A veces la vida nos sorprende con situaciones insólitas, difíciles de creer y que nos ocurren cuando menos lo esperamos, ese fue el caso de una de mis lectoras a la que llamaré Graciela.
Os voy a contar lo que le sucedió, más o menos como me lo contó, y como si yo fuera ella.
Llegué a casa de mi tío y padrino una tarde de verano. Había ido allí porque a mi tía le había roto las dos piernas un carnero.
Encontré a mi tío Paco sentado en una de las escaleras de su casa fumando un cigarrillo. Cuando me detuve enfrente de él, le dije:
-Ya estoy aquí, tío.
Mi tío y padrino, que era alto, moreno, delgado y de pelo cano, se puso en pie, tiró con el cigarrillo y me cogió la maleta que llevaba en mi mano derecha.
-Tu tía se alegrará de verte.
-¿Y usted no?
Con su seriedad habitual me respondió:
-Por supuesto.
Me llevó la maleta a mi habitación, y luego, después de ir a ver a mi tía, y de deshacer la maleta, comencé con las tareas de la casa.
Antes de continuar os diré como soy yo. Tengo menos de treinta años, soy gallega, morena, de ojos oscuros, cabello marrón, que llevo en una media melena, mido un metro setenta y dos, tengo sobrepeso, estoy divorciada y dicen que soy guapa.
Haciendo la cena, un cocido en toda regla, pues en aquella casa mataban el cerdo, mi tío, que estaba sentado a la mesa de la cocina tomando un vino tinto de la casa y fumando un cigarrillo, me dijo:
-Te estaremos eternamente agradecidos por tu ayuda.
Ayudar me estaban ayudando ellos a mí porque estaba sin blanca y allí me iba a ganar un buen dinero, pero no se lo iba a decir, claro.
-La familia está para ayudarse.
-No sé como tu marido te dejó marchar, eres una mujer trabajadora y muy guapa.
-No me dejó marchar, se fue él con otra más delgada.
-Ya estabas rellena cuando se casó contigo.
Me senté a la mesa enfrente de él.
-¡¿Recuerda como era hace diez años?!
-Como no te voy a recordar, por aquel entonces yo solo tenía sesenta años y...
-¿Y qué?
Lo estaba mirando a los ojos y se puso nervioso.
-Y nada.
Le sonreí con picardía porque me olía que le gustaba como mujer.
-Dígalo, que ya creo saber de qué se trata.
La seriedad de mi tío Paco contrastaba con mi cara risueña.
-No puedo, si lo digo crearía un mal ambiente.
-Eso confirma lo que estaba pensando. Le gustaba como mujer. ¿A qué sí?
Le costó trabajo pero lo reconoció.
-Sí, me gustabas. ¿No te molesta?
-Para nada. ¿Me deseaba? Y diga la verdad que no me voy a enfadar.
Mi tío estaba tan nervioso que encendió un cigarrillo con el otro.
-Más de lo que había deseado a ninguna mujer.
Tiré de él.
-¿Aún me desea?
-Tengo setenta años...
-Y ya no se le levanta, pero... ¿Me sigue deseando?
Mi tío soltó amarras.
-Más que hace diez años.
Quise saber algo más.
-¿Cuánto tiempo lleva sin meter, padrino?
-El día de año nuevo fue la última vez.
-Estamos en agosto...
Por momentos me había olvidado de mi tía, pero ella misma me recordó que estaba allí, cuando dijo:
-¡¿Falta mucho para la cena, Graciela?!
No faltaba, de hecho ya estaba hecha. Al rato se la llevé para que cenara. Cenamos mi tío y yo (ya no hablamos de su deseo, aunque las palabras seguían flotando en el aire), luego lavé los cacharros y nos fuimos para cama, primero yo y después él.
La casa era de una planta y tenía cinco habitaciones, una cocina, una sala de estar y un aseo. Mi tío y mi tía dormían en camas separadas, ella dormía al comienzo del pasillo y él en la habitación del final. Yo dormía en una de las habitaciones del medio y al lado izquierdo del pasillo.
Desperté en plena madrugada y en medio de un sueño húmedo. Me entraron ganas de orinar. Salí de la cama y fui al váter, que estaba al final del pasillo. A esas horas no creí necesario cerrar la puerta, lo que sí encendí fue la luz. Oriné y luego me limpié el coño con un papel higiénico de color marrón, que no llegaba a rascar, pero que poco le faltaba para hacerlo. El caso fue que recordé el sueño, en el que me estaba comiendo el coño aquel tipo al que no conocía de nada y no esperé a llegar a la cama para hacerme una paja. Sentada en la taza, me abrí de piernas, apoyé mi espalda en la cisterna, bajé las asas de la combinación, subí la enagua y luego acaricié con dos dedos de cada mano mis gruesos pezones y las amplias areolas oscuras de mis grandes tetas, para luego magrear las tetas. Después bajé la mano derecha a mi coño peludo, metí dos dedos dentro de la vagina, y magreando mi teta izquierda, comencé a hacer la paja, la hice con los ojos cerrados e imaginando que el desconocido me la seguía comiendo. A punto estaba de correrme, dije en bajito:
-Me voy a correr, me voy a correr me voy a correr...
Una mano apartó la mía del coño y oí a mi tío decir:
-Córrete en mi boca.
Abrí los ojos al tiempo que sentía la lengua de mi tío lamiendo mi coño. No pude ni empujarlo, porque comencé a correrme en su boca y mi cuerpo convulsionándose no estaba para otra cosa más que para gozar
Me corrí con una fuerza brutal, pero al acabar tenía que reprenderlo.
-¡¿Cómo ha podido hacerme lo que me ha hecho?!
-Me impulsó un deseo irrefrenable, lo siento.
-¿Y por qué quiso que me corriera en su boca, guarro?
-Es un vicio que cogí con tu tía para no dejarla preñada. Luego a ella le gustaba más que acabara así a que acabara en otro lado y...
-¿Me quiere decir que con usted una mujer no quedaría preñada, que lo que le gusta es que se corra en su boca?
-Contigo así sería.
Se puso en pie y vi un gran bulto en sus calzoncillos.
-Conmigo no va a ser nada. Váyase de aquí, depravado
-Es que venía a mear.
Me levanté de la taza, subí las asas de la combinación, subí las bragas y le dije:
-Orine que yo voy a lavar las manos.
-¿Quieres que mee contigo aquí?
-No le voy a mirar para la polla.
Meando, dijo en bajito:
-Joder, si yo pudiera y tú quisieras.
Lo miré de lado y le dije:
-¡Cómo se atreve a decirme eso!
-Estaba hablando con mi polla, Graciela.
-Ya, y yo soy miss mundo.
-Para mí eres miss universo.
A pesar de verle las intenciones, no lo reprendí.
-La cera conmigo no le valdrá de nada.
-Lo sé, pero si una noche te equivocaras de habitación y entraras en la mía...
Seguía sin pararle los pies, y era porque me gustaba lo que estaba oyendo.
-¿Pero yo qué le he dado?
-Una corrida deliciosa.
-No se la di, me la robó.
-Y ojalá te la pudiera robar otra vez.
-Acabe de una vez que quiero orinar yo.
Sacudió la polla y se la vi, era una polla gruesa, larga y estaba flácida. Me cogió la mano izquierda, me la llevó a la polla. (dejé que me la llevara) Mis dedos no la abarcaban, y eso que yo no tengo las manos pequeñas.
-Hace mil años que no siento una mano tan fina en mi polla. Si fueras capaz de ponerla dura...
Me entraron ganas de mamársela, de ponérsela dura y de que me empotrara allí mismo, pero tenía que aparentar honradez. Quité la mano de la polla, y con mi cara de los lunes, le dije:
-No le cruzo la cara porque es mi tío, y además porque daría con los huesos en el piso, podría hacerse daño y lo tendría que pagar por bueno.
Mi tío, resignado, me dijo:
-Lo tenía que intentar, no podía estar al lado de una mujer tan bella como tú y...
-Y ya se está largando.
Señaló su polla y me dijo:
-Mira, se ha puesto morcillona.
Se la miré y sí que se le había puesto morcillona.
-Dele la vuelta y métala en el culo.
-Qué cruel eres.
-Que se largue, coño.
Mi tío se fue y después me fui yo a mi habitación.
Allí me volví a meter mano, pero cuando ya estaba cachonda a más no poder, decidí sacar la puta que llevo dentro.
Salí de mi habitación como vine al mundo. Al entrar en la habitación de mi tío, que tenía la luz encendida, lo vi desnudo sobre la cama y con las piernas separadas. Subí a la cama, me metí entre sus piernas y me dijo:
-No me puedo creer que estés aquí.
-Ni yo, pero aquí estoy.
Era perro viejo y me estaba esperando, lo supe porque sacó de debajo de la almohada una venda.
-Así que no se lo podía creer y me estaba esperado.
-A veces tengo intuiciones.
Me vendó los ojos.
-¿Por qué me venda los ojos?
-Quiero que pienses en alguien que te guste mientras lo hacemos.
-Nunca he metido a un tercero en una cama.
-Para todo hay una primera vez.
-Eso es muy cierto.
Agarré su polla con la mano izquierda, y meneándola, le lamí y le chupé los huevos imaginando que era el desconocido que me había comido el coño en mi sueño húmedo. Luego le lamí la polla de abajo a arriba... Le lamí la cabeza, después se la mamé, y entre mamadas le dije:
-Se te está poniendo dura poco a poco.
No me respondió para no estropear el momento, lo que hizo fue echarme hacia un lado y arrodillarse entre mis piernas, luego agarró la polla con una mano y me la frotó en los labios del coño, en la entrada de la vagina y en el clítoris. Frotando la vagina comenzó a meter la punta, la metía al subir y al bajar. Luego de la tira de frotamientos, la cabeza de la polla entró dentro de mi coño. Casi me corrí con la sensación que me produjo aquel cabezón. Fue una sensación tan especial que le eché las manos al culo para que me la enterrara toda, pero a mi tío le había quedado la boca dulce con mi coño. Así que hizo con la lengua lo mismo que estaba haciendo con la polla. Con la lengua enterrada en mi coño y sobre mi clítoris, moví la pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo. A punto de correrme, quise rizar el rizo y sabiendo lo que le gustaba, le dije:
-Pídemelo.
-Córrete en mi boca.
Siguió lamiendo y le di otra espectacular corrida en la boca.
Después de correrme me la metió, la metió despacito y después se giró y me puso encima de él. Se podría decir que mi tío desapareció debajo de mí, lo digo porque era muy delgado.
Con mis manos apoyadas en la almohada y mis gordas tetas en su cara, subí y bajé el culo, lo subí y lo bajé a mi aire, y él lamió, mamó y magreó mis tetas, al ritmo que le marcaba mi culo.
Tiempo después, y cuando ya mi coño echaba por fuera y sentí que me iba a correr, le dije lo que quería oír:
-Pídemelo otra vez.
-Córrete en mi boca
Le puse el coño en la boca, me enterró la lengua en el coño, y no creo que haga falta decir lo que hice para llenarle la boca con los jugos de mi corrida.
Al acabar de correrme, me preguntó:
-¿Te gusta a cuatro patas?
-Sí, pero así expondría el culo, y la tiene muy gruesa.
-Solo te la meteré en el culo si tú me lo pides.
-¿Te gusta metérsela en el culo a una mujer?
-Me gustaba, era la hostia en bicicleta.
-¿Y qué la hostia en bicicleta?
-Es él no va más.
Me puse la venda y luego me coloqué a cuatro patas. Él puso las manos en mi cintura y me metió una follada con la intensidad de un joven de diecinueve años. Una follada que fue de menos a más, de más a menos, de menos a más, de más a menos... Al ver que iba a desbordar, me dijo:
-Córrete en mi boca.
Me eché boca arriba, flexioné las rodillas, me abrí de piernas, y cuando metió su cabeza entre mis piernas, lo agarré por las orejas, froté mi coño contra su lengua y le di otra descomunal corrida en la boca y no a él, se la di a María Casado.
Era indudable que mi tío tenía una manera de ver el sexo muy especial, pero había otra cosa que no me cuadraba y se lo pregunté:
-¿Por qué no me has besado?
-Es que tengo miedo de que me hagas la cobra y se me corte el rollo.
-¿Y por qué piensas que te voy a hacer la cobra?
-Mujer, tú tan joven y tan bella, y yo tan viejo y tan poca cosa.
-Ahora sé por qué me vendó los ojos.
Me puse boca arriba con las manos detrás de la nuca y le dije:
-Cómame todo lo que quieras.
Se echó a mi lado izquierdo y me besó. Sentí como le temblaban los labios; un hombre de setenta años temblando como un adolescente en su primer beso con su novia, si me lo cuentan no me lo creo. Besándome, con, y sin lengua, le eché la mano a la verga y la encontré dura, pero dura, dura. Tiré de ella hacia mí y con la polla vino mi tío. Me montó, frotó la polla en la entrada de mi vagina y después me la enterró de una lenta estocada. Sin dejar de besarme me folló, y lo hizo con ímpetu, o sea con fuertes clavadas, pero no seguidas, las clavadas eran espaciadas, espaciadas un tiempo, porque después fueron seguidas. Cuando no me pude aguantar, se lo dije:
-Me voy a correr.
Dejó mi boca, me sacó la polla, besó, y lamió mis tetas. Bajó lamiendo y besando mi vientre, luego me abrió el coño con dos dedos, y entre lamidas, me dijo:
-Córrete en mi boca.
Me enterró la lengua en el coño y el resto lo hice yo para darle en la boca una descomunal corrida.
Después de su comida favorita me besó con lengua y pude sentir el olor y el sabor de mi coño.
-Eres la mujer más bonita que han visto mis ojos.
-¿Qué te gusta de mí?
-De ti me gustan hasta tus andares. Lo que no sabía eras es una mujer tan entregada en la cama.
Sus grandes manos cogieron mis tetas por debajo, las juntaron y luego lamió mis pezones, lamió mis areolas, me mamó las tetas, las magreó, las sacudió... Jugó con ellas todo lo que quiso y luego se subió encima de mí y me metió la polla entre las tetas, las junté y me las folló.
Tenía la polla muy dura y me extrañó, porque no era normal, no pude evitar preguntárselo.
-¿Has tomado algo para la erección?
-Un par de pastillas azules.
-¡Qué cabrón! ¿Y si no llego a venir?
-Me tendría que hacer la paja más larga de todos los tiempos.
Dejó de follarme las tetas, me la frotó en el coño empapado, me la metió hasta las trancas y después, apretando mis pezones con cuatro dedos, y tirando de ellos, me dio leña para parar un tren. Me dio hasta que vio como se me cerraban mis ojos y comencé a sacudirme. Lo último que oí fue:
-Córrete en mi boca.
Al recuperarme del tremendo placer que había sacudido mi cuerpo, le dije:
-Voy a hacer una cosa y ahora vengo.
-Si vas a lavar el coño, no lo hagas, a mí el coño cuanto baboso, más me gusta.
-No es eso.
Regresé con un bote de manteca escondida en mi espalda. Me pregunto:
-¿Qué traes en la mano que tienes en la espalda?
-Es una sorpresa.
Dejé el bote en el piso, junto a la cama. Me puse otra vez a cuatro patas y le dije:
-A ver que sabes hacer con un culo como el mío.
Lamió y folló mi culo y mi coño con su lengua, al tiempo que tres dedos de su mano derecha acariciaban el clítoris. Iba despacito en los tres lados. Yo no soy mucho de gemir, pero cuando los tres dedos entraron en mi vagina, comencé a hacerlo. Poco después, al correrme, me derrumbé. Mi tío me puso boca arriba y me dijo:
-Córrete en mi boca.
Ya me estaba corriendo, así que solo tuvo que lamer los jugos que salían de mi coño.
Al acabar de correrme cogí el bote de manteca, lo puse sobre la cama, y le dije:
-¿Vamos a por la hostia en bicicleta?
La seriedad de mi tío desapareció de su cara y apareció en ella una sonrisa.
Agarró el bote de manteca, lo abrió, se pringó las manos con ella, me separó las nalgas, me metió un dedo en el culo y me lo folló con él, al tiempo que me metía dos dedos dentro del coño y me masturba. Luego me folló el culo con dos dedos y después con tres. Follándomelo con tres dedos sentí que me venía y le dije:
-Dímelo.
Me sacó los dedos del coño, y sin quitar los dedos de mi culo, me dijo:
-Córrete en mi boca.
Le di otra inmensa corrida en la boca mientras me convulsionaba y gemía.
Luego de correrme, se pringó la polla de manteca, me echó las manos a las tetas, apretó el cabezón de la polla contra mi ojete e hizo presión, pero sin empujar. El cabezón fue entrando lentamente. Cuando entró todo me dolió y le dije a mi tío:
-Sé que me vas a romper el culo, pero me va a encantar que lo hagas.
Me incorporé y me puse a cuatro patas. La polla entró dentro de mi culo produciéndome dolor y placer.
A mí me gustaba tanto ser follada por un agujero como por el otro, pero aquella verga dentro de mi culo me lo estaba desvirgando de nuevo. Para excitarlo se lo dije:
-Me encanta que me revientes el culo.
Lo excité tanto que la quitó y me la metió en el coño. Me dio a romper para ver si me hacía venir, y como vio que no me corría, la volvió a meter en el culo... Anduvo así un rato. Dándome a mazo. De repente se quedó rígido. Era obvio que se iba a correr, le dije:
-Córrete en mi boca.
La sacó de mi coño, yo me giré para que me metiera la polla en la boca, me la metió y me la llenó de leche calentita, leche que me tragué.
Al acabar de correrse se echó mi lado. Lo besé con lengua y le dije:
-¿Quieres que me vuelva a correr en tu boca?
-Sí.
Le puse el coño en la boca, él sacó la lengua, y yo, amasando mis tetas Y apretando y tirando de mis peones, moví mi culo de atrás hacia delante y de delante hacia atrás para que su lengua se frotase contra mi coño anegado de jugos, lo hice cada vez más aprisa y cuando estaba a punto de correrme, me detuve, dejé de gemir y le dije:
-Pídemelo.
-Córrete en mi boca.
Quique.




