La paja en el pilón de lavar la ropa
Corrían los años setenta del siglo pasado cuando ocurrieron los hechos que les voy a relatar y que me contó uno de mis lectores, me los contó de aquella manera y yo les di forma de relato.
Eran sobre las cuatro de la tarde de un día del mes de julio. Miguel, que era un joven de estatura mediana, bien parecido y tímido, cogió la ropa sucia en su habitación y se fue al pilón con ella para dejarla en la cesta. Acercándose a la puerta del cobertizo oyó una voz que decía:
-Sí, sí, sí, sí, sí.
Al llegar a la puerta vio a su hermana Nieves, que era una muchacha morena, pecosa, de ojos negros, estatura mediana, maciza, con buenas tetas y buen culo y su cabello marrón le llegaba casi hasta la cintura. Tenía la falda levantada y frotaba el coño con un taco de jabón de lavar la ropa de color verde de la marca Lagarto. El asombro de Miguel fue inmenso. Nieves, al estar de espaldas a él, no se percató de que su hermano estaba mirando como movía el culo de atrás hacia delante y de delante hacia atrás. Luego, Nieves, se quitó el vestido y Miguel vio su culo, un culo gordo, que ya había visto al natural, pero que cada día le gustaba más. Ganas le dieron de echarle una mano a la coleta y clavársela por detrás, pero se aguantó porque acababa de llegar su padre a casa. Vio como mojaba el jabón en el agua del pilón y como volvía a frotar el coño con él. Oyendo los gemidos de su hermana y viendo como su culo iba hacia delante y hacia atrás se empalmó. Echó la mano a la polla y comenzó a tocarla por encima del pantalón.
Nieves se frotó con el jabón cada vez más aprisa y se puso como loca.
-¡Una polla, necesito una polla!
Al rato, como se estaba cansando y no alcanzaba el orgasmo, se puso a cuatro patas en el piso de cemento y se abrió de piernas. Miguel vio como su mano aparecía entre sus piernas y como dos dedos entraban y salían de su coño.
-Una polla, necesito una polla.
La polla la tenía Miguel en la mano cubierta con un calzoncillo sucio, para no dejar huella de su presencia. Los gemidos de su hermana fueron subiendo de tono, su respiración se aceleró, y Nieves encontró lo que buscaba.
-¡Joder, joder, joder! Me corro, me corro, me corro.
Miguel aceleró los movimientos de su mano para correrse, pero en ese momento llegó su padre, vio lo que estaba haciendo y le metió un tortazo en la nuca con la mano abierta, una mano que era grande como una pala, y el golpe hizo que la ropa sucia que llevara se esparciera por el piso y que él fuese a trompicones hasta caer al lado de su hermana. Oyó a su padre decir:
-¡Depravado!
Nieves oyó la voz de su padre y vio caer a su hermano a su lado, pero al estar corriéndose lo único que pudo hacer fue derrumbarse y acabar de correrse en posición fetal.
Eugenio, que era un hombre moreno, alto, doble y muy fuerte, estaba realmente enfadado.
-¡Guarda la polla si no quieres que te la corte!
Miguel miró para su padre, y temblando guardó la polla.
Nieves, al acabar de correrse, se sentó, cogió su ropa y tapó con ella sus gordas tetas y su coño peludo. Eugenio habló ahora con ella.
-¡¿Y a ti no te da vergüenza que te pillen rascando el coño?!
Con la cabeza gacha y avergonzada, le respondió:
-Claro que sí, papá, pero echo tanto de menos a mi marido...
El marido de nieves se había ido a trabajar a Suiza tres meses después de haberse casado.
-Tienes tu cama para hacer esas cosas.
Un año antes
Nieves y Miguel venían de la fuente con dos cubos de agua cada uno en las manos. Se cruzaron con Marta y con Julio, hermanos como ellos, a los que apodaban Los Cuervos y que iban con cuatro cubos vacíos a buscar agua a la fuente. Nieves y Marta habían sido amigas, pero ahora no se podían ver porque Nieves le robara el novio a Marta. Al cruzarse le dijo Marta a su hermano:
-Tiene cara de ir cagando por ella con el peso que lleva, es que algunas no valen para nada.
Nieves le dijo a Miguel:
-¿Habló la cacatúa?
Lo de cacatúa lo había dicho porque Marta tenía una nariz curvada. La muchacha se dio por aludida.
-¡¿Me has llamado cacatúa, puta?!
-¿Prefieres que te llame loro, cacatúa?
Se habían parado los cuatro y estaban frente a frente, dos hermanos con los cubos de agua llenos y los otros dos con los suyos vacíos. Marta, que era más alta y más delgada que Nieves, le dio los dos cubos a su hermano para que se los sujetara y se fue a por Nieves.
-¡Te voy a reventar, zorra!
Nieves dejó los cubos en el camino y se fue hacia Marta.
-¿Tú y cuántas más, cacatúa?
Marta la agarró por los pelos de la cabeza. Nieves la agarró a ella por los pelos del coño. Al tirarle de los pelos del coño Marta, chillando con el dolor, se fue agachando. El hermano de Marta fue en su ayuda y levantó la mano para darle, pero Nieves le echó la mano a los huevos y apretó con fuerza. Se oyeron los gritos de dolor en las aldeas vecinas. Cuando Nieves los soltó, parecían dos piltrafas. Cogiendo los cubos de agua, le dijo a su hermano:
-Gracias por tu ayuda.
-No la necesitabas.
El padre de Nieves y de Miguel, cuando llegó a casa del trabajo ya sabia lo de la pelea y no le había gustado nada. En la cocina y sin preguntarle a su hija por los motivos de la pelea, dijo:
-Como veo que eres un animal, esta noche duermes con ellos. ¡Tirar los dos para el establo!
Miguel no iba a decir nada, pero Nieves lo iba a decir por él.
-¿Por qué mandas también a Miguel? Él no hizo nada.
-Por eso lo mando contigo, un hermano tiene que defender a su hermana, aunque la hermana no tenga razón y sea mayor que él.
Era invierno y el castigo, además de injusto, era excesivo. Los hermanos entraron en el establo cuando ya era de noche. Nieves encendió la luz y Miguel le puso la tranca a la puerta. Allí había dos cuadras, una con dos cerdos y la otra con una vaca, un carro con una yunta, un arado, diversos trastos y herramientas, un montón de paja, una pila de telarañas por las esquinas, una leñera y una cocina de piedra que usaban para calentarle la comida a los animales, sobre ella aún quedaban brasas. Miguel cogió unas piñas y las puso sobre las brasas, piñas que enseguida comenzaron a arder. Nieves puso unos palos delgados encima de ellos y sobre estos puso unos troncos de roble. Miguel le dijo a su hermana:
-No sé como vamos a hacer sin sábanas ni mantas cuando nos echemos a dormir.
-Cuando nos echemos a dormir podemos cubrirnos con paja. Me preocupa más lo que vamos a hacer para no aburrirnos hasta que nos dé el sueño, si hubieras cogido tu baraja...
Miguel sacó una baraja del bolsillo y al quitarla le cayó una caja de condones, condones que recogió enseguida y que devolvió a su sitio.
-¿Te refieres a esta baraja?
A Nieves ahora le interesaba más saber lo que había guardado su hermano con tanta celeridad.
-¿Qué es eso que acabas de guardar?
-Nada.
-Enséñame que es.
-No te voy a enseñar nada.
No hay peor cosa que decirle que no le vas a enseñar algo a una curiosa cuando está empeñada en que se lo enseñes.
-O me lo enseñas por las buenas o me lo enseñas por las malas.
Miguel conocía a su hermana y sabía que no amenazaba en vano. Quitó la caja y se la enseñó.
-¿Qué tiene dentro?
-Caramelos de menta.
-Seguro. ¿Qué tiene dentro?
No le quedó más remedio que decírselo.
-Tú ganas, tiene condones.
A Nieves se le puso cara de tonta.
-¿Y tú para que quieres condones? Aún va a resultar que eres maricón como dice papá.
-No soy maricón, los condones se ponen para no dejar preñada a una mujer.
A Nieves se le dibujó una sonrisa en los labios.
-¿Cuanto tiempo aguantan si no los usas?
-No sé.
-Mas te vale que duren años. ¡Te voy a meter una paliza!
Miguel se asustó.
-¡¿Por qué?!
-Porque juego mejor que tú a las cartas.
Miguel respiró aliviado.
-¿Tú a mí? No me hagas reír. ¿A qué quieres jugar?
-A lo que tú quieras.
Echaron en el piso de cemento una lona que en tiempos había servido para evitar las goteras en las cuadras, se pusieron uno enfrente de la otra y antes de saber a qué iban a jugar, le preguntó Miguel a Nieves:
-¿Qué apostamos?
-¿Te parecen bien cinco duros?
-Me parece muy poco.
-¿Cuánto quieres apostar?
-Mil pesetas.
-Ni tú ni yo tenemos mil pesetas.
-Yo tengo algo que las vale.
-¿Qué tienes que valga tanto?
-Mi cuerpo.
A Nieves le entró la risa floja.
-¡Ay que me meo! Si tu cuerpo no vale ni para llevar por culo.
-No valdrá para llevar, pero vale para dar.
-¿Por eso traías los condones con las cartas? ¿Querías darme por el culo, depravado?
Miguel, arriesgando mucho, se hizo el chulo de mercado.
-Si hiciese falta...
Le dio una bofetada que le puso la cara del revés.
-A mí no me hablas así, enfermo.
Miguel tocando con su mano la parte dolorida, le dijo:
-Tienes la mano muy pesada.
-Y tú la lengua muy larga.
-Si solo lo había pensado, y no era solo por el culo era por...., dejémoslo ahí.
-Nada de dejarlo ahí. ¡¿Dónde más me la querías meter?!
-¿No te vas a enfadar si te lo digo?
-No, dímelo.
-Entre tus tetas y en tu coño.
-¿No te da vergüenza tener esos pensamientos con tu hermana mayor?
-No los puede evitar.
Nieves empezó a sentir curiosidad.
-¿Qué te pasa conmigo?
-No te lo voy a decir porque me darías una paliza.
-No, te juro que no te voy a pegar.
Miguel no la creía.
-¡¿Diga lo qué diga?!
-Digas lo que digas.
Miguel se soltó.
-Me muero por hacerte cochinadas.
Nieves se puso muy seria.
-Debía darte esa paliza por lo que acabas de decir, pero no lo haré porque lo he jurado, además estás en una edad muy jodida.
-¿Y tú no?
-Yo también, pero me aguanto.
-¿Siempre? A veces oigo gemidos en tu habitación.
-Tienes el oído muy fino.
-Sí, lo tengo. ¿Jugamos?
-Aún vas a acabar cobrando, con juramento y todo.
-¿No eras tú la que quería jugar a las cartas?
Nieves se quedó cortada.
-Pensé que te referías a otra cosa.
-La pregunta era ambivalente.
-¿Y eso qué es?
-Eso es no arriesgarse a llevar otra ostia.
-No tengo más ostias para ti. Lo que tengo es curiosidad.
-¿Acerca de qué?
-De ti, me gustaría saber una cosa.
-¿Qué cosa?
-¿Has estado con alguna mujer?
-¿A que viene esa pregunta?
-A que a un hombre no se le mete la polla entre las tetas. ¿Se la has metido entre las tetas a alguna mujer?
-Si, a una.
-¿Y?
-Y le gustó.
-Creí que no había mujeres así.
-Pues creíste mal.
-¿Es alguna de mis amigas?
-Tus amigas no están casadas.
-O sea, que es una mujer casada.
-Sí. ¿Jugamos ahora?
-¿A las cartas?
-Con las cartas podíamos llegar a lo otro.
-¿Qué es lo otro?
-Las cochinadas.
-¿A qué llamas tú cochinadas?
-A comerte las tetas, a comerte el culo, a comerte el coño... A comerte todo y luego a follarte como si fueras una puta.
-Y parecías una mosquita muerta. Sé que me voy a arrepentir, pero escoge tú el juego y la apuesta.
-La apuesta sería de un beso. Quien pierda deja que se lo dé el ganador.
-Pero eso llevaría mucho tiempo.
-Si jugamos a la carta más alta, no.
-Vale, levanta una carta.
Miguel levantó la carta de arriba y quitó el as de bastos. Nieves quitó una de la mitad y le salió el siete de copas.
-Gané.
-Pues empieza tú.
Miguel pasó la punta de la lengua entre los labios de su hermana, luego se la metió en la boca sutilmente, a continuación le lamió la lengua con la suya por debajo y por arriba... Le mordió el labio inferior, volvió a pasar la lengua entre sus labios y después jugó de nuevo con su lengua. Al acabar de besarla, Nieves abrió los ojos, vio la cara colorada de su hermano, y le dijo:
-Vamos para la paja. Quiero hacer cochinadas..
Se echaron sobre la paja y le preguntó Nieves a su hermano:
-¿Qué te hizo esa mujer?
-Se desnudó y después me desnudó a mí.
Nieves se quitó el vestido, un vestido gris que le daba muy por debajo de las rodillas, el sujetador negro y las bragas bancas, las botas de goma y los calcetines. La muchacha era perfecta, vestida y denuda. Sus tetas eran grandes, redondas y firmes, sus areolas rosadas no eran grandes ni pequeñas, lo mismo que sus pezones, su coño estaba rodeado por una mata de pelo marrón tan grande que se podría hacer con él una peluca para una muñeca, sus piernas eran robustas y no llevaba encima pintura de ninguna clase.
Desnudando a su hermano, le preguntó:
-¿Qué más hizo?
-Me la mamó mientras me la meneaba.
-¿Cómo se hace eso?
Le cogió la mano derecha, hizo que la apretara y luego que la subiera y la bajara.
-Así se menea y para mamarla, pues se lame y se chupa como si fuera un Chupa-Chups.
Nieves se la mamó y le la meneó como si llevara años haciéndolo, tan bien se la mamó que Miguel se corrió en su boca.
Escupió la leche que le había caído en la boca y luego vio cómo más leche seguía saliendo de la polla.
Al acabar de correrse su hermano, Nieves, le puso dos dedos en el mentón, se lo levantó, le dio un pico, y luego le preguntó:
-¿Qué pasó después de eso?
-Que me dijo lo que le tenía que hacer yo a ella.
-Hazme a mí lo que le hiciste a esa mujer.
-Échate boca arriba, flexiona las rodillas y ábrete de piernas.
Al tenerla en posición le pasó muy lentamente la yema del dedo medio de su mano derecha por un labio del coño peludo, luego se lo pasó por el otro labio y después lo pasó entre los dos, después se lo metió dentro de la vagina y la masturbó con él. Nieves comenzó a gemir, y entre gemidos, le preguntó:
-¿Quién es esa mujer?
-No insistas, no te lo voy a decir.
Después, con la yema pringada de jugos, le acarició el clítoris de abajo a arriba e hizo círculos sobre el glande. Cuando dejó de pasarle el dedo, la lengua hizo el mismo recorrido y los mismos movimientos que había hecho el dedo. Los gemidos se hicieron más intensos. Lamió de abajo arriba a toda mecha y Nieves, arqueándose, con todo su cuerpo temblando y con una cara que era un poema escrito con versos de placer, o sea, corriéndose cómo una cerda, le llenó la boca de jugos a su hermano.
Al acabar de correrse, y aún tirando del aliento, le volvió a preguntar:
-¿Quién es esa mujer?
-¡Y dale! No te lo puedo decir. ¿Te gustaría que le dijera a otra mujer que follé contigo?
-No, claro que no.
La besó con lengua, luego le cogió el pezón de la teta derecha con dos dedos e hizo el movimiento de enroscar y desenroscar un tornillo. Le metió otros dos dedos dentro de la vagina y la masturbó haciéndole el "ven aquí". En menos de tres minutos volvió a arquear el cuerpo y se corrió cómo una bendita
Al acabar de correrse, le dijo Miguel:
-Ahora échate boca abajo.
Nieves se echó boca abajo y sus anchas espadas, su gordo y duro culo y sus fuertes piernas quedaron a merced de la boca y de la lengua de su hermano.
Miguel besó y lamió sus talón izquierdo, luego fue besando y lamiendo por la pierna, le dio un repaso a la nalga derecha y después subió por su espina dorsal hasta llegar a la nuca, nuca que besó varias veces, luego lamió y chupó el cuello por ambos lados, para a continuación bajar por la espina dorsal y luego pasó a darle un repaso a la nalga izquierda. Cuando Nieves creía que iba a bajar besando y lamiendo la otra pierna, le separó las nalgas con las dos manos y se quedó mirando para su ojete.
-¿Qué pasa?
-Que me gusta tu ojete.
Le enterró la lengua en el ojo del culo.
-¡Me gusta que me hagas cochinadas!
-Sube el culo.
Lo subió. Le echó un brazo por debajo y acariciando su clítoris con tres dedos, siguió lamiendo y follando el ojete con la lengua. Nieves se lo estaba pasando en grande.
-Creo que me voy a correr otra vez.
Miguel paró de acariciarla.
-¿Por qué paras?
No le respondió, pero Nieves vio como pillaba los condones en el bolsillo del pantalón, cómo abría la caja y como quitaba un condón. Nieves le dijo:
-Enséñame como se pone.
-Estira dos dedos.
Los estiró. Miguel le puso el condón en ellos y después se los lamió y se los chupó. Mirándolo a su hermana a los ojos, le dijo:
-Esto fue lo que hizo antes de decirme que se la metiera hasta el fondo del culo.
-Yo también quiero que me la metas hasta el fondo, pero sin condón y en el coño.
-Eso es muy peligroso.
-El riesgo lo asumo yo.
Miguel le frotó la polla en los labios y en la entrada de la vagina y le preguntó:
-¿Es tu primera vez?
-Con una polla, sí.
-¿No sé si meterla poco a poco o de un trallazo? Tú dirás.
-Poquito a poco, que vaya dando de sí.
Le metió la puntita. Nieves se quejó, pero luego fue echando el culo hacia atrás y la polla fue entrando hasta llegar al fondo del coño. Después de clavársela toda, la folló lentamente, y diez o doce minutos después, Nieves, se corrió como un pajarito. Al correrse el coño quedó bien engrasado. Miguel, agarrando a su hermana por las tetas, la folló con violencia hasta que se volvió a correr. Corriéndose su hermana, la sacó y se corrió en sus nalgas... Suerte que se la había sacado, que si no lo hubiera sacado, le hubiera hecho, cuando menos, trillizos, pues la corrida fue de las que hacen historia.
Luego de correrse, le preguntó Miguel a su hermana:
-¿Te arrepientes de haber follado conmigo?
-Sí, me arrepiento, pero me arrepiento de no haber follado antes contigo.
Los dos querían más, pero no pudo ser. Alicia, la madrastra, tocó a la puerta de las cuadras y oyeron como les decía:
-Vuestro padre os levantó el castigo, venid a cenar.
La conversación
Esa noche, cenando, había un silencio sepulcral en la mesa, Alicia, la segunda esposa de Eugenio, una morena treintañera que estaba como quería y que trabajaba en una fábrica de conservas, le preguntó:
-¿Qué ha pasado para que estéis todos callados, Eugenio?
-Nada, cena.
-Formo parte de esa familia, aunque una que yo me sé no lo crea así.
Nieves se dio por aludida y la miró con cara de mala ostia, pero no era el momento de entrar al trapo. Eugenio le vio la cara a su hija y no quiso hacer sangre delante de ella, por eso le dijo a su esposa:
-No son cosas para hablar mientras comemos.
Nieves cenó todo lo aprisa que pudo y luego se fue a su habitación, Miguel acabó al rato y se fue, pero se quedó en las escaleras que llevaban al piso de arriba poniendo la oreja.
Al quedarse a solas le preguntó Alicia a Eugenio:
-¿Me dices ahora que es lo que te pasa con tus hijos?
Se lo contó con pelos y señales.
-... Imagínate lo que sentí en ese momento.
-Bueno, los dos están en la edad de las pajas.
-Lo sé, pero lo que más me jodió fue que el mariconazo se la pelara mirándole para el culo a su hermana.
Miguel sabía que su padre pensaba que era maricón y lo dejaba en esa creencia porque le interesaba. Siguió escuchando atentamente. Alicia le dijo:
-No creo que sea maricón.
-Lo dices como si supieras algo que yo no sé.
-A ti también te gustan los culos, me la metes en el culo casi siempre que follamos y no eres maricón.
-No compares, a mi me gustan los culos de las mujeres.
-¿Estás seguro que tu hijo es maricón? A lo mejor es solo callado.
-Ojala fuera solo callado, pero es maricón.
Alicia llevaba algo más de un año casada con Eugenio y conocía Miguel mejor de lo que su marido podía imaginar.
-¿Estás seguro al cien por ciento? A lo mejor anda follando con mujeres y tú no sabes nada.
-Al cien por ciento no se puede estar seguro de nada, pero sea como sea, me tocó lidiar con un hijo raro.
-Lidiar se lidia a los toros.
-Y a los cornudos.
-¿Has metido muchos cuernos?
-En alguna corrida que no debía estar, he estado.
A Alicia no le sentaron bien sus palabras.
-Pues no debías estar orgulloso de eso, ya que a lo peor alguien estuvo en alguna corrida en la que deberías estar tú.
-Estuvo. ¿Por qué te crees que largué a mi mujer?
-¿Reconeixes que ets un banyut?
Eugenio era de ascendencia catalana y entendía el catalán, por eso cuando le preguntó que si reconocía que era un cornudo, le respondió:
-Vamos a dejarlo o acabaremos discutiendo, ah, y otra cosa, en esta casa, de catalán, nada.
-Vés-te´n a la merda, spanyolet.
No le gustó que lo mandara a la mierda ni que le llamara españolito.
-¡La madre qué te parió, catalana!
Eugenio se levantó de la mesa y fue a por su esposa. Alicia también se levantó, echó a correr y al subir las escaleras que llevaban al piso de arriba casi choca con Miguel... Siguió corriendo y no paró hasta tirarse en la cama de la habitación de matrimonio. Eugenio, que había ido corriendo detrás de ella, cerró la puerta detrás de él, se le echó encima y le dijo:
-Retira todo lo que has dicho.
-¿Y no sería mejor que retirase las bragas?
A Eugenio se le fue el supuesto enfado.
-¿Y después de quitarlas va a subir papá encima de mamá o sube mamá encima de papa?
-Esas cosas se improvisan.
Cubierta con una enagua
Nieves, cubierta con una enagua, salió de su habitación, vio a su hermano mirando por el ojo de la cerradura de la puerta, y le dijo al oído:
-Como abra la puerta papá te cruje a ostias.
-Le está comiendo el culo y el coño, mira.
-Nos van a pillar.
-Mira como le come el culo y el coño.
La curiosidad pudo más que el riesgo de ser pillada. Miró y vio a Alicia a cuatro patas y a su padre lamiéndole el ojete y el coño.
Al mirar por el ojo de la cerradura se había inclinado y la goma de las bragas, y las bragas, se habían marcado en su enagua. Sintió como su hermano le levantaba la combinación, como le bajaba la bragas y después sintió como le lamía el ojete y el coño. Se enderezó, se dio la vuelta y le dijo en bajito:
-Estate quieto que por hoy ya he tenido bastantes sobresaltos.
Nieves volvió a mirar por el ojo de la cerradura y vio a su padre agarrando a Alicia por las cintura y dándole caña de la buena. Miguel, al tenerla de nuevo en posición, le lamió el ojete, luego el coño y después el coño y el ojete. Como su hermana no lo corregía, sacó la polla, se la clavó en el coño y echándole las manos a las tetas la folló con ganas atrasadas. Al rato, Nieves, viendo cómo su padre le frotaba la polla en el ojete a Alicia, se empezó a poner mala, malita. Cuando Eugenio se la metió en el culo a Alicia, Nieves se puso mala, malita, mala, y luego, viendo como se lo follaba, se corrió en la polla de su hermano. Miguel, al acabar de correrse su hermana, se corrió en la entrada de su ojete.
Dos días después de ser pillada masturbándose
Eugenio, sentado en una sillón de mimbres delante de su casa fumaba un habano de considerables dimensiones. En el suelo tenía una botella de Fundador y una copa mediada de coñac. Patricio, uno de los aldeanos, que pasaba por el camino, al verlo, le dijo:
-Así hace quien puede, no quien quiere.
-Ahí has hablado.
-¿Qué se celebra, Eugenio?
-Mi cumpleaños, ven a tomar una copa.
-No puedo, se me escapó la burra y puede que ande apastando donde no debe.
Nieves, que estaba barriendo la cocina, dejó de barrer y fue junto a su padre.
-Perdona, papá, se me olvidó que hoy es tu cumpleaños.
Eugenio prendiendo en la lengua, como acostumbran a prender los borrachos, le dijo:
-No se te olvidó a ti sola, se le olvidó a todos los de la casa.
-Esta noche te haré la comida que más te gusta.
-No hace falta, esta noche voy a estar borracho perdido.
-Si supieras como lo siento.
-Más lo sentí yo al ver que nadie se acordó de que hoy es mi cumpleaños.
Eugenio pilló la copa, se mandó el coñac que tenía dentro y luego le echó una chupada al puro.
-¿Puedo hacer algo para recompensarte, papá?
-Sí, cuando tengas ganas, en vez de rascar el coño deja que te lo rasque yo.
-Estás resentido. Te dolió más de lo que yo pensaba que no me acordara de tu cumpleaños.
-No es resentimiento, es que desde que te vi rascando el coño no hago más que pensar en ti.
-No estás hablando en serio.
-Nunca he hablado más en serio en mi vida.
-En ese caso, no has hablado tú, habló el coñac.
-Hablara quien hablara creo que se explicó bien.
-Demasiado bien. Voy a seguir barriendo que luego tengo que fregar.
-Es domingo, no es día de barrer ni de fregar.
-¿Y qué haría si no barro ni friego?
-Alicia ha ido ido a pasar el día con sus padres y Miguel ha ido con ella. Estamos solos en casa. ¿No te imaginas lo que podías hacer?
-Si no fueras mi padre ya te tendría rota la cabeza con una piedra.
-Para cabeza, la de mi polla.
Nieves recordó el día que le había visto la polla a su padre mientras este meaba y la cabeza la tenía bien gorda.
-No sabes lo que dices, estás demasiado borracho.
No hay un borracho que reconozca que está borracho y Eugenio no iba a ser la excepción.
-¿Borracho yo? Te voy a demostrar que estás equivocada.
Se levantó del sillón, puso el dedo pulgar en la nariz, estiró el meñique y levantó una pierna para tocar con el dedo meñique en la rodilla, al hacerlo quedó sobre un pie... Comenzó a recular y si no lo agarra Nieves se pega una ostia de las buenas. Entre los brazos de su hija, le dijo:
-Coño. ¡Qué viento se levantó!
-Vente para casa y échate un poco.
-Te voy a hacer caso.
Nieves fue detrás de él por si hacía falta sujetarlo de nuevo, pero no le gustaba que creyera que estaba peneque perdido.
-Cógeme de ganchete.
La cogió de ganchete y Eugenio le echó al mano al culo.
-Lo tienes duro.
Nieves poniendo su cara más seria, le dijo:
-No vuelvas a hacer eso.
Eugenio le mandó otra chupada al puro, le echó el humo en la cara y luego le echó la mano izquierda a la teta derecha, palpó y le dijo:
-Está tan dura como el culo.
Nieves se enrabietó.
-Si me tocas otra vez no vuelves a cumplir años.
-A mí no me amenaces que soy tu padre.
-¿Mi padre? Lo que eres es un cabrón, un padre no le mete mano a su hija.
-Eso dependerá de como esté de buena la hija. ¿No?
-Eso no depende de nada, es así.
Al llegar a la habitación le quitó el puro de la mano, lo echó sobre la cama y se fue. Cinco minutos más tarde volvió para ver cómo estaba y encontró a su padre durmiendo, con el pantalón y los calzoncillos bajados hasta las rodillas y con la polla tiesa.
-¡Vaya empalme que tiene!
La curiosidad, que es la ramera más vieja del mundo, hizo que se acercara a la cama para ver la polla de cerca. La miró, la remiro, la olió, la meneó suavemente, se metió una mano dentro de las bragas y se masturbó. Al rato la chupó y se dio dedo con ganas. Se puso tan cachonda que se quitó las bragas, se colocó a horcajadas sobre su padre, y sin rozarle el cuerpo para que no se despertara. Cogió la polla, la puso en la entrada del coño, bajó el culo y se metió la mitad. Eugenio abrió los ojos, le echó dos dedos al botón de arriba de la blusa, y le dijo:
-Déjame colaborar.
Nieves se sorprendió.
-¡No estabas borracho!
-Es obvio que no. Quiero ver tus tetas.
Había sido pillada con las manos en la empanada, así que hacerse la estrecha ya no venía al caso.
-Mira lo que quieras.
Eugenio siguió abriendo los botones de la blusa. Nieves se metió la polla hasta el fondo del coño y cuando le había abierto todos los botones, se quitó la blusa y el sujetador. Eugenio le echó las manos a las tetas y se las magreó.
-Tienes las tetas más bonitas que he visto.
Nieves se inclinó y se las dio a mamar, al tiempo que comenzaba a follarlo lentamente. Gozó de cada metida y de cada sacada. Al dejar de darle las tetas a mamar, se las espachurró contra su pecho y lo besó con lengua. Eugenio quería participar más.
-Quiero comerte el coño.
-Y yo quiero que me lo comas.
Eugenio la puso debajo de él, luego se metió entre sus piernas y le quitó la falda. Mirándole para el coño, abierto y mojado, le dijo:
-Si hay una cosa que me encante son los coños jugosos y peludos.
Le enterró la lengua dentro y al sacarla lamió un labio vaginal, luego el otro, y después se la volvió a enterrar en el coño. Le levantó el culo con las dos manos, le clavó la lengua en el ojete y acto seguido subió lamiendo hasta llegar al clítoris, lo lamió transversalmente, lo chupó y luego subió besando y lamiendo su vientre. Le comió las tetas, le besó y le lamió el cuello y las orejas, después le comió la boca y al rato le preguntó:
-Vuelvo a comerte el coño y te hago correr con la lengua o prefieres que te la meta y te haga correr con la polla.
-Primero hazme correr con la lengua y después con la polla.
Bajó directamente al coño y no tuvo que lamer mucho, pues quiso hacerle lo mismo que le había hecho antes, pero cuando chupó su clítoris, Nieves le dijo:
-¡Me corro, papá, me corro!
No quitó la lengua del clítoris mientras se corría... Luego le volvió a levantar el culo y lamió desde el ojete hasta el clítoris, sin prisa, pero sin pausa... Poco después se corría en su boca retorciéndose, arqueándose gimiendo y babeando de tal forma que parecía que estaba poseída por algún diablo.
Aún respiraba con dificultad cuando le clavó la polla en el coño. Después la folló a trallazo limpio, trallazos que llegaban hasta lo más profundo de su coño y que hicieron que poco después se corriera con tanta intensidad que perdió el conocimiento.
Eugenio, al acabar de correrse su hija, la sacó y se corrió en sus tetas.
Unos diez o quince minutos más tarde, Eugenio, estaba de nuevo sentado en el sillón de mimbres. Vio a Patricio regresando a casa con la burra y le preguntó:
-¿A quién le tocó la china esta vez, Patricio?
-Tú no sabes nada de que se me escapó la burra.
-¿Burra? ¿Qué burra? ¿Va ahora la copa?
-Va.
El chantaje
Alicia estaba de baja laboral porque se había hecho un esguince en un tobillo al patinar en la conservera y dormía sola para evitar cualquier problema. Nieves, en camisón y con unas zapatillas en los pies, le llevó el desayuno a la cama en una bandeja.
-¿Cómo va eso, Alicia?
-¿A qué se debe tanta amabilidad?
-Estás enferma.
-Y a ti te la suda que yo esté enferma. Sé que me odias. ¿A qué se debe?
-Mi padre prometió comprarme un vestido y unos zapatos si te cuidaba bien.
Alicia se sentó en la cama.
-Pues a tu pregunta te diré que he dormido mal, pero por lo demás todo va bien. ¿Y a ti qué tal te va con tu hermano?
Le puso la bandeja sobre las piernas, se sentó en el borde de la cama y le respondió:
-Bien, nos llevamos bien.
-Me refería al sexo.
-Seguimos vírgenes.
-Yo también sigo virgen.
-Se respira ironía en esta habitación.
-Si aún te huele el cuerpo a semen.
-Tienes mal el olfato.
-Sé que lo habéis hecho nada más irse tu padre.
-Tu boca no le pide permiso a la razón cuando habla.
-Es la tuya la que no le pide permiso a la discreción. Gimes muy alto cuando te corres.
La sorpresa de Nieves fue gorda.
-¡¿Desde cuándo lo sabes?!
-Desde que me lo acabas de confirmar.
Nieves pilló un tremendo rebote.
-¡Serás puta!
-Puta eres tú, que follas con tu hermano.
-Perdona, no quise decir puta.
-Sí, has querido decir puta, sí. Cuando venga tu padre lo voy a poner al día, de tu trato conmigo y de lo de tu hermano.
Nieves comenzó a implorar.
-No, por favor, no se lo digas.
-¿Qué clase de esposa sería si le oculto una cosa así a mi marido?
-No se lo digas, haré lo que me pidas.
-Tengo que decírselo.
-Por favor, por favor, por favor, no se lo digas, haré todo lo que me pidas.
Alicia ya la tenía donde quería.
-¿Todo?
-Todo.
-¿Todo, todo, todo?
-Todo, todo, todo.
-¿Sin excepciones?
-Sin excepciones.
-Retira la bandeja de la cama y ponla encima de la mesita de noche.
Hizo lo que le había dicho.
-Ya está.
-Quítate el camisón y enséñame las tetas.
-¡¿Qué?!
-Que hagas lo que te he dicho.
Se quitó el camisón y no solo le enseñó las tetas, le enseñó también el coño, ya que no llevaba ropa interior.
-Acércate a la cama.
Se acercó a la cama. Alicia se sentó en el borde de la cama vistiendo otro camisón blanco de franela como el de Nieves, se quitó el camisón y en pelota picada, le dijo:
-Magrea mis tetas.
Le echó las manos a las tetas y se las magreó.
-Tengo unas tetas cojonudas. ¿A qué sí?
-No me humilles más.
-¿Jode ser humillada? No haberme humillado antes a mí.
-Eres una perra vengativa.
-Sí, y lo estoy disfrutando. Ahora juega con mis pezones como si estuvieras jugando con los tuyos.
Nieves le cogió los pezones con dos dedos de cada mano, los estrujó y luego giró los dedos alrededor de ellos. Al poco le dijo:
-Ahora usa la boca.
Nieves intentó zafarse.
-¿Y si le digo yo a mi padre lo que me estás obligando a hacer?
-Al contarle lo tuyo con tu hermano no creerá lo que le puedas decir.
-Puta.
-Sí, soy una puta y me gusta serlo. Mama mis tetas y lame y chupa los pezones y las areolas.
Le dio un repaso a las tetas que le dejó los pezones duros cómo el acero. Alicia se metió un dedo en la vagina, lo sacó, lo se lo puso debajo de la nariz, y después le dijo:
-Huélelo.
Lo olió.
-¿A qué huele?
-A puta.
-Chúpalo.
Lo chupó.
-¿A qué sabe?
-A puta.
-A ver el tuyo a que sabe.
Le echó las manos a la cintura y le lamió el coño. La lengua se le pringó de jugos.
-Estás empapada y tienes el coño más rico que he probado. ¿Quieres correrte en mi boca?
-No.
-En ese caso arrodíllate y come tú el mío que yo si quiero correrme en tu boca.
Nieves deseaba comerle el coño, que se corriera en su boca y luego correrse ella en la boca de Alicia, pero le entró un taque de dignidad.
-No voy a arrodillarme ante ti, puta tortillera. Dile a mi padre lo que te salga del coño, que yo le contaré lo que me salga del mío.
Pilló el camisón en el piso y con él en la mano derecha se fue a su habitación, allí, tiró el camisón en el piso, se echó sobre la cama, echó las manos a las tetas, cerró los ojos y pensando en sus manos eran las de madrastra, las magreó, luego flexionó las rodillas, abrió las piernas de par en par y sin dejar de magrear las tetas con una mano se masturbó con dos dedos de la otra hasta que se corrió.
Al acabar dijo:
-Mañana te voy a dar coño hasta que te hartes, putona.
En la otra habitación, Alicia, se chupó los dedos después de correrse en ellos y luego dijo:
-Acabaré follándote, golfa.
Ninguna de las dos le dijo nada a Eugenio. Al mediodía le llevó la comida Miguel y por la noche le llevo la cena Eugenio, que se había ahorrado un vestido y unos zapatos.
A la mañana siguiente Nieves le llevó de nuevo el desayuno. Encima de una silla había un vestido y unos zapatos. Al ponerle la bandeja sobre la mesilla de noche le dijo Alicia:
-Ese vestido y esos zapatos son para ti.
-Mi padre...
-Tu padre no tiene nada que ver en esto, fue tu hermano quien compró el vestido y los zapatos y lo hizo con mi dinero.
-¿Y se puede saber por qué?
-Es mi forma de disculparme por haberte hecho pasado un trago tan amargo como el que te hice pasar ayer.
-Tan amargo no fue.
-Me alegra oírte decir eso.
Nieves cogió el vestido azul, lo levantó, lo miró y con una sonrisa de oreja a oreja, dijo:
-Es precioso.
-Preciosa eres tú. ¿Tu hermano está en casa?
-No, se ha ido a ordeñar la vaca.
-Sabes.
-¿Qué?
-Quisiera que lo hicieras conmigo de propia voluntad.
-¿Hacer qué?
-Follar.
Hizo como si no la hubiera oído.
-Me voy a probar el vestido y los zapatos.
Se quitó el vestido viejo y quedó en bragas y sujetador.
A Alicia le empezó a oler bien la cosa.
-Te quedaría mejor si lo probases sin nada debajo.
Nieves se dejó ir.
-¿Tú crees?
-Sí.
Se quitó el sujetador y las bragas, agarró su teta derecha con las dos manos, miró para ella, y dijo:
-¿Este puntito que tengo aquí es una peca o un lunar?
Alicia le siguió el juego.
-Desde aquí no lo veo.
Fue junto a ella.
-No es una peca ni es un lunar, podría ser una manchita de chocolate.
Nieves siguió jugando.
-Pásale la lengua a ver si sale.
Le pasó la lengua por la teta donde estaba la supuesta mancha de chocolate, luego le mamó la teta y después le dijo:
-Tienes otra en los labios.
-Pásale la lengua a ver si sale.
Le pasó la lengua por los labios y luego se devoraron las bocas con ansia viva. Después, Nieves, la destapó y se echó a su lado para comerle las tetas, pero Alicia no le dejó. lamió los pezones de las tetas de Nieves, y luego los mordió con sutileza antes de succionarlos, al succionarlos se fueron haciendo cada vez más grandes y poniéndose más y más duros. Nieves le metió dos dedos dentro del coño y la masturbó para hacer que se corriera mientras su madrastra le trabajaba los pezones. No esperaba que la que se iba a correr iba a ser ella. Fue de repente, sintió el cosquilleo en los pies, que le subía, que le subía..., y explotó.
-¡Me corro
Al acabar de correrse, se besaron, luego se arrodilló entre sus piernas teniendo cuidado de no tocar su tobillo. Le lamió el coño de abajo a arriba. Alicia movió la pelvis al mismo ritmo de la lengua, luego lo movió cada vez más aprisa y se corrió en la boca de Nieves, retorciéndose y gimiendo cómo una loca.
Estaba Nieves limpiándole el coño con la lengua cuando entró Miguel en la habitación.
-¡Bonita estampa la que estoy viendo!
Nieves se puso roja como un tomate maduro. Alicia la iba a devolver a su blanca palidez cuando dijo:
-Contigo la estampa será más que bonita, será preciosa.
Nieves era rápida pensando.
-¡Así que era Alicia la mujer que estabas follando!
-Sí, era Alicia.
-¡Qué cabrón! Le metías los cuernos a papá y me los metías a mí.
-Lo mismo que estás haciendo tú ahora. ¿Me desnudo?
Nieves no estaba tan enfadada como parecía.
-Si te parece, ponte un abrigo.
El trío
Miguel se desnudó y se metió en la cama entre su madrastra y su hermana con la polla tiesa y los huevos llenos de leche. Su hermana le echó la mano a los huevos, su madrastra le cogió la polla y las dos le lamieron el glande, luego Nieves le chupó los huevos y Alicia le meneó y le mamó la polla. Siguió mamando la polla Nieves y besándolo Alicia, luego de besarlo le preguntó Alicia a Nieves:
-¿Ya te la metió en el culo?
-No, y desde que vi como te la metía a ti mi padre, tengo ganas de probar.
Miguel le dijo:
-Podías habérmelo dicho.
-Me daba corte, pero por lo que se ve tú no te cortaste para decirle a Alicia que la estuve espiando.
-¿Y a ti quién te dijo eso?
-Me lo dijo Alicia, no extrañándose de que haya visto como se la metía en el culo mi padre.
Alicia no quería perder el tiempo hablando.
-Déjate de cháchara, Nieves, y ponte a cuatro patas.
Se puso en posición. Miguel ya iba lanzado.
-No seas gato fogoso, Miguel, que se trata de que le guste, no de que le duela. Prepárale el culo como te enseñé.
Miguel le lamió el ojete unas cuantas veces y después lo lamió y lo folló con la punta de la lengua, lo lamió y lo follo, lo lamió y lo folló... Mientras esto hacía, Alicia, le magreaba las tetas, la besaba y le lamía la espalda. Nieves gimió de lo lindo cuando Miguel le metió el dedo medio de su mano derecha dentro del coño, luego lo sacó pringado de jugos y se lo metió dentro del culo, lo hizo despacito, pero se lo metió hasta el fondo, después le folló el culo con él y lo movió alrededor y hacia los lados para ensancharlo. Algo después le metió los dedos índice y anular en el coño y luego se los metió en el culo. Hizo con ellos lo mismo que con el dedo medio, y cuando había hecho más hueco le volvió a meter el dedo medio en el coño y después este dedo acompañó al índice y anular. Le folló el culo con ellos un rato largo. Pasado un tiempo le metió la polla en el coño para engrasarla y Nieves dijo:
-¡Ay, ay, ay, ay que me corro!
Se corrió y al correrse se derrumbó sobre la cama. Miguel la volvió a levantar, le metió de un trallazo la mitad la polla en el culo y se corrió con ella. Nieves gritó, pero no de dolor, gritó porque el placer de la corrida le había subido de intensidad.
Alicia le tapó la boca con una mano, pero ya era demasiado tarde. Ni dos minutos les llevó a varios vecinos llamar a la puerta de la casa.
Como ya he dicho, Nieves, era rápida, pensando, y lo que se le ocurrió esta vez fue asomarse a la ventana del piso de arriba y decirles a los vecinos que había visto una rata grande como un conejo.
El conejo era el que le iban a comer a Alicia, ella y su hermano cuando se fueran los vecinos, bueno, el conejo, las tetas, el culo... Se lo iban a comer todo.
Quique.
@quique que buen relato pa saludos desde Venezuela
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