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La madre queda embarazada.
El padre desaparece.
El hijo mayor la ayuda mucho. Se convierte en el hombre de la casa
Yo había sido la razón de que mis padres se casaran de penalti. Apenas tenían la edad que yo tengo ahora y mi madre ya estaba embarazada de mí. Tuvieron cierta suerte y mis abuelos les apoyaron con trabajos, cuidando de mí y siendo cariñosos sin un solo reproche.
Ahora un nuevo descuido con otro condón y de nuevo mi madre estaba preñada. Esta vez de mi nueva hermana con poco más de treinta y cinco o treinta y seis años. Nunca ha querido confesarme su verdadera edad.
Mi padre en cuanto se enteró se dio cuenta de que no estaba dispuesto a volver a cambiar pañales. Ni a aguantar las tonterías de un nuevo bebé. Lo único que dijo fue:
- Soy demasiado mayor para esta mierda.
Supongo que Danny Glover no pensaba en pañales, ni en mierda de bebé cuando decía esa frase.
Una noche cogió una maleta y desapareció camino de una isla del Caribe y probablemente de los brazos de alguna mulata. Nunca había dejado de ser un mujeriego.
Con todo eso yo me vi con diez y ocho años como único apoyo de mi madre en todo lo que venía y hombre de la casa. Tuve que dejar los estudios, lo que no fue un gran sacrificio para mi. Con mi FP de mecánica entré a trabajar en el taller mecánico de mi abuelo materno. Ya me había estado enseñando el oficio. Podría dedicarme a tunear coches, algo que me encantaba y era un nuevo mercado para él.
Mi madre, aún con la pancita del embarazo creciendo día a día, estaba estupenda. Un auténtico monumento a la que yo adoraba, admiraba y en mis ratos más depravados deseaba.
Es una morenaza con una melena que le llega a unas durísimas y prietas nalgas, después de recorrer una espalda maravillosamente cincelada. La cadera era lo bastante amplia y voluptuosa como para que los embarazos no le causaran problemas. Sus piernas me parecían kilométricas terminadas en unos bellos y pequeños pies.
Nunca había visto su coñito pero lo imaginaba delicioso. El vientre que había sido siempre plano ya tenía una curvita adorable. Las tetas que en su momento habían sido cónicas y duras le crecían de día en día.
El conjunto era delicioso de contemplar y todavía más por que no había sido nunca de las que les guste ir muy vestidas. Su ropa habitual es muy sexi supongo que además de por verse guapa por mantener al ex controlado. Por casa la he visto un millón de veces solo con ropa interior.
Además cuando empezaron a crecerle las tetas se dedicó a tomar prestadas mis camisetas de basket. Si a mí la sisa me llegaba a los riñones es fácil pensar que a ella podía verle todo el lateral de unos pechos que parecían crecer por momentos.
Por supuesto ponía la excusa de que el sujetador le apretaba y que iba mucho más cómoda así. En posteriores confidencias de cama tuvo que confesar que ya por entonces la idea de hacer el amor con el único hombre que quedaba en la casa le había pasado por la cabeza.
Vamos que entre las hormonas de la preñez que la tenían revolucionada, que llevaba sin follar con mi padre desde el día que la prueba de embarazo dio positiva y que mi cuerpo le parecía muy bonito andaba cachonda como una perra en celo.
En cuanto a mí, a mi edad, con las hormonas revueltas y habiendo hecho muy, muy poco con chicas hasta ahora estaría dispuesto a saltar sobre cualquier persona, de cualquier sexo, que me dejara. De físico no estoy mal del todo, delgado, fibrado, piel y pelo morenos. No es que sea un adonis pero tampoco horroroso.
Volviendo a mi bella protagonista me encantaba acariciar su pancita. Me encantaba poner la oreja sobre esa suave y tensa piel y sentir como algo que ambos ya queríamos mucho se movía por debajo. Notaba como mi hermana crecía de día en día y daba pataditas. También crecían sus tetas, preparándose para darle alimento al bebé.
Se acostumbró a que le diera masajes en los tobillos y las pantorrillas. Me ponía la piernas sobre los muslos, cerca del paquete. Ella decía que era para que no se le hincharan pero a mí daba igual la excusa. Lo hacía con sumo gusto. Pero un día la cosa mejoró todavía más.
- Cielo. ¿Me pones esto?.
- Claro, mamá. ¿Que es?.
- Una crema para que no me salgan estrías en la barriguita.
- Pero eso es imposible. ¡Si eres perfecta!.
- Muy gracioso. Pero ya me cuidé cuando eras tú el que estaba aquí dentro. Y por eso soy perfecta.
El primer día que me pidió que le pusiera crema anti estrías casi me corro en el slip, que era lo único que tenía puesto en ese momento. Acababa de salir de la ducha tras el trabajo. Ella tuvo que darse perfecta cuenta de mi erección. Y elegir el momento con toda intención. Pero se lo tomó con toda la calma del mundo. Como si no pasara nada.
Se subió la camiseta mía que llevaba puesta. También había empezado a usar las camisas que mi padre se había dejado. Las que antes contenían su barriga cervecera se habían convertido en prendas sexis para mi madre. Y solo llevaba eso y unas bragas.
Admito que me recreé mucho más de la cuenta extendiendo la crema y acariciando su piel. Pero no podía parar y ella no me pedía que lo dejara. En realidad con respiraciones profundas y suaves suspiros parecía disfrutar del masaje.
- Así, cariño. Suave.
Aunque ese día ya no llevaba sujetador no me atreví a acercar las manos a sus pechos por mucho que lo deseara. Bueno, en ese momento me faltó el valor. Pero los días siguientes y con la excusa de la crema empecé a acariciar más extensión de su piel. Para el momento en que llegué a sus pezones a la semana siguiente sus suspiros se habían convertido en gemidos y jadeos.
Parecía no solo que no le molestaba sino que me estaba alentando. Se había convertido en una costumbre para nosotros hacerlo tras la ducha, después de salir del taller y yo siempre solo con los gayumbos.
- ¿Estás listo?.
- Claro, mami. Para ti siempre.
Así que todos los días marcaba la polla bien dura a su lado. Era una dulce tortura. Y además ella ponía la mano en mi muslo desnudo acariciando mi pierna. Y cada vez lo hacía más cerca de mí paquete, como si no se diera cuenta. O en el vientre y tocaba mi ombligo con sus deditos, o la pasaba por mi torso hasta rozar mis pezones.
Las pajas de aquella época fueron algo apoteósico. En cuanto me iba a mi habitación me desnudaba del todo y acariciaba todo mi cuerpo, al principio sin acercar las manos a la polla que casi me dolía de lo dura que estaba. Y cuando por fin la agarraba solo tenía que bombear unas pocas veces para llenar mi vientre y pecho de lefa. Y luego recogerla con los dedos y llevarla a la lengua para saborearla.
Pensaba que ella estaría haciendo lo mismo que yo y que sabía perfectamente lo que pasaba sobre mí cama. O eso quería creer. En aquella temporada las hormonas alteradas de ambos podrían olerse por todo el piso.
Pasamos así unos días, dando vueltas pero sin atrevernos a más. Hasta que ella apareció sin camiseta, ni camisa y con un tanga que casi desaparecía entre los pliegues de su piel. Al verla así el glande casi se sale solo de mi slip.
- ¿Qué tal? Cariño. ¿Estoy bien así?.
Y dio una vuelta sobre sí para que pudiera verla. La gomita del tanga se perdía entre sus generosas nalgas. En realidad lo único que yo veía de la prenda era un pequeño triangulo de lycra casi trasparente que apenas tapaba los labios de la vulva depilada.
- Estás impresionante. Lo más bonito que he visto en mi vida. Mamá.
- ¡Qué adulador! ¿Eres así con todas las chicas?. ¡Qué pronto te va a llevar alguna pelandusca!.
- La única mujer que hay en mi vida eres tú. Jamás te dejaré.
Al oír eso ya no se cortó y se arrojó a mis brazos llenando mi cara de besos húmedos y babosos. Nuestras pieles casi desnudas al completo se frotaban y rozaban. Sus tetas impresionantes se apoyaban en mi pecho.
- Tú eres mi gran amor. Y tu hermanita, cuando nazca.
Si antes estaba caliente ahora mi excitacion había subido a las nubes. Con tanto frotar mi polla había terminado por salir de su encierro y se apoyaba en su vientre.
- Cariño, te has puesto muy contento.
- Tú me has puesto así de alegre. Con lo bella que eres seria imposible mantenerme frio.
Desde luego que ya no la solté. Rodeé su cuerpo con mis brazos apretándolo contra mí. Quería hacerle notar mi amor y desde luego mi deseo. Los besos que me estaba dando se fueron acercando a mi boca. Segundos más tarde tenía su lengua buscando la mía. Las cruzábamos con deseo y mucha saliva.
- No sólo te quiero. Tú también me tienes muy excitada. Estás buenísimo cariño y te deseo.
Oír eso casi hace que me corriera en ese momento. Pero aguanté, tenía que darle placer, compensar todo por lo que había pasado y demostrarle mi amor.
- Pues ha llegado la hora de que lo demostremos, me parece.
Por lo pronto empecé a acariciarla con toda la suavidad que pude. Mis manos empezaron a recorrer zonas de su cuerpo que aunque las había deseado mucho nunca había tocado.
Por la espalda sí que le había dado masajes pero por fin pude agarrar su culo y amasar sus preciosas posaderas. Qué ganas tenía de deshacerme de ese tanga. Pero aún no era el momento.
Agarrando sus nalgas la apreté contra mi cuerpo. Notaba sus pezones y tetas en mi torso. Solo seguí besándola, los labios, el cuello, la orejita, los hombros. Como me animaba con sus gemidos me atreví a seguir. Pronto tenía sus pezones en la boca. y pasaba la lengua por todo el contorno de sus pechos. Descubrí que ya se estaban preparando para dar leche y salía algo muy dulce de sus pezones.
Buscando una postura más cómoda la recosté en la cama. Para así poder disfrutar, léase lamer y besar, todo su cuerpo. Y digo bien, al completo. desde la punta del dedo gordo hasta la frente y la línea del cabello por delante. Luego pasaré a contar sobre el dorso.
Sabía por los masajes que los pies son una de sus zonas sensibles. Así que me dediqué a chupar cada dedito, lamer la planta y el empeine y subir despacio por la pantorrilla sin separar la lengua de su piel.
No podía verle la cara. Me la tapaba la pancita pero por los gemidos que soltaba lo estaba haciendo bien. Ella misma separó los muslos todo lo que pudo para indicarme el camino.
- Me estorba el tanga, mami.
- ¡Rómpelo!
De un tirón me quedé con la escasa prenda entre los dedos. Tuvo que mover su precioso culo hasta el borde del colchón para que yo pudiera alcanzar el tesoro que llevaba deseando desde antes de que mi padre se largara. Sin dejar de pasar la húmeda por la cara interna de los muslos subí estos todo lo que pude para llegar a su xoxito y el perineo. Además de algún intento que hice para llegar al ano.
Siempre se había mojado mucho. Desde que empezamos con las caricias sus tangas escurrían jugos. Pero tras pasar la lengua unas pocas veces por los labios y chupar el clítoris aquello parecía una fuente. Me dejó la cara competamente mojada de todo lo que no pude tragar.
- Sube aquí, cielo.
- ¿A qué? si esto me está encantando.
- Para que me beses. Te voy a lamer esa carita.
- ¿En serio?. A ninguna chica le gusta besarme después de comerle el xixi.
- Pues no saben lo que se pierden. Mira mi niño, el ligón, le gusta comer coños.
Volví a meter la legua en su boca, compartiendo su sabor con ella.
- Me encanta. Las chicas tienen que disfrutar. Pero es que el tuyo es delicioso además. Creo que no me cansaré nunca de comerlo.
- Pues ya me he corrido tres veces, cariño. Me toca comer a mí. Acércame esa polla. Se me dan bien las mamadas.
- Como quieras. No pensaba quejarme. Ni te muevas, ya voy yo.
Me puse junto a su cara. Ella empezó a lamer mis huevos. Levantaba la polla con sus dedos y estaba durísima.
- Mami, estoy muy caliente. Cómo sigas así me correré enseguida.
No se molestó en contestar. Metió el glande en su boquita y lo succionó como si quisiera sacarme toda la leche por allí. También pasó una mano entre mis muslos para jugar con mi culo. Llegó a deslizar un dedo por mi ano y meterlo un poco. No dejaba de acariciar el tronco de la polla y los huevos. Con ese tratamiento en segundos estaba derramando mi semen sobre su lengua. Solo podíamos jadear, nos faltaba el aire después de los orgasmos.
- Sí que tenías leche acumulada, cariño. ¡Qué sabrosa!.
- Tanto como la tuya.
Dejó mi polla completamente limpia. Me tumbé a su lado abrazándola para descansar y recuperarnos. Me dio la espalda y me pegué a su cuerpo. Desde luego no dejé de acariciar sus pechos o la pancita. La rodeaba con mis brazos
- ¿De verdad ha pasado esto?.
- Por todo lo que he sentido, yo diría que sí.
- ¿Y vamos a repetirlo?.
- ¿Ya estás cansado?. Solo esperaba a que te recuperaras.
- ¿Quieres decir ahora?.
- Por lo que estoy notando en mis nalgas veo que te parece una buena idea.
Besaba su hombro. Desde luego mi polla empezaba a endurecerse de nuevo y la tenía atrapada entre su culo y mi pubis. Movía suave la cadera, lo que me excitaba.
- Eres un sueño. Ojalá las chicas fueran como tú.
- Ojalá los hombres fueran como tú.
- Si me tienes a mí para qué quieres a otro.
- Y tú. ¿Quieres mi culito?.
- Lo quiero todo, mami.
- Si me lo comes y lo lubricas puedes follarme por ahí.
Creo que esas palabras me la terminaron de poner dura del todo.
- Ponte a gatas, mami. Quiero ver ese culo perfecto en todo su esplendor.
- Me voy a acabar creyendo todas esas cosas bonitas que me dices. Y con lo gorda que estoy.
- Estáis perfectas. Ahora calla y disfruta.
Empecé besando y lamiendo la suave piel de sus nalgas desplazándome despacio hacía el ano donde clavé la legua. Bajaba por el perineo hacia el ano. Desde luego llegaba a su coñito y volvía por el perineo al agujero negro. Oía sus gemidos lo que me enardecía todavía más.
Con el lubricante metí un dedo y sus jadeos aumentaron de volumen. Seguí con dos abriendo su ano. Y parecía que le estaba encantado.
- Mami, no sabía que por detrás te fuera a gustar tanto.
- Hay muchas cosas que no sabes. Ahora ponlo en tu polla. Túmbate que te voy a montar.
- Como digas.
Así que puse la espalda en el colchón y dejé que fuera ella la que subiera sobre mi cadera. A pesar de lo avanzado de su gestación tenía una gran agilidad. Fue bajando despacio sobre mi pubis hasta clavarse mi polla en el culo hasta los huevos. Tenía delante sus tetazas y la pancita. Viendo que ella se las apañaba empecé a acariciar todo lo que alcanzaba de su cuerpo.
Seguí pellizcando sus pezones. La leche caía sobre nuestros cuerpos. Resbalaba por su panza hasta llegar a mi vientre. Ella apoyada en mi pecho para moverse mejor hacía lo mismo con los míos. También conseguía alcanzar su clítoris y acariciarlo. En ese momento era yo el que gemía notando cómo su esfinter exprimía mi polla.
- Te quiero, mami.
- Y yo a tí, hijo.
Nos mirábamos a los ojos. Veíamos la cara de pura lujuria y de amor del otro. Ya no paró hasta tener mi semen dentro. También se estaba corriendo. Entre la leche y sus jugos terminé completamente empapado y podéis imaginar como acabaron las sábanas.
Cayó sobre mí para que la acogiera entre mis brazos. Lo que hice con sumo gusto. Besé su cabeza mientras ella se enroscaba alrededor de mi cuerpo. Se estaba adormilando. Pero yo tenía que saberlo.
- Mami, sé que tienes las hormonas alteradas. ¿Pero seguiremos así?.
- Cielo, ahora eres mi hombre. Y en cuanto cambiemos las sábanas te mudas a esta cama conmigo. No es una cuestión de hormonas sino de amor.
- Pues tendré que empezar a montar la cuna.
Larga y próspera vida





