El domingo por la mañana Macarena se despertó a las once, estiró su cuerpo, estiró los brazos, bostezó y luego se destapó para levantarse. Se acordó de los videos instructivos que le había dicho Jaime que le iba a mandar. Se sentó en el borde de la cama, cogió encima de la mesilla de noche su iPhone, miró en su correo y allí estaban los videos. Volvió a echarse sobre la cama y abrió el primer video. En él vio a un africano, boca abajo, sobre una mesa de masajes, y a una rubia, desnuda, arrodillada entre sus piernas y echándole aceite con un spray en su espalda, en su redondo y duro culo y en sus piernas.... Vio todo el video y tomó buena nota del masaje y del polvo que acabaron echando..
Al acabar de ver ese video puso el otro en el que una joven morena, preciosa, y con un cuerpo diez, echada sobre una cama de masajes, con sus piernas y sus brazos separados, recibía el masaje de la chica rubia que había visto en el video anterior. Lo miró entero y también tomó buena nota del masaje y del polvo que echaron.
-Me he puesto bien cachonda. -echó dos dedos al coño y los sacó mojados- Tengo que follarme a mi misma
Macarena tenía un tocador con un gran espejo delante de la cama. Se levantó cogió un cepillo del pelo, y regresó con él a la cama, se sentó sobre ella, con las piernas cruzadas, y comenzó a cepillarse el pelo, al tiempo que se miraba al espejo. Luego de peinarse, estiró las piernas, flexionó las rodillas y con tres dedos de su mano derecha comenzó a hacer círculos con tres dedos sobre su clítoris, apretó los labios vaginales con dos dedos, frotó em coño de abajo a arriba con uno con dos dedos, le dio un tremendo repaso al coño antes de meter los dos dedos dentro de la vagina y darse cera con ellos, pero cera de la buena, lo que hizo que comenzaran a salir jugos cremosos de su coño, jugos que Macara veía salir de su coño en el espejo y que recogía con sus dedos, llevaba a la boca y chupaba.
-¡Qué buena estoy!
Al rato, cuando vio que se iba a correr, se puso a cuatro patas dándole el culo al espejo y con la cabeza girada sobre la almohada, metió el dedo medio de la mano izquierda dentro del cono para engrasarlo y lo metió en el culo, con tres dedos de la mano derecha e frotó el clítoris y poco después se corría como una demente, al correrse puso la palma de la mano derecha debajo del coño y recogió la leche cremosa de la corrida, leche que lamió como si fuera una perra.
Al acabar de disfrutar y de saborear su leche, se levantó, se duchó, miró algo la tele, hizo de comer, y volvió mirar la tele hasta que sonó el timbre de su piso. Fue a abrir, echó un vistazo por la mirilla y vio que era su cuñada Nieves. Le abrió la puerta y le dijo:
-No te contaba.
-Es que te tengo algo que decirte que me corre prisa.
Macarena cerró la puerta. Nieves colgó su abrigo de piel en el perchero y se fueron a la sala de la televisión. Macarena le dijo:
-Siéntate donde quieras.
Nieves se sentó en el tresillo, levantó un poco su vestido gris, y luego cruzó las piernas. Macarena le preguntó:
-¿Deseas tomar algo?
-Sí, algo fuerte.
-¡Coño! Te tuvo que pasar algo gordo para pedir algo fuerte, tú eres de agua mineral.
-Más fuerte de lo que puedas imaginar.
-Cuenta, cuenta mientras preparo dos pelotazos.
-Estoy que fumo en pipa con lo que me dijo tu hermano.
Preparando las bebidas, le preguntó:
-¿Qué te dijo el tarambana ese?
-Me dijo con estas palabras: Te quiero ver follar con siete enanitos, Blancanieves.
A Macarena le entró la risa floja.
-Estaría borracho.
-No, no estaba borracho.
-Si no estaba borracho, te estaba vacilando. En toda España no creo que haya siete enanos.
-Me enseñó una foto con siete enanos desnudos, y los siete tienen las pollas más grandes que la suya.
-Haría un montaje con inteligencia artificial.
Macarena le dio el gin tonic, con muy poca ginebra, pues sabía que si cargaba la bebida, su cuñada acabaría vomitando, y ganas de limpiar no tenía. Se sentó a su lado y vio que Nieves la miraba y sonreía.
-¿Por qué sonríes?
-¡Inocente, inocente, inocente!
A Macarena se le había pasado que era el 28 de diciembre.
-Cabrona.
-Tampoco hacía falta insultar.
-No, eso es muy cierto, venga, bebe
-No voy a beber.
Macarena se puso seria.
-Ahora te bebes el gin tonic o te lo hago beber yo.
-¡Qué mal genio tienes!
-Bebe.
Nieves le echó un trago.
-No está tan mal. ¿No tienes nada de picar?
-Ya piqué yo.
-Vas a hacer un drama de la inocentada.
-Cuando tienes razón hay que dártela.
Macarena echó un trago de su gin tonic, luego lo posó encima de la mesa camilla que tenía en frente y fue a pillar una caja de galletas surtidas, que puso encima de la mesa antes de volver a sentarse. Nieves le preguntó:
-¿Sigues trabajando en el club los fines de semana?
-Sí, a las ocho tengo que estar allí.
-¿Y eso te da para llegar a fin de mes después de perder el trabajo en la compañía en que estabas?
-No, pero me dieron un buen dinero al echarme.
-Los ahorros no duran siempre. Hay un trabajo de cajera en el supermercado de una amiga mía, si te interesa puedo hablar con ella.
-Ya tengo trabajo en la sala de masajes de Jaime.
Nieves echó un trago largo.
-¿Le vas a llevar las cuentas?
-Voy a trabajar de masajista.
-¡Anda ya! A mí no se me olvidó el día en que estamos.
Macarena vio en su cuñada a su conejillo de indias.
-No es una inocentada. ¿Quieres qué te dé un masaje?
-Claro que me gustaría que me dieras un masaje, últimamente estoy muy tensa, pero tú no tienes ni pajolera idea de como dar un masaje.
-Eso es lo que tú te crees. Si quieres que te lo dé, no tienes más que decírmelo.
-Vale, masajéame los hombros, a ver si sabes.
-Te estaba hablando de un masaje integral.
Nieves la miró de lado.
-A ver, Macarena. Te conozco y sé que no eres lesbiana. ¿Qué es lo que buscas dándome un masaje?
Macarena fue franca.
-Te diré la verdad. Nunca le he dado un masaje a un hombre, ni a una mujer, solo he visto unos videos, y para empezar a trabajar, antes tengo que practicar.
Nieves, que estaba comiendo una galleta de coco, con la boca llena, le dijo:
-¡Qué jodida!
Macarena se desilusionó.
-Sabía que si te decía la verdad no te ibas a prestar al masaje.
-Pues estabas equivocada. ¿Dónde me lo quieres dar?
Una sonrisa se dibujó en los labios de Macarena.
-Mi habitación sería un buen sitio.
-Pues vamos para tu habitación.
-Tengo que ir al aseo a coger el aceite de avellanas y por el camino debo pillar una almohada para ponerte debajo del culo.
Nieves fue con Macarena y esperó en las puertas, mientras cogía el aceite en el aseo y la almohada en una habitación aledaña a la suya.
Llegaron a la habitación y Nieves, al lado de la cama, se quitó el vestido. Se sentó en el borde de la cama y se quitó los zapatos grises con pequeños tacones de aguja, después se quitó las medias, luego el sujetador y por último las bragas. Macarena le dijo:
-Échate boca abajo sobre la cama con la cabeza ladeada sobre la almohada.
Nieves le preguntó:
-¿Es que tú no te vas a desnudar?
-No lo creo necesario.
-Yo sí que lo creo necesario. No veo justo que tú me veas desnuda a mí y yo a ti no.
Se desnudó. Cuando Nieves la vio desnuda, le dijo:
-Estás buenísima. Si fuera hombre te comería viva.
-Ya, pero no eres un hombre, échate.
Se echó. Macarena le puso la otra almohada debajo del vientre para que se le levantara el culo. Después cogió el aceite de avellanas y se lo echó por los hombros, por la espalda, por las nalgas y por las piernas. A continuación se lo expandió por todos los lados, para después colocar las manos como había visto en el video y masajear de arriba abajo sin parar desde los hombros hasta los pies, paró e hizo algo de cosecha propia para ver su reacción. Lo que hizo fue meterle las manos por debajo para masajearle la mitad de sus tetas, la reacción fue separar el cuerpo de la cama para que masajeara sus tetas en su totalidad. Se las masajeó como lo haría si fueran sus propias tetas, con suavidad y dejando que los pezones se colaran entre sus dedos. De las tetas fue a por su culo y a por su gordo coño, coño que tenía una pequeña raja. Lo masajeó apretándolo con dos dedos. El coño soltó cantidad de jugos, mismo le pareció un limón cuando lo exprimen. Le preguntó:
-¿Sigo?
-Sigue, tienes unas manos mágicas.
Le metió dos dedos de la mano izquierda dentro del coño y el dedo pulgar de la mano derecha dentro del culo y le dio cera... Allí no había música, pero a música celestial le sonaron los gemidos de su cuñada cuando se corrió.
Nieves, al acabar de correrse, sonrió y luego se echó encima de Macarena.
-¡¿Qué haces, loca?!
-Te voy a comer viva.
Quiso separarla de ella empujándola con las dos manos.
-No te atreverás.
La quiso besar, pero apartó la boca. Lo que no pudo apartar fueron las tetas, y como no pudo le lamió los pezones y las areolas
-Déjame, ya sabes que no soy lesbiana.
-Yo tampoco soy lesbiana y me dejé.
Le magreó las tetas y se las mamo con lujuria.
Ya no la empujada.
-Quieres parar.
-No, has sido tú la que ha abierto la caja de los truenos.
Le separó las piernas y se arrodilló entre ellas.
-¿Qué me vas a hacer?
-Comerte el coño.
Le echó las manos al culo, se lo levantó, metió el coño en la boca y se lo chupó como si fuera una almeja babosa. Cuando vio que se iba a correr, dejó de comerle el coño, se echó boca arriba, y le dijo:
-Ponme el coño en la boca, muévete y córrete en mi boca.
Macarena fue sarcástica
-¿Y qué más quieres que haga, guarra?
-Quiero que después me comas el coño tú a mí.
-Estás loca si piensas que voy a hacer esa barbaridad.
-Después de haber llegado hasta aquí no te quedes con las ganas.
-Tengo ganas, pero no tengo ganas de ti.
Nieves comenzó a hacerse un dedo.
-Yo sí las tengo de ti. Deja que te mire que en nada me corro.
-¡Serás perra!
Nieves le rogó.
-Me puse perra comiendo tu coño, anda, sé buena y ponme ese chocho en la boca.
Nieves estaba más caliente que su cuñada
-Te lo voy a poner porque me das pena, pero yo no te lo voy a comer a ti.
Le puso el coño en la boca, Nieves le echó las manos a la cintra y después se lo lamió.
Macarena perdió los papeles, agarrando la cabecera de la cama con las dos manos, comenzó a mover su culo de atrás hacia delante y de delante hacia atrás, al tiempo que apretaba el coño contra la lengua y unos cuantos gemidos más tarde, se corrió. Al correrse le quitó el coño de la boca. Nieves le dijo:
.¡Dámela, dámela!
Macarena abrió el coño con dos dedos de su mano derecha y de su vagina salió un pegote de leche, y luego cerrándola y abriéndola, luego otro pegote, y otro, y otro, y otro, después quedó una especie de moco colgando, especie de moco que Nieves limpió lamiendo su coño. Al acabar de tragar le dijo:
-¡Qué rica estás!
Macarena se acabó de soltar el pelo.
-A ver qué rica estás tú.
Nieves le dio un beso con lengua, Macarena se lo devolvió. Luego de comerse las bocas, Nieves le puso coño en la boca. Macarena sacó la lengua y Nieves, estrujando las tetas, frotó el coño contra la lengua hasta que, tiempo después, se corrió en la boca de su cuñada.
-¡Toda para ti, Maca, toda para ti!
Mientras se corría había sonado la música de la llamada de un teléfono en la sala de la televisión.
Nieves al acabar de correrse fue a mirar quién la había llamado. Regresó a la habitación y le dijo a su cuñada:
-Era tu hermano. Vistámonos que ese es capaz de venir para aquí.
Vistiéndose le preguntó Nieves a Macarena.
-¿Y ya has pensado con qué hombre vas a hacer las prácticas?
-No, pero alguien aparecerá.
Quique.
Mañana tercera parte.





