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Vaciar todo

¿Qué se siente cuándo te dan por el culo?

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José
(@quique)
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Iniciador del debate   [#1862]

 Enriqueta era una mujer viuda, de estatura mediana, de mediana edad y resultona. Tenía una huerta detrás de su casa en la que había doce árboles de cerezas de vino con las que se quitaba un buen dinero todos los  años. Vigiaba los cerezos día y noche para que nadie se acercara a ellos, pero eso a su sobrino José se la sudaba, ya que esperaba a que se fueran ella y su hija para darse sus buenos atracones.

Esa tarde José había visto a su tía con una bañera en la cabeza, iba a lavar la ropa al río. Su hija Manuela no estaba en casa porque trabajaba en una conservera.

Saltó la alta muralla que rodeaba la huerta y luego se subió a uno de los cerezos. Al rato oyó una voz que le decía:

-¿Bajas o te bajo?

Miró para abajo y vio a su prima Manuela con una escopeta de cartuchos en sus manos y apuntando hacia arriba, era obvio que no había ido a trabajar. 

-Bajo.

Manuela, que vestía con una falda marrón que le daba por encima de las rodillas y una blusa del mismo color, y que era pelirroja, de ojos azules, pecosa, de estatura mediana, con bastante de todo, ni guapa ni fea y tenía muy mala hostia. Al bajar su primo del cerezo le dijo:

-Comienza a desnudarte.

Su petición le extrañó a José.

-¿Para qué quieres que me desnude?

Lo apuntó con un dedo en uno de los gatillos de la escopeta.

-¡Qué te desnudes, coño!

Acojonado, se quitó la ropa y quedó en calzoncillos.

-¿Y ahora qué?

Sin dejar de apuntarlo, le respondió:

-Ahora quítate los calzoncillos.

-¿Para qué?

-Para que te vea toda la aldea en pelotas.

-¿No te llega con que me vean en calzoncillos?

-No, quiero que vean en pelotas al señorito, al que está estudiando mientras los demás trabajamos, al que le parezco poca cosa.

José sabía que no le caía bien, pero no que lo odiara de aquella manera. No tuvo más remedio que quitar los calzoncillos. Al ver su polla, Manuela se echó a reír a carcajada limpia.

-¡Vaya birria! Lo que se va a reír la gente al ver la mierda de polla que tienes.

Era verdad que la polla se le había encogido, pero había sido por él acojone. 

No debió reírse, porque al ponerle el cañón de la escopeta en la espalda para llevarlo hasta el muro, se giró con rapidez, le quitó la escopeta de las manos y la tumbó boca abajo sobre la hierba, se sentó sobre ella, le tapó la boca con la mano derecha, y le dijo:

-A mí no me jode ninguna pecosa de los cojones.

Mientras pataleaba, cogió uno de sus tenis y le quitó el cordón con los dientes, luego se puso a su lado y le sacó las bragas, las rompió con los dientes y se las puso de mordaza, después le ató las manos a la espalda y por último le ató las piernas por los tobillos con el cordón del otro tenis.

Manuela estaba sudando una cosa mala, porque todos los esfuerzos que había hecho habían sido bajo el sol. La puso boca arriba, tiro de ella por los pies y la puso a la sombra de un cerezo. Luego le desabotono la blusa y le sacó las tetas de las copas del sujetador. 

Sus tetas, que eran como diminutas pirámides, tenían pequeñas areolas y pequeños pezones.

José no entendía lo que le decía, pero su mirada de asesina le decían que no era nada bueno. Le dio igual lo que le estuviera llamando o como lo miraba, lo había vejado por unas miserables cerezas y ahora la iba a joder él a ella. A ver, su idea no era la de follarla, pero le iba a hacer pagar por él acojone que le había metido. 

Le pasó la punta de la lengua por el pezón izquierdo y su cuerpo reaccionó con un pequeño temblor. Ocurrió lo mismo con el otro pezón, y luego cuando le mamó las tetas, su cuerpo se retorció. 

Se le puso la polla tiesa, una polla que medía, quince centímetros y que era gruesa.

Se la frotó en los pezones y en las areolas y aún se retorció más. 

Como ya he dicho, su idea no era follarla, pero no iba a tener mejor ocasión que aquella para estrenarse.

Manuela estaba muy seria, pero sus ojos ya no echaban fuego. Se echó encima de ella, le metió la polla entre las piernas y se le mojó. Resbalaba mucho para ser sudor. Tenían que ser los jugos que decían algunos de sus amigos que soltaban las mujeres al estar calientes. Le folló los muslos y le mamó las tetas, luego la puso boca abajo, le separó las nalgas y vio todo lleno de jugos, y  también vio como el ojete se abría y se cerraba. (Manuela estaba deseando que se la metiera porque a su novio le dejaba que se la metiera en el culo, ya que así no quedaba preñada) José agarró la polla, se la puso en la entrada del ojete, empujo, y la cabeza de la polla entró apretada, pero sin causarle dolor. Se la enterró toda en el culo y después la folló. Manuela giró la cabeza, lo miró con odio y le llamó de todo hasta que, sintiendo como se corría dentro de su culo. se corrió ella. José vio como se le ponían los ojos en blanco, como se sacudía y como babeaba. Supuso que se estaba corriendo.

Al acabar de convulsionarse, la puso boca arriba y le dijo:

-Ahora no sé que hacer, si te dejo aquí atada, tu madre me mata y si te desato me matas tú.

Manuela ya no lo miraba con odio, es más, le pareció que le decía con los ojos que le quitara las bragas de la boca.

-¿Quieres qué te quite la mordaza?

Asintió con a cabeza.

-¿No vas a chillar?

Negó con la cabeza y se la quitó.

-Desátame.

-Antes tengo que hacer una cosa.

Cogió la escopeta, le quito los cartuchos, los tiró lejos y luego la desató. Recordó que la escopeta se podía coger por los cañones y arrear con la culata, y quiso largarse de allí a toda mecha, pero estaba desnudo. Manuela se echó encima de José, le puso las uñas en ambos lados de la cara y le preguntó:

-¿Por qué me has dado por el culo? Dime la verdad o te dejo marcado de por vida.

Le había dado por el culo porque era lo que tenía más a tiro, pero le dijo:

-Es que así dicen que las mujeres no quedan preñadas.

-¿Dicen?

-Sí, eso dicen mis amigos.

-¡¿Es que te has desvirgado conmigo?!

-Sí, aunque me hubiese gustado que fuese metiéndola en el coño, comiéndolo antes, me hubiese gustado que fuese de otra manera.

Le separó las uñas de la piel. Parecía que ya le había pasado el cabreo.

-¿Cómo es qué sabes comer un coño si no habías estado con una mujer antes de estar conmigo?

Se lo dijo sin saber cuales serían las consecuencias.

-Solo tengo la teoría, pero podría aprender con el tuyo.

Manuela se volvió a cabrear.

-¡Me acabas de violar y tienes los santos cojones de decirme que te deje comerme el coño?!

-Mujer, estás ahí arriba, yo aquí abajo... ¿Qué trabajo te cuesta ponérmelo en la boca?

-Y encima quieres que te lo ponga en bandeja.

-En bandeja, no, en la boca.

Manuela levantó la mano derecha.

-No te hagas el gracioso que te cruzo la cara.

-¿Me la pones?

-No.

-Anda, quiero saber que se siente cuando se le corren a uno en la boca .

-No seas guarro.

-Podrías correrte todas las veces que quisieras.

-Cabrón.

-Anímate.

Manuela ya estaba animada.

-No me creo que vaya a hacer lo que voy a hacer.

Le puso el coño en la boca. José sacó la lengua y Manuela frotó el coño contra ella. Poco después ya no le llegaba la lengua que también se frotó a su mentón y a su nariz, aunque correr, se corrió en su boca, y lo hizo como si se estuviera meando, aunque la corrida no le supo a meo a José, le supo a leche cortada.

Luego de correrse, puso su coño sobre la polla y le dio las tetas a mamar. Con sus manos sobre la hierba bajó el culo de un golpe. Solo entró la cabeza. A Manuela le comenzaron a caer lágrimas. José le preguntó: 

-¿Qué te pasa?

-Me pasa que me acabas de desvirgar.

-¡¿Yo?!

-¿De quién es la polla?

-Visto así...

Sin parar de besarlo, siguió metiendo. Cuando le tenía toda enterrada en el coño, le dijo:

-No te muevas.

-Tengo que quitarla, si no lo hago me correré dentro de ti.

Le pegó un mordisco en los labios y le hizo sangre.

-¡Estás loca, cabrona!

-Te dije que no te movieras.

-Estoy sangrando, bruta.

-Yo también estoy sangrando y no hago un drama. Este polvo lo vamos a acabar, y si te corres dentro, te corres, que por una vez no va a pasar nada.

-Hay algo que no me cuadra.

-¿Qué no te cuadra?

-¿Por qué no guardaste tu virginidad para tu novio?

-¿Quieres que te responda a calzón quitado?

-A calzón quitado estamos.

-Porque mi sueño era que me desvirgaras tú.

José quedó a cuadros, ya que sin decirle nada se lo había dicho todo.

-Entiendo.

-Tú no entiendes nada.

Lamió la sangre de sus labios y después lo folló despacio, pero muy, muy, muy, muy despacito, lo que provocó que José se corriera dentro de ella, luego, con el coño lubricado con la leche y con sus jugos, empezó a mover el culo y a meter y a sacar la polla un poco más... Al  rato la polla conoció lo que era un tsunami sexual, con sus temblores y grandes olas que bañaron hasta sus cojones. José se volvió a correr dentro del coño de su prima.

Luego de echar el polvo, colocando Manuela la ropa en su sitio, y vistiéndose José, le dijo ella:

-Como cuentes a alguien algo de lo que pasó aquí te pego dos tiros.

-Queda tranquila, yo no ando con chismes.

Dos horas después...

Enriqueta entró como un huracán en la casa de su hermano Pedro, venía arremangada y con un palo grueso en su mano derecha. Vio a José sentado a la mesa de la cocina comiendo un bocadillo, y le dijo:

-¡¿Estás ahí, hijo de puta?!

José, asustado, dejó el bocadillo encima de la mesa y se puso en pie. Pedro, el padre de José, que estaba sentado en una banqueta también se puso en pie, se enfrentó a su hermana y le quitó el palo de la mano.

-¿Qué pasó, Enriqueta?

-Pasó que tu hijo forzó a Manuela y la tengo en casa sangrando.

La abuela, que estaba sentada al lado del abuelo junto a la cocina, se persigno, el abuelo, que tenia una borrachera de aúpa, dijo:

-Hercúleo.

Pedro le peguntó a su hijo:

-¿Es eso verdad, José?

-Sí, pero....

Enriqueta quiso ir a por su sobrino.

-Tranquila, deja que hable.

José les iba a explicar solo la mitad de lo que había pasado.

-... Y como quiso que toda la aldea me viese desnudo, me vengué metiéndosela por el culo.

El abuelo, que era un setentón con boina, dijo:

-Titánico.

Enriqueta le preguntó a José:

-¡¿Y del coño no dices nada, desgraciado?!

-Una cosa llevó a la otra.

El viejo seguía alabando al nieto.

-Magnífico.

Enriqueta, que tenía a su padre al lado, le echó las manos a cuello, y apretando le dijo:

-Calla, borracho.

Si Pedro no se la quita de encima lo estrangula. El viejo se colocó bien la boina y no se calló

-Amazónica.

Pedro lo reprendió.

-Calla, papá, calla que ya tenemos problemas suficientes.

Enriqueta, algo más calmada, le dijo a su hermano.

-Si no me dejas que le dé, voy al cuartel de la guardia civil y que lo castiguen como se merece.

Tina, la madre de José intervino en la conversación.

-Habrá una solución intermedia.

-No quiero dinero.

-Ni te lo íbamos a dar, más que nada porque no lo tenemos. A quien hay que castigar es a José. ¿Qué te parece si te parte la leña durante un año?

-Eso no borra lo que hizo, además... ¿Quién me asegura a mí que no me la vuelve a desgraciar.

Habló Pedro de nuevo.

-Si le vuelve a tocar a Manuela yo mismo lo llevo a cuartel de la guardia civil.

Enriqueta iba a aceptar, pero porque tenía pensado darle un escarmiento a su sobrino.

-Que sean dos años cortándome la leña.

-Serán dos años.

Al día siguiente, después de comer, José fue a cortarle la leña a su tía. Al llegar a su casa la puerta estaba abierta, la llamó y no le contestó. Entró en casa, miró en la habitación de su tía y allí la vio. Estaba tomando la siesta y tenía solo las bragas puestas. Vio su fornido cuerpo y sus tremendas tetas, una cayendo hacia un lado y la otra cayendo hacia el otro. Se acercó a la cama para ver mejor sus grandes areolas oscuras y sus gruesos pezones, luego le miró para las bragas y vio que por los lados le salían pelos negros. Tuvo la sangre fría de bajarse los pantalones, y comenzar a hacerse una paja. Meneándola se inclinó y con un dedo le apartó las bragas hacia un lado para verle el coño.

Enriqueta, que lo estaba esperando, lo agarró por los pelos y lo echó sobre la cama, le aplastó la cabeza contra la cama, cogió una zapatilla negra con piso de goma que tenía debajo de la almohada y le dio en las dos nalgas, le dio sin medida.

-¡¡¡Plassss, plassss, plassss, plassss, plasss, plassss, plassss, plassss, plassss, plasssss, plassss, plassss!!!

-¡Me cago en la puta madre que te parió! Tú no haces otra.

Tiró la zapatilla en la cama y luego le metió el dedo pulgar de la mano derecha dentro del culo y se lo folló con él.

-¿Qué se siente cuando te dan por el culo? 

La respuesta fue en forma de gemidos.

-¡¿Te estás corriendo, maricón?!

Lo puso boca arriba y vio como de su polla salía la última leche.

-Fallo mío.

Enriqueta se había hecho una paja para no excitarse al hacerle a su sobrino lo que le tenía pensado hacer, pero al ver aquella polla tan rica se había puesto de un cachondo subido, y como si fuera parte de la venganza, le dijo:

-¡Ahora vas a saber lo que se siente al ser violado! 

Se quitó las bragas, lo montó, le enterró la polla en el coño y después le quiso romper la polla a coñazos.

José miraba como volaban aquellas tremendas tetas, volaban de arriba a abajo, de abajo a arriba y hacia los lados. Se atrevió a echarle las manos y Enriqueta le dio dos bofetadas en la cara.

-¡Las manos quietas, cabronazo!

Sacó las manos de las tetas se las echó al culo y también lo folló él a ella. Enriqueta sintió que le venía.

-¡Hostias que me corro, hostias que me corro, ¡Me corro, joder, me corro!

Al correrse se echó sobre él, sus bocas se juntaron y Enriqueta se corrió con la lengua dentro de la boca de su sobrino.

Al acabar de gozar, se incorporó y le dijo:

-Mira lo que has hecho.

Aquella frase le sonaba de algo, pero no se acordaba de qué.

-Si lo has hecho tú todo, espera a que se lo diga a mi padre.

La mujer se puso nerviosa.

-No te creerá.

-Eso ya lo veremos, aunque no se lo diría si me dejas comerte el coño.

-¿Sería solo eso?

-Y devolverte los zapatillazos.

La tenía agarrada por los pelos el coño.

-¿Qué quieres hacer primero?

-Zapatilla.

Se echó boca arriba.

-Dame tu la zapatilla, tía.

-Serás hijo de puta.

Cogió la zapatilla y se la dio.

-Ponte a cuatro patas.

A Enriqueta le estaba llegando la leche a las tetas.

-¡Ay qué coño!

Se puso a cuatro patas y le cayeron las del pulpo y ocho más de propina.

-¡Plassss, plassss, plassss, plasss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss!!!

No se había oído ni una queja mientras le ponía el culo como un tomate maduro. José vio que el coño ,le goteaba y se lo lamió, luego le lamió el coño y el ojete.

-¿Quieres que te folle el culo?

-¿Valdría de algo si digo que no?

-No.

Siguió lamiendo y cuando le tenía la cabeza de a polla en a entrada del ojete, le dijo: 

-Antes de meterla  mete la lengua en el coño y en el ojete y  folla los dos agujeros.

Hizo lo que le había dicho hasta que se la quiso meter de nuevo.

-Métela despacio y después déjame a mí.

Se la metió despacio y magreando sus tetas. Cuando la tenía dentro, lo folló ella a él. Lo folló a su aire, o lo que es lo mismo, aumentando progresivamente la velocidad de las culadas... Ya chocaban los huevos con fuerza contra el coño cuando le dijo:

-Dame tú ahora a mí, y dame a romper.

Le dio a mazo y cuando le empezó a temblar el cuerpo a Enriqueta, le llenó el culo de leche.

-¡Qué corrida, cabrón, que cooooorrriiiidaaaa!

Al acabar de correrse, José, le dijo:

-¿Quieres correrte en mi boca?

-Sí, pero hoy, no.

No volvió a follar ni  a la tía ni a la prima. A la tía porque ella no se quiso arriesgar y a la prima porque sabía lo que le esperaba si la follaba.

Quique.

Enriqueta, una mujer viuda, de estatura mediana, de mediana edad y resultona, tenía una huerta detrás de su casa en la que había tres árboles de cerezas de vino con las que se quitaba un buen dinero todos los  años. Tenía los cerezos vigilados para que nadie se acercara a ellos, pero eso a su sobrino José se la sudaba, ya que esperaba a que se fueran ella y su hija para darse sus buenos atracones.

Esa tarde José había visto a su tía con una bañera en la cabeza, iba a lavar la ropa al río. Su hija Manuela no estaba en casa porque trabajaba en una conservera.

Saltó la alta muralla que rodeaba la huerta y luego se subió a uno de los cerezos. Al rato oyó una voz que le decía:

-¿Bajas o te bajo?

Miró para abajo y vio a su prima Manuela con una escopeta de cartuchos en sus manos y apuntando hacia arriba, era obvio que no había ido a trabajar. 

-Bajo.

Manuela, que vestía con una falda marrón que le daba por encima de las rodillas y una blusa del mismo color, y que era pelirroja, de ojos azules, pecosa, de estatura mediana, con bastante de todo, ni guapa ni fea y tenía muy mala hostia. Al bajar su primo del cerezo le dijo:

-Comienza a desnudarte.

Su petición le extrañó a José.

-¿Para qué quieres que me desnude?

Lo apuntó con un dedo en uno de los gatillos de la escopeta.

-¡Qué te desnudes, coño!

Acojonado, se quitó la ropa y quedó en calzoncillos.

-¿Y ahora qué?

Sin dejar de apuntarlo, le respondió:

-Ahora quítate los calzoncillos.

-¿Para qué?

-Para que te vea toda la aldea en pelotas.

-¿No te llega con que me vean en calzoncillos?

-No, quiero que vean en pelotas al señorito, al que está estudiando mientras los demás trabajamos, al que le parezco poca cosa.

José sabía que no le caía bien, pero no que lo odiara de aquella manera. No tuvo más remedio que quitar los calzoncillos. Al ver su polla, Manuela se echó a reír a carcajada limpia.

-¡Vaya birria! Lo que se va a reír la gente al ver la mierda de polla que tienes.

Era verdad que la polla se le había encogido, pero había sido por él acojone. 

No debió reírse, porque al ponerle el cañón de la escopeta en la espalda para llevarlo hasta el muro, se giró con rapidez, le quitó la escopeta de las manos y la tumbó boca abajo sobre la hierba, se sentó sobre ella, le tapó la boca y le dijo:

-A mí no me jode ninguna pecosa de los cojones.

Mientras pataleaba, cogió uno de sus tenis y le quitó el cordón con los dientes, luego se puso a su lado y le sacó las bragas, las rompió con los dientes y se las puso de mordaza, después le ató las manos a la espalda y por último le ató las piernas por los tobillos con el cordón del otro tenis.

Manuela estaba sudando una cosa mala, porque todos los esfuerzos que había hecho habían sido bajo el sol. La puso boca arriba, tiro de ella por los pies y la puso a la sombra de un cerezo. Luego le desabotono la blusa y le sacó las tetas de las copas del sujetador. 

Sus tetas, que eran como diminutas pirámides, tenían pequeñas areolas y pequeños pezones.

José no entendía lo que le decía, pero su mirada de asesina le decían que no era nada bueno. Le dio igual lo que le estuviera llamando o como lo miraba, lo había vejado por unas miserables cerezas y ahora la iba a joder él a ella. A ver, su idea no era la de follarla, pero le iba a hacer pagar por él acojone que le había metido. 

Le pasó la punta de la lengua por el pezón izquierdo y su cuerpo reaccionó con un pequeño temblor. Ocurrió lo mismo con el otro pezón, y luego cuando le mamó las tetas, su cuerpo se retorció. 

Se le puso la polla tiesa, una polla que medía, quince centímetros y que era gruesa.

Se la frotó en los pezones y en las areolas y aún se retorció más. 

Como ya he dicho, su idea no era follarla, pero no iba a tener mejor ocasión que aquella para estrenarse.

Manuela estaba muy seria, pero sus ojos ya no echaban fuego. Se echó encima de ella, le metió la polla entre las piernas y se le mojó. Resbalaba mucho para ser sudor. Tenían que ser los jugos que decían algunos de sus amigos que soltaban las mujeres al estar calientes. Le folló los muslos y le mamó las tetas, luego la puso boca abajo, le separó las nalgas y vio todo lleno de jugos, y  también vio como el ojete se abría y se cerraba. (Manuela estaba deseando que se la metiera porque a su novio le dejaba que se la metiera en el culo, ya que así no quedaba preñada) José agarró la polla, se la puso en la entrada del ojete, empujo, y la cabeza de la polla entró apretada, pero sin causarle dolor. Se la enterró toda en el culo y después la folló. Manuela giró la cabeza, lo miró con odio y le llamó de todo hasta que, sintiendo como se corría dentro de su culo. se corrió ella. José vio como se le ponían los ojos en blanco, como se sacudía y como babeaba. Supuso que se estaba corriendo.

Al acabar de convulsionarse, la puso boca arriba y le dijo:

-Ahora no sé que hacer, si te dejo aquí atada, tu madre me mata y si te desato me matas tú.

Manuela ya no lo miraba con odio, es más, le pareció que le decía con los ojos que le quitara las bragas de la boca.

-¿Quieres qué te quite la mordaza?

Asintió con a cabeza.

-¿No vas a chillar?

Negó con la cabeza y se la quitó.

-Desátame.

-Antes tengo que hacer una cosa

Cogió la escopeta, le quito los cartuchos, los tiró lejos y luego la desató. Recordó que la escopeta se podía coger por los cañones y arrear con la culata, y quiso largarse de allí a toda mecha, pero estaba desnudo. Manuela se echó encima de José, le puso las uñas en ambos lados de la cara y le preguntó:

-¿Por qué me has dado por el culo? Dime la verdad o te dejo marcado de por vida.

Le había dado por el culo porque era lo que tenía más a tiro, pero le dijo:

-Es que así dicen que las mujeres no quedan preñadas.

-¿Dicen?

-Sí, eso dicen mis amigos.

-¡¿Es que te has desvirgado conmigo?!

-Sí, aunque me hubiese gustado que fuese metiéndola en el coño, comiéndolo antes, me hubiese gustado que fuese de otra manera.

Le separó las uñas de la piel. Parecía que ya le había pasado el cabreo.

-¿Cómo es qué sabes comer un coño si no habías estado con una mujer antes de estar conmigo?

Se lo dijo sin saber cuales serían las consecuencias.

-Solo tengo la teoría, pero podría aprender con el tuyo.

Manuela se volvió a cabrear.

-¡Me acabas de violar y tienes los santos cojones de decirme que te deje comerme el coño?!

-Mujer, estás ahí arriba, yo aquí abajo... ¿Qué trabajo te cuesta ponérmelo en la boca?

-Y encima quieres que te lo ponga en bandeja.

-En bandeja, no, en la boca.

Manuela levantó la mano derecha.

-No te hagas el gracioso que te cruzo la cara.

-¿Me la pones?

-No.

-Anda, quiero saber que se siente cuando se le corren a uno en la boca .

-No seas guarro.

-Podrías correrte todas las veces que quisieras.

-Cabrón.

-Anímate.

Manuela ya estaba animada

-No me creo que vaya a hacer lo que voy a hacer.

Le puso el coño en la boca. José sacó la lengua y Manuela frotó el coño contra ella. Poco después ya no le llegaba la lengua que también se frotó a su mentón y a su nariz, aunque correr, se corrió en su boca, y lo hizo como si se estuviera meando, aunque la corrida no le supo a meo a José, le supo a leche cortada.

Luego de correrse, puso su coño sobre la polla y le dio las tetas a mamar. Con sus manos sobre la hierba bajó el culo de un golpe. Solo entró la cabeza. A Manuela le comenzaron a caer lágrimas. José le preguntó: 

-¿Qué te pasa?

-Me pasa que me acabas de desvirgar.

-¡¿yo?!

-¿De quién es la polla?

-Visto así..

Sin parar de besarlo, siguió metiendo. Cuando le tenía toda enterrada en el coño, le dijo:

-No te muevas.

-Tengo que quitarla, si no lo hago me correré dentro de ti.

Le pegó un mordisco en los labios y le hizo sangre.

-¡Estás loca, cabrona!

-Te dije que no te movieras.

-Estoy sangrando, bruta.

-Yo también estoy sangrando y no hago un drama. Este polvo lo vamos a acabar, y si te corres dentro, te corres, que por una vez no va a pasar nada.

-Hay algo que no me cuadra.

-¿Qué no te cuadra?

-¿Por qué no guardaste tu virginidad para tu novio?

.¿Quieres que te responda a calzón quitado?

-A calzón quitado estamos.

-Porque mi sueño era que me desvirgaras tú.

José quedó a cuadros, ya que sin decirle nada se lo había dicho todo.

-Entiendo.

-Tú no entiendes nada.

Lamió la sangre de sus labios y después lo folló despacio, pero muy, muy, muy, muy despacito, lo que provocó que José se corriera dentro de ella, luego, con el coño lubricado con la leche y con sus jugos, empezó a mover el culo y a meter y a sacar la polla un poco más... Al  rato la polla conoció lo que era un tsunami sexual, con sus temblores y grandes olas que bañaron hasta sus cojones. José se volvió a correr dentro del coño de su prima.

Luego de echar el polvo, y colocando Manuela la ropa en su sitio, y vistiéndose José, le dijo ella:

-Como cuentes a alguien algo de lo que pasó aquí te pego dos tiros

-Queda tranquila, yo no ando con chismes.

Dos horas después...

Enriqueta entró como un huracán en la casa de su hermano Pedro, venía arremangada y con un palo grueso en su mano derecha. Vio a José sentado a la mesa de la cocina comiendo un bocadillo.

-¡¿Estás ahí, hijo de puta?!

José, asustado, dejó el bocadillo encima de la mesa y se puso en pie. Pedro, que estaba sentado en una banqueta también se puso en pie, se enfrentó a su hermana y le quitó el palo de la mano.

-¿Qué pasó, Enriqueta?

-Pasó que tu hijo forzó a Manuela y la tengo en casa sangrando.

La abuela que estaba sentada al lado del abuelo junto a la cocina, se persigno, el abuelo, que tenia una borrachera de aúpa, dijo:

-Hercúleo.

Pedro le peguntó a su hijo:

-¿Es eso verdad, José?

-Sí, pero....

Enriqueta quiso ir a por su sobrino.

-Tranquila, deja que hable.

José les iba a explicar solo la mitad de lo que había pasado.

-... Y como quiso que toda la aldea me viese desnudo, me vengué metiéndosela por el culo.

El abuelo, que era un setentón con boina, dijo:

-Titánico.

Enriqueta le preguntó a José:

-¿Y del coño no dices nada?

-Una cosa llevó a la otra.

El viejo seguía alabando al nieto.

-Magnífico.

Enriqueta, que tenía a su padre al lado, le echó las manos a cuello, y apretando le dijo:

-Calla, borracho.

Si Pedro no se la quita de encima lo estrangula, El viejo se colocó bien la boina y no se calló

-Amazónica.

Pedro lo reprendió.

-Calla, papá, calla que ya tenemos problemas suficientes.

Enriqueta, algo más calmada, le dijo a su hermano.

-Si no me dejas que le dé, voy al cuartel de la guardia civil y que lo castiguen como se merece.

Tina, la madre de José intervino en la conversación

-Habrá una solución intermedia.

-No quiero dinero.

-Ni te lo íbamos a dar, más que nada porque no lo tenemos. A quien hay que castigar es a José. ¿Qué te parece si te parte la leña durante un año?

-Eso no borra lo que hizo, además... ¿Quién me asegura a mí que no me la vuelve a desgraciar.

Habló Pedro de nuevo.

-Si le vuelve a tocar a Manuela yo mismo lo llevo a cuartel de la guardia civil.

Enriqueta iba a aceptar, pero porque tenía pensado darle un escarmiento a su sobrino.

-Que sean dos años cortándome la leña.

-Serán dos años.

Al día siguiente, después de comer, José fue a cortarle la leña a su tía. Al llegar a su casa la puerta estaba abierta, la llamó y no le contestó. Entró en casa, miró en la habitación de su tía y allí la vio. Estaba tomando la siesta y tenía solo las bragas puestas. La vio con sus tremendas tetas, una cayendo hacia un lado y la otra cayendo hacia el otro y el pelo negro recogido. Se acercó a la cama para ver mejor sus grandes areolas oscuras y sus gruesos pezones, luego le miró para las bragas y vio que por los lados le salían pelos negros. Tuvo la sangre fría de bajarse los pantalones, y comenzar a hacerse una paja. Meneándola se inclinó y con un dedo le apartó las bragas hacia un lado para verle el coño.

Enriqueta, que lo estaba esperando, lo agarró por los pelos y lo echó sobre la cama, le aplastó la cabeza contra la cama, cogió una zapatilla negra con piso de goma que tenía debajo de la almohada y le dio en las dos nalgas, le dio sin medida.

-¡¡¡Plassss, plassss, plassss, plassss, plasss, plassss, plassss, plassss, plassss, plasssss, plassss, plassss!!!

-¡Me cago en la puta madre que te parió! Tú no haces otra.

Tiró la zapatilla en la cama y luego le metió el dedo pulgar de la mano derecha dentro del culo y se lo folló con él.

-¿Qué se siente cuando te dan por el culo? 

La respuesta fue en forma de gemidos.

-¡¿Te estás corriendo, maricón?!

Lo puso boca arriba y vio como de su polla salía la última leche.

-Fallo mío.

Enriqueta se había hecho una paja para no excitarse al hacerle a su sobrino lo que le tenía pensado hacer, pero al ver aquella polla tan rica se había puesto de un cachondo subido, y como si fuera parte de la venganza, le dijo:

-¡Ahora vas a saber lo que se siente al ser violado! 

Se quitó las bragas, lo montó, enteró la polla en el coño y después le quiso romper la polla a coñazos.

José miraba como volaban aquellas tremendas tetas, volaban de arriba a abajo, de abajo a arriba y hacia los lados. Se atrevió a echarle las manos y Enriqueta le dio dos bofetadas en la cara.

-¡Las manos quietas, cabronazo!

Sacó las manos de las tetas se las echó al culo y también lo folló él a ella. Enriqueta sintió que le venía.

-¡Hostias que me corro, hostias que me corro, ¡Me corro, joder, me corro!

Al correrse se echó sobre él, sus bocas se juntaron y Enriqueta se corrió con la lengua dentro de la boca de su sobrino.

Al acabar de gozar, se incorporó y le dijo:

-Mira lo que has hecho.

Aquella frase le sonaba de algo, pero no se acordaba de qué.

-Si lo has hecho tú todo, espera a que se lo diga a mi padre.

La mujer se puso nerviosa

-No te creerá.

-Eso ya lo veremos, aunque no se lo diría si me dejas comerte el coño.

-¿Sería solo eso?

-Y devolverte los zapatillazos.

La tenía agarrada por los pelos del coño.

-¿Qué quieres hacer primero?

-Zapatilla.

Se echó boca arriba.

-Dame tu la zapatilla, tía.

-Serás hijo de puta.

Cogió la zapatilla y se la dio.

-Ponte a cuatro patas.

A Enriqueta le estaba llegando la leche a las tetas.

-¡Ay qué coño!

Se puso a cuatro patas y le cayeron las del pulpo y ocho más de propina.

-¡Plassss, plassss, plassss, plasss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss, plassss!!!

No se había oído ni una queja mientras le ponía el culo como un tomate maduro.

José vio que el coño ,le goteaba y se lo lamió, luego le lamió el coño y el ojete.

-¿Quieres que te folle el culo?

-¿Valdría de algo si digo que no?

-No.

Siguió lamiendo. ando le tenía la cabeza de a polla en a entrada del ojete, le dijo: 

-Antes de meterla  mete la lengua en el coño y en el ojete y  folla los dos agujeros.

Hizo lo que le había dicho hasta que se la quiso meter de nuevo.

-Métela despacio y después déjame a mí.

Se la metió despacio y magreando sus tetas. Cuando la tenía dentro, lo folló ella a él. Lo folló a su aire, o lo que es lo mismo, aumentando progresivamente la velocidad de las culadas... Ya chocaban los huevos con fuerza contra el coño cuando le dijo:

-Dame tú ahora a mí, y dame a romper.

Le dio a mazo y cuando le empezó a temblar el cuerpo a Enriqueta, le llenó el culo de leche.

-¡Qué corrida, cabrón, que cooooorrriiiidaaaa!

Al acabar de correrse, José, le dijo:

-¿Quieres correrte en mi boca?

-Sí, pero hoy, no.

No volvió a follar ni  a la tía ni a la prima. A la tía porque ella no se quiso arriesgar y a la prima porque sabía lo que le esperaba si la follaba.

Quique.



   
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