Me llaman Mar y soy una mujer de veintinueve años, delgada, con un cuerpo bonito, soltera y sin compromiso. Aquellos días me estaba ganando un dinero limpiándole la casa y haciéndole el desayuno, la comida y la cena a mi tío Enrique, que era un hombre del montón, y a mi sobrino Aarón, que era un joven de diecinueve años militar de oficio, fuerte, guapo y muy echado para delante. Enrique estaba la mayor parte del día con mi tía Juana en el hospital porque se había roto una cadera y mi sobrino, que me quitaba unos cinco centímetros de altura, estaba en casa conmigo por el día y por la noche, ya que tenía un permiso.
Todo empezó al tercer día después de comer y de irse mi tío para el hospital.
Os cuento, aquel día luego de lavar los dientes, y mientras los enjuagaba, sentí como con mucha celeridad mi sobrino me subía la falda, me bajaba las bragas y los pantis y me clavaba en el coño su gruesa y larga polla. A pesar de que ofrecí resistencia, me tenía bien sujeta y la resistencia fe inútil. Le dije:
-Sácala, Aarón, sácala, desgraciado.
Me folló como lo haría un conejo.
-¡Te deseo, Mar, te deseo!
Debía tener muchas ganas atrasadas porque ni veinte segundos tardó en correrse dentro de mi coño.
-¡Sácala, cabrón, sácala, no te corras dentro!
Se corrió dentro y al acabar de correrse me siguió follando. Esta vez tardó un poco más en correrse, ya me estaba gustando, pero le dije:
-¡Sácala que me puedes dejar preñada!
No era verdad lo de quedar preñada porque tomaba la píldora, pero de todas formas mis palabras no causaron el efecto esperado, ya que no solo se corrió dentro, sino que luego me dio a romper.
-¡Para, miserable, para, para!
Me lleno el coño de leche y sin poder evitarlo, me corrí con él, me corrí agarrada a borde de la pileta y con un tremendo temblor de piernas.
Luego mientras me giraba me dijo:
-Quiero comerte la boca, las tetas, el coño y el culo.
Me dieron ganas de meterle un bocado por la prepotencia que se gastaba.
-Lo que vas a comer es un rodillazo.
Mi sobrino era un cabrón.
-Si me das un rodillazo le diré a mi padre que follé contigo.
-¿Y qué ganarías con eso?
-Que te follara él también, y tú no quieres follar con él. ¿O sí?
-¿Me estás chantajeando?
-Si lo quieres llamar así, sí.
No me quedaba otra.
-Tú ganas, cómeme, y ojalá te atragantes.
Se quitó la camiseta y vi su torso y sus brazos de culturista, se bajó los pantalones, y vi los trabajados muslos de sus piernas, se quitó el calzoncillo y vi su gorda y larga polla, tiesa y apuntando hacia mí. No puedo decir que no me gustó lo que vi.
Me agarró las manos, me las levantó y con los dorsos de mis manos contra la pared, me comió la boca bien comida, empezó con picos, siguió pasándome la lengua entre los labios, y después me la metió dentro de la boca, Sentí su lengua lamer la mía, pero no la saqué para que me la chupara, ni chupé la suya, aunque ganas no me faltaron.
Me quitó el sujetador y vio mis tetas, medianas, redondas, con areolas marrones y lindos pezones.
-Tienes unas tetas cojonudas.
Me quitó el sujetador, agarró las tetas y las amasó, lamió los pezones, lamió las areolas, besó y lamió el contorno, mamó las tetas y jugó con sus dedos en mis pezones. Si Aarón hubiese visto mi cara sabría que me estaba poniendo más que cachonda.
Después me volvió a poner cara al espejo, me quitó los zapatos, la falda, los pantis y las bragas, hizo que separa las piernas. Vio su leche y mis jugos a lo largo del interior de mis muslos. Lamió los de un lado hasta llegar al coño y luego lamió los del otro lado. Era un guarro fe mucho cuidado.
-¿Te gusta lo que te estoy haciendo?
Le mentí.
-No, cerdo, no.
Separó mis redondas nalgas y lamió el periné y el ojete, al tiempo que masajeaba mis nalgas. Después me metió una follada de lengua en el ojete que me dejó al borde del orgasmo. Vi como iba cambiando mi cara en el espejo mientras me comía el culo y esto aún me puso más perra. Luego metió dentro de mi coño dos dedos con las yemas hacia abajo, me lo folló a toda pastilla y cuando estaba a punto de correrme me giró, lamió mi coño y me volví a correr.
Al correrme tuve que tapar la boca con una mano para que no oyera mis gemidos e placer, de mis piernas se fueron las fuerzas y acabé de rodillas en el piso del cuarto de baño.
Cuando abrí los ojos tenía el gordo capullo de su polla entre mis labios.
-Abre la boca.
Abrí la boca. La metió casi toda dentro y se masturbó. Luego me puso los huevos en los labios,
-Lámelos y chúpalos y luego acaba la mamada.
Aquello debía molestarme, pero no me molestó, al contrario, me gustaba ser su puta sumisa. Así qué lamí y chupé los huevos, luego empuñé su polla, la metí en la boca y se la meneé y se la mamé hasta que me llenó la boca de leche.
Con la leche en la boca me puse en pie y la eché en la pileta.
Estaba de nuevo frente al espejo. Aarón me echo las manos a las tetas y magreándolas me la clavó en el coño y me follo al estilo metralleta. Pensé que se iba a correr en un tris, pero no fue así porque fue haciendo paradas cada vez que sentía que se iba a correr. Cuando no paró fue cuando sintió mi coño apretando y soltando su polla en ese momento, jalando mi cabello me dio sin conocimiento, y me dijo:
-¡Córrete conmigo, Mar, córrete conmigo!
Nos corrimos juntos, él se corrió dentro de mi coño y yo le pinté de blanco la polla con una corrida de jugos cremosos.
Mi sobrino, el militar, me estaba volviendo loca y no me lo podía permitir.
-¿Seguimos?
-No.
-¿Por qué no?
-Porque eres mi sobrino. ¿Te parece poco?
Sonriendo, me dijo:
-Voy a tener que hablar con mi padre.
Me había metido en algo muy peligroso, su sonrisa y sus palabras me lo estaban diciendo. Tenía que cortarle las alas a aquel pájaro. Le eché una de esas miradas que matan, y luego le dije:
-Tendré que follar con tu padre, pero tú no follas más porque te voy a cortar los huevos y la polla cuando estés dormido.
-No creo que te apetezca acabar en la cárcel.
-En unos meses estoy fuera, alegaré que fue una venganza tras haber sido violada.
-No hay que llevar las cosas tan lejos.
Lo había acojonado y no se volvió a acercar a mí con malas intenciones. No se acercaba a mí con malas intenciones, pero sabía que me espiaba, me espiaba cuando me duchaba, cuando iba para mi habitación a tomar la siesta, o de noche cuando iba a dormir, lo sabía porque lo tengo visto por el rabillo del ojo.
Mi tío, que untaba a las enfermeras, se quedó esa noche a dormir en el hospital con mi tía, en un sillón que había al lado de la cama.
Aquella noche yo llevaba puesto un vestido marrón ajustado al cuerpo con cremallera por delante que me daba bastante por encima de las rodillas. Sentados en dos sillones en la sala de estar y mirando la televisión, Aarón, que estaba sentado frente a mí, me preguntó:
-¿Esperas a alguien, Mar?
-No. ¿Por qué lo preguntas?
-Por el vestido que llevas puesto.
-Manché el otro vestido de salsa al hacer la cena y me puse el primer vestido que encontré.
-Te queda bien, realza tu figura, y además es provocativo.
Me había puesto el vestido para provocar a mi sobrino y había dejado que subiera hasta que casi se me veían las bragas. Aarón estaba frente a mí, y me dijo:
-Mar ¿Puedo decirte algo?
Tenía que ser sutil. Bajando el vestido, le respondí:
-Si no es sexual, sí.
Se calló la boca, lo que me dijo que era algo sexual.
-Se te ve venir de lejos.
-Es que...
-¿Qué?
-Qué provocas hasta sin querer.
-Yo provoco cuando quiero.
-Si tú lo dices...
-Sí, lo digo.
Al rato, haciéndome la despistada y mirando la televisión, abrí las piernas y le dejé ver mis bragas blancas para que se abalanzara sobre mí y me diera lo mío
A Aarón, que estaba recién duchado y que tenía puesto un pijama negro de seda, se le puso la polla tiesa e hizo una pequeña montaña en su pijama. Vi su empalme de reojo, y luego, sorprendida, vi como se iba.
-¿Ya te vas para cama?
Se giró empalmado como un burro, y mirando hacia mí me respondió:
-Sí, no quiero acabar sin polla y sin huevos.
Pensé que no debía haber sido tan radical, pero ya no podía hacer nada al respecto
-Que descanses.
Al irse, y sabiendo que se iba a masturbar, noté algo que siempre me pasa cuando me empiezo a poner cachonda y es un calorcillo por todo el cuerpo. Apagué la televisión, cogí una manzana reineta en el frutero de la cocina y me fui parra mi habitación. Al cerrar la puerta el calorcillo se acentuó. Presentí que mi sobrino no tardaría en espiarme por el agujero de la llave de la puerta y aún me puse más a tono. Eché la manzana sobre la cama. Cara a la puerta bajé la cremallera del vestido, lo dejé caer al piso y quedé en tanga y sujetador de color blanco. Luego fui al cajón de abajo del armario y cogí el lubricante, un consolador vibrador y un cinturón ancho y los eché junto a la manzana, después me quité los zapatos, el sujetador y el tanga, me metí en la cama y me arrodille en ella. Agarré el cinturón, puse la manzana encima de mi ombligo y la apreté con fuerza contra mi vientre al cerrar la hebilla del cinturón sobre ella.
Me senté sobre la cama con la espalda en la cabecera, agarré mis pezones con dos dedos de cada mano y tiré de ellos, luego hice como que los enroscaba y que los desenroscaba. Jugué con ellos un buen rato, después cogí el consolador vibrador, que era muy grueso, que medía dieciocho centímetros y que acababa en punta. Con la punta comencé a jugar con la capucha de mi clítoris.
La puerta de mi habitación ya estaba abierta y entornada. Era la primera vez que me masturbaba sabiendo que me estaban mirando y el morbo era tremendo.
Deseando que irrumpiera en mi habitación lubriqué el bicho y comencé a meterlo en el coño. Entró como siempre, apretado, pero a medida que fue entrado fui sintiendo como si me estuviera follando las entrañas, cosa que me encantaba, sí, soy algo rara, pero en la rareza hay exclusividad. Poco después metía y sacaba el bicho con mi mano derecha y con la izquierda tiraba de los pezones y magreaba mis tetas.
Me había olvidado totalmente de mi voyeur. Cuando me vino a la cabeza, me puse a cuatro patas, de lado en la cama para que tuviera una buena visión, y me di por detrás.
Vi a mi sobrino en la puerta machacándose la polla, se me estremeció el cuerpo. Me derrumbé sobre la cama y comencé a correrme con una fuerza brutal.
Al acabar de correrme saqué el cinto, me puse boca arriba y comencé a comerme la manzana. Vi venir a mi sobrino hacia mí, me senté en a cama y con cara seria y sin taparme, le dije:
-¡¿Qué quieres?
-Quiero limpiarte el coño con mi lengua y....
-¡¿Yo a ti qué te había dicho?!
-Es que después de lo que he visto...
-¡¿Me has estado espiando?!
-Sí. ¿Me dejas que te limpie el coño con la lengua y que te folle como a ti te gusta?
Le di cuerda.
-¿Qué sabrás tú lo que me gusta a mí?
-Te gusta el belly press, lo acabo de ver.
-Y tú eres un experto, claro.
-Tanto como un experto, no, pero se lo he hecho a varias mujeres.
-Es tentador lo que me propones, pero es que soy tu tía, Aarón.
Se metió entre mis piernas,
-Olvida que eres mi tía por una hora y gocemos.
No estiré más el chicle.
-Me voy a sentir muy puta dejándome y sé que me va a pesar, pero me voy a dejar.
Lamió los jugos que mi coño había echado fuera y los cremosos que habían quedado dentro. Al tenerlo limpio, su lengua y sus labios envolvieron mi clítoris y lo succionaron.
-¿Qué haces?
La respuesta a mis palabras fue enterrar la lengua en mi coño y luego decirme:
-Quiero que te corras con mi legua antes de correrte con mi polla.
Con la manzana a medio comer, le dije:
-Vale, dale.
Siguió lamiendo mi coño. Dejé de comer la manzana. Cerré los ojos y ya no los abrí hasta después de darle una intensa y cremosa corrida en la boca.
Sin darme tregua, se arrodilló delante de mí, me levantó cogiéndome por la cintura y me clavó la polla en el coño, la sacó y luego puso la palma de su mano sobre mi ombligo y sobre el hueso pélvico, presionó y la polla entró muy apretada estimulando mi punto g y las terminaciones de mí clítoris, o lo que es lo mismo, produciéndome un placer muy intenso... Nos mirábamos a los ojos mientras mi polla entraba y salía del coño, mientras él presionaba al entrar la polla y soltaba al salir, y sin decir una sola palabra, fue él, tiempo después, quien rompió el silencio.
-Eres preciosa.
-Soy muy puta, y esa puta se va a correr.
Un par de minutos más tarde sentí su leche dentro de mi coño, luego como me subía el hormigueo desde las plantas de los pies y al final un placer inmenso que me hizo aullar como una loba.
Al acabar de correrme, abrí los ojos y vi a mi tío al lado de la cama, en pelota picada y con un empalme brutal.
-Vaya polvo tienes, Mar.
No fui capaz de moverme ni de articular palabra. La sorpresa había sido mayúscula. Mi sobrino le fijo a mi tío
-No tiene un polvo, papá, tiene siete, siete polvos, mínimo.
Mirando para Aarón me vino el habla de repente.
-Te fuiste de la lengua, cabrón.
Tenía más que decir que yo.
-No haberme amenazado.
Mi tío me peguntó:
-¿Bueno, qué? ¿Va a ser por las buenas o va a ser por las malas?
Era fácil escoger.
-Por las buenas, pero solo una vez, y si nunca más me molestáis.
-Tienes mi palabra.
Mi sobrino me metió la polla en la boca y mi tío me la metió dentro del coño. Para qué os voy a mentir, disfruté mamando y disfruté de la follada, tanto la disfruté que al rato me corrí en la polla de mi tío.
Luego de correrme me volteó. Estando encima de él, me dijo:
-Fóllame.
No me lo pensé dos veces, quise follarlo como solo yo sé para hacer que se corriera y acabar de una vez, pero mi sobrino no se quería quedar sin su parte, y como tenía el ojete a tiro, me agarró por la cintura y me la fue clavando en el culo su gruesa y larga polla. Como me dolía, no me moví, pero se movieron ellos. ¡Y cómo se movieron! Dándome a mazo mi tío y dándome a mazo mi sobrino. Me caían unos lagrimones cuando les dije:
-¡Me estás rompiendo el culo, cabrón!
Mi sobrino paró de machacar mi culo, pero fue para correrse dentro. Luego me lo siguió, machacando, aunque ya no me dolía tanto. Se corrió mi tío dentro de mi coño y luego también me siguió dando.
Comenzó a gustarme, y sin querer, queriendo, comienzo a gemir. Al sentir mis gemidos pararon de follarme. Estaba tan perra que los follé yo a ellos buscando mi orgasmo. Al rato, le metí un morreo a mi tío, y luego le dije:
-¡Me corro en tu polla!
Me corrí en su polla y ellos se volvieron a correr en mi coño y en mi culo.
No sé si mi tío iba a cumplir su palabra o no, pero como al día siguiente regresaba mi tía a casa, puse tierra de por medio.
Quique.





