...
Yo había crecido, pero evidentemente el viejo uniforme del colegio de mi hermana no. La falda que hacía pocos años le llegaba justo por encima de las rodillas ahora a mí apenas me tapaba el culo y eso ajustando la cintura.
Para poder ponerme el polo tuve que usar las tijeras y darle unos cortes estratégicos. Me quedaba muy ajustado, marcando todo. Además de usar unas tetas falsas de silicona que había comparado por Internet y uno de sus sujetadores más sexis por debajo.
Para sustituir los calcetines unas calzas blancas suyas me vendrían bien. Y unos zapatos negros míos de un modelo bastante unisex completarían el atuendo. No podía llevar tacones, lástima. Desde luego con sus piecitos no me valdrían los suyos. No tenía peluca, pero en esa época llevaba el pelo lo bastante largo como para que pareciera de chica con solo peinarlo diferente.
Estaba comprobando el efecto en el espejo del ropero de mi cuarto cuando entró mi hermana, sin llamar, como siempre. Se atragantó y quedó alucinada al verme así.
- ¿Piensas ir así a la fiesta de disfraces?.
- ¿Que te parece?.
- ¡Impactante!. A mí ya no me vale pero joder como te queda a ti. Tienes unas piernas muy bonitas así con una faldita y las calzas.
- El polo me aprieta mucho las tetas falsas.
- Y ¿te crees que a mí las mías no?. Ya me quedaba justo las últimas veces que me lo puse.
- De eso me había dado cuenta, nena. Tienes un par de peras preciosas.
Le dije riendo. Tenía los dos pechos de silicona puestos sobre mi torso. Me los miró y allí, en medio de la blanca tela destacaban hasta los pezones falsos. Ni el encaje del suje los disimulaba. Duros, pero de pega, apuntaban directamente a su rostro. Me había puesto el sujetador para que quedara más erótico. Pero no hacía falta, esas cosas se sujetaban con adhesivo.
- ¿Que vas a llevar debajo?.
Señalé un culotte negro de encaje muy sexy que reposaba sobre mi cama.
- ¿Que llevas ahora?.
Juguetona, adaptándome a mi nueva personalidad, levanté un poco la faldita dejándole ver mi culo desnudo. Su tanguita era tan pequeño que por detrás no me tapaba nada. Por delante solo tenía que sujetar mi polla pero le costaba, claro. La situación y esa ropa me tenían cachonda.
- Esto sería muy descarado. ¿Verdad?.
- Depende de quién vaya a levantar esa falda.
- Creo que hoy no me importaría. Estoy "juguetona" tata.
- Vaya, vaya con mi nueva hermanita. Claro que yo tampoco puedo decir nada. Sabes que me va un poco de todo.
- Ya sé a lo que juegas con tus amigas. Sois muy escandalosas cuando os metéis en tu habitación.
- ¿Nos espías?. En cambio yo no sé si te diviertes con tus amigos.
- No hace falta, ese tabique es casi de papel. No ha habido mucho entretenimiento pero algo si. Y desde luego no los días que estás tú en casa. No pensarás que soy virgen.
Mientras no me excitara no tendría problemas. Aunque estaba algo cachonda, perdón, muy excitada. Como me había hecho una paja poco antes la erección se mantenía controlada. Y si se me ponía dura entonces sería cuando me divertiría de verdad.
- ¿Quieres que te ayude con el maquillaje?. Ya veo que lo de la ropa lo tienes controlado.
- Pues claro, tata. No sabría por donde empezar.
Durante un rato se dedicó a maquillarme casi en silencio. Pero sus tetas de verdad apenas cubiertas por la ligera y pequeña chaquetilla de un pijama de verano rozaban constantemente mi hombro. El short del mismo pijama era verdaderamente corto y podía ver y rozar los muslos y parte de su precioso culito en cuanto se daba la vuelta. Eso tenía un efecto inmediato sobre lo que había bajo la falda.
- ¡Hermanito!. Te está gustando el maquillaje por lo que veo.
- Dime Silvia, hoy es quien soy. Es que los roces también están muy bién. Y a tí se te están poniendo duros los pezones, por cierto.
Me había traicionado el subconsciente, había elegido el nombre de una de sus mejores amigas. Una que sabía era muy cariñosa con mi hermana. Ella tampoco era indiferente a la situación. Sus pezones se marcaban muy duros en esa fina tela. De vez en cuando se apoyaba en mi muslo desnudo, como si fuera un descuido.
- A tí también te está gustando maquillarme. ¿Qué tal me veo?.
- Estás quedando fantástica, Silvia, pero hay buena materia prima.
- Porque me parezco a ti y a mamá. Tata. Si me pareciera más a papá no me habría planteado ponerme esto. Pero vosotras sois preciosas. Por cierto ¿donde están?.
- Ya se han marchado. Estamos solos.
Puse una mano en su cadera en un gesto de confianza. Y ella no la apartó. De hecho estaba acariciando la piel desnuda de su cinturita.
- Silvia es una chica preciosa.
- ¿No me estarás coqueteando?.
- ¿Te importaría?.
Me pegué más a su cuerpo. Estreché el abrazo y apoyé la cabeza en su hombro en un gesto de cariño.
- Claro que no. Mi hermana es la chica más guapa que conozco. Y sé que eres de gustos muy amplios.
- Parece que a mi nueva hermana también le gusta un poco de todo. ¿Quieres experimentar?.
- Quiero dejarme llevar. Sin complejos ni límites. Y ver lo que pasa. ¿Tú vas a venir?.
- No lo había pensado.
- Ahí tienes mi ropa. Puedes ir de chico. Te va a quedar bien. Todo te queda bien.
- No me parece mala idea. ¿Me la dejas?.
- Ponte lo que quieras. De todas formas algunas de mis camisetas las usas tú más que yo.
- Es que son muy cómodas y huelen a tí.
Con el juego del maquillaje, el pegarse a mí y darme esos mimos me tenía cachondo. Ya ni la paja anterior me valía para tener controlado el rabo que estaba levantando la tela de la falda. Y entonces terminó de matarme. Sin complejos se quitó el pijama bajo el que por cierto no llevaba nada de nada y en pelota picada se puso a rebuscar en mis cajones.
- ¡Pero nena!. Pensaba que te lo ibas a llevar a tu cuarto.
- ¡Y qué más da!. Así puedo probàrmelo aquí y ver lo que me queda mejor. ¿O te va a dar vergüenza verme desnuda?.
- Va a ser la primera vez, pero ya he visto alguna más.
- ¿Y tocado?.
- Pues claro. Boba.
Lo mejor del asunto es que mientras se interesaba por mi vida sexual estaba doblada por la cintura curioseando mi armario con lo que me dejaba ver sus nalgas un poco abiertas y hasta los labios del coño entre sus muslos.
- Vaya, vaya. ¿Quién será la guarrilla que se beneficia a mí hermanito?.
- No creo que las conozcas.
- ¿Varias?. ¡Me has salido todo un Don Juan!. Tú quietecito en la silla y me vas diciendo.
Mientras revolvía mis cajones había encontrado un paquete que había pedido por Internet un par de días antes.
- ¡Vaya! Y esto ¿qué es?.
Había encontrado un par de tangas de chico y un suspensorio.
- Viendo lo bién que os quedan a vosotras he decidido probarlo yo.
- Pues a juzgar por lo poco que he podido ver antes de ese culito tiene que ser algo precioso.
- ¿Quieres ver más?. Yo ya te estoy viendo todo.
- No me importaría pero por ahora estas muy sexi con mi uniforme. Y tranquilo ahí.
- Muy tranquilo no estoy, precisamente.
¿Significaba eso que pensaba quitarme la faldita a cuadros y el polo?. A esas alturas yo me dejaría hacer cualquier cosa que se le ocurriera.
- Bueno. Haz lo que quieras. No te lo voy a poder impedir. Pero para ir de chico... mejor coge uno de esos bóxer de la derecha. Te va a quedar perfecto con tu culito.
-¿El rojo o el azul?.
- El azul es más de tu talla. Y enrolla un calcetín para que abulte el paquete.
Siguió mis instrucciones. Pude ver cómo mi prenda subía por sus largos muslos y se ajustaba a sus nalgas como si lo llevara pintado. Cuando se giró me quedé atónito.
- Nena, porque acabo de verte el coño hace un momento que sino pensaría que eres una transexual bellísima.
- Podía ir de futa o trans, sería muy sexi. Pero hoy quiero ser un chico al completo, así me ayudas.
- ¡No te quejarás!. ¿Elegante o informal?.
- ¿Me dejaría el traje?.
- Mamá ya está pensando en comprarme otro. Se acercan dos o tres bodas de compromiso. Ya me ha dicho que me lo ponga para salir los sábados. No hay problema.
- ¿Pero qué hacemos con las tetas?.
- Si llevas la americana no sé van a notar mucho. Pero antes cuando una mujer quería hacerse pasar por chico se las vendaban.
- ¡Me estás llamando poca teta!.
- No se me ocurriría. Son perfectas. A mí me gustan así... la teta que en la mano quepa.
- Y teta que mano no cubre...
- No es teta sino ubre. Joder como se nos quedan los refranes de papá. Creo que por eso se casó con mamá aún las tiene duras como piedras y nada caídas.
- Pero ¿te vas fijando en las peras de mamá?. ¡Qué pillo! Vale pues el traje. ¿Qué camisa?.
- Es que son muy bonitas y creo que las oculta menos que tú, que ya es decir. La blanca por supuesto.
- ¿No es de tela muy fina?. A tí se te notaban los pezones cuando te quitaste la chaqueta.
- Es que los tengo más oscuros que tú. Pero a tí te va a quedar perfecta. De todas formas solo te lo estás probando aún puedes cambiar.
Cristalino que estaba jugando conmigo. Me tenía palote casi desde que entró en mi habitación. Pero como me estaba encantando el juego la dejaba hacer. Mi camisa le llegaba a medio muslo. La había visto con un vestido camisero más corto que eso. Se puso un cinturón para ajustarla a la cintura.
- Impresionante, cielo, pero sigues siendo tú, no un chico.
- Vaaaale, a ver que tal me queda el pantalón.
Le quedaba mejor que a mí y con él puesto me habían agarrado el culo un par de veces en alguna celebración al que lo había llevado.
- Tata, esas nalgas son como para hacerles una estatua. Pero ahora pareces el cliché de una lesbiana masculina.
- A mis amigas les gusta este toque. Nos vamos acercando.
- Conociéndola, ups perdón, las, me lo imaginaba. Ponte la americana a ver si hace falta disimular tus tetitas.
- ¡Que no te burles de mis melones! ¡Coño!. Ya sé que tienes claro que tengo una amiga bollera, pero a ella no le voy a impresionar así. Le gusto más cuando voy muy femenina.
- Di mejor mandarinas. Da un botón de la chaqueta. Yo te veo muy bien así. Ata la melena en una cola. Quedara más masculino. Podemos pintar un bigotito. Tienes un carboncillo ahí. ¿Quieres una corbata?.
Se estaba mirando, admirando, en mi espejo. Y era verdad de no muy cerca daría el pego como chico tanto como yo de chica. Pero no tenía que ser perfecto. Solo era un disfraz. Ahí fue cuando la cosa se puso seria. Hasta ahora solo habíamos estado jugando. Se pintó el bigote y se volvió hacia mí con cara de vicio.
- Bueno, bueno. ¿Qué tenemos aquí?. ¿Quién es esta putita?.
Admito que a esas alturas la estaba viendo venir. Tan inocente no soy. Solos en casa, ella de un humor pendenciero y yo más caliente que una fundición. Así que entré al trapo.
- Pero, papi. No me trates así. Si soy tu nena mimada.
- Mi niña no llevaría la falda tan corta.
- Es que ya no soy tan niña. Soy mayor de edad y he crecido.
Cogió mi mano y me hizo levantar de la silla. Frente a frente mirándonos a los ojos no sé cual de los dos tenía más ganas del otro. Pero la dejé hacer, esa tarde era mi sugar daddy y yo su consentida. Puso las manos en mi cintura y me besó. Fue dulce y lasciva a la vez.
Empezó mordisqueando mis labios con los suyos pero los dos teníamos demasiadas ganas como para quedarnos ahí. Segundos más tarde tenía su lengua buscando mi campanilla por cómo la sentía dentro de la boca. Y yo salivando, ella se bebía mi saliva. Jamás podía haber imaginado que mi hermana podía ser tan guarra besando... y en todo lo demás.
- ¡Joder Silvia qué buena eres besando!.
- Contigo es fácil. Daddy. Solo quiero dejarme llevar.
Para entonces ya había dejado mi cintura y me estaba agarrando el culo a dos manos. Con los cuerpos pegados yo notaba en calcetín sobre mi polla dura y sus tetas de verdad sobre las mías falsas.
- Cariño, si quitamos los postizos lo notaremos más.
- Vale nena, pero no la ropa. Y por cierto, tu calcetín tendrá que ir directo a la lavadora. Me estoy mojando mucho.
- ¿No nos arrepentiremos de esto?.
- Con las ganas que te tengo. Yo no. ¿Y tú?.
- ¿No notas mi polla? Va a ser que tampoco.
- Pues saca el calcetín.
Si que estaba mojado, pero olía a sus jugos, a hembra cachonda. Ella sacó los postizos del sujetador y se inclinó a chupar mis pezones. Estaban tan duros que podía agarrarlos con los dientes por encima del sujetador y el polo.
- Suave cariño que los arrancas.
- ¡Qué delicada!.
Por debajo de la falda estaba jugando con mis nalgas. Las separaba y buscaba el ano con un dedo. Completamente lasciva pasó la húmeda por mi oreja y me dijo.
- Te voy a follar, nena.
No es que eso me fuera a impresionar. Ya había jugado mucho con ese agujero. Mi rabo seguía dando puntadas sobre su pubis. Hacia rato que había escapado del escaso encierro del tanga por un lateral de la prenda. Suponía que en algún momento ella le dedicaría algunas atenciones. Pero mientras tanto tenerlo duro tanto tiempo era a la vez una tortura y un placer. Por si acaso le pasé el lubricante que siempre tengo cerca de la cama.
- ¿Le haces eso a tus amigas?.
- Les hago de todo. Como a tí.
Me empujó encima de la cama a cuatro patas y levantó la falda por encima de mi espalda. Menuda estampa debía ofrecer, menos mal que estábamos solos en casa. Ella sabía que me había duchado antes de empezar a probarme su uniforme así que empezó a comerme el culo con hambre atrasada.
- Así me gusta. Nena. Que estés bien limpia para tu novio.
- Siempre, cariño.
Había tenido unos cuantos besos negros con anterioridad pero no sé si era por la persona que me lo estaba haciendo, por el juego de rol y disfraces o porque mi hermana se estaba esmerando pero sin duda era el mejor. Y ¡Joder! cuando empezó a meter dedos pensé que me corría en ese mismo instante.
- Cariño, si sigues así me voy a correr.
- Pues eso hay que aprovecharlo.
Aún no sé cómo se metió entre mis piernas lo justo cómo para coger mi glande entre sus carnosos labios. Y eso sin sacar los dos dedos que tenía en mi culo y acariciar mis huevos con la otra mano. Pocas lamidas necesitó para tener mi semen en la boca. De inmediato me puse a su lado para besarla y compartir mi néctar. Nos acariciamos durante un rato más relajados.
- ¿Te has corrido?.
- ¿Donde crees que tenía la otra mano mientras te follaba?. Dos achuchones al clítoris y ya. Estoy muy cachonda.
- ¿Todavía?.
- Esto no ha hecho más que empezar. Si esta hermanita cachonda que me ha salido quiere claro.
- Sabía que te gusta el sexo. Te he visto durante estos años con tus ligues. Pero no pensaba que fueras tan guarra.
- Morbosa. Cariño. Me lo quieres comer tú ahora?.
- Lo estoy deseando pero tienes mucha ropa encima.
- Cierto, no sé si habrá que llevar estos pantalones al tinte. Ponte de pie.
Lo hice entre sus bonitos muslos mientras ella estaba sentada en la cama. Seguía con esa cara de vicio mientras me quitaba el polo y la falda.
- Date la vuelta. Quiero ver como estás solo con la lencería. Sabía que tenías un cuerpo bonito y por fín puedo apreciarlo bien. No esos vistazos rápidos cuando sales de la ducha.
Incluso hice algunas poses tontas inclinándome o sacando el culo. Ella lo aprovechó para hacerme fotos con el móvil. Mientras las mirábamos, nos besábamos y nos hacíamos suaves caricias volvíamos a ponernos en marcha.
- Ayúdame a quitarme todo esto.
Le saqué los pantalones del traje descubriendo los largos muslos mientras ella estaba tumbada. Besé y lamí sus lindos pies aprovechando que los tenía tan a mano. Chupé cada uno de sus dedos. Empezó a desabrochar la camisa.
- Tranquilo, cariño. Ya lo hago yo.
La incorporé un poco para poder hacerlo con tranquilidad y descubrir sus preciosos pechos. Solo con mi bóxer me seguía pareciendo un súcubo, un ser de otro mundo creado para hechizarme. Pero si quería comerle el coñito tenía que librarle de esa prenda también. Por fín la tenía completamente desnuda sobre la cama.
- Ahora ya no puedo decir que soy un chico.
- No, eres simplemente preciosa. Ponte arriba.
Me tumbé yo y ella se sentó sobre mí cara en dirección a mis pies. Se mantenía erguida para que pudiera pasar la lengua no solo por el coñito sino también por el ano. Ella misma se masajeaba las tetas y pellizcaba los pezones. Y mientras mi lengua repasaba todas esas partes tan interesantes de su anatomía la escuchaba gemir y suspirar.
Todo eso me estaba dando tiempo y excitación suficiente como para que mi polla volviera a escapar del tanga y apuntara al techo bién dura. Además de sus caricias en el tronco y los huevos. Seguía tratándome como una chica, bueno, aún tenía puesta su lencería.
- Hora de follar, Silvia.
- Estoy a tu disposición. Cabálgame.
Se levantó lo justo cómo para moverse hasta mi cadera. Dejó un reguero de jugos sobre mi pecho y vientre. Hasta clavarse ella misma mi rabo en su xoxito. Me dediqué a amasar sus gloriosas nalgas mientras ella subía y bajaba. Pero ella tampoco se conformaba y seguía acariciando mis huevos con una mano, la que no tenía en sus tetas. El ritmo lo iba variando según se corría, aceleraba cuando estaba a punto y lo ralentizaba después de cada orgasmo.
Viendo que es multi y que con su cuerpo de gimnasta no se cansa no sé la cantidad de orgasmos que tuvo antes de levantarse, girar el cuerpo hacia mí y meterse mi polla en el culito. Esta vez pude mantener mi erección lo suficiente como para satisfacerla. Pero ahora podía acariciar sus peras y el clítoris mientras ella pellizcaba mis pezones descubiertos por el sujetador descolocado.
- Nena, me corro. Me estás exprimiendo el rabo.
- Dale amor, hazlo ahí.
Le llené el recto con mi lefa y ella se recostó sobre mi cuerpo. Pude abrazarla mientras nos dábamos suaves y dulces besos.
- Eres una fiera. Ahora me explico los gritos que salen de tu cuarto cuando estás con una amiga.
- Ya ves que una polla tan rica como esta también me hace disfrutar.
- Y la puedes dejar para el arrastre.
- ¿Crees que no podría volver a levantarla si me lo propongo?.
- Estoy seguro de ello con el cuerpo y el vicio que tienes. Pero creo que deberíamos cambiar las sábanas, airear esto y darnos una ducha.
- ¿Juntos?.
- Si tenemos tiempo...
Ese día no lo tuvimos pero ha habido muchas duchas juntos desde entonces. Algunas con la Silvia real, por cierto, o con otros amigos y amigas. Por cierto pasamos de la fiesta y los disfraces nos los ponemos a veces para disfrutar de esos ratos de morbo.
.... ..
Larga y próspera vida




