Lunes. Otro día aburrido. Solo llevaba tres días en casa y no me parecía mucho mejor que el hospital. El hecho de que fuera verano hacía que yo lo llevara peor. Mis pensamientos iban cambiando, pero siempre pasaban por mi madre: me acordaba de como me había tocado, pensaba en sus tetas... No podía esperar a que llegara el miércoles. Por la noche me volvió a duchar. No me empalmé tanto como los días anteriores. Supongo que fue por la concienciación que debía aguardar al tercer día, porque no creo que estuviera totalmente desahogado y más viendo todo el santo día a mi madre en pantalón de chándal corto y camisetas de tirantes escotadas de estar por casa, sin sujetador debajo. Durante la ducha todo fue normal y no se trató el tema masturbatorio.
Martes. No fué un día aburrido, pero fue un poco duro. Mi madre me había asegurado que un chico de mi edad podía sobrevivir perfectamente con una paja cada tres días, y de sobras. Pero después de lo que me hizo inconscientemente... Entró a mi cuarto con el bikini amarillo puesto.
-Cariño -dijo con tono meloso- Hace un calor terrible... no te importa que baje un momentito a la piscina ¿Verdad?
-Jaja -me reí intentando aguantar el tipo y que mis ojos no se salieran de sus órbitas- Claro mamá, para eso está la piscina, no me digas que no te bajabas a bañar por mi... ¡No seas tonta y aprovecha, que te mereces las vacaciones como cada año!
-Eres un sol, Robe... -y vino hacía mi para agacharse como una diosa en bikini y darme un beso tierno en la mejilla mientras me acariciaba los hombros.- te vas a poner bueno enseguida y aún la podrás aprovechar este año, ya veras...
No se si me pondría bueno pronto, pero en aquel momento me estaba poniendo malo malo. Me levanté de la cama a mirar por la ventana y verla nadar. Era como una sirena de mis sueños, aunque me cansaba de estar de pie no me cansaba mirarla. Ella miró a mi ventana y me sorprendió mirándola. ¿Por qué había mirado de pronto a mi ventana? ¿Qué estaba pensando para tener ganas de mirar hacía donde estaba yo? ¿Esperaba verme allí mirando o solo quería mirar hacia mi ventana y yo la había sorprendido tanto como ella a mi? Nos quedamos los dos congelados un par de segundos. Y al final ella me sonrió ampliamente y me saludó con la mano. También sonreí y le devolví el saludo. Siguió nadando y no volvió a mirar a mi ventana. Me pregunté si sabía que yo la seguía observando durante un buen rato.
Cuando llegó la hora de ducharme ella me volvió a ver en todo mi esplendor:
-Vaya, Robe -dijo sin tapujos- parece que esta no se acuerda que hay que esperar a mañana ¿eh?
-Jeje -me reí despojándome de la verguenza- Pues sí... espero que no estalle antes.
-Jaja! -me dijo mi madre guiñando un ojo- Tu tranquilo, cuanto más esperes más fácil nos será... Y mañana vuelves a tener premio ¿Vale? Tu aguanta, mi amor...
Me enjabonó sin detenerse demasiado tiempo en ningún sitio, para mi desgracia, y estuve luciendo aquella erección durante todo el baño. A la hora de cenar me tranquilicé autoconciendiado que mañana era mi gran día.
-Robe, cariño... Si quieres puedes bajar y te tumbas junto a la piscina, no te puedes bañar pero puedes tomar el sol con nosotras.
-No se mamá, ahora...
-¿Por qué no? ¿No te apetece el sol?
-Sí, mamá, -dije yo- pero estoy de aquella manera que ya sabes cada dos por tres.
-Vaya -dijo mi madre viendo que el tema volvía a salir- ¿Pero en que piensas tanto, hijo? -preguntó sin esperar respuesta.
-No solo es lo que pienso, mamá -quería hacérselo entender sin crear ningún mal rollo. Mi madre se quedó un segundo pensativa y bajó su mirada, se miró las tetas cubiertas y sujetadas como el bikini buenamente podía.
-Vale hijo -dijo un poco avergonzada- Lo siento... A la hora de la ducha te ayudo, lo prometo.
-No es culpa tuya estar tan bien, mamá... -me excusé- pero gracias por tu ayuda igualmente.
-¿Estar tan bien? ¡Ay que cosas me dices, tontito! Me voy a dar un remojón...
Le dediqué una sonrisa. Ella me la devolvió. Yo estaba tranquilo porque mi madre siempre cumplía sus promesas. Cuando la tarde avanzó llegó, ya vestida otra vez con camiseta de tirantes y pantalón de chandal corto. Entró a mi cuarto suspirando de lo relajada que estaba después de aquel día caluroso en la piscina. Me sonrió y me dijo:
-¿Una ducha?
-Por supuesto -contesté.
En el cuarto de baño mi pene apareció, evidentemente endurecido a su máximo nivel. Mi madre no lo comentó pero lo miró con media sonrisa. Sabía que el trato nos permitía aliviarme hoy y le reconfortaba aquella sensación. Cuando llegó el momento de enjabonarme el cuerpo mi corazón palpitaba a un ritmo muy alto. Me guiñó un ojo antes de empezar y me agarró la polla con su mano derecha mientras reposó la izquierda a la parte baja de mi espalda, se había agachado un poco y miré descaradamente sus tetas. Me sentía flotar y no me planteé tocárselas por si perdía el equilibrio al dejar de sujetarme con la única mano que podía mover. Me pajeó disimulando cada vez menos, solo aguanté unos minutos, pero lo mejor fue el final:
-Mamá... -dije, avisándola para que parara y yo solo me provocara el orgasmo.- Ya viene...
-Échala toda cariño... -pero no me soltó la polla. Me la siguió pajeando.
Me corrí. Me corrí como un cabronazo, fueron varios espasmos acompañados de abundantes chorros de esperma, mi cuerpo entero temblaba mientras me corría siendo pajeado por mi propia madre. La sensación de sorpresa de que aquello estuviera pasando de verdad era lo que me acababa de hacer llegar al éxtasis total. Gemí y gemí hasta acabar jadeando, mientras ella disminuía su ritmo, pero seguía acariciándome para prolongar mi placer. Me besó en la mejilla, aún agarrando mi falo con su mano, dándole cuidadosas caricias. Yo no podía casi ni hablar.
-Mamá... -dije entre jadeos- Lo has hecho tu...
-Sí -dijo ella, sientiendo mi polla relajada en su mano y soltándola poco a poco- Total si lo he empezado yo, no pasa nada porque la termine yo misma... -me sonrió- No es mucho más grave. -Hizo una pausa y luego me preguntó:- ¿Que no te ha gustado?
-Mamá... -dije yo- Nunca había sentido tanto placer corriéndome... -No sabía que más decirle, solo agradecérselo.- Gracias... ¡Muchas gracias! ¡De verdad!
-De nada, cariño -contestó- Me sigo sintiendo un poco rara, pero verte bien me ayuda.
-Eres la mejor... -seguía alabándola yo- Te quiero...
-Y yo -dijo- Bueno, ahora hasta el sábado ¿eh?
-Sí, mami.
-¿Qué tal vas, cielo?
-¡Mamá! -balbuceé- ¡Este bikini es nuevo!
-¡Sí! -dijo ella percatándose de que yo aún no lo había visto y mirándose al cuerpo, abriendo los brazos mientras se contorneaba luciendo su nuevo modelito- Me lo compré ayer ¿Te gusta?
-Ajá... -dije yo con los ojos muy abiertos- Mucho...
Ella seguía mirándose a lo suyo, sin enterárse del efecto que me estaba produciendo. Hasta que notó mi mirada. Sonrió en vez de avergonzarse:
-Hijito... -dijo conciladoramente- no me dirás que ahora no puedo ir en bikini por casa. Lo tuyo es fuerte: solo con ver un poco de carne...
-No es solo eso mamá... -dije firme- Ya sabes que pienso que tu estás...
-Ay niño... -dijo sonrojándose y sentándose en mi cama- Qué cosas de decir... -Se rió- ¡Si ya soy una vieja!
-¡Ni hablar! -dije yo serio- Ya les gustaría a muchas de mi edad estar como tu...
-Jeje... cariño... -se inclinó para darme un beso en la frente.- Sé que es por tu abstinencia sexual de la que aún te estás recuperando. No es lo más normal del mundo opinar eso de una madre -me quedé en silencio, sintiéndome un poco culpable, ella pensó que debía cambiar el tono para no hacerme sentir mal.- Pero no te preocupes, ya sabes que he decidido "echarte una mano" así que no me pongas esa cara, que no me voy a escandalizar por que me mires así. Cuando se te haya pasado, todo volverá a ser normal.
-Mamá... -dije abatido- No creo que sea solo cosa del momento.
-Sí, hijo, sí -respondió.- Ya verás como, en unos días y cuando puedas pajearte tu solo, ya se te pasará tanto calentón "familiar".
-Si tú lo dices... -yo no me lo creía. Mi madre ya me gustaba antes del accidente así que eso no era una tontería mía, pero eso ella no lo sabía y tuve dudas acerca de contárselo.- Yo no lo veo así.
Me volvió a besar en la frente:
-Tu tranquilo y ya sabes que puedes contar conmigo para casi todo. Cuéntame lo que quieras, ¿vale? -asentí con la cabeza pero no dije nada. Debido a mi silencio dijo:- ¡Ahora me voy a la piscina un rato!
-¡Cielo! -me gritó desde el piso de abajo- ¡Ya estoy aquí! ¡Hoy tenemos cena especial para celebrar que llevas una semana en casita.
Subió y entró a mi habitación llamando primero. Estaba vestida de calle, radiante con una blusa corta un poco escotada (no tanto como las camisetas de ir por casa) y una falda negra que le llegaba por encima de las rodillas. Llevaba pendientes y un toque muy suave de maquillaje.
-¡Hoy estoy muy contenta y quiero celebrarlo! -dijo radiando felicidad- Vamos a comer unos fideos con verduras. ¿Qué te parece?
-Estupendo -dije yo sonriendo.- Mi apetito había aumentado hasta llegar a la normalidad durante aquella semana.
-Pero antes... -bajó el volumen de la voz y cambió a tono picarón- ¿Una ducha antes de que vuelvan Laura y Marta?
Sonreí. Y me atreví a decir:
-Mamá, nunca había necesitado tanto una ducha, solo de verte entrar en mi cuarto tan preciosa, -me destapé y señalé mi paquete abultado- ya me entiendes...
-¡Ya estamos otra vez con los piropos! -se rió- ¿No quedamos en que era tu madre y que tienes que vaciar esos huevines para dejar de pensar en eso?
-Mamá.. eso no va a funcionar -dije como si se lo hibiera dicho ya millones de veces.- Te dije que no es una tontería derivada de mi accidente, de hecho... -me callé. Mi madre puso gesto de estar muy interesada.
-De hecho ¿Qué? -dijo.
Yo no sabía bien qué decir ni como decirlo. Al final fui valiente:
-Mamá... de hecho es justamente al revés... el accidente fue por eso...
-¿Como dices, Roberto?
-Pues eso... yo... -me costaba hablar, volví a coger aire y dije:- yo me caí porque tenía la vista fija en otra cosa...
-La vista fija en... -repitió mi madre- ¿Otra cosa?
-¿No te acuerdas? -le pregunté.
-Yo estaba... -se quedó pensativa e hizo memoria.- Me estaba quitando el bikini... Iba a nadar en topless...
-Así es -dije yo rendido ante la verdad.
-¿Sabes? -dijo ella reflexiva- En el fondo tenía esa sensación. Pero no podía ver hasta que punto era cierta. -Se le iba esbozando poco a poco una sonrisa.- Pensaba que el vino que te hizo perder el equilibrio, pero tu no bebiste tanto como yo...
-Fue porque estaba impaciente y no miraba ni por donde andaba. -dije respirando profundamente- Quería verte las tetas a la luz antes que volvieras a la oscuridad de la piscina...
-Hijo... -dijo ella muy maternal.- Lo siento mucho por la parte que me toca... Ni me imaginaba que esto hubiera podido pasar. Lo siento de verdad.
-Mamá, no es culpa tuya... -sonreí.- Soy un torpe.
-No pensaba que realmente sintieras tanta... -sus famosas pausas para buscar la palabra adecuada- atracción... por mis pechos.
-Por toda ti, mamá.
Se sonrojó de nuevo:
-Pues eso, que no lo sabía. -iba haciendo pausas mientras hablaba.- Podríamos haberlo hablado antes... de haberlo sabido, claro...
-No te lo dije para que no te sintieras mal...
-No me siento mal, Robe... -dijo sonriendo amistosamente- solo un poco... rara.
-Pues siento hacerte sentir rara. -dije.
-No te preocupes, me alegra que hoy toque ayudarte. Además.. a mi edad mejor tomármelo como un halago.
Se puso las manos a los pechos y se los agarró, sujetándoselos. Dijo:
-Lo que estas han causado voy a tener que ayudar a remediarlo.
-Mamá... tienes unas tetas espectaculares... -dije fascinado.- Por lo poco que vi antes de caerme...
-¿En serio me dices esto, cariño? -preguntó ruborizándose. Luego su expresión cambió a algo más parecido a la curiosidad.- ¿Las llegaste a ver?
-No tanto tiempo como me gustaría... -contesté.
-¡Ja! -rió ella- ¿Y de cuanto tiempo estamos hablando?
-¿Es una propuesta? -pregunté interesado. Ella se calló hasta que dijo, con su sonrisa amable:
-Era solo una pregunta, cielo.
-Pues lástima, -dije yo un poco más deshinibido, sonriendo.- Porque sería fantástico.
-¿Me estás pidiendo..? -preguntó lentamente- ¿Que te las enseñe..?
-Sería fantástico, mamá -dije aún con mi sonrisa.- eso es lo que he dicho.
-Ya pero eso tambien me hace sentir muy rara, cariño...
-Lo ibas a hacer el día de la piscina...
-Mira, a mi no me importa que me veas -se explicó,- vivimos bajo el mismo techo. Y en un momento dado, pues me podrías pillar cambiándome o algo por pura casualidad... Y no pasaría nada... Igual que el día de la piscina en que me apetecía hacer topless... -cambió su expresión y habló con un tono más catastrófico.- Pero enseñártelas expresamente...
-Eso que dices de esas puras casualidades nunca ha ocurrido, lamentablemente. -contesté yo con pena- Ya me habría gustado, pero no.
Mi madre me miró con ojos de duda. La tenía casi convencida pero no quería forzar la situación. Me atreví a decir:
-Por favor mamá... tu a mi me has visto desnudo y entero, y no es justo que yo... -dejé de darle explicaciones y se lo pedí sin más- Solo esta vez...
Se quedó callada unos eternos segundos.
-Está bien... -dijo ella, rindiéndose y suspirando- Pero porque he dicho que hoy celebrábamos una semana desde tu vuelta y lo podemos incluír en la "fiesta". Que conste que lo hago todo para que te encuentres mejor ¿Vale?
-Vale, mamá -dije reprimiendo mi emoción. No me lo podía creer.
Se sentó a mi derecha en la cama. Yo tambien me incorporé y me quedé sentado. Ella se desabotonó la blusa sin ninguna prisa. Yo me recreé mirándola. Ella aceptaba que la mirara, de eso se trataba. Mientras tanto ella fue hablando:
-De hecho, aunque sea raro que quieras mirarme, no me averguenza desnudarme delante de ti. Eres mi hijo y hay muchos hijos que ven a su madre desnuda como algo natural.
-Es verdad mamá, muchos de mis amigos las ven sin problema...
No quise hablar más: puse toda mi concentración en el sentido de la vista. Cuando la blusa desapareció, tan solo un sujetador azul me separaba de verle bien las tetas por fin.
-¿Preparado? Te veo muy expectante... -dijo ella haciendo broma, un poco sonrojada pero con su sonrisa traviesa que me volvía loco.
-Sí -dije yo conteniendo la respiración.
Se empezó a desabrochar el sujetador. Ya nada me impediría verlas, sentado en mi cama no me resbalaría ni me caería. Además, ella lo hacía precisamente para que yo la viera. Podía mirarla descaradamente.
Cuando aparecieron pensé que me había perdido en un sueño. No acabé de creer que fuera real. Era como tantas y tantas veces lo había imaginado, pero de verdad. Sus tetas eran grandes, redondas y pesadas (por eso caían un poco). Pero estaban increiblemente en su sitio para el tamaño que tenían y para una mujer de su edad. Eran una maravilla. Sus pezones eran rosados y de un tamaño mediano perfecto. No daba crédito. El primer sitio del que me alimenté era ahora mi mayor sueño, y estaba a un escaso metro de mi.
-Hijo... -dijo mi madre ya relajada por haber comprobado que no se sentía tan incómoda. Me interrumpió la reflexión.- ¡Te has quedado pasmado!
-Mamá... -no pude decir mucho más.
-Cariño... -sonrió mi madre afectuosa- Y bien, ¿Qué te parecen?
-Me encantan mamá, me gustan mucho, muchísimo...
No podía contenerme. Tenía que hacerlo otra vez aunque aquella ocasión ya no tenía excusa. Pero ¿como? ¿Pidiéndoselo? ¿Directamente?
-Y un día, -recordé en voz alta- haciéndole cosquillas a Marta, le toqué una por accidente. Noté que le está creciendo el pecho bastante rápido... Aunque luego pude comprobarlo con mis ojos, al verla en la piscina ¿Te habías fijado?
-Bueno, -dijo ella mirándose el busto hacia abajo.- De tal palo... -me volvió a mirar a mi soriente.- Es de la familia, no se puede negar. Pero en fin, ninguna de esas dos veces cuenta como tocar unos pechos como Dios manda.
-Entonces, según tú... -dije yo, abatido- No. Nunca he tocado unas, respondiendo a tu pregunta.
-Mamá... dijé balbuceando- ¿De verdad que puedo?
-Ya lo estás haciendo cielo.
Primero la apreté con miedo, después, con más decisión, amasé aquella teta que se me ofrecía. Sonreí.
-Entonces... -añadí yo- Tendría que aprovechar ¿No?
-Sí, claro -respondió ella.- Pero hasta que yo te diga.
-Entonces haré hasta donde me dejes... -le anuncié- ...aunque no llego bien así.
-¿No llegas bien a qué?
-Me gustaría... -dije notando como me ruborizaba en questión de segundos- Chupártelas...
Mi madre no dijo nada pero puso los ojos en blanco con expresión de "pues vaya calentorro que tengo por hijo". Se incorporó poniédome las tetas a la altura de la cara hasta que la distancia fue suficiente como para que yo llegara a lamerlas. Ahí sí que me recreé. Le pille la misma teta que había estado sobando y la chupé, la lamí, la besé... Me concentré en sorberle el pezón un buen rato. Paré para respirar y le dije:
-No me acordaba de como era... ¡Hacía unos quince años que no lo hacía!
A mi madre le hizo gracia mi broma relacionada con mi época de bebé. Dejé aquella teta en paz y dije:
-Mami... -dije yo a duras penas.- No voy a aguantar mucho...
-Hazlo cuando te apetezca, cariño. -contestó ella de lo más sexy- No te preocupes.
Tal y como había previsto, no tardé en correrme, apretando sus tetas con decisión la leche salió de mi polla como la lava de un volcán en erupción. Mi madre gimió y sonrió al verlo. Me estuvo acariciando el falo más lentamente mientras mi orgasmo se apaciguaba y mis espasmos iban siendo menos constantes.
❤️




