I
Diego, un joven canario, moreno, de veintisiete años, normalito y un poco tímido con las mujeres, estaba en la playa, bajo una sombrilla y sentado sobre una tolla al lado de su hermana Daniela, una muchacha morena, de veintidós años, bajita, gordita y con grandes tetas. Al lado de Daniela, y en una tercera toalla, estaba su pareja, Verónica, una joven morena, alta y flaca. Los tres llevaban gafas de sol.
Con la playa petada de gente, Daniela, de lado y cara a Verónica, le pasaba un dedo por el vientre y jugaba con él en su ombligo. Diego le dijo:
-Esas cosas no se hacen en la playa, Daniela.
Daniela no estaba para oírlo
-Zapatero a tus zapatos.
-O paras o me voy.
Daniela puso cara de pícara.
-¿Te pone nervioso lo que ves?
-No, me haces sentir vergüenza ajena.
El dedo subió hasta el pezón de la teta izquierda.
-¿Qué le harías si la pillas desnuda en mi cama?
No le respondió a la pregunta.
-Me gustaría...
No esperó a saber lo que le gustaría, se lo dijo ella.
-A ti lo que te gustaría es estar en mi lugar
Verónica se sentó y le dijo a Daniela:
-Tiene razón tu hermano, este no es sitio para tocamientos.
-¿Qué pasa? ¿Es qué a ti también te gusta él?
Verónica se llevó una alegría.
-¡¿Estás celosa?!
-Sí, eres mía y solo mía.
Diego se cansó.
-¡A tomar por culo las dos! Yo me piro.
Diego y su hermana se volvieron a encontrar en su casa. Él estaba sobre la cama de su habitación, vestido solo con un pantalón de deporte de color azul y mirando algo en el teléfono móvil, ella entró en su habitación sin llamar, se sentó en la cama, cruzó las piernas y le dijo:
-Perdona por lo de esta tarde, pero es que Verónica me dijo que tiene ganas de probar con un hombre y ver como nos mirabas me puso mal el cuerpo.
Daniela llevaba puesto un vestido corto y Diego le estaba viendo las bragas.
-Tápate que te estoy viendo las bragas.
-No has entendido bien lo de tener mal el cuerpo.
-¿Qué debía de entender?
-Que yo también quiero probar con un hombre.
-Pues prueba, a mí que me dices.
-Si te digo que papá y mamá no vuelven hasta mañana... ¿Aún no sabes con quién quiero probar?
Diego la había entendido desde un principio.
-A ver, Daniela, somos hermanos, y solo de pensarlo se me ponen los pelos de punta.
-Yo lo que quiero es que se te ponga de punta otra cosa.
-No voy a hacer nada de lo que nos arrepintamos el resto de nuestras vidas.
Daniela se echó sobre su hermano, y con su boca a centímetros de la de él, le dijo:
-¿Es por qué estoy gorda?
-No.
-¿Por que es?
Daniela le dio un pico en los labios.
-Es por que eres mi hermana.
-Le dio otro pico.
-Es por qué no te parezco bonita.
-Lo vamos a lamentar.
Vio que su hermano empezaba a cambiar de opinión y le dio un beso con lengua.
-Lo vamos a disfrutar.
Diego puso el móvil encima de la mesita de noche, y boca arriba, le dijo:
-Ya verás como la jodemos bien jodida.
-Eso a Verónica, pero otro día.
Daniela bajó de la cama y se desnudó con prisas. Era como si tuviera ganas atrasadas de polla. Sus tetas eran grandes y tenían tremendas areolas color carne, los pezones picudos, tenía un michelín por aquí un michelín por allá, y un coño bien rasurado.
-¿Haces tú o hago yo?
-Haz tú que yo me sentiría culpable.
Al regresar a la cama le quitó el pantalón de deporte a su hermano y vio su polla morcillona.
-Te la voy a poner dura.
Daniela le echó la mano a los huevos y luego lamio la polla de abajo a arriba, le lamió el glande, se lo chupó, le lamió y le chupó los huevos... Le hizo una mamada en toda regla y le dejó la polla como le había dicho, dura.
-Para no haber estado antes con un hombre, mamas de maravilla.
-Es que me he documentado.
-¿Como?
-Un tutorial porno.
Mamando, jugó con la yema de un dedo en el ojete, y luego se lo metió en el culo.
Al ver que la polla se balanceaba, le preguntó:
-¿Te gusta que juegue con tu ojete?
-Sí. ¿Venía en el tutorial?
-No, a Verónica y a mí nos gusta danos dedo en el culo y luego ponernos el arnés con polla, darnos por el culo y corrernos. ¿Te gustaría probar a ver si te gusta?
-No es lo mimo un dedo que una polla.
-No, gusta más la polla, y hablando de polla, voy a follarte.
-¿Has visto otro tutorial de sexo?
-No, te voy a follar como follo a Verónica.
Se puso a horcajadas sobre su hermano, agarró la polla, la puso en la entrada de la vagina, bajó el culo la metió hasta las trancas y se folló como era costumbre en ella con la polla de látex, haciendo la batidora con el culo y poniendo las manos sobre las tetas, es este caso sobre los pectorales. Las gordas tetas de Daniela comenzaron a subir y a bajar a ir en todas las direcciones. Diego se las agarró y se las magreó. Al rato, y descargando, le dijo Daniela a su hermano:
-¡Me corro, me corro, me corro! ¡No te corras dentro, no te corras dentro!
Diego sacó la polla, porque se iba a correr, se la llevó al ojete, le clavó la cabeza y le llenó el culo de leche a medida que se la iba metiendo.
Daniela luego de correrse, volvió hacerle la batidora... Cuando ya sudaba como una cerda, se corrió ella e hizo que se corriera su hermano.
Al acabar de gozar, le dijo Diego:
-No sabía que las mujeres se corrían al darles por el culo.
-Pues ya lo sabes.
-¿Quieres correrte tú, dándote por el culo?
-No soy marión.
-No te daría otro hombre, te daría una mujer.
-Visto así, ya que estamos... Probar una cosa nueva, nunca está por demás, aunque sea extrema como esta.
Daniela se fue y regresó con el arnés puesto y la polla lubricada. Ya en la cama, le dijo:
-Ponte a cuatro patas.
Diego se puso a cuatro patas. Daniela se arrodilló detrás de él y le clavó la cabeza de la polla.
-¡Hostias!
-¿Te dolió?
-No, me hizo cosquillas, no te jode.
-En ese caso te voy a seguir haciendo cosquillas.
Le metió la mitad de la polla.
-¡Me estás desgraciando de por vida!
-Tranquilo, te acabará gustando.
Se la sacó despacito, luego le echó la mano a la polla, y pajeándolo, le folló el culo con lentitud.
-¿Mejor?
-Sí.
Al rato apuró un poco.
-¿Ya te gusta?
-Sí, es mejor de lo que yo pensaba.
Le dio más rápido a la mano y a su culo.
-Pues cuando te metan una polla de verdad vas a alucinar.
-Ya estoy alucinando.
Daniela le preguntó:
-¿Quieres que te caliente las nalgas? A Verónica le gusta.
-Calienta.
¡Joder si se lo calentó! Lo temía del color de tomare maduro,
cuando le dijo:
-¡Me corro, golfa, me corro!
Se corrió en la mano de su hermana. Era el comienzo de una relación incestuosa.
II
Diego y Daniela habían ido a la boda de una de sus primas, allí se encontraron con Sara, una prima suya que por darle a la carne y al pescado era mal vista por la familia. Os explico, que le diera a la carne y al pescado no era el problema, el problema era que el pescado y la carne habían sido las esposas, los maridos de sus primas o de sus hermanas y hasta de alguna tía.
Sentadas a la mesa una al lado de la otra, con Diego enfrente, y mientras comían langostinos, le preguntó Sara a Daniela:
-¿Cómo te va la vida, prima?
Daniela, que llevaba puesto un vestido marrón, con zapatos a juego, le respondió:
-No me puedo quejar, pero a ti te debe ir muy bien. Tu vestido no es de Zara, como el mío. Parece de los caros.
El vestido en cuestión era blanco, largo y tenía algunos bordados. Sara le dijo:
-Roberto Cavalli no tiene vestidos baratos.
-Y la gargantilla tampoco debe ser barata.
Sara era un bombón, pero tenía mucho cuento.
-No, no es barata, aunque tengo joyas más caras, joyas que no me he puesto por no suscitar más envidia entre estos muertos de hambre.
Daniela la reprendió.
-No hables así de la familia.
-¿Es que digo alguna mentira?
No la había dicho, pero Daniela le iba a recordar de donde venía.
-No, pero recuerda que un día tú fuiste como ellos.
-Yo nunca fui como ellos, por eso no me tragan, y he venido a la boda porque la que se casaba era mi hermana y porque sabía que me iba a encontrar contigo.
-No te tragan por otras cosas, y lo sabes.
Diego dejó de comer e intervino en la conversación.
-Sí, te follabas a todo lo que se movía, por eso no te tragan.
-Tú y tu hermana me tragáis.
-Claro, como que fuimos de los beneficiados.
-Los más beneficiados.
Daniela se mandó medio vaso de vino blanco, y luego le dijo:
-Eso ya es agua pasada.
Pararon de hablar al llegar el camarero con más langostinos. Al irse dijo Sara:
-Toda esa agua pasada me llevó a tener el negocio que tengo ahora.
-¿Qué negocio es ese?
-Tengo una agencia que cumple sueños.
A Daniela le dio la risa.
-¿Vendes humo?
Diego trató de hacerse el gracioso.
-No te imaginaba en el mundo del hachís.
Daniela, luego de quitarle la cabeza a un langostino, dijo:
-Los sueños son sexuales.
A los hermanos se les quedó cara de tontos. Daniela le preguntó:
-¿Tienes una agencia de contactos?
-Que cumple sueños sexuales.
Daniela no lo acababa de entender.
-¿Me puedes explicar eso?
-Es fácil de explicar. ¿Aún tienes las mismas fantasías sexuales?
-Ahora tengo más.
-Pues mi agencia, por un precio, te las cumple.
Diego le dijo:
-Habrá fantasías que no podréis cumplir.
-Las cumplimos casi todas.
A Daniela le entró el gusano de la curiosidad.
-¿Cuál es la que más os piden?
-Aquella que tú tenías de correrte en público es de las más solicitadas.
-Yo aún no lo he hecho.
-Lo suponía, por eso he traído conmigo un juguete.
Daniela quiso saber qué juguete era.
-¿Un juguete?
Sara cogió su bolso del piso, lo abrió, agarró un pequeño huevo con rabo y se lo enseñó por debajo de la mesa.
-¿Eso es lo que pienso?
-Si piensas que es un vibrador a control remoto, has acertado.
Diego volvió a meterse en la conversación.
-¿Y tú venías con la idea de que mi hermana pusiera eso en el coño?
-Sí, y aquí, pero no contaba contigo.
-Por mí no hay problema.
Daniela se enfadó con su hermano.
-¡Qué clase de hermano eres! Aún va a pensar la prima que estamos liados.
Sara le preguntó:
.¿Estáis liados?
-¡No!
Trajeron la carne, y al irse el camarero siguieron hablando.
-Con unas y con otras, tú no me has dicho en que trabajas, Daniela.
-Trabajo en lo que cae, Sara.
-Eres fija discontinua.
Algo así.
Daniela se mandó un vaso de vino tinto. No debió hacerlo porque se le iba a soltar la lengua cuando Diego la reprendió.
-Deja de beber o acabarás haciendo el ridículo.
-Sé cuál es mi límite.
-¿Vas a beber agua con los otros platos?
-El agua es para las ranas, maricón.
-Borracha.
Sara era muy de saber.
-¿Por qué le has llamado maricón, Daniela?
-Porque le gusta que se la metan en el culo.
Diego ya no las tenía todas con él.
-Calla, Sara.
-No me hubieras llamado borracha. Sabes, prima. Probó la polla de mi arnés y ahora sueña con probar una de verdad.
Diego lo negó a palo seco.
-No le hagas caso, está borracha.
-Alma borracha no miente, Diego.
Daniela estaba más contenta que un anciano con una erección.
-Di que sí, prima.
Quien no estaba contento era Diego.
-Si te callaras, borracha.
Daniela no le hizo caso.
-Dame el huevo dar por debajo de la mesa, prima.
Diego miró para las dos esperando acontecimientos.
-No te lo voy a dar, estás muy perjudicada.
-No estoy borracha, estoy contenta, que es muy diferente.
-No te voy a dar nada.
Daniela siguió a lo suyo.
-Dámelo, mujer, dámelo.
-Come, calla y deja de beber vino.
Diego le dijo a su prima:
-Llegué a pensar que le ibas a dar el huevo.
-No estoy tan loca.
Daniela dijo con desprecio
-Cagada.
Daniela salió del restaurante con una buena tajada. Iba agarrada, por un lado, por Sara y por el otro por su hermano.
Después de cargar con ella la echaron en la cama de su habitación del hotel, cerró los ojos y ya no hubo más mujer durante horas
Sara, que estaba al lado de la cama, le echó la mano a la polla a Diego, y le dijo:
-Así que cuando te di el culo cambio tu modo de ver las cosas.
-Mi hermana...
-No me mientas que no te lo vuelvo a dar.
No podía dejar pasar la oportunidad.
-Sí, cambió un poco mi vida.
Lo besó con lengua sin dejar de palparle la polla, y después, quitándose el vestido, le preguntó:
-¿Le das por el culo a tu hermana?
Desnudándose, le respondió.
-No tantas veces como yo quisiera.
Sara se quitó el sujetador y el tanga y quedaron los dos desnudos.
Junto a la cama y con Daniela sobando, Diego le magreó sus gordas tetas, con areolas oscuras y gruesos pezones, luego bajó un poco el culo y se la clavó en el coño, después le echó la mano derecha al cabello, le tiró de él y le dio a mazo.
-Sigues siendo demasiado fogoso, te vas a correr tú y me vas a dejar a dos velas.
Diego le soltó el cabello, y besándose con lengua, le dio poco a poco. Sara no tardó en ponerse en cuclillas y mamarle la polla. ¡Y cómo mamaba la condenada! ¿Qué cómo mamaba? Pues solo mamaba el glande, pero lo envolvía con la lengua de tal manera que hizo que se corriera en poco más que nada, se tragara la leche y que en nada se la volviera a poner dura. Luego Sara se puso cara a la pared, y le dijo:
-Cómeme el culo bien comido y luego taládramelo.
Diego le separó las nalgas con las dos manos y le lamió y le folló el ojete con ganas, al tiempo que Sara se daba dedo. La saliva que entró dentro de su coño acabó haciendo globitos al abrirse y cerrase su ojete.
-Ya no puedo más. Fóllame el culo.
Diego se la metió el culo y se lo taladró mientras su prima se daba dedo.
-Te gusta más un culo que un dulce.
-Y a ti las pollas te gustan más que a mí los coños.
-Folla y calla, cabronazo.
-Empezaste tú.
-Y voy a acabar. ¡Dame a romper!
Le dio sin reserva y la llevó a un orgasmo brutal, que la hizo sacudirse y gemir como una demente mientras sentía la leche calentita dentro de su culo.
A la mañana siguiente, desayunando en la cafetería del hotel, le peguntó Daniela a Sara:
-¿Cuándo acabemos de desayunar me llevas a la parada de autobuses?
-Claro que sí.
-¿Y tu hermano?
-Me llamó y me dijo que se queda un día más, me huelo que conoció a alguien.
-Probablemente.
Iba Sara conduciendo su auto rumbo a la parada de autobuses cuando le dijo Daniela:
-¿Recuerdas lo que me pediste ayer?
-Sí, lo recuerdo. Gracias por no dejar que hiciera el ridículo.
-¿Quieres que te lo haga hoy en algún sitio antes de coger el autobús?
-No.
-Lo suponía.
Daniela iba a sorprender a su prima.
-Pero en agradecimiento puedes estacionar en un parking y te comeré el coño.
-Buscaré ese parking.
Al rato Sara estaba en un parking con la ventanilla bajada. Había echado para atrás el asiento de su coche y estaba con las piernas separadas. Sin bragas y con su prima, comiéndole el coño, miraba como la gente pasaba por el lado de auto, gente que iba a coger su vehículo o que pasaba después de aparcarlo. Disimulaba el placer que estaba sintiendo bajando la cabeza, o saludando con ella a quien la miraba.
Daniela tenía todo el coño de su prima en la boca cuando Sara comenzó a correrse, al descargar en su boca. Le echo las manos a la cabeza a su prima y se la apretó contra el coño. Sus ojos se cerraron, echó la cabeza hacia atrás y tapó la boca con una mano.
Una mucha muy linda que pasaba por allí, al verla le preguntó:
-¡¿Qué te pasa?!
Como no le respondía metió la cabeza por la ventanilla y al mirar hacia abajo vio la cara de Daniela, estaba mirando hacia arriba y tenía los labios cubiertos de algo que parecía leche, pero que obviamente era parte de los jugos de la corrida de Sara.
La muchacha se fue silbando hacia su auto.
Poco después las primas se despedían en una parada de autobuses. Sara le dijo:
-Me gustaría volver a saber de ti.
-Mejor será que lo dejamos aquí.
-Se te ha caído algo junto al asiento.
Daniela se inclinó para ver que era, Sara también se inclinó y le dio un beso con lengua que Daniela le devolvió. Luego salieron del auto, Daniela cogió su maleta en el maletero, y se acabaron de despedir con dos besos en las mejilla.
III
Diego llegó a casa cansada del trabajo, más que cansada del trabajo, cansada de su jefe, de alguno de sus compañeros, por babosos y cansada de alguna de sus compañeras, por chismosas. Cerró la puerta detrás de él, y dijo:
-¡A tomar por culo todos, estoy de cumpleaños y nadie me ha felicitado!
Fue directo a la cocina y se zumbó un vaso de zumo bien fresco, luego se fue a su habitación, se quitó la la ropa, se quitó los zapatos, empezó a sentir sueño, bostezó, y dijo:
¡Qué sueño me está entrando!
Se quitó los boxers, se puso unos calzoncillos de color azul y una camiseta de color blanco y se fue a la sala de estar. Se sentó en su sofá favorito, cogió uno de los cojines con fundas bancas de piel, se acomodó y puso su cabeza sobre él, encendió la televisión con el mando a distancia y en segundos se quedó dormida.
Despertó desnudo, con los ojos vendados y amordazad. Su cuerpo y sus brazos estaban atados al sofá.
Diego, algo aturdido, escuchó música que estaba más alta de lo normal. Salía de un iPhone que estaba sobre un mueble y que obviamente no veía.
Enfrente de él estaba una joven de ojos negros, cabello largo del mismo color, alta, morena y delgada que le dijo:
-Te voy a hacer una pregunta y de tu respuesta dependerá lo que te pase. ¿Dónde guardas el dinero?
Diego, que estaba temblando, farfulló algo que la ladrona no entendió.
Le quitó la mordaza, y ahora si lo iba a entender.
-No tengo dinero.
-Sabemos quién eres y lo que haces, por eso buscamos el dinero del último atraco.
-Te has equivocado de persona.
No le hizo ni puto caso.
-¡O cantas o no hablas más!
Le apretó el cuello hasta casi ahogarlo. Al soltarlo le dijo:
-O cantas o a la próxima no paro.
Diego estaba muy asustado.
-Ya te he dicho que no tengo dinero.
Apareció en escena una chica rubia, era un poco más baja que la morena, tenía el cabello corto, los ojos azules, un cuerpazo y era guapa a rabiar.
-Mira que he encontrado, colega.
Puso encima de la mesa camilla que había entre sillones, un succionador de pezones, vibradores, consoladores, un arnés una polla, lubricante Durex y cuerdas.
-¿Y para qué traes eso?
-Para que veas con quien estás tratando.
La morena volvió al interrogatorio.
-Te lo voy a peguntar otra vez. ¿Dónde guardas el dinero, maricón?
-Ya te he dicho...
La rubia le dio una bofetada que le puso la cara del revés.
-¡Canta, maricón!
-Os he dicho la verdad, el único dinero que tengo está en mi cartera, y no soy maricón.
-Por eso tienes consoladores y vibradores y...
-Esos juguetes son de mi hermana.
La morena dijo:
-Sabemos que te has llevado más de doscientos mil euros. ¿Tu hermana está en el ajo?
-¡Joder! Si pilláramos ese dinero ya estaríamos en Brasil bailando samba y bebiendo caipiriñas.
Sus palabras convencieron a la ladrona morena.
-Parece que dice la verdad, amiga.
La ladrona aún no la creía.
-Yo creo que miente bien, pero también creo que no va a cantar.
-¿Y si lo follamos?
-Así va a cantar menos.
-Lo sé, pero así no nos vamos de vacío.
-Está un poco flaco.
-Pero tiene su punto.
-Eso sí.
A Diego le gustaba la idea, pero les dijo:
-Vais a añadir la violación al intento de robo. Os caerán nueve años a cada uno, mínimo.
-Para eso tendrían que pillarnos.
La rubia fue con las cuerdas y Diego acabó con las piernas encima de los brazos de los sillones y los pies atados a las patas.
-Sois unas...
La rubia levantó la mano derecha.
-Acaba la frase y te cruzo la cara.
Diego se calló.
La ladrona morena le echó lubricante sobre las areolas y sobre los pezones de sus tetas, luego le puso las ventosas sobre los pezones. La rubia bombeó y le estiró los pezones. Luego la morena cogió un vibrador, se lo pasó por los huevos, por los lados y por el capullo y la polla se puso tiesa. La rubia le apretó los mofles y le quiso meter la lengua en la boca. La barrera que hacía los dientes se lo impidió, le dio otra bofetada y le dijo:
-¡Echa la lengua fuera, maricón!
La echó y se la chupó. La polla comenzó a echar aguadilla en cantidad. Diego, haciendo esfuerzos titánicos lograba no gemir, pero cuando se corrió su cuerpo lo delató al sacudirse con violentos espasmos.
La rubia subió la falda, bajó las bragas, separó las piernas, y con la mano izquierda sobre su teta izquierda, y mirándolo, comenzó a masturbarse.
A acabar de correrse Diego, la rubia le sacó las ventosas de las tetas, le echó más lubricante en las areolas y en los pezones y se quitó la venda de ojos para que los viera. Diego se puso en lo peor.
-Luego de ver vuestros rostros...
La ladrona morena adivino su pensamiento.
-No te vamos a matar, no te preocupes, sabemos bien lo que hacemos. No creo que te atrevas a denunciarnos. ¿Quién te creería si dices que te violaron una joven morena, de ojos negros, alta y guapa, y una chica rubia aún más guapa qué ella.
Diego vio a la rubia masturbándose y a la morena yéndose hacia la mesa camilla. Le supo bien que fueran dos bombones, porque el miedo que había sentido hasta ese momento, despareció
La ladrona morena cogió otro vibrador y se lo pasó por el contorno de sus pectorales, antes de ir a por sus areolas y a por sus pezones. Primero se lo pasó por las areolas y después por los pezones, se lo pasó con mucho tino, rozando primero y luego haciendo pleno contacto. La rubia le lamió el ojete, sin llegar a meterle la lengua dentro, y mientras lo hacía se volvió a dar dedo. Diego dijo:
-¡Me voy a correr!
Al correrse de su polla salió un potente chorro de leche, el resto de la leche lo tragó la rubia mientras se corría.
Poco más tarde, la ladrona morena se desnudó dándole la espalda a Diego. Cuando se volteó y la vio se llevó una tremenda sorpresa. La morena, era moreno. Tenía tetas, pero también tenía polla y huevos.
Diego quedó mudo y con un nudo en la garganta. La rubia, que acababa de correrse, fue junto a su compinche, se puso en cuclillas, empuñó su polla y se la mamó.
Diego giró la cabeza y cerró los ojos para no verlos.
Luego sintió el chapoteó de una polla cuando llega al fondo de un coño encharcado. Los sonidos del chapoteo le llegaban desde lo alto, lo que la llevó a pensar que la había cogido en alto en peso y le estaba dando lo suyo. No pudo evitar mirar y ver como se besaban, como sus tetas se hundían entre ellas, y como la subía y la bajaba al darle caña.
Su polla se volvió a poner tiesa al sentir los gemidos de la rubia y poco después su ojete le abrió y se le cerró y su polla latió al oír como gritaba
-¡¡Me corro!!
Diego tenía la polla dura como el acero cuando la rubia le lamió los pezones. La trans le lamió la cabeza de la polla, luego vino una segunda lamida y una tercera, y con ella, en vez de las quejas, llegaron los gemidos
La trans fue masturbándolo y acelerando lamida tras lamida. Cando se iba a correr, la rubia, que debía ser adicta a la leche, apartó a la trans, se la mamó y Diego le dio en la boca una espectacular corrida
Al acabar de correrse, le dijo la rubia:
-Me gustaría follarte, pero para eso te tendría que soltar, y tú tendrías que colaborar, y no creo que estés por la labor. Creo que lo que harías es golpearnos. Lo mejor será que te amordacemos y te dejemos atado.
No le gustaba la idea de estar en aquella posición horas, y menos que lo encontrara así su hermana, o sus padres, por eso y porque tenía ganas de follarla, le dijo:
-Folló contigo si me dices quien te dijo que yo había participado en un robo.
La trans le preguntó:
-¿Y conmigo también?
-Contigo no.
La rubia no quería dejar tirado a a su compinche.
-O los dos o ninguno.
-Ninguno.
-Ahí te quedas.
No le quedó más remedio que aceptar.
-Vale, con los dos. ¿Quién fue?
La trans le dijo:
-No te podría decir. Lo conocimos en un club de alterne.
-Descríbelo.
La rubia le dijo:
-Uno setenta, sesenta y muchos años, delgado, ojos marrones y pelo cano.
-Esa descripción no coincide con ninguno de mis conocidos.
Lo soltaron. Diego hizo estiramientos de brazos y de pierna y luego les dijo:
-Vamos allá. ¿Quién va primero?
La trans se puso un condón que la ladrona había cogido en su pantalón, y se colocó detrás de él.
-Dime una cosa. ¿Eras hombre o mujer?
Lo inclinó, le echó la mano izquierda a la cintura, le cogió la polla con la derecha y le clavó la polla en el culo muy suavemente.
-Era mujer y a veces me siento mujer y otras hombre.
Le dio suave al principio y luego, masturbándolo, le dio lo que no está en los escritos. Poco después Diego se corría como un lobo.
Acabando de correrse, y aun con las piernas temblando, lo enderezó. La rubia se puso en cuclillas y le mamó la polla. Diego les dijo:
-Joder, sois como martillos pilones.
La rubia le había echado las manos a la cintura y se la mamó hasta ponérsela dura. Luego el ladrón, le preguntó:
-¿Me quieres follar tú a mí?
Diego se echo el alma a la espalda.
-Ya que estamos...
La rubia vino con un condón y se lo puso a Diego usando las manos y la boca. La trans se iba a inclinar, pero Diego lo empotró contra la pared y le metió la cabeza de la polla como se la había metido la trans a él, suavemente y después le dio a mazo. La trans gemía como una puta. Le mordió en el cuello y después le preguntó:
-¿Gozas, morena?
-Sí. ¡Dame duro, dame duro, dame duro...!
Le dio a romper.
La rubia, viéndolos, se puso perra.
-¿Y yo qué, maricones?
La trans le dijo a Diego:
-¿La follamos?
Diego, quitando la polla del culo, le dijo:
-Me pido el coño.
La trans se puso detrás de la rubia, la agarró por las nalgas, la levantó en alto en peso y se la clavó en el culo. Diego se quitó el condón y se la metió en el coño. La rubia le echó las manos a la nuca, lo miró a los ojos y le dijo:
-Dame duro y cómeme la boca.
Le dieron a mazo, le dieron como nunca le habían dado, le dieron tan fuerte que se quejó.
-¡Me vais a romper!
No la iban a romper, porque la trans la sacaba cuando Diego la metía, y cuando la trans la metía Diego la sacaba y así siguieron, metiendo una y sacando otro y viceversa, hasta que la rubia se corrió.
-¡Me coooooorro!
Luego le dieron el resto, un resto que duró más de diez minutos, lo que hizo posible que la rubia se corriera de nuevo antes de correrse ellos dentro de su coño y de su culo.
Los ladrones acabaron tomado dos limonadas y Diego tomó un zumo. ¡Ay el zumo!
Diego despertó en su sofá favorito, con el cojín debajo de la cabeza, en tanga y camiseta y con la televisión encendida.
-¡Qué sueño más raro he tenido!
Miró para la mesa camilla y vio los juguetes sexuales, el lubricante y una nota en la que ponía: Feliz cumpleaños, primo, te lo desea, ya sabes quien.
Quique.




