Incesto tras incest...
 
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Incesto tras incesto

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José
(@quique)
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Iniciador del debate   [#25]

Principios de agosto de 1971

Yo, porque entonces era un joven moreno, de ojos negros, estatura mediana y ni feo ni guapo, que no sabía si era de carne o si era de pescado.

Estaba en el monte tumbado a la bartola mientras las cabras pastaban; llegó a mi lado mi tío Arturo, un hombre pelirrojo, bajito, de 25 años, casado y sin hijos. Se sentó a mi lado y me preguntó:

—¿Ya te estrenaste?

—Aún no.

Me lo dejó caer como quien pregunta por una dirección.

—¿Quieres estrenarte con tu tía?

Pensando que era una broma, le seguí la corriente.

—¿¡No te importaría?!

—No.

—No creo que ella quiera.

—Fue ella la que me dijo que te lo preguntase.

—¿Y eso a qué se debe?

—Es una fantasía que tiene.

—¿Cuándo sería?

—Mañana a la tarde te estará esperando.

—¿Tú vas a estar?

—No, mañana no puedo.

La broma ya se estaba pasando de la raya, más que nada porque me lo empezaba a creer.

—Como broma ya estuvo bien.
—No es ninguna broma.

Ya me estaba tocando la moral y le di donde yo pensaba que más le iba a doler.

—Deja ya de vacilarme, que voy a acabar haciéndome una paja pensando en ella.

—Que no es ningún vacile, que quiere follarte.

Le volvió a preguntar:

—¿¡Y a ti no te importa?!

—No, si ella es feliz, yo soy feliz.

—Me cuesta creer que seas tan abierto sin un motivo. ¿No hay algo más, tío?

-Para ser tan joven, no se te la clavan tan fácil. Lo cierto es que me pilló con tu prima Julia, y este es el precio que tengo que pagar si quiero seguir con tu tía. Estrenándote con ella, me harías un favor.

Al día siguiente llegué a casa de mis tíos. MI tía María me abrió la puerta.

—Buenas tardes, tía.

—Lo son, pasa.

Entré en la casa y la mujer cerró la puerta. Estaba vestida con una funda blanca de las que usaba mi tío para trabajar de pintor. El cabello negro lo llevaba recogido en una cola de caballo que le bajaba hasta la cintura y calzaba unos zapatos marrones. En el comedor, me preguntó: —¿Quieres beber algo, Quiwque?

—No.

Mi tía bajó la cremallera de la funda y le vio las tetas, unas tetas grandes a las que no se les veían las areolas marrones, ni por supuesto, los pezones. Me puso más nervioso de lo que ya estaba. Comencé a tragar saliva. María, sonriendo, me preguntó:

—¿Estás nervioso?

—Mucho.

—Relájate, que lo vamos a pasar muy bien. Dime: ¿Es verdad que aún no has follado con una mujer?

—Sí, es verdad.

Mi tía me rodeó el cuello con los brazos y me dio un morreo que me dejó la polla latiendo.

—¿Nunca te había besado con lengua una mujer?

—Ni mujer ni hombre. Ni con lengua ni sin lengua.

María me echó la mano al paquete. Se encontró con la polla dura como una piedra, me volvió a besar y después me dijo:

—Se nota, Quique, se nota.

Me tomó de la mano.

—Ven, te voy a enseñar cómo se folla con una mujer.

Llegamos a la habitación, habitación que olía a zeta ZZ de matar las pulgas y garrapatas. De pie, al lado de la cama, cogió la teta izquierda con una mano y me dijo:

—Pasa tu lengua por el pezón.

Se la pasa.

—Ahora pásala por la areola y chupa.

Hice lo que le dijo.

—Coge las dos tetas, masajéalas y lame y chupa.

Me tuvo mamando sus tetas grandes y esponjosas varios minutos; después se quitó la funda y los zapatos y se echó boca arriba sobre la cama.

—Ahora te toca aprender a comer un coño y un culo.

Me dijo dónde estaba el clítoris y cómo lamerlo y chuparlo. Lo que eran los labios mayores y menores y cómo lamerlos. Dónde estaba la vagina y cómo follarla con la lengua. Cómo lamer y follar el ojete con la lengua y el dedo... La lección duró más de media hora y no duró más porque, enseñándome cómo lamer el clítoris, exclamó:

—¡¡Y así se corre una mujer!!

Vi cómo mi tía jadeaba y se convulsionaba y cómo acababa de correrse con las manos en el coño y en posición fetal.

Mi tía tenía una sonrisa de oreja a oreja cuando acabó de correrse. Descansó un par de minutos, durante los cuales no abrió la boca más que para respirar. Recuperada, me dijo:

—Desnúdate, que ahora voy a enseñarte a follar.

Me desnudé. María, al ver la polla empalmada y mojada, no se pudo resistir, la cogió y me la mamó. No tuvo que esmerarse mucho, ya que con unas chupadas, unas lamidas de periné y ojete, unas lamidas de pelotas, salió un chorro de leche que casi llega al techo. Fue la única leche que se perdió. Mi tía se tragó el resto.

Con la polla en la mano, me dijo:

—Pensé que se te iba a bajar, pero tu polla sigue dura como si no te acabaras de correr. Porsígamos. Follar no es solo meter y sacar, Quique; bueno, en el culo, sí, con menos o más rapidez, o con más y menos fuerza, follar es... Échate encima de mí y métemela.

Me eché encima de ella y se la metí.

—Ahora no te muevas y bésame.

Nos besamos unos minutos.

—¡Joder, qué bueno estás! Dame duro.

Me envalentoné y le di a romper.

—Ahora, suave.

Le di suave.

Se puso encima de mí y me cabalgó al trote, al paso y al galope. Galopando, vio que me iba a correr dentro de ella; la quitó, la chupó y me corrí en su boca.

Al acabar de tragar, me dijo:

—Ahora me toca a mí.

Volvió a meter la polla en el coño y me folló a mil por hora. Vi sus tetas volar de un lado para el otro, subir y bajar. Estaba como loca y gemía como una poseída. De repente, paró de moverse, los ojos se le pusieron en blanco, sus gemidos eran casi inaudibles y sentí cómo por mi polla bajaba un reguero de jugos que acabaron encharcando mis cojones. Mi tía sintió la leche de mi corrida dentro de su coño, pero no se movió; la recibió con agrado.

No volvimos a follar.

Finales de agosto de 1971.

Había cogido el tifus. Eran las once de la noche y estaba en cama sudando y tiritando. Mi hermanastra Matilde, casada y con su marido en Suiza, se metió en cama para darme calor. Me abracé a ella y le puse las manos sobre las tetas, que eran grandes y fofas. La polla se me puso dura. Poco después ya no temblaba. Matilde, al sentir la polla en su culo, se puso cachonda... Haciendo que se colocaba bien, echaba su gordo culo hacia atrás para provocarme. Le subí el camisón y le bajé las bragas, y le hice con el dedo en el ojete lo mismo que le había hecho a mi tía, o sea, círculos con la yema de un dedo. Matilde se dejaba. Probé a ir más lejos. Metí la cabeza debajo de las sábanas y le lamí el ojete. Mi hermanastra se encendió y, en bajito, me dijo:

-Mete la punta de la lengua dentro.

La metí y supo a qué sabía... Sabía a lo que sabía.

Matilde echó el culo para atrás y me folló la lengua... Le eché la mano al coño y me encontré con una charca de jugos. Matilde me cogió la mano por la muñeca, la llevó a la boca, me la lamió por ambos lados, se puso boca arriba y me dijo:

—Come mi coño.

Le hice una comida de coño que Matilde acabó agarrando la almohada para ahogar sus gemidos de placer cuando se corrió, ya que mis padres estaban mirando la televisión en la habitación de al lado. 

Después, Matilde se puso de lado. Le volví a lamer y a follar el culo con la lengua... Matilde comenzó a gemir de nuevo, muy bajito. Le acerqué la polla al ojete, empujó, metió la cabeza y comenzó a follárselo, muy, muy despacito para que la cama no se moviese.

Matilde estaba chorreando. Metió dos dedos dentro del coño y empezó a masturbarse. Estaba con la polla dentro de su culo y los dedos dentro de su coño, cuando llegó a la habitación Víctor, mi padre, para ver cómo iba. Encendió la luz, y al verla con los ojos cerrados, pegada a mí, le preguntó:

—¿Duermes, Matilde?

Mi hermanastra no le contestó.

—¿Estás bien?

Matilde, con los ojos cerrados, sintió mi leche llenar su culo y, sin poder evitarlo, comenzó a correrse.

—Oooooh, oooohh.

Mi padre no salía de su asombro viendo la cara de placer de Matilde.

—A saber con quién estás soñando. En fin, todos tenemos sueños húmedos.

Apagó la luz y se fue.

Mi hermanastra y yo no nos echaron a dormir, pero me había gustado tanto correrme dentro de su culo que me asaltaba una duda. ¿No tendría un maricón dormido dentro de mí?

Septiembre de 1971.

En las fiestas del pueblo, estaba bailando con Conchita, una mocita muy guapa, de ojos marrones, tetas medianas, con media melena rubia. Conchita estaba apretada a mí, y miraba para una pareja que bailaba muy acaramelada. Dijo:

—Hijo de puta.

Le pregunté:

—¿Qué te pasó con Alfredo? Oí algo, pero no sé si es verdad.

—Me engañó.

—Yo no oí eso.

—¿Qué oíste? —Que le metiste los cuernos y por eso te dejó.

—Sí, pero eso no le daba derecho a llenarme el culo de leche antes de decirme que me dejaba.

Quise corroborar lo que acababa de oír.

—¿¡Dijiste el culo?!

—Sí, el culo, me desvirgó el culo antes de decirme que sabía lo que había hecho.

Me empalmó, y como estábamos bailando pegados, Conchita sintió la polla dura pegada a su coño. Me separé de ella y le dije:

—Perdona.

Conchita me puso las manos en el culo y me apretó contra ella.

—No hay nada que perdonar, me gusta saber que te excito.

—En ese caso, te diré que me gusta saber que te gusta que te excito.

—Sabes, en mi casa no hay nadie y yo tengo ganas.

Me acababa de alegrar la noche.

—¿Voy yo primero?

—No, voy yo. En cinco minutos ven tú.

Cuando llegué a su casa, se oía al vocalista de la orquesta cantar: Un sorbito de champán, de los Brincos. La puerta estaba abierta. Entré. La casa olía a carnero asado. Sentado en una silla, con los dos brazos y la cabeza sobre la mesa, dormía la borrachera el padre de Conchita, un cabronazo cincuentón que a la mínima sacaba el cinto y le daba hasta que le ponía el culo al rojo vivo, y después, excitado, el muy cerdo, follaba a su mujer, sabiendo que su hija escuchaba los gemidos de la madre.

No me creía lo que estaba viendo. Conchita estaba desnuda, de pie, al lado de su padre, con un cinto de cuero en la mano. La miré de abajo arriba. Sus piernas eran perfectas. En su pubis tenía una gran mata de vello rubio. Su cintura era estrecha y sus caderas anchas. Sus tetas medianas tenían pequeñas areolas rosadas y sus pezones eran gruesos. Su cuello era de cisne y su cara preciosa. Oí cómo me decía:

—Cierra la puerta con llave.

Temblando, cerré la puerta y después fui junto a Conchita. La muchacha le dio el cinto, se dio la vuelta y me dijo:

—Cómeme las tetas y luego dame en el culo con él cinto.

-Se va a despertar tu padre.

—No te preocupes, ya se podía caer la casa que antes de dos o tres horas no despierta. 

—¿Sabías que estaba aquí? 

—Sabía. 

—Me mentiste, dijiste que no había nadie en casa. 

—Si no estuviera, no te traía. ¿Vas a comeme las tetas y darme con el cinto en el culo?

No podía dejar pasar la oportunidad; le amasé y le comí las tetas tal y como me enseñara mi tía. Conchita, me dijo: 

—Joder, ¡qué bien sabes comer las tetas! Dame un beso, hombre, dame un beso.

Le di un beso con lengua que la dejó sin aliento. Después se agachó y le comí el coño mojado. Conchita, poco duró, duró hasta que, comiéndole el coño, le metí un dedo en el culo. En ese momento, me dijo: 

—¡Qué bien lo haces, que bien lo haces! Que... ¡Me corro!

Se corrió en mi boca mientras su cuerpo temblaba. Fue una corrida larga e intensa.

Al acabar de correrse, la dulzura de sus gemidos dio paso a su voz grave. Cogió el cinto en el piso, e lo dio, y mirando para su padre, que seguía en los brazos de Morfeo, me dijo: 

—¡Ahora castígame por haber sido una guarra!

No estaba por la labor. 

—Yo no sería capaz de pegar a una mujer. 

Se puso brava.,

—¡Que me des con el cinto, hijo de puta!

Mil peleas había tenido yo por llamarle puta a mi madre y Conchita lo sabía. 

—No le llames eso a mi madre, que te breo.

Conchita parecía una gata rabiosa. 

—¡Hijo de puta, hijo de puta, hijo de puta! 

—¡La madre que te parió!

Le largué con ganas. El cinto chasqueó en sus nalgas: 

—¡¡Traaaas, traaaas, traaaaas, traaaas!!

Ya me había calentado, y si se despertaba el padre de Conchita, que era un medio metro, le iba a pasar la borrachera a hostias. 

—¡A ver si callas, coñoooooo! 

—Hijo puta.—¡Trassss! —Hijo puta, hijo puta .—¡Traaaas, traaaas!— Hijo puuuuuuuta. —¡Traaaaas, traaaas, traaaaas, traaaaas! —¡Aaaaaaay!

Después de que le dejara al rojo vivo el culo, Conchita, se puso en cuclillas, me bajó la cremallera, del pantalón, me sacó la polla empalmada y la mamó hasta que le llené la boca de leche. Después puso las manos y las tetas sobre la mesa, abrió las piernas y con su cara al lado de la cara de su padre,y oyendo al vocalista de la orquesta cantar: Cerca de las estrellas, de los Pekenikes, me dijo: 

—Rómpeme el coño, papá.

Yo sabía lo de las palizas con el cinto que le daba el padre a Conchita, lo que no sabía era que fantaseaba con él. Me importó una mierda. Se la clavé en el coño de una estocada y después le dio sin piedad, a romper... Conchita, poco después, sintiendo que le venía, le levantó la cabeza a su padre, que estaba en lo mejor del sueño, y le dijo: 

—Mira cómo me corro, papá.

Vi cómo se abrían y se cerraban su ojete.

 Al acabar de correrse, se la metí en el culo. El ruido de su grito de dolor lo taparon el de ña explosiñon  de las bombas que explotaban en aquel momento.

Mientras se oían el ruido le las explosiones de más bombas y el vocalista de la orquesta cantaba "Anduriña", una canción de Juan y Junior, se la saqué del culo, se la metió en el coño y la follé despacio, aprisa, con fuerza, suave... Le di caña de la buena... Ya se oía "Black is black", de los Bravos, cuando Conchita, besando a su padre, se volvió a correr. La saqué y me corrí en la entrada del ojete.

Seguía sin saber si era de carne o de pescado.

Finales de septiembre de 1971.

Mi padre, que estaba separado de mi madre, había vuelto de Suiza con un pibó, El pibón era una rubi francesa, veinte años más joven que él, alta y con un cuerpazo de escándalo. Solo tenía un defecto, no hablaba una palabra de español y menos de gallego, que era lo que se hablaba en el pueblo.

Creo que en el mes escaso que estuvo en el pueblo, cayeron más pajas de las que habían caído hasta el día en que llegó.

El día que entró mi madrastra en casa de mis abuelos, luego de la presentaciones, me dio un beso en la mejilla, sonrió y me dijo no sé qué. Oli el perfume que llevaba y se me puso la polla dura como una piedra. La cosa iba a ir de mal en peor, ya que la voz de la francesa era tan sensual que, al oír palabras como mon chéri (querido), monamour(mi amor) y cosas así, deseaba tirarme encima de ella y que fuese lo que Dios quisiera.

La ocasión dicen que la pintan calva, pero a mí se me apareció peluda. y en forma de coño. Fue un día que mi padre se fue de caza con sus viejos amigos. Yo iba a ir con mi padre, pero a última hora fue otro en mi lugar para espantar las perdices.

Llegué a la casa de mi padre y sentí gemidos. Venían de mi habitación. Fui a mirar. Abrí la puerta y vi a Louise, estaba con el culo hacia ja puerta, a cuatro patas, con un dedo metido en el culo y otros dos metidos en el coño. Louse se estaba masturbando, eso era obvio. ¿Pero por qué lo hacía en mi habitación?

Sin hacer ruido, me acerqué y la agarré por la cintura. A Louise casi le da un infarto. Se echó boca arriba sobre la cama y tapó las tetas con un brazo y el coño con el otro. Vi un retrato mío sobre la cama. Louise se estaba masturbando, pensando en mí. Cogí la foto y la tiré al piso. Louse dijo unas palabras en francés que no entendí. Lo que hice fue subir a la cama, cogerle la mano que tenía sobre su coño peludo y apartarla sin que Louise ofreciera resistencia. Le quitó el brazo de las tetas y vio una maravilla de mujer. Imagina a la Venus de Urbino y sabrás más o menos lo que vi.

Le magreé las tetas y se las comí, bien comidas. Después bajé y comenzó a comerle el coño. Louise, pensando que no sabría comerle el coño, me apartó la cabeza, me señaló el clítoris con un dedo, echó la lengua fuera y la movió de abajo a arriba. Le lamí el clítoris hasta que levantó el culo y me señaló el ojete. Se lo lamí y se lo follé. Luego le follé el coño con la lengua, y ysentí sus primeros gemidos. Me vine arriba. Follé con mi lengua su ojete y su coño y lamí su clítoris... Hasta que oí cómo decía:

—¡¡¡Oui!!! (¡¡¡sí!!!)

Louis me cogió la cabeza y, moviendo la pelvis, e frotó el coño en la boca, en la nariz... Me la frotó por toda la cara mientras gemía sin parar. 

Al acabar de correrse, se puso a cuatro patas. Esta vez no tuve dilema ninguno. Lois me cogió la polla, la puso en la entrada del ojete y empujó con el culo hacia atrás. Yo la agarré por sus preciosas tetas y se la clavé hasta el fondo. 

Tiempo después, a Louise, que tenía dos dedos dentro del coño, le empezó a temblar todo el cuerpo, Sus jadeos eran de perra. Se corrió y yo me corrí dentro de su culo. Luego, se la quitó¡e del culo, se la metió en el coño, y le dije:

-Soy de carne.

Louis giró la cabeza y dijo:

—¿Quoi? (¿Qué?)

—Sí, hoy y siempre.

La follé hasta que se volvió a correr. Esta vez, sin pensar en las posibles consecuencias, le llenó el coño de leche.

 

 

 

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El relato fue modificado hace 4 días por José

   
Citar
nyctidromus
(@nyctidromus)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 6 años
Respuestas: 933
 

que buen relato tio


scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
n****@gmail.com


   
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