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José
(@quique)
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                                            I                  

Divina, Daniela. Rosa, María del Mar..., Divina,  era una mujer joven, morena, de estatura mediana, sus cabellos y sus ojos eran de color oscuro y estaba buenísima. Tenía un sobrino llamado Darío, que era su ojito derecho por ser el más guapo de todos ellos.

Divina y Darío habían ido a la boda de un familiar. Allí se encontraron con Sara, prima de Divina y tía segunda de Darío que por darle a la carne y al pescado era mal vista por la familia. Os explico, que le diera a la carne y al pescado no era el problema, el problema era que el pescado y la carne habían sido las esposas, los maridos de sus primas o de sus hermanas y hasta de alguna tía.

Estaban Divina y Sara sentadas a la mesa una al lado de la otra, con Darío enfrente, y mientras comían langostinos, le preguntó Sara a su prima:

-¿Y tu hermana, su marido y sus otros hijos por qué no han venido?

-No quisieron dejar sola la casa. Tienen pánico a que se meta en ella algún okupa.

-¿Y no llegaba con quedarse uno en casa?

-La verdad es que tampoco andan muy sobrados de dinero para ir a un hotel.

-Entiendo. ¿Y a ti cómo te va la vida, prima?

Divina, que llevaba puesto un vestido marrón, con zapatos a juego, le respondió:

-No me puedo quejar, pero a ti te debe ir muy bien. Tu vestido no es de Zara, como el mío. Parece de los caros.

El vestido en cuestión era blanco, largo y tenía estampados. Sara le dijo:

-Juan Vidal no tiene vestidos baratos.

-Y la gargantilla tampoco debe ser barata.

Sara era un bombón, pero tenía mucho cuento.

-No, no es barata, aunque tengo joyas más caras, joyas que no me he puesto por no suscitar más envidia entre estos muertos de hambre.

Divina la reprendió.

-No hables así de la familia.

-¿Es que digo alguna mentira?

No la había dicho, pero Divina le iba a recordar de donde venía.

-No, pero recuerda que un día tú fuiste humilde como ellos.

-Yo nunca fui como ellos, por eso no me tragan, y he venido a la boda porque la que se casaba era mi ahijada.

-No te tragan por otras cosas, y lo sabes.

Darío dejó de comer langostinos e intervino en la conversación.

-Sí, te tirabas a todo lo que se movía, por eso no te tragan.

-Tú  me tragas.

-Tengo mis motivos.

-Claro, como que te tuve que darte lo que tú sabes.

Divina le preguntó a su sobrino:

-¡¿Con quién la viste?!

-No te lo puedo decir, pero de todas formas eso ya es agua pasada.

-¡¿No la verías con mi padre?!

Le respondió Sara.

-Tu padre no tiene coño.

Divina se enfadó.

-¡No seas mal hablada!

Darío parecía tener más sentido que ellas.

-Dejarlo ya, es agua pasada.

Pararon de hablar al llegar el camarero con más langostinos. Al irse dijo Sara:

-Toda esa agua pasada me llevó a tener el negocio que tengo ahora.

Darío le preguntó:

-¿Qué negocio es ese?

-Tengo una agencia que cumple sueños.

A Divina se le fue el enfado.

-¿Vendes humo?

Darío trató de hacerse el gracioso.

-No te imaginaba en el mundo de la María.

Sara, luego de quitarle la cabeza a un langostino, dijo:

-Los sueños son sexuales.

A la tía y al sobrino se les quedó cara de tontos. Divina le preguntó:

-¿Tienes una agencia de contactos?

-Que cumple sueños sexuales.

Divina no lo acababa de entender.

-¿Me puedes explicar eso?

-Es fácil de explicar. ¿Tienes fantasías sexuales?

-Como todo el mundo.

-Pues mi agencia, por un precio, te las cumple.

Darío le dijo:

-Habrá fantasías que no podréis cumplir.

-Las cumplimos casi todas. 

A Divina le entró el gusanillo de la curiosidad.

-¿Cuál es la que más os piden?

-Tríos de dos chicas y un chico.

-La gente se aburre.

-¿Es que ves mal los trío?

-Yo no he dicho eso, pero me haría más ilusión con dos hombres.

Darío no se creía lo que acababa de oír.

-¡¿Con dos hombres, tita?!

-Sí, con dos hombres.

Sara le dijo a Darío:

-Que no te extrañe, es otra de las cosas que nos piden.

-Me extraña en mi tita

-Tu tía es una mujer como otra cualquiera.

Divina se harto de oírlos.

-Dejar ya de tocarme el coño.

A Sara se la había puesto botando.

-El coño te lo tocas tú solita.

Divina se enrabietó.

-¡¿Pero quién diablos te crees que eres para hablarme así?!

Darío entró al trapo.

-¡¿Tú te tocas, tita?

-No le hagas caso a esta loca.

La loca siguió a piñón fijo.

-No lo engañes, prima, todas lo hacemos, con los dedos o con juguetes. Yo, por ejemplo, he traído un juguete conmigo por si encontraba con quien usarlo.

Darío quiso saber qué juguete era.

-¿Un juguete?

Sara cogió su bolso del piso, lo abrió, agarró un pequeño huevo y se lo enseñó por debajo de la mesa.

Divina le dijo:

-¿Eso es lo que pienso?

-Si piensas que es un vibrador con control remoto, has acertado.

Darío volvió a meterse en la conversación.

-¿Y venias con la idea de metérselo a alguna en el chocho? 

Sara se mandó un vaso de vino blanco de una sentada, y luego dijo:

-Sí, pensaba metérselo a alguna de las que me he tirado, pero no contaba que iba a comer con vosotros.

Darío le dijo:

-Mételo tú y dime como darte caña.

Divina se enfadó con su sobrino.

-¡Qué clase de sobrino eres para hablar así delante de tus tías!

Le respondió Sara.

-Un joven de hoy.

Llegaron con la carne, y al irse los camareros siguieron hablando.

-Con unas y con otras, tú no me has dicho en que trabajas, prima.

-En un sitio en el que me gusta trabajar.

-¿Y hasta ahí vas a llegar en tu respuesta?

-Sí, hasta ahí.

 Sara se mandó un vaso de vino tinto. No debió hacerlo porque se le iba a calentar la lengua. Darío le dijo:

-Deja de beber o acabarás haciendo el ridículo.

-Sé cuál es mi límite.

-¿Vas a beber agua con los otros platos?

-El agua es para las ranas, maricón.

-Borracha.

Divina era muy de saber.

-¿Por qué le has llamado maricón a Darío?

-Porque le gusta meterla por el culo.

Darío ya no las tenía todas con él.

-Calla, Sara.

-No me hubieras llamado borracha. 

Darío lo negó a palo seco.

-No le hagas caso, está mamada.

Divina había creído a Sara.

-Alma borracha no miente, Darío.

Sara estaba más contenta que un anciano con una erección.

-Contenta, prima, alma contenta.

Quien no estaba contento era Darío.

-Si te callaras, borracha.

Sara no le hizo caso.

-Me voy a meter el huevo, me voy a dar lumbre  y me voy a correr como una perra.

Darío miró para Sara esperando acontecimientos. Divina le dijo a su prima:

-Estás más perjudicada de lo que yo pensaba.

-No estoy perjudicada, estoy contenta, que es muy diferente.

Sara cogió el bolso y Divina se lo quitó de la mano.

-Dámelo, mujer, dámelo.

-Come, calla y deja de beber vino.

Darío le dijo a su tía:

-Llegué a pensar que le dejabas que se lo metiera.

-No estoy tan loca como para dejarla hacer semejante estupidez.

Sara dijo con desprecio:

-Cagada.

Un par de horas más tarde, Sara salió del restaurante con una buena tajada. Iba agarrada, por un lado, por Divina y por el otro por Darío.

Después de cargar con ella la echaron en la cama de su habitación del hotel. Sara cerró los ojos y ya no hubo más mujer durante horas.

Divina, que estaba al lado de la cama, le preguntó a su sobrino:

-¿La chantajeaste para poder darle por el culo?

-No.

-No me mientas.

Darío bajó la cabeza.

-Sí.

-¿Eres marica?

-No, no me gustan los hombres, tita.

Cinco horas más tarde.

Divina y Darío se hospedaban en la casa materna, y como la casa era pequeña dormían en la misma cama. Ya llevaban unos veinte minutos en la cama cuando Divina acomodó el culo y tropezó con algo duro, echó la mano hacia atrás y se encontró con la polla de su sobrino. Se dio la vuelta y susurrando dijo:

-¿Cómo te puede excitar mi culo, degenerado?

Darío, también susurrando le dijo lo que ya ella sabía.

-Porque tienes un culo precioso, tita.

Quiso saber que hiciera su prima con él.

-¿Sara también te dio el coño?

-No, solo me dio el culo.

-Gírate hacia el otro lado, intenta dormir y olvídate de mi culo.

Había pasado un tiempo. Darío pensó que su tía se había dormido, se puso boca arriba, se destapó, bajó el calzoncillo y comenzó a hacerse una paja, la destapó a ella, le arrimó cebolleta y le echó una mano a una teta.

Divina no estaba dormida y le gustó que le hiciera lo que le estaba haciendo. Le dejó hacer para saber hasta donde iba a llegar. Llegó a meter la mano por dentro del camisón para acariciar a teta directamente, a levantarle el camisón y frotarle la polla en el culo por encima de las bragas  Divina se calentó una cosa mala y no sabía si dejarlo seguir o si pararlo, eligió la segunda opción. Encendió la luz y le dijo en bajito:

-¿Qué voy  a hacer contigo, Darío?

Darío se puso boca arriba y subió los calzoncillos a toda prisa.

-Creí que estabas dormida, tita.

Divina le mintió.

-Y estaba dormida hasta que me despertaste.

-Lo siento.

-Lo que sientes es que me haya despertado.

Darío, al no verla muy enfadada, le dijo:

-Déjame probar.

-¿Quieres que te deje probar mis tetas?

-Las tetas también, pero yo lo que quiero probar es tu coño a ver si me gusta como sabe.

-Cuando le cuente esto a tu madre te va a poner fino.

-Sabía a lo que me arriesgaba, pero tenía que intentarlo.

-Los tienes bien puestos.

Darío se lanzó al vacío.

-En eso tienes razón, los tengo bien puestos y además llenos de leche.

Se abalanzó sobre su tía.

-Ni se te ocurra.

Divina quiso escaparse de la cama y acabó con la cabeza y las manos en el piso y las piernas separadas sobre la cama.

-Déjame.

Darío la sujetó por la espalda con la mano derecha, con la izquierda le subió el camisón, le bajó las bragas y luego le lamio el coño, un coño que encontró encharcado.

-¡Me gusta, tita, me gusta mucho, sabe a yogur!

Divina lo siguió reprendiendo.

-No empeores las cosas.

Darío siguió lamiendo.

-Quiero más, quiero más.

-No seas loco.

 Le dio una buena ración de lengua al coño y l culo. Divina, cachonda perdida,  le dijo:

-Me está subiendo la sangre a la cabeza, deja que vuelva a la cama.

Darío tenía la mosca detrás de la oreja.

-¿Me vas a arañar?

Divina habló con voz pausada.

-No soy una gata.

 Se subió a la cama. Darío le preguntó:

-¿Me dejas que te desnude?

-No, ya has probado un coño y ya conoces su sabor.

-Pero ahora estoy muy empalmado.

Le cogió una mano y se la llevo a la polla.

-Si no sabrías que hacer conmigo, Darío.

-No, pero tú sí sabrías que hacer conmigo, tita.

Darío le quitó el camisón y las bragas. Divina le dijo:

-No me creo que me esté dejando.

Darío le cogió las tetas y se las espachurró.

-Así no se hace. Coge las tetas por debajo y apriétalas. Las areolas y los pezones se echarán hacia fuera y entonces besa y lame los pezones, besa lame y chupa la areolas, y luego mama la tetas.

Darío se hartó de tetas, y más que se hartaría si  Divina no lo cogiese por los pelos y no le hubiese dicho:

-Ven aquí, goloso.

Le llevó la boca a la suya, le dio un beso con lengua de los que traen humedad, y después le llevó la boca al coño.

-¿No querías chocho? Toma chocho.

Darío le lamió el coño, pero no como a ella le gustaba. Le apartó la cabeza, luego abrió el coño con dos dedos y le señaló los labios vaginales con otro dedo.

-Lame los labios del coño hasta que yo te diga.

Le lamió los labios un par de minutos, mientas hacía esto, Divina se magreaba las tetas.

-Ahora mete y saca tu lengua del agujero que estás viendo hasta que te mande hacer otra cosa.

Le folló el coño con la lengua más de treinta veces. Luego Divina le apartó la cabeza, le señaló el clítoris con un dedo y le dijo:

-Ahora lame aquí, lame de abajo a arriba, hacia los lados y alrededor.

Le lamió  el clítoris como le había dicho. Divina sintió que se iba a correr. le separó la cabeza del coño, y poniéndose a cuatro patas, le dijo:

-Ahora lame y folla mi ojete como has hecho con mi coño

-Fóllame el culo.

Darío no se creía lo que acababa de oír.

-¿Has dicho que te folle el culo, tita?

-Sí, eso he dicho.

Darío le escupió en el ojete, empujó y la cabeza de la polla entró en el culo.

-Me has desvirgado el culo.

Era mentira, pero Darío se lo creyó. Escupió en la polla y la siguió metiendo. Al rato le dijo Divina a su sobrino:

-Te gusta más un culo que un dulce.

-A ti no te amarga que te lo follen.

-Folla y calla.

-Empezaste tú, tita.

-Y yo voy a acabar. Dame a romper.

Le dio sin reserva y la llevó a un orgasmo brutal, que la hizo sacudirse y gemir como una demente mientras sentía la leche calentita dentro de su culo.  

 Al acabar, Divina, ya había perdido todo su pudor, si es que en algún momento lo había tenido Se arrodilló, le limpió la polla con las bragas, luego se echó boca arriba y le dijo:

-Ahora fóllame el coño.

Darío se arrodilló entre sus piernas y  le echó las manos a las tetas, Divina levantó el culo.

-Presiona con tus manos la parte inferior de mi abdomen encima del hueso púbico mientras la metes.

A Darío se le puso cara de tonto.

-¿Qué haga qué?

Divina le enseñó que hacer, y como hacerlo.

Haciéndole el Belly Press, Darío se la clavó en el coño y a trallazo limpio la llevó a borde del orgasmo. Divina tapó la boca para que no oyeran sus gemidos mientras la taladraba el coño, coño que se salvó de una inundación porque la sacó in extremis y se corrió fuera. 

Al terminar de follar, Darío quiso ver como quedaba el coño de su tía después de correrse, le separó las piernas y lo vio. El coño había echado por fuera, y la corrida blanquecina cubría su periné y su ano y bajaba por sus muslos. Abrió el coño con dos dedos y en su vagina aparecieron jugos blancos como la leche, no se pudo resistir. Lamió los jugos del coño y los que ya habían salido. Divina se recalentó.

-Cómemelo como te enseñé hasta que me corra.

Le lamió los labios vaginales, le folló la vagina con la lengua, le lamió el clítoris en todos los sentidos... Le dio tal repaso al coño que acabó corriéndose como una bendita.

-¡Toda para ti!

Al acabar de gozar, Divina lo limpió todo con sus bragas para no dejar rastro de lo que había hecho. Darío, empalmado, y mirándole a para las tetas, le dijo:

-¿Me sacas la leche, tita?  

Divina pensó que se lo debía luego de darle a su sobrino una corrida en la boca.    

-Te la saco, pero luego de sacártela, se acabó.     

-Vale.      

-Sal de cama, apóyate con las manos contra la pared y separa las piernas.

Hizo lo que le había dicho. Divina se puso en cuclillas, le echó la mano a la polla, tiró hacia atrás, y masturbándolo le lamió las nalgas, le lamió el ojete y después metió la cabeza de la polla dentro de la boca y se la mamó. Ni tes minutos tardó Darío en llenarle la boca de leche, leche que Divina se tragó.

Darío seguía empalmado.

-¿Te han follado alguna vez de pie, tita?

-Quedamos en que la mamada era lo último que íbamos a hacer, pero bueno, por un polvo más no va a pasar nada.

Divina se puso de espadas a la pared, Darío le levantó la pierna izquierda cogiéndola por el juego y se la metió hasta el fondo del coño. Divina le echó las manos a la parte de atrás de la cabeza de su sobrino y lo besó con lengua, lo hizo lentamente y dulcemente, lentamente y dulcemente la folló él. A medida que los besos se iban haciendo más apasionados, más rápido le iba dando. Y cuando ya las babas de las bocas caían a piso, comenzaron a caer las babas del coño. A punto de descargar, Divina miró a los ojos a su sobrino, le apretó el culo contra ella, y le dijo:

-Me corro, Darío.

Darío, viéndola con los ojos vidriosos y convulsionándose, se corrió dentro del coño de su tía. Al correrse las piernas le empezaron  a temblar, quedo sin fuerzas y dio con su culo en el piso.

Al acabar de correrse Divina  le dio una mano para que se levantara y le dijo:

-Vamos a dormir.

 

 

                                               II

Divina llegó a casa de la peluquería, cerró la puerta del piso detrás de ella, fue directo a la cocina y se zumbó un vaso de zumo bien fresco, luego se fue a su habitación, se quitó la ropa, se quitó los zapatos, empezó a sentir sueño, bostezó, y dijo:

-¡Qué sueño me está entrando!

Se quitó las bragas blancas, se puso otra de color azul, una camiseta de color blanco y se fue a la sala de estar. Se sentó en su sofá favorito, cogió uno de los cojines con fundas blancas de piel, se acomodó y puso su cabeza sobre él, encendió la televisión con el mando a distancia y en segundos se quedó dormida.

Despertó desnuda, con los ojos vendados, amordazada y muy caliente. Supuso que le habían dado algún tipo de afrodisiaco. Su cuerpo y sus brazos estaban atados al sofá.

Algo aturdida, escuchó música que estaba más alta de lo normal. Salía de un iPhone que estaba sobre un mueble y que obviamente no veía. 

Enfrente de ella estaba un joven de ojos negros, cabello castaño, alto, moreno y delgado, que poniendo una voz que no era la suya, le dijo:

-Te voy a hacer una pregunta y de tu respuesta dependerá lo que te pase. ¿Dónde guardas el dinero?

Divina, que estaba temblando, farfulló algo que el ladrón no entendió. 

-Si chillas será lo último que hagas en esta vida

Le quitó la mordaza, y ahora si lo iba a entender.

-No tengo dinero en casa.

-Sabemos quién eres y lo que haces, por eso buscamos tu parte del dinero del último atraco.

-Te has equivocado de persona.

No le hizo caso.

-¡O cantas o te asfixio!

Le apretó el cuello hasta casi ahogarla. Al soltarla le dijo:

-La próxima vez no paro.

Divina estaba muy asustada y al mismo tiempo muy excitada.

-Ya te he dicho que no tengo dinero.

Apareció en escena un chico rubio, era un poco más bajo que el moreno, tenía el cabello cortito, los ojos azules, un cuerpazo y no era guapo ni feo. También puso una voz que no era la suya.

-No he encontrado nada, si eso que le haces no da resultado vamos a tener que apretarla sexualmente.

Encima de la mesa camilla que había entre sillones, estaba las armas para apretarla, un succionador de pezones, dos vibradores, lubricante Durex y cuerdas.

El moreno volvió al interrogatorio.

-Te lo voy a peguntar otra vez. ¿Dónde guardas el dinero?

-Ya te he dicho...

El rubio le dio una bofetada.

-¡Canta, puta!

La bofetada aumentó su calentura.

-Os he dicho la verdad, el único dinero que tengo en casa es un par de euros y están en mi cartera, y no soy una puta.

-Tú eres lo que nosotros queramos que seas.

-Eso no quiere decir que sea una puta.

El moreno dijo:

-Sabemos que te has llevado más de doscientos mil euros.

-¡Joder! Si hubiese pillado ese dinero, ya estaría en Brasil bailando samba y bebiendo caipiriñas.

Sus palabras casi convencieron al ladrón moreno.

-Parece que dice la verdad.

El rubio no la creía.

-Yo creo que miente bien. Habrá que aplicarle la tortura sexual.

-Sí, creo que eso será lo mejor

A Divina la asustaba y la ponía todavía más perra la idea de una tortura sexual.

-Vais a añadir la tortura al intento de robo. Os caerán nueve años a cada uno, nueve años, mínimo.

-Para eso tendrían que pillarnos.

El rubio fue a por las cuerdas y Divina acabó con las piernas encima de los brazos de los sillones y los pies atados a las patas.

-Sois unos...

El rubio la amenazó.

-Acaba la frase y te cruzo la cara.

Divina quería que la volviera a abofetear.

-Sois unos cabrones.

El rubio sacó la polla y se la metió en la boca.

-A ver si así aprendes a estar callada.

Divina puso cara de asco.

Mama o te pongo la cara como un mapa.

No tuvo más remedio que mamar, y no mamó una polla, sino que acabó mamándosela a los dos, por separado y juntas, y remató tragándose las corridas, porque la obligaron. Luego de tragar le dijo el rubio:

-¿Cantas o seguimos?

-¿Cómo queréis que os diga que os habéis equivocado de persona?

El moreno comenzó la tortura sexual echándole lubricante sobre las areolas y sobre los pezones de sus tetas, luego le puso las ventosas sobre los pezones. El rubio bombeó y le estiró los pezones. 

-¿Te gusta, zorra? 

Divina casi se corre, pero le dijo:

-No, no me gusta.

El moreno cogió un vibrador, se lo pasó por los labios del coño, luego se lo metió en la vagina y el coño comenzó a gotear. 

El rubio le apretó los mofletes y le quiso meter la lengua en la boca. La barrera que hacía los dientes se lo impidió, le dio una bofetada y le dijo:

-¡Echa la lengua fuera, puta!

La echó y se la chupó. El coño comenzó a echar jugos en cantidad. 

-Si quieres correrte dinos lo que queremos saber.

-Que no sé de que dinero habláis, carajo.

Le sacó el vibrador, pero ya era tarde. Divina se corrió, y al correrse su cuerpo se sacudió con violentos espasmos.

El ladrón rubio sacó la polla, y mirándola, comenzó a masturbarse.

El moreno olvidándose de fingir la voz, le preguntó:

-¡¿Qué coño haces?!

Divina reconoció la voz.

-¡Abel!

El rubio, también con su voz de dijo al moreno:

-¡Ya la cagaste!

Divina iba de sorpresa en sorpresa.

¡Raúl! ¡¡La madre que os pario!!

El moreno dijo con su voz:

Esa es tu hermana.

Abel le quitó la venda y Divina vio al Raúl masturbándose. Le supo bien que fueran sus sobrinos, porque el miedo que había sentido hasta ese momento, despareció. Abel le dijo a Raúl:

-¿La follamos ya?

-Ya la debimos haber follado antes.

Al hablar entre ellos de follarla, Divina quiso saber con que la habían drogado.

-¿Qué me habéis dado para que mi cuerpo esté como está?

Le respondió Raúl:

-Un afrodisíaco chino.

Abel cogió otro vibrador y se lo pasó por el contorno de las tetas.

-¿Qué he hecho yo para merecer esto?

-Estar muy buena.

-¡Soy vuestra tía, golfos!

-También eras tía de Darío cuando follaste con él.

-¡Puto chivato! ¿Si lo sabíais por que habéis fingido ser ladrones y me disteis el afrodisíaco.

-Darío nos dijo que querías hacerlo dos hombres, el resto fue pura imaginación.

-O habéis pasado con la imaginación. Soltarme, esta no es manera de hacer las cosas.

Raúl le dijo:

-Luego te soltamos.

Abel le pasó el vibrador por las areolas y después por los pezones, se lo pasó con mucho tino, rozando primero y luego haciendo pleno contacto. Raúl le lamió el ojete, sin llegar a meterle la lengua dentro, y mientras lo hacía se masturbó. Al rato Divina dijo:

-¡No sigas follando mi culo con tu lengua. no sigas, no sigas, no sigas...!

No la quito y  Divina se corrió. Al correrse salieron cantidad de jugos que Raúl se tragó, mientras se corría en su mano.

Poco más tarde, Abel y Raúl se desnudaron dándole la espalda a Divina. Cuando se voltearon la mujer vio dos pollas perfectas, ni grandes ni pequeñas, ni gruesas ni delgadas, empalmadas y descapulladas.

Raúl le lamió los pezones. Abel le lamió el coño, luego vino una segunda lamida y una tercera, y con ella llegaron los gemidos

Abel fue acelerando lamida tras lamida. Cando se iba a correr, Raúl, que debía ser adicto a los jugos, apartó al su hermano, se la mamó y Divina le dio en la boca una espectacular corrida.

Al acabar de correrse, le dijo Raúl:

-Ahora vamos a follarte como es debido y tú vas a entregarte sin reservas. 

Divina, que tenía unas ganas locas de follar con sus sobrinos, respondió:

-¡Qué remedio! Soltarme.

La soltaron. Divina hizo estiramientos de brazos y de piernas y ya se tiró al monte.

-¿A Quién voy a desgraciar primero?

Abel se puso un condón que había cogido en su pantalón, y se  colocó detrás de ella. La inclinó, le echó la mano izquierda a la cintura, le metió dos dedos de la derecha en el coño y le clavó la polla en el culo, muy suavemente. 

-Así, así, así, así, así, despacito.

Le dio suave al principio y luego, masturbándola, le dio lo que no está en los escritos. Poco después Divina se corría como una loba.

-¡¡Me corro!!

Acabando de correrse, y aún con las piernas temblando, la enderezó. Raúl se puso en cuclillas y le mamó el coño, Divina les dijo:

-Joder, sois como martillos pilones.

Raúl, que le había echado las manos a la cintura, le preguntó:

-¿Como quieres que te folle el coño?

-Sorpréndeme.

Abel vino con un condón y se lo puso a su hermano... Divina se iba a inclinar, pero Raúl la empotró contra la pared, le enterró la polla en el coño, apretó donde a ella le gustaba y después le dio a mazo. Divina gemía como una puta. Raúl le mordió en el cuello y después le preguntó:

-¿A quién ibas a desgraciar tú?

- A ti. ¡Dame duro, dame duro, dame duro...!

Le dio a romper.

Abel, viéndolos, se puso perro.

-¿Y yo qué? 

Raúl le dijo a Divina:

-¿Te apetece una doble penetración?

-¿Puedo decir que no?

-No.

Abel dijo:

-Me pido el coño.

Raúl la giró, la agarró por las nalgas, la levantó en alto en peso y se la metió en el culo. Abel se la metió en el coño. Divina le echó las manos a la nuca, lo miró a los ojos y le dijo:

-Dame duro y cómeme la boca.

Le dieron a mazo, le dieron como nunca le habían dado, le dieron tan fuerte que se quejó.

-¡Me vais a romper!

 No la iban a romper, porque Raúl la sacaba cuando Abel la metía, y cuando Abel la metía Raúl la sacaba. Así siguieron, metiendo uno y sacando el otro otro y viceversa, hasta que Divina se corrió. 

-¡Me corro!

Luego le dieron el resto, un resto que duró más de diez minutos, lo que hizo posible que Divina se corriera de nuevo antes de correrse ellos dentro de su coño y de su culo.

Los hermanos acabaron tomado dos limonadas, dándole un beso en cada mejilla y diciéndole:

-Feliz cumpleaños, tita.

Quique.

 

 

                                                     

 

 

 

 

 

 


El relato fue modificado hace 9 meses 3 veces por José

   
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