I
Violeta, una joven casada, en la habitación del chalet donde viva, y sentada en la cama, hablaba con una amiga.
-Tienes que esperar a que encuentre trabajo, sabes que ahora no puedo pagarte lo que te debo, Marga.
Ángel, el dueño del chalet, un cuarentón, canoso, con cara y tipo de galán, la oyó hablar y puso la oreja.
-Puedes pagarme de otra manera.
-¿De qué manera?
-Haciendo un trío con mi marido y conmigo.
-No seas babosa.
-Baboso te ponía el coño yo a ti si te pillo, Violeta Cortés.
-Olvídame, Berta Lago.
-Si no lo quieres hacer con mi marido lo podemos hacer con el tuyo.
-¿Compartir a mi marido contigo? Tú debes estar loca.
-Vas a esperar a que empiece a trabajar si quieres cobrar.
-Oye. ¿Y yo y tú solas? Mi lengua en tu coño, tu lengua en el mío... `¡Uuuuuum!
-Que esperes a que empiece a trabajar, guarra.
-Ni te imaginas lo guarra que puedo ser.
Le colgó el teléfono y luego dijo:
-No, pero puede que lo llegue a saber.
Ángel se fue, ya había oído suficiente.
Violeta, que tenía veintidós años, era una muchacha morena, maciza, de ojos negros, cabello negro y largo, estatura normal, tirando a alta, con buenas tetas y un culo espectacular. por lo redondo y duro que lo tenía, apagó el teléfono y luego se vistió, desayunó y se puso a limpiar el chalet, un chalet de dos pisos.
A las cinco de la tarde regresó Ángel. Venía vestido impecablemente con un traje marrón, una corbata del mismo color y calzando unos zapatos marrones. Fue al mueble bar, echó un brandy, se sentó en un sillón de la sala y habló solo.
-Tiempo de mierda, menos mal que había escampado cuando salí del coche si no me pongo como una sopa.
Violeta no lo había oído entrar en casa, por eso se sorprendió al verlo cuando bajó del piso de arriba para merendar. Venía vestida con un jersey y una falda gris y calzaba unas zapatillas marrones. Le dijo:
-Estamos en invierno, suegro.
Ángel giró la cabeza y la vio.
-Desgraciadamente.
-¿Cómo ha venido tan temprano?
-Las cosas estaban tranquilas en las fábricas.
Nieves se sentó enfrente de su suegro.
-¿Y a su hijo cómo le va?
-¿Es qué no te lo cuenta?
-Lo que me dice es que se está adaptando, pero no me dice a qué.
-Se está adaptando a llenar latas de conservas.
-Yo limpiando la casa y Fernando llenando latas, se vengó bien.
La miró con su mirada seductora, una mirada que le pareció que la estaba desnudando-
-Tú limpias la casa porque quieres, os dije que os podíais quedar aquí solo con la condición de que él se ganara un sueldo en mi fábrica.
-Yo no quise vivir de su caridad, pero de su hijo se vengó bien.
-No me vengué, está conociendo lo que cuesta ganarse el sustento.
-No deja de ser una venganza.
-No me vengué yo, se vengó la vida de él. En dos años se fumó, se bebió, se esnifó y se jugó la herencia de su madre, y tú le ayudaste.
-Yo nunca me drogué. Ni he bebido una gota de alcohol. Estuve a su lado en los tiempos buenos y ahora estoy en los malos, es mi marido.
-Le ayudabas a gastar el dinero en el casino.
-En mi vida he pisado un casino, no me gusta el juego.
Ángel empezó a hilar lo que traía en mente.
-Jugar no jugarás, pero. ¿Cuánto dinero debes?
-¿A quién?
-A Lago.
-¿A qué lago?
-A Berta Lago.
No le gustó oír aquel nombre.
-¿Anda escuchando detrás de las puertas?
-Pasaba por delante de vuestra habitación cuando te oí. ¿Se lo pediste prestado cuando os embargaron?
Le estaba haciendo creer que solo había oído el principio de la conversación.
-No son cosas suyas.
Ángel le miró para las tetas.
-Podrían ser.
La mujer se violentó.
-¡Ni lo piense! No soy de esas.
-Solo tendrías que quitarte la ropa y dejar que te viera desnuda.
Violeta lo miró con odio.
-Es usted un miserable. Ahora quiere que sea su puta.
-A las putas les pagan por algo más que desnudarse.
-Váyase al infierno.
-Algún día no me quedará otro remedio que ir, pero no me corre prisa.
Violeta se fue a la cocina y merendando habló consigo misma.
-Es una indecencia, pero sí es solo desnudarse. No, no debes, Violeta, si te desnudas le abres la puerta al resto, pero, por otro lado, los 1.500 euros me harían un apaño.
Al acabar de merendar, salió de la cocina se puso enfrente de su suegro y le preguntó:
-¿Si me desnudo en su presencia me daría los1.500 euros que le debo a Berta?
A Ángel no le importó la cantidad.
-Sí.
-¿No me va a tocar?
-No.
-Prométamelo.
-Te lo prometo.
-Antes de desnudarme quiero ver el talón.
Ángel sacó el talonario, le firmó un cheque al portador por el valor de 1.500 euros y lo dejó sobre la mesa camilla.
-Ahí tienes el dinero.
Violeta le dio la espalda, se quitó el jersey, la camiseta y el sujetador blanco, luego la falda y las bragas. Ángel vio su espectacular culo y la polla se le puso morcillona.
-Date la vuelta.
Se echó el cabello sobre las tetas, se giró y separó las piernas:
Ángel vio a una joven maciza, sin tripa, con el coño afeitado y las tetas tapadas por el cabello.
-Aparta el pelo.
Lo apartó y vio sus tetas grandes, aperadas, con areolas rosadas y gruesos pezones.
Ángel bajó la bragueta y sacó su polla morcillona. Violeta, exclamo:
-¡Jodeeeeer!
-¿Qué pasa, Violeta?
-Pasa que esa cosa no entraba en el trato.
-El trato era que no te iba a tocar.
Violeta vio como la mano derecha de su suegro subía y bajaba por la polla sacándole el pellejo de la cabeza y volviéndolo a tapar con él y vio como iba cogiendo más y más cuerpo.
-Si magreas las tetas te doy cien euros más.
Violeta, que se sentía más incómoda que comprando preservativos, le dijo:
-No me hacen falta.
-El dinero siempre hace falta, y a ti más.
-Sabe como herir.
-Sí, soy un cabrón, pero si quieres mi dinero, gánatelo.
Violeta echó las manos a las tetas y comenzó a magrearlas.
-Sensual visión.
Ángel, mirando como magreaba las tetas se fue poniendo cada vez más perro. Violeta fingía que no sentí ni padecía, pero la iba a delatar una gota de jugo que salió de su coño y que luego fue colgando de un fino hilo. Ángel, al ver aquello, le dijo:
-Si me pones el coño cerca de la nariz para olerlo bien y te masturbas te doy otros cien euros.
-Usted lo que quiere es comerme el coño
-Claro que quiero comértelo, pero no te pagué por eso.
-Le pondré el coño cerca de la boca para que lo huela bien, pero no me masturbaré.
-Cien euro más si te masturbas.
-No.
-Dos cientos, y es mi última oferta.
-Vale, pero ni se le ocurra sacar la lengua.
Violeta se acercó a su suegro, le puso el coño cerca de la nariz, dejó que se lo oliera.
-Huele a vicio.
-Olerá y todo.
-Mastúrbate.
Comenzó a frotar el clítoris con dos dedos de la mano derecha y a magrearse las tetas con la mano izquierda.
Poco después del coño de Violeta caían jugos que Ángel recogía con la lengua y se tragaba mientras se la pelaba. Su nuera no sabía lo que estaba haciendo porque tenía los ojos cerrados.
Al rato, Violeta le puso el coño a milímetros de la boca y se rozó con la punta la legua.
-Le dije que no quitara la lengua.
Rozó ella los labios vaginales con la punta de la lengua.
-No mueva la legua, no mueva la lengua. ¡Ay que me voy, ay que voy, ay que me voy!
Corriéndose como una loba oyó gemir a su suegro y sintió y como un chorro de leche impactaba en su pierna izquierda.
Nada más acabar, recogiendo sus ropas, le dijo Ángel:
-Mi hijo tiene suerte de tener una mujer tan caliente.
-Y la desgracia de tener un padre como usted, págueme.
II
Tres días después Ángel volvió de la fábrica a las cuatro de la tarde. Violeta estaba en la sala sentada en un sofá leyendo una revista. Ángel le dijo:
-Violeta.
-No.
-Aún no sabes que te iba a preguntar.
-Es sobre sexo, fijo.
-Trescientos euros te animan a escucharme.
-¿Me va a pagar trescientos euros por escucharlo?
-No, te los doy si me dejas comerte el coño.
-Le quedó la boca dulce.
-Quedó.
Violeta fue sarcástica.
-¿Eso tampoco sería ser su puta?
-A las putas no se le come el coño.
-¿Por qué no?
-Sería como comprar todos los boletos para una rifa en la que te toque una enfermedad venérea.
-¿Y por qué no va con una puta de lujo?
-Que sea puta de lujo no quita que pueda ser transmisora de algo, por eso nunca he ido con ninguna puta.
-¿Tampoco tiene ninguna mujer con la que follar?
-Tengo a varias, pero no deseo a ninguna como te deseo a ti.
-Yo soy la mujer de su hijo.
-¿Y qué culpa tengo yo?
-Aún la voy a tener yo.
-La tienes por ser tan hermosa y estar tan buena, es por eso que quiero beber de ti una, y otra , otra y otra vez.
Violeta sonrió por primera vez, pero era una sonrisa burlona.
-Sí, comiéndome el coño me haría correr cuatro veces.
-O cinco.
-¿Y por qué no seis?
-Eso. ¿Por qué no seis?
-Usted está loco.
-Loco por comerte el coño, y a ti te hace falta el dinero.
Ángel se fue al mueble bar a echar un pelotazo. Violeta le dijo:
-¿No habrá besos ni magreos de tetas?
-Te he dicho que solo quiero comerte el coño.
-También dijo antes que no me iba a tocar y me tocó con la lengua.
-Fue tú coño el que le tocó a mi lengua.
-Porque la sacó, bueno, dejemos ahí la cosa.
-¿Vas a dejar que te lo coma o no?
-Quiero ver el dinero antes de nada.
Ángel sacó la cartera del bolsillo de la chaqueta seis billetes de cincuenta euros y los puso sobre el mueble bar. Violeta fue a su lado, cogió los trescientos euros y le dijo:
-¿Dónde me lo quieres comer?
-Donde tú quieras.
-Lo espero en su habitación.
Ángel se tomó la copa de brandy de varios sorbos, luego, se quitó la chaqueta y la corbata y después se fue a su habitación.
En la habitación la calefacción estaba a todo dar. Violeta había levantado las sábanas, la colcha y la manta y estaba desnuda en la cama con la espalda en la cabecera, las piernas estiradas y juntas y las manos en los muslos.
Ángel retiró toda la ropa de la cama, se metió en ella, tiró de su nuera para abajo, le separó las piernas, le echó las manos por debajo de ellas, y con las manos en sus muslos metió todo el coño en la boca. Luego le enterró la lengua en el coño y después sacándola y metiéndola le iba lamiendo el clítoris con la parte de arriba. Ni dos minutos habían pasado cuando Violeta comenzó a gemir y a mover la pelvis hacia arriba y hacia bajo. Con la voz tomada dijo:
-Me voy.
Se corrió en la boca de su suegro levantando la pelvis medio metro. Cuando la bajó la boca de Ángel seguía pegada al coño como una lapa, movió el culo alrededor, hacia arriba, hacia abajó, le cogió la cabeza con las dos manos y descargó en su boca.
-Me voy otra vez.
La lengua volvía a entrar y salir de su coño y volvió a lamer el clítoris. Ni un minuto tardó Violeta en volver a gemir, en mover la pelvis y en levantar la pelvis para darle otra corrida en la boca.
-Me voy nuevamente.
Unos dos minutos más tarde le volví a decir:
-Y me voy de nuevo.
Le dio otra tremenda corrida en la boca. Luego, retirándolo de entre sus piernas, le dijo:
-Ya tiene lo que quería.
-Sí, y tu coño es el más rico que he comido.
Violeta le miró para la entrepierna, vio un tremendo bulto y el pantalón del traje mojado.
-Ahora se hará una paja, claro.
-No me queda otra que mirarte y pelarla.
Ángel salió de la cama, se bajó los pantalones y el calzoncillo, empuñó la polla mojada y comenzó a menearla.
-Joder, en mi vida había visto unas tetas tan hermosas como las tuyas. Si me haces una cubana te doy cien euros más.
-Estoy agotada.
-Doscientos euros.
-Ni por mil euros más.
Como veía que con dinero no la iba a convencer le tocó la fibra sensible.
-¿Y si hago a Teo jefe de las oficinas?
Violeta vio la oportunidad de sacar a su marido del abismo.
-Mejor lo hace encargado general. ¿Hay trato?
Ángel se vino arriba.
-Hay trato si me haces una cubana, si me dejas que te mame las tetas y si después me haces una mamada.
Violeta no tuvo ni que pensarlo.
-De acuerdo, siempre y cuando no quiera follarme.
-Querer, quiero, pero no te lo propondré. Adelante, comienza.
Violeta se agachó, metió la polla entre las tetas, las apretó y luego las subió y las bajó un rato largo.
-Ahora me toca a mí.
Le agarró las tetas por debajo, las levantó se las amasó y se las devoró, bien devoradas, con lamidas, chupadas y mamadas para parar un tren.
Violeta se puso mala, Ángel, oyendo sus gemidos, le preguntó:
-¿Quieres que te coma el coño otra vez?
-La comida de coño ya está pagada.
Ángel se puso en cuclillas lamió el coño de abajo a arriba a toda mecha unas veinte veces y Violeta se volvió a correr en su boca.
-¡Me voy!
Al acabar de correrse se sentó el borde de en la cama, y le dijo a su suegro:
-Acabemos.
Le echó la mano derecha a la polla, tiró de él, metió la polla en la boca, mamó con ansia unas veinte erces y Ángel ya se corrió en su boca. La mujer echó la cabeza hacia atrás porque no esperaba la leche tan pronto, pero luego se tragó hasta la última gota.
Al acabar de tragar, le dijo:
-Yo he cumplido, espero que usted cumpla con lo suyo.
-Tranquila, mañana está de encargado general.
Violeta también quería lo suyo.
-Págueme lo que me debe.
-Ahora te pago.
-Le estoy saliendo cara.
-Vales cada centavo que te he pagado.
III
Cuatro días más tarde, llegó Violeta de la peluquería y vio a su suegro bajando las escaleras.
-¿Se le olvidó algo?
Le respondió con otra pregunta.
-¿Vienes sola?
-¿Y con quién iba a venir?
Ángel ya estaba a su lado cuando le dijo:
-Podías venir con alguien y no te podría decir lo que te voy a decir.
Violeta se quitó el abrigo y lo puso en el respaldo de un sillón.
-No hace falta que me lo diga, se lo diré yo, quiere follar conmigo.
Ángel fue al mueble bar y poniendo dos copas, una de peppermint Marie Brizar y la otra de brandy Napoleón, le dijo:
-Si, pero no como te folla mi hijo.
-¿Y cómo me folla su hijo?
-Poco y mal.
Violeta se rio de su suegro
-Su hijo me folla mucho y bien.
Puso la copa de peppermint encima de la mesa camilla y enfrente de su nuera, que le dijo:
-Creo haberle dicho que yo no tomo debidas alcohólicas.
-Se me había olvidado. ¿Qué me estabas diciendo?
-Que su hijo me folla mucho y bien.
-Anoche te la metió en el culo sin mucho éxito y luego te sentí en el aseo metiéndote dedos y...
Violeta se enfadó y no lo dejó terminar.
-¡Es usted un maldito fisgón!´
-Un fisgón casual, pero a lo que iba, yo te follaría el coño y el culo y te correrías de las dos maneras,
-Usted es un desgraciado.
-Mil quinientos euros puede que te hagan cambiar de opinión.
-Ya le he dado todo lo que le podía dar.
-Eso es discutible.
Violeta se puso tensa.
-He sentido llegar el auto de Teo.
-Yo no he sentido nada.
-Eso es porque estaba inmerso en sus calenturientos pensamientos.
Un par de minutos después llegó Teo a la sala, vio a su mujer y a su padre y le dijo al segundo:
-Hay problemas en la fábrica.
-¿Qué pasó?
-Dos mujeres comenzaron una pelea y acabaron peleándose todas. Varias acabaron el hospital y la guardia civil está en la fábrica.
-Vamos para allá.
Luego de irse su marido y su suegro, cogió la copa de peppermint y la olió.
-¡Qué bien huele! Qué coño, para todo hay una primera vez.
Se mandó la copa de un trago. La cara se le puso roja, movió los brazos y las manos como si fueran alas, se encogió para coger el vuelo y luego salió corriendo hacia la cocina, metió la boca debajo del grifo, lo abrió y casi se ahoga. Al rato estaba durmiendo en el sillón.
IV
Ya había pasado un mes desde la oferta de los1.500 euros por follare el culo y el coño.
Eran las diez de la mañana. Teo, el marido de Violeta iba a Bilbao a una reunión de conserveros en representación de su padre y estaba en su habitación hablando con su esposa.
-Es una pena que no te encuentres bien, nos hubiéramos divertido en Bilbao.
Violeta, que estaba en cama, subió la sábana para taparse.
-Otra vez será, cariño. Hoy me toca cama.
-Mañana ya me tienes aquí. Mi padre te dará lo que te haga falta.
Teo le dio un beso en la frente, luego pilló la bolsa de viaje y se fue.
Una hora más tarde, Violeta se duchó, se puso un chándal blanco con rayas rojas a los lados y se fue a la cocina a desayunar.
Estaba untando una tostada con mantequilla en la encimera cuando llegó Ángel de comprar el periódico, una caja de donuts y otra de cruasanes. Puso todo sobre la mesa.
-¿Pero tú no estabas enferma?
-No, no estaba enferma, lo fingí para no ir a Bilbao.
-Tus motivos tendrás.
-Tengo. Me he pensado su oferta y he decidido aceptarla.
Ángel se puso detrás de ella, le echó las manos a las tetas, le arrimó cebolleta y le dijo al oído:
-Ni te puedes imaginar lo feliz que me acabas de hacer.
Sintió la polla ponerse morcilllona en su culo.
-Usted no sé, pero su polla se llevó un alegrón.
Le frotó la polla en el coño sin dejar de magrearle las tetas.
-Mientras follamos si tienes alguna fantasía sexual, dímelo, no te cortes.
-Las fantasías sexuales son cosas muy personales.
Le bajó el pantalón del chándal y le empezó a lamer el culo.
-Tienes el culo duro como una piedra.
Le metió tal repaso en el culo que le puso el coño chorreando. Violeta, con las piernas separadas y las manos apoyada en la encimera cogió la tarrina de mantequilla y se la dio a su suegro.
-Tome.
No había que ser muy listo para saber lo que quería que le hiciera.
Ángel sacó la polla empalmada y la untó de mantequilla, luego le metió un dedo en el culo y lo movió alrededor, luego frotó las manos, se las metió por debajo de la chaqueta del chándal, le agarró las tetas, le puso la cabeza de la polla en el ojete, y le dijo:
-Ahí te va.
Le fue como un obús por el culo arriba. Violeta se fue poniendo de puntillas a medida que la polla le iba subiendo por el culo. Aferrándose al saliente de la encimera, exclamó:
-¡Hossssstiiiiiiiiaaaaasssssssss!
Con toda dentro del culo le preguntó:
-¿Te dolió?
-No, pero llena más de lo que esperaba.
-En el culo ya se sabe.
Violeta echó la mano izquierda al coño y frotándolo, le dijo:
-Deme a mazo.
Ángel le acribilló el culo. Violeta comenzó a gemir como una demente y poco después le dijo a su suegro:
-¡Me voy!
Las piernas le comenzaron a temblar, el rostro se le contrajo y perdió el habla momentáneamente.
Al acabar de correrse le sacó la polla, la limpió con un paño y se la metió en el coño, con dificultad, ya que lo tenía estrechito.
-¿Como es que tienes el coño tan estrecho?
-No lo tengo estrecho, lo que pasa es que la tienes muy gorda.
La folló despacio, pero a Violeta le iba la marcha, y al rato le dijo:
-Deme duro y fólleme como más le guste.
Ángel le echó la mano izquierda al cuello y se lo apretó, le jaló el cabello con la otra, tiró de él, y luego le dio a mazo.
Violeta, poco después, se corrió. No pudo ni gemir, por poder ni podía respirar, tampoco hizo falta que dijera nada porque sus piernas bailando el twist y su coño apretando la polla le dijeron a Ángel que se estaba corriendo.
Después de correrse Violeta, le preguntó Ángel:
-¿Me puedo correr dentro?
-Corra.
Ángel se corrió dentro de su coño.
Al sacarle la polla le puso una silla para que se sentara, ya que a Violeta no la sostenían las piernas. Cuando le volvió el habla, le dijo a su suegro:
-Fue algo brutal.
-¿Lo del sexo anal con mantequilla era una de tus fantasías?
-Era, y lo de sentir la leche dentro de mí era otra, tu hijo siempre que lo hacemos da marcha atrás.
-Has podido quedar preñada.
-Por una vez no creo que pase nada.
Ángel, lavando las manos en el fregadero, le dijo:
-Ahora, por las dudas, tendrás que decirle que se corra dentro.
-Obvio.
-¿Luego de desayunar seguimos?
-Ya le he dado lo que quería.
-Cierto, pero pensé que podrías querer más.
-Ha pensado mal. ¿Me paga?
-Claro, ahora te hago un talón.
V
Ángel le había hecho varias ofertas a su nuera, pero ella las había rechazado todas. A las seis de la tarde recibió una llamada de teléfono, y se ausentó una hora. Al regresar le preguntó Violeta:
-¿Conozco a la mujer con la que ha estado haciendo lo que yo pienso?
-¿Cómo sabes que era una mujer?
-Porque huele a perfume de mujer y eso quiere decir que a esa mujer la tuvo muy cerca.
-Solo fue un beso.
Violeta no lo creyó.
-Sí, ya. ¿La conozco?
-Conoces.
-¿Quién es?
-No debía decírtelo, pero te lo diré, es Berta.
-¿Se entiende con Berta?
-Es una manera educada de decirlo.
-Hay que quitarle las palabras con sacacorchos. ¿Qué quería?
-Pasar la noche conmigo.
-¿Y la va a pasar?
A Ángel le llegó un mensaje, lo leyó y sonrió. Violeta le preguntó:
-¿Es de Berta?
-Sí, quiere saber si viene.
-¿Le va a decir que venga?
-Si no te importa, sí.
-El chalet es suyo.
-¿Oye, y si hiciéramos un trío?
Violeta no se chupaba el dedo.
-Se lo propuso ella. ¿Verdad?
-¿Lo qué?
-El trío.
-¿Por qué dices eso?
-Porque también me lo propuso a mí.
-Vaya, eso no me lo dijo.
-Miente muy mal.
-Sí, nunca he mentido bien. ¿Qué le respondo?
-Un trío el algo muy fuerte.
-Ganarías 1.500 euros suyos y 1.500 euros míos.
No hizo falta que le dijera más.
-Me voy a tomar un baño con mucha espuma.
Tiempo más tarde Violeta llegó a la habitación de su suegro vestida solo con una toalla. En la habitación sonaba música relajante y en la cama estaba Berta desnuda, atada con las manos a la espalda y amordazada. Sus tetas eran medianas, sus areolas rosadas eran pequeñas, sus pezones estaban duros y erectos y tenía el coño totalmente depilado.
Ángel en pelota picada y con la polla morcillona, la estaba besando. Violeta se quitó la toalla y desnuda fue por el otro lado de la cama y le metió la punta de la lengua en la boca. Berta sacó la suya y luego se dieron un beso largo. Al acabar el beso le dijo Berta a Violeta:
-He soñado mucho tiempo con este momento.
Se volvieron a besar. Ángel le agarró la teta izquierda y magreándola le lamió el pezón, la areola y luego se la mamó. Violeta no tardó en trabajarle la teta derecha. Después bajaron besando y lamiendo su vientre. Llegaron al coño, y sin dejar de magrearle las tetas se turnaron para comerle el coño. Berta se deshacía en gemidos.
Ángel y Violeta ya estaban cachondos, se miraron y se besaron con lengua. Luego le dijo Ángel:
-Arrodíllate entre sus piernas, hazla correr a ella y hazme correr a mí.
Se arrodilló ente sus piernas. Ángel se arrodilló detrás de ella y le enterró la polla en el coño. Violeta, lamiendo el coño de Berta, movió el culo de delante hacia atrás y de detrás hacia delante... Fue acelerando las lamidas y las clavadas hasta que sintió la leche de la corrida de su suegro dentro de su coño y las contracciones del coño de Berta en su lengua, lo que hizo que ella también se corriera.
Al acabar su tarea salió de la cama y dijo:
-Yo ya he cumplido, ahora mataos a polvos o hacer lo que queráis.
Violeta se sentó e iba a salir de la cama, pero Berta le dijo:
-De eso nada, tú no te vas sin que te cate bien catada.
Violeta le dijo:
-¿No me queda más remedio?
-No, no te queda más remedio, si quieres saldar tu deuda, claro.
-En ese caso me dejaré catar.
-Desátame, Ángel, y déjanos solas.
La desató, ella se quitó la venda de los ojos y vio desnuda Violeta.
-¡Coñoooo! ¡¡Qué buena estás!! Te imaginaba voluptuosa, pero no tanto.
La echó hacia atrás, se sentó encima de ella y acariciando su cabello con una mano y su teta derecha con la otra, comenzó a besarla. Violeta no ponía mucho entusiasmo, pero abría la boca para que le lamiera la lengua.
De la boca pasó a lamerle el cuello y las orejas. Luego, mirándola a los ojos le lamió los pezones. Volvió a besarla. Después regresó al cuello y a las orejas y acabó lamiendo sus pezones y chupando sus enormes tetas. Luego, sin perder el contacto visual, bajó arañando su vientre, luego araño su pelvis, y después le pasó un dedo entre la raja del coño, dedo que le salió mojado de jugos y que se chupó.
-Estás muy rica.
Ángel sentado en una silla jugaba con su polla mientras las miraba. Berta le acaricio el clítoris con dos dedos y vio como el entrecejo de Violeta se juntaba y como se dibujaban en él líneas verticales.
Viendo que ya la tenía, la puso boca abajo, le echó las manos a las tetas y le lamió el cuello y una oreja. Violeta gimió en bajito. Berta le frotó las tetas en la espalda y luego bajó lamiéndola por la columna vertebral. Volvió a subir frotando las tetas en su espalda. Violeta giró la cabeza para que la besara, y cuando la besó le comió ella la boca a Berta.
Luego Berta bajó directamente a por el espectacular culo de Violeta un culo redondo y duro como una piedra. Besó y lamió sus bellas nalgas, las separó y besó, lamió y folló su ojete.
Violeta gimiendo sin ningún pudor, se puso boca arriba, le echó las manos a la cabeza, le llevó la boca al coño, y al sentir la lengua de Berta en él movió la pelvis a toda mecha. Violeta, arqueando su cuerpo, le dio una tremenda corrida en la boca a Berta.
Al acabar de correrse Violeta, Berta estaba que echaba por fuera. Su primer pensamiento fue ponerle el coño en la boca a Violeta, pero vio a Ángel machacando la polla empalmada y fue a su lado. Se sentó sobre su polla, le dio a romper y en menos de un minuto, comiéndose las bocas, se corrieron como animales.
Violeta, desde la cama, les dijo:
-Estoy muy sola.
La noche fue tan larga, que a la mañana siguiente cuando regresó Teo de Bilbao y vio a su mujer en la cama, le dijo:
-Tienes unas ojeras que te llegan a los pies. ¿No has dormido bien?
-No he pegado ojo, cariño, no he pegado ojo.
Quique.





