..... .....
- Vamos tío. La piscina nos espera, el agua está genial. ¿No tienes calor aquí?.
Me lo había pedido mi preciosa sobrina, Marga. Que había aparecido en la puerta del salón donde yo estaba ocupado con el portátil. Iba ataviada con un bikini muy pequeñito.
- Vale, vale. Ya voy.
No iba a hacerme de rogar. Sobre todo si me lo pedía ella, esa belleza. Así que subí a mi cuarto a ponerme el bañador y terminar en remojo con ellos. Al rato estaba con el resto de la familia con el agua a la cintura.
Era ella, su hermano, Mario y su madre, Rosa, mi hermana. Mi hermosa familia. Empezamos un juego tonto de piscina, lucha de caballitos.
Notaba su polla en mi nuca, sus muslos alrededor de mi cuello, las pantorrillas en mis axilas y los pies en mi espalda haciendo fuerza para no caerse. Él, Mario, mi sobrino, llevaba un bañador viejo tipo slip muy pequeño, que tapaba muy poco de su lindo cuerpo.
Bueno, era un juego de piscina. A caballito intentando hacer caer al equipo contrario. Y estábamos en su casa, todos en familia, así que había confianza.
- Venga tío. No podemos dejar que nos ganen las chicas. Sujétame fuerte.
Lo tenia que agarrar de las rodillas o las pantorrillas y notaba su piel suave en las manos, no sé si aún no le había salido vello o como yo se lo quitaba. Uno no habla de eso con sus sobrinos.
Acaba de cumplir los diez y ocho esa primavera y es delgado, bajito y muy muy rubio. Y yo mi bañador, mas largo y amplio que el suyo, a esas alturas tenía que empezar a disimular mi erección.
- Mamá, tenemos que echarles al agua.
- Ya lo veremos. No podréis.
- Seguro que sí.
Eran las bromas típicas de la familia en esa situación.
- Vamos Mario que no se diga que una chica puede contigo.
En el equipo contrario, su hermana dos años mayor que él cabalgaba a hombros de su madre. Desde abajo podía ver el precioso par de pechos que le habían crecido. Apenas contenidos por el mínimo sujetador de su bikini lo que no hacía nada por mejorar lo que ocurría en mi pelvis.
Aún peor o mejor, según se mire, la impresionante delantera de mi hermana se me clavaba en el pecho cada vez que nos atacábamos. Y su figura de guitarra, voluptuosa, marcada por el bañador entero con las ingles altas y la espalda desnuda que me recordaba al de las vigilantes de la playa. En resumen, yo era el mas vestido de los cuatro.
Supongo que un calentón en verano es de lo mas normal y en ese momento, esa tarde, ya llevaba unos cuantos. Pero aquella situación me estaba poniendo cardíaco. Y era con mis sobrinos y mi hermana. Raro, puede que prohibido, incestuoso, pero muy muy morboso.
El tonto de mi cuñado, como siempre, de viaje de negocios. Se perdía a su estupenda mujer, sus preciosos hijos y los días de la piscina que él estaba pagando. Aún no sé qué esperaba para disfrutar un poco de ello. O quizá estaba huyendo de la tentación de esos bonitos cuerpos paseándose medio desnudos por casa todo el día.
Deseaba que no estuviese aprovechando para irse de putas o que si lo hacía por lo menos se cuidara y se pusiera condón. O puede que en realidad sí lo pensaba. Mientras yo me había cogido las vacaciones los quince días que sabia que él no iba a estar para pasarlos con mi preciosa hermana y mis bellos sobrinos.
En ese momento no tenía pareja y nunca fui muy escogido en ese tema. Siempre le había dado a la carne y al pescado. Hasta estuve viviendo con un chico casi un año. Mi hermana, claro, estaba al tanto de todo eso. Puede que por eso mi cuñado no viera mal mis vacaciones con su y mi familia.
No sé si eran ilusiones mías pero era como si empezara a notar su polla endurecerse contra mi nuca. Tampoco me habría extrañado con el panorama que teníamos delante. Y tanto roce buscado además.
Mis manos estaban ocupadas. Pero las suyas se posaban en partes de la anatomía de su hermana que yo nunca me había atrevido a tocar en la mía. Y ella en vez de recriminárselo se reía. Solo aprovechaba para sobar la suave piel de su hermano y a veces hasta mis hombros y cara.
Estaba claro que esas vacaciones me iban a poner muy malito en mis partes bajas. Si empezaban así probablemente terminaría matándome a pajas.
Mi hermana tampoco se preocupaba de reñir a sus hijos por sus roces indebidos. E incluso parecía disfrutar cuando se pegaba un poco más a mí de la cuenta. Clavando sus tetas en mi pecho.
Seguimos un rato más jugando sin que las cosas pasaran a mayores. Aunque empecé a darme cuenta de que esos toques no eran tan inocentes. Supongo que los roces con los muslos de Marga hicieron que los tirantes del bañador de Violeta se aflojaran. Un momento después lo tenía enredado en la cintura como si fuera solo una braga normal.
De pronto tenía los impresionantes pechos de mi hermana al natural frente a mi rostro. Y estaban bronceadas al completo. Creo que me quedé con la boca abierta. Pero nadie más se inmutó. Parecía algo natural en esa casa. La prenda quedó en su cintura un momento más.
De pronto mi sobrina se limitó a tirar su sujetador al césped. Tampoco tenía marcas de bañador en su piel perfecta. Sus tetas cónicas apuntaban al frente.
- ¿Desde cuándo hacéis topless?.
- Llevan haciéndolo todo el verano. Cuando no está mi padre. ¿Has visto lo bien que les queda?. Tío.
- Preciosas. Sobri. Pero es que lo son las dos, o las cuatro mejor dicho.
Parece que yo no era el único que se estaba excitando. Detrás de la nuca me parecía notar como la polla de Mario se estaba endureciendo. Como estábamos muy despistados a las chicas les bastó un empujón para hacer caer a mi sobrino.
Estaba claro que se estaban riendo de nosotros. Pero el revoltijo de miembros en el agua me ponía todavía más cachondo. Me estaba frotando con mi sobrino. Y él no se apartaba, me seguía el juego pegándose más a mí cuerpo. Al final tuvimos que parar para poder respirar y coger aliento.
Entonces descubrí que las chicas no se habían perdido ni un segundo del espectáculo. Eso sí con los pezones duros como guijarros. Miraban nuestras pollas duras en los pequeños bañadores sin cortarse.
Incluso se me había bajado el mio dejando medio culo al aire. Y no solo parecía que no le molestaba a nadie sino que les gustaba. Así que lo dejé así solo para que la que saltara sobre mi espalda está vez fuera mi sobrinita. Y como llevaba las tetas al aire se me clavaron en la espalda.
Si haberme frotado con el chico me había puesto cachondo sujetar el duro culito mientras ella se me pegaba me tenía hirviendo. La madre reía mientras sus hijos no hacían más que provocarme. Lo que empeoraba la situación pues sus pechos desnudos se movían al ritmo de sus carcajadas.
- ¡Vamos! Tato, que no es la primera vez que me las ves.
Y mi polla estaba muy dura. Bueno, todos parecíamos muy excitados. No pensaban darme un respiro. Ni siquiera mi hermana.
- Pero creo que es la primera vez que me las enseñas adrede. Y además con las de tu hija a mayores.
- No sabes si no te las enseñaba a posta cuando éramos jóvenes.
- Ya lo vemos tito. Os habéis puesto palote los dos.
- Como para no, con vosotras así delante y rozandonos.
- Eso ya no os tapa nada. ¿Porqué no te quitas el bañador hijo.
Creo que se lo pidió a Mario para no ponerme a mí en un compromiso. Pero con todos casi desnudos eso ya era una causa perdida. Con los mismos complejos que habían tenido los tres durante la tarde, es decir ninguno, se quitó el pequeño slip y lo tiró al césped.
- Ahora soy yo el que lo enseña todo y no creo que sea justo.
Desde luego su polla lucía orgullosa y dura medio sumergida donde el agua no cubría. Y creo que en ese momento me estaba mirando a mí, los tres me estaban mirando.
- ¡Vale! Si os ponéis así yo también me lo quito.
- Ya te ayudo yo.
Marga, mi no tan inocente sobrina le pegó un tirón a la prenda. Me dejó el bañador por las rodillas y con el rabo depilado al aire. Estaba bien duro y los tres no lo perdían de vista.
- Pues creo que ahora os toca a vosotras. No vamos a estar en pelota y vosotras con las bragas puestas.
- ¡Tarde nudista! Di que si tío.
Rosa con un contoneo hipnótico empezó a bajarse el bañador por sus torneados muslos, Era tan pequeño que hacía rato que se le había quedado como un tanga, metido entre las cachas de su poderoso culo. Por las veces que la espiaba de adolescente recordaba un poblado matojo. Para entonces no le quedaba ni un pelito.
El bikini de mi sobrina ya era un tanga. Así que había visto su culito respingón desnudo desde que fue a buscarme al salón. Fue su hermano el que la ayudó a librarse de él.
- ¡Para!. ¡Qué me lo vas a romper bobo!.
- Para lo que lo usas que más te da.
- No digas eso delante del tío. Que nos vas a descubrir.
Tan tonto no soy. A esas alturas ya me daba cuenta de por donde iban los tiros. Me parecía que cuando el gallo no está las gallinas se divierten.
- Rosa, no me esperaba que fuerais tan liberales.
Me contestó Mario que se iba acercando a mí. Tampoco podía apreciar la marca del bañador en su piel señal de que mi familia hacía nudismo al completo. Me abrazó y me dio un húmedo y largo beso en mejilla, piel con piel.
- Cuando papá sale de viaje nos relajamos mucho. Ya sabes que para muy poco tiempo en casa.
- Tenemos algunas cosas que contarte. Pensé que tú te unirías a nosotros sin mucho problema.
- ¿Y eso porqué?.
No voy a decir que estuviera impactado por esas revelaciones pues yo también soy un calentorro. Podía ser cosa de familia. Mi sobrino no se despegaba de mi cuerpo mientras su madre me lo explicaba. Estaba notando su polla dura en la cadera.
- Hace años te vi en el parque con un amigo tuyo. Os habíais escondido pero no mucho. Estabais besándonos y metiendoos mano. Me pareció lo más erótico que había visto nunca y más cuando el chico te sacó la polla y te hizo una mamada. Mientras tú le estabas haciendo una paja.
- ¡Joder! Y yo creía que nadie en casa sabía eso.
- Casi nadie. Me pusisteis tan cachonda que me tiré media noche haciéndome dedos. ¡Ah! Por cierto mamá también lo sabe y le parece bien.
Mientras la que se había acercado a mi hermana era Marga y le estaba acariciando las tetas sin disimulo.
- ¿Mamá también?.
- Se lo tuve que contar cuando a mí empezaron a gustarme las chicas también. Si vas dando ejemplo no te asustes de que todos seamos unos depravados.
- Y luego vas y te casas con un soso. Siendo todos unos pervertidos.
- Un soso con mucho dinero. Y todo esto solo es amor fraternal, no son cuernos. Es nuestra forma de demostrarnos cariño.
Empezaban a quedarme claras muchas cosas de las que pasaban en mi familia desde la época en que ambos vivíamos con nuestros padres.
- Entonces las raciones de teta que me dabas cuando salías del baño en bragas o te ponías mis camisetas de basket...
- Completamente adrede. Y no pareces acordarte del short tan amplio que me ponía sin bragas. Te sentabas enfrente para ver la tele, decías, pero no perdías de vista mi xoxo.
Para entonces Mario me tenía agarrada la polla y me pajeaba despacio o me acariciaba los huevos. Visto lo visto no me privé y le agarré el culo. Su madre había deslizado los dedos por el pubis de Marga y le empezaba a hacer un dedo a su hija mientras esta le comía las tetas.
- Lo tengo clavado en la mente pero por entonces llevabas el matojo al completo no como hoy. Solo veía los labios cuando te rascabas.
- Y no sabes la de veces que te espiaba yo para verte la polla. Supongo que de vez en cuando todavía te lo montas con chicos.
- No hay que perder las buenas costumbres. Así que tú y tu amiga... La flacucha aquella. ¿Cómo se llamaba?.
- Paula. Sí. Nos comíamos los coños en cuanto teníamos un rato a solas en un sitio discreto. En tu cama un par de veces oliendo tu sudor en las sábanas cuando no había nadie en casa.
- Me dejas de piedra.
- Si mami. Esto parece una roca por lo duro que está. Tata cambiemos. Hazle unos mimos al tío y yo a mamá.
- ¿Porqué no hicimos nada entonces?.
- Supongo que por el tabú del incesto. Aunque los dos lo deseáramos no nos atrevimos a romper esa barrera.
Salimos del agua. Ver a mi hermana y mi sobrina desde la piscina trepar por la escalerilla luciendo esos culos y coños era el mejor espectáculo que había visto nunca. Nosotros nos hicimos los machitos y subimos a fuerza de brazos.
-Y ¿ahora si?.
- Son mayores de edad. Pueden hacer lo que deseen con quién quieran.
Mi sobrina me hizo tumbar en la hierba mientras ella se arrodillaba entre mis muslos. Con una cara de vicio que nunca le había visto y mirándome a los ojos me dijo.
- Te voy a hacer la mejor mamada de tu vida. Ni los chicos la comen así.
Y sin más palabras levantó mi rabo con su manita y le dio una larga lamida al escroto. Me hizo levantar las piernas para acariciar mi culo y deslizar un dedo hasta el ano. Mientras paseaba la sin hueso todo lo largo del tronco hasta el glande.
Entre jadeos seguía preguntando. Tenía que enterarme de todos los secretos de mi familia. Y mi sobrina se estaba tomando su tiempo con la mamada. Lo hacía despacio, sin prisa, recreándose en cada centímetro de piel que saboreaba. A ese ritmo perfecto el placer era enorme pero iba a tardar en llegar al orgasmo.
- Y ¿vosotros? Por lo que veo también le dais a la carne y el pescado.
- Nos gusta divertirnos. Y con estos cuerpos tan a mano ¿Quién nos culparía? Verdad mami.
Después de un rato de comerle el coño a su madre Mario quería más.
- Ponte a cuatro patas, mami.
- Guarrete, quieres comerme el culo.
- Te quiero... comer entera.
Rosa se puso sobre sus rodillas y antebrazos. Me estaba alucinando todo lo que estaba viendo. Lo siguiente fue que su hijo se coloco tras ella para besar sus nalgas, pasar la lengua por toda la raja, del clítoris al ano y clavarla todo lo que podía en esos orificios.
- ¿Cómo empezasteis?. Sobri me estás matando.
- No quiero que te corras pronto. Aquí, y un poco como hoy. Namá empezó haciendo topless. Yo la imité y pronto nos fijamos en como este se ponía palote al vernos las peras.
- ¡Como para no ponerse uno cachondo con esas tetas tan bonitas!.
- Yo era virgen pero verle tan duro me excitaba. Bueno algo de porno ya había visto así que sabia de que iba el tema. Y me había hecho un montón de dedos.
Entre frase y frase no dejaba de darle lamidas a mí polla o huevos. Ni había parado de acariciarme.
- Hermana, si no dejabas de méterme mano jugando en el agua. Salía directo a hacerme pajas.
- Así que jugando, provocándonos, poco a poco hemos ido descubriendo el deseo entre nosotros.
- ¿Y vuestra madre?.
- Mi madre ya está cachonda a tope y nosotros queremos ver cómo follan los dos hermanos por fin. Ven tío con mi madre.
Era imposible declinar esa invitación. Así que me arrodillé entre las pantorrillas de mi hermana. Mis sobrinos hicieron de mamporreros guiando mi polla dentro del culo de su madre.
Digo bien, culo. Sin dejar ni un segundo de acariciarnos y besarnos. todo lo que podían uno a cada lado. En cierto momento llegué a notar una mano abriendo mis nalgas y deslizando uno o dos dedos en mi ano. Además de no dejar de acariciar el xoxito y el clítoris de Rosa.
- Como hagáis eso y con el calentón que llevo me corro.
- Hazlo ya. Tato. Lléname el culo de leche. Con los años que llevo deseándolo y los orgasmos que me han dado este par de cabrones ya lo necesito.
Supongo que aunque no lo había contado, todavía, también me habría visto follar el culo de alguno de mis amigos en nuestra época. Alguna tarde me había descuidado mucho cuando no estaban mis padres en casa. Así que jadeando y suspirando nos corrimos ambos.
- Hermanito, levanta de encima que me aplastas.
- Si, perdona, nena.
Nos derrumbamos los dos sobre el césped agotados física y yo al menos psíquicamente. Pero claro la cosa no acabó ahí. Margarita se empeño en que tenía que seguir. Fue a buscar la manguera del jardín y con mucha dedicación se puso a limpiar cualquier mancha que hubiera quedado en mi polla y en el culo de mi hermana. Su madre se había preparado para esa pequeña orgia con un enema pero aún así la higiene andando con la puerta trasera es fundamental. Creo que los tres lo habían hecho por todo lo que vino después.
- ¿Y ahora qué?.
- Pues a disfrutar y pasarlo bien.
Después de limpiarnos bien no nos dejaron relajarnos. Mario se me vino encima y Marga con Rosa en un par de morbosos sesenta y nueve. Mario aún no se había corrido así que tenía su durísima polla frente a mi rostro. Enseguida me dediqué a darle lamidas salvajes a todo lo que alcanzaba. Huevos y polla y hasta los muslos o el vientre. Quería saborear bien la suave piel de mi sobrino. De vez en cuando levantando una pierna me permitía ver atisbos de lo que hacían las chicas.
Cuando por fin se corrió apoyando todo su delicioso peso en mi cuerpo aquello parecía una fuente. No pude tragarme todo. Pero eso tuvo fácil arreglo. Marga se vino a mi cara para besarme y conseguir su ración de lefa de su hermano. Sacándola directamente de mi boca con su legua.
- Bueno chicos. Vosotros nos habéis visto follar a vuestro tío y a mí. Os toca. Queremos ver cómo disfrutan los otros dos hermanos.
- Encantados. Mamá. Ya sabes que no nos cuesta nada terminar enganchados.
- Y algún día os va pillar vuestro padre en bolas en la misma cama.
- Cuando está en casa no nos quedamos dormidos. Nos damos un gusto y cada uno a su habitación. O al menos nos ponemos los pijamas.
- Si os encuentra haciendo la cucharita de nada valen los pijamas.
- Con las vueltas que da esta en la cama. Me extrañaría.
Desde luego recibió un codazo por ese comentario. Mientras bromeábamos mi sobrino se iba recuperando a lo que desde luego ayudaba la boquita y las manos de experta mamadora de Marga.
- Tío ¿no quieres nada conmigo? No me has hecho mucho caso.
Como yo aún no había probado su coñito me acomodé entre sus muslos para probar los deliciosos jugos de esa vulva de veinte años. Emitía unos suspiros deliciosos cada vez que llegaba con la lengua al clítoris. Pero no paraba de echarle puyas a su hermano. Multitarea que nos ha salido la chica. Me eché los muslos sobre los hombros y me dediqué a comer y lamer del ano al pubis. Y ella jadeaba. Así que tenía que dejar de hablar.
- Desde que esos dos se han desarrollado sabía que venir a veros tenía peligro. Pero no me imaginaba terminar en una orgia. Y menos follar contigo tata.
- Solo es cariño. Ojalá hubiéramos sido tan cariñosos tú y yo hace años.
- Hemos perdido mucho tiempo, pero pareces dispuesta a recuperarlo.
- Lo estamos todos. ¿Verdad? nenes.
- Y sí llego a saber que el tito come tan bien el conejo me había sentado encima de su cara mucho antes.
- Vaya, sobri. No te cortas.
- No sé frena por nada, tío. Fue ella la primera que me sacó la polla y se la metió en la boca.
Una vez que habíamos empezado todos estábamos dispuestos a seguir. Pero trasladamos la orgia al dormitorio principal y la gigantesca cama de matrimonio. Pero por supuesto no paramos allí.
Pasamos al jacuzzi, a la cocina cuando preparábamos la comida o el desayuno, a la multa alfombra del salón donde veíamos el porno que rodábamos nosotros mismos follando en la enorme pantalla de TV. Volvíamos al jardín para follar bajo las estrellas o en la piscina.
Fueron quince días de puro placer. Y desde entonces cuando mi cuñado sale de viaje o vienen a verme a mi piso teníamos nuestra forma de entender el amor filial.
... ... ...
Larga y próspera vida





