UNa nueva cuidad, p...
 
Notificaciones
Vaciar todo

UNa nueva cuidad, precuela

2 Respuestas
2 Usuarios/as
0 Reacciones
135 Visitas
pern
 pern
(@pern)
Miembro enrollado Autor
Registrado: hace 6 años
Respuestas: 240
Topic starter   [#1979]

... 

                                    La gente en el metro nos apretaba uno contra otro. Su vaquero ajustado marcaba su culo duro como si la tela vaquera le hubiera crecido encima. Pero eso no podía verlo, todavia. Si miraba hacia abajo solo podría ver su espalda y eso si apartaba la melena negra sobre el otro hombro. Aún así sabía que se trataba de un chico. 

                                 Mira que había hecho veces ese trayecto. Habitualmente encajonado como en una lata de sardinas pero nunca me habían metido mano ni yo había podido acariciar algún culo interesante. 

                                  Sí, está vez, podía notar en la polla esa carne dura, porque con el movimiento del vagón el roce de nuestros cuerpos se acentuaba. Ese culo perfecto en mi polla estaba frotándose con cada bache. Y poniéndola dura. 

- Disculpa, pero me están empujando. 

                                    Intenté pedirle perdón. Mi boca quedaba muy cerca de su oreja y me dio la tentación, que apenas pude resistir en ese momento, de pasar la lengua por allí. Aún no sé como pudo girar la cabeza y dirigirme una radiante sonrisa. Me parecía una completa locura lo que estaba pasando. 

- Perdona, me han dado otro empujón. 

                                     Repetí. 

- No pasa nada. Es normal con tanta gente. Vamos muy pegados. 

                                    Me sonó que lo decía con cierto retintín sobre todo por que en ese momento movió la cadera como para acomodar su pétreo culo rozando mi polla. 

- Pues gracias que me ha tocado contigo. 

- Yo también puedo agradecer eso. 

                                   Todavía no sé como consiguió darse la vuelta en aquella lata de sardinas. Pero quedamos de frente y aún más pegados. Viendo su actitud, un coqueteo descarado, estaba claro que el chico entendía. Así que me limité a entrar al trapo. 

                                     Es guapo, muy guapo, buenos hombros, vientre plano. Me dijo que se llama Mario y que estaba de visita en la ciudad. Pero yo lo miraba extasiado disfrutando de sus perfectas formas. 

- Soy Mario, paso unos días por aquí. 

- ¿Estás de visita?.

- Sí, cuestiones de trabajo. 

- Pues me alegro de haberte conocido. 

- Empiezo a notar que sí estás muy contento. 

- Espero que no te moleste, estamos muy juntos. Y uno no es de piedra. 

- ¿Estás seguro?. Yo lo noto muy duro. ¿Mármol o granito?.

                    Sonreíamos. El primer beso fue algo natural, nuestras cabezas se juntaron en un momento de intimidad, cuando pensábamos que no nos miraba nadie. Todo el mundo distraído con una nueva estación. Solo lo pensabamos, claro, entre tanta gente alguien nos vio. Pero no importaba. Y nuestros labios ya no pudieron separarse. Tras los labios vinieron las lenguas, salvajes, mezclado salivas, preludio de lo que esperaba en mi interior mas adelante. 

- Besas bien.

- No pensaba que me lo ibas a devolver así. 

                     Callaba sus explicaciones confusas con mis besos. Recorría su boca con mi lengua como si buscase una joya que se me hubiera perdido. Sin dejar rincón alguno por explorar. Y aún estábamos en el bus arrullados por cada frenazo y acelerón.

                     El culo es perfecto. Enseguida había conseguido agarrarlo. Las dos manos amasando sus duras nalgas. Me estaba poniendo muy cachondo, no solo en público, sino además rodeado muy de cerca por un montón de gente. 

- ¿Te gusta el riesgo?.

                    Fue casi una afirmación más que una pregunta. 

- Como a tí parece. 

                   Pronto empecé a notar su erección contra la mía. Y eso hacía que nos pegáramos más. Ni en mis mejores sueños habría pensado que me pudiera pasar algo así, y menos con un chico tan guapo. Acerqué la mano a su paquete. Lo estuve acariciando todo lo que pude. Aunque intentaba disimular puede que alguien se diera cuenta. Desde luego a él lo tenía muy cachondo y gemía, intentaba hacerlo bajito, junto a mí oído. 

                    Ambos teníamos un problema, íbamos camino al trabajo y no podíamos seguir mucho más tiempo. Al llegar a mí parada tuve que dejarlo. Se bajó conmigo sin yo saber si él también tenía el curro cerca de allí. 

- Unos segundos más y me habría corrido. 

- ¿Quieres terminar la faena en los baños?.

- ¿Del metro?. No. Eso es muy cutre. Ahora que te puedo ver entero quiero buscar un sitio más cómodo. Conocerte mejor. 

                       Yo también tenía ganas de mucho más con él. Además de estar bueno me pareció que tenía la cabeza bien amueblada. No podíamos montar mucho más espectáculo en una estación de metro. Aún así después de cambiar los teléfonos nos despedimos con un nuevo morreo que me dejó con las piernas temblado. 

                      Esa misma tarde ya quedamos en una oscura cafetería. Desde luego volvimos a besarnos jugando con las lenguas y la saliva. Nos acariciábamos y metíamos mano en ese rincón discreto. Y esta vez fue él quién se dedicó a sobar mi paquete hasta tenerme casi a punto de caramelo. 

- En algún momento tendremos que rematar la faena. 

                       Pero admito que me gustaba ese juego de provocación y excitación que nos traíamos. De hecho nos excitaba tanto que ninguno de los dos hizo intención de llevar al otro a su casa o a un hotel. Parecía que a él también. Desde luego aprovechamos también para conocernos mejor y ponernos al tanto de nuestras vidas. Por suerte en ese momento ninguno de los dos tenía pareja. 

                     No llevabamos saliendo mucho tiempo, pero solo salir, aunque íbamos mucho más allá de besos y caricias. En cualquier rincón oscuro y algunos no tan oscuros nos metíamos mano como sino hubiera un mañana. Cada vez más salvajes con más deseo. Él con su larga melena negra y sus ojos azules me gustaba mucho.

                     Le deseaba, pero ese juego de exhibicionismo también nos ponía mucho. Más de una mala mirada o reprimenda nos llevamos esos días lo que nos ponía todavía más cachondos. Cada vez que salíamos a bailar a uno de nuestros pubs favoritos parecía que follábamos en medio de la pista. Sería consecuencia de la forma en que nos conocimos. 

                    De una forma u otra teníamos que pasar de ahí. Así que una noche especialmente cachondos en la que habíamos estado a punto de meternos el baño de un local a comernos los rabos lo llevé a mí casa. El tenía razón el primer día, eso era cutre, nos merecíamos una cama. 

                     Mi piso no es que sea el colmo del lujo, pero mi lecho es grande. Y mis vecinos ya saben de mis gustos. En el ascensor subíamos acompañados y aún así él tenía una mano en mi culo amasando mis nalgas. Lo llevé de inmediato al dormitorio. No le importaba que las cortinas estuvieran abiertas del todo. Dejamos las luces encendidas. Y yo se que alguien me espiaba desde el edificio de enfrente. Aunque no se lo comenté esa noche. 

                   Con prisa nos arrancamos la ropa el uno al otro. Y como era una noche calurosa no llevábamos mucha. Es más ninguno de los dos llevaba gayumbos. Bajo los vaqueros solo las pollas bien depiladas y duras. 

- Quiero que me folles.

- ¿Estás seguro?. Eres virgen. 

- Mucho, te deseo dentro. 

- ¿Tienes lubricante?.

- Toda una colección. Toma este, es comestible. 

                    Mario quiso ir a lo clásico y me puso a gatas para penetrarme y que yo aprendiera pues nunca me había dejado follar. Siempre había sido activo. Claro que con él me apetecía probarlo todo. Durante un rato estuvo pasando la lengua por el ano. Besaba y lamía las nalgas y chupaba mis huevos. Y deslizaba un par de dedos dentro de mi cuerpo para dilatarme.

                   Por fin se decidió a pasar a mayores. Agarrándome de la cintura tiró de mí hacia atrás hasta que el agujero de mi ano lubricado hizo contacto con la punta de su verga. Escogió ese último momento para regarlo todo con el abundante aceite de masaje comestible que habiamos estado usando como lubricante. 

                     Engrasar bien su polla y mi culo así que casi de un golpe pudo entrar en mi virginal culo su bello aparato. Él me hablaba de amor mientras movía su polla en mi trasero.

                      Sus manos acariciaban mi espalda alargandose hasta mis hombros o sujetando mi cadera para que me moviera a su ritmo. A veces me decía que permaneciese quieto dejando que él me follara. Pasó una mano bajo mi cadera para agarrarme la polla y masturbarme al mismo ritmo. 

                    Nuestros orgasmos casi simultáneos hicieron que rodaramos por la cama entre nuestro semen esparcido por las sábanas revueltas. Quedé medio encima de él mi brazo cruzado por el medio de su pecho. Uno de mis muslos entre los suyos y mi polla humeda tocando su cadera y la suya el flanco de mi muslo.

                     Doblando el brazo que tenía sobre él volví a coger entre mis dedos su pezón y retorcerlo con suavidad como le gustaba. Besé su hombro que tenía debajo y girando la cabeza hacia su cara lamía la sombra de barba. Volvió la cabeza, buscó con sus labios los míos que volvieron a juntarse en prolongados besos.

                    Volvimos a rodar por la cama tocándonos como posesos hasta que volvió a quedar encima de mí otra vez excitado. Comenzó a brincar sobre mi cuerpo golpeando con su pecho el mío, y yo se lo acariciaba con las manos. 

                    Mis muslos apretados mantenían entre ellos la polla dura y la mia era aplastada a cada segundo entre nuestros cuerpos. Mis manos se desplazaron sobre su piel a su espalda, a su culo desado. Apretándolo y arañándolo, tirando de él. 

- Ahora te toca a tí. 

- Lo estoy deseando, cariño. 

                      Tras un rato le puse con mis propias manos en posición. Solo tuvo que levantar la cadera para que mi polla quedara en posición. Mi dura virilidad apuntaba a su agujero que ya no debía ser muy estrecho pues dos de mis dedos con el aceite de masaje le entraron con cierta facilidad. 

                       Inclinándose sobre mí fue clavando la polla, apoyando las manos en mi pecho y hombros. Al sentir todo ese contacto, comencé a moverme levantando la cadera. Correspondía a mí ritmo levantando el culo y dejándose caer sobre mi pubis. Él a veces apretaba el esfinter expriendome la polla.

                      Agarraba sus pezones con mis manos estrujandolos. Ambos nos enderezamos un poco para seguir moviendonos. Podía lamer su pecho y chupar sus pezones. 

                        Su cabello largo y lacio que le tapaba la mitad de la cara y los hombros caía entre ambos dando más excitación si cabe a la situación. Le daba a su bello rostro una expresión salvaje. 

                       Él se masturbaba entre tanto. Acariciaba su otra vez muy dura polla apretada entre nuestros vientres. Ambos jadeábamos y gemíamos al ritmo del movimiento de nuestras caderas. Volvió a llegar el incontenible orgasmo aflojando nuestras piernas en medio de la pasión y el placer. Se derrumbó sobre mi cuerpo apretado entre mis brazos hasta recuperar el aliento. 

- Te he pringado entero.

                        Tenía su semen en mi vientre, incluso en el ombligo. Cuando se separó hacía un lado lo recogí con dos dedos y me lo llevé a la boca saboreándolo.

- Pues está riquísimo. La próxima vez te la voy a comer hasta que te corras en mi lengua. 

- Eso también lo quiero yo. 

                         Estábamos relajados y sin la urgencia del orgasmo nos quedamos dormidos un rato. 

                         Pasamos la noche juntos en mi lecho. Da vez en cuando despertábamos y respetuosos las caricias y los besos. Nos comimos las pollas una y otra vez hasta el amanecer. Puede que siguiéramos toda la mañana. 

                        Ha pedido el traslado a la delegación de su empresa en mi ciudad. Así que podemos seguir compartiendo mi cama. Bueno y todas las situaciones chuscas que nos pasen fuera de ella. 

                        Nos queda una habitación libre. Hemos pensado en alquilarla para darle espectáculo a alguien más sin tener que salir de casa. No por cuestiones de dinero que no nos hace mucha falta. 

 

  ... ... 


Larga y próspera vida


   
Citar
(@armansor)
Miembro Activo Autor
Registrado: hace 3 años
Respuestas: 52
 

ufff  excelente  

se podria alquilar la otra habitacion !!!!!!!!!



   
ResponderCitar
Compartir:
Criptomonedas

El valor de invertir en Criptomonedas

Guía 2026: Ventajas de Invertir en Criptomonedas y Activos Líderes Invertir…

Bonos de casino: qué saber antes de elegir

Elige inteligentemente: comparativa de bonos con depósito y…