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¿Cómo sabes que es una mujer?

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pern
 pern
(@pern)
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Iniciador del debate   [#1942]

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- ¿Como sabes que es una mujer?.

- Bueno, lo parece ¿No?. Tiene tetas, culo, buenos muslos, es guapa, muy guapa. Creo que no le falta de nada y que todo lo tiene muy bien puesto. 

- No te has fijado en todos los detalles. Quizá hasta le sobre algo. Su sensual voz es un poco demasiado ronca, sus caderas con ese culito tan duro, más estrechas de lo debido. Los anchos hombros que sostienen sus tetas perfectas, tanto que es por que salieron de un quirófano. ¿Y en su cuello no has visto la nuez?. 

- No, solo me había fijado en su belleza, su piel suave, su larga melena, sus músculos trabajados, sus labios rojos. Eso son detalles. ¿De que la conoces?.

- Es mi prima.

- ¿En serio?. ¿Y como la tenías tan escondida?.

- Ha pasado unos años malos. Ha sufrido, bueno, hasta conseguir todo lo que ves. Y yo quiero que no lo pase mal.

- Eres todo un caballero. Me encantaría que me la presentaras.

- En serio, ¿no te importa que...?

- ¿Que tenga polla?... No, para nada. Quiero conocerla y si llegamos al punto de... Entonces ya pensaré si eso supone un problema.

- Pero no quiero que le hagas daño. Como termine lastimada te cortó la tuya. 

                             Y aún no sé si lo decía en broma. 

- Nunca le haría daño a una criatura celestial como ella. Ya me conoces. Soy un caballero. Y veo que tú un buen primo. 

- Por eso te voy a dar una oportunidad. ¡Hada!, ¿Vienes?. Mira este es Mario un amigo de toda la vida.

- ¿Y como lo tenías tan escondido?. Un chico tan guapo.

- Eso mismo es lo que me ha preguntado él cuando le hablé de ti.

- ¡Y como siempre, tú, tan cotilla, le habrás contado todo!.

- No quería que hubiera malentendidos. Pero parece que sigue interesado. 

                                    Sus preciosos ojos azules me escrutaban como si quisieran averiguar todos mis secretos con solo mirarme. Menos mal que había suficiente luz en aquel bar y yo podía ver sus luceros perfectamente. 

- No creo que los haya. Parece que ya somos mayorcitos para eso. ¿Verdad?.

                                 Al fin ella se dirigió a mí. Y yo apenas podía responderle algo coherente aún embobado como seguía por su belleza. 

                                Todo ese diálogo se había desarrollado en el disco bar en el que estaba con un amigo tomando copas. Él se había separado un minuto de mí para ir a saludar con dos besos cariñosos a esa belleza que me había obnubilado. 

                                Al fin conseguí reaccionar y plantear algo razonable. 

- ¿Hada? No es un nombre muy común aunque es muy bonito. 

- No ¿verdad? pero como pude elegirlo yo misma quería algo que fuera muy personal. 

- Pues has acertado, eres.... más que un hada, más bien un súcubo. A mi me has hechizado. 

                                  Su risa cristalina hizo que gustara todavía más. 

- Te burlas de mí. 

- Para nada, besaría el suelo que pisas si no estuviera lleno de bebida derramada y cristales rotos. 

                                 Volvió a reír con lo que aún me hechizó todavía más. Sé que decir que sus dientes perfectos eran perlas es una metáfora muy manida, pero en ese momento me lo parecían. 

                                 Dicen que cuando haces reír a una chica ya la tienes medio ganada. Así que seguí diciendo y haciendo payasadas. Y ella se lo tomaba a bien. La invité a un par de copas más y nos pusimos a hablar un poco más en serio. Esta vez a solas en un rincón. 

                                Al final conseguí que me contara algo de su vida, en algunos momentos algo triste por su, "dura" circunstancia. Vale, ese chiste es malo pero aún así la hacía reír y nuestras cabezas se iban acercando poco a poco. El beso era casi inevitable sobre los vasos de tubo en los que estábamos bebiendo. 

                                 Empezamos suave, solo jugando con los labios. Tanteando, pero tenía claro que ella me gustaba cada vez más y yo a ella parecía no disgustarle. Creo que fue su lengua la primera que entró en mi boca pero a esas alturas ya llevaba tal calentura que no podría asegurarlo. 

- Besas bien. 

- Y tú de maravilla. 

                                 Minutos más tarde estábamos comiéndonos la boca como si fuera el último día de la tierra. Luego en un descuido acaricié su pecho, rocé una de sus tetas. No era muy grande pero parecía esculpida en mármol. 

                                No me parecía que las tuviera operadas, aunque su primo me había dicho que sí. Claro que yo no tenía ninguna experiencia con ese tipo de pechos. Que yo supiera, claro. Pero de todas formas me encantaba ese tamaño, no demasiado exagerado. Ese tacto tan suave. El pezón estaba bien duro y me dediqué a acariciarlo con el pulgar. Por encima de la blusa y el sujetador. 

- Sigue cariño. 

                               Ella me dejaba jugar con sus durísimas tetas e incluso me animaba con algún gemido que procuraba acallar en mi boca. No podía ser muy descarado, estábamos en público. Suponía que tampoco debería excitarse mucho o demasiado pronto. 

                                  La otra mano pude posarla en sus posaderas, valga la redundancia. Si sus tetas son mármol el culo está forjado en acero. Y no hizo nada por apartar mis dedos de allí. 

- ¡Qué atrevido!.

- ¿Te importa?.

- Me encanta. Y ¿a tí?.

- Eres lo más bonito que he tenido entre mis brazos. 

                                  Todavía había una parte de ella que me daba respeto y morbo a la vez. Nunca había toqueteado el juguete de otro chico. Aunque tenía muy claro que tenía delante de mí una mujer maravillosa y completa. 

                                   Fuera lo que fuera lo que ocultara su ajustado vaquero. Ni siquiera sabía cómo podía esconder algo en esa prenda.

- Voy al baño, espérame un momento. 

- Te esperaría una eternidad. 

                                 Si empezaba a estar tan excitada como yo, deduje que tendría que poner cierta parte más cómoda. Al volver yo seguía pendiente de sus ojos, pero también de su figura. Así que vi como marcaba un poco más su pubis abultado. 

- Ya estoy más tranquila. Gracias por esperar. 

- Te podría esperar para siempre. 

                                  Su primo, más tranquilo sobre lo que podía pasar o fiándose de ella decidió darnos espacio. Y se arrimó a una de las amigas de Hada que parecía mirarle con ojos tiernos. Suponía que era de la misma condición que su prima y no parecía importarle. 

- Tu primo ya ha ligado. 

  - Déjale. Seguro que Laura le hace pasar un buen rato. 

- ¿Es como tú?.

- Claro. 

                                   Creo que ella me daba las gracias por quedarme a pesar de habérme dado cuenta del paquete que empezaba a notarse. Pero a mi empezaba a darme curiosidad, morbo. Quería explorar esa posibilidad. 

                                    Volvió a inclinarse hacia mí. Sus labios buscaron los míos y desde luego que se los di. Pocos segundos más tarde enredábamos las lenguas y cambiábamos saliva. 

- Me gustas. Mucho. ¿Seguro que no te importa...? 

                                      Volví a callar sus preguntas con un beso, largo, lascivo y húmedo. Además de volver a pegar una mano a una de sus tetas y la otra a sus nalgas. 

- De lo que estoy seguro es de que quiero conocerte mejor. Y ese pequeño detalle ahora mismo no me importa nada. 

- ¡Oye! ¡Que no es tan pequeño!. 

                                     Ahora me hizo reír a mí. Continuamos con las bromas un rato más. 

- ¿No decís las chicas que el tamaño no importa?. 

- En algunos casos sí, sobre todo según donde pretendas meterla. 

- ¡Ah! ¿Que quieres metérmela?. 

- Solo si consigo ponerte muy cachondo. Y desde luego sé que tu quieres meterme la tuya a mí. 

- Ahora mismo creo que ponerme tan caliente no te costaría mucho. Y... Llevo loquito por ese culo tan bonito desde que lo he visto hace un rato. 

- Tu también me estás poniendo muy cachonda a mí. ¿Por qué estamos perdiendo el tiempo aquí?. 

- Porque no sé dónde llevarte. 

- Conozco un hotelito muy discreto por aquí cerca. ¿Nos vamos?. 

                                  Por la calle no podía apartar las manos de su bella anatomía, ni mis labios de los suyos. En cada esquina o rincón parábamos a besarnos. Ella no sólo me respondía sino que también me acariciaba. Pegaba su cuerpo caliente al mío y tocaba mi polla, a esas alturas muy dura, con suavidad. No me importaba que me vieran besuqueándome con esa belleza por el camino. 

                                  Pasar por la recepción fue solo un trámite. Me pareció que Hada y la guapa recepcionista ya se conocían. No sería la primera vez que llevaba un ligue allí. Con la tarjeta en una mano me agarró a mí con la otra y me arrastró hasta el ascensor. Allí volvimos a besarnos con pasión. Menos mal que subíamos solos. Para entonces ya estábamos tan ansiosos que apenas podíamos contenernos. 

                                   Nada más cerrar la puerta de la habitación agarré su pétreo culo para pegar su cuerpo al mío. Ella giró la cabeza evitando mi boca para lamer mi cuello y deslizar su juguetona lengua hasta mi oreja. 

- A ver si cumples con todo lo que me has prometido. 

- Lo estoy deseando. 

                                 Me dijo, mientras sus manos empezaban a levantar mi camiseta para desnudar mi torso. Ella había empezado a tomar un papel mucho más activo y no pensaba quejarme por ello. Sujetó mis muñecas con la camiseta mientras recorría mi piel con la lengua. Lamía mi barbilla, el torso, las axilas y chupaba mis pezones con fuerza. 

                               Era la primera vez que me hacían algunas de esas cosas. Ninguna chica sería tan morbosa como Hada. Nuevas sensaciones que me estaban encantando. Si todo seguía en esa tónica no le iba a negar nada a esa belleza. Al fin me soltó. 

                                Aún agarrando su prieto culo las lenguas de ambos recorrían la piel que el otro tenía descubierta. En mi caso todo el torso a esas alturas. Cuando empezó a lamer y chupar mis pezones casi me corro en los pantalones. 

                                  Yo también quería ver más de su cuerpo, de su piel. Así que despacio fui soltando los botones de su blusa dejándome ver por fin el bonito sujetador de encaje que aún me ocultaba sus pechos. Conseguí bajar la prenda por sus brazos y arojarla al fin al sofá que había al lado de la cama. 

                                  Tuve que tomarme un momento para contemplarla. Me pareció la chica más bonita que había visto hasta entonces. Así que tenía que seguir descubriendo su cuerpo. Me dejó bajar sus ajustados vaqueros. Y por fin apenas tapado por un reducido tanga de encaje a juego con el sujetador pude ver aquello que me daba tanto respeto. 

- ¡Pues si que es grande!. 

                                Y nos echamos a reír los dos. Pero la verdad es que si tenía un buen tamaño aunque no estaba yo para comparar. Ya estaba dura y colocada en posición vertical casi le llegaba al ombligo. El tanga solo contenía los testículos y a duras penas. 

                                   Y fue en ese momento cuando mandé a la mierda todos mis prejuicios. Aún arrodillado a sus pies terminé de quitarle los pantalones. Acerqué la cabeza a su pubis y besé su polla. Suave, apenas posando los labios sobre la piel del tronco. Mirando sus preciosos ojos. 

                                  Ella tiró de mis brazos para levantarme. Lo hice y me aparté un poco para poder verla al completo. 

- Eres preciosa. Es preciosa. 

- Y a ti parece que no te asusta. 

- Para nada. Solo es un adorno más en tu bello cuerpo. 

- Pues ahora quiero ver más del tuyo. Fuera pantalones. 

                                 Casi me escuerno con las prisas por librarme de lo que quedaba de mi ropa. Perdí el equilibrio y doy gracias a que caí sobre la cama. Bastante ridículo, pero como había estado haciendo el payaso toda la noche intentando hacer reír esos bonitos ojos nada fuera de lo lógico. 

- ¡Ya te tengo!. 

                                 Se puso detrás de mí amenazando con clavármela directamente sin más preámbulos. 

- Me has tenido desde que te vi en el pub. 

                                   Por fin estaba en bolas delante de ella. Y se lanzó sobre mí sin dejar siquiera que me diera la vuelta. En ese momento temí por mi virginidad. Aunque eso dejaba de importarme a pasos agigantados. Pero no. Se limitó a subirse sobre mis riñones y empezar a besar y lamer mi cuello, nuca, y hombros. 

- Te perdono por ahora. 

- ¿Lo he pedido?.

- Salió el pervertido. 

 - ¡Mira quién habla!. La que quiere follarme el culo. 

                                 Empezaba a notar sus manos por toda mi piel. Su polla, bien dura, justo en mi espalda por encima de mis nalgas. Y eso me encantaba. Me giré y conseguí dejarla bajo mi cuerpo y besarla. Volví a clavar la lengua en su boca y a jugar con la suya. 

                                 Era increíble, notar sus tetas en mi pecho. Un poco más abajo los dos rabos juntos se rozaban y se sentía bien. Jadeábamos. Jugábamos. Seguíamos besándonos, intercambiando saliva durante un rato como queriendo ganar algo más de confianza entre los dos para seguir. 

                                De pronto rodeó mis muslos con sus piernas y mi polla bajó lo suficiente como para deslizarse por su perineo. Movía el culo despacio arriba y abajo. Me provocaba con esos roces.

- ¿Quieres follarme?.

- ¿En qué crees que he estado pensando toda la noche?.

- ¡Qué decepción! Yo pensaba que era en mi belleza y personalidad. 

- Además de tu evidente y arrolladora personalidad e innegable belleza. 

- Bien capeado el temporal. Ahora ¡métemela!.

                                   Aún no sé de donde sacó el lubricante, supongo que una chica como ella va siempre preparada. Así que vale por dos. Pero cuando quise darme cuenta tenía más de media polla en su interior. Creo que yo jadeaba y gemía tanto como ella. 

                                  Empezó a mover la cadera despacio. Era ella la que hacía la mayor parte del trabajo. Yo apenas sujetaba su fina cintura o sus duras nalgas. Los dos sentíamos como mi pene entraba en su interior. Cada vez más dentro. Y además podíamos mirarnos a los ojos y ver la cara de pura lascivia del otro.

                            No sé de donde sacaba tanta fuerza en los muslos. Así que los levanté con mis manos para buscarme una partida más cómoda. Ella misma se sujetaba las rodillas rozando sus pechos. 

- Lléname cielo. 

- ¿Tienes prisa?. Aún me falta un rato. 

- Pues entonces déjame montarte. 

                            No me las voy a dar de gimnasta pero casi sin sacarla conseguí tumbarme de espaldas. Ella quedó encima con su polla dura como una piedra apuntando a mí rostro. Ahora se movía más suave, más sensual. 

                             Levantaba los brazos para jugar con su melena o acariciar sus propios pechos. Eso sí mis manos no estaban por allí. Entonces se apoyaba en mi torso y jugaba con mis pezones. Yo también me dediqué a acariciar su rabo con suavidad para mantenerlo bien duro. Todo era un festival de suspiros y jadeos. 

- Tengo que agradecerle a mí primo que nos haya presentado. Eres un amante encantador y no te importan mis rarezas. 

- Aún no hemos acabado preciosa. Y me encantan tus peculiaridades. 

                             Nada dura para siempre y al final me corrí en su interior. Creo que me gustó pero no pensaba rendirme tan pronto. Volví a tumbarla a ella de espaldas y levantar sus rodillas hasta sus preciosas peras. Y ahí me esmeré con el sexo oral. De recoger el semen que rezumaba del ano a buscar conseguir su orgasmo y saborear su zumo. 

- Nene, si sigues así me voy a correr. 

- ¿Hay algo que te lo impida?.

- Que no sabía que además fueras tan guarrete. 

                                Entre jadeos se corrió por fin. El primer chorro se me escapó por que estaba lamiendo sus huevos y tenía uno entre mis labios. Pero el resto fueron directos a mi lengua. Y de ahí a la suya en un nuevo cruce de lenguas. 

- Eres un dulce de leche. No me voy a cansar de saborearte nunca. 

- Vale, me encanta eso de ti. Pero mejor vamos al baño un momento. 

                               Fue ella la que se encargó de asearme y hacer lo propio con su culito y el mío. Y mientras lo hacía no dejaba de acariciar mis testículos y polla. Ahí fui yo el que quise besar y lamer sus cuidados pies, por supuesto me devolvió el favor. 

- ¿Estás buscando un segundo round?.

- No me importaría pero esta vez soy yo la que quiero follarte. y comerte el nabo. Aunque creo que necesito una siesta primero. 

- Pues ven aquí entre mis brazos. 

                               Nos dormimos haciendo la cucharita con su increíble culo apoyado en mi polla. Su melena acariciando mi cara y la suya

apoyada en mi brazo. Rodeaba su torso con el otro brazo y acariciaba sus pezones según me iba entrando el sueño. Hasta los suaves silbidos que suelta dormida me encantan de ella. 

                            Aún así no me dejó dormir mucho. Un rato más tarde estaba notando la humedad de su lengua en mis huevos depilados. Subía por el tronco de la polla que para entonces ya estaba dura como el mármol. Si algo así no te despierta es que estás muerto.

- ¿Conseguirás no correrte antes de que te folle yo?.

- Pues cómo sigas con esa mamada no sé yo. Aunque suelo aguantar bastante. 

- Pues date la vuelta.

- ¡A sus órdenes!.

                                  Con la cara apoyada en la almohada dejé que me hiciera lo que ella quisiera. Y desde luego sabía lo que hacía. Empezó besando la nuca, el cuello y los hombros. No fue directa a por mis nalgas. Pero notaba en ellas la dureza de su rabo, solo acariciando y pajeándose entre ellas. Si todo lo que habíamos hecho no me tenía lo suficientemente cachondo seguía empeñada en calentarme más. 

                                    Continuó besando y lamiendo mi espalda. Sin prisa haciéndome desear más de ella, de su cuerpo. Notaba sus pezones rozándome como si ella se estuviera acariciando a sí misma con mi piel. En ese momento era toda dulzura. Pero estaba esperando a que sacara su lado salvaje. 

                                      Cuando llegó al culo supe que ninguna chica me había dado tanto morbo con anterioridad ni probablemente encontraría otra igual en el futuro. Notaba su lengua humedeciendo mi piel, sus labios con besos suaves por detrás. y por fín sus manos abriéndolas para llegar al ano donde clavó la sin hueso sin ninguna piedad. 

                                 Yo bufaba y jadeaba disfrutando de sus atenciones. Él placer subía y bajaba por mi columna como por una autopista de cuatro carriles, del ano a la nuca y vuelta. 

                                   Algún beso negro me habían hecho antes, pero ninguno tan largo, lascivo y profundo cómo ese. Mágicamente volvió a aparecer el tubo de lubricante y a día de hoy sigo sin saber cómo hace ese truco de magia. Si empezó follándome con la lengua siguió con los dedos y el lubricante preparándome para su aparato "no tan pequeño".

- ¿Soy la primera?.

- Sí, es la primera polla que va a entrar por ahí. Aunque yo he jugado sólito con ese agujero. 

- Es todo un honor. 

- Pues deja la cháchara y fóllame.

                                  Tiró de mi cadera para ponerme a cuatro patas. A lo que yo estaba más que dispuesto. Pues la polla me dolía de lo dura que la tenía apretada entre mi cuerpo y el colchón. Entonces fue cuando noté el glande en la entrada. 

                                  Tenía muchas ganas de ser desvirgado, así que empecé a hacer fuerza hacia atrás mientras ella empujaba. Lo noté, joder si lo noté, hasta el punto de morderme el labio para no soltar un gemido. Pero también me estaba encantando. Así que metí la cara en la almohada y como suele decirse, relájate y disfruta. Y eso hice. 

- ¿Te falta mucho?. Nena. 

- Casi nada. me has puesto a mil con lo morboso que eres. 

- Pues acelera si quieres mi lefa en la boca o va a quedar toda en el colchón. 

                                     Pronto noté sus empujones más fuertes y profundos. Sus jadeos por detrás de mí cabeza pues fue inclinándose hasta que volví a notar sus pezones en la piel de mi espalda y sus dientes en mi hombro, donde quedaron marcados. No sé si llegué a sentir su leche caliente en mi interior pues para entonces yo estaba muy cerca del orgasmo. 

                                 Me dio el tiempo justo de girarme y dejar que agarrara mis huevos con la mano mientras se metía el glande en la boquita. Desde luego me estaba ordeñando bien hasta que dejó de salir. Cómo había hecho yo antes se incorporó para dejarlo caer en mi boca abierta. Y de inmediato meter la húmeda para batirlo entre nuestras lenguas. 

                               No sé el tiempo que estuvimos besándonos pero desde luego agarré bien sus nalgas para que no se escapara. Lo que no pensaba hacer. 

                           Después de otro remojón volvimos a la cama en busca de un buen merecido descanso. Por supuesto dimos buena cuenta del desayuno del hotel. Hemos tenido más encuentros tan morbosos o más que ese día cuando su primo me presentó a la chica más dulce, cariñosa y guarra que he conocido en vida. 

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Larga y próspera vida


   
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