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El placer de ser cornudo

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dulces-placeres
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Topic starter   [#2013]
EL PLACER DE SER CORNUDO
 
Introducción: las fotos que ilustran este relato, son en verdad una comparación entre mi persona y Carlos, protagonista de la misma
 

Ya pasé los cincuenta hace un tiempo y, si algo aprendí, es que la rutina no llega de golpe. Se instala de a poco, casi sin pedir permiso. Un día descubrís que las semanas se parecen demasiado entre sí y que los años empiezan a pasar más rápido de lo que uno quisiera.

Laura, mi esposa, acaba de cumplir cuarenta, aunque la historia que narraré empezó mucho atras. Siempre digo que el tiempo parece correr distinto para ella. Mientras yo empiezo a notar el cansancio en la espalda después de una jornada larga, ella parece tener una energía que no se termina nunca.

 
Los hijos fueron solo proyectos que alguna vez dibujamos en papeles invisibles y con el correr del tiempo fueron quedando archivados en algún lugar de nuestras memorias
Los dos trabajamos. Cumplimos horarios, pagamos cuentas, hacemos las compras, organizamos la casa y, como cualquier matrimonio después de tantos años, encontramos un equilibrio entre obligaciones y pequeños momentos para nosotros.
Pero si hay algo que distingue a Laura es que nunca puede quedarse quieta.

Va al gimnasio varias veces por semana. También hace natación, clases de fitness y cualquier actividad nueva que le despierte su curiosidad. Siempre tiene algún desafío por delante: una carrera de cinco kilómetros, una clase diferente o un entrenamiento que encontró en internet y quiere probar.

A veces la miro y me pregunto de dónde saca tanta energía.

Yo, en cambio, soy más simple. Disfruto de una buena cena, de una película un viernes por la noche o de sentarme en el patio con un vaso de vino cuando termina el día. Ella necesita moverse; yo necesito descansar.

Y, sin embargo, nos seguimos queriendo.

Claro que los años cambian las cosas. Las conversaciones ya no son las mismas que cuando nos conocimos. Las sorpresas son menos frecuentes y muchas veces sabemos lo que el otro va a decir antes de que abra la boca.

No es algo malo. Es, simplemente, la vida.

Si alguien me hubiera preguntado entonces si era feliz, habría respondido que sí. Tenía un trabajo estable, una mujer a la que seguía admirando y una vida tranquila.

 
Siempre me gustó mirar a Laura. No hablo de verla por costumbre, sino de detenerme a observarla como si todavía fuera aquella mujer que conocí años atrás. Porque Laura es como un vino que se añeja, con el paso de los años mas interesante se pone

Tiene una belleza imposible de ignorar. Es de esas mujeres de curvas generosas, con una presencia que llena cualquier lugar al que entra. El gimnasio, la natación y el entrenamiento constante le dieron un cuerpo firme, pero sin perder esa feminidad que siempre la caracterizó.

Su culo en especial nunca pasa desapercibido, generando deseos en los hombres y envidias en las mujeres

Lo sé porque también veo cómo la miran los demás.

En el supermercado, en un restaurante o cuando salimos a caminar. Algunos apenas disimulan; otros creen que nadie los nota. Yo sí los noto.

Y, para sorpresa de muchos, nunca me molestó.

Al contrario.

Con el paso de los años descubrí que había algo en mí que no terminaba de comprender. Saber que otros hombres la encontraban atractiva despertaba una mezcla extraña de orgullo, curiosidad y una emoción difícil de explicar.

Con el tiempo esas ideas empezaron a transformarse en fantasías.

Me imaginaba situaciones que nunca habían ocurrido. Escenarios inventados que solo existían en mi cabeza y que, por alguna razón, me resultaban intensamente estimulantes. Me preguntaba cómo sería verla despertar el interés de otro hombre, cómo reaccionaría ella, qué sentiría yo.

Eran solo pensamientos. Nada más.

Lo curioso era que no me los guardaba.

Una noche, mientras conversábamos sin apuro después de cenar, terminé confesándole lo que pasaba por mi cabeza. Esperaba que se riera o que cambiara de tema.

Laura hizo exactamente eso.

Se rió.

—Vos estás loco —me dijo entre sonrisas.

A partir de entonces, de vez en cuando, volvía a sacar el tema. Siempre como un juego, como una conversación imposible que jamás abandonaba el terreno de la imaginación.

Ella nunca compartía esas fantasías, al menos en esos días

Me escuchaba, negaba con la cabeza y terminaba diciendo que esas cosas no eran para ella. Que prefería no darles importancia.

Sin embargo, también empecé a notar que ya no cambiaba de tema tan rápido como antes, a veces me hacía una pregunta, otras, simplemente sonreía con esa expresión que nunca lograba descifrar.

En ese momento pensé que solo estaba siguiéndome la corriente para divertirse un rato, no tenía idea de que, sin buscarlo, esas conversaciones estaban sembrando una semilla que más adelante cambiaría nuestras vidas. 

 
 
Y fue Laura quien pronunció su nombre por primera vez

—Llegó un compañero nuevo a natación. Es colombiano.

No le di demasiada importancia. En las actividades que hacía siempre aparecía alguien nuevo y, por lo general, el comentario terminaba ahí. Pero esta vez fue distinto.

Los días siguientes volvió a mencionarlo. No porque fueran amigos, sino porque, según ella, era imposible no notarlo. Tenía un acento pausado, amable, de esos que convierten cualquier frase en algo agradable de escuchar. Además, su presencia llamaba la atención desde el primer momento.

Era un hombre de piel negra, alto, de físico trabajado por años de entrenamiento y con una tranquilidad que, según Laura, hacía que todos terminaran hablándole.

Nadie sabía demasiado de él, algunos decían que había llegado hacía poco al país por trabajo. Otros aseguraban que había vivido en distintas ciudades antes de instalarse allí. Lo cierto era que nadie conocía realmente su historia. Y a él tampoco le gustaba contar de su vida

Solo era Carlos, el colombiano nuevo de natación.

Yo nunca lo había visto.

Todo lo que sabía de él era porque Laura me lo contaba al regresar de entrenar. A veces mencionaba alguna anécdota del grupo y él aparecía entre los nombres. Otras veces comentaba que había ayudado a organizar una clase o que había hecho reír a todos con alguna ocurrencia.

No había nada extraño en eso, al menos, eso me repetía, y sin embargo, me sorprendía esperando que volviera a nombrarlo. Cada detalle que Laura contaba iba dibujando en mi cabeza la imagen de un hombre al que ni siquiera conocía. Y cuanto más escuchaba, más curiosidad sentía por él.

No era desconfianza, era algo difícil de definir.

Como si, sin darme cuenta, una de aquellas fantasías que tantas veces había imaginado estuviera encontrando, por primera vez, un rostro y un nombre, y eso despertó en mí una sensación completamente nueva, una mezcla de inquietud, curiosidad y expectativa que no supe interpretar... o quizás preferí no hacerlo.

 
Con el correr de las semanas, Carlos dejó de ser simplemente "el colombiano de natación".

Su nombre empezó a aparecer con demasiada frecuencia en las conversaciones de Laura. No era porque buscaran verse fuera del grupo ni porque existiera una amistad especial. Simplemente coincidían en los entrenamientos y él tenía una personalidad imposible de ignorar.

—Es muy seguro de sí mismo —me dijo una noche mientras preparábamos la cena—. Habla con todo el mundo como si conociera a la gente de toda la vida.

También me contó que solía halagarla sin demasiados rodeos. Comentaba que estaba en excelente forma, que irradiaba energía y que llamaba la atención cuando llegaba al natatorio.

Laura siempre le respondía con distancia, aunque admitía que aquella forma tan directa de expresarse la sorprendía.

En el grupo, Carlos era motivo de bromas constantes. Los demás lo cargaban por su confianza y por las historias, probablemente exageradas, que circulaban sobre él. Nadie parecía tomarlas demasiado en serio, pero alcanzaban para convertirlo en el centro de muchas conversaciones. Es que Carlos, segun decian, tenia una pija terrible, y esas cosas no se mantienen ocultas

Yo escuchaba cada relato con una atención que ni yo mismo entendía.

Lo que para cualquier marido habría sido una simple anécdota, para mí despertaba algo distinto. Mis viejas fantasías comenzaban a mezclarse con una persona real, con alguien que existía y que formaba parte de la rutina de Laura.

Una noche, después de un largo silencio, me animé a decirle:

—¿Creés que podrías conseguirme su número? Me gustaría hablar con él alguna vez.

Laura dejó de hacer lo que estaba haciendo y me miró como si no hubiera entendido la pregunta.

—¿Hablás en serio?

Asentí.

Ella negó con la cabeza y soltó una risa incrédula.

—Cada día me sorprendés más.

Durante varios días el tema quedó ahí. Pensé que lo había olvidado.

Hasta que una tarde, al volver de natación, dejó su teléfono sobre la mesa, me miró con una mezcla de curiosidad y resignación, y dijo:

—Al final... conseguí el contacto. Ahora decime qué pensás hacer con él.

Ni ella misma parecía convencida de haber dado ese paso. 

 
Agendé su número y luego no supe que hacer, escribí y borré, pensé la situación, y cuando uno no tiene experiencia pues solo todo es difícil. 
 
Laura me preguntaba cada tanto
 
—Y? ¿Le escribiste?? - levantando una ceja en la pregunta
 
Y lo máss loco, lo que máss me calentaba, era adivinar que Laura tenía un interés oculto por toda la situación. No se lo preguntaba a viva voz, tampoco ella lo confesaba, pero por algo nos conocíamos tanto y tan bien
 
A veces iba por otro lado, tanteando mi reacción
 
—Sabes que hoy me acalambré en la parte profunda de la pileta, deci que estaba Carlos cerca y me sacó, sabes las manos que tiene!!!
 
Y a veces era más directa, más punzante
 
—Lo que dicen de Carlos parece que es cierto... no sabes cómo se le marca la verga!!!!
 
O...
 
—Cada vez que me descuido, lo sorprendo a Carlos mirándome las tetas... o el culo...
 
Solo la escuchaba y noté que se estaba cerrando la trampa que siempre había imaginado en mi cabeza, y solo me faltaba una parte de la historia... Carlos
 
Asíi fue como una tarde me animé a escribirle
 
—Hola, soy Alfredo, el marido de Laura, tu compañera de natación
 
Las tildes del WhatsApp pasaron de inmediato a azules y sentí el corazón salirse por mi boca
 
—Hola amigo! ¡Un gusto! ¡Que hermosa mujer que tienes! Te felicito
 
La respuesta fue inesperada, directa y solo empezamos a escribirnos, primero con respecto, preguntándonos cosas de la vida que en verdad poco importaban
 
Pero inexorablemente las cosas fueron para donde ambos esperábamos que fueran, hablando casi con exclusividad de los tres. Y me metí en la excitación de entender que esto estaba cercano a dejar de ser una fantasía, esto tenía forma, tenía peso
 
Laura se convirtió en centro de nuestras charlas, le empecé a pasar fotos íntimas de ella, fotos que yo le tomaba, sus tetas, su concha, su culo
 
—Amigo! - siempre me llamaba de esa manera, nunca por mi nombre - que hermosa mujer que tienes!
 
—Te parece? ¿Que le harías?
 
—¿Me la cogería toda delante tuyo, te gustaría ver eso?
 
—Si!!!! - le retrucaba - me gustaría ver cómo le haces el culo! ¡Como te la chupa! 
 
—Ayer en la piscina le miraba el culo y me acordaba de vos hermano!!!
 
Y en estas conversaciones casi siempre terminaba masturbándome, porque siempre eran así, calientes, posibles, me quemaban la cabeza de una manera que nada podía hacerlo
 
 
Una noche como cualquiera ya estábamos en la cama, Laura miraba su celular, yo el mio, en una rutina que ya se había instalado en nosotros, y fue cuando él me ecribio
 
—Que haces?
 
Le respondí un poco que lo de siempre, nada en especial
 
—Estas con ella?
 
—Si... - solo eso, sin querer imaginar más, pero con los dedos temblorosos-
 
Una imagen empezaría a descargarse, su verga, enorme, mas del doble de la mía, en largo, y en ancho, negra como la noche, intimidante, impensado. Me quedé como un tonto, sin saber cómo reaccionar, porque era... solo indescriptible
 
—Mostrale... dile que ahora estoy así por ella...
 
Trague saliva...
 
—Laura...
 
—Sí?
 
—Mira...
 
Ella miró incrédula, y leyó lo escueto de la conversación, sus ojos se abrieron, por asombro, por incredulidad y también por deseo
 
Llevó su mano a mi verga por debajo del calzoncillo y empezó a masturbarme
 
—Te gusta? - pregunto
 
—A vos te gusta? - replique
 
—Es enorme eso!!! Vos pensas que cabrá en mis agujeritos? ¿¿¿¿Te gusta imaginar eso????
 
Me sentí fatal porque yo no había insinuado al respecto, ella no entraba en la ecuación, pero ella misma se había sumado al juego
 
—Queres imaginar? Queres que te cuente lo que haría tu mujercita con esa verga enorme???
 
Ella solo se subió y empezó a cabalgarme mientras me narraba una historia en el oído, ella, Carlos, y yo solo mirando
 
Me vine con ganas, con fuerzas, con locura, y solo algo estaba claro después de ese momento... teníamos que hacerlo
 
 
Las cosas solo se terminarían dando, como suele pasar. Éramos tres piezas en un rompecabezas donde cada cual tenía su rol definido. Todo encajaba
 
No era el punto de llegada
 
Era el punto de partida
 
Y ese fin de semana de agosto no sería un fin de semana más, seria 'el' fin de semana. 
 
Habíamos aclarado lo necesario para que las cosas fluyeran, el alfa, el beta, la puta, quien daría las ordenes, quien no tendría ni voz ni voto, y los límites... ciertamente, no había límites
 
El viernes cumplimos con rigor nuestras jornadas laborales, un día en el que estuve disperso porque obviamente mi imaginación corría a la velocidad de la luz
 
Cuando llegue a casa Laura me estaba esperando, tenía mi primer trabajo para hacer, depilarla por completo para satisfacer al bull
Así lo hice, la encreme, y la rrasuré con prolijidad, como si fuera para mí, aunque no lo fuera
 
Fue por una ducha, luego mi turno
 
Cuando salí del baño Laura estaba con un corpiño negro calado, una tanga diminuta en varias tiras que no dejaba demasiado a la imaginación, medias de red que cubrían hasta sus muslos y unos finos zapatos de tacos altos
 
Tragué saliva, ella era perfecta, ella era todo lo que estaba bien, se delineaba las pestañas frente al espejo y al notar mi presencia dijo
 
—Qué te parece? Espero que a Carlos le guste...
 
Yo solo la seguí en silencio, es que sonaba tan natural. Digerir que se preparaba para otro preguntándole a su marido, sonaba loco
 
—A propósito - dijo - hablando de Carlos, me dio algo para vos...
 
Fue hasta su mesa de luz y sacó lo que comúnmente se llama una jaula de castidad
 
—No quiere correr riesgos, me dijo que no puede haber dos toros en un corral, y que es parte de lo que toca
 
Se sentó al borde de la cama, tomó mi pequeño pene y lo encerró en esa prisión de metal, estaba frio
 
Ella me miró a los ojos y guardó la llave en su cartera de mano, y en ese momento noté que estaba perdiendo el control, las cosas ya no se hacían como yo decía, las cosas solo fluían, y me di cuenta que esta Laura, era otra Laura
 
Me sentí indefenso, como ese perro que le ponen un bozal antes de llevarlo a su ronda, me cambié sin decir nada, Laura, solo se puso su aabrigo, así como estaba, casi desnuda por debajo y sentí que mi corazón iba a estallar. Era muy de película erótica, pero era lo que ella armaba a su antojo
 
Conduje hasta la casa de Carlos, sería mi primer encuentro con él, y Laura, a mi derecha solo miraba por la ventanilla, relajada, tranquila, en paz
 
Llegamos y Carlos resultó más impactante en persona que en fotos, me estrechó la mano y largó un 
 
—Bienvenido amigo!
 
Ya dentro y con una temperatura amena por los calefactores, Laura soltó su abrigo y lo dejó a un costado, impiadosa, sin recato, casi desnuda como una puta regalada frente a los ojos de ese moreno, como lo había imaginado, como me gustaba
 
Hicimos una cena rápida sin muchas vueltas, cruzamos las palabras necesarias, las imprescindibles, porque los tres teníamos otros planes en mente
 
El reloj de pared daba casi las doce de la noche cuando Laura dejó su lugar y sentándose sobre las piernas de Carlos dijo
 
—No aguanto más la situación... estoy toda mojada, se supone que vamos a hacerlo cierto?
 
Empezaron a besarse, muy profundo, muy caliente, ella desnudó el pecho moreno y marcado de Carlos, y el empezó a recorrerla con sus manos, toda esa mujer que era solo mía de repente ya no lo era, sus piernas, sus nalgas, su cintura, sus tetas
Poco a poco se fueron entrelazando y yo solo observando lo que sucedía
 
Carlos se incorporó de repente con fuerza animal, Laura entre sus brazos, y me dijo
 
 
 
—Seguime... vamos al cuarto
 

Ya en la habitación, tomé mi rol pasivo, como quien se sienta en un cine a ver esa película que tanto tiempo había esperado, y los actores estaba ahí, para mi
Laura se sentó al borde de la cama, soltándose el corpiño a pedido de Carlos, sus pechos brillaron en la penumbra del lugar.
Mientras tanto el terminó de desnudarse, y ahí si cayeron todas las barreras, ¡que pija enorme que tenía el animal!
Solo empezó a jugar con firmeza pasándosela por las tetas a mi esposa, por los pezones, por una, por otra, era imponente
Laura me miró con cara de puta, como haciéndome adivinar lo que seguía, como si mi aprobación o mi negación tuviera algún peso en lo que ocurría
Solo se la agarró con una mano y empezó a chupársela, lento, sin prisa, como disfrutando y excitándose al mismo tiempo
—Te gusta amor? No sabes lo dura que está
Carlos le dijo algo como que era una puta y pareció estar ofendiéndome a mi más que a ella
Solo tenía mi pija dura, encerrada en esa cárcel imposible de evadir, dolía 
Mi mujer entonces se sacó la tanga diminuta y como un trofeo se la colgó en la pija de su amante, se recostó y se abrió toda
—Dale! Quiero saber que se siente tener una pija de verdad! Haceme gritar!!!
Carlos lo hizo, se la metió hasta donde entró, ella arqueó la espalda y contuvo un suspiro prolongado, giró la cabeza a mi lado, me miró nuevamente
—Esto es lo que querías?
Por unos minutos cogieron con rudeza, como si yo fuera parte de un decorado, una planta, como si yo no existiera. Los gemidos, los gritos y los orgasmos de mi esposa llenaron la habitación, sonidos que yo mismo jamás pude arrancarle, porque definitivamente él jugaba en otra liga
Solo tragaba saliva con el corazón latiendo muy fuerte, la transpiración poblaba mi frente
En algún momento pararon y Carlos en plena ebullición dijo
—No deberíamos dejar al cornudo fuera… algo debería hacer
—De acuerdo -dijo mi mujer- a ver… quiero que le saques la tanga mía que aún tiene Carlos colgando… pero con los dientes…
Laura, extrañamente parecía ser la más se excitaba con la humillación que me daban
 Carlos me miró a ver que hacía yo, y recordé mi rol Beta, me acerqué. Su verga enorme estaba llena de los jugos de mi mujer, y la tanga negra aun colgando, como ella la había dejado
Como pude la tomé entre mis labios, y esa pija quedó a milímetros de mi rostro. Sentí la risa de Carlos, como dominando todo, y Laura observando con una expectativa que no le conocía
Cuando al fin salió, Laura ya estaba en cuatro, esperando el próximo acto
Fue cuando Carlos se colocó un preservativo que no alcanzaba a cubrirlo por completo, se puso detrás de mi mujer y empezó a cogerla otra vez
—Que hermoso culo que tenes Laura!!! ¡¡¡Siempre quise tenerte así!!! ¡¡¡Dale perra!!! grita!!!
—Vení amigo! -me dijo sin dejar de cogerla- necesito tu ayuda… 
Me dio un pote con vaselina y me pidió que con mis dedos fuera untándole el culo mientras el seguía con el mete y saca
No puedo describir con palabras, pero esa serpiente enorme la hacía estremecer y yo le metía los deditos por el trasero y hasta lo sentía moverse del otro lado, primero uno, luego dos, y también tres, hasta que todo estuvo listo
Carlos sacó su verga y me dijo
—Vamos amigo, ayúdame… no puedo con todo…
Entendí que era lo que quería, mientras él le abría las nalgas, yo tomé su verga en mi mano y la apunte en el recto de Laura
Poco a poco se fue abriendo, poco a poco fue cediendo, hasta que entró hasta la mitad. Laura gritaba hasta con ronquera, apretaba las sábans entre sus puños, le decía que era un animal, una bestia, y eso erosionaba mi ego, el le decía que era una puta y que seguro nunca le habían hecho el culo de esa manera
Carlos se la sacaba cada tanto, solo para que viera como la estaba dejando, su esfínter ya no se cerraba y esa humillación me enloquecía, una y otra vez, hasta que al final, él se vino
Me recosté, lleno de gozo, y Laura comenzó a besarme dulcemente y a acariciarme los cabellos, a un lado, la enorme verga de Carlos esperaba, con el preservativo lleno de leche
Laura me dejó por un momento y fue por ese preservativo, volvió a mi lado, me beso, y luego, desde arriba, comenzó a vaciar toda la leche de Carlos en mi boca, con sumo cuidado de que nada escapara
Era loco, insano, pero me llevó a ese punto de locura, de tener que beber hasta la última gota de leche tibia de su amante, la sentí en mi boca, en mi garganta, y luego, el beso final
Ella se río entonces, salió del cuadro y sin muchas vueltas me dijo
—Listo amor, es hora de que vuelvas a casa, es tarde…
No entendí bien a que se refería, entonces Carlos dijo
—Laura y yo planificamos coger todo el fin de semana, así la dejo bien satisfecha
El camino de regreso en solitario se hizo más largo que de costumbre, incluso ni me percaté de que Laura se había quedado con la llave de mi jaula de castidad
Ese sábado y ese domingo se me hicieron eternos, me la pase viendo porno de ese estilo y teniendo orgasmos improvisados porque mi pene seguía en prisión
Ella llegó tarde, casi a la hora de la cena, tenía una cara de puta satisfecha que jamás había pensado verle
—Todo bien? -pregunté- que hicieron todo este tiempo?
—De verdad queres saberlo pequeño? Solo te voy a decir que lo conseguiste, ahora tu mujer es una puta
 

Y ese solo sería el comienzo de la historia, abrir la primera de muchas puertas
Carlos fue el primero, pero hubo y hay muchos más Carlos hasta el presente, y los seguirá habiendo
Es un poco nuestra rutina, imaginar, verla coger con otros, y como dijo, ya no es mi mujer, ahora solo es una puta
Es la vida que elegí, llevo en mis labios como firmas tatuadas los sabores a semen de sus amantes, y hoy solo ando buscando por la vida quien será el próximo Carlos
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