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Me estaba planteando competir en natación, no a un gran nivel pero nadar me gustaba. Tampoco sabía si lo de depilarse era una leyenda urbana o de verdad vendría bien a mis tiempos.
Pero como lo único que se perdía era un poco de vello empecé a afeitarlo con cuchilla. Pronto me di cuenta que eso era un coñazo y casi ninguna de las otras opciones me atraía, especialmente horrorizado por lo de la cera.
Había visto anuncios de depilación por laser y definitiva. Al principio me daba vergüenza y no sabía como era eso. Hasta que casi por accidente di con un discreto gabinete donde ofrecían ese servicio. Está en el primer piso de un edificio no muy lejos de casa.
Había pasado un montón de veces por delante de ese portal sin ver nada raro. Era mi barrio al fin y al cabo. Y por casualidad en la cola del súper oí hablar a dos mujeres de eso. Terminaron de cobrarme justo detrás de ellas y al caminar detrás vi a una de ellas señalar ese portal. Seguían comentándolo.
No lo pensé mucho más y el siguiente día que tuve un rato libre me acerqué por allí.
Me abrió una chica que, bueno, pasaría de los cuarenta, algo regordeta, curvy, y con una preciosa cara, además de una melena larguísima rubia teñida. Se notaba de lejos que se cuidaba. Y cubría sus voluptuosas carnes con una discreta bata que aunque ajustada marcando sus formas en realidad no permitía ver casi nada de su piel.
Y sorpresa, sorpresa es mi prima Sonia. Casada y a la que no veía desde que un par de años atrás nos cruzamos en la boda de su hermano menor. Y en aquella ocasión por el vestido palabra de honor que llevaba casi rebosaban ese precioso par de mamas. Admito que el resto de mis primos más jóvenes, incluido el novio, y yo hacíamos apuestas a ver cuanto iban a tardar los pezones a salir a relucir. Bueno pues en aquella ocasión no conseguimos verlos.
- Pero... ¿Trabajas aquí?.
- De alguna forma hay que ganarse las lentejas y más ahora que estoy medio separada.
- Vaya lo siento, cielo.
- No te preocupes. Yo estoy bien, trabajo, me divierto. Me siento libre. No sé él que no sabe ni freír un huevo.
- Pues ya me quedo más tranquilo.
- Así que pensabas en depilarte.
- Dicen que en la piscina se gana algo de tiempo con la piel suave. Pero Sonia. Tendrás que contarme un poco de que va esto.
- Es una máquina que paso por tu piel hasta que no queda un pelo. Sencillo. Podemos empezar ahora mismo. Es un día tranquilo.
- Por mí, bien.
- Vas a quedar estupendo. Bueno pero es que ya lo estás.
Yo no había cumplido los veinte y el ejercicio me había dejado un cuerpo fibrado y cuidado. Tras explicarme como iba aquello y mi aceptación me propuso darme la primera sesión ya mismo. Ese mismo día vi parte de mi piel suave y sin pelo. Casi todo el pecho donde tampoco tenía mucho vello por entonces.
- Eres una artista, prima.
Me gustaba la sensación de pasar la mano y no notar pelo. Tuve que repetir sesión una o dos veces por semana. Pero me encantaba volver a ver a mi prima y conocerla mejor ahora que parecía más liberada. Y sobre todo volver a ver sus tetazas por los cada vez más desbrochados botones de su bata.
Las señoras y también chicas jóvenes, en su mayor parte, que encontraba en la sala de espera me miraban de forma lasciva en aquel caluroso julio. Pensarían que hacía yo allí. Yo, apenas con camisetas ligeras o de tirantes y bermudas cortas no tapaba mucho mi cuerpo.
Y por qué no, yo las miraba a ellas y no era con buenas intenciones precisamente. También yo apreciaba las vistas que ellas me ofrecían. Sus vestidos sueltos de verano, con grandes escotes, faldas cortas o shorts me permitía vislumbrar buena parte de sus cuerpos. Pero aún así Sonia tenía algo especial, no sé si era el morbo de ser mi prima, el parentesco, o su figura voluptuosa pero era en ella en quien pensaba cuando me hacía una paja.
Según más de mi piel iba quedando pelada también más botones de la Sonia se iban abriendo. Hacía calor y eso tampoco era extraño. Parecían descuidos pero a la sesión siguiente el mismo botón seguía abierto. En cierto momento además dejó de usar los guantes de látex y notaba sus manos desnudas directamente sobre mi piel.
El primer día que me dejó ver parte del sujetador de encaje y todo un generoso escote se me la puso como una piedra. Menos mal que ese día tocaba la parte de atrás de los muslos y las piernas y estaba tumbado boca abajo. Aunque estoy seguro que ella era muy consciente de haber despertado mis bajos instintos. Despertado y puesto muy duros.
Hasta ese día ella había visto y tocado mí piel según se apoyaba para pasar la máquina en los slips mas pequeños que tenía. Pero en algún momento cercano tendría que tomar la decisión de seguir pelando aquella parte que el bañador tapaba. Y me gustaba la sensación de mi piel desnuda del todo.
Con algo de la confianza que habíamos recuperado esos días le planteé a ella si me lo haría. Y riéndose me confesó que la mayoría de las marujas con quienes me cruzaba acudían a ella precisamente por esa parte. Aunque claro ella era muy discreta y no iba a dar nombres.
- Me estoy pensando depilarme el pubis. ¿Tú me lo harías?.
- ¡Pues claro!. No vas a ser el primero, aunque puede que sí el más guapo.
- No me adules. Que casi me tienes convencido.
- Ya te he quitado todo lo demás. No tiene por qué darte vergüenza. Además seguro que a las chicas tan guapas que te ligas les gustará.
- Si tú lo dices.
- ¿Por qué crees que están aquí la mayoría de las marujas que has visto en la sala de espera?. Primo.
- ¿Para pelarse los bajos? ¿En serio?
- Pues claro. Además de todo lo demás claro. A sus chicos y ligues les gusta. ¿A tí no?.
Me parecía bien que les gustaba dar una alegría a sus maridos o amantes a la vez que ellas disfrutaban más por qué se animaban a comérselo. La conversación subía de tono y ninguno de los dos parecía dispuesto a dejar el tema.
- Claro, prefiero comerme un xoxito sin acabar con pelos en la legua.
- Pues el mío está completamente sin.
- ¡Ah! ¿si?. ¿Para ser una muestra del negocio?.
Bromeábamos Así animado le dije que siguiéramos entonces. Algo cortado me bajé el slip por debajo de los huevos y me tumbé en la camilla esperando sus atenciones. No le bastó con eso y me pidió que me lo quitara entero. Me quedé completamente desnudo sobre la camilla.
- Me tienes convencido. No hace falta que hagas más o digas.
- ¿Y si yo quiero hacerlo?.
- Seguro que sería muy agradable.
- Quitátelo del todo, será más fácil. Deja, ya lo hago yo.
De hecho fue ella la que tiró de la prenda hasta sacarla por mis pies. Desde lado mi prima se había vuelto muy decidida una vez libre del marido.
Cuando me fijé vi que misteriosamente dos botones más se habían abierto uno en su escote que me dejaba ver el sujetador casi al completo y buena parte de sus tetas. Y otro en las piernas para mostrar prácticamente íntegros sus bonitos y poderosos muslos. No podía ver sus braguitas, bueno más bien su tanga que se notaba que era lo que llevaba, por centímetros.
Sin preocuparse de más agarró mi polla que para entonces apuntaba al techo y aplicó la máquina a mi pubis. Con el roce de su mano que aunque parecía inocente, lo hacia firme y del todo intencionado yo cada vez estaba mas cachondo. Así que eché mano a sus tetas, lo que desde luego le gustó.
- Disculpa, creo que me vendría bien algo para sujetar. Tú también estás agarrada a algo.
- Más bien lo necesitaba. Así que puedes seguir. ¿Sabes que me pone liarme con un chico joven y su ñ que además es familia?.
- Creo que había empezado a notarlo. Y qué tú lo estabas notando de mí.
Sonreía mientras lo decía. Yo había conseguido deslizar la mano por dentro de la bata y con mi pulgar acariciaba por encima del sujetador un pezón que se había puesto durísimo.
Fue ella misma la que se las sacó por encima del escote. Así pude tocar piel y amasar esas impresionantes tetas.
- Ahora puedes agarrar mejor.
- Desde luego, pero ¿no están muy apretadas?.
Soltó todos los botones de la prenda. Y la abrió.
- Entonces suelta el suje.
Con la bata abierta del todo además de poder ver ese impresionante cuerpo casi desnudo del todo podía alcanzar el broche del sujetador. No sé me dan mal esas prendas. Lo solté solo con un pellizco de dos dedos. Además de empezar a bajar el tanga por sus muslos.
- ¿No nos interrumpirán?.
- He cerrado la puerta. Y tenemos tiempo. Te estoy reservando más tiempo de lo que lleva un tratamiento normal. A esta hora ya eres el último cliente.
Conseguí dejarla tan desnuda en tan pocos segundos como estaba yo. Todo lo que la había cubierto terminó en el suelo a sus pies. Por fin pude ver su vulva depilada y sin un pelo. Desnuda era sin duda más bonita de lo que me había parecido con su ropa de trabajo, los vaqueros con los que la veía hace años e incluso con el vestido de fiesta.
- Estás impresionante.
- Eres muy amable. Aunque yo me vea gorda.
- Para nada. Yo te veo estupenda.
Tenía que demostrárselo, lo que estaba deseando, por cierto. Así que seguí acariciando y amasando su bella carne. Tenía una mano en una de sus grandes tetas y la otra acariciando su xoxito. Y escuchaba sus gemidos de placer.
- No eres manco, cielo, eso se te da bien.
Cerré su boca con la lengua. Y me dediqué a buscar su saliva mientras la pegaba a mi cuerpo frotándonos piel con piel. Ella había agarrado mi polla y parecía que no tenía intención de soltarla.
- Estás muy mojada. ¿Quieres cabalgarme?.
- No sé si la camilla aguantará el peso de los dos. Déjame probarla primero y darle un poco de saliva.
Se inclinó hasta que empezó a darle lamidas a mis huevos. Igual si empiezas así te lo doy todo en la boca. Nena.
- Tampoco me importaría.
Me contestó con una cara de lujuria total. No le importó que aún tuviese pelo por alguna de esas zonas. Los chupaba y se los metía en la boca. Subía por el tronco con la lengua pegada a mí piel para hacer eso mismo con el glande. Y mientras con la mano seguía acariciando los testículos y el mástil.
- Aunque puedo volver a ponértela dura. Primo.
Recordar nuestro parentesco creo que nos ponía más cachondos a los dos. Yo por supuesto me agarraba donde podía. Y eso era a sus monumentales tetas. No dejaba de jugar con sus pezones.
- Chica, es la mejor mamada que me han hecho. Ninguna chica se ha esmerado tanto en esa faena.
- No a todas les gusta. Pero a algunas nos encanta y nos esforzamos por hacerlo bien.
- Pues podrías dar lecciones a alguna de mis amigas.
- Me tienes que devolver el favor.
- Encantado.
Cuando giraba la cadera hacia mí y podía llegar a su xoxito comprobaba que estaba mojando la cara interna de sus muslos. A lo que contribuía yo jugando con su clítoris. Yo tenía la polla como una roca y estaba deseando metela en uno de sus otros agujeros.
- Venga, prima, te toca. Súbete a la camilla.
Con algo de desilusión por su parte cambiamos los lugares. Pero dejé su culazo al borde del mueble para poder dedicar mi lengua a todo, absolutamente todo, lo que me apetecía lamer.
- No te preocupes. otro día me la comes hasta que me corra. Hoy quiero lamerte yo también.
Me arrodillé entre sus muslazos y me los eché sobre los hombros. De inmediato clavé la lengua en su coño perfectamente depilado. Oia como gemía y suspiraba. Puede que lo estuviera haciendo bien. Pero quería más. Así que levanté las piernas para poder alcanzar su ano. Y eso todavía fue mejor. Entonces pensé que si que nos estaban oyendo desde el resto del gabinete. Pero cómo a ella parecía no importarle seguí con ello.
- Nene, tu también pareces un experto comiendo coños. Me voy a correr otra vez.
- También me gusta hacerlo bien y esmerarme.
- Pues es hora de que me la metas, cariño.
Solo tuve que ponerme de pie pues ella estaba a la altura ideal. Rodeó mi cintura con sus piernas mientras yo volvía apoyarme y amasar sus tetas. Deslicé el glande por los labios de su vulva y acaricié el clítoris con él durante un momento antes de empezar a entrar en su caliente gruta. Fui despacio para que los dos pudiéramos notar la penetración. Ella seguía gimiendo. Y conseguía soltar alguna frase con palabras entrecortadas.
- ¡Si cielo!... Es perfecta... Acelera...
Si no agarraba sus peras sujetaba su cadera. Ella volvió a recoger las piernas hasta dar con las rodillas en los pezones y entonces pude clavarla más deprisa. Tenía su pie justo al lado de la cara, aproveché para lamer la planta y uno de sus dedos. De todas formas ambos estábamos tan cachondos a esas alturas que no aguantamos mucho más.
- Córrete dentro cielo. Me cuido.
- ¿No me vas a dar más primitos?.
- ¡Calla!.
Yo no estaba para grandes discursos precisamente. Me corrí en su interior con un fuerte jadeo y entre carcajadas de los dos. Me fui separando de ella, pero no dejaba de acariciarla con ternura.
- Me has dejado para el arrastre. Vaya máquina. Ayudame a levantarme.
- Si llego a saber antes que te va la marcha así...
- ¿Me habrías entrado en la boda de Juan?.
- Si que sabías cómo te miraba.
- ¿Para qué crees que era ese vestido?.
Seguíamos bromeando mientras nos relajábamos Pero sin dejar de hacernos caricias.
- Al final no hemos terminado la faena. Te he dejado los huevos a medias.
- Para nada. Me los has dejado bien secos. Pero no he preocupes voy a volver por aquí... o por donde podamos estar a solas.
- Me he quedado con el capricho de saborear tu lefa. Pero la próxima no me voy a privar de ello. Ya te doy la próxima cita.
Desde luego que ha terminado su trabajo, depilado mi cuerpo al completo y lo ha recorrido con los labios, lengua y manos también por entero.
Además no solo he regresado por mi caliente prima. Me ha presentado los cuerpos de algunas de las demás clientas de más confianza. Nos hemos dedicado, no solo a depilarlas, sino a darles placer entre los dos. Ahora le hecho una mano y una polla al negocio cuando surge la ocasión.
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Larga y próspera vida





