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Atrapados en el ascensor.

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Iniciador del debate   [#1947]

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                           Una noche de verano volviendo de marcha. Yo había estado con un colega y como de costumbre no nos habíamos comido un colín. Supongo que las chicas veían nuestra pinta de desesperados y nos daban de lado. Así que nos fuimos para casa, he de admitir que algo pedo los dos. 

                            En el portal de la torre me la encuentro. Una casualidad como hay muchas. Mi hermana volvía a casa de estar de copas con sus amigas. Y llegaba a la misma hora que yo. Pero suponía que ella con su cuerpazo habría tenido mucho más éxito que yo. Solo con chascar los dedos tendría a sus pies cualquier tipo que quisiera. 

                          Al verla llegar por la calle con su faldita corta mantuve la puerta abierta para ella. Como buen hermano la esperé. Supongo que ambos íbamos un poco achispados, aunque no borrachos. Pero sería lo normal una noche de sábado. 

- ¡Qué caballero!. Tato. 

                         Tampoco me había fijado mucho en mi hermana como mujer y no es por que fuera fea o estuviera mal. Siempre estaba ahí. Habíamos crecido juntos. Así que admito que la miraba un poco como un cuadro en la pared, sabes que está ahí, pero terminas por no prestarle atención. 

                         Pero esa noche parecía algo especial. No sé si fue el calor, que yo ya venía caliente de la última disco. O su ropa, algo escasa he de confesarlo, su forma de caminar meneando la cadera según se acercaba al portal. 

- Solo por ti. Vamos hermanita. Te espero. 

- Gracias, tato. 

                           Yo con un vaquero y una camiseta iba tan normal como siempre. Pero ella con su minifalda y top estaba espectacular. Lo habría estado con un saco de patatas. Pero si encima lucía así la abundancia de sus prietas carnes se la levantaría al más santo varón. 

                          Admito que no es una belleza al uso. Aún sin llegar al extremo de ser propietaria de un culo del calibre de una Kardashian es bastante voluptuosa. En absoluto una anoréxica como cualquier modelo de desfile de moda. 

- ¿Vuelves ya?.

- Si, hoy no había nadie interesante por ningún sitio. 

- Eso me ha pasado a mí. 

                           Yo soy algo más alto y en ese momento, muy juntos al entrar en el ascensor, disfrutaba de la visión privilegiada del balcón de su escote, muy generoso por cierto. 

                          Sería que ya venía cachondo. Pero verla así aún subía el nivel de mi calentura. No puedo hablar por ella, claro, pero creo que se dio cuenta enseguida de cómo estaba completamente perdido en la visión de sus preciosas tetas. 

- Nene, ¡Que mis ojos están más arriba!.

                             Pero por cómo lo decía no parecía molesta. 

- ¡Ah si!. En el décimo. Anda dale al botón. 

                               Traté de bromear. El ascensor se puso en marcha pero enseguida empezó a hacer ruidos raros. Mi hermana asustada se abrazó con fuerza a mi cuerpo. Notar sus tetas en mi torso empezó a ponerme cachondo. 

- No pasa nada enseguida llegaremos. 

                              Intenté tranquilizarla haciéndome el valiente. Aunque admito que durante unos segundos estuve bastante acojonado. Hasta que el cacharro se detuvo del todo entre dos pisos. Sabía que esas cosas tienen frenos de emergencia y no nos íbamos a caer. Pero a esas horas ¿Quién nos iba a sacar de allí?.

- Dale al botón de la alarma a ver.

                            Pulsó, pero el dibujito de la campanita no hacía nada. Luego nos enteramos de que la comunidad hacia años que no pagaba la línea de teléfono del ascensor. 

- Mi móvil no tiene cobertura. 

- Ni el mío. El hueco de los ascensores y la escalera es una caja de hormigón armado con barras de acero. Y los frenos parece que han actuado, no nos vamos a caer. 

- El que estudies arquitectura no nos va a sacar de este lío. 

- Ni eso ni nada, hasta que no se levante alguien y faltan horas para eso. 

- Me estás diciendo que más vale que nos pongamos cómodos y esperemos. ¿No?.

- Básicamente. Pues menos mal que el suelo está bastante limpio. O nos íbamos a pasar la noche de pie. 

                               Me senté en el suelo y estiré las piernas. Eso me puso nervioso estaba viendo los muslos de mi hermana desde abajo. Y como su falda era muy corta casi podía contemplar su xoxito o al menos su tanga. 

- Siéntate de una vez. Me estás poniendo nervioso. Vamos a pasar un buen rato aquí. 

- Te lo tomas con mucha calma. 

- Y qué remedio queda. Anda cuéntame algo de tu noche a ver si pasamos el rato. 

- Ha sido súper aburrida. Solo estábamos Marta y yo. Todos los tíos que se nos acercaban eran unos babosos. 

- Osea como mis colegas y yo. Por cierto Marta está muy buena. 

- Ves como si sois un poco babosos. 

                              Bromeando intentábamos relajarnos y pasar el tiempo. Pero la parte de relajarme la tenía complicada. Sonia se había sentado enfrente de mí y la faldita había empezado a bajar por sus preciosas piernas que estaban recogidas. Menos mal que lo había hecho hacia un lado y me tapaba el tanga con su muslo. Pero ya podía ver casi la mitad de su nalga y acabábamos de quedar encerrados. 

- Lo admito. Por eso no ligamos nada. 

- Si tuvierais un poco más de cuidado, saber poner cara de poker, os las llevaríais de calle. Estáis bastante bien. 

- ¿Tu crees?.

- Bueno, tú tienes buen cuerpo y eres mono. Y tus amigos no están mal del todo. 

- ¡Ya!. Entonces el problema es la actitud. 

- ¿Acaso no me estás mirando las piernas y las tetas?.

- ¡Joder es que son preciosas! y no hay mucho más que ver por aquí. 

- ¿En serio?. ¿No crees que estoy gorda?.

- Nena, eres perfecta. Ya me gustaría tener una novia con tu cuerpo y tu cara. 

- ¿No empieza a hacer calor aquí?. Al menos sabes echar un piropo. 

                         Y sí que lo hacía. Pero buena parte de ello salía de mi entrepierna además de la temperatura exterior. 

- Es solo que estamos muy encerrados. No pasa nada. Ven aquí anda. 

                                Juro que en ese momento no pensaba que fuera a pasar nada inapropiado. Pero me resultaba imposible controlar mi calentura. Menos aún cuando se refugió bajo mi brazo dejando sus tetazas justo bajo mi barbilla y su muslo rozando el mío. 

                                Rodeé sus hombros y la pegué más a mi cuerpo. Creo que ese gesto la hizo sentir más segura. Apoyó la cabeza en mi pecho. Tenía estar oyendo mi corazón a mil. Apoyó una mano en mi vientre. La notaba firme y caliente sobre mis abdominales. Era un gesto cariñoso y de confianza. Al principio solo lo vi así. 

                                Empezó a bajar un poco más. Un momento más tarde la mano estaba sobre mi cinturón. Yo había empezado a darle besitos suaves y dulces en la cabeza, sobre el cabello. Pero alguna vez llegaba cerca de su orejita. 

- Pareces más relajada. 

- Lo estoy. Muy a gusto contigo. Hacia años que no estábamos tan juntos. Me da seguridad. 

- Creo que desde que empezaron a crecerte las tetas. Te cogí mucho respeto por entonces. No me parecía correcto achucharte así. 

- Pues no sé por qué. Soy la misma. O ¿no te gustan mis tetas?. 

- Ya te he dicho que sí. Me encantan, aunque no las haya visto nunca. 

- Entonces ¿por qué no me las estás tocando?.

                          Ella ya había pasado el cinturón. Tenía la mano apoyada en mi paquete duro sobre los vaqueros. Pero estaba relajado y no me sobresalté. 

- ¿Hablas en serio?. 

- Así podemos pasar el rato y divertirnos un poco. Vamos a pasar unas horas aquí. 

                       Sin separar una mano de mi bragueta usó la otra para bajar el escote del top y dejar uno de sus pechos al aire. Lo tenía a la vista y al alcance de mis dedos. Rocé su pezón con mucha suavidad. Escuche un gemido. 

- Hermana estamos jugando con fuego. 

- Pues vamos a quemarnos. Acaríciame. Estoy cachonda. 

                            Ella misma uso esa mano para mantener la mía en su pecho desnudo. Durante un rato estuve jugando con el pezón acariciándolo y pellizcándolo con suavidad. Mi polla estaba como una piedra bajo sus deditos.

- Estoy muy cachonda. No sé si es la adrenalina o que te veo guapo.

- ¿Has bebido mucho?.

- No lo suficiente como para que sea una justificación. 

                           En ese momento se giró y se sentó sobre mis muslos. Nos mirábamos a los ojos. La falda tapaba sus muslos, pero yo notaba el calor de sus nalgas en mis piernas. Tenía ante mi cara su teta desnuda, una sola todavía. Me retaba con su mirada. Hasta que nuestros labios se unieron en el primer beso de amantes que nos dimos.

                           Pronto las lenguas entraron en acción. Nuestros alientos sabían a alcohol pero nos daba igual. La saliva pasaba de boca en boca cómo si estuviéramos cruzando un desierto y esa fuera la única fuente de agua. 

                           En ese momento pude llevar las manos por sus muslos al culo que siempre me había hipnotizado. 

- Nena, llevas un tanga. 

- Pues claro, las bragas las llevo en el bolso. Dame un dedo. 

                             Llevó mi cabeza a la teta descubierta. Estaba muy claro lo que me pedía sin usar la boca. Así que puse la mía en su pezón y me puse a chuparlo cómo si pudiera sacar leche de allí. A la vez sujetó mi mano y se puso a chupar el índice poniendo bien de saliva en la operación. 

- Nene ya sabes lo que quiero que acaricies. Tonto del todo no eres. 

                                Me empezaba a dar cuenta de lo putita que es mi querida hermana. Pero no me iba a quejar si podía disfrutar de sus favores. Metido en harina llevé ese dedo a su ano por debajo de un cordón que apenas podía taparlo y me puse acariciar el oscuro objeto del deseo. Soltó un fuerte gemido que nadie más que yo podía oír. 

- Así, cariño. Suave. Tienes que calentar mucho a las chicas antes de follar. 

                               Ahora me hablaba bajito lamiendo mi oreja y mordisqueando el lóbulo. Con una voz ronca y lasciva que yo nunca le había oído. Se abrió el top del todo dejando sus tetas al alcance de mi hambrienta boca. Como me estaba dedicando a sus peras decidí que era mejor callar y seguir sus instrucciones.

                              Además con toda la sangre congregada en punta del nabo no estaba yo para responder nada coherente. Puede que algún jadeo se me escapara mientras cambiaba de un pezón al otro. 

                               Lo que si notaba era el calor de su cuerpo. El ano apretando mi dedo parecía que ardía. La poca tela del tanga estaba encharcada. Y estaba claro que pese a mi poca experiencia la estaba haciendo disfrutar. 

- Mete un poco más el dedo. Sigue cielo. ¿Sabrás que me lo vas a comer en algún momento?.

                                   ¿Comerme ese culazo? Sería el sueño de todos los pardillos de mis amigos y desde luego el mío. Pero ella no se iba a conformar con lo que le estaba haciendo. Quería más y aún faltaban horas hasta el amanecer. 

- Rompe el tanga.

                                  Creo que aquello estaba preparado. No hizo falta tirar muy fuerte. Me quedé con un trocito de encaje en la mano. Lo guardé en el bolsillo para no dejar pruebas incriminatorias en el ascensor. 

- Ese te lo regalo, como recuerdo. 

- ¿Y ahora qué?.

- Estate quietecito que me vas a comer el coño. 

                              Se puso de pie con una pierna a cada lado de mi cuerpo. Levantó la falda dos o tres veces jugando. Tenía su pubis justo encima de la cara. Algo goteaba y caía justo en mi boca abierta. Así de cachonda iba. Era lo más bonito que había visto en mi vida, aunque no era la primera vulva que veía. 

- ¿Te gusta?.

- Lo adoro. Es el coño más hermoso que he visto nunca. 

- Pues usa la lengua cariño. 

                                 No tuvo que decir nada más. Solo dobló las rodillas hasta que pude besarlo. Saqué la legua y si no estaba chupando el clítoris estaba intentando follarla con ella. Su xirri era un manantial directo a mí boca. Ella se agarraba a mi cabeza dándome algún tirón de pelo de vez en cuando prueba de lo caliente que estaba. Yo no había soltado su culazo separando las nalgas y jugando un poco más con el agujero negro. Entre jadeos me dijo. 

- ¡Me corro! Tato. Pero no creas que te libras con eso. Ya sabes lo que toca ahora. 

                                  La cabrona se giró dándome la espalda y poniendo el pandero antes mi rostro. Mi polla no había perdido dureza ni un segundo aunque hacía un rato que había dejado de prestarle atención. Aún no sabía si me iba a ir con un dolor de huevos del tamaño de la torre en la que vivíamos para casa o me iba a hacer el favor de descargarme. Pero me daba igual tenía a mí preciosa hermana solo para mí. 

                                Ella misma sujetaba la corta falda en la cintura. Yo solo tenía que separar las nalgas y clavar la lengua lo más fuerte y profundo que llegara. 

- ¡Está limpio!.

- Para qué crees que llevo un paquete de toallitas húmedas en el bolso. Tontín. No pares. Tienes que hacer que me corra un par de veces más. 

                              No me quedaba otra opción que hacerle caso. Pero no hubiera parado ni aunque los bomberos estuvieran abriendo las puertas para sacarnos del ascensor. En esa postura alcanzaba al culo y al coño. Podía saborear sus jugos y pasar de allí al ano. No cambio el sabor de mí hermana por el manjar más exquisito. Me he vuelto adicto al zumo de su coño. 

- Bueno, cariño. Creo que algo te va a tocar a tí. 

                               Sin cambiar la postura dobló ágilmente el cuerpo y empezó a abrir mis pantalones. Algún manotazo me había llevado por intentarlo yo mismo un rato antes. En ese gesto se clavó mi nariz en el culo y mi lengua, bueno porque no podía sacarla más sino le hubiera llegado al útero. 

- ¡Qué dura y caliente!. Justo como me gustan. Y parece que aguantas duro. 

- Me gusta hacer dudar mis pajas nena. Pero contigo en este plan ni idea. 

- De perra salida ¿dices?. Llamemos a las cosas por su nombre. Estamos follando, hermanito. Y aunque me veas en esta actitud no creas que lo hago con cualquiera. 

                                 No se detuvo mucho acariciando mi polla. No sé molestó en darse la vuelta. Creo que además quería demostrar lo flexible que es. Solo dobló las rodillas hasta que se sentó sobre mi pubis. Se clavó el rabo de un solo movimiento. No habrá horno más caliente, ni cueva más húmeda, ni prensa más poderosa. Decir que estaba en la gloria sería quedarme muy corto. 

                              Arqueaba la espalda a la vez que subía y bajaba la cadera. Giraba la cabeza para besar mis labios y lengua. Su melena me rozaba la cara y el pecho. Ella misma llevó mis manos a sus tetas para que las amasara y acariciara. A la vez que podía pellizcar sus pezones con suavidad. 

- ¡Así cariño mio!.

- ¡Pero si lo haces tú todo!. 

- Porque yo sé lo que me gusta y lo que te gusta a tí. 

- Tata, me voy a correr. 

- Yo también. Hazlo dentro. Ya tomo precauciones. 

                                  Entre jadeos y suspiros llegamos al orgasmo. No me las voy a dar de Superman y decir que lo hicimos a la vez. Cómo habéis comprendido mi experiencia no era tal que supiera tanto de sus reacciones. Pero si estoy convencido que le gustó. Prueba de ello es que hemos repetido desde entonces.

                               Se quedó unos momentos recostada sobre mí cuerpo mientras yo acariciaba con suavidad todo lo que podía alcanzar con las manos. Besaba su cuello y hombros con ternura. Esperando para que se repusiera y yo pudiera recobrar el ritmo de mí respiración. 

                               Pero ella es incansable e insaciable. Estaba claro que no teníamos sitio allí para hacer un sesenta y nueve. Pero no quería dejar pasar la noche sin probar mi polla. Aunque para ese momento había perdido toda su dureza.  

- ¡Ponte de pie!.

- ¿Y ahora qué?.

- Quiero probar tu lefa. 

                                   Desde luego le hice caso aunque no sabía si conseguiría levantar mi herramienta de nuevo. 

- Nena, no creo que se ponga dura. 

- Solo quiero probar lo que quede y mi sabor de ella. 

                                    Tenía mi relajada polla frente a su bonito rostro y durante un buen rato se dedicó a chuparme los huevos y la polla hasta dejarla completamente limpia. Tenía que notar el sabor de sus jugos. 

- Súbete el pantalón que tú polla es una tentación. Tendré que compartirla. A lo mejor podría recomendarte a alguna de mis amigas. 

- ¿Sin tan putitas como tú?.

- Alguna más. Tú me has comido el coñito casi tan bien como ella. 

- ¿También te gustan las chicas?.

- Cómo las chicos, solo las muy especiales. 

- Ya va siendo hora de que alguien se levante. 

- Dejame acurrucarme contigo un rato más. Me siento protegida. 

                                   Un rato más tarde alguien volvió a conectar la corriente y el ascensor se puso en marcha dejándonos en nuestro piso. Me dio un último beso en los labios antes de abrir la puerta de casa como promesa de volver a estar juntos. 

....... 


Larga y próspera vida


   
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