Mi sobrino cachondo...
 
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Mi sobrino cachondo en la piscina

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Iniciador del debate   [#1975]

                                 Salió de la piscina corriendo en cuanto crucé la cancela del jardín. Lo único que llevaba era un diminuto slip rojo. Apenas una tira de lycra cubriendo el pubis y menos de la mitad de su prieto culo.

- ¡Tío! ¡Qué sorpresa!. 

                                 Con su cuerpo húmedo pegado al mío, abrazándome con fuerza yo empezaba a notar algo duro dentro de mis boxers. Es que uno no es de piedra y ese chico tan guapo entre mis brazos me estaba conmoviendo. 

- Hola sobrino, ¡que guapo estás!. 

                                    El agua escurría por mi camisa blanca haciendo que se trasparentaran mis pezones. Lo duros que se me habían puesto en cuanto le vi salir de la piscina y ver su joven, lozano cuerpo.

- ¿Donde esta tu madre? Le pregunté.

- Ha salido de viaje con mi padre. Estarán todo el fin de semana fuera. De folleteo supongo. 

- ¡Pero nene! ¿Que vocabulario es ese? ¿Te han dejado solo?. 

- Soy mayor de edad y se fían de mí. O ¿te han pedido que me controles? No pasa nada. Tampoco pensaba montar una orgía. 

                                 Bromeaba, claro, pero esas palabras me erizaron los vellos de la nuca. Y los de otro sitio no porque me había depilado entero. Tendré que admitir aquí que su madre, mi querida hermana, me había pedido que le echara un ojo. Pero ni en broma se lo iba a decir a él. Y desde luego pensaba que se refería a un vistazo no a la polla. 

- ¿Y cual era tu plan?. ¿Pasarte en remojo todo el fin de semana?.

- Eso y tomando el sol con la tablet. Para eso le di tanta guerra a mi papi para que hiciera la piscina. Para broncearme y hacer algo de ejercicio. Para eso están las vacaciones de la uni. 

- Pues no es mal plan lo admito. 

                                   Yo iba de visita a ver a mi hermana y me encontraba a solas con mi dulce sobrino. De inmediato él me invitó a pasar un rato en remojo. Pero no me había traído bañador. Así que se ofreció a dejarme uno suyo. Y menos mal que no propuso bañarnos desnudos, al principio. 

- Ya que has venido. Quedate un rato. Te vendrá bien darte un baño con el calor que hace. Coger algo de color. Así verás que no tengo ningúna chica escondida, ni un chico. 

                              Creí que seguía bromeando. Pero me hice ilusiones. La esperanza es lo último que se pierde. 

- No tengo bañador, cielo. 

- Yo te dejo uno mío. Tenemos una talla parecida. Mejor que los de tu cuñado. Sus bermudas se te caerían, tiene mucha panza. 

                               Bromeábamos. Subimos a su cuarto en la segunda planta del chalet pijo que el sueldazo de su padre había comprado. 

                              Sobre su cama colgaba un enorme poster de un cantante de moda ligerito de ropa, con el torso al aire. Me alegró aún más la vista. En el marco del espejo había pilladas fotos de él con sus amigos. Todas estaban en bañador, sin camiseta o con ropa muy, pero que muy pequeña. También había alguna amiga en bikini o con tops 

- Bonitas fotos. 

- Son todos mis amigos. 

                                 Doblando su ágil cuerpo por la mitad, con lo que me mostraba las nalgas casi al completo y su polla marcada en la fina tela. Abrió el cajón inferior de su cómoda, dentro del vestidor. Allí correctamente colocados supongo que por mi perfeccionista hermanita estaban sus bañadores, al lado de los slips.

- ¡Que ordenado!. 

- Mi madre, ya sabes. Pero yo no soy nada caótico. ¿Un bañador? 

                   Al ver que todos eran del estilo y tamaño del que él llevaba puesto pronto desistí de lo de la dignidad y me conformé con algo que cubriera lo justo.

                  Qué casualidad que a ninguno de los dos se nos ocurriera buscar en los armarios del marido de mi hermana. Así puede que hubiera encontrado algo más discreto, aunque no fuera de mi talla. Pero él tenía razón, su padre es mucho más amplio que yo. El gimnasio estaba haciendo maravillas con mis abdominales. 

- Ese te va a quedar genial. Aunque es un regalo de una amigo. 

- Tus amigos te hacen unos regalos muy interesantes. 

- Y solo has visto una mínima parte. 

                 Miedo me daba con lo que podrían jugar un grupo de chicos con las hormonas alteradas. 

- Pues ya me enseñaras más. A no ser que te de vergüenza que los vea tu anciano tío .

- Pues si hablas del hermano de mi padre sí, pero tú no eres nada viejo. Así que no me importaría. 

                   Lo dijo con su bonita sonrisa. Provocándome un escalofrío. 

                    El bañador blanco que por fin elegí tapaba mi pubis. No se le podía pedir mucho más. Se metía entre mis nalgas casi como un tanga y probablemente se trasparentara en cuanto se mojara. Tendría que andar sacándolo de la raja del culo a cara momento. Pero a la mierda la vergüenza, cuando le tenía a él casi desnudo ante mí. 

                        Viendo la actitud desinhibida de Mario todo eso ya me importaba un pimiento. De hecho me desnudé ante él para cambiarme. A lo que respondió con naturalidad pero echando algunos vistazos descarados a mi expuesta anatomía.

- ¿Te gusta lo que ves?.

- Tienes un cuerpazo. Tito. Seguro que tienes un montón de proposiciones indecentes. 

- Algunas hay. 

                        No sabía si quería hacerme una de esas. Me di cuenta de que no apartaba la vista de mi cuerpo. Y eso me gustaba. 

                       Me saqué la camisa mojada y dejé caer al suelo mi vaquero. El boxer de lycra pegado admito que era bastante sexy y sensual. Pero por lo que había visto en sus cajones él tenía cosas parecidas y algunas mucho más pequeñas. Así que no tenía muy claro a qué venía tanto interés.

                        Al fin me desnudé por completo delante de él. Yo le había visto en bolas un montón de veces, aunque claro eso había sido hace años. Esa sería la primera vez que yo lo estuviera delante de él. 

- Llevas el pubis depilado. Es más bonito así. Bueno vas depilado entero. 

- ¿Que pensabas? ¿Que a mis años me iba a dejar?.

- No claro. Solo era una observación. No sigas diciendo que eres viejo. ¡Por favor!.

                Seguíamos bromeando. 

- Pues tú no sigas picándome. 

- ¡Yoooooo!. Para nada. Además yo me he dejado una tirilla de vello por encima de la polla. ¡Mira!.

                    Sin darme opción a opinar se bajó la cinturilla del bañador y me mostró el pubis sin ningún pudor. Efectivamente se había dejado con el vello bien recortado algo parecido a un bigote por encima del rabo. 

- Así queda muy bien también. 

                     Tuve que admitir anonadado por el bello espectáculo. 

- Eso dicen mis amigos. 

                      Vale, estaba muy intrigado por esos amigos que posaban para fotos en bañadores muy pequeños, regalaban ropa interior muy sexi y admiraban los arreglos capilares de mi sobrino de diez y nueve años. 

                        Yo también tengo amigos de esa clase y desde luego no me conformo solo con eso con ellos. Llegamos a mucho más. Pero pensaba que mi sobrino no sabía nada de esos gustos particulares míos. 

                        Ahora bién si él no los conocía entonces se estaba esforzando mucho en calentar a su tío. Yo en ese momento estaba muy despistado. 

- Venga, termina y vamos al agua. 

                       De perdidos al río, o mejor dicho a la piscina. Así que volvimos a bajar al jardín. Se estaba mostrando muy cariñoso. Se pegaba a mi cuerpo a la menor oportunidad y tal y como íbamos ataviados me estaba poniendo muy cachondo . 

- Nene, ¡que sobón estás hoy!. 

- Es que me alegro mucho de que estés aquí. Vamos al agua. 

- De acuerdo. 

                     Me cogió de la cintura y se pegó a mi costado. Pero su mano juguetona bajaba a la parte de piel desnuda de mi nalga. Y dejaba allí suaves caricias. Tenía que darse cuenta de que yo iba con la polla dura. Como yo me había percatado de que él estaba así desde que me había visto cambiarme en su cuarto. 

                            Se me estaba pasando el despiste pero rápido. Al llegar al lado de la piscina lo cogí en brazos para arrojarlo al agua. Pero se agarró a mi cuello y caímos los dos en un revoltijo de miembros y cuerpos. Si yo me agarraba, él no me había soltado. 

                         Estábamos sobándonos el uno al otro de forma descarada mientras luchábamos por salir a respirar. Ni por todo el oro del mundo habría separado las manos de su cuerpo en ese momento. Creo que llegué a tocar su polla, a juzgar por lo duro que estaba aquello que tenía en la mano. 

                      Él no se cortaba. Sentía manos por todas partes. Parecía un pulpo. Ni en un trío que había hecho hace tiempo noté tantas manos. Cuando me bajó el bañador a medio muslo di por terminado el juego y me puse de pie. Mi polla apuntaba al frente cual bauprés de velero. No sabía si subir la prenda o quitármela del todo. Pero pronto me sacó de dudas. 

 - ¡Va tío! Estamos solos y ya te he visto desnudo antes. Somos chicos los dos, no importa. 

                         Para corroborar sus propias palabras se terminó de quitar su slip y lo tiró al césped. De todas formas ya lo no tenía muy bien colocado. No sé donde había tocado yo. Esa es mi historia y me atengo a ella. 

 - Pues vale. De todas formas no es que me tape mucho. 

                           Así que terminé de desnudarme. Y arrojé la prenda al lado de la suya. Seguíamos jugando cada vez más pegados, tocándonos y rozándonos sin más complejos. Me parecía sentir su polla dura por todas partes. Y desde luego la mía en las mismas condiciones se pegaba a su cuerpo.

- Vaya tío te has puesto muy contento. 

- Pues tú vas igual y no parece que te moleste. 

- No me molesta en absoluto. De hecho me gusta. ¿No creerás que es la primera que veo o toco?.

- Así que con esos amigos tuyos te dedicas a jugar a esto también.

                                   Me sujetó la polla y me acarició los huevos. Visto lo que él tenía agarrado me quedé quieto y le dejé hacer. Eso sí sujetando su cadera tocando piel. Puede que también deslizando la palma hacia sus nalgas.

- Tío. A estas alturas no son juegos precisamente. Nos divertimos mucho. Y quiero divertirme contigo. Estás muy bueno. 

- Sobri. Eres guapísimo y tienes un cuerpo que es un sueño. Pero seguimos siendo familia.

- ¡Oh! Vamos, los dos somos chicos. No pasa nada. Sé que te gustan los chicos. Ambos tenemos nuevas posibilidades aquí. Te puedo presentar a mis amigos. 

                                      Seguía acariciando mis genitales. Tenía la polla como una piedra. Yo no había soltando su duro culo. Me fui acercando todavía más hasta que lo besé. Lo hice cómo nunca lo había hecho antes, suave en los labios al principio. Pero pronto entraron en acción las lenguas. Y, joder, cómo la movía.

                                Metió la mano entre mis nalgas buscando el ano con un dedo, o dos. Viendo que él se animaba hice lo mismo con su duro culo. 

- Hay que dejarlo bien limpito.

- Se ve que ya has practicado mucho. 

- Me encanta besar, tito. 

- No solo besar, supongo, tal y cómo me estás agarrando la polla y la retaguardia. 

- Y todo lo demás por supuesto. Sube al borde. Quiero comértela.

                           Me senté en el bordillo con los muslos bien abiertos. Empezó lamiendo mis huevos depilados. Me recliné hacía atrás sobre mis antebrazos para darle más acceso. Me miraba a los ojos con una expresión de lascivia que nunca había visto en su cara. Y a esas alturas yo solo podía gemir de placer. 

                         Subía con la lengua pegada al tronco hasta meterse el glande en la boca. Lo acariciaba con la sin hueso y hacia lo mismo con todo lo demás con sus manos. Sin prisa, tierno, haciéndome disfrutar pero alargando el placer para que no me corriera pronto. 

- Te quiero duro todo lo que pueda, tito. 

- Joder sobri. Podrías dar lecciones a más de uno. ¿Con quién has aprendido tú?.

- Ya te contaré. Disfruta. ¿Quieres que te coma el culo?.

- ¿Lo harías?. ¡Pues claro!.

                           Me puse más en el borde y levante las piernas. No era muy cómodo sobre el cemento pero lo compensaba con creces su lengua y manos que no se separaban de mi piel. La clavó en el ano y empiezo a jugar con los dedos abriéndolo.

- Parece que quieres follarme.

- Y tú a mí si te apetece. 

- Lo quiero todo. Sal de ahí. 

                             Seguía en el agua. Pero tiré de él agarrando su antebrazo hasta sacarlo de la piscina. Apenas conseguimos llegar a las toallas, pues seguíamos jugando con las lenguas. Además de no separar las manos del cuerpo del otro. Me estiré en césped. 

- Hora de devolverte el favor. Siéntate sobre mi cara. 

                                Con las rodillas a ambos lados de mi cabeza tenía el ano y los testículos sobre mi lengua. Sostenía sus nalgas con las manos para que no me aplastara. No suelo ser de garganta profunda pero cuando levantó la cadera para meter la polla en mi boca casi me llega al esófago. 

- Joder, tío. Yo no voy a aguantar tanto me voy a correr. 

                                La verdad es que no podía opinar mucho. Tenía la boca llena de rabo. Así que dejó su semen sobre mi lengua y se tumbó sobre mí para besarnos y compartirlo. Rodeé su cadera con mis muslos. Durante un rato nos estuvimos dando lengua jugando con su lefa y saliva. Notaba mi polla dura qué no había bajado nada en su vientre. 

- ¡La quiero dentro!.

- Cabálgame.

                              No teníamos a mano otro lubricante que la crema solar pero al ser bastantee aceitosa cumplió esa función. Él lo hizo todo. Sentado sobre mi vientre le puso un buen chorro a su ano y lo extendió por mi nabo.

- Así no se te quema. 

- Donde lo voy a meter va a estar a la sombra. 

                              Despacio, sujetaba su cadera. Fue bajando sobre mi polla hasta tenerla entera dentro. Sus huevos apoyados en mi vientre y sus nalgas en mis muslos. Descansó unos segundos solo con la sensación de sentirse lleno y yo muy apretado. 

- Como nos vea tu padre así, nos mata a los dos. 

- Pero a mí madre no le importaría. 

- ¿Lo sabe?.

- ¿Que a los dos nos gusta todo?. Pues claro. Si ella también es bi.

- Ya sabía que de tu edad jugaba con sus amigas. Pero creía que después de casarse lo habría dejado. 

- Ya sabes como es mi padre de gilipollas. Sale mucho con una amiga y no solo a tomar café. 

- Así que la guarrilla de mi hermana se ha echado una amante. ¿Y tú como lo sabes?.

- No tenemos secretos. La primera vez que me besé con un chico fui a contárselo a ella. Y con una chica lo mismo. Y ella me contó lo suyo para que la cubriera si hacía falta. 

                                No teníamos prisa. Yo seguía con la polla dentro de él. Apretaba y aflojaba el culo para darme gusto pero sin subir y bajar todavía. Le acariciaba la polla, que daba señales de recuperación y los huevos. O pellizcaba sus pezones. A veces se inclinaba a besarme y darme su saliva. 

- Vaya familia de viciados que hemos salido. Si que tienes trucos. ¿Todo eso lo has aprendido con los amigos?.

- Habíamos estado experimentado. ¿Te apetece conocer alguno?.

- No sois celosos. 

- Para nada, solo nos gusta el buen sexo. Aunque ya ha salido una pareja del grupo. 

                               Pero ya era hora era hora de tener algo más de movimiento así que sujeté su cinturita y empecé a mover su cadera. Captó enseguida la indirecta. Sin dejar de apretar el culo subía y bajaba la cadera apoyado en mi pecho y acariciando mis pezones. Oía sus jadeos y creo que si hubiera algún vecino cerca también. Su rabo se estaba poniendo bien duro. Aproveché para ponerle bien de la crema que estábamos usando de lubricante. Yo lo quería dentro de mí. 

                           Con el calentón que llevaba desde que entré en el jardín no tardé mucho en correrme y ya estábamos empatados. Se estiró sobre mí para volver a morrearme mientras mi rabo convertido en gusanillo salía solo de su culo junto con una buena cantidad de semen. 

- Te toca tito. 

- ¿Me giro?.

- ¡No!. Quiero verte la cara mientras te follo.

                               Así que volví a levantar las piernas hasta que las rodillas pegaron en mis pezones. Antes de penetrarme me puso bien de crema con dos dedos. Y eso que a mí me hacía menos falta que a él. 

- Vaya tío. Parece que no soy el primero que entra por aquí. 

- Y no vas a ser el último o ¿qué pensabas?.

- Por lo que me ha contado mi madre estaba convencido. 

- A ver si va a ser ella la que nos ha preparado esta encerrona. 

- ¿A que te gusta?. Ya me dijo que hoy estuviera solo. Sino sí que me hubieras pillado con uno o dos amigos y en mi habitación. Bueno o aquí "bañándonos".

- Osea haciendo lo mismo que estamos haciendo tú y yo. 

- Exacto. Por cierto, te los tengo que presentar.

- Hoy me encanta estar a solas contigo, conociéndonos mejor. Ya veremos.

                            Para entonces ya me estaba follando. Fuerte pero no demasiado deprisa, justo cómo me gusta. Ya no podía seguir la conversación aunque seguía muy intrigado. Solo jadeaba como una máquina vieja de vapor. Y por cierto él estaba en las mismas mientras agarraba mi rabo y lo acariciaba. 

                          Parecía el conejito de durac... que dura y dura. Pero claro él ya se había corrido una vez. Cuando me llenó el culo de semen se derrumbó sobre mi torso y lo abracé con ternura sin dejar de darnos besos y lamer la piel del otro. 

- Ha sido genial, tío. 

- ¿Ya te has cansado?.

- Claro que no. Pero hay que renovar fuerzas. ¿Almorzamos?.

- Me parece una buena idea. 

                                  Desde luego no nos vestimos. Solo nos dimos una ducha juntos dónde seguimos acariciándonos y lamiendo cada centímetro de la piel del otro. De los pies a la coronilla. Sin olvidarnos de un nuevo beso negro o darle un buen repaso a las axilas depiladas de ambos. 

                                 Mientras comíamos, en bolas, naturalmente seguíamos jugando. dándonos la comida el uno al otro o poniéndola sobre nuestros cuerpos para poder besar y lamer. 

- ¿Sabes que mi madre y su amiga te tienen ganas? No solo mis amigos. 

- ¿Pero si somos hermanos!. 

- Y yo soy tu sobrino y me la has metido hasta los huevos. 

- Viéndolo así. Tampoco es tan grave. ¿Tú te lo has montado con ellas?. Porque a estas alturas no me extrañaría. 

- Eso que te lo diga tu hermana. Bueno. ¿Te animas a venir mañana?. ¿Invitó a un amigo?.

- ¿Ya me quieres echar?. ¿No me invitas a dormir?. O ¿es que vas a traer a alguien esta misma noche?.

- No, pero solo porque no puede quedarse a dormir. Así que me gustaría que lo hicieras tú. ¿En la cama de mis padres?.

- Tiempo tenemos de cambiar las sábanas. 

                        Y nos echamos a reír. 


Larga y próspera vida


   
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(@armansor)
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excelete espero que tenga continuidad el relato 



   
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pern
 pern
(@pern)
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Iniciador del debate  

..... 

   - ¿De verdad?.

 - Si, la conocí hace unos días, el sábado pasado y es preciosa. Toda una mujer. 

 - Pero, ¿en serio tiene rabo?.

- Y no veas lo bien que lo maneja. 

- Tienes que contarme todos los detalles. ¡Tía!.

- Para eso hemos quedado. Yo es que aún no me lo creo y necesitaba contarlo. 

- Somos hermanas. Puedes contármelo todo y además ya sabes que me encanta el sexo y el morbo. No me voy a escandalizar de nada. 

- Si ya sé que eres una guarrilla. 

- ¿Como la conociste?.

- Estaba sentada en un taburete tomando una copa. En el pub, ya sabes. El sábado por la noche. 

- Pero si yo estaba allí y no vi nada. 

- Estabas muy ocupada. Tenías la lengua dentro de la boca de aquel morenazo. Y si no recuerdo mal aunque estabais en un rincón oscuro él ya tenía dos dedos dentro de tu tanga. 

- Y por estar así me lo pierdo todo, ya lo siento. 

- No lo sientes, zorrón. 

- El realidad si, el cretino no sabía cómo comer bien el conejo. Tu lo haces mucho mejor. Casi ni consigue que me corra con los dedos. 

- Yo lo hago todo mucho mejor. 

- ¡Al grano! que te desvías del tema.

- Bueno como me habías dejado sola y la vi allí tan sola y tan sexi...

- ¿Que llevaba puesto?. Me tenía que haber fijado en eso al menos. 

- Un vestido tubo de lycra con escote palabra de honor. Pegadísimo, marcaba hasta los pezones. 

- ¿Azul?. Creo que la vi de pasada. ¿Morena?. ¿Con una melena larguísima?.

- ¡Joder!. Como te fijas. Yo no me acordaría de tu macizo aunque me chocara con él por la calle. Y si, esa misma. 

- Probablemente yo tampoco me acordaría de él. Pues menuda pareja haríais por que tu ibas espectacular con la minifalda y la blusa solo atada bajo las tetas. 

- Y eso me tapaba más a mí que tu vestido a tí. Pero sí, durante un rato debimos llamar la atención solo con estar juntas. Imagina lo que fue cuando nos pusimos cariñosas.

- Tenía que haberte buscado antes de salir al coche. 

- Para entonces tú ya te habías ido al aparcamiento, al coche. Si. 

- No te cortaste nada. 

- Pues lo creas o no fue ella la que me entró. Me dijo que le gustaba mi blusa. 

- Y tú a ella que te gustaba su vestido. 

- ¡Cómo me conoces!. Más bien que me gustaría quitárselo. 

- Si ya decía yo. ¿Y qué pasó?. 

- Se lo tomó bien, me sonrió. Y apoyó una mano en mi muslo. Justo por debajo de la falda, en mi piel. Y me dijo que estaba muy segura de mi misma. 

- Eso se lo podría haber dicho yo. Desde que te fuiste a vivir sola no te cortas ni con un cristal. 

- Ya antes y anda que tú. ¡Cuantas veces te has traído un ligue a mi apartamento!.

- Pero eso es para no incordiar a los papás. ¿Para qué crees que te ayudé a pintarlo?. Y sigue contando, putilla. Que me está poniendo muy cachonda eso de una nena con polla. 

                           Para entonces mi querida hermana ya tenía una mano por debajo de mi falda acariciando mi pierna. Casi como estaba relatando de mi ligue. 

- Pues yo también me puse a acariciar su muslo. ¡Qué piel más suave!.

- Y ¿No se le notaba nada?. ¿Creías que era una tía?.

- A esas alturas algo más que sospechas tenía. Su voz es preciosa y muy sexi, exótica diría yo, pero algo grave. Y la nuez también se le ve. 

- ¿Solo eso?. ¿Y su polla?.

- Eso no se le marcaba nada... la tenía escondida entre los muslos. Bueno hasta que empecé a acariciar su pierna por debajo de su falda. 

- Uff. ¿Se le puso dura?.

- Mucho. Y en poco tiempo... Me tuvo que pedir que la cubriera mientras se la colocaba mejor. 

- ¿Y que hiciste?.

- Pues arrimarme más. Ponerme entre sus muslos. Y decirle si la ayudaba yo. 

- Para entonces ya lo tenías claro. 

- Cristalino. 

                           Me dijo:

- Si te atreves. 

- Y tú te atreviste, claro. 

- Metí la mano entre sus muslos, despacio y suave, la que tenía junto a la barra. Y allí si que me encontré con una barra, pero de acero. 

- ¡Qué morbo!. ¿Como estaba?.

- Durísima y muy suave. Si me costó sacarla del tanga y ponerla por delante. 

- O mal te conozco o ya no la soltaste.

- Pues claro que no. Como esa mano la tapaba mi falda y la suya seguí acariciándola suave. Tampoco era cuestión de que se corriera en medio del bar. Lo quería en otro sitio. 

- ¿Y solo eso?.

- Pues claro que no, parece mentira que lo preguntes. Para entonces nos estábamos dando saliva como si se fuera a acabar. ¡Cómo besa la cabrona!. Su lengua me llegaba a las muelas del juicio. 

- De lengua también andas sobrada. Tata. Pero empezaríais a llamar la atención. 

- Tuvimos el suficiente sentido común como para saber que allí no podíamos hacer mucho más. 

- Y te la trajiste aquí. 

- Bueno tú tenías las llaves del coche y ella pagó el uber. Así que era lo mejor. 

- Le daríais un buen espectáculo al conductor. 

- Intentamos ser formalitas, los primeros cinco minutos. Pero en cuanto empezó a besarme el cuello y la oreja y a meter la mano por dentro de la blusa la formalidad de fue a la mierda. 

- Imagino que cuando te agarró una teta pediste los papeles y las bragas. 

- El tanga aguantó hasta el ascensor de milagro. Pero ya tenía dos dedos dentro de mi coño. Y ya me había corrido. Tendría que limpiar el asiento del taxi al día siguiente. 

- No me sorprende. Eres de orgasmo fácil. 

- ¡Qué guarra!. Si te corres antes que yo. 

- ¿Y tú?, ¿Donde tenías la mano?.

                                Se me escapó un gemido en ese momento porque la suya había alcanzado los labios de mi húmeda vulva. Empezaba a abrirse paso en mi caliente interior. Mi hermana sabía que puntos tocar y cómo llevarme a las puertas del orgasmo. 

- Bajando su vestido para verle las tetas. Tenía curiosidad. Nunca he tenido unas operadas en las manos. 

- ¿No?. Yo sí. 

- Yo ahora también. Y son perfectas. 

- ¿Y cuando la metiste aquí?.

- Se las comí a base de bien. Terminé de quitarle el vestido y el tanga. ¡Joder!. Su cuerpo es perfecto. Es una chica con polla, una buena polla por cierto. 

- ¡Cómo me hubiera gustado veros en acción!. Me la tienes que presentar. 

- Podría arreglarse. No creo que le importe hacer un trío. El caso es que la llevé a mi cama. Me terminó de desnudar por el camino. El tanga lo encontré el día siguiente detrás del sofá. No sé cómo llegó allí. 

                            Para ese momento de la conversación ya me estaba corriendo. 

- ¡Qué cómodas!. ¿Te comió el xumino?.

- ¡Y el culo! A cuatro patas. Creo que durante media hora. Vaya forma de manejar la lengua. Ni se las veces que me corrí. Pero tenía ganas de clavarme esa polla. Ella y yo. 

- Ya te tenía a perrito. ¿No te la metió así?.

- No, la tumbé y la monté. Quería agarrarme a esas tetas mientras me follaba. Y ver esa carita preciosa con esa expresión de

pura lascivia. 

- Y que ella viera tu cara de vicio. Por cómo mueves la cadera no te duraría ni un asalto. 

- Pues no. Aguanta como una campeona. Perdí la cuenta de las veces que me corrí antes de que ella me llenara el xixi. Ella le echa la culpa a la hormonas pero a mí me daba igual, estaba en un orgasmo continuo. 

                          Casi como estaba yo en ese momento con mi hermana. Dos dedos dentro de mi vulva y comiéndome el cuello y la oreja. Y yo apenas le estaba magreando las tetas. 

- ¡Qué portento!. ¡Tía eso se comparte!. 

- ¡Coño!. ¿Y porqué crees que te lo estoy contando?. Ya le dije que podía presentarle otra chica muy, muy morbosa. 

- Pero te callaste que soy tu hermana.

- No se lo iba a contar todo. Ya lo descubrirá ella sola. Como yo, que tuve que darme cuenta de lo de su polla. 

- Pero sigue que me tienes en ascuas. 

- Cómo comprenderás después de correrse tardó en recuperar la verticalidad. Así que nos pusimos a hacernos unos mimos. Yo quería explorar todo su cuerpo. 

- Por lo que me cuentas eso es algo bueno. 

- Bueno, no. Perfecto. Carita dulce, cuello fino, tetas cónicas y duras, vientre plano, un culo como para cascar nueces, piernas larguísimas. Se lo besé y lamí entero. 

- ¿Y la polla?.

- Como un martillo pilón. 

- Que rabia perdérmela. 

- Eso tiene fácil arreglo. Os puedo presentar. Aún mejor, lo podemos pasar muy bien las tres. 

- Eso sí que me hace ilusión. Follárnosla entre las dos. 

                           Como yo me estaba corriendo con sus dedos tenía que corresponder a sus atenciones. Así que poco a poco la fui recostando en el sofá para poder separar sus muslos. Le iba a conseguir a mí hermana un par de orgasmos con mi lengua. Ya veríamos cual de las dos se corre antes. 

                          Pasé la lengua por la cara interna de sus muslos. Poco a poco cada vez más arriba hacia su depilado y perfecto xoxito. Casi no me dejó llevar al clítoris. En cuanto pasé la lengua por los labios se estaba corriendo y jadeando a un volumen que podrían oír los vecinos. 

                            Ahora solo me quedaba encontrar la ocasión perfecta para presentarlas y disfrutar las tres juntas. 

.....


Larga y próspera vida


   
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