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									Transexuales - Relatos Eróticos				            </title>
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            <description>Relatos eróticos enviados por los usuarios. Portal con la comunidad de autores y lectores más morbosos de la red que interactúan con las escenas relatadas más morbosas. Relatos en familia, gays, bisexuales, dominación, sumisión y todo lo que te puedas imaginar.</description>
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                        <pubDate>Mon, 19 Oct 2026 13:41:59 +0000</pubDate>
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Asuka piloto del EVA-02
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                        <content:encoded><![CDATA[<p>.. .. ... </p>
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<p>Asuka piloto del EVA-02</p>
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<p>                                Vale, soy un friki, pero que muy friki y eso me encanta. No me pierdo ni una convención, paso días enteros encerrado en mi habitación, viendo manga, jugando videojuegos y leyendo ciencia ficción. Cuando no tengo cose en la uni. Y por supuesto haciéndome pajas. </p>
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<p>                                El único ejercicio que hago es la bici estática y las pesas pero eso me funciona bastante bien. Y hacerme pajas, claro, ¿Lo he repetido? Es que eran muchas pajas. Lo suficiente como para tener una forma física decente y un cuerpo bonito. Sobre todo en el brazo derecho. Además mientras lo hago puedo ver en la pantalla del ordenador lo que me gusta. </p>
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<p>                              Y cuando descubrí una web de venta por correo, ya sabéis cual, no hace falta la publicidad, en la que tenían todo cuanto pudiera desear, juguetes, cómics, muñecos, empecé a hacer muchos pedidos. La releche fue cuando descubrí que también tenían cosplays, me pasé horas viendo los disfraces de chica. Modelos con preciosos cuerpos embutidos en esos reducidos disfraces. Eso me ponía muy cachondo. </p>
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<p>                               Me planteé acudir a una convención. Soy, bueno era, fui, muy tímido como para pensar en ir yo mismo disfrazado. Pero también tenía curiosidad por ver que podría ponerme yo. Pasé buenos ratos curioseando, viendo fotos de disfraces de pilotos espaciales, alienígenas, monstruos, elfos. </p>
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<p>                               Por fin elegí un disfraz de Guerrero bárbaro, de Conan o algo así. Si había que hacerlo, lo haría bien. Tenía muy poca tela pero también era muy barato. Venía hasta con una enorme espada de plástico. Para esa Convención en pleno verano sería de ayuda con el terrible calor. Era pasar de cero a cien en un solo segundo, pero alguna vez tenía que atreverme.</p>
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<p>                               Al menos lo pedí, siempre podría echarme atrás y decidir taparlo con unos vaqueros y una camiseta, no ponérmelo, ni ir siquiera. Al final me armé de valor y me decidí. Y la ropa que había llevado por la calle para ir más discreto terminó en la mochila cuando me la quité en los baños. </p>
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<p>... ... ...</p>
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<p>                                   Ella llevaba el disfraz de la piloto del EVA en rojo y naranja y completamente pegado a su piel. Lo único que se veía desnudo era su cabecita y manos pero el resto se adivinaba perfectamente, y es muy, pero que muy bonito. Parecía aplicado con un spray, al principio pensé que era pintura corporal.</p>
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<p>                                 No todo era lo que se veía, claro, su polla estaba escondida entre los muslos. Debía ser algo incómodo, pero daba muy pocas pistas de ese tesoro escondido. Así que en un primer momento yo estaba muy despistado con ella. </p>
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<p>                               Aún a día de hoy no se como había conseguido esconder un aparato que no es precisamente pequeño en esa cosa tan ajustada. Y mira que desde entonces la he visto muchas veces realizar esa maniobra. Debo ser muy torpe. Yo nunca me he atrevido a hacerlo con el mío. </p>
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<p>                               Lógicamente siendo aficionado al hentai sabía muy bien lo que es una transexual. Pero nunca me había cruzado con ninguna en vivo. Al menos que yo supiera. </p>
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<p>                               La vi a los pocos minutos de estar curioseando entre los puestos. Me costó trabajo por qué es muy bajita. Pero está tan bien hecha que llamó mi atención. Su larga melena estaba teñida de un rojo llameante para coincidir con el personaje. Por supuesto yo sabía la mala baba que Asuka se gastaba. Había visto la serie por supuesto. Pero esperaba que ese magnífico ejemplar no tuviera tanto carácter. </p>
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<p>                                 Aunque mi timidez solo me permitía admirarla desde lejos. Al final se dio cuenta de cómo la miraba y de que me estaba gustando. Tuvo que ser ella la que me entrara. Yo me limitaría a balbucear si lo hubiera intentado.</p>
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<p>                                 A la tercera vez que nos cruzamos en un puesto de disfraces. Ella se quedó mirando mi torso descubierto, depilado y mis tattos tribales hechos con unos rotuladores. Y creo que entonces vi su bonita sonrisa por primera vez. </p>
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<p>- ¡Hola!. Bonito disfraz. </p>
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<p>- ¡Eh! ¡Eh!. Gracias. El de Asuka está muy bien. Te queda perfecto. </p>
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<p>- En cambio a tí tengo que mirarte dos veces para encontrarlo. Es muy pequeño y tú muy grande. Soy Azucena. </p>
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<p>                                  Vale, además me acerco a los dos metros de altura, así que ese comentario era acertado. Su preciosa sonrisa no sé si era de burla o si es que de verdad le gustaba lo que estaba viendo. Pero al final supe como responder. </p>
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<p>- Bueno aquí venimos a exhibirnos. No solo a comprar. Así que él disfraz tenía que ser pequeño. ¿Participarás en el espectáculo?. Tienes muy buenas cualidades. </p>
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<p>- No podría. Se descubriría mi secreto. ¿Por qué no sales tú?.</p>
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<p>                                 Por entonces atontado por su belleza todavía no había descubierto ni ese secreto ni el resto de sus cualidades. Que más en privado descubrí que eran muchas.  </p>
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<p>- No me atrevería. Bastante me ha costado venir. Soy bastante tímido. </p>
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<p>- Nadie lo diría viendo lo que llevas puesto. Pues invítame a algo y lo vemos juntos. Si quieres. </p>
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<p>                                     Blanco y en botella. Era ella la que me estaba entrando a mí. Y ni aún así me daba cuenta de ello. Torpe que era uno. </p>
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<p>- Por supuesto. Me encantaría. </p>
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<p>                                   Pedimos dos refrescos en el puesto más cercano. No quería que nos alejáramos mucho, el uno del otro. Después nos acercamos al escenario. Era ella la que llevaba la voz cantante. Cogió mi brazo y lo puso por encima de sus hombros. No me costaba mucho, su dulce carita apenas me llegaba a los pezones. Se pegó a mí costado. Su brazo rodeó mi cintura. Noté un escalofrío con esa caricia en mi piel. </p>
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<p>                              He de admitir que con esa maravilla tan cerca me costaba mantener la objetividad dentro del tanga de falso cuero. </p>
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<p>- ¿Te alegras de verme?.</p>
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<p>                                Dijo con una sonrisa pícara en sus preciosos labios. Me incliné para hablarle al oído y poder rozar su orejita con mis labios. </p>
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<p>- Me alegro, mucho, de que estés conmigo. Parece que tampoco eres indiferente. ¿Nos ponemos de pie?.</p>
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<p>                              Se la notaba algo incómoda en la silla de plástico del puesto de refrescos. Pero parece que todavía aguantaba con la polla entre los muslos. </p>
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<p>- ¿Sabes que me he fijado mucho en tu culito?. Con ese tanga de bárbaro está como para darle un muerdo. </p>
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<p>- Pues el tuyo es perfecto. </p>
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<p>- ¿Tú crees?.</p>
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<p>- Con esa lycra, desde que lo vi que llevo pensando en acariciarlo. </p>
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<p>- Se te está pasando la timidez. ¿Porqué no lo has hecho todavía?.</p>
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<p>- ¿En serio me dejas?.</p>
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<p>- Si no lo deseara no estaría aquí contigo. ¿No crees?.</p>
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<p>                              Admito que en esa época era un pardillo. Hasta que ella no me lo dejó tan claro no me atreví a ponerle una mano encima... de esas preciosas nalgas. Pero visto que ella lo quería deslicé una mano por ese pétreo culo. Disimulando un poco pues estábamos en público, al lado de la barra de uno de los bares de la feria. </p>
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<p>                           Aquello podía estar esculpido en mármol. Tiré de ella y la pegue a mi cuerpo mientras ella levantaba la cabeza y buscaba mis labios. No se conformó con jugar con ellos, la sin hueso entró en acción un momento más tarde. Cruzamos las lenguas durante un rato. Sin importarnos quién estuviera mirando.</p>
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<p>                          Pasamos una tarde estupenda. Vimos las actuaciones y las exposiciones. Nos dejamos una pasta en los puestos. Tomamos algunas bebidas más. Sentados en las mesas de las terrazas ella se sentaba en mis muslos como si no quisiera dejarme escapar. Alguna de esas sillas hizo amago de rendirse y mandarnos a los dos al suelo. Ya he dicho que soy un tío grande. Todo ello sin dejar de besarnos y acariciarnos en cada rincón que nos pareciera discreto.</p>
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<p>                       A mí me tenía como el horno de una fundición. Sé que en algunos momentos mi glande asomaba por encima de la cinturilla del tanga porque notaba el roce de sus dedos juguetones en él. Además de que no se cortaba en absoluto en agarrarme el culo desnudo y amasar mis nalgas. O también acariciar y chupar mis pezones cuando pensaba que nadie la veía. </p>
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<p>                        Yo intentaba ser algo más discreto. Pero desde luego que mis manos se iban solas al culo delineado por la lycra. Incluso sus bonitos y duros pechos se llevaron más de un magreo. Además de sujetar su cinturita para no perderla entre el gentío. </p>
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<p>                      En cierto momento ella hizo un intento de explicarme su situación. </p>
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<p>- Tengo algo que contarte. No sé si querrás seguir conmigo después de eso. </p>
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<p>- ¿Piensas que además de tímido soy ciego?. Sé lo que estás escondiendo y por cierto me parce que estás bastante incómoda tal y como lo llevas. </p>
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<p>- Y no has dicho nada. ¿Te da morbo?.</p>
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<p>- Es cosa tuya y pensé que ya hablaríamos de ello cuando sea el momento. Que parece que ha llegado ahora. </p>
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<p>- No me has contestado. </p>
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<p>- Seré sincero. ¡Pues claro!. Pero no es lo único que me atrae de ti. Eres preciosa al completo y estas buenísima. Eres simpática, dulce, por lo que he podido comprobar hasta ahora muy cariñosa. Y también decidida, recuerda que me entraste tú. Y casi tan friki como yo. </p>
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<p>                        Si preciosa sonrisa salió a relucir cuando me respondió. </p>
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<p>- Disculpa, ¡pero soy mucho más friki que tú!. Me voy a sonrojar. Nadie me había dicho cosas tan bonitas. </p>
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<p>- A ver, cariño, estás sentada justo encima de mi polla. No me queda más remedio que hablarte así. </p>
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<p>                             Intenté bromear. Pero por las demostraciones que le había hecho durante la jornada sabía que estaba hablando en serio. </p>
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<p>- ¿Y ahora qué?.</p>
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<p>- No pienso dejarte escapar solo con tu número de teléfono. Necesito mucho más. </p>
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<p>- ¿Quieres follarme?. Pervertido. </p>
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<p>- Me da la impresión que eres tú la que quiere meterme todo eso que escondes. </p>
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<p>                            Seguía sentada en mis muslos de lado y removiendo la cadera. No sabía si para excitarme más o para colocar cierta parte. Pero se colgó de mi cuello y lamiendo mi oreja de una forma completamente lasciva me contestó. </p>
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<p>- Podría, si tú quieres claro. Guarda ese pensamiento. Porque ahora sí que tengo una urgencia. </p>
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<p>                               Se levantó a toda prisa para ir al baño y colocar por fin la polla hacia adelante. Cuando volvía pude contemplar el espectáculo al completo. Meneaba la cadera orgullosa y en su pubis se marcaba un pene algo más que morcillón y que a primera vista tenía un buen tamaño. Sonreía, pero aún no las tenía todas consigo.</p>
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<p>                               Alguno se la quedó mirando con la duda de si era natural o un postizo para parecer una futa. Pero entre ese tipo de público no importaba un pimiento. </p>
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<p>                                Aún no sabía cómo iba a reaccionar yo al espectáculo completo. Supongo que mi sonrisa de mono salido le dio una pista. Estaba a punto de babear. </p>
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<p>- ¿Y ahora?. ¿No me sobra nada?.</p>
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<p>- Eres perfecta nena. No sé cómo estás con un babuino como yo. </p>
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<p>- Este gorila, más bien, es un pefecto caballero. Y me encanta estar con él. </p>
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<p>- Pues retomamos el tema. ¿Y ahora qué?. ¿Te vienes a mi casa?.</p>
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<p>- ¿Es que vives solo?.</p>
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<p>- Ya me gustaría. Estarán mis padres por allí pero no sé atreven a entrar en mi gruta. Como dice mi madre. Estaremos solos. </p>
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<p>- ¿Y qué van a decir cuándo te vean llegar conmigo?.</p>
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<p>- Son relativamente liberales, para la edad que tienen claro. Y siempre me han dicho que prefieren que lleve a las chicas a mi habitación a que ande intentando algo en un callejón o unos baños. Aunque claro supongo que no creen que consiga llevar una chica allí.</p>
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<p>- ¿Es que tu gruta es muy friki?.</p>
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<p>- No te haces una idea. Creo que piensan que todo el material que tengo por allí es el mejor anticonceptivo. Solo una chica que no salga corriendo al verlo sería buena para mí. </p>
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<p>- A mí no me vas a dejar preñada. Pues no has visto la mía. Como me compré algo más aquí voy a tener que salir yo a dormir al sofá del salón. </p>
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<p>- O te puedes venir a dormir conmigo. Porque el disfraz de colegiala te lo regalo yo. Y quiero verlo puesto. </p>
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<p>- Pero si ya tengo uno. Aunque no es tan sexi como ese. </p>
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<p>- Pues no sé hable más. Última compra y nos vamos. </p>
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<p>                            El cosplay me salió caro. Pero imaginando esa poca tela sobre su cuerpo estaba seguro de que merecía la pena. Por la calle íbamos cogidos de la mano como dos novios de toda la vida. Me importaba una mierda que me vieran con esa preciosidad. Aún así antes de salir volvió a esconder su polla para no dar mucho el cante por la calle. Yo no me molesté en taparme más. </p>
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<p>                          Mis padres no me habían visto salir de casa con el disfraz puesto. Llevaba unos vaqueros y una camiseta por encima. Y si hubiera vuelto solo me los habría colocado de nuevo para disimular. Pero con ella quería hacer una entrada triunfal. No me salió del todo bien pues estaba solo mi madre. Saludando a voz en grito llegué hasta la cocina. </p>
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<p>- ¿Hay alguien en casa?.</p>
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<p>- Estoy aquí, cielo. </p>
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<p>                                Cuando me vio en la puerta conseguí hacerle una foto a su cara de pasmo. Merecía la pena. Me acerqué a ella y le di un abrazo de oso. </p>
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<p>- ¿Tú quién eres?. Porque mi hijo necesitaría mucho alcohol para ponerse algo como eso y salir a la calle así. </p>
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<p>- He decidido ser un poco más valiente. Mami. </p>
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<p>                            En ese momento fue cuando la vio. No es que se escondiera detrás de mí sino que probablemente yo tapaba toda la puerta de la cocina. </p>
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<p>- ¡Y tanto que si! Porque mi hijo es la primera vez que trae una chica a casa, y una tan bonita además. </p>
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<p>- Hola, señora. Soy Azucena una amiga de su hijo. </p>
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<p>- Mal empezamos, bromeé. Nada de señora. Es Rosa y como la trates de usted se va a enfadar.</p>
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<p>- Por tu atuendo ya veo que eres del mismo palo que mi hijo. Pero pensaba que todas las chicas a las que les guste eso serían un poco marimacho. Y no una preciosidad como tú. </p>
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<p>                                Aún no sé había dado cuenta de la condición de mi amiga o se habría tragado esas palabras. Mi madre es una bellísima persona. Menos mal que Azu se toma ese tipo de comentarios con buen humor. Admito que yo quería presumir un poco tanto de madre joven y marchosa como de amiga sexi y simpática. </p>
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<p>- Un poco marimacho si que soy. </p>
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<p>- Para nada cielo. No sé cómo este gabarrán ha ligado con una belleza así. ¿Queréis algo de beber o de comer? Vendréis cansados. </p>
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<p>- Cogemos unos refrescos y nos vamos a mi habitación. </p>
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<p>- A encerraros en la gruta. Menos mal que esta vez tienes compañía. Así no gastas tanto en pañuelos. </p>
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<p>- ¡Mamá!.</p>
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<p>- Llevaos una caja de condones. </p>
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<p>- No te preocupes por eso. No me voy a quedar embarazada. Y creo que no me va a pegar nada, ni yo a él. Te lo prometo.</p>
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<p>                          Las dos se estaban riendo de mí. Así que recogí los refrescos y la conduje hasta mi cuarto sujetando su cinturita. Al ver mis colecciones sus ojos se abrieron como platos. Durante un momento revisó mis comics, alguno más bien porno, bueno muchos de ellos, juegos, naves y muñecos. Pero no mucho rato. Tiramos las bolsas con las compras al suelo y nos dedicamos el uno al otro. </p>
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<p>                          Luego miró los posters de las paredes mientras la sujetaba por la cintura y pegaba su espalda a mi pecho. Besaba su cuello y nuca. En uno de los muros tenía un póster de Asuka con su cabello rojo y el mono de vuelo naranja reducido a la mínima expresión. No era el personaje de la serie sino la visión de un dibujante salido de ella. </p>
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<p>- No me extraña que yo te haya llamado la atención si te haces pajas mirando ese dibujo. </p>
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<p>- Me atrajiste por muchas razones. Y me sigues gustando mucho. </p>
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<p>                          La cogí en brazos, ella rodeó mi cintura con sus piernas y yo la sostenía por las nalgas. Volvimos a comernos la boca con toda el ansia del mundo. En ese momento solo pensaba en quitarle el disfraz. Y estaba claro que ella pensaba en lo mismo. </p>
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<p>- Tiene una cremallera en la espalda. ¿La vas bajando?. </p>
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<p>- Desde luego, cielo. </p>
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<p>                            Bajé el carro hasta media espalda sin esfuerzo. Sin bajarse de encima de mí sacó la licra por sus brazos y bajo la prenda hasta su cintura. Tiene mañas de gimnasta. Ante mí tenía dos perfectos pechos sin sujetador, ni falta que le hacía. La subí un poco más a fuerza de brazo hasta que los tuve ante la boca. Me lancé a comerlos sin más demora. Parece que algo había aprendido en el porno, aunque no fuera una gran lección. Gemía al notar mi lengua en sus tetas y mis labios en sus pezones.</p>
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<p>- Bájame cariño. Tengo que terminar de desnudarme. Ya corre prisa. Me has puesto muy cachonda. </p>
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<p>                                La dejé tumbada en mi cama. Sí que se notaba un bulto más que sospechoso en el pubis. Así que seguí desnudándola tirando de sus botas y del mono. Cuando conseguí salvar su cadera ella misma sacó la polla de entre los muslos y la acomodó en un tanga muy fino que apenas podía contenerla. Dejé su prenda sobre la silla del ordenador para poder contemplarla a gusto. </p>
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<p>- ¿Qué te parece lo que ves?.</p>
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<p>- Es lo más bonito que he tenido delante en mi vida.</p>
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<p>                            Mi propio rabo amenazaba con escapar de mi disfraz. Bromeamos un poco más.</p>
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<p>- Te creo. Según tu madre no has visto mucho más en persona. </p>
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<p>- Al vivo no. Pero ahí hay muchas chicas. Tú las superas a todas. </p>
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<p>- Siendo tan galante no sé cómo no has estado con más. ¿Vienes de una vez o vas a seguir mirando?.</p>
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<p>                            Me tumbé sobre ella con cuidado, no quería aplastarla. A esas alturas lo único que llevábamos los dos eran nuestros pequeños tangas. Nuestros cuerpos muy pegados, piel con piel. </p>
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<p>- Podría mirarte durante días y no me cansaría. Es más podría saborearte ese mismo tiempo y no quedar saciado. </p>
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<p>- No sé a qué esperas. Mi galante bárbaro. </p>
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<p>                          Así que volví a besar y lamer toda su piel. Hice todo un recorrido por su cuerpo sin dejarme un centímetro de su pecho y vientre. Hasta jugué con la lengua y el pircing que lleva en el ombligo. Pero me salté la polla. Quería reservarla para luego. Seguí hasta sus pies, chupé cada uno de se deditos. </p>
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<p>- Eso te lo tengo que hacer yo a ti. Pero tengo mucho más trabajo contigo, hay más piel que lamer. </p>
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<p>- No tengo prisa. </p>
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<p>- Me vas a matar. Con las ganas que tengo de correrme. ¿O me tienes miedo?.</p>
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<p>- Ninguno, pero quiero que me desees tanto como yo a tí. </p>
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<p>- Llevo deseándote desde que te vi en tanga en medio de la convención. </p>
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<p>- Vaya, así que lo que deseas es mi culo. </p>
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<p>- Y tu polla, pero come y calla. </p>
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<p>                               También quería su culito por supuesto. Pero seguí un rato más con su preciosa polla. Lamí sus huevos depilados como caramelitos. La mía estaba como una piedra pero se mantenía así casi sin tocarla. </p>
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<p>- Métela en la boca cariño. Me tienes a punto. </p>
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<p>                              Para entonces no es que importara saborear su semen. Es que lo estaba deseando. Subí con la lengua lamiendo el tronco hasta meterme el glande en la boca y sí que estaba a punto. Apenas llegué a tiempo y empezó a soltar los chorros sobre la húmeda, jadeando y gimiendo. </p>
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<p>- No lo tragues. Bésame. </p>
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<p>                              Buscó mi boca con sus labios. Y enseguida jugaba con la sin hueso dentro de ella buscando su néctar. Era el beso más lascivo y guarro que había dado en mi vida y con ella ya llevaba unos cuantos. Me estaba encantando. Se había apoderado de mi polla con su manita y la estaba acariciando. </p>
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<p>- Ahora quiero tu estaca dentro. </p>
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<p>- No tengo lubricante cariño. </p>
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<p>                             Condones si tenía, probablemente caducados. Pero en algo para aceitar su adorable culito no había pensado nunca. Y me parecía muy serio salir a pedir mantequilla a mi madre en ese momento y tal y cómo tenía el rabo. </p>
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<p>- Pero qué bobos sois los hombros. ¿Piensas que yo no iba a traer?. Está en mi mochila. Sabía que me ibas a follar. Pero primero dale un repaso con la lengua. </p>
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<p>- Chica prevenida vale por dos. </p>
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<p>                              Se puso a cuatro patas sobre mi cama. Solo tuve que arrimar la cara a su preciosa grupa. La lengua está acorde al resto de mi cuerpo. Al pasarla por la raja casi la abarcaba entera. Besaba sus nalgas o intentaba clavar la punta en su ano, algo imposible. Eso empezaba a dilatarla. Pero ella lo disfrutaba. Lo que precisamente era mi intención. </p>
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<p>- No puedo estar más cachonda. Acercame el pollón que hay que lubricarlo.</p>
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<p>                             Yo soy diestro, ella ambidextra. Con una mano pasaba el gel por mi verga y con la otra se lo ponía en el ano con dos dedos. Yo contemplaba admirado la delicada operación. </p>
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<p>- Vamos, nene. Mi culito es todo tuyo. </p>
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<p>- De acuerdo, cielo. Pero súbete tu encima, quiero verte. </p>
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<p>- Lo que eres es un vago. Quieres que yo haga todo el trabajo. Pero no me importa si veo esa cara de salido que estás poniendo. </p>
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<p>                          Bromeaba pero quería poder acariciar sus tetas y su polla mientras me cabalgaba. Me empujó al colchón y se subió sobre mi cadera. Me llevaba demostrando todo el día su agilidad de gimnasta. Bajó despacio sobre mi rabo que entraba en el ano suave, casi sin esfuerzo. </p>
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<p>- Cógeme el culo cariño. </p>
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<p>- No me voy a conformar con eso. Te voy a acariciar entera. </p>
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<p>                               Eso hice. Mientras ella subía y bajaba yo alcanzaba a pasar mis dedos por su piel. Pellizcaba suave sus pezones o le cogía la polla que empezaba a resurgir. </p>
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<p>- Nena, tal y cómo me has tenido todo el día no voy a aguantar mucho más. Y por cómo me aprietas el nabo me correré pronto. </p>
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<p>- No importa cielo. Lléname. </p>
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<p>                                No se si la llené pero desde luego descargué todo lo que tenía en su interior jadeando. Mientra mi polla se iba saliendo sola de su culito ella se tumbó sobre mi cuerpo y empezó a besar mi pecho y chupar mis pezones. Yo seguía acariciando su espalda y culo, besaba su cabeza. Me seguía inspirando dulzura, Solo quería mimarla. </p>
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<p>- Me podría quedar dormida encima de tí. Así, con el calor de tu cuerpo y tus manos acariciándome. </p>
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<p>- Hazlo, descansa, amor. Creo que te lo mereces. Lo has trabajado con creces. </p>
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<p>- Eres un cielo. Creo que podría enamorarme de ti. </p>
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<p>- Aún no sé si te quiero. Pero tengo muy claro que quiero seguir conociéndote. </p>
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<p>- Eso se llama querer seguir teniendo sexo. ¡Guarro!.</p>
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<p>- Pues no sé yo. Ya te he presentado a mí madre como si fueras mi novia. </p>
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<p>                               Volvíamos a bromear para que la cosa no se pusiera muy seria. Pero estaba seguro que aún nos quedaban muchas cosas por hacer juntos antes de descubrir nuestros sentimientos. </p>
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<p>                             Desde luego la vi con el disfraz de japonesa antes de salir de mi casa. Lo de que me follara ella lo dejamos para otro día. Para volver a su casa la dejé una de mis camisas que con un cinturón le valía perfectamente de vestido. Y desde luego la acompañé como todo un caballero eso si con unos vaqueros y una camiseta. </p>
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<p>...... ....... </p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/transexuales/">Transexuales</category>                        <dc:creator>pern</dc:creator>
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                        <title>Hada en la piscina pública</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/transexuales/hada-en-la-piscina-publica/</link>
                        <pubDate>Tue, 13 Oct 2026 15:15:49 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[........ 
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                                      Con el culo casi al aire, tenía los pezones duros marcados en la lycra del bañador. Un bañador deportivo que la cubrí...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>........ </p>
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<p>                                      Con el culo casi al aire, tenía los pezones duros marcados en la lycra del bañador. Un bañador deportivo que la cubría mucho pero también lo marca todo. Y marca un cuerpo muy bonito. Ella salía del agua como una bellísima sirena subiendo por la escalerilla. Sólo para volver a entrar haciendo unos clavados perfectos. </p>
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<p>                                       Delgada con los pechos pequeños y firmes, los pezones bien marcados en la fina tela. Los muslos desnudos, largos ahusados preciosos. El culo prieto no muy grande, respingón, simplemente firme y muy bonito. El bañador se le había metido entre las nalgas desnudándolas. Es toda una atleta. </p>
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<p>                                    Me quedé como tonta mirando sus pezones duros. No es que sea lesbiana, no del todo, más bien bisex, o mejor aún me gustan las personas. Pero sí que me han atraído un mínimo, más que eso, las chicas. Soy lo bastante bisexual como para desearla. Esos dos botones tan claros delante de mí parecían llamar a mis manos para que los cogiera, acariciara y tocara aunque me llevara una torta.</p>
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<p>                                    Mi bañador era como el suyo, deportivo ajustado. Al fin y al cabo había ido a nadar, ejercitarme para mantener mi cuerpo en buena forma y sexi desde luego. No me había dado cuenta de que mis propios pezones se marcaban tanto en la lycra, tan duros, como los suyos. No se si por el frio, el agua o la excitación. Por detrás se había metido entre mis trabajadas nalgas quedando como un tanga.</p>
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<p>                                      Ella parecía mirar mis pezones no tan fríamente como estaba el agua. Por suerte la otra parte de mi anatomía que podía delatarme se mantenía discretamente en su sitio, por el momento. Escondida entre mis muslos, es incómodo pero es la mejor forma de mantener mi secreto unos minutos más. Tendría que colocarlo por delante para nadar y lo haría en cuanto me metiera en el agua. </p>
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<p>                                   Mientras nadaba o descansaba sujetándome al borde de la piscina la buscaba con la mirada. Y sus ojos se cruzaban con los míos cada vez. </p>
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<p>                                    Ya estoy a punto de retirarme al vestuario después de nadar un rato, pero no tengo prisa. Tuve que sacar mi polla de su escondite hace un rato. Me molestaba ya. Yo todavía estaba acuclillada en el borde de la piscina embobada con tan bonito espectáculo. Llevaba mi bañador entero deportivo de lycra más ajustado. </p>
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<p>                                   En esa postura empezaba a marcar más mi paquete, aunque no lo pretendía. Tendría que disimularlo más. Por suerte aún no se había puesto duro del todo. Aunque si ella seguía mirándola así no tardaría. </p>
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<p>                                     No podía dejar de admirar sus pechos, con los pezones duros. Bueno, y el resto de su cuerpo. </p>
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<p>                                    Ella, tras salir cansada de la piscina se había quedado sentada en el borde, descansando, con los pies en el agua. Estábamos muy cerca. </p>
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<p>                                 Parecía que me miraba de reojo. Mi cuerpo, mis muslos, mi polla, el culo, los pechos pequeños pero firmes y marcados en la tela. Creí que había llamado su atención. </p>
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<p>                               Conseguí fijar la vista en sus ojos. He de admitir que no me costó y me di cuenta que ahora su mirada me recorría a mí, toda mi anatomía. Y parecía sonreír, no importarle mi particularidad. </p>
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<p>                             Desde la puerta del botiquín Coronas me miraba sonriendo. Es una amiga, follamiga más bien. Nos conocimos cuando ella trabajaba de camarera. Aunque esa temporada lo hacía de socorrista. Se había dado cuenta de a quién miraba. </p>
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<p>                              Un segundo más contemplándola y mi imaginación voló. Desnudándola, sacándole ese bañador, viendo, imaginando por fin al descubierto sus tetitas duras y lamiendo la piel húmeda. Todo su cuerpo de los pies pequeñitos y elegantes al fino cuello y la nuca. </p>
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<p>                            ¿Por qué me imaginaba aquello con esa total desconocida? ¿Por que la deseaba? Su cara es bonita, su cuerpo deseable, el bañador sugerente, el conjunto sexi. La piscina no era un sitio fácil para ligar, se iba allí a nadar. A hacer ejercicio. </p>
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<p>                               A pesar de todos los cuerpos semidesnudos que había por allí parecía de mala educación hacer proposiciones indecentes a alguien. Así que no era fácil. Y menos cuando tras un breve descanso ella volvió al agua. Algo descarada busqué su calle y volví a entrar tras ella. </p>
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<p>                                Una piscina pública no da muchas opciones para conocerse de una forma profunda. Para dos amantes es difícil buscar sitios donde hacer el amor. Aunque sí hay algunos rincones discretos, sobre todo si te las apañas para evitar a los empleados. Y yo tenía cierto enchufe con la socorrista. </p>
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<p>                                  Nos entendimos solo con mirarmos. Ni siquiera nos habíamos saludado y parecía que el deseo era lo que nos empujaba la una hacia la otra. En mi caso detrás... Me mantuve en la misma calle siguiendo la estela que sus rítmicos movimientos dejaban en el agua. </p>
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<p>                                  Cuando ella salió del agua fue a recoger su toalla. Era lo lógico, pero no que se entretuviera un rato mirando hacia el agua buscando mi espalda y culo mientras daba las últimas brazadas. En cuanto llegué al final de la calle apoyé los antebrazos en el borde y me quedé mirando esa belleza secándose sensual. </p>
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<p>                               La miraba desde abajo. Ese cuerpo perfecto desde ese ángulo aún se veía más bonito. Tenía los largos muslos guiando mi vista hacia su coño justo enfrente. Nuestros ojos se encontraron y ambas sonreímos a la vez. Imaginaba que ella quería en ese momento lo mismo que yo, un conocimiento más carnal. ¿Era una ilusión o de verdad era mutuo?.</p>
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<p>                             No me lo pensé más. Ni siquiera me molesté en llegar a la escalera. Hice fuerza con los brazos y despacio salí del agua. Mis pechos, con los pezones duros, el vientre plano y al final mi polla marcada en la lycra, justo antes de girar el cuerpo y apoyar el culo el borde ante sus bonitos ojos.. </p>
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<p>- ¡Hola! </p>
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<p>- ¡Hola! </p>
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<p>                              Y nos sonreímos. </p>
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<p>- Se ve que haces mucho ejercicio. Tienes un cuerpo precioso. </p>
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<p>- A tí también se te nota el ejercicio. Bueno y sigo más.</p>
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<p>- No parece que te moleste. </p>
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<p>- Es más bien curiosidad. Nunca he conocido una chica tan especial. </p>
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<p>                              Pero seguía pensando, dándole vueltas al asunto. Tenía que estar a solas con ella. Una cabina privada de los vestuarios, los de los hombres o los de las mujeres, en nuestro caso los últimos. Aunque por la particularidad que tengo entre las piernas alguna vez he recibido reproches por entrar allí. </p>
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<p>                             Deslizarse dentro cuando no hay nadie por allí, cerrar rápidamente la puerta. Es un sitio estrecho, pequeño, mínimo.</p>
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<p>                              Y hay que guardar silencio. Ser muy discretas. Una vez dentro muy juntas, pegadas con el sitio justo para quitarnos los bañadores húmedos la una a la otra.</p>
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<p>                               En este caso fue Coronas la que me, nos, libró del apuro. Me hizo un gesto para que me acercara. </p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>- ¡Bonita pieza! Si no me quedaran unas horas para terminar me iba con vosotras. </p>
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<p>- Si no te quedaran unas horas de trabajo yo me habría quedado contigo. ¡Putón!. </p>
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<p>- Aquí tienes las llaves de uno de los vestuarios privados. Zorrita. Estaréis más tranquilas. Pero no montéis mucho escándalo que te conozco cuando te corres. </p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>                                Cogí la llave de sus dedos sujetando su su mano y ella la apretó con confianza. Fue un gesto que no pasó desapercibido a mi nueva amiga. </p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>- Es muy guapa.</p>
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<p>                                 Me pareció que lo decía con algo de celos. Pero estaba claro que se estaba fijando en ella. Lo que también me ponía un poco celosa a mí. </p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>- Es una amiga. Muy simpática si. Te la puedo presentar cuando quieras. Tengo la llave de un vestuario. ¿Quieres venir?. Estaremos más tranquilas. </p>
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<p>- ¿Pues a qué esperamos?.</p>
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<p>                  Abrí la puerta y tras entrar ella cerré bien. Me tuve que girar para hacerlo y ella se pegó a mi espalda. Noté sus tetas mojadas, sus manos rodeando mi cintura. Y un momento más tarde bajando los tirantes de mi bañador para quitármelo. Sin dejar de besar mi cuello, hombros y pasar la lengua por mi nuca empezó a amasar mis tetas como si las fuera a perder. Parecía ansiosa por descubrirme. </p>
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<p>                Notaba sus duras tetas en mi espalda. Sus pezones estaban tan duros que podía sentir cómo acariciaba mi piel con ellos. Siguió bajando mi ajustada prenda hasta sacarla por los pies. Y sus caricias con los dos labios y lengua siguieron bajando por mi espalda hasta llegar donde esta pierde su casto nombre.</p>
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<p>- Quiero verte entera. </p>
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<p>- No hay nada que te lo impida. </p>
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<p>                 Separó las nalgas y clavó la legua en el ano. Supongo que pensando que yo era transexual y que por ahí me gustaría. Evidentemente acertaba con esa suposición. Me derrite un beso negro lascivo cómo el que me estaba dando. Y no paraba de jadear. </p>
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<p>- Eres pura lujuria, nena. </p>
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<p>- Me has provocado. Y quiero disfrutarte. </p>
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<p>                       Mientras me comía el culo no dejó de acariciar suavemente mi polla y huevos con la mano. Sabía lo que estaba haciendo. </p>
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<p>- Ahora me toca a mí o harás que me corra. </p>
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<p>- Me gusta tu tatuaje. Es un hada muy bonita. </p>
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<p>                      Me giré y la subí tirando de sus antebrazos. Nos besábamos y cambiábamos saliva como si fuera todo el agua de la piscina. Ahora me tocaba a mí quitarle el bañador. Lo hice despacio recreándome en la visión de sus pechos contenidos y los pezones que me habían llamado la atención. Seguían duros como guijarros de río. </p>
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<p>                        Continué bajando la ajustada prenda, descubriendo el plano vientre y el ombligo adornado con un pequeño pircing. La cadera aún retenía ese trozo de lycra hasta que de un tirón lo dejé caer a sus pies. Su vulva depilada llamaba a mis dedos y lengua para acariciarla y mimarla. Como el sitio era muy estrecho solo use la yema. Estaba muy mojada y no creo que fuera por el agua de la piscina a juzgar por el glorioso aroma que me llegaba. </p>
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<p>                  Su piel sabía a cloro, pero es su suave piel. Lo sé por qué mi lengua recorrió su fino cuello. Los pezones seguían tan duros como antes mientras mi polla se ponía todavía mas dura en su mano suave.</p>
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<p>                   Conseguí sentarme en el suelo, detrás de ella, con las rodillas dobladas, sus muslos a cada lado de mi cuerpo. Dejó lentamente su vulva en mi boca y mis manos fueron sujetas a su culo como con pegamento. </p>
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<p>                   Tenía que ahogar sus gemidos para que no nos oyeran. Y lo hacía con su antebrazo en la boca. Mi lengua cada vez mas dentro de su cuerpo. Saboreando cada uno de sus orgasmos sin dar descanso a su coño ni a su ano.</p>
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<p>                    Por debajo mi polla bien dura reclamaba una caricia de vez en cuando. Pero como no quería correrme aún no se las prodigaba mucho. Quería dedicarme a ella, a darle todos los orgasmos que pudiera. </p>
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<p>- Quiero que me folles. Quiero ese rabo dentro.</p>
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<p>                    Fue colocándose encima de mi cadera. Órdenes son órdenes. Así que fui arrimando el glande a tan delicioso agujero. O ella bajaba su cadera hasta hacer el primer contacto. Sus labios se abrieron solos al roce de mi glande. Y de pronto se dejó caer clavando mi polla hasta la empuñadura. Ambas soltamos a la vez un fuerte gemido que no sé si llegó a oirse fuera de la pequeña habitación. </p>
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<p>- Me encanta tu rabo. </p>
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<p>- Es todo tuyo. Lo tienes bien dentro. </p>
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<p>                       Mientras sujetaba sus duro culo, aquello llevaba muchas horas de natación, metió la húmeda en mi boca en busca en mis amígdalas o eso me pareció en ese momento. También aproveché para deslizar un dedo por su agujerito negro. Ella llevó sus manos a mis tetas para pellizcar y jugar con mis pezones. Algo que me encanta. Desde luego en sus muslos y pantorrillas también se notaba el ejercicio. Subía y bajaba como si no le costase esfuerzo. Y yo cada vez soltaba un jadeo que ella ahogaba con sus labios sobre los míos. </p>
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<p>- No te corras dentro que no tenemos condón y me puedes dejar preñada. Déjame saborear tu néctar. </p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>- Pues tal y cómo te mueves no me falta mucho. ¿Tú te has corrido?.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>- Tres veces cariño. Déjame levantarme. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                              La ayudé a incorporarse y aproveché para acariciar toda su piel por el camino. En aquel estrecho sitio no podíamos tumbarnos para un sesenta y nueve cómodo. Así que tuvo que arrodillarse mientras yo estaba de pie frente a ella. No es una postura que me guste mucho, me parece algo de sumisión, pero no teníamos muchas más opciones. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                            Cuando pasó la sin hueso por mis huevos depilados casi le lleno la melena con mi lefa. A duras penas conseguí aguantar hasta que tuvo el glande entre los labios. Golosa lo retuvo en la boca hasta que se incorporó y me besó para compartir mi semen entre nuestras lenguas. Fue largo, morboso, guarro y toda una delicia. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                         Mientras nos volvíamos a calzar los bañadores para acercarnos a las duchas comentamos la jugada. </p>
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<p>- No pensé que fueras tan morbosa cuando te vi nadando. </p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>- Ni yo que guardaras un secreto tan duro hasta que no me fijé un poco más. Eres toda una mujer. </p>
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<p>- Esa era mi idea. ¿Repetiremos alguna vez?.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>- Si invitas a la socorrista sí. Soy lesbiana cielo. Aunque tú me has tentado mucho. Quería catarte.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>- Así que quieres un trío. No será difícil de arreglar a ella también le van las chicas, sobre todo las que son tan bonitas cómo tú. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                          En eso quedamos después de tomar nota de los teléfonos de las otras. Por el momento. </p>
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<p>...... ...... </p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/transexuales/">Transexuales</category>                        <dc:creator>pern</dc:creator>
                        <guid isPermaLink="true">https://www.relatosonline.com/relatos/transexuales/hada-en-la-piscina-publica/</guid>
                    </item>
				                    <item>
                        <title>Hada en la piscina</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/transexuales/hada-en-la-piscina/</link>
                        <pubDate>Fri, 25 Sep 2026 14:13:00 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[........ 
&nbsp;
                                      Con el culo casi al aire, tenía los pezones duros marcados en la lycra del bañador. Un bañador deportivo que la cubría mucho pero tam...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>........ </p>
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<p>                                      Con el culo casi al aire, tenía los pezones duros marcados en la lycra del bañador. Un bañador deportivo que la cubría mucho pero también lo marca todo. Y marca un cuerpo muy bonito. Ella salía del agua como una bellísima sirena subiendo por la escalerilla. Sólo para volver a entrar haciendo unos clavados perfectos. </p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>                                       Delgada con los pechos pequeños y firmes, los pezones bien marcados en la fina tela. Los muslos desnudos, largos ahusados preciosos. El culo prieto no muy grande, respingón, solo firme y muy bonito. El bañador se le había metido entre las nalgas desnudándolas. Es toda una atleta. </p>
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<p>                                    Me quedé como tonta mirando sus pezones duros. No es que sea lesbiana, no del todo, más bien bisex, o mejor aún me gustan las personas. Pero sí que me han atraído un mínimo, más que eso, las chicas. Soy lo bastante bisexual como para desearla. Esos dos botones tan claros delante de mí parecían llamar a mis manos para que los cogiera, acariciara y tocara aunque me llevara una torta.</p>
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<p>                                    Mi bañador era como el suyo, deportivo ajustado. Al fin y al cabo había ido a nadar, ejercitarme para mantener mi cuerpo en buena forma y sexi desde luego. No me había dado cuenta de que mis propios pezones se marcaban tanto en la lycra, tan duros, como los suyos. No se si por el frio, el agua o la excitación. Por detrás se había metido entre mis trabajadas nalgas quedando como un tanga.</p>
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<p>                                      Ella parecía mirar mis pezones no tan fríamente como estaba el agua. Por suerte la otra parte de mi anatomía que podía delatarme se mantenía discretamente en su sitio, por el momento. Escondida entre mis muslos, es incómodo pero es la mejor forma de mantener mi secreto unos minutos más. Tendría que colocarlo por delante para nadar y lo haría en cuanto me metiera en el agua. </p>
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<p>                                   Mientras nadaba o descansaba sujetándome al borde de la piscina la buscaba con la mirada. </p>
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<p>                                    Ya estoy a punto de retirarme al vestuario después de nadar un rato, pero no tengo prisa. Tuve que sacar mi polla de su escondite hace un rato. Me molestaba ya. Yo todavía estaba acuclillada en el borde de la piscina embobada con tan bonito espectáculo. Llevaba mi bañador entero deportivo de lycra más ajustado. </p>
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<p>                                   En esa postura empezaba a marcar más mi paquete, aunque no lo pretendía. Tendría que disimularlo más. Por suerte aún no se había puesto duro del todo. Aunque si ella seguía mirándola así no tardaría. </p>
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<p>                                     No podía dejar de admirar sus pechos, con los pezones duros. Bueno, y el resto de su cuerpo. </p>
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<p>                                    Ella, tras salir cansada de la piscina se había quedado sentada en el borde, descansando, con los pies en el agua. </p>
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<p>                                 Parecía que me miraba de reojo. Mi cuerpo, mis muslos, mi polla, el culo, los pechos pequeños pero firmes y marcados en la tela. Creí que había llamado su atención. </p>
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<p>                               Conseguí fijar la vista en sus ojos. He de admitir que me costó y darme cuenta que ahora su mirada me recorría a mí, toda mi anatomía. Y parecía sonreír, no importarle mi particularidad. </p>
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<p>                             Desde la puerta del botiquín Coronas me miraba sonriendo. Es una amiga, follamiga más bien. Nos conocimos cuando ella trabajaba de camarera. Aunque esa temporada lo hacía de socorrista. Se había dado cuenta de a quién miraba. </p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>                              Un segundo más contemplándola y mi imaginación voló. Desnudándola, sacándole ese bañador, viendo, imaginando por fin al descubierto sus tetitas duras y lamiendo la piel húmeda. Todo su cuerpo de los pies pequeñitos y elegantes al fino cuello y la nuca. </p>
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<p>                            ¿Por qué me imaginaba aquello con esa total desconocida? ¿Por que la deseaba? Su cara es bonita, su cuerpo deseable, el bañador sugerente, el conjunto sexi. La piscina no era un sitio fácil para ligar, se iba allí a nadar. A hacer ejercicio. </p>
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<p>                               A pesar de todos los cuerpos semidesnudos que había por allí parecía de mala educación hacer proposiciones indecentes a alguien. Así que no era fácil. Y menos cuando tras un breve descanso ella volvió al agua. Algo descarada busqué su calle y volví a entrar tras ella. </p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>                                Una piscina pública no da muchas opciones para conocerse de una forma profunda. Para dos amantes es difícil buscar sitios donde hacer el amor. Aunque sí hay algunos rincones discretos, sobre todo si te las apañas para evitar a los empleados. Y yo tenía cierto enchufe con la socorrista. </p>
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<p>                                  Nos entendimos solo con mirarmos. Ni siquiera nos habíamos saludado y parecía que el deseo era lo que nos empujaba la una hacia la otra. En mi caso detrás... Me mantuve en la misma calle siguiendo la estela que sus rítmicos movimientos dejaban en el agua. </p>
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<p>                                  Cuando ella salió del agua fue a recoger su toalla. Era lo lógico, pero no que se entretuviera un rato mirando hacia el agua buscando mi espalda y culo mientras daba las últimas brazadas. En cuanto llegué al final de la calle apoyé los antebrazos en el borde y me quedé mirando esa belleza secándose sensual. </p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>                               La miraba desde abajo. Ese cuerpo perfecto desde ese ángulo aún se veía más bonito. Tenía los largos muslos guiando mi vista hacia su coño justo enfrente. Nuestros ojos se encontraron y ambas sonreímos a la vez. Imaginaba que ella quería en ese momento lo mismo que yo, un conocimiento más carnal. ¿Era una ilusión o de verdad era mutuo?.</p>
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<p>                             No me lo pensé más. Ni siquiera me molesté en llegar a la escalera. Hice fuerza con los brazos y despacio salí del agua. Mis pechos, con los pezones duros, el vientre plano y al final mi polla marcada en la lycra, justo antes de girar el cuerpo y apoyar el culo el borde ante sus bonitos ojos.. </p>
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<p>- ¡Hola! </p>
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<p>- ¡Hola! </p>
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<p>                              Y nos sonreímos. </p>
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<p>- Se ve que haces mucho ejercicio. Tienes un cuerpo precioso. </p>
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<p>- A tí también se te nota el ejercicio. Bueno y sigo más.</p>
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<p>- No parece que te moleste. </p>
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<p>- Es más bien curiosidad. Nunca he conocido una chica tan especial. </p>
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<p>                              Pero seguía pensando, dándole vueltas al asunto. Tenía que estar a solas con ella. Una cabina privada de los vestuarios, los de los hombres o los de las mujeres, en este caso los últimos. Aunque por la particularidad que tengo entre las piernas alguna vez he recibido reproches por entrar allí. </p>
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<p>                             Deslizarse dentro cuando no hay nadie por allí, cerrar rápidamente la puerta. Es un sitio estrecho, pequeño, mínimo.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>                              Y hay que guardar silencio. Ser muy discretas. Una vez dentro muy juntas, pegadas con el sitio justo para quitarnos los bañadores húmedos la una a la otra.</p>
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<p>                               En este caso fue Coronas la que me, nos, libró del apuro. Me hizo un gesto para que me acercara. </p>
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<p>- ¡Bonita pieza! Si no me quedaran unas horas para terminar me iba con vosotras. </p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>- Si no te quedaran unas horas de trabajo yo me habría quedado contigo. ¡Putón!. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Aquí tienes las llaves de uno de los vestuarios privados. Estaréis más tranquilas. Pero no montéis mucho escándalo que te conozco cuando te corres. </p>
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<p>                                Cogí la llave de sus dedos sujetando su su mano y ella la apretó con confianza. Fue un gesto que no pasó desapercibido a mi nueva amiga. </p>
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<p>- Es muy guapa.</p>
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<p>                                 Me pareció que lo decía con algo de celos. Pero estaba claro que se estaba fijando en ella. Lo que también me ponía un poco celos a mí. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Es una amiga. Muy simpática si. Te la puedo presentar cuando quieras. Tengo la llave de un vestuario. ¿Quieres venir?. Estaremos más tranquilas. </p>
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<p>- ¿Pues a qué esperamos?.</p>
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<p>                  Abrí la puerta y tras entrar ella cerré bien. Me tuve que girar para hacerlo y ella se pegó a mi espalda. Noté sus tetas mojadas, sus manos rodeando mi cintura. Y un momento más tarde bajando los tirantes de mi bañador para quitármelo. Sin dejar de besar mi cuello, hombros y pasar la lengua por mi nuca empezó a amasar mis tetas como si las fuera a perder. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                Notaba sus duras tetas en mi espalda. Sus pezones estaban tan duros que podía sentir cómo acariciaba mi piel con ellos. Siguió bajando mi ajustada prenda hasta sacarla por los pies. Y sus caricias con los dos labios y lengua siguieron bajando por mi espalda hasta llegar donde esta pierde su casto nombre.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>               Separó las nalgas y clavó la legua en el ano. Supongo que pensando que yo era transexual y que por ahí me gustaría. Evidentemente acertaba con esa suposición. Me derrite un beso negro lascivo cómo el que me estaba dando. Y no paraba de jadear. </p>
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<p>- Eres pura lujuria, nena. </p>
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<p>- Me has provocado. Y quiero disfrutarte. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                       Mientras me comía el culo no dejó de acariciar suavemente mi polla y huevos con la mano. Sabía lo que estaba haciendo. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Ahora me toca a mí o harás que me corra. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                      Me giré y la subí tirando de sus antebrazos. Nos besábamos y cambiábamos saliva como si fuera todo el agua de la piscina. Ahora me tocaba a mí quitarle el bañador. Lo hice despacio recreándome en la visión de sus pechos contenidos y los pezones que me habían llamado la atención. Seguían duros como guijarros de río. </p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>                        Continué bajando la ajustada prenda, descubriendo el plano vientre y el ombligo adornado con un pequeño pircing. La cadera aún retenía ese trozo de lycra hasta que de un tirón lo dejé caer a sus pies. Su vulva depilada llamaba a mis dedos y lengua para acariciarla y mimarla. Como el sitio era muy estrecho solo use la yema. Estaba muy mojada y no creo que fuera por el agua de la piscina a juzgar por el glorioso aroma que me llegaba. </p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>                  Su piel sabía a cloro pero es su suave piel. Lo sé por qué mi lengua recorrió su fino cuello. Los pezones seguían tan duros como antes mientras mi polla se ponía todavía mas dura en su mano suave.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                   Conseguí sentarme en el suelo, detrás de ella, con las rodillas dobladas, sus muslos a cada lado de mi cuerpo. Dejó lentamente su vulva en mi boca y mis manos van sujetas a su culo como con pegamento. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                   Tenía que ahogar sus gemidos para que no nos oyeran. Y lo hacía con su antebrazo en la boca. Mi lengua cada vez mas dentro de su cuerpo. Saboreando cada uno de sus orgasmos sin dar descanso a su coño ni a su ano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                    Por debajo mi polla bien dura reclamaba una caricia de vez en cuando. Pero como no quería correrme aún no se las prodigo mucho. Quería dedicarme a ella, a darle todos los orgasmos que pudiera. </p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>- Quiero que me folles. Quiero ese rabo dentro.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>                    Fue colocándose encima de mi cadera. Órdenes son órdenes. Así que fui arrimando el glande a tan delicioso agujero. O ella bajaba su cadera hasta hacer el primer contacto. Sus labios se abrieron solos al roce de mi glande. Y de pronto se dejó caer clavando mi polla hasta la empuñadura. Ambas soltamos a la vez un fuerte gemido que no sé si llegó a oirse fuera de la pequeña habitación. </p>
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<p>- Me encanta tu rabo. </p>
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<p>- Es todo tuyo. Lo tienes bien dentro. </p>
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<p>                       Mientras sujetaba sus duro culo, aquello llevaba muchas horas de natación, metió la húmeda en mi boca en busca en mis amígdalas o eso me pareció en ese momento. También aproveché para deslizar un dedo por su agujerito negro. Ella llevó sus manos a mis tetas para pellizcar y jugar con mis pezones. Algo que me encanta. Desde luego en sus muslos y pantorrillas también se notaba el ejercicio. Subía y bajaba como si no le costase esfuerzo. Y yo cada vez soltaba un jadeo que ella ahogaba con sus labios sobre los míos. </p>
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<p>- No te corras dentro que no tenemos condón y me puedes dejar preñada. Déjame saborear tu néctar. </p>
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<p>- Pues tal y cómo te mueves no me falta mucho. ¿Tú te has corrido?.</p>
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<p>- Tres veces cariño. Déjame levantarme. </p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>                              La ayudé a incorporarse y aproveché para acariciar toda su piel por el camino. En aquel estrecho sitio no podíamos tumbarnos para un sesenta y nueve cómodo. Así que tuvo que arrodillarse mientras yo estaba de pie frente a ella. No es una postura que me guste mucho, me parece algo de sumisión, pero no teníamos muchas más opciones. </p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>                            Cuando pasó la sin hueso por mis huevos depilados casi le lleno la melena con mi lefa. A duras penas conseguí aguantar hasta que tuvo el glande entre los labios. Golosa lo retoco en la boca hasta que se incorporó y me besó para compartir mi semen entre nuestras lenguas. Fue largo, morboso, guarro y toda una delicia. </p>
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<p>                         Mientras nos volvíamos a calzar los bañadores para acercarnos a las duchas comentamos la jugada. </p>
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<p>- No pensé que fueras tan morbosa cuando te vi nadando. </p>
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<p>- Ni yo que guardaras un secreto tan duro hasta que no me fijé un poco más. Eres toda una mujer. </p>
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<p>- Esa era mi idea. ¿Repetiremos alguna vez?.</p>
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<p>- Si invitas a la socorrista sí. Soy lesbiana cielo. Aunque tú me has tentado mucho. Quería catarte.</p>
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<p>- Así que quieres un trío. No será difícil de arreglar a ella también le van las chicas, sobre todo las que son tan bonitas cómo tú. </p>
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<p>                          En eso quedamos después de tomar nota de los teléfonos de las otras. Por el momento...</p>
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<p>...... ...... </p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/transexuales/">Transexuales</category>                        <dc:creator>pern</dc:creator>
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                    </item>
				                    <item>
                        <title>Hada, despedida de soltero.</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/transexuales/hada-despedida-de-soltero/</link>
                        <pubDate>Wed, 09 Sep 2026 19:13:34 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[&nbsp;
                       Me llamo Hada
&nbsp;
                         Soy transexual y puta, bueno eso ultimo, no demasiado. Cuando puedo me escaqueo de follar por dinero, me basta ...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>                       Me llamo Hada</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                         Soy transexual y puta, bueno eso ultimo, no demasiado. Cuando puedo me escaqueo de follar por dinero, me basta con algunos bailes, menear el pandero... por supuesto lo que va por delante del pandero también. Y enseñar las dos cosas, ahora me refiero a mis operadas tetas, y así sacarle copas a los clientes. </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                              Por suerte lo de follar lo hago solo con quien me gusta. Pero hay que ganarse las alubias y las operaciones de estética que no son precisamente baratas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                             La verdad, por aquel strep tease me ofrecieron una pasta, así que no era plan rechazarlo. Se trataba de una despedida de soltero y además más bien pija.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>                            El novio, sus amigotes y puede que algún familiar. Suponía que no querían más que el baile y el desnudo. Que en cuanto vieran mi polla asomando por el lateral del tanga la broma se acabaría. Yo podría vestirme e irme a mi casa con el pago acordado. Y si surgía algo más y me llevaba una propina no iba a quejarme. </p>
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<p>                              De entrada el chico que me abrió la puerta era una monada, un auténtico bombón que en otras circunstancias me hubiera follado sin mas esperas y sin cobrarle nada.</p>
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<p>- Hola, soy Marcos. ¿Eres la strepper?.</p>
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<p>- Si, si es que no me he equivocado de dirección. </p>
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<p>                              Respondió a mi broma solo con una sonrisa y me dejó pasar al piso. Aunque en su preciosa cara había una expresión de desconcierto. Todos los asistentes al evento eran en realidad bastante jóvenes. Según parece el novio le había hecho un bombo a la niña pija con la que salía y ahora tenía que casarse sí o sí.</p>
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<p>                              Desde luego eran gente de posibles, nada de pobretones y cutres. Ya en la entrada, en un elegante sobre, tenía el pago acordado y una generosa propina. El piso era enorme y decorado con buen gusto. Me recibieron con sonrisas lascivas en sus caras de beodos y comentarios subidos de tono. La fiesta ya estaba bastante avanzada y casi todos ellos muy borrachos.</p>
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<p>- Te hemos reservado este dormitorio para tus cosas. </p>
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<p>- Gracias, pero no traigo mucho. </p>
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<p>                              Le dije sonriendo. Me cambié de ropa donde me indicó Marcos que parecía ser el que más sensatez conservaba. Y me puse el conjunto sexi que había llevado para eso. Un tanguita para sujetarlo todo en su sitio, un short vaquero muy corto y pegado por encima para darle un poco de misterio a la cosa y una blusa de cuadros poco más grande que un sujetador. Sombrero de cowgirl y botas de montar hasta la rodilla. </p>
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<p>                            Puse la música de uno de mis números preferidos, algo tipo country, y empecé a contonearme. En realidad lo hacía solo para el chico que me abrió la puerta, sin que me preocupara ninguno de los demás demasiado borrachos para fijarse en lo que hacía. </p>
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<p>                           Meneaba la cadera y el resto del cuerpo mirándolo a los ojos. Me acariciaba los pechos deseando que fueran sus manos las que pellizcaran mis pezones. Al abrir la camisa de cuadros sus ojos no perdían de vista mi pechuga. Me bajé un poco el short enseñándole el tanga y la mitad de mis nalgas. Sabía que él deseaba pasar la lengua por ellas. </p>
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<p>                               Tenía que darle un poco de morbo a la situación. Pero el baile erótico que estaba haciendo no parecía atraer mucha atención, más que la de él. Casi todos parecían cerca del coma etílico. Intenté centrarme en el novio durante un rato y ver si conseguía ponerle un poco cachondo. </p>
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<p>                                 Al novio no se le ponía dura ni pasándole la lengua por la bragueta, no sé si porque de verdad estaba enamorado de la chica, porque yo tenia polla o porque estaba tan pedo que lloroso se empeñó en enseñarme fotos de ella en el móvil. Algunas de ellas subidas de tono y bastante eróticas. </p>
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<p>                              No podía juzgarle. Yo también le hubiera hecho un hijo a esa preciosa pijita. Y de verdad que todavía puedo hacerlo. Luego hubiera dejado que los suegros nos hubieran procurado el sustento y puede que un Mercedes último modelo como propina. Aunque en mi caso es posible que no se lo hubieran tomado igual. </p>
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<p>                              En cambio al guaperas que me abrió la puerta, al poco rato y sin que hiciera falta que yo me quitara mucha ropa, la polla se le marcaba tan dura que parecía reventar la fina tela de lino que la oprimía. No podía dejar de mirarlo de reojo. </p>
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<p>                               Y Marcos no dejaba de contemplarme a mí. A cada minuto que pasaba lo veía más sexi. Estaba convencida de que al primer vistazo en el rellano se había dado cuenta de mi condición y de que mi polla le importaba un pimiento. Eso no les había pasado a algunos de ellos que seguían teniéndome por una chica aún viendo mi polla bien dura marcándose en el pequeño tanga que la sujetaba. </p>
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<p>                                Hacia calor y yo no llevaba mucha ropa encima pensando en terminar pronto con la broma. El short que me limitaba a dejar caer meneando la cadera al ritmo de la música para descubrir el tanga que apenas ocultaba mi polla. Y una camisa de cuadros abierta y anudada bajo los pechos. Con el nudo jugaba un rato de lado a lado tapando y destapando mis tetas operadas hasta que me la quitaba. </p>
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<p>                              Viendo que a esas alturas la mayoría de los asistentes no estaba en condiciones de apreciar mis dotes para la danza dediqué toda mi atención a Marcos. Me puse a bailar delante de él descarada. Provocándole adrede con todas las mañas que mis años de experiencia me habían proporcionado. </p>
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<p>                             Le veia en la cara de lascivia que estaba poniendo, las ganas de abalanzarse sobre mí. Pero como todo un caballero se contenía disfrutando tan solo de la visión de mi cuerpo sinuoso. </p>
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<p>                               Yo también disfrutaba al ver como su polla aún bajo el pantalón respondía a mis movimientos de gata en celo. Aquello seguía creciendo. Viendo que nadie más me hacía mucho caso le arrimé los pechos a la cara. Jugaba con él acercándome y retirándome.</p>
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<p>                               Me correspondía sacando la lengua y buscando mi pezón. En el jugueteo alguna vez consigo alcanzarlo excitándome a mí de paso. </p>
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<p>                           Por fin me rendí con la mayoría de ellos y me centré el guaperas. Empecé a abrir su camisa y acariciar su torso marcado. Y todo ello mientras seguía bailando. Rocé con mis tetas su cara, cuello y pecho. Me senté en sus muslos frotando el pandero por su paquete. Para entonces lo único que me quedaba puesto era el tanga y las botas. Así que terminé de sacarle la camisa. Tenía que ver y tocar más de ese cuerpo que me había llamado la atención. </p>
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<p>                             Como parecía que mi polla no le daba miedo se la acerqué. Y él empezó a besarla por encima de la lycra, suave y repasándola con la lengua. Incluso me chupó los huevos durante un rato. Nadie nos prestaba atención. </p>
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<p>- ¿Te apetece salir a tomar el aire?. </p>
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<p>- ¡Claro! Aquí ya no pinto nada. </p>
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<p>- Tienes un buen pincel. Yo no diría eso. </p>
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<p>- Qué desilusión. ¡Yo que pensaba que era una brocha gorda!. Déjame la camisa para taparme un poco. </p>
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<p>- Gorda si que es por lo que he podido comprobar. </p>
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<p>                        Salí a la terraza con el chico guapo. En ese momento yo solo llevaba su camisa abierta, las botas y mi tanga. </p>
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<p>- ¿Te ha gustado el baile?.</p>
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<p>- Es lo más bonito que he visto y sentido en mucho tiempo. Eres preciosa. </p>
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<p>- ¿Aunque tenga polla?.</p>
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<p>- ¡Ah! ¿Pero tienes polla?. ¡Pero qué despistado soy!. Como no has llegado a enseñarla ahí dentro. </p>
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<p>                                  Tiene sentido del humor y una risa cristalina. Menuda joya. Ese chico cada vez me gustaba más. Así que me puse a besarlo. Me colgué de su cuello y le ofrecí mi boca y lengua. Me metió la suya hasta la garganta. Me agarró el culo firme pero sin apretar con la fuerza justa como para que le deseara más. </p>
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<p>                                  Notaba su polla bien firme pegada a la mía. Y las dos estaban bien duras. En ese momento solo pensaba en que podía pasar un buen rato con él. Así que mi mano fue casi sola en busca de su bragueta mientras me agachaba lo suficiente como para besar su torso. Podía pasar la lengua por su piel salada y chupar los pezones.</p>
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<p>                                 No me importaba que nos vieran desde otras terrazas. Pero a esas horas era difícil. Así que me estaba esmerando. Me apetecía pasar un buen rato con él. Tenía la polla bien dura y los testículos en mi mano. Podía acariciar sus huevos bien depilados mientras seguía lamiendo la sal de la piel de su torso. Chupaba sus pezones, también llegaba a las axilas.  </p>
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<p>- ¿Quieres follarme?.</p>
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<p>- Creo que no he pensado en otra cosa desde que te abrí la puerta. ¿Y tú a mí?.</p>
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<p>- Lo llevo deseando desde que te giraste para dejarme pasar. Me pareció un culito muy interesante. </p>
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<p>                               Desde luego quería esa polla que tenía en la mano en mi interior. Considerando que sus manos seguían amasando mi culo me decidí por fin. Saqué su durísima polla de sus pantalones que cayeron hasta las rodillas, junto a un slip muy pequeño. Su rabo recto, con las venas marcadas bien depilado me pareció precioso. Le puse lubricante, siempre lo tengo a mano. Me sonrió por ese detalle. </p>
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<p>- Quiero que me folles.</p>
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<p>- Pues ya somos dos. </p>
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<p>                              Me fui girando poco a poco. Me apoyé en la barandilla de la terraza, para inclinarme un poco y sacar el culo. Aparté la melena sobre un hombro y pasé las nalgas por su verga. Se limitó a apartar el tanga que aún tenía puesto. Su glande se abría paso por mi esfinter suave pero firme. Se me escapó un gemido. Esperaba que a esas horas no me oyera nadie.</p>
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<p>                               Estábamos follando prácticamente en público. Si alguien se asomaba a su ventana vería mis tetas desnudas sobre la barandilla y a él empujando detrás. ¡Y cómo empujaba!. Estaba notando entrar y salir cada centímetro de su polla. Hice el ademán de sujetar la mía pero se adelantó y noté su mano agarrándo mi mango o acariciando mis huevos. No había dejado de besar mi hombro y nuca. Los dos gemíamos y jadeábamos.</p>
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<p>- ¡Quiero tenerte siempre así!.</p>
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<p>- ¿Delante? ¿No querías ir también detrás?.</p>
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<p>- Si sigues así me voy a correr antes que tú. Y sin tocarme. </p>
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<p>- Hazlo tranquila. Yo también me voy. </p>
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<p>- Córrete dentro, cielo. Quiero sentirlo. </p>
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<p>                               No se conformó con llenarme el recto de lefa. Se inclinó a comerlo. Pasaba la lengua por el ano y toda la raja. Menos mal que uso lubricante comestible. Seguía con las nalgas y los muslos bien abiertos por sus fuertes manos. Llegaba a chuparme los huevos. </p>
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<p>- ¡Qué corrida!. Me has dejado agotada. Ven y bésame. </p>
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<p>- ¿Tienes algo que hacer el resto de la noche?. Puedes venir a descansar a mí casa. </p>
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<p>                                    Se puso de pie y volvimos a intercambiar saliva y el sabor de su semen. Y seguíamos casi desnudos en la terraza con la música de fondo de los ronquidos de los demás invitados a la despedida.  </p>
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<p>... ....</p>
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<p>                         Me lo monto con el chico guapo y tímido con el que tengo una gran relación. Y al final decide llevarme a mí a la boda como su acompañante. </p>
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<p>.......</p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/transexuales/">Transexuales</category>                        <dc:creator>pern</dc:creator>
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                        <title>Técnicamente desvirgado</title>
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                        <pubDate>Sat, 18 Jul 2026 09:08:47 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[..... ...
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                        <content:encoded><![CDATA[<p>..... ...</p>
<p>                              Un amigo nuestro se casaba. Era demasiado joven para eso pero había dejado embarazada a su novia. En esa época todos teníamos apenas diez y nueve años. Y su suegro le decía que habría matrimonio sí o sí.</p>
<p>                            Respaldaba esa afirmación categórica con su escopeta de caza. Esto es sólo un marco para la historia, no tiene más relevancia que darle contexto a lo que sucedió. </p>
<p>                              En cambio yo no era de noviazgos y puede que por ello a mis veinte años nunca había llegado a meterla en caliente. Besos, magreos, hacerle un dedo a la chica, incluso había llegado a comerle las tetas y el xoxito a alguna amiga, prima o conocidas de discoteca.</p>
<p>                            El sumum fueron un par de cunnilingus a una curvy que me ligué una noche de borrachera. Conseguí que se corriera en el asiento de atrás de su coche. Incluso llegué a comerle el culo. Muy morbosa. Y ella me devolvió el favor con sus gruesos labios. Pero no llegué a penetrarla. Ese día no llevaba condones o lo hubiera hecho. Estaba escarmentando en cabeza ajena, como dice el dicho. </p>
<p>                           Ya cuando podía lamerle el xoxito o ella arrimaba su lengua a mi polla la noche se convertía en algo especial. Pero lo que se dice penetrarla, no lo había hecho nunca ¿eso se considera como ser técnicamente virgen?. Me da igual, yo lo pasaba bien. Tenía mis orgasmos, algunos fantásticos en la boca de la chica. </p>
<p>                            Parece una experiencia sexual rara, pero lo disfrutaba. Tenía mucho cuidado en no meter la polla donde no debía. Así no corría el riesgo de provocar un embarazo no deseado. Como le había pasado a mi colega. </p>
<p>                            El tercero en discordia sí tenía novia. La chica era un bombón, una rubita pequeñita y muy bien hecha. Todos le envidiábamos por follársela. Pero también teníamos claro que la chica llevaba una cornamenta que no le dejaba pasar por las puertas. Le arrimaba la cebolleta a todo lo que llevara falda y a más de un pantalón bien relleno en cuanto su novia se daba media vuelta. </p>
<p>                               Un viernes quedamos para organizar la despedida de soltero y originales que somos pensamos directamente en irnos de putas. ¡Uy! a ver cómo lo digo más suave... tomar unas copas y después ir a un club de alterne.</p>
<p>                              Pero ninguno de los dos colegas del novio habíamos entrado nunca en un sitio de esos. Así que nos lo tomamos como un experimento y ver si la cosa era factible. Intentamos probar esa misma noche. </p>
<p>                               Escogimos un sitio pequeño y discreto en medio de la ciudad, no lejos de la zona de bares. Para no tener que coger el coche con alguna copa de más. Ya se sabe que esas no son las mejores condiciones para tomar buenas decisiones. </p>
<p>                               Estábamos nerviosos y algo bebidos. Nunca habíamos hecho algo así. Desde luego la anticipación nos tenía en ascuas.</p>
<p>                                Entramos los dos, evidentemente el novio no venía con nosotros. Aquello era un experimento. Curiosos, mirando alrededor como dos paletos en la gran ciudad. No era para tanto, el aspecto era el de un bar o pub bastante normalito. </p>
<p>                                Lo único extraordinario eran las chicas. Seis o siete repartidas entre los sofás junto a las paredes y la barra. Todas ellas vestidas con muy poca ropa o solo con lencería. Casi todas ellas muy guapas y con buen cuerpo. </p>
<p>                                Al vernos tan pez a los dos, una pelirroja que estaba acodada en la barra cerca de nosotros se nos acercó. Después de pedir un par de copas que resultaron ser carismas, nos enseñó el local. Es un sitio pequeño e íntimo. Incluso la zona del sexo que no eran más que un par de pequeñas habitaciones de pladur con divanes en la parte de atrás. </p>
<p>- Hola chicos. Soy Azucena. ¿Puedo ayudaros?. Os veo un poco perdidos. </p>
<p>                         Evidentemente era un nombre de guerra, no el suyo propio. Y más extraviados no podía ser. Se nos debía notar a kilómetros. </p>
<p>- Bueno, nos podías contar un poco de que va esto. </p>
<p>- Es muy sencillo, solo escojeis una chica que os guste. Pagáis su tarifa y ella ahí detrás os hace pasar un buen rato. </p>
<p>- ¿Incluida tú?.</p>
<p>- Si os gusto, por supuesto. Yo también estoy trabajando claro. </p>
<p>                           Es una pelirroja dulce, cariñosa, a juzgar por cómo se nos pegaba, pero explosiva. El top de lycra, de tubo, muy escaso y muy ajustado dejaba sus hombros pecosos al aire y la parte alta de sus tetas. Además de su vientre con un pircing y buena parte de la espalda. Y por supuesto marcando los pezones también perforados. </p>
<p>                           La minifalda nos mostraba sus torneados muslos prácticamente hasta las nalgas. Sólo era un tubo de lycra pegado a su cadera a juego con el bandeau. No pensaba que debajo de eso llevara gran cosa. </p>
<p>                          Ella me provocaba, pensaba que era directamente a mí. Se me pegaba y yo le hacía caso. Mi colega estaba más disperso, miraba a todas las chicas que había por allí, algunas de ellas más desnudas que la pelirroja que nos acompañaba.  </p>
<p>- A mí me gustas mucho. </p>
<p>                            La cogí por la cintura y la besé en la boca. Hasta me devolvió el beso con bastante lengua. Sin mirar a mi alrededor, a ver si alguna de las otras meretrices me atraía más. Eso ya no me importaba, había encontrado la mujer que me había encandilado. ¿Qué le voy a hacer?. Tengo debilidad por las pelirrojas. Ella aceptó el beso, lo que me sorprendió, pensaba que me haría la cobra. Que eso de besar no lo hacía. </p>
<p>                               Le acariciaba la suave piel de los hombros con la otra mano. De ahí bajé a su culo firme y levantando un pelín la falda, pues no era necesario mucho. Le acaricié las nalgas por encima de unas pequeñas y bonitas bragas de encaje trasparente.</p>
<p>- Eres muy guapa. </p>
<p>- Gracias. No a todos les gustan las "pelirrojas". Tú eres el chico más guapo y joven que he tenido. </p>
<p>- Me alagas. Seguro que les dices cosas así a todos. </p>
<p>- Claro que lo hago, pero es que en tu caso es verdad. </p>
<p>                          Otra sorpresa, pensaba que una chica así usaría tanga en ese curro y en esa situación. Pero esa lencería era muy sexi. Y tampoco es que cubriese mucho. La suave piel de medio culito a mi alcance. </p>
<p>                           El resto de las meretrices que por allí había ya no nos prestaban atención. Y mi amigo que no perdía el tiempo, dedicaba sus atenciones a otra chica. Una morena alta de enormes pechos y sinuosas curvas. Exactamente lo contrario a su novia, una rubia casi microscópica. </p>
<p>- Anímate, te voy a lamer entero. Pero también te puedo comer esta polla tan dura que estoy notando si andas escaso de fondos.  </p>
<p>                           Mi pelirroja no hacía mas que tirar de mi mano hacia uno de los reservados donde podíamos follar, digo, hacer el amor. Ya le había pedido a una colega que la sustituyera junto a la barra, ayudando a la camarera. </p>
<p>                           Recorría mi cuello con su lengua, hasta la oreja donde metía la puntita en mi oído haciéndome cosquillas. Excitándome todavía más si cabe. </p>
<p>- Vamos. Paga el polvo completo, lo pasarás bien. </p>
<p>                            Yo le magreaba el culito aún por encima del encaje de su braguita. Mientras me pensaba el hacerle caso y pagar un polvo completo. Por fin iba a meter la polla en un coñito. Uno pelirrojo. No una simple mamada que era otra de las opciones que me había propuesto.</p>
<p>                            Después de sobar su culo pude seguir acariciando su suave piel. Amasé las tetitas cuando se bajó el escote palabra de honor durante un buen rato. Estaba lamiendo su cuello y hombros. Su piel era dulce y parecía que le gustaba mucho lo que le estaba haciendo. </p>
<p>- Me has convencido, vamos. </p>
<p>                              Nos besamos en la boca, con abundante intercambio de saliva por ambas partes. Logró arrastrarme hasta el reservado. Hasta ahí nada era nuevo para mí, todo eso lo había hecho con otras chicas, con más o menos suerte. Ese era el momento de meterla en caliente por fín. Qué equivocado estaba. </p>
<p>                             Para entonces estaba más que excitado. Ardiendo. Y con la polla tiesa como un roble. </p>
<p>                             No había ni una cama, solo un diván en medio del reservado. Era sorprendentemente cómodo una vez que me senté en él. Esperando acontecimientos. </p>
<p>                           Sin más preliminares se arrancó el vestido por encima de la cabeza. Dejó sus hermosas tetitas pequeñas, cónicas pero muy muy duras al alcance de mi boca. Dediqué un buen rato a besarlas, lamerlas y a chupar sus pezones oscuros, pequeñitos y muy duros. </p>
<p>                         Deslicé una mano bajando por su vientre. Acaricié el ombligo y llegué al elástico de su prenda. Ahí fue cuando descubrí su no tan pequeño secreto. El porqué ella llevaba una braguita y no un tanga. Si que estaba despistado.</p>
<p>                         ¿Como era posible que no me hubiera dado cuenta de eso?. Puede que como soy más alto que ella no hubiera visto su nuez. Estaba muy concentrado en sus tetas, también podía ser eso. O que estaba tan cachondo que me importaba un pimiento. </p>
<p>- ¿No te importa?.</p>
<p>- Estoy muy cachondo para que importe. Y tú eres muy guapa y estás muy buena. </p>
<p>                          Como ya había comprobado antes ni siquiera llevaba sujetador. Estando yo sentado en el diván me lancé a por sus pechos. Quería más de esas tetitas perfectas. De inmediato me metí los pezones entre los labios, oscuros, salientes y duros. Jugaba con la lengua, lamiéndolos. Ella, de pie entre mis piernas, muy cerca de mí. Esa es una de mis especialidades, se me da bien comer un buen par de tetas. </p>
<p>                        Sentada frente a mí, sobre mis muslos, únicamente con su braguita negra. Podía agarrar bien sus nalgas y amasarlas. Pero amorrado a sus tetas seguía sin fijarme en su pubis. Tiempo tendría de hacerme con esa parte tan interesante de su anatomía. </p>
<p>                      Nos besamos con pasión, su lengua investigaba mi boca revoloteando con ella por todos los rincones. Su saliva inundaba mi boca y yo le chupaba la sin hueso. No separé las manos de su culo amasando sus nalgas con fuerza.</p>
<p>                     Me ayudaba a desnudarme. Me sacó la camiseta y la dejó a un lado. Notaba sus pezones duros rozando mi pecho. Y por fín su polla apenas tapada por sus bragas se apoyaba en mi rabo, muy duro. Que estaba aún tapado por mis pantalones. Pero poco tardó en quitármelos. Me dejó con el slip y ninguna vergüenza. </p>
<p>                          Ese fue el momento en que me decidí a exprimirle a esa noche todo el placer que pudiera sacar. ¿Sabéis una cosa?. Me importó un pimiento su polla, o que hubiera sido chico. Ante mí tenía una preciosidad. Me lo tomé como una experiencia nueva. Y además estaba buenísima. Por fin la iba a meter en caliente y era en un culo precioso. Lógicamente tampoco había follado nunca a nadie por detrás, aunque si lo había comido.</p>
<p>- ¿Me vas a dejar follarte?.</p>
<p>- Lo estoy deseando cielo. Me vas a rellenar bien.</p>
<p>- Te voy a dar mucho cariño. </p>
<p>                               Fui yo quien bajó su braguita y su polla saltó ante mi cara. Le di un beso al glande. Lo que pareció asombrarla. Y ella la que tiró de mis gayumbos. Mi rabo se deslizó entre sus labios casi sin esfuerzo. </p>
<p>- ¿No te molesta?.</p>
<p>- Para nada, preñada no te vas a quedar. Así que te voy a aprovechar entera. </p>
<p>                             Bromeé. Pero volví a besar sus labios y buscar la lengua con la mía. Nuestras pollas juntas se frotaban. Su calor se notaba, agarró las dos con su mano. Estaban bien duras y calientes, suaves. Frotaba una contra otra. </p>
<p>- ¿Me quieres follar ya?. </p>
<p>- Desde luego. Pero antes te lo voy a comer. Súbete al diván. </p>
<p>- No muchos tíos se atreven a eso. </p>
<p>- A mí me gusta. No será el primer culito que como. Y el tuyo es precioso. </p>
<p>                            Se puso a cuatro patas sobre el mueble. Empecé suave, como me gusta, con besos y lamidas por la suave piel de las nalgas. Despacio desplazándome hacia el ano. Se había limpiado bien, solo notaba algo de sudor. Aquello estaba prístino. El agujerito se abría al toque de la punta de mi lengua. Y ella gemía, creo que le gustaba, que no fingía. Al fin y al cabo no se me da mal. </p>
<p>- ¡Joder! Eso me gusta. Me correré solo con eso cielo. Pero fóllame ya. </p>
<p>- Baja de ahí y apoyate en el diván.</p>
<p>- Luego te lo voy a comer yo. Quiero probar ese culo. Parece muy duro nene. De todas formas ponle un poco de lubricante al mío y a la polla.</p>
<p>                               Apoyó los pies aún calzados con sus tacones en el suelo. Lo que dejaba su prieto culo a la altura perfecta. Con dos dedos extendí el lubricante por mi rabo y los metí en su ano para que fuera placentero para los dos. Se le escapó un gemido al notar mis dedos penetrándola mientras jugaba un momento en su interior. </p>
<p>                                De inmediato acerqué el glande y sujetando la cadera la penetré. Ambos soltamos un gemido a la vez. Del primer empujón mis huevos llegaron a tocar los suyos. Al fin dejaba de ser "técnicamente" virgen. Ese culo me apretaba como en una prensa hidráulica. </p>
<p>- Nena si aprietas así me correré enseguida.</p>
<p>- Pues hazlo. No te preocupes creo que vas a repetir sino está noche otra, nos vamos a ver más.</p>
<p>- De eso puedes estar segura. Nadie tiene más morbo que tú. </p>
<p>                                Apenas podíamos hablar pues jadeábamos, suspirábamos sintiendo placer. Aún así lo decía totalmente en serio. No era solo el calentón. Bajé unas mano hasta agarrar su polla y pajearla con suavidad. tenía en la mano un instrumento no precisamente pequeño, muy suave, duro y caliente.</p>
<p>                               Por cierto tenía otra ventaja sobre una mujer biológica. No podía fingir un orgasmo. Se corrió en mi mano antes de que yo lo hiciera en su culito. Lasciva la llevó a su boca y lamió su propio semen de mis dedos. Ese gesto terminó de calentarme y derramé toda mi lefa en su interior. Me derrumbé sobre su cuerpo. Mientras seguía besándola y ella me respondía. </p>
<p>- Eres maravillosa, nena. </p>
<p>- A ti no se te da mal tampoco. Eres el mejor que he encontrado aquí. Quiero volver a verte. Te voy a dar mi número y podemos quedar fuera. </p>
<p>- ¿Me vas a cobrar?.</p>
<p>- Te haré un precio de amigo. Si quieres, claro.</p>
<p>- No querría perder una belleza como tú. </p>
<p>                              Ya nos quedaba poco tiempo de lo que había pagado. Desde luego no para un segundo round. Lo pasamos besándonos y acariciándonos. Aún así tenía que darle unas últimas lamidas a su polla. Me apetecía y la miraba a los ojos mientras lo hacía. Podía ver su carita de vicio.</p>
<p>- Me has dejado el culo como una boca de metro. </p>
<p>- La próxima más cosas y sin que nos metan prisa. </p>
<p>                               Incluso me ayudó a asearme un poco y vestirme. Salí de esa habitación con una sonrisa en la cara y su número en el bolsillo. Pensando que tenía que volver a verla.</p>
<p> ..... .... </p>]]></content:encoded>
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                        <pubDate>Fri, 19 Jun 2026 23:53:09 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[MILENAHay quienes creen que el mundo de la moda es glamour, luces, alta costura y cuerpos perfectos. Y no están del todo equivocado, aunque no saben ni la mitad. Detrás de cada pasarela, det...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>MILENA<br /><br />Hay quienes creen que el mundo de la moda es glamour, luces, alta costura y cuerpos perfectos. Y no están del todo equivocado, aunque no saben ni la mitad. Detrás de cada pasarela, detrás de cada sonrisa fingida y de cada pose estudiada, hay un mundo sórdido que pocos se atreven a mirar de frente. Yo no solo lo miro. Yo lo domino.<br />Me llamo Jorge López Azcuénaga. Cuarenta y seis años, canas en las sienes, trajes italianos a medida, y un apellido que todavía pesa en ciertos círculos. Llevo más de dos décadas en esta industria, y he visto de todo. Mentiras, ambición, caídas estrepitosas, ascensos meteóricos y, sobre todo, carne fresca. Esa es la verdadera moneda con la que se comercia aquí. Cuerpos jóvenes, inexpertos, ansiosos por gustar. Por ser elegidos. Por triunfar.<br />Tengo una agencia propia, “AZ Models”, le puse. Suena fino, elegante, internacional. Atrae a las veinteañeras como la miel a las moscas. Llegan de todas partes. Algunas con book, otras con fotos sacadas por un exnovio. Ilusas. Todas dicen lo mismo: “Estoy dispuesta a todo por una oportunidad”. Pobres… no saben lo literal que puede ser esa frase conmigo.<br />¿Soy un cerdo? Claro. ¿Un manipulador, un abusivo? Puede ser. Pero nunca les mentí. Yo no obligo a nadie. Ellas vienen solitas, con la desesperación escrita en los ojos. Yo solo les abro la puerta... y la bragueta.<br />Perdí la cuenta hace años. No sé cuántas fueron. Algunas no duraron más que una noche, otras se quedaron lo suficiente como para tener una tapa de revista o una campaña de lencería. Pero todas pasaron por lo mismo. Por mí. Yo soy el filtro, el precio, la prueba. Y si no lo pasan… hay miles más esperando.<br />Mi oficina está en el corazón de Palermo Soho. Un piso entero con vistas al parque, alfombra gris perla, sillones de cuero negro, y una mesa baja donde los contratos se firman, o se apoyan las rodillas. Todo está dispuesto para seducir. Para imponer. Para recordarles que este no es su mundo, todavía.<br /><br />Era un martes como cualquier otro, afuera llovía, y el sonido de las gotas contra los ventanales de la agencia le daba a todo un aire de película europea. Las chicas iban y venían por la recepción, nerviosas, maquilladas, buscando agradar. Yo estaba en mi despacho, hojeando unos books sin demasiado interés, hasta que una de mis asistentes tocó la puerta con su sonrisa falsa de siempre.<br />—Jorge… llegó una nueva. Dice que viene recomendada de un fotógrafo de Córdoba. ¿La ves?<br />Levanté la vista por puro aburrimiento. La vi. Y ahí se me fue el tedio. Alta, delgada, rasgos finos, boca carnosa, ojos grandes con ese brillo mezcla de miedo e ilusión que tanto me gusta. Se llamaba Milena. O eso decía.<br />—Hacela pasar —dije, bajando el tono.<br />Entró tímida, con un vestido ajustado y el pelo recogido. A esas alturas ya tenía el guion aprendido de memoria<br />—Sentate, Milena. Así que quieres trabajar conmigo…<br />Ella asintió. Típico. Charlamos un poco. Le pregunté por sus “aspiraciones”, por su “trayectoria”. Palabrería. Yo ya estaba observando otras cosas. Cómo se cruzaban sus piernas, cómo se mordía el labio cuando hablaba. Gestos que no eran conscientes… o quizás sí.<br />Me levanté, cerré la puerta con llave, como siempre.<br />—Vamos a hablar sin rodeos —le dije, como a todas—. Acá las fotos, las pasarelas, todo eso viene después. Primero, necesito ver si tenés lo que hace falta.<br />Ella me miró con esa mezcla de desconcierto y resignación que ya había visto mil veces. Aun así, lo aceptó. De mala gana, claro, pero aceptó. Se bajó los breteles del vestido y dejó caer la parte superior. Sus pechos eran firmes, bonitos, provocadores. Sonreí.<br />—Bien. Muy bien. Ahora —le dije, sin vueltas—, sacate la parte de abajo.<br />Ahí se puso tensa. Dudó. Miró al suelo. Tragó saliva.<br />—¿Es necesario…? —preguntó con la voz temblorosa.<br />—Siempre lo es —dije sin vacilar—. Si querés avanzar acá, sabés cómo es el juego. No me vengas con moralismos a esta altura.<br />Ella se quedó quieta unos segundos. Respiró hondo. Y lo hizo. Lenta, torpemente, bajó el vestido y la tanga blanca que llevaba debajo. Y ahí… el tiempo se detuvo.<br />Lo vi. No, no lo imaginé. Lo vi. Colgando, depilado, limpio. Un pene. Uno grande, además. Ella —¿ella?— me miró con los ojos llenos de una mezcla inexplicable de vergüenza, desafío y tristeza. Y yo me quedé congelado por primera vez en años.<br />No supe qué decir. No me pasó nunca. Jamás.<br />Y ahí estaba. Milena, o quien fuera, desnuda, esperándome. Esperando ver qué haría yo ahora.<br />—¿Pero qué carajo es esto?<br />Fue lo único que pude decir. Me levanté del sillón de golpe, como si me hubieran tirado un balde de agua fría. Milena —o como fuera que se llamara en realidad— dio un paso atrás, instintivamente cubriéndose con las manos, aunque ya no había mucho que ocultar. La escena era absurda, surrealista. Yo, con los pantalones medio abiertos, ella completamente desnuda, con ese pene colgando, sin saber qué hacer.<br />—¡Vestite! —escupí, con una furia que no sabía bien de dónde venía—. ¡Vestite y rajá de acá! ¡¿Vos te pensás que esto es un circo?! ¡Que podés venir a jugar conmigo como si nada?!<br />No me respondió. Ni una palabra. Apenas agachó la cabeza, recogió su vestido, se lo puso sin mirar, y salió sin hacer ruido. La puerta se cerró tras ella y el silencio que quedó me pareció brutal. Estuve varios minutos ahí, parado, masticando bronca, incomodidad, algo que no quería ni nombrar. No era solo rechazo. Era otra cosa. Una mezcla entre sorpresa y… ¿curiosidad? Me odié un poco por eso.<br />Los días pasaron. Y como todo en este negocio, la vida siguió. Vinieron más chicas, más castings, más cuerpos ofrecidos con sonrisas vacías. Pero algo en mí estaba distinto. No lo decía, no lo mostraba, pero me encontraba pensando en aquella escena más de lo que debería. Milena. Su cara. Su temblor. Su valentía.<br />Nunca ninguna me había descolocado así. Ni una.<br />Intenté olvidarla. Me forcé a hundirme en más cuerpos, más gemidos falsos, más promesas rotas. Pero no funcionaba. Milena se me había metido en algún rincón podrido del cerebro. Así que hice lo que siempre hago cuando necesito algo: moví mis hilos. Le pedí a mi secretaria la agenda con las visitas de esa semana, sin explicaciones, todo se registraba y no me fue difícil obtener la información que estaba buscando<br />Y yo no me interesaba por nadie. Hasta ahora.<br />No soy un hombre que se disculpe. No me sale. No me importa. Pero con Milena… algo distinto me quemaba por dentro. No era culpa, era otra cosa. Una espina clavada que no me dejaba dormir tranquilo. Así que, contra todo lo que soy, tomé el teléfono y escribí dándome a conocer<br />"Milena, fui un imbécil. Me equivoqué. Si podés, volvé a la agencia. Prometo respeto. Solo quiero hablar."<br />No contestó. Obvio. La mayoría lo haría… pero ella no. Pasaron horas. Al día siguiente, lo intenté de nuevo.<br />"Mirá… nunca nadie me dejó así. No sos como las otras. Eso ya lo sabés. Dejame verte, aunque sea para hablar. No hay segundas intenciones."<br />Mentí, claro. Mentiras siempre las hay. Pero también era verdad que no me había sentido tan desarmado nunca.<br />Esa vez respondió.<br />"No tengo nada que hablar con vos. No me interesa tu mundo ni tus reglas. Lo de la agencia fue humillante."<br />Directa. Fría. Tajante. Me calentó más de lo que debería.<br />"Entonces no hablemos de la agencia. Decime dónde puedo ir a verte. En serio. Solo quiero pedirte disculpas en persona."<br />Tardó un rato largo. Quizás estaba pensando, dudando, o simplemente jugando conmigo. No importa. Lo que importa es que al final, un mensaje me llegó:<br />"Vivo en un monoambiente en San Cristóbal. Humberto Primo al 1736, tercer piso E. Vení mañana a las siete. Una sola vez. Después de eso, te vas."<br />Sonreí. No lo podía evitar. Ella me odiaba. Me despreciaba. Pero me iba a dejar entrar.<br />Y eso… eso era más de lo que cualquier otra había hecho.<br />No sabía bien por qué iba. No era deseo, no era arrepentimiento. Era algo más viscoso, más oscuro. Una mezcla de curiosidad, incomodidad y ese leve vértigo que uno siente cuando se asoma al borde de algo desconocido. La dirección me quedó retumbando en la cabeza todo el día: Humberto Primo al 1736. San Cristóbal. No era una zona que frecuentara. Me vestí casual, sin el traje de tiburón que usaba en la agencia. Quería parecer menos… yo. Aunque no podía evitarlo del todo.<br />Subí al tercer piso por escalera. El edificio era viejo, con olor a humedad, pero limpio. Frente a la puerta 3E respiré hondo. Toqué. Un segundo. Dos. Tres. Y se abrió.<br />La que apareció no era Milena. Era otra.<br />—¿Vos sos Jorge? —preguntó, con una voz nasal, joven, pero curtida por la calle.<br />Asentí, confundido. Ella sonrió con sorna y se hizo a un lado para dejarme pasar.<br />El lugar era pequeño, apenas un monoambiente dividido con una cortina y un sofá desvencijado. Pero lo que más me impactó fue la escena en sí.<br />Milena estaba ahí, de pie, con una copa de vino en la mano, observándome como si yo fuera una criatura curiosa. Llevaba un conjunto de encaje negro, abierto, transparente, sin sostén, con un liguero que resaltaba la tensión de sus muslos. A pesar de su cuerpo esbelto y de esa feminidad pulida, el bulto entre sus piernas era imposible de ignorar.<br />Y junto a ella, su compañera.<br />Se llamaba Lara, me lo dijo sin que yo preguntara. Cabello rojo artificial, corto, despeinado como si acabara de bajarse de una moto. El cuerpo más robusto que el de Milena, más exuberante. Tetas grandes, piercings en los pezones que se marcaban a través del top de red que no tapaba nada. Un short diminuto que le cortaba las caderas como una navaja. Tacones altos, labios pintados de un rojo vulgar. Y esa actitud de desafío en la mirada.<br />Ambas estaban vestidas como putas de catálogo barato. Y lo sabían.<br />—¿Te incomodamos, Jorge? —preguntó Milena, levantando una ceja.<br />Me quedé mudo. Por dentro, una tormenta. No era el dueño del juego esta vez. Y ellas lo sabían.<br />—No esperaba… esto —dije al fin.<br />—¿Qué esperabas? ¿Una escena triste? ¿Que yo estuviera llorando por cómo me trataste? —dijo Milena, bebiendo un trago.<br />—¿Una segunda oportunidad para usarla? —agregó Lara, sentándose con las piernas abiertas, sin pudor.<br />Me sentí observado. Juzgado. Expulsado de mi propio terreno. Y lo peor: excitado. Como si todo eso, ese descontrol, esa ambigüedad, me removiera algo sucio y real en el fondo.<br />No dije nada más. Ellas esperaban. Sabían que el próximo paso era mío.<br />Las miré con esa mueca que siempre me funcionó. La sonrisa de medio lado, el gesto sobrador, como si ya supiera lo que iba a pasar. Caminé unos pasos dentro del departamento, dominando el espacio con el cuerpo, como lo hacía en mi agencia.<br />—Está bien —dije, con voz baja, impostada, esa que uso cuando quiero hacer sentir a alguien pequeño—. Ya entendí. Me lo merezco. Vine a disculparme, y me encuentro con un show.<br />Me giré hacia Milena, directo a sus ojos.<br />—Pero vos y yo sabemos que no necesitás a nadie que te defienda —agregué, buscando quebrar la alianza entre ellas—. Sabés lo que valés. Y también sabés que el mundo de allá afuera no perdona.<br />Lara soltó una carcajada seca desde el sillón. Milena la imitó con un gesto más sutil, apenas una curva irónica en los labios. No dije nada, pero esa sonrisa me pinchó el orgullo. Empecé a sentirlo.<br />—No viniste a disculparte —dijo Milena, cruzando los brazos debajo de sus pechos firmes—. Viniste porque no podés sacarme de la cabeza.<br />Tragué saliva. Me incomodaba la certeza con la que lo decía. Como si me hubiera leído.<br />—No seas ridícula.<br />—¿Ridícula? —saltó Lara—. ¿Querés que te muestre los mensajes que le mandaste? Suplicando, prácticamente gimiendo por verla.<br />La tensión en el ambiente crecía. Yo, que siempre había dictado las reglas, ahora era el que estaba siendo diseccionado. Cada gesto mío parecía anticipado, cada palabra, previsible.<br />—No están entendiendo —dije, volviendo a caminar, intentando imponerme con el cuerpo, como si eso todavía funcionara—. Yo les abrí una puerta, les ofrecí una oportunidad. Y vos, Milena, la tiraste por la ventana.<br />—¿Y ahora estás acá… por qué? —me interrumpió ella—. ¿Para darme otra? ¿O para pedir la tuya?<br />El silencio fue un martillo. Me sentí desnudo, aunque tuviera la ropa puesta.<br />Y entonces me cayó la ficha: no tenía el poder.<br />No en ese departamento, no con esas dos miradas fijas en mí. Sentí un temblor en la boca del estómago. No era miedo a que me hicieran algo. Era otro miedo. El de no ser yo. El de estar en los zapatos de tantas chicas que habían pasado por mi estudio, frente a mi escritorio, con la ropa medio sacada y la dignidad colgando.<br />—¿Querés algo de tomar, Jorge? —preguntó Lara, con una voz tan dulce como sarcástica—. Estás pálido.<br />Me senté. Por primera vez, sin que nadie me lo indicara.<br />Y ellas... seguían de pie. Las piernas me temblaban y lo odiaba. Odiaba no estar seguro, no tener el control. Pero había algo intoxicante en eso. Milena se me acercó despacio, como una pantera midiendo a su presa, y se sentó en el brazo del sillón, tan cerca que podía sentir su perfume dulzón y punzante, como una amenaza disfrazada de caricia.<br />—Te sentaste solito —dijo, y sus dedos se deslizaron por mi cuello—. Nunca vi a un macho alfa rendirse tan fácil.<br />Lara se levantó. Caminó hasta el centro del cuarto con esa arrogancia casi masculina en sus movimientos. Cuando se paró frente a mí, metió sus pulgares en la cinturilla del short minúsculo que apenas cubría su entrepierna.<br />—¿Querías ver carne, no? —preguntó con una sonrisa torcida.<br />Lo hizo despacio. Bajó el short con esa teatralidad que sólo tienen las que saben que dominan la escena. Primero apareció la base, gruesa, depilada, la piel tensa. Después, centímetro a centímetro, ese pene monstruoso emergió como un animal liberado. Pesado, marcado por venas, palpitante. Imposible de ignorar. No había nada femenino en eso. Era poder crudo.<br />Me faltó el aire. El corazón me latía en las sienes.<br />Milena no se quedó atrás. Se bajó la tanga de encaje con un solo movimiento, casi con orgullo. El suyo era igual de intimidante. Largo, liso, perfecto, y tan erecto que apuntaba directo hacia mi cara.<br />—Mirá cómo nos dejaste —murmuró—. ¿Te vas a hacer el desentendido ahora?<br />No podía ni hablar. Mi cuerpo entero estaba en conflicto. El Jorge de siempre gritaba por dentro, insultándome, queriendo correr. Pero el otro… ese que se había despertado cuando Milena bajó su ropa aquella vez en la oficina… ese, quería saber.<br />—¿Nunca viste algo así de cerca, no? —Lara me tomó del mentón con una mano firme, obligándome a mirarla—. Vos tenías el poder. Ahora vas a ver lo que se siente ser el juguete.<br />Me tragué mi orgullo. Mis rodillas temblaron aún más.<br />Milena se arrodilló frente a mí, con una sonrisa perversa.<br />—Relajate, Jorge —susurró—. Lo único que te pedimos… es que abras bien la boca.<br />No tuve tiempo de pensar. Ni de reaccionar. Ni siquiera de protestar.<br />Lara fue la más rápida. Me separó las piernas como si yo fuera un muñeco de trapo. Ni siquiera me preguntó. Solo se arrodilló entre ellas y, con una agilidad inquietante, abrió el cierre de mi pantalón y me sacó la verga con una soltura que no me dio opción. Estaba medio dura, no por deseo, sino por el caos mental que me desbordaba.<br />Sentí su boca caliente engulléndome sin ceremonias, profunda, húmeda, hambrienta. Me estremecí. Nunca había sentido una succión así, tan sucia, tan experta. Me aferré al borde del sillón, temblando, confundido. Quería parar, pero algo en mí se rendía sin luchar.<br />Y entonces Milena se puso de pie, tomó su pene erecto con una mano, me sostuvo la cabeza con la otra… y sin avisar, me lo metió en la boca.<br />Me ahogué, no de asco, de shock.<br />Su miembro era grande, duro como una barra, caliente como el infierno. Me llenó la boca al instante, empujando hasta el fondo con una determinación que no dejaba lugar a dudas: yo era el objeto ahora.<br />No sabía qué hacer con la lengua, ni con la respiración. Solo sentía el peso de ese falo entre mis labios, mis encías tensas, mi garganta resistiéndose inútilmente. Mis ojos se llenaron de lágrimas.<br />Y Milena se rió.<br />—¿Qué pasa, Jorge? ¿No era esto lo que hacías sentir a todas tus modelos?<br />Lara seguía chupándome con una precisión quirúrgica, moviendo la lengua como si quisiera vaciarme por completo. Y yo… yo era un péndulo atrapado entre dos realidades que me partían en mil pedazos.<br />Una parte de mí quería escapar.<br />La otra… no podía parar de endurecerse.<br />Milena empezó a moverse. Iba y venía dentro de mi boca como si llevara años haciéndolo. Me sujetaba del cabello, guiando mi cabeza, usándome. Lara se detuvo un instante solo para mirarme.<br />—Qué lindo te ves así —susurró—. Todo confundido, con la boca llena de pija. Nunca imaginaste terminar así, ¿no?<br />Y no. Nunca lo imaginé.<br />Pero ahí estaba.<br />Ella se sentó a un lado, Milena se abrió de piernas frente a mí con una elegancia arrogante, casi insultante, dejando ver sin pudor su erección firme, orgullosa, apuntándome como una amenaza deliciosa. Era alta, imponente, su feminidad hecha de curvas, perfumes intensos y una pija dura que palpitaba con autoridad.<br />—¿A cuántas chicas hiciste abrir así de piernas, Jorge? —murmuró con burla, tomándome del mentón—. Bueno… ahora chupala como hiciste con tantas.<br />Me quedé paralizado. Aquella imagen me resultaba tan hipnótica como humillante. Su miembro erecto estaba otra vez apenas a centímetros de mi rostro, brillante, caliente, tan real que parecía latir. Intenté decir algo, pero su mirada me clavó al suelo. No tenía opción. O quizás ya no quería tenerla.<br />Me la acercó con firmeza y la restregó contra mis labios. Sentí el olor de su piel, su lubricación preseminal, el calor de su cuerpo. Mi boca se abrió sola, como traicionándome, y la recibí con torpeza, temblando.<br />Milena gimió suave, placentera, como si disfrutara no solo del contacto sino también de mi rendición.<br />—Eso… así se hace un casting de verdad —susurró.<br /><br />Mientras tanto, Lara se posicionó detrás mío. Escuché el sonido del cierre bajándose, el roce de su ropa. Sentí su respiración cerca de mi nuca, sus manos deslizándose por mi cintura mientras me bajaba los pantalones y la ropa interior hasta los tobillos.<br />—Está tan entregadito… —dijo con una risita en el oído—. Qué rico va a ser romperlo.<br />Sentí su erección apretarse contra mi trasero. Jadeé, pero no podía apartarme: Milena tenía su verga empujándose cada vez más dentro de mi boca, marcando el ritmo con las caderas. Mis labios resbalaban sobre su dureza, mis babas goteaban por mi mentón. Y entonces Lara comenzó a entrar.<br />Fue directo. Invadiéndome con decisión. Me agarró de las caderas y empezó a embestir sin piedad. El dolor inicial se mezcló con una corriente de calor brutal, humillante, mientras mi cuerpo se sacudía atrapado entre ambas.<br />—¿Te gusta? —susurró Lara con una voz ronca, poseída por el ritmo de su dominio—. Te vamos a dejar hecho mierda.<br />Milena gemía con placer mientras me sujetaba la cabeza con ambas manos, clavándome su verga hasta la garganta. Lara me empalaba con fuerza, con un ritmo implacable, cada estocada acompañada por risas suaves, carcajadas que decían todo sin decir nada.<br />Yo, Jorge López Azcuénaga, el depredador de pasarelas, el manipulador de sueños, era ahora un objeto entre dos mujeres trans que sabían exactamente cómo destruirme.<br />Y en el fondo, algo en mí no quería que se detuvieran.<br />Habían jugado con mi cuerpo como si fuera un juguete nuevo. Me usaron, me voltearon, me penetraron desde todos los ángulos. Cuando finalmente me recostaron en el sofá, ya no era el mismo. Sudado, descompuesto, derrotado. Pero Milena aún no había terminado.<br />Me miró con esa sonrisa suya, de reina absoluta, y me levantó las piernas como si fuera una puta barata. Su erección seguía firme, dura, insaciable. Y cuando la sentí entrar de nuevo, ya no me resistí. Me la dio con rudeza, con ritmo, con hambre. Cada estocada me empujaba contra el sillón, haciéndome gemir como nunca antes.<br />—Eso… así se hace —murmuraba, con el rostro serio, enfocado solo en someterme por completo.<br />Mientras tanto, Lara se arrodilló sobre mi pecho. Su verga erecta volvió a buscar mi boca. Yo ya no pensaba. Solo abrí los labios y la dejé entrar. La succionaba con desesperación, como si necesitara su aprobación, su asco, su desprecio.<br />Me masturbaba con fuerza mientras ambas me poseían, sus cuerpos envolviéndome, sus jadeos mezclándose en un concierto sucio y delicioso.<br />Lara fue la primera en acab<br />Gritó mi nombre como si fuera una burla y descargó todo en mi boca, sin aviso, sin compasión. El semen caliente me llenó la lengua, y mi reflejo fue de asco inmediato. Tosí, gemí, pero no me detuve. Ellas se reían, divertidas, mientras lo tragaba a la fuerza, sintiendo cómo bajaba por mi garganta.<br />Fue ahí, con el sabor aún fresco y el cuerpo desgarrado por la embestida de Milena, que terminé. Eyaculé con violencia, con desesperación, sin tocarme más. Solo con la vergüenza, el dolor y la excitación que me atravesaban.<br />Milena gimió profundo, se tensó sobre mí y se corrió adentro, llenándome con su leche espesa. La sentí caliente, húmeda, chorreando dentro mío.<br />—Quedate así —ordenó al salir de mí con lentitud.<br />Yo jadeaba, con las piernas abiertas, el cuerpo temblando, y la cara pegajosa de saliva y semen. No sabía qué parte de mí se había roto en ese momento. Pero sabía que ya no había vuelta atrás.<br /><br /><br />Pasaron meses. Desde afuera, todo sigue igual.<br />Sigo siendo Jorge López Azcuénaga, el tipo que domina castings, que decide qué cuerpos desfilan y cuáles no. La oficina sigue oliendo a perfumes caros y mentiras elegantes. Las modelos aún bajan la mirada cuando me acerco, todavía hay quienes harían cualquier cosa por un lugar en una pasarela importante. Y yo mantengo esa sonrisa, esa voz grave y segura, ese aire de hombre intocable que construí durante años.<br />Pero por dentro… nada volvió a estar en su sitio.<br />Desde aquella noche con Milena y Lara, algo me persigue. Algo que me excita y me asusta a la vez. Un recuerdo sucio que no se borra, que me despierta en la madrugada con el cuerpo duro y el alma hecha un nudo.<br />A veces me miento. Me digo que fue una experiencia aislada, que ellas me sometieron, que fue un castigo. Pero hay noches —cada vez más frecuentes— en las que no me basta con recordar. Necesito repetirlo.<br />Y entonces salgo.<br />Tomo el auto, cruzo la ciudad en silencio, y me meto en los callejones que antes me habrían causado asco. Los que huelen a orina, a humo barato y desesperación. Los lugares donde no se usan nombres, donde todo lo que importa es cuánto estás dispuesto a dejar que te hagan y cuánto dinero estás dispuesto a poner.<br />Y ahí están. Chicas como Milena. Chicas con polleras cortas y miradas duras, con labios pintados y algo más entre las piernas. Chicas que no preguntan. Que dominan. Que castigan. Que me leen como si supieran exactamente por qué estoy ahí.<br />Me arrodillo en la sombra, tras una pared grafiteada, mientras una de ellas me toma del pelo y me dice que abra la boca. Y lo hago. Como un perro entrenado. Como un hombre que ya no es el mismo.<br />Después, vuelvo a casa. Me lavo la cara. Me pongo colonia. Me miro al espejo y ensayo esa sonrisa arrogante que los demás aún creen auténtica.<br />Pero ya no soy Jorge López Azcuénaga.<br />Soy un secreto sucio envuelto en trajes caros.<br />Y por las noches, sigo buscando otras Milenas.<br /><br />Si te gusto esta historia puedes escribirme con titulo MILENA a dulces.placeres@live.com</p>
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                        <title>¿Cómo sabes que es una mujer?</title>
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                        <pubDate>Sun, 08 Mar 2026 04:58:03 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[..... ...... ....... ..... .... ..... ....
- ¿Como sabes que es una mujer?.
- Bueno, lo parece ¿No?. Tiene tetas, culo, buenos muslos, es guapa, muy guapa. Creo que no le falta de nada y q...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>..... ...... ....... ..... .... ..... ....</p>
<p>- ¿Como sabes que es una mujer?.</p>
<p>- Bueno, lo parece ¿No?. Tiene tetas, culo, buenos muslos, es guapa, muy guapa. Creo que no le falta de nada y que todo lo tiene muy bien puesto. </p>
<p>- No te has fijado en todos los detalles. Quizá hasta le sobre algo. Su sensual voz es un poco demasiado ronca, sus caderas con ese culito tan duro, más estrechas de lo debido. Los anchos hombros que sostienen sus tetas perfectas, tanto que es por que salieron de un quirófano. ¿Y en su cuello no has visto la nuez?. </p>
<p>- No, solo me había fijado en su belleza, su piel suave, su larga melena, sus músculos trabajados, sus labios rojos. Eso son detalles. ¿De que la conoces?.</p>
<p>- Es mi prima.</p>
<p>- ¿En serio?. ¿Y como la tenías tan escondida?.</p>
<p>- Ha pasado unos años malos. Ha sufrido, bueno, hasta conseguir todo lo que ves. Y yo quiero que no lo pase mal.</p>
<p>- Eres todo un caballero. Me encantaría que me la presentaras.</p>
<p>- En serio, ¿no te importa que...?</p>
<p>- ¿Que tenga polla?... No, para nada. Quiero conocerla y si llegamos al punto de... Entonces ya pensaré si eso supone un problema.</p>
<p>- Pero no quiero que le hagas daño. Como termine lastimada te cortó la tuya. </p>
<p>                             Y aún no sé si lo decía en broma. </p>
<p>- Nunca le haría daño a una criatura celestial como ella. Ya me conoces. Soy un caballero. Y veo que tú un buen primo. </p>
<p>- Por eso te voy a dar una oportunidad. ¡Hada!, ¿Vienes?. Mira este es Mario un amigo de toda la vida.</p>
<p>- ¿Y como lo tenías tan escondido?. Un chico tan guapo.</p>
<p>- Eso mismo es lo que me ha preguntado él cuando le hablé de ti.</p>
<p>- ¡Y como siempre, tú, tan cotilla, le habrás contado todo!.</p>
<p>- No quería que hubiera malentendidos. Pero parece que sigue interesado. </p>
<p>                                    Sus preciosos ojos azules me escrutaban como si quisieran averiguar todos mis secretos con solo mirarme. Menos mal que había suficiente luz en aquel bar y yo podía ver sus luceros perfectamente. </p>
<p>- No creo que los haya. Parece que ya somos mayorcitos para eso. ¿Verdad?.</p>
<p>                                 Al fin ella se dirigió a mí. Y yo apenas podía responderle algo coherente aún embobado como seguía por su belleza. </p>
<p>                                Todo ese diálogo se había desarrollado en el disco bar en el que estaba con un amigo tomando copas. Él se había separado un minuto de mí para ir a saludar con dos besos cariñosos a esa belleza que me había obnubilado. </p>
<p>                                Al fin conseguí reaccionar y plantear algo razonable. </p>
<p>- ¿Hada? No es un nombre muy común aunque es muy bonito. </p>
<p>- No ¿verdad? pero como pude elegirlo yo misma quería algo que fuera muy personal. </p>
<p>- Pues has acertado, eres.... más que un hada, más bien un súcubo. A mi me has hechizado. </p>
<p>                                  Su risa cristalina hizo que gustara todavía más. </p>
<p>- Te burlas de mí. </p>
<p>- Para nada, besaría el suelo que pisas si no estuviera lleno de bebida derramada y cristales rotos. </p>
<p>                                 Volvió a reír con lo que aún me hechizó todavía más. Sé que decir que sus dientes perfectos eran perlas es una metáfora muy manida, pero en ese momento me lo parecían. </p>
<p>                                 Dicen que cuando haces reír a una chica ya la tienes medio ganada. Así que seguí diciendo y haciendo payasadas. Y ella se lo tomaba a bien. La invité a un par de copas más y nos pusimos a hablar un poco más en serio. Esta vez a solas en un rincón. </p>
<p>                                Al final conseguí que me contara algo de su vida, en algunos momentos algo triste por su, "dura" circunstancia. Vale, ese chiste es malo pero aún así la hacía reír y nuestras cabezas se iban acercando poco a poco. El beso era casi inevitable sobre los vasos de tubo en los que estábamos bebiendo. </p>
<p>                                 Empezamos suave, solo jugando con los labios. Tanteando, pero tenía claro que ella me gustaba cada vez más y yo a ella parecía no disgustarle. Creo que fue su lengua la primera que entró en mi boca pero a esas alturas ya llevaba tal calentura que no podría asegurarlo. </p>
<p>- Besas bien. </p>
<p>- Y tú de maravilla. </p>
<p>                                 Minutos más tarde estábamos comiéndonos la boca como si fuera el último día de la tierra. Luego en un descuido acaricié su pecho, rocé una de sus tetas. No era muy grande pero parecía esculpida en mármol. </p>
<p>                                No me parecía que las tuviera operadas, aunque su primo me había dicho que sí. Claro que yo no tenía ninguna experiencia con ese tipo de pechos. Que yo supiera, claro. Pero de todas formas me encantaba ese tamaño, no demasiado exagerado. Ese tacto tan suave. El pezón estaba bien duro y me dediqué a acariciarlo con el pulgar. Por encima de la blusa y el sujetador. </p>
<p>- Sigue cariño. </p>
<p>                               Ella me dejaba jugar con sus durísimas tetas e incluso me animaba con algún gemido que procuraba acallar en mi boca. No podía ser muy descarado, estábamos en público. Suponía que tampoco debería excitarse mucho o demasiado pronto. </p>
<p>                                  La otra mano pude posarla en sus posaderas, valga la redundancia. Si sus tetas son mármol el culo está forjado en acero. Y no hizo nada por apartar mis dedos de allí. </p>
<p>- ¡Qué atrevido!.</p>
<p>- ¿Te importa?.</p>
<p>- Me encanta. Y ¿a tí?.</p>
<p>- Eres lo más bonito que he tenido entre mis brazos. </p>
<p>                                  Todavía había una parte de ella que me daba respeto y morbo a la vez. Nunca había toqueteado el juguete de otro chico. Aunque tenía muy claro que tenía delante de mí una mujer maravillosa y completa. </p>
<p>                                   Fuera lo que fuera lo que ocultara su ajustado vaquero. Ni siquiera sabía cómo podía esconder algo en esa prenda.</p>
<p>- Voy al baño, espérame un momento. </p>
<p>- Te esperaría una eternidad. </p>
<p>                                 Si empezaba a estar tan excitada como yo, deduje que tendría que poner cierta parte más cómoda. Al volver yo seguía pendiente de sus ojos, pero también de su figura. Así que vi como marcaba un poco más su pubis abultado. </p>
<p>- Ya estoy más tranquila. Gracias por esperar. </p>
<p>- Te podría esperar para siempre. </p>
<p>                                  Su primo, más tranquilo sobre lo que podía pasar o fiándose de ella decidió darnos espacio. Y se arrimó a una de las amigas de Hada que parecía mirarle con ojos tiernos. Suponía que era de la misma condición que su prima y no parecía importarle. </p>
<p>- Tu primo ya ha ligado. </p>
<p>  - Déjale. Seguro que Laura le hace pasar un buen rato. </p>
<p>- ¿Es como tú?.</p>
<p>- Claro. </p>
<p>                                   Creo que ella me daba las gracias por quedarme a pesar de habérme dado cuenta del paquete que empezaba a notarse. Pero a mi empezaba a darme curiosidad, morbo. Quería explorar esa posibilidad. </p>
<p>                                    Volvió a inclinarse hacia mí. Sus labios buscaron los míos y desde luego que se los di. Pocos segundos más tarde enredábamos las lenguas y cambiábamos saliva. </p>
<p>- Me gustas. Mucho. ¿Seguro que no te importa...? </p>
<p>                                      Volví a callar sus preguntas con un beso, largo, lascivo y húmedo. Además de volver a pegar una mano a una de sus tetas y la otra a sus nalgas. </p>
<p>- De lo que estoy seguro es de que quiero conocerte mejor. Y ese pequeño detalle ahora mismo no me importa nada. </p>
<p>- ¡Oye! ¡Que no es tan pequeño!. </p>
<p>                                     Ahora me hizo reír a mí. Continuamos con las bromas un rato más. </p>
<p>- ¿No decís las chicas que el tamaño no importa?. </p>
<p>- En algunos casos sí, sobre todo según donde pretendas meterla. </p>
<p>- ¡Ah! ¿Que quieres metérmela?. </p>
<p>- Solo si consigo ponerte muy cachondo. Y desde luego sé que tu quieres meterme la tuya a mí. </p>
<p>- Ahora mismo creo que ponerme tan caliente no te costaría mucho. Y... Llevo loquito por ese culo tan bonito desde que lo he visto hace un rato. </p>
<p>- Tu también me estás poniendo muy cachonda a mí. ¿Por qué estamos perdiendo el tiempo aquí?. </p>
<p>- Porque no sé dónde llevarte. </p>
<p>- Conozco un hotelito muy discreto por aquí cerca. ¿Nos vamos?. </p>
<p>                                  Por la calle no podía apartar las manos de su bella anatomía, ni mis labios de los suyos. En cada esquina o rincón parábamos a besarnos. Ella no sólo me respondía sino que también me acariciaba. Pegaba su cuerpo caliente al mío y tocaba mi polla, a esas alturas muy dura, con suavidad. No me importaba que me vieran besuqueándome con esa belleza por el camino. </p>
<p>                                  Pasar por la recepción fue solo un trámite. Me pareció que Hada y la guapa recepcionista ya se conocían. No sería la primera vez que llevaba un ligue allí. Con la tarjeta en una mano me agarró a mí con la otra y me arrastró hasta el ascensor. Allí volvimos a besarnos con pasión. Menos mal que subíamos solos. Para entonces ya estábamos tan ansiosos que apenas podíamos contenernos. </p>
<p>                                   Nada más cerrar la puerta de la habitación agarré su pétreo culo para pegar su cuerpo al mío. Ella giró la cabeza evitando mi boca para lamer mi cuello y deslizar su juguetona lengua hasta mi oreja. </p>
<p>- A ver si cumples con todo lo que me has prometido. </p>
<p>- Lo estoy deseando. </p>
<p>                                 Me dijo, mientras sus manos empezaban a levantar mi camiseta para desnudar mi torso. Ella había empezado a tomar un papel mucho más activo y no pensaba quejarme por ello. Sujetó mis muñecas con la camiseta mientras recorría mi piel con la lengua. Lamía mi barbilla, el torso, las axilas y chupaba mis pezones con fuerza. </p>
<p>                               Era la primera vez que me hacían algunas de esas cosas. Ninguna chica sería tan morbosa como Hada. Nuevas sensaciones que me estaban encantando. Si todo seguía en esa tónica no le iba a negar nada a esa belleza. Al fin me soltó. </p>
<p>                                Aún agarrando su prieto culo las lenguas de ambos recorrían la piel que el otro tenía descubierta. En mi caso todo el torso a esas alturas. Cuando empezó a lamer y chupar mis pezones casi me corro en los pantalones. </p>
<p>                                  Yo también quería ver más de su cuerpo, de su piel. Así que despacio fui soltando los botones de su blusa dejándome ver por fin el bonito sujetador de encaje que aún me ocultaba sus pechos. Conseguí bajar la prenda por sus brazos y arojarla al fin al sofá que había al lado de la cama. </p>
<p>                                  Tuve que tomarme un momento para contemplarla. Me pareció la chica más bonita que había visto hasta entonces. Así que tenía que seguir descubriendo su cuerpo. Me dejó bajar sus ajustados vaqueros. Y por fin apenas tapado por un reducido tanga de encaje a juego con el sujetador pude ver aquello que me daba tanto respeto. </p>
<p>- ¡Pues si que es grande!. </p>
<p>                                Y nos echamos a reír los dos. Pero la verdad es que si tenía un buen tamaño aunque no estaba yo para comparar. Ya estaba dura y colocada en posición vertical casi le llegaba al ombligo. El tanga solo contenía los testículos y a duras penas. </p>
<p>                                   Y fue en ese momento cuando mandé a la mierda todos mis prejuicios. Aún arrodillado a sus pies terminé de quitarle los pantalones. Acerqué la cabeza a su pubis y besé su polla. Suave, apenas posando los labios sobre la piel del tronco. Mirando sus preciosos ojos. </p>
<p>                                  Ella tiró de mis brazos para levantarme. Lo hice y me aparté un poco para poder verla al completo. </p>
<p>- Eres preciosa. Es preciosa. </p>
<p>- Y a ti parece que no te asusta. </p>
<p>- Para nada. Solo es un adorno más en tu bello cuerpo. </p>
<p>- Pues ahora quiero ver más del tuyo. Fuera pantalones. </p>
<p>                                 Casi me escuerno con las prisas por librarme de lo que quedaba de mi ropa. Perdí el equilibrio y doy gracias a que caí sobre la cama. Bastante ridículo, pero como había estado haciendo el payaso toda la noche intentando hacer reír esos bonitos ojos nada fuera de lo lógico. </p>
<p>- ¡Ya te tengo!. </p>
<p>                                 Se puso detrás de mí amenazando con clavármela directamente sin más preámbulos. </p>
<p>- Me has tenido desde que te vi en el pub. </p>
<p>                                   Por fin estaba en bolas delante de ella. Y se lanzó sobre mí sin dejar siquiera que me diera la vuelta. En ese momento temí por mi virginidad. Aunque eso dejaba de importarme a pasos agigantados. Pero no. Se limitó a subirse sobre mis riñones y empezar a besar y lamer mi cuello, nuca, y hombros. </p>
<p>- Te perdono por ahora. </p>
<p>- ¿Lo he pedido?.</p>
<p>- Salió el pervertido. </p>
<p> - ¡Mira quién habla!. La que quiere follarme el culo. </p>
<p>                                 Empezaba a notar sus manos por toda mi piel. Su polla, bien dura, justo en mi espalda por encima de mis nalgas. Y eso me encantaba. Me giré y conseguí dejarla bajo mi cuerpo y besarla. Volví a clavar la lengua en su boca y a jugar con la suya. </p>
<p>                                 Era increíble, notar sus tetas en mi pecho. Un poco más abajo los dos rabos juntos se rozaban y se sentía bien. Jadeábamos. Jugábamos. Seguíamos besándonos, intercambiando saliva durante un rato como queriendo ganar algo más de confianza entre los dos para seguir. </p>
<p>                                De pronto rodeó mis muslos con sus piernas y mi polla bajó lo suficiente como para deslizarse por su perineo. Movía el culo despacio arriba y abajo. Me provocaba con esos roces.</p>
<p>- ¿Quieres follarme?.</p>
<p>- ¿En qué crees que he estado pensando toda la noche?.</p>
<p>- ¡Qué decepción! Yo pensaba que era en mi belleza y personalidad. </p>
<p>- Además de tu evidente y arrolladora personalidad e innegable belleza. </p>
<p>- Bien capeado el temporal. Ahora ¡métemela!.</p>
<p>                                   Aún no sé de donde sacó el lubricante, supongo que una chica como ella va siempre preparada. Así que vale por dos. Pero cuando quise darme cuenta tenía más de media polla en su interior. Creo que yo jadeaba y gemía tanto como ella. </p>
<p>                                  Empezó a mover la cadera despacio. Era ella la que hacía la mayor parte del trabajo. Yo apenas sujetaba su fina cintura o sus duras nalgas. Los dos sentíamos como mi pene entraba en su interior. Cada vez más dentro. Y además podíamos mirarnos a los ojos y ver la cara de pura lascivia del otro.</p>
<p>                            No sé de donde sacaba tanta fuerza en los muslos. Así que los levanté con mis manos para buscarme una partida más cómoda. Ella misma se sujetaba las rodillas rozando sus pechos. </p>
<p>- Lléname cielo. </p>
<p>- ¿Tienes prisa?. Aún me falta un rato. </p>
<p>- Pues entonces déjame montarte. </p>
<p>                            No me las voy a dar de gimnasta pero casi sin sacarla conseguí tumbarme de espaldas. Ella quedó encima con su polla dura como una piedra apuntando a mí rostro. Ahora se movía más suave, más sensual. </p>
<p>                             Levantaba los brazos para jugar con su melena o acariciar sus propios pechos. Eso sí mis manos no estaban por allí. Entonces se apoyaba en mi torso y jugaba con mis pezones. Yo también me dediqué a acariciar su rabo con suavidad para mantenerlo bien duro. Todo era un festival de suspiros y jadeos. </p>
<p>- Tengo que agradecerle a mí primo que nos haya presentado. Eres un amante encantador y no te importan mis rarezas. </p>
<p>- Aún no hemos acabado preciosa. Y me encantan tus peculiaridades. </p>
<p>                             Nada dura para siempre y al final me corrí en su interior. Creo que me gustó pero no pensaba rendirme tan pronto. Volví a tumbarla a ella de espaldas y levantar sus rodillas hasta sus preciosas peras. Y ahí me esmeré con el sexo oral. De recoger el semen que rezumaba del ano a buscar conseguir su orgasmo y saborear su zumo. </p>
<p>- Nene, si sigues así me voy a correr. </p>
<p>- ¿Hay algo que te lo impida?.</p>
<p>- Que no sabía que además fueras tan guarrete. </p>
<p>                                Entre jadeos se corrió por fin. El primer chorro se me escapó por que estaba lamiendo sus huevos y tenía uno entre mis labios. Pero el resto fueron directos a mi lengua. Y de ahí a la suya en un nuevo cruce de lenguas. </p>
<p>- Eres un dulce de leche. No me voy a cansar de saborearte nunca. </p>
<p>- Vale, me encanta eso de ti. Pero mejor vamos al baño un momento. </p>
<p>                               Fue ella la que se encargó de asearme y hacer lo propio con su culito y el mío. Y mientras lo hacía no dejaba de acariciar mis testículos y polla. Ahí fui yo el que quise besar y lamer sus cuidados pies, por supuesto me devolvió el favor. </p>
<p>- ¿Estás buscando un segundo round?.</p>
<p>- No me importaría pero esta vez soy yo la que quiero follarte. y comerte el nabo. Aunque creo que necesito una siesta primero. </p>
<p>- Pues ven aquí entre mis brazos. </p>
<p>                               Nos dormimos haciendo la cucharita con su increíble culo apoyado en mi polla. Su melena acariciando mi cara y la suya</p>
<p>apoyada en mi brazo. Rodeaba su torso con el otro brazo y acariciaba sus pezones según me iba entrando el sueño. Hasta los suaves silbidos que suelta dormida me encantan de ella. </p>
<p>                            Aún así no me dejó dormir mucho. Un rato más tarde estaba notando la humedad de su lengua en mis huevos depilados. Subía por el tronco de la polla que para entonces ya estaba dura como el mármol. Si algo así no te despierta es que estás muerto.</p>
<p>- ¿Conseguirás no correrte antes de que te folle yo?.</p>
<p>- Pues cómo sigas con esa mamada no sé yo. Aunque suelo aguantar bastante. </p>
<p>- Pues date la vuelta.</p>
<p>- ¡A sus órdenes!.</p>
<p>                                  Con la cara apoyada en la almohada dejé que me hiciera lo que ella quisiera. Y desde luego sabía lo que hacía. Empezó besando la nuca, el cuello y los hombros. No fue directa a por mis nalgas. Pero notaba en ellas la dureza de su rabo, solo acariciando y pajeándose entre ellas. Si todo lo que habíamos hecho no me tenía lo suficientemente cachondo seguía empeñada en calentarme más. </p>
<p>                                    Continuó besando y lamiendo mi espalda. Sin prisa haciéndome desear más de ella, de su cuerpo. Notaba sus pezones rozándome como si ella se estuviera acariciando a sí misma con mi piel. En ese momento era toda dulzura. Pero estaba esperando a que sacara su lado salvaje. </p>
<p>                                      Cuando llegó al culo supe que ninguna chica me había dado tanto morbo con anterioridad ni probablemente encontraría otra igual en el futuro. Notaba su lengua humedeciendo mi piel, sus labios con besos suaves por detrás. y por fín sus manos abriéndolas para llegar al ano donde clavó la sin hueso sin ninguna piedad. </p>
<p>                                 Yo bufaba y jadeaba disfrutando de sus atenciones. Él placer subía y bajaba por mi columna como por una autopista de cuatro carriles, del ano a la nuca y vuelta. </p>
<p>                                   Algún beso negro me habían hecho antes, pero ninguno tan largo, lascivo y profundo cómo ese. Mágicamente volvió a aparecer el tubo de lubricante y a día de hoy sigo sin saber cómo hace ese truco de magia. Si empezó follándome con la lengua siguió con los dedos y el lubricante preparándome para su aparato "no tan pequeño".</p>
<p>- ¿Soy la primera?.</p>
<p>- Sí, es la primera polla que va a entrar por ahí. Aunque yo he jugado sólito con ese agujero. </p>
<p>- Es todo un honor. </p>
<p>- Pues deja la cháchara y fóllame.</p>
<p>                                  Tiró de mi cadera para ponerme a cuatro patas. A lo que yo estaba más que dispuesto. Pues la polla me dolía de lo dura que la tenía apretada entre mi cuerpo y el colchón. Entonces fue cuando noté el glande en la entrada. </p>
<p>                                  Tenía muchas ganas de ser desvirgado, así que empecé a hacer fuerza hacia atrás mientras ella empujaba. Lo noté, joder si lo noté, hasta el punto de morderme el labio para no soltar un gemido. Pero también me estaba encantando. Así que metí la cara en la almohada y como suele decirse, relájate y disfruta. Y eso hice. </p>
<p>- ¿Te falta mucho?. Nena. </p>
<p>- Casi nada. me has puesto a mil con lo morboso que eres. </p>
<p>- Pues acelera si quieres mi lefa en la boca o va a quedar toda en el colchón. </p>
<p>                                     Pronto noté sus empujones más fuertes y profundos. Sus jadeos por detrás de mí cabeza pues fue inclinándose hasta que volví a notar sus pezones en la piel de mi espalda y sus dientes en mi hombro, donde quedaron marcados. No sé si llegué a sentir su leche caliente en mi interior pues para entonces yo estaba muy cerca del orgasmo. </p>
<p>                                 Me dio el tiempo justo de girarme y dejar que agarrara mis huevos con la mano mientras se metía el glande en la boquita. Desde luego me estaba ordeñando bien hasta que dejó de salir. Cómo había hecho yo antes se incorporó para dejarlo caer en mi boca abierta. Y de inmediato meter la húmeda para batirlo entre nuestras lenguas. </p>
<p>                               No sé el tiempo que estuvimos besándonos pero desde luego agarré bien sus nalgas para que no se escapara. Lo que no pensaba hacer. </p>
<p>                           Después de otro remojón volvimos a la cama en busca de un buen merecido descanso. Por supuesto dimos buena cuenta del desayuno del hotel. Hemos tenido más encuentros tan morbosos o más que ese día cuando su primo me presentó a la chica más dulce, cariñosa y guarra que he conocido en vida. </p>
<p>...... ...... ...... ...... ....... ....... ........ ........ ........</p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/transexuales/">Transexuales</category>                        <dc:creator>pern</dc:creator>
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                        <title>Mi hermana trans y las locuras que hacemos</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/transexuales/mi-hermana-trans-y-las-locuras-que-hacemos/</link>
                        <pubDate>Fri, 02 Jan 2026 20:41:09 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Me llamo Alex, tengo 22 años y vivo en una casa amplia en las afueras de la ciudad con mi familia. Mi hermana mayor, Lena, tiene 25 y es trans. Desde que empezó su transición hace unos años,...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p>Me llamo Alex, tengo 22 años y vivo en una casa amplia en las afueras de la ciudad con mi familia. Mi hermana mayor, Lena, tiene 25 y es trans. Desde que empezó su transición hace unos años, siempre la he visto como la mujer hermosa que es: pelo largo y negro que le cae en ondas hasta la mitad de la espalda, ojos verdes intensos, labios carnosos y un cuerpo que las hormonas han moldeado con curvas suaves y tetas firmes, un C perfecto. Abajo conserva su polla, algo que nunca me ha parecido extraño; al contrario, me intrigaba en secreto desde hace tiempo.  </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vivimos con nuestra madre, Elena, una enfermera de 45 años que aún conserva una figura envidiable: tetas grandes y naturales, caderas anchas y un culo redondo que llena sus uniformes. Mi hermana pequeña, Sara, de 20, estudia danza y tiene un cuerpo menudo pero atlético, piernas largas y un trasero firme. Papá se largó hace años, así que somos solo nosotros cuatro.  </p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo empezó una noche de verano asfixiante, a principios de julio. El aire acondicionado se había roto y el calor era insoportable. Eran las dos de la madrugada y no podía dormir; el sudor me empapaba la camiseta y los boxers. Me levanté para bajar a por agua fría, descalzo, y al pasar por el pasillo vi que la puerta de la habitación de Lena estaba entreabierta. Un resplandor ámbar salía de su lámpara de noche y, sobre todo, escuché un sonido que me detuvo en seco: un gemido bajo, contenido, seguido de un suspiro largo y tembloroso.</p>
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<p>Me acerqué sin hacer ruido, el corazón latiéndome en los oídos. Miré por la rendija y lo que vi me dejó sin aliento. Lena estaba tumbada boca arriba en su cama, con la camiseta subida hasta el cuello, dejando al descubierto sus tetas perfectas. Los pezones estaban duros y rosados. De cintura para abajo estaba completamente desnuda. Una de sus manos acariciaba lentamente su polla, que ya estaba dura, venosa, brillante por el precum que goteaba de la punta. La otra mano jugaba con sus bolas, masajeándolas con delicadeza.  </p>
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<p>Se mordía el labio inferior mientras aceleraba el ritmo. “Mmm… sí…”, murmuraba para sí misma, arqueando la espalda. El espejo del armario reflejaba todo perfectamente: veía cómo su mano subía y bajaba, cómo la cabeza de su polla se hinchaba con cada caricia. Yo, parado en la puerta, sentí que mi propia polla se endurecía al instante dentro de los boxers. Me apoyé en la pared, sin poder apartar la vista.  </p>
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<p>Los minutos pasaban y ella se entregaba más. Cambió de posición: se puso de lado, con una pierna levantada, y empezó a frotarse más rápido. Los gemidos se volvieron más intensos, más desesperados. “Joder… ah… voy a correrme…”, susurró. Yo no podía más; mi mano bajó sola y empecé a masturbarme por encima de la tela, imaginando que era yo quien la tocaba.  </p>
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<p>De pronto, no aguanté. Empujé la puerta con cuidado y entré. Lena abrió los ojos de golpe, sobresaltada, pero no se cubrió. Su polla seguía dura, palpitando en su mano. Me miró de arriba abajo, vio la tienda de campaña en mis boxers y una sonrisa lenta y traviesa se dibujó en sus labios.  </p>
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<p>—¿Me estabas espiando, hermanito? —preguntó con voz ronca, sin dejar de acariciarse.  </p>
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<p>No pude hablar. Solo asentí. Me acerqué a la cama, me quité los boxers de un tirón y mi polla saltó libre, dura como nunca. Lena se incorporó un poco, extendió la mano y me agarró, apretando suavemente.  </p>
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<p>—Ven aquí —susurró.  </p>
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<p>Nos besamos con urgencia, lenguas enredadas, dientes chocando. Sus tetas se apretaban contra mi pecho mientras yo bajaba la mano y reemplazaba la suya en su polla. Estaba caliente, suave, dura como acero. La masturbé despacio mientras ella gemía en mi boca.  </p>
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<p>La tumbé de espaldas y bajé besando su cuello, su clavícula, hasta llegar a sus pezones. Chupé uno con fuerza, mordisqueándolo, y ella arqueó la espalda con un grito ahogado. Bajé más, besando su abdomen plano, hasta llegar a su polla. La lamí desde la base hasta la punta, saboreando el precum salado. La metí en la boca lo profundo que pude, succionando, mientras mis manos masajeaban sus bolas.  </p>
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<p>—Alex… joder… fóllame ya —suplicó, tirando de mi pelo.  </p>
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<p>Saqué lubricante de su mesita (siempre lo tenía a mano), lo unté en mi polla y en su culo. Me coloqué entre sus piernas, levantándolas sobre mis hombros, y empujé despacio. Su agujero era apretado, caliente, me succionaba mientras entraba centímetro a centímetro. Cuando estuve todo dentro, nos quedamos quietos un segundo, mirándonos a los ojos.  </p>
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<p>Empecé a moverme, primero lento, luego más rápido. El sonido de mis caderas chocando contra su culo llenaba la habitación. Lena se masturbaba su polla al ritmo de mis embestidas. “Más fuerte… dame más fuerte, Alex…”. Obedecí, follándola con toda mi fuerza, sus tetas botando con cada golpe.  </p>
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<p>Se corrió primero: chorros calientes de semen salpicaron su abdomen y pecho mientras gritaba mi nombre. Eso me llevó al límite; me hundí hasta el fondo y me corrí dentro de ella, sintiendo cómo mi polla palpitaba con cada descarga.  </p>
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<p>Nos quedamos abrazados, jadeando, sudorosos. Al final nos dormimos así, con mi polla aún dentro de ella. Al amanecer me escabullí a mi cuarto, pero los dos sabíamos que esto solo era el principio.</p>
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<p>### Día 1: Solo Lena y yo</p>
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<p>Al día siguiente el desayuno fue eléctrico. Mamá y Sara estaban en la cocina, pero Lena y yo no podíamos dejar de mirarnos. Ella llevaba un short de pijama cortísimo que dejaba ver la curva de su culo y una camiseta sin sujetador; sus pezones se marcaban claramente. Yo apenas probé bocado.  </p>
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<p>Cuando mamá salió al trabajo y Sara a la universidad, nos quedamos solos. Lena me agarró de la mano y me llevó al salón.  </p>
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<p>—¿Quieres repetir? —preguntó, sentándose en el sofá con las piernas abiertas, rozando su entrepierna por encima del short.  </p>
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<p>No contesté con palabras. La besé con hambre, le quité la camiseta y empecé a devorar sus tetas. Chupaba, mordía, lamía, mientras ella gemía y me apretaba la cabeza contra su pecho. Bajé el short: no llevaba nada debajo, su polla ya estaba medio dura. Me arrodillé entre sus piernas y la chupé con avidez, tragándola hasta la garganta, hasta que ella me folló la boca con las caderas.  </p>
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<p>Luego me tumbó en el sofá y se montó encima. Escupió en su mano, lubricó mi polla y se sentó despacio, centímetro a centímetro, hasta que sus bolas tocaron las mías. Empezó a cabalgarme, lento al principio, luego más rápido, girando las caderas en círculos. Sus tetas botaban delante de mi cara; las agarré y pellizqué los pezones.  </p>
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<p>—Joder, Lena… eres tan apretada… tan caliente…  </p>
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<p>Aceleró, rebotando con fuerza, y yo empujaba desde abajo. Cambiamos: la puse a cuatro patas en el suelo y la embestí por detrás, agarrando sus caderas. Le masturbaba la polla al mismo ritmo, sintiendo cómo se hinchaba en mi mano. Se corrió con un grito, semen salpicando la alfombra, y yo la seguí, llenándola otra vez.  </p>
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<p>Pasamos toda la tarde follando por la casa. En la cocina la senté en la encimera, le abrí las piernas y la penetré de pie, sus talones clavados en mi espalda. En la ducha nos enjabonamos mutuamente; me arrodillé y le comí el culo mientras ella se masturbaba, luego nos dimos mamadas mutuas bajo el agua caliente hasta corrernos en la boca del otro.  </p>
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<p>Por la noche, en su cama, sacamos juguetes. Me pidió que la atara con una corbata a la cabecera. La até, le puse un vibrador en la polla y la follé despacio, torturándola con pausas largas hasta que suplicó entre lágrimas de placer.  </p>
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<p>—Por favor, Alex… córrete dentro… lléname…  </p>
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<p>Lo hice con un gruñido, colapsando sobre ella. Nos dormimos exhaustos, pero felices.</p>
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<p>### Día 2: Entran mis amigos Mike y Tom</p>
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<p>Al segundo día invité a mis mejores amigos, Mike y Tom, a casa para jugar a la consola. Los dos tienen mi edad aproximadamente, son altos y atléticos. Lena sabía que venían y se puso un top ajustado que dejaba ver el contorno de sus pezones y unos leggings que marcaban todo.  </p>
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<p>Mientras jugábamos en el salón, ella entraba y salía trayendo bebidas, rozándome “sin querer” cada vez que pasaba. En un momento fui a la cocina y ella me siguió, me acorraló contra la nevera y me metió la mano dentro de los pantalones.  </p>
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<p>—Tus amigos están buenos —susurró, apretando mi polla—. ¿Quieres que los involucremos?  </p>
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<p>Me quedé helado, pero la idea me puso como una moto. Asentí.  </p>
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<p>Volvimos al salón y Lena se sentó entre Mike y yo. Empezó a coquetear abiertamente: risas, roces, comentarios subidos de tono. De pronto preguntó:  </p>
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<p>—Chicos, ¿alguna vez habéis hecho algo realmente prohibido?  </p>
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<p>Mike, siempre el más lanzado, sonrió.  </p>
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<p>—Depende de qué consideres prohibido.  </p>
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<p>Lena me miró pidiendo permiso con los ojos. Asentí de nuevo. Se inclinó y besó a Mike en la boca. Él se quedó sorprendido un segundo, pero enseguida le devolvió el beso. Luego se giró y besó a Tom. Yo observaba, mi polla dura como piedra.  </p>
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<p>En minutos la ropa volaba. Lena se arrodilló frente a Mike, le bajó los pantalones y empezó a chuparle la polla con maestría. Tom y yo nos masturbábamos mirando. Luego nos hizo sitio: se turnaba chupándonos a los tres, lengua enredada, manos en todas partes.  </p>
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<p>La tumbamos en el sofá. Mike fue el primero en follarla: la penetró de una embestida mientras ella me mamaba a mí. “Joder, qué apretada está”, gruñó Mike. Cambiamos: yo la follé por detrás mientras Tom le daba por la boca. Su polla rebotaba contra mi abdomen; la agarré y la masturbé hasta que eyaculó sobre su propio pecho.  </p>
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<p>Tom se corrió en su boca, yo dentro de su culo, Mike sobre sus tetas. Luego Lena nos hizo una ronda oral a los tres hasta que volvimos a corrernos.  </p>
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<p>Cuando mis amigos se fueron (atónitos, prometiendo guardar el secreto), Lena y yo nos reímos como locos y follamos una vez más en mi cama para cerrar el día.</p>
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<p>### Día 3: Sara nos descubre y se une</p>
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<p>El tercer día Sara llegó antes de tiempo de la universidad. Lena y yo estábamos en el jardín, detrás de un árbol grande, besándonos con las manos dentro de la ropa. Yo tenía los dedos dentro de su culo y ella me masturbaba cuando Sara apareció.  </p>
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<p>—¡¿Qué coño?! —exclamó, pero no se fue. Se quedó mirando, con las mejillas rojas y los ojos brillantes.  </p>
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<p>Lena, sin inmutarse, se acercó a ella.  </p>
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<p>—No te enfades, hermanita. Únete. Es… liberador.  </p>
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<p>Sara dudó, pero cuando Lena la besó suavemente en los labios, cedió. Yo me acerqué por detrás y besé su cuello mientras Lena le quitaba los shorts. Sara no llevaba bragas y su coño estaba empapado.  </p>
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<p>La llevamos a mi habitación. Empezamos despacio: besos a tres, caricias. Le quité la camiseta a Sara y chupé sus tetas pequeñas y firmes mientras Lena se arrodillaba y empezaba a lamerle el coño. Sara gemía fuerte, agarrándome el pelo.  </p>
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<p>Luego Sara quiso probar. Se arrodilló torpemente y me chupó la polla mientras Lena la guiaba. Pronto las dos me mamaban juntas, lenguas chocando, saliva por todos lados.  </p>
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<p>Follé a Sara primero: la tumbé en la cama, le abrí las piernas y entré despacio en su coño apretadísimo. Estaba virgen de sensación tan intensa; gritaba de placer. Lena le chupaba los pezones y le metía dedos.  </p>
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<p>Cambiamos mil posiciones: Lena sentada en la cara de Sara mientras yo follaba a Lena; las dos a cuatro patas y yo alternando entre el coño de Sara y el culo de Lena; Sara cabalgándome mientras Lena le lamía el clítoris.  </p>
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<p>Al final eyaculé en la boca de Sara y ella lo compartió con Lena en un beso largo y sucio.  </p>
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<p>Esa noche dormimos los tres juntos, explorando con dedos, lenguas y juguetes hasta quedar exhaustos.</p>
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<p>### Día 4: Mamá se une al caos</p>
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<p>El cuarto día fue el clímax. Mamá llegó del turno de tarde cansada, pero encontró el salón revuelto y a los tres medio desnudos después de una sesión rápida. Nos vio y se quedó paralizada.  </p>
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<p>—¿Qué demonios está pasando aquí? —preguntó, pero sus ojos se detuvieron en mi polla dura.  </p>
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<p>Lena se levantó y la abrazó.  </p>
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<p>—Mamá… relájate. Somos adultos. Y te deseamos.  </p>
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<p>Mamá intentó resistir, pero cuando Sara la besó y yo me acerqué por detrás frotando su culo increíble, cedió con un suspiro tembloroso.  </p>
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<p>—Esto está mal… pero Dios, cuánto os deseo.  </p>
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<p>La desvestimos en el salón. Sus tetas eran enormes, pesadas, con pezones grandes y oscuros. Las chupamos entre los tres mientras ella gemía. Bajé a su coño: peludo, maduro, empapado. Lo lamí con avidez mientras ella me agarraba la cabeza.  </p>
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<p>La follé en el sofá, sus piernas alrededor de mi cintura, sus tetas botando con cada embestida. Ella apretaba mi polla con sus músculos internos como una experta. Lena se sentó en su cara y mamá la lamió con hambre. Sara masturbaba la polla de Lena.  </p>
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<p>Pasamos horas: mamá cabalgándome mientras chupaba a Lena; yo follando a Sara mientras mamá y Lena se comían en un 69; círculos de placer donde todos nos tocábamos. Mamá squirteó dos veces, empapando el sofá.  </p>
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<p>Por primera vez la penetré analmente: la puse a cuatro patas, lubricamos bien y entré despacio en su culo virgen. Gritó de placer-dolor, pidiendo más. La follé fuerte mientras las chicas la besaban y tocaban.  </p>
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<p>Usamos toda la casa: su cama king size donde la atamos y la torturamos con vibradores; la bañera llena de espuma con orgías acuáticas; la cocina donde la doblé sobre la mesa y la follé por detrás mientras comía el coño de Sara.  </p>
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<p>Al final del día, los cuatro nos acurrucamos en la cama de mamá, sudorosos, satisfechos, cubiertos de fluidos.  </p>
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<p>—Esto es nuestro secreto —dijo mamá, besándonos uno a uno—. Pero no quiero que pare.  </p>
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<p>Y no paró. Los días siguientes se convirtieron en un torbellino de placer sin límites: amigos que volvían, Sara trayendo a alguna compañera de danza, mamá invitando a una colega del hospital… Pero el núcleo siempre fuimos nosotros cuatro, explorando cada rincón del deseo, sin vergüenza, sin restricciones.  </p>
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<p>Era prohibido, era loco, era perfecto. Y seguía.</p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/transexuales/">Transexuales</category>                        <dc:creator>Penteox</dc:creator>
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                        <title>Noemí(1)</title>
                        <link>https://www.relatosonline.com/relatos/transexuales/noemi1/</link>
                        <pubDate>Tue, 10 Jun 2025 23:41:43 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Me llamo Noemí, tengo 31 años, soy una mujer transexual, sin operar, mido 1,80 metros, peso unos 70 kilos, más o menos, aunque a las chicas no nos gusta decir nuestro peso, tengo una talla d...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<p><br /><br />Me llamo Noemí, tengo 31 años, soy una mujer transexual, sin operar, mido 1,80 metros, peso unos 70 kilos, más o menos, aunque a las chicas no nos gusta decir nuestro peso, tengo una talla de pecho grande, de 95c, mis pechos están perfectamente redondeados, al igual que mi trasero, soy una chica con muchas curvas y que esconde una gran sorpresa. Realmente soy castaña pero llevo mi larga melena teñida de pelirrojo y mi piel es un poco oscura ya que mi madre es mulata del Caribe. <br />Me estoy preparando para ir a trabajar, me he duchado y ahora me estoy vistiendo, me gusta ir muy sexy y que me miren al pasar así que me pongo una minifalda negra corta, unas medias y una blusa escoltada blanca con un chaleco negro. Me miro en el espejo, me gusta como voy y salgo a la calle. Pronto llego a mi lugar de trabajo, un pequeño estudio, allí he formado mi despacho y me dedico a asesorar a los demás sobre su imagen. Como tienen que vestirse, hablar y demás según su ocupación. Al poco rato recibí una llamada que iba a ser toda una sorpresa. <br />- He leído su anuncio y estaría interesada en contratar sus servicios - me dice una voz femenina y seria. <br />-Usted dirá lo que desea que hagamos - le contesto yo. <br />- Le voy a pedir discreción, me gustaría que nos viéramos cara a cara. <br />- Me parece bien. <br />Le doy la dirección de mi estudio y me pide que le de hora. <br />- Soy una mujer ocupada - me sigue diciendo - Me gustaría que nuestra cita fuera a última hora. <br />- De acuerdo, la espero esta tarde a última hora, ¿Me dice su nombre? <br />- De momento solo Lorena. <br />Nos despedimos, normalmente sin más datos no le hubiera dado ninguna cita, pero el misterio y el tono de voz han despertado mi curiosidad. <br />Durante el día realizo cosas pendientes hasta que llega la hora de la cita con Lorena. Suena el portero automático y cuando llega arriba, la estoy esperando en la puerta, me quedo muy sorprendida. Es una mujer de unos 45 años, morena con el pelo largo, alta, un poquito gruesa con grandes pechos y un trasero a juego. Viste un traje con pantalón y chaqueta negros, bastante clásica. <br />- Buenas tardes - saluda Lorena - <br />- Buenas tardes, pase usted - respondo yo - siéntese allí, tendrá que disculpar pero esto es pequeñito. Soy Noemí. <br />- No importa, Yo Lorena, ¿Me conoces? <br />- Claro, es usted la alcaldesa de la ciudad, me sorprende mucho que haya recurrido a mí. <br />- Mire, Noemí, quiero mejorar mi imagen, creo que se está quedando un tanto anticuada y espero tener una más moderna. <br />- Voy a pedirte que nos tuteemos, Lorena. Así rompemos formalidades. Tendrás muchos asesores en el Ayuntamiento que pueden ayudarte. <br />- El problema es que yo quiero algo diferente a lo que ellos me ofrecen, sabes que soy de un partido conservador y a mis asesores no los saco de esas ideas. <br />- Entiendo, espero que yo pueda ayudarte. <br />De repente suena el móvil de Lorena y está un buen rato hablando. <br />- Las obligaciones me llaman, tengo que irme. Mañana a estas horas vuelvo. Sobre todo te pido discreción, Noemí. Nadie sabe que he acudido a tí. <br />- Estate tranquila, Lorena, espero que nos veamos mañana. <br />Me quedo un rato pensando que es lo que vamos a hacer con Lorena para cambiar su imagen sin que se molesten los de su partido. Luego busco vídeos y fotos con intervenciones de Lorena en diferentes sitios. No me extraña que cada vez conecte menos con la gente joven, más allá de su mensaje, su imagen es demasiado clásica, hasta diría que antigua. Observando tanto tiempo a Lorena me comienza a suceder una cosa que no debería, la comienzo a contemplar como muy atractiva, sus ojos, sus pechos, sus caderas... Trato de quitar esos pensamientos de mi mente y concentrarme en mi trabajo pero me resulta bastante difícil. <br />Pasa la tarde, vuelvo a casa y llega la noche. Estoy en mi cuarto, preparándome para acostarme y no dejo de pensar en Lorena, aunque algo acaba por distraerme. Es el vecino de enfrente, un chico joven que siempre que puede intenta espiarme, a ver si me pilla con poca ropa o sin nada. Ahora voy con mi ropa de dormir, un pantaloncito corto de color rosa y una camiseta ajustada amarilla. Normalmente, cuando se que el mirón de mi vecino anda detrás de mí, bajo la persiana o corro la cortina,pero esta noche me siento algo traviesa. Así, me asomo a la ventana y me dirijo a mi vecino. <br />- Hola, bonita noche, ¿No? <br />- Hola, bueno... si. <br />Está bastante nervioso, nunca habíamos hablado más allá de algún saludo en la escalera. Pero los nervios no le impiden comerme con la vista y yo hago lo mismo con él. La verdad es que no está nada mal, es rubio, un poco delgado y bastante alto y está sin camiseta, no es muy musculoso pero, como digo, no está mal. <br />- Estoy un poco aburrida y sin sueño - le cuento. <br />- Yo tampoco tengo sueño - me contesta todavía nervioso. <br />- ¿Y se te ocurre algo que podamos hacer para no estar aburridos? <br />- Bueno... no sé... <br />- ¿Por qué no te pasas por aquí y me cuentas las ideas que tienes? <br />Se queda totalmente sorprendido con mi proposición y no parece saber qué contestar. <br />- ¿No me dices nada? <br />- Yo... <br />- Mientras piensas vamos a presentarnos, yo soy Noemí. <br />- Yo Tomás pero todos me llaman Tommy. <br />- Encantada, Tommy. <br />- Igualmente, Noemí. <br />- Vamos, Tommy, ven un ratito conmigo, estoy muy solita.<br />- No sé... <br />- Venga, guapo, ven conmigo. <br />Mientras le decía esto le sonreía con cara de mucho deseo. Finalmente no pudo resistirse y vino a mi casa. Lo cogí de la mano y lo llevé a mi habitación, allí me abracé a él y comencé a besar sus labios. Tommy parecía un poco cohibido, así que me tocaba hacer que se desinhibiera, le retire la camiseta y comencé a acariciar su pecho mientras introducía mi lengua dentro de su boca buscando la suya. Mientras nuestras lenguas se enroscaban juntas mi mano iba bajando por su torso, acercándose a sus partes más íntimas. Saque mi lengua de su boca y comencé a besar su cuello, mientras mi mano se metía dentro de sus pantalones cortos y agarraba con suavidad su polla. <br />- ¿Qué tenemos aquí? - le pregunté. <br />Su respuesta se limitó a emitir un gemido de placer. Me quité la camiseta, cogí las manos de Tommy y las llevé hasta mis pechos para que comenzara a acariciarlos mientras yo le despojaba de la parte de abajo de su ropa, dejándolo totalmente desnudo, volví a sujetar su polla y comencé a masturbarlo suavemente mientras el estrujaba mis pechos. <br />- ¿Te gustan mis tetas, Tommy? <br />- Mucho, Noemí. <br />- Puedes besarlas si quieres. <br />Y Tommy se acercó más a ellas, sujeto una comenzó a pasar sus labios por ella, lamiendo el pezón. <br />- ¡Qué bien lo haces, guapo! <br />Tommy repitió la misma operación con mi otro pecho, cosa que me excitaba todavía más de lo que estaba. <br />- ¿Sabes que a mí también me gusta mucho tu polla, Tommy? <br />Él sonrió y yo lo tumbé sobre mi cama, me agaché y pasé mi lengua sobre su polla, desde la parte de abajo hasta la punta. <br />- ¡Aaaaaaahhhhhh, síííí! - exclamó Tommy. <br />Yo lo mire y sonreí antes de volver a repetir la operación y el volvió a gemir todavía más fuerte. <br />- Tu polla está riquísima, guapo, voy a devorarla entera. <br />Y esta vez mi lengua se dirigió sobre los testículos del chico y comencé a lamerlos también, luego volví a sujetar su polla, que ya estaba casi dura, y la metí dentro de mi boca y mis labios comenzaron a subir y bajar por ella. <br />- ¡Oh cielos, siíííííí, siíííííí, ahhhhhhh! <br />Mientras mis labios subían y bajaban por la polla de Tommy, levantaba la vista y observaba la cara del chico y como estaba disfrutando de lo que le estaba haciendo, aquel rostro y sus gemidos denotaban que era la primera vez que alguien le comía la polla, ser la primera me hacía disfrutar mucho más a mi también y hacía que mis labios subieran y bajaran con más fuerza y avidez por aquella polla que se estaba poniendo muy grande y muy dura. De vez en cuando la sacaba para lamer la punta y la volvía a introducir otra vez dentro de mi boca para continuar chupándola. Tommy no dejaba de gemir y gritar, agarró con fuerza mi cabeza para que no dejara de darle placer. Su polla se estaba poniendo durísima, estaba a punto de soltar todo aquello que llevaba dentro.<br />- ¿Te vas a correr, guapo?<br />- Sííí, no puedo más, esto es fabuloso.<br />Saqué su polla de mi boca, la agarré con mi mano y comencé a estrujarla con fuerza.<br />- ¡Vamos, guapo, saca todo lo que tienes dentro, no dejes nada!<br />- ¡Aaaaaaaaahhhjjjjjhhhhhhhh, sííííí, sííííí, ooooooohhhhhjjjjjjhhhhhhhhh!<br />Tommy tuvo un intensísimo orgasmo que le llevó a soltar un gran chorro de semen que, seguro, llegó a todos los lugares de mi habitación<br />- ¡Ya está, ya está! - le tranquilice dándole otro beso en su boca.<br />Luego me aparté un poquito de él y me levanté bajándome las braguitas, quedando mi polla, que ya tenía una erección, al descubierto, para sorpresa de Tommy.<br />- Tú también tienes polla, creía que eras una chica.<br />- Y soy una chica, amor, una chica especial que te va a hacer sentir todavía más placer.<br />Me agaché de nuevo, abrí las piernas de Tommy y comencé a lamer su culo, metiendo mi lengua dentro y moviéndola por él. El chico comenzó a suspirar.<br />- ¿Te gusta lo que te hago, amor?<br />- Sí, Noemí, me gusta mucho.<br />Mientras movía mi lengua introduje uno de mis dedos dentro de aquel culito que yo iba a estrenar, lo metía, lo chupaba y lo sacaba, así una y otra vez, hasta que noté que estaba ya preparado y Tommy mucho más relajado. Acerqué mi polla, muy dura, y la pasé por la rajita de forma suave pero sin llegar a meterla dentro todavía. Miraba a Tommy con cara de mucho deseo y él me miraba a mí con cierto temor, pero tras ese temor se ocultaba mucho deseo también. Me coloque un preservativo y me dispuse, por fin, a penetrarlo.<br />- ¡Tu polla es tan enorme, Noemí! Creo que me vas a hacer daño.<br />- No, cariño, ya verás como te gusta mucho.<br />La metí despacio y solo una parte.<br />- ¡Me duele, Noemí!<br />- ¡Es solo un poquito al principio, amor! Ya verás como pasa enseguida.<br />Sujeté sus piernas, las coloqué sobre mis hombros y seguí metiéndola y sacándola suave y casi solo la punta, hasta que Tommy se comenzó a relajar y el dolor había pasado. Entonces ya la fui metiendo más y más hasta que entraba entera, me encantaba lo que me hacía sentir ese culito tan estrecho.<br />- ¿Te gusta, amor?<br />- ¡Mucho, Noemí, mucho!<br />Al escucharlo comencé a empujar con mucha más fuerza, una y otra vez, sin parar.<br />- ¡Siente mi polla, Tommy, siente el placer que te da una mujer como yo!<br />- ¡Aaahhhhh, sí, así, me gusta mucho Noemí!<br />Mi polla entraba y salía cada vez con más facilidad y cada vez sentía más y más placer, gemía y gemía y miraba el rostro de Tommy, al que cada vez le gustaba más sentir mi polla dentro y a mi follarlo, tenía que cerrar los ojos y mover los labios y la lengua pues me sentía en un paraíso.<br />- ¡Más, Noemí, quiero más, me estás volviendo loco!<br />- ¡Estoy para hacerte gozar, amor, siénteme dentro de tí!<br />La fuerza con la que empujaba ya era la máxima que podía dar, los golpes de mis muslos contra su culo se escuchaban, la verdad es que nuestros gritos y gemidos de placer silenciaban cualquier ruido que pudiera oírse en la habitación. Disfrutábamos al máximo de aquel polvo y ninguno de los 2 queríamos que terminase. Era como estar en el paraíso. Tras un buen rato follando como una loca el culito de Tommy, estaba llegando a mi climax y pronto iba a explotar, sin embargo fue Tommy el primero en correrse, era su primer orgasmo anal y lo disfrutó a tope.<br />- ¡Aaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhjjhhjjjjjj, esto es increíble, nunca lo hubiera esperado!<br />Un poquito después me tocó a mí, saqué mi polla del culo de Tommy, me quité el preservativo y un tremendo chorro de semen salió de mi y cayó sobre el torso de Tommy.<br />- ¡Aaaaahhhhhhhhhhhhhh, Aaaaahhhhhhhhhhhhhh, ayyyyyyyyy!<br />Mis gritos los debieron escuchar a kilómetros de distancia. Después ofrecí mi polla a Tommy, que la limpió gustoso con su lengua, me tumbé a su lado y le di un beso en la boca, él me abrazó y me devolvió el beso.<br />- ¡Eres maravillosa, Noemí, nunca hubiera imaginado que nadie me podía hacer sentir así!<br />- ¡Tú también eres fantástico, amor! Ya te dije que era una mujer muy especial.<br />Nos volvimos a abrazar y estuvimos un buen rato besándonos.<br />- Me gustaría pasar toda la noche contigo, Noemí, pero tengo que irme, mañana madrugo.<br />- Lo entiendo, guapo.<br />Nos volvimos a besar, Tommy se vistió y se marchó rápido, probablemente esperaba que sus padres no se enterasen de que había estado follando conmigo. Me quedé sola, me puse una bata, me lave un poco y salí a beber un poco de agua. No pude evitar acercarme a la mesa y mirar una foto de Lorena... y mi polla se volvió a poner dura. <br /><br /><br /><br /></p>]]></content:encoded>
						                            <category domain="https://www.relatosonline.com/relatos/transexuales/">Transexuales</category>                        <dc:creator>seigex</dc:creator>
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                        <title>El amor que buscaba</title>
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                        <pubDate>Fri, 27 Sep 2024 23:35:35 +0000</pubDate>
                        <description><![CDATA[Mi madre y mi padre parecían disputarse mi futuro, mamá quería que siguiera la carrera de arquitectura, como ella, decía que modelar los hogares de familias para verlas felices no tenía prec...]]></description>
                        <content:encoded><![CDATA[<div class="x_elementToProof">Mi madre y mi padre parecían disputarse mi futuro, mamá quería que siguiera la carrera de arquitectura, como ella, decía que modelar los hogares de familias para verlas felices no tenía precio, y en cambio papá, pensaba en la medicina, como él, siempre ninguneaba a mi madre, hacer casas era bueno, pero salvar una vida no tenía precio</div>
<div>Eran lindos esos días, cuando ella me veía como un arquitecto y él como un prestigioso doctor, sin embargo, como suele suceder, en esos tiempos yo tenía un amor platónico con Priscila, y cuando ella terminó sus estudios secundarios y empezó su carrera para contadora pública, pues ahí fui yo, solo para no perderla</div>
<div>Y si bien mis padres en un principio no entendían, cuando supieron de Priscila, bueno, imaginen las eternas cargadas que me esperaron por delante</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Como fuera, la carrera me gustaba a pesar de todo, y al final de la historia pude conquistar a esa jovencita que me quitaba el sueño, en unos años pensamos en formar pareja, y ya tenía un empleo en un estudio contable</div>
<div>Nos casamos, y pronto quedaría embarazada y mi historia se haría la historia de muchos, ahora era padre de familia, tenía responsabilidades, trabajaba mucho para ganarme el pan y mis estudios quedaron pausados en modo eterno</div>
<div>Fuimos felices, cierto, pero poco a poco nos fuimos distanciando, nuestras flores de amor se fueron marchitando, fue lento, poco a poco, y cuando nos dimos cuenta, Priscila y yo no teníamos ningún sueño por compartir</div>
<div>Decidimos separar nuestros caminos de común acuerdo, en paz, tengo un bonito recuerdo de esos días y aun nos une nuestra niña, nuestra hermosa hija que hoy en día ya es adolescente</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Cambié de empleo un par de veces, pasé a otros estudios contables y tuve la oportunidad de meterme a una multinacional, como siempre, en la parte contable, y en esa empresa conocería a mi segundo amor, a mi segunda mujer, con la quien intentaría rehacer mi vida</div>
<div class="x_elementToProof">Mónica era diferente a Priscila, íntimamente sabía que me equivocaba con ella, una mujer asfixiante, demandante, con celos enfermizos más propios de sus inseguridades que de los motivos que yo pudiera darle, y yo me empeciné en cambiarla, pero nunca podría hacerlo</div>
<div class="x_elementToProof">Nuestra relación se haría tóxica, era como que no podíamos estar juntos, pero tampoco podíamos estar separados, ella ya venía de otra relación de pareja donde había tenido el mismo patrón de comportamiento</div>
<div>Y solo decidí dejarla, aunque ella no quisiera, aunque ella me odiara, aunque ella tratara de destruirme, hasta logrando que me despidieran de la empresa</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Así había llegado a mis cuarenta años, vivía solo, trabajaba en un nuevo sitio y me di cuenta que promediando mi vida no tenía nada en concreto, sentimentalmente había pasado mis días entre dos amores, una hija que veía poco y nada, profesionalmente tenía una carrera a medio hacer, laboralmente no me iba mejor, saltando de lado a lado, siempre haciendo el trabajo duro del cual solo me llevaba migajas, porque todo se lo llevaba el contador de turno que solo ponía su firma y su matrícula a todo mi esfuerzo, y por último, económicamente no me había ido mejor, apenas poseía un discreto monoambiente de medio pelo y una vieja y fiel motocicleta que me llevaba de un lado a otro</div>
<div class="x_elementToProof">Decidí que era tiempo de cambiar, o al menos tratar de hacerlo, me faltaba un año de estudios y algunas materias más para cerrar esa etapa de estudiante, y una vez que tuviera mi título universitario podría al fin ser el dueño de mi propio destino</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Desempolvé mis viejos apuntes, y volví a esa vieja facultad después de muchos años, todo había cambiado, no solo el edificio, los mobiliarios, los colores, la tecnología, también las personas, los chicos de hoy en día pensaban muy diferente a lo que yo pensaba en mis días, ahora todo parecía cuestionarse, ahora todo parecía fluir, ser normal, incluso noté muchos colores de nuevas identidades sexuales, temas prohibidos en mis tiempos</div>
<div class="x_elementToProof">Empecé en turno noche, el único que podía puesto que por la mañana y tarde trabajaba y en verdad todo se hizo cuesta arriba</div>
<div class="x_elementToProof">Mis nuevos compañeros de estudios tenían promedio la misma edad que tenía mi hija, y no tardé en darme cuenta que la brecha generacional era insalvable, parecían hablar otro idioma, las costumbres habían cambiado, a veces no entendía siquiera sus bromas y muchas veces reía por compromiso, mis charlas de otras épocas sabían aburridas, grises y a nadie le interesaba saber de las cosas que había vivido</div>
<div class="x_elementToProof"> </div>
<div class="x_elementToProof">No tardaría en verme aislado del grupo, solo se dio, no tenía nada que ver con ellos y entendí que mucho de lo moderno solo era de la boca para afuera, por dentro seguían existiendo los mismos prejuicios de mis días y una gerontofobia hacia mi persona se haría más que evidente</div>
<div class="x_elementToProof">Pero no sería el único en esas clases nocturna, Cecilia, una chica trans correría mí misma suerte, y todas las propagandas de igualdades de género se irían a la basura</div>
<div class="x_elementToProof">A ella la miraban como un bicho raro, a diferencia de mi ella jamás había tratado ser parte de la manada, ella llegaba, se sentaba en sitio apartado, presenciaba la clase y solo se iba cuando terminaba</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Cecilia, trataba de ocultar lo que era, pero el rumor corrió rápida e inevitablemente, y de alguna manera sentí una empatía con ella, por sentirnos fuera del corral</div>
<div class="x_elementToProof">Honestamente era muy bonita, tenía el trasero más precioso que pudiera recordar, no sé cómo lo hacía, pero era envidia de muchas de las jovencitas de esos días</div>
<div class="x_elementToProof">También tenía un rostro muy femenino y dejaba esos largos cabellos oscuros corriendo por su espalda, y el hecho de saber que ella tenía pene, me despertaba mucha curiosidad, es que nunca me había tocado convivir con alguien así tan de cerca</div>
<div> </div>
<div>Una noche ella llegó tarde, cuando la clase estaba ya empezada, y el único sitio libre era a mi lado, al final del salón, ella se sentó casi sin mirarme, sin dirigirme la palabra, y como hacía en cada clase, abrió sus apuntes y prestó atención</div>
<div>Fue cuando me perdí, y empecé a observar la perfección de su rostro femenino, tratando de encontrar los detalles de su masculinidad escondida, y sin quererlo fui indiscreto al punto que ella me dijo casi en un susurro</div>
<div> </div>
<div>Cuál es tu problema? me estás incomodando!</div>
<div> </div>
<div>Había empezado con el pie izquierdo, me puse colorado por la vergüenza, y solo no supe que decir</div>
<div>Al terminar la clase, antes que se fuera, le pedí disculpas, es que no había sido mi intención incomodarla, entonces ella, ya distendida, me dijo algo como</div>
<div> </div>
<div>No hay problemas, somos dos peces fuera de este estanque...</div>
<div> </div>
<div>Ella cerró sus apuntes y dando por cerrado el tema pareció dejar el lugar, fue un impulso, solo la tomé del antebrazo y le dije</div>
<div> </div>
<div>Me gustaría conocerte, me causas mucha intriga... no se...</div>
<div> </div>
<div>Hoy no, - respondió - tal vez algún día...</div>
<div> </div>
<div>Y solo se marchó, moviendo esas caderas de lado a lado, y en verdad mi curiosidad en ese momento iba solo por esa ambigüedad sexual que despertaba en mi mucha curiosidad, pero entendí que su respuesta de alguna manera cerraba mis puertas</div>
<div>Pasaría esa semana, y la siguiente, pero a la próxima, ella en algún cruce me diría</div>
<div> </div>
<div>Nacho, mañana estaré libre, no tengo planes, será viernes, quieres que vayamos a tomar unas copas?</div>
<div> </div>
<div>No lo esperaba, porque era muy bonita y apenas pisaba los treinta, pero no dejaría pasar por alto esa oportunidad</div>
<div> </div>
<div>Y ese viernes pensé demasiado, rebobinando una y otra vez, porque mis dos esposas habían sido personas diametralmente opuestas, y había vivido con ellas cosas totalmente diferentes, pero si algún punto en común tenía mis relaciones con ellas, es que, aunque me costara confesarlo, en la cama con ninguna de las dos había sido completamente feliz</div>
<div>Cierto, Cecilia tenía pene, lo sabía, pero no me incomodaba la situación, por el contrario, sentía una rara sensación mezcla de curiosidad, locura y porque no decirlo, deseo</div>
<div>Nunca había estado con nadie de mí mismo sexo, porque en el fondo, para mí, Cecilia seguía siendo hombre, pero solo lo dejé fluir y traté de no vivir en un futuro, si solo iríamos por unas copas</div>
<div> </div>
<div>Ese viernes me pondría lo mejor que tenía guardado en mi placar, demasiado para una clase de facultad, incluso fui con mi motocicleta porque mi idea era salir directamente terminadas las clases, pero mi mayor sorpresa sería no encontrarla en el aula</div>
<div>Cruzamos algunos mensajes, me dijo que había preferido no asistir para ponerse bonita para mí, y le dije como un tonto que ella siempre lucía bonita a mis ojos, le dije que estaba en moto, me dijo que pasara a buscarla por su departamento</div>
<div>Se acercaban las diez de la noche y el profesor de turno aun no cerraba la clase, miraba la hora en mi celular en forma constante, solo todo parecía ser adrede, y mi impaciencia pudo más, con una tonta excusa me retiré de clases delante de todos mis compañeros</div>
<div> </div>
<div>Pasé por el baño a verme al espejo por última vez y acomodar cada cosa en su lugar, fui por la moto, y con una ventisca fresca pegando en mi rostro fui hacia la dirección que ella me había dado</div>
<div>Toqué el portero de siete B con un poco de insistencia, y cuando su voz me contestó al otro lado sentí mariposas en el estómago</div>
<div>Los diez minutos que ella tardó en bajar se me hicieron eternos, pero al final Cecilia se hizo presente dándome un tibio beso en la mejilla</div>
<div> </div>
<div>Lucía espectacular, sus cabellos lacios y renegridos caían suavemente al compás de sus movimientos, sus ojos negros estaban delineados por rímel y su boca enmarcada en un rojo brillante parecía ser un volcán, tenía una remera multicolor ajustada a su torso donde se dibujaban sus pequeños pechos y una campera de cuero moderna, corta a la cintura, más por moda que por necesitad, puesto que la noche se mostraba bastante primaveral, también lucía un pantalón de esos que se llaman engomados, que se adhieren a la piel como si fuera la piel misma, y la perfección de sus caderas y sus piernas me habían dejado con la boca abierta</div>
<div>En su venir de frente a mi lado no pude mirarle el trasero y me odié por ello, pero adiviné que, si su venir era bueno, su ir sería mejor, cosa que comprobaría en poco tiempo más</div>
<div> </div>
<div>Se subió a la moto por detrás y se aferró fuerte a mi cintura, y salimos a tomar esas copas que habíamos pactado</div>
<div>En un semáforo al azar en el que nos detuvo la luz roja, tuvimos un altercado con unos chicos que estaban disfrutando la noche, un poco alcoholizados le gritaron groserías a Cecilia por el culo que tenía, y a mí, por lo cornudo que era, asumiendo una relación que aún no existía</div>
<div>Me molesté, pero ella solo se rio por lo bajo y me pidió que solo lo dejara pasar, 'cosa de pendejos' me dijo y la luz verde nos dio paso para separar nuestros caminos, y me dejara imaginar el culo de Cecilia con esos pantalones y en la postura natural en la que estaba sentada a mis espaldas</div>
<div> </div>
<div>Los tragos de invitación se transformarían en una cena, puesto que yo tenía varias horas sin tirar algo sólido a mi estómago, y aprovechamos ese tiempo para conocernos mejor, a medida que los minutos pasaban más y más me iba perdiendo es su perfección, en su rostro, en sus ojos, en sus palabras, en su perfume, y no solo eso, me extasiaba imaginar todo lo que aun cubrían sus ropas</div>
<div>Cerca de media noche, cuando ya no tenía sentido seguir en ese restaurante, le dije si ahora si quería ir a otro sitio por las copas, pero ella me dijo que tal vez en otra ocasión, que solo quería volver a su casa</div>
<div>Pagué la cuenta, y al fin pude observarle ese culo perfecto al salir del lugar y permitir que ella fuera por delante, y créanme que ni la mejor de las mujeres con la que había salido en toda mi vida cargaba lo que ella cargaba</div>
<div> </div>
<div>Al llegar, y bajarse de la moto, me invitó a subir, a tomar esas copas postergadas y no dudé en aceptar su propuesta</div>
<div>Así que subimos los pisos por el elevador en un tenso silencio, donde ella me miraba discretamente a los ojos y marcaba una sonrisa pícara en sus labios</div>
<div>Al ingresar, me dijo que me pusiera cómodo mientras ella iba a la barra por unas copas</div>
<div>La seguí con la mirada, pero ese culo era demasiado perfecto para solo mirarlo, así que fui tras ella y la alcancé sin que lo notara, la apreté contra la barra y refregué groseramente mi sexo sobre su culo dejándole notar cuan duro estaba, ella se sorprendió un tanto, pero noté que le gustaba, y giró su rostro para buscar besarme, la correspondí al tiempo que pasaba una de mis manos bajo la remera para llegar a su sostén, y mejor aún, sobre sus pechos directamente y se dio un momento muy rico, muy único</div>
<div> </div>
<div>Cecilia giró sobre su eje y quedamos frente a frente, la tomé por las nalgas y la senté a la fuerza sobre la barra, sus pechos quedaron mi alcance, desnudé su torso y empecé a besarlos y a jugar con ellos, ella jadeaba al tiempo que buscaba bajo mis prendas mi verga que seguía dura en deseos, al tiempo que me masturbaba muy rico</div>
<div>La excitación se sentía en el ambiente entre el roce de nuestros cuerpos, y me di cuenta en ese momento, que Cecilia era lo que siempre había buscado, y que jamás encontraría en ninguna otra mujer</div>
<div>Me separó de su lado un poco a la fuerza, necesitaba quitarse ese pantalón tan adherido a la piel que tan bien le quedaba y solo me quedé observando una tanga hilo dental que desaparecía entre sus nalgas</div>
<div> </div>
<div>Veni... - me dijo - cogeme toda, quiero sentirte dentro...</div>
<div> </div>
<div>Se acomodó sobre uno de los taburetes de la barra y su enorme trasero quedó rebalsando por todos lados, me acerqué, jugué un poco con mis dedos ensalivados en su culito y me calentó mucho notar la facilidad con la cual se abría y me mordí los labios cuando se la metí hasta el tope con suma facilidad, Cecilia se contrajo en un suspiro y solo fueron minutos mágicos, entrando y saliendo una y otra vez, con amor, con coordinación y ella solo buscaba tornar su rostro a mi lado para buscar que nuestros labios se juntaran</div>
<div>Me llené las manos con sus nalgas y cada tanto se la sacaba para ver su esfínter todo abierto, y ella parecía rogarme</div>
<div> </div>
<div>Dale... dale... quiero que me llenes de leche!</div>
<div> </div>
<div>Solo no pude retenerlo más y eyaculé todo en su culito, precioso, perfecto</div>
<div> </div>
<div>Habíamos terminado por esa noche, se había hecho tarde, le dije que me iría, pero ella me pidió que me quedara a dormir, y sabía que, si esa noche me metía en su cama, seguramente nunca más la dejaría</div>
<div>Nos acostamos completamente desnudos, ella me lo había pedido, se puso de lado para que la abrazara, recostando su cabeza en mi pecho, cruzando una pierna sobre la mía, como solía hacer con cada mujer que había llevado alguna vez a la cama, pero algo me sonó raro, sentir su verga caliente reposando sobre mi pierna izquierda, pero nada más pasaría, el sueño nos vencería</div>
<div> </div>
<div>Me despertaría de la manera más dulce que pudiera haberme despertado, al abrir los ojos Cecilia me estaba chupando la pija de una manera increíble, el sol entrando por la ventana me dejaba ver un tono de rojizos en sus largos cabellos oscuros, y el ruido de su respiración agitada era música para mis oídos</div>
<div>Entonces llegaría el principio de algo que sería previsible, algo que yo ya había adivinado y por cierto me causaba mucha intriga, desde esa primera noche en que nos cruzamos en el salón de clases</div>
<div class="x_elementToProof">Los dedos ensalivados que jugaban en mi verga bajaron poco a poco hasta llegar a mi culito, ella empezó a probar suerte sin dejar de chupármela, pasaron unos segundos, unos minutos, y sus falanges superaron mi nerviosa resistencia</div>
<div> </div>
<div>Cecilia entonces fue entre mis piernas, arrodillándose sobre la cama, pude ver entonces su generosa verga completamente rasurada sacudiéndose de lado a lado, como un sable, tomó mis piernas desde mis tobillos y las llevó hacia atrás, iba a hacerlo</div>
<div>Sentí su glande incrustarse en mi culito, y me contraje por instinto, entonces ella mientras lubricaba con saliva me dijo</div>
<div> </div>
<div>Tranquilo amor, si llegaste hasta acá, por algo será, no te parece?</div>
<div> </div>
<div>Me relajé, y en poco tiempo sentía como mi culito se abría todo para recibir el amor de Cecilia, respiré profundo, me dolía, pero me gustaba, era raro, era rico y sería la primera vez en que le comería su sexo con mi cola</div>
<div>Me perdí en el placer, tenía la verga dura, me mordía los labios, cerraba mis ojos para disfrutar</div>
<div>Ella de pronto a sacó y empezó a escupir su semen caliente sobre mis testículos, sobre mi propia pija, sobre mi pubis, sobre mi vientre, incluso llegando a mi pecho</div>
<div>Ella vino a mi lado, con una risa de placer pintada en su rostro, me besó dulcemente y empezó a masturbarme para hacerme llegar, para terminar esa mañana de placer</div>
<div> </div>
<div class="x_elementToProof">Hoy nuestro amor está más fuerte que nunca, somos pareja formal y nos amamos a nuestra manera, sin importarnos el entorno, no me molesta que me digan que 'soy un puto reprimido', ni mis compañeros de clases, ni ninguna de mis ex, quienes por cierto se mofan de la situación ante la primera oportunidad que tienen, la única que no nos juzga es mi hermosa hija, quien por cierto se lleva de maravillas con Cecilia</div>
<div class="x_elementToProof">Estamos ya terminando nuestros estudios, y aunque un título bajo el brazo aumentará mi estima, lo mejor de la historia es haber tenido la oportunidad de conocer a el amor que buscaba</div>
<div> </div>
<div> </div>
<div> </div>
<div>Si te gustó esta historia puedes escribirme con título EL AMOR QUE BUSCABA a dulces.placeres@live.com</div>
<div> </div>
<div> </div>
<div id="wpfa-4703" class="wpforo-attached-file"><img src="https://relatosonline.b-cdn.net/wp-content/uploads/wpforo/default_attachments/1727480135-002.jpg" /></div>]]></content:encoded>
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