Mario, un cuarentón moreno, alto y bien parecido, entró en su habitación. Del inodoro salió su cuñada, que, colorada como una grana, le dijo:
-Perdona, Mario, pero no esperaba que llegara a estas horas.
Margarita se fue hacia la puerta de la habitación.
-Espera ahí, que tengo que hablar contigo, Marga.
Mario fue a orinar al inodoro; allí olía a coño que apestaba y en la tapa vio parte de los jugos de una corrida. Orinó, puso la polla tiesa y luego llamó a su cuñada.
-Marga, ven aquí.
La mujer, que era una treintañera, exmodelo, con el cabello corto, de ojos negros, muy alta, delgadita y que llevaba puesto un vestido gris de manga corta que le daba por debajo de las rodillas, llegó a la puerta del inodoro con la cabeza gacha.
-¿Qué es eso que hay en la tapa del inodoro, Marga?
Miró y vio parte de su corrida y también vio la polla morcillona.
-No te esperaba a estas horas.
-¿Y no había otro sitio para desahogarse?
No le respondió a la pregunta.
-¿Te puso sí así ver mis fluidos?
-Sí.
-Lo siento.
-No, aún no lo sientes, pero lo vas a sentir; baja la cremallera de mi pantalón y sácame la polla.
-¡Mario!
-¡Ni Mario ni hostias, si te has hecho la paja en mi habitación, fue pensando en mí, haz lo que te he dicho!
-Soy la mujer de tu hermano.
-A la que le metió los cuernos; por eso estás aquí.
-Si hago lo que me pides, sería como él.
-¿Y en tus pajas no lo eres?
-Es diferente.
-Diferente es una polla de un coño. Venga, méteselos tú a él.
Margarita comenzó a buscar excusas.
-Si viene tu mujer...
-Sabes de sobra que está con su madre.
-También tú debías estar trabajando.
-Déjate de tonterías, que estás deseando empezar la fiesta.
Margarita ya no le dio más vueltas.
-Eres un lobo que ve la debilidad y muerde.
- Venga, Caperucita, dalo todo.
Margarita se inclinó y quedó mirando para la polla.
-¿Qué miras?
-Miro que tienes una polla bonita.
Metió la polla en la boca, una polla gruesa y larga. Al principio la mamó con templanza, pero luego de ponerla dura, la mamó con lujuria.
-Quítate las bragas.
-No las llevo puestas, las tengo en el bolsillo del vestido.
Mario le subió el vestido, la levantó a ella en alto el peso, y le fue clavando la polla en el apretado coño. Al tenerla toda dentro, la empotró contra la pared y comenzó a darle caña. Mercedes le rodeó el cuello con sus brazos y apoyó la cabeza en su hombro.
-Mírame a los ojos, me gusta ver la cara de las mujeres cuando se corren.
Margarita lo miró a los ojos y vio a un prepotente abusando de ella, pero luego la polla entrando y saliendo de su coño la fue poniendo cada vez más perra y el prepotente lo vio como a un amante. Cuando se iba a correr, besó a Mario con lengua, y luego le bañó la polla con una copiosa corrida.
Al terminar de descargar, le preguntó:
-¿Cómo te sientes?
-Sucia.
La puso en el piso del inodoro, se agachó y le lamió el clítoris del coño pelado y corrido. Margarita se desinhibió y le puso una pierna en el hombro para que se lo comiera a gusto.
-Todo tuyo.
Mario metió todo el coño en la boca y se lo folló, metiendo y sacando la lengua en la vagina. Luego apretó la lengua contra el clítoris y lo lamió despacito. Al rato, Margarita le echó las manos a ambos lados de la cara y, mirando hacia abajo, movió la pelvis de delante hacia atrás y de atrás hacia delante cada vez más aprisa, hasta que se corrió en su boca.
Al acabar de tragar, Mario le dijo:
-¿Quieres montarme?
-Te montaría, pero puede venir tu mujer.
-Al ir a casa de su madre, nunca viene antes de la noche.
-Eso me dijo, pero no me fío... Bueno, vale, pero cierra la puerta de la habitación con llave por si acaso.
Mario cerró la puerta de la habitación con llave.
Se desnudaron mirándose y, al estar desnudos, se metieron en cama. Mario se echó boca arriba. Margarita se sentó sobre su vientre y luego lo besó.
-Quiero que me hagas algo que nunca le dejé hacer a mi marido.
-Pide por esa boquita de piñón.
-Dame por el culo, maestro.
-Quieres desquitarte a lo grande.
-Quiero.
-¿Te han dado alguna vez?
-No.
-En ese caso, tienes que saber que debes estar muy excitada para ser penetrada analmente.
-Ya estoy excitada; la idea en sí ya me excita.
Se echó hacia atrás y empuñó la polla.
-Métela primero en el coño para lubricarla.
La metió en el coño y debió de pensar que el culo podía esperar, ya que juntó las piernas y, besando a su cuñado, comenzó a follarlo.
-¿Has vivido este momento en alguna de tus pajas, Marga?
¿Contigo?
-No iba a ser con tu marido.
-Con mi marido también lo he vivido.
-Yo contigo he fantaseado muchas veces.
—Me alegra saberlo.
-Ya está engrasada, ya puedes meterla en el culo.
-Más engrasada estaría si me corro en ella.
Margarita se apoyó con las manos en la almohada, le dio las tetas a mamar y comenzó a follarlo con saña. Poco tardó en desplomarse sobre Mario y de correrse en su polla mientras gemía y se convulsionaba.
No bajó de su montura. Luego de unos picos y de descansar, sacó la polla del coño, se giró dándole la espalda a su cuñado, puso la cabeza en el ojete y le dijo:
-Vete metiéndola.
Mario empujó y metió casi toda la cabeza.
-Esta sensación es muy rara.
Con las manos en sus redondas nalgas, le preguntó:
-¿Qué sientes?
-Que me estás abriendo el culo.
Le metió la cabeza.
-¿Y ahora?
-Siento que tu polla me está rompiendo el culo.
Se la metió un poquito más.
-¿Mejor?
-¿Estás por vacilarme? Métela y calla.
No le gustaron sus palabras.
-¿La quieres toda dentro?
-Sí.
-¿Seguro?
No esperó a que le respondiera. Le metió la mitad de la polla.
-¡Hoooosssssotiiiiaaaaassssss!
Se la enterró hasta el fondo del culo.
-¡Coooooñoooooo!
-Ya la tienes dentro. ¿Qué sientes ahora?
-Que tengo una hoguera dentro del culo.
Margarita estaba sofocada, sofocada y sudada; tenía gotas de sudor en la espalda y en su redondo culo tenía hasta el cabello mojado con el sudor.
-Pues la debes tener porque sudas como una...
-Como una cerda, dilo, coño, dilo.
-No voy a decirte nada.
-Yo a ti sí, me entraron ganas de cagar.
Mario se alarmó.
-¡Ni se te ocurra cagar en mi cama!
-¿Cómo voy a cagar en tu cama con semejante tapón en el culo?
-¿Seguimos?
-Sí, ya que la tienes dentro, alivia mi culo con una corrida.
Le fue follando el culo poco a poco; sacaba dos centímetros y volvía a meter uno... Y así la folló hasta tener solo la mitad de la cabeza dentro.
A Margarita ya no le ardía tanto el culo, por eso, cuando tenía casi toda la polla fuera, la fue metiendo y sacando. Mario, viendo y sintiendo cómo la polla entraba y salía, se corrió. Margarita sintió la leche dentro de su coño, se emocionó, comenzó a meter y a sacar con ganas. Cuanto más le daba, más repartía la leche por el conducto y acabó corriéndose como una cerda.
Luego de quitarle la polla del culo, le dijo Margarita a Mario:
-No tentemos más a la suerte.
-¿Vas a volver con mi hermano?
-Mañana mismo.
Antes de irse, le preguntó Mario a su cuñada:
¿Querrías volver a repetirlo?
-Sí, pero aquí no.
-Hay moteles.
-Hay.
Margarita giró la llave de la puerta, la abrió, salió al pasillo y se encontró cara a cara con su sobrina Isabel, que venía de la casa de sus abuelos, y que al ver a su padre en pelotas, se quedó de piedra.
-Si no lo veo, no lo creo.
Margarita se apresuró a preguntarle:
-¿Cuánto quieres por tu silencio?
-Mi madre no tiene precio, zorra.
Isabel echó a andar. Mario quiso arreglar las cosas a su manera.
-¡Agárrala, Marga!
Margarita agarró a Isabel por la cintura; Mario, en pelotas, le tapó la boca y la arrastró a su habitación.
-Cierra la puerta, Marga.
Margarita estaba asustada.
-La cierro, pero yo no quiero formar parte de lo que quiera que sea que vayas a hacer.
Margarita cerró la puerta y se fue. Mario echó a su hija boca abajo sobre la cama y se sentó sobre ella. Mario mordió una sábana, tiró, la rompió y amordazó a Isabel, que no dejaba de patalear; luego hizo dos tiras más y le ató las manos a la espalda, después le ató las piernas a la altura de los tobillos. Isabel le llamaba de todo, pero con la mordaza no se le entendía nada.
Si te ha gustado, mañana lee la segunda parte.





