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Fantasía de secuestro sádico


Sumisso
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FANTASÍA DE SECUESTRO

 

Todas las personas tenemos nuestras fantasías sexuales. En este caso ¿cuál es la de un esclavo masoquista?, puedo responder por mí. Ser secuestrado, atado, amordazado y se sometido a castigos muy dolorosos e interminables. No poder escapar, ni  moverme, ni gritar, ni emitir sonido alguno. Ser castigado sin poder hacer nada por evitarlo por una mujer cruel.  ¿Cómo sería mi fantasía de secuestro – internamiento? Aquí la respuesta. Escríbeme si te ha gusta el relato  y comparte tu fantasía.

 

 

PARTE I : MISTERIOSA PÁGINA WEB

 

Desde que tengo uso de razón una de mis fantasías ha sido ser dominado física y psicológicamente por una mujer. Me adentré muy pronto dentro del sadomasoquismo, viví mis primeras experiencias y pronto me di cuenta que realmente era una persona masoquista, amante del dolor. Todas las experiencias me sabían a poco, deseaba más dureza, y cada vez que tenía un nuevo encuentro no me saciaba, necesitaba más y más dolor. Fui aumentando mi nivel de exigencia, sesiones sadomasoquistas más duras, pero seguían sin ser lo que deseaba. Un día vi una película donde una mujer tenía retenido a un hombre, le tenía encadenado en su sótano y le sometía a múltiples humillaciones y castigos para vengarse de el por lo que la había hecho. Desde que vi esas escenas, mi mente supo perfectamente que aquella era mi fantasía sexual. Pasó el tiempo y seguía con la fantasía en mi cabeza, no la había hecho realidad, podía haber pagado a una mujer para realizarla, no tengo problemas económicos, pero no deseaba aquello, porque lo haría solo por dinero y realmente ella no disfrutaría realizando mi fantasía. Necesitaba que a la otra persona le agradara mi fantasía, le produjese placer el poder castigarme, humillarme e incluso torturarme. Necesitaba una persona contraría a un masoquista como yo soy, una mujer sádica amante de producir dolor.

 

Encontré una página web por casualidad, era de ambiente sadomasoquista, nunca la había visto, era espectacular aquella página. En un apartado indicaba que dejará reflejado mi fantasía y otras personas podrían contactar conmigo. No dudé y al instante lo hice. Escribí y escribí mi fantasía a lo largo de varios párrafos. Describí como mi fantasía era y es ser secuestrado – internado por una mujer cruel, ser atado, amordazado y recibir todo tipo de castigos y humillaciones y no poder hacer nada para evitarlo, solo recibir más y más castigos.

 

Apagué el ordenador y de pronto me di cuenta que se me había olvidado un detalle. Regresé de nueva al ordenador y pinché en la última página web visitada, me salió un mensaje que indicaba que aquella página no existía y nunca había existido. No entendía nada, hace unos momentos había estado dentro de la página  escribiendo mi fantasía y ahora me daba error que no existía. Lo intenté de nuevo pero me seguía indicando que aquella página nunca había existido. Algo extraño, pero tampoco le di más importancia.

 

Unos días más tarde, recibí en la bandeja de entrada de mi correo un extraño correo. Una tal señora Mistress Pain  me había escrito. El mensaje era escueto, indicaba que había leído mi fantasía e indicaba que era de su agrado pero dudaba que yo estuviese preparado y dispuesto para realizarla. Rápidamente tocado por mí orgullo la contesté, indiqué que era el sueño de mi vida poder realizar aquella fantasía y que estaba totalmente preparado, y la pregunté si ella realmente era la que estaba preparada para realizarla. La reté.

 

No recibí respuesta hasta unos días más tarde. El correo fue mucho mejor que el anterior, con más detalles. Había una foto de Mistress Pain. ¿Tenéis curiosidad por saber cómo era?,  si pensáis que era una mujer despampanante, de gran belleza física, estáis muy equivocados, este no es vuestro relato. Era una mujer mayor, quizás 60 años, quizás más, no sabría decir, a simple vista podría ser mi madre e incluso más bien mi abuela. En la foto aparecía una mujer con un impermeable negro parada frente a la puerta de una vieja finca.  Cabello corto, moreno, quizás demasiado corto pero con caracoles. No había sonrisa en su expresión, mirada dura e intimidante. Su rostro reflejaba arrugas de la edad, quizás demasiadas arrugas, era bastante mayor, creo que me había quedado corto en mi primer cálculo de su edad. Portaba unas gafas gruesas de visión en sus ojos. Una sensación de miedo me invadió, no había visto un rostro tan serio y fulminante antes. Su cuerpo era de complexión grande, pesada, muchos kilos de más, aproximadamente 100 kilos de peso, pero con estatura media, no era baja. Una mujer grande  y fuerte de tamaño voluminoso.  Vestía unas botas negras de goma para la lluvia y su impermeable negro ya mencionado.  Las foto podría ser portada de una película de miedo. Lo que vi me agrado, nunca me ha interesado el aspecto físico, más bien el psicológico y aquella mujer despertaba un gran interés en mí, su mirada seria y dureza me había cautivado. No era belleza lo que desprendía, sino dureza y seguridad.

 

Debajo de la foto había varias líneas escritas donde hablaba de ella brevemente. Se definía como una mujer estricta, amante de la disciplina y el orden, no toleraba la desobediencia y la rebeldía. Una mujer sádica amante de infligir dolor, cuanto más dolor infringía  más disfrutaba. Detestaba a los esclavos inútiles y arrogantes, solo la producían la sensación de castigarlos hasta sobrepasar su umbral de resistencia y disciplinarlos hasta verlos llorar y suplicar.  En las últimas líneas, había de nuevo una pregunta, ¿te atreves a llevar a cabo la fantasía?.

 

Nunca me he creído nada sin comprobarlo, sus palabras producían temor, pero no me creía que aquella mujer de aquella edad pudiese castigar a un esclavo. Volví enseguida a contestarla y pequé de todos mis defectos; arrogancia, incredulidad, prepotencia. La contesté de forma amplia que estaba preparado para la fantasía y de nuevo la pregunté de forma arrogante  si lo estaba ella. Volví a retarla subestimándola y quizás denotando que ella es la que no podría realizarla por su edad.

 

PARTE II: EL CONTRATO

 

La primera conversación telefónica que tuve con ella me dejó impactado. No había conocido mujer más severa y segura de sí misma. Me llamó una tarde que estaba en mi despacho. Escuché una voz dura, grave, producto de la edad. La saludé educadamente e intenté mantener una conversación agradable, soy una persona educada y muy charlatana que sabe atraer a los demás. Toda mi palabrería no sirvió de nada.

 

  • No se te ocurra volver a hablar sin que te pregunten. Hablaras cuando te dé permiso estúpido – Cortó tajantemente mi labia verbal y palabrería.

 

Mantuvimos varias conversaciones a lo largo de los días siguientes. En todos ellos escuchaba y si me preguntaba, contestaba. En una de sus conversaciones me dijo que estaba deseando realizar aquella fantasía. Había despertado en ella unas ganas enormes de castigarme.

 

  • Eres justo todo aquello que aborrezco, un esclavo prepotente, arrogante que se creé en poder de la verdad y controlan todo y  luego no son nada. ¿sabes lo que hago con estos esclavos?- Me preguntó dejando en el aire la pregunta.

 

  • No señora- contesté educadamente.

 

  • Los machaco hasta que caen rendidos en mis botas suplicando clemencia y cuando esto sucede intensificó su dolor hasta que no pueden más y una vez que esto sucede aumento más su dolor hasta convertirlo en una pesadilla que desean despertar y nunca termina . Les quito toda arrogancia que hay en ellos- Me dijo con un tono muy serio.

 

Se hizo unos segundos de silencio por sus duras palabras y no pude evitarlo.

 

  • Jajajajajajajajajajaja- comencé a reírme descaradamente, me burlé de ella, desconozco si fue fruto de mi arrogancia, o quizás porque pensaba que hablaba de otros esclavos o de mi incredulidad debido a su edad, pero me reí a carcajadas, no pude evitarlo. Aquello enojó a la señora Mistress Pain. La dí a entender que ella no era tan dura y severa como aparentaba. Continué con mis risas y burlas menospreciándola. Esta vez me retó ella a mí:

 

  • Te voy a enviar las condiciones de tu secuestro, un contrato.  Te voy a indicar un día, hora y dirección y si traes el contrato firmado no habrá vuelta atrás. Te voy a tratar de una forma especial, ¿te ríes ahora? Te aseguro que se te quitaran las ganas de reírte estúpido, voy a tratarte como nunca antes lo había hecho a ningún esclavo, No tendré la mínima piedad contigo,  vas a vivir una verdadera pesadilla y yo la voy a disfrutar mucho. Me reprendió malhumorada por mis burlas hacia ella.

 

Se me quitó la burla de inmediato. Su Tono de voz era muy serio y enojado, no bromeaba.

 

Recibí el contrato unos días más tarde.

 

 

¿Tenéis curiosidad por saber en qué consistía el contrato? .Bien, era un contrato de 20 puntos muy claros y concisos, cada uno de ellos  intimidaba más. Entre los puntos más importantes declaraba lo que me podría ocurrir y yo estaría dispuesto a aceptar si lo firmaba. A modo de ejemplo puedo citar los puntos más importantes orientados al  secuestro:

 

  • Serás atado e inmovilizado como yo desee, podré utilizar la forma que considere oportuna para restringir tu movimiento. No podrás escapar. - . Decía el primer punto.

 

  • Serás amordazado, de una forma efectiva donde no puedas emitir sonido. No tendré que aguantar  tus quejas ni podrás pedir ayuda - Rezaba el segundo punto.

 

  • Serás castigado de la forma que yo desee, aplicando la dureza que estime oportuna. Los castigos serán dolorosos y pueden llegar a ser insoportables pero los aceptaras con la dureza que yo decida – Un punto que me intimidaba por completo.

 

  • La duración del secuestro – internamiento será de 48 horas. Ni una hora más ni una menos. – Dejaba clara la duración de esta fantasía este punto.

 

  • Serás alimentado de la forma que estime oportuna, tendrás 2 comidas al día, pueden ser desagradables pero serás obligado a comer todo durante tu cautiverio, no dejaras una migaja de lo que te traiga  - Trataba este punto sobre mi alimentación mientras estuviese en aquella finca.

 

  • Una vez firmado este documento serás mío y podré castigarte como deseé, no me detendré aunque llores o supliques, hasta que transcurra el tiempo pactado. No me gusta perder el tiempo, una vez firmado no hay vuelta atrás, no me detendré hasta que transcurran las 48 horas pactadas. Si lo empiezas, lo terminaras aunque te retuerzas de dolor.  – Este era el punto que más temor y respeto me producía, una vez firmado no había forma de escapar.

 

 

Había varios puntos más, donde se fijaban límites intraspasables   y un último punto donde me daba el privilegio de poder  elegir un deseo o voluntad en relación al secuestro pactado. No tuve la menor duda, soy fetichista de guantes, deseé como el que pide un deseo a una lámpara de Aladino que llevara mi señora guantes en sus manos. Ella me concedió el deseo, Cuando la conté mi deseo, que llevará guantes en sus manos en todo momento del secuestro, me respondió:

 

  • Muy bien así lo haré, llevaré guantes en todo momento, conseguiré unos especiales solo para ti,  pero te aseguro que terminaras aborreciéndolos , te van a causar tanto dolor que no querrás ni verlos, los odiaras y suplicaras me los quite, aborrecerás tu fetiche   – Me dijo seriamente.

 

 

PARTE III: EL ENCUENTRO

 

 

Anduve  con el coche dando vueltas desorientado sin encontrar el lugar indicado. Tenía una dirección, pero estaba situada en un pueblo remoto completamente confuso sin calles, solo con fincas grandes esparcidas unas de otras. Me perdí y finalmente un hombre muy amable me indicó cual era la finca que yo buscaba. Ya llegaba tarde, precipitadamente aparqué en la puerta y me dirigí a la puerta de la entrada de aquella finca de grandes dimensiones. La puerta  metálica, estaba abierta, me adentré por un terreno lleno de tierra  lleno de maleza y plantas  situadas a mí alrededor. Anduve por un pequeño camino de piedras que atravesaba el terreno  y me llevaba hasta una puerta de madera que indicaba la entrada al interior de la casa rustica.

 

Toque la puerta y esperé completamente nervioso. Unos segundos después me abrió la puerta una señora. Rápidamente la conocí, era MistressPain. , la señora que me había citado en aquel lugar para poder hacer realidad mi fantasía, que a la vez sería la suya. Mi vista recorrió disimuladamente a la señora de arriba abajo.  Observé que vestía como en la foto que me mando; un impermeable oscuro, deduje  que era por la humedad de aquel lugar, unas botas de goma para la lluvia hasta las rodillas, debido a la constante lluvia que caía en aquella zona.  La miré fijamente a los ojos y vi el furor de sus ojos, te traspasaba con la mirada, muy seria, dura y cara de pocos amigos, no había lugar para tontería o bromas. Denotaba la edad en su rostro, no la disimulaba, sus arrugas recorrían su cara, era realmente mayor, seguramente me triplicaba en edad, era bastante mayor, una autentica abuela, pero se conservaba muy ágil a pesar de su enorme cuerpo, voluptuoso y de grandes dimensiones. Pero para mí era la mujer más bella de todo el reino.

 

  • Llegas tarde – Me recriminó con tono serio escuchando su voz grave.

 

  • Lo siento señora, me perdí- La contesté disculpándome.

 

  • No quiero excusas estúpido. ¿has traído el contrato? – Me preguntó.

 

 

Saqué de mi bolsillo el contrato  plasmado en papel. Me había olvidado de el durante unos minutos, pero en los últimos días me quitaba el sueño aquel trozo de papel.

 

Me invitó a pasar cortésmente al interior de aquella vieja finca. Cogió el trozo de papel y comprobó que era el original y estaba firmado. Lo guardó en el bolsillo de su impermeable.

 

  • Muy bien, no habrá más demoras. Tu secuestro va a comenzar. Sígueme – Me ordeno.

 

 

La seguí por un amplio salón con una acogedora chimenea, desembocaba en un largo pasillo con varias habitaciones y al final del extenso pasillo aparecían unas escaleras de madera que descendían hacia el interior de la tierra. La seguí tras de ella, observando su gran tamaño y el chirrido de sus botas de goma a cada paso, estaban mojadas y desprendían un sonido chirriante en cada movimiento. Bajamos unos diez escalones y llegamos a una gran puerta de madera. Sacó de su impermeable unas llaves y abrió la puerta. Me invitó a pasar primero con un gesto en su mano. Pasé a la vez que la señora daba la luz. Observé una gran estancia, llena de humedad,  suelo de cemento sin asfaltar y paredes descascarilladas. Estaba repleto de trastos y enseres a lo largo de las paredes, pero dejaba el centro y los contornos libre  de espacio. Acumulaba muebles antiguos y objetos personales pegaos junto a las paredes. La estancia era muy grande y sin duda se trataba de un sótano donde guardaba toda su vida.

 

Mientras yo contemplaba el lúgubre sótano, la señora Mistress Pain entró tras de mí y cerró la puerta. Sacó un manojo de llaves de su impermeable y cerró la puerta con llave. Aquel gesto me intimidó. Ambos estábamos encerrados en aquel frio sótano, con la diferencia de que ella era quien portaba las llaves.

 

  • Desnúdate y colócate de rodillas mirando frente a la columna Me ordenó con tono serio.

 

No me había percatado de la columna. Estaba situada en un extremo de la habitación, al fondo, era un pilar grueso  de estructura de la finca. Obedecí y comencé a quitarme pantalones, camisa, ropa interior… Mientras la señora se dirigió hacia un mueble apilado junto a la pared, abrió un cajón y agarró algo con un tintineo metálico. Se acercó hacía mí, mientras yo esperaba desnudo tal como me había ordenado mirando frente a la columna.

 

  • Manos a la espalda – Volvió a ordenarme con su voz grave.

 

Obedecí y tras colocar las manos a mi espalda, sentí como se inclinaba levemente y rodeaba mis muñecas con un objeto metálico. Eras unas esposas de metal y de las de verdad, nada de juguetes eróticos. Me rodeó mis muñecas con el metal de las esposas y las cerró duramente apretando mis muñecas. Noté cierta presión, pero nada comparado cuando volvió a regularlas y las cerró con mucha más dureza, utilizó su fuerza para cerrar y dejarlas muy apretadas a mi piel, tanto que mis muñecas no cedían un ápice y eran mordidas por el metal. Las esposas arañaban mis manos duramente.

 

  • Ahhhhhggssssss – Solté un quejido involuntario por el dolor, estaban muy apretadas.

 

  • No quiero una sola queja, te las acabo de poner, no te imaginas lo que te dolerán cuando lleves horas con ellas puestas. Las vas a llevar todo el secuestro - Me dijo para intimidarme, y lo consiguió, a la vez que cerraba las esposas con una pequeña llave que portaba en su llavero.

 

Me ordenó reclinarme en el suelo y ponerme bocabajo, obedecí y comprobé como se acercó con un palo de madera alargado  que en sus extremos llevaba unas tobilleras con correas. Rodeó mis tobillos con las tobilleras y cerró las correas. Quedando atado de pies y con los pies separados por el palo de madera. Se acercó de nuevo hacia una estantería del sótano y agarró una cadena gruesa, de unos dos metros de largo y varios centímetros de grosor. Colocó un extremo en un anclaje situado en la parte superior de la columna y el otro extremo de la cadena quedó colgando de la columna. Agarró un collar de metal de perro, de gran diámetro e inclinándose lo colocó rodeándome el cuello. Lo colocó rodeando mi cuello y cerró las hebillas metálicas para que quedase bien sujeto. El extremo de la cadena que pendía de la columna lo colocó sobre el collar y  con un grueso candado de metal lo anclo al collar. Quedé encadenado por mi collar sujeto en el cuello y  a la gruesa columna del sótano.

 

Me di cuenta, que apenas en unos minutos había quedado inmovilizado. Esposado fuertemente por unas esposas que mordían la piel de mis muñecas y me producían dolor. Los pies atados por unas abrazadera que portaba un palo grueso  que impedían pudiese cerrar las piernas y la gruesa cadena que me sujetaba por el collar anudado al cuello, impidiendo pudiese escapar, ya que estaba encadenado a la columna.

 

Estaba completamente inmovilizado en aquel lúgubre sótano. Escapar era imposible, salvo que fuese un superhéroe que pudiese romper la  gruesa cadena, esposas y tobilleras. Intenté quitarme las esposas o desatarme, solo para comprobar la dureza de mis ataduras y comprobé que estaba realmente inmovilizado, no volví a intentarlo más, sería absurdo intentarlo, no iban a ceder un milímetro mis cadenas y era lo pactado y deseado. Permanecí bocabajo en el frio suelo mientras la señora se dirigió hacia un extremo de la habitación. El sonido de sus enormes  botas de goma seguía chirriando a cada paso que daba, estaban mojadas y producían un criiicc criccc a cada paso.

 

Levanté la mirada que estaba pegada al suelo de cemento y observé como la señora, se quitó el impermeable y lo colocaba sobre una silla de madera. Posteriormente se quitó una falda negra, quedando en unas medias negras de lycra muy oscuras. Observé sus grandes y voluminosas piernas y muslos, estaba obesa, uno solo de sus muslos podría aplastarme. Se quitó una blusa negra que llevaba y dejó al descubierto un sujetador negro de encaje con unos enormes pechos. Era bastante grande y fuerte aquella señora, su piel denotaba ya su edad. Me triplicaba en tamaño, podría destruirme aplastándome. La señora se acercó hacia mi semidesnuda, con sus botas de goma hasta las rodillas, sus medias oscuras con unas ligas  sujetas a sus bragas negras para que no se cayeran y un sujetador negro. Era imponente físicamente.

 

Comprobé fascinado como la señora portaba algo en sus manos, sujetaba entres sus manos unos guantes negros de goma o de caucho, largos y de goma gruesa, estilo industrial. Comenzó a enfundarse los guantes en sus manos, sus brazos eran tan amplios que no entraban, ella hizo fuerza y poco a poco comenzaron a  entrar en sus manos y brazos, mientas escuchaba el rechinar de la goma ajustándose. Tras mucha dificultad comenzó a enfundarse los guantes en sus manos, la quedaban muy ajustados, parecían que iban a reventar en cualquier momento de lo apretados que la quedaban en sus manos y brazos hasta los codos, pero no iban a reventar, estaban justo donde ella querían, ajustados y dándola facilidad de movimiento en sus manos.  Eran un talla inferior a su brazo, la quedaban muy justos, no la sobraba espacio , ni se la caerían de los antebrazos.

 

  • Pediste guantes, ¿verdad?, aquí los tienes. Te prometo que los odiaras, solo te producirán dolor. Me encantan  – volvió a incriminarme sobre sus guantes intentando provocarme miedo.

 

La señora Mistress Pain se acercó de nuevo hacia el cajón de uno de los muebles y agarró una cinta de embalar de color gris. Se dirigió hacia mí con ella sobre sus manos enguantadas.

 

  • Me falta un último detalle. Amordazarte – Me dijo con tono serio y grave.

 

Había conseguido intimidarme, estaba completamente inmovilizado, no podía moverme, ni escapar, tan solo conservaba mi voz. Me entró algo de miedo y suplique ligeramente.

 

  • No es necesario señora, no hablaré si lo desea – La dije educadamente intentando persuadirla.

 

  • Ohhh, ya lo creo que es necesario. ¿Te acuerdas del punto que has firmado? No pienso aguantar tus gritos desconsolados, quejidos y llantos de niña. Voy a castigarte como nunca antes los había hecho a ningún esclavo, te has burlado de mí y eso no lo voy a consentir. Por otro lado, voy a asegúrame que nadie pueda escucharte, ¿alguien sabe que estas aquí? No. Olvídate de que alguien pueda ayudarte, firmaste el contrato estúpido, nadie te va a ayudar, porque pedirás ayuda.  Ahora prepárate para vivir una verdadera pesadilla llena de dolor y sufrimiento. Lloraras y lloraras y nadie podrá oírte, jajajajjaa - . La señora comenzó a reírse a carcajadas.

 

Quedé asustado por sus palabras, pero era cierto que había firmado el contrato y bien claro fijaba el punto que sería amordazado. ¿Aquello era una fantasía de secuestro pactada, o era un secuestro de verdad?, quedé atemorizado y mis dudas me invadieron, intenté de nuevo persuadirla, suplicarla que no me amordazará, que no gritaría, si lo hacía sería un mero objeto a su merced, pero no causo mis suplicas el menor efecto. Comprobé como comenzó a desabrocharse las ligas de sus medias y comenzó a bajarse sus enormes bragas negras por sus muslos y pantorrillas. Se inclinó y agarró sus grandes bragas negras con una mano enguantada a la vez que las estrujaba haciéndolas un ovillo.

 

  • Abre la boca, estúpido- Me ordeno.

 

Me negué a abrir la boca, el miedo me controló, ¡¡ iba a amordazarme ¡¡ - Traté de resistirme cerrando la boca y apretando la  mandíbula.

 

 

Al no obedecer, al instante noté su mano izquierda enfundada  en su guante grueso de goma sobre mi nariz. Estrujó mi nariz y la atenazó entre sus dedos de goma  impidiendo pudiese respirar por ella. Mi respiración nasal quedó cerrada por sus dedos de goma.

 

  • Te dije claramente que una vez firmado el contrato no me detendría. No vas a hacer perder mi tiempo. No vas a emitir sonido alguno en las próximas 48 horas, te retorcerás de dolor, vivirás un infierno, lloraras, pero nadie te va a escuchar, olvídate de escapar o gritar, voy a darte lo que te mereces, dolor y dolor, voy a disfrutar mucho castigándote hasta que no puedas más. Nunca volverás a reírte de mí. Te acuerdas lo que te dije: ¿qué pasa cuando no pueden más mis esclavos?, intensifico el dolor hasta que suplican piedad, pero en tu caso ni suplicar podrás amordazado, voy a realizar todas mis fantasías, voy a torturarte con toda la máxima dureza, como nunca antes lo había hecho, eres un auténtico estúpido que se ha reído de mí y no lo voy a consentir,se ha convertido  en algo personal para mí , se te van a quitar las ganas de haberlo hecho. - . Me dijo con unas palabras durísimas.

 

Quedé aterrado, intenté suplicar o pedir auxilio, ¡¡aquello era un secuestro de verdad¡¡. Seguía atenazando mi nariz entre sus dedos y al abrir la boca para pedir auxilio lo único que me encontré fue sus grandes bragas en la comisura de mis labios, no me dio tiempo a decir una sola palabra, introdujo un extremo de sus bragas en mi boca, Una vez introducida un extremo de la mordaza, apretó fuertemente con la yema de sus dedos enguantados para que entrañaran al interior de mi boca.  Comenzó a forzar y forzar más y más sus dedos, poco a poco iban entrando sus bragas dentro de mi boca. Al poco tiempo comencé a quedarme sin aire, tenía atenazada mi nariz entre sus guantes y mi boca permanecía inflada de la tela de su mordaza.¡ Necesitaba oxígeno¡ pero la señora seguía presionando sus bragas dentro de mi boca sin soltar mi nariz. Dio un estirón final y finalmente entraron por completo sus bragas en el interior de mi boca, demasiado dentro, las tenía hasta la campanilla. Soltó mi nariz y respiré exhausto, creí que iba a asfixiarme, llevaba tiempo sin respirar.

 

Saboreé  un hedor dentro de mi boca, sus bragas estaban tremendamente sucias. Sabían a orines y restos de su ano. Deduzco que las había llevado puestas durante varios días, el sabor era muy fuerte y repugnante. Me sentí completamente humillado sin poder hacer nada para remediarlo. La señora pegó el extremo de la cinta de embalar gris sobre la comisura de mis labios y comenzó a envolverme la boca, posteriormente la cabeza y repetidamente comenzó a dar vueltas y vueltas con la cinta sobre mi boca y cabeza. Tensó la cinta para que quedara muy apretada. Tenía la boca llena de sus sucias bragas y a la vez apretadas por la cinta. Dio una vuelta más y otra, no paró de dar vueltas. Se cercioró que no pudiese escupir la mordaza, era imposible, estaba muy apretada y había dado muchas vueltas sobre mi boca y cara.  Era una sensación de agonía y humillación. Traté de gritar y no se escuchó sonido alguno de mi boca, estaba completamente rellena de sus bragas. Traté de escupirlas pero era inútil, llevaba varias capas de cinta gris en mi boca y cabeza. Estaba completamente amordazado sin poder emitir el más mínimo sonido. Mi boca comenzó a degustar un sabor muy fuerte a suciedad y orines. No podía hacer nada para evitar aquel sabor y cada vez era más intenso. 

 

  • Ahora nadie podrá escucharte, estúpido. No va a salvarte nadie, voy a castigarte como te mereces. Eres tan estúpido que buscaste tu fantasía, me encontraste y te acepté. Te reíste de mí edad, una vieja chocha y gorda que no sería capaz de castigarte. Me humillaste, y faltaste al respeto. Nunca antes ningún esclavo lo había hecho. Voy a tratarte como te mereces, vas a vivir las peores 48 horas de toda tu vida y nadie va a escuchar tus llantos y quejidos. JAJAJAJAJA – Fulminó la señora provocando mi absoluto pánico.

 

 

¿Aquello era parte de la fantasía o estaba hablando de verdad? Estaba aterrado. Traté de escaparme o gritar, pero era imposible, no podía moverme, estaba esposado duramente, los pies atados a la vez que  encadenado por una cadena muy gruesa a mi cuello y a la columna, para rematar mi i boca completamente amordazada y humillada por sus sucias bragas.

 

  • Comencemos tu castigo – dijo la señora sonriendo.

 

PARTE IV: A CORREAZOS SE APRENDE

 

Mistress Pain se dirigió hacia uno de los cajones de los muebles que había en  el sótano. Sacó algo de su interior y se giró dirigiéndose hacia mí de nuevo. Contemple a la vieja señora  dirigiéndose hacia mí con un cinturón de cuero grueso sujeto entre sus guantes de goma. No era un cinturón de hombre, era de mujer, grueso ancho de los que se colocan de complemento alrededor de la cintura. Caminó despacio hasta situarse a escasos centímetros de donde me encontraba recostado bocabajo. Comenzó a enrollarse el extremo del cinturón grueso sobre la palma de su mano para que no se la escapara y hacerlo más corto y manejable. 

 

  • ¡Te reíste, te burlaste, una anciana como yo no puede causarte dolor me repetiste¡  A ver si ahora piensas lo mismo estúpido ¡  .-Me dijo a la vez que dio un paso más hacia mí. Se situó a un lado mío con el chirrido de sus botas de lluvia. Se inclinó hacia el suelo donde me encontraba y noté el tacto de su mano enguantada sobre mi pelo. Atenazó la palma de su mano enguantada sobre mi pelo y la cerró duramente. Tiró de mi pelo con fuerza y me levanto de un tirón de pelo. Me obligó sujeto por el pelo a colocarme de rodillas. Se me humedecieron los ojos debido al dolor de su tirón de pelo, me sujetó y tiró  con toda su fuerza bruta. Dejó bien claro que no iba a tratarme con delicadeza. Continuó tirando de mi pelo con mucha fuerza manteniendo mi cabeza inclinada hacia atrás. Buffff que dolor, tenía mucha fuerza la señora. Me levantó sin la menor piedad y violentamente con toda su fuerza sujeto por el cabello. No cedió en su dureza, continuó tirando de mi pelo sujetándome en esa posición mientras dirigió su voz de nuevo hacia mí:

 

  • Voy a romperte el culo a correazos como te mereces. No voy a reprimirme, voy a azotarte duramente, no vas a poder sentarte durante mucho tiempo. No debiste faltarme al respeto estúpido. Ahora comprobaré si se rompe antes tu culo o la correa - Me dijo malhumorada.

 

Levantó su mano derecha y descargó la gruesa correa contra mi culo a la vez que me sujetaba por el pelo.

 

 

ZAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSS       Me azotó con mucha dureza. Utilizó su fuerza provocando un dolor terrible. El chasquido de la correa resonó en toda la habitación. El dolor fue tan fuerte que traté de gritar para aliviarme, pero me encontré sus bragas de mordaza, no pude emitir sonido alguno. El miedo se volvió a apoderar de mí. No podía quejarme, ni gritar, ni suplicar.

 

 

 

ZAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSS ZAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSS

 

 

Recibí nuevos correazos igual de duros que el anterior. Mi culo se volvió completamente rojo, descargó la correa con gran intensidad. El dolor fue en aumento, comencé a sentir la quemazón de mi piel al chocar su corra contra mi trasero. La vieja señora no se detuvo, continuó azotándome una y otra vez, descargando muy duramente su correa. Nunca antes me habían azotado con tanta intensidad, aquella mujer era verdaderamente sádica.

 

ZAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSSS ZAAAAAAAAAAAAAAAA ZAAAAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSS  Los correazos continuaron sin pausa. Me sujetaba por el pelo inclinando mi cabeza hacia atrás mientras descargaba el cinturón con fuerza. El dolor comenzó a ser insoportable, me ardía el trasero, lo tenía al rojo vivo, me abrasaba.  Pronto se escapó la primera lágrima por mi mejilla debido al dolor. A esta primera lágrima le siguieron varias ya que la señora no cesaba, azotaba y azotaba sin piedad duramente. No se cansaba, descargaba su correa con ira y fuerza contra la piel de mi culo.

 

  • ¿Ahora ya no te ríes, verdad? Se te han quitado las ganas de faltarme al respeto. Esto no ha hecho nada más que empezar, voy a romper la correa en tu culo. Llora cuanto quieras que me da igual. Bien claro te lo dejé en el contrato, decidiré la dureza de tus castigos, aquí no hay palabra de seguridad, solo dolor y dolor hasta que a mí me plazca. – Me dijo furiosa.

 

 

Intenté gritar presa de pánico y pedir ayuda pero  no podía emitir sonido, su mordaza era muy eficaz. La señora parecía leerme el pensamiento, observó cómo intentaba gritar.

 

  • Ohhhh ¿No puedes gritar, nadie puede escucharte?- Me dijo con un tono irónico  de burla.

 

 

  • ¡ya te advertí en el contrato que no podrías gritar¡ pero tú te lo tomaste en broma y te burlaste de mí. Llora lo que quieras porque me he asegurado que nadie pueda escucharte. . – Me dijo a la vez que continuó descargando con gran intensidad  de nuevo su correa de forma airada contra mi culo.
  •  

ZAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSS

 

 

Desconozco cuanto tiempo estuvo azotándome, para mí se me hizo eterno, habían parecido días y solo había sido una hora.  Mi culo quedo completamente magullado y con verdugones. No podría sentarme durante mucho tiempo tal como me prometió la vieja señora.

 

  • Ohhhh , ¡ como llora el estúpido¡ se te han quitado las ganas de burlarte de mí, todavía te quedan muchos correazos por recibir, sigue llorando cuanto quieras – Me dijo de forma perversa mientras continuo dándome incesables  La señora estaba disfrutando mucho azotándome, tenía una mirada llena de gozo.

 

PARTE V: LAS DESTROZA – PEZONES

 

 

La vieja señora liberó mi pelo de entre sus guantes, dando por terminado mi castigo. Se dirigió de nuevo hacia un mueble que contenía varios cajones de madera. Abrió uno de los cajones y agarró unas pinzas metalizas Eran dos pinzas metalizas sujetas una a otra por una fina cadena. Las sujetó entre sus dedos y se dirigió hacia mí mostrándolas para que pudiese verlas con todo detalle.

 

  • Las destroza- pezones, las he bautizado. Las he fabricado yo misma. Me he asegurado que el muelle de ambas pinzas cierre con tal intensidad que produzcan un gran dolor. Apenas las he utilizado, a los pocos minutos ya lloriqueaban como niñas los esclavos, pero en tu caso, las vas a llevar puestas hasta que me plazca, cada segundo  será un infierno para ti .JAJAJAJAJA – Comenzó de nuevo a reírse mientras me mostraba y explicaba sus pinzas agarradas entre sus guantes de goma .

 

Intenté gritar en vano, escapar o arrastrarme, pero nada de eso podía hacer. La vieja señora agarró de nuevo mi pelo entre  la palma de su guante y deduje el dolor que iba a provocarme, tiró duramente hasta hacerme saltar lagrimas por la dureza de su tirón de pelo. No tuve más remedio que arrodillarme ante ella mientras empezó a colocarme las pinzas en mis pezones. Tal como me explico, se cerraban con una gran dureza en mis pezones, el dolor era insoportable. Atenazaban duramente mordiendo sin piedad, pero no fue nada comparado cuando agarró entre sus dedos la fina cadena que las unía y tiró de ella. Una descarga de dolor recorrió mis pezones, lloré y lloré desconsoladamente. El dolor era terrible y la señora se burlaba de mí.

 

PLAAAAAAAAAAAAAFFFFFFFFFFFFF PLAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAFFF

 

 

Recibí dos fuertes bofetadas que resonaron en la habitación. La goma de sus guantes chocaron contra mis mejillas severamente.

 

  • ¡Ahora no te ríes verdad ?, esto no es nada comparado con lo que te espera. He empezado con los castigos menos dolorosos y tengo muchas horas por delante, eres tan estúpido que firmaste todo y te burlaste de mí. Voy a sobrepasar tus límites de dolor hasta que no puedas más y cuando eso suceda seguiré aumentando más y más tus castigos. No voy a detenerme hasta que transcurran las 48 horas pactadas, no vas a poder escapar, ni nadie te va a escuchar. Desearas no haberme conocido estúpido, no volverás a burlarte de mí – Me dijo con un tono muy severo casi gritando llena de ira

 

Mistress Pain continuó tirando de la cadena que unía las pinzas provocándome un gran dolor, ya que tensaban mis pezones y los estiraba de forma muy dolorosa. Soltaba la cadena, sonreía y volvía tirar con fuerza provocándome una descarga de dolor.

 

  • Eres un completo estúpido – Me recriminaba a la vez que volvía a tirar de la fina cadena con su dedo, provocándome un dolor muy fuerte. Mis gritos se hubieran escuchado en el vecindario, pero no se escuchaba nada por su eficaz mordaza. Algo que propició que mi captora continuase causándome dolor sin piedad sin que nadie pudiese escucharme. Intentaba suplicar para que no estirase más de la cadena de las pinzas, pero no podía ni suplicar, tiraba una y otra vez mientras se burlaba de mí y me propinaba fuertes guantazos, estrellando su mano de goma en el rostro sin piedad.

 

  • Me encantan estos guantes. Puedo abofetearte como quiera y no me escuece ni la mano. Voy a usarlos en tu cara una y otra vez hasta que los aborrezcas – Me dijo sonriendo y mostrándome la palma de su guante de goma industrial, mientras volvía a soltarme otra bofetada y tirar de la cadena de las pinzas sin piedad provocándome un dolor indescriptible.

 

 

PARTE VI : SUPOSITORIO INFERNAL

 

La señora se dirigió de nuevo hacia el cajón y agarró algo minúsculo entre sus dedos  que no pude identificar y  posteriormente  un plug con forma de pene de goma. Se colocó frente a mí y me mostró ambos objetos. Averigüé que era el objeto minúsculo.¡¡ Era un supositorio¡¡.

 

  • Vas a retener este supositorio en tu culo, me encargaré que no puedas quitártelo. Lleva tabasco y picante, produce un ardor insoportable de aguantar, los esclavos inútiles suplicaban piedad y finalmente se lo quitaba de su interior, pero…. en tu caso firmaste que te castigaría como deseara, así que lo dejaré hasta que terminé su efecto y te advierto que pueden ser  varias horas. El culo te va a abrasar y no vas a poder quitártelo te lo prometo, vas a sentir el infierno, ¡pide ayuda si puedes¡JAJAJAJA-  La anciana  Continuó riéndose a carcajadas mientras introdujo el supositorio en mi ano sin remordimientos, forzó con la yema de su dedo enguantado para que entrase profundamente. Lo introdujo sin piedad de un empujón  sin importarla el dolor que me produjese al hacerlo. Acto seguido  Colocó el plug en mi ano para que no pudiese expulsarlo, así reteniéndolo en mi interior,  nada podía hacer para expulsarlo.

 

La señora no había terminado agarró un cepo de madera, un instrumento donde se introduce algo y girando una manivela comienza a cerrarse y cerrarse más hasta aplastar lo introducido. Quedé aterrado cuando colocó mis testículos entre las dos maderas y comenzó a girar la manivela .Mis testículos comenzaron a sentir una gran presión, poco a poco comenzaban a quedar estrangulados entre las dos robustas maderas, la presión comenzó a provocarme dolor y ella continuó cerrando el cepo hasta que dejó aprisionados mis testículos con una dureza cruel.

 

 

Deseaba gritar, mis pezones sentían un dolor muy fuerte, el supositorio comenzaba a hacer efecto y mi culo era un volcán en llamas, para colmo mis testículos me dolían con gran estruendo. Me dolía todo el cuerpo, estaba siendo torturado, humillado por la vieja señora. No podía escapar, ni tampoco gritar, no podía emitir el más mínimo sonido en mi boca.

 

 La vieja señora comenzó a vestirse, se colocó su falda y su blusa en su cuerpo. Me desilusionó volver a verla vestida, dejar de contemplar su enorme  cuerpo casi desnudo, solo sus medias negras hasta los muslos con las ligas colgando tras quitarse sus bragas y su sujetador negro a juego.  Se quitó  también con esfuerzo sus apretados guantes de  goma de sus manos, estaban tan encajados que  costaba sacárselos. Tuvo que tirar del extremo bruscamente para desencajarlos  de sus manos apretadas.

 

 

  • Ahora he de marcharme. Todos los sábados tengo mi partida de póker con mis amigas, ¡un estúpido como tú no va a impedir que acuda a mi cita semanal¡. Te quedaras aquí  disfrutando de tu dolor. Voy a tardar varias horas, relájate o será mucho peor, puede ser  una verdadera pesadilla. Cuando regrese comprobaré si sigues teniendo ganas de burlarte de mí. Ahhh quizás regrese algo contenta por el ponche que tomamos mientras jugamos, me divertiré causándote más dolor a mi regreso. No intentes escapar, gritar, pedir ayuda  o quitarte tus castigos, es absurdo ¡ no vas a poder ¡ .  Me he asegurado que así sea hasta que se cumplan las 48 horas pactadas. . ¡Voy a hacer contigo lo que quiera¡ y te aseguro que todavía nos has probado los castigos más duros. Esto solo es el comienzo. Te vas a quedar sin lágrimas de llorar te lo prometo.

 

La señora se dirigió hacia la puerta de salida de aquel frio sótano. Se guardó los guantes de goma en el bolsillo de  su impermeable. Apagó la luz dejándome a oscuras en aquel frio sótano. Escuché como giraba la llave encerrándome en aquella instancia. Me dejó lleno de dolor. Mi situación era muy dolorosa.  El tiempo comenzó a transcurrir en aquel oscuro y a la vez frio sótano. Me dolía todo el cuerpo, las esposas tal como me advirtió me dolían más y más, estaban muy apretadas, era imposible poder liberarse de ellas. Mi culo era un brasero completamente magullado con un supositorio que echaba lava en mi interior. Me había roto el culo a correazos  por fuera y por dentro, el simple roce del aire era muy doloroso. Las pinzas de mis pezones me apretaban duramente, era un constante mordisco que no cesaba. Mis testículos estaban apretados y cada segundo que pasaba era más doloroso.  Acepté mi situación, no podía hacer nada, solo aguantar y aguantar aquel dolor hasta el regreso de mi captora.

 

Ahhhhh el supositorio comenzaba a hacer efecto de verdad, me ardía mi trasero por dentro, el dolor era muy fuerte y solo podía suplicar que mi captora llegara lo antes posible para librarme de mis castigos.

 

PARTE VII: HORA DE COMER LOS PERROS

 

El tiempo transcurría muy lentamente encerrado y encadenado en aquel sótano. Los segundos se convertían en horas y los minutos en años, quizás exagere pero era eterno el tiempo cuando estas incómodo y recibiendo dolor y más dolor en todas las partes de tu cuerpo. Este era la pesadilla a la que se refería la señora, donde se para el tiempo y recibes dolor y dolor. Desconozco el tiempo que había pasado desde que se fue la señora, me habían parecido días, pero realmente serian horas, quizás 2 horas, quizás 3 horas. Estaba derrotado de recibir dolor. Había intentado escapar. Pero era imposible, la señora utilizó todos sus medios para impedir pudiese moverme un solo milímetro, así que escapar ya era algo imposible. Intenté pedir ayuda, gritar a través de mi mordaza, pero no podía ni mover la lengua, sus bragas eran tan grandes e inflaban por completo mi boca, no podía emitir sonido alguno. Intenté deshacer la idea de pedir ayuda. No tenía escapatoria.

 

Escuché el inconfundible sonido de sus botas al caminar, el crujido de sus botas de goma bajando las escaleras hacia el sótano. Cuando escuché la llave abriendo la puerta desde el exterior sentí una sensación de alivio. Entró la señora, encendió la luz y se dirigió con una sonrisa de oreja a oreja en su rostro.

 

  • Espero que estés disfrutando de tu estancia – Me dijo con burla. Portaba en su mano, un cuenco para perros y una bolsa de plástico.

 

Dejó el cuenco para perros frente a mí sobre el suelo. Abrió la bolsa y sacó una lata de comida para perros. Quitó la anilla y volcó su contenido en el cuenco. Llenó el cuenco para perros de comida.

 

  • Ahora vas a comerte lo que te he traído. ¡No voy a dejar que te mueras de hambre, ¡ en el contrato te especifiqué que comerías lo que yo quisiera y tú lo firmaste. Me recordó.

 

  • Voy a quitarte la mordaza para que puedas comer. Déjame advertirte, que si escuchó una sola palabra o queja, será mucho peor. Ahora pórtate bien, comete todo y no me hagas enfadar y quizás pueda quitarte las pinzas y el cepo como buen perro que eres. – Me dijo seriamente advirtiéndome.

 

Me quitó la mordaza y me ordenó que comísese toda la comida para perros que me había traído gentilmente. Se quedó mirándome para ver como cumplía sus órdenes.

 

  • No pienso comer esta basura, suéltame ahora mismo puta vieja gorda- La recriminé llena de ira.

 

La señora suspiró decepcionada. Su decepción se convirtió en ira y comenzó a gritar.

 

  • Eres un estúpido, no aprendes. No tolero la falta de modales, la desobediencia y mucho menos insultos. He sido demasiada blanda contigo. Voy a tratarte como te mereces – Dijo a la vez que se marchaba de la habitación para regresar unos minutos después con un delantal de plástico en sus manos. Cerró la puerta con llave tras de sí y acercó una silla dejándola al lado mío. Se colocó el delantal en su cuerpo por encima de su ropa para no mancharse, la llegaba hasta casi las rodillas, era de un tamaño muy grande que cubría su cuerpo. Agarró los guantes de goma gruesos y comenzó a enfundárselos en sus manos. El sonido de la goma me ponía nervioso, sus brazos y manos eran tan grandes que sus guantes entraban con dificultad, se esforzaba para que entraran y rechinaba la goma. Terminó de enfundarse los guantes dejándolos completamente apretados a su antebrazo.

 

  • Vas a comerte todo y después me vas a pedir perdón. Vas a suplicarme te dé otra lata te lo prometo – Me dijo a la vez que se sentaba en la silla que había colocado a mi lado.

 

Me sujetó por el pelo entre sus guantes y tiró duramente, creía me arrancaba el pelo del fuerte tirón, se humedecieron mis ojos, me trataba con crueldad. Acercó mi cuerpo al suyo, de tal forma que ella permanecía sentada en la silla y mi cuerpo pegado al suyo de rodillas, mi espalda junto a su abdomen , muy pegado y bien controlado entre sus rodillas y cuerpo. Metió su guante de goma en el cuenco y agarró  un puñado de aquella pastosa comida.

 

  • Abre la boca perro – Me ordenó.

 

Me negué a hacerlo, su mano agarró la pinza que apretaba uno de mis pezones y la retorció con fuerza. Sentí un dolor terrible, más intenso que antes, como si te mordiese un cocodrilo en los pezones. Fui a gritar de dolor y me encontré su mano enguantada introduciendo la comida dentro de mi boca. Una vez introducida tapó mi boca con su mano para que no pudiese escupirla. Me negaba a tragarla pero cerró con su otra mano mi nariz y me impidió respirar. Tenía la boca repleta de comida pastosa de perro  y tapada con su guante para no poder escupirla, mientras su otra mano me atenazaba las fosas nasales.

 

  • Te voy a enseñar a obedecerme, traga estúpido. – Me gritó muy airada, la había enfadado por completo faltándola al respeto e insultándola, algo que detestaba. No tuve más remedio que tragar aquella repugnante comida.

 

 

Volvió a repetir el proceso, agarró la comida viscosa entre sus mano, la introdujo en mi boca, esta vez  sus botas de goma pisaron  el cepo de mis testículos produciéndome un dolor insoportable, una descarga eléctrica de dolor. No tuve más remedio que abrir la boca e introdujo toda la comida. Impidiéndome respirar tapando boca y nariz, tragué todo sin rechistar.

 

  • Me has desobedecido, faltado al respeto e insultado. Eso no lo voy a consentir. Voy a pensar un castigo muy severo que te ayude a obedecer – Me dijo.

 

Yo pensé que ya estaba siendo castigado haciéndome tragar aquella comida de esa forma, ese era el castigo, pero estaba equivocado, era solo la consecuencia, no el castigo. Si se desobedecía a la señora ella te obligaba a obedecer  su orden por las malas  y posteriormente te castigaba para que lo recordaras, ese era su procedimiento.

 

  • Ya se cual será tu castigo. Esta noche cuando vuelva a traer tu comida, será algo mucho peor. Va a salir de mi cuerpo reciente y tú te lo vas a comer todo sin rechistar. Te prometo que lo tragaras o te quedaras sin pezones y testículos, los estrujare hasta que te comas todo. Así aprenderás. Te aseguro que después de probar eso, mañana no rechistaras y te comerás todo lo que te traiga .Vas a ser un come mierdas te lo prometo. . Me dijo furiosa. Sabía perfectamente de que hablaba, iba a hacer sus necesidades y me las iba a hacer comer. Todo cuanto prometía se cumplía. No habría forma de escapar, podría torturas mis pezones y testículos de tal forma que me comería todo sin rechistar.

 

Terminé de comer toda la lata de comida de sus guantes, fui obligado hasta no dejar una sola gota. Estaba completamente empachado y humillado.

 

  • Si yo digo que hagas algo, ¡¡ lo harás¡ sino tendrás que pagar las consecuencias y pueden ser terribles. Vas a ser un auténtico comemierdas, después de tragar lo próximo que te voy a traer, nunca jamás volverás a desobedecerme. Te lo dejé bien claro, vas a comer lo que yo quiera te guste o no, por las malas será mucho peor ¡- Me asustó su próxima amenaza.

 

 

 Agarró de nuevo sus bragas sucias que estaban en el suelo y las acercó de nuevo a mi boca.

 

  • Abre la boca – Me ordeno. Iba a amordazarme de nuevo. Aquello sería mi perdición, volvería a estar bajo su completo control de nuevo. Así que aproveche el momento que no estaba amordazado para pedir ayuda.

 

  • Socooooorrroooo – Grité con intensidad.

 

La señora se enojó de nuevo por mi comportamiento.

 

  • ¡¡ No aprendes¡¡ Insistes en desobedecerme, eres el esclavo más estúpido que he conocido ¡¡ Tendré que duplicar tu castigo. Tendré que causarte mucho más dolor para que aprendas.- Me dijo furiosa por mi comportamiento.

 

 

 

PARTE VIII

 

 

Noté de nuevo sus bragas en la comisura de mis labios, iba a amordazarme de nuevo. Esta vez no me dio la opción de abrir la boca, me agarró por las pinzas sujetas a mis pezones y tiró de ellas con fuerza. El dolor fue inaguantable, me electrocutó mis pezones del dolor que sentí. Tiró con tal dureza que casi arranca las pinzas de mis pezones. Intenté gritar por el dolor que me había causado, pero ya conocía lo que iba a suceder, al abrir la boca me encontré de nuevo sus bragas en mi boca. Las forzó y forzó con sus manos enguantadas hasta que entraron por completo en mi boca. Inflaron mi boca y posteriormente las volvió a precintar con cinta americana. Gastó la otra mitad del rollo que la quedaba. No escatimaba en cinta, se aseguraba que la mordaza fuera completamente eficaz, sin darme la menor posibilidad de escupirlas o de poder pedir ayuda al exterior del frio sótano. Saboreé  de nuevo el repugnante sabor de su sucia mordaza.

 

La señora me quitó el cepo que atenazaba mis testículos. Sentí una sensación de alivio, lo había llevado durante mucho tiempo causándome dolor. Este alivio fue momentáneo porque sin esperarlo, recibí una patada de sus botas de goma en los testículos. Sentí el infierno del que me hablaba, el dolor fue terrible. Deseaba retorcerme, tocarme pero mis manos esposadas me lo impedían, necesitaba  aliviarme, pero atado era imposible. Antes de reponerme recibí una segunda patada, la parte superior de sus botas de goma impacto contra mis testículos por la parte de abajo. El dolor aumento más, me dejó completamente noqueado.

 

Agarró mis testículos entre su mano enguantada y los estrujó sin piedad retorciéndolos como un trapo mojado para escurrir. Escuché el sonido de sus guantes chirriando mientras lo hacía, el dolor fue muy intenso y ella continuaba estrujándolos entre su mano.

 

  • Auxiliooo, auxiliooooo - Dijo con voz burlona y sarcástica , imitándome, se reía de mis quejas que ya no podría emitir.

 

  • ¡Todavía no has comprendido que nadie va a ayudarte¡ Me has hecho enfadar y tendrás que pagarlo, no volverás a desobedecerme. No vas a poder sentarte en mucho tiempo por los correazos y tampoco podrás andar por el dolor de testículos- Me dijo furiosa mientras continuaba apretándolos y yo aguantando el dolor sin poder retorcerme.

 

Sus dos patadas y su agarrón de testículos me dejaron inerte por completo, ni zarandearme podía debido al dolor. La señora se dirigió hacía un cajón y regresó con varias pinzas de madera de tender la ropa en el exterior. Comenzó a poner las pinzas sobre la piel de los testículos. Apretaban pero nada comparado con el cepo, las pinzas de madera no causaban tanto dolor. Ingenuo de mí, pensaba que  no me provocaría dolor con unas pinzas de madera. Colocó muchas alrededor de mis testículos, diez, quizás quince. Mis testículos estaban atenazados por numerosas pinzas de madera. Regresó con un gato de cuero de siete colas, al menos fue lo que yo pude observar.

 

  • Nunca se me ha dado bien quitar las pinzas de madera con el gato, siempre me ha costado muchos intentos. Hoy voy a superarme, hasta que no salté la última pinza no me detendré – Me dijo, sin entender muy bien a que se refería.

 

Me azotó con el gato de finas tiras en los testículos con dureza y me produjo un dolor impactante, terrible, inaudito. Su gato de piel se estrelló contra las pinzas y solo una de ellas se soltó tras el impacto de la piel de mis testículos. Azotó de nuevo con más fuerza y saltaron dos pinzas al estrellarse el gato contra las pinzas y los testículos, el dolor fue insoportable. El juego se trataba de quitar las pinzas atenazadas en mis testículos a base de azotes de su gato. El dolor era terrible. Se me saltaron las lágrimas por la dureza. Continuó azotándome con su pequeño látigo de finas tiras hasta quitarme las pinzas una por una. Lloraba de dolor y ella continuaba azotándome. Tras muchos intentos y tiempo consiguió quitar todas de mi piel. Era muy doloroso aquel castigo.

 

  • ¿Ves que mal se me da? demasiados intentos hasta quitar las pinzas. Voy a intentarlo de nuevo, esta vez azotaré más fuerte para que salten de inmediato - Me aterraron sus palabras mientras colocaba de nuevo la multitud de pinzas de madera alrededor de la piel de mis testículos.

 

 

El dolor fue mucho más intenso, comenzó a descargar su látigo de colas con más intensidad y dureza en mis testículos. Lloraba y lloraba sin parar, era terrible el dolor. Descargó su látigo de colas con más fuerza para que el impacto fuera mayor. Utilizó su dureza y crueldad.

 

  • ¿Ya no te burlas de mí, verdad?, ¿se te han quitado las ganas de desobedecerme?- Me preguntó retóricamente, ya que no podía contestarla por la mordaza, pero hubiera contestado que estaba completamente arrepentido.

 

La señora se sentó en la silla de madera que había en la habitación tomándose un descanso  y se encendió un cigarrillo largo y fino mientras me contemplaba. Mientras fumaba me habló duramente.

 

 

  • ¡Todavía te queda mucho hasta terminar tu secuestro¡ Pactamos 48 horas y te dije que no me detendría. Tu primer día está a punto de terminar. Mañana continuaremos, no te olvides tu castigo, vas a ser un comemierdas, vas a tragar lo que yo te traiga sin rechistar de mis guantes de goma. ¿deseabas guantes, verdad? los detestarás. No te preocupes porque luego te aplicaré un enema muy doloroso, te lo haré retener mucho tiempo y quedaras aliviado.JAJAJA – Me reprendió mientras seguía fumando.

 

La señora se levantó, se acercó a mí y apagó el fino cigarrillo en mis testículos. El dolor fue una verdadera pesadilla. Ella sonrió y me agarró del pelo bruscamente de nuevo, acercando su rostro al mío. Pude contemplar sus arrugas de la edad, de las que me había burlado constantemente. Pegó su cara junto a mí y me hablo duramente mientras me sujetaba por el pelo.

 

  • Estoy disfrutando mucho contigo, un completo estúpido que puedo hacer lo que quiera para divertirme. Estoy empezando a plantearme lo de las 48 horas. Quicas rompa el contrato y te tendré en mi sótano hasta que me plazca y me aburra de castigarte. Ohhhhh ¿y qué vas a hacer tu? ¿a quién pedirás ayuda, quien sabe que estas aquí? Nadie¡¡. Olvídate de salir, voy a castigarte día tras día para mi diversión y no podrás hacer nada para evitarlo. No te preocupes que te alimentaré a base de mis desperdicios, mis guantes te darán de comer día tras día. JAJAJAJA. – Me dijo de forma siniestra y totalmente cruel y sádica. (lo dijo solo para intimidarme, ella siempre cumplía lo que prometía y pactaba. Respetaría el contrato, su duración, pero sus palabras  pretendían asustarme)

 

Quedé aterrado por sus palabras…… ¿sería cierto?, esto era un secuestro de verdad, no pensaba liberarme.

 

PARTE IX: TEN CUIDADO CON LO QUE DESEAS

 

No se trata de extender más este relato. Si queréis conocer el final de esta historia de fantasía de secuestro, os diré que  me liberó a las 48 horas tal como habíamos pactado. Mistress Pain siempre cumple lo que promete, sus castigos y sus contratos.   Había conseguido  producirme miedo y terror, había conseguido que el secuestro fuese real. Había sentido miedo de verdad, pensaba que no iba a liberarme. Era una mujer completamente sádica que tal como me advirtió castigaba a sus esclavos sin piedad .Me aplicó todos los castigos prometidos, no tuve más remedio que tragar sus desperdicios de sus guantes de goma de  una forma cruel y lleno de dolor, pero a ella no la importó, no se detuvo. Mis llantos no la importaron, tragué y tragué de sus guantes. Cumplió lo prometido. Me aplicó el doloroso enema y me castigó de múltiples formas hasta terminar la duración del contrato.

 

Cuando me liberó de mi mordaza  para liberarme y dar por concluido mi secuestro, me preguntó:

 

  • ¿No volverás a desear tu secuestro, verdad?- Esperando mi contestación. Ella era conocedora que yo no me atrevería a más. Había aprendido la lección de no volver a desearlo.

 

  • Por supuesto que sí, ha sido espectacular – Respondí completamente magullado, lleno de dolor.

 

  • Muy bien, la próxima vez no estaré sola, estaré acompañada de alguna amiga, recibirás el doble de castigos, te azotaremos sin piedad y te castigaremos hasta que nos plazca y tú no podrás ni moverte ni emitir queja alguna. 48 horas se quedan cortas, te secuestraremos durante varios días, quizás una semana ¿te atreves estúpido? – Me propuso de forma seria

 

 

  • Por supuesto que sí, señora – La contesté respetuosamente. Había sido increíble la fantasía, quería más.

 

  • Eres un completo estúpido. Te enviaré el nuevo contrato, los preliminares se han terminado, tu próximo secuestro será mucho más duro. Te vamos a hacer pasar un verdadero infierno, esta vez dejaremos la duración a nuestro antojo.  Quizás pases días, semanas o meses encerrado. Hasta que decidamos soltarte. Nadie sabrá que estas aquí ni podrán oírte, nos ocuparemos de que así sea. No te preocupes que te alimentaremos con nuestros desperdicios, comerás doble ración, come mierdas. Así aprenderás a obedecer. Trae el contrato firmado y vivirás una pesadilla que nunca terminará. – Me dijo seriamente, no bromeaba, iba a enviarme un nuevo contrato.

 

 

 

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