Valeria y Vicente llevaban tres años casados y buscando un hijo desde el primer día, como ella no quedaba preñada se hicieron las pruebas y resultó que Vicente era estéril. Estaban hablando de ello en la sala de estar de su casa de aldea, le decía ella a él:
-Tampoco es el fin del mundo.
Vicente, cabizbajo, le dijo:
-No, pero sé que te hacía mucha ilusión tener un hijo.
Valeria era una mujer morena de veintiún años, bonita, de ojos marrones, de estatura mediana, robusta y tenía una larga melena de color negro.
-En esta vida no se puede tener todo, tenemos salud, amor y de dinero no andamos mal.
-Aún podemos tener ese hijo.
-¿Quieres que adoptemos?
-No, pero he pensado que si tú no tienes inconveniente podría hablar con mi hermano.
Valeria le tenía ganas al hermano de su marido, pero no era cuestión de entregar la cuchara sin hacerse de rogar.
-¿Tú te das cuenta de la barbaridad que acabas de decir?
-No es una barbaridad, claro que si tú no quieres...
-¿Me estás diciendo que darle mi cuerpo a otro estando casada contigo no es una barbaridad?
-No, el fin justifica los medios.
-Los medios conllevarían adulterio e incesto.
-Tú lo miras por el lado malo, yo lo miro por el lado bueno.
-No te reconozco. ¿Qué te pasa, Vicente?
Vicente se sinceró con su esposa.
-Lo que me pasa es que creo que un día me podrías dejar por otro que te dé un hijo.
-Yo nunca haría eso.
-Puede que no, pero yo viviría atemorizado. Mi hermano podría arreglar el problema.
El hermano de Vicente se llamaba José y era un cabronazo que ya le había metido mano en las tetas y en el coño a Valeria estando Vicente presente, de espaldas a ellos, claro. La mujer se había callado para que no hubiera jaleo entre los hermanos, lo que le dio alas al cabronazo para meterle mano cuando el marido no estaba en casa. Valeria no se había dejado, pero luego cuando follaba con su marido metía a José en la cama, bueno, lo metía en la cama con él y sin él, ya que se había hecho sus buenas pajas. Le siguió dando cuerda.
-Tu hermano José es un crío y una bala perdida.
-Tiene dieciocho años, la edad que tenías tú cuando te casaste conmigo y ya ha estado con varias mujeres.
Valeria ya no sabía ni que decir.
-¡¿Y tú cómo sabes eso?!
-¿Sus amigos me cuentan sus cosas?
-¿Qué cosas?
-Lo que me dicen es lo que él les dice. Que está bien dotado, que es muy cerdo en la cama, y que echando un polvo se corre dos veces, mínimo, y eso es lo importante para que quedes preñada.
-Que presuma de polla, lo entiendo, pero que diga que es un cerdo en la cama me choca. ¿Por qué lo dirá?
-No lo sé.
-Me da que sí lo sabes.
-Bueno, algo sé, me dijeron que dice que le gusta ir abajo...
-¿Qué es ir abajo?
-Lamer un coño...
Valeria no lo dejo terminar de hablar.
-No, Vicente, no, tú no vas a hacer una puta de mí.
-No era esa mi intención.
Valeria tensó la cerda al máximo.
-Vamos a olvidar esta conversación. Me voy para cama.
-Yo no tengo sueño. Este problema no me deja dormir.
Valeria se fue para su habitación. Se quitó la ropa, se puso una enagua, se metió en cama, y le vino a la cabeza la última vez que le metió mano su cuñado. Lo recordó con una camiseta ceñida, que marcaba sus pectorales y su vientre plano y con unos vaqueros que marcaban un buen paquete, paquete que le había restregado en el culo mientras le metía mano en las tetas. Sin querer, queriendo, sus manos se posaron en sus tetas y comenzaron a magrearlas, cerró los ojos y pensó en su cuñado. Estaba allí. La besaba, magreaba sus tetas y le preguntaba si quería que la dejara preñada. Ella le decía que sí, bajaba a su coño y se lo lamía... Se estaba montando una película a su medida.
Valeria se quitó las bragas y separó las piernas. Con la mano izquierda se acarició las tetas, unas tetas con areolas del tamaño de rosquillas pequeñas y pezones gruesos, y con cuatro dedos de la otra mano tocó la guitarra sobre el clítoris. Al ratito, y en bajito, cantaba una melodía que decía:
-Me corro, José, me corro.
Al acabar de gemir y de temblarle las piernas, metió dos dedos dentro del coño y lo folló con ganas, diciendo:
-Dame tu leche, José, dame tu leche.
En nada levantó el culo, y convulsionándose se volvió a correr.
Al acabar de correrse subió la mano, vio los jugos lechosos de la corrida en sus dedos, los chupó y luego dijo:
-Que guarrilla soy.
Al rato se quedó dormida. Por la mañana se despertó y su marido estaba a su lado, boca arriba y con los ojos abiertos, le dijo:
-He dormido de maravilla.
-Yo apenas he pegado ojo.
-Tenemos que solucionar este problema, Vicente.
-Solo hay una solución y tú ni la contemplas.
Aún le iba a dar una vuelta más.
-Es que lo que me pides es una cosa muy seria.
-Y tanto, se trata de tener un hijo.
Valeria ya no estiró más el chicle.
-Espero que no nos arrepintamos.
Vicente se sorprendió.
-¡¿Vas a hacerlo?!
-Sí, no quiero que vivas amargado, habla con tu hermano.
Esa tarde estaba Valeria planchado en su habitación cuando José le dio unos golpecitos en el cristal de la ventana, lo miró y le dijo:
-La puerta de atrás está abierta.
José entró en la casa y fue junto a su cuñada, que le preguntó:
-¿Habló contigo tu hermano?
-Habló.
-Cierra las cortinas.
Cerró las cortinas.
-¿Y qué te dijo?
-Quiero que dejes preñada a mi esposa.
-Algo más te diría antes de eso.
-Si, pero eso es lo importante.
-Para ti lo importante no es hacerme un hijo, para ti lo importante es follarme.
Se puso detrás de ella, le arrimó cebolleta y le echó las manos a las tetas.
-Y te voy a follar como nunca te han follado, te voy a hacer vibrar como nunca antes has vibrado.
Esperando que no le hiciera caso, Valeria, le dijo:
-Tú vas a hacer lo que yo te permita, y no voy a permitir que me beses en la boca ni que me quites más que las bragas, el resto de la ropa se queda donde está.
José la besó en el cuello y siguió arrimado cebolleta y magreando sus tetas.
-Escucha, princesa, si quieres que te deje preñada, vas a permitir que te haga lo que me salga de los cojones y vas a hacer lo que te mande. ¿Lo has entendido?
-Sí, pero...
-No hay, pero que valga, es como yo diga, o conmigo no tienes el hijo.
Valeri había conseguido lo que buscaba.
-Vale, tú ganas, deja que apague la plancha.
Luego de apagar la pancha, le bajó las bragas, sacó la polla, se la metió entre las piernas, le lamió la oreja izquierda y le dio de modo que su polla se deslizara entre sus labios vaginales. De la oreja izquierda pasó a la derecha y luego siguió con el cuello mientras sus manos se metían debajo de su camiseta, quitaban las gordas tetas de las copas y las magreaban directamente.
El coño ya había engrasado su polla cuando le dijo José:
-Desnúdate.
-Me da vergüenza desnudarme delante de ti.
-¿Quieres que te desnude yo?
-El resultado sería el mismo.
Se fue desnudando de espaldas a él. Al estar desnuda, José lamio desde el hueso palomo por la columna arriba hasta la nuca y luego fue bajando hasta llegar de nuevo al hueso palomo, le separó las nalgas y le lamió y le folló el ojete con la punta de la lengua. A continuación, le echó las manos a las tetas, y así, de pie, se la puso en el ojete, empujó y le metió la cabeza de la polla, cabeza que le entró apretada, pero sin causarle dolor.
-¡Te has equivocado de agujero!
-Perdona, pero es que por detrás no se veía.
No se había equivocado de agujero, era por saber si su hermano se la metía en el culo, y la conclusión era que sí.
Luego le metió la polla en el coño y la folló con suavidad primero y a trallazos secos después. Cada trallazo la hacía gemir y la iba acercando al orgasmo y José lo sabía. Le hizo la ametralladora y Valeria se corrió entre gemidos, convulsiones y con un tremendo temblor de piernas. José se corrió con ella.
Al quitarle la polla del coño le dio la vuelta. Valeria se tapó las tetas con un brazo y un mano y el coño con la otra mano.
-Quita las manos.
Las quitó, la miró de arriba a abajo, vio sus tetas perfectas, su coño peludo, y los jugos y su corrida bajando por el interior de sus muslos, y le dijo:
-Eres la mujer más bella y más sensual que han visto mis ojos.
-No hace falta que me halagues.
-No es un halago, es la verdad. Échate sobre la cama y ponte en posición.
-¿En qué posición?
-Con las rodillas flexionadas y las piernas abiertas.
Valeria pensó que se la iba a meter de nuevo. Se echó sobre la cama, flexionó las rodillas y miró como se desnudaba su cuñado. Al estar desnudo y ver su cuerpo musculoso, su gorda polla y su carita de ángel (aunque era un demonio) deseó poder follarlo ella a él, pero no podía mostrar su lado salvaje. Oyó como le decía José:
-Por fin te tengo como quería.
Se echó a su lado y magreando su teta derecha, le pasó la lengua entre los labios, después se la metió dentro de la boca, le levanto la lengua con la suya y se la acarició.
-Colabora que pareces un saco de patatas.
A Valeria nunca la había besado con lengua su marido. Lo que se le ocurrió fue echar la lengua fuera, José se la chupó, y luego ya ella se metió en faena.
José, de la boca pasó a las tetas, unas tetas grandes con areolas oscuras del tamaño de pequeñas rosquillas y gruesos pezones, areolas y pezones que besó, lamió y chupó, al tiempo que le magreaba las tetas. Se las trabajó bien trabajadas. Después bajó besando su vientre y al llegar al coño lo lamió de abajo a arriba. Luego posó su lengua sobre el clítoris y la movió alrededor.
-Me voy a correr.
-Lo sé.
Le chupó el clítoris y Valeria se corrió sacudiéndose una cosa mala.
Al acabar de correrse, se arrodilló entre sus piernas, le levantó el culo con su mano derecha, con la izquierda agarró la polla, se la frotó en el coño y acto seguido se la enterró en el coño.
-¿Cómo lo quieres?
-Me da igual.
Con una mano magreando sus tetas y mirándose ambos a los ojos, se la metió despacito, se la sacó de la misma manera y la folló así un rato
-Ahora el que se corre soy yo.
Se corrió dentro y después la volvió a follar. Con la vagina lubricada con sus propios jugos. ,a polla se deslizaba que era una maravillo. Aumentó la velocidad de las clavadas y Valeria le dijo:
-Si sigues así me vuelvo a correr.
-¿Quieres que me corra contigo?
-Sí.
Le dio mazo y se corrieron juntos, temblando uno y convulsionándose la otra.
Al acabar de correrse, le preguntó José:
-¿Echamos otro?
-No, por hoy ya está bien.
-¿Mañana a qué hora te viene bien?
-Vuelve a la misma hora de hoy.
-Deja otra vez la puerta trasera abierta.
II
Valeria estaba en su habitación acabando de doblar ropa, con la luz encendida y las cortinas corridas. Entró José en la habitación, y le dijo:
-Buenas tardes, princesa.
-Buenas tardes, golfo.
Se sentó a su lado, le tocó una teta y notó que no llevaba sujetador debajo de la camiseta blanca. La agarró, la apretó y lamió el pezón, la tira de veces, luego mamó las tetas y cuando dejó de mamar, el pezón, duro y erecto, quedó marcado en la camiseta. Al coger la otra teta, Valeria se echó hacia atrás sobre la cama para facilitarle la tarea. Le quitó la camiseta y se dio un festín con las tetas. Devorándolas, le dijo:
-Tienes las mejores tetas que he visto.
-Eso se lo dirás a todas.
José besó a su cuñada. Valeria le devolvió el beso. Le bajó la cremallera de la falda, la abrió un corchete que allí había y luego se la quitó. No llevaba bragas y su coño peludo quedó al aire. Valeria le preguntó:
-¿Me vas a comer el coño otra vez?
-¿Quieres que te lo coma?
-Sí.
-¿Hasta que te corras?
-Hasta que me corra.
Le clavó la lengua despacio, y despacio se la quitó. A Valeria se le escapó un pequeño gemido.
-¿Mi hermano no te come el coño?
-No.
-No me extraña que gimas con tan poco.
Le volvió a meter y a sacar la lengua del coño un porrón de veces, lamió sus labios vaginales, apretó la lengua contra el clítoris, le hizo la centrifugadora sobre él, y Valeria exclamó:
-¡Me voy a correr en tu boca!
Temblando y haciendo una curva imposible con su cuerpo, dijo con la voz débil:
-Me corro en tu boca.
Al acabar de correrse, le pregunto José:
-¿Quieres que te la siga comiendo?
-Deja que descanse un par de minutos.
-No hay tiempo para descansa, solo tenemos dos horas.
-¡¿Te parece poco tiempo?!
-Para ser el último que voy a pasar contigo, sí.
-Visto así...
La puso boca abajo.
-¿Y ahora qué haces?
Le lamió el ojete.
-Te gusta hacer cochinadas.
Le folló el ojete con la lengua.
-Cochinadas ricas, ricas, ricas.
Le metió dos dedos dentro del coño y la masturbó mientras le follaba el culo con la lengua.
-Va a ser la mejor paja de mi vida.
No iba a ser la mejor paja de su vida, pero sí un buen polvo, porque pasado un tiempo, cuando se iba a correr, José quitó la polla, le echó las manos a la cintura, se la enterró en el coño y le dio a mazo. A la décima clavada se corrió Valeria.
-¡Otra!
Tiempo después, al llenarle el coño de leche, se volvió a correr.
-¡Otra más!
Al acabar de gozar, la puso boca arriba, le lamió los jugos de la corrida y luego la besó con lengua. Valeria se la chupó. José le clavó la polla en el coño y luego la puso encima de él y le dijo:
-Fóllame a tu aire.
Valeria, que deseaba follarlo desde la primera vez que José le había metido mano, vio que era la suya.
-Acabas de sacar la puta que hay en mí.
-No creo que lleves a una puta dentro.
-¡¿Qué no? ¡Ahora verás!
Le echó las manos a los hombros. Se sentó sobre la polla, la clavó hasta el fondo y lo folló subiendo y bajando el culo.
-¡Me encanta!
Su culo se fue moviendo con más celeridad, sus gemidos fueron subiendo de tono, sus manos dejaron los hombros, se apoyaron en su pecho y sintiendo como José se corría dentro de ella, le bañó la polla con una tremenda corrida y dijo:
-¡Me muero de gusto!
Se desplomó y acabó corriéndose estirada sobre su cuñado.
Tan pronto como acabó de correrse, y aun tirando de la respiración, se volvió a sentar sobre la polla y lo volvió a follar, esta vez lo folló moviendo el culo de atrás hacia delante y delante hacia atrás. José le echó las manos a las tetas y se las magreó. Valeria, con los brazos echados hacia atrás y con las manos apoyadas en las rodillas de José, no paraba de gemir. Cada vez le gustaba más, y cuanto más le gustaba, más rápido movía el culo, lo que la llevó a hacer que se corriera de nuevo su cuñado, y a correrse ella con él.
-¡Préñame, préñame, préñame!
Cuando termino de gozar, José se incorporó y la atrajo hacia él. Valeria lo abrazó, le metió la lengua en la boca y lo siguió follando. José le dijo:
-Luego de correrte, ponme el coño en la boca que quie lamerlo.
-Haré algo mejor.
Le dio él a mazo y Valeria se volvió a correr.
-¡Me estás matando de placer!
Al acabar de correrse, le dijo José:
-Dame el coño.
Quitó la polla, se echó hacia atrás, se abrió de piernas y le mostró el coño.
-Todo tuyo.
José lo miró y vio como salían jugos de él.
-Chorreando, como mí me gusta.
Lamió todo el coño a conciencia. Lamió los labios, la vagina, el clítoris, y lamiéndole el clítoris, se volvió a correr.
-¡Me corro, me corro, me corro, me corro!
Se corrió como una loba.
Al acabar de correrse, José le puso la polla en la boca.
-No debería mamártela.
-Pero vas a mamarla
Al abrir la boca le metió la polla dentro.
-Mama, princesa, mama.
Sacó la polla de la boca, y le dijo:
-Te la mamo si no le dices a tu hermano nada de lo cochino que hemos hecho.
-Ya no le iba a decir nada de eso.
Valeria se arrodilló en la cama, agarró la polla, la metió en la boca y le hizo una buena mamada, con lamida y mamada de huevos incluida. Mamando, le dijo José:
-¿Me darías un beso lechoso, Valeria?
-¿Qué es un beso lechoso?
-Besarme con mi leche en tu boca después de correrme.
-Tú no eres normal.
-¿Eso es un no?
-Eso es que ya no veo normal que un hombre le pida a una mujer que se trague su leche, para ver normal que la trague él con ella.
-A mí me excita.
-Tú lo que quieres es hacer de mí una guarra.
-Yo no quiero hacer de ti nada que no quieras ser.
Valeria le dio caña con la mano y cera con la boca.
Al rato le decía José:
-¡Para, para, para, para, para qué me corro!
Valeria siguió mamando, y cuando José acabó de correrse, lo besó con lengua y con la boca llena de leche, y se tragaron la corrida a medias.
Al acabar de besarse y de tragar, le dijo:
-¡Qué perra me siento!
Se la había puesto botando.
-Ponte a cuatro patas, perrita.
Se puso a cuatro patas. José le echó las manos a las tetas, se la clavó en el coño y le dijo:
-Fóllame, Valeria.
Valeria se vino arriba.
-¡Te la voy a romper!
Movió el culo a toda pastilla. La polla entraba y salía llena de jugos blancos, unos jugos en los que chapoteaba el glande cuando llegaba al fondo del coño.
-Tú no vas a romper nada.
José se la sacó y la puso en el ojete.
-¿Ya has tenido sexo anal?
-Por el culo no quedo preñada.
Le lamió el ojete.
-Ya vuelve el cochino.
-No me has respondido.
-Ni te voy a responder.
Le metió y le sacó la lengua del ojete.
-¿Te meto la punta de la polla?
-El primer día no te habías equivocado de agujero. ¿A qué no?
Le metió y le sacó la punta en el culo.
-No. ¿Te la meto un poquito más?
Como si no lo supiera, le respondió:
-Mete, a ver que se siente.
Se la metió un poco más y después siguió metiendo y sacando. Valeria, cachonda perdida, le dijo:
-En el cajón de arriba de la mesilla de noche hay lubricante.
Pilló el lubricante, lubricó la polla y luego se la fue metiendo en el culo muy despacito, al tiempo que le magreaba las tetas con las manos resbalosas del lubricante. Pasado un tiempo, con la polla entrando y saliendo del culo, Valeria sintió que se iba a correr.
-¡Dame duro y hasta el fondo!
Le dio duro y hasta el fondo y se corrió.
-¡Qué pedazo de corrida!
Al acabar de correrse Valeria, José limpió a polla con la colcha y después, cogiéndola por la cintura, le folló el coño a todo follar, o sea, le dio sin medida hasta que se corrió dentro. Con las últimas gotas de leche cayendo en su coño, se corrió Valeria.
-¡Me derrito!
Se corrió a lo bestia, o sea, entre tremendas convulsiones y desbordando.
Al acabar de follarla, y mientras se vestían, le dijo José:
-¿Si no has quedado preñada volveremos a follar?
-Supongo, esas ya son cosas de tu hermano.
-¿Y si has quedado preñada?
-Si he quedado prelada ya no me haces falta.
Valeria había quedado preñada.
Quique.




