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Asuka piloto del EVA-02
Vale, soy un friki, pero que muy friki y eso me encanta. No me pierdo ni una convención, paso días enteros encerrado en mi habitación, viendo manga, jugando videojuegos y leyendo ciencia ficción. Cuando no tengo cose en la uni. Y por supuesto haciéndome pajas.
El único ejercicio que hago es la bici estática y las pesas pero eso me funciona bastante bien. Y hacerme pajas, claro, ¿Lo he repetido? Es que eran muchas pajas. Lo suficiente como para tener una forma física decente y un cuerpo bonito. Sobre todo en el brazo derecho. Además mientras lo hago puedo ver en la pantalla del ordenador lo que me gusta.
Y cuando descubrí una web de venta por correo, ya sabéis cual, no hace falta la publicidad, en la que tenían todo cuanto pudiera desear, juguetes, cómics, muñecos, empecé a hacer muchos pedidos. La releche fue cuando descubrí que también tenían cosplays, me pasé horas viendo los disfraces de chica. Modelos con preciosos cuerpos embutidos en esos reducidos disfraces. Eso me ponía muy cachondo.
Me planteé acudir a una convención. Soy, bueno era, fui, muy tímido como para pensar en ir yo mismo disfrazado. Pero también tenía curiosidad por ver que podría ponerme yo. Pasé buenos ratos curioseando, viendo fotos de disfraces de pilotos espaciales, alienígenas, monstruos, elfos.
Por fin elegí un disfraz de Guerrero bárbaro, de Conan o algo así. Si había que hacerlo, lo haría bien. Tenía muy poca tela pero también era muy barato. Venía hasta con una enorme espada de plástico. Para esa Convención en pleno verano sería de ayuda con el terrible calor. Era pasar de cero a cien en un solo segundo, pero alguna vez tenía que atreverme.
Al menos lo pedí, siempre podría echarme atrás y decidir taparlo con unos vaqueros y una camiseta, no ponérmelo, ni ir siquiera. Al final me armé de valor y me decidí. Y la ropa que había llevado por la calle para ir más discreto terminó en la mochila cuando me la quité en los baños.
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Ella llevaba el disfraz de la piloto del EVA en rojo y naranja y completamente pegado a su piel. Lo único que se veía desnudo era su cabecita y manos pero el resto se adivinaba perfectamente, y es muy, pero que muy bonito. Parecía aplicado con un spray, al principio pensé que era pintura corporal.
No todo era lo que se veía, claro, su polla estaba escondida entre los muslos. Debía ser algo incómodo, pero daba muy pocas pistas de ese tesoro escondido. Así que en un primer momento yo estaba muy despistado con ella.
Aún a día de hoy no se como había conseguido esconder un aparato que no es precisamente pequeño en esa cosa tan ajustada. Y mira que desde entonces la he visto muchas veces realizar esa maniobra. Debo ser muy torpe. Yo nunca me he atrevido a hacerlo con el mío.
Lógicamente siendo aficionado al hentai sabía muy bien lo que es una transexual. Pero nunca me había cruzado con ninguna en vivo. Al menos que yo supiera.
La vi a los pocos minutos de estar curioseando entre los puestos. Me costó trabajo por qué es muy bajita. Pero está tan bien hecha que llamó mi atención. Su larga melena estaba teñida de un rojo llameante para coincidir con el personaje. Por supuesto yo sabía la mala baba que Asuka se gastaba. Había visto la serie por supuesto. Pero esperaba que ese magnífico ejemplar no tuviera tanto carácter.
Aunque mi timidez solo me permitía admirarla desde lejos. Al final se dio cuenta de cómo la miraba y de que me estaba gustando. Tuvo que ser ella la que me entrara. Yo me limitaría a balbucear si lo hubiera intentado.
A la tercera vez que nos cruzamos en un puesto de disfraces. Ella se quedó mirando mi torso descubierto, depilado y mis tattos tribales hechos con unos rotuladores. Y creo que entonces vi su bonita sonrisa por primera vez.
- ¡Hola!. Bonito disfraz.
- ¡Eh! ¡Eh!. Gracias. El de Asuka está muy bien. Te queda perfecto.
- En cambio a tí tengo que mirarte dos veces para encontrarlo. Es muy pequeño y tú muy grande. Soy Azucena.
Vale, además me acerco a los dos metros de altura, así que ese comentario era acertado. Su preciosa sonrisa no sé si era de burla o si es que de verdad le gustaba lo que estaba viendo. Pero al final supe como responder.
- Bueno aquí venimos a exhibirnos. No solo a comprar. Así que él disfraz tenía que ser pequeño. ¿Participarás en el espectáculo?. Tienes muy buenas cualidades.
- No podría. Se descubriría mi secreto. ¿Por qué no sales tú?.
Por entonces atontado por su belleza todavía no había descubierto ni ese secreto ni el resto de sus cualidades. Que más en privado descubrí que eran muchas.
- No me atrevería. Bastante me ha costado venir. Soy bastante tímido.
- Nadie lo diría viendo lo que llevas puesto. Pues invítame a algo y lo vemos juntos. Si quieres.
Blanco y en botella. Era ella la que me estaba entrando a mí. Y ni aún así me daba cuenta de ello. Torpe que era uno.
- Por supuesto. Me encantaría.
Pedimos dos refrescos en el puesto más cercano. No quería que nos alejáramos mucho, el uno del otro. Después nos acercamos al escenario. Era ella la que llevaba la voz cantante. Cogió mi brazo y lo puso por encima de sus hombros. No me costaba mucho, su dulce carita apenas me llegaba a los pezones. Se pegó a mí costado. Su brazo rodeó mi cintura. Noté un escalofrío con esa caricia en mi piel.
He de admitir que con esa maravilla tan cerca me costaba mantener la objetividad dentro del tanga de falso cuero.
- ¿Te alegras de verme?.
Dijo con una sonrisa pícara en sus preciosos labios. Me incliné para hablarle al oído y poder rozar su orejita con mis labios.
- Me alegro, mucho, de que estés conmigo. Parece que tampoco eres indiferente. ¿Nos ponemos de pie?.
Se la notaba algo incómoda en la silla de plástico del puesto de refrescos. Pero parece que todavía aguantaba con la polla entre los muslos.
- ¿Sabes que me he fijado mucho en tu culito?. Con ese tanga de bárbaro está como para darle un muerdo.
- Pues el tuyo es perfecto.
- ¿Tú crees?.
- Con esa lycra, desde que lo vi que llevo pensando en acariciarlo.
- Se te está pasando la timidez. ¿Porqué no lo has hecho todavía?.
- ¿En serio me dejas?.
- Si no lo deseara no estaría aquí contigo. ¿No crees?.
Admito que en esa época era un pardillo. Hasta que ella no me lo dejó tan claro no me atreví a ponerle una mano encima... de esas preciosas nalgas. Pero visto que ella lo quería deslicé una mano por ese pétreo culo. Disimulando un poco pues estábamos en público, al lado de la barra de uno de los bares de la feria.
Aquello podía estar esculpido en mármol. Tiré de ella y la pegue a mi cuerpo mientras ella levantaba la cabeza y buscaba mis labios. No se conformó con jugar con ellos, la sin hueso entró en acción un momento más tarde. Cruzamos las lenguas durante un rato. Sin importarnos quién estuviera mirando.
Pasamos una tarde estupenda. Vimos las actuaciones y las exposiciones. Nos dejamos una pasta en los puestos. Tomamos algunas bebidas más. Sentados en las mesas de las terrazas ella se sentaba en mis muslos como si no quisiera dejarme escapar. Alguna de esas sillas hizo amago de rendirse y mandarnos a los dos al suelo. Ya he dicho que soy un tío grande. Todo ello sin dejar de besarnos y acariciarnos en cada rincón que nos pareciera discreto.
A mí me tenía como el horno de una fundición. Sé que en algunos momentos mi glande asomaba por encima de la cinturilla del tanga porque notaba el roce de sus dedos juguetones en él. Además de que no se cortaba en absoluto en agarrarme el culo desnudo y amasar mis nalgas. O también acariciar y chupar mis pezones cuando pensaba que nadie la veía.
Yo intentaba ser algo más discreto. Pero desde luego que mis manos se iban solas al culo delineado por la lycra. Incluso sus bonitos y duros pechos se llevaron más de un magreo. Además de sujetar su cinturita para no perderla entre el gentío.
En cierto momento ella hizo un intento de explicarme su situación.
- Tengo algo que contarte. No sé si querrás seguir conmigo después de eso.
- ¿Piensas que además de tímido soy ciego?. Sé lo que estás escondiendo y por cierto me parce que estás bastante incómoda tal y como lo llevas.
- Y no has dicho nada. ¿Te da morbo?.
- Es cosa tuya y pensé que ya hablaríamos de ello cuando sea el momento. Que parece que ha llegado ahora.
- No me has contestado.
- Seré sincero. ¡Pues claro!. Pero no es lo único que me atrae de ti. Eres preciosa al completo y estas buenísima. Eres simpática, dulce, por lo que he podido comprobar hasta ahora muy cariñosa. Y también decidida, recuerda que me entraste tú. Y casi tan friki como yo.
Si preciosa sonrisa salió a relucir cuando me respondió.
- Disculpa, ¡pero soy mucho más friki que tú!. Me voy a sonrojar. Nadie me había dicho cosas tan bonitas.
- A ver, cariño, estás sentada justo encima de mi polla. No me queda más remedio que hablarte así.
Intenté bromear. Pero por las demostraciones que le había hecho durante la jornada sabía que estaba hablando en serio.
- ¿Y ahora qué?.
- No pienso dejarte escapar solo con tu número de teléfono. Necesito mucho más.
- ¿Quieres follarme?. Pervertido.
- Me da la impresión que eres tú la que quiere meterme todo eso que escondes.
Seguía sentada en mis muslos de lado y removiendo la cadera. No sabía si para excitarme más o para colocar cierta parte. Pero se colgó de mi cuello y lamiendo mi oreja de una forma completamente lasciva me contestó.
- Podría, si tú quieres claro. Guarda ese pensamiento. Porque ahora sí que tengo una urgencia.
Se levantó a toda prisa para ir al baño y colocar por fin la polla hacia adelante. Cuando volvía pude contemplar el espectáculo al completo. Meneaba la cadera orgullosa y en su pubis se marcaba un pene algo más que morcillón y que a primera vista tenía un buen tamaño. Sonreía, pero aún no las tenía todas consigo.
Alguno se la quedó mirando con la duda de si era natural o un postizo para parecer una futa. Pero entre ese tipo de público no importaba un pimiento.
Aún no sabía cómo iba a reaccionar yo al espectáculo completo. Supongo que mi sonrisa de mono salido le dio una pista. Estaba a punto de babear.
- ¿Y ahora?. ¿No me sobra nada?.
- Eres perfecta nena. No sé cómo estás con un babuino como yo.
- Este gorila, más bien, es un pefecto caballero. Y me encanta estar con él.
- Pues retomamos el tema. ¿Y ahora qué?. ¿Te vienes a mi casa?.
- ¿Es que vives solo?.
- Ya me gustaría. Estarán mis padres por allí pero no sé atreven a entrar en mi gruta. Como dice mi madre. Estaremos solos.
- ¿Y qué van a decir cuándo te vean llegar conmigo?.
- Son relativamente liberales, para la edad que tienen claro. Y siempre me han dicho que prefieren que lleve a las chicas a mi habitación a que ande intentando algo en un callejón o unos baños. Aunque claro supongo que no creen que consiga llevar una chica allí.
- ¿Es que tu gruta es muy friki?.
- No te haces una idea. Creo que piensan que todo el material que tengo por allí es el mejor anticonceptivo. Solo una chica que no salga corriendo al verlo sería buena para mí.
- A mí no me vas a dejar preñada. Pues no has visto la mía. Como me compré algo más aquí voy a tener que salir yo a dormir al sofá del salón.
- O te puedes venir a dormir conmigo. Porque el disfraz de colegiala te lo regalo yo. Y quiero verlo puesto.
- Pero si ya tengo uno. Aunque no es tan sexi como ese.
- Pues no sé hable más. Última compra y nos vamos.
El cosplay me salió caro. Pero imaginando esa poca tela sobre su cuerpo estaba seguro de que merecía la pena. Por la calle íbamos cogidos de la mano como dos novios de toda la vida. Me importaba una mierda que me vieran con esa preciosidad. Aún así antes de salir volvió a esconder su polla para no dar mucho el cante por la calle. Yo no me molesté en taparme más.
Mis padres no me habían visto salir de casa con el disfraz puesto. Llevaba unos vaqueros y una camiseta por encima. Y si hubiera vuelto solo me los habría colocado de nuevo para disimular. Pero con ella quería hacer una entrada triunfal. No me salió del todo bien pues estaba solo mi madre. Saludando a voz en grito llegué hasta la cocina.
- ¿Hay alguien en casa?.
- Estoy aquí, cielo.
Cuando me vio en la puerta conseguí hacerle una foto a su cara de pasmo. Merecía la pena. Me acerqué a ella y le di un abrazo de oso.
- ¿Tú quién eres?. Porque mi hijo necesitaría mucho alcohol para ponerse algo como eso y salir a la calle así.
- He decidido ser un poco más valiente. Mami.
En ese momento fue cuando la vio. No es que se escondiera detrás de mí sino que probablemente yo tapaba toda la puerta de la cocina.
- ¡Y tanto que si! Porque mi hijo es la primera vez que trae una chica a casa, y una tan bonita además.
- Hola, señora. Soy Azucena una amiga de su hijo.
- Mal empezamos, bromeé. Nada de señora. Es Rosa y como la trates de usted se va a enfadar.
- Por tu atuendo ya veo que eres del mismo palo que mi hijo. Pero pensaba que todas las chicas a las que les guste eso serían un poco marimacho. Y no una preciosidad como tú.
Aún no sé había dado cuenta de la condición de mi amiga o se habría tragado esas palabras. Mi madre es una bellísima persona. Menos mal que Azu se toma ese tipo de comentarios con buen humor. Admito que yo quería presumir un poco tanto de madre joven y marchosa como de amiga sexi y simpática.
- Un poco marimacho si que soy.
- Para nada cielo. No sé cómo este gabarrán ha ligado con una belleza así. ¿Queréis algo de beber o de comer? Vendréis cansados.
- Cogemos unos refrescos y nos vamos a mi habitación.
- A encerraros en la gruta. Menos mal que esta vez tienes compañía. Así no gastas tanto en pañuelos.
- ¡Mamá!.
- Llevaos una caja de condones.
- No te preocupes por eso. No me voy a quedar embarazada. Y creo que no me va a pegar nada, ni yo a él. Te lo prometo.
Las dos se estaban riendo de mí. Así que recogí los refrescos y la conduje hasta mi cuarto sujetando su cinturita. Al ver mis colecciones sus ojos se abrieron como platos. Durante un momento revisó mis comics, alguno más bien porno, bueno muchos de ellos, juegos, naves y muñecos. Pero no mucho rato. Tiramos las bolsas con las compras al suelo y nos dedicamos el uno al otro.
Luego miró los posters de las paredes mientras la sujetaba por la cintura y pegaba su espalda a mi pecho. Besaba su cuello y nuca. En uno de los muros tenía un póster de Asuka con su cabello rojo y el mono de vuelo naranja reducido a la mínima expresión. No era el personaje de la serie sino la visión de un dibujante salido de ella.
- No me extraña que yo te haya llamado la atención si te haces pajas mirando ese dibujo.
- Me atrajiste por muchas razones. Y me sigues gustando mucho.
La cogí en brazos, ella rodeó mi cintura con sus piernas y yo la sostenía por las nalgas. Volvimos a comernos la boca con toda el ansia del mundo. En ese momento solo pensaba en quitarle el disfraz. Y estaba claro que ella pensaba en lo mismo.
- Tiene una cremallera en la espalda. ¿La vas bajando?.
- Desde luego, cielo.
Bajé el carro hasta media espalda sin esfuerzo. Sin bajarse de encima de mí sacó la licra por sus brazos y bajo la prenda hasta su cintura. Tiene mañas de gimnasta. Ante mí tenía dos perfectos pechos sin sujetador, ni falta que le hacía. La subí un poco más a fuerza de brazo hasta que los tuve ante la boca. Me lancé a comerlos sin más demora. Parece que algo había aprendido en el porno, aunque no fuera una gran lección. Gemía al notar mi lengua en sus tetas y mis labios en sus pezones.
- Bájame cariño. Tengo que terminar de desnudarme. Ya corre prisa. Me has puesto muy cachonda.
La dejé tumbada en mi cama. Sí que se notaba un bulto más que sospechoso en el pubis. Así que seguí desnudándola tirando de sus botas y del mono. Cuando conseguí salvar su cadera ella misma sacó la polla de entre los muslos y la acomodó en un tanga muy fino que apenas podía contenerla. Dejé su prenda sobre la silla del ordenador para poder contemplarla a gusto.
- ¿Qué te parece lo que ves?.
- Es lo más bonito que he tenido delante en mi vida.
Mi propio rabo amenazaba con escapar de mi disfraz. Bromeamos un poco más.
- Te creo. Según tu madre no has visto mucho más en persona.
- Al vivo no. Pero ahí hay muchas chicas. Tú las superas a todas.
- Siendo tan galante no sé cómo no has estado con más. ¿Vienes de una vez o vas a seguir mirando?.
Me tumbé sobre ella con cuidado, no quería aplastarla. A esas alturas lo único que llevábamos los dos eran nuestros pequeños tangas. Nuestros cuerpos muy pegados, piel con piel.
- Podría mirarte durante días y no me cansaría. Es más podría saborearte ese mismo tiempo y no quedar saciado.
- No sé a qué esperas. Mi galante bárbaro.
Así que volví a besar y lamer toda su piel. Hice todo un recorrido por su cuerpo sin dejarme un centímetro de su pecho y vientre. Hasta jugué con la lengua y el pircing que lleva en el ombligo. Pero me salté la polla. Quería reservarla para luego. Seguí hasta sus pies, chupé cada uno de se deditos.
- Eso te lo tengo que hacer yo a ti. Pero tengo mucho más trabajo contigo, hay más piel que lamer.
- No tengo prisa.
- Me vas a matar. Con las ganas que tengo de correrme. ¿O me tienes miedo?.
- Ninguno, pero quiero que me desees tanto como yo a tí.
- Llevo deseándote desde que te vi en tanga en medio de la convención.
- Vaya, así que lo que deseas es mi culo.
- Y tu polla, pero come y calla.
También quería su culito por supuesto. Pero seguí un rato más con su preciosa polla. Lamí sus huevos depilados como caramelitos. La mía estaba como una piedra pero se mantenía así casi sin tocarla.
- Métela en la boca cariño. Me tienes a punto.
Para entonces no es que importara saborear su semen. Es que lo estaba deseando. Subí con la lengua lamiendo el tronco hasta meterme el glande en la boca y sí que estaba a punto. Apenas llegué a tiempo y empezó a soltar los chorros sobre la húmeda, jadeando y gimiendo.
- No lo tragues. Bésame.
Buscó mi boca con sus labios. Y enseguida jugaba con la sin hueso dentro de ella buscando su néctar. Era el beso más lascivo y guarro que había dado en mi vida y con ella ya llevaba unos cuantos. Me estaba encantando. Se había apoderado de mi polla con su manita y la estaba acariciando.
- Ahora quiero tu estaca dentro.
- No tengo lubricante cariño.
Condones si tenía, probablemente caducados. Pero en algo para aceitar su adorable culito no había pensado nunca. Y me parecía muy serio salir a pedir mantequilla a mi madre en ese momento y tal y cómo tenía el rabo.
- Pero qué bobos sois los hombros. ¿Piensas que yo no iba a traer?. Está en mi mochila. Sabía que me ibas a follar. Pero primero dale un repaso con la lengua.
- Chica prevenida vale por dos.
Se puso a cuatro patas sobre mi cama. Solo tuve que arrimar la cara a su preciosa grupa. La lengua está acorde al resto de mi cuerpo. Al pasarla por la raja casi la abarcaba entera. Besaba sus nalgas o intentaba clavar la punta en su ano, algo imposible. Eso empezaba a dilatarla. Pero ella lo disfrutaba. Lo que precisamente era mi intención.
- No puedo estar más cachonda. Acercame el pollón que hay que lubricarlo.
Yo soy diestro, ella ambidextra. Con una mano pasaba el gel por mi verga y con la otra se lo ponía en el ano con dos dedos. Yo contemplaba admirado la delicada operación.
- Vamos, nene. Mi culito es todo tuyo.
- De acuerdo, cielo. Pero súbete tu encima, quiero verte.
- Lo que eres es un vago. Quieres que yo haga todo el trabajo. Pero no me importa si veo esa cara de salido que estás poniendo.
Bromeaba pero quería poder acariciar sus tetas y su polla mientras me cabalgaba. Me empujó al colchón y se subió sobre mi cadera. Me llevaba demostrando todo el día su agilidad de gimnasta. Bajó despacio sobre mi rabo que entraba en el ano suave, casi sin esfuerzo.
- Cógeme el culo cariño.
- No me voy a conformar con eso. Te voy a acariciar entera.
Eso hice. Mientras ella subía y bajaba yo alcanzaba a pasar mis dedos por su piel. Pellizcaba suave sus pezones o le cogía la polla que empezaba a resurgir.
- Nena, tal y cómo me has tenido todo el día no voy a aguantar mucho más. Y por cómo me aprietas el nabo me correré pronto.
- No importa cielo. Lléname.
No se si la llené pero desde luego descargué todo lo que tenía en su interior jadeando. Mientra mi polla se iba saliendo sola de su culito ella se tumbó sobre mi cuerpo y empezó a besar mi pecho y chupar mis pezones. Yo seguía acariciando su espalda y culo, besaba su cabeza. Me seguía inspirando dulzura, Solo quería mimarla.
- Me podría quedar dormida encima de tí. Así, con el calor de tu cuerpo y tus manos acariciándome.
- Hazlo, descansa, amor. Creo que te lo mereces. Lo has trabajado con creces.
- Eres un cielo. Creo que podría enamorarme de ti.
- Aún no sé si te quiero. Pero tengo muy claro que quiero seguir conociéndote.
- Eso se llama querer seguir teniendo sexo. ¡Guarro!.
- Pues no sé yo. Ya te he presentado a mí madre como si fueras mi novia.
Volvíamos a bromear para que la cosa no se pusiera muy seria. Pero estaba seguro que aún nos quedaban muchas cosas por hacer juntos antes de descubrir nuestros sentimientos.
Desde luego la vi con el disfraz de japonesa antes de salir de mi casa. Lo de que me follara ella lo dejamos para otro día. Para volver a su casa la dejé una de mis camisas que con un cinturón le valía perfectamente de vestido. Y desde luego la acompañé como todo un caballero eso si con unos vaqueros y una camiseta.
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Larga y próspera vida





