La suegra quería qu...
 
Notificaciones
Vaciar todo

La suegra quería quedar preñada del yerno

1 Respuestas
1 Usuarios/as
0 Reacciones
8 Visitas
José
(@quique)
Miembro Erótico Autor
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 505
Iniciador del debate   [#2062]

Eva era una mujer viuda, morena, de estatura mediana, ojos color avellana, cabello largo recogido en un moño. Tenía una figura bonita y llevaba ropa formal, faldas que le llegaban por debajo de las rodillas, vestidos largos. Por su casa, de noche, andaba con camisones cerrados y hasta los pies. Llevaba muchos años viuda, tantos que en un par de días se casaba con un viudo adinerado. Era respetada por todos, pero no por sus buenas maneras, sino porque andaba a su vida. La mujer era muy malhablada y le gustaba el vino, aunque solo se emborrachaba los sábados por la noche, y ese era un secreto que solo conocían su yerno y su hija, hija que trabajaba de enfermera en el turno de noche en un hospital.

Valerio, el yerno, era alto, moreno, apuesto y soñaba con meterse en la cama de su suegra.

Un sábado de mucho calor, Valerio estaba en la cama de su habitación leyendo una novela de vaqueros, habitación que estaba enfrente de la de su suegra; la vio salir de su cuarto con su largo cabello recogido en una coleta y en combinación transparente. La vio a trasluz, en bragas y sin sujetador, yendo hacia la cocina a buscar más morapio. Vio la silueta con sus tetas grandes con pezones puntiagudos que se marcaban en la enagua, pero lo que más sobresalía en la enagua eran sus nalgas, que parecían dos grandes globos redondos y que resaltaban sobre sus anchas caderas. Esto le provocó a Valerio una tremenda erección, que disimuló cuando su suegra regresó a la habitación. Agachando una botella tras una cadera, le dijo desde el pasillo:

-Vas a estropear la vista.

Valerio esperó a que se acabara de emborrachar, y luego, cuando ya roncaba, le hizo una visita, y no precisamente para arroparla.

 A la mañana siguiente, Eva fue a poner la ropa sucia en una bañera para ir al río a lavarla, y al pillar sus bragas, se mojó los dedos de semen. Abrió los ojos como platos y tapó la boca con su mano izquierda.

-También me desea. No puedo esperar más, en dos días me caso y después de la boda ya no podría ser.

Eva había visto manchas de semen en la ropa interior de su yerno y en las sábanas de la cama de matrimonio, pero una cosa era verlo seco, y otra muy distinta era mojar sus dedos de semen. Metió dos dedos dentro de las bragas y, allí de pie, se hizo una paja que la dejó sin aliento y con las piernas temblando.

Esa noche, antes de irse para la cama, fue a la habitación de su yerno, que estaba en su cama leyendo otra novela de Marcial Lafuente Estefanía. Sentada en el borde de la cama, le dijo:

-Mírame, Valerio.

 Valeriola la miró y puso las manos entre las piernas.

-¿Qué desea, suegra?

No se anduvo con rodeos.

-¿Te la pelaste ayer noche?

-Yo no hago esas cosas.

-A mí no me mientas; si me mientes otra vez, te planto una hostia que te dejo tonto perdido.

Bajó la cabeza.

-Levanta la cabeza, mírame a los ojos y, si tienes cojones, dime otra vez que no me has mentido.

Valerio tuvo que confesar.

-¿Cómo lo ha sabido?

-Esta mañana he manchado con tu leche mis dedos cuando cogí mis bragas en el cesto de la ropa sucia y hay algo que me ronda por la cabeza.

Valerio seguía con la cabeza gacha y las manos entre las piernas.

-¿Qué le ronda por la cabeza?

-¿Me quitaste las bragas más veces?

Valerio no le respondió. Eva se hizo la ofendida.

-¿Pero qué clase de monstruo eres?

Eva se puso en pie. Valerio estaba viendo que le iba a caer una hostia de un momento a otro.

-A saber qué otras cosas me harías para acabar actuando así.

-La quiero, suegra.

-Tú lo que quieres es mi cuerpo, el cuerpo de tu suegra. ¿Me has visto totalmente desnuda? ¡Y dime la verdad!

Valerio guardó silencio.

-¡Joder, joder, joder! A saber qué me has hecho.

Valerio levantó la cabeza.

-No le he hecho nunca nada malo, solo me masturbé.

Eva desconfiaba de su yerno.

-Más te vale que solo fuera eso, que si me llego a enterar de que hubo más, te descalabro. ¿Se te pasó por la cabeza?

-La verdad es que sí.

-¡Y tienes los santos cojones de decírmelo!

-Me lo preguntó y le respondí la verdad.

Eva se persignó y luego llevó su representación al máximo extremo: le soltó una hostia con la mano abierta que lo dejó con la cara ardiendo..

-Eso para que no se te vuelva a pasar por la cabeza.

Valerio volvió a bajar la cabeza.

-Cada uno es como es.

Eva fingió estar cabreada.

-¡Me cago en tu sombra!

-Mientras se cague en mi sombra y no le diga nada a su hija...

Lo miró con ojos de venada.

-¡Si no me cago en tu madre, es porque no tiene culpa de haber parido a un cerdo! Y si no,le digo nada a mi hija, es por no arruinarle la vida.

Eva se fue a su habitación y allí urdiría un plan para follar con su terno.

Al otro día por la mañana. Valerio estaba sentado a la mesa de la cocina desayunando y María, su esposa, dormía. Eva estaba de espaldas a él. Presintió que le estaba mirando para el trasero; se giró y le dijo:

-¡¿Me estás mirando el culo, cabrón?!

-No, estoy mirando para la taza del caldo.

-Me estabas mirando el culo, y cuando miraste para mí, no me miraste a los ojos, me miraste para las tetas; por lo menos ten la decencia de admitirlo.

 -¿Para qué me dé otra hostia?

-Ya lo has admitido. ¡Eres un pervertido!

Ese sábado Eva bebió una botella de vino de las tres que solía beber, y antes de irse a dormir se hizo la borracha. Valerio la ayudó a llegar a la cama, la desnudó y, en bragas, le puso la enagua transparente; luego la metió en cama y se fue.

Unos quince minutos más tarde regresó en pelota picada. Eva se hizo la dormida, pues quería llegar hasta el final. Oyó cómo decía:

-Aquí está mi Bella Durmiente.

Valerio se echó al lado de su suegra y con la yema del dedo medio de su mano derecha y la del dedo pulgar, lo aplastó y lo soltó y lo movió alrededor; luego fue a por el otro pezón, y haciéndole lo mismo que al otro, besó a su suegra sin lengua y le dijo:

-¡Qué buena estás!

Besándola y jugando con el pezón, le metió una mano dentro de las bragas, dos dedos dentro de la vagina. Comenzó a masturbarla, y ella empezó a hablar para sus adentros.

"Picaste".

-Hoy estás más mojadita.

"Y más que voy a estar".

Masturbándola y jugando con sus pezones, le pasó la cabeza de la polla por los labios.

"El cuerpo me pide abrir la boca".

Eva abrió la boca, y la polla entró en ella. Era muy gruesa. Abrió un poquito los ojos y vio a su hijo pajeando su larga verga. 

"Qué te va a descubrir Eva?

Volvió a cerrar los ojos. Valerio le quitó la polla de la boca, los dedos del coño, le sacó las bragas y vio lsi pelambrera negra.

"Ahora viene lo bueno".

 Le clavó la cabeza de la verga en el coño. Como llevaba tanto tiempo sin recibir una polla, le entró muy apretada, pero los coños de una mujer como Eva cierran en falso y en nada ya entraba y salía con facilidad.

"´Me estoy derritiendo!"

Valerio le dio deprisa un rato y luego paró. Eva sintió cómo le latía la polla en el coño.

"Me voy a correr".

Valerio comenzó a correrse dentro de su suegra en el mismo momento que se comenzaba a correr ella. Eva, en un acto reflejo, le echó las manos al culo y lo apretó contra su cuerpo.

Al acabar de correrse, Valerio fue al armario, cogió una toalla de las viejas e iba a limpiar el coño a su suegra. Eva abrió los ojos y le dijo:

-¿Qué me has hecho?

Valerio se llevó un susto tremendo.

-Lo siento, la tentación pudo conmigo.

Eva echó la mano al coño y la sacó pringada de leche y de jugos.

-¡¿Me has podido dejar preñada, cabrón?! 

-Es que me apretó el culo... 

-No, si encima la culpa va a ser mía.

-En todo caso, no creo que quedara preñada.

-Más te vale.

Valerio se echó sobre su suegra, le cogió las manos y le dijo:

-Quiero follarla estando despierta.

-¡Una mierda vas a follar!

Le metió la polla entre sus piernas cerradas y la subió y la bajó entre sus labios vaginales. Eva giraba la cabeza hacia un lado y hacia el otro, esquivando los besos de su yerno, al tiempo que lo ponía de carroñero para arriba. Al rato abrió las piernas y levantó la pelvis fingiendo que lo quería quitar de encima. Valerio le clavó la polla en el coño, que era lo que aeava quería. Fue como si le hubiera clavado una estocada de muerte, ya que Eva se quedó inmóvil y sin decir palabra, pero no era mortal, no, a los pocos segundos. Eva le dijo:

-Follar, me follarás porque eres más fuerte que yo, pero luego te quedarás dormido y mañana no vas a despertar.

Follándola despacito, le dijo:

-No creo que cambie el altar por la cárcel, por culpa de un par de polvos. 

Eva tuvo que darle la razón.

-Me había olvidado de que me caso mañana, pero hay más días.

Valerio apuró un poquito las clavadas.

-Mañana se va a vivir a otra casa y ya no tendrá ocasión de hacer lo que dice, ni yo tendré ocasión de volver a gozar de su cuerpo. Tengo que aprovechar esta oportunidad.

 A Eva le estaba gustando de nuevo.

-¿Me quieres decir que me haces esto porque me vas a echar de menos?

-Se lo hago porque yo la deseo más de lo que nunca la deseará ese viejo.

Le dio despacio, al paso, al trote y al galope, y al galope, se corrió dentro de ella y Eva se corrió con él.

-Te has corrido dentro de nuevo y...

-Y lleva tres meses sin la regla; eso significa que le llegó la menopausia.

-Me tienes controlada.

Le soltó las manos y la besó en los labios.

-¿Me deja saborear todo su cuerpo?

-No, pero si te vas ahora de mi habitación, podrás dormir tranquilo.

Valerio aceptó la oferta de su suegra.

Al día siguiente, Valerio miraba cómo su esposa llevaba a la madre al altar.

La boda fue por todo lo alto, pero a los dos días el matrimonio cayó en todo lo bajo. Él bebía, los dos tenían mala baba y a los tres días tuvieron su primera pelea. En la noche del día siguiente, Eva  regresó a su casa con su yerno. Valerio estaba en la cocina cenando.

-¿Qué viene a buscar?

-Nada, vengo a quedarme.

-¿Qué fue lo que pasó?

Se lo contó.

-Está mejor sin él. ¿Le apetece un trago?

-Tú lo que quieres es que me emborrache, para aprovecharte de mí, pero ya no bebo.

-Solo la follaría estando despierta y dejándome saborear todo su cuerpo.

-¡¿Estás loco?! ¿Cómo te iba a dejar hacer eso?

-Podría querer vengarse del desgraciado ese.

-Tu descaro se merece una respuesta contundente, pero ya discutí lo suficiente por hoy.

Eva se iba para su habitación. Valerio le dijo:

Piense en lo que le he dicho.

La mujer se giró y miró a su yerno.

-Voy a ponerle la llave por dentro a la puerta.

-No hace falta que se la ponga, pero haga lo que quiera.

Eva se fue a su habitación. Valerio se fue para la suya una hora después. En calzoncillos se metió en la cama y se puso a leer otra novela de vaqueros. No había ni leído la primera página. Cuando entró Eva en su habitación. Venía con la combinación transparente y no llevaba nada debajo.

-Cambié de opinión. Quiero vengarme de él.

Valerio dejó caer la novela sobre la cama e iba a salir de ella.

-Quédate ahí.

Eva dejó caer la combinación al piso y luego, contoneando las caderas, fue hasta la cama, se metió en ella y se arrodilló entre las piernas de su yerno

-Saca la lengua. 

Valerio sacó la lengua y Eva se la devoró; luego le puso las tetas delante para que escogiera. Agarró las dos y lamió los gruesos pezones y las marrones areolas de las gordas y esponjosas tetas que caían sobre su boca, al tiempo que metía la mano derecha dentro de sus calzoncillos, empuñaba la polla y lo masturbaba. Pasado un tiempo en el que había dejado que saboreara sus tetas bien saboreadas, le quitó el calzoncillo, empuñó la verga y la frotó en sus pezones y en sus areolas.

-¿Te gusta?

-Me encanta.

Al rato la metió entre las tetas y comenzó a hacerle una cubana.

-La tienes muy mojada.

Valerio le echó la mano al coño y lo encontró resbaloso.

-Tú también, pero para, o me vas a hacer correr.

Eva agarró la polla, la metió en la boca, chupó el glande, lo masturbó y Valerio se corrió en su boca. La mujer se tragó hasta la última gota de leche, luego le puso el coño en la boca y le dijo:

-Corresponde.

Valerio le echó las manos a la cintura y le lamió el coño. Con él lamiendo y con ella moviendo el culo hacia delante y hacia atrás, comenzaron los gemidos.

-Me encanta oírla gemir.

-No vuelvas a hablar, que interrumpes la comida de coño.

No volvió a hablar. Tiempo después, Eva se corría en la boca de su yerno.

 -¡Abre la boca que ahí te va el diluvio universal!

Eva era una exagerada, pues solo fueron unas gotas y un reguerito de jugos.

Estaba muy necesitada, ya que luego de correrse en la boca de su yerno, bajó el culo y poniendo la tiesa verga en la entrada de la vagina, bajo el culo, la enterró hasta las trancas y le dio sin medida, le dio a romper, le dio como si se fuera a acabar el mundo.

Valerio, viéndola a ella apoyada con los brazos en su pecho y con cara de viciosa. Viendo sus grandes tetas subiendo y bajando, chocando entre ellas y viendo sus pezones de punta, como queriendo salir disparados, se corrió dentro de su suegra. Ni diez segundos tardó Eva en correrse en la polla de su yerno, que le dijo:

-Me encanta sentir cómo se corre.

-Y a mí sentir tu leche dentro de mi coño.

-¿Quiere más leche?

-A cuatro patas puedes echarme la leche más al fondo.

-Y debajo.

-Y de lado.

-Y con las piernas en tus hombros.

-¿Y podrás?

-Puedo y tengo más leche que en una lechería. Ponte en la posición que quieras.

-¿Cuánto tiempo llevas sin follar con mi hija? 

Más de un mes.

-¡Hay que aprovechar!

Eva se puso a cuatro patas. Su culo era redondo y grande. Valerio le echó las manos a las tetas y, magreándolas, le lamió el coño y el culo; luego le puso las manos en las caderas y comenzó a meter y a sacar con calma. Al acelerar un poco las clavadas. Eva comenzó a gemir. Cuando estas fueron cogiendo intensidad, los gemidos fueron en consonancia con ellas y cuando ya las clavadas eran de barrena, Eva se desgañitaba. A punto de correrse, Valerio le dijo:

-Saca tú mi leche.

Eva, echando el culo hacia atrás y hacia delante, se clavó la polla en el coño con tanta fuerza que en nada, no solo se corrió Valerio dentro de su coño, sino que también se corrió ella en su polla.

Valerio quedó con la lengua fuera, y Eva quedó exhausta y sin ganas de misionero ni de monja patas arriba. Eva le dijo:

-Una ya no está para tanta acción junta. Va a ser mejor que lo dejemos por hoy.

Valerio quería despedirse a lo grande.

-¿No puedes hacerme una mamadita?

-Bueno, eso sí que aún lo puedo hacer.

Valerio le puso la polla en los labios; Eva la empuñó y le lamió el glande antes de meterla en la boca y mamársela, cuparla, menearla... Valerio le metió dos dedos de la mano derecha dentro de la vagina, los sacó llenos de jugo y le acarició el clítoris con ellos, y con la otra mano le amasó las tetas y jugó con sus pezones. Eva se puso cachonda de nuevo.

-¿Quieres que ponga mis pies sobre tus hombros?

-Ya estás tardando.

Se arrodilló entre sus piernas. Eva le puso el pie derecho sobre el hombro. Valerio se la clavó hasta el fondo y, agarrándole la pierna por debajo de la rodilla, le dio caña de la buena. La polla entraba y salía llena de jugos. Eva, mirando a los ojos a Valerio, le dijo.

-Así no me voy a correr.

-Sube la otra pierna.

Con las dos piernas sobre sus hombros, le volvió a dar a mazo. Tiempo después, Eva le dijo:

-Así tampoco, córrete tú.

-De eso nada.

Se echó a su lado, Eva le dio espalda, y luego levantó y dobló la pierna derecha. Valero se la sujetó por la parte de abajo de la rodilla, le metió la verga y le volvió a dar con ganas. Eva comenzó a gemir, echó la mano derecha a la nuca de su yerno, lo atrajo hacia ella y le comió la boca mientras la taladraba. Un par de minutos después, Valerio paró de follarla. Eva le dijo:

-¿Por qué has parado?

-Porque me iba a correr.

Eva movió el culo hacia atrás y hacia delante cada vez más aprisa y cuando sintió cómo su yerno se corría dentro de su coño, le dijo:

-¡Me corrooooooo!

Esta vez quedaron los dos para el arrastre.

Al día siguiente, Eva fue a por sus cosas a la casa de Eulogio. Hicieron las paces y ya no regresó a su casa más que de visita.

Nueve meses después, Eulogio, el marido de Eva, invitaba en la tienda a todos los que allí estaban.

Pesó cuatro kilos y es un macho.

El tabernero le dijo:

-Se ve que tú, donde pones el ojo, pones la bala.

-Ni lo dudes, Genaro, ni lo dudes.

Yo lo dudo mucho.

Quique.



   
Citar
Compartir:
Criptomonedas

El valor de invertir en Criptomonedas

Guía 2026: Ventajas de Invertir en Criptomonedas y Activos Líderes Invertir…

Bonos de casino: qué saber antes de elegir

Elige inteligentemente: comparativa de bonos con depósito y…