-Hijo... ¡Como lo tienes, de verdad! -dijo ella apartando la vista.
-Ya lo sé, mamá... lo siento mucho.
-Tranquilo, no es culpa tuya... Tanto tiempo... -hizo una pausa- Ya me imagino el problema que tienes con la mano derecha... ¿pero no puedes hacerlo con la izquierda?
Ya habíamos abarcado el tema de pleno. Me puse rojo como un tomate:
-Con la izquierda soy muy torpe. Aún estoy hecho polvo y me canso en dos segundos... Me duele todo, mamá... lo intento con la izquierda pero no llego a...
Se hizo un silencio incómodo.
-¿Eyacular? -dijo al fin mi madre, buscando el término más apropiado y más técnico para hablar sobre correrse.- En fin, pues tarde o temprano podrás, no te preocupes... es cuestión de paciencia.
Sacó el plástico para cubrir mi escayola y me lo puso antes de terminar de desnudarme, quizás para retrasar lo inevitable. Luego no le quedó más remedio: mal que le pesara, me tenía que quitar los calzoncillos. Hizo un suspiro:
-Vamos allá...
-Tira bien de la goma.. que no me duela...
-Vale...
Lo hizo lo mejor que pudo pero era un poco dificil que mi polla saliera sin hacer roce con el calzoncillo. La sensación fue una mezcla de molestia placentera que me hizo sentir de maravilla una centésima de segundo, además, la libertad total de mi pene era de muy agradecer después de aquel encierre a presión. Mi madre intentó no hacer ninguna mueca ni decir nada, pero, a pesar de que a duras penas murmulló un "Dios santo...", su cara de asombro y sus ojos más abiertos que nunca la delataban totalmente.
-Entra a la ducha. -me dijo.
Eso hice. Ella me ayudó a no caerme aguantándome con fuerza. Cerró un poco la cortina excepto por el lado en el que ella se iba a poner para lavarme y esperó a que encontrara bien el equilibrio para abrir el agua. Con mi débil mano izquierda me apoyé a la pared para aguantarme un poco mejor. Al principio estaba un poco fría, pero en seguida se calentó. El agua empezó a recorrer mi cuerpo mientras ella sujetaba el teléfono de la ducha dirigiéndolo para que ninguna parte de mi cuerpo quedara sin mojar. Yo la miraba a ella. Evidentemente había momentos en que se tenía que agachar y su escote se pronunciaba ante mi. Sus tetas. Siempre sus tetas. ¿Era normal que me gustaran tanto? No podía olvidarlas. En cierto modo ellas habían causado un poco mi accidente. ¿Se sentiría mi madre culpable? ¿Habría notado que me había caído por el hecho de estarla mirando cuando se despojaba del bikini? ¿Y si en vez de culpable se sentía molesta o incluso enfadada conmigo?
Entonces vi que ella iba soltando miradas fugazes a mi entrepierna, cuando me estaba dirigiendo el chorro de agua miraba fijamente al sitio que estaba limpiando, pero no podía contener esas milésimas de segundo en que sus ojos se dirigían a la evidencia de mi excitación. Ella no me miraba a la cara así que eso me daba libertad para seguir mirando sus tetas... hasta que me miró a los ojos para hablarme. Creo que me pilló de pleno, aunque disimuló:
-Bueno... -dijo intentando aparentar normalidad, con un desesperado intento de hacer que la situación fuera cómoda.- Primero el champú...
Me enjabonó la cabeza y la aclaró despúes. Tocaba ponerme el suavizante y así lo hizo. Luego cogió el jabón mientras el suavizante hacía efecto.
-Ahora te voy a limpiar entero.
Hablaba por hablar, para que el silencio no nos matara como lo había estado haciendo todo aquel rato. Pero oír eso de "entero" me hizo estremecer. En mi família nunca hemos usado esponjas, y creo que mi madre lo estaba lamentando, me tendría que tocar todo con sus manos. Mi vista no se podía apartar de su escote. Se puso un chorro de jabón en las manos y empezó a escampármelo por el pecho, los hombros, el cuello, el brazo que no tenía escayolado, el vientre, la cintura... ¿Y ahora? Si pasaba de largo quedaría evidente el corte que le llegaba a dar tocar mis partes aunque solo fuera para enjabonarlas, pero si las tocaba... Y con una mano llena de jabón me agarró el falo.
Hice tanto como pude para no gemir, pero la sensación fue increible. El jabón lubricaba esa mano que me agarraba la polla y me lo esparcía por ella con un gesto muy similar al de masturbarme. Se estuvo el suficiente tiempo como para que todo fuera fantástico. Yo no sabía cuanto llevaba sin correrme pero lo necesitaba de sobremanera. Mi sexualidad ya se había recuperado antes que otras partes de mi cuerpo y necessitaba echarlo todo. Y con aquella excitación... Mi madre se encargaba de que mi glande también quedara limpio cuando no pude más y gemí.
-Roberto..! -dijo mirándome a los ojos y soltándome la polla- ¿Te he hecho daño?
-No... es que... -y me callé. Ella lo entendió enseguida, estoy seguro.
-Cariño... -dijo ella en tono piadoso pero impotente. Era una madre y, como tal, ¿hasta donde podía llegar? Su gestó volvió al de concentración por hacer las cosas bien y como Dios manda. Dijo:- Acabo enseguida.
Vovió a por las partes de mi zona íntima que faltaban y volví a gemir. Estaba a segundos del orgasmo.
-Cariño... repitió ella. -esta vez sin quitar la mano, gracias al cielo- ¿Que vas a...?
No dijo el verbo pero sabía a qué se refería. Esta vez en mi cerebro no salió la palabra eyacular, solo apareció "correrse". Correrse como un cabrón, disfrutarlo como el que más. ¿En qué plan me estaba haciendo en la pregunta? ¿Solo quería la información? ¿Era un "si quieres, puedes"? ¿Era un.. "pues ni te atrevas"? Creo que ni ella lo sabía. Mi cerebro iba a mil por hora y a la vez no podía pensar en nada. Mi madre habló:
-Cariño... -me dijo parando otra vez de tocarme, con lo que maldecí un poco la situación- Ya sé que lo necesitas. No es culpa tuya nada de esto. Yo podría no hacértelo -pensé: "Por favor ¿Por qué? ¡Hazlo!"- porque soy tu madre... -se hizo otro silencio- Mira, entiendo que estés excitado por la situación, llevas mucho tiempo sin tocarte y tu re-despertar sexual está siendo muy furioso, pero precisamente si la situación te ha excitado tanto no te costará nada darte ahora un poco con la izquierda y acabar. Prometo no mirar.
"A mi me da igual que mires" pensé yo, "así verias lo que he hecho tantas veces pensando en ti...".
-Pero -balbuceé yo- ¿como me sujeto para no caerme? -me sentía inseguro y con poco equilibrio. Menos aún con el orgasmo bestial que estaba presintiendo.
-Yo te aguanto, cariño, -dijo con un tono relajado y muy amoroso- ven aquí... -y me abrazó. Con fuerza para aguantarme pero era un abrazo fenomenal. Sus pechos se pegaron a mi cuerpo mojado y enjabonado y el contacto con aquel cuerpazo de mujer me hizo perder el norte del todo. No le importaba ir ella vestida y mojarse la ropa de agua y jabón con tal de que yo pudiera desahogarme. Sintiéndome bien sujeto me atreví a despegar mi mano izquerda de la pared y dirigirla a mi enrojecida y enjabonada polla. Realmente estaba al borde de la corrida. Mi débil brazo izquierdo no tuvo que hacer mucho esfuerzo para mi desahogo. Un chorro de semen salió disparado perdiéndose en la blanca bañera. Un segundo chorro más intenso, pero menos veloz, salió como un borbotón mientras yo sentía que el placer me elevaba sobre todas las cosas. Todo esto mientras mi madre me abrazaba fuerte. Era una sensación increíbe. Varios espasmos más siguieron, con pequeñas cantidades de semen que seguían surgiendo. Me relajé del todo. Estaba en la gloria.
-Mi amor -me dijo mi madre separándose muy poco a poco de mi, pero aún sujetándome con los brazos- ¿Estás mejor?
-Sí, mamá -dije yo temblando, casi sin voz, hice una pausa, no sabía si tenía que decirlo pero lo dije:- muchas gracias.
Se hizo un silencio que temí otra vez eterno pero apenas duró unos segundos.
-¿Por qué gracias? -dijo ella con media sonrisa- ¡Yo no he hecho nada!
-Sabes que sí... -dije yo bajando la cabeza pero a la vez insinuando que mi mirada se iba a sus pechos. La miré luego a la cara, de reojo y la vi semiruborizada. No obstante, no había abandonado su media sonrisa, amable y pacífica, curiosamente volví a ver el tipo de rostro por el que mi madre se había caracterizado años atrás: Alegre y afable, pero que despertaba paz interior y seguridad.
-Anda tonto -dijo con un tono de lo más divertido. Yo la veía mucho más relajada.- Vamos a aclararte que si no no terminaremos nunca.
Me volví a sujetar y se separó de mi. Entonces vi su camiseta mojada y con un poco de jabón por haber pegado su cuerpo vestido al mío enjabonado. Una imagen bonita aunque un poco surrealista, como todo lo que estaba ocurriendo. Antes de nada, cogió una toalla y se la pasó por la ropa para, almenos, quitarle el jabón. Yo no la perdía de vista.
Me aclaró y mientras lo hacía percibí que mi pene no había bajado mucho mas de "morcillón". Me encontraba mejor pero la verdad es que con un solo orgasmo es dificil saciar tanto tiempo sin liberar nada de esperma. Una vez terminamos me pasó una toalla y me empezó a secar aún de pie en la ducha, aunque pronto me hizo salir y me sentó en el WC, donde ya había puesto otra toalla. Una vez sentado me secó a fondo, todo entero. Su expresión seguía siendo mucho más tranquila. Problablemente por la sensación que despierta un "pues ha ido bien, tampoco ha sido para tanto, no creo que ni él ni yo salgamos traumatizados de aquí...".
Alegremente me iba secando y cuando llegó a mi polla la volvió a ver otra vez dura. Evidentemente se había agachado y mis ojos habían vuelto a enfocar su escote. Ella se quedó un poco sorprendida una vez más:
-Robe... ¿Otra vez? -dijo con más gesto de asombro que de preocupación, mirando mi falo.
-Tranquila mamá... -dije- era mucho tiempo sin nada y es normal que ahora quiera más -se volvió a hacer un silencio. Mi madre, subió la mirada pero sin cambiar la expresión de su cara y me miró a los ojos. ¿Esperaba que le pidiera algo? Aunque más tranquila se la volvía a ver dubitativa. Entonces decidí decirle:- Pero ahora no es tan urgente como antes, mami... ¡estoy mejor!
-Eso te iba a decir... -volvió a su caracter amable y tranquilo mientras me siguió secando despreocupadamente como si nada- Por hoy ya es suficiente... ¿eh?
Aluciné. ¿Qué había querido decir? ¿Que hoy ya había terminado pero otro día quizás repetíamos? Estaba flipando y no tenía la sensación de haberla entendido. Ella interpretó mi silencio como una falta de información y vio qué había hecho un comentario que ni siquiera ella misma sabía como interpretar. Decidió seguir hablando mientras me secaba, concentrada en su tarea. Como hablando del tiempo que hace me dijo:
-Porque antes de la caída... ¿tu cada cuando te... tocabas?
Me sonrojé un poco pero sonreí. La barrera de hablar del tema ya estaba superada.
-Una al día.
Me miró a los ojos de una manera entre pícara, alegre, maternal y como si pensara "lo que imaginaba" (aunque hubiera hecho el comentario sin pensar mucho, creyendo que su subconsciente le estaba diciendo "hoy ya está, mañana más"). Entonces volví a hablar:
-Bueno, no tan regular... Casi siempre una al día pero no cada día...
Sonrió. Amplió su sonrisa mirando abajo y, cuando nos volvimos a mirar, maravillosamente rompimos los dos a reír.
CONTINUARÁ...




