El engaño
Linda, una veinteañera, de estatura mediana, maciza, de ojos negros, con largo cabello negro y ni fea ni guapa, estaba en su habitación haciendo manualidades. Su cuñado sintió sus gemidos, fue a la habitación y la vio; estaba desnuda, con una mano sobre una teta y otra en el coño. Le preguntó:
-¿Te ayudo?
Linda, sorprendida, se sentó en la cama y se tapó con una sábana.
-¡¿Cómo has entrado en mi casa?!
-Tu marido me dio una llave para que viniera a coger una carpeta con documentos que le había quedado olvidada en la mesa de su oficina.
-Cógela y vete, y de lo que has visto ni una palabra a tu hermano.
Tapada con la sábana, vio cómo su cuñado se quitaba la chaqueta.
-¡¿Qué haces?!
Me pongo cómodo.
La mujer se alarmó.
-¡Vete de mi habitación!
Descalzándose, le dijo:
-Voy a acabar lo que tú has empezado.
Vio cómo ponía la chaqueta en el respaldo de una silla.
-¡Tú no vas a acabar nada!
-Te vas a correr como nunca antes te has corrido.
-Si me tocas, se lo diré a tu hermano y te quedarás sin dientes y sin trabajo en el bufete.
Leandro iba de sobrado.
-Vas a quedar tan satisfecha que no le dirás nada.
Vio cómo ponía el pantalón sobre la chaqueta y luego cómo ponía la camisa y la corbata encima del traje, y cómo en calzoncillos se metía en cama. Le quitó la sábana que la tapaba y la miró:
-Tienes un cuerpo perfecto para el vicio.
Linda cubrió las tetas con su brazo y su mano izquierda y el coño con la derecha.
-¡No vas a conseguir nada de mí!
-Eso está por ver.
Se echó encima de ella.
-¡Déjame, cabrón!
Le pasó la mano por el coño y vio que lo tenía mojado y resbaladizo.
-Voy a acabar la paja con mi lengua.
Linda, retorciéndose debajo de su cuñado y empujándolo, le dijo:
-¡Me tendrás que matar antes para poder hacer eso!
-Si te mato, será de placer.
Le agarró las manos y le comió las tetas, se las mamó, se las chupó y se las lamió.
-¡Puñetero degenerado!
Luego de hartarse de tetas, puso la cabeza entre sus piernas, para hartarse de almeja.
Metió todo el coño pelado en la boca, le enterró la lengua en la vagina y luego se la lamió de abajo arriba con intensidad. Linda cerró las piernas y le apretó la cabeza con los muslos.
-¡No vas a conseguir que me corra, desgraciado!
Le siguió lamiendo el coño. Pasado un tiempo, le dijo Linda:
-¡No sigas, no sigas, no sigas, no sigas, noooooo!
Se corrió. Al correrse, abrió las piernas de par en par, y subiendo la pelvis y sacudiéndose, derramó en su boca.
Al acabar de correrse Linda, Leandro, con la lengua plana. le lamió el coño de tal manera que parecía que se estaba limpiando; luego le lamió el clítoris con la punta de la lengua, despacito, muy despacito. Linda, que seguía con las piernas abiertas, al rato le dijo a su cuñado:
.¡No continúes, para, detente, detente, detente!
Siguió lamiendo despacito, y poco después decía:
-¡No, no, no, no, no, no, nooooo!
Tras el noooo, vino una tremenda corrida, que la hizo gemir, temblar y subir y bajar la pelvis.
Leandro le siguió lamiendo el coño, y luego le pasó la lengua sobre el clítoris, de lado a lado, como si fuera un cepillo, cada vez más, más y más aprisa, y la mujer volvió a hablar.
-¡Para, para, para, para, parraaaaaa!
No paró y Linda se corrió de nuevo, estremeciéndose y jadeando como una perra.
Respiraba con dificultad cuando comenzó a follarle el coño con la lengua. Linda le dijo:
-Eres un cerdo y un abusador.
El cerdo abusador, luego de cantidad de clavadas de lengua en su coño y cuando ya Linda gemía como una loca, le chupó el clítoris y se volvió a correr; esta vez se corrió con más fuerza que las otras veces.
No satisfecho con lo que le había hecho, le levantó las gordas nalgas con las dos manos. Le metió la lengua en el ojete, la sacó, le lamió el periné, le enterró la lengua en el coño, la sacó y le lamió el clítoris; hizo este camino la tira de veces y Linda, entre gemidos, acabó por decir:
-Si sigues, me corro; si sigues, me corro; si sigues... ¡Me corro!
Al acabar de disfrutar, y antes de que Leandro le comiera el coño de nuevo, le dijo:
-Si te vas ahora, no le digo nada a tu hermano.
Leandro sacó la cabeza de entre sus piernas y la dejó boquiabierta al decirle:
-Si me la mamas y me follas, no le digo a mi hermano que te corriste varias veces en mi boca.
-¡¿Qué?!
-Que me dijo que intentara seducirte.
-¿Quiere librarse de mí?
-Eso parece.
-¿Tiene a otra?
-Debe tener.
-En ese caso no me tienes que chantajear.
Linda le quitó los calzoncillos a su cuñado, agarró la polla empalmada con su mano derecha y comenzó a hacer una felación. Lo primero que hizo fue besar sus huevos, luego los lamió y los chupó y a continuación subió lamiendo el tronco. Al llegar arriba, lamió alrededor de la coronilla, luego lamió el meato y el resto del glande y después le mamó la polla, al tiempo que se la meneaba. Le dio un buen repaso.
Después del repaso, subió encima de su cuñado. Le aplastó la polla con los labios de su coño y le dijo:
-¿Quieres saber algo de tu mujer?
-¿Qué me quieres decir de Gloria?
Linda, deslizando el coño por la polla, le respondió:
-Me preguntó si alguna vez había pensado en hacerlo con una mujer.
Leandro le echó las manos a las tetas, unas tetas grandes con areolas color oscuro y pezones gruesos, y magreándoselas, le preguntó:
-¿Y eso qué tiene de raro?
-Estábamos en el aseo de una cafetería las dos solas.
-Eso no quiere decir que a Gloria le gusten los coños.
-Estaba detrás de mí, me había echado las manos a las tetas y me las estaba magreando.
-Estaría borracha.
-Estaba borracha, pero de borrachas es cuando hablamos de nuestros instintos básicos.
Leandro la atrajo hacia él y se besaron con lengua; luego le preguntó:
¿Y cómo acabó la cosa?
-La metí en un taxi y la acompañé a casa.
-¿Y tienes curiosidad por saber qué sentirías con otra mujer?
-Hasta esa tarde no las había tenido.
-Y ahora la tienes.
-Sí.
-Pues sacia tu curiosidad.
Leandro le mamó las tetas a su cuñada, al tiempo que se las magreaba.
-¿No te importaría que follara con tu mujer?
-No, estando yo presente.
-¿Qué haría si estuvieras presente?
-Mirar.
Empezó a darle caña.
-¿Solo mirar?
-Y si se tercia hacer un trío. Ahora dale calor a la cosa.
Linda, con las manos sobre su pecho, subió y bajó el culo con lentitud, un tiempo. Luego lo cabalgó al paso; al paso le siguió el trote y al trote le siguió el galope.
-¿Te folla así tu mujer?
No le respondió a la pregunta.
-¡Para o me corro!
Paró de follarlo para que no se corriera. Echó los brazos hacia atrás, apoyó las manos en sus piernas y muy lentamente movió el culo de atrás hacia delante y de delante hacia atrás. Leandro no pudo aguantar. Linda vio cómo los ojos de su cuñado se le ponían vidriosos, notó las contracciones de la polla y sintió la leche de la corrida dentro de su coño. Empezó a convulsionarse ella y, convulsionándose, le bañó la polla con una impresionante corrida.
Al acabar de correrse, Leandro salió de la cama.
-¿Ya te vas?
-Tengo que llevarle a tu marido la carpeta.
Linda ya tenía la mosca detrás de la oreja.
-A ver, a ver. ¿Tu hermano no te había mandado a seducirme?
Leandro tenía más cara que espalda.
-Tenía que engañarte para que me la mamaras y me follaras.
-No sé si alegrarme, si darme dos hostias por idiota, si darte dos hostias a ti, o si vengarme.
-Alégrate, mujer, alégrate, que las hostias duelen y la venganza nunca ha sido buena.
La venganza
Lucía, vestida con un short marrón y una camiseta azul, donde se marcaban sus pezones, y calzando zapatos marrones con poco tacón, estaba sentada en el tresillo de la sala de su casa. Su cuñada Gloria, que era rubia, alta, de ojos azules, que tenía una larga melena rubia, que era guapa, que vestía con unos jeans y una blusa blanca y que calzaba unas zapatillas de deporte, estaba sentada al lado de ella. Había tomado un par de cafés y unas pastas, y mientras esto hacían, habían hablado de mil cosas, menos de lo que había ocurrido en el aseo de la cafetería, cosa que abordó Gloria.
-El otro día me pasé siete pueblos contigo.
-No tuvo importancia, estabas muy bebida.
-Sí, pero si te hubieras dejado, te hubiera comido todo allí mismo.
Le puso una mano derecha en la rodilla izquierda. Linda no se la quitó.
-¿Qué te pasa conmigo, Gloria?
Acariciándole el muslo, le respondió:
-Que me gustas mucho.
-A mí no me gustan las mujeres.
-¿Cómo lo sabes si nunca has probado con una?
-Lo sé porque me estás tocando y no siento nada. ¿Tú has probado con otra mujer?
-No, pero desde la primera vez que he hablado contigo he sentido unas ganas locas de besarte.
-¿Y con las otras mujeres no te pasa?
-No, solo me pasa contigo, solo tú me atraes.
Mirándole para los pezones, le acaricio el cabello.
-Deja que te dé un beso; a lo mejor te gusta.
-Los besos gustan siempre, vengan de donde vengan, pero que exciten ya es otra cosa.
-A lo mejor si te beso, te excitas.
-Mejor no me beses.
-Un beso pequeñito.
-Ni pequeñito...
Le apartó el cabello con una mano y la besó en los labios sin lengua. Con las bocas a centímetros una de la otra, le dijo Linda:
-No has debido besarme, pero ya que lo has hecho, te diré que fue como si me hubiera besado mi madre.
Le dio un beso con lengua.
-¿Y ahora?
-Ahora debía meterte un guantazo y echarte de mi casa.
Gloria le echó las manos a las tetas y, magreándolas, le dio otro beso con lengua mucho más largo.
-¿Y ahora?
Linda sonrió.
-Ahora empiezo a sentir curiosidad.
Varios besos después, le dijo Linda a su cuñada:
-No me puedo creer que me esté dejando.
-A mí también me cuesta creerlo.
Gloria le lamió los pezones por encima de la camiseta.
-Espera.
Linda se quitó la camiseta para que le comiera las tetas directamente. Se echó hacia atrás y quedó con la cabeza sobre el brazo del tresillo. Gloria le devoró las tetas y luego le quitó el short y la puso a lo largo del sillón. Vio que no llevaba bragas. Se puso entre sus piernas y se lanzó a por su coño pelado y mojado, lamió y chupó los labios y el clítoris con lujuria... Cuando Linda gemía como una posesa, dejó de lamer, salió del sillón, se desnudó y luego volvió al sillón. Se besaron largamente y después Gloria le puso el pezón de su teta derecha entre los labios. Linda lamió el grueso pezón de aquella teta grande de areola rosada, luego lamió la areola y le chupó la teta. Gloria le dijo:
-¡Cuántas veces he soñado con este momento!
Le dio la otra teta; Linda le agarró las dos tetas y, luego de comerle la izquierda, fue de teta en teta lamiendo y chupando.
Gloria, perra perdida, se giró y le puso el coño en la boca, se estiró encima de su cuñada y se comieron los coños en un delicioso 69, hasta que explotaron una en la boca de la otra.
-¡Me corro, Gloria!
¡Yo también, Linda!
Al acabar de correrse, le dijo Linda a Gloria:
-No está mal hacerlo con una mujer.
-Y aún puede estar mejor.
Le levantó la pierna izquierda, juntó los coños empapados y, sujetándole el pie, comenzó a frotar los coños. Estaban haciendo la tijera cuando llegó a la sala Sergio, el marido de Linda.
-¡Qué coño es esto!
Las mujeres dejaron de darse el lote y se sentaron en el tresillo. Linda le dijo:
-Estábamos esperando por ti, Sergio.
El hombre, que era moreno y treintañero, en medio de la sala, con su traje gris y su casi metro noventa de estatura, se veía muy enfadado e imponía.
-¡Y estabais entrenando, claro!
Gloria, que no se tapaba para seguirle el rollo a su cuñada, le dijo:
-No fue culpa suya, fue mía; la seduje para empezar sin ti, pero creía que tú lo sabías. ¿No estás de cumpleaños?
-¡Lo que hay que oír!
Linda se disculpó.
-Metí la pata, pensé que te gustaría el regalo, pero como no es la primera vez que me hablas de hacer un trío...
Gloria le preguntó:
-¿No te gusto físicamente?
Sergio cambió de actitud.
-¿De verdad que vosotras erais mi regalo de cumpleaños?
-No éramos, somos.
-Voy a ducharme.
Sergio salió en pelotas del cuarto de baño y fue junto a la cama, donde Gloria y Linda se estaban comiendo las bocas. Gloria se puso delante de él y Linda se puso detrás. Gloria lo besó en la boca y Linda en el cuello. Luego Linda bajó besando y lamiendo su espalda y acabó besando y lamiendo sus nalgas. Gloria, por delante, besó y lamió su pecho y acabó en cuclillas con la polla morcillona en la mano derecha. Cuando Gloria metió la polla en la boca, Linda le separó las nalgas y le lamió y folló el ojete.
Al rato, y con la polla dura, Gloria lo cogió por la bolsa de los huevos y lo acercó a la cama. Linda lo empujó y Sergio ya se puso en posición para que le hicieran lo que quisieran. Gloria dio la vuelta alrededor de la cama. Subió por el lado izquierdo, empuñó la polla y comenzó a mamárselas. Linda subió por el lado derecho y le comió la boca.
Luego fue Linda la que le mamó la polla y Gloria la que le comió la boca. Más tarde, una le mamaba la polla y la otra le mamaba los huevos.
Sergio se sentía el chico de la película cuando les preguntó:
-¿Quién quiere follarme primero?
Gloria se le adelantó a Linda.
-Yo.
Subió encima de su cuñado, frotó la polla en el coño, la puso en la entrada de la vagina y Sergio se la clavó. Gloria lo besó, y luego, besado su cuello, le susurró al oído:
-No me beses con tanta ternura que se va a dar cuenta de que estamos liados.
Linda tenía el oído fino, pero no tanto como para oír lo que le había dicho su cuñada a su marido.
Sin cuchicheos, que esto va de tres.
Gloria le dijo:
-Le decía que me gusta que me den duro y dar duro.
Comenzó a follarlo a golpe de coño. A cada golpe de coño correspondía Sergio con una fuerte clavada. Aquello no podía durar mucho porque se daban sin tregua, y ni tres minutos tardó Gloria en desplomarse sobre Sergio; se desplomó como si estuviera muerta, pero estaba muy vivo, ya que se sacudía mientras se corría.
Linda, que no había hecho más que mirar, le dijo a su marido.
-Cómo se nota que es su primera vez contigo.
-Seguro que fue por eso que se corrió tan rápido.
Sergio quitó a su cuñada de encima con delicadeza. Al tenerla a su lado, la besó con lengua y luego comenzó a comerle las tetas. Linda se metió entre sus piernas, hizo que flexionara las rodillas, le separó las piernas y comenzó a comerle el coño. Gloria cerró los ojos y dijo:
-Nunca había estado tan a gusto.
Estaba a gusto con una lengua lamiendo sus pezones y sus areolas, una boca que mamaba sus tetas, unas manos que las magreaban y con una lengua que entraba y salía de su coño, que lamía sus labios vaginales y que lamía su clítoris, pero quiso más.
-Dame la polla a mamar, Sergio.
Sin dejar de manosearle las tetas, le metió la polla en la boca. Gloria mamó su polla, al tiempo que cogía la cabeza de su cuñada con las dos manos. Apretándola contra el coño, movió la pelvis de abajo arriba con celeridad y, en poco más que nada, se corrió en la boca de su cuñada.
Linda ya estaba perra, perra, perra. Se puso a cuatro patas y le dijo a su marido:
-Dame lo mío.
Sergio se arrodilló detrás de su mujer. Le echó las manos al gordo, pero firme culo, le puso la polla en la entrada de la vagina y luego le echó las manos a la cintura para clavársela. Linda le dijo:
-Por el culo, Sergio, dame por el culo.
-¿Duro?
-No, sé delicado..¡
La polla mojada entró en su culo a cámara lenta.
-¡Me encanta!
Le cogió el cabello con una mano. Tirando de él, hizo que se incorporara y le siguió dando despacito.
Gloria se arrodilló delante de ella, le comió las tetas, la besó, le mamó las tetas y le frotó el coño con dos dedos. Linda quería más.
-Mete los dedos dentro.
Le metió los dedos dentro del coño y la masturbó mientras la polla entraba y salía de su coño.
-Esto es estar en el paraíso del placer.
Poco después, Sergio se corrió dentro de su culo y Linda, con el coño goteando, se corrió, con y en los dedos de su cuñada.
Al acabar de correrse, Gloria besó a su cuñada y le dijo:
-Me tengo que ir. Leandro ya debe llevar un buen rato en casa.
Luego de irse Gloria, le dijo Linda a su esposo:
-Te dije que haríamos un trío con ella.
-¿Cómo conseguiste liarla?
-Dejándome seducir.
Sergio metió la cabeza entre las piernas de Linda y le dijo:
-¿Cuántas veces quieres orrete, puta?
-Tú mismo, yo nunca me canso de correrme.
Quique.





