Once meses después
La voz dulce de una joven que hablaba por teléfono preguntó:
-¿Qué servicio sería?
Mario le respondió:
-Comida de tetas, comida de culo y comida de coño.
-¿Me está diciendo que me va a pagar por comerme los pechos, el pompis y el chichi?
-Sí. ¿Cuánto cobras?
-Cobro cien euros a la hora y trabajo un máximo de dos horas seguidas.
-Me parece bien.
-Perdone que le pregunte, pero, ¿luego de comérmelo todo no habrá penetración?
-No, solo te haré lo que te he dicho.
-O sea que su objetivo es mi placer, no el suyo.
-Sí, me gusta ver cómo se corren las mujeres.
-Las putas no nos corremos, ni besamos a nuestros clientes.
-Yo no voy a hacer gozar a la puta, voy a hacer gozar a la mujer.
-A mí me contratan frikis para follar con la muñeca Barbie de carne y hueso. No sé cómo calificarlo a usted... En fin. ¿Cuándo quiere que lo visite?
-¿Cuándo puedes venir?
-Ahora mismo, si le viene bien.
-Me viene de perlas.
Mario abrió la puerta de su chalet; la joven que tenía delante nada tenía que ver con aquella descripción. del periódico. Estaba mucho, pero mucho, mucho mejor. Rubia era; un metro setenta lo medía, y su rapado era creciente, pero su cuerpo, de muñeca, no era.
-Pasa.
La muchacha que llevaba un bolso de mano de color blanco a juego con su pantalón corto, con su top y sus zapatos, entró en el chalet. Mario la llevó hasta una sala y le preguntó:
-¿Quieres beber algo?
-No, gracias.
-¿Cómo quieres que te llame?
-Barbie.
La llevó a su habitación, puso algo de música y le dio doscientos euros que la joven metió en el bolso. Luego le dijo:
-Desnúdate y échate sobre la cama.
-Antes tengo que saber una cosa.
-Pregunta
-¿Me vas a grabar?
-¿A qué viene esa pregunta?
-A que vi cámaras de vigilancia en la fachada del chalé.
-Las puse porque intentaron robar una noche, pero dentro no hay cámaras.
Le había mentido, pues había cámaras espías en todas las habitaciones, en los inodoros y en los baños, pero Barbie lo creyó.
Se desnudó. Mario vio sus tetas pequeñas, con areolas color carne y pequeños pezones, su fina cintura, sus bellas caderas, su coño totalmente depilado y sus largas y delgadas piernas. Luego vio cómo se echaba sobre la cama. Mario se quitó la bata y, en calzoncillos, se echó a su lado izquierdo. Cogió las tetas con las manos y les aplicó una ligera presión, al tiempo que acariciaba sus pezones con las yemas de los dedos pulgares; luego agarró las tetas por debajo y besó, lamió y chupó los pezones, hizo círculos con la punta de su lengua en sus areolas, lamió su canalillo... Estuvo comiendo sus tetas más de quince minutos. La joven no gimió en ningún momento. La puso boca abajo. Al ver su culo pequeño, redondo y firme, le dijo:
-Vales más de lo que te he pagado.
-Se aceptan propinas.
Mario le acarició las nalgas y se las lamió; luego se las separó y lamió el ojete decenas de veces antes de que la punta de la lengua entrase y saliese de él. Le metió dos dedos dentro del coño y la masturbó. Al rato, Barbie tuvo que morder la almohada para evitar gemir, pero poco después no pudo evitar correrse, y eso no lo pudo ocultar, ya que los temblores de su cuerpo la delataron. Mario le giró la cara y le dijo:
-Cuando te corres, aún estás más guapa.
Al acabar de correrse, la puso boca arriba y vio su coño abierto y baboso. A Mario le encantaban los coños jugosos, y lo comió como lo que él pensaba que era, un manjar, un manjar que hacía dos años que no comía.
Le devoró el coño a lamida limpia y con una lujuria que la joven nunca había visto y que la obligó a gemir. Al oírla, paró de lamer y le dijo:
-Mírame a los ojos cuando te corras.
Le metió dos dedos dentro de la vagina, le estimuló el punto G, y Barbie se volvió a correr.
-¡Qué hermosa eres!
Luego de descargar, Mario volvió a lamer, pero esta vez lo que le lamió fue el clítoris; se lo lamió con la punta de la lengua, en un continuo y lento tintineo, al tiempo que ponía la mano izquierda sobre su pelvis y le metía dos dedos dentro del coño.
Barbie levantó la cabeza y le puso las manos en las mejillas. Mario la miró y vio cómo sus ojos se cerraban y cómo su cuerpo se sacudía y se arqueaba.
Al acabar de correrse la joven, a Mario le vino el bajón, y dio por terminada la sesión.
-Ya puedes vestirte.
A Barbie le gustaba ganarse lo que le pagaban.
-Aún le queda mucho tiempo. Hablemos de su problema.
-Mi problema no es cosa tuya.
-Es simple curiosidad; como estudio psicología y psiquiatría, a lo mejor puedo ayudarlo.
Las palabras de la joven lo animaron a hablar.
-¿Qué quieres saber?
-He notado que no se le empina. ¿Ha probado a tomar pastillas para la disfunción eréctil?
-Tomé viagra. ¿Y sabes lo único que sentí?
-¿Qué sintió?
-Ardor en los huevos.
-Eso también lo he oído. ¿Qué le causó la disfunción eréctil?
-El alcohol me dañó el cerebelo.
-Tuvo que beber lo que no hay. ¿Y cuál fue el motivo?
-¿Eres una estudiante de psiquiatría y de psicología o una chismosa?
-Soy una mujer que intenta ayudarlo. ¿Cuál fue el motivo?
Se lo dijo.
-Me dejó mi mujer, y encima me dejó por otra mujer.
-No es el primero al que lo deja la mujer y se mete en el alcohol.
-¿Vas a ayudarme, o no?
-¿Ha pensado en ponerse una prótesis de pene?
-No, sé lo que es y no quiero usar una bomba para levantar la polla.
-Según tengo oído, es muy frecuente que los hombres rechacen las prótesis, a pesar de ser efectivas.
-¿Y no sabes de otra cosa?
-Podría ser, pero necesito más información.
-¿Qué quieres saber?
-¿Cuándo eyaculó por última vez?
-La semana pasada.
-¿Y cómo lo consiguió?
-Mirando porno, esa es la única manera de que pueda eyacular. No se me pone dura del todo, pero eyaculo.
-¿Cuánto tiempo hace que no derrama dentro del chichi de una mujer?
-Demasiado.
-Aún le queda tiempo suficiente para hacerlo hoy.
Barbie puso un video lésbico en el PC, lo colocó encima de la cama y, sentados ella y él con la espalda apoyada a la cabecera de la cama, comenzaron a mirar la cinta. La joven le cogió la mano derecha a Mario y se la llevó a una teta, luego le agarró la polla, polla que parecía una tripa, y comenzó a masturbarlo, al tiempo que se masturbaba ella. Mario le preguntó:
-¿Te acuestas con mujeres en tu vida privada?
-En mi vida privada y en mi vida pública.
A medida que transcurría la película, la cosa se iba poniendo más caliente, entre las actrices y en la cama. La polla de Mario fue cogiendo cuerpo poco a poco, y al final, cuando se corrió la primera actriz, se le puso dura del todo. La joven lo montó y lo folló. Fue un polvo muy breve, pues Mario se corrió en cuestión de segundos.
Al quitarse de encima, le dijo Mario:
-¿Haces esto porque te gusta o por necesidad?
Barbie, vistiéndose, le respondió:
-Las mujeres que se prostituyen por vicio son contadas y yo no me cuento entre ellas.
-¿Te llegarían tres mil euros al mes para dejar de prostituirte?
-¿Quiere ser mi sugar daddy?
-Si lo quieres llamar así, sí.
-Con ese dinero podría vivir bien, pero soy una mujer independiente que hace lo que quiere, como quiere y con quien quiere.
-¿Y si doblo la oferta?
-Vendo mi cuerpo, no mi libertad, pero puede tenerme cuando quiera; eso sí, si se pone una prótesis de pene, tal y como está, da mucho trabajo.
Unas semanas más tarde
Isabel y su hermano Fernando habían acabado sus cursos de Empresariales en la universidad, tercer curso él y primero ella, y habían vuelto a casa. Estaban en el salón cuando llegó Mario del trabajo, al verlos. Le dijo:
-Siempre igual, teníais que llegar sin avisar.
Isabel, que no se llevaba bien con su padre por motivos obvios, le dijo:
-¿Nos ibas a recibir con gaiteros si hubiésemos avisado?
-No me vaciles que te mando de vuelta al piso.
-¿Tengo que recordarte que todas las empresas que tienes y este chalé eran del abuelo y que yo tengo una parte en todo?
-Ya me lo has recordado.
Fernando no dejó que se calentara la cosa.
-Siempre estáis a la greña. Haya paz por un día.
Mario se fue a duchar y ese día ya no discutieron más.
Por la noche, Mario vio en su ordenador cómo se desnudaba Isabel y cómo se cambiaba de bragas. Luego vio a su hijo en calzoncillos entrar en la habitación y meterse en la cama con Isabel. Después oyó cómo ella le decía:
-Si se entera el viejo de que estamos liados, se arma la mundial.
-No tiene por qué enterarse.
Fernando, echado en la cama al lado derecho de Isabel, que estaba en bragas. Le manoseó las tetas y se besaron. Sus besos eran dulces y sus lenguas solo se rozaban. Luego de magrearlas bien magreadas, las lamió y las chupó. Isabel comenzó a gemir. Su cara de placer era evidente. Tiempo después le sacó las bragas blancas, se metió entre sus piernas y le lamió el coño, un coño pequeño y pelado. Ahora la cara de Isabel era un poema. Al rato le decía:
-¡Qué pedazo de corridaaaaa!
Corriéndose, su coño empezó a soltar jugos cremosos que fueron cayendo en la boca de Fernando, que guardó en la boca y que luego fueron a parar en la boca de su hermana al besarla con lengua. Luego de besarse, le dijo:
-Sabes lo que me gusta, cabronazo.
-Y tú sabes lo que me gusta a mí.
-Claro que lo sé. Ponte a cuatro patas.
Se quitó los calzoncillos y se colocó a cuatro patas. Isabel se puso detrás de él y le lamió la raja del culo como se lo lamería una perra; luego le cogió los huevos y se los lamió y se los chupó. Acto seguido agarró la polla, tiró hacia atrás y le lamió la cabeza, luego se la chupó metiéndola toda en la boca, ya que era gruesa, pero pequeña. Fernando le dijo:
-Si sigues, me corro.
Siguió mamando y Fernando le llenó la boca de leche. Al acabar de ordeñarlo, Fernando le dijo:
-Eres la mejor.
La mejor se había tragado su leche y seguía manando para que a la polla no le entrara la flojera, y no le entró. Seguía dura cuando Isabel se echó sobre la cama, flexionó las rodillas y le ofreció el coño para que la penetrara.
-Ya sabes lo que quiero.
Se arrodilló delante de ella. Le frotó la polla en la entrada de la vagina y luego se la clavó hasta el fondo del coño de un viaje y, besándola, comenzó a follarla. Ahora Isabel le metía toda la lengua en la boca para que su hermano se la chupara y se la lamiera, cosa que hizo mientras le daba caña. Isabel le dijo:
-Levántame.
Fernando la levantó; ella le rodeó el cuello con los brazos y le dijo:
-Déjame a mí.
Comiéndole la boca, subió y bajó el culo, lo que hizo que la pequeña polla chapoteara dentro de su coño. Como su hermano no se corría, lo echó hacia atrás y lo cabalgó. Pasado un tiempo, se giró y lo folló dándole la espalda. Su culo rebotó encima de su hermano, y al fin Fernando le llenó el coño de leche.
-Ya era hora.
Sacó la polla del coño y se la puso en la boca. Fernando, con la leche cayendo en su boca, le enterró la lengua en la vagina. Isabel se encargó de sacar la corrida, frotando el clítoris contra la lengua, metiendo y sacando la lengua en el coño... Frotando el coño a su manera hasta que le dio en la boca una corrida espectacular.
Luego bajó el culo, le agarró la polla y frotó la cabeza en el ojete y, la polla, que estaba morcillona, se puso dura al momento; era como si tuviera olfato y le gustara lo que acababa de oler.
Isabel le dio las tetas a mamar mientras iba metiendo la polla en el culo.
-Si el viejo viese esto, le daría un infarto.
-Un infarto me daría a mí si entrase por la puerta.
La polla había entrado en su totalidad.
-¿Preparado para la acción?
-Para esta acción siempre estoy preparado.
Isabel, besando a su hermano, subía el culo lentamente, y cuando la polla estaba a punto de salir, lo bajó de golpe, pero con fuerza, con tanta fuerza que cada vez que lo bajaba, a Fernando le temblaban los huevos. Así se dio hasta que Fernando, a punto de correrse, le dio desde abajo como si le diera un conejo para correrse y se corrió dentro de su culo. Isabel también se corrió y, al correrse, le dejó los huevos cubiertos de jugos cremosos.
Mario en su habitación se corrió mientras Isabel le lamía los jugos cremosos de los huevos de Fernando.
-Joder, qué guarra se ha vuelto Isabel. Mañana a ver si puedo volver a follarla.
Si te ha gustado, mañana puedes leer la tercera parte.
Quique.





