El suegro bonachón ...
 
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El suegro bonachón y la nuera tímida

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José
(@quique)
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Iniciador del debate   [#1972]

                                                        La sorpresa

 Fermín era un cincuentón, atractivo, bonachón, de estatura mediana, viudo, muy flaco, hablaba en bajo y no se alteraba con nada. Vivía solo en un piso con cuatro habitaciones, cocina, sala de estar, cuarto de baño, trastero y garaje.

Un domingo al mediodía en que Fermín estaba mirando un documental en la televisión, sonó al timbre del portero automático, le dio al botón y preguntó:

-¿Quién es?

-Gustavo.

Gustavo era su único hijo, y trabajaba en La Coruña en un despacho de abogados. Le abrió el portal y lo esperó en la puerta. Al llegar se llevó una sorpresa porque su hijo no venía solo, lo acompañaba una muchacha morena, de ojos oscuros, de complexión fuerte, que tenía una larga melena de color negro azabache, y que por la forma de mirarlo se notaba que era muy vergonzosa. El hijo y la muchacha traían una maleta cada uno.

-Pasad.

Entraron en el piso y poco después, sentado Fermín en un sofá y su hijo y la chica en un tresillo delante de él, le preguntó a ella:

-¿Cómo te llamas?

-Rosalía.

A Fermín se le iluminó la cara.

-¡Ya sabía yo que te había visto antes! Tú eres la de la Despechá.

La muchacha con la cabeza media gacha y sonriendo, le dijo:

-No, no soy la cantante, aunque me confunden mucho con ella.

-No me extraña, sois como dos gotas de agua. ¿Y lleváis mucho tiempo de novios, Rosalía?

La muchacha, que seguía con la cabeza media gacha y sonriendo, le respondió:

-No soy su novia, soy su esposa.

Fermín, sorprendido, miró para su hijo, que le dijo:

-Al mes de conocernos fuimos al juzgado y nos casamos, fue algo muy íntimo, solo hicimos una comida con los padrinos.

-Mi mirada no te pedía explicaciones, decidiste vivir tu vida y lo que hagas con ella es cosa tuya. ¿Cuánto tiempo traéis de vacaciones?

-Quince días.

-Pediré yo otros quince días, para estar algún tiempo con vosotros. ¿Tenéis hambre?

-Algo de comer se agradecería.

-¿Chino o italiano?

-A Rosalía y a mí nos gusta la pasta italiana.

                                                             La masturbación

Con el paso de los días Rosalía y Fermín se llevaban cada vez mejor y siempre estaban con una sonrisa en los labios en las largas conversaciones que tenían cuando Gustavo salía para estar con sus viejos amigos.

Aquella tarde, luego de haber tomado la siesta, Gustavo se fue. Rosalía se quedó sola en la cama. Cogió su iPhone, lo puso en pantalla completa  luego buscó y puso un video porno donde la chica cabalgaba al chico. Mirando  la pantalla, flexionó las rodillas, se abrió de piernas y comenzó a rozar el coño con tres dedos por encima de sus bragas blancas, luego, sin dejar de mirar como follaban en el video, subió la mano en busca de sus grandes tetas, para lo que subió la camiseta. Después sacó la teta derecha de la copa, la magreó y frotó el pezón con dos dedos, luego sacó la teta izquierda de la otra copa y le dio un buen repaso. Después de magrear las tetas bien magreadas, bajó la mano, la metió dentro de las bragas y frotó con ganas. Ya no pudo evitar gemir. Con su sus pies apoyados en la cama, y mientras frotaba el coño, fue subiendo y bajando su culo cada vez más y más aprisa hasta que se corrió.  

Fermín pasaba por delante de la puerta, oyó los gemidos, y como sabía que su hijo se había ido, pensó que a Rosalía le estaba pasando algo. La puerta estaba entornada y la abrió. Vio el coño abierto de su nuera, sintió como gemía y vio como se le caía el iPhone de la mano mientras se corría. Quedó como atontado viendo aquel cuadro surrealista.

Rosalía al acabar de correrse, bajar el culo y al abrir los ojos, vio a su suegro embobado y mirando para ella. Avergonzada, se tapó el coño con la mano y se incorporó. Fermín reaccionó cerrando la puerta y yéndose.

                                                           La conversación

Fermín fue al bar a tomar unos pelotazos. Cuando regresó a casa, Rosalía, vistiendo unos vaqueros ajustados, una blusa blanca y calzando unas zapatillas de deporte de color blanco, estaba en la sala de estar planchando una camisa sobre una tabla. Fermín se sentó en un sofá y encendió la televisión con el mando a distancia. Ni se miraban. Aquel silencio entre ellos, además de incómodo era extraño. Cuando Fermín miró para su nuera fue para disculparse.

-Siento haber invadido tu intimidad, pero lo hice porque pensé que te pasaba algo.

Rosalía sin quitar la vista de la plancha, le dijo:

-La culpa fue mía por no haber cerrado la puerta con llave.

Se quedaron en silencio un buen rato, luego volvió a hablar Fermín.

-¿Puedo preguntarte algo muy íntimo?

-Ni usted me debía preguntar algo así, ni yo le debía responder, pero supongo que después de lo que ha visto necesita respuestas, pregunte.

Fermín le preguntó como era costumbre en él, hablando en bajito.

-¿Mi hijo te hace feliz en la cama?

Rosalía miró para el piso.

-Sí, pero...

-¿Pero qué?

-Es que me cuesta hablar de nuestras cosas.

-Conmigo puedes hablar como si hablaras con tu padre.

Rosalía seguía vergonzosa y mirando para la plancha.

-Con mi padre no podía hablar.

-No ha sido un buen ejemplo. Si te resulta violento responderme, no me respondas.

 -Le responderé. Disfruto con él, pero no como yo quisiera, aunque cuando me casé con él ya lo sabía.

-¡¿Y aun así te casaste con él?! ¿Por qué?

-Porque me sacaba de mi casa, una casa donde era maltratada.

-O sea, que no lo quieres.

Rosalía levantó la cabeza de la plancha y miró a su suegro.

-Lo quiero, pero no estoy enamorada de él.

-Hay algo que no me cuadra. ¿Qué es eso de que no te hace feliz cómo tú quisieras?

-Debería saberlo, es su hijo.

-¿Qué debería saber?

-Si no lo sabe no voy a ser yo quien se lo diga.

-Como no me des una pista no lo sabré nunca.

-No puedo dársela.

-Una pequeñita.

-Digamos que es muy guapo.

Fermín pegó un tiro al aire.

-¡¿No será maricón?!

Rosalía volvió a mirar para la plancha.

-Yo no se lo he dicho, lo ha dicho usted.

Con sus palabras le había dicho que Gustavo era maricón.

-Luego de oírte me surgen más preguntas ¿Se casó contigo para ocultar su orientación sexual?

-Entre otras cosas

-Ahora entiendo lo de tu masturbación, si solo te da por una vía, recurres a la fantasía.

-Me alegra que lo entienda, porque a veces no lo entiendo ni yo.

                                  El preludio del sexo

Fermín se puso en pie y le dijo:

-Voy a echar un trago. ¿Quieres que eche uno para ti?

-Eche.

-¿Ponche?

-Sí, ponche.

Un par de minutos más tarde había dos copas encima de la mesa camilla. Fermín y Rosalía estaban sentados en el tresillo, aunque uno en un extremo y la otra en el otro. Rosalía se puso colorada cuando le dijo:

-Es usted una persona muy comprensible, otro suegro se escandalizaría, si ve a su nuera haciendo lo que estaba haciendo yo.

-A veces la necesidad obliga.

-Pero es que usted no sabía lo de mi necesidad.

-No tienes cara de viciosa y yo llevo cinco años viudo y sé lo que es la necesidad.

Rosalía se tomó de un sorbito de la copa de ponche Cuesta.

-No sé si preguntar, podría malinterpretar mis palabras.

-Pregunta que no te voy a malentender.

Rosalía levantó la cabeza y le preguntó:

-¿En esos cinco años con cuántas mujeres ha estado?

Fermín tomó un sorbo de brandy Carlos I, y luego le respondió:

-Con ninguna.

Rosalía era vergonzosa, pero también era muy curiosa.

-¿Qué cosas echa de menos de estar con una mujer?

-Echo de menos todo, los besos, las caricias y lo fuerte.

A Rosalía le tembló la voz al decirle:

-Ahora sí que podría malinterpretarme si le pregunto.

-Que no te voy a malinterpretar, mujer.

A Rosalía se le puso la cara roja cuando le preguntó:

-¿Qué es para usted lo fuerte?

-Para responderte tendría que ser vulgar.

-Ya no soy una niña.

Fermín se mandó la copa de brandy.

-Pues lo fuerte para mí es comerle a una mujer las tetas, el coño, y follarla, entre otras cosas. ¿Quieres saber qué son esas cosas?

-No, ha interpretado mal mis palabras.

Fermín se acercó a ella, la miró a los ojos y Rosalía bajó la mirada.

-No creo.

Fermín le dio un pico, y después le metió la lengua en la boca, luego le cogió la mano derecha y se la  llevo a la polla. 

-Mira que empalme tengo.

-No debíamos haber llegado hasta aquí.

-No, pero hemos llegado.

Rosalía apartó la mano de la polla.

La volvió a besar y le echó las manos a las tetas.

-Anda, sé buena y pasemos un rato agradable.

-Si pasara un rato agradable con usted no sería buena, sería mala.

-Pues sé mala.

Le volvió a llevar la mano a la polla, la besó y le echó la mano al coño por encima de los vaqueros. Rosalía le apretó la polla, y cuando Fermín dejó de besarla le dijo:

-Podría llegar Gustavo y se armaría una gorda.

-Hay un colchón en el trastero.

-Es usted un diablo.

                                                              El sexo

Un par de minutos más tarde, y luego de coger la llave del trastero, salieron del piso, cogieron el ascensor, donde ya se comieron las bocas, y llegaron a la última planta donde estaban los trasteros.

Luego de cerrar por dentro el trastero, Rosalía se arrimó a una de las paredes. Fermín fue a por ella, comiéndole la boca le desabotonó la blusa, se la quitó y le quitó el sujetador. Unas tetas grandes, esponjosas, con areolas oscuras y gruesos pezones quedaron a tiro para sus manos y su boca, y con sus manos se las magreó y con su boca se las mamó. Luego le bajó los pantalones hasta los tobillos. Vio las bragas empapadas con las babas de su coño y se le hizo la boca, agua. Se puso en cuclillas. Rosalía separó un poco las piernas. Fermín le pasó la punta de la lengua entre los labios vaginales con la misma lentitud que hablaba, se le llenó de babas y por ella bajó un pequeño chorro de jugos que acabó en su boca. Después le lamió el coño con la lengua plana haciendo paradas para enterrarla y sacarla de la vagina, poco más tarde y lamiendo su clítoris, exclamo Rosalía:

-¡Me corro, me corro, me corro, me corro!

Al acabar de correrse Rosalía, Fermín se puso en pie, se desnudó y luego le echó las manos a un colchón que estaba de pie arrimado a otra pared y lo puso sobre el piso, mientras le decía:

-No levantes tanto la voz cuando te corras que si algún vecino sube a su trastero te oirá.

Rosalía se quitó los pantalones, las bragas y las zapatillas deportivas y después se echó sobre el colchón. Flexionó las rodillas y le ofreció el coño. Fermín se echó sobre ella y le clavó la polla de una estocada. Apretó su pelvis contra el clítoris y lo frotó mientras metía y sacaba del coparte de su polla. Estaba muy caliente y sabía que iba a durar poco, pero Rosalía era de orgasmo fácil y ni un minuto tardó en tapar la boca con las manos y bañarle la polla con una tremenda corrida. Fermín viendo como gozaba, sintiendo sus convulsiones y con la polla enterrada en el coño, sintió que se iba a correr, quiso sacarla, pero Rosalía, quitó las manos de la boca, se las echó al culo, lo apretó contra ella y Fermín se corrió en lo más profundo de su coño.

Luego de correrse le preguntó:

-¿Tú sabes lo que has hecho?

-Claro que lo sé.

-¿No tienes miedo de las posibles consecuencias?

-Busco esas posibles consecuencias.

-¿Quieres quedar preñada?

-Quiero aprovechar esta oportunidad para quedar preñada, a lo peor no tengo otra.

-¿Y qué le dirás a mi hijo si quedas preñada?

-Deje que lo folle y córrase otra vez dentro, que lo que tenga que ser, será.

-Pues que sea lo que tenga que ser.

Rosalía movió el culo debajo  de su suegro. Lo movió hacia arriba, hacia abajo, hacia un lado hacia el otro y alrededor, y como no le pesaba, lo fue moviendo cada vez  más aprisa.

-Avíseme cuando esté a punto de correrse para correrme con, con... ¡Me corro!

Fermín viendo su cara de éxtasis se corrió otra vez en el fondo de su coño.

Al acabar de correrse le preguntó:

-Ya que me he desinhibido... ¿Puedo montarlo y mandar?

-Esas cosas no se preguntan.

Lo montó y metió la polla en el coño, un coño que estaba echando fuera leche mezclada con jugos, lo besó, le puso el pezón de la teta derecha en los labios y le dijo:

-Cójala con las dos manos y estrújela mientras la mama.

Hizo lo que le había dicho.

-Muerda el pezón.

Se lo mordió con poca fuerza.

-Más fuerte y pase a la otra teta.

Se la mordió con fuerza. Rosalía gimió y luego le  puso la otra tetas en los labios. Ya no tuvo que decirle nada. Fermín, mientras su nuera lo follaba, le hizo lo que le gustaba. Al rato Rosalía dijo:

-Joder, yo ya me voy a correr.

-Dale que yo también ando apurado.

Le aplastó la cara con las tetas, subió y bajo el culo a toda hostia y mordiendo la lengua se corrió en su polla, polla que vomitó leche entro de su coño.

Al acabar de gozar, y estando boca arriba los dos, Rosalía vio que la polla se había puesto morcillona. La cogió y le hizo una mamada, con lamidas y chupadas de huevos que se la iba a poner dura de nuevo. Al tenerla  tiesa, se echó boca abajo sobre el colchón, y le dijo:

-Fólleme por detrás y vuelva a llenar mi coño de leche.

Se apoyó con las manos en el colchón, como si estuviera haciendo flexiones, se la clavó en el coño y le dio caña de la buena hasta que Rosalía no pudo más.

-¿Está?

-No.

-Pues pare.

Paró, pero ya era tarde.

-Aaaaaaah.

Luego de correrse, se puso a cuatro patas y le dijo:

-Fólleme el culo.

Fermín se había tomado en serio lo de dejar preñada a su nuera.

-Encantado de follártelo, pero así no vas a quedar preñada.

Rosalía siguió a lo suyo.

-Escúpale al ojete.

Le escupió.

-Escúpale más veces.

Le escupió cuatro veces más, y mientras le escupía se preguntó dónde iba la timidez de su nuera.

-Ahora métala sin miramientos.

Fermín la agarró por las tetas y amasándolas se la metió en el culo. Aquel culo estaba curtido en mil batallas, pues la polla entró apretada, pero de una estocada. Rosalía echó su mano derecha al coño y comenzó a frotar el clítoris con los dedos índice, medio y anular.

-Deme duro y apriete mis pezones,

Le dio a romper y le apretó con fuerza los pezones,

Rosalía cuando sintió la polla latir dentro del coño, se echó hacia delante y la sacó del culo.

-Córrase dentro de mi coño metiendo solo la puntita.

Se corrió como le había dicho y ella se corrió con él, luego Fermín le preguntó:

-¿Por qué solo la puntita?

-Era una prueba... Puede que hasta ahí llegue su hijo.

Luego se vistieron y regresaron al piso.

                                         El final

Esa noche, en la cama, le preguntó Gustavo a Rosalía:

-¿Lo has hecho?

-Sí.

-¿Y?

-Y puede que ya esté preñada, pero volveré a follar con tu padre todos los días que nos quedan de vacaciones para asegurar.

-Eso, asegura, asegura.

Y lo cierto es que aseguro, pues regresó preñada a La Coruña.

Quique.



   
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