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Iniciador del debate 21 agosto, 2020 00:40
Jessica estaba cansada del viaje. Llevaba poco más de 5 horas conduciendo y estaba deseando llegar a casa de su hermana.
Jessica y Jacqueline siempre habían estado muy unidas. Eran gemelas y habían perdido a sus padres desde muy pequeñas. Se habían criado con sus tíos, hasta que fueron capaces de mantenerse por ellas mismas. Se fueron a vivir juntas pero los estudios acabaron separándolas, Jacqueline se fue a una universidad de la capital mientras que Jessica se quedó en su ciudad natal.
El viaje había sido de improvisto. La última vez que habló con su hermana, le dijo que había dejado sus estudios.
-¿Por qué has hecho eso? - Preguntó Jessica.
-No ocupo estudiar, he encontrado un trabajo en el que me va bien y quiero seguir en él.
-¿Por qué has hecho eso? - Preguntó Jessica.
-No ocupo estudiar, he encontrado un trabajo en el que me va bien y quiero seguir en él.
La cara de sorpresa de Jessica fue mayúscula cuando se enteró de que ese trabajo era ¡de camarera! Sin tener nada en contra de las camareras, pero no era un motivo para que su hermana dejara los estudios. Así que cogió el coche y salió directa a hacerle una visita para hacerla recapacitar.
Una pequeña maleta con los enseres de aseo e higiene la acompañaba, su hermana y ella siempre se habían prestado ropa, así que no le hacía falta llevar nada.
Cuando su hermana abrió la puerta se llevó una sorpresa. Siempre habían sido idénticas, misma cara, mismo peinado, las dos de hermoso cabello negro. Tenían una buena figura, un culo bien puesto y unas generosas tetas. Pero ya no. Jacqueline se había cortado el pelo, la zona de la nuca casi rapada y una media melena que coronaba el resto de la cabeza. Además se había teñido el pelo de un rojo intenso como fuego. Iba vestida solamente con una playera sin mangas y un boxer, se notaba que no esperaba visitas.
- ¿J-Jacqueline? ¿Qué te has hecho?
- ¿Jessica? ¡Qué alegría verte! ¿Cómo es que has venido?- Jacqueline se lanzó a su hermana dándole un cariñoso abrazo.- Pasa, pasa, tenemos que ponernos al día.
Jacqueline tenía un departamento acogedor... Que es otra manera de decir pequeño. Un solo salón con un sofá cama, una cocineta y un cuarto de baño. Se sentaron a la barra y Jacqueline hizo rápidamente un par de cafés. Cuando ya estaban tranquilas, comenzaron a charlar.
Jacqueline tenía un departamento acogedor... Que es otra manera de decir pequeño. Un solo salón con un sofá cama, una cocineta y un cuarto de baño. Se sentaron a la barra y Jacqueline hizo rápidamente un par de cafés. Cuando ya estaban tranquilas, comenzaron a charlar.
-¿Cómo es eso de que has dejado tus estudios?
-Es una decisión que medité mucho... No creas que lo hice por que sí.
-Entonces... ¿Por qué? Dime esa razón tan poderosa... No estarás...
-¿Embarazada? Jajaja no, no te preocupes, no vas a ser tía. Es solo que... Me cansé. Llevo muchos años con la carrera, empecé a darle vueltas... ¿Y si no consigo acabar? Llevo mucho tiempo dependiendo del dinero de nuestros tíos...
-Pero ellos nunca han puesto trabas, sabes que su deseo es que seamos felices y tengamos una vida completa.
-Lo sé, pero...
-¿Pero qué?
-Déjalo, no vas a conseguir convencerme... Es una decisión que he tomado y apechugaré con ella hasta el final.
-Pero, ¿de camarera? ¡Ibas para doctora!
-Es un buen trabajo... La señorita Uraraka me trata genial y estoy muy contenta.
-¿La señorita Uraraka?
-Nabiki Uraraka. Es mi Dueña... digo mi jefa, la dueña del local donde trabajo... Es una mujer estupenda...
-¡Cómo si es la madre Teresa!
-¡Basta! - Estalló Jacqueline. - ¡Deja de meterte en mi vida! Es una decisión mía y punto. No hay más que hablar.
-Pero...
-No sigas... Lo siento mucho, te amo, pero no tengo que darte explicaciones.
Jessica estaba dolida... Siempre se había llevado muy bien con su hermana, nunca habían tenido secretos entre ellas y confiaban la una en la otra... ¿Por qué reaccionaba así? Tenía que ver que estaba pasando...
Esa noche, después de que Jacqueline se fuera a trabajar, Jessica se dispuso a presentarse por sorpresa en el bar. Como no llevaba más ropa que la que traía puesta, se dirigió al armario de su hermana. La sorpresa que se llevó fue mayúscula, todo eran minifaldas minúsculas, shorts ajustadísimos, camisetas con escotes profundos o con la espalda al aire... ¡No había nada normal! El calzado tampoco se quedaba atrás... El que menos tacón tenía era de 15 cm... Todo eran zapatos o botas altas... ¿Qué le pasaba a Jacqueline? Alguna vez se vestían para "ir de guerra" pero normalmente vestía más recatada...
Ante eso, decidió ir con su ropa, aunque estuviese fuera de lugar.
Ante eso, decidió ir con su ropa, aunque estuviese fuera de lugar.
Después de conducir un buen rato llegó al sitio, un solitario bar de carretera con unos neones enormes. "DollHouse Men's Club" rezaba el cartel. "¿Qué coño es esto? Parece un “teibol barato”..." Pensó Jessica.
Al entrar, el aspecto del sitio la sacó de dudas, juegos de luces y sombras, tonos rojizos y purpuras por todo el local... Estaba lleno de hombres, las únicas chicas eran las camareras, que iban en lencería sirviendo las copas.
-No me jodas Jacqueline, no me jodas. - Se dijo Jessica a sí misma.
-No me jodas Jacqueline, no me jodas. - Se dijo Jessica a sí misma.
Comenzó a buscarla con la mirada, tanto en la barra como entre las mesas y no la encontraba. "A lo mejor me he confundido de sitio..." Pensó aliviada, ya había dado media vuelta para irse segura de haberse equivocado de lugar, cuando de repente de los altavoces comenzó a sonar una voz.
-¡BIENVENIDOS UNA NOCHE MÁS A DOLLHOUSE MEN'S CLUB! ¡DONDE ENCONTRARAN LAS MEJORES MUÑECAS! ¡NO LES HAREMOS ESPERAR MÁS Y LES DAREMOS LO QUE ESTÁN DESEANDO! ¡CON TODOS USTEDES... - UN REDOBLE DE TAMBORES PARA DAR EMOCIÓN LLENO EL AMBIENTE.- ... JAAAACKY, LA ENFERMERA CALIENTE!
El público estalló en vítores mientras un foco se centraba en un escenario que había al fondo de la sala. Los peores temores de Jessica tomaron forma cuando vio aparecer a su hermana, ataviada de enfermera puta, al ritmo de una sensual música que comenzaba.
Jessica estaba anonadada. Nunca se habría podido imaginar algo así, ¿Había dejado sus estudios para hacerse stripper? ¿Habría sido por dinero? ¿Tendría Jacqueline algún problema? Desde luego mal no le iba, todos los hombres de la sala estaban extasiados, jaleando y echándole billetes. Jacqueline se movía como una gata, mientras iba de un lado a otro del escenario las pocas prendas que llevaba iban desapareciendo. A veces se entretenía en el tubo situado en el centro de la plataforma, deleitando con sensuales contorsiones, otras se acercaba al borde y dejaba que la sobasen, como mostrando la mercancía mientras le introducían billetes en el tanga. Al poco tiempo, su hermana había perdido la mayor parte de su ropa y entonces es cuando sacó un consolador enorme de un lado del escenario. Jessica decidió que no quería ver más. Salió del local y se volvió a la casita de su hermana.
Nada más llegar se metió en el sofá cama. No durmió en toda la noche, dándole vueltas a lo que había visto, ¿Cómo podía estar metida en ese mundo? La recordaba de pequeña...jugando juntas... No se lo podía creer... ni siquiera se movió cuando su hermana llegó al amanecer y se acostó a su lado. Ya había decidido lo que iba a hacer...
Unas horas después, su hermana seguía dormida, y allí la dejo. Tenía pensado dejarle las cosas claras a esa tal "señorita Uraraka".
Condujo de nuevo hacia el local y pidió permiso para verla. No le pusieron ningún problema, a lo mejor por confundirla con su hermana. Entró en el despacho como una exhalación dispuesta a cantarle las cuarenta a esa mujer.
La señorita Uraraka estaba sentada en su mesa, tranquila. No se sorprendió cuando Jessica entró en su despacho, parecía casi que la estaba esperando.
Toda la furia con la que entró Jessica se disipó de golpe, no supo por qué. Vio a su objetivo: una bella asiática de pelo largo, liso y negro. No parecía mayor, pero tampoco parecía joven. Un sutil olor a rosa, lavanda, frambuesa y grosellas invadía el ambiente, era un olor agradable, casi sensual. Pero lo que más llamo la atención de Jessica fueron sus ojos. Unos profundos ojos de un verde vívido. Se acercó a ella despacio.
-Buenos días. - Saludó la asiática. - Debes ser Jessica, la hermana de mi Jacky, ¿Verdad?
-Sí, precisamente venía a hablar de ella.
La señorita Uraraka, se quedó en silencio, mirando a Jessica con aquellos ojos verdes... A la chica le dio la sensación de que en vez de mirarla a ella estaba mirando "a través" de ella... No sabía muy bien cómo explicarlo.
Ante el silencio de la mujer, Jessica comenzó a hablar.
-Mire, no sé de qué manera ha engañado a mi hermana, pero esto se tiene que acabar.
-¿Engañar? Yo no he engañado a nadie.
-Lo siento, pero no me puedo creer que mi hermana haya tirado su vida a la basura porque sí. Ella estaba estudiando una carrera y no le iba mal. No tenía problemas económicos que yo supiera, así que la única razón que se me ocurre para que esté trabajando en un cuchitril como éste, es que alguien la haya engañado.
La asiática torció el gesto de una manera casi imperceptible cuando Jessica llamó "cuchitril" a su local.
-Tu hermana está trabajando aquí por voluntad propia, si quieres pregúntaselo a ella. En cualquier momento puede dejar el trabajo e irse.
Mientras hablaba, no dejaba de mirar fijamente a los ojos de Jessica, parecía que ni siquiera pestañeaba.
-¡¿Me está diciendo que mi hermana se ha convertido en una puta stripper por voluntad propia?!
-Cálmate, pequeña. No voy a permitir que me alces la voz en mi despacho.
Toda la furia con la que entró Jessica se disipó de golpe, no supo por qué. Vio a su objetivo: una bella asiática de pelo largo, liso y negro. No parecía mayor, pero tampoco parecía joven. Un sutil olor a rosa, lavanda, frambuesa y grosellas invadía el ambiente, era un olor agradable, casi sensual. Pero lo que más llamo la atención de Jessica fueron sus ojos. Unos profundos ojos de un verde vívido. Se acercó a ella despacio.
-Buenos días. - Saludó la asiática. - Debes ser Jessica, la hermana de mi Jacky, ¿Verdad?
-Sí, precisamente venía a hablar de ella.
La señorita Uraraka, se quedó en silencio, mirando a Jessica con aquellos ojos verdes... A la chica le dio la sensación de que en vez de mirarla a ella estaba mirando "a través" de ella... No sabía muy bien cómo explicarlo.
Ante el silencio de la mujer, Jessica comenzó a hablar.
-Mire, no sé de qué manera ha engañado a mi hermana, pero esto se tiene que acabar.
-¿Engañar? Yo no he engañado a nadie.
-Lo siento, pero no me puedo creer que mi hermana haya tirado su vida a la basura porque sí. Ella estaba estudiando una carrera y no le iba mal. No tenía problemas económicos que yo supiera, así que la única razón que se me ocurre para que esté trabajando en un cuchitril como éste, es que alguien la haya engañado.
La asiática torció el gesto de una manera casi imperceptible cuando Jessica llamó "cuchitril" a su local.
-Tu hermana está trabajando aquí por voluntad propia, si quieres pregúntaselo a ella. En cualquier momento puede dejar el trabajo e irse.
Mientras hablaba, no dejaba de mirar fijamente a los ojos de Jessica, parecía que ni siquiera pestañeaba.
-¡¿Me está diciendo que mi hermana se ha convertido en una puta stripper por voluntad propia?!
-Cálmate, pequeña. No voy a permitir que me alces la voz en mi despacho.
La señorita Uraraka ni se movió, ni alzó la voz; ni siquiera cambió el gesto, pero Jessica se sintió muy pequeña delante de la asiática, esos ojos con los que la miraba parecían escrutar lo más profundo de su mente. De repente pensó que a lo mejor se había excedido...
-L-Lo siento, no debí gritar...
El sensual aroma de lavanda, Rosas, frambuesa y grosellas se hizo más notorio. La señorita Uraraka sonrió.
-Me gusta la gente con la capacidad de reconocer cuando se ha equivocado.
-L-Lo siento, no debí gritar...
El sensual aroma de lavanda, Rosas, frambuesa y grosellas se hizo más notorio. La señorita Uraraka sonrió.
-Me gusta la gente con la capacidad de reconocer cuando se ha equivocado.
La asiática se levantó de su silla, tenía una figura espectacular. Llevaba un ligero vestido ajustado que realzaba su figura, el pelo le llegaba hasta la cintura. Rodeó la mesa y se situó detrás de Jessica. La chica estaba nerviosa, quiso levantarse pero algo se lo impedía, no era capaz ni siquiera de intentarlo. Aunque no la veía, notaba los ojos verdes de la señorita clavados en ella. El aroma a flores y moras la envolvió.
La señorita Uraraka, apoyó sus manos en los hombros de Jessica.
-Mira... Sé a qué has venido aquí... Quieres que "libere" a tu hermana... Crees que soy algo así como una madame o madrota y que la retengo aquí en contra de su voluntad... ¿Y no es así? Ella puede marcharse cuando quiera, pero no lo hace, y eso es porque aquí es feliz...
-P-Pero...
Jessica notaba el contacto cálido de las manos de la señorita. Ésta comenzó a masajear con calma los hombros de la nerviosa joven.
-¿Has hablado con ella? ¿Le has pedido su opinión?
-Y-yo... - Jessica balbuceaba, el masaje que le estaba aplicando esa mujer la estaba dejando fuera de juego, era muy relajante.
-Debes saber que a tu hermana le encanta lo que hace.
-No... No puede...
-Sí puede, Jessica. Tu hermana es una bailarina estupenda, es una de la que más clientes reúnen, y es feliz con ello.
-Pero... No puede ser feliz haciendo esto... Son todos viejos verdes... babosos...
-Mira... Sé a qué has venido aquí... Quieres que "libere" a tu hermana... Crees que soy algo así como una madame o madrota y que la retengo aquí en contra de su voluntad... ¿Y no es así? Ella puede marcharse cuando quiera, pero no lo hace, y eso es porque aquí es feliz...
-P-Pero...
Jessica notaba el contacto cálido de las manos de la señorita. Ésta comenzó a masajear con calma los hombros de la nerviosa joven.
-¿Has hablado con ella? ¿Le has pedido su opinión?
-Y-yo... - Jessica balbuceaba, el masaje que le estaba aplicando esa mujer la estaba dejando fuera de juego, era muy relajante.
-Debes saber que a tu hermana le encanta lo que hace.
-No... No puede...
-Sí puede, Jessica. Tu hermana es una bailarina estupenda, es una de la que más clientes reúnen, y es feliz con ello.
-Pero... No puede ser feliz haciendo esto... Son todos viejos verdes... babosos...
La señorita Uraraka se colocó delante de Jessica, agachándose para poner su cara a la altura de la chica. Se quedó mirándola fijamente, los profundos ojos de la asiática se clavaron en los de ella.
-ES FELIZ. - Recalcó la mujer. - Y debes aceptarlo.
Jessica no podía dejar de mirar esos ojos. Creía perderse en ellos, navegar en un mar verde de sensualidad y erotismo. Le parecía oír la voz de su hermana en la lejanía... Intentó acercarse al origen de la voz. No sabía cómo moverse bien en aquel profundo mar verde... Avanzó y avanzó hasta que la vio. Allí estaba su hermana, danzando, tal y como la había visto en el bar. Contoneándose alrededor de una barra delante de viejos salidos que sólo querían su cuerpo...
-P-Pero - Jessica volvió en sí. - No voy a permitir...
Jessica no podía dejar de mirar esos ojos. Creía perderse en ellos, navegar en un mar verde de sensualidad y erotismo. Le parecía oír la voz de su hermana en la lejanía... Intentó acercarse al origen de la voz. No sabía cómo moverse bien en aquel profundo mar verde... Avanzó y avanzó hasta que la vio. Allí estaba su hermana, danzando, tal y como la había visto en el bar. Contoneándose alrededor de una barra delante de viejos salidos que sólo querían su cuerpo...
-P-Pero - Jessica volvió en sí. - No voy a permitir...
Intentó revolverse de la silla, quitarse a esa mujer de encima, pero todo era inútil, la señorita Uraraka apenas tenía las manos sobre los muslos de Jessica, pero parecía que la sujetaba con toda la fuerza del mundo.
-Tú no puedes prohibir nada.
-Tú no puedes prohibir nada.
Las manos de la asiática comenzaron a moverse por los muslos de Jessica, acariciando la parte interior de éstos.
-¿Quieres saber por qué tu hermana es stripper? - Continuó la señorita.
Jessica no se podía mover, estaba totalmente concentrada en los movimientos de las manos de aquella mujer.
-¿Por qué no lo compruebas tú misma?
-¿Y-Yo? No... Yo no...
-¿Por qué no? Tu hermana es feliz, no tiene preocupaciones, su trabajo la complementa y se desvive por él. ¿No quieres ser feliz, Jessie?
-¿Jessie?
-¿No te gusta? Es una manera cariñosa de llamarte... Yo le tengo mucho aprecio a tu hermana, ¿Sabes?
Jessica asentía.
-Y a ti también... Si me dejaras demostrártelo... -Las manos de la señorita acariciaban la entrepierna de Jessica por encima de la ropa.
-¿Quieres saber por qué tu hermana es stripper? - Continuó la señorita.
Jessica no se podía mover, estaba totalmente concentrada en los movimientos de las manos de aquella mujer.
-¿Por qué no lo compruebas tú misma?
-¿Y-Yo? No... Yo no...
-¿Por qué no? Tu hermana es feliz, no tiene preocupaciones, su trabajo la complementa y se desvive por él. ¿No quieres ser feliz, Jessie?
-¿Jessie?
-¿No te gusta? Es una manera cariñosa de llamarte... Yo le tengo mucho aprecio a tu hermana, ¿Sabes?
Jessica asentía.
-Y a ti también... Si me dejaras demostrártelo... -Las manos de la señorita acariciaban la entrepierna de Jessica por encima de la ropa.
Jessica cerró los ojos, dejando escapar un suspiro. Volvía a estar en ese mar verde, y allí estaba su hermana, bailando. Pero... ¿Realmente era su hermana? ¿O era ella? Seguro que era su hermana... ella no era capaz de hacer algo así... no era capaz de bailar tan bien... ¿O sí? Si su hermana podía... ¿Por qué no ella?
Observaba a la chica sobre la plataforma y examinaba sus movimientos, sus contoneos. Cómo se deslizaba sobre la plataforma, mostrándose sensual ante aquellos hombres que la deseaban, cómo se fusionaba con el tubo, abrazándola, haciéndose desear...
Abrió los ojos y volvía a estar en aquél despacho, pero ya no estaba sentada. Estaba de pie, en medio de la sala. La señorita Uraraka estaba apoyada en su escritorio, frente a ella.
-¿No ves? No tienes nada que envidiar a tu hermana. - Jessica no sabía cómo habían llegado a esa situación. Lo último que recordaba... Oh... Esos dedos... -Tu cuerpo es tan bueno como el suyo. Si tan sólo te quisieses un poquito más a ti misma...
Jessica se miró. Unos tenis, un pantalón de mezclilla nada ajustado y una blusa completaban su atuendo.
La asiática la rodeó, viendo cómo iba vestida. Desde detrás de ella, comenzó a acariciarle la cintura, metiendo las manos por debajo del jersey.
-¿No piensas que podrías ser algo más...Sexy...? Fíjate en tu hermana. Ella es estupenda ¿verdad?
-Si... Ella es... estupenda...
Nabiki comenzó a mover sus manos, avanzando hacia sus pechos.
-Y tú no eres menos que ella... Siempre habéis sido iguales, gemelas idénticas... ¿Por qué dejas ahora que ella sea mejor que tú, Jessie?
-¿No ves? No tienes nada que envidiar a tu hermana. - Jessica no sabía cómo habían llegado a esa situación. Lo último que recordaba... Oh... Esos dedos... -Tu cuerpo es tan bueno como el suyo. Si tan sólo te quisieses un poquito más a ti misma...
Jessica se miró. Unos tenis, un pantalón de mezclilla nada ajustado y una blusa completaban su atuendo.
La asiática la rodeó, viendo cómo iba vestida. Desde detrás de ella, comenzó a acariciarle la cintura, metiendo las manos por debajo del jersey.
-¿No piensas que podrías ser algo más...Sexy...? Fíjate en tu hermana. Ella es estupenda ¿verdad?
-Si... Ella es... estupenda...
Nabiki comenzó a mover sus manos, avanzando hacia sus pechos.
-Y tú no eres menos que ella... Siempre habéis sido iguales, gemelas idénticas... ¿Por qué dejas ahora que ella sea mejor que tú, Jessie?
El olor de flores y moras flotaba en el ambiente. El contacto de la señorita Uraraka la estaba volviendo loca.
-No... No quiero que ella sea mejor que yo... Soy tan buena como ella...
-¿Por qué no me lo demuestras? Baila para mí... Demuéstrame que eres tan buena como tu hermana... Quítate esa pobre ropa para mí...
-No... No quiero que ella sea mejor que yo... Soy tan buena como ella...
-¿Por qué no me lo demuestras? Baila para mí... Demuéstrame que eres tan buena como tu hermana... Quítate esa pobre ropa para mí...
La señorita volvió a apoyarse en su escritorio para verla bien. Jessica no sabía qué hacer... ¿Cómo había llegado a esto?
-¿Necesitas ayuda? - La mujer pulsó un botón y una sensual música comenzó a sonar por los altavoces. - Vamos, no querrás decepcionarme...
-¿Necesitas ayuda? - La mujer pulsó un botón y una sensual música comenzó a sonar por los altavoces. - Vamos, no querrás decepcionarme...
Los ojos de Nabiki la miraban implacable, la absorbían, parecía que veían cada rincón de su mente y de su alma. En su cabeza se veía bailando ante todos aquellos hombres, veía sus movimientos... y entonces supo lo que tenía que hacer.
Comenzó a moverse lentamente, cerrando los ojos, viéndose en su mente. Se contoneaba para la señorita, quería agradarla, demostrarle a ella y a sí misma, que no era menos que su hermana, que todo lo que Jacqueline hiciese, ella podía hacerlo también.
Acariciaba su cuerpo al son de la música. Poco a poco se despojó de la blusa, arrojándolo a un lado. La señorita Uraraka sonreía satisfecha.
Jessica se sentía genial, nunca se había sentido tan viva. Cada caricia, cada movimiento la animaban a seguir. Le encantaba lo que estaba haciendo, y veía en la cara de la señorita Uraraka que a ella también la gustaba.
Una tras otra, cada prenda fue siendo arrojada junto con la blusa, hasta quedarse en ropa interior. Entonces sintió vergüenza, pero no por lo que estaba haciendo, sino porque los calzones y el brasier que llevaba eran completamente anti-eróticos. Para evitar esa sensación, se los quitó a mayor velocidad que el resto de la ropa.
Y allí estaba, completamente desnuda ante la que era la jefa de su hermana, que acaba de conocer hacía unas horas.
-¿Ves Jessie? Lo has hecho genial. - La señorita se acercó a ella. Jessica sintió un escalofrío de placer al notar la mirada de aquellos ojos en todo su cuerpo. Notaba cómo la deseaban y quería complacerla.
-¿Ves Jessie? Lo has hecho genial. - La señorita se acercó a ella. Jessica sintió un escalofrío de placer al notar la mirada de aquellos ojos en todo su cuerpo. Notaba cómo la deseaban y quería complacerla.
-Gracias señorita Ura...-Nabiki Uraraka besó ligeramente los labios de la chica, llevando sus dedos a su entrepierna y notándola empapada.
-Parece que te ha gustado lo que has hecho...
Comenzó a masturbar a la chica allí mismo, de pie, en su despacho. Jessica creía morir de placer, cerró los ojos disfrutando de las sensaciones, intentando atesorar cada momento de lo que estaba sintiendo.
Tardó poco tiempo en correrse. Las sensaciones eran demasiado fuertes para aguantar más.
-¿Entiendes a tu hermana ahora, Jessie? - Susurró la señorita al oído de Jessica - No tienes nada que envidiarle... En cuanto cambies un poco tu imagen estarás en las mismas condiciones que ella.
-Mmmm Sí... Me... ¿Me ayudará? ¿Me ayudará a hacerlo?
-Por supuesto que sí mi niña, eres Mi Jessie... Te ayudaré en todo lo que pueda... Aquí serás tan feliz como tu hermana, Mi Jacky... Y las dos me harán ganar muchiiiiisimo dinero...
-¿Entiendes a tu hermana ahora, Jessie? - Susurró la señorita al oído de Jessica - No tienes nada que envidiarle... En cuanto cambies un poco tu imagen estarás en las mismas condiciones que ella.
-Mmmm Sí... Me... ¿Me ayudará? ¿Me ayudará a hacerlo?
-Por supuesto que sí mi niña, eres Mi Jessie... Te ayudaré en todo lo que pueda... Aquí serás tan feliz como tu hermana, Mi Jacky... Y las dos me harán ganar muchiiiiisimo dinero...
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Jessie llegó a casa de su hermana casi a la noche. Cuando entró por la puerta y su hermana la vio se alegró mucho de lo que veía. Jessica llevaba un atuendo espectacular, unos tacones de 15 cm, medias de rejilla que acababan justo en el borde de una falda tableada hipercorta. Se veían las tiras del liguero que impedían que se cayesen las medias. Un top escotado sin mangas que dejaba ver un piercing en su ombligo y una gargantilla de cuero casi a modo de collar completaba el atuendo. Además, se había cortado el pelo de la misma manera que ella pero, en vez de rojo ella lo llevaba de un rubio clarísimo casi blanco como el color del hielo.
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Una nueva noche comenzaba en el DollHouse men's club. El local estaba abarrotado. Llevaba así unos días, desde que había empezado el nuevo espectáculo, todo el mundo quería verlo.
Una voz en off comenzó a sonar, las luces se apagaron y el público se quedó en silencio.
-¡BIENVENIDOS UNA NOCHE MÁS A DOLLHOUSE! ¡DONDE ENCONTRARAN LAS MEJORES MUÑECAS! ¡SABEMOS QUE ES LO QUE QUIEREN VER Y NO LES HAREMOS ESPERAR MÁS! ¡CON TODOS USTEDES... - un redoble de tambores para dar emoción lleno el ambiente, los focos centraron en la plataforma que dominaba la sala y una animada melodía empezó a sonar. - ... JAAAACKY, LA LADRONA ARDIENTE YYYY JEEEESSIE, LA POLICÍA CACHONDA!
-¡BIENVENIDOS UNA NOCHE MÁS A DOLLHOUSE! ¡DONDE ENCONTRARAN LAS MEJORES MUÑECAS! ¡SABEMOS QUE ES LO QUE QUIEREN VER Y NO LES HAREMOS ESPERAR MÁS! ¡CON TODOS USTEDES... - un redoble de tambores para dar emoción lleno el ambiente, los focos centraron en la plataforma que dominaba la sala y una animada melodía empezó a sonar. - ... JAAAACKY, LA LADRONA ARDIENTE YYYY JEEEESSIE, LA POLICÍA CACHONDA!
Las dos hermanas aparecieron entonces en el escenario. Comenzaron a bailar mezclándose y acariciándose entre ellas.
Durante el show, las dos iban interpretando un pequeño guión, durante el cual, la policía acababa con la ladrona desnuda y esposada. Entonces usaba un consolador para follarla mientras la ladrona pedía a gritos más y más. La gente se volvía loca con eso. Unas noches eran policía y ladrona, otra india y vaquera, otra colegiala y maestra, otra enfermera y paciente. Pero siempre alcanzaban mayor éxito cuando usaban atuendo de ángel y demonio a juego con los colores de su cabello.
Durante el show, las dos iban interpretando un pequeño guión, durante el cual, la policía acababa con la ladrona desnuda y esposada. Entonces usaba un consolador para follarla mientras la ladrona pedía a gritos más y más. La gente se volvía loca con eso. Unas noches eran policía y ladrona, otra india y vaquera, otra colegiala y maestra, otra enfermera y paciente. Pero siempre alcanzaban mayor éxito cuando usaban atuendo de ángel y demonio a juego con los colores de su cabello.
Noche tras noche una acababa imponiéndose sobre la otra y, entonces, es cuando la vencedora se ponía el arnés. La afortunada se follaba a su hermana delante de todos aquellos hombres haciendo que se corriese ruidosamente ante ellos.
Jessie y Jacky eran felices. Tenían un trabajo que las gustaba, estaban juntas y hacían algo que amaban. Y por encima de todo, las encantaba estar a las órdenes de la señorita Nabiki Uraraka... Y a Nabiki le encantaba que aquellas zorras estuviesen trabajando en su local haciéndola ganar muchiiiiisimo dinero entre los bailes y rentarlas juntas a hombres que pagaban montones de dinero por estar con las dos gemelas ardientes y sumisas juntas.
XOCHIQUETZAL Diosa de la Pasión
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