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[Destacado] Entre la arena y el agua, cambio de look.

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Iniciador del debate   [#2079]

....... ...

 

                          En la playa. una mujer tomando el sol boca abajo en su toalla, su culo aparecía completamente desnudo por que llevaba un mínimo tanga. Y hacía top less, no había tiras de un sujetador por la espalda. Ni siquiera en la toalla bajo su cuerpo. 

 

 

                           Yo paseaba por la orilla con los pies en el agua. No tuve más remedio que parar para admirar ese culo perfecto. la espalda torneada y los largos muslos. Tenía la cabeza vuelta y casi tapada por una melena rubia no muy larga.  

 

 

                            No podía ver su rostro. Y con ese cuerpo juraría que la mujer no pasaría de los treinta. La piel era dorada, perfecta. 

 

 

                           Estaba pasando unos días de vacaciones con mi madre en un hotel en la playa. Aunque ella es la protagonista de la historia no había conseguido nunca ver apenas nada de su cuerpo. Lo más desnuda era en bikinis bastante serios. 

 

 

                           Pero se había divorciado hacía poco. Esas vacaciones madre hijo eran la idea que ella tenía de estrechar lazos. Teníamos una sola habitación con dos camas separadas. Para cambiarse el primer día se había metido en el baño y seguía sin ver apenas nada de su cuerpo. 

 

 

                         Pero sabía que esa mañana mi madre tenía cita en la peluquería. Y en esas ocasiones se pasaba horas. 

 

 

                          Así que yo tenía campo libre para disfrutar de la vista de los espectáculos casi desnudos tirados en la arena, o paseando por la orilla sin que la compañía de mi madre me estorbara. Había bastantes tetas al aire por allí, incluso muchos tangas desnudando los culos de sus dueñas y hasta de algún dueño más valiente que yo por supuesto.  

 

 

                           El cuerpo de esa rubia me había impresionado. Seguí adelante unos pasos y al poco me volví para echarle otro vistazo. Bajé al agua para remojarme y refrescar mis ideas. Había un detalle extraño. 

 

 

                            Mi madre tenía un pequeño tatuaje en un tobillo, un pequeño duende o trasgo. Y desde lejos algo se veía en el mismo tobillo de ese cuerpazo. Pero la melena castaña de mi madre era mucho más larga y más oscura. 

 

 

                              Y tampoco podía reconocer la toalla sobre la que esa chica estaba acostada. Ni el tanga de ese bikini, muy, pero que muy pequeño. 

 

 

                             Era imposible que ese culazo desnudo fuera el de mi progenitora. Pero sospechaba. Si hasta sus bañadores son mucho más grandes. Y no se le ocurriría usar algo como ese microscópico tanga. Ni soltar el suje del bikini por cierto. 

 

 

                              Juro que mi vista había quedado atrapada por las bellas líneas de ese cuerpo. Daba unos pasos más allá pero volvía con los pies metidos en el agua. Tenía que volver a verla. Es que estaba buenísima. Me estaba poniendo cachondo y eso aún notando el frio del agua bajo la cintura. 

 

 

                               A ratos tenía que internarme más para refrescar mis más bajos instintos. Y dejar que mi polla volviera a estar relajada. Pero incluso con el agua a la cintura no podía dejar de mirarla. 

 

 

                             Tenía que decidirme de una vez, o pasar de largo. Así que subí por la arena con la intención de presentarme. No sabía lo que le iba a decir. Pero algo me atraía con una fuerza poderosa. 

 

 

- Hola, ¿Nos conocemos?.

 

 

- Espero que si, hijo. ¿Por qué no dejabas de dar vueltas?.

 

 

- Porque no sabía si eras tú. ¿Que te han hecho en la peluquería?. Estás fantástica. 

 

 

- Solo un arreglillo. Y deja de mirarme el culo que me lo vas a desgastar. 

 

 

- ¡Mamá!. Es que no sabía que fueras a usar tanga y he de admitir que se ve precioso así. 

 

 

- Me apetecía lucir palmito. ¿Desde cuando te fijas en el culo de tu madre?.

 

 

- Pues para ser exactos desde hace un rato. Porque ni siquiera sabía que era el tuyo. En casa no lo veo nunca así de descubierto. 

 

 

                              Lógicamente me callé a tiempo que me encantaba su "melena" y el resto de su anatomía. Pero no por mucho, teniéndola así ante mí, tan al aire, no podía ahorrarme los halagos.

 

 

- Vaya, gracias. ¡Que piropo!.

 

 

- Bueno, te lo mereces. Pero además del pelo todo lo demás es fantástico. Nunca había visto tanto de ti. 

 

 

- Me voy a poner roja si sigues así y no por culpa del sol. Desde luego con más ropa no. Pero continúa, me encanta que me suban el ego. 

 

 

- Qué más puedo decir. Eres la mujer con mejor cuerpo de la playa. 

 

 

- Ya he visto que estabas comprobando el material. ¿Seguro que no has visto alguna jovencita que te atraiga?.

 

 

- Venir a la playa y no ver a chicas en bikini y topless sería una lástima. Pero resulta que lo más bonito lo tenía en mi misma habitación de hotel. 

 

 

- Ahora sí que me voy a poner colorada. Anda, ponme crema en la espalda y cierra el pico. O me lo voy a acabar creyendo.

 

 

                              Cómo iba a negarme a esa proposición si estaba deseando poner mis manos en esa piel. Y es tan suave como imaginaba. Le dediqué un buen rato a acariciar su espalda de los hombros al cordoncillo del tanga. 

 

 

- ¿Vas a parar ahí?. Sigue cielo. 

 

 

- ¿Por el culo?.

 

 

- ¿No lo estabas mirando tanto hace un rato?. Pues ahora puedes tocarlo. 

 

 

- A tus órdenes. 

 

 

                              Si me lo pedía ella, no pensaba contradecirla. Así que me puse a amasar sus nalgas con mucho entusiasmo. Incluso conseguí deslizar los dedos un poco por la raja hacia el ano. Pero en cuanto movió un poco el culo, aunque parecía que lo estaba disfrutando, continúe por sus muslos. Ya no paré hasta llegar a los pies y darle un suave masaje en ellos. Dedos incluidos. 

 

 

- ¿Dónde has aprendido a hacer esto?. 

 

 

- En ningún sitio. Solo me parecía que era así como debía hacerlo. 

 

 

- Pues tienes buen instinto. ¿Te atreves por delante?. 

 

 

                           En ese momento era lo que más deseaba, evidentemente. Pero tampoco podía portarme como un salido y quedar como uno de estos mirones y babosos. Así que le devolví la pelota. 

 

 

- Si tu quieres... 

 

 

- Habiendo visto cómo lo has hecho en la espalda quiero ver como sigue. 

 

 

                              Se giró en la toalla, quedó boca arriba enseñándome sus preciosas tetas. Bueno y el resto de su impresionante cuerpo. Él triangulillo del tanga apenas cubría su pubis. 

 

 

- ¿El pelo de aquí abajo también te lo han arreglado?.

 

 

- No, lo han quitado del todo. Una chica muy mona por cierto. 

 

 

- Debe ser algo precioso. ¿Te ha llamado la atención una chica?.

 

 

                         Separó los muslos como provocándome. Pero como su coñito seguía cubierto por el pequeño triángulo de tela volví a los hombros para empezar de nuevo y luego seguir bajando. Viendo que me había dado su permiso para amasar su culo decidí seguir por sus tetas. Y les di un buen magreo. Sus pezones estaban tan duros como mi polla. Pero ella hacía como si nada. Bueno, algún suspiro y gemido se le escapaba. Bajé por el vientre acariciando el ombligo. 

 

 

- Hacía unos años que no me pasaba. Pero ahora pienso en cosas nuevas. Sigue cariño lo haces muy bien. 

 

 

- Te veo con ganas de experimentar.

 

 

                          Cómo no protestaba mis manos se volvían más atrevidas. Conseguí deslizar los dedos por la raja de su coñito hasta acariciar un segundo su clítoris. Me parecía que oí un gemido pero también que me estaba pasando. Así que bajé por sus largos muslos sin dejar de masajear su piel. Llegué a los pies y empecé a meter mis dedos entre los suyos, acariciaba las plantas y el empeine en un suave masaje.

 

 

- Creo que ya es hora de que me libere un poco. Este cambio de imagen es un principio. No sabía que tuvieras unas manos mágicas. Me está gustando mucho cariño. 

 

 

- Estoy de acuerdo, mami. Este cuerpazo tan bonito hay que aprovecharlo.

 

 

- ¿Crees que estoy buena?.

 

 

- ¿Por qué crees que no hacía más que mirarte hace un rato?. Pues porque tienes el mejor culo de la playa. Y el resto es precioso. 

 

 

- Si sigues diciéndome esas cosas me las voy a acabar creyendo. 

 

 

                            A esas alturas yo tenía la polla como una estaca. Pero también estaba muy perdido pensando en sus verdaderas intenciones. Me estaba dejando sobar su bello cuerpo sin poner una traba. Se tenía que estar riendo de mi a carcajadas, pero lo hacía por dentro porque cuando la miraba a cara era de poker. 

 

 

                             Aún así viendo que me dejaba hacer a mí aire seguí acariciando su piel. No sé el tiempo que pude pasar amasando sus nalgas que parecían esculpidas. O cuando bajé las manos por los costados de su pecho y alcancé los pezones seguía sin protestar. Es más ronroneaba como una gatita. 

 

 

- Mami creo que yo también necesito protector. 

 

 

                              Tenía que saber si todo eran ilusiones mías o ella me estaba provocando de verdad y quería entrar al juego. Que fuera ella la que pusiera sus manos en mi cuerpo me largo una forma de aclarar mis dudas. 

 

 

                              Ese día por mi mala suerte me había puesto un bañador que me llegaba casi a las rodillas en vez de uno de los speedos que uso para natación. Aún así si ella estaba de verdad interesada se las apañaría. Y la cosa empezó bastante bien. En vez de arrodillarse a mí lado como había hecho yo, en cuanto me tumbé boca abajo se me subió encima y se sentó sobre mi culo. No se molestó en ponerse el sujetador. 

 

 

                               Le di la espalda porque si me hubiera puesto hacia arriba se habría sentado directamente sobre mi polla que estaba como piedra en ese momento. Hacía años que no me untaba crema así por la espalda. La última vez hacía un par de veranos fue porque me la había quemado. Así que esa sensación se sus suavemente manos acariciando mi piel con el frescor del mejunje fue catártica. A punto estuve de correrme en ese instante. 

 

 

                                 Seguía extendiendo el protector. Pero lo hacía cómo lo hacía hecho yo, recreándose. Pasando una vez y otra los dedos y las palmas por zona sur ya había acariciado. De los omóplatos a los riñones se lado un buen rato y seguía bajando. 

 

 

- Cielo, pareces muy tenso. 

 

 

                                  Ahora no ronroneaba precisamente. Su tono era el de la gata que estaba a punto de zamparse el ratón. Seguro que sabía qué zona de mi anatomía estaba más tensa. 

 

 

- Si mami. Puede que las vistas me tengan algo alterado. 

 

 

- ¿Solo las vistas?. Porque parece que también el tacto tiene algo que ver. 

 

 

- Disculpa si me he pasado. 

 

 

- No hay nada que disculpar. Lo estaba disfrutando. 

 

 

                          Se inclinaba sobre mi cuerpo para hablarme al oído pasando sus labios por la oreja. Lo que notaba en mi espalda seguro que eran sus pezones y tenían que estar muy, pero que muy duros. Ese fue el momento en que llegó a mi bañador y me lo bajo de un tirón justo por debajo de las nalgas y me dejó con el culo al aire. Solté un gemido, aún no sé si de terror o placer. 

 

 

- ¿Pero qué haces?. Me va a ver todo el mundo el culo. 

 

 

- No tenemos nadie cerca. Y si te lo ven que disfruten del espectáculo. Es un culito precioso. Se te notan las horas de natación. 

 

 

                            No parecía que nadie lo fuera a ver pues lo estaba agarrando con las dos manos. Así lo tapaba. ¿Se estaba vengando?. O ¿de verdad quería seguir por ese camino conmigo?. Algo se aclaraba de la situación cuando echó un buen chorro de crema allí donde la espalda pierde su casto nombre. Al extenderlo lo hizo por toda la raja hasta clavar un dedo en mi ano. Ahí si que se me escapó un gemido y fue de puro placer. 

 

 

- Mami, ¿sabes lo que haces?.

 

 

- ¿Es que no te gusta?.

 

 

- Eso no tiene nada que ver. Por cierto me está encantando. Pero es peligroso. 

 

 

- ¿No podemos jugar un rato?.

 

 

- Ya no soy un crío. Y este juego...

 

 

- A ver si de verdad ya no eres un niño. Date la vuelta. 

 

 

                           Ahora sí que estaba acojonado. Pero no me quedaba más remedio que obedecer. No se quitó de encima, se limitó a ponerse de rodillas y dejarme el hueco justo entre sus muslos. Desde luego mi rabo se marcaba en el bañador pero no lo miró. Volvió a sentarse justo sobre él. Y entonces fuimos los dos los que jadeamos a la vez. menos mal que no había nadie cerca o eso sí que habría llamado la atención. 

 

 

                            Nuestros sexos apenas estaban separados por las finas telas de mi bañador y su tanga. Tenía que notar perfectamente mi erección rozando su vulva pero seguía con cara de poker. Y empezó a mover la cadera. Despacio, para que nadie se diera cuenta, adelante, atrás, un suave giro. Se movió un poco de lado. Mirando hacia allí vi que la braguita se había apartado lo suficiente como para ver el arreglo capilar que le habían hecho en esa zona. 

 

 

- Mami, si sigues así me voy a correr. 

 

 

- Eso estaría bien.

 

 

                               Hablábamos con voz entrecortada, ronca, sensual. No tenía la polla al aire, ni metida en un hueco caliente y estaba disfrutando como nunca antes. Me cogió una mano y la llevó precisamente a su xoxito. Mi bañador estaba más mojado que cuando salí del agua y era culpa suya. 

 

 

- Acariciame, cielo. Yo también estoy a punto. 

 

 

                              No llegaba a los labios porque los tenía pegados a mí polla. Pero deslizando un dedo entre nuestros cuerpos estoy convencido de que alcancé el clítoris. Más que nada por su reacción. Se derrumbó sube mi pecho jadeando con fuerza en mi oído. Pasando la legua por mi oreja me dijo. 

 

 

- Nunca he disfrutado nunca así en público. Cariño. Sí, seguro que ya no eres un crío. 

 

 

- Estamos locos. Podemos acabar encerrados. 

 

 

- Entonces para seguir habrá que buscar un sitio más discreto. O hacerlo en la habitación. 

 

 

- ¿Pero quieres seguir?.

 

 

- Seguro que ésta quiere. 

 

 

                             Se levantó un poco y le dio un apretón a mi polla con la mano. Entonces fue cuando por fin me corrí. El que jadeaba era yo. Para ahogar el ruido volvió a tumbarse sobre mí y me besó. Y fue un morreo en toda regla. Metió la lengua en boca y creo que me llegó a la campanilla. El primero que me daba así y al que respondí de inmediato jugando con la húmeda. 

 

 

- Me rindo. Tu mandas. 

 

 

- ¿No lo he hecho siempre?.

 

 

- Viéndolo así. Sí. 

 

 

- Pues venga, vamos a darnos un baño para limpiarnos, tomamos algo en el chiringuito y nos vamos al hotel. 

 

 

                     Fue el comienzo de unas tremendas vacaciones. Mi madre estaba desatada, quería probar todo lo que se había perdido con el soso de mi padre. Y quería hacerlo conmigo. 

 

..... ..... 


El relato fue modificado hace 7 horas por relatosonline

Larga y próspera vida


   
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