El vestido de mamá,...
 
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El vestido de mamá, la vecina.

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 pern
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Topic starter   [#2010]

... ... 

                                       Vivo en un adosado en las afueras. Funcionaria y solterona, siempre me las he apañado bien sola. Pude pagar esa casa bastante pronto. 

                                       En la casa de al lado viven un padre divorciado y su hija de unos sexys y preciosos diez y ocho años. Evidentemente me había fijado en ella, una no es de piedra, aunque sus marmóreos muslos lo parecían. Tampoco era primeriza en los placeres de Safo.

                                     Me llevaba bien con él, que por cierto tampoco está nada mal. Tendrá más o menos mi edad. Y a ella la saludaba amablemente, si no me la quedaba mirando como una tonta. Pero nunca supuse que allí pasara nada raro. Parecían una familia normal. 

                                      Una noche de verano cuando no podía dormir por el calor subí a la segunda planta en busca de aire. Unas risas y jadeos me hicieron mirar por el ventanal de la terraza.

                                     La musculosa espalda del padre, desnudo del todo, estaba entre los muslos de la hija, arrodillado en el césped. Ella sobre una tumbona de jardín, también como su madre la trajo al mundo, se acariciaba los pechos, pellizcando los pezones. 

                             Y con la cabeza echada hacia atrás jadeando y dejando caer la larga melena por el respaldo del mueble en la que su padre le comía el coño. Casi podía oír sus gemidos de placer aunque parecía que intentaba hacerlo bajito. 

                             La escena me impactó al principio. El incesto no es algo fácil de aceptar de buenas a primeras. Pero pensándolo bien, ambos son adultos, están buenos, es normal que surja el deseo. Algo como lo que estaba empezando a pasarme a mí, el morbo. 

                              No sé por qué no me escandalizaba. Todo lo contrario, en realidad lo que estaba viendo me ponía muy cachonda.

                           Yo, muy excitada, no tuve mas remedio que llevar la mano a mi coño solo cubierto por un tanga que era lo único que me cubría. Pasando los dedos por los duros pezones y el pircing del ombligo. Que me había puesto cuando la vi a ella unos días antes con uno adornando su plano vientre.  

                           La caliente escena de incesto me estaba poniendo a mil. Y deseaba con todas mis fuerzas estar con ellos. En el lugar de la hija o del padre, siendo comida o comiendo aquel apetecible coñito o su polla si a eso vamos. O absolutamente todo lo que pudiera, aún mejor. 

                              Era espectadora privilegiada de esa caliente escena. Pero llegó un momento en que no me conformaba solo con mirar y masturbarme a solas. Quería más, deseaba sus cuerpos y sus pieles. 

                             ¿Podría presentarme en su puerta?. Llamar al timbre e interrumpirlos. Por el momento me tendría que conformar con ver el espectáculo y hacerme un dedo a gusto. Por nada del mundo quería molestarlos en un acto tan íntimo. 

                             No sé las veces que llegó a correrse la chica mientras yo le daba vueltas al asunto. Porque él debía ser todo un experto en el manejo de la lengua. Tenía que dolerle la polla de lo dura y poco atendida que la tendría. 

                              Pero ya sabía que su hija es un encanto y no iba a dejar a su papi sin aliviar el problema. Me hizo gracia cuando palmeó la cabeza que tenía entre los muslos para que dejara su trabajo y se levantara.

                              Estuvieron hablando un rato en voz baja. Así que no me llegaba el sonido de sus voces. También se besaban en los labios. Ella recibía el sabor de su xumino de la lengua de su progenitor. Como me hubiera gustado probarlo yo. 

                              Un momento más tarde era él quién estaba en la tumbona recibiendo las atenciones de los labios de la joven. Ella tenía una mano entre sus torneados muslos mientras le chupaba los huevos o lamía la polla. 

                               Al final me decidí a hacer algo. Algo completamente descarado. Encendí la luz de la habitación en la que estaba. Dejando que mi cuerpo desnudo al completo se viera desde su jardín. Apoyada en la barandilla de la terraza e iluminada desde atrás sé que él, al menos, podía verme. 

                             Estaba a contraluz. Creo que al principio se llevó un susto. Pensaría que yo dormía en mi cama. Pero enseguida se dio cuenta de la situación al ver mi silueta. Y podría apreciar que estaba en porretas. 

                            La distancia no me permitía distinguir su expresión que yo esperaba fuera de morbo. Al tener una espectadora de su placer. Además una que se estaba dando gusto ella sola. Seguro que él sí podía ver donde tenía yo las manos.

                              Ahora seguro que sí, le dijo a la chica que tenían una espectadora. Pues Marta giró la cabeza mirándome a mí directamente. Parecía que no le molestaba pues siguió con la faena emprendida. Esta vez chupando los testículos de su progenitor. 

                               No era plan ponernos a dar voces a esas horas de la madrugada, pero yo tenía el móvil a mi lado en la tumbona de la terraza. Lo cogí y le hice el gesto de llamar. Por si había alguna emergencia teníamos los números. Al menos el del padre. 

                             Tuvo que recoger el móvil de la chica del césped para poder llamar pues ese número yo no lo tenia anotado. Segundos más tarde el aparato vibraba en mi mano. 

- Hola, parece que lo estáis pasando bien. 

- Es que nos queremos mucho. ¿No te importa?.

- Todo lo contrario. Estoy muy cachonda. Es lo más bonito que veo en mucho tiempo. Lástima que sea de tan lejos. 

- ¿Pues porqué no te pones algo encima y vienes a verlo más de cerca?. 

- ¿Puedo?.

- ¡Pues claro!.

                                Me contestó Marta esta vez un momento que apartó su bonita boca de la polla de su padre. No podría rechazar una invitación así. Considerando además que el día siguiente no era laborable. 

                                Entré al dormitorio buscando un vestido ligero. No quería perder mucho tiempo así que prescindí de la lencería. No me iba a hacer falta. El vestido más corto y fino que tenía y unas chanclas era lo único que llevaba cuando llamé a su puerta. 

                               Me abrió la joven sin ponerse nada encima. De cerca y desnuda del todo es aún más bonita. 

- A estas horas no me va a ver nadie que no me interese. ¿No crees?. Marta.

- A mí me interesa mucho. Pero no hay nadie más por aquí. 

- Pues pasa y quítate eso. 

                         Así que le hice caso. El vestido quedó en una silla en el salón camino del jardín trasero. El padre estaba de pie al lado de un pequeño mostrador preparando unas bebidas. En ese momento me daba la espalda y ¡menuda espalda!. He visto chicos que se machacan en el gimnasio con menos hombros. 

                      Mi vista fue bajando por sus dorsales y quedó clavada en sus glúteos. Esperaba que estuvieran tan duros como parecía. Ella que venía detrás de mí tropezó conmigo no sé si adrede. Sus tetas quedaron unos segundos pegadas a mi espalda. Rodeó mi cintura con sus manos y me paso la lengua por la oreja mientras me decía:

- Nena, te has quedado con la boca abierta. 

- Es que de cerca y desnudos se os admira mucho mejor que las veces que nos hemos visto antes vestidos. O desde lejos, desde

 mi balcón. 

- Vaya como sabes halagar a la gente. ¿Una copa?.

- ¡Claro!. ¡Por los buenos vecinos!.

- Por las buenas relaciones. 

                        Mientras bebíamos nos estuvimos mirando unos a otros. Bueno, yo a los dos y ellos a mí. La polla había perdido algo de dureza pero aún colgaba morcillona entre los poderosos muslos. Las preciosas tetas parecían apuntar directamente a las mías, cónicas y duras como obuses de artillería. Tuve que preguntar. 

- ¿No esperabais que os viera?.

- El único sitio donde pueden vernos en este trozo del jardín es ese balcón tuyo. Y sabemos que duermes abajo. Así que en realidad no lo pensamos mucho. 

- Pero creo que nos ha salido bien a los tres. ¿Verdad? papi.

                             Oír esa palabra saliendo de sus dulces labios, con esa vocecita de nena mimosa me puso aún más cachonda. Estaba claro que ellos tenían el remedio para eso. Uno por cada lado empezaron a acariciarme. Tan suaves y tiernos cómo lo que se estaban haciendo entre ellos un rato antes. 

                          Con los dedos mojados en sus jugos humedecieron mis pezones. Se inclinaron a lamerlos. Uno para cada uno. Aún seguíamos de pie y yo notaba la humedad cayendo por la piel de mis muslos. Pero pronto noté unos dedos en esa zona acariciando mis labios y clítoris. En segundos me estaba corriendo y no me habían dejado ni tumbarme. 

- Papi, ¿Quieres follarla?. Está muy cachonda. 

- Será todo un placer. 

- Eso espero. Me gustaría montarte.

- Pues no sé a qué esperas. Estos muebles aguantan lo que les echen. Lo hemos comprobado. 

                           Ya no esperaba nada más. Lo empuje a la tumbona. Me subí encima de su cadera con mi coño chorreando sobre su glande. Fui bajando despacio empalándome en la dura estaca. Ella no hacía dejado de besarme ni de acariciar mis melones ni un segundo. Y yo no había parado de sobar sus tetitas marmóreas.

- ¡Uf! Nena, no me extraña que te lo folles. Esto es una maravilla. 

- Pues empieza a moverte. Ya verás todo lo que sientes. 

                             Despacio fui subiendo y bajando. Notaba cada penetración. Cómo ese rabo me estaba abriendo el coño. Ella cedió mis tetas a su padre que de inmediato empezó a sobármelas. Empecé a gemir y jadear. 

                              Pero no me quedé solo con la polla. Ella merecía también unas caricias. Mientras me apoyaba en el torso podía acariciar el muslo y el chochito de la chica. Seguía a nuestro lado sin separarse. Sentía su mano bajando por mi espalda hacia mi poderoso culo. Cuando tenía la polla clavada hasta la empuñadura metió un dedo en mi ano. Parecía lubricada con algo pues entró fácil. 

                            Cuando lo noté estiré el cuello y solté un fuerte gemido. Sin miedo de que alguien me oyera en la noche calurosa.

- Disfruta cielo. 

                               Me decía ella mientras lamía mi oreja y follaba mi culo a esas alturas con dos o tres dedos. Nunca había sabido lo que era encadenar orgasmos hasta esa noche bajo las estrellas. Cuando por fin se corrió en mi interior llenando mi vulva de semen me aparté a su lado boca arriba. Ni aún así me dejaron descansar. Fue ella la que se metió entre mis muslos para comerme el xoxo y saborear de allí el semen de su padre.

                              Yo seguía gimiendo y suspirando mientras no dejaban de acariciarme y besarme por todas partes. La húmeda del padre cruzándose con la mía, sus manos en mis tetas. Dejaba mis jugos en la boca de la nena mientras cambiaba saliva con su padre. 

- Sois un par de viciosos. Me vais a matar. 

- A polvos. No sabíamos que tú también lo fueras. Pero vamos a aprovecharlo. 

- No tanto como hoy con vosotros. Me estáis llevando al éxtasis. 

                                  Descansamos un poco, bebiendo, refrescándonos, sin dejar de acariciarnos. Teníamos un manto de estrellas sobre nuestro placer.

- ¿Te quedas a dormir?.

- ¿Me vais a dejar dormir si me quedo?.

- Poco, seguro. Pero mañana no trabajamos ninguno. 

                                 Por supuesto que me quedé. Cuando el padre se recuperó me desvirgó el culo. Nunca lo había hecho antes. Pero ella me lo había comido y dilatado con mucho mimo antes. Ya por la mañana antes de darnos una ducha juntos pude ver cómo padre e hija hacían el amor. Porque aquello era puro amor, pasión, cariño, ternura.

                                Desde entonces hemos repetido, los tres o solo con el padre o la hija. De vez en cuando nos apetece darnos unos mimos. Incluso me han presentado a algunos de sus amigos.

.......


Larga y próspera vida


   
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