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La nena es joven para saber de sexo

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(@aldebaran1)
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La nena es joven para saber de sexo

La nena es joven, la nena es joven, pero ya tiene edad para preguntar que es el sexo. Su madre nunca le ha hablado de eso. Cómo se hacen los niños, que realmente no vienen de Paris y no los trae la cigüeña. ¡Menuda complicación sería para todos los parisinos tener una fabrica de bebés!. ¡Pero no solo una fabrica para todos los niños de Francia, sino para todos los niños del mundo!. 

En esto está pensando el padre, mientras su mujer sube y baja sobre él.

-Cariño, cariño, sigue así, así, ¿qué te pasa? parece que tengas la cabeza en otro sitio. 

-No, tesoro, sigue botando así, estoy a punto de correrme...sigue, por favooooor, aaaaaaah. 

-Aaaaaaah, me corroooo, aaaaah, cariñoooooooooo.

Eyacula bien fuerte dentro de su mujer. Le gusta sentir cómo se contrae su coño al correrse. Casi desde que eran novios, no han usado preservativo, ella siempre ha tomado la píldora para sentirle dentro, sin goma, sin nada entre los dos. 

 

Ya recuperada la respiración, se quedan un rato abrazados en la cama. A los dos les encantan esas muestras de cariño post-coitales. 

 

-¿No le has contado a tu hija de donde vienen los niños, verdad? Le pregunta a su mujer. 

-Pues no, la verdad. Le hablé en su momento de la regla, pero me pareció que era demasiado pronto para hablar de sexo con ella. 

-Ya tiene una edad. Cualquier día se acuesta con un chico y nos la preña. 

-Anda, no seas tonto. Le responde ella. Cuando llegue el momento le contaré todo. 

 

Él se da una ducha, mientras su mujer le espera sentada en la cama. Sabe que si se duchan juntos, van a volver a hacerlo y tiene algo de prisa. Esta tarde ha quedado con sus compañeras de trabajo. Han decidido comprarse unos modelitos sexys y algo de ropa interior. Hay que seguir manteniendo la pasión encendida.

 

 

Al día siguiente se queda solo en casa. Su mujer todavía trabaja una semana más, hasta coger vacaciones. 

Oye la cerradura abrirse, piensa que se le habrá olvidado algo, pero la que entra por la puerta es su hija. 

-Hola papá. ¿Me has esperado para desayunar?

-Pues la verdad es que no, pero puedo prepararte algo. No sabía que vendrías hoy. 

-Los tíos están pintando la casa y me he venido antes. No hay quién aguante el olor. 

(Ayer se quedó durmiendo en casa de su prima, pensaba pasar una semana con ella, pero al ponerse a pintar, les ha dicho que volverá a casa antes)

-¿Y no te dijeron que tenían pensado pintar?

-No. El pintor tenía otra casa que hacer antes, pero como los señores se fueron antes de lo previsto, se puso con la casa de los tíos. 

-Ah, está bien. 

Se queda mirándola, es joven, pero como pensó, ya tiene edad para saber de dónde vienen los niños. 

Pero debería ser su madre la que le hablara de eso. Si fuera un chico sería responsabilidad del padre, pero es una chica, debe ser su madre. 

En esto está pensando, cuando su hija le dice que si puede prepararla tortitas.

-Déjame preparar los ingredientes, enseguida te las hago. 

Su hija se sienta a la mesa frente a él. Es un jovencita muy mona. Sus pechos han comenzado a desarrollarse ya. Hoy lleva un pantalón corto. Demasiado para el gusto de su padre. Sabe que los chicos están todos salidos, él también lo estaba a su edad y que solo piensan con el pito. 

 

Decide hacer una forma con la tortitas, una especie de bebé, para a ver si así pilla la indirecta y le pregunta por ello. 

Las saca de la sartén y las pone en un plato que deja delante de ella. 

-¿No tienes sirope de fresa? Me encanta. 

-Ya lo sé hija. Toma, ponles un poco de nata también.

-¿Esto qué es? ¿Un niño? ¿Has hecho las tortitas con la forma de un niño?

-¡Qué va, hija! Será una forma rara que tu ves como un niño. 

-Ah, pensaba que eras un poco caníbal. Jajajaja.

 

Termina de comer y se sienta en el sofá. No ha recogido la mesa. Bueno, para un par de cubiertos y un plato, ya los recoge él.

 

Se sienta junto a ella después de terminar y coge al mando a distancia. Empieza a hacer zapping. Entonces aparece una escena de sexo en una película y decide dejarla ahí.

Al cabo de un momento, ella le habla: 

-Papá, no debería de estar viendo eso. 

-No pasa nada. Son actores. Ya tienes edad de saber que están haciendo. 

-Creerás que soy tonta, pero no sé que están haciendo. 

-Se llama hacer el amor. Las parejas que se quieren lo hacen. 

-Mi amiga Laura dice que los hombres ponen su cosa dentro de la mujer y así se hacen los bebés.

-Qué va. Tu amiga está equivocada. Los niños los trae la cigüeña desde Paris. 

-Si, claro, desde Paris. Como si las cigüeñas no tuvieran bastante ya con su hijos como para encima ocuparse de traer los hijos de los seres humanos. 

-Pues así es. La naturaleza es sabia. 

-¿Me enseñarías el pito, papi?

-¿Qué dices? 

-Es que se lo pedí a José el otro día en el gimnasio, pero me dijo es que solo para su chica.

Joder, piensa. Menudo compromiso. 

-Anda, papi, enséñamelo. Nunca he visto ninguno. No sé cómo es. 

-No sé si debería. 

Pone una carita tierna y la verdad es que no puede resistirse. Se bajó el pantalón y el calzoncillo y se puso de cara a ella para que pudiera verlo bien. 

-Esta flácido. Laura dice que los hombres tienen el pito duro como un palo. 

-No siempre. Solo se pone duro cuando....

-Cuando haces el amor. Es lo que has dicho antes. 

-Si, pero....

No sabía cómo seguir. ¿Debía decirle ya cómo se hacían los niños?

-Mira hija, creo que tienes ya edad para saber de dónde vienen los niños. 

-Ya lo sé. Vienen de la tripa de la madre.

Vaya, por un momento se sintió aliviado y preocupado. 

-Papá. ¿Quieres que te ayude a que se te ponga tieso?

-¿Qué dices?¿Te has vuelto loca?

Una cosa era decirle de dónde venían los niños y otra muy distinta colaborar a ello. 

Se levantó del sofá y se puso cara a cara a él. Sus pechos no demasiados grandes aún, apuntaban a su cuerpo. Gotas de sudor caían por su cuello.
No sabía porqué, pero estaba viéndola como a una mujer, no como a su hija. 

-Hija, eres muy guapa y toda una mujer. Pero eres mi hija y no esta bien que hagas lo que quieres hacer. 

-Yo quiero aprender papá. Enséñame tú.

En eso tenía razón. ¿Quién mejor que su padre para enseñarle sobre sexo? ¿No era él el que estaba preocupado de que perdiera la virginidad con cualquiera? Con su padre sería todo más sencillo.

 

-Esta bien, hija. Puedes hacerlo. 

-¿Cómo lo hago?

-Agáchate primero. Pon tu cara frente a mi pene. Quítate también la camiseta. 

Ella obedeció quedándose en sujetador y su padre hizo lo mismo con su camiseta. 

-Ahora coge el pene con una mano y métetelo en la boca. Despacio, muy suave. Solo hasta donde te quepa. 

Ella no sabía bien que hacer. 

-Hazlo como si te comerias un polo. 

Obedeció y se metió solo el glande en la boca. Su padre dio un respingo de gusto. 

Cogió el tronco con su mano y lo deslizó de un lado a otro de su boca como lo haría con un helado. 

Enseguida reaccionó y se puso en erección. 

-No me cabe toda papi. 

-No te preocupes tesoro. Solo hasta donde puedas.

Ella siguió con la mamada, lo hacia torpemente, como podía, pero era suficientemente satisfactorio como para que pudiera llegar al orgasmo pronto y correrse. 

-¿Te gusta papi? Dijo parando un momento. 

-Mucho cariño. Tu padre esta a punto de correrse. 

-¿Qué es correrse?

-Es cuando el hombre experimenta un enorme placer y suelta un liquido blanco que lleva dentro. 

-Vale, entonces te haré correrte. 

Él le quitó el sujetador dejando sus pechos al descubierto. No los había visto desnudos hasta ahora. Eran preciosos y con unos pezones redonditos, muy rosaditos. Estaba al máximo de excitación.

Se metió de nuevo el pene en la boca y siguió chupando. Ya no había vuelta atrás. Estaba a punto de correrse. 

-Mi niña, me voy a correr. Termina con la mano. No quiero que te tragues todo eso. 

Ella obedeció y le hizo una paja. Fue muy breve porque estaba al borde del orgasmo. 

-Echamelo encima papi, córrete en mi.  

No tuvo que esperar mucho. En unos pocos de sube y baja eyaculó como un loco. Chorros saltaron sobre el escote de su hija. La visión de su semen inundándola fue lo más. Alguna gota había caído en su barbilla y el resto se escurrió por su pecho. 

 

Se agachó junto a ella, ya recuperado del orgasmo, y pudo ver cómo su pantalón estaba húmedo. Su hija se había puesto muy cachonda y estaba claro que no podía dejarla así.

 

Se limpió como pudo el semen que le quedaba en el glande y limpió a su hijita. Le quitó el pantalón dejándola solo con la braguita. La tumbó de costado en el sofá y él se sentó, todavía desnudo, y puso sus piernas sobre él. 

 

Pudo ver la humedad en sus braguitas. Sin duda se había excitado mucho con la mamada y con la paja con la que por primera vez había hecho eyacular a un hombre, en este caso su propio padre. 

Bajó un poco sus braguitas y se quedó contemplando su vulva. Era muy tierna y muy rica como correspondía a alguien de su edad. Abrió sus labios despacio y se mojo el dedo meñique de la mano derecha y procedió a metérselo despacio. 

-Aaaah. Su hija gimió de placer. 

-Estas muy excitada cariño. Voy a hacer que te corras. 

-¿Es lo mismo que te ha pasado a ti?

-Si mi niña. Solo que las mujeres tenéis un orgasmo más fuerte.  

Diciendo esto, metió su dedo despacio un poco más adentro. 

-Aaaaah, papi, gritó su hija. Se agarró fuerte a su brazo. 

-Esto no es nada hija. Ahora viene lo bueno. 

Le abrió más las piernas y con su dedo llegó hasta su clítoris y empezó a moverse en círculos en el y   luego la masturbó. Para entonces su hija se moría de placer, su coño estaba inundado por sus flujos y se agarraba cada vez más fuerte a su brazo. 

Su padre no pudo más y le metió dos dedos en su vagina y comenzó a metérselos y sacárselos como si fuera su polla. Se la estaba follando con sus dedos. 

-Papi, papiiiii, aaaaaaah, me corrooooooooo. 

Sin saber que era correrse, estaba ya haciéndolo. 

Su hija se corrió, se fue sin más. Puso sus ojos como en blanco y estalló en un tremendo orgasmo. Para entonces su padre estaba empalmado de nuevo. Su polla firme, apuntaba a lo alto y rozaba el muslo derecho de su hija. 

Quería hacerse una paja, pero ahora tenía que estar ahí con su hija. La levantó y la sentó en su regazo. Su polla estaba peligrosamente cerca de su coño, pero se contuvo. 

La abrazó como un amante y la consoló. Le explicó por lo que había pasado y cuando esta se tranquilizó, la llevó a la ducha y la bañó. 

 

Esa noche con su hija ya acostada y durmiendo, se folló a su mujer como hacia tiempo que no lo había hecho. Solo veía la cara de su niña mientras lo hacía con su mujer y después, al correrse, tuvo claro que tendría que follarse a su hija. 

 

 

Pasaron dos días más. Por desgracia, no había tenido la oportunidad de quedarse a solas con su hija. Estaba claro que ahora que su hija había tenido un orgasmo, su primer orgasmo, estaría dispuesta a que su padre se la follara. 

Ese día mientras su madre estaba en la ducha le preguntó a su hija cuándo volverían a quedarse solos. 

-No tengo ni idea papi. No sé cuando mamá tendrá que ir de compras o quedar con sus amigas. 

Lo miraba con una cara inocente, con lo que tenía claro que no sabía que es lo que tramaba su padre. 

 

Esa noche volvía a hacerlo con su mujer. Estaba muy excitado por el recuerdo de aquel día con su hija. Su mujer estaba cabalgándole como le gustaba hacerlo a menudo. De repente él se giró y la tumbó boca arriba, cambiando la postura a misionero. Empezó a gemir más alto, quería, no sabía porqué, que su hija los oyera. 

 

De repente, pese a los gemidos, oyó unos pasos tras ellos. Era su hija sin duda, que se quedó algo escondida detrás de la puerta, pero los veía claramente. 

En ese momento, su padre aceleró más sus empujones y se corrió con un gran gemido dentro de su mujer para que su hija lo oyera. 

 

Ella salió corriendo a su habitación, mientras sus padres terminaban con la follada. 

Ahora ya tenía a su hija preparada para poder follársela. 

 

 

El tan ansiado día llegó y su mujer se fue de nuevo de compras con sus amigas. 

Después de un pequeño aperitivo los dos solos, su padre se sentó en el sofá y se puso a ver la televisión. Su hija se acercó a él.

-Papi, le dijo. Soy toda tuya. 

Sin levantarse del sofá, su padre la desnudó dejando caer sus braguitas al suelo. La camiseta y los pantalones cortos que llevaba se quedaron junto a él.

Entonces se levantó y acercó su cara a la suya. Sujetó su cabeza y la besó tiernamente en la boca. 

Al principio despacio y luego los besos se incrementaron en intensidad y pasión. Aunque no se atrevió a meterle la lengua en la boca. Su hija también besaba muy bien y era muy excitante. 

Ella comenzó a sudar debido a la excitación y su padre decidió meterle un dedo en su rajita. Ya estaba muy húmeda como el otro día y viendo que su pene ya estaba erecto, estaba seguro de que era el momento de hacerlo. 

Decidió llevarla a la ducha. Entraron los dos y el padre abrió el grifo. Dirigió el chorro a su vulva y la masturbó. Luego hizo lo propio con su clítoris y cuando su niña se moría de placer, la apoyó contra la pared. Le levanto la pierna izquierda y se dispuso a penetrarla. No tenía condones, ya os conté que desde siempre lo había hecho con su mujer a pelo, pero su hija asintió con la cabeza indicándole que ahora no podría quedarse embarazada. 

-Ahora va a dolerte un poco cariño. Eres virgen y tiene que romperse tu himen. Te dolerá solo un poco y después disfrutaras. 

-Házmelo con cuidado, papi. 

-Claro tesoro. 

La penetró muy despacio, muy lento. Aquello era maravilloso, entrar en el coño de su hija, tan joven, tan tierno. La sensación fue más placentera que la primera vez que lo hizo con su mujer, aunque su hija era muy estrecha, era normal era su primera vez, y su mujer era más mayor cuando lo hizo con ella de lo que era ahora su hija. 

-Aaah, me duele papi. 

-Tranquila hija, aguanta un poco más.

-Aaah, duele, pero tu sigue.

Su padre empujó un poco más y por fin su himen se rompió. La sangre escurría por sus piernas y con el agua se iba por el desagüe. 

-Ahora lo peor ha pasado. La sacó de ella y la volvió a besar.

Al poco la volvió a penetrar y no pudo aguantar más, empezó a bombearla con fuerza.

-Ah, ah, ah, mi niña, gemía con cada embestida.

-Ah, papi, ahora si me gusta, ahora si disfruto.

Pero era demasiado para él, no podía aguantar más y enseguida se corrió.

-Aaaaaaaaaaaaaah, mi niña, me corrooooooooooo. Aaaaaaaaaah. Sintió cómo se corría, chorros y chorros de semen salieron de él e inundaron el coño de su hija. 

-Papi, que gusto. Te has corrido dentro de mi.

-Si cariño. Pero veo que tu no lo has hecho. Tenemos que solucionarlo.

 

Lavó cariñosamente a su hija. Aclaró bien su coño de su semen y después la secó amorosamente. 

 

La llevó hasta el sofá y le comió el coño. Quería que tuviera su orgasmo.

-Ah, papi, que gusto, déjame compensarte. 

Ella le agarró la polla y le masturbó. Ya sabía hacerlo bastante bien. 

Enseguida estuvo erecto de nuevo. Miró a su hija y se besaron apasionadamente. La chica se subió encima de él dispuesta a follárselo. 

 

-Cariño, que atrevida. 

-Si, papá. Ahora verás. 

Comenzó a subir y bajar sobre él. 

-Ah, gimió su padre. Que bien lo haces. 

-Es que os he espiado alguna vez a mamá y a ti. A ella le encanta ponerse encima, ¿eh?

-Si, cariño, le encanta. Ah, sigue así. 

-Así, papi, ¿te gusta?

-Un montón tesoro. Ah, ah, ah.

Él la agarró y la inclinó hacia delante para que su pene rozara su punto g y así disfrutara más y llegara al orgasmo. 

-Ah, ah, ah, papá, papá, que gusto, que gusto.

-Muévete más rápido cariño, disfrutaras aún más.

-Si papi, si. Aaaah, aaaah.

Ella obedeció y comenzó a subir y bajar más rápido tal y como su padre le había dicho. 

-Aaaaaaaah, cariño sigue, sigue, sigue, no te pares, no te pares. 

Su niña lo cabalgaba como loca, no podía aguantar más. La agarraba por las caderas, sudaban como cerdos, estaban a punto de estallar en un orgasmo tremendo. 

-¡Papiiiiiiiiii! Ella fue la primera en irse. 

-¡Cariñooooo, me corroooooooooo! ¡Ah, ah, ah! sabes como follarte a tu padreeeee. ¡Aaaaaaaah!

Ella dejó de cabalgarle y al final se calmaron. 

 

-Ah, ah, que gusto mi niña. Sabes cómo darme placer. Me has follado mejor que tu madre al final. 

-¿Si? ¿En serio papi?

-Si, cariño. Al final te has movido como una experta. Si tienes ganas luego, cuando nos recuperemos, me gustaría hacértelo en la postura del perrito.

Ella sonrió y asintió con la cabeza. Estaba muy contenta y se abrazó a su padre. 

 

Ahora eran un par de amantes. 

Si os ha gustado y quereis comentar, podeis escribirme a:  p****@hotmail.com

 



   
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