Desvírgame el culo,...
 
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Desvírgame el culo, León

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José
(@quique)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 7 años
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Topic starter   [#1174]

Este relato cómo muchos de mis relatos se desarrolla en mi aldea natal, una aldea de menos de cien vecinos donde todos nos conocíamos. Los protagonistas son un cuarentón muy necesitado y su nuera, una muchacha mal follada. Él se llamaban Venancio Carlos León y ella Elvira.

León era un cuarentón alto, moreno, fuerte, bien parecido y dueño de una zapatería.

Elvira, nuera de León, tenía 26 años, se había quedado viuda tres años atrás y se ganaba un sueldo mensual haciendo recados para su suegro, limpiando su casa y cocinando para él.

Elvira volvía de la tienda de comprar huevos un día de otoño en el que sol y lluvia se iban turnando. La lluvia la cogió a medio camino entre la tienda y la casa de su suegro. Llegó corriendo a casa con sus largos cabellos rubios mojados y la ropa pegada al cuerpo. Al no llevar sujetador en su vieja blusa de seda se veían claramente sus tetas, unas tetas grandes, redondas cómo melocotones, con enormes areolas rosadas y pezones gordos y de punta. Puso la huevera y el aceite sobre la mesa, puso el culo cerca de la cocina de hierro, cocina que calentaba toda la casa, y le dijo a León:

-Cuando escampe tengo que ir a mi casa a cambiarme de ropa.

León, que estaba en la cocina sentado en una silla fumando un cigarrillo, le miró para las tetas y le dijo:

-Tienes unas tetas muy ricas, Elvira.

Elvira se percató de que se le marcaban las tetas en la blusa y se puso colorada.

-Nunca me había hablado así.
-Nunca antes había visto tus tetas.

Elvira bajó la cabeza avergonzada.

-Deje de mirarme para los pechos.
-Tienen imán.

Tapó las tetas cerrando la chaqueta de lana que llevaba desabotonada.

-¿Te las había follado mi mijo?
-Esas no son cosas suyas.
-Con ese cuerpo tan rico que tienes seguro que lo hizo.

No mentía. Elvira era una ricura de muchacha, rubia, de ojos marrones, ni gorda ni flaca, con piernas bien hechas, culo precioso y las tetas cómo ya he dicho.

-Me voy a mi casa aunque sea lloviendo y ya no vuelvo para hacerle la tortilla.

León se apresuró a pedirle disculpas a su nuera.

-Perdona, no te digo más tonterías. Si quieres puedes secarte con una toalla y coger ropa de tu cuñada en el armario de su habitación.

Eva, la hija de León y su mujer lo habían abandonado. Las malas lenguas decían que madrastra e hija se entendían en la cama. Elvira le preguntó:

-¿No va a espiarme mientras me desnudo?
-Yo no espío a nadie.
-Júrelo.
-Te lo juro.
-Voy a mirar si me vale algo.

Estaba Elvira desnuda secando la cabeza con una toalla cuando entró León en la habitación. Al verlo tapó tetas y coño con la toalla.

-¡Me mintió!

Venancio caminando hacia ella, le dijo:

-No te mentí, no te estoy espiando te estoy mirando.
-¡Váyase!

León cogió otra toalla en un cajón.

-Estoy muy solo.

 

Elvira estaba enfadada.

 

-¡Cómprese un perro!

Elvira arrimó la espalda a la pared de la habitación.

-Solo quiero secarte la espalda.
-No quiero que me toque.
-No te voy a tocar con las manos, muñeca linda.
-No soy ninguna muñeca, y no soy linda.
-Tienes razón, no eres linda, eres preciosa, muñeca.

Se puso entre su espalda y la pared. A Elvira no le quedó otra que decirle:

-Seque y míreme por detrás, pero no me toque con las manos.

León le secó la espalda, las nalgas, las piernas... Cuando la besó en las nalgas se lo recriminó.

-¡No haga eso!
-Eres tan sensual...

Le pasó la lengua por el ojete. A Elvira se le escapó un: "Uyyyyy". León le preguntó:

-¿Te gusta?

Le mintió.

-No.

Le metió y sacó la lengua en el ojete unas cuantas veces. Si León la pudiese ver, vería cómo cada vez que la punta de la lengua entraba en el ojete las pupilas de los ojos de Elvira se escondían bajo sus párpados y dejaban sus ojos en blanco. Pensando que no le iba a hacer caso y que iba a seguir follándole el culo con la lengua, le dijo:

-No siga, por favor.

Se arrepintió de haberlo dicho, ya que León se levantó, la besó en el cuello y le dijo:

-Tienes un cuerpo divino. ¿Quieres que te seque el coño?

Ya no se arriesgó a decirle que no.

-Diga lo que diga va a hacer lo que le dé la gana.

Se agachó delante de ella, apartó la toalla para un lado y le dio media docena de lamidas de abajo a arriba en el coño, un coño con poco vello. Elvira mordió la toalla y después, abriendo un poquito las piernas, le dijo:

-Es usted un cochino.

Le dio unas cuantas lamidas más. Elvira volvió a morder la toalla.

-Y un abusón.

Ahora fueron más de una docena las lamidas de coño. La toalla ya estaba sujeta solo por sus dientes.

-Y tú la cosita más rica que he probado.

La voz de Elvira ya era de mimosa.

-Mentiroso.

Le dio unas cuantas lamidas más y la toalla cayó sobre la cabeza de León. Elvira dijo en bajito:

-Si sigue me corro.

León siguió y Elvira exclamó:

-¡Me corro!

Las piernas de Elvira comenzaron a temblar. De su coño salió un chorrito de jugos y después la boca de León se fue llenando de jugos salados y viscosos.

Al acabar de correrse Elvira, el suertudo se levantó y le mamó sus deliciosas tetas, después la cogió en brazos y la puso en la cama de su hija. Elvira, le dijo:

-No, por favor.

El por favor lo frenó en seco. Sacó la polla empalmada y meneándola le dijo:

-No seré yo quien te fuerce, pero...
-¿Pero qué?
-Pero podía hacer una paja mirando para ti, si...

Le extrañó que se pudiese correr así.

-¡¿Se correría sin tocarme?!
-Sí, pero si me excitaras me correría mejor.

Elvira se sentó sobre la cama al estilo indio y le dijo:

-Yo no sé excitar a un hombre.
-Te puedo ir indicando que hacer.
-Mejor mire para mí y pélela.
-¿Si te diese quinientas pesetas harías lo que te indicase para excitarme?

A Elvira le costaba un mundo ahorrar quinientas pesetas. No se lo pensó dos veces.

-Si no tengo que montarlo, sí.
-Tócate las tetas.

Elvira empezó a ganarse las quinientas pesetas. León mirando cómo se magreaba las tetas con las piernas colgando por la madera de los pies de la cama, le dijo:

-Haz tú también una paja a ver si nos corremos juntos.

Elvira ya había perdido la vergüenza.

-Eso te costará más.
-¿Cuánto?
-Mil pesetas.

La tonta le había pedido una miseria, pues León le hubiese dado lo que le pidiera.

-Vale.

León bajó los pantalones y los calzoncillos, se sentó en una banqueta y con la espalda apoyada en la pared, las piernas estiradas y la polla en la mano. Vio cómo Elvira se echaba boca arriba sobre la cama, cómo flexionaba las rodillas, cómo se abría de piernas y cómo con la yema del dedo medio de la mano derecha comenzaba a acariciar el capuchón del clítoris por un lado y por el otro. León mirando para su nuera y meneando la polla, le dijo:

-Jamás vi algo tan bello cómo tú.

Elvira ya había cogido confianza.

-Ni yo un cabrón tan grande cómo tú.

Al rato León se corrió. Elvira, que ya estaba cachonda, viendo cómo salía la leche de la polla se puso tan perra que echó una mano a una teta, se frotó a mil por hora y se corrió cómo una cerdita.

León después de correrse y sintiendo cómo se apagaban los gemidos de Elvira, se echó en la cama, le levantó las nalgas con las dos manos y le folló con la lengua el ojete y el coño. Su lengua entraba en el ojete, salía y se metía en el coño, salía del coño y se metía en el ojete... Elvira se volvió a poner perra, frotó el clítoris a mil por hora y se volvió a correr, diciendo:

-¡Sí, sí, sí!

Se estremeció y se corrió cómo se había corrido antes, soltando un chorrito de jugos que fue a parar en la cara de León. Después su coño echó fuera los jugos viscosos, jugos que bajaron por su lengua cómo un pequeño torrente y acabaron dentro de su boca.

Al acabar de correrse Elvira, León volvió a menearla y se corrió en su cara. Elvira después de limpiar la cara con una sábana, le preguntó:

-¿De verdad que soy la cosita más rica que probaste?
-Sí, y la más sensual, Elvira.
-Me haces sentir muy especial.
-Eso es porque lo eres.

Después de ponerse un vestido marrón de la hija de León y unos calcetines y unos zapatos a juego puso su ropa a secar y luego hizo la tortilla de patatas. Comieron y bebieron. Le dio las mil pesetasa. Se desnudó delante de él, luego puso su ropa y cuando se iba le preguntó León:

-¿Cuánto por un polvo?
-Mi honra no tiene precio.
-Tu honra ya me la bebí, Elvira.
-Adiós, suegro.
-¡¿No vas a volver a trabajar para mí?!
-No, la próxima vez querrás follar conmigo.
-Me voy a sentir muy solo.
-Cómprate un perro.

Esa misma noche Elvira se masturbó. Lo hizo pensando en su suegro y se masturbó de modo diferente a cómo lo hacía siempre. Se puso de lado, humedeció un dedo con la lengua, metió la punta dentro de culo, acarició el clítoris, después metió dos dedos dentro del coño y imaginó que le vendaba los ojos. Que lo ataba a la cama. Que le hacía cochinadas. Que que lo montaba. Que se clavaba la polla en el culo y en el coño que lo follaba a su aire... Cuando se corrió lo hizo cómo era costumbre en ella, soltando un chorrito de jugos al que siguió una pequeña cascada de jugos.

La hostia fue que esa fantasía la obsesionó, y tras varias deliciosas masturbaciones decidió follarse a su suegro hasta dejarlo seco tal y como lo había dejado en sus últimas pajas.

Eran algo más de las doce de la mañana cuando llegó a la casa de su suegro. Venía vestida con un jersey, una blusa, una falda, zapatos negros y en la cabeza llevaba una pañoleta negra. León estaba echando leña la cocina de hierro cuando oyó a sus espaldas la voz de su nuera.

-Hola, suegro.

Se giró y le dijo:

-Has vuelto.
-Por si necesitas que te haga algo.
-Te eché de menos.
-¿No te compraste el perro?

 

León se tiró en plancha a la piscina.

-No necesito un perro, lo que necesito es echar un polvo.
-Vaya a putas
-Pon tú un precio.
-Yo no soy una puta.
-Por eso te pagaría lo que qué quisieras. ¿Tiene un precio tu coño?

Elvira no se anduvo con más rodeos. Venía a lo que venía, y si León le allanaba el camino, pues mejor, y si encima le pagaba, mejor que mejor.

-No venía a por eso -mintió-, pero sí, mi coño tendría un precio, el precio sería de cinco mil pesetas, además el polvo no me lo echarías tú, te lo echaría yo a ti. Yo sería la abusona esta vez. Yo mandaría y tú obedecerías. La primera orden que te daría es que no hablases, pero para nada, ni para llamarme puta ni para llamarme cariño, si estás de acuerdo asiente con la cabeza.

León asintió con la cabeza.

-¿Tienes cordel?

Le señaló un cajón con un dedo.

-Veo que lo pillaste.

Cogió el cordel y le dijo:

-Tira para tu habitación.

Al estar León al lado de la cama le dijo:

-Desnúdate.

Cuando lo vio desnudo fue a su lado, se quitó la pañoleta, le vendó los ojos y le dijo:

-Échate sobre la cama.

Se echó, lo ató de pies y manos a las patas de la cama y después se desnudó ella. Lo último que quitó fueron las bragas mojadas, subió a la cama y se las puso en la nariz. León las olió profundamente, después le puso la parte mojada en los labios y León lamió la humedad, luego continuó haciendo todo lo que le había hecho en su última paja... Sin tocarlo con las manos le pasó un pezón por el meato de la polla empalmada y descapullada, el pezón se pringó de aguadilla, después se lo puso entre los labios, León lo lamió, lo chupó y después cuando le dio toda la teta se la mamó. Frotó el otro pezón en el meato y cuando León creyó que se lo iba a dar a lamer y lo que le dio a lamer fue el clítoris, se lo lamió hasta que le puso en la boca el coño empapado de jugo. Lamió el coño hasta que le puso el ojete... Acabó lamiendo ojete y coño hasta que Elvira comenzó a correrse. Le dijo lo mismo que le había dicho en la paja:

-Traga, León, traga.

León tragó el chorrito y el resto de los jugos de una espectacular corrida.

Después de correrse le puso la punta de la lengua entre los labios. León quiso chupársela, pero la retiró. Se dio la vuelta e hizo un 69... Le puso el coño en la boca y le lamió el glande, glande que no paraba de echar aguadilla. León no le comió el coño, se lo folló con la lengua. Elvira se puso perra de nuevo y más que se iba a poner cuando le chupó el clítoris, tan perra se puso que se corrió de nuevo jadeando cómo una zorra.

Todo iba saliendo cómo en su última paja, es un decir, pues se estaba corriendo con mucha más fuerza, pero ahora tocaba la prueba de fuego, meter en el culo, ya que no era lo mismo meter un dedo que meter una polla. Volvió a darse la vuelta, puso el ojete sobre la polla y le dijo:

-Desvírgame el culo, León.

León empujó y la cabeza entró dentro de su culo. A Elvira le escocía el culo. Jamás se había sentido tan llena. No le gustó. No era cómo había imaginado, lo que sí le gustó era algo que imaginara y que estaba pasando, y pasaba que su suegro le llenaba el culo de leche.

León al acabar de correrse sacó la polla del culo y la metió en el coño. Al follarlo la polla comenzó a ponerse flácida. León le dijo:

-Cierra las piernas con la polla dentro verás cómo se pone dura otra vez.
-¡Te dije que no hablaras!

Le había dicho que no hablara, pero cerró las piernas. Sintió que la polla le llenaba el coño. Lo besó por vez primera, la polla se le puso dura y ya no paró de comerle la boca hasta que se corrió temblando sobre él. Cómo en sus pajas Venancio Carlos León se corrió dentro de su coño, y cómo en sus pajas le dijo:

-Préñame, papá, préñame.

Después lo soltó e hizo de comer.

Quique.

 

 

 

 



   
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