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Me ofrecieron un nuevo papel, el de un chico gay. Soy actor. Nunca había tenido un personaje homosexual. De hecho yo siempre me había considerado completamente heterosexual.
Pero no iba a echarme atrás por tan poca cosa. Soy un profesional y me apasiona mi trabajo. En este caso se trataba de una comedia romántica, de enredos, con algunas escenas subiditas de tono.
Aún no sabía cómo interpretarlo. Pero me las apañaría. Tuve que investigar un poco, ver otras películas sobre el tema. Incluso algo de porno gay. Aunque en ellas todo parecía un poco falso, forzado.
Yo quería bordarlo, así que seguí profundizando. Visité bares y sitos de ambiente. Me fijé en como se trataban las personas del mismo sexo cuando se cortejaban. A punto estuve de llevarme alguna paliza por mirón. Hasta que me reconocían.
Y más de una proposición completamente indecente sí que me hicieron. Aunque no me atreví a aceptar ninguna de ellas en aquel momento. Solo se trataba de investigación. O eso pensaba yo.
Pero me fui haciendo una idea. Es cierto que aunque también tuve unas cuantas proposiciones no me atreví a probar yo mismo. Y eso que en algún caso estuve tentado.
Personas con una especial belleza, personalidad o sensibilidad que me ofrecían algo más que un rato de charla y una copa compartida. No he dicho chicos, ni hombres, alguna vez fueron transexuales y personas qeer o no binarias. La muestra tenía que ser lo más amplia posible para decidir cómo interpretar el papel.
Pero volvamos al rodaje. Empezamos con escenas poco comprometidas en las que me liaba con una persona de otro sexo para confundir. Se trataba en un principio de despistar sobre los verdaderos sentimientos del personaje.
Así que el nivel de tensión sexual se mantuvo bajo en los primeros días. Estaba bastante relajado aunque con el guión en la mano sabia lo que me esperaba.
Podía contar con el co-protagonista. Aunque no lo conocía muy bien habíamos coincidido en sociedad varias veces. Desde que había empezado a apreciar la belleza masculina tenía que admitir que él estaba en un puesto muy alto. Y estaban de acuerdo conmigo la mayoría de las jovencitas que son sus fans incondicionales.
Admito que yo también tengo unas cuantas de esas. Y era una de las cosas que me preocupaban. Como se lo tomarían al vernos a los dos en esos papeles. Y más con las escenas calientes que nos esperaban. Pero creo que la mentalidad ha avanzado lo suficiente como para que todo esto no importe. Puede que incluso les dé morbo.
La primera vez que tuvimos algo de trabajo más complicado solo era un beso. Uno suave y romántico que tenía que hacerse más lascivo poco a poco según el guión.
La escena se rodaba de noche, en una azotea con las luces de la ciudad al fondo. Menos mal que hacía calor por que yo tenía los pelos de punta por los nervios. No habíamos ensayado nada de eso. Solo habíamos tenido una lectura conjunta del libreto.
Cuando alguien dijo acción y activaron la claqueta delante de la cámara se me ocurrió coger su mano en gesto tierno. Él correspondió sujetando la mía y acariciando mis dedos. Mientras, nuestros rostros se iban aproximando despacio hasta que los labios hicieron contacto.
Todo fue tan natural que me quedé sorprendido y tuvo que ser él el que sacó la lengua para buscar la mía. Mientras la cámara se acercaba para un primerísimo primer plano de nuestras bocas pegadas intercambiando saliva.
La cosa se ponía muy interesante y lo que era aún mejor, mi polla estaba muy dura. No sé si alguien llegó a notarlo pero me importaba una mierda. Me estaba poniendo muy cachondo.
Para alguna de las escenas más comprometidas me habían ofrecido un doble de cuerpo. Él enseñaría su culo en vez del mío. En ese momento, con una buena parte de su saliva pasando a mi boca, decidí rechazar el doble y rodar yo mismo todo. Y empezar a disfrutar de ello.
Parecía que él estaba de acuerdo conmigo en eso. Pues se estaba entregando del todo en ese beso. A los pocos segundos ya notaba su lengua buscando la mía.
La escena quedó genial y ese beso se ha convertido en un referente para otros en la pantalla. Fue algo completamente natural. No habría quedado mejor si lo hubiéramos ensayado.
Cuando separamos las bocas tuve que respirar profundo para calmar los nervios. Hasta eso pareció quedar bien pues nadie pidió repetir la escena. Incluso hubo algunos tímidos aplausos. Yo me quedé con las ganas de volver a hacerlo. Y creo que él también.
Pero el director nos mandó a descansar mientras preparaban la siguiente escena. Teníamos reservadas unas habitaciones en el mismo edificio a esos efectos. Separadas.
No me di cuenta, pero él me estaba siguiendo. En vez de entrar en su camerino lo hizo en el mío detrás de mí. Me dejé acorralar contra la puerta. Nos miramos unos segundos a los ojos. Sin decir nada. Pero no nos apartábamos. Ninguno se separó ni un centímetro.
Repetir el beso fue algo lógico en ese momento. Y desde luego no me arrepiento. Las lenguas entraron en acción momentos más tarde. Los dos sentíamos el deseo. Su saliva entraba en mi boca y la mía en la suya.
- Buen ensayo.
- Parece que has investigado mucho.
Y los dos nos echamos a reír. Pero queríamos seguir. Ya tenía sus manos en mi cintura. Yo me decidí y puse las mías en su culo. Como no protestó, más bien se le escapó un gemido, empecé a amasarlo. A acercarlo a mi cuerpo, Torso con torso, paquete con paquete.
- Podemos seguir ensayando las escenas más comprometidas.
- ¿Quieres verme el culo, ya?.
- Quiero verte entero. Ya podemos empezar con las prácticas.
- ¿En tu casa o en la mía?. ¿Has practicado por tu cuenta?
- Podemos empezar aquí.
- Solo si no hacemos mucho ruido. Hay mucho cotilla en el plató.
Le saqué la camiseta mientras él subía la mía para quitármela. Recorría mi cuello con su lengua. Continuó por el hombro y siguió con mi pecho hasta empezar a besar y lamer mis pezones. Me estaba encantando eso. Me costaba trabajo mantener bajo el volumen de mis jadeos. Además el cabrón no dejaba quietas las manos. No hacía más que acariciarme.
- Creo que has investigado por tu cuenta y practicado.
- Solo una investigación. La práctica hace al maestro pero esperaba a tenerla contigo.
- Pues sí. Esta claro que tenemos que ensayar juntos.
Yo también tiré de su camiseta. Quería ver ese torso perfecto. Y mucho más que ver. Así que empecé a pasar la lengua por la suave piel. Probando el leve olor a sudor en sus axilas. Lamía sus hombros o llegaba a chupar sus pezones duros como guijarros.
- Parece que sabes por dónde empezar.
- Lo estás poniendo fácil.
Terminamos de sacarnos la ropa el uno al otro. Su polla perfectamente depilada apuntaba hacía mi vientre. En ese momento la mía estaba muy cerca. Tanto que los glandes empezaron a rozarse. Nos acercamos un poco más. Fue él quien extendió la mano y agarró las dos juntas. Frotaba una contra otra mientras nos movíamos despacio.
Nos mirábamos a los ojos. En ese momento nos entendíamos sin palabras. Volvimos a besarnos en casa vez con más lengua y más saliva. Conseguí agarrar sus nalgas para pegarlo a mi cuerpo. Muy, muy pegados. El también me acariciaba mi suave y sensual todo el cuerpo. Quería poner un poco de cordura en todo aquello.
- ¿Hasta dónde podemos llegar?.
- He comprado lubricante, comestible. Así que hasta dónde quieras.
- Parece que tenías muy claro que esto iba a pasar. Y por cierto yo yo también tengo.
Nos reímos. Á la mierda la cordura entonces.
- Pero soy virgen.
- Yo también. Tendremos que estrenarnos juntos.
Como en ese momento nos estábamos agarrando las nalgas el uno al otro parecía claro por dónde íbamos a seguir.
- Me han dicho que el beso negro es una buena forma de relajarnos.
- Pues sí que has investigado. ¿Quieres empezar tú?.
Se soltó de mis brazos y me costó dejarle ir. Con una bella y pícara sonrisa se giró enseñándome sus duras nalgas. El mismo se subió al sofá a cuatro patas. Puso la grupa a mi disposición. Me fui acercando y me pegué de nuevo a él. Mi polla se deslizaba por el canal entre sus nalgas mientras besaba y lamía su cuello y nuca. Empecé a bajar besando esa torneada espalda. Hasta llegar a su duro culo. Dejé un mordisquito suave en la nalga.
- Cómo no empieces ya te pongo aquí y te lo como yo.
- ¿Tanta prisa tienes?. ¿No te gusta lo que te hago?.
- Me encanta por eso quiero más.
Cuando por fin pasé la lengua por el ano soltó un gemido.
- ¡Calla! qué nos van a oír.
Si no oyeron el jadeo seguro que oyeron las risitas. Pero seguí con la faena. Olía y sabía cómo si se acabara de duchar y se lo hubiera lavado a conciencia. Así que fui dilatando el ano con lengua y dedos. No es que fuera un experto pero algo había aprendido en el porno. Durante un buen rato estuve degustando ese manjar.
- ¡Ya está! Ponle lubricante y fóllame.
- A tus órdenes.
Tenía la polla como una barra de acero. Pero primero me dediqué a su culito. Le fui poniendo el gel con dos dedos. Se iba abriendo. Pensé que no le haría mucho daño. Me puse una buena cantidad en el glande y la extendí por el tronco. Era la hora de quitar una virginidad. Acerque el glande y empujé.
- Hazlo ya.
- Relájate y disfruta, nene.
- ¡Uf! Empuja, que ya entra.
A pesar de lo apretado del agujero mi verga iba entrando. Desde luego fui despacio pero firme. No podía tenerla más dura. Y ya no paré hasta que mi cadera llegó a sus nalgas.
- La tienes dentro hasta la empuñadura.
- Para un momento.
-¿Te he hecho daño?.
- No, pero estoy lleno. De ti.
Empecé a moverme. Despacio, acostumbrándonos a esas nuevas sensaciones. Pero, joder, nunca había sentido tanto placer. Si culo me apretaba la polla como una prensa hidráulica. Cuando la sacaba le ponía un poco más de lubricante. Y empezamos a cogerle el ritmo. Seguí follándole todo el tiempo que aguanté.
- ¡Me corro!.
- ¿Y a qué esperas?. Dame tu leche.
Fue él mejor orgasmo de mi vida, hasta ese momento. Eché tanta lefa que rebosaba de su pandero hacía los muslos. Dejé que mi rabo se relajara dentro de él. Me sujetó y caímos juntos en el sofá. Nuestras sonrisas lo decían todo.
- ¡Joder! Ha sido genial.
- ¿Te ha gustado?.
- Tienes que probarlo. Mira, me he corrido en el sofá. Ni siquiera me estaba tocando la polla.
- No podía imaginar esto. Ni siquiera después de todo lo que he visto.
- Necesitamos un sitio más tranquilo. Quiero follarte.
- Y yo quiero sentir tu rabo en mi interior.
- ¿Crees que eso es un buen ensayo para la peli?.
- Creo que vamos para un Goya. Si no bordamos los papeles es para no hacer más pelis.
Abrazados y desnudos nos echamos unas risas. Pero aquello no había hecho más que empezar.
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Larga y próspera vida





