>
<p>-¡Me ha reventado el coño, es usted un sádico!</p>
<p>-Vete moviendo poco a poco, si quieres que te duela menos.</p>
<p>-Yo lo único que quiero es sacarla.</p>
<p>-Ese coche que te gusta, el Ford Capri. Si me besas y me haces el amor, te lo compro del color que quieras y te pago el seguro.</p>
<p>- Métase el coche por donde le quepa.</p>
<p>- Elige, o es el coche, o le cuento a tu madre lo de la paja, o te follo yo a lo bestia.</p>
<p>Prudencia estaba dolida, pero no por eso dejaba de pensar.</p>
<p>El Cpri daría mucho de qué hablar. </p>
<p>-El mes que viene es tu cumpleaños. Me estás cuidando, nadie va a ver cosas raras.</p>
<p>La elección era sencilla.</p>
<p>-Elijo el Fod Capri, pero tiene que saber que no sé follar. .</p>
<p>-Mejor</p>
<p>Prudencia, besando a Eugenio, empezó a menear el culo muy despacito. Sacaba un centímetro de polla y la volvía a meter, luego dos, luego tres, luego cuatro o cinco, luego siete, luego la metía y la sacaba toda mecha.</p>
<p>Ya no le dolía, ahora le escocía, le escocía y le gustaba, y también le gustaban los besos de Eugenio, unos besos que al principio le daban asco.</p>
<p>-¿Te gusta?</p>
<p>No le mintió.</p>
<p>-Ahora sí.</p>
<p>-¿Te vas a correr?</p>
<p>-No lo creo.</p>
<p>-Yo sí me voy a correr. Si me la chupas y te tragas la leche, te doy mil euros para gasolina.</p>
<p>Prudencia sacó la polla del coño, la agarró, la metió en la boca, le chupó el glande, y Eugenio, en nada, se corrió en su boca. La muchacha se tragó hasta la última gota de leche.</p>
<p>Cuando terminó de gozar, le preguntó:</p>
<p>-¿Quieres correrte otra vez en mi boca?</p>
<p>Prudencia bajó la cabeza y le contestó:</p>
<p>-Sí.</p>
<p>-Vente y ponme el coño en la boca.</p>
<p>-Me da vergüenza.</p>
<p>La atrajo hacia él y la sentó en su pecho.</p>
<p>-Pónmelo, tonta.</p>
<p>Le puso el coño en la boca. Eugenio lo lamió, al tiempo que le metía las manos por debajo del jersey y de la blusa, le bajaba las copas del sujetador y le magreaba las tetas. Luego paró de lamer y le dijo:</p>
<p>-Frota el coño contra mi lengua y juega con mi polla.</p>
<p>Prudencia no se había visto en otra igual. Tenía la polla de un hombre en su mano y su lengua en el coño. Ya estaba mala y al frotarse se puso peor. </p>
<p>-¿Por qué no la metes ahora?</p>
<p>La muchacha ya se tiró al monte.</p>
<p>-Antes me voy a correr.</p>
<p>Frotó el coño contra la lengua a toda mecha y se corrió en la boca de su pasadstro entre gemidos y convulsiones.</p>
<p>Al acabar de correrse, le sacó el coño de la boca, se sentó encima de la polla, despacito se la fue metiendo hasta el fondo y luego, con las manos apoyadas en su pecho, fue subiendo y bajando el culo, muy lentamente al principio, lentamente después, un poquito más rápido, más rápido y toda hostia cuando sintió que se iba a correr. Al correrse, se detuvo, y corriéndose, con los ojos cerrados y temblando, balbuceó:</p>
<p>-Me co, co, co, co, ¡me corro!</p>
<p>Eugenio se corrió dentro de su coño.</p>
<p>Al acabar, componiendo la ropa, le dijo:</p>
<p>-Espero que no me haya dejado preñada y que cumpla con lo que ha dicho.</p>
<p>-Has cumplido y yo cumpliré, y no te he dejado encinta, soy estéril.  </p>
<p>-Me quita un peso del corazón.</p>
<p>-Dame las gafas y la botella de vino, por favor.</p>
<p>Cogió las gafas negras y se las dio; luego pilló la botella, le quitó el corcho y le echó un trago.</p>
<p>-Está rico.</p>
<p>-A ver si vas a ser tú la que no pueda subir las escaleras.</p>
<p>                                                                II</p>
<p>Prudencia sabía que su padrastro no intentaría forzarla de nuevo porque en el pazo no podría pillarla. Ella quería volver a follar con él, pero no quería ofrecerse, así que iría acercándose de una manera sutil.</p>
<p>Un día estaba desnuda en la piscina en una hamaca. Su cuerpo brillaba bajo el sol. Tenía en su mano izquierda una ginebra con tónica con mucho hielo. Eusebio estaba a un par de metros de Pudencia, echado en otra hamaca con un ron con cola y mucho hielo en su mano derecha, bebidas que había hecho ella. Le preguntó:</p>
<p>-¿Por qué no hay servicio?</p>
<p>-Porque nunca se sabe quién mete uno en casa; lo mismo es una buena persona que una infiltrada del seguro.</p>
<p>-¿Pero no me había dicho que ya le habían pagado la indemnización?</p>
<p>-Sí, pero los seguros nunca dan el dinero por perdido, siempre creen que les han tomado el pelo. </p>
<p>-Si no tiene nada que ocultar...</p>
<p>-Eso no impide que pueda tener en casa a un intruso o a una intrusa.</p>
<p>-No confía en nadie.</p>
<p>-Desconfía y darás con la verdad.</p>
<p>-¿Y de mí desconfía?</p>
<p>-No.</p>
<p>-Lo podría estar robando.</p>
<p>-Estarías robándote a ti misma. Cuéntame cosas de ti.</p>
<p>-¿Qué es lo que quiere saber?</p>
<p>-¿Has dejado novio en Asturias?</p>
<p>Prudencia bebió otro trago de ginebra con tónica y luego respondió:</p>
<p>-No, nunca he tenido novio.</p>
<p>- ¿Alguna vez has ido a los carnavales de Brasil?</p>
<p>-¿Por qué me lo pregunta?</p>
<p>-Porque me habías dicho que tu padre es brasileño.</p>
<p>-No conozco a mi padre, y jamás he estado en Brasil. ¿Usted ha estado?</p>
<p>Ahora fue Eugenio el que le echó otro trago a su ron con cola.</p>
<p>-Sí, hace diez años.</p>
<p>-Suerte la suya; yo no he pisado ese país más que en mis pensamientos.</p>
<p>-¿Quieres pisarlo?</p>
<p>-Sí... ¿Me va a hacer otra proposición indecente?</p>
<p>-Solo si quieres que te la haga.</p>
<p>-No quiero aque me la haga, pero tengo curiosidad por saber de qué se trata.</p>
<p>-Te pago un mes de vacaciones en Brasil por un polvo en el que pueda gozar de tu culo.</p>
<p>Prudencia acabó la ginebra con tónica.</p>
<p>-Me rompió el coño por un coche y me quiere romper el culo por un viaje.</p>
<p>-¿Te parece poco premio el viaje?</p>
<p>Prudencia ya tenía ganas de volver a jugar con su padrastro y, si encima le pagaba unas vacaciones en Brasil, mejor que mejor. Lo del trasero lo consideró daños colaterales, así que le dijo:  </p>
<p>-Me parece que me va a doler mucho, pero voy a ir de vacaciones a Brasil.</p>
<p>Prudencia se puso en pie, pilló la crema Nivea de caja azul, fue junto a su padrastro y le dijo:</p>
<p>-Póngase en pie y deme crema mientras se hace a la idea de cómo es mi cuerpo.</p>
<p>Eugenio se puso en pie. Prudencia le cogió la mano derecha y le enterró tres dedos en la crema. El hombre frotó las manos y luego le dio crema en la cara, en los hombros y en el cuello. Bajó por el pecho, se encontró con las tetas y se llevó un sorpresón.</p>
<p>-¡Coño!</p>
<p>Prudencia, luego de reírse, le dijo:</p>
<p>-El coño está más abajo.</p>
<p>Eugenio le dio un magreo de tetas que le dejó los pezones duros como el granito. </p>
<p>-Tienes las tetas más duras que he tocado.</p>
<p>-El culo también lo tengo duro.</p>
<p>Prudencia se giró y le dio la espalda. Eugenio le dijo:</p>
<p>-Más crema.</p>
<p>La muchacha le volvió a enterrar los dedos en la crema. Eugenio, luego de frotarse las manos, le dio crema en la espalda hasta llegar a su culo, un culo redondito y duro como le había dicho.</p>
<p>-Tienes un culo que dan ganas de comerlo.</p>
<p>-No se quede con las ganas.</p>
<p>Le separó las nalgas y le lamió y le folló el ojete, al tiempo que le daba crema, en la cintura primero y en las piernas después. </p>
<p>Poco más tarde, Prudencia se giró, le echó una mano a la nuca y le llevó la boca al coño.</p>
<p>-Mire qué jugoso está.</p>
<p>Eugenio le enterró la lengua en el coño, y después lamió de abajo a arriba y apretando la lengua contra el coño. Luego le metió el dedo pulgar en el culo y se lo folló.</p>
<p>-¿Te gusta?</p>
<p>-Sí, me gusta mucho.</p>
<p>Al rato, con la lengua entrándole y saliéndole del coño y el dedo entrándole y saliéndole del culo, le dijo:</p>
<p>-¿La quiere?  </p>
<p>-Sí.</p>
<p>¿La quiere ya?</p>
<p>-Sí.</p>
<p>Moviendo la pelvis, sacó la lengua del coño, la frotó contra el clítoris y le dio en la boca una corrida brutal.</p>
<p>Al acabar de correrse Prudencia, Eugenio se puso en pie y la besó.</p>
<p>-Te quiero follar a cuatro patas. Quiero que seas mi perra.</p>
<p>-¿Tendré que ladrar?</p>
<p>-No, vas a aullar cuando te la meta en el culo.</p>
<p>-No me meta miedo, que yo enseguida me rajo.</p>
<p>-Era una broma.</p>
<p>-Pero doler me va a doler.</p>
<p>-Eso no lo dudes. ¿Te pones a cuatro patas o no te pones?</p>
<p>-Me pongo.</p>
<p>Se puso a cuatro patas. Eugenio se quitó el bañador, se arrodilló detrás de ella y, con las manos en su cintura, se la frotó en el coño y luego se la fue clavando, despacito; después metió y sacó cada vez más aprisa e hizo paraditas para no correrse. En la última paradita le agarró las tetas; le ametralló el coño y, al sentir cómo se corría, le fumigó el coño con leche.</p>
<p>Al sacarle la polla del coño, Prudenciale preguntó:</p>
<p>-¿Por qué no me la metió en el culo?</p>
<p>-Porque esta fue la primera parte del polvo. Ahora vete a buscar otro ron con cola, pero antes acércame a mi hamaca.</p>
<p>Prudencia lo acercó a la hamaca. Luego se puso las chanclas de dedo, cogió los vasos de tubo y se fue. No había peligro de que la vieran porque al pazo lo rodeaba una muralla de más de cuatro metros de altura. Regresó con otros vasos de tubo y le dio el suyo a Eugenio.</p>
<p>-Aquí tiene.</p>
<p>-Gracias, preciosa.</p>
<p> Yendo con la ginebra con tónica a su hamaca, le dijo:</p>
<p>-¿Sabe una cosa?</p>
<p>-Como no me la digas...</p>
<p>-Al principio me sentí mal después de darle el cuerpo, pero ahora me gusta ser su puta.</p>
<p>-No eres mi puta, eres mi amante.</p>
<p>Eugenio cogió el bastón, se quitó las gafas negras y se puso en pie.</p>
<p>-¿Adónde va?</p>
<p>-A la piscina.</p>
<p>Eugenia se levantó y lo cogió de la mano.</p>
<p>-Suelte el bastón; yo lo llevo a la agarradera de la piscina.</p>
<p>Lo llevó. Eugenio, ayudado de la agarradera, descendió las escaleras de la piscina y luego se arrimó a la pared, donde el agua le daba por el ombligo.</p>
<p>-Vente, cielo.</p>
<p>Prudencia se metió en la piscina y luego se puso enfrente de su padrastro.</p>
<p>-¿Va a ser aquí donde me rompa el culo?</p>
<p>-Sí, pero antes bésame y ponme la polla bien dura,</p>
<p>Prudencia le echó una mano a la nuca, le agarró la pollá, le metió la lengua en la boca y lo comió a besos. Como no movía la mano, Eugenio se la cogió y le enseñó cómo se meneaba.</p>
<p>-¿Los hombres hacéis así las pajas?</p>
<p>-Sí.</p>
<p>Prudencia, entre paja y morreo, se fue poniendo cada vez más perra, tan perra se puso que metió la cabeza debajo del agua y le chupó la polla. Lo hizo unos segundos, pero le debió de gustar, ya que volvió a bajar cuatro veces más. A quien le gustaba, y mucho, era a Eugenio, que cuando dejó de bajar y lo volvió a besar, le echó las manos al culo, la levantó y se la clavó en el coño. Prudencia le rodeó el cuello con los brazos y volvió a comerle la boca.</p>
<p>Eugenio la folló subiendo y bajando su culo, sin prisa, pero sin pausa... Tiempo después, cuando Prudencia se iba a correr, la sacó y se la puso en el ojete.</p>
<p>¿Preparada?</p>
<p>-No,</p>
<p>-¿Lista?</p>
<p>-Muy lista no soy; si no, no estaría haciendo esto.</p>
<p>-¡Ya!</p>
<p>A Prudencia se le encogió el culo, pero al ver que no se la había metido, se relajó; fue entonces cuando le clavó el glande en el culo.</p>
<p>-¡Falsoooooo! </p>
<p>Siguió metiendo y la polla acabó en el fondo de su culo.  Luego le dio suave.</p>
<p>Prudencia ahogaba sus gemidos de dolor con la boca en su cuello, pero sin saber cómo ni por qué, empezaron a temblarle las piernas.</p>
<p>-Me corro.</p>
<p>Al acabar de correrse, se la sacó del culo, se la metió en el coño, le dio a mazo y en nada  se corrió dentro de su coño.</p>
<p>Luego de gozar, tomando y descansando, le dijo Prudencia a Eugenio.</p>
<p>Desde luego, si no llega a ser estéril...</p>
<p>-Pero lo soy.</p>
<p>-Es de suponer que si le fue infiel a su mujer con otras mujeres y no quedaron embarazadas...</p>
<p>-Bueno, con ellas usaba condón.</p>
<p>Prudencia, ya tenía la mosca detrás de la ordeja.</p>
<p>-¿Su ex tiene hijos?</p>
<p>-No, pero tu madre te tuvo a ti y no queda preñada.</p>
<p>-Ayayayay.</p>
<p>-¿Qué?</p>
<p>-Que mi madre quedó mal después de tenerme a mí y no puede tener hijos,</p>
<p>-No me había dicho nada de eso.</p>
<p>-¿Se lo preguntó?</p>
<p>-No.</p>
<p>-Como haya quedado embarazada, no sé qué será de mí.</p>
<p>-Si quedaste embarazada, vendo todo lo que tengo y me voy contigo a las Bahamas, si quieres ser mi mujer.</p>
<p>Mes y medio después, Prudencia y Eugenio volaban rumbo a las Bahamas. Habían comido y Prudencia acababa de terminar un yogur. Eugenio se quitó sus gafas negras, sacó un pañuelo del bolsillo del pantalón y limpió un poco de yogur que le había quedado en la comisura de los labios. Prudencia miró a Eugenio a los ojos y le dijo:</p>
<p>-Gracias... ¡Qué cabrón!</p>
<p>Quique.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-</p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/"></category>                        <dc:creator>José</dc:creator>
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                    </item>
				                    <item>
                        <title>Quiero que me ates y me conviertas en tu putita sumisa</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/dominacion/quiero-que-me-ates-y-me-conviertas-en-tu-putita-sumisa/#post-4008</link>
                        <pubDate>Wed, 10 Jun 2026 14:13:02 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Hola, alguna vez te han atado? Mi vecino me lo preguntó nada más entrar en el ascensor mientras me comía con la mirada. Ese día yo me había vestido con un pantalón corto corto del que asomab...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>Hola, alguna vez te han atado? Mi vecino me lo preguntó nada más entrar en el ascensor mientras me comía con la mirada. Ese día yo me había vestido con un pantalón corto corto del que asomaban mis nalguitas y dejaba ver mi ombligo, con una camiseta ceñida. </p>
<p>Me llamó Daniel, soy un chico de 25 años, bastante aniñado y con un cuerpo delgadito y depilado que parece el de una chica más que de chico </p>
<p>Al principio no comprendí lo que quería decir el vecino, un viejo grande gordo y muy asqueroso. Por eso le miré sin entender pero él fue muy rápido y me agarró fuerte, tanto que no podía moverme. Mientras el ascensor subía a su planta me agarró el culito apretando mis nalguitas y me dijo al oído: " quiero follarte nenita estás muy rica y llevo observándote unos días y sé que eres una zorrita".</p>
<p>Yo me asusté mientras sus manazas apretaban mi culito y su boca me chupaba el cuello, pero también empecé a excitarme. El vecino lo notó y riéndose me agarró mi pene y tiró de el sacándolo de mi pantalón.</p>
<p>"Vaya la zorrita es un chico guapito y marica"  que bien te daré lo que necesitas putita. Entonces llegamos y la puerta del ascensor se abrió, me cogió fuertemente y me arrastro a su piso.</p>
<p>Cuando entre me empujó contra la pared y empezó a meterme mano mientras me obligaba a agacharme hasta que tuve su polla delante de mi cara.</p>
<p>Me restregó una polla gigante por la cara y tuve que chuparsela pero no me cabía en la boca.</p>
<p>Me cogió del pelo y me arrastro por el suelo hasta tirarme encima de la cama, yo ya había perdido mis pantaloncillos y solo me quedaba puesto un tanguita rosa que me arrancó de un tirón con sus manazas.</p>
<p>De pronto estaba atado a los barrotes de su cama abierto y con mi culito indefenso. "Dios que bueno estás maricon te voy a follar hasta que chilles de gusto putita"</p>
<p>Y eso hizo me metió la polla hasta los huevos de un solo golpe que lleno todo mi culito y mis entrañas, era como estar empalado. Yo gritaba de dolor pero él no paró siguió dándome por el culo con su pollón. </p>
<p>Al rato tenía mi culito tan abierto que ya no me dolía y su rabo entraba y salía de mi con facilidad, tanta que empezó a gustarme y moví mi culo arriba para chocar con su vientre mientras me la clavaba.</p>
<p>Cuando ya estaba a punto de correrse me agarró del pelo y metiéndome aun más su polla estalló dentro chorros y chorros de leche caliente y pegajosa que se me escapaba del culo y resbalaba por mis piernas </p>
<p>Durante dos horas más mi vecino me follo el culo y la boca hasta que se canso, luego me echo de su piso, desnudo follado y lleno de leche. Apenas llegué a mi piso me llamó por teléfono y me dijo que lo había grabado todo para sus amigos y que sería su putita.</p>
<p>Yo creo que repetiré porque me encantó ser su zorrita sumisa y si puedo lo seré también de sus amigos. Besitos </p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/"></category>                        <dc:creator>Culito65</dc:creator>
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                    </item>
				                    <item>
                        <title>RE: Todo queda en familia, padres e hijos / parte 4</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/todo-queda-en-familia-padres-e-hijos-parte-4/#post-4007</link>
                        <pubDate>Wed, 10 Jun 2026 13:26:02 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[@nyctidromus que polla! Me encanta tan dura apuntado al cielo]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[@nyctidromus que polla! Me encanta tan dura apuntado al cielo]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/"></category>                        <dc:creator>Culito65</dc:creator>
                        <guid isPermaLink="true">https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/todo-queda-en-familia-padres-e-hijos-parte-4/#post-4007</guid>
                    </item>
				                    <item>
                        <title>Sissyyzorrita</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/gays/sissyyzorrita/#post-4006</link>
                        <pubDate>Tue, 09 Jun 2026 14:39:45 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Hola, soy hetero o eso creía yo hasta que decidí registrarme en una pagina de crussing para tíos.
Pronto me di cuenta que me encantaba chatear con tíos que querían verme vestido de tía, con...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>Hola, soy hetero o eso creía yo hasta que decidí registrarme en una pagina de crussing para tíos.</p>
<p>Pronto me di cuenta que me encantaba chatear con tíos que querían verme vestido de tía, con lencería y que me decían que me iban a follar como una putita.</p>
<p>Eso me ponía muy muy guarrilla, que me desearan despertó en mi la ganas de sentirme puta, la puta que pensaban que era</p>
<p>Pronto me compré ropa sexi: tanguitas negros que se me metían por el culo, sujetadores que realzaban mis pezones y medias con liguero. Me depile entero y empece a sacarme fotos en posturas que realzarán mi culito</p>
<p>Cuando las colgué en la página me convertí en muy popular y recibía ofrecimientos de todo tipo, muy cerdos y perversos que a mí me ponían a cien</p>
<p>Finalmente acepté uno de esos ofrecimientos, un tipo que tenía un piso vacío donde quedar y estar tranquilos </p>
<p>Cuando llegue me encontré con un tío con cara de pervertido que lo primero que hizo fue tocarme el culo y decirme que era una puta y me trataría como tal</p>
<p>Inmediatamente me hizo desnudarme y vestirme sexi con braguitas medias y ligueros y tacones, solo eso</p>
<p>Me obligo a caminar así poniendo posturas mientras me deci de todo</p>
<p>Yo estaba cachondisimo y dejé que me hiciera su zorra, se la chupe de rodillas, dejé que me azotase el culito y después que me follase salvajemente con un consolador negro enorme con el que abrió mi culo </p>
<p>Era su puta sumisa, me pegó con la polla en la cara, escupió en mi boca mientras me pellizcaba los pezones y cuando yo le suplicaba que me follase me metió la polla de golpe pegándome pollazos sin misericordia</p>
<p>Fue una follada brutal que me dejó espatarrada en su cama, lo que aprovechó para sacar fotos y colgarlas en la red</p>
<p>Fui violado porculizado y humillado y me encantó </p>
<p>A partir de aquel día me visto de putita siempre que puedo y quedo con tíos para que me follen a pelo,</p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/"></category>                        <dc:creator>Culito65</dc:creator>
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                    </item>
				                    <item>
                        <title>Exhibiéndose en la playa nudista</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/gays/exhibiendose-en-la-playa-nudista/#post-4005</link>
                        <pubDate>Tue, 09 Jun 2026 09:11:57 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Aunque algo tarde he descubierto que me encanta exhibirme en sitios públicos. Soy delgado y fibroso gracias al deporte que hago y mi cuerpo está durito por lo que me siento atractivo para lo...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>Aunque algo tarde he descubierto que me encanta exhibirme en sitios públicos. Soy delgado y fibroso gracias al deporte que hago y mi cuerpo está durito por lo que me siento atractivo para los que me miran.</p>
<p>El asunto es que quienes me miran más son tíos, normalmente tipos feos gordos y viejos, que me ponen muy cachondo en especial si estoy duchandome en el vestuario. Me miran mientras me enjabono y se acercan pasando rozándome con sus pollas y yo saco un poco mi culito para que se animen a tocarme. </p>
<p>En la playa a la que voy suele haber mucha gente practicando el nudismo y hay también mucho pervertido que se pone a mirar disimulando que pasea. A mí eso me excita así que voy con un pequeño bañador tanga que se me mete por el culo, con un sombrero de paja y unas gafas de sol que me ocultan la cara</p>
<p>Me acerco por donde se ponen los mirones y busco un sitio donde tomar el sol y puedan a echarme como buitres. Me tumbo de espaldas on mi culito en pompa y dejo que se acerquen.</p>
<p>Siempre es igual, piensan que estoy dormido y van poniendose cerca, sentados mientras se tocan la polla y me miran el culo. Yo disfruto poniendo posturas que dejan expuesto mi cuerpo vendido al que quiera tocarlo.</p>
<p>Cuando se sienten seguros se sientan a mí lado y me preguntan si quiero que me den crema y claro yo les respondo que sí que muchas gracias porque sino se me quema el culito que lo tengo muy sensible</p>
<p>Entonces es cuando se dan cuenta que soy una zorrita y pueden meterme mano. Dejo que me unten de crema las nalguitas y se pongan las botas tocándolas amasando mi culo mientras yo ronroneo para no dejar dudas que estoy cachondo y pueden avanzar</p>
<p>Entonces me cogen la cabeza y la ponen en su barriga junto a su polla que ya está dura y me van empujando hasta que la tengo delante de mi boca, mientras me sigue tocando el culito y abriendolo con la crema</p>
<p>"Anda zorrita mira como me has puesto, chúpamela se nota que eres una guarrilla y quieres mi biberón" Entonces yo le miro a los ojos y empiezo a mamar el rabo golosa y me siento toda una puta chupando y con sus dedos en mi culo</p>
<p>Chupo y chupo hasta que no aguanta más y empujando mi cabeza me obliga a tragarmela entera mientras me llena la boca con su leche "ZORRAAAA que boca tienes trágatelo todo puta"</p>
<p>Me encanta que me llamen puta y ZORRAAAAA y ser la sumisa de un viejo mirón que me toca y se corre en mi cara mientras sus amigos miran como me dejó abusar y esperan turno</p>
<p>Más de una vez he vuelto de la playa lleno de leche caliente y pegajosa rezumando de mi boca y mi culo después que tres o cuatro pervertidos me hayan usado a su gusto y me hayan convertido en su putita sumisa llenando mis agujeros con sus rabos.</p>
<p>Me encanta ser la zorrita de la playa y tener a todos esos pervertidos deseándome. Ser la protagonista de sus videos en internet y se pajean en sus casas mirándome chupar pollas y entregar mi culito a esos cabrones</p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/"></category>                        <dc:creator>Culito65</dc:creator>
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                    </item>
				                    <item>
                        <title>Rostros ocultos</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/dominacion/rostros-ocultos/#post-4004</link>
                        <pubDate>Sat, 06 Jun 2026 23:24:46 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[ROSTROS OCULTOS
 
La ciudad se desplegaba como un secreto entre valles suaves y praderas ondulantes, abrazada por el verde y vigilada a lo lejos por cordilleras eternas. No era una gran ca...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<div data-olk-copy-source="MessageBody">ROSTROS OCULTOS</div>
<div> </div>
<div>La ciudad se desplegaba como un secreto entre valles suaves y praderas ondulantes, abrazada por el verde y vigilada a lo lejos por cordilleras eternas. No era una gran capital, pero tampoco un pueblo perdido. Su nombre —susurrado con respeto por quienes sabían— no figuraba en folletos turísticos masivos, aunque los visitantes que llegaban sabían bien lo que buscaban.</div>
<div class="x_elementToProof">Una mezcla de industria y turismo le daba un carácter ambiguo. Las afueras vibraban con el pulso de fábricas ruidosas, tecnológicas, casi clínicas en su eficiencia. Pero el centro… el centro era otra cosa. Calles adoquinadas entre edificios de arquitectura ecléctica, cafés con vitrales antiguos, galerías de arte donde nadie preguntaba demasiado. Era una ciudad que se ofrecía al que sabía mirar, y que se cerraba como un puño ante el que no entendía su lenguaje.</div>
<div>Detrás de cada fachada elegante, cada calle con nombre francés o alemán, podía haber una historia. Una habitación sin ventanas, una voz dando órdenes al oído, un juego de roles cuidadosamente pactado. Aquí, las apariencias eran un arte, y el deseo, una moneda de cambio silenciosa.</div>
<div>Porque en esta ciudad clásica, luminosa de día y enigmática de noche, muchos llevaban máscaras… aunque no siempre se vieran.</div>
<div>En esa ciudad vibrante y bulliciosa, cada uno transitaba sus días con una sonrisa bien ensayada, como si todo estuviera en su lugar. Pero bastaba mirar un poco más allá, rasgar apenas la superficie, para descubrir que detrás de cada gesto amable se escondía algo más profundo. Rostros ocultos, silenciados por la rutina, por el deber, por el miedo a romper con lo establecido.</div>
<div>Como Rocío, por ejemplo.</div>
<div>Dueña de un pequeño local de ropa para niños en una galería del centro, Rocío era, a los ojos de todos, una mujer correcta. Siempre bien arreglada, atenta, cálida con sus clientas, madre de una adolescente y esposa de un hombre que vivía para el trabajo. Su vida estaba marcada por los horarios del colegio, los pedidos del negocio, y las cenas silenciosas en su casa prolija. Pero nadie sabía que, cada vez que abría la persiana metálica de su local, su mirada se desviaba un instante hacia enfrente. Allí, justo frente a ella, un sex shop con vidrieras oscuras le devolvía un guiño que no se atrevía a responder, no todavía. Pero la inquietud ya había prendido fuego en su interior.</div>
<div>Y como Dylan</div>
<div>Trabajaba desde casa, freelance, encerrado en un escritorio lleno de papeles, con dos hijos que corrían por el pasillo y una esposa con la que ya no compartía más que las compras del súper. Vivían en una casa limpia, ordenada, donde todo parecía estar en su lugar, salvo él. Sentía que algo en su vida se le escurría entre los dedos, que la pasión había quedado en alguna página vieja del calendario. Su esposa era dulce, pero recatada hasta el hastío, y Dylan, aunque no lo admitiera en voz alta, comenzaba a fantasear con otras realidades, o con otros cuerpos.</div>
<div>Dylan tenía sus rutinas, como todos. Por la mañana, luego de dejar a los chicos en la escuela, se encerraba en su oficina improvisada con una taza de café y una lista de pendientes. Freelance, diseñador gráfico, programador… lo que hiciera falta. Su computadora era su refugio y su cárcel al mismo tiempo. Pero había momentos —breves, silenciosos— en los que se desviaba del camino productivo, momentos donde el cursor no buscaba íconos de diseño, sino pestañas ocultas en el navegador.</div>
<div>Allí, en ese rincón virtual, Dylan encontraba algo más que imágenes, de encontraba a sí mismo. O al menos a una parte de sí que nunca se había animado a mostrar. El BDSM no era solo cuero y esposas, era algo más profundo: sumisión, control, entrega, oscuridad. Y eso lo fascinaba. Pero jamás se lo compartiría a su esposa. ¿Para qué? Ella se ruborizaba con una escena subida de tono en una serie cualquiera. Había aprendido a no esperar nada. A callar. A vivir con esa parte de sí mismo encerrada, como un animal que apenas respira detrás de una puerta cerrada.</div>
<div>Rocío, mientras tanto, vivía su propio despertar. Cada mañana abría su local con puntualidad. Colgaba los vestiditos, acomodaba los moños, ordenaba con dedicación casi religiosa. Pero siempre, al bajar la persiana, su mirada se iba hacia el frente. Ese lugar. El sex shop con vidrios polarizados y un cartel discreto pero provocador. Nunca entraba, nunca se acercaba, no era para ella, no para una mujer madre, casada, con un negocio infantil.</div>
<div>Y sin embargo... entre cliente y cliente, entre talles y envoltorios de regalo, empezaron a colarse otras cosas en su día. Con el celular apoyado en el mostrador, disimulando con una sonrisa si alguien pasaba cerca, Rocío también comenzó a explorar. Artículos, blogs, relatos... Y ahí estaban las palabras: dominación, control, ataduras, límites borrados por el deseo. Algo se despertaba en su vientre, en su pecho, en su mente. Algo que no conocía, pero que no quería dejar de sentir. Claro que eran solo fantasías. Pensamientos absurdos para una mujer como ella. Su marido no hablaba de sexo desde hacía meses, y cuando lo hacían era mecánico, casi obligatorio. Ella fingía interés, fingía llegar, fingía vivir. Pero algo le decía que no iba a poder seguir fingiendo por mucho tiempo más.</div>
<div>Y sin saberlo, mientras uno navegaba en la penumbra de su casa y la otra disimulaba su hambre detrás del mostrador, ambos comenzaban a encender el mismo fuego.</div>
<div>Dylan, cada vez más absorto en sus búsquedas secretas, sintió que mirar ya no alcanzaba. Quería algo más: interactuar, explorar con otros, aunque fuese desde el anonimato. Así que una noche, después de asegurarse de que todos dormían, creó un perfil. Nombre falso, sin foto, solo palabras. Un nombre que no decía nada, pero escondía todo: ElDueñoDelSilencio. Allí, en ese rincón virtual lleno de fantasmas deseosos, comenzó a escribir, a leer, a charlar con desconocidos que, como él, necesitaban un escape.</div>
<div>Se sorprendió al descubrir cuánto le excitaba expresarse con libertad, sin tener que pedir permiso ni disculpas. Había un goce nuevo en ese juego de roles, en escribirle a alguien "arrodillate" y sentir cómo su cuerpo respondía del otro lado de la pantalla, aunque jamás viera su rostro.</div>
<div>Rocío no se quedó atrás, fue una tarde, después de cerrar el local, cuando finalmente lo hizo. Había navegado tanto, leído tanto, que ya no podía seguir fingiendo que no deseaba estar allí dentro. No en el sex shop físico —todavía no—, pero sí en ese otro espacio intangible donde las mujeres como ella no eran juzgadas por desear. Se creó un perfil con manos temblorosas. No tenía intención de mostrarse. Su usuario: DeseoSumiso. Palabras simples, pero cargadas de verdad.</div>
<div>Y allí, en esa burbuja irreal donde la gente no se cruzaba en la calle ni fingía desayunos felices, Rocío se sintió viva por primera vez en mucho tiempo. Podía hablar de lo que le gustaba, de lo que imaginaba. Podía escribir que quería ser atada, usada, guiada, y al otro lado nadie se escandalizaba, al contrario, le respondían con respeto, con deseo, con palabras que le mojaban más que cualquier caricia real.</div>
<div>Y así, entre tantas voces anónimas, el destino empezó a acercarlos. No de inmediato, no como en las películas. Solo fue un comentario en un hilo, una frase que Dylan escribió sin pensarlo demasiado y que a Rocío le retumbó en el pecho. Algo en la forma en que él hablaba de dominar no como un acto violento, sino como una entrega mutua, un pacto de confianza... la conmovió.</div>
<div>Ella respondió.</div>
<div>Y él la notó.</div>
<div>Desde entonces, comenzaron a intercambiar mensajes, al principio casuales, prudentes. Pero algo se reconocía en cada palabra. Sin saber quién era el otro, se olían, se leían entre líneas, se tocaban con frases, una erección, una vulva húmeda. Libertad. Eso sabían que era esto. Masturbarse ya no era un pecado, era un ritual. Una forma de encontrarse a solas con lo que no se podía decir en voz alta.</div>
<div>Con el tiempo, las charlas entre ElDueñoDelSilencio y DeseoSumiso se volvieron casi exclusivas. Pasaban horas en ese rincón digital compartiendo fantasías, pero también dolores. Lo que comenzó como un juego se transformó en una suerte de refugio mutuo. Entre jadeos escritos y confesiones veladas, empezaron a desnudarse en otro plano: el emocional.</div>
<div>Rocío fue la primera en romper un poco la barrera. Una noche, después de relatar un deseo de entrega total, dejó caer un comentario:</div>
<div>—Trabajo en un local de ropa para chicos. En una galería del centro. Justo enfrente tengo un sex shop. Imaginate lo que es pasarte el día rodeada de enteritos y mamaderas, con esas vidrieras negras tentándote enfrente.</div>
<div>Del otro lado de la pantalla, Dylan sintió cómo una chispa se encendía en su memoria, galería, ropa infantil, sex shop enfrente. Eso le sonaba demasiado conocido.</div>
<div>Casi como un reflejo, abrió Google Maps, buscó la galería que conocía a pocas cuadras de su casa. Sí, ahí estaba, recordaba haber entrado al sex shop una vez, hace meses, más por aburrimiento que por necesidad. Recordaba el pasillo, las luces apagadas, la vidriera frente a la entrada. ¿Y si era…? No. No podía ser.</div>
<div>Pero la idea lo mordía por dentro. ¿Y si sí?</div>
<div>Pasaron dos días sin que pudiera sacárselo de la cabeza. Hasta que un martes por la tarde, con el corazón bombeando como un tambor, salió a caminar. No iba a hacer nada imprudente. Solo iba a mirar. Confirmar que era una coincidencia ridícula. Un juego mental. Caminó las tres cuadras con la garganta seca. Al llegar, fingió mirar una vidriera, cruzó con calma, y se metió en la galería. El murmullo de fondo, los pocos locales abiertos, y allí, al fondo, la tienda.</div>
<div>Y a ella.</div>
<div>Era hermosa. De un modo discreto, elegante. Llevaba una blusa blanca y un pantalón ajustado que le marcaba las caderas. Ordenaba unos percheros mientras hablaba con una mujer joven, tal vez una clienta. Su rostro irradiaba dulzura, pero había algo en sus ojos… algo que Dylan conocía sin haberlo visto nunca antes. La forma de moverse, de morderse apenas el labio mientras pensaba, de tocar con lentitud las prendas. Era ella. No tenía dudas.</div>
<div>Pero no dijo nada.</div>
<div class="x_elementToProof">Entró al sex shop con una excusa barata, miró un par de cosas, fingió interés, pero no podía dejar de pensar en el local de enfrente. Hacia esa mujer que ya le había contado sus secretos sin saber que él la observaba. Su pecho latía con fuerza. Deseaba entrar, saludar, decir algo, cualquier cosa.</div>
<div>Pero no pudo.</div>
<div>Salió del sex shop con un paquete pequeño que no necesitaba, cruzó de nuevo la galería, y se fue caminando como si nada.</div>
<div>Aunque por dentro, todo había cambiado.</div>
<div>Pasaron algunos días en silencio. Dylan necesitaba ordenarse. Procesar lo que había visto. Lo que había sentido. Se había jurado no romper nunca la barrera entre la fantasía y la realidad, pero ya era tarde. Había cruzado. Había estado frente a ella. Había visto la boca que tantas veces imaginó entre gemidos escritos. El cuerpo que se estremecía tras cada palabra que él le dictaba en la oscuridad de la red.</div>
<div>Pasaron los días y las barreras seguían cayendo como hojas de otoño, ya no se llamaban como ElDueñoDelSilencio y DeseoSumiso, se hablaban como Dylan y Rocío, directo, sin rodeos</div>
<div>Una noche, finalmente, no pudo más. Entró al chat. Ella ya estaba conectada.</div>
<div>—Necesito confesarte algo.</div>
<div>El cursor de Rocío titiló unos segundos, luego apareció su respuesta.</div>
<div>—Me asustás. Pero seguí.</div>
<div>Él respiró hondo. Las manos le temblaban sobre el teclado.</div>
<div>—Hace un tiempo te vi. Entré en tu galería. Entré al sex shop. Crucé la mirada con vos. No sabés que era yo, pero yo sí supe que eras vos. Vi tu tienda, tu ropa infantil ordenada con una dulzura que me rompió por dentro. Y te vi. Y te reconocí. Tu forma de mirar, de tocar las cosas, de morderte el labio. Sos vos. Lo supe en el instante en que te vi.</div>
<div>Silencio.</div>
<div>Un minuto. Dos.</div>
<div>Ella no respondía.</div>
<div>Hasta que, de pronto, apareció una frase breve:</div>
<div>—Me tiemblan las piernas.</div>
<div>Después, otra.</div>
<div>—Estoy ruborizada. Vulnerable. Pero no asustada. Todo lo contrario.</div>
<div>Dylan se quedó quieto. Esperaba una reacción más dura, una retirada. Pero no. Ella estaba allí. Y algo se había encendido.</div>
<div>—Decime más, escribió ella. Decime qué viste. Cómo me miraste. Cómo pensaste en mí.</div>
<div>Y entonces Dylan le habló como nunca antes. Sin filtros. Le describió el modo en que su cuerpo parecía latir detrás del mostrador. Cómo su pelo recogido le dejaba el cuello al descubierto, y cómo imaginaba atarle una cinta allí mismo. Cómo deseó cerrar la tienda con llave, entrar sin pedir permiso y convertirla en suya.</div>
<div>Ella respondió sin dudar.</div>
<div>—No sabés lo que me estás haciendo. No me importa cómo seas físicamente. No me importa tu edad. Lo único que me importa es esto. La manera en que me ves. En que me dominás sin tocarme.</div>
<div>Dylan se mordió el labio. Sus pantalones apretaban. Pero no respondió todavía. Dejó que ella siguiera.</div>
<div>—Si me tuvieras frente a vos… me arrodillaría. Cerraría los ojos. Dejaría que me ates las muñecas. Me desnudaría solo si vos lo ordenás. Y después… después me entregarías ese castigo que merezco por ser tan puta como para excitarme sabiendo que me estuviste mirando sin decirme nada. Qué placer me da eso. Qué asco tendría mi marido si supiera. Pero me da igual. Quiero eso. Lo quiero todo.</div>
<div>Dylan tragó saliva. Le ardía la piel. Las palabras le golpeaban el pecho y la entrepierna.</div>
<div>—Entonces decímelo, escribió finalmente. Decime lo que querés que te haga. Punto por punto. Como una buena sumisa. Y yo voy a leerte. Y voy a corregirte. Hasta que lo digas bien. Hasta que me merezcas.</div>
<div>El silencio que siguió fue eléctrico.</div>
<div>Y después… Rocío comenzó a escribir.</div>
<div>Hacía semanas que los mensajes entre ellos habían dejado de ser inocentes. Ya no eran frases sueltas ni juegos disfrazados de curiosidad. Ahora eran órdenes. Claras. Firmes. Y ella, sin saber exactamente cuándo había sucedido, se había entregado por completo a esa voz escrita que parecía conocerla más que su propio marido.</div>
<div>Llegaría una orden de distinta. Más concreta. Más... real.</div>
<div aria-hidden="true"> </div>
<div>"Entrá al sex shop de enfrente. Quiero que compres tres cosas. Yo te voy a decir cuáles. Las vas a usar pronto. No preguntes. No negocies."</div>
<div>Rocío leyó el mensaje una vez, dos, tres. Sentía el corazón golpeando en el pecho como si se le fuera a salir. Desde su local de ropa infantil, cruzó la galería sin mirar a nadie. El cartel rojo con letras blancas del sex shop parecía más brillante que nunca. La puerta automática se abrió con un susurro mecánico y un olor extraño la envolvió. Dulce, químico, provocador.</div>
<div>El local era más grande de lo que imaginaba. Silencioso, íntimo. Cada estante parecía una provocación. Látigos de cuero trenzado, esposas de metal, sogas de algodón rojo, arneses de cuero, máscaras, plugs, vibradores con formas que nunca había visto. El simple hecho de estar ahí, sola, obedeciendo, le aceleraba la respiración.</div>
<div>No sabía si era vergüenza o adrenalina, pero sentía calor en las mejillas. En todo el cuerpo, en realidad. Sus piernas, tensas, se rozaban con una fricción que aumentaba a cada paso.</div>
<div>Le escribió a Dylan: “Estoy adentro.”</div>
<div>La respuesta fue inmediata:</div>
<div>"Quiero que elijas unas esposas brillantes, un collar con argolla y un plug anal, no el más pequeño. Te sacás una selfie con cada cosa. Que se te vea la cara. Quiero que se note lo que estás sintiendo. Obedecé."</div>
<div>Su primer impulso fue resistirse. No podía. No debía. Pero ya estaba en el fondo de algo que la consumía. Y no quería salir.</div>
<div>Se acercó a las esposas, se sentían frías el tacto, Las sostuvo con ambas manos. La textura era suave, pero firme. Sentía el poder contenido en cada eslabón de la cadena. Se miró en el espejo. Sus ojos brillaban con un fulgor nuevo. Levantó el teléfono y se sacó la primera foto.</div>
<div>Con el collar fue diferente. Lo sintió como una marca. Se lo colocó temblando. El metal de la argolla contra la garganta le arrancó un escalofrío. Se sacó la segunda foto con el corazón latiendo como un tambor.</div>
<div>El plug la desarmó. No sabía por qué, pero tocarlo fue como tocar algo sagrado. Suave, sedoso, tan erótico como amenazante. Lo posó sobre la palma de la mano para que notara que no era el más pequeño. La tercera foto capturó algo que ella misma no reconoció del todo. Una mezcla de entrega, miedo y deseo puro.</div>
<div>Pagó en silencio, con las mejillas encendidas, evitando mirar al vendedor. Salió con una bolsa negra, discreta. Como si lo que llevaba no existiera. Pero en su interior, algo ya había cambiado.</div>
<div aria-hidden="true"> </div>
<div>Llegaría el primer encuentro…</div>
<div>No necesitó anunciarse. Dylan empujó suavemente la puerta del local y entró con paso seguro, como quien tiene el control incluso antes de hablar. Rocío alzó la vista desde el mostrador y por un instante se quedó sin aliento.</div>
<div>No lo reconocía. Nunca había visto su rostro. Pero supo, de alguna manera instintiva y profunda, que era él.</div>
<div>Alto, de cuerpo firme y expresión serena. Vestía jeans oscuros, camisa arremangada y una campera de cuero que le daba ese aire de hombre que no pide permiso. Sus ojos la recorrieron despacio, sin apuro, sin vergüenza.</div>
<div>—Hola, Rocío —dijo él, con voz grave y segura—. Soy Dylan.</div>
<div>El nombre golpeó como un trueno suave. Rocío tragó saliva, aturdida, no se había imaginado nada concreto en su mente, y sin embargo, ese rostro era exactamente lo que no sabía que deseaba.</div>
<div>La intensidad de su mirada la hizo bajar los ojos sin darse cuenta. Sintió una corriente eléctrica recorrerle la espalda. Había algo en su presencia, en su forma de estar parado frente a ella, que la empujaba a rendirse. Sin palabras. Sin necesidad de seducción.</div>
<div>—Te ves mejor de lo que imaginaba —añadió él, con media sonrisa—. Y tenés ese brillo... ese que se nota cuando una mujer quiere obedecer sin admitirlo.</div>
<div>Ella no respondió. El cuerpo le temblaba apenas, lo justo para sentirlo, pero no delatarse.</div>
<div>Dylan sacó un sobre negro del bolsillo interior de su campera y lo apoyó con firmeza sobre el mostrador.</div>
<div>—Mañana a las 20:00, un auto va a pasarte a buscar, no traigas celular, nada que te conecte con tu otra vida. Traé lo que compraste en el sex shop, todo. —La miró fijo, sin aflojar el tono—. El resto está escrito en este sobre.</div>
<div>Se inclinó apenas hacia ella y bajó la voz.</div>
<div>—Si venís, sabés lo que vas a entregar, vas a obedecer, vas a callar, y sobre todo... vas a disfrutar</div>
<div>Dicho eso, giró y salió. Sin esperar respuesta. Como si su palabra ya fuera ley.</div>
<div>Rocío quedó sola, con el sobre entre las manos. Sus piernas temblaban, su respiración era errática y su ropa interior… arruinada.</div>
<div>Entró al baño, cerró con llave, y con manos ansiosas abrió el sobre. Adentro, una hoja cuidadosamente doblada. En la parte superior, una única línea escrita con tinta negra:</div>
<div>“Desde el momento en que te subas a ese auto, tu cuerpo y tu voluntad serán míos. Y yo sabré qué hacer con ellos.”</div>
<div>Rocío cerró los ojos. La elección estaba hecha. La cita no era una posibilidad. Era una orden, no quiso leer mas en ese momento, solo cerro sus ojos y lo hizo, rápido, voraz, estaba tan mojada que sus dedos se empaparon en un solo toque, apretó sus labios, explotó, y solo no pudo con todo eso</div>
<div>Ya en su casa mantenía el sobre negro escondido, pero latía en su mente todo el recuerdo. Rocío esperó el momento, entrecerrando la puerta del baño y con el corazón latiendo a mil, se atrevió a sumergirse en él.</div>
<div>La letra firme de Dylan no dejaba espacio a dudas:</div>
<div>“Depilación total. Sin ropa interior. Minifalda ajustada. Cabello suelto. Labios pintados. Perfume suave. Nada de celular. Nada de excusas. El cuerpo dócil y la mente abierta. No quiero a la madre, ni a la esposa. Quiero a la sumisa.”</div>
<div>Sintió un nudo en el estómago. ¿Cómo haría? ¿Cómo salir de esa casa sin levantar sospechas? Su marido, como siempre, estaba distraído con su trabajo. Bastó un “voy a juntarme con las chicas del grupo de pilates” para salir del paso. Él apenas murmuró un “ok, pasalo lindo” sin levantar la vista del monitor.</div>
<div>Su hija, en cambio, era otra historia. Tenía buen ojo y cuestionaba todo. Pero esa noche para su suerte, ella no estaba y Rocío aprovechó. Entró silenciosamente a su habitación, buscó en el placard y encontró lo que necesitaba: una minifalda negra de lycra, apenas más grande que un cinturón. Se sintió sucia, invasiva, pero el hormigueo entre sus piernas crecía sin pausa.</div>
<div class="x_elementToProof">En el baño, se quitó la ropa, abrió el cajón y sacó la maquinita. La depilación fue lenta, sensual, temblorosa. Cada pasada le revelaba una piel más suave, más sensible. Estaba tan excitada que tuvo que detenerse varias veces, jadeando, con los dedos húmedos rozando los labios inflamados de su sexo. Preparó el bolso con manos temblorosas: el collar, las esposas acolchadas, el plug, Todo lo que Dylan había enumerado estaba ahí, acomodado entre una bufanda y un neceser de maquillaje para disimular.</div>
<div>Salió de casa vestida como siempre: jean, suéter holgado, zapatillas. Cuando el coche llegó, lo hizo detener en la estación de servicio a tres cuadras. “Voy al baño, ya vengo”, le dijo al chofer, que ni siquiera la miró.</div>
<div>En el cubículo del baño, sacó la falda y la camiseta ajustada. Se vistió con prisa y se miró en el espejo. La pollera era tan corta que ni siquiera cubría lo necesario. Cada paso la haría subir. No llevaba corpiño. No llevaba bombacha.</div>
<div class="x_elementToProof">El aire frío del baño acarició su sexo lampiño, húmedo, desesperado, desnudo. Un hilo de jugos le resbaló por el muslo. Se miró. Parecía otra. Una puta. Una muñeca lista para ser usada. El corazón le latía tan fuerte que sentía que iba a desmayarse.</div>
<div>—No puedo —susurró, con las manos en las caderas, temblando.</div>
<div>Rebuscó en el bolso y sacó la tanguita minúscula que tenía puesta antes de entrar. No era parte del plan. Pero era lo único que podía hacer. Se la puso. Apenas cubría, pero era suficiente para no sentirse tan expuesta.</div>
<div>Volvió al auto con las piernas flojas y la mirada baja llena de vergüenza. Al subirse, notó cómo el chofer la espiaba por el retrovisor. Ella no dijo nada. Solo se acomodó en el asiento trasero, cerró los ojos, y se dejó llevar.</div>
<div>Estaba en camino. No había marcha atrás</div>
<div aria-hidden="true"> </div>
<div>La habitación del hotel estaba impregnada de un silencio denso, expectante, como si las paredes supieran lo que estaba por ocurrir. Él ya estaba allí cuando Rocío entró. Se detuvo en el umbral, respirando hondo, sabiendo que a partir de ese momento ya no era la mujer que vendía ropa para niños ni la esposa de un hombre ausente. No. Ahí dentro, sólo existía para él.</div>
<div>Él lucía un traje oscuro impecable, camisa negra apenas abierta en el cuello. Elegante. Dominante. Dueño del espacio. No se movió al verla entrar. Solo la recorrió con los ojos, de arriba abajo, lento, como si tuviera todo el tiempo del mundo para devorarla con la mirada. Y en ese gesto ya la tenía temblando.</div>
<div>—Cerrá la puerta —ordenó con calma, sin levantar la voz.</div>
<div>Ella obedeció sin pensarlo. Sentía las piernas flojas. No sabía si por miedo, excitación o ambas cosas.</div>
<div>Él se acercó, firme, caminando como un depredador seguro de su presa. La tomó del mentón y la obligó a mirarlo.</div>
<div>—Dijimos sin ropa interior, Rocío —le susurró, con una sonrisa seca en los labios. Le alzó la falda sin previo aviso, dejando a la vista una diminuta tanga. Ella bajó la mirada, mordiendo el labio, atrapada entre la vergüenza y la adrenalina.</div>
<div>—No cumpliste.</div>
<div>Se sentó en un sillón, abriéndose apenas de piernas. La atrajo con fuerza, haciéndola caer de rodillas frente a él, y luego la giró con decisión, colocándola sobre sus faldas, de espaldas a él, con el torso apoyado sobre su muslo. Le masajeó extasiado la perfección de las nalgas, sintiendo poder, dejando su culo completamente expuesto.</div>
<div>—Esto —dijo, acariciando con suavidad una de sus nalgas— merece un castigo.</div>
<div>Y entonces empezó.</div>
<div>La primera palmada fue firme, seca, un sonido que rebotó en las paredes del cuarto. Rocío jadeó, no por dolor, sino por la sorpresa. Él no se detuvo. Una tras otra, las nalgadas fueron cayendo con ritmo, con intensidad creciente, haciendo arder su piel y su deseo. Con cada golpe, ella sentía cómo su cuerpo se entregaba más. El calor de las palmadas, el peso de su cuerpo sobre él, su perfume, su voz grave que a veces murmuraba cosas ininteligibles… todo la enloquecía.</div>
<div>Él sentía cómo ella se retorcía, cómo su respiración se volvía entrecortada, cómo sus muslos temblaban. Y eso lo excitaba. Mucho. Su erección era evidente, dura bajo el cuerpo de ella, marcando el ritmo junto a las palmadas.</div>
<div>—No te muevas. No te atrevas a pedirme que pare.</div>
<div>Ella no quería que parara. Quería más.</div>
<div>Las nalgas de Rocío estaban rojas, calientes, sensibles. Y sin embargo, en su entrepierna ya resbalaban los primeros rastros de humedad. Se sentía dominada, castigada, pero también celebrada, deseada como nunca.</div>
<div>Él detuvo el castigo solo para inclinarse y morderle suavemente una nalga, bajando luego con su lengua por el interior del muslo. Quería saborearla. Pero todavía no.</div>
<div>Ella cerró los ojos. No necesitaba más palabras. Solo obediencia… y más.</div>
<div>Rocío apenas alcanzaba a procesar el ardor de sus nalgas cuando sintió cómo Dylan se inclinaba hacia su bolso, sin pedir permiso, sin mirarla siquiera. No había necesidad de palabras. Él mandaba, y ella ya lo sabía. Rebuscó entre sus cosas como si fueran suyas, hasta encontrar lo que buscaba: el plug anal que ella había llevado, obediente, aunque creyendo que tendría la oportunidad de entregárselo, de ofrecérselo. Pero no.</div>
<div>Dylan volvió junto a ella con el objeto en la mano, sin dudar le arrancó la tanga de un tirón, esa que tenía prohibido usar, al tiempo que sostuvo el juguete un segundo entre sus dedos, y sin advertencia alguna, lo hundió de golpe en su ano con una firmeza brutal. Rocío gritó, entre sorpresa y excitación, mientras su cuerpo se arqueaba instintivamente. No hubo compasión ni pausa. Solo dominio puro.</div>
<div>—Esto —le susurró al oído— te va a recordar lo que sos cuando estás conmigo.</div>
<div>Antes de que pudiera responder, él tomó las esposas para inmovilizarle los brazos por la espalda. Luego, metiendo la mano en el bolsillo derecho de su traje, sacó una venda negra para colocarla sobre los ojos. La oscuridad la hizo temblar. No ver, no controlar nada, esposada, inmovilizada, la volvía aún más suya.</div>
<div>Y entonces sintió el frío metálico del collar rodeando su cuello. Un clic seco. Un tirón leve. Había una cadena. No sabía a qué estaba unida, pero bastó sentirla para entender que ya no se pertenecía. Estaba de rodillas, ciega, atada, con el plug dentro y el corazón latiéndole en el cuello.</div>
<div>Dylan se plantó frente a ella y rozó con su glande sus labios entreabiertos. Sin esperar nada, sin pedir consentimiento, se la metió de golpe. La llenó de boca como nunca nadie lo había hecho. Rocío casi se ahogó con el primer embate, pero no se apartó. La profundidad con la que la penetraba era brutal, abrumadora. Cada vez más adentro. Hasta las bolas. Le sujetaba el rostro con ambas manos, marcando el ritmo, impidiendo que ella escapara.</div>
<div>Y entonces lo sintió. Dylan le acariciaba el cuello en cada embestida, como buscando, como sintiendo su propio glande desde afuera, palpando su garganta. Eso la enloqueció. Se sintió atravesada, vaciada, succionada por completo. El plug ardía en su interior, la cadena la tensaba, el sabor de él la invadía, y el roce de sus dedos sobre su piel la hacía temblar.</div>
<div>Todo era lujuria. Cruda. Sin filtros. Sin amor. Solo deseo. Solo poder. Solo necesidad.</div>
<div>La respiración de él se aceleraba. Sus gemidos graves eran como órdenes, y ella obedecía con la boca, con la garganta, con cada fibra de su ser.</div>
<div>Y eso... eso recién empezaba.</div>
<div>El sabor de Dylan la llenaba. Su ritmo era brutal, sin concesiones. Pero había algo más... algo que la delataba. Sus propios jugos resbalaban por sus muslos, bajando sin vergüenza, empapando la piel y la alfombra. Goteaban, calientes, humillantes, deliciosos. Estaba completamente encendida, encadenada, dominada… y mojada como nunca antes.</div>
<div>Dylan se apartó por un segundo y la observó, respirando agitado, el pecho subiendo y bajando con furia. La veía ahí, entregada, con la boca húmeda, las piernas brillantes por su propia excitación. Era su obra. Su sumisa. Su puta perfecta.</div>
<div>—Mirá cómo chorreás, Rocío... —gruñó con una mezcla de asombro y triunfo—. Sos un desastre hermoso.</div>
<div>Se arrodilló detrás de ella, sin sacarle ni la venda ni el plug. Le separó las piernas con las rodillas, sujetándola por las caderas con fuerza, y la penetró de una sola embestida. No hubo preámbulo. Solo el sonido de su cuerpo deslizándose con facilidad en esa concha mojada y temblorosa.</div>
<div>Ella gimió con fuerza. Ya no importaba si se escuchaba o no. Estaba hecha un mar, y él lo sabía. Se lo hacía saber con cada estocada, profundas, rítmicas, como si quisiera tatuar su presencia dentro de ella.</div>
<div>Pero Dylan no se detenía ahí. La sacaba de su sexo y volvía a metérsela en la boca. Alternaba. Jugueteaba con ella como un animal hambriento y preciso. Una embestida por la garganta. Otra por la concha. Todo en un ciclo salvaje, húmedo, bestial. Y Rocío lo recibía todo. No pedía piedad. No quería que parara.</div>
<div>Cada vez que volvía a su sexo, los gemidos de ella eran más roncos, más rotos. Cada vez que la tomaba por la boca, sus labios se abrían sin resistencia, como si su cuerpo ya hubiera olvidado cualquier otra función.</div>
<div>Dylan estaba al borde. Lo sentía en la base de su sexo, tenso, cargado, ardiendo. Era un dios ahí dentro. Dueño del tiempo, del placer, del cuerpo de esa mujer que ya no podía llamarse suya.</div>
<div>Ella estaba tan cerca… y él también.</div>
<div>Dylan no dijo nada. No hacía falta. Solo la tomó por las caderas con brutalidad y la giró como quien acomoda una muñeca, dejándola en cuatro sobre la cama. Las cadenas tintinearon. Sus brazos seguían atados a la espalda, el collar tenso por la cadena que la mantenía en posición. Vulnerable. Expuesta. Suya.</div>
<div>Sin aviso, le arrancó el plug con un tirón firme. Rocío jadeó con un gemido ronco, mezcla de vacío y expectativa. Sabía lo que venía. Lo deseaba con cada fibra.</div>
<div>Dylan se escupió la mano, se alzó detrás de ella y, sin piedad, le enterró su verga por el culo de un solo empuje, haciéndola gritar, abrirse, romperse para recibirlo. Fue una invasión total. Seca. Animal. Y deliciosa.</div>
<div>—Eso es —murmuró con voz grave, con una sonrisa oscura y lasciva mientras empujaba más hondo—. Así se somete una perra de verdad.</div>
<div>La sodomización era feroz. Las embestidas hacían retumbar la cama, la cadena vibraba con cada movimiento, y los gritos de Rocío llenaban la habitación. No había más filtros. Su cuerpo entero se deshacía en placer, sus pezones ardían, como si la piel no pudiera contener tanta electricidad. Gritaba como nunca lo había hecho. Cada golpe en su culo, cada roce del glande empujando sus límites, cada roce involuntario del plug ausente… la llevaban a un estado de locura deliciosa.</div>
<div>Y entonces, algo estalló dentro de ella. Un orgasmo brutal, profundo, descontrolado. Uno que no salía solo de su sexo, sino de su ano, de sus pezones, de su cuello tirante por el collar. Uno que la hizo convulsionar mientras seguía siendo tomada, como si todo su cuerpo se rindiera en una única ola de placer salvaje.</div>
<div>Dylan también lo sintió. Ese temblor, esa presión. Ese espasmo de sumisión total. Era el puto amo del mundo en ese momento. El verdadero dueño de ese cuerpo, de ese placer. El más poderoso sobre la tierra.</div>
<div>Salió de ella con un rugido y terminó eyaculando sobre su espalda, caliente, salvaje, manchándola como si firmara su obra de arte, su firma. El esperma resbaló por su piel roja, entre los omóplatos, bajando por la curva perfecta de sus nalgas hasta detenerse en el hueco de su espalda baja. La marca final de su dominio.</div>
<div>Y ella... atada, ciega, temblorosa, con los brazos inmovilizados, los muslos mojados, la piel enrojecida y el culo abierto… sonreía. Jadeaba. Sintiendo que nunca había vivido algo así. Nunca.</div>
<div>Era su esclava. Y no quería ser otra cosa.</div>
<div>Rocío seguía de rodillas sobre la cama, aún con la venda en los ojos, los brazos atados, el cuerpo marcado por la intensidad del encuentro. Sentía el semen secándose en su espalda, el ardor delicioso en su ano, la humedad tibia entre sus muslos. Todo su cuerpo era memoria viva de lo que había pasado. Y no quería moverse. No quería que terminara.</div>
<div>Dylan la observaba desde el borde de la cama, la camisa abierta, el rostro aún enrojecido por la excitación. Solo la miraba, en silencio. No necesitaban palabras. Ambos sabían que habían cruzado una línea que ya no se desdibujaría jamás.</div>
<div>Eran dos adultos, dos padres de familia, dos vidas paralelas que funcionaban en automático… pero ahí, en ese cuarto anónimo de hotel, no eran ni esposos ni padres. Solo amo y esclava. Solo deseo. Solo instinto.</div>
<div>Y así lo seguirían siendo.</div>
<div aria-hidden="true"> </div>
<div>Afuera, la ciudad seguía su curso. Los niños salían del colegio. Las rutinas se repetían. Las mentiras sostenían estructuras. Y ellos… ellos volvían a encontrarse de vez en cuando. Siempre con cuidado. Siempre desde esos perfiles falsos que los habían unido. Jugaban a escondidas, sí. Pero lo hacían con la intensidad de quienes no buscan un reemplazo, sino una versión secreta de sí mismos.</div>
<div>Cada mensaje, cada encuentro, cada orden o sumisión, era un recordatorio de que la vida no era solo lo que mostraban. Que detrás de cada rostro correcto… podía haber otro. Oculto. Impaciente. Ardiente.</div>
<div>Y ese juego, ese fuego clandestino, seguía encendido.</div>
<div>Porque en el fondo, sabían que no era una aventura. Era una necesidad.</div>
<div> </div>
<div>Si te gustó esta historia puedes escribirme con título ROSTROS OCULTOS a dulces.placeres@live.com</div>
<div id="wpfa-10846" class="wpforo-attached-file"><a class="wpforo-default-attachment" title="01.jpg" href="https://relatosonline.b-cdn.net/wp-content/uploads/wpforo/default_attachments/1780788286-01.jpg" target="_blank" rel="noopener"><i class="fas fa-paperclip"></i> 01.jpg</a></div>]]></content:encoded>
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                        <title>Dos hermanos, cambiando roles</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/dos-hermanos-cambiando-roles/#post-4003</link>
                        <pubDate>Sat, 06 Jun 2026 06:01:19 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[...  
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                        <content:encoded><![CDATA[<p>...  </p>
<p>                           Yo había crecido, pero evidentemente el viejo uniforme del colegio de mi hermana no. La falda que hacía pocos años le llegaba justo por encima de las rodillas ahora a mí apenas me tapaba el culo y eso ajustando la cintura.</p>
<p>                          Para poder ponerme el polo tuve que usar las tijeras y darle unos cortes estratégicos. Me quedaba muy ajustado, marcando todo. Además de usar unas tetas falsas de silicona que había comparado por Internet y uno de sus sujetadores más sexis por debajo. </p>
<p>                         Para sustituir los calcetines unas calzas blancas suyas me vendrían bien. Y unos zapatos negros míos de un modelo bastante unisex completarían el atuendo. No podía llevar tacones, lástima. Desde luego con sus piecitos no me valdrían los suyos. No tenía peluca, pero en esa época llevaba el pelo lo bastante largo como para que pareciera de chica con solo peinarlo diferente. </p>
<p>                         Estaba comprobando el efecto en el espejo del ropero de mi cuarto cuando entró mi hermana, sin llamar, como siempre. Se atragantó y quedó alucinada al verme así.</p>
<p> - ¿Piensas ir así a la fiesta de disfraces?. </p>
<p>- ¿Que te parece?. </p>
<p>- ¡Impactante!. A mí ya no me vale pero joder como te queda a ti. Tienes unas piernas muy bonitas así con una faldita y las calzas. </p>
<p>- El polo me aprieta mucho las tetas falsas. </p>
<p>- Y ¿te crees que a mí las mías no?. Ya me quedaba justo las últimas veces que me lo puse. </p>
<p>- De eso me había dado cuenta, nena. Tienes un par de peras preciosas. </p>
<p>                              Le dije riendo. Tenía los dos pechos de silicona puestos sobre mi torso. Me los miró y allí, en medio de la blanca tela destacaban hasta los pezones falsos. Ni el encaje del suje los disimulaba. Duros, pero de pega, apuntaban directamente a su rostro. Me había puesto el sujetador para que quedara más erótico. Pero no hacía falta, esas cosas se sujetaban con adhesivo. </p>
<p> - ¿Que vas a llevar debajo?.</p>
<p>                             Señalé un culotte negro de encaje muy sexy que reposaba sobre mi cama. </p>
<p>- ¿Que llevas ahora?.</p>
<p>                             Juguetona, adaptándome a mi nueva personalidad, levanté un poco la faldita dejándole ver mi culo desnudo. Su tanguita era tan pequeño que por detrás no me tapaba nada. Por delante solo tenía que sujetar mi polla pero le costaba, claro. La situación y esa ropa me tenían cachonda. </p>
<p>- Esto sería muy descarado. ¿Verdad?.</p>
<p>- Depende de quién vaya a levantar esa falda. </p>
<p>- Creo que hoy no me importaría. Estoy "juguetona" tata. </p>
<p>- Vaya, vaya con mi nueva hermanita. Claro que yo tampoco puedo decir nada. Sabes que me va un poco de todo. </p>
<p>- Ya sé a lo que juegas con tus amigas. Sois muy escandalosas cuando os metéis en tu habitación. </p>
<p>- ¿Nos espías?. En cambio yo no sé si te diviertes con tus amigos. </p>
<p>- No hace falta, ese tabique es casi de papel. No ha habido mucho entretenimiento pero algo si. Y desde luego no los días que estás tú en casa. No pensarás que soy virgen. </p>
<p>                             Mientras no me excitara no tendría problemas. Aunque estaba algo cachonda, perdón, muy excitada. Como me había hecho una paja poco antes la erección se mantenía controlada. Y si se me ponía dura entonces sería cuando me divertiría de verdad. </p>
<p>- ¿Quieres que te ayude con el maquillaje?. Ya veo que lo de la ropa lo tienes controlado. </p>
<p>- Pues claro, tata. No sabría por donde empezar. </p>
<p>                              Durante un rato se dedicó a maquillarme casi en silencio. Pero sus tetas de verdad apenas cubiertas por la ligera y pequeña chaquetilla de un pijama de verano rozaban constantemente mi hombro. El short del mismo pijama era verdaderamente corto y podía ver y rozar los muslos y parte de su precioso culito en cuanto se daba la vuelta. Eso tenía un efecto inmediato sobre lo que había bajo la falda. </p>
<p>- ¡Hermanito!. Te está gustando el maquillaje por lo que veo. </p>
<p>- Dime Silvia, hoy es quien soy. Es que los roces también están muy bién. Y a tí se te están poniendo duros los pezones, por cierto. </p>
<p>                                Me había traicionado el subconsciente, había elegido el nombre de una de sus mejores amigas. Una que sabía era muy cariñosa con mi hermana. Ella tampoco era indiferente a la situación. Sus pezones se marcaban muy duros en esa fina tela. De vez en cuando se apoyaba en mi muslo desnudo, como si fuera un descuido. </p>
<p>- A tí también te está gustando maquillarme. ¿Qué tal me veo?.</p>
<p>- Estás quedando fantástica, Silvia, pero hay buena materia prima. </p>
<p>- Porque me parezco a ti y a mamá. Tata. Si me pareciera más a papá no me habría planteado ponerme esto. Pero vosotras sois preciosas. Por cierto ¿donde están?.</p>
<p>- Ya se han marchado. Estamos solos. </p>
<p>                           Puse una mano en su cadera en un gesto de confianza. Y ella no la apartó. De hecho estaba acariciando la piel desnuda de su cinturita. </p>
<p>- Silvia es una chica preciosa. </p>
<p>- ¿No me estarás coqueteando?.</p>
<p> - ¿Te importaría?.</p>
<p>                                Me pegué más a su cuerpo. Estreché el abrazo y apoyé la cabeza en su hombro en un gesto de cariño. </p>
<p>- Claro que no. Mi hermana es la chica más guapa que conozco. Y sé que eres de gustos muy amplios.</p>
<p>- Parece que a mi nueva hermana también le gusta un poco de todo. ¿Quieres experimentar?.</p>
<p>- Quiero dejarme llevar. Sin complejos ni límites. Y ver lo que pasa. ¿Tú vas a venir?.</p>
<p>- No lo había pensado.</p>
<p>- Ahí tienes mi ropa. Puedes ir de chico. Te va a quedar bien. Todo te queda bien.</p>
<p>- No me parece mala idea. ¿Me la dejas?.</p>
<p>- Ponte lo que quieras. De todas formas algunas de mis camisetas las usas tú más que yo. </p>
<p>- Es que son muy cómodas y huelen a tí. </p>
<p>                             Con el juego del maquillaje, el pegarse a mí y darme esos mimos me tenía cachondo. Ya ni la paja anterior me valía para tener controlado el rabo que estaba levantando la tela de la falda. Y entonces terminó de matarme. Sin complejos se quitó el pijama bajo el que por cierto no llevaba nada de nada y en pelota picada se puso a rebuscar en mis cajones. </p>
<p>- ¡Pero nena!. Pensaba que te lo ibas a llevar a tu cuarto.</p>
<p>- ¡Y qué más da!. Así puedo probàrmelo aquí y ver lo que me queda mejor. ¿O te va a dar vergüenza verme desnuda?.</p>
<p>- Va a ser la primera vez, pero ya he visto alguna más. </p>
<p>- ¿Y tocado?. </p>
<p>- Pues claro. Boba. </p>
<p>                                 Lo mejor del asunto es que mientras se interesaba por mi vida sexual estaba doblada por la cintura curioseando mi armario con lo que me dejaba ver sus nalgas un poco abiertas y hasta los labios del coño entre sus muslos. </p>
<p>- Vaya, vaya. ¿Quién será la guarrilla que se beneficia a mí hermanito?.</p>
<p>- No creo que las conozcas. </p>
<p>- ¿Varias?. ¡Me has salido todo un Don Juan!. Tú quietecito en la silla y me vas diciendo. </p>
<p>                              Mientras revolvía mis cajones había encontrado un paquete que había pedido por Internet un par de días antes. </p>
<p>- ¡Vaya! Y esto ¿qué es?.</p>
<p>                                Había encontrado un par de tangas de chico y un suspensorio. </p>
<p>- Viendo lo bién que os quedan a vosotras he decidido probarlo yo. </p>
<p>- Pues a juzgar por lo poco que he podido ver antes de ese culito tiene que ser algo precioso. </p>
<p>- ¿Quieres ver más?. Yo ya te estoy viendo todo. </p>
<p>- No me importaría pero por ahora estas muy sexi con mi uniforme. Y tranquilo ahí. </p>
<p>- Muy tranquilo no estoy, precisamente. </p>
<p>                                ¿Significaba eso que pensaba quitarme la faldita a cuadros y el polo?. A esas alturas yo me dejaría hacer cualquier cosa que se le ocurriera. </p>
<p>- Bueno. Haz lo que quieras. No te lo voy a poder impedir. Pero para ir de chico... mejor coge uno de esos bóxer de la derecha. Te va a quedar perfecto con tu culito. </p>
<p>-¿El rojo o el azul?.</p>
<p>- El azul es más de tu talla. Y enrolla un calcetín para que abulte el paquete. </p>
<p>                           Siguió mis instrucciones. Pude ver cómo mi prenda subía por sus largos muslos y se ajustaba a sus nalgas como si lo llevara pintado. Cuando se giró me quedé atónito. </p>
<p>- Nena, porque acabo de verte el coño hace un momento que sino pensaría que eres una transexual bellísima. </p>
<p>- Podía ir de futa o trans, sería muy sexi. Pero hoy quiero ser un chico al completo, así me ayudas. </p>
<p>- ¡No te quejarás!. ¿Elegante o informal?.</p>
<p>- ¿Me dejaría el traje?.</p>
<p>- Mamá ya está pensando en comprarme otro. Se acercan dos o tres bodas de compromiso. Ya me ha dicho que me lo ponga para salir los sábados. No hay problema. </p>
<p>- ¿Pero qué hacemos con las tetas?.</p>
<p>- Si llevas la americana no sé van a notar mucho. Pero antes cuando una mujer quería hacerse pasar por chico se las vendaban.</p>
<p>- ¡Me estás llamando poca teta!.</p>
<p>- No se me ocurriría. Son perfectas. A mí me gustan así... la teta que en la mano quepa. </p>
<p>- Y teta que mano no cubre...</p>
<p>- No es teta sino ubre. Joder como se nos quedan los refranes de papá. Creo que por eso se casó con mamá aún las tiene duras como piedras y nada caídas. </p>
<p>- Pero ¿te vas fijando en las peras de mamá?. ¡Qué pillo! Vale pues el traje. ¿Qué camisa?.</p>
<p>- Es que son muy bonitas y creo que las oculta menos que tú, que ya es decir. La blanca por supuesto. </p>
<p>- ¿No es de tela muy fina?. A tí se te notaban los pezones cuando te quitaste la chaqueta. </p>
<p>- Es que los tengo más oscuros que tú. Pero a tí te va a quedar perfecta. De todas formas solo te lo estás probando aún puedes cambiar.</p>
<p>                    Cristalino que estaba jugando conmigo. Me tenía palote casi desde que entró en mi habitación. Pero como me estaba encantando el juego la dejaba hacer. Mi camisa le llegaba a medio muslo. La había visto con un vestido camisero más corto que eso. Se puso un cinturón para ajustarla a la cintura. </p>
<p>- Impresionante, cielo, pero sigues siendo tú, no un chico. </p>
<p>- Vaaaale, a ver que tal me queda el pantalón. </p>
<p>                               Le quedaba mejor que a mí y con él puesto me habían agarrado el culo un par de veces en alguna celebración al que lo había llevado. </p>
<p>- Tata, esas nalgas son como para hacerles una estatua. Pero ahora pareces el cliché de una lesbiana masculina. </p>
<p>- A mis amigas les gusta este toque. Nos vamos acercando. </p>
<p>- Conociéndola, ups perdón, las, me lo imaginaba. Ponte la americana a ver si hace falta disimular tus tetitas.</p>
<p>- ¡Que no te burles de mis melones! ¡Coño!. Ya sé que tienes claro que tengo una amiga bollera, pero a ella no le voy a impresionar así. Le gusto más cuando voy muy femenina. </p>
<p>- Di mejor mandarinas. Da un botón de la chaqueta. Yo te veo muy bien así. Ata la melena en una cola. Quedara más masculino. Podemos pintar un bigotito. Tienes un carboncillo ahí. ¿Quieres una corbata?.</p>
<p>                            Se estaba mirando, admirando, en mi espejo. Y era verdad de no muy cerca daría el pego como chico tanto como yo de chica. Pero no tenía que ser perfecto. Solo era un disfraz. Ahí fue cuando la cosa se puso seria. Hasta ahora solo habíamos estado jugando. Se pintó el bigote y se volvió hacia mí con cara de vicio. </p>
<p>- Bueno, bueno. ¿Qué tenemos aquí?. ¿Quién es esta putita?.</p>
<p>                              Admito que a esas alturas la estaba viendo venir. Tan inocente no soy. Solos en casa, ella de un humor pendenciero y yo más caliente que una fundición. Así que entré al trapo. </p>
<p>- Pero, papi. No me trates así. Si soy tu nena mimada. </p>
<p>- Mi niña no llevaría la falda tan corta. </p>
<p>- Es que ya no soy tan niña. Soy mayor de edad y he crecido. </p>
<p>                               Cogió mi mano y me hizo levantar de la silla. Frente a frente mirándonos a los ojos no sé cual de los dos tenía más ganas del otro. Pero la dejé hacer, esa tarde era mi sugar daddy y yo su consentida. Puso las manos en mi cintura y me besó. Fue dulce y lasciva a la vez. </p>
<p>                         Empezó mordisqueando mis labios con los suyos pero los dos teníamos demasiadas ganas como para quedarnos ahí. Segundos más tarde tenía su lengua buscando mi campanilla por cómo la sentía dentro de la boca. Y yo salivando, ella se bebía mi saliva. Jamás podía haber imaginado que mi hermana podía ser tan guarra besando... y en todo lo demás.  </p>
<p>- ¡Joder Silvia qué buena eres besando!.</p>
<p>- Contigo es fácil. Daddy. Solo quiero dejarme llevar. </p>
<p>                                      Para entonces ya había dejado mi cintura y me estaba agarrando el culo a dos manos. Con los cuerpos pegados yo notaba en calcetín sobre mi polla dura y sus tetas de verdad sobre las mías falsas. </p>
<p>- Cariño, si quitamos los postizos lo notaremos más.</p>
<p>- Vale nena, pero no la ropa. Y por cierto, tu calcetín tendrá que ir directo a la lavadora. Me estoy mojando mucho. </p>
<p>- ¿No nos arrepentiremos de esto?.</p>
<p>- Con las ganas que te tengo. Yo no. ¿Y tú?. </p>
<p>- ¿No notas mi polla? Va a ser que tampoco. </p>
<p>- Pues saca el calcetín. </p>
<p>                            Si que estaba mojado, pero olía a sus jugos, a hembra cachonda. Ella sacó los postizos del sujetador y se inclinó a chupar mis pezones. Estaban tan duros que podía agarrarlos con los dientes por encima del sujetador y el polo. </p>
<p>- Suave cariño que los arrancas. </p>
<p>- ¡Qué delicada!.</p>
<p>                             Por debajo de la falda estaba jugando con mis nalgas. Las separaba y buscaba el ano con un dedo. Completamente lasciva pasó la húmeda por mi oreja y me dijo. </p>
<p>- Te voy a follar, nena. </p>
<p>                              No es que eso me fuera a impresionar. Ya había jugado mucho con ese agujero. Mi rabo seguía dando puntadas sobre su pubis. Hacia rato que había escapado del escaso encierro del tanga por un lateral de la prenda. Suponía que en algún momento ella le dedicaría algunas atenciones. Pero mientras tanto tenerlo duro tanto tiempo era a la vez una tortura y un placer. Por si acaso le pasé el lubricante que siempre tengo cerca de la cama. </p>
<p>- ¿Le haces eso a tus amigas?.</p>
<p>- Les hago de todo. Como a tí. </p>
<p>                                Me empujó encima de la cama a cuatro patas y levantó la falda por encima de mi espalda. Menuda estampa debía ofrecer, menos mal que estábamos solos en casa. Ella sabía que me había duchado antes de empezar a probarme su uniforme así que empezó a comerme el culo con hambre atrasada. </p>
<p>- Así me gusta. Nena. Que estés bien limpia para tu novio. </p>
<p>- Siempre, cariño. </p>
<p>                           Había tenido unos cuantos besos negros con anterioridad pero no sé si era por la persona que me lo estaba haciendo, por el juego de rol y disfraces o porque mi hermana se estaba esmerando pero sin duda era el mejor. Y ¡Joder! cuando empezó a meter dedos pensé que me corría en ese mismo instante. </p>
<p>- Cariño, si sigues así me voy a correr. </p>
<p>- Pues eso hay que aprovecharlo. </p>
<p>                              Aún no sé cómo se metió entre mis piernas lo justo cómo para coger mi glande entre sus carnosos labios. Y eso sin sacar los dos dedos que tenía en mi culo y acariciar mis huevos con la otra mano. Pocas lamidas necesitó para tener mi semen en la boca. De inmediato me puse a su lado para besarla y compartir mi néctar. Nos acariciamos durante un rato más relajados. </p>
<p>- ¿Te has corrido?.</p>
<p>- ¿Donde crees que tenía la otra mano mientras te follaba?. Dos achuchones al clítoris y ya. Estoy muy cachonda. </p>
<p>- ¿Todavía?.</p>
<p>- Esto no ha hecho más que empezar. Si esta hermanita cachonda que me ha salido quiere claro. </p>
<p>- Sabía que te gusta el sexo. Te he visto durante estos años con tus ligues. Pero no pensaba que fueras tan guarra. </p>
<p>- Morbosa. Cariño. Me lo quieres comer tú ahora?.</p>
<p>- Lo estoy deseando pero tienes mucha ropa encima. </p>
<p>- Cierto, no sé si habrá que llevar estos pantalones al tinte. Ponte de pie. </p>
<p>                                Lo hice entre sus bonitos muslos mientras ella estaba sentada en la cama. Seguía con esa cara de vicio mientras me quitaba el polo y la falda. </p>
<p>- Date la vuelta. Quiero ver como estás solo con la lencería. Sabía que tenías un cuerpo bonito y por fín puedo apreciarlo bien. No esos vistazos rápidos cuando sales de la ducha. </p>
<p>                            Incluso hice algunas poses tontas inclinándome o sacando el culo. Ella lo aprovechó para hacerme fotos con el móvil. Mientras las mirábamos, nos besábamos y nos hacíamos suaves caricias volvíamos a ponernos en marcha. </p>
<p>- Ayúdame a quitarme todo esto. </p>
<p>                           Le saqué los pantalones del traje descubriendo los largos muslos mientras ella estaba tumbada. Besé y lamí sus lindos pies aprovechando que los tenía tan a mano. Chupé cada uno de sus dedos. Empezó a desabrochar la camisa. </p>
<p>- Tranquilo, cariño. Ya lo hago yo. </p>
<p>                                La incorporé un poco para poder hacerlo con tranquilidad y descubrir sus preciosos pechos. Solo con mi bóxer me seguía pareciendo un súcubo, un ser de otro mundo creado para hechizarme. Pero si quería comerle el coñito tenía que librarle de esa prenda también. Por fín la tenía completamente desnuda sobre la cama. </p>
<p>- Ahora ya no puedo decir que soy un chico. </p>
<p>- No, eres simplemente preciosa. Ponte arriba. </p>
<p>                                  Me tumbé yo y ella se sentó sobre mí cara en dirección a mis pies. Se mantenía erguida para que pudiera pasar la lengua no solo por el coñito sino también por el ano. Ella misma se masajeaba las tetas y pellizcaba los pezones. Y mientras mi lengua repasaba todas esas partes tan interesantes de su anatomía la escuchaba gemir y suspirar. </p>
<p>                                Todo eso me estaba dando tiempo y excitación suficiente como para que mi polla volviera a escapar del tanga y apuntara al techo bién dura. Además de sus caricias en el tronco y los huevos. Seguía tratándome como una chica, bueno, aún tenía puesta su lencería. </p>
<p>- Hora de follar, Silvia. </p>
<p>- Estoy a tu disposición. Cabálgame.</p>
<p>                                Se levantó lo justo cómo para moverse hasta mi cadera. Dejó un reguero de jugos sobre mi pecho y vientre. Hasta clavarse ella misma mi rabo en su xoxito. Me dediqué a amasar sus gloriosas nalgas mientras ella subía y bajaba. Pero ella tampoco se conformaba y seguía acariciando mis huevos con una mano, la que no tenía en sus tetas. El ritmo lo iba variando según se corría, aceleraba cuando estaba a punto y lo ralentizaba después de cada orgasmo. </p>
<p>                               Viendo que es multi y que con su cuerpo de gimnasta no se cansa no sé la cantidad de orgasmos que tuvo antes de levantarse, girar el cuerpo hacia mí y meterse mi polla en el culito. Esta vez pude mantener mi erección lo suficiente como para satisfacerla. Pero ahora podía acariciar sus peras y el clítoris mientras ella pellizcaba mis pezones descubiertos por el sujetador descolocado. </p>
<p>- Nena, me corro. Me estás exprimiendo el rabo. </p>
<p>- Dale amor, hazlo ahí. </p>
<p>                              Le llené el recto con mi lefa y ella se recostó sobre mi cuerpo. Pude abrazarla mientras nos dábamos suaves y dulces besos. </p>
<p>- Eres una fiera. Ahora me explico los gritos que salen de tu cuarto cuando estás con una amiga. </p>
<p>- Ya ves que una polla tan rica como esta también me hace disfrutar. </p>
<p>  - Y la puedes dejar para el arrastre. </p>
<p>- ¿Crees que no podría volver a levantarla si me lo propongo?.</p>
<p>- Estoy seguro de ello con el cuerpo y el vicio que tienes. Pero creo que deberíamos cambiar las sábanas, airear esto y darnos una ducha. </p>
<p>- ¿Juntos?.</p>
<p>- Si tenemos tiempo...</p>
<p>                                Ese día no lo tuvimos pero ha habido muchas duchas juntos desde entonces. Algunas con la Silvia real, por cierto, o con otros amigos y amigas. Por cierto pasamos de la fiesta y los disfraces nos los ponemos a veces para disfrutar de esos ratos de morbo. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>.... .. </p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/"></category>                        <dc:creator>pern</dc:creator>
                        <guid isPermaLink="true">https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/dos-hermanos-cambiando-roles/#post-4003</guid>
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                        <title>Haciéndolo con mamá mientras tiene una llamada de trabajo</title>
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                        <pubDate>Fri, 05 Jun 2026 17:58:09 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Acababa de llegar a casa después de una dura jornada de gimnasio, entrenándome, al llegar a casa, mi madre, Pilar estaba hablando por teléfono con una compañera de trabajo sobre una reunión ...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>Acababa de llegar a casa después de una dura jornada de gimnasio, entrenándome, al llegar a casa, mi madre, Pilar estaba hablando por teléfono con una compañera de trabajo sobre una reunión que habían tenido ese mismo día por la mañana. Ella estaba en el sofá tocándose jugándo con su coleta mientras escuchaba a Lucia, su compañera de trabajo la cual casualmente es de mi edad y a la cual conozco muy bien. </p>
<p>Mientras escuchaba atentamente la conversación con su compañera, llegó el momento en el que mi madre me vio que había llegado y estaba escuchándola en silencio mientras la observaba, ella me sonrió y suspiró mientras su compañera seguir hablando, ella le respondía pero estaba claro que ella ya tenía la cabeza en otro sitio. Entré al salón y me encontré a mi madre desnuda de cintura para abajo tocándose su peludo coño mientras me miraba, percibía que lo tenía ya baboso y bien mojado y eso me gustaba, empecé a tocarme el pene delante de ella a la vez que ella se llevaba los dedos mojados a su boca. Después me quito la toalla y acto seguido me empezó a acariciar la polla salivandose el coño para que se la metiera.</p>
<p>Previamente, se la metió en la boca haciéndome una mamada de escándalo como las que me suele hacer últimamente, tras unos minutos sin parar de chuparmela, ella se abrió de piernas en el sofá y le empecé a hacer dedos haciendo que gimiera fuertemente de placer, tenia el coño empapado y el flujo le salía por todos lados, no recordaba haber visto el coño de mi madre peludo desde que empezamos juntos pero me gustaba todo había que decirlo y no me importaba que tuviera vello, así era más natural. Mamá cada vez se ponía más cachonda y sin poder llegar a la cama me la terminé follando en el sofá, ella gimió nada más penetrarla, gemidos tan fuertes que era evidente que los vecinos supieran lo que estábamos haciendo, ella mi pidió que le follara duro que no parase, le azote sin parar dejándole las manos marcadas en sus nalgas, dándole azotes sumamente fuertes hasta que me termine corriendo dentro de su coño. </p>
<p>La verdad que fue un polvo rápido pero estaba tan cachondo y con tantas ganas de hacerlo que tampoco pudo dar para más, los dos estábamos encantados el uno con el otro y sobretodo mamá estaba recuperando nuevamente sus ganas insaciables de sexo, esas ganas que estando casada no tenia y las que había perdido hacia muchos años hasta que las encontró conmigo, con su hijo. </p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/"></category>                        <dc:creator>RaulGlez1</dc:creator>
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                    </item>
				                    <item>
                        <title>La sonámbula</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/en-familia/la-sonambuls/#post-4001</link>
                        <pubDate>Thu, 04 Jun 2026 22:42:23 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[La visita
Pasaba de las dos de la madrugada cuando Daniela entró en camisón en la habitación de su cuñada Nuria. Caminando con paso firme, llegó a la cama y luego se metió entre sus piernas...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>                                                    La visita</p>
<p>Pasaba de las dos de la madrugada cuando Daniela entró en camisón en la habitación de su cuñada Nuria. Caminando con paso firme, llegó a la cama y luego se metió entre sus piernas. Nuria, que dormía desnuda, no dijo nada. Daniela le flexionó las rodillas, le separó las piernas y lentamente le lamió los labios internos y externos; luego lamió solo los internos, primero uno y después el otro, y a continuación le metió y le sacó la punta de la lengua en el coño como si la estuviera follando con ella. </p>
<p>La respiración de Nuria se aceleró y comenzó a ponerse nerviosa.</p>
<p>Daniela subió besando y lamiendo el monte de Venus, el vientre y el ombligo, siguió besando y lamiendo hasta llegar a las tetas, lamió sus pezones, sus areolas, y le mamó las tetas, todo esto sin tocarle con las manos. De las tetas fue a la boca y la besó con lengua. Luego de comerle la boca, hizo el recorrido a la inversa, volviendo a besar, lamer y mamar hasta llegar al coño, coño que ya estaba empapado. Le lamió el clítoris con la punta de la lengua muy suavemente; poco después, y acelerando el ritmo, pasó de lamer con la punta a lamer presionando el clítoris con toda la lengua.</p>
<p>Nuria, con el coño echando por fuera, comenzó a correrse en la boca de su cuñada. Daniela, al sentir los jugos en su lengua, paró de lamer y dejó que Nuria moviera la pelvis para acabar el dulce trabajo.</p>
<p>Al acabar de correrse, Daniela regresó a su habitación.</p>
<p>A la mañana siguiente, Nuria, que era una veinteañera, morena, delgada, de cabello negro y corto, y con un polvo, estaba sentada a la mesa de la cocina cuando llegó su cuñado Diego. Se sentó a la mesa, se echó un café de la cafetera y le preguntó:</p>
<p>-¿Te visitó anoche Daniela?</p>
<p>Nuria tomó un sorbo de su café, luego miró a su cuñado y le dijo:</p>
<p>—Sí, vino a mi habitación estando sonámbula, y se metió en mi cama, pero no la desperté, tal y como me habías dicho.</p>
<p>Diego era un veinteañero, moreno, de un metro setenta de estatura y resultón; cogiendo un cuchillo y una tostada, le dijo:</p>
<p>-Es que no se puede despertar, no se sabe cómo podría reaccionar. </p>
<p>Los dos estaban en bata de casa, roja la de Nuria y azul la de Diego. Nuria apretó el cinturón de lsu bata y le preguntó:</p>
<p>—¿Cómo sabías que me iba a visitar?</p>
<p>- No lo sabía, pero llevas una semana aquí, y era muy raro que no te hubiera visitado.</p>
<p>—¿A ti te visita?</p>
<p>—A veces.</p>
<p>A Nuria se le amontonaron los pensamientos y se puso nerviosa.</p>
<p>-¡No me digas eso!</p>
<p>Diego sonrió, le dio un bocado a la tostada y luego le dijo:</p>
<p>—De tus palabras se desprende que te acarició bien acariciada.</p>
<p>—Si sabes eso, es porque a ti también te acaricia.</p>
<p>—Sí, y nada puedo hacer para retenerla.</p>
<p>-¡Qué fuerte!</p>
<p>—Lo es, pero que todo sea por su bien. ¿Qué te hizo a ti?</p>
<p>Nuria estaba cada vez más nerviosa.</p>
<p>—No seas morboso.</p>
<p>- Sexo oral. ¿Verdad?</p>
<p>—No voy a hablar de algo tan íntimo, pero por lo que has dicho ya sé lo que te hace.</p>
<p>Diego ya no se cortó.</p>
<p>—¿Te corriste?</p>
<p>—Me voy a vestir, que esta conversación está cogiendo muy mala pinta.</p>
<p>—¿Te corriste en su boca? </p>
<p>Nuria se mosqueó.</p>
<p>—Eres un pervertido.</p>
<p>-Te corriste. </p>
<p>Nuria le plantó cara.</p>
<p>—¡¿Qué buscas, degenerado?!</p>
<p>Quería saberlo y se lo dijo.</p>
<p>—Follarte hasta dejarte seca.</p>
<p>-¡Estás loco!</p>
<p>—Piénsatelo, Daniela se va de lunes a viernes a las siete de la mañana a la estación para coger el autobús e irse a trabajar y regresa a las ocho de la tarde; la mujer de la limpieza no llega hasta las once de la mañana, yo estoy de vacaciones y mis padres están en París.</p>
<p>Nuria zapateó sobre la mesa la tostada que acababa de untar con mantequilla y mermelada, y con cara de gata rabiosa y yéndose, le dijo: </p>
<p>—¡Ni harta de vino te daría mi cuerpo!</p>
<p>Diego cogió la tostada que había zapateado Nuria, y viendo cómo se iba, le metió un bocado. </p>
<p>Esa noche Nuria cerró la puerta de su habitación con llave para no sufrir ningún sobresalto y no salió hasta que llegó la mujer de la limpieza por la mañana.</p>
<p>                                          Ya se había ido la mujer de la limpieza.</p>
<p>Las palabras de Nuria eran contadas con su cuñado y las conversaciones fluidas con su cuñada, que notó que había sucedido algo entre ellos. </p>
<p>Ya se había ido la mujer de la limpieza y Diego se había ido al cine. Fumando un cigarrillo en un banco del jardín trasero de la casa, Daniela, que era una veinteañera, de un metro cincuenta y cinco de estatura, morena, con tetas grandes, culo redondo y preciosa, le preguntó a Nuria:</p>
<p>—¿Qué te pasa con mi hermano?</p>
<p>-Nada.</p>
<p>—Algo te pasa con él. ¿Se metió contigo?</p>
<p>Nuria se abrió a su cuñada.</p>
<p>—Sí, se metió.</p>
<p>—No le guardes rencor; lo dejó su novia y lo suyo no es ir a putas.</p>
<p>—Pues a mí me entró como si fuera una puta.</p>
<p>—A ver, Nuria, eres preciosa, no te debe extrañar que mi hermano lo intentara.</p>
<p>—¡Es el hermano de mi esposo!</p>
<p>—Ya, pero la necesidad...</p>
<p>Daniela le acarició el cabello a su cuñada. Nuria, que llevaba puesta una blusa blanca y una falda corta, le preguntó:</p>
<p>—¡¿No lo estarás intentando tú también?!</p>
<p>Daniela le dio un pico y le puso la mano derecha en la rodilla derecha.</p>
<p>—Sí, me gustas mucho.</p>
<p>Nuria le apartó la mano de la rodilla, se echó la última calada, tiró con el cigarrillo y le preguntó:</p>
<p>—¿Eres lesbiana, Daniela?</p>
<p>Daniela le dio otro pico en la boca, tiró con su cigarrillo, le echó una mano a una teta y la otra mano al coño.</p>
<p>- Sí.</p>
<p> Nuria le sacó las manos de la teta y del coño.</p>
<p>—Yo no, y estate quieta de una vez.</p>
<p>-¿Nunca se te pasó por la cabeza comer un chocho?</p>
<p>—Ya no hablas de bajar tú, sino de que baje yo. No digas tonterías.</p>
<p>Le metió un pequeño beso con lengua, pequeño porque Nuria acabó girando la cabeza. </p>
<p>—¿No te gustaría sentir los jugos de la corrida de una mujer bajar por tu lengua y caer en tu boca?</p>
<p>- A ti no hay por dónde cogerte.</p>
<p>- A mí me gustaría correrme en tu boca.</p>
<p>-Es que tú eres como eres.</p>
<p>Nuria no quería que le hiciera nada, pero tampoco se iba de allí. Daniela le cogió la mano izquierda y se la llevó al coño. Nuria le dijo:</p>
<p>-¡Has venido sin bragas, cochina!</p>
<p>—Y ya estoy mojada.</p>
<p>Le estiró dos dedos, se los metió dentro del coño y le dio otro morreo. Esta vez Daniela no apartó la boca. Al acabar de besarla, le sacó los dedos del coño y se los llevó a la boca.</p>
<p>—Prueba mis jugos.</p>
<p>—No voy a...</p>
<p>Calló al entrarle los dedos en la boca. Daniela se los pasó por la lengua, luego la cogió de la mano derecha y, echándose sobre la hierba y tirando de ella, le dijo:</p>
<p>—Ven y cómeme el chocho.</p>
<p>Nuria se dejó ir, y estando a su lado, le dijo:</p>
<p>- No voy a saber.</p>
<p>—Tú solo pon la lengua en mi chocho, que el resto lo hago yo.</p>
<p>Nuria se metió entre las piernas de su cuñada y le aplastó la lengua contra el coño. Daniela le agarró la cabeza, y movió la pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo para así frotar el coño contra la lengua.  Lo frotó a mil por hora desde el primer segundo. Ni un minuto tardó en correrse en su lengua entre espasmos y dulces gemidos. Nuria sintió cómo los jugos de la corrida bajaban por su lengua, cómo le caían en la boca y sintió cómo su coño echaba por fuera.</p>
<p>Al acabar de correrse, le dijo Daniela:</p>
<p>—Quita las bragas y luego ponme el chocho en la boca.</p>
<p>Nuria se hizo la remolona.</p>
<p>—No sé qué me da.</p>
<p>—Yo sí sé lo que te va a dar, te va a dar un jamacuco si no te corres.</p>
<p>—¿Tú crees?</p>
<p>—Sí, creo.</p>
<p>Sacó las bragas encharcadas, le puso el coño en la boca y tardó menos en correrse que su cuñada.</p>
<p>Al acabar de follar, le dijo Nuria a Daniela:</p>
<p>—Esto no se volverá a repetir.</p>
<p>—Como quieras, pero si un día tienes muchas ganas, sabes que me tienes a tu disposición.</p>
<p>Nuria, poniéndose las bragas, le dijo:</p>
<p>—Si un día tengo muchas ganas, me haré un dedo.</p>
<p>- Piensa en mí cuando lo hagas.</p>
<p>Nuria no pudo evitar sonreír.</p>
<p>—Eres incorregible.</p>
<p>                                                                     Dos días después...</p>
<p>Dos días después, a las ocho y media de la mañana, Nuria salía del aseo, desnuda, luego de darse una ducha, cuando vio a Diego sentado en el borde de su cama. Cerró con llave la puerta del cuarto de baño y le dijo:</p>
<p>—¡Vete de mi habitación!</p>
<p>—Quiero hablar contigo.</p>
<p>-¡Tú y yo no tenemos nada de qué hablar!</p>
<p>—Entonces llamaré a mi hermano y le diré que estás liada con Daniela.</p>
<p>—Le explicaré lo que pasó.</p>
<p>—¿Le explicarás cómo le comiste el coño en el jardín?</p>
<p>Nuria no contaba con que su cuñado supiera lo del polvo que había echado con su cuñada. Se puso una toalla alrededor del cuerpo y salió del cuarto de baño.</p>
<p>—¿Te lo contó Daniela?</p>
<p>Le mintió.</p>
<p>—No, os vi desde la ventana de mi habitación.</p>
<p>—Y para no irte de la lengua, quieres follarme. ¿Es eso?</p>
<p>—Solo te pido que en una hora de tu vida te entregues a mí como te entregas a mi hermano.</p>
<p>—Y tiene los santos cojones de decir, solo.</p>
<p>—Pues quitémosle lo de solo.</p>
<p>Dentro de lo malo, aquello no era lo peor para Nuria.</p>
<p>—¿Si te diese esa hora y me entregase, no volverías a molestarme?</p>
<p>—No, no volvería a pedirte nada.</p>
<p>—¿Seguro?</p>
<p>—Tan seguro como que estamos hablando.</p>
<p>—Júralo.</p>
<p>—Soy ateo.</p>
<p>—Prométemelo.</p>
<p>—Te lo prometo y además te doy mi palabra.</p>
<p>—Vale, una hora, ni un segundo más.</p>
<p>—Quita la toalla.</p>
<p>Nuria se quitó la toalla y Diego la vio desnuda, vio sus tetas medianas con areolas color carne y pezones gruesos, vio su coño peludo, vio un cuerpo diez.</p>
<p>-¡Estás para comerte!</p>
<p>Nuria fue a la mesilla de noche, puso la alarma de su iPhone para las nueve y treinta y siete, y luego se metió en la cama, cama que estaba deshecha. Diego se quitó la bata. Con la polla morcillona se echó a su lado y la besó con lengua; ella le devolvió los besos. Luego le lamió el cuello y una oreja. Nuria levantó la cabeza para que lamiera el resto del cuello y después la giró para que le lamiera la otra oreja. A continuación le atacó las tetas. Con las yemas de sus dedos medios hizo círculos sobre los pezones y los presionó, al tiempo que le besaba y le lamía el ombligo. Luego le lamió los pezones y las areolas y le mamó las tetas. Nuria le puso un dedo en el mentón, le levantó la cabeza, lo besó con lengua y, después de besarlo, le llevó la cabeza a las tetas. </p>
<p>No cabía duda de que se estaba entregando. </p>
<p>Le volvió a comer las tetas unos minutos más y luego le dijo:</p>
<p>- Ponte a cuatro patas.</p>
<p>Se puso a cuatro patas. Le metió dos dedos dentro del coño con las yemas hacia abajo y le acarició el punto g, al tiempo que le lamía el ojete y se lo follaba con la puta de la lengua. Nuria, entre gemidos, le dijo:</p>
<p>—Vas a hacer que me corra.</p>
<p>- Lo sé.</p>
<p>Al rato, Nuria, encogiendo el culo y echándolo hacia atrás, se corrió en sus dedos.</p>
<p>Al acabar de correrse Nuria, Diego chupó el dedo pulgar de la mano derecha y luego, poniendo cuatro dedos en el comienzo de su espalda, se lo metió dentro del culo.</p>
<p>—¿Qué me vas a hacer?</p>
<p>-Te voy a hacer una buena paja.</p>
<p> Lo que hizo fue follarle el culo con el dedo mientras le lamía el coño corrido y le metía y le sacaba la lengua de la vagina. </p>
<p>Nuria comenzó a jadear como una perra.</p>
<p>-¿Te gusta mi modo de pajearte?</p>
<p>—Sí.</p>
<p>Al rato paró de follarla y le preguntó:</p>
<p>-¿Te habían hecho una paja como esta? </p>
<p>-No.</p>
<p>-¿Me vas a dar una corrida en la boca?</p>
<p>—O dos, si hace falta.</p>
<p>Siguió follándole el coño con la lengua y el culo con el dedo, y poco más tarde, con la lengua enterrada en el coño y el dedo enterrado en el culo, dijo Nuria:</p>
<p>-¡Me corro, me corro, me corro, me corro!</p>
<p>Se corrió como una loba y Diego se tragó su corrida como un goloso.</p>
<p>Luego de correrse, se puso boca arriba. Diego le preguntó:</p>
<p>—¿Dispuesta a darme otra corrida en la boca?</p>
<p>Nuria, privada de algún aliento, le respondió:</p>
<p>—O dos, si hace falta.</p>
<p>Diego le echó las manos a las tetas y se las magreó, al tiempo que le lamía el glande del clítoris; lo lamió despacito, con la punta de la lengua y haciendo movimientos circulares sobre él. </p>
<p>Nuria le cogió el dedo pulgar de la mano izquierda, se lo chupó y luego le dijo:</p>
<p>—Fóllame el culo otra vez.</p>
<p>Le metió el dedo en el culo y se lo folló despacito, al mismo ritmo que hacía círculos con la punta de la lengua en el glande del clítoris. </p>
<p>Poco después, Nuria, gozando como una loca, le dijo:</p>
<p>—Me voy a correr. ¡Méteme la lengua en el coño!</p>
<p>Diego, sin quitar el dedo del culo, le enterró la lengua en el coño. Nuria se tocó el glande del clítoris con un dedo y se corrió rugiendo como una leona.</p>
<p>-¡Arrrrrrrrrrg!</p>
<p>Cuando dejó de sacudirse y de jadear, la besó. Luego se echó boca arriba y le dijo:</p>
<p>-A ver cómo das tú el sexo oral.</p>
<p>Nuria empuñó la polla, una polla de unos once centímetros y gordita, que estaba dura. Le escupió en la cabeza y con la yema del dedo pulgar le acarició el meato. Después, apretando la polla, fue bajando la mano hasta llegar a la base. Con la polla descapullada, lamió el frenillo varias veces y luego le mamó la cabeza. Acto seguido inclinó la polla y la lamió de arriba a abajo hasta llegar a los huevos, huevos que lamió y que chupó generosamente. A continuación, la cogió de nuevo por la base y subió lamiendo el tronco, llegó al frenillo y después la metió en la boca y se la chupó entera un montón de veces.</p>
<p>—Eres muy buena dando sexo oral.</p>
<p>—Lo sé.</p>
<p>Chupó el dedo medio de su mano derecha ,y mirándolo a los ojos, se lo fue metiendo en el culo. Con todo el dedo dentro, le mamó la cabeza, le folló el culo y lo masturbó. En nada, le dijo Diego:</p>
<p>—Si sigues, me corro.</p>
<p>- Lo sé.</p>
<p>Siguió dándole caña y Diego se corrió en la boca de su cuñada. Nuria se tragó la leche, y luego pasó la lengua por los labios para aprovechar la leche que había quedado en ellos.</p>
<p>La polla seguía dura y a Nuria le extrañó.</p>
<p>—¿Te has tomado algo para la erección?</p>
<p>—No necesito tomar nada.</p>
<p>Diego se arrodilló entre sus piernas, la cogió por la cintura y la levantó. Nuria se abrió de piernas y la polla dentro en su coño de una estocada y... Y sonó la alarma del iPhone. Nuria le dijo a su cuñado:</p>
<p>—Quita esa cosa.</p>
<p>Quitó la alarma y luego le dio cera, pero no de cualquier manera, le dio a todo gas. Un par de minutos más tarde, Nuria, elevando la pelvis, apretando su clítoris contra el cuerpo de su cuñado, y gimiendo y temblando, se corrió como una bestia.</p>
<p>-¡Me maaaaaaataaaaas!</p>
<p>Esperó a que acabara de correrse mirando su cara de éxtasis y luego le volvió a dar sin medida hasta que se volvió a correr.</p>
<p>-¡Me corro otra vez!</p>
<p>Al acabar de correrse Nuria, Diego, con la polla dentro del coño de su cuñada, tiró de ella, se echó hacia atrás, la puso encima de él, y le dijo:</p>
<p>—Hazme correr.</p>
<p>Nuria estaba cansada e hizo tiempo para recuperarse dándole la teta izquierda a mamar.</p>
<p>—Mama lo que no volverás a mamar.</p>
<p>Besó, lamió, chupó y mamó hasta que Nuria le puso la otra teta en la boca, y luego, cuando se la apartó, le dijo Diego:</p>
<p>—¿Cómo te gusta, lento o rápido?</p>
<p>—Me gusta que me taladren.</p>
<p>Le taladró el coño y poco después Nuria se volvió a correr, esta vez temblando sobre el cuerpo de su cuñado, que se corrió dentro de su coño.</p>
<p>Al acabar de correrse, Nuria se quitó de encima y le dijo:</p>
<p>—Ya hace tiempo que se acabó la hora pactada.</p>
<p>—Sí, gracias por el tiempo extra.</p>
<p>—La verdad es que no me importaría seguir, pero podemos perder la noción del tiempo y pillarnos la mujer de la limpieza con las manos en la masa.</p>
<p>Diego le dio un pico.</p>
<p>—Si no hubiese prometido que no te volvería a molestar...</p>
<p>-Es que si me vuelve a entrar, no me molestaría.</p>
<p>                                            Cobrando la deuda</p>
<p>Diego llegó en bata de casa a la habitación de su hermana sobre las once de la noche y se sentó en el borde de la cama. Daniela, que estaba sentada en la cama con sus gordas tetas al aire leyendo una revista, sin mirarlo, le dijo:</p>
<p>—¿Vienes a cobrar?</p>
<p>—Sí, el que hace su trabajo quiere cobrar.</p>
<p>—Pues adelante, yo voy a seguir leyendo.</p>
<p>A Diego no le gustó lo que acababa de oír.</p>
<p>- Así no te vas a correr.</p>
<p>—Te dije que si la convencías de que soy sonámbula, te dejaba comerme el chocho, no que fuera a correrme.</p>
<p>A Diego le dio un arrebato de macho cabrío.</p>
<p>—Ya veremos si te corres o no.</p>
<p>Le quitó el short que llevaba puesto, se quitó él la bata y en pelotas se metió en la cama. Le abrió el coño con dos dedos, le lamió un labio, le lamió el otro, le metió la punta de la lengua dentro de la vagina y después lamió su clítoris. Lo lamió despacio, lamió el capuchón por arriba y por los lados. Luego le metió las manos debajo del culo, lo levantó y lamió su ojete y su periné. A continuación le metió la punta de la lengua en el ojete, la sacó, la metió en la vagina y después fue de agujero en agujero.</p>
<p>Daniela tiró con la revista, se estiró en la cama y le dijo a su hermano:</p>
<p>—Comes el coño mejor que mi novia.</p>
<p>Diego se vino arriba.</p>
<p>—¿Quieres que te coma las tetas a ver si las como mejor que Verónica?</p>
<p>- Come.</p>
<p>Al principio, besó, lamió y chupó sus pezones y sus areolas, pero luego le devoró sus bellas tetas. Daniela le dijo:</p>
<p>—Mejor no las comes, pero las coges con más ganas.</p>
<p>Diego probó suerte.</p>
<p>-¿Me dejas meterte la polla un poquito?</p>
<p>- No, sigue mamando.</p>
<p>Diego siguió intentándolo.</p>
<p>—¿Verónica no te mete cosas por el coño y por el culo?</p>
<p>—Tú no eres Verónica.</p>
<p>—No, yo tengo polla.</p>
<p>Daniela estaba cachonda y quería materia de la suya, y le dijo:</p>
<p>—Por eso no sabrías usar un vibrador y un consolador para darme placer, si no dejaría que me hicieras correr.</p>
<p>Iba a escuchar las palabras que esperaba oír.</p>
<p>-Enséñame.</p>
<p>—Te anotas a todo.</p>
<p>—A todo lo bueno.</p>
<p>-Coge el cajón de abajo de la mesilla de noche, el consolador de cristal , el vibrador rojo y el lubricante.</p>
<p>Cogió lo que le había dicho. Daniela le echó lubricante al consolador, se lo dio, se puso a cuatro patas y le dijo:</p>
<p>—Mete el vibrador apagado dentro de mi coño y el consolador dentro de mi culo.</p>
<p>Diego, al comenzar a penetrarla, se extrañó de la facilidad con que entraban los aparatos en los dos agujeros.</p>
<p>- Mete y saca acompasadamente.</p>
<p>Le dio exactamente como ella quería. Al rato le dijo:</p>
<p>—Enciende el consolador, mete la mitad y fóllame el culo con el consolador como si te debiera dinero.</p>
<p>El consolador entró y salió a mil por hora del culo y al rato salieron jugos de su coño como si estuvieran saliendo de un aspersor.</p>
<p>Cuando acabó de correrse, Diego le sacó el consolador del culo y, masturbándose, le frotó la polla en el ojete para correrse. Daniela le dijo:</p>
<p>—Métemela en el culo que ahí no hay peligro.</p>
<p>Se la metió despacito. Daniela, que ya había apagado el vibrador, comenzó a darse cera para volverse a correr, pero no le dio tiempo porque Diego tardó muy poco en acabar.</p>
<p>Luego de quitarle Diego la polla del culo y de quitarse ella el vibrador, dijo:</p>
<p>—Le faltó poco para correrme otra vez.</p>
<p>—Eso tiene fácil solución.</p>
<p>Le volvió a levantar el culo y le lamió el clítoris a toda pastilla. En nada, Daniela agarró la almohada con fuerza y, metiéndole un bocado, se corrió en la boca de su hermano.</p>
<p>Daniela, mientras se ponía el short, le dijo: </p>
<p>—Ahora sé que eres de fiar.</p>
<p>—¿Y con eso qué me quieres decir?</p>
<p>—Que quiero hacer un trío contigo y con Nuria.</p>
<p>—¿Y eso qué tiene que ver con fiarte de mí?</p>
<p>—Lleva condones.</p>
<p>                                                         Recibiendo mandanga</p>
<p>Nuria estaba de espaldas encima de Diego y recibía mandanga por un tubo. Vio entrar en su habitación a Daniela y dijo:</p>
<p>-¡Hostias! La sonámbula. Deja de darme, que mi coño hace mucho ruido.</p>
<p>Diego dejó de zumbarle. Daniela, que venía desnuda. Se metió en la cama, quitó la polla del coño y se la puso en el ojete de su cuñada. Diego empujó y la polla fue entrando en el culo. Nuria tapó la boca con una mano y se quedó mirando a Daniela, que fingía tener la vista perdida. Luego Daniela bajó la cabeza para comerle el coño, coño que estaba abierto y baboso.</p>
<p>Allí solo se sentía el ruido de las lamidas, ya que la polla friccionaba las paredes del conducto anal, pero no hacía ruido. Nuria blasfemaba con la polla dentro del culo, pero con su lengua pequeña. </p>
<p>El caso fue que el placer que sentía Nuria en el coño fue atenuando las molestias del culo, y tiempo después, al sentir que se iba a correr, quitó la mano de la boca, giró la cabeza, le echó la mano a la nuca a su cuñado, le comió la boca y se corrió en la boca de su cuñada.</p>
<p>Daniela, luego de limpiarle el coño con la lengua a su cuñada, dijo:</p>
<p>—Esto parece un entierro en vez de una sesión de sexo.</p>
<p>Nuria, sorprendida, miró para Daniela y, quitando la polla del culo, le dijo:</p>
<p>-¡Tú no eres sonámbula! Me habéis engañado para follarme.</p>
<p>No se lo negó.</p>
<p>- El fin justifica los medios.</p>
<p>—¡Me voy para mi habitación!</p>
<p>-Estás en tu habitación.</p>
<p>—Pues me voy para el aseo.</p>
<p>Daniela se echó sobre ella, la besó, le dijo algo al oído y luego le dijo en alto:</p>
<p>—No te vayas, enséñame a comer una polla y a follar a un hombre.</p>
<p>—Como si no supieras.</p>
<p>—Soy lesbiana, cuñada.</p>
<p>—Las lesbianas no chupan pollas.</p>
<p>-Quiero probar la polla de mi hermano a ver si me gusta y...</p>
<p>—Y la acaba de sacar de mi culo.</p>
<p>—Vete a duchar, Diego.</p>
<p>Diego se fue a asear.</p>
<p>—¿Me la comes mientras no vuelve?</p>
<p>—¿Qué diría tu hermano si me ve comiéndote el coño?</p>
<p>Daniela le llevó la cabeza al coño.</p>
<p>- No diría nada, se uniría para ayudarte; hace años que me tiene ganas, aunque yo lo supe hace un par de meses.</p>
<p>Le dio una lamida y le preguntó:</p>
<p>—¿Y cómo lo has sabido?</p>
<p>—Una tiene sus fuentes. </p>
<p>—¿Cómo vamos a hacer para que me pueda vengar?</p>
<p>- Coge dos vendas antes de que regrese.</p>
<p>- No tengo vendas.</p>
<p>—¿Tienes pañueletas?</p>
<p>- Tengo.</p>
<p>Al rato regresó Diego, y sin decir palabra se echó al lado de su hermana y le mamó la teta derecha, al tiempo que le magreaba la teta izquierda.</p>
<p>Nuria dejó de comerle el coño, empujó a su cuñado y cogió dos pañueletas rojas debajo de la almohada.</p>
<p>—¿Qué vas a hacer con eso?</p>
<p>—Atarte y vendarte los ojos; me gusta ver a los hombres indefensos.</p>
<p>—Eres un pozo de sorpresas.</p>
<p>Le ató las manos a la espalda con la cinta y le dijo a Daniela:</p>
<p>- Haz lo que haga yo.</p>
<p>Nuria, subiendo y bajando la mano por el tronco, lamió los huevos y los chupó. Daniela hizo lo mismo y después subieron lamiendo el tronco de la polla hasta llegar al glande. Nuria le lamió el frenillo, le mamó el glande, la metió toda en la boca; luego le acercó la polla a la boca a su cuñada y le dijo:</p>
<p>—Ahora empúñala y haz todo tú sola. </p>
<p>Empuñó la polla y le hizo una mamada cojonuda.</p>
<p>Nuria tuvo que detenerla.</p>
<p>—Para, que vas a hacer que se corra.</p>
<p>Daniela paró. Nuria puso a Diego a cuatro patas y luego cogió en el cajón de la mesilla de noche el consolador delgado y un vibrador.</p>
<p>- Coge su polla y tira para atrás.</p>
<p>Daniela tiró de la polla, Nuria encendió el vibrador, se lo pasó desde los huevos hasta el frenillo y luego hizo que lo cogiera Daniela. Le metió la lengua en el culo un par de veces y a continuación le clavó el consolador en el culo. La sorpresa que se llevó Diego fue impresionante.</p>
<p>-¡La madre que te parió!</p>
<p>—Jode que te den por el culo. ¿Verdad?</p>
<p>Diego se desplomó sobre la cama. Nuria le puso una mano en la espalda para que no pudiera darse la vuelta y le folló el culo despacito, para hacerlo sufrir, pero como veía que no se quejaba, le preguntó:</p>
<p>—¿Te está gustando?</p>
<p>—Digamos que no me disgusta.</p>
<p>-¡Maricón! </p>
<p>Le metió y le sacó el consolador a mil por hora.  Daniela tiró por la polla. Zapateó el vibrador, le mamó el glande y su cuñado no tardó en correrse en su boca.</p>
<p>Al acabar de correrse, Nuria lo puso boca arriba y le preguntó a Daniela:</p>
<p>—¿Quieres montarlo?</p>
<p>—Sí, pero que se ponga un condón.</p>
<p>-¿Tienes condones, Diego?</p>
<p>Diego ya estaba encantado de conocerse.</p>
<p>—En el bolsillo de mi bata.</p>
<p>Nuria cogió un condón y se lo puso usando las manos y la boca.</p>
<p>- Siéntate sobre su polla.</p>
<p>Daniela se sentó y clavó la polla hasta el fondo del coño. Nuria le echó las manos a las caderas y la empujó hacia delante y hacia atrás mientras Diego le magreaba las tetas; luego la movió alrededor y después le subió y le bajó el culo.</p>
<p>—Ahora dale tú.</p>
<p>Daniela le metió una follada que mismo parecía que llevaba toda la vida montando machos. La follada llegó a ser tan buena que Diego se corrió dentro de ella.</p>
<p>Nuria le levantó el culo, le quitó el condón y le volvió a meter la polla en el coño. </p>
<p>—Ahora ya no se corre más.</p>
<p>Daniela, follando a pelo, no tardó ni dos minutos en correrse. Diego, al sentir cómo se corría en su polla, también se corrió.</p>
<p>Daniela estaba acabando de correrse cuando sintió la leche de su hermano dentro del coño. Sacó la polla y le dijo:</p>
<p>-¡Me cago en tu sombra, Nuria! ¡¡Como me haya dejado preñada, le corto los huevos a él y te corto a ti las tetas!!</p>
<p>Nuria la calmó.</p>
<p>—Tranquila, mujer, mañana te compras en la farmacia la píldora del día después y ya no pasará nada.</p>
<p>No pasó nada, pero se acabó la fiesta, por esa noche.</p>
<p>Quique.</p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/"></category>                        <dc:creator>José</dc:creator>
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                        <title>El sillón de Gaby</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/hetero/el-sillon-de-gaby/#post-4000</link>
                        <pubDate>Tue, 02 Jun 2026 21:12:25 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Todavía me acuerdo de esa costumbre medio tonta que teníamos. Cada vez que llegaba a su condominio y pasaba frente a su ventana, raspaba apenas el vidrio con las uñas para avisarle que ya es...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p>Todavía me acuerdo de esa costumbre medio tonta que teníamos. Cada vez que llegaba a su condominio y pasaba frente a su ventana, raspaba apenas el vidrio con las uñas para avisarle que ya estaba ahí. Era nuestro pequeño código. Una tontería mínima, pero que siempre me hacía sonreír.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y esa tarde todo había empezado mucho antes de verla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo iba en el taxi camino al trabajo, demasiado temprano para estar pensando esas cosas, pero bastó empezar a hablar con ella para que se me desordenara completamente la cabeza. Hay personas que simplemente saben cómo encenderte sin siquiera tocarte, y ella tenía ese talento de manera natural.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Recuerdo decirle que quería desnudarme para ella.</p>
<p>Que quería llegar y encontrarla sin calzón.</p>
<p>Que tenía unas ganas absurdas de hacerla mía ahí mismo apenas la viera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ella, tranquila, casi divertida, respondió:</p>
<p>—A ver pues, te espero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esa frase me acompañó todo el camino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando abrió la puerta sentí que me comió vivo con la mirada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llevaba un vestido corto de verano, hasta la rodilla, y tenía el cabello cayéndole sobre los hombros de esa forma un poco salvaje y hermosa que siempre me volvía idiota. Pero creo que lo peor eran sus piernas. O la forma en que me miraba. O la actitud. Honestamente no sé. Todo en ella esa tarde parecía hecho para arruinarme cualquier intento de calma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La besé apenas entré.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ella me respondió igual de rápido, igual de necesitada. Como si los dos hubiéramos pasado demasiado tiempo imaginando exactamente ese momento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Después cerró la puerta lentamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero no vino hacia mí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo terminé sentándome en el sofá intentando recuperar algo de compostura mientras ella seguía parada ahí, observándome con una tranquilidad peligrosísima. Esa clase de mirada que una mujer pone cuando sabe perfectamente el efecto que está teniendo sobre ti.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hasta que terminé preguntándole:</p>
<p>—¿No vas a venir?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y jamás voy a olvidar cómo sonrió antes de responder.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—Estoy esperando que hagas lo que me dijiste que harías.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Creo que ahí terminé de perder la cabeza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así que me puse de pie y empecé a quitarme el cinturón sin dejar de mirarla. Después la camisa. La camiseta. Los botines. El pantalón cayendo al suelo mientras ella seguía ahí, observando cada movimiento con esa mezcla de lujuria y ternura que solo le he visto a ella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y cuanto más me desnudaba, más intensa se volvía su mirada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como si estuviera disfrutando cada segundo de espera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hasta que finalmente quedé frente a ella prácticamente sin nada encima.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entonces recién se acercó.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lenta.</p>
<p>Segura.</p>
<p>Hermosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me besó despacio, sonriendo contra mi boca, y me dijo casi en un susurro:</p>
<p>—Y yo no tengo calzón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todavía puedo recordar el escalofrío que me recorrió entero cuando dijo eso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque no era solo la frase.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era verla así.</p>
<p>Tan tranquila.</p>
<p>Tan deseosa.</p>
<p>Tan segura de nosotros dos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entonces levanté apenas la tela del vestido para comprobarlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y sí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La muy maldita había cumplido su promesa.</p>
</blockquote>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/"></category>                        <dc:creator>TeacherKlein</dc:creator>
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