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¿Te ayudo a correrte, mamá?

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José
(@quique)
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                                                         Margarita

Margarita, una mujer hermosa, esbelta, con la piel clara, una larga melena negra recogida en una coleta, con tetas y culo exuberantes, cintura fina, ojos verdes y que tenía una sonrisa encantadora. Vistiendo una bata blanca y descalza, estaba sentada a la mesa de la cocina de su casa con su sobrina Luisa, que estaba comiendo un emparedado de jamón y queso y le decía:

-Y no veas como se puso cuando me vio tocarme, como si ella no lo hiciera cuando era más joven.

-Y con razón se puso de uñas.

Luisa, que era una joven morena, flaca, de ojos negros, cabello rubio y corto, de estatura mediana, que no había cumplido los veinte años, con un cuerpo de los que quitan el hipo, y que vestía un top negro, unos vaqueros cortados muy arriba, y que calzaba unas zapatillas de deporte de color blanco, le dijo:

-No me digas eso, tía.

-Sí te digo, se puso así porque al dejar la puerta abierta, en vez de pillarte ella, te pudo haber pillado tu padre o tu hermano.

Luisa, luego de tomar un sorbo de zumo de uva, le dijo:

-No había pensado en eso. ¿Puedo hacerte una pregunta íntima?

-No, soy muy celosa de mi intimidad.

-Entonces no me vas a decir si tienes a alguien.

-Tengo suficiente con mi hijo.

-No me extraña, bebe mucho y ha engordado una barbaridad.

-Por ese motivo bebe, al engordar tanto las chicas no quieren saber nada con él y no se puede echar novia.

-Entiendo.

-En fin, te puedes quedar a dormir aquí, pero tienes dos opciones, o duermes en el sofá, o duermes conmigo en mi cama. Tu primo Luis ya hace más de una hora que se fue para su cama a dormir la borrachera y no lo puedo despertar.

-Elijo el sofá.

-¿Por qué eliges el sofá?

-Porque me conozco.

-¿Qué quieres decir con eso?

-Nada, son cosas mías.

Margarita fue a buscar una manta para que a su sobrina no cogiera frío en la noche, se la dio, y le dijo:

-Si cambias de opinión, a mí no me molestas. 

-Creo que el sofá me servirá por esta noche.

Poco después estaba dormida en un sofá de tres plazas. Con el calor tiró la manta al piso, dejó una pierna arriba y echó la otra al piso. Así la encontró su primo Luis, que era un joven de dieciocho años recién cumplidos, muy tímido, de 1 metro 82 y de 120 kilos de peso, que Margarita había criado sola y que no había visto un coño delante. Le levantó el top y vio sus hermosas tetas, le tocó los pezones con el dedo medio de la mano derecha. Luisa se despertó, abrió los ojos y vio a su primo con la verga en la mano, masturbándose y mirando sus tetas. Cerró los ojos y le dejó hacer. Lo que hizo Luis fue agacharse y apartarle el short para un lado. Como el short era muy pequeño y no llevaba bragas, Luis vio su primer coño, al natural, ya que porno había visto mucho y de todas las clases. Le metió dentro de la vagina la punta del mismo dedo con que le había tocado los pezones. Le dio unas lamidas para probar el coño, le metió el dedo hasta el fondo y después la masturbó. Luis, que no dejaría de pelarla, se corrió antes que ella.

Después de correrse se fue y dejó a Luisa con un tremendo calentón. La muchacha fue en busca de quien se lo quitara. Entró en la habitación de su tía. La vio destapada, boca arriba y vestida con una enagua, se desnudó y se metió en la cama.

Margarita despertó al meterse su sobrina en la cama.

-¿Estaba duro el sofá?

-Dura tenía la verga tu hijo.

El rostro de Margarita se endureció.

-No me digas que quiso follarte.

-No, solo me tocó los pezones, me lamió el coño varias, me metió un dedo, se la peló, se corrió y se fue.

-¡¿Y tú no le dijiste nada?!

-Te lo digo a ti, si le digo algo a él, con lo apocado que es se muere de vergüenza. 

Margarita se puso de lado y sus caras quedaron a cinco o seis centímetros de distancia.

-Tienes que disculparlo, está muy solo. 

-La verdad es que me calentó. ¿Tú te calentarías si te hiciesen una cosa así,?

-Yo no hablo de ciertas cosas.

Luisa se puso boca arriba y Margarita vio que estaba desnuda.

-¿Estabas desnuda cuando te molestó mi hijo?

-No, estaba vestida.

-¿Y por qué te has desnudado?

-Porque aquí hace calor.

Margarita encendió la luz.

-Si de vestida te hizo lo que te hizo, si te ve así el pobre se vuelve loco. Me da mucha pena ver lo solo que está.

-Yo podría hacer algo para acabar con su soledad.

Sonriendo, Margarita le preguntó:

-¿Qué podrías hacer?

-Podría echarle un polvo para subirle la autoestima.

-¡¿Harías eso por él?!

 -Sí, pero quiero algo a cambio.

-¿Qué quieres a cambio?

Le dio un beso en los labios y le quiso meter la lengua. Margarita estaba muy necesitada y la idea le gustaba, pero se hizo de rogar.

-Los labios quietos y la lengua dentro de la boca... Ahora entiendo porque me dijiste que te conocías.

-¿Dejar que te folle es un precio muy alto por por subirle la autoestima a tu hijo?

-No es muy alto, es altísimo.

-Tengo oído que por un hijo se hace lo que sea.

-Dudo mucho que una madre haya hecho por un hijo lo que tú me pides.

-¿Vas a pagarlo o no? 

Margarita no mareó más a perdiz.

-No debería, pero lo pagaré.

Margarita se arrodilló en la cama. Luisa se arrodilló detrás de ella, le quito la enagua, le metió la mano dentro de las bragas y besando su cuello comenzó a masturbarla.

-Lo vas a pasar bien, ya verás.

Al rato Luisa puso a su tía boca arriba sobre la cama, se echó sobre ella y le comió la boca. Luego, magreando sus gordas tetas, le lamió las areolas rosadas haciendo círculos sobre ellas, le lamió los gruesos pezones y le mamó las tetas, lo hizo durante un buen rato. Cuando bajó al coño y lo abrió con los dedos pulgares, lo encontró muy baboso. Con las yemas de los dedos acarició el interior de los labios vaginales. Luego con el coño abierto le enterró la lengua en la vagina la tira de veces. Margarita gemía como una loca y más que gimió cuando su sobrina lamió el glande de su clítoris con la punta de la lengua, y todavía gimió más cuando se lo lamió con la lengua plana, y ya no te digo nada de como eran los gemidos cuando se corrió en su boca, entre fuertes convulsiones.

Al acabar de correrse Margarita, le dijo Luisa:

-Ponme el coño en la boca.

Margarita vio a su hijo retirar la cabeza de la puerta entreabierta y le dijo en bajito a su sobrina:

-Luis nos está espiando.

En bajito le dijo Luisa:

-Déjalo.

-Pero me está viendo desnuda.

-Y follando conmigo. Deja que se haga una paja inolvidable.

-Pero...

No la dejó hablar.

 -Ponme el coño en la boca, cierra los ojos, muévete y córrete para él. Por un rato se olvidará de su obesidad.

Margarita le puso el coño en la boca y cerró los ojos. Luisa le echó las manos a las gordas tetas, y magreándolas, comenzó a lamerle el coño a su tía. 

Margarita, sabiendo que su hijo se la estaba pelando viendo como follaba, se sintió sucia, pero esa suciedad estaba bañada de morbo, ese morbo hizo que diera un paso adelante, y lo dio moviendo la pelvis de atrás hacia delante y de delante hacia atrás cada vez más aprisa y acabó corriéndose otra vez en la boca de Luisa.

Al acabar de gozar le preguntó Margarita:

-¿Dormimos o seguimos?

-Yo no me he corrido.

Luisa le cogió la pierna derecha a su tía, la levantó, puso el pie derecho en su hombro izquierda, juntó los coños empapados y frotándolos le metió una tremenda follada. Luisa a punto de correrse miró para la puerta y vio al mirón retirar la cabeza. Folló a su tía a mil por hora y se corrió en su coño cuando Margarita comenzaba a correrse en el suyo. Una sinfonía de gemidos inundó la habitación mientras sus coños se anegaban.

En el pasillo, Luis se corrió por segunda vez.

Margarita y Luisa quedaron exhaustas. Al recuperare le preguntó la tía a la sobrina:

-¿Quieres más por el favor, o dormimos? 

-Dormimos.

Margarita apagó la luz.

                                                                 El afrodisíaco

A la mañana siguiente Luis se fue a trabajar antes de tiempo para no coincidir con su madre y con Luisa.

Esa tarde noche llegó a casa cuerdo y antes de que llegara su madre. Echó zumo de naranja en un vaso de tubo, bebió un poco y luego le añadió un afrodisiaco de esos que están prohibidos vender, y que lo vendía uno de sus compañeros de trabajo, junto a otras sustancias ilegales. Lo dejó sobre la mesa porque sabía que a su madre no le gustaba desperdiciar las cosas y se fue a su habitación.

Margarita llegó de trabajar de su agencia vestida con un traje gris y una blusa de manga larga de color blanco. Fue a la cocina a tomar un refrigerio, vio el jugo y lo bebió. Luego fue en busca de su hijo. Se encontró con la puerta de la habitación cerrada y le dijo:

-Tenemos que hablar de lo que le hiciste a tu prima, Luis.

-Mañana, hoy ya no salgo de mi habitación.

-No ganas nada con posponer la conversación.

-Lo sé, pero mañana es otro día.

Margarita se fue a la sala. Saco la chaqueta, se sentó en medio del tresillo, se quitó los zapatos y encendió la televisión. Al rato comenzó a sentir como le subía la temperatura corporal y como le empezaba a picar el coño. Abrió dos botones de la blusa y se dio aire con las dos manos.

-¿Qué diablos me está pasando? No es normal lo que le está pasando a mi cuerpo.

Apretó las piernas y luego echó las manos a las tetas y las magreo.

-El deseo es más fuerte que yo.

Se abrió de piernas, echó la cabeza hacia atrás, cerró los ojos, bajó su mano derecha y frotó el coño por encima de las bragas azules.

Luis llegó sin hacer ruido. Desde detrás del sillón le echó las manos a las tetas y se las amasó. Margarita sacó la mano del coño, giro la cabeza y vio a su hijo sonriendo, y escuchó como le decía:

-¿Te ayudo, mamá?

-¡¿Tú no te ibas a quedar en tu habitación?! 

-Es obvio que no me he quedado.

-¡Quita las manos de mis tetas!

-Con el calentón que tienes no creo que quieras que las quite.

Margarita se dio cuenta de que la había drogado.

-¿Qué le has echado al zumo?

-Algo que te hará olvidar de nuevo que soy tu hijo.

-¿De nuevo?

Se puso enfrente de ella y le colocó la cabeza sobre las tetas.

-Anoche sabías que te estaba espiando mientras follabas con Luisa y te olvidaste de que era tu hijo.

Como si no lo supiera, le dijo;

-¡¿Nos estuviste espiando?!

-No te hagas la sorprendida, me viste tú y me vio Luisa.

Luis sacó el pañuelo del bolsillo de la bata y le secó el sudor de la frente y el del cuello. Al secarle el de las tetas a Margarita se le escapó un gemido y su cuerpo tembló.

-No me toques las tetas, hijo, no me toques las tetas.

-No solo te las voy a tocar, te las voy a tocar, te las voy a comer y te voy a follar. Si te dejara sin echar todo lo que tienes que echar fuera te podría dar un patatús.

-¡No me asustes! ¿Qué me has dado?

-Un afrodisiaco muy potente.

-¿Y dices que si no me quito la calentura me puede dar algo fuerte?

-Eso fue lo que me dijo el que me lo vendió.

-¡¿Y aun así me lo has dado?!

-Es que te voy a quitar la calentura para que no te pase nada.

Luis le echó cuatro dedos al tercer botón de la blusa, la besó en el cuello y se volvió a estremecer.

-Hueles de maravilla.

Le abrió la blusa, le sopló en las tetas y Margarita tembló.

-Te ves increíblemente sexi.

Le abrió el sujetador azul y le subió las copas. Los pezones de sus grandes tetas los saludaron mirando al frente y les sopló. Margarita, callada como una puerta, volvió a temblar.

-Son preciosas.

Le lamió el pezón izquierdo y el gemido que salió de su garganta le hizo latir la verga. Le lamió el otro pezón y volvió a gemir.

-Vamos a empezar a quitar esa calentura.

Luis se arrodilló para sacarle el pantalón y las bragas. Margarita, con el rostro y el cuerpo cubiertos de sudor, levantó el culo para facilitarle la tarea. Luego Luis le agarró las tetas, y masajeándolas se las mamó. La mujer se puso perra, perra, perra.

-Me voy a correr, me voy a correr, me voy a correr...

Le juntó las piernas, se las levantó, le lamió el ojete y el coño y en segundos Margarita exclamó.

-¡Me corro! 

Se le cerraron los ojos de golpe y gimiendo se sacudió con fuerza.

Al acabar de descargar, le dijo Luis:

-¿Mejor?

-Peor, me siento fatal por lo que he hecho.

Se quitó la bata y le puso la verga en los labios.

-Hazme una mamada.

-Esa verga me va a calentar más.

La besó con lengua y Margarita le devolvió el beso.

-No te hagas de rogar, abre la boca.

 Abrió la boca y comenzó a mamarle la verga. Al rato mamaba con ganas atrasadas y babeaba como una epiléptica,

Tiempo más tarde la quitó de la boca, le sacó la blusa y el sujetador, la echó boca abajo sobre la alfombra, le  juntó las piernas, se la enterró en el coño y le dio leña. 

-¿Así o más duro?

-¡Más duro!

Le dio a romper y poco después, Margarita, chorreando sudor y con la verga

 en el fondo de su coño, comenzó a correrse. Convulsionándose y babeando, sus manos quisieron aferrarse a la alfombra y al no poder agarrarla, las uñas arrancaron cantidad de pelusa.

Al acabar de correrse le separó las nalgas y se la fue metiendo en el culo. A Margarita le dolía, pero también le gustaba, así que le ayudó ella a meterla echando el culo hacia arriba, lo que hizo que Luis se corriera. Margarita sintió la leche dentro de su culo y pensó que no iba a acabar de quitarle la calentura.

-¡Nooooo!

-¡Sííííí!

Luego de correrse la verga seguía dura porque él también se había tomado algo para estar a la altura de las circunstancias. 

Con el ano lubricado con la leche, la follada de culo se fue haciendo cada vez más y más placentera, y llegó un momento en que Beatriz no pudo aguantar más y se volvió correr. Al correrse repitió lo que había hecho cuando le folló  el coño.

Después de gozar Margarita se puso  boca arriba. Luis se giró y quiso hacer un 69. pero su madre tenía otros planes.

-Ahora me toca a mí.

Le agarró los huevos sudados y tiró de ellos hasta que le llevó el culo a su boca. Luego  le taladró el ojete con la lengua, al tiempo que le acariciaba los huevos y lo masturbaba.  Al rato le dijo Luis:

-Vas a hacer que me corra,

-Sí, pero no así.

Subió encima de su hijo. Hacía años que no montaba a un hombre, pero eso de montar a un hombre es como montar en una bicicleta, una vez que empiezas a pedalear ya no vas a olvidar como se hace. Ya estaba demasiado caliente como para darle las tetas a mamar y calentarse todavía más, así que lo que le dio fue coño por un tubo, y no de cualquier manera, ya que las do primeras veces que vio que se iba a correr, sacó la verga del coño y corriéndose en su boca, le dijo:

.¡Por tu culpa!

 La tercera y última corrida, se la dio en la verga, mientras Luis de corría, y no pudo decirle "por tu grandísima culpa" porque cayó sin fuerzas sobre él.

Al acabar de gozar, le dijo Luis:

-¿Has echado todo fuera?

Margarita, avergonzada de lo que había hecho, le respondió:

-Espero que hayas echado tú todo el veneno que llevabas dentro.

                                                               La comida de coño

A la semana siguiente Luisa y Luis se sentaron uno a al lado del otro en el banquete de la boda de un amigo que tenían en común. 

Ella levaba puesto un top de corsé de color blanco, con cremallera trasera que dejaba ver la mitad de sus tetas, un pantalón de color negro, ajustado de cintura alta, y calzaba unos zapatos negros con tacón largo y fino, todo esto resaltaba su espectacular figura.

Él llevaba un traje gris con rayas negras y calzaba unos zapatos marrones, y lo llevaba sin abotonar por razones obvias.

Allí todo el mundo estaba hablando y como  había música puesta, tenían que hablar en alto y acercando una cabeza a la otra, y lo hacían mientras Luís se comía las vieiras de Luisa, ya que a ella no le gustaban. 

-Da gusto verte comer.

-Más gusto me da a mí comer, así estoy.

-Bueno, cada uno es como es.

-Ya, pero tú eres la primera mujer con la que hablo en mucho tiempo, si exceptuamos a mi madre, claro.

-No veo porque no hablas.

-Verías el porqué si la gorda fueras tú.

-Si estuviese gorda no follaría tanto como follo ahora, pero me follaría a todo lo que pudiera,

-Es fácil hablar de follar siendo un pibón como tú.

Llegó el camarero con las fuentes de langostinos y se callaron, luego Luisa le dijo:

-A esto le voy a zumbar bien.

-¿Y quién no? Hablando de zumbar. ¿Le vas a volver a zumbar a mi madre?

-Si se me pone a tiro, le zumbo y le rezumbo. ¿Y tú volverías a hacerme lo que me hiciste esa noche?

Reaccionó como si no lo supiera.

-¡¿Estabas despierta?!

-Sí.

-¿Y?

-¿Y te he hecho una pregunta?

-Si hubiese sabido que estabas despierta y te estabas dejando, no solo te haría lo que te hice si no que hubiera rematado la faena. ¿Te gustaría que la hubiese rematado?

Luisa le regaló una sonrisa esperanzadora, y luego le dijo:

-Comamos y bebamos, luego, si surge, te respondo.

-¿Y si eso?

 -¿Pues eso?

Eso quiso saber Luis que era, por eso metió una mano debajo de la mesa y le acarició una pierna, Luisa, pelando un langostino, le sonrió, esto le dio permiso a Luis para acariciarle el coño por encima del pantalón. Luis se preocupaba más de meterle mano que de comer y Luisa aprovechó para comerse casi lodos langostinos que debían ser compartidos. Al acabar le dijo Luisa a Luis:

-Estoy cachonda.  Voy al servicio.

Luis, en broma, le dijo:

-¿Quieres que te ayude a bajar las bragas?

Luisa, en serio, le respondió:

-Si después me comes el coño, sí.

Luisa se fue, Luis fue detrás de ella. Luisa se metió en el aseo de mujeres y él se metió con ella. Suerte tuvieron de que no hubiese nadie porque nada más entrar, Luis la empotró contra la pared y le comió la boca, le levantó el top y le devoró las tetas, le bajó los pantalones y las bragas, le echó las manos a la cintura y le comió el coño. Se lo comió como un lobo. Lo metió entero en la boca y lo mamó, luego lo lamió, lo chupó y lo folló con la lengua, y Luisa, sacudiéndose, se corrió anegando su boca de jugos

Al acabar de correrse Luisa, Luis bajó la cremallera pata sacar la verga y correrse, pero Lisa le dijo:

-Aquí no, quero hacerlo en un sitio donde nadie nos pueda sorprender, quiero gozar varias  veces. contigo.

Luis subió la cremallera, acomodó la verga para que no se le notara dl empalme, y luego regresaron al banquete.

                                                                  El motel

En la habitación de un motel, y al lado de una cama, Luisa ladeó la cabeza, se abrió la cremallera del pantalón, metió los dedos pulgares, por los lados, estiró el pantalón y le peguntó:

-¿Cuánto te gusta lo que ves?

Luis, quitando la chaqueta, le respondió:

-Tanto que no te podría decir cuanto.

Se acercó a ella y Luisa se dio la vuelta.

-Bájame la cremallera.

Le bajó la cremallera, Luisa se quitó el top, se giró y Luis vio sus redondas tetas.

-¡Qué maravilla!

Le echó las manos a las tetas y se las magreó e iba a mamárselas, pero Luisa le puso una mano en la boca.

-Sin prisas, primo, sin prisas.

Luisa se bajó la cremallera del pantalón, se sentó en el borde de la cama, se quitó el pantalón y los zapatos y se quedó en tanga negro. En tanga se puso en pie. Le echó la mano derecha al paquete y encontró la verga dura.

-Parece que te gusta lo que ves.

La respuesta de Luis fue bajar la cremallera y quitarse los pantalones junto a los zapatos.

Luisa le desabotonó la camisa blanca mientras recibía picos de su primo. Al tenerlo desnudo, se separó de él, lo miró, vio el empalme que tenía, y le dijo:

-Tienes un buen polvo.

Luis sonrió.

-El polvo lo tienes tú, y no un buen polvo, tienes un polvazo. 

-De eso no te quepa duda

-Aún no me creo la suerte que he tenido de estar aquí contigo.

Luisa se quitó las bragas.

-Pues vételo creyendo y métete en cama.

Luis se echó boca arriba sobre la cama. Luisa se echó a su lado derecho, empuñó su verga y besándolo se la fue meneando. Al rato le dijo:

-Pon las manos detrás de la cabeza mientras te doy un repaso.

-Voy a parecer un chulo.

-Eso quiero que me parezcas, mientras yo sea tu puta.

Se fue a por su verga, y le lamió el glande.

-Tenía ganas de comerme tu tronco desde que lo vi en tu mano aquella noche.

Sin perder contacto visual, le mamó la cabeza, luego la metió casi toda en la boca, la sacó, la lamió de abajo a arriba, de arriba a abajo, le lamió y le chupó los huevos, volvió a lamer hacia arriba, le mamó de nuevo el glande y se la meneó.

-Tu puta te va a ordeñar como si fueras una vaca, torito.

-Ordeña, prima.

-Puta, llámame puta.

Luis iba a acabar por creerse lo de chulo.

-Ordeña, puta.

Luisa, luego de repetir varias veces lo que le había hecho al principio, comenzó a masturbarlo cada vez más aprisa, al tiempo que le mamaba la cabeza. 

-¡Me voy a correr!

Luisa sacó la verga de la boca, masturbándolo la frotó contra la lengua y Luis se corrió como un león.

Seguía con las manos detrás de la cabeza cuando Luisa subió encima de él. Se sentó sobre su verga, que ahora estaba flácida, echada sobre su cuerpo y mirando hacia arriba.

-Vamos a resucitar al soldado muerto que mi coño quiere guerra.

Aplastando la verga contra el coño la froto de arriba a abajo y de abajo a arriba y con sus manos sobre el pecho le puso la teta derecha en la boca.

-Lame la areola y el pezón.

Luis le dio una buena lamida. Luego Luisa bajó más la teta

-Mama.

Mamó con ganas, y tiempo después acabó mamando la teta derecha. 

La verga se puso mirando hacia el coño cuando este se quitó de encima de ella, pero solo lo pudo mirar de reojo porque Luisa subió el culo y se lo puso en la boca. Le lamió y le folló el culo con la lengua como si le estuviese comiendo el coño

-¿Te gusta mi culo apretadito?

-Me encanta.

-¿Quieres que te folle con él?

-Quiero.

Luisa le puso el ojete encima de la cabeza de la verga. Bajó el culo lentamente, y lentamente la verga fue entrando hasta llegar al fondo.

-Es lo más grueso que ha entrado en mi culo.

Con toda la verga dentro, mojó en la boca dos dedos de su mano derecha y comenzó a tocar la guitarra con su clítoris. Luis sacó las manos de detrás de la cabeza, se las echó a las tetas y se las magreó mientras Luisa lo follaba.

-Hostias que me voy a correr.

Fue decirlo, correrse y anegarle de jugos los huevos a Luis.

Luego de correrse, de sacar la verga del culo y de tomarse un respiro, la limpió con una sábana, la enterró en el coño, y le dijo:

-Te voy a ordeñar otra vez.

Luis no se iba a dejar ordeñar. Se sentó en la cama y dándole leña a su prima, le dijo:

-¿A quién vas a ordeñar tú?

Luisa también le dio leña a él.

-A ti.

Empezaron a darse sin miramientos. Aquel no era un polvo, era una competición, que acabó en masacre, y la masacrada fue Luisa, que se corrió cinco veces en poco más de dos minutos y no se corrió más veces porque perdió el conocimiento.

Cuando volvió en sí, con el coño lleno de leche, vio a su primo, sentado en un sofá,  vestido y fumándose un cigarrillo.

-¿Qué me pasó, Luis?

-Te pasó que nunca te habías encontrado con un hombre de verdad.

Luis había recuperado su autoestima.

Ahora está delgado y casado. Adivinar con quien se casó.

Quique.

Quique.



   
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