Incesto hermana, he...
 
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Incesto hermana, hermano, padre, hija y una puta

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José
(@quique)
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                                                                La cita

La voz dulce de una joven que hablaba por teléfono preguntó:

-¿Qué servicio sería?

Una voz de hombre respondió: 

-Comida de tetas, comida de culo y comida de coño.

-¿Me está diciendo que me va a pagar por comerme los pechos, el pompis y el chichi?

-Sí. ¿Cuánto cobras?

-Cobro cien euros a la hora y trabajo un máximo de dos horas seguidas.

-Me parece bien.

 -Perdone que le pregunte, pero, ¿luego de comérmelo todo no habrá penetración?

-No, solo te haré lo que te he dicho.

-O sea que su objetivo es mi placer, no el suyo.

-Sí, me gusta ver cómo se corren las mujeres.

-A mí me contratan frikis para follar con la muñeca Barbie de carne y hueso. No sé cómo calificarlo a usted... En fin. ¿Cuándo quiere que lo visite?

-¿Cuándo puedes venir?

-Ahora mismo, si le viene bien.

-Me viene de perlas. 

                                                             Barbie

 Mario, un cuarentón, alto, de ojos negros y bien parecido, que estaba en bata de casa de color rojo, era el que había visto en un periódico el anuncio de una estudiante, y en él se describía a sí misma, pero cuando Mario abrió la puerta de su chalet, la joven que tenía delante nada tenía que ver con aquella descripción. Estaba mucho, pero mucho, mucho más buena. Rubia era; un metro setenta lo medía, y su rapado era creciente, pero su cuerpo de muñeca no lo era.

-Pasa.

La muchacha que llevaba un bolso de mano de color blanco a juego con su pantalón corto, con su top y sus zapatos, entró en el chalet. Mario la llevó hasta una sala y le preguntó:

-¿Quieres beber algo?

-No, gracias.

-¿Cómo quieres que te llame?

-Barbie. 

La llevó a su habitación, puso algo de música y le dio doscientos euros que la joven metió en el bolso. Luego le dijo:

-Desnúdate y échate sobre la cama.

Se desnudó. Mario vio sus tetas pequeñas, con areolas color carne y pequeños pezones, su fina cintura, sus bellas caderas, su coño totalmente depilado y sus largas y delgadas piernas. Luego vio cómo se echaba sobre la cama. Mario se quitó la bata y, en calzoncillos, se echó a su lado izquierdo. Cogió las tetas con las manos y aplicó una ligera presión, al tiempo que acariciaba sus pezones con las yemas de los dedos pulgares; luego agarró las tetas por debajo y besó, lamió y chupó los pezones, hizo círculos con la punta de su lengua en sus areolas, lamió su canalillo... Estuvo comiendo sus tetas más de quince minutos. La joven no gimió en ningún momento. La puso boca abajo. Al ver su culo pequeño, redondo y firme, le dijo:

-Vales más de lo que te he pagado.

-Se aceptan propinas.

Mario le acarició las nalgas y se las lamió; luego se las separó y lamió el ojete decenas de veces antes de que la punta de la lengua entrase y saliese de él.

Barbie mordió el canto de su mano izquierda para evitar gemir, pero no pudo evitar correrse, y eso no lo pudo ocultar, ya que los temblores de su cuerpo la delataron.

Al acabar de correrse, la puso boca arriba y vio su coño abierto y baboso. A Mario le encantaban los coños jugosos, y lo comió como lo que él pensaba que era, un manjar, un manjar que hacía dos años que no comía.

Le devoró el coño a lamida limpia y con una lujuria que la joven nunca había visto y que la obligó a gemir hasta el momento en que se corrió.

Al descargar, Mario volvió a lamer, pero esta vez lo que le lamió fue el clítoris; se lo lamió con la punta de la lengua, en un continuo y lento tintineo. Poniendo la mano izquierda sobre su pelvis y metiendo dos dedos dentro de su coño; la iba a llevar a otro orgasmo brutal.

Al acabar de correrse la joven, a Mario le vino el bajón, y dio por terminada la sesión.

-Ya puedes vestirte e irte.

A Barbie le gustaba ganarse lo que le pagaban.

-Aún le queda mucho tiempo. Hablemos de su problema.

-Mi problema no es cosa tuya.

-Es simple curiosidad; como estudio psicología y psiquiatría, a lo mejor puedo ayudarlo.

Las palabras de la joven lo animaron a hablar.

-¿Qué quieres saber?

-He notado que no se le empina la polla. ¿Ha probado a tomar pastillas para la disfunción eréctil?

-Tomé viagra. ¿Y sabes lo que se me puso de punta?

-¿Qué se le puso de punta?

-Las cejas.

A Barbie le entró la risa floja.

-Perdón por reírme. ¿Qué le causó la disfunción eréctil?

-El alcohol me dañó el cerebelo.

-Entiendo. ¿Ha pensado en ponerse una prótesis de pene?

-No, sé lo que es y no quiero usar una bomba para levantar la polla.

-Según tengo oído, es muy frecuente que los hombres rechacen las prótesis, a pesar de ser efectivas.

-¿Y no sabes de otra cosa?

-Podría ser, pero necesito más información.

-¿Qué quieres saber?

-Ahora mismo quiero ver.

-¿Lo qué?

-Ese PC que tienes sobre la mesita de noche. Enciéndalo, que quiero mirar una cosa.

Lo encendió y Barbie miró el historial.

-Es aficionado a todo tipo de porno.

-Es el único modo de que pueda eyacular. No se me pone dura del todo, pero eyaculo.

-¿Cuánto tiempo hace que no derrama dentro del chichi de una mujer?

-Años.

-Aún le queda tiempo suficiente para hacerlo hoy.

Barbie puso un video lésbico en el PC, lo colocó encima de la cama y, sentados ella y él con la espalda apoyada a la cabecera de la cama, comenzaron a mirar la cinta. La joven le cogió la mano derecha a Mario y se la llevó a una teta, luegó le agarró la polla, polla que parecía una tripa, y comenzó a masturbarlo, al tiempo que se masturbaba ella. Mario le preguntó:

¿Te acuestas con mujeres en tu vida privada?

En mi vida privada y en la pública.

A medida que transcurría la película, la cosa se iba poniendo más caliente, entre las actrices y en la cama. La polla de Mario fue cogiendo cuerpo poco a poco, y al final, cuando se corrió la primera actriz, se le puso dura del todo. La joven lo montó y lo folló. Fue un polvo muy breve, pues se corrieron juntos en cuestión de segundos, pero fue tiempo suficiente para que la joven besara a Mateo, cosa que trabajando no había hecho antes con ningún hombre ni con ninguna mujer.

Al quitarse de encima, le dijo Mario:

-¿Haces esto porque te gusta o por necesidad?

Barbie, vistiéndose, le respondió:

-Las mujeres que se prostituyen por vicio son contadas y yo no me cuento entre ellas.

-¿Te llegarían tres mil euros al mes?

-¿Quiere ser mi sugar daddy?

-Si lo quieres llamar así, sí.

-Con ese dinero podría vivir bien, pero soy una mujer independiente que hace lo que quiere, como quiere y con quien quiere.

-¿Y si doblo la oferta?

-Vendo mi cuerpo, no mi libertad, pero mi cuerpo lo puede tener cuando quiera; eso sí, si se pone una prótesis de pene. Usted, tal y como está, da mucho trabajo.

                                                        Las cámaras espía

Dos días después, Mario fue a su habitación, y del inodoro salió una de sus doncellas, que, colorada como una grana, le dijo:

-Perdone, señor, no esperaba que llegara a estas horas.

La doncella se fue hacia la puerta de la habitación. 

-No hay nada que perdonar, Lucía.

Mario fue a orinar al inodoro y en la tapa vio los jugos de una corrida. El sábado siguiente (el servicio libraba el sábado y el domingo) puso cámaras espía en todas las habitaciones y en todos los inodoros, para pillar a la doncella, y las pilló a las dos, pero esa ya es otra historia.

                                                                   Breve discusión

Fernando, veinteañero, alto, moreno, de ojos negros y bien parecido, había acabado el último curso de Derecho e Isabel, su hermana, de 22 años, de estatura mediana, cabello negro, ojos marrones, cuerpo divino y preciosa, había acabado su tercer curso de Empresariales y habían regresado a casa. 

Al llegar Mario al chalé y verlos sentados en la sala de estar, les dijo:

-Siempre igual, no sabéis avisar de que vais a venir. 

Isabel, que no tenía una buena relación con su padre, le dijo:

-¿Nos ibas a recibir con gaiteros si te hubiéramos avisado?

-No te me pongas chulita, que te mando de vuelta al piso.

-¿Te olvidas de que la cadena de tiendas de informática y electrodomésticos que tienes ahora era de mamá y tengo parte en todo?

-Yo no me olvido de nada.

Fernando intentó calmar las cosas.

-Siempre estáis en la misma; haya paz.

Mario se fue a duchar y ese día no volvieron a discutir.

                                                      Isabel y Fernando

Esa noche, Mario estaba viendo en la pantalla de su ordenador cómo se desnudaba su hija y cómo cambiaba las brasas antes de meterse en cama. Luego vio cómo Fernando, en calzoncillos, entraba en la habitación de su hermana, cómo se metía en su cama y después oyó cómo ella le decía:

-Si papá se entera de que estamos liados, nos mata.

-No tiene por qué enterarse.

Mario, en su habitación, sentado en una silla giratoria, ya se había enterado, pero le daba igual; él se iba a hacer una paja mientras veía follar a su hijo y a su hija.

Fernando, a la derecha de Isabel, que estaba en bragas, le magreó la teta derecha y se besaron. Sus besos eran dulces y sus lenguas solo se rozaban. Luego le magreó las dos tetas mientras se volvían a besar, unas tetas grandes, con areolas marrones y gruesos pezones, que después de magrear bien magreadas, lamió y chupó. Isabel comenzó a gemir. Su cara de placer era evidente. Tiempo después le sacó las bragas blancas, se metió entre sus piernas y le lamió el coño, un coño pequeño y pelado. Ahora la cara de Isabel era un poema. Tiempo después le decía:

-¡Me corro, me corro, me corro!

Al correrse, su coño empezó a soltar jugos cremosos que fueron cayendo en la boca de Fernando y que él guardó en la boca y que luego fueron a parar en la boca de su hermana al besarla con lengua.

Luego de recuperar parte de los jugos de su corrida,, se puso entre las piernas de su hermano, le quitó los cazoncillos, acarró la polla, le lamió la cabeza y luego se la chupó metiéndola toda en la boca, ya que era gruesa, pero pequeña. Poco más tarde, la frotó contra sus pezones y sus areolas y después la metió entre las tetas, las apretó y la masturbó con ellas. Luego de unas cuantas pasadas, Fernando le dijo:

-Vas a hacer que me corra y quiero correrme dentro de ti.

Isabel dejó de hacerle la cubana, se echó sobre la cama, flexionó las rodillas y le ofreció el coño para que la penetrara. Arodillado ante ella, le frotó la polla en la entrada de la vagina y luego se la clavó hasta el fondo del coño de un viaje y, besándola, comenzó a follarla. Ahora Isabel le metía toda la lengua en la boca para que su hermano se la chupara y se la lamiera, cosa que hizo mientras le daba cera. Fernando la levantó, ella le rodeó el cuello con los brazos y le dijo:

-Déjame a mí.

Comiéndole la boca, subió y bajó el culo, lo que hizo que la pequeña polla chapoteara dentro de su coño. Como no le venía, lo echó hacia atrás y lo cabalgó en busca del orgasmo. Tiempo después, tampoco se corría en esa posición; se giró y lo folló dándole la espalda, su culo rebotó encima de su hermano, pero lo que consiguió fue hacer que se corriera Fernando. No quería quedar sin correrse. Sacó la polla del coño, se dio la vuelta y, vertiendo leche por el coño, se lo llevó a la boca. Fernando le enterró la lengua en el coño e Isabel se encargó de sacarla, de frotar el clítoris contra ella, de volverla a meter, de frotar el coño a su manera hasta que le dio en la boca lo que llevaba tiempo buscando, una corrida grande como un mundo.

Mario en su habitación se corrió al mismo tiempo que su hija.

-Joder, qué buena se ha puesto Isabel.

                                                                                La azotina

Era domingo. Fernando se había ido a hacer rafting con sus amigos. Isabel se levantó a las doce y media, se duchó y, en bragas y camiseta, fue a la cocina a hacer el desayuno, ya que el servicio tenía el día libre. Pasó por delante de su padre, y este le dijo:

-¿No sabes vestirte?

Se detuvo y lo miró con desprecio.

-Si te molesta, no mires para mí.

-Tenemos que hablar muy seriamente.

-Yo contigo no tengo que hablar nada.

La agarró de las braguitas y la sentó a su lado en el tresillo.

-Yo contigo sí.

Tenía las bragas medio bajadas, las subió y luego le quiso dar una bofetada, bofetada que Mario le paró con una mano y después, sujetándole los brazos, le preguntó:

-¿Le ibas a pegar a tu padre?

-Tú no eres mi padre; los padres no quieren follarse a sus hijas.

-Y Fernando no es tu hermano.

-Él sí que es mi hermano y es un buen hermano.

-¿Y por qué follas con él como una coneja?

Las palabras de su padre descolocaron a Isabel.

-¿De dónde has sacado eso?

Le mintió.

-Sé de buena tinta que hacéis vida de novios en el piso que os pago en Santiago.

Lo desafió.

-¿Y si fuera así, qué?

La puso en sus rodillas y, mientras forcejeaba, le dio con sus manazas en las nalgas.

—¡Plassssss! —Cabrón—. ¡¡Plasssssss!! —¡Ayyyy! ¡¡Plasssss!! -¡Desgraciado! -¡¡Plasssss!! -¡Bestia! ¡Plasssss, plasssss, plasssss, plassssss! 

-Como vuelvas a follar con tu hermano, te despellejo.

-¡Animal!

Le bajó las bragas y le volvió a dar.

-¡¡¡Plasssss, plasssss, plasssss, plasssss!!

 -Ahora vete, que ya vas desayunada.

-Esta me la pagas como Isabel me llamó.

Isabel, con la cara llena de lágrimas y con el culo en carne viva, se fue corriendo a su habitación. Mario se fue a la suya a ver qué hacía su hija. Encendió el ordenador, hizo lo que tenía que hacer y vio que Isabel estaba sin bragas dándose crema en las nalgas con su mano derecha y hablando por su celular.

-No sé quién se lo dijo, pero si a mí me dejó el culo destrozado, a ti te va a despellejar.

-No creo que sea para tanto. Gracias por avisar.

-Tenía que hacerlo. Te quiero.

-Yo a ti también te quiero, chao.

-Chao.

 Tiró el celular sobre la cama. Metió la mano derecha entre sus piernas y la deslizó por su coño.

-¡Qué cachonda me puso el cabrón! Si me hubiera dado así la otra vez, le hubiera dejado follarme y no tendría que fingir que lo odio.

Mario apagó el ordenador. Puso en marcha la polla, se quitó la bata y, empalmado, se fue hacia la habitación de su hija. Al entrar, vio que estaba inclinada, metiendo dos dedos en el coño y tres dedos en el culo. Sin hacer ruido, se puso detrás de ella y apoyó la mano izquierda en su espalda. Isabel quitó los dedos del culo. La cabeza de la polla entró en él.

-¡Malnacido! Ahora me violas.

-No finjas más que me odias.

Le clavó la mitad de la polla en el culo, le echó las manos a las tetas y las encontró resbalosas, lo que le dijo que Isabel ya se las había tocado.

-Estabas escuchando detrás de la puerta.

Se la clavó toda y luego le dijo:

-Algo así.

Le cogió una mano, se la llevó al coño, y luego comenzó a meter y a sacar la polla de su culo.

-¿Te gusta así, quieres que vaya más despacio o más rápido?

-Quiero que me la quites del culo, cerdo.

-Si te la quito del culo, será para metértela en el coño.

-En ese caso, déjala en el culo, dame rápido, córrete y acaba con esta tortura.

Le dio rápido y la que se corrió fue Isabel, y se corrió porque no pudo evitar tocarse el coño.

Al acabar de correrse, se la quitó del culo. Mario vio una pequeña charca de jugos cremosos en el piso.

-¿Eso es tuyo?

-Si no es tuyo, ¿de quién va a ser?

-Quiero probarlos.

-Lame el piso, cabrón.

-Quiero probarla de tu coño, no del piso.

Isabel ya estaba jodida, así que quiso salvar a su hermano de la quema.

-Me voy a dejar, pero con la condición de que no le digas nada a Fernando.

-Sí, ya sabe que sé lo vuestro.

-Le diré que lo quise asustar. ¿Estás de acuerdo?

-Sí.

-Limpia primero la polla; puedes usar una sábana.

Se limpió la polla. Isabel se puso a cuatro patas sobre la cama. Mario se arrodilló detrás de su hija, le echó las manos a la cintura y comenzó el chucuchú del tren, un chucuchú que la hizo llegar cinco veces a la estación, y no la hizo llegar más veces porque Isabel se derrumbó sobre la cama.

-No puedo más, me corro, me corro, me corro.

Mario le quitó la polla del coño, se arrodilló delante de su hija y se tragó la deliciosa corrida cremosa.

Luego le dio cera y en nada también se corrió él. Después la quitó y apagó el maquinillo para que se le bajara.                                                          

                                                            Luna e Isabel

Al día siguiente llegó Luna al chalet; una doncella le abrió la puerta y le dijo:

-Don Mario no está en casa.

-Lo sé, me dijo que lo esperara aquí.

Entró en el chalé vestida con un mono azul Melody one shoulder. . En el salón se encontró con Isabel, que llevaba puesto un vestido negro de Prada de manga corta, que estaba sentada en un sillón de cuatro plazas mirando la televisión y que le preguntó:

-¿Quién eres?

-Una conocida del dueño de la casa. 

-¿Tienes nombre?

-¿Quién eres tú para preguntarme eso?

-La hija del dueño.

-No sabía que tenía una hija.

-No me has dicho cómo te llamas.

-Ya lo sé, lo que no sé es por qué me mandó venir tu padre estando tú en casa. 

-Sería porque pensaba que no estaría. Por mí no te preocupes. Me iré a tomar algo cuando llegue mi padre... Hablando de tomar, ¿te va el ron con cola?

-Sí.

-Siéntate a mi lado, que no como a nadie. Por cierto, yo me llamo Isabel.

Al fin le dijo su nombre.

-Yo me llamo Luna.

Isabel miró para la puerta.

-Carmen, sé que estás escuchando detrás de la puerta. Haz dos rones con cola.

Luna no estaba para socializar.

-No sé...

-Ahora ya se los he pedido.

-Es que...

Isabel vio que Luna estaba incómoda y le dijo:

 -El servicio ya se va a ir.

-Eso ya lo sé. 

-Tú tan bella y él tan bestia..., dime. ¿Cómo os conocisteis?

Carmen les puso los vasos de tubo sobre la mesa camilla y se fue de la sala y del chalé. Con ella se fue Lucía, la otra doncella, y Eva, la cocinera. Luna estaba deseando irse.

-Va a ser mejor que me vaya.

A Luna le sonó el celular; miró y vio que era Mario.

-Dime, Mario.

-¿Ya estás en el chalé?

-Sí.

-Me ha surgido una emergencia y tengo que ir a Burgos, lo siento.

-Más lo siento yo.

-Otra vez será.

-¿Cómo quieres que te pague las molestias?

-Hazme un Bizum con lo que tú creas justo.

-Vale, te haré un bizum, cuídate, flaca.

-Lo mismo te digo.

Apagó el teléfono y le dijo a Isabel:

-Ya no pinto nada aquí.

-¿Qué es eso de hacerte un Bizum? ¿Eres su mantenida?

Luna le echó un trago largo a su ron con cola.

-A mí no me mantiene nadie; yo cobro por mis servicios.

-¿Eres una chica de alterne?

Luna la lió para que no supiese que su padre iba a putas.

-Sí, soy una chica de alterne; alterno la psicología con la psiquiatría.

Isabel sonrió.

-Y yo pensando que se la estabas chupando...

-Tienes la mente sucia.

Isabel echó un trago de ron con cola.

-¿Y cuánto cobras por sesión?

-Cien euros.

-Yo tengo un pequeño problema y, si me lo solucionas, te pago los cien euros.

-Cuenta, pero lo solucione o no, me vas a pagar igual los cien euros.

-Vale, te los pagaré.

-Cuenta.

-Es referente a las mujeres. Verás, a mí me encantan los hombres, pero cada vez que veo a una mujer bonita como tú, siento un no sé qué, que luego me acabo tocando.

-Eso se llama seducción encubierta, o seducción pasiva.

-No te entiendo.

-Yo a ti sí, me quieres seducir.

-¿Cómo lo has sabido?

-Al añadir a lo de "mujer bonita", lo de "como tú". A ti lo que te pasa es que sientes curiosidad por saber cómo sería hacer el amor con otra mujer, y eso probablemente se deba a que hayas visto a algún familiar del sexo femenino teniendo relaciones con otra mujer, y hoy te has decidido a dar el paso adelante.

-Escogí mal día para dar ese paso.

-¿A qué mujer de tu familia has visto con otra mujer?

-No era de mi familia; a quien vi fue a mi mejor amiga.

Luna se mandó el resto del ron con cola.

-Estaba bueno este ron con cola; me tomaría otro.

-En el mueble bar...

-Así nunca seducirás a una mujer. Hay que ser atenta con ellas; deberías saberlo, eres mujer.

Isabel se abalanzó sobre Luna y quiso comerle la boca; ella no besaba a sus clientes y le hizo la cobra, pero luego se dio cuenta de que no estaba ejerciendo de puta.

-Estas cosas se hacen mejor en una cama.

En la habitación de Isabel, junto a la cama, Luna le quitó el vestido y la muchacha quedó en bragas, sujetador y liguero. Se puso en cuclillas y besó y lamió el interior de sus muslos y por los lados de las bragas, luego besó y lamió su vientre y su ombligo, besó y lamió el interior de sus brazos, la parte superior de las tetas, su cuello, su boca y después la giró, la inclinó, le besó, lamió, aplaudió y mordió las duras nalgas. A continuación le quitó el liguero y las bragas, le separó las piernas, se giró ella, le puso la boca debajo del coño y, con las manos en sus nalgas, no paró de comérselo hasta que Isabel descargó en la boca de Luna, que se llevó un sorpresón, pero que no dejó que se perdiera una sola gota de los jugos cremosos.

Al acabar de tragar, se incorporó y le dijo:

-Échate en la cama y ponte en posición para que pueda seguir comiéndote el coño.

Isabel se echó sobre la cama y, con las rodillas flexionadas y las piernas abiertas, puso cara de traviesa y le sonrió.

Luna se puso entre sus piernas y le acarició el coño mojado, frotando contra él la palma de la mano derecha; luego le dio varias palmadas en el coño y después se lo lamió con intensidad y, chupándole el clítoris, se lo estiró como si fuera un chicle.

Isabel la miraba y callaba como una puerta.

Le quitó el sujetador y le dio mordiscos en las tetas, pero sin apretar los dientes, lo que hacía que acabara mamando las tetas y tirando de ella. Fue de teta en teta un buen rato. Luego cambió radicalmente, la puso de lado, le levantó una pierna y le lamió y folló el ojete con la lengua; después le metió el dedo pulgar en el culo, y se lo folló con él. Follándoselo, le lamió el coño y le chupó el clítoris. Isabel comenzó a gemir con ganas. Luna presionó la lengua contra el coño, lamió de arriba abajo más aprisa, y se encontró con una lechada en la lengua mientras a Isabel se le acalambraba el cuerpo.

Al acabar de correrse, la besó y le dijo:

-Tienes el coño más rico que he comido.

-Yo aún no he comido ninguno.

La volvió a besar con lengua, y luego le dijo:

-Eso tiene fácil solución. Come el mío.

Isabel le tomó ña palabra.

-¿Cómo te gusta que te lo coman?

Luna se puso en la misma posición que se había puesto Isabel:

-Lame desde mi ojete hasta mi clítoris mientras no te diga que hagas otra cosa.

Lamió más de veinte veces.

-Lame los labios vaginales y mete y saca la lengua de mi coño.

Le lamió los labios y le folló la vagina la tira de veces.

-Ahora bésame.

Se besaron con lengua un par de minutos. Al parar, Luna le dijo:

-Magrea y come mis tetas del mismo modo que te gustaría que te las comieran a ti.

Le echó las manos a las tetas y, magreándolas, le besó, lamió y chupó cada milímetro de ellas. Luna estaba perra, pero Isabel gemía más que ella; le dijo:

-¿Estás cachonda, Isabel?

-Mucho.

-¿Quieres correrte?

-Sí.

-Ponte a cuatro patas.

Se puso. Luna, detrás de ella, le enterró la lengua en el culo, le echó la mano izquierda a las tetas, le metió dos dedos dentro del coño y la masturbó. En tres o cuatro minutos de clavadas de lengua y de dedos, le dijo:

-¡Me corro, Luna!

Los jugos cremosos de la corrida comenzaron a salir por los lados de los dedos; los quitó y le lamió el coño para degustar sus jugos agridulces.

Luego de dejar de sacudirse y cuando su respiración volvió a su estado normal, le dijo Luna:

-Ahora me toca. Besa mi clítoris con lengua.

Isabel estaba dispuesta a hacer lo que fuese para que se corriera Luna.

-¿Cómo se hace eso?

-Rodea el clítoris con tus labios, posa la lengua sobre el clítoris y luego chupa.

Hizo lo que le había dicho y ni un minuto tardó Luna en correrse en la boca de Isabel.

Al acabar, Luna no le quiso cobrar.

Al otro día, cuando Mario revisó las imágenes de las cámaras, dijo:

-¡Qué putas!

No estaba viendo a las doncellas. ¿A quién estaría viendo?

Quique.



   
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