La visita
Pasaba de las dos de la madrugada cuando Daniela entró en camisón en la habitación de su cuñada Nuria. Caminando con paso firme, llegó a la cama y luego se metió entre sus piernas. Nuria, que dormía desnuda, no dijo nada. Daniela le flexionó las rodillas, le separó las piernas y lentamente le lamió los labios internos y externos; luego lamió solo los internos, primero uno y después el otro, y a continuación le metió y le sacó la punta de la lengua en el coño como si la estuviera follando con ella.
La respiración de Nuria se aceleró y comenzó a ponerse nerviosa.
Daniela subió besando y lamiendo el monte de Venus, el vientre y el ombligo, siguió besando y lamiendo hasta llegar a las tetas, lamió sus pezones, sus areolas, y le mamó las tetas, todo esto sin tocarle con las manos. De las tetas fue a la boca y la besó con lengua. Luego de comerle la boca, hizo el recorrido a la inversa, volviendo a besar, lamer y mamar hasta llegar al coño, coño que ya estaba empapado. Le lamió el clítoris con la punta de la lengua muy suavemente; poco después, y acelerando el ritmo, pasó de lamer con la punta a lamer presionando el clítoris con toda la lengua.
Nuria, con el coño echando por fuera, comenzó a correrse en la boca de su cuñada. Daniela, al sentir los jugos en su lengua, paró de lamer y dejó que Nuria moviera la pelvis para acabar el dulce trabajo.
Al acabar de correrse, Daniela regresó a su habitación.
A la mañana siguiente, Nuria, que era una veinteañera, morena, delgada, de cabello negro y corto, y con un polvo, estaba sentada a la mesa de la cocina cuando llegó su cuñado Diego. Se sentó a la mesa, se echó un café de la cafetera y le preguntó:
-¿Te visitó anoche Daniela?
Nuria tomó un sorbo de su café, luego miró a su cuñado y le dijo:
—Sí, vino a mi habitación estando sonámbula, y se metió en mi cama, pero no la desperté, tal y como me habías dicho.
Diego era un veinteañero, moreno, de un metro setenta de estatura y resultón; cogiendo un cuchillo y una tostada, le dijo:
-Es que no se puede despertar, no se sabe cómo podría reaccionar.
Los dos estaban en bata de casa, roja la de Nuria y azul la de Diego. Nuria apretó el cinturón de lsu bata y le preguntó:
—¿Cómo sabías que me iba a visitar?
- No lo sabía, pero llevas una semana aquí, y era muy raro que no te hubiera visitado.
—¿A ti te visita?
—A veces.
A Nuria se le amontonaron los pensamientos y se puso nerviosa.
-¡No me digas eso!
Diego sonrió, le dio un bocado a la tostada y luego le dijo:
—De tus palabras se desprende que te acarició bien acariciada.
—Si sabes eso, es porque a ti también te acaricia.
—Sí, y nada puedo hacer para retenerla.
-¡Qué fuerte!
—Lo es, pero que todo sea por su bien. ¿Qué te hizo a ti?
Nuria estaba cada vez más nerviosa.
—No seas morboso.
- Sexo oral. ¿Verdad?
—No voy a hablar de algo tan íntimo, pero por lo que has dicho ya sé lo que te hace.
Diego ya no se cortó.
—¿Te corriste?
—Me voy a vestir, que esta conversación está cogiendo muy mala pinta.
—¿Te corriste en su boca?
Nuria se mosqueó.
—Eres un pervertido.
-Te corriste.
Nuria le plantó cara.
—¡¿Qué buscas, degenerado?!
Quería saberlo y se lo dijo.
—Follarte hasta dejarte seca.
-¡Estás loco!
—Piénsatelo, Daniela se va de lunes a viernes a las siete de la mañana a la estación para coger el autobús e irse a trabajar y regresa a las ocho de la tarde; la mujer de la limpieza no llega hasta las once de la mañana, yo estoy de vacaciones y mis padres están en París.
Nuria zapateó sobre la mesa la tostada que acababa de untar con mantequilla y mermelada, y con cara de gata rabiosa y yéndose, le dijo:
—¡Ni harta de vino te daría mi cuerpo!
Diego cogió la tostada que había zapateado Nuria, y viendo cómo se iba, le metió un bocado.
Esa noche Nuria cerró la puerta de su habitación con llave para no sufrir ningún sobresalto y no salió hasta que llegó la mujer de la limpieza por la mañana.
Ya se había ido la mujer de la limpieza.
Las palabras de Nuria eran contadas con su cuñado y las conversaciones fluidas con su cuñada, que notó que había sucedido algo entre ellos.
Ya se había ido la mujer de la limpieza y Diego se había ido al cine. Fumando un cigarrillo en un banco del jardín trasero de la casa, Daniela, que era una veinteañera, de un metro cincuenta y cinco de estatura, morena, con tetas grandes, culo redondo y preciosa, le preguntó a Nuria:
—¿Qué te pasa con mi hermano?
-Nada.
—Algo te pasa con él. ¿Se metió contigo?
Nuria se abrió a su cuñada.
—Sí, se metió.
—No le guardes rencor; lo dejó su novia y lo suyo no es ir a putas.
—Pues a mí me entró como si fuera una puta.
—A ver, Nuria, eres preciosa, no te debe extrañar que mi hermano lo intentara.
—¡Es el hermano de mi esposo!
—Ya, pero la necesidad...
Daniela le acarició el cabello a su cuñada. Nuria, que llevaba puesta una blusa blanca y una falda corta, le preguntó:
—¡¿No lo estarás intentando tú también?!
Daniela le dio un pico y le puso la mano derecha en la rodilla derecha.
—Sí, me gustas mucho.
Nuria le apartó la mano de la rodilla, se echó la última calada, tiró con el cigarrillo y le preguntó:
—¿Eres lesbiana, Daniela?
Daniela le dio otro pico en la boca, tiró con su cigarrillo, le echó una mano a una teta y la otra mano al coño.
- Sí.
Nuria le sacó las manos de la teta y del coño.
—Yo no, y estate quieta de una vez.
-¿Nunca se te pasó por la cabeza comer un chocho?
—Ya no hablas de bajar tú, sino de que baje yo. No digas tonterías.
Le metió un pequeño beso con lengua, pequeño porque Nuria acabó girando la cabeza.
—¿No te gustaría sentir los jugos de la corrida de una mujer bajar por tu lengua y caer en tu boca?
- A ti no hay por dónde cogerte.
- A mí me gustaría correrme en tu boca.
-Es que tú eres como eres.
Nuria no quería que le hiciera nada, pero tampoco se iba de allí. Daniela le cogió la mano izquierda y se la llevó al coño. Nuria le dijo:
-¡Has venido sin bragas, cochina!
—Y ya estoy mojada.
Le estiró dos dedos, se los metió dentro del coño y le dio otro morreo. Esta vez Daniela no apartó la boca. Al acabar de besarla, le sacó los dedos del coño y se los llevó a la boca.
—Prueba mis jugos.
—No voy a...
Calló al entrarle los dedos en la boca. Daniela se los pasó por la lengua, luego la cogió de la mano derecha y, echándose sobre la hierba y tirando de ella, le dijo:
—Ven y cómeme el chocho.
Nuria se dejó ir, y estando a su lado, le dijo:
- No voy a saber.
—Tú solo pon la lengua en mi chocho, que el resto lo hago yo.
Nuria se metió entre las piernas de su cuñada y le aplastó la lengua contra el coño. Daniela le agarró la cabeza, y movió la pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo para así frotar el coño contra la lengua. Lo frotó a mil por hora desde el primer segundo. Ni un minuto tardó en correrse en su lengua entre espasmos y dulces gemidos. Nuria sintió cómo los jugos de la corrida bajaban por su lengua, cómo le caían en la boca y sintió cómo su coño echaba por fuera.
Al acabar de correrse, le dijo Daniela:
—Quita las bragas y luego ponme el chocho en la boca.
Nuria se hizo la remolona.
—No sé qué me da.
—Yo sí sé lo que te va a dar, te va a dar un jamacuco si no te corres.
—¿Tú crees?
—Sí, creo.
Sacó las bragas encharcadas, le puso el coño en la boca y tardó menos en correrse que su cuñada.
Al acabar de follar, le dijo Nuria a Daniela:
—Esto no se volverá a repetir.
—Como quieras, pero si un día tienes muchas ganas, sabes que me tienes a tu disposición.
Nuria, poniéndose las bragas, le dijo:
—Si un día tengo muchas ganas, me haré un dedo.
- Piensa en mí cuando lo hagas.
Nuria no pudo evitar sonreír.
—Eres incorregible.
Dos días después...
Dos días después, a las ocho y media de la mañana, Nuria salía del aseo, desnuda, luego de darse una ducha, cuando vio a Diego sentado en el borde de su cama. Cerró con llave la puerta del cuarto de baño y le dijo:
—¡Vete de mi habitación!
—Quiero hablar contigo.
-¡Tú y yo no tenemos nada de qué hablar!
—Entonces llamaré a mi hermano y le diré que estás liada con Daniela.
—Le explicaré lo que pasó.
—¿Le explicarás cómo le comiste el coño en el jardín?
Nuria no contaba con que su cuñado supiera lo del polvo que había echado con su cuñada. Se puso una toalla alrededor del cuerpo y salió del cuarto de baño.
—¿Te lo contó Daniela?
Le mintió.
—No, os vi desde la ventana de mi habitación.
—Y para no irte de la lengua, quieres follarme. ¿Es eso?
—Solo te pido que en una hora de tu vida te entregues a mí como te entregas a mi hermano.
—Y tiene los santos cojones de decir, solo.
—Pues quitémosle lo de solo.
Dentro de lo malo, aquello no era lo peor para Nuria.
—¿Si te diese esa hora y me entregase, no volverías a molestarme?
—No, no volvería a pedirte nada.
—¿Seguro?
—Tan seguro como que estamos hablando.
—Júralo.
—Soy ateo.
—Prométemelo.
—Te lo prometo y además te doy mi palabra.
—Vale, una hora, ni un segundo más.
—Quita la toalla.
Nuria se quitó la toalla y Diego la vio desnuda, vio sus tetas medianas con areolas color carne y pezones gruesos, vio su coño peludo, vio un cuerpo diez.
-¡Estás para comerte!
Nuria fue a la mesilla de noche, puso la alarma de su iPhone para las nueve y treinta y siete, y luego se metió en la cama, cama que estaba deshecha. Diego se quitó la bata. Con la polla morcillona se echó a su lado y la besó con lengua; ella le devolvió los besos. Luego le lamió el cuello y una oreja. Nuria levantó la cabeza para que lamiera el resto del cuello y después la giró para que le lamiera la otra oreja. A continuación le atacó las tetas. Con las yemas de sus dedos medios hizo círculos sobre los pezones y los presionó, al tiempo que le besaba y le lamía el ombligo. Luego le lamió los pezones y las areolas y le mamó las tetas. Nuria le puso un dedo en el mentón, le levantó la cabeza, lo besó con lengua y, después de besarlo, le llevó la cabeza a las tetas.
No cabía duda de que se estaba entregando.
Le volvió a comer las tetas unos minutos más y luego le dijo:
- Ponte a cuatro patas.
Se puso a cuatro patas. Le metió dos dedos dentro del coño con las yemas hacia abajo y le acarició el punto g, al tiempo que le lamía el ojete y se lo follaba con la puta de la lengua. Nuria, entre gemidos, le dijo:
—Vas a hacer que me corra.
- Lo sé.
Al rato, Nuria, encogiendo el culo y echándolo hacia atrás, se corrió en sus dedos.
Al acabar de correrse Nuria, Diego chupó el dedo pulgar de la mano derecha y luego, poniendo cuatro dedos en el comienzo de su espalda, se lo metió dentro del culo.
—¿Qué me vas a hacer?
-Te voy a hacer una buena paja.
Lo que hizo fue follarle el culo con el dedo mientras le lamía el coño corrido y le metía y le sacaba la lengua de la vagina.
Nuria comenzó a jadear como una perra.
-¿Te gusta mi modo de pajearte?
—Sí.
Al rato paró de follarla y le preguntó:
-¿Te habían hecho una paja como esta?
-No.
-¿Me vas a dar una corrida en la boca?
—O dos, si hace falta.
Siguió follándole el coño con la lengua y el culo con el dedo, y poco más tarde, con la lengua enterrada en el coño y el dedo enterrado en el culo, dijo Nuria:
-¡Me corro, me corro, me corro, me corro!
Se corrió como una loba y Diego se tragó su corrida como un goloso.
Luego de correrse, se puso boca arriba. Diego le preguntó:
—¿Dispuesta a darme otra corrida en la boca?
Nuria, privada de algún aliento, le respondió:
—O dos, si hace falta.
Diego le echó las manos a las tetas y se las magreó, al tiempo que le lamía el glande del clítoris; lo lamió despacito, con la punta de la lengua y haciendo movimientos circulares sobre él.
Nuria le cogió el dedo pulgar de la mano izquierda, se lo chupó y luego le dijo:
—Fóllame el culo otra vez.
Le metió el dedo en el culo y se lo folló despacito, al mismo ritmo que hacía círculos con la punta de la lengua en el glande del clítoris.
Poco después, Nuria, gozando como una loca, le dijo:
—Me voy a correr. ¡Méteme la lengua en el coño!
Diego, sin quitar el dedo del culo, le enterró la lengua en el coño. Nuria se tocó el glande del clítoris con un dedo y se corrió rugiendo como una leona.
-¡Arrrrrrrrrrg!
Cuando dejó de sacudirse y de jadear, la besó. Luego se echó boca arriba y le dijo:
-A ver cómo das tú el sexo oral.
Nuria empuñó la polla, una polla de unos once centímetros y gordita, que estaba dura. Le escupió en la cabeza y con la yema del dedo pulgar le acarició el meato. Después, apretando la polla, fue bajando la mano hasta llegar a la base. Con la polla descapullada, lamió el frenillo varias veces y luego le mamó la cabeza. Acto seguido inclinó la polla y la lamió de arriba a abajo hasta llegar a los huevos, huevos que lamió y que chupó generosamente. A continuación, la cogió de nuevo por la base y subió lamiendo el tronco, llegó al frenillo y después la metió en la boca y se la chupó entera un montón de veces.
—Eres muy buena dando sexo oral.
—Lo sé.
Chupó el dedo medio de su mano derecha ,y mirándolo a los ojos, se lo fue metiendo en el culo. Con todo el dedo dentro, le mamó la cabeza, le folló el culo y lo masturbó. En nada, le dijo Diego:
—Si sigues, me corro.
- Lo sé.
Siguió dándole caña y Diego se corrió en la boca de su cuñada. Nuria se tragó la leche, y luego pasó la lengua por los labios para aprovechar la leche que había quedado en ellos.
La polla seguía dura y a Nuria le extrañó.
—¿Te has tomado algo para la erección?
—No necesito tomar nada.
Diego se arrodilló entre sus piernas, la cogió por la cintura y la levantó. Nuria se abrió de piernas y la polla dentro en su coño de una estocada y... Y sonó la alarma del iPhone. Nuria le dijo a su cuñado:
—Quita esa cosa.
Quitó la alarma y luego le dio cera, pero no de cualquier manera, le dio a todo gas. Un par de minutos más tarde, Nuria, elevando la pelvis, apretando su clítoris contra el cuerpo de su cuñado, y gimiendo y temblando, se corrió como una bestia.
-¡Me maaaaaaataaaaas!
Esperó a que acabara de correrse mirando su cara de éxtasis y luego le volvió a dar sin medida hasta que se volvió a correr.
-¡Me corro otra vez!
Al acabar de correrse Nuria, Diego, con la polla dentro del coño de su cuñada, tiró de ella, se echó hacia atrás, la puso encima de él, y le dijo:
—Hazme correr.
Nuria estaba cansada e hizo tiempo para recuperarse dándole la teta izquierda a mamar.
—Mama lo que no volverás a mamar.
Besó, lamió, chupó y mamó hasta que Nuria le puso la otra teta en la boca, y luego, cuando se la apartó, le dijo Diego:
—¿Cómo te gusta, lento o rápido?
—Me gusta que me taladren.
Le taladró el coño y poco después Nuria se volvió a correr, esta vez temblando sobre el cuerpo de su cuñado, que se corrió dentro de su coño.
Al acabar de correrse, Nuria se quitó de encima y le dijo:
—Ya hace tiempo que se acabó la hora pactada.
—Sí, gracias por el tiempo extra.
—La verdad es que no me importaría seguir, pero podemos perder la noción del tiempo y pillarnos la mujer de la limpieza con las manos en la masa.
Diego le dio un pico.
—Si no hubiese prometido que no te volvería a molestar...
-Es que si me vuelve a entrar, no me molestaría.
Cobrando la deuda
Diego llegó en bata de casa a la habitación de su hermana sobre las once de la noche y se sentó en el borde de la cama. Daniela, que estaba sentada en la cama con sus gordas tetas al aire leyendo una revista, sin mirarlo, le dijo:
—¿Vienes a cobrar?
—Sí, el que hace su trabajo quiere cobrar.
—Pues adelante, yo voy a seguir leyendo.
A Diego no le gustó lo que acababa de oír.
- Así no te vas a correr.
—Te dije que si la convencías de que soy sonámbula, te dejaba comerme el chocho, no que fuera a correrme.
A Diego le dio un arrebato de macho cabrío.
—Ya veremos si te corres o no.
Le quitó el short que llevaba puesto, se quitó él la bata y en pelotas se metió en la cama. Le abrió el coño con dos dedos, le lamió un labio, le lamió el otro, le metió la punta de la lengua dentro de la vagina y después lamió su clítoris. Lo lamió despacio, lamió el capuchón por arriba y por los lados. Luego le metió las manos debajo del culo, lo levantó y lamió su ojete y su periné. A continuación le metió la punta de la lengua en el ojete, la sacó, la metió en la vagina y después fue de agujero en agujero.
Daniela tiró con la revista, se estiró en la cama y le dijo a su hermano:
—Comes el coño mejor que mi novia.
Diego se vino arriba.
—¿Quieres que te coma las tetas a ver si las como mejor que Verónica?
- Come.
Al principio, besó, lamió y chupó sus pezones y sus areolas, pero luego le devoró sus bellas tetas. Daniela le dijo:
—Mejor no las comes, pero las coges con más ganas.
Diego probó suerte.
-¿Me dejas meterte la polla un poquito?
- No, sigue mamando.
Diego siguió intentándolo.
—¿Verónica no te mete cosas por el coño y por el culo?
—Tú no eres Verónica.
—No, yo tengo polla.
Daniela estaba cachonda y quería materia de la suya, y le dijo:
—Por eso no sabrías usar un vibrador y un consolador para darme placer, si no dejaría que me hicieras correr.
Iba a escuchar las palabras que esperaba oír.
-Enséñame.
—Te anotas a todo.
—A todo lo bueno.
-Coge el cajón de abajo de la mesilla de noche, el consolador de cristal , el vibrador rojo y el lubricante.
Cogió lo que le había dicho. Daniela le echó lubricante al consolador, se lo dio, se puso a cuatro patas y le dijo:
—Mete el vibrador apagado dentro de mi coño y el consolador dentro de mi culo.
Diego, al comenzar a penetrarla, se extrañó de la facilidad con que entraban los aparatos en los dos agujeros.
- Mete y saca acompasadamente.
Le dio exactamente como ella quería. Al rato le dijo:
—Enciende el consolador, mete la mitad y fóllame el culo con el consolador como si te debiera dinero.
El consolador entró y salió a mil por hora del culo y al rato salieron jugos de su coño como si estuvieran saliendo de un aspersor.
Cuando acabó de correrse, Diego le sacó el consolador del culo y, masturbándose, le frotó la polla en el ojete para correrse. Daniela le dijo:
—Métemela en el culo que ahí no hay peligro.
Se la metió despacito. Daniela, que ya había apagado el vibrador, comenzó a darse cera para volverse a correr, pero no le dio tiempo porque Diego tardó muy poco en acabar.
Luego de quitarle Diego la polla del culo y de quitarse ella el vibrador, dijo:
—Le faltó poco para correrme otra vez.
—Eso tiene fácil solución.
Le volvió a levantar el culo y le lamió el clítoris a toda pastilla. En nada, Daniela agarró la almohada con fuerza y, metiéndole un bocado, se corrió en la boca de su hermano.
Daniela, mientras se ponía el short, le dijo:
—Ahora sé que eres de fiar.
—¿Y con eso qué me quieres decir?
—Que quiero hacer un trío contigo y con Nuria.
—¿Y eso qué tiene que ver con fiarte de mí?
—Lleva condones.
Recibiendo mandanga
Nuria estaba de espaldas encima de Diego y recibía mandanga por un tubo. Vio entrar en su habitación a Daniela y dijo:
-¡Hostias! La sonámbula. Deja de darme, que mi coño hace mucho ruido.
Diego dejó de zumbarle. Daniela, que venía desnuda. Se metió en la cama, quitó la polla del coño y se la puso en el ojete de su cuñada. Diego empujó y la polla fue entrando en el culo. Nuria tapó la boca con una mano y se quedó mirando a Daniela, que fingía tener la vista perdida. Luego Daniela bajó la cabeza para comerle el coño, coño que estaba abierto y baboso.
Allí solo se sentía el ruido de las lamidas, ya que la polla friccionaba las paredes del conducto anal, pero no hacía ruido. Nuria blasfemaba con la polla dentro del culo, pero con su lengua pequeña.
El caso fue que el placer que sentía Nuria en el coño fue atenuando las molestias del culo, y tiempo después, al sentir que se iba a correr, quitó la mano de la boca, giró la cabeza, le echó la mano a la nuca a su cuñado, le comió la boca y se corrió en la boca de su cuñada.
Daniela, luego de limpiarle el coño con la lengua a su cuñada, dijo:
—Esto parece un entierro en vez de una sesión de sexo.
Nuria, sorprendida, miró para Daniela y, quitando la polla del culo, le dijo:
-¡Tú no eres sonámbula! Me habéis engañado para follarme.
No se lo negó.
- El fin justifica los medios.
—¡Me voy para mi habitación!
-Estás en tu habitación.
—Pues me voy para el aseo.
Daniela se echó sobre ella, la besó, le dijo algo al oído y luego le dijo en alto:
—No te vayas, enséñame a comer una polla y a follar a un hombre.
—Como si no supieras.
—Soy lesbiana, cuñada.
—Las lesbianas no chupan pollas.
-Quiero probar la polla de mi hermano a ver si me gusta y...
—Y la acaba de sacar de mi culo.
—Vete a duchar, Diego.
Diego se fue a asear.
—¿Me la comes mientras no vuelve?
—¿Qué diría tu hermano si me ve comiéndote el coño?
Daniela le llevó la cabeza al coño.
- No diría nada, se uniría para ayudarte; hace años que me tiene ganas, aunque yo lo supe hace un par de meses.
Le dio una lamida y le preguntó:
—¿Y cómo lo has sabido?
—Una tiene sus fuentes.
—¿Cómo vamos a hacer para que me pueda vengar?
- Coge dos vendas antes de que regrese.
- No tengo vendas.
—¿Tienes pañueletas?
- Tengo.
Al rato regresó Diego, y sin decir palabra se echó al lado de su hermana y le mamó la teta derecha, al tiempo que le magreaba la teta izquierda.
Nuria dejó de comerle el coño, empujó a su cuñado y cogió dos pañueletas rojas debajo de la almohada.
—¿Qué vas a hacer con eso?
—Atarte y vendarte los ojos; me gusta ver a los hombres indefensos.
—Eres un pozo de sorpresas.
Le ató las manos a la espalda con la cinta y le dijo a Daniela:
- Haz lo que haga yo.
Nuria, subiendo y bajando la mano por el tronco, lamió los huevos y los chupó. Daniela hizo lo mismo y después subieron lamiendo el tronco de la polla hasta llegar al glande. Nuria le lamió el frenillo, le mamó el glande, la metió toda en la boca; luego le acercó la polla a la boca a su cuñada y le dijo:
—Ahora empúñala y haz todo tú sola.
Empuñó la polla y le hizo una mamada cojonuda.
Nuria tuvo que detenerla.
—Para, que vas a hacer que se corra.
Daniela paró. Nuria puso a Diego a cuatro patas y luego cogió en el cajón de la mesilla de noche el consolador delgado y un vibrador.
- Coge su polla y tira para atrás.
Daniela tiró de la polla, Nuria encendió el vibrador, se lo pasó desde los huevos hasta el frenillo y luego hizo que lo cogiera Daniela. Le metió la lengua en el culo un par de veces y a continuación le clavó el consolador en el culo. La sorpresa que se llevó Diego fue impresionante.
-¡La madre que te parió!
—Jode que te den por el culo. ¿Verdad?
Diego se desplomó sobre la cama. Nuria le puso una mano en la espalda para que no pudiera darse la vuelta y le folló el culo despacito, para hacerlo sufrir, pero como veía que no se quejaba, le preguntó:
—¿Te está gustando?
—Digamos que no me disgusta.
-¡Maricón!
Le metió y le sacó el consolador a mil por hora. Daniela tiró por la polla. Zapateó el vibrador, le mamó el glande y su cuñado no tardó en correrse en su boca.
Al acabar de correrse, Nuria lo puso boca arriba y le preguntó a Daniela:
—¿Quieres montarlo?
—Sí, pero que se ponga un condón.
-¿Tienes condones, Diego?
Diego ya estaba encantado de conocerse.
—En el bolsillo de mi bata.
Nuria cogió un condón y se lo puso usando las manos y la boca.
- Siéntate sobre su polla.
Daniela se sentó y clavó la polla hasta el fondo del coño. Nuria le echó las manos a las caderas y la empujó hacia delante y hacia atrás mientras Diego le magreaba las tetas; luego la movió alrededor y después le subió y le bajó el culo.
—Ahora dale tú.
Daniela le metió una follada que mismo parecía que llevaba toda la vida montando machos. La follada llegó a ser tan buena que Diego se corrió dentro de ella.
Nuria le levantó el culo, le quitó el condón y le volvió a meter la polla en el coño.
—Ahora ya no se corre más.
Daniela, follando a pelo, no tardó ni dos minutos en correrse. Diego, al sentir cómo se corría en su polla, también se corrió.
Daniela estaba acabando de correrse cuando sintió la leche de su hermano dentro del coño. Sacó la polla y le dijo:
-¡Me cago en tu sombra, Nuria! ¡¡Como me haya dejado preñada, le corto los huevos a él y te corto a ti las tetas!!
Nuria la calmó.
—Tranquila, mujer, mañana te compras en la farmacia la píldora del día después y ya no pasará nada.
No pasó nada, pero se acabó la fiesta, por esa noche.
Quique.




