I
La entrevista
Rodolfo era un hombre de cincuenta y dos años, de casi un metro ochenta de estatura, moreno, de ojos azules, de pelo cano y de complexión fuerte. Al hombre le gustaban las mujeres más que el vino, y como tenía pasta para aburrir no le faltaban coños, lo que hacía que durmiera pocas noches en su chalet. Su hija Viviana era una joven retraída, alta, delgada, muy blanca de piel, que tenía un cuerpo de escándalo, en edad de merecer y que aún no le habían dado su merecido. Viviana sabía lo golfo que era su padre y no le gustaba nada, pero pasaba de montarle películas. Era mejor que fuera de coño en coño a que fuera en serio con una mujer y se volviera a casar, eso sí que no lo soportaría.
La vieja sirvienta se les acababa de jubilar, y Viviana fue la encargada de recibir las nuevas candidatas. Ya había entrevistado tres aspirantes a sirvientas y no le había dado el trabajo a ninguna de ellas porque eran bonitas.
La cuarta era una muchacha cubana llamada Tania. La iba a entrevistar como había hecho con las otras, pero la idea era entrevistarla por entrevistarla, dado que nada más verla ya no le gustó, pues era una mulata, joven, con media melena de cabello negro y rizado, de labios carnosos, ojos negros, con un cuerpo que quitaba el hipo y más hermosa que cualquiera de las otras tres. Estando las dos sentadas en dos sillones del salón, decía Viviana:
-... No tienes referencias.
-No, señorita.
-¿Cómo podría saber que eres de fiar?
Tania, con un pronunciado acento cubano, le respondió:
-Le juro que soy de fiar.
-Eso no me vale. ¿Cuánto tiempo llevas en España?
-Un mes.
-Dime. ¿Tienes novio?
-No, señorita.
-No me mientas acerca de eso que un novio puede ser un delincuente y liar a una para que le den detalles de la casa donde trabajan y después venir a robar, ya se han dado muchos casos.
-No le miento, no tengo novio, ni lo voy a tener.
-¿Lo tenías en Cuba?
-No, señorita, no lo tuve en cuba, no lo tengo en aquí, ni lo tendré.
-¿Por qué?
-Si se lo digo, no me contrata.
-Si no me lo dices es cuando no te contrato.
A Tanía no le quedó más remedio que decírselo.
-Soy tortillera, señorita.
Si era lesbiana no iba a follar con su padre, Tania, sin saberlo, había dicho la palabra clave para que le diera el trabajo.
-No tengo perjuicios a ese respecto.
-Me alegra mucho saber eso, señorita.
Viviana se puso en pie y le dijo:
-Sígueme que te voy a enseñar la casa, donde está el cuarto con los utensilios de limpieza y a decirte cuáles son tus tareas.
-¿Me da el empleo?
-Sí, luego de decirme lo que me has dicho, me inspiras confianza.
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II
Viviana se estrena
Tania llegó al chalet de Rodolfo a las nueve de la mañana del día siguiente de la entrevista, que era sábado. Se puso el uniforme, uniforme que le quedaba justito, y luego le preparó el desayuno a Viviana y se lo llevó en una bandeja a la habitación. Puso la bandeja sobre una mesilla de noche y después abrió las cortinas para que entrara la luz del día en la habitación.
Viviana, que estaba cubierta con una sábana de seda, se tapó los ojos con las manos, y preguntó:
-¿Qué hora es?
-Las nueve y cuarto, señorita.
Tania regresó para ponerle el desayuno sobre las piernas, para lo que cogió una pequeña mesa que estaba junto a la pared, puso la bandeja sobre ella, y le dijo:
-Siéntese en la cama para desayunar.
Viviana estiró los brazos para desperezarse y después bostezó.
-¿Qué me has hecho para desayunar?
-Lo que me dijo ayer.
Se sentó sobre la cama, apoyó la espalda en la cabecera y Tania le puso la mesita con la bandeja sobre las piernas. Viviana le dijo:
-Las tostadas no están untadas de margarina ni de mermelada.
-Pensé que las untaría a su gusto.
-Has pensado mal.
Tania cogió una tostada, la untó de margarina y de mermelada y le la dio.
-Eso ya está mejor.
A Viviana se le bajó la sábana y sus bellas tetas quedaron al descubierto, la volvió a subir.
-Supongo que no te importó ver mis tetas, ya habrás visto muchas.
-No, no me importó, y sí, he visto muchas, pero no eran tan blancas ni tan bonitas.
Mientras Tania preparaba la otra tostada, le preguntó Viviana:
-¿Lo has hecho con muchas mujeres, Tania?
-Sí, en Cuba fui una guaricandilla.
-¿Y eso qué es?
-Una mujer que cobra por coger con otra mujer.
Tania pilló a Viviana con el pie cambiado.
-¡¿Lo hacías por dinero?!
-Sí, con las turistas.
-¡Qué golfas!
-No crea, me lo pasaba muy bien con ellas, y además llevaba dinero a casa.
-Tus padres no eran muy legales que digamos.
-Mis padres tenían que comer.
-¿Y ahora qué hacen para no pasar hambre?
-Tienen más hijos.
-En fin, es otro país y hay otras costumbres, pero yo nunca vendería mi cuerpo, ni por mi padre, ni por nadie.
-Usted nunca pasó hambre, señorita Viviana.
Viviana se tomó un trago del jugo de naranja y le dijo:
-Eso es cierto. ¿Sabes por qué te contraté?
No se cortó un pelo al responderle.
-¿Porque quiere hacer un bollo conmigo?
-¡¿Qué es eso de hacer un bollo?!
-Comernos las papayas.
-¿Una papaya es un coño?
-Sí.
Viviana se puso colorada.
-Te equivocas, lo hice porque siendo lesbiana no te ibas a liar con mi padre.
-Disculpe, señorita, pensé que quería petrolear.
-No sé qué es eso, pero. ¿Cómo has llegado a la conclusión que quería hacerlo contigo?
-Porque me contrató cuando le dije que era tortillera, en ese momento supuse que quería coger conmigo.
-Fue mucho suponer.
-Sí, pero como a mí me gustaba la idea...
-¡¿Te gustaría hacerlo conmigo?!
-Sí, es usted muy bonita.
-Por lo que acabas de decir te podría despedir.
-Solo le he dicho la verdad.
-Me gusta que me digas la verdad, pero no debías ser tan directa.
-¿Puedo hacerle una pregunta?
-Sí, pregunta.
-¿Ha cogido alguna vez con una mujer?
-No, ni con una mujer ni con un hombre.
-¿Y nunca pensó en hacerlo con una mujer?
-Me estás poniendo nerviosa.
Tania se lanzó al vacío.
-¿Quiere que se lo haga?
Viviana se puso seria.
-¡¿Cómo te atreves a preguntar eso?!
Tania olió sus vulnerabilidad.
-¿Se lo hago?
-Me estás faltando al respeto.
-¿Retiro la mesita y la bandeja?
-Retira, y deja de decir tonterías.
Puso la bandeja encima de la mesilla de noche y arrimó la pequeña mesa a la pared. A Viviana se le volvió a bajar la sábana, esta vez no se tapó.
-No me mires para las tetas.
Tania se tomó la licencia de quitarle la sábana de encima. Al ver su cuerpo desnudo, exclamó:
-¡En mi vida había visto algo tan bello!
-Vuelve a taparme.
Tania le volvió a preguntar:
-¿Quiere que se lo haga?
Se tapó ella.
-Estás empezando a intranquilizarme.
Tania se le acercó, le dio un pico, le acarició el cabello, le bajó la sábana y le dio un beso en un pezón. Viviana le dijo:
-¿Qué haces, descarada?
La besó con lengua.
-Se lo estoy haciendo.
Viviana sin taparse, le dijo:
-No quiero que me hagas nada.
-¿Quiere que me desnude a ver si la excito?
-Hagas lo que hagas no me vas a excitar.
Tania se desnudó y Viviana vio su cuerpo. Tenía la cintura estrecha, las caderas anchas, las tetas grandes, con areolas negras del tamaño de galletas oreo y tremendos pezones. Su coño tenía una mata de vello negro y rizado. Viviana le dio alas a Tania.
-Ahora me siento frágil.
-Eso es porque esta viendo un cuerpo exuberante.
A Viviana le dio la risa, y con ella se fue su reserva.
-¡Que presumida!
Tania se metió en cama, pero antes cogió la tarrina de la margarina. Viviana le preguntó:
-¿Qué vas a hacer con eso?
-Le voy a hacer algo que me hizo a mí una inglesa en Cuba.
Tania metió dos dedos dentro de la tarrina, la posó sobre la cama, frotó las manos, echó a Viviana hacia atrás y después le magreó las tetas, al tiempo que la besaba con lengua.
-Besas muy bien.
Tania le echó su mano derecha al coño y se encontró con que ya lo tenía mojado.
-Llevo mucho tiempo sin comer una papaya jugosa.
-Mi padre va a llegar de un momento a otro.
-Me arriesgaré a perder el empleo. Su papaya sin estrenar vale la pena.
-Solo piensas en ti.
-No, señorita, solo estoy pensando en usted.
Le metió dos dedos dentro del coño, y con ellos dentro le lamió los pezones y las areolas de la teta izquierda y luego se la mamó, se la mamó sin dejar de magrear la teta derecha. Después le hizo lo mismo en la teta derecha, magreando la izquierda. A continuación le masajeó el vientre. Cuando Viviana creyó que iba a por su coño, que ya chorreaba, la giró y la puso boca abajo.
-Nos va a pillar mi padre.
-Olvídese de su padre y disfrute.
Tania volvió a meter los dedos en la tarrina de margarina, frotó las manos. Primero le masajeó el cuello, la espalda y las costillas y luego le masajeó las nalgas, para acto seguido frotar su ojete con dos dedos, pasar la otra mano por debajo y meterle dos dedos dentro del coño. Viviana, entre gemidos, le dijo:
-Me voy a correr.
Le metió el dedo medio dentro del culo y se lo folló sin mover los dedos que tenía dentro del coño. Viviana volvió a gemir. Poco después le folló el culo con dos dedos. Los gemidos de Viviana ya eran ruidosos, y cuando le folló el culo con tres dedos y le folló el coño con los dos dedos de la otra mano. Se corrió, diciendo:
-¡Me corro, me corro, me corro, me corro!
Rodolfo, que venía de una noche de jodienda, entró en el chalet, desde el pasillo oyó las palabras de su hija y fue al piso de arriba a mirar con quien estaba. La puerta estaba entornada y vio a Tania con su hija. Supuso que sería la nueva sirvienta, dio media vuelta y se fue a desayunar a una cafetería que estaba a unos cien metros de su chalet.
Viviana se había puesto boca arriba y sonreía. Tania le preguntó:
-¿Se lo ha pasado bien?
-La verdad es que mi vida lo había pasado tan bien.
Tania se metió entre sus piernas.
-Aún puedo hacerlo mejor.
Viviana ya se había olvidado de su padre.
-¿Me vas a comer el chocho?
-Le voy a comer la papaya para que sepa como me gusta a mí que me la coman.
Le lamió el coño y se tragó los jugos de la corrida. Luego lamió alrededor del coño y del clítoris, le dio mordiscos suaves, y después comenzó a lamerlo lentamente con la punta de la lengua. Le levantó el culo, le escupió en el ojete y luego se lo lamió y se lo folló. Poco después volvió arriba. Pegó los labios al clítoris, lamió de abajo a arriba y le dio chupetones. Acto seguido lamió desde el ojete al clítoris. Viviana gimió tan dulcemente que Tania tuvo que parar, porque si seguía Viviana se correría y quería verla gozar retardando su segundo orgasmo.
-Relájese y disfrute.
Le metió dos dedos en el coño, los giró alrededor, suavemente.
-No quiero relajarme, quiero correrme.
Viviana le agarró la mano, metió y sacó los dedos a toda mecha, y retorciéndose y entre gemidos y convulsiones, exclamó:
-¡Me muero!
Tuvo un orgasmo largo y tan intenso como el anterior. Al recuperarse, le dijo:
-Fue maravilloso.
Tania quería lo suyo.
-¿Quiere comérmela usted a mí?
-No sabría.
-Yo le digo como hacerlo.
Tania se puso a cuatro patas y le dijo:
-Comience azotando mis nalgas y comiéndome el culo.
Viviana se puso detrás de ella, le aplaudió las nalgas y le lamió el ojete.
-Escúpale y métale la lengua.
Hizo lo que le había dicho y Tania fingió que se iba a correr.
-¡Pare, pare que si sigue me voy!
Viviana viendo el interior de sus muslos brillar con los jugos que salieran de su coño, le preguntó:
-¡¿Ya te vas a correr?!
-Sí.
Se puso boca arriba.
-Cómame la boca y las tetas.
Le dio un morreo de los buenos y después le comió las tetas como se las había comido a ella. Comiéndolas, le dijo Tania:
-Apriéteme los pezones.
-Te va a doler.
-Eso es lo que quiero, que me duela.
Le apretó los pezones con poca fuerza.
-Apriete hasta hacerme chillar con el dolor.
-Tú estás enferma.
-¡Apriete, blanquita!
Si había una cosa que le jodiera a Viviana era que le llamaran blanquita, Tania no lo sabía, pero sin querer había dado en la tecla para enfadarla.
-¡A mí no me llama blanquita nadie!
Le apretó los pezones con ganas y Tania chilló con el dolor.
-¡Ayyyyy!
Viviana se asustó y paró de apretar.
-¡¿Te hice mucho daño?!
-Ha hecho que casi me vaya. Siéntese en mi vientre. Escúpame en la cara y pégueme.
La había sorprendido.
-¡¿Qué?!
-Que me escupa y que me pegue.
Viviana le escupió en la cara y le dio una bofetada.
-¡Plasssss!
-Más fuerte, me gusta que me den con fuerza, disfruto con el dolor.
Viviana pensó que Tania no era normal, pero si quería que le diera, le daría.
Le escupió en la cara y después le dio una bofetada que le puso la cara del revés.
-¡¡Plasssss!!
-¡Con más fuerza, blanquita!
Se lo había vuelto a llamar y la volvió a cabrear
Le cayeron dos bofetadas y dos escupitajos.
-¡¡Plasssss, plassss!!
-Calla que te reviento!
-Blanquita, blanquita, blanquita.
Le volvió a escupir y le dio con más fuerza.
¡¡¡Passsss, plassss, plasssss, plaaaas!!!
Tania, con la cara colorada, le preguntó:
-¿La excita escupirme y pegarme?
Viviana resultó ser rara como Tania.
-Sí, estoy empapada.
-Ponga su papaya en mi boca.
-No soy tan guarra.
-Cuanto más guarro es el sexo, más de disfruta. Tire a la basura sus tabús, y goce, goce como una loca.
Viviana con una sonrisa en los labios, le dijo:
-Eres una lianta.
Le puso el coño en la boca. Tania le me metió la legua dentro y le dio cachetes en el culo. Viviana movió la pelvis y en un par de minutos le llenó la boca de jugos.
-¡Me corro en tu boca!
Luego de gozar, le pregunto Tania:
-¿Quiere comer mi papaya jugosa?
-Sí, antes no me la diste.
Abrió el coño con cuatro dedos, y le dijo:
-Comience lamiéndolo y tragando los jugos.
Le lamió el coño encharcado y se tragó los jugos.
-Estaban ricos. ¿Y ahora que hago?
-Lama la papaya de abajo a arriba y luego lama y chupe el clit.
Lamió el coño. Se relamió, chupó el clítoris, volvió a chupar y a lamer y a relamerse hasta que los gemidos de Tania le dijeron que estaba a punto.
-¿Y ahora qué hago?
-Entiérreme la lengua en la papaya.
Le enterró la lengua en el coño y la dejó dentro. Tania le agarró la cabeza con las dos manos, movió la pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo, y en nada se corrió en la boca de Viviana, diciendo:
-¡Toda para la señorita!
Tania, al acabar de correrse, se sentó en la cama. Le dio un beso con lengua, largo, muy largo, y después le dijo:
-Siéntese y cruce sus piernas con las mías.
Cruzaron las piernas y juntaron los coños.
- Frote su papaya contra la mía.
Viviana frotó su coño empapado contra el coño encharcado de Tania... Al rato, le dijo:
-¡Me voy a correr!
Tania se apartó de ella, se puso de rodillas entre sus piernas, la cogió por la cintura, la levantó, metió el coño en la boca y lamió hasta que Viviana se lo llenó con los jugos calentitos de una espectacular corrida.
Luego de recuperar el aliento, le dijo a su sirvienta:
-Eres única.
Tania quiso darle más placer.
-Ahora vamos a hacer...
Viviana pensó que ya se la había jugado demasiado.
-Ahora ponte el uniforme que mi padre está al caer y si nos pilla infraganti se iba a armar una buena.
-Lo que usted mande, señorita Viviana.
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III
La sorpresa
Viviana estaba en bragas en su cama con sus pensamientos a vueltas y en esos pensamientos estaba uno de sus profesores de la universidad.
Cerró los ojos, acarició su vientre, luego se tocó las tetas y habló sola.
-¡Cómo me gustaría que estuviera aquí! Que me besara, que magreara y que comieras mis tetas, que me comieras el coño y que luego me follara.
Se sentó en el borde de la cama. Agarró el iphone que tenía sobre la mesilla de noche, cogió los auriculares en el cajón de arriba de la mesilla y se volvió a meter en la cama. Luego, con el iphone en la mano, los auriculares en las orejas, sus grandes y duras tetas apuntando hacia arriba con sus erectos pezones, puso un video porno vintage y después apagó la luz.
-A ver si acerté con este.
Viendo como una jovencita se desnudaba comenzó a jugar con su pezón derecho, rozándolo y tirando de él. De ese pezón pasó al otro. La muchacha del video, estando desnuda del todo se acercó a una cama, donde se veía parte del cuerpo de un hombre desnudo, agarró su tremenda polla, le escupió la meneó, y meneándola la lamió de abajo a arriba, lamió el glande y lo chupó.
En un momento dado la cámara enfocó el culo y vio la raja del coño de la jovencita. Viviana musitó:
-¡Qué coño más rico!
Viviana se quitó las bragas y las tiró al piso de la habitación, un piso alfombrado de color rojo. Acarició las ingles, los lados de coño, y jugó con los pelos del monte de venus, luego llevó la mano derecha al coño y comenzó a acariciar el clítoris con tres dedos.
Al rato la muchacha del video se sentó sobre la polla, la metió hasta la trancas y después folló al tipo. Viviana metió dos dedos dentro de su coño y se dio dedos al ritmo del mete, saca, de la jovencita. Paró de darse dedos, subió acariciando su vientre con las yemas de los dedos pringadas de jugos, y luego acarició los pezones y se magreó las tetas mientras la jovencita le daba la espalda al hombre. Siguió el ritmo con sus dedos al volverla a meter y volver a follarlo. Poco después la muchacha se corrió. Los gemidos de la jovencita sonando en sus oídos al correrse hicieron que se le cerraran los ojos y dijera:
-¡Me corro!
Al acabar de correrse abrió los ojos, cogió el iphon, que se le había caído de la mano, miró la pantalla y vio a la jovencita, estaba a cuatro patas, un joven, arrodillado detrás de ella, le estaba dando caña. Al ver la cara del joven sintió como se le estremecía el cuerpo, y exclamó:
-¡Papá!
El morbo que sintió al ver a su padre follando hizo que sus dedos volvieron a entrar en su coño y lo folló como antes, solo que esta vez siguió el ritmo de las clavadas de su padre.
-¡No debía estar haciendo esto, no debía, pero no puedo parar!
No tardó ni un minuto en correrse.
-¡Me corro, papá, me corro!
Tiempo más tarde, cuando su padre le llenó el coño de leche a la jovencita, Viviana se volvió a correr
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IV
La violación
Era domingo. Tania tenía el día libre. Tanto el padre como la hija se habían callado lo que sabían del otro. Viviana, que estaba sentada en un sillón enfrente de su padre, vestida con un short blanco, un top negro y pintando las uñas de los pies, le decía:
-... India, hoy quiero que pidas comida india para cenar.
Rodolfo, sentado en otro sillón, con el periódico en las manos, una pipa en la boca, en zapatillas, y vestido con una camisa blanca y vaqueros, le dijo:
-Pídela tú.
-¿Qué pido para ti?
-Para mí pide un curry con cordero y de postre, barfi.
-Pediré dos de lo mismo.
-¿Queda vino tinto en casa?
-Sí, Tania no deja que se acabe nada que sea esencial.
A Rodolfo no le cabía más el pan en el cuerpo y al surgir el nombre de la sirvienta, sacó la pipa de la boca y le iba a preguntar a su hija lo que llevaba días deseando preguntar.
-Hablando de Tania. ¿Te gusta?
-Claro, si no me gustara no la hubiera contratado.
-¿Eres lesbiana, Viviana?
-¡¿A dónde quieres llegar, papá?!
-A ver, nunca has tenido novio...
-¿Y?
Se lo soltó de corrido.
-Y os he visto follando en tu cama, y follar con una sirvienta...
Viviana se ruborizó, pero el polvo que había echado con Tania la había espabilado, y como se la había dejado botando, le dijo:
-¿Es que tú mirabas si eran señoritas o sirvientas cuando trabajabas de actor porno?
Rodolfo quedó a cuadros. Puso el periódico en el sillón y la pipa sobre la mesa camilla que había entre ellos, y luego le preguntó:
-¡¿Quién te ha dicho esa barbaridad?!
-No te hagas el tonto. Te vi en un video vintage.
Ya no le pudo mentir.
-¡¿Qué hacías tú mirando porno?!
-¿Para que se mira el porno?
Rodolfo se mosqueó.
-¡A mí no me hables así!
-No preguntes si no quieres oír.
-Te estás pasando de la raya.
Viviana tiró al bulto, a ver si acertaba.
-¿Saben los abuelos cómo te ganabas la vida?
Había acertado, no lo sabían y Rodolfo no quería que lo supieran.
-¿Me estás chantajeando?
-No, pero si me quitas lo mío, yo descubro lo tuyo.
-Eso es un chantaje.
-Yo lo llamaría aviso.
-Aviso, chantaje, es este caso viene siendo lo mismo, y a mí no me intimida nadie
Se puso en pie y fue a por su hija. Al estar frente a ella, Viviana puso las manos por delante se encogió en el sillón, y le dijo:
-¡No, papá, no, no, por favor, por favor, no me pegues!
No le iba a pegar. Le cogió las piernas, se las levantó, le bajó el short, se arrodilló y le devoró el ojete a lamidas y clavadas de lengua.
-¡¿Qué haces, degenerado?!
Le azotó el culo.
-¡Calla, joder!
Le separó las piernas y lamió desde el ojete al clítoris.
-Soy tu hija, pervertido.
-Eres una chantajista.
-¡Y tú un desgraciado!
Siguió lamiendo cada vez más aprisa.
-¡Cerdo, cerdo, cerdo! ¡¡Tú no eres mi padre, eres un monstruo!!
Las lamidas se aceleraron aún más y Viviana se corrió.
-¡Caaaaabroooonnnnn!
Rodolfo mirando como la vagina se abría y se cerraba, como los jugos salían de su coño y como Viviana tapaba los ojos con sus mano, sacó la polla morcillona, y se la frotó en el coño, primero por la raja, y después entre los labios vaginales.
-Podría correrme así y volver a hacerte correr a ti, pero será más divertido penetrarte.
Viviana había quedado tan sofocada que nada pudo decir. Rodolfo le pasó la polla por los labios.
-¿Quieres conocer el sabor de una polla?
Viviana no abrió la boca. Le quitó el top, le pasó la polla entre las tetas, y luego se la frotó en los pezones y en las areolas.
-Sé que te gusta.
Viviana le pegó una palmada en los huevos que hizo que Rodolfo se encogiera con el dolor. Aprovechó para ponerse en pie, e iba a salir de allí pitando, pero al ver a su padre en posición fetal, encogido y sin habla, se asustó:
-No quise hacerte tanto daño. ¿Llamo a un médico?
Rodolfo no daba ni tenía, hasta que dio, y tenía, tenía muy mala hostia. Cogió a Viviana por la cintura, se sentó en el sillón en el que había estado sentada ella, la puso sobre sus rodillas, sacó una zapatilla y le dio las del pulpo.
-¡¡Plassssss!! -¡Ayyyy!-¡¡Plassss!!. -¡Ayyyy!- ¡¡Plasssss!! -¡Ayyyy! -¡¡Passsss!! -¡Ayyyy! -¡¡Plasssss.!! -¡Ayyyy! ¡¡Plassssss!! -¡Ayyyy!- ¡¡Plasssss!!-¡Ayyyy. ¡¡Plasssss. Plassss!! -¡Ayyyy!
Al dejar de darle, Viviana, llorando, le dijo:
-Esto que has hecho me lo vas a pagar. ¡Te juro que me lo pagas!
-Sí, a plazos.
-Si a plazos me lo quieres pagar, a plazos me lo pagarás.
Rodolfo iba de sobrado.
-A ti te quito yo las ganas de amenazarme.
La echó sobre a alfombra, le agarró las manos con las suyas y le devoró las tetas. Viviana, lo insultaba pataleaba y se se retorcía debajo de él. Tanto se retorció que su vagina pasó por delante de la polla. Rodolfo empujó y le clavó el glande en el coño. Le había entrado tan apretada que le dolió.
-¡¡¡Ayyyyyy!!
-Así vas a aprender a no jugar conmigo.
-¡Me acabas de desgraciar para toda la vida!
-No acabo de desgraciar nada, en un par de minutos ya la estás disfrutando.
-No quiero disfrutas. ¡Sácala!
-La saco si no te resistes a que te coma el coño.
-Eso sería dejarme.
Empezó a sacar y a meter muy despacito.
-Si te dejaras te correrías antes.
Le dio un pico. Viviana le escupió y luego le dijo:
-Me das asco, pero mejor que sentir dolor... Cómeme el coño.
Sacó la polla, le dio otro pico, luego besó su mentón y después besó sus duros pezones y lamió su vientre. Luego metió su cabeza entre sus piernas y lamió el interior de sus muslo y peinó con una mano los pelos de monte de venus. Abrió el coño con las yemas de sus dedos pulgares, y con la punta de la lengua lamió despacito y de abajo a arriba el glande del clítoris. A Viviana se le movía la pelvis a cada suave roce, su ojete se abría y se cerraba y su coño soltaba babas en cantidad. Al rato Rodolfo lamió todo el clítoris con celeridad y Viviana se corrió entre tremendas convulsiones.
Al acabar de correrse, le metió un dedo en el coño y lo pringó de jugos, luego le metió el dedo en el culo, le enterró la lengua en el coño y la folló con el dedo y la lengua. Poco tardó Viviana en mover la pelvis en busca de un nuevo orgasmo, y pasado un tiempo se volvió a correr, esta vez se corrió en la boca de su padre.
-Tu corrida tiene un sabor delicioso.
Aún respiraba con dificultad cuando Rodolfo la puso boca abajo y se arrodilló entre sus piernas. Viviana le dijo:
-Esto que me vas a hacer también me lo pagarás.
-Tus amenazas me las paso por el forro de los cojones.
La cogió por la cintura, la levantó, la puso a cuatro patas y le comió el coño y el culo con lujuria un buen buen rato. Luego le metió la cabeza de la polla dentro del coño y se la fue clavando despacito hasta que le llegó fondo del coño. Con toda la polla dentro le echó las manos a las tetas. Magreándoselas y follándola despacito, le preguntó:
-¿Ya te gusta?
-¡Calla!
Le dio dos palmadas en el culo.
-Plas, plas.
-¿Quieres que te dé más duro?
-¡Vete a la mierda!
-A la mierda me voy.
Le quitó la polla y le volvió a comer el culo, con ganas atrasadas.
Ya no pudo evitar gemir.
-¿Quieres correrte así?
-Eres un prepotente.
Le echó las manos a las tetas y magreándoselas se la volvió a meter hasta las trancas y le dijo:
-¿Fóllame tú mí?
-Ni lo sueñes.
La folló cada vez más aprisa, y cuando vio que se iba a correrse paró de darle.
-Fóllame si quieres correrte.
Viviana estaba tan perra que comenzó a mover el culo hacia delante y hacia atrás como si estuviera poseída por un espíritu maligno. Segundos tardó en correrse. Se corrió con una fuerza brutal.
Aún pulsaba su coño cuando sintió la leche calentita dentro de su coño. Volvió a mover el culo como antes y en nada se volvió a correr.
Al acabar de gozar, le preguntó Viviana a su padre:
-¿Por que me has hecho hacer esto, papá, por qué?
-Por querer chantajearme.
-Por eso no fue. Dime la verdad.
-Fue por eso, Begoña.
Begoña era el nombre de la madre de Viviana, o sea, su ex esposa. El inconsciente lo había traicionado.
-Ya veo porque. No sé que es peor, si que me hayas forzado, o que me hayas follado viendo en mí a mi madre muerta.
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V
La cena
Rodolfo pidió la comida india, se la trajeron, y luego de ponerla en la mesa de la cocina, fue al tiro de las escaleras y llamó a su hija, que estaba en el piso de arriba.
-¡Baja a cenar!
Al rato llegó Viviana a la cocina. Vestía una bata de color azul, calzaba unas zapatillas con osos de peluche, y estaba seria como un palo. Rodolfo le preguntó:
-¿Traes el vino?
-¿Tinto?
-Sí.
Se fue y volvió con una botella de vino tinto, la abrió, la puso sobre la mesa y se sentó enfrente de su padre.
-No te había visto esas zapatillas.
-Las compré el miércoles.
-Son bonitas.
-Son zapatillas.
Viviana se levantó para coger la botella del vino tinto, que estaba al lado de su padre, y se le soltó el cinto de la bata. Rodolfo vio las hermosas tetas de su hija y su coño peludo.
-¡Mira que estás buena!
Anudando el cinto de la bata, le dijo:
-¿Estoy tan buena cómo mi madre?
Rodolfo bajó la cabeza.
-No seas cruel.
Viviana se subió a la parra.
-¡¿Cruel yo?! Cruel tú que me has hecho sentir menos que nada.
-Tu parecido con tu madre me hizo decir su nombre, pero no pensé ni un solo momento en ella, te follaba a ti y cuanto más te follaba más te deseaba. Era el morbo lo que me empujaba a desearte. ¿Tú no lo sentiste?
Viviana no le iba a responder a esa pregunta.
-Vamos a cenar.
Cenando le preguntó Viviana a su padre:
-¿Mi madre sabía qué habías hecho porno?
-No quero hablar de tu madre.
-Nunca has querido habar de ella, pero ahora me lo debes. Responde a mi pregunta.
-Si te digo la verdad acerca de tu madre no te va a gustar lo que oigas.
-Podré soportarla.
-Esta bien, te diré todo lo que quieras saber. A tu madre la conocí en mi tercera película porno, ella era la coprotagonista.
-¡No moriría de alguna enfermedad venérea!
-Tu madre no murió, me dejó por otro actor porno más dotado que yo.
Viviana estaba sorprendida y al mismo tiempo enfurecida.
-¡Me has tenido engañada todos estos años!
-No, te he evitado la vergüenza.
Viviana se tranquilizó.
-¿Dónde vive mi madre?
-Se fue de España con su amante y nunca más supe de ella.
-¿Y por qué no me llevó con ella?
-Era su deber y su obligación, pero se lavó las manos.
-Hablas como si no fuera hija tuya.
-Bueno...
Viviana se alteró.
-¡No me digas que no soy tu hija!
-No eres mi hija, pero eres hija mía, lo eres desde que me casé con tu madre.
-¡Hay que joderse! ¿Y quién es mi padre?
-Eso no lo sabe ni tu madre.
-Soy hija de porno.
-No digas tonterías, eres hija mía.
-Era, hasta que me follaste.
-Eras, eres y seguirás siendo mi hija mientras yo esté vivo.
Viviana se levantó de la mesa.
-Me voy para mi habitación que tengo un lio monumental en la cabeza.
-Si luego te quieres pasar por mi habitación, la puerta va a estar abierta.
-No me has emputecido tanto como para eso.
-Mi idea no era emputecerte, mi idea era que conocieras el otro lado de la moneda, o sea, el sexo con un hombre.
-Tu idea era poseerme. Lo hiciste a las bravas y ahora quieres que el sexo sea consentido.
-Joder, Viviana, ni que fueras psicóloga.
-No hace falta ser psicóloga para ver las cosas como son. Me voy a dormir.
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VI
La venganza
Viviana entró en la habitación de su padre con una corbata roja al cuello y vestida con un picardías a juego, un picardías tan corto que dejaba ver los negros pelos de su coño. Llegó al lado de la cama, donde estaba Rodolfo, en calzoncillos, con los ojos cerrados, y con unos auriculares grandes en la cabeza. Le quitó los auriculares y le dijo:
-Te venía a enseñar mi corbata nueva y mi nuevo picardías, pero si molesto, me voy.
-Ir, te vas a ir, pero de aquella manera.
Rodolfo se sentó en el borde de la cama y le dio un beso con lengua en el coño, la giró, le dio otro beso con lengua en el ojete, y le preguntó:
-¿Por dónde quieres que empiece?
-Por ningún lado, el polvo te lo quiero echar yo.
Se quitó la corbata, le puso las manos a la espalda y quiso atárselas.
-¿Para que quieres atarme las manos?
-Es una fantasía que tengo.
El infeliz iba de dejar que lo atara.
-Bueno, si es por eso, ata.
Lo ató, luego fue al armario de su padre, cogió otra corbata, le ató las piernas por encima de los tobillos y después lo echó boca abajo sobre la cama. Cogió debajo de la cama una zapatilla, que bien podía ser con la que le había dado y comenzó a hablar con ella:
-Pórtate bien.
Rodolfo giró la cabeza, vio a su hija con su zapatilla marrón con piso de goma de color negro en la mano, y le dijo:
-¡¿No te atreverás a pegarle tu padre?!
Viviana siguió hablando con la zapatilla.
-Dile que soy su hija, aunque no sea hija suya.
Viviana levantó la mano con la zapatilla en ella, la bajó y le dio con rabia.
-¡¡Plassss, plasssss, plasssss, plasssss, plassss, plassss!!
A Rodolfo le dolió, pero no se quejó. Con tono sosegado, le preguntó:
-¿Satisfecha?
Viviana volvió a hablar con la zapatilla.
-Pregunta si estoy satisfecha. No se acuerda de que le había dicho que me las iba a pagar a plazos.
-¡¡Plassssss, plasssss, plassss, plasssss!
Rodolfo estaba que echaba chispas.
-¡Cuando me sueltes te desgracio!
Viviana, mirando otra vez para la zapatilla, le dijo:
-Se cree que lo voy a soltar. No sabe que lo va a encontrar así la policía.
-¡¡¡Plasssss, plasssss, plasssss, plassss!!!
Rodolfo, con el culo en carne viva, se alarmó.
-¡¿No irás a llamar a la policía?!
Viviana se despidió de la zapatilla.
-Te toca dormir. Ya has hecho tu trabajo.
Puso la zapatilla debajo de la cama y se fue de la habitación. Rodolfo sintió como se alejaban sus pasos y se acojonó.
-¡No llames a la policía!
Viviana no le respondió. Fue a la cocina, cogió la margarina y regresó a la habitación.
-Vamos a seguir con el castigo.
Metió cuatro dedos dentro de la tarrina y los sacó cargados de margarina.
-¿Ya no vas a llamar a la policía?
-Aún no. Me he vengado por los zapatillazos del culo, pero me falta vengarme por haberme roto el coño.
Le echó margarina sobre el ojete y luego le metió dos dedos en él y se lo folló.
-¿Te gusta?
-No.
-Dentro de un par de minutos ya te gustará.
Le metió tres dedos, los movió alrededor, y luego le dio caña.
-Quiero oírte gemir.
-Gemir vas a gemir tú cuando te la meta en el culo.
-¿Eso ha sido una amenaza?
-Eso ha sido que tú quieras que sea.
Le metió cuatro dedos dentro del culo y le dio cera. Dándole cera le echó la mano a la polla. Rodolfo levantó el culo. Se la meneo e hizo que su padre se corriera en su mano y en la cama.
Se limpió la mano a una sábana, lo puso boca arriba, vio su polla morcillona y le dijo:
-La venganza ya está consumada, ahora voy a aprovecharme de la situación.
-¿Ya no vas a llamar a la policía?
-¿Para qué? Ya me he tomado la justicia por mi mano.
Se quitó el picardías. Aplastó la polla con su coño, y apoyando las manos sobre el pecho peludo de su padre, deslizó el coño a lo largo de ella. Al rato el coño rebosaba jugos e iba resbalando de un extremo al otro de la polla, polla que se puso dura. Le dio las tetas a mamar. Rodolfo no se las despreció, al contrario, se las mamó con ganas. Luego levantó el culo y la polla apuntó hacia arriba. Viviana buscó que la polla se acoplara a la entrada de su vagina, al tenerla donde quería, bajó el culo despacito y la metió hasta las trancas. Después fue acelerando las subidas y bajadas de culo, y con ellas las entradas y salidas de la polla en el coño... Al sentir que le venía, besó a su padre, y chupándole la lengua y convulsionándose, se corrió en su polla.
Quedó sin fuerzas y con cabeza reposando en su cuello. Rodolfo, le dijo:
-Suéltame.
Viviana levantó la cabeza, sacó la polla del coño, y le dijo:
-No sin antes abusar un poco más de ti.
Sin tocarle con las manos, lamió los jugos de su corrida de los huevos, lamió la polla por los lados, le mamó el glande y luego volvió a subir encima de él. Cogió la polla, la frotó en el ojete, bajó el culo un poco y entró la punta de la polla. Luego la sacó, la metió, la sacó... Metiendo y sacando comenzó a dedearse.
-¿Te gusta sentir como tu polla entra en mi culo?
-Mentiría si te digo que no.
-Empuja y métela más.
Rodolfo empujó, pero Viviana subió el culo.
-Cabrona.
-Prueba otra vez.
Rodolfo volvió a empujar, pensando que Viviana iba a apartar el culo de nuevo, pero no lo apartó y le metió la mitad del glande. Viviana exclamó:
-¡Me gusta!
Si a ella de gustó, a Rodolfo, le debió encantar, ya que le dijo:
-Me voy a correr, Viviana.
-Córrete.
Viviana no quitó la cabeza de la polla del culo, se dio dedo y se corrieron juntos.
Al acabar de disfrutar, tumbada boca arriba con las manos en la nuca, le preguntó:
-¿Cómo empezaste en el porno?
-Suéltame.
-Luego, primero responde a mi pregunta.
No le quedó más remedio que responderle.
-Quise ser actor convencional, pero se cruzaron en mi camino el hambre y el porno y escogí el porno.
-¿Por qué os gusta tanto a los hombres dar por el culo? Explícamelo.
-No te lo podía explicar por qué no lo sé.
-¿Has hecho porno gay?
-No.
-¿Y mi madre?
-Ella hizo de todo.
-¿Cuántos años estuvisteis en el porno?
-Yo estuve veinte años, tu madre, que yo sepa, cinco.
-Me gustaría encontrarla y hablar con ella.
-No creo que a ella le guste que la encuentres ni que hables con ella. Ya está bien de preguntas. Suéltame.
Lo besó en la boca.
-Te soltaré después de que me canse de correrme.
Viviana cogió la tarrina de margarina, que había dejado encima de la mesilla de noche, le untó la polla con ella y se la meneó y se la mamó hasta que se la puso dura, luego echó margarina en el coño y le dijo:
-Saca la lengua.
Suéltame si quieres que la saque.
-Que saques la lengua.
-¿Y si no la saco, qué?
Le apartó el coño de la cara y le dio dos bofetadas.
-¡Plasssss, plassss!
-Si no la sacas te pongo la cara como un pimiento morrón.
-¿Por eso no me soltaste, cabrona?
-¿Vas a sacarla por las buenas, o prefieres que sea por las malas?
-Tendrá que por las...
Viviana cerró un puño.
-¿Cómo va a ser?
Rodolfo no quiso cobrar.
-Por las buenas, por las buenas.
Rodolfo sacó la lengua y Viviana frotó su coño contra ella. Cuando estaba cerca de correrse, le quitó el coño de la boca, le volvió a untar la polla con margarina, puso el ojete encima del glande, lo bajó y fue metiendo la polla milímetro a milímetro.
-Joder. No sé de que se queja las actrices del porno, el sexo anal es delicioso.
-Sería aún mejor si te pudiera abrazar.
-No te voy a soltar, pero si no me follas el culo es porque no quieres.
-¿Puedo?
-Lo estoy deseado.
Le dio cera de la buena, pero no se corrieron ninguno de los dos, dándole por el culo, porque Viviana, viendo que no se iba a correr, la sacó del culo, la metió en el coño, Rodolfo le dio a mazo y poco después, sintiendo la leche de la corrida de su padre dentro de su coño, Viviana exclamó:
-¡Me corro, me corro, me corro!
Al final lo soltó. ¿Qué ocurrió a soltarlo? Cada cual que imagine el final.
Quique.