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El morbo del doble incesto

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José
(@quique)
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Topic starter   [#1912]

 Remedios no tenía remedio, había nacido atravesada y no había manera de enderezarla. Iba de pelea en pelea, y le daba igual que fuera con un hombre que con una mujer. No era de las que arañaba o tiraba por de lo pelos, ella era de las que andaba a hostias y a patadas y dando patadas rara vez fallaba cuando apuntaba a un coño o a unos huevos.

Corrían los años sesenta del siglo pasado y eran tiempos duros en las aldeas gallegas.

La tarde noche de un domingo del día de  san Juan. Remedios salía de la taberna de comprar una tableta de chocolate negro y un sobre flanín el niño. Llevaba puesto el vestido de los domingos. Su largo cabello negro lo tenía recogido en dos coletas, coletas que tenían dos lazos verdes a juego con el vestido y calzaba unas sandalias de tiras de color marrón.

Julio era un muchacho de su edad, moreno, alto, fuerte, abusón de profesión, y burlón en sus ratos libres. Estaba arrimado con la espalda a la pared de una de las casas que rodeaban el campo donde se celebraba la fiesta. Al pasar por su lado, le dijo a dos amigos camorristas que lo flanqueaban:

-Mirar la mierda de dulces que van a comer hoy en la casa de la loca.

Remedios, que era de estatura mediana y fibrosa, siguió caminando.  Ese día no quería problemas. Julio se separó de la pared y le deshizo un lazo. Remedios se giró y lo miró con cara de pocos amigos. Julio le deshizo el otro lazo, y sonriendo y con arrogancia, le dijo:

-¿Qué miras, retrasada?

Remedios le partió la tableta de chocolate negro en la cabeza, luego le dio una patada en los huevos, y cuando se encogió le metió el sobre de flanín en la boca y la hostia que le dio hizo que Julio mordiera el sobre y la mitad se fuera a la mierda.

Los compinches de Julio se fueron a por ella, uno, al agarrarla le rompió el vestido, y el otro le iba a meter una buena trompada, no pudo dársela porque le cayó una hostia de Enrique, el hermano de Remedios, que dio con sus huesos en la tierra, el otro la soltó, cosa que Remedios aprovechó para molerlo a hostias y a patadas. Luego cogió el chocolate negro y lo que quedaba de flanín, y antes de irse para casa, le dijo a su hermano:

-Gracias, Enrique, si no llegas a aparecer lo iba a pasa muy mal.

Enrique, que era moreno, de ojos negros y agraciado facialmente, le preguntó: 

-¿Quieres que vaya contigo para explicarle a papá lo que pasó?

-No, mamá te dijo que no volvieras a casa. La cosa sería peor. 

-Tal y como estás y como le llevas las cosas que te encargó te va a brear con la zapatilla. Mamá da primero y después pregunta.

-A ver si esta vez tengo más suerte y no acabo con el culo rojo y castigada en mi habitación.

Luego de irse Remedio, se levantaron los tres y fueron a por Enrique, pero nueve de sus amigos que venían del monte con leña para la hoguera se fueron hacia ellos y acabaron yéndose calientes y con las orejas gachas.

Remedios llegó a la cocina de la casa con el cabello despeinado. Puso sobre la mesa la tableta de chocolate negro partido en tres trozos y la mierda de polvos de flanín que habían quedado, y le dijo a su madre:

-Tuve una pelea, pero la culpa no fue mía.

 José, su padre, que era un cuarentón, de estatura median, moreno, del montón y curandero de profesión, que estaba sentado a la mesa de la cocina tomándose una taza de vino tinto, y que era un buenazo, se persignó, Eva, su madre, que estaba de pie junto a la cocina, y que era baja de estatura, delgada y una alocada, sin preguntarle que había pasado, se quitó una zapatilla y fue a por su hija. Remedios, viendo lo que se le venía encima, le dijo a su madre:

-Deje que le diga.

No dejó que le explicara nada,. La empujó hacia la mesa, le puso una mano en la espalda, le levantó el vestido, le bajo las bragas y le dio a mazo:

-¡¡¡Plasssssss, plassssss, plassss, plasssss, plassssss, plassssss, plasssssss, plassssssss!!!

-¿Qué me querías decir?

-Que no empecé yo.

-¡¡¡Plassssss, plassssss, plassssss, plasssssss, plasssss, plasssss, plassssss, plasssss!!!

-Te dije que no volvieras a pelear.

Le  volvió a dar con aquella zapatilla gris, con rayas blancas y piso de goma amarillo.

-¡¡¡Plassssss. plasssss. plasssssss, plasssssss, plasssss, plassssss, plasssss, plassssss!!!

Remedios tenía el culo al rojo vivo y un cabreo brutal, pero no lloraba.

-Peleé porque le llamaron loca.

Eva paró de darle a su hija y le quitó la mano de la espalda.

-¡¿Quién me llamó loca?!

Remedios levantó las bragas y el vestido.

-El mismo que nos llamó muertos de hambre.

-¿Quién?

-Julio, el de los Cabezones.

Eva miró para su marido.

-Eso es cosa tuya.

-Sí, pero no puedo hacer nada al respecto, lo de loca no te lo puedo quitar y en lo de muertos de hambre tiene razón.

-Eres un medroso.

Remedios intervino para que la sangre no llegara al río.

-No hace falta que haga nada papá, ya yo le di lo suyo, a él y al que me rompió el vestido.

-¡¿Le diste al abusón y a otro más?!

-Eran tres, al otro le dio Enrique.

Eva le preguntó:

-¿Qué Enrique?

-Mi hermano.

Volvió a levantar la zapatilla para darle, y esta vez iba a darle en la cara.

-¡Ni se le ocurra darme en la cara!

-¡Te dije que no te acercarás más a ese desgraciado!

-Si me das en la cara me voy a vivir con él.

-Y yo le diría al cura que jodes con tu hermano.

-Y yo a la gente que tu jodías con el cura, a ver a quien linchan primero.

José le dijo a su hija:

-Si señor, con dos cojones, los que yo no tuve cuando lo supe.

Eva  miró con ojos de loca a su marido.

-Calla o cobras tú.

José se hartó. 

-Si cobro, te doy todas las que me debes y luego me voy de casa, a ver quien te mantiene.

Eva, con un cabreo brutal, le dijo a Remedios:

-¡Para tu habitación, esta noche no vas a ver la hoguera!

Remedios se fue para la habitación. Ya había anochecido, cerró la puerta con llave,  abrió la ventana, ventana que daba a una huerta, soltó el cabello, le puso una goma para hacer una coleta, se desnudó y luego se echó boca abajo sobre la cama. Ni dos minutos tardó su hermano Enrique en entrar por la ventana. Se metió en la cama, le pasó los dedos por el coño, los sacó pringados de jugos y le dijo al oído:

-No sé por qué te gusta el dolor, yo lo odio.

No le respondió, lo que hizo fue susurrar.

-¿Has traído la crema?

Enrique tampoco le respondió, sacó un tubo que traía en el bolsillo, le echó crema en una nalga, luego en la otra y después la extendió por su culo maltrecho.

El masaje con la crema, que olía a menta, le alivió el escozor y puso cachonda a Remedios.

-Quita la ropa y enciende la interna que voy a darte un buen repaso.

Enrique salió de la cama y regresó a ella en pelotas y con su linterna encendida en su mano derecha. Al echarse en la cama, su polla morcillona quedó echada con la cabeza hacia atrás, Remedios cogió la linterna y la puso sobre la mesilla de noche con la luz enfocando la cama. Separó sus piernas, se metió entre ellas y luego lamió y chupó sus huevos. En un par de minutos la polla se puso dura y mirando al techo. La empuñó con su mano derecha y le mamó la cabeza, al tiempo que lo masturbaba. Enrique le acariciaba el cabello y miraba como su hermana lo miraba mientras se la mamaba. Acto seguido le mamó y le lamió toda la polla hasta que vio que se le iba a correr en la boca, en ese momento se echó sobre él y lo besó con lengua. Luego de besarlo a conciencia, le volvió a mamar la polla hasta que se le corrió en la boca. 

Después de tragarse la corrida, volvió a besarlo con lengua, y acto seguido le puso el coño peludo en la boca, un coño peludo que parecía un charco de babas. Enrique sacó la lengua, le echó las manos a las tetas y se las magreó mientras Remedios movía el culo de atrás hacia delante y de delante hacia atrás para que su clítoris y el resto del coño se frotasen contra la lengua. Poco a poco sus movimientos de culo se fueron acelerando... Remedios cuando iba a mil por hora, se detuvo y miró para su hermano. Su pelvis comenzó a dar latigazos, su cuerpo a sacudirse, y se corrió en la boca de Enrique. Al tiempo que los ojos se le cerraban tapó la boca con su mano derecha para que no se oyeran los gemidos.

Al acabar de correrse lo besó y luego bajó su coño hasta ponerlo sobre la polla, polla que cogió con su mano izquierda y puso en la entrada del coño, para luego bajar el culo y meterla hasta las trancas. Con toda la polla dentro le dio las tetas a mamar, unas tetas duras, medianas, con areolas marrones y gruesos pezones. Al comenzar él a mamarle las tetas, ella empezó a follarlo, lo hizo despacito y sacando y metiendo la totalidad de la polla y de ahí no iba a pasar, ella, porque él, de vez en cuando le daba unos zurriagazos con la polla que le dejaba el coño temblando. Casi una eternidad estuvieron follando así, y digo casi una eternidad, porque en una tanda de zurriagazos, Remedios comenzó a correrse como una loba. Enrique, sintiendo como se sacudía sobre él le comió la boca y chupó su lengua para que no la oyeran gemir.

Remedios al acabar de correrse miró a su hermano y sonrió. Enrique le dio un pico, y luego se la quitó de encima con delicadeza, pero no para dejar que descansara, de eso nada, se arrodilló entre sus piernas, le echó las manos a la cintura, la elevó, de una estocada le clavó la polla hasta lo más profundo de su coño y le dio a mazo. Al rato, el coño comenzó a salpicar con la leña que recibía, y poco después chapoteando la polla dentro y salpicó aún más, y salpicó aún más porque Remedios se estaba corriendo.

Mirando como se corría le llenó el coño de leche. 

Remedios no le reprochó que se hubiera corrido dentro, ya que no podía tener hijos por un accidente que había tenido de pequeña.

-Será mejor que te vayas, no vaya a ser que a mamá se le dé por arrepentirse de lo que me hizo y venga a darme la chapa.

-¿Vuelvo mañana?

-No, mañana regresa mi novio de Alemania, no quiero sorpresas desagradables.

Enrique se fue, Remedios cerró la ventana, le quitó la llave a la puerta y luego encendió la luz.

Eva no apreció por la habitación, quien apareció fue su padre. José entró en la habitación, vio a su hija desnuda, cerró la puerta, y le dijo:

-¡Qué tufo a coño hay aquí!

Le mintió.

-Me he estado haciendo un dedo

-¿Ya te has quitado las ganas?

-De dedo, sí. ¿Mamá se fue a ver la hoguera?

Desnudándose, le respondió:

-Hay sardinas, pan de maíz y vino tinto, y todo es gratis, esa vuelve a las tantas y borracha como una cuba.

-Y tú me prefieres a mí a la juerga.

-No hay mejor juerga que la que se puede tener contigo.

José se echó a su lado, le dio un beso en el cuello, luego buscó la boca de su hija y se besaron largo y tendidos. Después acarició y besó todo el contorno de la teta derecha y a continuación, con sutileza, lamió haciendo círculos sobre sus areolas. Acto seguido besó, lamió y succionó la teta. Luego, antes de ir a por la otra teta, besó y lamió entre ellas. Al comenzar a acariciar la teta izquierda, le echó una mano al coño y lo encontró empapado.

-Tu chocho parece una charca. ¿Cuántas pajas te has hecho?

Le volvió a mentir.

-Tres.

-Eres una guarrilla.

-Una guarrilla morbosa que está demasiado caliente y que quiere que le comas el coño corrido.

A José le pareció que era ir muy aprisa.

-¡¿Ya?!

Remedios quería guerra.

-Ya, no, ya estás tardando.

-Sin más besos...

Le cogió la cabeza y se la llevó al coño.

-Ahí abajo me puedes dar todos los besos que quieras, con lengua y sin lengua.

José bajó al pozo sin saber que allí había restos de la corrida de su hijo, restos de las corridas de su hija y jugos que él le había quitado al mamarle las tetas. Lamió y la lengua le quedó más pastosa que de costumbre. Tragó las secreciones, luego le echó las manos a culo, se levantó y le folló el ojete con la lengua la tira de veces.  A Remedios le gustaba. Su padre tenía una buena nariz y cada vez que la punta lengua entraba en su ojete, la punta de la nariz entraba en su vagina. Tanto le llegó a gustar, que le echó las manos a la cabeza y frotó su coño contra la nariz, haciendo que entrara y saliera de su vagina hasta que se corrió, diciendo:.

-¡Qué corridaaaaa!

La polla de José le latía mirando como se estremecía su hija y oyendo sus gemidos.

Al acabar de correrse, se limpió la nariz con una sábana, y luego la puso boca abajo. Remedios sabía lo que quería su padre. Se puso a cuatro patas y separó las piernas. José le frotó la polla en el coño y después se la metió hasta el fondo, muy suavemente, muy suavemente se la quitó, y pringada de jugos se la fue metiendo en el culo, sin prisa, pero sin pausa, luego le echó las manos a las tetas, y magreándoselas, le fue follando el culo. Se lo folló despacio, al principio, al tran tran, después y acabó dándole las suyas y las que no le dejaba dar su mujer, o sea, le dio sin conocimiento, y sin conocimiento quedó Remedios al correrse, sin conocimiento y con el culo lleno de leche.

José, viendo que allí ya nada iba a hacer, se vistió y fue a comer las sardinas, a comer el pan de maíz y a beber el vino tinto que daban gratis los de la comisión de fiestas en la hoguera de san Juan.

Quique.



   
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