Sobrina en remojo.
 
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Sobrina en remojo.

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Iniciador del debate   [#2064]

                         Salió de la piscina corriendo en cuanto crucé la cancela del jardín. Lo único que llevaba era un diminuto bikini rojo. Cuatro triángulos de lycra cubriendo apenas los pezones, el pubis y menos de la mitad de su prieto culo.

 

- ¡Tía! ¡Qué sorpresa!. 

 

                                 Con su cuerpo húmedo pegado al mío, abrazándome con fuerza yo empezaba a mojar mi braguita. Es que una no es de piedra y esa belleza entre mis brazos me estaba conmoviendo. 

 

- Hola sobrina, ¡que guapa estás!. 

 

                                    El agua escurría por mi blusa blanca haciendo que se trasparentara el sujetador de encaje. Lo duros que se me habían puesto los pezones en cuanto la vi salir de la piscina y ver su joven, lozano cuerpo.

 

- ¿Donde esta tu madre? Le pregunté.

 

- Ha salido de viaje con mi padre. Estarán todo el fin de semana fuera. De folleteo supongo. 

 

- ¡Pero nena! ¿Que vocabulario es ese? ¿Te han dejado sola?. 

 

- Soy mayor de edad y se fían de mí. No pasa nada. Tampoco pensaba montar una orgía. 

 

                                 Bromeaba, claro, pero esas palabras me erizaron los vellos de la nuca. Y los de otro sitio no porque me había depilado. 

 

- ¿Y cual era tu plan?. ¿Pasarte en remojo todo el fin de semana?.

 

- Eso y tomando el sol con la tablet. Para eso le di tanta guerra a mi papi para que hiciera la piscina. Para broncearme. Y para eso están las vacaciones de la uni. 

 

- Pues no es mal plan lo admito. ¿No vas a invitar a alguna amiga?.

 

- Ya has venido tú. Pero si tú quieres podría llamar a alguna.

 

                                   Yo iba de visita a ver a mi hermana y me encontraba a solas con mi dulce sobrina. De inmediato ella me invitó a pasar un rato con ella en remojo. Pero no me había traído bañador. Así que se ofreció a dejarme uno suyo. Y menos mal que no propuso bañarnos desnudas, al principio. 

 

- Ya que has venido. Quedate un rato. Te vendrá bien darte un baño con el calor que hace. Coger algo de color. Así verás que no tengo ningún chico escondido. Ni una chica. 

 

                              Creí que seguía bromeando. Pero me hice ilusiones. La esperanza es lo último que se pierde. 

 

- No tengo bikini, cielo. 

 

- Yo te dejo uno mío. Tenemos una talla parecida. Mejor que los de tu hermana. Sus sujetadores se te caerían. 

 

                               Subimos a su cuarto en la segunda planta del chalet pijo que el sueldazo de mi cuñado había comprado. 

 

                              Sobre su cama colgaba un enorme poster de una cantante de moda ligerita de ropa. Me alegró aún más la vista. En el marco del espejo había pilladas fotos de ella con sus amigas. Todas estaban en bikini o con ropa muy, pero que muy pequeña.

 

- Bonitas fotos. 

 

- Son todas mis amigas. 

 

                                 Doblando su ágil cuerpo por la mitad, con lo que me mostraba las nalgas al completo y su coñito marcado en la fina tela. Abrió el cajón inferior de su cómoda, dentro del vestidor. Allí perfectamente colocados supongo que por mi perfeccionista hermanita estaban sus bikinis y bañadores.

 

- ¡Que colocado!. 

 

- Mi madre, ya sabes. Pero yo no soy desordenada. ¿Un bikini o bañador? 

 

                                Suponiendo que no podría enfundarme uno de los últimos ni aún después de una huelga de hambre registré entre los bikinis algo que pudiera cubrirme con cierta dignidad. Pero al ver que todos eran del estilo y tamaño del que ella llevaba puesto pronto desistí de lo de la dignidad y me conformé con algo que cubriera lo justo.

 

                                Qué casualidad que a ninguna de las dos se nos ocurriera buscar en los armarios de mi hermana. Así puede que hubiera encontrado algo más discreto, o no. Pero ella tenía razón, su madre es mucho más voluptuosa que yo. Mis pechos al menos dos tallas más pequeños no hubieran rellenado uno de los sujetadores de mi hermana. 

 

- Ese te va a quedar genial. Aunque es un regalo de una amiga. 

 

- Tus amigas te hacen unos regalos muy interesantes. 

 

- Y solo has visto una mínima parte. 

 

                          Miedo me daba con lo que podrían jugar y regalar un grupo de chicas con las hormonas alteradas. 

 

- Pues ya me enseñaras más. A no ser que te de vergüenza que los vea tu vieja tía.

 

- Pues si hablas de la hermana de mi padre sí, pero tú no eres nada vieja. Así que no me importaría. 

 

                         Lo dijo con su bonita sonrisa. Provocándome un escalofrío. 

 

- Además, no sabes que les he hablado de ti. De mi preciosa tía y más de una quisiera conocerte. 

 

- Por eso decías antes lo de invitar a alguien.

 

                         El bikini blanco que por fin elegí tapaba mis pezones y mi pubis. No se le podía pedir mucho más. Se metía entre mis nalgas como un tanga y probablemente se trasparentara en cuanto se mojara. Pero a la mierda la vergüenza, cuando la tenía a ella casi desnuda ante mí. 

 

                          Viendo la actitud desinhibida de Marta todo eso ya me importaba un pimiento. De hecho me desnudé ante ella para cambiarme a lo que ella respondió con naturalidad pero echando algunos vistazos descarados a mi expuesta anatomía.

 

- ¿Te gusta lo que ves?.

 

- Tienes un cuerpazo. Tita. Seguro que tienes un montón de proposiciones indecentes. 

 

- Algunas hay. 

 

                              No sabía si ella quería hacerme una de esas. Me di cuenta de que no apartaba la vista de mi cuerpo. Y eso me gustaba. 

 

                              Me saqué la blusa mojada y dejé caer al suelo mi falda. El conjunto de lencería de encaje admito que era bastante sexy y sensual. Pero por lo que había visto en sus cajones ella tenía cosas parecidas. Así que no tenía muy claro a qué venía tanto interés.

 

                                 Al fin me desnudé por completo delante de ella. Mi ropa y lencería quedaron sobre su cama. Yo la había visto en bolas un montón de veces, aunque claro eso había sido hace años. Esa sería la primera vez que yo lo estuviera delante de ella. 

 

- Llevas el xoxete depilado. Es más bonito así. 

 

- ¿Que pensabas? ¿Que a mis años me iba a dejar?.

 

- No claro. Solo era una observación. No sigas diciendo que eres vieja. ¡Por favor!.

 

                            Seguíamos bromeando. 

 

- Pues tú no sigas picándome. 

 

- ¡Yoooooo!. Para nada. Además yo me he dejado una tirilla de vello por encima. ¡Mira!.

 

                                Sin darme opción a opinar se bajó la cinturilla de la braguita y me mostró el pubis sin ningún pudor. Efectivamente se había dejado con el vello bien recortado algo parecido a un corazón por encima de la rajita. 

 

- Así queda muy bien también. 

 

                              Tuve que admitir anonadada por el bello espectáculo. 

 

- Eso dicen mis amigas. Por cierto están deseando conocerte. Les he enseñado algunas fotos. 

 

- ¿En serio?. ¿Que fotos?.

 

- Tranqui. No te pongas nerviosa. Ya lo hablaremos después.

 

                                Vale, estaba muy intrigada por esas amigas que posaban para fotos en bikinis muy pequeños, regalaban bañadores y lencería muy sexi y admiraban los arreglos capilares de mi sobrina de diez y nueve años. Y que además querían conocerme. ¡A mí!.

 

                                Yo también tengo amigas de esa clase y desde luego no me conformo solo con eso con ellas. Pero pensaba que mi sobrina no sabía nada de esos gustos particulares míos. ¡Que engañada estaba!.

 

                                Ahora bien si ella no los conocía entonces se estaba esforzando mucho en calentar a su tía. Yo en ese momento yo estaba muy despistada. 

 

- Venga, termina y vamos al agua. 

 

                                De pérdidas al río, o mejor dicho a la piscina. Así que volvimos a bajar al jardín. Riendo y persiguiendonos, jugando. Agarré su cadera mientras corría delante de mí por el pasillo. Frenó de repente y me vi en un segundo con mis pechos en su espalda, el pubis en su culo y la cara encerrada en su suave melena. Con mis labios besando su cuello además de rodear su talle con las manos. 

 

                        Riéndose continuó el camino sin dejar de menear el adorable culito. Ya era oficial, esa nena me estaba intentado poner cachonda y lo había conseguido. Como estaba tan caliente me arrojé directamente al agua de cabeza, pero solo para refrescarme, claro. 

 

                          La esperaba de pie dentro de la piscina y cómo estaba segura de ello no tardó más que un segundo en unirse a mí. Es más, fue muy pegada a mí. Me abrazó y cómo estábamos casi desnudas notaba su piel caliente frotándose con la mía. Descarada empezó a besarme por el cuello y los hombros. Sentía su melena mojada por mi piel. 

 

                        Apretaba sus tetas contra las mías y rodeó mi cintura con sus piernas. No me quedó más remedio que sujetar sus duras nalgas con las manos. Y cómo la braguita de su bikini era muy pequeña yo estaba agarrando carne.

 

- Vamos tía. ¿No quieres darme unos mimitos?.

 

- ¿Estás segura de esto?.

 

- Muy segura. No te voy a presentar a mis amigas sin probarte yo antes.

 

                             Y me besó. Está vez deslizó la lengua entre mis labios separándolos. Ese beso era pura lascivia. Con los cuerpos tan pegados notaba sus tetitas frotando las mías. 

 

- Nena, esto es una locura. Soy tu tía. 

 

                               Intentaba poner algo de cordura en esa situación pero con lo excitada que estaba cada vez me costaba más. 

 

- Déjate llevar, solo es un rato de diversión.

 

                              Para asegurarse de mi cooperación soltó el nudo de mi sujetador y la prenda quedó flotando en el agua. Desistí de la cordura e hice lo mismo con el suyo. 

 

- Parece que haces topless. No tienes marcas de sol. 

 

- Pues claro. Mamá y yo nos ponemos en tetas aquí y cuando no está mi padre, a veces desnudas del todo. 

 

- ¿Solo cuando no está tu padre?.

 

- ¿Quieres que le dé un infarto?. Hay que dejar que siga trabajando. 

 

                               Mientras, se había ido acercando más a mí hasta pegarse a mi cuerpo dentro del agua. Se colgó de mi cuello y rodeó mi cintura con las piernas. Nuestras tetas se frotaban mientras me miraba a los ojos con cara de vicio. No me quedó más remedio que agarrar su culito para sujetarla. Como la braguita era tan pequeña estaba tocando su suave piel.

 

                              Volvió a besarme y le correspondía. Las lenguas jugando, cruzándose cambiaban saliva. Las manos recorrían el cuerpo de la otra sin descanso buscando solo dar caricias y placer. Pero era muy suave y tranquilo. No teníamos prisa, teníamos toda la tarde y la noche para nosotras. 

 

- ¿Porqué yo?.

 

- Estás muy buena y siempre me has gustado. Tita. Quería ser cómo tú. Por fín te tengo para mí.

 

- ¿Y tu madre?.

 

- Somos muy cariñosas.

 

                                 Eso tendría que investigarlo más. Mi hermana sigue estando muy buena. A esas alturas tenía la mano por dentro de su braguita con los dedos acariciando los labios de su coñito. Gemía en mi boca.

 

- Quitámela. Tita. 

 

- Pequeña pervertida. ¿Quieres de te deje desnuda del todo aquí?.

 

- Por supuesto. No va a ser la primera vez. 

 

                            La obedecí y solté los nudos que apenas sujetaban el escaso trozo de tela. Claro que sus muslos alrededor de mi cintura tampoco hacían nada por mantener mi braguita en su sitio. Podía notar como se deslizaba casi sola por mis piernas abajo. Claro que de entrada ya no estaba muy sujeta. 

 

- Vale cielo. Ya estamos en bolas las dos. Y ¿Ahora?.

 

- Ahora me vas a comer el potorro, tía. 

 

- Pero qué fina me has salido, cariño. 

 

- ¿A qué te gusta?.

 

- Me gustas tú. 

 

                            La ayudé a subir al borde de cemento. Donde se abrió de piernas enseñándome su tesoro por fin muy de cerca. Desde dentro del agua yo estaba a la altura perfecta para degustarlo. 

 

- Vamos tita. No es la primera que comes. 

 

- No claro. pero antes quiero verla bien. Es preciosa. 

 

                               Empecé a lamer la suave piel de sus muslos sin que me importara el sabor del cloro. Despacio hacia la vulva perfecta. Tiraba con los labios de los suyos o deslizaba la lengua por el agujero hacia arriba buscando el clítoris. Y eso sin dejar de escuchar sus suaves jadeos. Estaba tan caliente que se corrió enseguida llenado mi lengua de sus dulces jugos. 

 

- ¡Quieta ahí!. No te nuevas. Tengo que inmortalizar este orgasmo. 

 

                               Recogió su móvil apuntando la cámara hacía mi cara enmarcada por sus muslos. 

 

- ¡Pero qué haces!. No pensarás mandar esa foto a nadie. 

 

- A mí madre y mis amigas desde luego. Y no solo esta, sino todas las que nos vamos a hacer este finde juntas. 

 

- Estás loca. Ni hablar. 

 

- Luego te enseño las que nos hemos ya. Vas a ver cómo tu hermana come coños casi tan bien como tú. Te darás cuenta del morbo que tenemos. 

 

- Lo dicho, como cabras.

 

                              Pero no podía negarle nada. Así que puse mi mejor cara de vicio sujetando sus muslos mientras ella hacía esas fotos. Incluso volví a pasara la lengua por su almejita dejando que eso se viera en un par de instantáneas. 

 

- ¡Te toca!.

 

                           Tiró de mi brazo con una fuerza sorprendente y casi me saca del agua ella sola. 

 

- Pero ponte a cuatro patas que yo te lo como todo. 

 

- ¡Ah! ¿Pero era hora de merendar?.

 

- ¡Qué graciosa!. ¡Ahora verás!.

 

                                   ¡Vaya que lo vi! Pero las estrellas, a cuatro patas y sobre el césped. No digo que yo sea una maestra del cunnilingus. Pero ella me dio una clase magistral comiéndome el culo, el xoxo y todo lo que pillaba por allí. Y yo sin poder hacer nada más que jadear y gemir. Clavaba la lengua en el ano a la vez que me follaba con dos dedos y me acariciaba el clítoris. Volvía a lamer los labios mientras clavaba un dígito en el ano. Sin darme tregua hasta que no me corrí media docena de veces más o menos. O eso me pareció, no estaba yo como para contar.

 

- Bueno ¡qué!. ¿Se lo que me hago o no?.

 

- Podrías dar clases amor. 

 

                                No se había olvidado de las fotos. Yo esperaba que sí. Subió a mí lado y tumbadas sobre la toalla, bién pegadas nos hizo unos selfies con las cabezas juntas. Ella tenía la cara húmeda de mis jugos. Así que saqué la lengua y me puse a lamer su bello rostro. O cruzábamos las lenguas, todo quedó inmortalizado en su móvil. 

 

                               Descansando juntas empezamos a repasar la galería. Tanto las fotos que había hecho ese día. Algunas antes de llegar yo haciendo un precalientamiento, léase un dedo, como juntas. Luego empezó a mostrarme algunas vistas de mi hermana con las que yo no habría ni soñado. Y comiéndole el coño a su hija era de lo más suave. Cuando la vi con un arnés follando a una amiga me quedé impactada. No tenía ni idea de lo guarra que podía ser. Claro que mi sobrina con ese adorno fálico también estaba preciosa. 

 

- ¿Y eso?.

 

- Lo tengo arriba. Luego lo probamos. Estoy deseando saber cómo mueves la cadera. 

 

                           Pasamos el fin de semana desnudas. Incluso cuando le abrimos la puerta a un repartidor que nos traía la cena. No tuvimos otra interrupción. 

 

                            Desde luego yo tenía mucha curiosidad por la actitud de mi hermana ante el sexo y todas sus experiencias. Y las amigas de mi sobrina tenían ganas de conocerme en el más profundo sentido de la palabra. 

 

......  


Larga y próspera vida


   
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