Incesto en el bosqu...
 
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Incesto en el bosque

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José
(@quique)
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Registrado: hace 7 años
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Iniciador del debate   [#1204]

Amaia era una jovencita delgada, de estatura mediana, morena, de ojos marrones, cabello negro, tenía las tetas pequeñas, un culito redondito. Estaba de vacaciones de verano en Galicia y fue con su prima Florencia a merendar al bosque, o sea, fueron de pícnic. Después comer tortilla y de beber vino tinto con gaseosa, a Amaia, que no estaba acostumbrada al vino, se le soltó la lengua.

-¿Sabías que soy independentista?

Florencia le preguntó:

-¡¿No serás peligrosa?!
-No, yo soy incapaz de matar a un grillo, pero quiero un Euskadi libre.

Florencia, que era otra jovencita, gordita, rubia, de ojos azules, estatura medina, pechugona y con un buen culo, le preguntó:

-¿Y ese quién es?
-Euskadi significa país vasco.
-Oye y además de independentista que más eres.
-Bisexual, le doy a la carne y al pescado.
-Tú lo que eres es una viciosa.
-Viciosa era una chica que conocí. ¿Quieres que te cuente lo que me pasó con ella?
-Cuenta.

Estaban sentadas entre unos pinos mansos, se sentaba una enfrente de la otra a ambos lados de un mantel con cuadros azules que habían puesto sobre la hierba. A un lado del mantel estaba una pequeña cesta, y sobre el mantel, un trozo de tortilla, pan, gaseosa y una botella con vino. Amaia cogió la botella de vino tinto, le echó un trago a morro y después de devolver la botella a su sitio, le dijo:

-Me pasó hace un tiempo. Estaba en la parada del autobús y una chica se me puso al lado.

Florencia le preguntó:

-¿Era bonita?
-Mucho. Pues se me pone al lado y me mira, y me vuelve a mirar. Te juro que me empecé a sentir incómoda. Bueno, llega el autobús, me subo, se sube, pago y paga el mismo recorrido, El autobús iba lleno. Se colocó detrás de mí y me puso una mano. Me dije. Ah, ¿Qué pasó aquí? Empecé a traspirar. Mira -le enseño las manos- estoy transpirando ahora al recordarlo.

Florencia le preguntó:

-¿Dónde te puso la mano?
-Un poco más abajo de la cintura. Le eché una mirada de esas que matan, pero ella me sonrió. Luego se frotó contra mi culo y cómo llevaba un vestido muy fino sentí algo duro entre mis nalgas. Pensé que sería su puño, pero los puños no laten. Debo confesarte que empezó a gustarme. Cuando paró el autobús, me bajé, se bajó. No sé que diablos me pasó. Aquella no era yo. En fin, acabamos en mi casa. Obvio que mis padres no estaban. Bueno, pues beso va, beso viene. Me empecé a calentar una barbaridad. ¿No te dije cómo era la chica, no?

-Solo que era bonita
-La chica era más alta que yo, delgada de ojos negros, morocha y llevaba puesto un vestido gris de seda que en aquel momento se abultaba hacia delante. La verga debía de ser enorme.
-¡¿Era chica y chico?!
-Era una tentación. Bien, me dejé desnudar. Ya en la cama le dije:
-Me parece muy extraño todo esto.

Me respondió:

-"No tiene nada de extraño."
-Estoy un poco nerviosa.
-"¿Por qué?"
-Porque esto se sale de mi rutina.

Me quitó los nervios a besos en la boca y en las tetas, luego me bajó el vestido hasta a cintura y me puso un pezón entre los labios. Se lo lamí y le chupé la teta... Sabía que iba a comerme el coño, pero ya me estaba tardando. Cuando bajó para comérmelo, aún se entretuvo besando mis muslos, besando los lados del coño... Al sentir su lengua meterse entre los labios, de mi garganta salió un gemido que resonó por toda la casa. La lengua ya no salió de mi coño. Lamió los labios, los chupó, lamió el clítoris, lo chupó. La chica sabía lo que hacía en todo momento, ya que paraba de darme lengua cuando debía parar y seguía dándomela cuando debía seguir. Llegó un momento en que vio que yo ya no podía aguantar más. Su lengua recorrió mi coño cada vez más aprisa y exploté en su boca. Retorciéndome cómo una serpiente y jadeando cómo si tuviera asma.

-Te comportaste cómo una golfa.
-Y me corrí cómo una perra. Al acabar de correrme terminó de quitar el vestido. Vi su verga, era el doble de gorda que las dos que había visto y algo más larga. Aquel pedazo de carne negra cuando se corrió en mi boca... ¿Quieres correrte tú en la mía?

Su pregunta cogió a Florencia cachonda perdida pero centrada en otra cosa.

-¿Qué has dicho?
-¿Lo que has oído?

Ruborizaba, le respondió:

-¡Quita, quita!

Se levantó, se arrodilló detrás de Florencia, la besó en el cuello, le echó las manos a las tetas y magreándolas le preguntó:

-Deja que te haga gozar.

Florencia se levantó y le respondió:

-No, a mí no me gustan las chicas.

Amaia se puso en pie, agarró por la cintura a su prima, le metió la mano derecha dentro de las bragas y se encontró con el coño encharcado, le dijo:

-Deja de temblar que te va a gustar.

Florencia se encogió, pero ya dos de los dedos de Amaia habían entrado en su coño. Sintiendo las pequeñas tetas de su prima en la espalda se enderezó. Sus dedos entrando y saliendo del coño la pusieron perra perdida. Cuando Amaia le giró la cabeza con la mano y sus labios se encontraron, los labios de Florencia se entreabrieron para ser besados. Sintiendo que se iba a correr le devolvió los besos a su prima. Amaia moviendo los dedos a mil por hora dentro del coño, le dijo:

-Mírame quiero ver tu cara al correrte.

Florencia le miró a los ojos, pero al momento se puso tensa y con los ojos vidriosos comenzó a mear por la mano de de su prima. Después se le cerraron los ojos de golpe y le llenó de jugos la palma de la mano.

Al acabar de correrse Florencia, Amaia le quitó la mano del coño y lamió los jugos de la palma y los chupó de los dedos. Luego cogiéndola por la cintura le dio la vuelta. Florencia le dejó quitar el vestido, el sujetador y las bragas. Le cogió las tetas y se las amasó mientras le lamia los pezones. A Florencia le encantó que lamiese sus pezones, y cuando le mamó las tetas gimió cómo si fuese a correrse. A Amaia le gustaba sentir sus gemidos y más le gustó cuando le dijo:

-Me corro, prima, me corro.

Amaia viendo cómo temblaba y cómo gemía al correrse, dejó de mamar sus tetas y dijo:

-Solo con mamarte las tetas te has corrido. ¡Increíble!

Cuando acabo de correrse se agachó delante de ella y, cogiéndola de nuevo por la cintura le enterró la lengua en el coño, para después lamer de abajo a arriba cómo si no hubiese mañana. Florencia, sin avisar, meó por ella y después tuvo una corrida tan larga cómo intensa que la catalana, bañada de orina, se tragó con ganas atrasadas. Al acabar de tragar y ver cómo la había dejado de orina, le dijo a su prima:
-Tengo que lavar la ropa en algún sitio.
-El río no está lejos.

Fueron al río. Amaia se bañó vestida para quitar la orina de la ropa. Después se desnudó y la puso a tender entre unos arbustos mientras se ocultaba en ellos. Florencia estaba con la cesta en una mano sentada sobre una gran roca. Amaia sacando la cabeza de los arbustos, le dijo:

-Ven.
-¿Para qué?
-¿Para qué va a ser?
-No voy a ir para hacer lo que quieras que te haga.
-Tengo el coño fresquito.
-Yo no hago esas cosas, además no sabría hacerlo.
-No tienes más que hacerme con la lengua lo que te harías a ti misma si pudieses.
-Calla que te pueden oír, además, no eras independentista, hazlo tu sola.
-Si le llegara lo haría. Ven anda.
-Date dedo.

Amaia puso morritos y sacó su voz de mimosa.

-No seas mala, ven.

Florencia ya estaba caliente otra vez, pero le dijo:

-Voy, pero por no oírte más.

Dejó el cesto al lado de la roca y se metió entre los arbustos. Allí en medo había un pedazo de bosque con hierba. Amaia le quitó el vestido, las bragas y el sujetador y le dijo:

-Ya estás temblando otra vez.

-No puedo evitarlo.

Le dio un pico y ya fue a por sus gordas tetas, Besó, lamió y chupo, muy de pasada. Hizo que su prima se echase sobre la hierba, se arrodilló delante de ella, le abrió las piernas y la punta de su lengua subió por la raja del coño llevando jugos con ella. luego lamió un labio, después el otro, lamió su clítoris y acto seguido le dio lengua de abajo a arriba. Paraba en el clítoris, se lo lamía de abajo a arriba, transversalmente y haciendo círculos sobre él para volver a empezar el recorrido. A veces se detenía para clavar la lengua en la vagina, sacarla y seguir hasta el clítoris. Pasado un tiempo sus dulces gemidos avisaron a Amaia de que su prima se iba a correr. Apartó la cabeza al  tiempo que un chorro de meo salía del coño, chorro que fue a parar a los arbustos. Al cortarse el meo y salir las babas, babas blanquecinas y espesas, se las lamió y las trago.

Al acabar de correrse Florencia, le dijo Amaia:

-¿Sabrás hacérmelo cómo te lo hice yo a ti?
-¿A ver si piensas que soy tonta?

Tonta no era, pero no le pudo comer el coño cómo ella hubiese querido, ya que Amaia estaba tan cachonda que al sentir la lengua de su prima lamer su coño, le dijo:

-¡Me corro!

Quique.

 

 



   
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nyctidromus
(@nyctidromus)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 6 años
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qur buen relato


scripsit nyctidromus

sanguine et pulvis
n****@gmail.com


   
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