Incesto en la pisci...
 
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Vaciar todo

Incesto en la piscina

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José
(@quique)
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                                    La borrachera

Darío, mi padrastro, que era abogado, se había roto una pierna jugando al fútbol de veteranos y tuvo que guardar cama un tiempo. Aurora, mi madre, trabajaba y no podía atenderlo. Mi padrastro no quería extrañas en casa, por eso ni servicio doméstico tenían, así que mi madre me pidió ayuda.

Yo lo había acabado con novio recientemente y estaba en el paro. No me voy a describir, pero mi novio decía que mi cara y mi cuerpo eran muy parecidos al de la venus de Urbino del pintor Tiziano.

Conocía el chalet porque había vivido en él, o sea que no tenía que preguntar a mi padrastro donde estaban las cosas, ya que sabía donde estaba todo.

Los primeros tres días todo fue de maravilla, pero al cuarto día las cosas cambiaron, y la culpa fue de Darío, pues se pasó de listo.

Ese día llegué al chalet a las nueve de la mañana. Fui al cuarto de mi padrastro y lo encontré machacando su enorme polla. Con mala cara, le dije:

-Eso ya lo he visto hacer más veces. ¿Qué esperabas? ¿Esperabas que me calentara?

Se tapó y me mintió.

-No sabía que ya eran las nueve.

-Lo sabías y lo has hecho adrede.

Darío siguió negándolo.

-No te montes películas. Ya te he dicho que no sabía que hora era.

Estaba mintiendo con descaro, pues yo había dado un portazo al entrar para que supiera que había llegado.

-Cuando vuelva mi madre, dile que busque a otra mujer. Me voy.

Me imploró.

-No te vayas, por favor, no te vayas.

Me di la vuelta y me fue dejándolo desvalido y con la polla en la mano. Lo dejé tan cortado que seguro que ni la paja terminó de hacer.

Esa tarde volví, y fue para decirle:

-¿Las malas noticia las quieres recibir de golpe o con rodeos?

-Ni de golpe ni con rodeos, no las quiero recibir.

-Vale, no te las daré.

-Déjate de hostias que esto ya me huele a cuerno quemado.

-Ahí le has dado, ahí le has dado.

-¡No!

-Sí, mi madre no va a volver a casa.

-¡¿Le has dicho lo de la paja?!

-No le he dicho nada. La paja se la debía estar haciendo ella a su socio porque se va a vivir con él.

Darío se puso blanco, fue como si le hubieran dado una puñalada. No lloró de puro milagro. Me preguntó:

-¿Te lo ha dicho ella?

-Sí, y también me dijo que un día de estos viene a por sus cosas.

-Debe ser el karma, yo lo intento contigo y ella lo hace con otro.

-¿Has comido algo?

-Sí, he comido una buena ración de realidad.

-¿Quieres que te prepare algo?

-Se me quitó el hambre, pero antes de irte me podrías poner la botella de coñac encima de la mesita de noche.

-Así no vas a ahogar las penas.

-Lo sé, pero tengo ganas de emborracharme. Tráeme el Barbadillo.

Fui a por el coñac, se lo di, me senté en una silla y le dije:

-Sabes, cuando no se está bien juntos, lo mejor es ir por caminos diferentes.

Darío bebió a morro de la botella, y luego me dijo:

-¿Qué coño vería en ese que no tenga yo?

-Algo vería. 

-Como no sea más dinero...

Le volví a preguntar:

¿Te hago algo de comer?

-No, lo que te agradecería es que me buscaras a alguien de la familia para que me venga a atender.

-¿Cuándo te quitan el yeso?

-Aún faltan semanas y luego viene la recuperación. Me dijeron que sobre un mes, mes y algo.

-Puedo atenderte yo, pero si me prometes no volver a hacer tonterías.

-Prometido.

-Eso incluye que me devuelvas el Barbadillo

-Si te lo he prometido es porque no pienso pasar de esta noche, no te voy a dar nada.

Si se bebía todo el coñac de la botella, podía darle un coma etílico, y se le veía en la mirada que lo iba a beber.

-No digas barbaridades, sobran mujeres buenas en ese mundo, aunque mi madre no sea una de ellas.

-Vete, vete y déjame con mi culpa.

Me fui, pero a la cocina a buscar una copa. Volví, fui al lado de la cama, y le dije:

-Llénala que quiero emborracharme contigo.

-¿Y tú que tienes que olvidar?

Comencé a mentirle para ir quitándolo de su zozobra.

-A un tipo que deseo, pero que le digo que no porque no estaría bien follar con él.

Me medio la copa.

-¿Lo conozco?

Antes de responder me hice la valiente y me mandé la copa de un trago, Comenzaron a arderme las entrañas, luego mis ojos empezaron a llorar, me di aire con las dos manos y cuando pude hablar fue con la ronquera de Marlon Brando en El Padrino.

-Queeeeemaaaaaaa.

-Solo a ti se te podría ocurrir hacer algo así sin estar acostumbrada a beber.

-Me estoy mareando.

-Normal. ¿Qué esperabas?

El mareo dio paso a una euforia tal que tiempo después quise más, y el muy cabrito, más me dio... En fin, que acabé hablando por los codos.

-... Dime, Darío, lo de menear la polla era para calentarme.

-Sí.

-Pues me calentaste, sabes, es que tienes una polla grande, gorda. ¡Qué rica debe estar!

-¿Era yo el hombre que has dicho que deseabas?

-Sí.

-¿Quieres saber lo rica que está mi polla?

-Ahora no, pero todo se andará. Dime, Darío. ¿Quién fue la mujer que te lo hizo pasar mejor?

-Una amiga que tuve, fue la única que me puso los ojos en blanco. ¿Y tú, tienes algún recuerdo especial de tus relaciones sexuales?

-Sí, fue una pareja que tuve hace un tiempo. Cuando yo me ponía encima, igual me tocaba las tetas, que me tocaba los muslos, las nalgas, la cara, la espada, luego colocaba los pulgares en mi ombligo y apretaba, aflojaba, apretaba, aflojaba, apretaba, aflojaba, apretaba, aflojaba, apretaba, aflojaba... Era como si me follase la vagina y el vientre a la vez. Al principio no sentí nada extraño, pero luego cuando hundió los pulgares más profundamente sentí como se separaban mis tripas para hacerle hueco a sus dedos, como bajaba mi útero haciendo que su polla pareciese más grande. Cuando hundió más sus dedos sentí un dolor raro, un dolor placentero. Luego un gusto tremendo llegó a mi cerebro, seguido casi al instante sentí un espasmo en vagina, culo y vientre y muslos, todo a la vez.  Ese espasmo fue bestial, fue como si me mataran. El corazón se me puso a mil, hiperventilé y perdí visión. A este espasmo le siguieron seis o siete más. Quedé fatal, quedé como si me hubieran dado una paliza. Estuve temblando un rato sin poder quitarme de encima de mi pareja. Él aún no se había corrido y me siguió follando. Tardó mucho en correrse y me volví a correr, pero el orgasmo ya fue más flojo.

-Ese tipo sabía lo que hacía.

Ya no recuerdo más de esa noche. Por la mañana desperté en la cama al lado de Darío , con una jaqueca terrible y el cuerpo molido. Me senté en la cama y le pregunté.

-¿Qué pasó anoche?

-Que te emborrachaste.

-Ya lo sé, me refiero a si hubo algo entre tú y yo.

-Tienes la ropa puesta, eso ya debía responder a tu pregunta.

                                Mi sobrino Eusebio

Desde que había roto con mi novio, con el paro no me alcanzaba para los gastos del piso, así que decidí alquilar tres habitaciones. Mi idea era alquilárselas a tres mujeres porque suelen ser más limpias, pero no iba a ser así. Mi hermana me pidió por favor que acogiera a mi sobrino, ya que empezaba en la universidad y no quería que fuera a la residencia- Él fue el primero...

Dos días después, cuando regresé de hacer la compra y salí del ascensor, vi sentado enfrente de mi puerta a mi sobrino Eusebio con una maleta a su lado. Al llegar junto a él se puso en pie y me dio un beso en la mejilla. Le pregunté:

-¿Levas mucho tiempo esperando, Eusebio?

-No, acabo de llegar.

Entramos en el piso, dejé la compra en la cocina y luego lo llevé a una de las habitaciones.

-¿Te gusta esta?

-Sí, es muy bonita.

-En ese caso deshaz la maleta y acomódate.

Fui a la cocina, coloqué las cosas en su sitio y luego me fui a dar una ducha. 

Después de refrescarme volví a mi habitación, me quité la toalla que me cubría y fui al armario a coger una ropa para vestirme. La puerta de la habitación se abrió y oí una voz que dijo:

-Tía...

Me giré y vi a mi sobrino mirándome y también vi un bulto en su pantalón que segundos antes no estaba allí. Tapé las tetas y el coño con las manos.

-¡Sal de aquí, Eusebio!

Eusebio, que era moreno, alto, delgado y muy guapo, tenía sus ojos negros clavados en mis tetas. Vino hacia mí con ojos lujuriosos. Reculé hasta la cama y allí me di la vuelta para ponerme de pie sobre ella. No me dio tiempo. Me empujó. Caí boca abajo sobre la cama y él se echó sobre mí. Sacó la polla y me la metió entre las piernas.

-¡Suéltame o grito!

Me tapó la boca con una mano y le dio al culo. Con la polla deslizándose entre mis labios vaginales, dijo:

-¡Por fin pierdo la virginidad!

El iluso se creía que me estaba follando. No lo vais a creer, pero sus palabras me calentaron. Me revolví debajo de mi sobrino moviendo el culo, pero era para que me la metiera en el coño, y al final atinó, atinó y nada más meterla se corrió. Se corrió y se puso como loco, pues me dio sin medida hasta que se volvió a correr. Yo me corrí con él. Ni se enteró de que me había corrido. Siguió a lo suyo, y yo seguí a lo mío. Volví a mover el culo hasta ponerle el ojete a tiro. Al ver que entraba apretada, la metió con cuidado. Debió pensar que una cosa era desvirgarse y la otra romper la polla. Poco después ya no le importaba romperla, pues me dio con ansia viva... Me volví a correr, poco antes de que se corriera él por última vez y de se quitara de encima de mí. 

Cuando me pude dar la vuelta, estaba de pie y se guardaba la polla. Tenía la cabeza gacha, sudaba como un cerdo y estaba colorado como un tomate maduro. Me senté en el borde de la cama, y le pregunté:

-¿Te parece bonito lo que has hecho?

-Sí, fue bonito.

Era ingenuo como él solo.

-¡Fue una violación!

-Pero bonita.

No había por donde cogerlo, bueno, sí, había, pero no quería que supiera lo puta que soy, si no, no le diría:

-¡Quítateme de delante!

-¿Vuelvo a hacer la maleta?

-¿Y qué le dio a tu madre?

-¿Me puedo quedar?

-¡Qué remedio!

-¡Qué buena eres, tía!

Vino a mi lado y me dio un beso en la mejilla.

-¡Qué corra el aire!

                                 Gloria y David

Al día siguiente, después de comer en casa de Darío, fui a limpiar mi piso. Estaba limpiado cuando llamaron a la puerta, eché una ojeada por la mirilla y vi a una chica muy mona y a un chico muy guapo Abrí la puerta y les pregunté:

-¿Qué queréis?

Ne respondió el chico.

-¿Ya alquiló las habitaciones?

-Me quedan dos, pero son individuales.

Habló la chica, que era rubia, de ojos azules, estatura mediana y con un buen cuerpo.

-Individuales las queremos.

-Creí que erais novios.

-No soy de de su cuerda.

-¿Eres lesbiana?

-Sí. ¿Es un inconveniente?

-No. ¿Qué referencia tenéis?

-Somos amigos de su sobrino Eusebio.

-Algo es algo. Tenéis que pagar tres meses por adelantado.

-Antes tendremos que ver las habitaciones

-Pasad que os las enseño.

Les enseñé la habitaciones y veinticuatro horas más tarde ya se habían instalado.

Pasó el tiempo... Ya mi sobrino y sus amigos asistían a la universidad y Darío caminaba sin el yeso y sin las muletas. Solo iba al chalet para bañarme en su piscina. De la piscina llegué a mi casa vestida con un chándal y fui a mi habitación a cambiarme. No cerré la puerta porque pensé que mi sobrino, David y Gloria estaban en la universidad.

Estaba desnuda dándole el culo a la puerta cuando unas fuertes manos agarraron mis tetas y una polla empalmada se metía entre mis piernas. Dije:

-¡Qué diablos pasa aquí!

-Pasa qué te voy a follar hasta dejarte seca.

Era David, mi nuevo inquilino. Me di la vuelta y vi su cuerpo, un cuerpo perfecto, era un Adonis. Mi coño se abrió y se cerró un par de veces, pero tenía que disimular.

-¡Vete de mi habitación!

Me abrazó, apretó su cuerpo contra el mío y me dijo:

-Si has follado con tu sobrino, que en su vida había visto un coño, es porque andas necesitada.

Eusenio se había ido de la lengua y negarlo no me iba a servir de nada, así que fui al ataque.

-¡Ganas tiene tu madre, hijo de perra!

Me pegó unas quince veces con las palmas de las manos en las tetas, tetas que chocaban una con la otra.

-Si me llamas otra vez hijo de perra te arranco los pezones.

Quise saber si lo hacía.

-¡Hijo de perra!

Me agarró los pezones, apretó y tiró de ellos.

-Llámamelo otra vez si te atreves.

Me había dolido y me había gustado, así que tiré de inventiva, a ver si sonaba la flauta.

-No eres más que un come mierda.

-Ahí me has dado.

Había sonado la flauta. Me empujó encima de la cama, me levantó el cuerpo cogiéndome por la cintura y me lamió el ojete, me mordió las nalgas, y luego me penetró el ojete con la lengua. Vio mi coño goteando y me dijo:

-Eres bien caliente.

Era verdad, por eso le dije:

-Caliente tu madre, maricón.

-Tú no sabes con quién te estás metiendo.

-Sí que lo sé, me estoy metiendo con un maricón.

Se volvió a mosquear.

-Tú te lo has buscado.

Había sonado la flauta de nuevo. Puso la polla en la entrada de mi ojete, empujó hasta que llegó al fondo y después me dio con saña, me dio para romperme el culo, y no le llegaba con querer romperlo, que me nalgueó.

David tenía aguante y sabía lo que hacía, ya que no paró de darme leña hasta que sintió como mi culo apretaba su polla. Él sí supo que me estaba corriendo.

-Córrete, zorra, córrete.

Con el gusto que estaba sintiendo no podía hablar y llamarle lo que debía, pero tampoco le di la satisfacción de oírme gemir... Y nadie se puede imaginar el trabajo que me costó retener los gemidos.

Al acabar de correrme, sentí como sacaba la polla de mi culo y como la limpiaba.

-Ahora te voy a romper el coño.

Lo reté, de aquella manera.

-¿No has sido capaz de romperme el culo y quieres romperme el coño? No seas baboso.

-Baboso, tu coño.

En eso tenía razón, mi coño echaba babas que daba gusto verlo. Me metió la polla en el coño de un trallazo, y después, a trallazo limpio, me dio más leña de la que le dan a un pulpo para mazarlo. 

Mi coño llegó a estar tan encharcado que sentí como salpicaba cada vez que la polla llegaba al fondo. 

Volví a tener uno de esos orgasmos en que el cuerpo se sacude y en el que gusto es tan grande que te deja ciega unos segundos. David, se corrió dentro de mi coño.

Al acabar de corrernos salió de la cama y tuvo los santos cojones de preguntarme:

-¿Te gusta que te follen duro o es una percepción mía?

-¿Eres un abusador o es una percepción mía?

-Soy un abusador. 

-¿Y qué toca ahora si no quieres que te denuncie?

-Ir haciendo la maletas. ¿Cuánto tiempo me das para buscar otro alojamiento?

-Tienes pagado hasta que se acabe el mes. ¿Te valió la pena?

-Sí, si volviera a nacer volvería a hacerlo. Eres la mujer más ardiente que he conocido, y eso sin entregarte.

-No sé que decir a a eso.

-Di que me quede.

-Te quedas, te quedas sin habitación.

                                 Incesto en la piscina

Esa tarde estaba echada sobre una toalla de playa junto al chalet de la piscina. Llevaba puesto un bikini azul y me protegía del sol de septiembre con unas gafas Ray-Ban.

La piscina estaba en la parte de atrás del chalet y un alto muro la protegía de miradas curiosas. Me quité el bikini para que mi bronceado fuera más uniforme, y porque mi padrastro aparecería en cualquier momento y yo tenía ganas de marcha.

Darío llegó a la piscina con un bañador flojo, descalzo y con una toalla de playa en su mano izquierda. Era un hombre alto, moreno, de ojos marrones, cabello rizado, ancho de espaldas y estrecho de culo. Su torso estaba cubierto de vello, lo mismo que sus piernas, y también protegía sus ojos del sol con unas gafas Ray-Ban. Echó su toalla de playa al lado de la mía, luego se sentó sobre ella y me dijo:

-Buenas tardes, María del Carmen.

Me hice la sorprendida.

-No te esperaba tan pronto.

Mirando para mis tetas, que son grandes, con grandes areolas rosadas y pequeños pezones, me preguntó:

-Son naturales.

-¿Lo qué?

-Tus tetas.

Tapé las tetas con las manos.

-¡Me había olvidado de que me había quitado el top!

Se sentó a mi lado.

-No las tapes, tomar el sol, desnuda, es de lo más natural.

De nuevo me hice la sorprendida.

-¡¿Desnuda?!

Tapé el coño con la mano derecha y las tetas con el brazo izquierdo.

-Tranquila que no te voy a hacer nada que tú no quieras.

-¿Seguro?

-Seguro.

-Me voy a fiar.

Darío era perro viejo y sabía que lo estaba buscando.

-Aunque si quisieras te haría lo que te hizo aquel tipo que te dio el mejor orgasmo que has tenido.

-¿Qué tipo?

-El que te hundió los pulgares en el ombligo.

Recordaba habérselo dicho, pero hice como que no lo recordaba.

-¡¿Y tú cómo sabes eso?!

-De bebida se te suelta la lengua.

-¡¿Qué más te dije?!

Empezó a inventar.

-Que le hiciste una mamada que lo dejaste con las piernas temblando, que le diste el culo, me dijiste muchas cosas.

-Tú no eres él.

-No, yo te haría todo lo que te hizo él, pero comenzaría comiéndote el coño y dándote un orgasmo que te deje sin aliento.

Puse las manos en la nuca y le dije:

-Mucha lengua.

-Y experta. 

-Eso dicen todos.

A ver como quitaba las gafas de sol intuí que venía a por mi coño.

-¿Qué vas a hacer?

-Demostrarte que soy un experto usando la lengua.

-¿Y si no quiero que me lo demuestres?

-Si no quisieras que te lo demostrara, ya hubieras quitado las manos de la nuca.

Se arrodilló entre mis piernas, las separó, me echó las manos al culo, me lo levantó, aplastó su lengua contra mi coño y lamió hacia arriba. Mis labios vaginales se abrieron un poco, lamió uno, la tira de veces, lamió el otro, otras tantas veces, y luego con el coño abierto como una flor en primavera, me enterró la lengua en la vagina cantidad de veces. Después aplastó su lengua contra mi clítoris erecto, lamió hacia los lados y alrededor, cada vez más aprisa y me lo chupó en el momento que exclamé:

-¡¡Me corro!

Me dio un orgasmo de los que nublan el sentido.

Aún estaba yo buscando el aliento cuando me agarró las tetas, las juntó y lamió, chupó mis pezones y mis areolas, luego vino a por mi boca y lo recibí con la lengua ávida de guerra. Después de darnos un rosario de besos. Me entraron ganas de comerlo vivo, y yo las ganas, no las aguanto. Me puse encima de él, le lamí los pezones y luego el ombligo. Le quité el bañador y empuñé su polla, empuñar es un decir, porque mi mano no la abarcaba, pues eso, cuando la empuñé estaba tiesa y tenía el glande mojado de líquido pre seminal, lamí el frenillo del cabezón y de su meato salió más líquido pre seminal. Lo masturbé y salió más líquido. Luego metí el cabezón en la boca y se lo mamé, agarrando la polla por la base y sin masturbarlo. Mi padrastro comenzó a gemir como una nena. Mi mano dejó la base de la polla, fue a sus pelotas y las acarició mientras le mamaba el cabezón.

-Me voy a correr en tu boca, María del Carmen.

No dejé que se corriera, dejé de mamar y le puse el culo en la boca para que me lamiera el ojete, y no solo lo mamó, lo lamió y lo folló. Después me puse a horcajadas sobre él, froté la polla en el ojete y luego fui metiendo el cabezón, lentamente. Estaba el cabezón casi dentro de mi culo, cuando dijo:

-¡Me corro!

No hacía falta que lo hubiera dicho. Sentía en mi culo las pulsaciones de su polla y la leche calentita, esto me puso tan perra que froté mi clítoris con tres dedos y con la polla enterrada en mi culo me corrí como una loca.

-¡Qué gustazo!

Después de corrernos, no paré. Quería acción. Quería romper aquella tranca culeándola y que la tranca me rompiera el culo. Lo follé con mala hostia. Hasta mordía la lengua mientras le daba caña. Le negué los besos y las tetas... Las tetas las exprimía yo, las exprimía y apretaba y tiraba de los pezones. Mi padrastro me estaba viendo como era, lujuriosa, loca, estaba viendo la puta que llevaba dentro, y le gustaba lo que veía. Acaricio mi clítoris con la yema de su dedo pulgar, y mirándome a los ojos, me dijo:

-Corrámonos juntos, amor.

No sé por qué, pero llamarme amor, aceleró la llegada de mi orgasmo.

-¡Me corro, me corro, me corro!

-¡Y yo!

Mi orgasmo fue brutal, fue de esos que dejan huella en el recuerdo, y en el culo, ya que me quedó ardiendo. La corrida de mi padrastro le iba a dejar la polla que daba pena verla. Pero bueno, quedé tan exhausta que no me quedaron ganas de más, lo de los pulgares lo dejaría para una próxima vez.

 
                                      Montoneros
 
Desde que le había dicho a David que se tenía que buscar la vida, notaba el ambiente enrarecido. Me olía que algo tramaban, pero fueron transcurriendo los días y nada extrañó ocurrió, hasta aquella noche que regresé del cine y encontré a mi sobrino, a Gloria y a David dando cuenta de un par de pisas. Mi sobrino me preguntó:

-¿Un par de trozos de pizza, tía?

-¿De qué son?

-Una de anchoas y champiñones y la otra de ternera con salsa barbacoa.

-Probaré la de anchoas.

Me extrañó que estuvieran tan contentos, por qué aún no habían abierto las latas de cerveza, pero no le di importancia. Después de la pizza de anchoas tomé un trozo de la pizza de barbacoa. No me había sentado a la mesa, estaba comiendo de pie. Gloria me ofreció de beber.

-¿Una cerveza, patrona?

-Sí, gracias.

No me dejaron ni terminar la cerveza. David y Eusebio se levantaron de la mesa y me cogieron de las muñecas. Gloria me quitó la cerveza de la mano.

-¡Me olía que tramabais algo, montoneros!

David y Eusebio me besaron el cuello y me lamieron las orejas. Gloria me quitó la falda, me bajó las bragas. David me dijo:

-Nosotros vamos a hacerte una doble penetración y Gloría te la quiere comer. No te resistas  si quieres pasarlo bien.

A ver, mi sobrino y David ya me había follado y sabía lo que había. Gloria ni me ponía ni me dejaba de poner, y como mi mayor fantasía era ser follada por dos hombres dándome uno  por delante y otro por detrás, pues le dije:

-¿Me serviría de algo resistirme?

-No.

Me llevaron de la mano a la habitación de Gloria, allí se desnudaron los tres. Luego, Gloria, me quitó  la blusa y el sujetador y quiso besarme. Como no le correspondí me dio una bofetada.

-¡Plassss!

-¡Te dijeron que no te resistieras!

 -Se la devolví.

-¡Plassss!

-Y no me voy a resistir, con ellos, puta tortillera.

 Me escupió. Le escupí. Me empujó sobre la cama. Quiso estrangularme. La agarré por los pelos y tiré hasta quitármela de encima. Nos revolcamos en la cama tirándonos de los pelos, y entre revolcones nuestros labios se rozaron. Nos quedamos mirándo. Me metió la lengua en la boca, y no sé qué me pasó, que se la devoré, bueno, sé lo que me pasó, fue que con el dolor que sentí al tirarme de los pelos, me puse cachonda, si me pondría cachonda, que luego de devorarle la boca, dejé que me devorara ella el coño. Yo, que de lesbiana tengo tanto como una col, me estaba dejando comer el coño por otra mujer.

Con la calentura me había olvidado de mi sobrino y de David. Subieron a la cama uno por cada lado, se arrodillaron y me pusieron las pollas en los labios, al tiempo que me magreaban una teta cada uno. Agarré las dos pollas y fui mamando de una a la otra, las mamé y las masturbé.

Tiempo después, Gloría, aceleró los movimientos de su lengua en mi coño, sentí que me iba a correr, y para que siguiera acelerando, le dije:

-¡Para, para, para qué me corro!

Siguió acelerando y derramé en su boca.

-¡Me corroooo!

Tuve otro delicioso orgasmo, no muy intenso, pero largo.

Yo cuando me corro con un orgasmo muy potente quedo baldada, pero cuando tengo uno como el que acababa de tener, me quedo con ganas de más, por eso cuando mi sobrino se puso boca arriba y extendió sus brazos hacia mí, fui, lo monté, le agarré la polla, la metí dentro del coño bajando el culo y luego me eché a lo largo de su cuerpo y lo besé. Eusebio comenzó a follarme.

Sentí la lengua de David lamer y follar mi ojete. Dejé de morrearme con mi sobrino, para decirle:

-Hasta el fondo, métela hasta el fondo y con fuerza.

Sentí a mi izquierda un ruido extraño, miré para ese lado y vi a Gloria, estaba recostada en una silla, con las piernas abiertas y un satisfayer encima de su clítoris. Vi como abría la boca, como cerraba los ojos, como cerraba las piernas y como se corría entre fuertes espasmos. Ni veinte segundos había tardado en correrse.

David, mirando para Gloria, le dijo a mi sobrino.

-Para de follarla qué quiero meter yo.

Al rozar la polla mi ojete fue como si la habitación se llenase de una espesa niebla de lujuria causada por la excitación de lo prohibido, pero al meterla un alarido de dolor salió de mi garganta. Fue como si me hubieran clavado un cuchillo. David la sacó y me dijo:

-Si no te relajas, es imposible hacerlo.

Me hice la valiente.

-¿Te dije yo que la quitaras?

Le debí dar una idea, ya que dijo:

-Quítala, Eusebio.

Mi sobrino la quitó, David, me escupió varias veces en el ojete. Yo me relajé. Metió la cabeza de la polla en mi culo, y aún me rascó, pero era por el chupinazo que me había metido antes. Luego de tenerla toda dentro del culo, le cogí la polla a mi sobrino, la puse en la entrada del coño, él empujó y empezó la fiesta, fiesta que se perdió Gloria, pues después de la segunda corrida, o de la tercera, o yo que sé de cuantas, había perdido el conocimiento. El satisfayer estaba en el piso, su cabeza y sus brazos colgando y las piernas las tenía abiertas de par en par. 

Las pollas bombeando mi culo y mi coño, las manos de David estrujando mis tetas, sus dedos apretando y tirando de mis pezones y la visión de Gloria en aquella posición tan sensual, me fueron acercando al orgasmo cada vez más, y más, y más... Luego la corrida de David dentro de mi culo me puso a las puertas y cuando se corrió mi sobrino dentro de mi coño, me corrí con él. Antes de perder el conocimiento con el tremendo placer que sacudió mi cuerpo, desee correrme comiendo aquel coño que estaba viendo, y eso me quedo en la memoria.

 

                               Los pulgares en el ombligo

 Llegué a la casa de mi padrastro, lo llamé y no me contestó, me despojé de mi ropa, la puse sobre un sofá y me fui a la piscina. Allí estaba Darío con gafas de sol y unos cascos en la cabeza, escuchando música, en pelota picada y con la polla morcillona. Me puse delante de él. Al no inmutarse, imaginé que se había quedado dormido. Cogí una brizna de hierba, me puse en cuclillas, y como si fuera una pluma, se la pasé por la polla, polla que dio un pequeño saltito. Seguí rozándola con la brizna y de saltito en saltito se fue poniendo dura. Al tenerla erecta, la mano derecha se me fue al coño. Sabía que lo tenía mojado de ver como iba subiendo la polla, pero no pensaba que lo tuviera tan mojado. Comencé a hacerme un dedo, y digo un dedo, porque metí uno, luego fueron dos y acabé metiendo y sacando tres. La polla seguía erecta y me moría por mamarla, pero no quería despertar a mi padrastro... Él muy falso no estaba dormido. Me había estado mirando. Quitó los cascos y las gafas de sol, se giró, metió la cabeza entre mis piernas y me dijo:

-Ponme el coño en la boca y mámame la polla.

Le puse el coño en la boca y luego mamé su polla, la mamé sin manos, él me echó las manos a la cintura y lamió mi coño. Nos dimos un buen repaso, pero el suyo fue mejor que el mío, porque entre otras cosas, de vez en cuando me sentaba en su cara para que lamiera y follara mi coño con propiedad, y de paso, para que lamiera y follara mi ojete con su lengua juguetona. El resultado fue que me corrí en su boca, y no de cualquier manera, pues fue una corrida potente y larga.

Al acabar de gozar y mientras me recuperaba, me preguntó:

-¿Has venido a por lo que nos quedó pendiente?

-A eso mismo he venido.

Me puse a horcajadas sobre él, le agarré la polla, la froté en el coño y luego la fui metiendo. Después me folló él. Mientras metía y sacaba, sus manos acariciaron mi cara, luego mi cuello, bajaron a las tetas y las magrearon, después acarició mis muslos, mis nalgas, mi cintura, mi espalda, mi ojete y acabó poniendo sus pulgares sobre mi ombligo. Apretó, aflojó, apretó, aflojó, apretó, aflojó, apretó, aflojó... Era como si me estuviera follando el coño y el vientre. Cuando los pulgares se hundieron más, sentí como las tripas le hacían hueco a los dedos, como descendía mi útero y como su polla se convertía en tranca. Comencé a sentir dolor, pero era un dolor agradable. Se repetía el mejor polvo que me habían echado. Faltaba el final. Iba a ser calcado a aquella vez... Un placer inmenso subió a mi cerebro. Casi al instante sentí un espasmo simultáneo en coño, culo, vientre y muslos. El espasmo fue bestial, a este espasmo le siguieron siete u ocho más. El corazón me latió como el de un caballo desbocado, me faltó el aliento, los ojos se me pusieron en blanco, y en blanco me dejó el coño mi padrastro con una tremenda corrida mientras me desplomaba sobre él. Quedé destrozada.

Sonó el teléfono móvil que Darío tenía sobre la hierba, puso el altavoz y oí a mi madre decir.

-Voy hacia ahí en mi auto, Darío. Rodolfo me ha pegado y necesito tu ayuda jurídica. 

Me quité de encima de mi padrastro. Al ponerme en pie casi me caigo, pues mis piernas a duras penas me sostenían. Vi como su leche caía de mi coño, pero no podía tirarme a la piscina porque no tenía fuerzas para nadar. Le dije:

-Límpiame el coño con...

Darío se arrodilló y me limpió el coño con la lengua. Yo le iba a decir que me lo limpiara con la toalla, pero me callé porque era muy agradable lo que me estaba haciendo, cierto que era algo guarro, pero... Pero lástima que no tuviéramos tiempo.

                              La corrida de las corridas

 Eran más de las once de la noche de un sábado lluvioso del mes de noviembre. Yo estaba mirando la televisión en la sala. Eusebio y David se habían ido de copas. Gloria se había quedado en el piso haciendo un trabajo para la universidad. Al acabar se vino a la sala, descalza, en bragas, con una camisa blanca de hombre y con un chupachups en la boca, se sentó enfrente de mí, y me preguntó:

-¿Qué miras?

-Lo que ves.

Lo que estaba mirando era un documental sobre ovnis

-¿Y no crees que haya nada mejor que hacer esta noche que oír hablar de los extraterrestres?

-Te veo venir, Gloria.

-Me alegro, así no me andaré con rodeos. ¿Jugamos?

A la mente me vino su imagen con la cabeza y los brazos colgando y las piernas abiertas y no le dije que no, pues era sábado, y en sábado, a falta de pan, buena era una torta, pero alargué la cosa.

-¿Ya no te vale el succionador de clítoris?

-El satisfayer no tiene coño.

-No me van las ñoñerías de las lesbianas.

-¿Ñoñerías? A mí me gusta el sexo duro, me gusta que me azoten y azotar, que me devoren las tetas y devorárselas a mi pareja. Me gusta sentir dolor y causarlo.

-No dejas de ser una lesbiana y donde se ponga una buena polla...

-Una como la de un caballo te metía yo si me dejaras.

-Si te gusta causar dolor no me extrañaría que me la metieras, si la tuvieras, y te dejara.

-La tengo. ¿Te dejas?

-No hay consoladores de ese tamaño.

-¿Te dejarías?

-No voy a responder a eso.

Le había dicho que sí, de aquella manera, pero se lo había dicho. Gloria se subió a la parra, o sea, se hizo la importante.

-Me voy, si quieres que te reviente el coño, sabes donde estoy.

Se levantó y se fue caminando como lo que era, caminando como una calienta coños.

La torta me había metido la curiosidad en el cuerpo. Quise saber cómo me iba a romper el coño aunque esperé un rato para ir a averiguarlo.

Al entrar en su habitación la vi encima de la cama, desnuda, con las rodillas flexionadas, las piernas abiertas y con dos dedos dentro del coño, sin dejar de masturbarse, me dijo:

-Desnúdate y ven.

No quise perder más tiempo, no fuese que llegasen los panes y me quedase sin torta con polla como la de un caballo, que en aquel momento era lo que quería. Al estar a su lado, me dijo:

-Cómemelo.

-¡¿Qué?!

Me agarró por los pelos y me llevó la boca a su coño.

-¡Qué me comas el coño, hostias!

Lamí su coño mojado. Gloria me aplaudió el culo con fuerza.

-¡¡Plasssss, plasssss, plasssss...!!

Al rato, tal y como me había llevado la boca al coño, me la quitó de él.  Se giró y me metió un beso a tornillo. Cuando dejó de besarme me mordió el labio inferior con fuerza, causándome dolor, pero sin hacerlo sangrar. Luego se echó sobre mí y me magreó las tetas cada vez con más fuerza. Paró un momento y me dijo:

-Si me paso avisa.

Siguió magreando mis tetas y después me las chupó con tanta fuerza que no quitó leche de puro milagro. A las chupadas siguieron los mordisquitos en los pezones, con la fuerza justa para causar algo dolor y algo de placer. Gloria sabía bien lo que hacía. Cuando bajo a mi coño y lo lamió comencé a gemir. Perdí el pudor, si es que en algún momento lo había tenido.

-¡Sigue que ya me corro!

Dejó de lamer y me dijo:

-¡Ni se te ocurra correrte!

-Pero...

-Ni pero, ni pera. ¡Ponte a cuatro patas, zorra!

Me puse a cuatro patas, metió un dedo de su mano derecha dentro de mi vagina, lo metió, lo sacó y lo movió alrededor, hizo lo mismo con dos dedos, después con tres. Con cuatro ya me tenía gimiendo de nuevo. Pilló el lubricante que había puesto encima de la mesilla de noche, lo echó en toda la mano, y con la mano en forma de cuña metió los cinco dedos. Empujando, giró, giró y giro. Mi vagina se fue dilatando y acabó por entrar todo el puño en el coño. El puño dentro me molestaba, pero no me dolía. Metió y sacó un poco de brazo, al tiempo que me acariciaba el clítoris con la yema del dedo pulgar de su mano izquierda. Al rato largo, me preguntó:

-¿Te quieres correr ya?

-Sí.

Me folló más aprisa con el puño. Me frotó el clítoris con celeridad y exclamé:

-¡Me coro, me corro, me corro, me corro! ¡¡Me corroooo!!

 Tuve el mejor orgasmo de mi vida, tan maravilloso fue que es inenarrable.

Al acabar de correrme me quitó el puño, lo quitó lentamente. Con él fuera sentí que me faltaba algo y al mismo tiempo sentí un inmenso alivio. Me eché boca arriba. Gloria no me dio tregua. Puso su coño en mi boca, y me dijo:

-A veces también soy una ñoña. Dame placer.

Después de haberme hecho gozar de aquella manera tan deliciosamente brutal, no podía negarle nada a mi torta.

Quique.

 

 

 

 

 

 

 

 

6

 

 

 

 

 

               

 

 

 

 

                                                        

 

 

 

 


   
morboso reaccionó
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